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2021/10/31

DOCUMENTACIÓN | CINE | CHUCKY, DE MUÑECO DIABÓLICO A ALIADO DE LA COMUNIDAD LGTBI

La Vanguradia / Jake Wheeler y Chucky en la nueva serie //

Chucky, de muñeco diabólico a aliado de la comunidad LGTB.

El mito de terror no se considera un "monstruo" cuando se trata de discriminar por sexualidad o identidad sexual.
Solà Gimferrer | La Vanguardia, 2021-10-31
https://www.lavanguardia.com/series/20211031/7827732/chucky-muneco-diabolico-aliado-lgtb-gay-friendly.html

En 1988 se estrenaba ‘Chucky, el muñeco diabólico’, la cinta dirigida por Tom Holland y pensada por Don Mancini, donde un psicópata llamado Charles Lee Ray (Brad Dourif) resucitaba en el cuerpo de un muñeco pelirrojo. El tiempo le ha brindado multitud de anécdotas al psicópata de plástico: ha matado decenas de personas, ha sido objeto de culto, ha tenido novias y descendencia de plástico, y ha inseminado una humana siendo un muñeco. Pero, con el estreno de la serie que continúa su historia, posiblemente llega uno de sus logros más inesperados: que Chucky sea considerado un aliado de la comunidad LGTB.

No es difícil colocarle esta etiqueta tras el estreno de la serie ‘Chucky’, que se encuentra en emisión en Estados Unidos aunque en España no llegará hasta el mes de enero en Syfy. En una conversación con un chico adolescente y homosexual, el psicópata cuenta que tiene prole y es de género fluido. "¿Y no te importa?", le pregunta. "Bueno, no soy un monstruo", responde él con su habitual tono cínico. En resumen, incluso Chucky tiene más respeto por los derechos de las personas LGTB que ciertos partidos políticos.

El personaje se refería a Glen/Glenda, su descendencia presentada en 'La semilla de Chucky' (2004) y que se identificaba con los dos sexos. Era un paso más en una saga cinematográfica que mezcla terror y humor. ¿El motivo? Don Mancini, el creador del personaje, es abiertamente homosexual y ha introducido de forma más o menos consciente la diversidad a su universo, aunque esto haya significado que le llamaran "mariconazo" por transformar a Chucky en algo tan gay, según él mismo confesó en una entrevista para Xataka.

Mientras en 1988 le podía resultar complicado introducir ciertos elementos o puntos de vista, con el tiempo los ha ido integrando con naturalidad. Por ejemplo, en 1998 escribió el personaje de Jesse (Nick Stabile) en ‘La novia de Chucky’. Era el amigo homosexual que ayudaba a la pareja protagonista. En ‘La semilla de Chucky’, como decíamos, se introducía una óptica diferente del género fluido con Glen/Glenda. Y en ‘Culto a Chucky’ (2017) el personaje incluso introdujo su alma en el cuerpo de una mujer (Fiona Dourif) para irse con su mujer (Jennifer Tilly), dando todavía más lecturas a los conceptos de sexualidad e identidad de género.

Con la nueva serie, esta idea de ‘Chucky’ como un universo de ficción gay-friendly se consolida. Para empezar, el personaje principal es homosexual. Se centra en Jake Wheeler (Zackary Arthur), un chaval de 14 años que se encuentra a un muñeco inquietante en un mercadillo. Lo compra por diez dólares con la intención de cortarle la cabeza para una obra de arte que está creando en su habitación.

Antes de recibir un cuchillazo de un Chucky siempre dispuesto a asesinar, el muñeco puede ver la discriminación que sufre Jake. Su padre no lo acepta por ser homosexual, aunque todavía no haya salido oficialmente del armario, y también es discriminado en la escuela por chicos populares como su primo Junior (Teo Briones) o la pérfida Lexy (Alyvia Alyn Lind). ¿Y qué hace Chucky? Le plantea de forma clara a Jake que por qué no acaban con aquellos que le hacen la vida imposible.

Mancini pensó que era interesante hablar de una "misión social o declaración social" a partir de un personaje de terror como Chucky, "particularmente porque tiene un sentido del humor tan negro y característico", explicó en Gizmodo. Puede ser el aliado de un joven homosexual porque no es conservador rancio. "Él no es homófobo. No es racista. Solamente es un psicópata que no discrimina. ¡Él mata a cualquiera!", bromeó el guionista.

Puede que en un futuro próximo Chucky explore hasta qué punto el muñeco diabólico puede manipular a un adolescente vulnerable para convencerle de ser cómplice de su oleada de asesinatos (o sea, utilizar la condición de aliado para divertirse más matando), pero también tiene una lectura radical y hasta cierto punto empoderadora: la idea de un ‘gay revenge’ en clave de comedia de terror donde un homosexual retoma las riendas de su vida vengándose de quienes le hicieron la vida imposible, de la misma forma que Emerald Fennell exploró el ‘rape and revenge’ en la inequívocamente feminista ‘Una joven prometedora’.

