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2021/10/03

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | SONIA RESCALVO, UN ANTES Y UN DESPUÉS EN LA LUCHA CONTRA LA TRANSFOBIA

El Diario / 'El libro de los travestis', publicado por Lib en 1978 //

Vida y asesinato de Sonia Rescalvo, un antes y un después en la lucha contra la transfobia.

Pau Rodríguez, Oriol Solé Altimira | El Diario, 2021-10-03

https://www.eldiario.es/catalunya/vida-asesinato-sonia-rescalvo-despues-lucha-transfobia_1_8358384.html

Es la madrugada del 6 de octubre de 1991. Dos mujeres transexuales duermen al raso en el parque de la Ciutadella, en Barcelona. Esa misma noche, un grupo de neonazis esparce el odio por el centro de la ciudad. En su cacería, que les conduce hasta ese recinto ajardinado, apalean a esas dos mujeres y luego a un sintecho. Una de las golpeadas, Sonia Rescalvo Zafra, muere de la brutal paliza.

El asesinato de Sonia Rescalvo, del que se cumplen este mes 30 años, supuso un antes y un después para el colectivo trans en España. Está considerado como uno de los primeros crímenes de odio de la historia del país, aunque por entonces no existiese esa figura delictiva. La rabia por su muerte sirvió de catalizador para el movimiento contra la LGTBIfobia y para que la sociedad se diese cuenta de la violencia a la que enfrentaban estas personas.

Pero todavía hoy, tres décadas después del asesinato, se conocen más detalles de su muerte que de su vida. ¿Quién fue Sonia Rescalvo? Según lo publicado hasta ahora, llegó de adolescente a Barcelona procedente de un pueblo de Cuenca y fue durante años bailarina en algunos teatros y cabarets de la Avenida Paralelo. Cuando la mataron tenía supuestamente 45 años y había caído en la indigencia. Por eso dormía en la glorieta del parque, con su compañera Dori.

Pero esta no es por supuesto toda su historia. Hay incluso algunas imprecisiones, comenzando por su edad: Sonia nació de nombre Juan José el 12 de octubre de 1956, según los informes médicos que conserva la abogada de la acusación particular en el juicio, María José Varela. Es decir, que el 6 de octubre de 1991 estaba a punto de cumplir 35 años. Murió mucho más joven de lo que se pensaba hasta ahora.

Sonia: “Muchas personas no me entienden”

Sonia llegó a la capital catalana de muy joven, eso sí, a finales de los 70. Y con suficiente confianza como para conceder durante ese período una entrevista a la revista erótica ‘Lib’. La charla se publicó en 1978 en el libro recopilatorio ‘El libro de los travestis’. Ella debía tener poco más de 20 años. Uno de esos ejemplares lo conserva en su casa Beatriz Espejo, histórica activista y presidenta del extinto Col·lectiu Transexuals de Catalunya, una asociación que se constituyó precisamente a raíz de la muerte de Sonia.

“Encontré el libro en el mercado de Sant Antoni y cuando la vi, me di cuenta de que claramente era ella. Todas [las trans] nos conocíamos en esa época”, recuerda Espejo, que tiene hoy 58 años y reconoce que no había compartido este documento con nadie.

En ese reportaje, ‘Una conversación sin prejuicios con cuatro travestis’ –cuyo texto y fotos están sin firmar–, aparece Sonia junto con otras artistas y cabareteras trans. Una de ellas es una joven Bibiana Fernández, conocida entonces en el mundo del espectáculo como Bibi Andersen. También está Angie von Pritt, artista trans que se dio a conocer por imitar a Bárbara Rey, y otra llamada Desirée. En la imagen principal, Sonia, de la que apenas se tenían fotografías –salvo la que aparece en su memorial en la Ciutadella–, luce una chaqueta blanca y una blusa azul a juego con el collar de perlas.

Frente a dos botellas de cerveza y dos cafés, las cuatro se prestan a charlar abiertamente sobre la transexualidad, a pesar de que por esa época todavía estaba en vigor la Ley de Peligrosidad Social con la que se les reprimía y detenía.

