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2021/02/06

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | LA VIDA DEL BARRIGA, DE TESTIGO PRINCIPAL EN EL CASO ARNY A TRIPLE HOMICIDA

La vida del Barriga, de testigo principal en el caso Arny a triple homicida.
El autor confeso del crimen de Brenes destapó el escándalo de prostitución homosexual de menores que ahora cumple 26 años. Tras el juicio del Arny fue condenado a cinco años por atracar a unos turistas y unos estudiantes. Al salir de la cárcel, en 2004, mató a golpes a un anciano con el que había concertado una relación sexual.
Fernando Pérez Ávila | Diario de Sevilla, 2021-02-06
https://www.diariodesevilla.es/sevilla/vida-Barriga-testigo-principal-Arny-triple-homicida_0_1544846272.html 

La vida de José Antonio Sánchez Barriga ha estado marcada por la delincuencia, las drogas, la prostitución homosexual y el submundo en general desde que era muy joven. Hoy es noticia por ser el autor confeso de un homicidio en su pueblo, Brenes, pero no es la primera vez que acapara espacio en los medios de comunicación. Cuando todavía era menor de edad se convirtió en el testigo principal en el caso Arny y sobre su relato se construyeron las acusaciones de un escándalo sexual que sacudió a la Sevilla de los años noventa, dada la cantidad de famosos que fueron relacionados con el caso.

La denuncia inicial del que entonces fue conocido con el nombre en clave de Eduardo o como testigo número uno destapó la investigación sobre el establecimiento situado en la plaza de Armas, en el que se prostituían jóvenes menores de edad. Ya por entonces, Sánchez Barriga tenía antecedentes penales. De hecho, estaba relacionado con un homicidio cometido cuando aún no había cumplido los 18 años.

La primera denuncia se presentó en febrero de 1995, si bien la sentencia de la Audiencia de Sevilla desacreditaría después su testimonio. "Absolutamente ninguna credibilidad merece al tribunal habida cuenta de las múltiples declaraciones prestadas y contradicciones en que ha incurrido, ignorándose cuándo ha dicho la verdad, si es que alguna vez la ha dicho", dijeron los jueces. Este testigo fue el que, por ejemplo, acusó al juez de menores Rico Lara, ya fallecido, y la Audiencia concluyó que tenía "motivos de animadversión" hacia el magistrado, por que éste le había retirado la guardia y custodia a la madre del joven y había decidido su internamiento en correccionales.

En una ocasión llegó a decir que todo era un montaje para tapar la trama de los GAL y que un jefe de la Policía Nacional le había colocado un revólver en la cabeza para que no retirara las acusaciones. Dijo también que le ofrecieron dinero a cambio de acusar a famosos. El caso Arny acabaría con la mayoría de los acusados absueltos. Sólo fueron condenadas 16 de las 49 personas que fueron enjuiciadas. Casi todos los famosos fueron absueltos por la falta de credibilidad de los testimonios de los menores que los habían acusado, con Sánchez Barriga a la cabeza.

Las imágenes del juicio, con un desfile de famosos pasando por la Audiencia de Sevilla y algunos de los acusados disfrazados con caretas, gafas de broma o vestidos de nazarenos, forman parte ya de la memoria colectiva de la ciudad. El dueño del pub, Carlos Saldaña, fue condenado por once delitos de prostitución de menores a una pena de 33 años, pero el principio legal de cumplimiento efectivo del triple de la máxima pena individual impuesta le permitió salir de la cárcel en octubre de 2007, tras nueve años dentro.

La Audiencia también condenó a 18 años al encargado del local, José Antonio González Losada, mientras que Domingo Arnaldo Concha, el bailarín conocido como Arny y que había dado nombre al club, fue condenado a un año y nueve meses. Arnaldo Concha murió en diciembre de 2007 en el Hospital Virgen del Rocío, como consecuencia de un infarto. Muchas de las condenas impuestas a los 16 acusados fueron finalmente suspendidas, al ser iguales o inferiores a los dos años de prisión.

Sánchez Barriga sería condenado poco después del mediático juicio del Arny por dos robos a punta de navaja, uno a unos turistas en el Parque de María Luisa y otro a unos estudiantes en el Prado de San Sebastián. Ambos episodios ocurrieron en octubre de 1996 y coincidieron con las sesiones del juicio en el que era el testigo principal.

Para entonces, ya había alcanzado la mayoría de edad y se enfrentaba a penas mucho más duras que durante su etapa de menor. Por esos dos robos con violencia e intimidación fue condenado a cinco años de prisión. Salió de la cárcel salmantina de Topas en diciembre de 2003. Menos de cuatro meses más tarde, a finales de marzo, ya con 26 años, mató a golpes a un hombre de 72 años con el que había acordado un encuentro sexual. Lo golpeó con una viga de hormigón después de una discusión sobre la relación que habían concertado, tras conocerse en la estación de Santa Justa.

Fue detenido poco después por la Guardia Civil como presunto autor del homicidio, el segundo en su historial tras el primero que cometió cuando era menor de edad. Como hizo este viernes en Brenes en su tercera muerte, confesó la autoría del crimen, se mostró colaborador con las autoridades y dijo que estaba muy arrepentido por lo ocurrido.

La víctima de aquel homicidio desapareció el 24 de marzo de 2004 y su cadáver fue localizado siete días después, el 31, en un paraje conocido como Cochineras Bodegón, en San José de la Rinconada. En el transcurso de la discusión, Barriga arrebató a la víctima la cartera y otras pertenencias. Tras agredirle con la barra de hormigón, huyó en el coche del muerto, que posteriormente abandonó en un polígono industrial, donde chocó con una farola y lo dejó mal estacionado.

Un año y medio después, en noviembre de 2005, aceptaría una condena de 15 años de cárcel por este homicidio y el robo del coche y las pertenencias de la víctima. Llevaba, por tanto, no demasiado tiempo en libertad cuando este viernes mató a un hombre de 53 años e hirió a otras dos personas en una casa de Brenes. Ahora tiene 43 años y ya suma tres homicidios en su historial. Fue detenido poco después del homicidio y volvió a mostrarse colaborador. No se resistió y confesó el crimen. Sánchez Barriga volvía así a estar privado de libertad. En las próximas horas será puesto a disposición judicial y, con toda probabilidad, será enviado de nuevo al lugar de donde quizás nunca debió salir: la cárcel.

2020/02/16

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ARNY, 25 AÑOS DEL CASO EN EL QUE ARDIERON FAMOSOS GAIS INOCENTES

El Español / El pub Arny en Sevilla //

Arny, 25 años del caso en el que ardieron famosos gays inocentes: “Solo quiero olvidar”, dice el dueño.

El Español localiza al culpable de la explotación sexual de menores en el pub de Sevilla. El escándalo se usó para señalar a gente por su condición.
Andros Lozano | El Español, 2020-02-16
https://www.elespanol.com/reportajes/20200216/arny-ardieron-famosos-inocentes-solo-quiero-olvidar/467703639_0.html 

Cuando una voz de hombre responde al otro lado del telefonillo del portal, el reportero pregunta. Son las 10 horas de una tibia mañana de esta semana pasada en el centro de Sevilla.

-¿Es usted Carlos Saldaña? Me dicen que vive en este edificio, pero no sé en qué puerta exactamente.
-Sí, ¿qué quiere?
-Soy periodista.
-¿Y qué?
-En unos meses se cumplen 25 años del ‘caso Arny’. Usted era dueño de aquel pub y el que recibió la condena más alta de todos los implicados. Me gustaría hablar unos minutos con usted.
-No tengo ningún interés en hablar de aquello, lo siento.
-No le quitaría más de cinco o diez min… [Aquella voz todavía sin rostro interrumpe de forma brusca sin dejar terminar la frase]
-No me interesa. Sólo quiero olvidar aquello. Lo siento.

Carlos Saldaña, educado, da por acabada la conversación. No quiere remover el pasado para volver atrás un cuarto de siglo, cuando, tras romper con su vida anterior, dejar a su mujer y a su hija, regentaba un pub de ambiente gay en la calle Trastamara de Sevilla. En febrero de 1995, hace ahora 25 años, José Antonio Sánchez Barriga, un adolescente de 16 años, denunció ante la Policía que en aquel local se le indujo a prostituirse entre los clientes. A él y a otros menores.

Aquella denuncia destapó un escándalo que era real pero, a su vez, generó otro: a determinados personajes reconocidos y famosos de la sociedad pública española de aquel momento se les señaló injustamente para manchar su imagen, como se demostraría meses después durante un juicio que llenó horas y horas de televisión, ocupó titulares de periódicos y se coló en las tertulias de las radios.

En una España aún con los prejuicios de una época pasada y homófoba, se acusó directamente al presentador Jesús Vázquez, al humorista Jorge Cadaval, de Los Morancos, al cantante Javier Gurruchaga, a Antonio Tejado (hermano de María del Monte) o al juez de menores Manuel Rico Lara. Su culpa era ser homosexuales. Nada más. Por la calle alguna gente les llamaba pederastas.

Aunque el testimonio de aquel joven aireó una realidad que sí existía, en su declaración había gran parte de mentira. Finalmente, se llegó a juicio dos años después. Todos esos rostros conocidos de la televisión resultaron absueltos. Pero pagaron una factura demasiada cara ante la sociedad. Jesús Vázquez estuvo dos años sin trabajar. “Fue una muerte social y laboral atroz”, reconoció el artista en enero del año pasado en el programa ‘Chester’, de Risto Mejide.

De los 49 procesados, 33 resultaron absueltos. El principal condenado, al que se le impuso una pena de 33 años de prisión, fue ese hombre de pelo canoso que se lo recoge en un coletilla en la nuca y al que esta semana encontró El Español caminando por el centro de Sevilla cuando se disponía a tirar la basura.

El hombre, ya mayor, ha salido de una edificio próximo a la Alameda de Hércules, probablemente la zona más alternativa y moderna de la capital andaluza. Su casa no está muy lejos de donde estaba el pub que acabaría cambiando su vida. A pie no tardaría más de 15 o 20 minutos en llegar.

Tras el no dado a través del telefonillo de su casa, probamos de nuevo en la calle. Pero Carlos Saldaña, visiblemente enfadado por la llegada de un periodista y un fotógrafo, rechaza hablar del caso y de cómo ha vivido estos últimos 25 años.