1981/03/12

PELÍCULAS | Fernández, Ramón | Gay club

Fernández, Ramón (Director) (1981). Gay club. Arturo González P.C.

Gay club. 1981. Estreno: 1981-03-12. 88 min. Dirección: Ramón Fernández. Guion: Manuel Vidal. Reparto: Francisco Algora, Josele Román, Isabel Luque, Antonio Medina, José Álvarez, Carlos Larrañaga, Rafael Alonso, Jose Lifante, Manuel Alexandre, Antonio Gamero, Florinda Chico, José María Guillén, Paco España, José María Caffarel, Juan Gallo, Carmen Martínez Sierra, Joaquín Pamplona, José Manuel Cervino, Salvador Vives, Julián Navarro, Luis Ciges, Francisco Valdivia, Fernando Chinarro, Rafael Conesa. Arturo González P.C.

Dos amigos deciden abrir un club gay en un pueblo del sur de España. Al cerrarse una whiskería de una pequeña localidad de Andalucía, a Toni (el primo gay de una de las trabajadoras del local llamada Isabel) se le ocurre la idea de transformarlo en un club gay con actuaciones musicales. Como no consiguen el crédito bancario que solicitan para conseguir el traspaso, se asocian con Pepe, un amigo de Toni (también homosexual), el novio periodista de Isabel y la anterior encargada del local, Laly. Al difundirse la noticia por el pueblo, en plena transición a la democracia, enseguida se organiza la oposición reaccionaria, capitaneada por el abogado don Alfonso, que vive frente al local. Visitan al gobernador intentando infructuosamente que prohíba la apertura, por lo que urden un plan para cerrar el club gay. El día de la inauguración envían a un grupo de matones para provocar una pelea tumultuaria, con objeto de presentar una denuncia por escándalo público. Aunque procesan a los cinco socios del club gay, el juicio termina con la absolución de los acusados, y por consiguiente el club gay se reabre. Entre los números musicales de la película actúan figuras reales del transformismo de la época, como Paco España y Juan Gallo.

Gay Club: Ser LGTBI también se podía disfrutar

Primer artículo sobre joyas LGTB del cine español a rescatar. Esta comedia de Ramón Fernández fue pionera en reflejar a gays desde una «postura amable» y divertida en 1980
Javi Valera | Cine con ñ, 2021-06-28
https://cineconn.es/gay-club-ser-lgtbi-tambien-se-podia-disfrutar/

En noviembre de 1980 se estrenó en los cines Gay Club. Lo que a simple vista podría tratarse de una de las tantas comedias que realizaban Ramón Fernández, Mariano Ozores y compañía en la época resultó ser una particular y más que aceptable película en la los protagonistas son unos chicos homosexuales de pueblo que deciden abrir un negocio, un bar gay. El director era el propio Fernández, el mismo que había dirigido ‘No desearás al vecino del quinto’ (1970), con ese personaje gay tan bochornoso, caricaturizado y ofensivo interpretado por Alfredo Landa. Los cambios que se estaban produciendo en España también se empezaban a reflejar en el cine.

Antes de ‘Gay Club’, Eloy de la Iglesia ya había realizado ‘Los placeres ocultos’ (1977) y ‘El diputado’ (1978), Pedro Olea había dirigido ‘Un hombre llamado Flor de Otoño’ (1978), pero podría decirse que ‘Gay Club’ fue de las primeras películas -si no la primera- donde el retrato que se hace de los homosexuales es completamente natural y, lo más importante, los protagonistas no son unos tristes. Tienen sus problemas, claro, pero el desarrollo de los personajes no se construye ni se sustenta únicamente en la desgracia, sino también en el disfrute. Antes de los maricones contentos de Almodóvar o de Félix Sabroso y Dunia Ayaso en los 90, llegaron los de Ramón Fernández.

La primera comedia española ‘gay-friendly’
El escritor Alejandro Melero apunta en su libro ‘Los placeres ocultos: Gays y lesbianas en el cine español de la transición’, que ‘Gay Club’ es la primera comedia española ‘gay-friendly’, «que muestra una postura amable, e incluso activista, con respecto a la homosexualidad«. Y sí, uno de los valores añadidos que tiene la película es que no es solo divertida sino que hay lugar para una cierta reivindicación, sobre todo en la parte final.