– Yo no me considero travesti, pues durante todo el día soy una mujer.

Así de tajante responde Sonia Rescalvo a la primera pregunta que le formula el entrevistador. Antes que ella, sus compañeras le cortan de la misma forma. Bibiana resulta incluso pedagógica: “La palabra travesti no es la indicada para llamarme a mí. Considero que nosotras estamos dentro de las transexuales, con o sin operación. Con o sin cambio de sexo. Travesti es el señor que se viste de mujer para trabajar pero durante el día lleva una vida normal de hombre. [...] Yo vivo una vida muy de mujer durante las 24 horas del día”.

A lo largo de la charla, Sonia defiende que ser trans no se decide, sino que “está dentro de la persona, es natural”. Y reconoce que se siente “bastante” marginada. “Hay momentos en los que me siento acomplejada. Muchas personas no me entienden”, añade.

En el momento de la entrevista, Sonia tenía como mucho 22 años. Cuando le preguntan cuándo comenzó a “vestirse” y “pintarse” como una mujer, responde que dos años y medio atrás. “Antes no podía, pues vivía con mis padres, y no me lo permitían”, remacha. También explica, sin dar detalles, que convive con una mujer que no es su pareja.

Todas ellas hablan de los problemas legales que sufren, de sus aspiraciones, de las amistades y puñaladas entre bailarinas trans en el mundo de los clubs y las salas eróticas, y esquivan sin demasiado éxito la pregunta sobre si se dedican también a la prostitución. “Me da un poco de vergüenza decirlo, porque eso ya pertenece a la vida privada...”, se excusa Sonia.

Sobre su futuro, esta joven veinteañera aventura: “Yo pienso dos cosas. Una es ahorrar dinero y poner un negocio. Y la otra es conseguir un rico millonario que me retire”. Pero sus deseos nunca se llegaron a cumplir.

Los años en el 'striptease' con Silvia Reyes
Que sus sueños se desvanecieron pronto lo sabe bien Silvia Reyes, conocida artista y ‘striper’ trans durante los años 70 y principios de los 80 en Barcelona. Compartió piso con Sonia Rescalvo durante cinco años. En una charla con elDiario.es, esta mujer completa parte de un puzzle sobre el que nunca le han preguntado demasiado: la vida de la que fue su amiga Sonia.

“Yo no conocí en Barcelona a una transexual que vistiera tan bien como Sonia”, arranca. Silvia le sacaba siete años. A finales de los 70, ambas compartieron una pensión, en la calle Pelai, y los escenarios de varios clubs de ‘striptease’. La Sala Río de la calle Floridablanca, el New York de la calle Escudellers... “Ella no era ni follonera ni se metía en la vida de nadie, como yo. Pero las dos personas de las que se enamoró se comportaron muy mal con ella y se llevaron su dinero”, relata. “Cuando ya estaba arruinada y no tenía nada en el banco, la abandonaron”.

Reyes viajaba a menudo a Suiza y a otros países para actuar y durante un tiempo trató de convencerla para que se fuese con ella. Pero no tuvo éxito. Sonia era muy sensible y entró rápidamente en depresión tras el fracaso de sus relaciones, lo que le empujó al consumo de droga “hasta el fin de sus días”, refiere hoy esta bailarina trans retirada. “Yo le decía que si no tenía dinero que se lo pagaba yo, pero no hubo manera”, remarca.

Durante los años 80, Reyes le perdió la pista. Sonia acabó dedicándose a la prostitución y viviendo en la calle. Hasta la noche del 6 de octubre del 91.

Ese asesinato fue el primero que asumieron los Mossos d’Esquadra, que se estaban desplegando todavía como policía en Catalunya. Al frente de las pesquisas estuvo el hoy comisario Joan Carles Molinero. Pese a que los delitos de odio todavía no estaban tipificados en el Código Penal –el agravante de discriminación no se introduciría hasta 1995–, Molinero recuerda que desde el inicio tuvieron claro que detrás de los ataques había un móvil de discriminación. “La manera tan cruel en que fueron apalizadas las tres víctimas nos mostraba que no era un robo. No tenían apenas pertenencias ni poder adquisitivo y fueron asaltadas por su condición de indigentes y transexuales”. Sonia murió por ser transexual.