“Ni un café ni leches. Aquello es pasado y no tengo nada de qué hablar. Déjeme en paz”.

El escándalo

Febrero de 1995. Sevilla, moderna pero antigua, bonita pero cruel, todavía se relamía por el buen sabor de boca que le dejó la feria internacional de la Expo del 92. Tras aquel acontecimiento, volvía a estar en boca de todo el mundo, fuera y dentro de España.

Pero la confesión del adolescente tres años más tarde iba a provocar un seísmo social en la capital andaluza. José Antonio Sánchez Barriga contó que en varios pubs de Sevilla, entre ellos el Arny, Valentino y 27, todos muy cerca uno del otro, se prostituían menores con clientes adultos. El pub Arny era una expresión vital de Carlos Saldaña, su dueño: lo había montado después de confesarle a su mujer que era gay, abandonar la casa y dejar en ella a su esposa y a una hija.

A la declaración de aquel menor, al que se le empezó a conocer como Testigo 1, se sumaron las de otros adolescentes sevillanos. José Antonio Sánchez Barriga señaló, entre otros clientes, al juez de Menores Rico Lara, el mismo que le había retirado la guarda y custodia a la madre de éste y que lo había internado en un centro.

Poco a poco, según iba avanzando la investigación policial y se tomaba declaración a otros testigos, la prensa fue aireando los nombres que daban los adolescentes. La sociedad española quedó atrapada con aquel escándalo.

La historia de ese pub se remonta a los primeros años de la década de los 90, cuando Carlos Saldaña y su amigo Domingo Arnaldo, argentino, decidieron abrir un local de ambiente gay frente a la estación de autobuses de Sevilla. El diminutivo de Arnaldo dio nombre al bar Arny, que pronto extendió su fama en la capital andaluza gracias, entre otras razones, a su llamado bingo loco musical. Se trataba de una especie de sorteo de chicos para mantener relaciones sexuales entre sí. Tuvo un gran éxito entre la clientela del local.

“Los chicos hacían unos seis o siete servicios cada noche, por los que cobraban entre 5.000 y 8.000 pesetas. Allí había colas", declaró un camarero del pub ante la Policía, que llevó a cabo un operativo dentro del establecimiento en octubre de 1995, ocho meses después de aquella primera denuncia.

El germen del caso está en el testimonio de José Antonio Sánchez Barriga, que denunció a un antiguo amante al que había conocido en La Algaba, un pueblo sevillano. El menor, por aquel entonces, tenía 13 años.

La fiscal Marta Valcárcel dijo en su escrito de acusación que el Testigo 1 mantuvo relaciones sexuales con él “a cambio de regalos y dinero". Con sus declaraciones puso en marcha el caso que más morbo levantó en aquella España.

Cuando la Policía comenzó a investigar, Jesús Vázquez recibió una llamada a su casa. Se puso su madre. Alguien de un juzgado de Sevilla le dijo que su hijo debía presentarse al día siguiente si no quería que se dictara una orden de ingreso en prisión contra él de manera inmediata. “Pero hijo mío, ¿qué has hecho?", preguntó la señora. El escarnio público empezó en ese momento. Vázquez nunca había puesto un pie en aquel local.

El juicio
El juicio arrancó en septiembre de 1997 en la Audiencia Provincial de Sevilla. Hubo 49 acusados. 29 de ellos eran clientes. Las vistas se celebraron a puerta cerrada. Sin público ni prensa. Los tres nombres que más impacto habían generado eran los de Jesús Vázquez, Jorge Cadaval y Javier Gurruchaga, que se sentaron en el banquillo de los acusados por supuesta corrupción de menores. Pero hubo otros que también generaban interés, como el de Ramón de Carranza y Villalonga, marqués de Sotohermoso, o el catedrático de Derecho Santiago Oliveros Lapuerta.

Aquel tiempo de martilleo social y mediático por parte de una parte de la prensa española sirvió para que Vázquez y Cadaval tejieran una amistad que todavía hoy perdura. “Jorge me salvó la vida en ese momento porque estuve viviendo en su casa", explicó el presentador ante Risto Mejide. “Nunca supe por qué me imputaron, por qué yo. Al final he querido pensar que fue el último coletazo de la España de la caverna para asestarle un golpe a la homosexualidad".

El caso levantó tanto interés que se mercadeó con la información. Hasta cinco periódicos, entre ellos ‘El País’ o ‘El Mundo’, recibieron llamadas de presuntos representantes de testigos y acusados. Llegaban a pedir 600.000 pesetas por hablar. Los directores de programas televisivos competían por hacerse con el testimonio de algún implicado y se lamentaban cuando aparecía en un canal de la competencia.

Durante el juicio, se constató que era cierto que en aquellos tres pubs, entre ellos el Arny, se prostituían menores de edad a cambio de dinero. Pero también se evidenció que muchas de las acusaciones estaban basadas en mentiras y en una cierta gana de inflar el caso. Algunos de los testigos se retractaron y otros entraron en evidentes contradicciones.

Uno de los testimonios más reveladores fue el del Testigo 10. Cuando llegó el juicio ya tenía 18 años. Le apodaban ‘el Caqui’. Era un ladrón y un consumidor habitual de cocaína. Acusó a 12 clientes. Dijo que se había acostado en un hotel con el cantante y actor Javier Gurruchaga. También reconoció en una foto al juez de Menores Manuel Rico Lara. Aseguró que era "ese médico bajito con barba que salía en la tele" y que iba por el Arny.

Los letrados de la defensa se agarraron a la propia declaración de ‘el Caqui’ ante la Policía. En ella admitió que durante los reconocimientos iba "puesto de coca hasta los ojos". También reconoció que cuando iba al Arny consumía constantemente cocaína y heroína. ‘El Caqui’ era conocido como jefe de una banda de atracadores de repartidores de pizzas. Admitió que en sus “mejores noches” ganaba hasta 40.000 pesetas y que cobraba el servicio a 5.000.

Francisco Baena, letrado del juez Rico Lara, le preguntó si conocía a Jorge Cadaval. El joven ratificó que estuvo a punto de mantener relaciones sexuales con él. “Llegué a bajarme los pantalones", dijo. Pero agregó que Cadaval desistió justo cuando el menor le dijo su edad: “Tengo 16 años". Aquel juicio duró 5 meses. La expectación mediática fue máxima.

La sentencia

El 19 de marzo de 1998, tres años después de aquella denuncia que destapó un escándalo de prostitución de menores, se conoció la sentencia del ‘caso Arny’, de 72 páginas. En ella se reconoció la absolución de los acusados más famosos. La Audiencia de Sevilla no halló pruebas contra 32 de los procesados.

Consideró que las contradicciones y, en algunos casos, la “animadversión" de los testigos hacia varios de ellos obligaba a dejar libre a la mayoría de los trabajadores del Arny y a casi todos los clientes, entre ellos Jesús Vázquez, Javier Gurruchaga, Jorge Cadaval, el juez de menores Manuel Rico Lara y Antonio Tejado.

Sin embargo, en el caso del marqués de Sotohermoso y Villalonga, el tribunal estimó que la “mantenida y sincera declaración" del Testigo 48 “transmitió la convicción necesaria" de que mantuvo un encuentro sexual con el acusado. Ramón de Carranza fue condenado a un año de prisión.

El fallo explicaba por qué se condenó a los seis clientes que se pudo demostrar que mantuvieron relaciones sexuales con menores en el Arny. Uno de ellos, Manuel Mora Waflar, ni siquiera llegó a mantenerlas debido a un incidente con dos chicos sobre quién debía realizar a quién el coito. El tribunal consideró que la mera negociación del precio del acto sexual era en sí misma la incitación a la prostitución.

El Testigo 1, el chico que había dado origen al caso con su denuncia a un antiguo amante, fue castigado en aquella sentencia. El tribunal dijo que no merecía "absolutamente ninguna credibilidad” por las “múltiples declaraciones prestadas y contradicciones en que ha incurrido, ignorándose cuándo ha dicho la verdad, si es que alguna vez la ha dicho".

En la actualidad, a José Antonio Sánchez Barriga se le ha perdido la pista. En noviembre de 2005 admitió una pena de 15 años de prisión por matar a un cliente de 72 años tras golpearle y robarle el coche en el que se vieron.

La condena más dura recayó sobre el dueño del Arny, Carlos Saldaña. Le fijaron 33 años de cárcel. 18 de ellos por haber facilitado en su negocio seis relaciones sexuales entre clientes y menores. Los 15 años restantes, por los cinco actos mantenidos por él mismo con chicos que no tenían la mayoría de edad.

Sin embargo, ese hombre que ahora separa la basura entre los distintos contenedores en el centro de Sevilla sólo cumplió ocho años de prisión. La sentencia fijó el máximo de pena en el triple de la condena por el delito de mayor gravedad. Ahora vive solo en su piso del centro de la capital andaluza y no quiere hablar del caso. Su amigo Domingo Arnaldo Concha, el bailarín argentino que dio nombre al pub Arny, murió de un infarto el 19 de febrero de 2008. Nunca el diminutivo de un nombre levantó un escándalo similar en España.

2019/02/08

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | HISTORIA NEGRA DEL CINE QUINQUI: LA REIVINDICACIÓN DE UN GÉNERO QUE NO DEJÓ SUPERVIVIENTES

Historia negra del cine quinqui: la reivindicación de un género que no dejó supervivientes.
Rosalía o C. Tangana lo recuerdan musicalmente y películas recientes como 'Quinqui Stars' le rinden homenaje. Se diría que este género tan español está más vivo que nunca, pero sus artífices nos dejaron hace tiempo de forma trágica.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2019-02-08
https://elpais.com/elpais/2019/02/06/icon/1549449208_098050.html

Jose Antonio Valdelomar, muerto a los 36 años. Lali Spinet, muerta a los 34. Sonia Martínez, muerta a los 34. José Luis Manzano, muerto a los 30. José Luis Fernández Eguia, muerto a los 23. Todos ellos eran intérpretes célebres entre la juventud de los ochenta gracias a películas como ‘Deprisa, deprisa’, ‘Colegas’ o ‘El pico’. Si el cine quinqui mantiene hoy un poder de fascinación perenne incluso entre espectadores que no habían nacido cuando reinaba en taquilla se debe, en gran parte, a ser el retrato literal de una generación perdida.

