Mostrando entradas con la etiqueta Antoni Ruiz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antoni Ruiz. Mostrar todas las entradas

2020/06/24

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | NOSOTRXS SOMOS. CAPÍTULO 1. AMARILLO. PELIGROSOS Y ENFERMOS

Nosotrxs somos. Capítulo 1. Amarillo. Peligrosos y enfermos.
Mundo Joven LGTBI, 2020-06-24

https://mundojovenlgtbi.wordpress.com/2020/06/24/nosotrxs-somos-capitulo-1-amarillo-peligrosos-y-enfermos/ 

Un año extraño en el que nuestras reivindicaciones serán fundamentalmente online, es buen momento para recomendar el programa Nosotrxs Somos.

Este programa se estrenó en 2018 y concluyó en 2019. Recoge, a través de los colores de la bandera arco iris, capítulos que recogen la historia del activismo LGBT+ en España desde los años 70 hasta la situación actual.

Avisamos que habrá ‘spoilers’, pero sigue siendo muy recomendable.

Capítulo 1. Amarillo. Peligrosos y enfermos.

Comienza la historia en 1954, cuando se incluye a hombres homosexuales en la ley de vagos y maleantes, y posteriormente en 1970 es sustituida por la ley de peligrosidad social. Lo curioso es que existían dos cárceles en España en la que hombres homosexuales (y mujeres trans, que eran malgenerizadas) eran enviades según si eran actives (cárcel de Huelva) o pasives (cárcel de Badajoz).

Antoni Ruiz, ex preso y Alejandro PE, youtuber, se reúnen para hablar sobre estas leyes y la situación de las personas LGBT+ antes de 1977.

Hacían dos distinciones, aparte de activos o pasivos (las cuales se hacían a partir de identificaciones). La otra distinción era homosexuales por nacimiento y por vicio, que básicamente eran hombres con pluma y hombres sin pluma. Una categorización bastante arbitraria, que se basaba en los roles tradicionales de género, donde el homosexual por nacimiento era el «pasivo» y el homosexual por vicio el «activo». Tampoco tenía mucho sentido, ya que la sanción era la misma. Intentaron hacer esta identificación a través de un equipo de tres psiquiatras de Carabanchel, pero la mayoría le salían «mixtos». Parece que los métodos de identificación no han sido nunca especialmente válidos, ¿verdad?

El planteamiento de la peligrosidad social, frente a la ley de vagos y maleantes era la rehabilitación. Es aquí donde Antoni Ruiz fue encarcelado por peligroso, a la edad de 18 años.

El cambio significativo en los 70 fue que pasó de ser algo moralmente desviado e ignorado, a ser considerada una enfermedad tratable. ¿Cómo se lograba? Conversaciones con curas, trabajo, se planteaban actividades tipo coser balones de fútbol para hacerse “más hombres” o psiquiatras, terapias de conversión por aversión condicionada, que consiste en condicionar el estímulo a extinguir (atracción por los hombres, en este caso), mediante la asociación de este estímulo con unas consecuencias negativas (como nauseas o descargas eléctricas) eran las formas más comunes. Estas formas han seguido existiendo y recuerdan considerablemente a la ya denunciada dos veces Elena Lorenzo y sus «caminos a la heterosexualidad».

En las primeras manifestaciones, en 1977, poca fiesta se planteaban. Y en esta cabecera, no eran hombres gays blancos quienes ponían la cara. Mujeres trans, mujeres lesbianas y hombres gays estuvieron unides por la lucha de derechos. Mujeres gitanas como Myriam Amaya también estuvieron en la organización.

Las mujeres lesbianas también eran (y son) borradas e invisibilizadas. No eran concebidas en las leyes, aunque seguían sufriendo la discriminación. Aunque solo hubo un caso de una mujer lesbiana encerrada por la ley de peligrosidad social, no era extraño que fueran enviadas por las familias a instituciones psiquiátricas.

Dentro del activismo, no se les daba voz. Ellas apoyaban un movimiento conjunto, aunque encontraron mayor apoyo en las asociaciones feministas.

Finalmente el 26 diciembre de 1978 se excluyeron a los hombres homosexuales de la ley de peligrosidad social. Esto por desgracia no implicó que dejaran de ser encarcelados, ya que se escudaban en la ley de escándalo público. No fue hasta 1988, que se derogó el delito de escándalo público. Esta ley se eliminó tras aplicarse a un chico con su novia, que tras ser metido en la cárcel, se acabó suicidando. Al final, todas las personas tenían riesgo de ser consideradas dentro de estas leyes porque no dependía de lo que fueras, sino de lo que parecieras.

Tras la eliminación de estas leyes, los prejuicios derivaron hacia problemas de salud pública, especialmente en los 80 y 90 con la pandemia del VIH/SIDA.

Antoni Ruiz comenta que hasta 22 años después (casi en los años 2000), no se enteró que en su expediente quedaba registrado que fue condenado por homosexual, lo que implicaba que la policía tuviera acceso a dichos expedientes y podría estar en riesgo. Por desgracia algunas cosas no cambian demasiado. Otra de las consecuencias, el tema laboral, claro, que podría condicionar y limitar el acceso a algunos puestos de trabajo.

No fue hasta 2009, que se hizo reparación de la memoria y se pagó a personas encarceladas bajo esta ley.

Las reivindicaciones principales que se hacen en este capítulo van especialmente para todas aquellas personas que lucharon durante los 60 y 70, que serían les mayores LGBT. Son invisibilizades por la juventud y sus demandas siguen considerándose secundarias. Especialmente relevante el tema de las residencias, ya que separan parejas o en múltiples ocasiones implica esconderte para evitar represalias.