El equipo de Molinero pronto enfocó la investigación hacia grupos de extrema derecha relacionados con grupos radicales deportivos. El cerco se fue estrechando hasta que uno de los atacantes, Héctor López Frutos, sin saber que tenía el teléfono de casa de sus padres pinchado, presumió de conocer a los autores del crimen en una conversación. Fue detenido cuatro meses después del asesinato junto a su hermano Isaac. Después los Mossos arrestaron a los otros cuatro atacantes, también amantes de las esvásticas y la violencia: Pere Alsina, David Perlade, Andrés Pascual y Oliver Sánchez.

Los Mossos, sobre los asesinos: “Nunca se retractaron”

De los detenidos, Molinero destaca su actitud “beligerante y prepotente”, incluso con chulería hacia los agentes. “No se retractaron en ningún momento ni mostraron arrepentimiento ni escrúpulo alguno. De hecho uno de ellos dijo que si lo tenía que volver a hacer lo haría”, asevera el comisario. Años más tarde, Oliver Sánchez mantenía la misma actitud en una entrevista desde la prisión con Jesús Quintero. La sentencia les declaró culpables y condenados a entre 9 y 26 años de cárcel.

Treinta años después de esa primera investigación por asesinato que llevaron los Mossos, el comisario Molinero celebra estar “a años luz” de lo que ocurría aquella época. No solo por los avances tecnológicos y por la protección del colectivo LGTBI, sino también por haber enterrado “la impunidad” con la que se movían por las ciudades españoles grupos extremistas como el que asesinó a Sonia. “El caso creó un precedente en el ámbito policial, social y jurídico”, resalta.

Durante el juicio, celebrado en 1993, se personó como acusación el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) y la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya, que lograron el apoyo de entidades vecinales, sindicales y sociales de todo tipo. Desde la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) hasta CCOO y UGT, pasando por el Consejo de la Juventud. También el Ayuntamiento de Barcelona ejerció la acusación popular.

“El asesinato de Sonia es un episodio importantísimo para el movimiento LGTBI”, expresa Eugeni Rodríguez, portavoz entonces y todavía hoy del FAGC. “A raíz de ese caso, Rodríguez recuerda que la entidad abrió su primera oficina contra la discriminación para canalizar denuncias desde el activismo, lo que fue el germen del Observatorio contra la Homofobia, creado en 2008. E incluso de la pionera ley contra la homofobia que aprobó el Parlament de Catalunya en 2014.

Jordi Petit, secretario general de la Coordinadora, explica que ese brutal asesinato también hizo abrir el foco a la comunidad gay. “Estábamos muy preocupados por el VIH y el sida, lógicamente, pero se iban sucediendo agresiones de ‘skins’ que nadie denunciaba, bien porque fuese difícil de reconocer al asaltante o por miedo”, explica. Y recuerda que ya en 1979 asesinaron a un joven trans en Rentería, llamado Francis, sin que trascendiera hasta mucho después.

El Col·lectiu de Transsexuals de Catalunya
Para Beatriz Espejo, mujer transexual que por entonces ejercía la prostitución en Barcelona, la muerte de Sonia fue un despertar. Sintió por primera vez la necesidad de protestar por sus derechos. Ella se enteró del caso en la manifestación del Orgullo de junio de 1992. Por aquel entonces, el colectivo de trabajadoras sexuales trans de la ciudad tenía abierta una particular guerra con el Ayuntamiento, que las quería trasladar de las calles del Camp Nou a la Zona Franca para dejarlas fuera de la ansiada foto de los Juegos Olímpicos que se estaban a punto de celebrar.