¿Qué era el cine denominado quinqui (un mote que no gustaba nada a algunos de sus artífices)? Eran historias de delincuencia, drogas y amor que triunfaron a finales de los setenta y principios de los ochenta y casi siempre tiraban de actores no profesionales, directamente recogidos de las calles. No eran prodigios visuales y tampoco tenían guiones redondos, pero con su mezcla de tragedia, lumpen, sexo y honor se cuentan entre las películas más efectivas y exitosas que ha dado el cine español y han alcanzado, con el tiempo, el estatus de radiografía social de ese extrarradio que el poder olvidó.

Estos días se vuelve a hablar mucho de él gracias a la interpretación que Rosalía hizo de ‘Me quedo contigo’ (canción de Los Chunguitos que aparecía en la banda sonora del clásico del género quinqui ‘Deprisa, Deprisa’, de Carlos Saura). A su vez, figuras del ‘trap’ como Yung Beef, La Zowi o C. Tangana reivindican, de forma voluntaria o no, cierto espíritu de una juventud desencantada que ha preferido optar por los placeres efímeros e inmediatos de la vida.

El propio Tangana fue mucho más explícito en su vídeo de ‘Bien duro’, homenaje en toda regla a la estética y el espíritu del cine de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma. La película independiente 'Quinqui Stars', de Juan Vicente Córdoba, lleva diez semanas triunfando en los cines Renoir Princesa de Madrid. Y después de muchos años de espaldas al género, la cultura oficial también reconoce la trascendencia de este cine: el pasado año el Kutxa Kultur Artegunea de San Sebastián organizaba 'Oscuro objeto de deseo', una completa retrospectiva a Eloy de la Iglesia, director de clásicos del género como ‘Colegas’, ‘El Pico’, ‘Navajeros’ o ‘La estanquera de Vallecas’.

¿Pero es este ‘revival’ sociocultural o puramente mercantil? “No hay comparación posible ya que la situación social es otra y el ciudadano está mucho más controlado y es más dependiente del sistema", dice Eduardo Fuembuena, autor de ‘Lejos de aquí’ (que será reeditada esta primavera con material extra por la editorial Applehead). Su libro no es solo la biografía más completa que se ha publicado sobre Eloy de la Iglesia y su ‘muso’ José Luis Manzano, sino un tratado sobre aquella España democrática que echaba a andar con entusiasmo desmedido, pero olvidando ciertos flancos, y sobre una intelectualidad comunista (como Eloy de la Iglesia) que se rendía a todos los placeres, legales o no, que podía comprar el capital.

"Se han perdido la militancia política, la defensa y reivindicación de los derechos del trabajador y la conciencia de clase –añade Fuembuena–. Los ‘quinquis’ originales no tenían conciencia política, pero sí de clase o de procedencia, eran lumpen o niños delincuentes que se vieron abocados a la lucha callejera para subsistir en un contexto de país en el que se les miraba bajo sospecha solo por ser jóvenes. Eso terminó por quitarles cualquier atisbo de dignidad y exterminarlos con la pandemia de heroína y sus consecuencias. Sin duda, la fea realidad que mostraba De la Iglesia en su cine no era la imagen del país que interesaba mostrar a los gobiernos de turno".

Ese trágico destino de casi todas las estrellas del género es uno de los motivos por los que el cine quinqui sigue teniendo hoy tanto poder de fascinación. Sus intérpretes eran, casi siempre, actores sacados de la calle y que, de alguna manera, se interpretaban a sí mismos. Lo hacían, según Fuembuena, "de una manera natural, sin métodos, remitiéndose a la realidad que conocían por observación directa y que les había tocado padecer. En el caso de José Luis Manzano, interpretar significaba incorporar prototipos de la juventud del momento, vivir en el personaje y no soltarlo después de la claqueta final".

José Luis Manzano (Toledo, 1963-Madrid, 1992) fue el Jaro en ‘Navajeros’, José Luis en ‘Colegas’, Paco en ‘El pico’ y ‘El pico 2’ y Tocho en ‘La estanquera de Vallecas’. Procedente de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de Vallecas (Madrid), conoció al director de cine Eloy de la Iglesia cuando, para sacarse un dinero, se prostituía en unos billares cercanos a la Puerta del Sol de Madrid. El director pronto se quedó fascinado con él. Entre los dos surgió una relación ambigua: creador y ‘muso’, ¿pero amantes? Manzano tenía novias y coqueteaba con sus admiradoras, pero a la vez su relación con De la Iglesia se tornó enfermiza. No solo por la dependencia a las drogas, sino por la dependencia laboral y, al final, en cierto modo, emocional.

La imposición de Eloy para que Manzano no trabajase con ningún otro director pudo afectar a la carrera del joven, que pese a ser un sus inicios prácticamente analfabeto y no tener ningún tipo de formación actoral, tenía carisma para parar un tren, una belleza entre cruda y apolínea que la cámara amaba y un talento innato para seducir al espectador. Tras ‘La estanquera de Vallecas’, su última colaboración en 1988, director e intérprete se distanciaron.

"Estos jóvenes fueron seres humanos explotados por un sistema industrial, como era el cine español entonces, y desechados cuando dejaron de ser útiles", denuncia Fuembuena. Manzano recibió ayuda de un cura de Getafe y consiguió un trabajo en 1990 como el de chico de los recados en algún programa de TVE. Pero la adicción no desapareció. En 1992 fue condenado por un robo con intimidación en plena Gran Vía. Tras salir de prisión (donde concedió su última entrevista a la revista ‘Interviú’), fue hallado muerto en el apartamento madrileño de su mentor, Eloy de la Iglesia, debido a una sobredosis de heroína.

Una historia semejante se repitió con José Luis Fernández Eguia (Madrid, 1965-1988), alias El Pirri. Llamativo secundario en el cine de Eloy de la Iglesia y otras películas de los ochenta, su voz y porte de macarra le dieron, sin embargo, más oportunidades que a Manzano: aparte de en las películas de De la Iglesia trabajó con Emilio Martínez Lázaro, Gutiérrez Aragón y Carlos Saura y llegó a tener una breve aparición en 'The Hit', de Stephen Frears. Sin embargo, el cine no le dio la oportunidad de cambiar su vida: en 1985, ya convertido en un rostro famoso, confesó a El País que seguía viviendo con sus abuelos y no tenía “ni una ‘lechuga’ [como se llamaba al verde billete de mil pesetas, unos seis euros] para tomar unas cañas”. Durante la entrevista, la periodista narra cómo uno de los amigos del Pirri, que se preparaba para ir a Sevilla a promocionar una película, le cuenta que en el barrio de Triana de la capital hispalense “te ofrecen de todo y por kilos”, refiriéndose a sustancias ilegales.

El 9 de mayo de 1988 un transeúnte descubrió el cuerpo sin vida del Pirri en un descampado de la carretera de Vicálvaro a San Blas. Tenía una aguja colgando del brazo. Era el Pirri, el actor que recientemente acaba de dar el salto también a la televisión y la radio y se había hecho todavía más reconocible entre el público.

Fuembuena añade un caso menos conocido de la órbita de De la Iglesia, pero igualmente trágico: el de Lali Spinet, que rodó con el director vasco ‘El Pico’. Era una "talentosa actriz del cine de la Transición que también se enganchó, poco antes de rodar con De la Iglesia ‘El pico’, y llegó a estar detenida y recluida en la cárcel Modelo de Barcelona por tráfico de estupefacientes antes de fallecer a causa de enfermedades derivadas del sida, en 1994".

José Antonio Valdelomar (Ciudad Real, 1958 - Madrid, 1992) conoció la gloria como protagonista de ‘Deprisa, deprisa’, la película que lo sacó del barrio madrileño de Villaverde Alto y lo llevó hasta Berlín, donde la cinta se llevó el Oso de Oro en 1981. Solo dos semanas después de esa victoria y tres antes del estreno de la película en España, Valdelomar fue detenido en Madrid después de atracar un banco en la calle Ríos Rosas y huir en un taxi robado con un botín de 167.000 pesetas (algo más de mil euros en su día, pero equivalentes a casi cinco mil de hoy).

No hizo ninguna película más. El cine no lo salvó de continuar con sus problemas de criminalidad y adicción a las drogas y la siguiente vez que los medios se refirieron a él fue para anunciar su muerte en 1992, con solo 34 años, debido a una sobredosis que sufrió cuando cumplía otra condena en la cárcel de Carabanchel.

El caso de Sonia Martínez fue muy diferente. Sonia era de clase media, tenía formación actoral (y dominaba el inglés) y participó en más películas más allá del género quinqui (‘Epílogo’, de Gonzalo Suárez, o ‘Violines y trompetas’, de Romero Marchent), series (‘Segunda enseñanza’) y programas de televisión (‘3,2,1, contacto’ y ‘Dabadabadá’). Incluso rodó en alemán. Fue también una de las protagonistas de ‘Perras callejeras’ (1985), de José Antonio de la Loma, uno de los últimos estertores del género, y su destino fue a partir de ahí semejante al de Manzano y Pirri.

La muerte de su madre en 1985 le dejó muy tocada anímicamente y poco después empezó a consumir cocaína y posteriormente heroína (como ella misma confesó en una cruda entrevista con Isabel Gemio). En 1989 ingresó en un centro de rehabilitación y al año siguiente concedió una entrevista con Isabel Gemio. “La gente se cree que sigo pinchándome, pero estoy viva, con muchas ganas de vivir y de trabajar”. Llevaba, según confesó, solo 17 días sin pincharse. Al final de la entrevista, un momento que hiela la sangre: “Me he hecho los análisis del sida y aún no tengo los resultados. Puedo tenerlo o no puedo tenerlo”. Se supo poco después (ella misma lo declaró) que los resultados eran positivos. Falleció el 4 de septiembre de 1994, con solo 30 años.

Estas fueron las víctimas más visibles y célebres de ese cine de los ochenta que creó industria, pero abocó a sus estrellas al abismo. Pero hay más: en el plano musical, relacionado también con este movimiento cultural, podemos citar a tres cantantes que fallecieron, casualmente, en 1995: Juan Antonio Jiménez ‘Jeros’, de Los Chichos (que se tiró del balcón de su casa de Madrid), Antonio Flores (uno de los protagonistas de ‘Colegas’ junto a José Luis Manzano, que sucumbió a una sobredosis dos semanas después de la muerte de su madre Lola) o Tina Muñoz, de Las Grecas, que tras alternar la calle, la prisión y algunos psiquiátricos, falleció de sida.