2013/05/12

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | SUFRIR HUMILLACIÓN POR SER DIFERENTES

Humillados por diferentes.
La vida de entre 4.000 y 5.000 homosexuales quedó marcada en la España franquista por la Ley de Peligrosidad Social Esta es la historia de personas que pagaron con cárcel y represión su orientación sexual.
Jesús Ruiz Mantilla | El País, 2013-05-12
https://elpais.com/elpais/2013/05/10/eps/1368188535_439636.html 

Estos tiempos en los que todos somos más iguales ante la ley que antes, en los que una pareja homosexual puede contraer matrimonio sin complicaciones, montar sus negocios, ascender en la mayoría de sus trabajos reconociendo su condición, juntarse en fiestas y celebraciones callejeras, levantar la bandera de sus barrios, disfrutar y reafirmar su identidad sexual en una cabalgata multitudinaria que convoca a cientos de miles de personas, no son como aquellos apenas lejanos en los que un mero gesto afeminado en público podía costar la cárcel, o una palabra con aire alocado, la humillación sin paliativos.

Estos tiempos en los que dos hombres o dos mujeres pueden andar de la mano y besarse por la calle, criar hijos, compartir tardes, comidas y Navidades con las familias contrarias, no son como aquellos en los que para buscar plan había que adentrarse en rincones lúgubres y oscuros, o a la salida de un cine esperaba camuflada la policía secreta para meterte en el calabozo, hacerte comparecer ante un juez que te consideraba un enfermo, te abroncaba y te metía seis meses en la cárcel aplicando la ley de peligrosidad social –¡vigente hasta 1995!, aunque con los artículos referentes a la homosexualidad derogados en 1979– o anteriormente la de vagos y maleantes.

Era la manera de escarmentar y de curar lo que resultaba una plaga para el régimen de Franco, un tiempo que se prolongó en el inicio de la democracia y que marcó la vida de entre 4.000 y 5.000 personas de esa condición, condenadas en cárceles de oscura memoria como Badajoz, Fuerteventura, Nanclares de la Oca, Huelva, la Modelo de Barcelona o Carabanchel, adonde iban a parar la mayoría de homosexuales arrestados por ningún motivo más allá del capricho represor imperante y en los que a veces, de manera absurda, se les dividía entre activos (Huelva) y pasivos (Badajoz). Atrocidades fijadas hoy en esos lugares con carteles conmemorativos y denunciadas por asociaciones como la de Ex-Presos Sociales, que ayuda a que las víctimas sean compensadas por el Estado.

Historias que se han contado en libros como 'Redada de violetas', de Arturo Arnalte, o que están a punto de ver la luz –si la financiación para terminarlo se lo permite– en documentales como 'Invertidos, la ley contra el deseo', de Martín Costa. Seres humanos que dejaron su inocencia, su sentido de la vida y su dignidad entre las paredes de aquellas celdas por el mero hecho de no ocultar su condición, de negarse a travestirse en la aparente normalidad sus cuerpos de hombres cuando querían ser mujeres y comenzaban a tomar hormonas, héroes de una avanzadilla que hoy contempla con mucha más naturalidad la identidad sexual en la sociedad moderna si la comparamos con países como Francia, donde los homosexuales son apaleados en la calle después de que el presidente Hollande anunciara la aprobación del matrimonio gay.

Pero es que incluso en aquellos tiempos no hemos ido muy alejados del entorno europeo. Javier Ugarte, doctor en Filosofía por la Universidad de Oviedo y estudioso del asunto, fundador de la revista 'Orientaciones', asegura que, en el continente, las legislaciones también eran represivas. Pero hay diferencias. “En Europa se abordaba como una cuestión psiquiátrica; aquí, por influencia de la Iglesia, se convertía en un asunto moral”. Y también social para el régimen: “En España se trataba de aplicar una represión de clase. Se penalizaba más a los solteros. Si eran casados, las penas se dulcificaban con tal de que volvieran al seno de la familia”.

Antoni Ruiz i Saiz: “Con este podéis hacer lo que os dé la gana porque es maricón”

Una mañana, con 17 años, Antoni Ruiz i Saiz se despertó, decidió afrontar su vida con franqueza y le confesó a doña Libertad, su madre, que era homosexual. Venían de una familia republicana a la que le habían transformado el oremus a base de estopa, así que la buena señora se asustó y se lo contó a su hermana. Su hermana, a su vez, se escandalizó y se lo comentó a una monja perteneciente a las legionarias de la Virgen de los Desamparados. La monja se lo chivó a la policía y una madrugada, cuatro secretas entraron a buscarle a su casa en Xirivella, a las afueras de Valencia.

La maldita cadena de miedo, desconcierto y alarma acabó con la transparente confesión íntima entre madre e hijo en la cárcel. "Con los años llegué a perdonarla. Era una mujer muy poco preparada, mi padre murió cuando yo tenía siete años, no teníamos medios para sobrevivir y si yo me iba pensó que se quedaba sin ingresos", confiesa hoy Antoni en el mismo salón de la casa donde habló con ella.
 
Hoy él vive allí con David, su marido. Pero ese viaje, desde la primera salida de su domicilio rumbo a varias cárceles hasta los días felices junto a su esposo, ha sido muy largo. Cuando lo comenzó ya había muerto Franco. Era el año 1976. Pero la represión daba sus últimos coletazos.
 