“El activismo era complicado, porque la gente tendía a querer resolver sus problemas y ya está, pero cuando empezamos la cosa fue rodada”, recuerda Espejo. En 1992 montaron el Col·lectiu de Transexuals de Catalunya [CTC], que se reunía inicialmente en la sede del FAGC. La mayoría eran mujeres trans que ejercían la prostitución. Esta activista, hoy ya retirada de la primera línea, todavía conserva un folleto de una asamblea de la época celebrada en el bar Cangrejo, del Raval. El orden del día era: legalización del colectivo –en referencia al derecho a cambiar de nombre y sexo, que no se lograría hasta 2007–, revisar el caso Sonia –por entonces pendiente de juicio–, las agresiones a transexuales –“hablaremos de las situaciones de riesgo, de cómo prevenir las agresiones”–, y un último punto dedicado al análisis de la situación de las personas transexuales dentro de la sociedad.

“El asesinato de Sonia cambió el discurso de la prensa y las televisiones y generó cierta sensibilidad. Salió en Informe Semanal, en programas de máxima audiencia, y nos dio un apoyo que hasta entonces nunca habíamos tenido”, recuerda Espejo. “Hasta aquel momento a las transexuales solamente se nos ridiculizaba y se relativizaban las agresiones”, expresa. Y, sobre los medios de comunicación, añade: “Antes de eso usaban definiciones directamente fascistas. Hablaban de plaga de travestis, de hombres de silicona…”, denuncia esta mujer.

Espejo estuvo al frente del colectivo hasta su disolución, a finales de los 90. En Catalunya el Col·lectiu Transexuals cogió el relevo de unas organizaciones trans que no habían acabado de cuajar a finales de los 70, como ‘La pluma’. En Madrid sí se había constituido Transexualia en 1986. Con todo, el Col·lectiu que presidía Espejo convocó marchas y manifestaciones a por la igualdad de derechos y contra la discriminación. “También hacíamos campañas para prevenir el sida, elaboramos plataformas a nivel político, hacíamos galas para recaudar fondos...”, enumera.

Desde entonces, el colectivo LGTBI ha sumado victorias legislativas y de reconocimiento de derechos. La última, la ley que permite la autodeterminación de género, aprobada en 2021. Pero también en el ámbito jurídico y policial se ha avanzado. En 2009 el fiscal Miguel Ángel Aguilar fue pionero en España al poner en marcha el servicio contra los delitos de odio y discriminación de la Fiscalía de Barcelona, cuando todavía ni existían estadísticas sobre denuncias de delitos de odio.

Para el fiscal, el balance tras más de una década de lucha contra la homofobia y el resto de discriminaciones es muy positivo. Destaca por ejemplo la especialización de los cuerpos policiales contra los delitos de odio, que ha culminado en una unidad propia para combatir este tipo de delitos en los Mossos d’Esquadra, plenamente operativa desde este mes de septiembre. La Policía Nacional ha anunciado que también creará grupos de investigación similares.

¿Más agresiones o más denuncias?
Aguilar también resalta la organización del colectivo LGTBI como un factor que ha favorecido un aumento de denuncias por hechos que antes formaban parte de la “cifra sumergida” del delito, esto es, de agresiones que no se denunciaban. Este es uno de los elementos que, a criterio suyo, han hecho que en los dos o tres últimos años hayan aumentado los delitos registrados por motivos de orientación sexual: 282 en 2020, año del confinamiento, solo una menos que en 2019 y 23 más que en 2018, según datos de Interior. Pero también es posible que parte de este aumento reciente sea debido a que “afortunadamente, y como no puede ser de otra manera, las personas homosexuales ya no se esconden, y eso las hace más visibles por parte de los agresores y los intolerantes”. “Pero ello nunca debe implicar volver al armario, sino denunciar”, anima Aguilar.

Sobre eso opinan también los representantes de los distintos colectivos de la época y de hoy. “En la medida en que se percibe mayor agresividad en la sociedad, debido a la crisis o a la pandemia, los grupos más expuestos a esa violencia son los mismos: los gays, las trans, las prostitutas, o los que lo parezcan”, razona Espejo, que también señala los discursos de ultraderecha como un motor de estas agresiones.