Es posible que ningún género haya caminado de forma más paralela y trágica a la realidad de sus directores e intérpretes. Eloy de la Iglesia, para la posteridad el gran director de cine quinqui (aunque su carrera, que duró unos 35 años, conoció muchos más estilos y contiene grandes hallazgos), moriría en 2006. Antes, en una entrevista a El País, declaró que no creía que fuese el éxito lo que los hubiese llevado a todos hacia el abismo. Aclaró a continuación que, más bien, "se podría decir que fue el fracaso". Sea cual sea la causa, la consecuencia fue devastadora y Eduardo Fuembuena la resume de un modo punzante y seco: "Salvo algunos como Javier García (Urko en ‘El pico’) o Manuel Álvarez (el Chus en ‘Navajeros’), que han optado por vidas anónimas, todos los demás están muertos".

2012/04/21

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | CHOCOLATE, LECHUGAS Y CINE QUINQUI

Chocolate, lechugas y cine quinqui.
Escrito por Pepo Jiménez | Jot Down, 2012-04-21

https://www.jotdown.es/2012/04/chocolate-lechugas-y-cine-quinqui/ 

Dicen que en un casting del director Eloy de la Iglesia había más síndrome de abstinencia que en diez conventos de clausura. A uno de los padrinos del cine quinqui le gustaba emborracharse de realidad para repartir personajes en sus películas. Esa realidad de cucharas ennegrecidas, elásticos mohosos y pelotillas de papel de plata. Las papelinas como papel protagonista. Un cine profético que condenaba a los actores a interpretarse a sí mismos a ‘caballo’ del guión-oráculo y la jeringuilla compartida.

Pero no fue el bueno de Eloy más que uno de los mecenas de un subgénero arraigado al Campo de la Bota, las VPO del barrio de la UVA o un pequeño estanco en Vallecas. El director José Antonio de la Loma bautizó el género pariendo tres sórdidos ‘Perros Callejeros’ a finales de los setenta, poco después de abandonar el ejercicio del magisterio para jóvenes marginales en otro barrio de putas con cultura: el chino de Barcelona.

Al otro lado de la realidad, la España de Naranjito crecía fascinada viendo quemar supermirafioris a el Meca (Jesús Arias Aranzueque) en ‘Deprisa, Deprisa’; pirómano drogado por el fuego y su hedor a ‘plasticurri’. Con el dolor inhumano de la cercenación fálica de el Torete (Ángel Fernández Franco) en ‘Perros Callejeros’. O la falsa candidez angelical de un José Luis Manzano embrutecido por las tetitas de la Verdú en ‘La Estanquera de Vallecas’. Homenaje cañí a las ubres de la ‘Amarcord’ de Fellini. Los tres actores acabaron sin lechugas y matando las malvas de sus tumbas con toda la mierda acumulada en sus venas.

La droga atrapó a esos delincuentes juveniles tanto como los vaqueros acampanados a sus genitales. El plató de la calle solo hizo pública sus vidas para retrasar o acelerar —según se mire— el empujón a ese abismo sin retorno. Algunos, como a José Antonio Valdelomar, les valió una sola película (‘Deprisa, Deprisa’) para desvirgarse en la farándula y asomarse rápidamente al precipicio. Se perdió el estreno porque le detuvieron antes atracando ‘cinematográficamente’ —según la ‘pasma’— una sucursal bancaria en la madrileña calle Ríos Rosas. Por 167 ‘napos’. Del atestado policial se filtró su confesión de tirarse al ‘jaco’ durante el rodaje del film de Carlos Saura “para dar más realismo a mis escenas”. Un Stalisnaski dopado y con síndrome de abstinencia. Murió de sobredosis en Carabanchel unos años después. No fue el único.

Esta simbiosis entre ficción y realidad se explica una y otra vez con el anecdotario de los suculentos rodajes. Recién estrenados los ochenta, Eloy de la Iglesia dio la alternativa a José Luis Manzano en 'Navajeros'. Un joven de diecisiete años que no sabía leer ni escribir y que probablemente solo balbucease la jerga suburbial de la UVA de Vallecas, ideal para alimentar el hiperrealismo ratero de estas estrellas analfabetas y convertirse en una versión barata y castiza del Neorrealismo de Pasolini. Por eso, en su primera película, tuvo que ser doblado a su propia lengua madre. El rodaje transcurrió entre la clandestinidad, las clases de lectura y dicción pagadas por Eloy y las descomunales bacanales en su piso. La productora exigía rodar en cinco semanas pero los permisos del ayuntamiento de Madrid no llegaron y decidieron salir a la calle puestos y con lo puesto. En una de las escenas, José Luis Manzano —que daba vida a el Jaro— tenía que robar las bolsas de la compra a una actriz que paseaba por la calle confundida entre peatones ajenos al rodaje. Le arrancó las bolsas a la carrera, para más tarde ser apaleado y llevado a comisaría en volandas por los mismos peatones que ignoraron la cámara de Tony Cuevas. No fue la única vez.
“Hay un mimetismo en lo escabroso, y vas entrando en unas áreas de sordidez alucinante. Es un miedo incontrolado que no deja de atraerte. Yo descubrí en mí mismo eso de lo que tantas veces te permites hablar y opinar: lo marginal.” Eloy de la Iglesia.
La vida de José Luis Manzano se entiende más por sus películas que por foros y hemerotecas. Fábula y certeza se funden en el documental antropológico que fue su existencia. Las estrellas quinquis como él —mitos de la marginalidad— no interpretaban, simplemente vivían al límite. Unas veces con cámara de testigo y otras a solas con el mono. Discernir eso es lo que nos enganchaba a todos. En realidad Eloy apadrinó legalmente a Manzano y se lo llevó a su casa para sacarle de una marginalidad de los que se sabían pobres y meterle en otra de los que se creían ricos. Y lo hizo hasta tres veces.

Cuando Eloy de la Iglesia cayó en el mismo pozo con el que había estado cinco películas coqueteando, Manzano ya vivía en la calle, el Pirri —su amigo de rodajes— había muerto de sobredosis y lo más parecido al cine quinqui era ‘El Lute’ de Imanol Arias. Manzano fue rescatado del despeñadero por Pedro Cid, un sacerdote de Getafe especializado en síndromes de abstinencia de jóvenes excluidos. Pero cada vez que Eloy veía a Manzano recuperado le lanzaba el cebo de sus mejores recuerdos. Y Manzano sucumbía de nuevo a los encantos de la ‘dama blanca’. Y vuelta a empezar con el cura. Así hasta 1991, cuando el chico fue detenido y condenado a 18 meses de cárcel por robar un bolso en la Gran Vía al estilo de el Jaro. La Quinta Galería de Carabanchel fue su tumba. Salió para morir en el retrete del piso de Eloy el 20 de febrero de 1992. Su juguete se rompió definitivamente. No más alucinaciones.
“Todo el mundo puede pensar que he utilizado a estos chicos. Mentira. Es al revés. Ellos me han utilizado a mi como un medio de expresión para dar a conocer su problema. Si la película crea ambiente se podrán pedir responsabilidades. Para mi esa responsabilidad empieza en la Administración”. José Antonio de la Loma sobre ‘Perros Callejeros’
El Torete era el príncipe del ‘chocolate’. El mote artificial fue obra de José Antonio de la Loma para la película ‘Perros Callejeros’, pero en la calle le conocían antes como el Trompetilla, por la corneta de su padre. Canutos, gasolina y jaco. Zancos para llegar a los pedales. Bordón 4 y los Chichos de banda sonora y una mujer como directriz y columna vertebral en su corta pero intensa existencia: la Sole. Con 15 años ya había participado en más de 100 atracos a gasolineras y joyerías con la banda de Pepe ‘el Majara’ pero “Sin una gota de sangre y sin robar a un pobre” como le gustaba recordar. Según el Vaquilla, Ángel Fernández Franco no tenía madera de delincuente y era un poco blando. Pero a él mismo le gustaba recordar en todas sus entrevistas que inspiró aquella escena de duelo en ‘Perros Callejeros’ retando de pie, sin inmutarse, al coche de policía a variar su trayectoria. El Torete falleció de un SIDA prestado en jeringuilla en 1991, cuando estaba intentando rehacer su vida con su mujer e hijo en Murcia. Otra cruz más.

Torear a el Vaquilla fue aún más complicado. Juan José Moreno Cuenca no vestía la candidez, ingenuidad y docilidad de Manzano o de el Torete. Era un delincuente crónico, maduro y enquistado en su redención. Su cara daba más miedo y su currículo, antes de su primera película, incluía ya tres hermanos muertos trágicamente, 13 años de experiencia carcelaria, un motín y una mujer fallecida accidentalmente aplastada bajo las ruedas del ‘buga’ cuando forcejeaba por su bolso. Un reptil tan escurridizo que fue encarcelado aún siendo menor de edad y fuera de toda legalidad para evitar sus constantes huidas de los reformatorios. Era el niño de la Cárcel Modelo y un pésimo actor que daba muy mal a cámara. Tanto que José Antonio de la Loma, después del casting para ‘Perros Callejeros’ y sin la autorización pertinente del juez, no contaría con él para interpretar a el Torete, su alter ego en el celuloide. Su debut y esperpento interpretativo tuvo que esperar a la primera escena de su biopic: ‘Yo, el Vaquilla’.
“El Torete, el Vaquilla y sus compañeros robaban, a sus 12 años, 5 o 6 coches cada día solo por el placer de conducir. Eran unos mocosos que rompían a llorar cuando se les detenía”. Miguel Infantes García, Jefe de la Policía Judicial de Poble Nou.
«Dale caña, Torete, que es robado»... fue uno de los gritos de guerra de toda una generación de espectadores embobados por la realidad paralela de extrarradio. Espectadores que mezclábamos las andanzas de Parchís con las de el Torete, las aventuras de Enrique y Ana con los pajotes de el Pirri o las canciones de Teresa Rabal y las bellotas con nivea de los ‘Colegas’ Manzano y Antonio Flores. ¡No nos pidáis cordura ahora!