Antoni trabajaba como pastelero. No ganaba mal, pero el curro se le terminó en cuanto un policía le echó dentro de un calabozo atestado de camioneros en huelga con un aviso: "Con este podéis hacer lo que os dé la gana porque es maricón".

"Cualquier homosexual al que pillaran sabía lo que le esperaba dentro", recuerda Antoni. Además, ese policía le tenía ganas. "Me dijo que me había visto muchas veces por la estación de autobuses". El juez fue más fino. "Me indicó que me iban a mandar a una especie de colegio".
 
Pero el colegio no era más que las celdas de Carabanchel y Badajoz. Allí se encontró con un cura caritativo que avisó a su familia: "¿Ustedes saben realmente dónde está su hijo...?". Al poco tiempo salió. Pero le obligaron a quedarse a 100 kilómetros de su casa, desterrado en Dénia. En la calle se convirtió en un apestado. No recuperó su trabajo y no encontró nada nuevo. Decidió prostituirse. "Un policía me dijo que en la calle del Mar se ejercía entre hombres". Conoció a gente muy influyente de Valencia, entre ellos algún dirigente de Falange, halló protección y cuando se enamoró de un empleado de banca decidió dejarlo.
 
Luego vino el trabajo. "Salí del pozo y decidí desarrollarme como persona". Fue olvidando aquello y apechugando con sus consecuencias más íntimas. La democracia corría como un galgo a su lado. O eso creía... Hasta que en 1995, paseando por la calle de Caballeros de Valencia, dos policías municipales le paran en un control, le piden el carné y, tras comprobar sus datos, uno le dice al otro: "No tiene nada, pero ten cuidado con él, que es maricón".

Antoni se sorprendió. "Perdone..., ¿qué dice?". Y ellos le responden: "Si quieres saber algo más, te buscas un abogado". Hasta esa esquina del Estado de derecho han llegado los estragos de la represión. Antoni encontró una defensa de oficio y peleó. "No paramos hasta que en 1999 se hace la ley de protección de datos y con ella se borran los archivos en los que constaban homosexuales fichados en la época en que estaba vigente la ley de peligrosidad social". Lo celebraron a la valenciana. El Tribunal Superior de Justicia los quemó en público. "Fue una falla", recuerda Antoni. Aquello le hizo tomar conciencia. Hoy lidera la Asociación de Ex-Presos Sociales, para no permitir el olvido de las víctimas.

Rampova: "A este hijoputa hay que meterlo en la cárcel"
 
Francesc Oliver se presenta una tarde ventosa de primavera por los alrededores de El Cabanyal, el barrio valenciano donde vive, y pide una copa de coñac. Le tiemblan las manos al sostenerla. De la izquierda sobresalen sus uñas largas y pintadas. Es complicado adivinar el color de sus ojos ni la destreza de su mirada porque la lleva oculta tras unas gafas de sol. Hay que quedar por la tarde. Por la mañana no está para nadie: "Todavía tomo ansiolíticos".

A Francesc le llaman Rampova. Es su nombre artístico, el que adoptó para sus espectáculos de variedades, que mezclan el rock duro con fuerte contenido social y los bailes picantes. Artista quiso ser toda la vida. Porque le atraía la farándula y porque no le quedó más remedio desde que le apresaron por primera vez a los 14 años, un episodio que no ha olvidado ahora, a sus 56: "Yo había tenido relaciones con chicos de mi edad. Aquí, en la huerta, era muy común. Pero ese día me fui con un hombre casado". Una rata dio la alerta. "La vi pasar y me puse a gritar tipo Psicosis". La policía andaba por allí y los arrestó.
 
A él lo llevaron al calabozo y a su ligue se lo pasaron por alto, pero no se libró de la humillación. Le condujeron hasta su casa y al dejarlo allí le dijeron a su mujer: "Que sepa que su marido ha estado con una bujarrona".
 
"A mí me daba igual", dice Rampova. "Yo era la maricona del barrio". En su casa de aire republicano no había problema. "Mi padre decía que más le valía tener un hijo como yo que un hijo cura". Pero todavía no era consciente de lo caro que aquello se pagaba hacia 1971 en la calle. Pasó unos cuantos días en el calabozo y cuando lo presentaron ante el juez exclamó: "A este hijoputa hay que meterlo en la cárcel".
 
Al ingresar en la Modelo alguien le advirtió: "Aquí más vale ser fea, porque eres invisible". Pero Rampova no contaba con esa suerte. "A esa edad yo no tenía nada que envidiar a Greta Garbo...", admite. Y eso no convenía si te metían en el pabellón de los invertidos, como lo llamaban. Allí trataron de curarle con electrochoques. Por la noche, los funcionarios hacían la vista gorda y dejaban pasar a los presos comunes.

Entonces llegaba lo más duro. Las violaciones. "En 30 días que estuve, no sé cuántas veces me violaron, a mí y a otros. Los había muy divinos, gente que se parecía ya a David Bowie antes de que David Bowie existiera". El círculo de represión era perfecto. Detención en la calle, juez con reprimenda y funcionarios que te echaban a las fieras. Si no se arreglaba por las buenas, entonces por las malas.

Pero Rampova quería seguir siendo él mismo. Al salir, una amiga le advirtió: "Vete de la ciudad porque en cuanto haya una redada te van a meter preso". Se largó a Barcelona. "A casa de mi tía, gemela de mi madre". Allí enfermó de afición al cine. "Supe diferenciar entre cinefilia y cinefagia. Entre Ozores y la nouvelle vague". Pero un día en que se sentó junto a alguien inapropiado en la oscuridad de una sala, volvieron a meterle preso.