En los 80 y a principios de los 90, recuerda Petit, eran sobre todo bandas de skins las que perpetraban los asaltos. “Duró hasta que la policía se puso a perseguirlos”, rememora. “Ahora, el problema no es tanto de violencia organizada como de espontánea. Jóvenes e incluso adolescentes que realizan agresiones”, reflexiona este veterano activista, que hace referencia al asesinato en julio de 2021 del joven Samuel Luiz. Eugeni Rodríguez, por su parte, también se ha mostrado “preocupado” y “alarmado” por el auge de denuncias que les han llegado al Observatorio.

30 años después, Silvia Reyes, que vive ahora en el Eixample de Barcelona, recuerda con cariño la época que convivió con Sonia. Y cuando le preguntan por si ambas vivieron con plenitud su identidad a pesar de los tiempos que corrían, se sorprende: “Sí, ¡pues claro! Salíamos a la calle vestidas de mujer todas”. Sin embargo, añade: “Es cierto que estuvimos perseguidas por la policía. Yo estuve en la prisión de Barcelona y el penal de Badajoz. Pero Sonia no estuvo en la cárcel”.

2014/08/02

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | DE BIBI ANDERSEN A BIBIANA FERNÁNDEZ

Cuando Bibiana se llamaba Manolo.
Su paso por ‘Supervivientes’, desnudo integral incluido, le reportó 84.000 euros.
Manuel Román | Chic, Libertad Digital, 2014-08-02
https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2014-08-02/cuando-bibiana-se-llamaba-manolo-1276525122/ 

No podía faltar a esta galería semanal quien por derecho propio se lo ganó de sobra hace mucho tiempo, pues se ha desnudado en un sinfín de ocasiones mostrando sus vergüenzas sin pudor alguno, la última a través del programa ‘Supervivientes’ en una escena probablemente calculada por su protagonista (tal vez con el acuerdo tácito de los responsables del programa y sus guionistas). Mientras sus compañeros participantes trataban de construir un refugio en la playa hondureña donde se encontraban, Bibiana Fernández, nada hormiguita en tal ocasión, prefirió dedicarse al ‘dolce far niente’, tumbándose sobre la fina arena, en pelota picada. Llevaba veintiocho jornadas en el lugar, contratada por Telecinco como estrella de su nueva edición de 'Supervivientes', a razón de veintiséis mil euros semanales. Pactada o no su marcha, fue expulsada del grupo, retornando a España sabiendo que en su cuenta bancaria tenía ingresados ochenta y cuatro mil euretes. Que le permitirán disfrutar este verano unas buenas vacaciones. Eso sí, a su vuelta, J. J. Vázquez la increpó duramente, cruzándose ambos una serie de reproches y explicaciones, que quizás también estuvieran previstas en el guión. El caso es que Bibiana Fernández, algo olvidada en los últimos años pese a su presencia como colaboradora del programa de Ana Rosa, volvió a reverdecer sus años del pasado, cuando era personaje frecuente en las páginas de las revistas del corazón y los espacios televisivos afines. Como habrá espectadores y lectores jóvenes que desconozcan el "curriculum" de esta inquietante mujer que con finos tacones se pone en el uno noventa de estatura y habla con un desparpajo sin igual, les contaré su identidad de ayer.