La saga quinqui fue para algunos solo una escuela de delincuencia. El verdadero Jaro confesaría más tarde que aprendió y puso en práctica técnicas delictivas —como el tirón a la abuelita— después de ver a el Torete en ‘Perros Callejeros’. Nada más lejos de la realidad, la verdadera escuela de criminalidad fue el índice de paro de finales de los setenta, legado del régimen franquista y del vacío institucional de una supuesta ‘transición modélica’. Todo ello regado con la nieve y el caballo importado por la burguesía adinerada y por las clases sociales más castigadas por la reconversión industrial, saltando de vena en vena hasta convertirse en la pandemia adictiva de toda una generación.
“El problema de ‘Perros Callejeros’ nace con el crecimiento excesivo de las ciudades. Todos vienen atraídos por las fábricas, el dinero, las horas extras. Llegan, no tienen trabajo, duermen donde pueden, los chavales anodadados… Se mezclan con los habituales de la delincuencia, no van a la escuela. No hay dinero o no quieran invertirlo en eso, no sé. Entonces se sublevan contra sus propios limites.” José Antonio de la Loma

1995/11/23

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | 15 AÑOS DE CÁRCEL PARA EL CHAPERO QUE MATÓ A UN TRANSFORMISTA

15 años de cárcel para el 'chapero' que mató a un transformista.
Jan Martínez Ahrens | El País, 1995-11-23

https://elpais.com/diario/1995/11/24/madrid/817215858_850215.html 

Alí Mbaye Mamadu, el chapero senegalés de 34 años que en octubre de 1994 mató a puñetazos al maquillador Juan Carlos Pinto para robarle un televisor y un equipo de música, ha sido condenado a 15 años de cárcel. La sentencia de la Audiencia de Madrid sostiene que, tras golpear a su víctima, Mbaye la dejó morir atada de pies y manos. Esa noche, Pinto, de 29 años, vivía su apoteosis transformista. Envuelto en licras y pieles de conejo, había acudido al estreno de la película 'Las aventuras de Priscilla, reina del desierto', una alocada comedia de transformistas. En su cabeza lucía un cuerno de silicona.

En la sentencia, a la que tuvo acceso Efe, la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Madrid declara probado que el senegalés se encontraba sobre las dos y media de la madrugada del 30 de septiembre de 1994 en las proximidades de la Puerta del Sol de Madrid. Allí vendía cajetillas de tabaco. Juan Carlos Pinto Martín salía a aquella hora de la fiesta que se había celebrado en la discoteca Joy Eslava con motivo del estreno de la película -donde se dejó fotografiar junto con otras reinonas de la noche-. De camino a su casa se cruzó en la Puerta del Sol con Mbaye, a quien le ofreció mantener relaciones sexuales por 10.000 pesetas.

El senegalés aceptó. Ambos se dirigieron a la vivienda, una buhardilla en la calle del Príncipe. Una vez allí se desató una discusión por la duración y el precio del servicio. Pinto se negó a pagar lo acordado, mientras que el procesado, según la sentencia, solicitó el dinero convenido. Los vecinos aún recuerdan los gritos.

Pinto, entonces, exigió a Mbaye que abandonara la casa. El chapero, sin embargo, reaccionó violentamente y empujó al peluquero contra la pared, luego le propinó una patada en la cara y le golpeó la cabeza con un objeto contundente. Juan Carlos Pinto, hombre cuyos amigos consideraban incapaz de pegar a nadie, comenzó a sangrar a chorros. Empezó a fallarle el sentido. Mbaye, para que no pudiera salir a pedir ayuda, le ató las manos a la espalda con un trozo de tela verde y enrolló sus pies con un cinturón. Así le dejó hasta verle morir.

El acusado aprovechó para robar un televisor y una cadena de música. Estos frutos de la rapiña fueron descubiertos una semana después por la policía en la habitación del hostal donde se alojaba el senegalés. Su cazadora mostraba manchas de sangre. La sentencia recuerda que Mbaye ya fue condenado con anterioridad por los delitos de hurto, robo y uso público de nombre supuesto. El fallo considera, pues, la agravante de reincidencia. Los magistrados condenan también a Mbaye a indemnizar a los herederos del fallecido con 10 millones de pesetas.

1994/11/01

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | JUICIO EN MADRID A LA BANDA ACUSADA DE APALEAR A UN HOMOSEXUAL EN EL RETIRO

La banda acusada de apalear a un homosexual en el Retiro se enfrenta a 54 años de cárcel.
Jan Martínez Ahrens | El País, 1994-11-01

https://elpais.com/diario/1994/11/02/madrid/783779088_850215.html 

La noche del 26 de enero se abrió la veda en el Retiro. La batida la formaban cuatro encapuchados y una cara descubierta. Marc C. L., homosexual de 33 años, era la presa. Le pusieron una pistola en las narices, le amarraron a un árbol con una soga al cuello y le molieron a golpes. Después le robaron un anillo de oro. La brutal paliza se sumó a la cadena de ataques contra homosexuales que por aquellas fechas asolaba el parque. Una espiral que desapareció cuando se detuvo a la pandilla formada por ‘El Gallego’, ‘El Nazi’, ‘El Revol’, ‘El Pesca’ y ‘El Rulis’. Ahora, cada uno se enfrenta a una petición fiscal de 12 años de cárcel por robo con violencia -excepto ‘El Revol’, menor, para el que se solicita seis años-.

Marc, según su denuncia, paseaba de noche por la parte del Retiro situada entre la calles de Alfonso XII y de Claudio Moyano. Un joven le pidió un cigarrillo. Acto seguido aparecieron cuatro encapuchados. No hubo presentaciones. Le sacaron una pistola. "Si gritas, te pegamos un tiro", le amenazaron. Marc, asustado, tiró la cartera. A patadas le arrastraron hasta la Chopera, un solitario paraje alejado de la luz y de los transeúntes. Atado a un árbol, con una soga al cuello, siguió recibiendo golpes. Uno tras otro. La paliza le dejó la cara irreconocible, una costilla rota y el pecho destrozado. Dieciséis días de cura. La denuncia de la agresión, presentada a la mañana siguiente en la comisaría de Retiro, reafirmó las sospechas policiales de que una banda se dedicaba a apalear homosexuales en el Retiro.

Poco después, el 13 de febrero, en la misma comisaría se presentaban otras dos denuncias por agresión y robo en el parque.

La escalada de ataques llevó al Grupo de Delincuencia Urbana del Retiro a desplegar un dispositivo de vigilancia. El 16 de febrero se detuvo en el parque a Víctor Rodríguez Groba, alias ‘El Gallego’, con cuatro arrestos en su haber, el último por robo con fuerza; Alberto Bargallo Romero, ‘El Nazi’, sin antecedentes policiales; Fernando Rodríguez González, ‘El Pesca’, con un arresto por robo con fuerza; Sergio López Castillo, ‘El Rulis’, sin antecedentes, y J. L.C., de 17 años, ‘El Revol’, detenido al menos una vez por robo con fuerza. Todos jóvenes.

Sus primeras declaraciones tejen una maraña en la que se entrecruzan las acusaciones y las exculpaciones. De esta amalgama, la acusación popular -en representación de la Asociación de Liberación Gai de Madrid- ha hilvanado un relato en el que ‘El Gallego’ y ‘El Pesca’ descuellan como líderes de la pandilla que golpeó a Marc. Un grupo que se reunía de noche siempre según la acción popular, en una gasolinera próxima a la estación de Atocha. Desde allí -armados de una pistola de perdigones, cuerda, cuchillo y puños americanos- se dirigían al Retiro. Como reconocerá ‘El Gallego’ ante la policía, en el parque se reúnen homosexuales a los que "en algunas ocasiones", tras amenazarles y propinarles golpes, les robaban. Para ello, dice ‘El Gallego’, incluso llegaron a utilizar un cebo, un compinche para atraer a la presa y sorprenderla. Toda un confesión que, sin embargo, ha quedado fuera de juego. Los acusados -todos en libertad, excepto ‘El Gallego’- en posteriores declaraciones ante el juez han rectificado sus confesiones y han defendido su inocencia en la agresión a Marc. Así, incluso ‘El Gallego’ ha pasado a sostener que sólo robó una vez en el parque, cuando "un señor le empezó a tocar las partes y le cogió el dinero".

La principal prueba de la acusación reside ahora en el reconocimiento efectuado por Marc de que Sergio López Castillo, ‘El Rulis’, es el agresor que le atacó a cara descubierta. Una identificación a la que el acusado ha respondido con un cambio de declaraciones.

López Castillo, que en un principio culpó a su amigo ‘El Gallego’ de atar en el parque a una víctima con una cuerda al cuello y de atacar a homosexuales, ha pasado a sostener que el día de los hechos estuvo con un amigo. En esta última manifestación asegura que él iba al Retiro a quedar con chicas. Y que los que pegaban eran "los moros". López Castillo, a diferencia de ‘El Pesca’ y ‘El Gallego’, dice carecer de preocupaciones económicas. Sus padres, separados, le pasan una pensión.

Caza y captura.
Jan Martínez Ahrens | El País, 1994-11-01

https://elpais.com/diario/1994/11/02/madrid/783779090_850215.html

La acción popular -la Asociación de Liberación Gai- pretende convertir el caso de Marc en bandera de la lucha contra la discriminación hacia los homosexuales. Así, su escrito de acusación enmarca la agresión en una "escalada de violencia antihomosexual", en un Estado que ha "oprimido" tradicionalmente a este sector. El alegato trata de explicar la agresión en un contexto de caza y captura. "Los agresores se amparan en la situación de discriminación social que sufren los homosexuales y que les fuerza a buscar lugares especiales para expresar libremente su opción sexual", indica el texto, en clara referencia al Retiro. "Esta situación es instrumentalizada por los potenciales agresores para ejecutar sus acciones con impunidad. Sus autores son jóvenes que actúan en grupo. Las agresiones consisten en prácticas vejatorias. Los robos son accesorios,", añade el escrito, que solicita para cada uno de los inculpados con mayoría de edad seis años de prisión menor por robo y otros tantos por detención ilegal. Lo que en el caso del menor se convierte en una petición global de ocho años y cuatro meses.