"Ya sabía lo que me podía pasar. Prefería suicidarme. Le pedí a mi tía unas cuchillas, la convencí". Pero le rescató el amor. "Me enamoré de un argentino y eso me salvó la vida". No pudo evitar otras desgracias. "Como la muerte de Rosaura...". Las palizas, las humillaciones, las vejaciones en grupos, quedaban registradas en los papeles oficiales como suicidios.

Eusebio Valderrama: "El patio de la cárcel parecía el día del orgullo gay"

Cosas de la vida. Eusebio Valderrama ve desde el salón de su casa la ventana de la celda donde pasó su primera condena en la cárcel de Málaga. Hoy, este bailarín tiene una calle en la ciudad donde nació. Y no es para menos.

Su obra mayor es la vida que ha llevado y lleva hoy como artista del baile retirado y escritor volcado entre la memoria y la poesía. Si el genio de Manuel Chaves Nogales viviera, dudaría entre la historia del maestro Juan Martínez, aquel bailaor que quedó atrapado en la revolución rusa y se lo contó tal cual fue, y la de Valderrama, que vivió la represión franquista, fue pintado por algún genio del siglo XX y bailó ante el sah de Persia o Sadam Husein.

"Nací en el Perché. En el colegio me gustaba jugar con las niñas. A los cuatro años ya sentí la llamada de unas castañuelas cuando mi Pepe las tocó en el piso de arriba y yo me fijé en él. Desde entonces pasamos toda la vida juntos". Estalló la guerra y voló la niñez. "Nunca se me olvidarán las hileras de muertos, algunos con sus partes cortadas y metidas en la boca". La muerte iba en serio. Y la vida como él la sentía, también. Convencido de su condición, se fue a Barcelona. "Allí todo estaba más permitido".

Una vez regresó de vacaciones a Málaga y le arrestaron. "Nos habíamos sentado Pepe y yo juntos en un asiento y por eso me detuvieron. Él se escapó". Eusebio pagó con 90 días y alguna paliza, pero no delató a su amigo. La siguiente redada fue en Madrid. Iba solo por la Gran Vía y llevaba una americana azul con botones dorados. Un policía le llamó la atención: "¿Adónde vas mariconeando por la calle con esa pinta?".
A Carabanchel... "Allí nos obligaban a mí y a otras locas a limpiarles la celda a los presos políticos. El patio de esa cárcel parecía el Día del Orgullo Gay". Se largó al exilio. Vivió en Francia, en Italia, en Grecia. De cada país guarda un saco de anécdotas ambientado entre los alrededores de su espectáculo de baile español. "En Atenas, unos señores muy amables nos invitaron a champán. Uno soltó: 'Vamos a brindar por la boda de su hijo'. ¿Quién es su hijo?, pregunté. 'Mi hijo es el príncipe y se casa mañana', respondió el padre del rey".

En Francia, un pintor andaluz los contrató para su cumpleaños. "Durante el espectáculo nos pintó. Al ver el dibujo no nos gustó. '¡Quita, qué horror!', le dijimos". Pablo Picasso, se llamaba. "Pero a esas alturas, ¡quién coño sabía quién era Picasso!".

Silvia: "Me fui prostituyendo hasta que me metieron presa"

Si a Domingo, en Las Palmas de Gran Canaria, o a Juan y a Alfonso, gemelos, en Granada, cuando eran niños les hubieran preguntado a cada uno de ellos por separado qué querrían ser de mayores, habrían respondido que abogados, médicos, artistas... Pero al unísono también habrían declarado lo que finalmente consiguieron: ser mujer.

Su historia se asemeja. Y es tan cara, tan dura, que asombra. Nacer hombre en los años cuarenta o cincuenta y querer ser mujer tenía un precio. La cabezonada se pagaba con cárcel, exclusión social, humillaciones que llevar con la cabeza alta y represión. Pero se salieron con la suya. No dieron sus brazos a torcer y entre las hormonas clandestinas y el sueño de torcerle la voluntad a la naturaleza, y de paso al Dios en que a menudo creían, lo lograron. Lo que parecía una debilidad a ojos de la sociedad, con los años resulta de justicia juzgarlo por lo que realmente es: un acto heroico.

En casa de Domingo, a nadie le cabía en la cabeza que hubiese salido tan afeminado. Ni a su madre ni a sus hermanos. Era bueno en el colegio, estudiaba. "De haberme quedado, habría hecho Medicina o Derecho, pero me fui a Barcelona porque quería ser mujer", asegura Silvia Reyes.

Allí llegó para trabajar en hostelería e ir hormonándose. Pero al ver su aspecto ya travestido, no le dieron trabajo. "Me fui prostituyendo hasta que me metieron presa". Después salió e hizo espectáculos de strip-tease, principalmente en Suiza. Hoy mira hacia atrás jovial y sin cuentas, a gusto con su piel, en plena y espléndida madurez, pese a la dureza del viaje.

Trinidad, en cambio, con su hermana Bárbara, en Granada, no encontraba obstáculo en que su madre les dejara vestirse con sus ropas cuando se llamaban Juan y Alfonso. Empezaron a tomar hormonas desde muy pronto y llevaban tan a gala su travestismo incipiente que ni les humillaban casi por la calle más allá de las risitas. 

También probaron cárcel. "Allí encontramos travestidos con tanta coquetería que se pintaban los labios con betún", asegura. Y es que la fuerza que te invade por dentro cuando eres determinante no hay quien la pare. "Decidir ser mujer es muy serio. No vale con ponerse vestidos y andar con tacones. Una señorita debe tener modales, esté o no esté operada", afirma Trini en su casa de Granada, poblada de retratos de ella y de Bárbara, su hermana, en la época que formaron las Dollys Sisters. "Yo he llegado a actuar hasta en Las Vegas", dice.