Bibiana... se llamaba Manolo. Manuel Fernández Chica, para precisar. Nacido el 13 de febrero de 1954 en Tánger. Sus padres se separaron. El progenitor era taxista. Hombre dado, fuera de servicio, a correrías nocturnas que lo llevaban a puticlubs de la capital marroquí. Manolito iba a recogerlo con las del alba para trasladarlo a casa a "dormir la mona". No olvidaría quien era entonces un guapo mozo aquellos antros, con mujeres semidesnudas. Porque él mismo, mirando su cuerpo frente al espejo, se notaba diferente. Vivió su primera juventud en Málaga. Llamado a cumplir el servicio militar, se armó la marimorena en el cuartel porque los movimientos de caderas del joven recluta no le hacían precisamente un candidato como los demás a llevar un Cetme al hombro. Así es que lo licenciaron pronto. Se fue a Barcelona. Ya tenía hacía mucho tiempo decidido que quería ser artista. Conoció los lugares golfos del Paralelo. Actuó en locales de la cadena Ferrer, entre chicas de alterne y travestís como él. El dueño le sugirió llamarse Bibi Andersen (apelativo muy similar al de una conocida actriz sueca). Debutó luego en la compañía de revistas de Juanito Navarro. Hubo gacetilleros que escribían sobre la ambigüedad de Bibi. ¡De ambigüedad, nada! Era todo un tío, con movimientos afeminados, que mostraba sus atributos viriles en cuanto le dejaban en el escenario.

El notable director cinematográfico Vicente Aranda lo contrató para su película ‘Cambio de sexo’, en 1976, junto a Victoria Abril. Le iba su papel que ni pintado. A todo esto fue sometiéndose a tratamientos hormonales con estrógenos. Leí yo por entonces algo sobre ese entonces oscuro asunto que la prensa no solía divulgar mucho, temerosa aún por la censura. Una tal Angie von Pritt, ducho –ducha- en la cuestión, me sacó de dudas: "En la escala de la homosexualidad está el homosexual a secas; el travestí, que es el señor que se viste de señora; el transexual, que vive, actúa y piensa como mujer... sólo que tiene pene y, una vez operado, ya es una señora". Cuando conocí a Bibi Andersen y almorcé a su lado en el Club Internacional de Prensa, me dijo sobre el particular: "Que me califiquen como travestí, no me gusta porque yo me siento mujer. ¡Qué importa que yo tenga el órgano sexual masculino...! Pienso, sueño, siento como una mujer". Eso me decía en 1978, añadiendo que no quería operarse. La intervención costaba bastante: trescientas mil pesetas. Cambiaría de opinión unos años más tarde. Sometida a una cirugía conocida como vaginoplastia. En 1994 ya tenía su carné de identidad como mujer, figurando en él como Bibiana Manuela. Con su nombre artístico originario, el de Bibi Andersen, puede presumir de haber sido dirigida por Pedro Almodóvar (‘Matador’, ‘La ley del deseo’, ‘Tacones lejanos’ y ‘Kika’). A las órdenes de Gutiérrez Aragón, en ‘La noche más hermosa’. Luego sumó, en papeles o menos episódicos, títulos como ‘Sé infiel y no mires a quien’, ‘Remando al viento’, ‘Acción mutante’, ‘Más que amor, frenesí’... Fue presentadora en programas de televisión. Y hasta cantó coplas, boleros y grabó baladas pop en un disco de 1980 (‘Call me lady Champagne’ y ‘Sálvame’). Fue en 1998 cuando adoptó definitivamente su verdadero nombre, Bibiana Fernández, para ser también así conocida artísticamente, anunciándose en los últimos tiempos en una obra teatral junto a su buena amiga Loles León.

¿Qué hay de su biografía sentimental? Su primer novio serio se llamaba Javier Serrano y convivió con él catorce años. El segundo, Asdrúbal Ametler González, le duró menos, separándose en 2003. Ignoro con quién se entiende ahora. De su personalidad, diré que es la de una mujer lista, de gran rapidez mental en conversaciones y entrevistas periodísticas, que se comporta con mesura y educación, controlando su manifiesto genio. Ha sufrido mucho en esta vida, aguantando carros y carretas, insultos y desprecios, críticas por su condición sexual. Y a mí, como aquel personaje del poeta malagueño José Carlos de Luna, ‘El Piyayo’, Bibiana Fernández, me merece un respeto imponente.