1994/10/24

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | UNA TRANS, APUÑALADA EN LA CASA DE CAMPO POR UN SUPUESTO 'CLIENTE'

Un travestido, apuñalado en la Casa de Campo por un cliente.
El País, 1994-10-24

https://elpais.com/diario/1994/10/25/madrid/783087873_850215.html 

Un travestido que ejerce la prostitución en la Casa de Campo fue apuñalado la noche del domingo por un cliente, según informó ayer la Jefatura Superior de Policía. El supuesto agresor robó el bolso (con dinero y documentación) a la víctima tras el apuñalamiento. Los hechos se produjeron sobre las 23.30 cerca de las pistas de patinaje de la Casa de Campo, adonde el travestido se había dirigido con su cliente tras acordar mantener relaciones sexuales. Al llegar a ese paraje el agresor sacó un arma blanca y se la clavó por la espalda, y le produjo varios cortes en los brazos por el forcejeo. Un compañero del herido avisó a la Policía Municipal, que le trasladó en estado grave al hospital Clínico.

1994/10/05

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | ESA NOCHE LE MATARON

Esa noche le mataron.
Jan Martínez Ahrens | El País, 1994-10-05

https://elpais.com/diario/1994/10/06/madrid/781446271_850215.html 

La noche de su muerte, el estilista y maquillador Juan Carlos Pinto Martín, de 29 años, envuelto en licras ajustadas y pieles de conejo, vivía su apoteosis transformista. El cuerno de silicona dorada, las cejas depiladas, las uñas pintadas. Esa madrugada del pasado viernes, de regreso de la gran fiesta de travestidos de la sala Joy Eslava, Juan Carlos Pinto fue salvajemente asesinado por un falso ‘chapero’, Alí Mbayemamadu, senegalés de 33 años, según ha descubierto la policía. El estilista murió en una buhardilla desnudo, atadas las manos con un pañuelo de seda verde. El homicida le destrozó la cara a puñetazos. Todo, por robar un televisor y una cadena musical.

Mbayemamadu fue detenido este lunes en un hostal de la calle de San Agustín, 6 (Centro). En su habitación, la policía descubrió el televisor robado y una cazadora con manchas de sangre. El senegalés, con 34 antecedentes policiales por robo, atraco, lesiones, agresión y tráfico de drogas, se ha negado a declarar.

Los caminos de la víctima y el agresor se cruzaron en la Puerta del Sol. Pinto se dirigía a su vivienda, una buhardilla en la calle del Príncipe, 13. Regresaba de una noche de plumas y lentejuelas que había comenzado el jueves, pasadas las nueve de la noche, a la puerta del cine Capitol, en la Gran Vía. Allí se pavonearon las más explosivas ‘drag queen’ (‘reinonas’, travestidos de exagerado disfraz) con ocasión del estreno de la película ‘Las aventuras de Priscilla, reina del desierto’, una alocada comedia musical de transformistas. Entre los destellos liberados por las ‘reinonas’ se deslizaba Juan Carlos. Apostado a la puerta, lucía su atuendo para la ocasión. Tras la película se subió con el resto de los transformistas al autobús que les llevaría hasta la gran fiesta del Joy Eslava. Horas después le mataron.

El robo de un televisor se erige en móvil del crimen

La fiesta del Joy Eslava. Cientos de personas sin parar de bailar. Las ‘reinonas’ desfilando por el escenario. Y Juan Carlos en la pista. Los que le vieron le recuerdan en plena euforia. "Se subía y bajaba la camiseta", rememoraba un asistente.

A las dos de la madrugada, la fiesta alcanzó su clímax con el espectáculo de las ‘drag queen’ Betty Brown y Shanghay. Juan Carlos, según los testigos, permaneció en el concurrido local hasta las cuatro de la madrugada.

Salió de la discoteca solo y sin haber bebido alcohol. Iba disfrazado. La Brigada de Homicidios sostiene que en la Puerta del Sol contactó con el senegalés. Le invitó, según esta hipótesis, a su buhardilla, posiblemente para mantener relaciones sexuales. La falta de señales de violencia en la puerta afianzan esta explicación. Los conocidos de la víctima, sin embargo, mostraron su extrañeza ante esta posibilidad.

Los vecinos interrogados por este periódico recuerdan que aquella madrugada se desató una fuerte discusión en la vivienda. Se escucharon voces masculinas y carreras. "Tras la bronca pudimos oír cómo alguien huía", comentó un inquilino. Nadie, sin embargo, se preocupó.

Al día siguiente, sobre las cinco de la tarde, la portera de este inmueble de paredes desconchadas y techo bajo descubrió el cadáver. Estaba tendido sobre un sofá: las uñas largas, desnudo, maniatado. El asesino lo había matado a puñetazos. La víctima tenía la mandíbula fracturada y la cara ensangrentada. En la vivienda, desordenada y llena de pelucas, faltaba un televisor de 14 pulgadas y una cadena musical.

En un principio, los investigadores barajaron el móvil sexual. Esta perspectiva cambió cuando la Policía Científica descubrió en el lugar del crimen las huellas dactilares de Alí. El sospechoso lucía un historial con 34 detenciones -29 en Madrid y 6 en Barcelona-. El lunes fue detenido en un céntrico hostal, apenas a 500 metros del escenario del crimen. En su habitación se descubrió el televisor -identificado por la dueña de la buhardilla-. Los agentes de la Sección V de la Brigada Provincial de Policía Judicial también hallaron una chaqueta con sangre, presumiblemente de Juan Carlos. Alí pasó ayer a disposición judicial.

La brutalidad del crimen ha sacudido a las ‘reinonas’ que participaron en la fiesta. "Es terrible", comentaba a ayer Vampirella, que conocía a la víctima desde hacía cuatro años. Su descripción muestra a Juan Carlos, malagueño de origen, como un estilista en ascenso -había trabajado para Ángel Schlesser en la Pasarela Cibeles y para la peluquería Rizos- Últimamente, tras regresar de un viaje a Turquía, había concentrado sus esfuerzos en un estudio de estilismo y en una colección de trajes de peluche, silicona y metales.

Los que le conocieron niegan que fuese un transformista. "Aquella noche le dio la locura y para la fiesta se vistió de unicornio, pero normalmente iba con vaqueros y camiseta", recordaba ayer Vampirella, para quien la muerte de su amigo nada tenía que ver con la fiesta del estreno, la última de Juan Carlos Pinto.

1994/02/20

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | CAE UNA BANDA QUE APALEABA A HOMOSEXUALES EN EL RETIRO

Cae una banda que apaleaba a homosexuales en el Retiro.
Luis Fernando Duran | El País, 1994-02-20

https://elpais.com/diario/1994/02/21/madrid/761833465_850215.html

La policía detuvo el pasado fin de semana a 16 hombres que apaleaban y robaban a homosexuales en el parque del Retiro. La banda actuaba durante la madrugada, desde hace un mes. Los arrestados también son acusados de los hurtos y desperfectos registrados en las instalaciones deportivas de La Chopera. Los homosexuales que se reúnen en el Retiro empezaron a ser perseguidos por la pandilla a mediados de enero.

Los agresores acudían primero a la cuesta de Moyano para elegir a la víctima. Un miembro de la banda se prestaba. como cebo y se acercaba a uno de los homosexuales para invitarle a ir al interior del parque. Cuando caía en la trampa sexual, sus compinches surgían de entre la penumbra.

La pandilla cometía los delitos entre las once de la noche y las cinco de la madrugada. En varias ocasiones golpearon bruscamente con palos a sus víctimas, una de las cuales fue atendida en el hospital de fracturas en dos costillas.

Atado a un árbol
Una noche llegaron a amarrar a un homosexual a un árbol y le azotaron. También utilizaban como armas intimidatorias un puño americano (guante con pinchos) y una pistola de perdigones. Uno de los agredidos denunció que fue arrojado por este grupo al riachuelo que cruza el paseo de la Chopera. En dos casos desvalijaron a sus víctimas, a una de las cuales le robaron 200.000 pesetas con cargo a una tarjeta de crédito.

Ante la repetición de estos hechos -la policía recibió ocho denuncias-, el Grupo de Delincuencia Urbana estableció un servicio especial de vigilancia. El pasado jueves comenzaron los arrestos de miembros de la banda, cinco de los cuales cuentan con antecedentes por robo. En sus declaraciones en comisaría aseguraron que actuaban "por mera diversión".

1993/12/02

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | SE AHORCA EN CARABANCHEL EL 'MASAJISTA' QUE MATÓ A UN HOMOSEXUAL

Se ahorca en Carabanchel el masajista que mató a un homosexual.
José Antonio Hernández | El País, 1993-12-02

https://elpais.com/diario/1993/12/03/madrid/754921461_850215.html 

José Miguel Matía Pardo, el falso masajista que ingresó en prisión el 23 de noviembre acusado de matar a un homosexual, murió ahorcado en su celda de la cárcel de Carabanchel el pasado lunes, día 29. Antes de quitarse la vida, Matía Pardo dejó escritas dos cartas: una dirigida a su familia y otra al juez de vigilancia penitenciaria número 1 de Madrid. En ambas misivas, según ha sabido El País de fuentes judiciales, Matía Pardo, de 27 años, exculpa a los compañeros de celda de su muerte, se ratifica en la declaración que prestó ante la policía reconociendo su intervención en la muerte del homosexual e indica que ha decidido ahorcarse porque es dueño de su persona y, como tal, puede hacer con su vida lo que desee.

El suicidio de Matía Pardo, adelantado ayer por la agencia Efe, se produjo sobre la una de la tarde del pasado lunes, seis días después de que la policía le detuviese por haber asfixiado a un hombre homosexual de 46 años. El cadáver de este hombre fue encontrado en su casa del centro de Madrid, desnudo y con las manos y el cuello atados por una cuerda. En un principio, la policía pensó, dada la forma en que fue hallado el cuerpo, en que podía tratarse de una muerte accidental provocada mientras el fallecido practicaba juegos sadomasoquistas. Sin embargo, esa posibilidad quedó descartada al poco de iniciarse la investigación.

El homicida había cumplido, siete meses antes, una condena por otro asesinato. El pasado lunes aprovechó una hora -la una de la tarde- en la que estaba solo en su celda para unir varias cuerdas de persianas de la celda y ahorcarse. Fuentes de la Secretaría de Estado de Asuntos Penitenciarios indicaron ayer que el recluso mantuvo una conducta normal desde que ingresó en Carabanchel a raíz del homicidio del homosexual.

Robo de dos tarjetas
El preso fue detenido por la policía el pasado 23 de noviembre en una sucursal bancaria de la madrileña calle de San Bernardo, pocas horas después de haber cometido el crimen. Intentaba sacar dinero con una tarjeta de crédito robada a su víctima para comprar una bicicleta de montaña. En realidad, le sustrajo dos tarjetas, aunque anuló una de ellas.