Bárbara murió joven. Pero antes pasaron su temporada por la cárcel de Huelva después de unas cuantas palizas en los calabozos. "Nos rozaban en el patio, cuando entrábamos se montaba un escándalo entre aquellos presos comunes. Había de todo, criminales, terroristas, gente con unas pintas rarísimas...". Al salir, destierro. Se fueron a Mallorca. Allí podían ser lo que quisieran. "En Granada tampoco nos afectaron muchos traumas. Cuando nos echaban en cara que actuáramos así, decíamos: 'Federico García Lorca también era homosexual, ¿qué pasa?".

Trinidad ha vuelto a su tierra. Un derrame le obligó a dejar el trabajo y regresar junto a su familia a ejercer de tía abuela. Lejos quedan los días en que se les atravesaban las lecheras de la policía y les detenían. Hoy se siente una señora bien respetable y rememora la infancia en la que Juan y Alfonso salían a la calle disfrazados de niños con pantalones cortos cuando su verdadero atuendo fuera el de los trajes que tomaban prestados a su madre sin que ella se los negara nunca.

2012/10/19

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | M.C.D., LA PRIMERA LESBIANA REPRESALIADA POR FRANCO QUE PIDE SER INDEMNIZADA

M.C.D, la primera lesbiana represaliada por Franco que pide ser indemnizada.
La primera mujer que solicita una indemnización por su tiempo en prisión durante la dictadura recuerda a los compañeros que se suicidaron y a quienes sufrieron tratamientos psiquiátricos.
Patricia Campelo | Público, 2012-10-19
https://www.publico.es/espana/m-c-d-primera-lesbiana.html 

'Cuando tienes 17 años es perturbador que te acosen con interminables interrogatorios incomprensibles'. Así comienza su relato M. C. D., la primera lesbiana que ha solicitado una indemnización por el tiempo que estuvo encarcelada en virtud de su opción sexual.

Temblorosa lee despacio su relato, escrito momentos antes de la entrevista para ser capaz de recordar el mensaje a trasladar. Es la primera conversación que tiene con un medio de comunicación. Nunca antes ha querido hacer pública su experiencia y, ahora, esta mujer ha decido compartir su historia.

Su objetivo: 'Recordar a los que quedaron por el camino y, si es posible, ayudar a otras personas'. También, contar a la juventud que, hace 35 años, un homosexual podía ser encarcelado acusado de ser un 'peligro social'.

'Durante meses me sometieron a una pantomima persecutoria que no comprendía en absoluto y que terminó en una paranoia de efectos perdurables de por vida', cuenta entre pausa y pausa, abrumada por los recuerdos. M. C. D. fue encarcelada en un penal para mujeres en Ciudad Real durante cuatro meses acusada de ser 'una homosexual rebelde con su familia que se encuentra en estado peligroso'. La finalidad de la condena era la 'reeducación'. Se le aplicó el artículo 2 de la Ley 4 de agosto de 1970 de peligrosidad social, así como las medidas de seguridad incluidas en el artículo 6 de la misma norma, y fue condenada a una pena de reclusión 'no inferior a cuatro meses ni superior a tres años'. También, el magistrado del juzgado de peligrosidad social le prohibió visitar durante dos años salas de fiesta y otros establecimientos donde se ingiriesen bebidas alcohólicas.

Tenía 16 años cuando empezó su calvario y 17 cuando finalmente cumplió la condena. 'A esa edad no te has definido como adulto, aún te estás formando', subraya M. C. D. que, por aquel entonces estudiaba en una academia y llevaba una vida rutinaria, entregada a la lectura y a las preguntas, 'era muy inquieta, siempre quería saber'.

Dado que las autoridades de la dictadura concebían la homosexualidad como una enfermedad que podía curarse, a menudo se recetaban remedios como los electroshock y el tratamiento psiquiátrico. 'Algunos se quedaron por el camino por los recomendados electroshock, que les dejaban minusválidos en su corta vida y acababan muriendo a los pocos años', denuncia M. C. D.. 'No estamos todos los que éramos', lamenta. 'Muchos se rindieron y se casaron, otros se suicidaron'.

'Conozco dos casos de personas que recibieron electroshock y murieron a los cinco años'
El apartado para el recuerdo de sus amigos ocupa un lugar importante en su relato. A esta mujer se le quiebra la voz cuando nombra a aquel estudiante de instituto, compañero de su hermana, que se suicidó por no soportar la presión. También cuando recuerda al profesor de universidad que se quitó la vida con 27 años y al bombero que tomó la misma decisión a los 25. 'Conozco dos casos de personas que recibieron electroshock, dejándoles con la baba cayendo, y que murieron a los cinco años', añade.

'Somos muchos menos los que quedamos que los que se fueron; los más débiles cayeron por el camino; ahora quiero que la gente piense en esas personas y abrir un recuerdo para ellos, que ya nunca lo podrán contar'. 'Los que quedamos tenemos memoria', advierte M. C. D..

La indemnización que acaba de solicitar la víctima no va a reparar su dolor ni aliviar las consecuencias de aquella experiencia, pero de algún modo le ayuda a cerrar un ciclo. 'Lo importante es que se recuerde para que no se repita, ya que a veces parece que vamos hacia atrás'.