Estamos ante una comedia muy gay por varios motivos: el más relevante es que los protagonistas son tres amigos de un pueblo andaluz que deciden poner un negocio en el local de otra conocida suya. Dos de ellos son amigos gays (interpretados por Francisco Algora y José Álvarez), que no se esconden y se tratan con cariño y se hablan en femenino si así les apetece, y la tercera es la amiga mariliendre (interpretada por Josele Román) que les apoya en la aventura de abrir el primer bar gay en un pueblo copiando así los bares que ya había en ciudades grandes.

La película tiene una homofilia clara; no tiende a ridiculizar a sus personajes sino que están interpretados con gracia y sin sobreactuación. Esto es muy importante recalcarlo porque los años 70 están marcados por incluir en filmes cómicos al típico mariquita estereotipado con pluma siendo esa es su única característica. Aquí hay pluma -y mucha- pero no es negativa y no es lo único que se destaca de los personajes. Esa es la diferencia más relevante con el cine anterior: se nota que quisieron esforzarse por hacer un retrato fiel. Personajes entrañables, con una verborrea muy graciosa, que tienen el apoyo de su entorno y también, porque sino no sería un reflejo fiel de la época, el rechazo de cierto sector reaccionario del pueblo.

El reflejo del contexto social de la situación LGTB en España
Hay varias secuencias en las que se apuntan ciertas dinámicas sociales que se producían en torno al colectivo LGTB en la época. Por ejemplo, en el primer tramo de la película, los protagonistas van a visitar al director de un banco para que les preste un crédito y poder quedarse con el local en el que quieren montar el club gay . La respuesta negativa sirve de reflejo de cómo, aunque España estaba ya inmersa en una democracia, aún no todo estaba conseguido, ni muchísimo menos.

Otro acierto del guión es mostrar, aunque con cierta tendencia a ridiculizarlos, personajes indignados por la consecución de los avances dentro del colectivo: es el caso del cacique del pueblo, un abogado interpretado por José Lifante, que busca cualquier tipo de excusa dentro de la ley para detener la apertura del local. Estos personajes -como otro interpretado por Manuel Aleixandre- son la representación del antiguo régimen, reacios pero resignados ante la nueva realidad.

En un momento de ‘Gay Club’, uno de estos personajes sintetiza cómo la situación de los homosexuales había mejorado y no podían hacer nada contra ello: «Mientras las cosas sigan como están no podemos hacer nada. Por lo menos antes, si los quitaban de la Ley de Vagos y Maleantes, los ponían en la de Peligrosidad Social, pero ahora, desgraciadamente, no tenemos de dónde agarrarnos». En un diálogo simple, el guionista Manuel Vidal resumió la evolución positiva de España en el tema de derechos LGTB.

En otra escena, dentro del club gay ya abierto, uno de los transformistas que aparecen en el escenario bromea con la aún difícil situación que se vivía dentro de las salas de espectáculos, de cómo la policía podía entrar en esos locales de ambiente, acusarlos de escándalo público y detener a los artistas. Al final, eso acaba ocurriendo también en la película. La intención, pese a que ‘Gay Club’ sea una fantasía divertida, era ser veraces con la realidad del país, los retos pendientes y los avances imparables.

Activismo y visibilidad divertida en Guy Club
La película se vuelve más militante en el tramo final, cuando se celebra un juicio tras acusarlos de escándalo público en el local (la única artimaña que los caciques del pueblo se pueden inventar para cerrarles el negocio). Primero hay que destacar la aparición de Florinda Chico como la madre cómplice que apoya a su hijo gay (interpretado por José Álvarez) y se siente además orgullosa. Qué importante era incluir este ejercicio de visibilidad y aceptación en una película de 1980. Pero lo reivindicativo viene del personaje interpretado por Francisco Algora, Tony, que declara ante el tribunal la situación que vivían los homosexuales:

«Los homosexuales ya estamos acostumbrados a que se nos condene, no por lo que hacemos, sino por lo que somos. Desde niños, nos humillan, nos desprecian y nos persiguen. El solo hecho de ser homosexual, en el mundo machista en que vivimos, ya constituye en sí un delito. Por eso, aunque hayan quitado la homosexualidad de esa ley llamada de Peligrosidad Social, seguimos padeciendo la misma represión que antes por parte de personas a las que, desde toda la vida, les inculcaron el miedo, el odio y el desprecio ante nosotros». Este monólogo es muy potente y sorprende muchísimo, para bien, que esté dentro de una película claramente comercial.

Lástima que después de 40 años no tengamos muchos más ejemplos de filmes de este corte: el colectivo LGTB también necesita sentirse representado en películas divertidas y no solo en dramas sobre el hecho de ser LGTB. ‘Gay Club’ fue pionera en este sentido. Es una pena que no esté actualmente disponible en ninguna plataforma digital (los derechos del filme los tiene José Frade) y que desde hace muchos años no se haya emitido en televisión. 

DOCUMENTACIÓN
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