El homicida entabló relaciones con su víctima, Antonio S., a través de los anuncios que publicaba en revistas para homosexuales en las que ofrecía sus servicios como masajista profesional.

Según fuentes jurídicas, Matía Pardo declaró a la policía que había matado al homosexual durante un forcejeo que mantuvo con él después de que éste le propusiera mantener relaciones sexuales.

La policía sospecha, no obstante, que el móvil del crimen fue el robo, ya que intentó sacar dinero con una de las dos tarjetas sustraídas.

1993/11/24

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | HOMOSEXUAL ASESINADO EN MADRID POR UN 'MASAJISTA'

El hombre maniatado en la calle de Pizarro murió estrangulado por un 'masajista'.
Begoña Aguirre | El País, 1993-11-24

https://elpais.com/diario/1993/11/25/madrid/754230257_850215.html 

Antonio Segovia Blanco, de 46 años, murió estrangulado por un masajista que se anunciaba en revistas de contactos homosexuales. El presunto homicida, José Miguel Matía Pardo, de 27 años, concertó una cita en el domicilio de Antonio Segovia, en la calle de Pizarro. El cadáver de éste fue hallado en la noche del lunes semidesnudo en su dormitorio, maniatado, con tres costillas rotas y una soga anudada al cuello. El martes, a pesar de tener ya un supuesto culpable arrestado, la policía difundió que la víctima murió cuando practicaba juegos sadomasoquistas en solitario.

En la mañana de ayer, la misma Jefatura Superior dio una explicación contraria: la muerte fue violenta y había un presunto culpable detenido, Matía Pardo. La disparidad entre las primeras informaciones y las segundas se debió a una falta de coordinación entre los portavoces del cuerpo y el grupo que llevaba la investigación. El arrestado había abandonado la cárcel en agosto, después de cumplir nueve años de condena por robo con homicidio. En abril de 1983, cuando tenía sólo 17 años, mató a un joven de 16, hijo del dueño del bar donde entonces trabajaba, en la calle de los Arfe, en Ciudad Lineal. En aquella ocasión también maniató a la víctima y robó joyas que luego intentó vender a sus dueños a cambio. Además, le asestó tres puñaladas. Hoy pasará a disposición judicial.

La versión policial de los hechos es que Antonio Segovia contactó con el masajista, que se anunciaba en una revista de contactos para homosexuales. En la noche del domingo, José Miguel Matía acudió a su domicilio. Finalizó el masaje y, según ha declarado a los agentes, su cliente insistió en mantener con él una relación sexual, a lo que se negó.

Ahí, según sus explicaciones, comenzó una pelea entre los dos hombres, en el transcurso de la cual murió uno de ellos. La policía cree que el presunto homicida maniató a la víctima después y que no fue la cuerda anudada al cuello la causante del estrangulamiento. Se baraja la hipótesis de que fue asfixiado por presión con las manos y que la parafernalia de las cuerdas pretendía despistar a los investigadores.

José Miguel Matía cogió dos tarjetas de crédito que su malogrado cliente tenía, una Visa y otra de Cajamadrid, y abandonó la casa cerrando la puerta con llave. El piso quedó totalmente en orden.

Un cuñado de la víctima y un amigo acudieron el lunes a este domicilio de la calle Pizarro, situado en el distrito de Centro. Lo encontraron muerto y avisaron a la policía.

La detención de Matía, efectuada en la mañana del martes, fue rocambolesca. Anuló una de las tarjetas diciendo que la había perdido, con intención de obtener la clave secreta. Y se quedó con la otra, que podía utilizar sin tener que dar un número. Con ella acudió a una tienda del distrito de Centro para adquirir una ‘bici’ de montaña.

Según la policía, el dueño del establecimiento sospechó y Matía le propuso acudir ambos al banco para comprobar que la tarjeta era válida. Cuando llegaron a la entidad bancaria, allí se encontraban los agentes preguntando acerca de la otra tarjeta anulada. Y se produjo la detención. Le fue intervenido el justificante de anulación de una de las tarjetas y una alianza con el nombre del fallecido.

Matía Pardo se anunciaba como masajista en revistas para homosexuales desde que salió de la cárcel. La policía investiga por si pudiera estar implicado en otras muertes.

1992/08/07

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | AGRESIÓN TRÁNSFOBA EN EL PARQUE DEL OESTE

Agresión a un travestido.
EFE | El País, 1992-08-07

https://elpais.com/diario/1992/09/08/madrid/715951458_850215.html

Un travestido que ejercía la prostitución en el parque del Oeste fue asaltado por cinco individuos que, a punta de navaja, le obligaron a subir a su coche, un Renault 19, donde le robaron 25.000 pesetas y joyas. Después, tras huir a gran velocidad, el travestido fue arrojado del vehículo a la calle violentamente.

1992/02/03

DOCUMENTACIÓN | JUSTICIA | LA MORAL Y LOS JUECES

La moral y los jueces.
XXX | Cartas al Director, El País, 1992-02-03

https://elpais.com/diario/1992/02/04/opinion/697158001_850215.html

Indignado por las consideraciones que rodean la sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo sobre un delito cometido tras una relación de prostitución homosexual (véase El País del 17 de enero pasado), me pregunto: ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar juicios de valor tan impresentables, arbitrarios y que ingenuamente creíamos olvidados como "actos contrarios a la moral o las buenas costumbres", "actos ‘contra natura’", "conducta de ambos sujetos que repugna por igual ante la moral y el derecho?" ¿Para cuándo una ley de no discriminación en función de la orientación sexual?

ANTECEDENTES
Los 'chaperos', sin derecho a cobrar.

El Supremo no reconoce como deuda las tarifas por mantener relaciones homosexuales.
Julio M. Lázaro | El País, 1992-01-16
https://elpais.com/diario/1992/01/17/ultima/695602801_850215.html

1992/01/16

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | LOS CHAPEROS, SIN DERECHO A COBRAR

Los 'chaperos', sin derecho a cobrar.
El Supremo no reconoce como deuda las tarifas por mantener relaciones homosexuales.
Julio M. Lázaro | El País, 1992-01-16
https://elpais.com/diario/1992/01/17/ultima/695602801_850215.html

Los ‘chaperos’ no tienen "derecho" a cobrar la ‘tarifa’ pactada con sus clientes previamente a la realización del ‘servicio’, según se desprende de una sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que no reconoce contenido jurídico obligacional a ese tipo de deudas, porque proceden de una "conducta ilícita", contraria "a la moral y a las buenas costumbres", y se trata, "además, de un hecho ‘contra natura’".

La sentencia confirma la pena de un año de cárcel impuesta a Carmelo H. E. por robo con intimidación al cliente que le contrató para mantener relaciones sexuales. El 30 de enero de 1987, Carmelo H. E. deambulaba por el paseo del Arenal, de Bilbao, cuando salió a su encuentro Saturnino G., concertando ambos mantener un ‘encuentro’ a cambio de 5.000 pesetas, lo que hicieron en el interior del vehículo de Saturnino. Después, Carmelo exigió el pago de lo prometido, pero Saturnino se negó "al no haber quedado satisfecho". Carmelo le exigió entonces la entrega de un anillo y le quitó un reloj, valorados ambos en 26.000 pesetas.

Pero más allá de estos hechos, lo que la sentencia del Supremo estudia es si el delito cometido por Carmelo H. E. fue un robo con intimidación, tal como apreció la Audiencia de Bilbao, o si, por el contrario, pudo tratarse de un delito de realización arbitraria del propio derecho, por el que, en lugar de un año de prisión, debía imponérsele una multa de 30.000 pesetas, como apreció en un voto particular a dicha sentencia el magistrado Emilio Villalaín.

La sentencia del Supremo, de la que ha sido ponente el magistrado Justo Carrero Ramos, considera que la discrepancia gira en tomo a la cuestión de si puede o no hablarse de "deuda" y de "derecho' cuando la contraprestación en que se fundaría obedece a un pacto contrario a la moral y a las buenas costumbres.

Según el Supremo, la obligación de pagar la deuda "no existe" porque el Código Civil niega valor a los contratos cuyo objeto sea contrario a las leyes, el orden público, la moral, las buenas costumbres o las cosas ‘extra comercium’.

"La fuente de la supuesta obligación no sólo es un hecho contra las buenas costumbres y la moral, sino, además, ‘contra natura’, dice la sentencia, publicada en la revista ‘Actualidad Aranzadi’. Según el Supremo, no cabe hablar de "derecho" porque esta palabra afirma una situación jurídica, "y no puede haber tal cuando lo pactado no lo es".

Tampoco cabe hablar de "deuda" porque ésta proviene de la obligación que supone un pago a otro, y la obligación no amparada por una norma no implica débito ni responsabilidad. "El que la conducta de ambos sujetos repugne por igual ante la moral y el derecho no cambia las cosas" afirma textualmente la sentencia.

Para el Supremo, "no es cierto que la legislación vigente sea indiferente respecto a la prostitución porque esté despenalizada". Que la prostitución es ilícita (aunque no penalmente), dice el alto tribunal, "lo demuestra" el que está calificada dentro de la Ley de Peligrosidad Social, en el artículo 2.4.".

La sentencia deduce también que en el robo existió ánimo de lucro, puesto que el procesado se apoderó violentamente de dos cosas cuyo valor era cinco veces superior al de la "alegada deuda".


SEGUIMIENTO
La moral y los jueces.
XXX | Cartas al Director, El País, 1992-02-03

https://elpais.com/diario/1992/02/04/opinion/697158001_850215.html

1991/11/30

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LOS CLIENTES EXIGEN A LAS PROSTITUTAS CALLEJERAS Y A LOS CHAPEROS HACERLO SIN PRESERVATIVOS

Los clientes exigen a las prostitutas callejeras y a los 'chaperos' hacerlo sin preservativos.
Francisco Peregil | El País, 1991-11-30

https://elpais.com/diario/1991/12/01/madrid/691590262_850215.html

En un buen garbeo por el paseo de Camoens, la calle del Almirante o la de la Ballesta, las conclusiones que podría extraer un ginecólogo medianamente sensibilizado con el sida no podrían ser más pesimistas. Escuchará frases como éstas: "Para hacerlo con condones, me voy con mi mujer", "además de puta, exigente", "y encima querrás que pague yo el preservativo".