Los esfuerzos del régimen dictatorial por presentar a las personas homosexuales como rebeldes, dominantes, violentos y vagos quedan probados en los textos de algunas sentencias condenatorias fruto de procesos judiciales sin ningún tipo de garantías para el acusado. 'La defensa nada alegó en el momento procesal correspondiente', suele figurar en este tipo de textos.

'A los presos políticos les indultaron en 1977; algo que no sucedió con nosotros'
En el caso de la sentencia a la que este medio ha tenido acceso, se pueden leer valoraciones y opiniones personales del juez, que no relaciona con ningún tipo de documento: 'Probado y así se declara expresamente; de carácter violento; tiende a la huida y al vagabundeo, y es dominante a la hora de buscar personas de su mismo sexo'.

'Los jueces de peligrosidad social eran unos fanáticos de la ley', arguye Antonio Ruiz, presidente de la asociación de Ex presos sociales. 'Otro reproche que hacemos es hacia la abogacía, porque, aunque estos casos tenían difícil defensa -ya que siempre se presuponía la peligrosidad social- la mayoría de los abogados se lavaba las manos, no apelaban', añade.

Ni la transición ni la democracia rompieron el cordón umbilical que les conectaba con la arquitectura jurídica del franquismo. 'Los artículos de la Ley de peligrosidad social que se aplicaban a las personas homosexuales se eliminaron en 1979, pero siguieron entrando en prisión hasta mediados de los 80', denuncia Ruiz, que estuvo tres meses encarcelado en 1976, un año después de morir el dictador.

'En los últimos años de aplicación de la Ley de peligrosidad social entraron en la cárcel muchos más homosexuales que al principio'. Además, remarca Ruiz, 'a los presos políticos les indultaron en 1977; algo que no sucedió con nosotros'. Los preceptos jurídicos que les aplicaban para ir a prisión, ya en democracia y gobernando el PSOE, eran los referidos al escándalo público.

Las indemnizaciones previstas para los ex presos sociales se han vuelto a recoger en los Presupuestos Generales del Estado para 2013, pero con un plazo concreto para solicitarlas que finaliza el 31 de diciembre del año que viene. La asociación que preside Ruiz lamenta el próximo fin de estas compensaciones que no se hicieron efectivas hasta 2009 y que, para poder cobrarlas, es necesario reunir una documentación de difícil acceso.

2009/12/03

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | REPARACIÓN MORAL A ANTONI RUIZ QUE SUFRIÓ PRISIÓN EN 1976 POR HOMOSEXUAL

Reparación moral a un homosexual por sufrir prisión en 1976.
El Gobierno expide la declaración de reconocimiento personal a la víctima de una ley franquista.
El País, 2009-12-03
https://elpais.com/elpais/2009/12/03/actualidad/1259831855_850215.html 

El primer homosexual indemnizado por el Estado por haber sido encarcelado debido a su orientación sexual, el valenciano Antoni Ruiz, ha sido también el primero en obtener la reparación moral, un reconocimiento expedido por el Gobierno para honrar a quienes fueron perseguidos "injustamente" durante la dictadura. Ruiz, que fue indemnizado el pasado mes de mayo con 4.000 euros en compensación por el tiempo que pasó en prisión debido a su "condición sexual", recibió este miércoles un escrito firmado por el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, en el que le expide la declaración de reparación y reconocimiento personal recogida por la Ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007.

Mediante esta reparación moral "la democracia española honra a quienes injustamente padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura", según recoge el documento.

Tras declarar a los 17 años su homosexualidad a su familia, una monja lo denunció a la Brigada Criminal de Valencia, que se presentó a las seis de la mañana en su casa para llevarlo a la Jefatura Provincial de Policía, donde lo retuvieron tres meses hasta que pasó al juzgado de Peligrosidad Social, según ha explicado el propio Ruiz.

Sin haber cometido ningún delito, Ruiz conoció "tres prisiones: la Modelo de Valencia, Carabanchel y la cárcel de Badajoz", donde cumplió la condena. El documento reconoce que Ruiz, que actualmente preside la Asociación de ex presos sociales, padeció persecución y privación de libertad por razones de orientación sexual, lo que provocó la apertura de un expediente "sin las debidas garantías" por parte del Juzgado de Peligrosidad y Rehabilitación Social de Valencia.

El 4 de marzo de 1976 ingresó en el centro penitenciario de Valencia, desde donde fue posteriormente trasladado a la prisión de Badajoz, ciudad en la que se produjo su excarcelación el 5 de junio de ese mismo año. Ruiz ha recordado aquellos tres meses como una época "muy mala" y la experiencia como algo "horroroso", ya que se encontraba en las mismas prisiones "donde iba cualquier delincuente". A su juicio, la reparación moral es "la culminación del reconocimiento moral y económico de los homosexuales y transexuales que pasaron por las prisiones durante la dictadura", aunque "aún queda mucho por investigar".

La declaración está acompañada por una carta firmada por la subsecretaria del Ministerio de Justicia, en la que se subraya que el reconocimiento pretende ser "la voz firme y decidida de que la memoria de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura permanecerá siempre viva". "Temíamos mucho que no tuviéramos acceso a este reconocimiento pero finalmente el Estado lo ha declarado por escrito", ha señalado Ruiz, quien se ha mostrado "muy satisfecho" y animado a solicitar dicho reconocimiento a todos aquellos encarcelados por su condición sexual durante la dictadura. De momento, según Ruiz, sólo tres personas lo han solicitado.

DOCUMENTACIÓN
>
Indemnizado por primera vez un homosexual represaliado por Franco.
Natalia Junquera | El País, 2009-05-04

https://elpais.com/diario/2009/05/05/espana/1241474416_850215.html
>
De 'pervertido' a héroe.