1977/10/27

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LA BIBÍ ANDERSON DE FRANCISCO UMBRAL

Bibí Anderson.
Francisco Umbral | El País, 1977-10-27

https://elpais.com/diario/1977/10/28/sociedad/246841208_850215.html 

Más allá de la melena de Porcel y la barba de Barral, en Barcelona, más allá del humo de pipa de Senillosa y la palabra zumbona de Álvarez Solís, se llega, se puede llegar, llego yo, con Antonio Asensio al volante, con Luis Cantero a la navaja (abre una de dos cuartas para defenderse de las feministas), al barrio maldito de la ciudad portuaria, a esa réplica simétrica y canalla del barrio gótico, al mundo catacumbal de los travestis, donde esta noche, entre adolescentes temblorosas, starlettes que se desnudan bajo el látigo de los flashes y locutores cansados, conozco a Bibí Anderson, transexual, malagueño, malagueña, que me mira muy de frente a los ojos desde su metro ochenta y tantos centímetros de estatura. No es sólo Bibí Anderson, claro. Es esa otra criatura, rubia y de sexo incógnito, que pasa de hombre a mujer y de mujer a hombre durante la danza. Es la ausencia voluminosa de Mimí Pompón o el desgarro tomatero de Paco España, es la estatura efébica de Angie von Pritt, un nuevo laberinto del sexo en que el hombre encarna en la mujer fantasma que lleva dentro, como la mujer en el hombre.

Se lo digo a Antonio Asensio:

-Un día averiguaréis que los hombres ya no se hacen pasar por mujeres, sino las mujeres por hombres, para distraer al personal.

Empezaron en Trento, o donde fuese, debatiendo el sexo de los ángeles. Siendo así que nunca ha estado claro el sexo de los hombres. Pronosticaba tío Oscar que los dos sexos tradicionales -convencionales, digamos- morirían cada uno por su lado. Pero se equivocaba la paloma, se equivocaba, porque estamos hoy en una sexualidad babélica mucho más allá de doña Simone de Beauvoir, que sólo llegó a contar dos mutantes.

El divino Proust, mirando la humanidad a través de su raqueta de tenista que no jugaba al tenis, repitió las palabras judías: «La mujer tendrá Gomorra y el hombre tendrá Sodoma.» Pero las ciudades de la llanura caben ya en el Paralelo barcelonés, entre traseras portuarias y meretrices que aún bailaron el último tango en el barrio chino con el Gran Gilbert.

De modo que estoy aquí, en el camerino catacumbal de Bibí Anderson -veintitantos años, un metro ochenta y tantos de estatura, malagueño, malagueña, cabeza triangular y sagrada-, asistiendo al nacimiento de la nueva Venus hermafrodita de nuestro tiempo posterior a la de Villiers, que surge entre las espumas sucias e industriales de la playa de la Barceloneta, y, efectivamente, lleva una concha en el sexo, como la de Botticelli, y hay conmigo dos discípulos amados, como en las revelaciones, las apariciones y las levitaciones, dos amados amigos que dan fe cuando ella, a solas con nosotros en el camerino, cerrado, se abre la bata y es una singular criatura de dimensiones nocturnas, senos bellos y secreta sexualidad inexplicada.

-La naturaleza no da el homosexual. Da el hermafrodita -me decía la otra noche el doctor Paredes, que sabe de eso.

Vale, tío. Creo que estamos más allá de la fisiología. Estamos entre Carlos Castaneda y los empresarios argentinos del porno catalán, en las catacumbas de una nueva sexualidad, mientras ahí arriba, en la ciudad burguesa, duermen o velan los fanáticos paleocristianos, los éticos antiestéticos y los que, aunque hayan leído a Adorno, siguen rigiéndose por Trento.

Un tercer o cuarto sexo, una nueva sexualidad, aparece sobre la tierra, arde ya en comunas, amores de grupo y barracones de feria con ganadería humana. Lo que nace del mar, con Venus, es el mar mismo. El mar ‘que así invade’, como diría Vicente Nobel Aleixandre. Un mar de tonelada sexual, una revolución de la especie, cuya Venus hermafrodita, bellísima y arrevistada, pudiera ser Bibí Anderson -cualquier Bibí Anderson- en la catacumba roja de las grandes ciudades.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...