Con 17 años de edad fue detenido por cuatro policías y pasó tres meses en prisión por ser homosexual. Treinta y tres años más tarde, Antonio Ruiz ha sido resarcido con 4.000 euros.
Lola Galán | El País, 2009-05-09
https://elpais.com/diario/2009/05/10/domingo/1241927555_850215.html

2006/12/26

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | HOMOSEXUALES 'PELIGROSOS'

Homosexuales 'peligrosos'.
La ley franquista de vagos y maleantes les envió a prisión. Hoy recuerdan su pesadilla y esperan indemnizaciones del Gobierno.
Natalia Junquera | El País, 2006-12-26
https://elpais.com/diario/2006/12/27/espana/1167174016_850215.html 

La primera vez que Rampova fue a la cárcel, en 1970, tenía 14 años. Ingresó en prisión "por maricón", según le oyó decir a los policías que le detuvieron en Valencia al sorprenderle en las rocas de la playa con un hombre casado. La segunda vez tenía 15 años y estaba en Barcelona. Le detuvo un policía "de la secreta" que le había esperado a la salida del cine, después de haberle pedido dentro relaciones sexuales. La tercera y última fue con 17 años. Nunca tuvo un juicio.

Es uno de los cerca de 100 homosexuales represaliados por el franquismo que podrían acogerse a la indemnización que reclaman al Gobierno. Rampova forma parte de la Asociación Ex Presos Sociales, que lleva diez años luchando por el reconocimiento social y económico de los gays que fueron torturados durante la dictadura. Antonio Ruiz, su presidente, asegura que cuenta con el apoyo de todos los grupos políticos, excepto del PP, que no ha respondido a sus llamamientos, y confía en que las indemnizaciones lleguen pronto. "Estamos muy satisfechos por el apoyo de los partidos, pero, al mismo tiempo, nos pesa que haya muchos compañeros que también sufrieron mucho y ya han muerto y no van a poder disfrutarlo".

Rampova representa a la segunda generación de presos homosexuales de la dictadura franquista, la que había que "rehabilitar". En 1970, la Ley de Vagos y Maleantes, que declaraba "en estado peligroso" al homosexual, cambió su nombre por el de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Seguían siendo "peligrosos", pero el régimen planteó la cárcel como una rehabilitación. Había que "curar" a los gays en la cárcel.

"En la prisión de Barcelona me enviaron a un pabellón de invertidos para menores. Los presos pagaban a los vigilantes para colarse y violarnos. Luego nos pegaban palizas para demostrar que ellos no eran gays. Venían cinco, seis veces al día. A veces hasta ocho". Rampova hace recuento, a punto de cumplir 50 años: "He tenido más violaciones que relaciones consentidas", afirma. "Cuando le confesé al cura de la cárcel lo que nos hacían allí, se chivó al jefe de prisiones y me castigaron toda la noche contando los adoquines del patio. Me tuvieron así hasta que se hizo de día", recuerda.

Según los cálculos de la Asociación de Ex Presos Sociales, cerca de 4.000 personas fueron a la cárcel por ser homosexuales durante el franquismo. La cifra es sólo una aproximación, porque los historiales están repartidos por instituciones penitenciarias y policiales y, en muchos casos, la condena alegaba delitos de prostitución en lugar de homosexualidad.

A Antonio Ruiz le denunció una vecina monja en 1976. Franco ya había muerto y él tenía 17 años. A las seis de la mañana fueron a buscarle a su casa cuatro secretas. Pasó tres meses en el penal de Badajoz, una de las cárceles que el régimen había preparado para "curar" a los gays. A Badajoz iban los llamados "pasivos" y al penal de Huelva, los "activos". Las lesbianas eran enviadas al manicomio. "Era la época del electrochoque y las terapias aversivas, que consistían en secuenciar imágenes con hombres y mujeres, propinando descargas eléctricas al homosexual cuando aparecían hombres", relata Ruiz.

"Cuando salí de la cárcel la última vez", relata Rampova, "me resultaba imposible relacionarme con hombres porque me recordaban las violaciones. Tuve varias novias y una hija, que ahora cumplirá 30 años".

Después de la cárcel, llegaba el destierro. De uno a dos años. Los presos no podían volver a sus antiguos domicilios y nadie quería darles trabajo. Rampova comenzó en los años 80 a trabajar en el mundo del espectáculo, haciendo cabaré-teatro y en grupos como Ploma-2, hasta que tuvo un infarto y lo tuvo que dejar. "El pánico escénico y el infarto no eran compatibles", afirma. Hoy vive de una pensión de incapacidad.

"No me interesa mucho la indemnización. Se habla de 12.000 euros, ¿a cuánto toca eso por violación? Si al final nos lo dan, creo que lo donaré a alguna organización de defensa de los derechos de los homosexuales. No cometimos ningún delito. Lo que me gustaría de verdad es que los que nos hicieron esto pidieran perdón", asegura Rampova.

"Estoy muy contento porque España va a ser el primer país que indemnice a los homosexuales de la dictadura. Va a ser un momento histórico. En las conversaciones con los grupos políticos barajamos unas indemnizaciones de 12.000 euros y pensiones vitalicias de unos 750 euros. Después, seguiremos trabajando para defender los derechos humanos de los homosexuales en otras partes del mundo", afirma Ruiz.

2005/06/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | HOMOSEXUALES Y TRANS PRESOS POR EL FRANQUISMO RECIBIRÁN INDEMNIZACIÓN

Los presos homosexuales del franquismo recibirán indemnización.
Emilio de Benito | El País, 2005-06-05

https://elpais.com/diario/2005/06/06/sociedad/1118008806_850215.html 

El Ministerio de Justicia y la Asociación de Ex Presos Sociales han iniciado conversaciones para que los gays y lesbianas perseguidos por el franquismo reciban una indemnización y una pensión igual que otros presos políticos. El primer encuentro ha sido mantenido esta semana por Fernando Flores, de la Secretaría de Estado de Justicia y el presidente de la asociación, Antoni Ruiz, según ha informado Carla Antonelli, de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays y Transexuales. Se acordó que, por un lado, todos los historiales policiales por homosexualidad serán archivados, pero por otro que los interesados podrán tener acceso a ellos para documentar la represión.

Ruiz aseguró que los representantes del ministerio se mostraron de acuerdo en conceder una indemnización y una pensión vitalicia a los afectados. La medida se extenderá a homosexuales y transexuales, y también a otras personas (prostitutas, gitanos) que fueron perseguidos por las leyes de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad Social después.

La medida es un paso más después de que el pasado 15 de diciembre el Congreso aprobara una declaración en "reconocimiento a todas las personas que durante el régimen franquista padecieron persecución y cárcel por su orientación o su identidad sexual, y cuyo sufrimiento no ha sido aún reconocido".

El número de beneficiarios se desconoce, aunque historiadores como Arturo Arnalte lo cifran en menos de un centenar, porque "la mayoría ya han muerto o son muy mayores y no quieren revivir esa época".

La persecución de homosexuales y transexuales se prolongó hasta 1979, cuando se derogó la ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta situación impidió que los presos se beneficiaran de las dos amnistías de la transición. Sus historiales policiales tampoco fueron limpiados, por lo que las fichas siguieron reflejando los antecedentes de homosexualidad. La indemnización a estos perseguidos cerraría un proceso de reconocimiento que comenzó hace un par de años. Los gobiernos de Andalucía y Extremadura han realizado actos de desagravio en Huelva y Badajoz, donde hubo cárceles para homosexuales. El Gobierno de Canarias ha hecho un homenaje en el centro de prisioneros de Tefía (Fuerteventura), un "auténtico campo de concentración", según Octavio García, ex preso.

2004/12/19

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | 5.000 VIDAS FICHADAS POR LAS LEYES DE VAGOS Y MALEANTES Y PELIGROSIDAD SOCIAL

5.000 vidas fichadas.
Las leyes de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad Social se aplicaron a gays y transexuales hasta 1979.
Emilio de Benito | El País, 2004-12-19
https://elpais.com/diario/2004/12/20/sociedad/1103497204_850215.html 

Al menos 5.000 personas fueron detenidas por actos o actitudes gays, lésbicas o transexuales durante el franquismo, según el recuento de Antoni Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales. Pero este número es sólo una aproximación, porque los historiales están dispersos por las distintas cárceles, hubo quienes no llegaron a ser encarcelados, y en otros casos la condena alegaba en vez de homosexualidad delitos como prostitución, matiza el periodista Arturo Arnalte, autor del libro ‘Redada de violetas’.

Al principio se los encarcelaba por escándalo público, aunque el delito se hubiera cometido en el dormitorio de la vivienda propia. La figura delictiva de la homosexualidad aparece en 1954, con su inclusión en la Ley de Vagos y Maleantes. "A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que vivan de la mendicidad ajena, exploten menores de edad, enfermos mentales o lisiados, se les aplicarán para que cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes: a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales, y en todo caso, con absoluta separación de los demás. b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio. c) Sumisión a la vigilancia de los delegados", decía la ley.

La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 dio a la persecución un enfoque más humanista: dar tratamiento. Fue entonces cuando se establecieron dos penales, los de Badajoz y Huelva, para rehabilitar a los homosexuales masculinos (las lesbianas, que sufrieron una fuerte represión social, ni siquiera se consideran). Los presos se dividían según sus tendencias: los "pasivos", a Badajoz, y los "activos" a Huelva. "La supuesta rehabilitación empezaba y acababa en esta selección", dice Arnalte.

A partir de esta época es más fácil hacer un seguimiento de la represión. Las penas de prisión iban de tres meses -"que se aplicaba la mayoría de las veces", según Arnalte- a cuatro años. A esta condena se solía añadir una de destierro de hasta dos años. "Es cuando aparece la casilla de 'homosexual peligroso' en las fichas", apunta el escritor. Existe constancia de unas 30 o 40 condenas al año. Además de los centros de Badajoz y Huelva, "en todas las cárceles grandes había una galería de invertidos", señala Arnalte. En Carabanchel, era la última planta. En Ocaña, los homosexuales eran enviados a cocina o lavandería en vez de ir a picar piedra, señala Juan Soto en su autobiografía ‘Un hombre llamado Katy’.

La persecución no fue sistemática. "Tenía un sesgo de justicia de clase. Los que pagaban eran siempre gente muy modesta: camareros, agricultores; los señoritos casi nunca", apunta el periodista. A veces el factor decisivo era el balance de cada comisaría. "Cuando un policía quería hacer méritos detenía a gays pobres", afirma Arnalte.

La Ley de Peligrosidad Social sobrevivió al franquismo. En 1978 todavía se aplicó oficialmente a tres personas. En total, unos 1.000 homosexuales fueron encarcelados por esta ley, que estuvo en vigor nueve años. "Somos los olvidados de la transición", se queja Ruiz.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...