Da la casualidad de que la mayoría de las prostitutas jóvenes que recorren la calle tienen los brazos como acericos, y que muchos de sus clientes creen que "eso del sida" es algo que sólo les ocurren a los americanos.

En las ocho o nueve saunas de lujo (entiéndase las que cuentan con personal para atender a 25 hombres a la vez), la exigencia de utilizar preservativos abarca a todos. Pero ése es otro universo, sería como comparar el baloncesto español con el de la NBA. De entrada, en muchas saunas existe hasta servicio de ginecología y las chicas disponen de unos hábitos higiénicos que las callejeras sólo ven en el cine.

José es el relaciones públicas de una sauna bien conocida en este círculo. Saca cinco mil pesetas por cada cliente que lleva desde los bares de alterne, más las propinas y las copas a las que lo suelen invitar. Asegura que algunas putas les ponen con la boca hasta dos condones a los clientes sin que ellos se percaten.

La directora del centro social para prostitutas del distrito de Centro, Rocío Nieto, lo aclara: "Las que no tienen una figura bonita no pueden permitirse el lujo de exigir al cliente que lo haga con preservativos".

Pareja de buscones
Con los ‘chaperos’ (adolescentes que se prostituyen), la historia no es muy distinta. José pone ‘chapas’ (se prostituye) en la calle del Almirante y tiene 19 años; está enganchado a la cocaína y trabaja por el día en una imprenta. Por la noche, su novia alterna en el bar Rotterdam, en plena zona de la calle del Capitán Haya. "Ella está enganchada al caballo. Tiene sólo 25 años y yo estoy intentando que deje la droga. Además, está embarazada de un mes y queremos casarnos, pero tiene que arreglar los papeles, porque hace poco que se separó de un tío extranjero. Ella no sabe que yo estoy en Almirante".

-¿Te has encontrado algún vecino aquí?
-El otro día vi a un sargento que tuve en la ‘mili’. Yo no sabía que el tío era maricón.

José gana 5.000 pesetas por cada penetración y se lleva 1.000 de propinas. Su novia saca 20.000 pesetas limpias por cada hombre. Viven en un piso alquilado y están deseando tener el hijo. "Podremos mantenerlo".

El guardacoches de un bar de la calle del Almirante explica que entre los ‘chaperos’ también hay clases. "Algunos ponen el culo, y otros sólo dejan que les hagan felaciones. Conozco a uno que pone ‘chapas’ desde los 12 años, ahora tiene 22, y nunca se ha metido en líos de drogas".

Un ‘chapero’ rubio de ojos azules dice que advierte siempre al cliente de que él sólo hace ‘superficiales’ (actos sin penetración).  "Si me lleva a su piso y le puedo robar algo, lo hago; si puedo quitarle la cartera, también. La heroína está muy cara, colega". Dice que a los clientes les da lo mismo hacerlo sin condones, a pesar de que ellos no esconden el brazo pinchado. "A veces, antes del acto, los maricones nos acompañan a comprar las dosis y nos ven inyectárnoslas".

Y TAMBIÉN...

60 putas, rescatadas
Francisco Peregil | El País, 1991-11-30
https://elpais.com/diario/1991/12/01/madrid/691590260_850215.html

1989/05/15

DOCUMENTACIÓN | CONTEXTO | LA POLICÍA BUSCA A UN AGENTE QUE ROBÓ A UN JOVEN LA CARTERA Y DROGA A PUNTA DE PISTOLA EN CHUECA

La policía busca a un agente que robó a un joven la cartera y droga a punta de pistola.
Jesús Duva | El País, 1989-05-15

https://elpais.com/diario/1989/05/16/madrid/611321057_850215.html 

La comisaría del distrito de Centro está tras la pista de un presunto policía que el domingo efectuó dos disparos de pistola en la plaza de Chueca, después de quitar la cartera y un trozo de hachís a Juan Carlos Peña Bugliot, de 23 años. Este ha declarado que el policía posiblemente pretendía que le diera un fajo de billetes que escondía bajo sus calzoncillos, cosa a la que ya le había obligado otras veces. Según Peña, quien le desvalijó se apellida Parra.

El joven Juan Carlos Peña se hallaba sobre las 17.30 horas del pasado domingo en la plaza de Chueca, que es uno de los principales focos de distribución de hachís y heroína a pequeña escala en el centro de Madrid, según informaron fuentes policiales. Peña, que ha sido detenido en 20 ocasiones por su presunta implicación en diversos hechos delictivos, relató que se le acercó un hombre al que él "conocía como policía". Cuando éste le preguntó si tenía droga, el joven le entregó la cartera y "una ínfima cantidad de hachís" que él asegura que poseía para su propio consumo.

El denunciante sostiene que el agente le colocó la pistola en la cabeza y le exigió la entrega del dinero que tuviese. En ese momento, un grupo de personas que estaba en las proximidades comenzó a increpar al supuesto policía, a la vez que una de ellas intentaba arrebatarle el arma.

Al ver que la situación se complicaba, el desconocido efectuó un disparo y poco después otro, ninguno de los cuales produjo víctimas. A continuación echó a correr por la calle de Gravina, perseguido por el joven Peña, el cual no se amilanó pese a que fue amenazado con recibir un tiro si persistía en su actitud.

Huída
El presunto funcionario corrupto continuó la huída por Hortaleza y Conde de Xiquena, donde paró un taxi y logró zafarse definitivamente. No obstante, Peña le arrebató un cargador que llevaba a la cintura, aprovechando el momento en que entraba en el automóvil.

El joven desvalijado entregó en la comisaría del distrito de Centro el citado cargador, correspondiente a una pistola Astra PK, que contenía 12 cartuchos de 9 milímetros parabellum de la marca Santa Bárbara. El cargador tenía una pegatina con el emblema del Cuerpo Nacional de Policía. En las inmediaciones de la plaza de Chueca fueron recogidas dos vainas percutidas.

Peña Bugliot dijo que puede reconocer perfectamente al autor del incidente, ya que éste le ha arrebatado dinero en otras ocasiones. Según su declaración, se trata de un agente llamado Parra, que cree está destinado en la comisaría del distrito de Tetuán. Sin embargo, fuentes próximas a la investigación han asegurado que "en ese dependencia no hay ningún funcionario cuyo primer o segundo apellido ese".

El denunciante ha declarado que su asaltante es un hombre de mediana estatura, con el pelo corto y lacio, que usa un reloj con la correa negra y que el pasado domingo vestía un pantalón de tela vaquera.

El cargador de munición ha sido enviado al laboratorio de la policía para tratar de determinar si en él hay alguna huella dactilar. También están siendo analizados los dos casquillos percutídos, para comprobar si, hay algún antecedente sobre el arma con la que fueron disparados.

En medios policiales existe la sospecha de tras el incidente de la plaza de Chueca hay un funcionario que incurrió en un comportamiento delictivo.

1988/03/20

DOCUMENTACIÓN | JUSTICIA | UN DROGADICTO CURADO QUE INVOCÓ LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL PUEDE SER SU PRIMER BENEFICIARIO

Un drogadicto curado que invocó la reforma del Código Penal puede ser su primer beneficiario.
Bonifacio de la Cuadra | El País, 1988-03-20

https://elpais.com/diario/1988/03/21/sociedad/574902006_850215.html 

Octavio Crecente Rodríguez, condenado por sendos delitos de robo con intimidación cometidos bajo los efectos de la droga y sometido con éxito a un tratamiento de desintoxicación, podrá ser la primera persona a la que se aplique la reforma del Código Penal aprobada el 10 de marzo de 1988 por las Cortes Generales y pendiente de inminente promulgación. En julio de 1987, Crecente invocó ante el Tribunal Constitucional la reforma entonces en trámite, y el alto tribunal, aunque ha denegado el amparo, ha estimado conveniente remitir la pena al condenado.

Crecente alegó en su escrito dirigido al Tribunal Constitucional que el artículo 25 de la Constitución orienta las penas privativas de libertad a la reeducación y reinserción, por lo que, como en su caso esa finalidad ya se consiguió, no debía cumplir la condena. El recurrente se refirió también al proyecto de ley "que prevé", decía, "que se evite la entrada en la cárcel, de aquellos que hayan cometido delitos a causa de la droga, que no tengan antecedentes penales y que se hallen curados o manifiesten su deseo de serlo".

Según su propio relato, Octavio Crecente permaneció desde el 11 de mayo de 1985 hasta el 27 de mayo de 1986 sometido, por decisión judicial, a un tratamiento de desintoxicación en el establecimiento Egueiro, de Logroño, donde consiguió su total desintoxicación.

Añadió que desde entonces vive en familia con sus padres, colabora en un taller con su hermano y ayuda "dando charlas de mentalización" contra la droga, así como difunde su experiencia en la obra social Santa Luisa de Marillac de Barcelona.

El texto definitivamente aprobado por el Parlamento permite, entre otras cosas, que no vayan a la cárcel los drogodependientes condenados a penas pequeñas que se comprometan a deshabituarse de la droga.

El demandante de amparo había sido condenado por la Audiencia Provincial de Barcelona a dos penas de cuatro años y dos meses de cárcel. Más tarde la Sala Segunda del Tribunal Supremo redujo esta condena a sendas penas de dos años y cuatro meses cada una, en aplicación de la eximente incompleta de enajenación mental.

Crecente obtuvo del Tribunal Constitucional la suspensión de la ejecución del fallo del Supremo hasta tanto se resolviera el recurso de amparo.

El alto tribunal alza ahora aquella suspensión, por lo que, a partir del pasado 18 de marzo, fecha de publicación de la sentencia en el Boletín Oficial del Estado, Crecente tendrá que ingresar en prisión, a pocos días de la inminente publicación en el BOE de la reforma del Código Penal invocada por el condenado.

Reeducación
En la sentencia de la Sala Primera del Tribunal Constitucional, de la que ha sido ponente su presidente, Francisco Tomás y Valiente, se reafirma que el artículo 25.2 de la Constitución "no contiene un derecho fundamental, sino un mandato del constituyente al legislador para orientar la política penal y penitenciaria, mandato del que no se derivan", insiste, "derechos subjetivos". El alto tribunal reitera su doctrina, según la cual el mencionado precepto "no establece que la reeducación y la reinserción social sean la única finalidad legítima de la pena privativa de libertad". Como consecuencia de estos argumentos, el tribunal que ejerce como máximo intérprete de la Constitución deniega el amparo.

No obstante, considera que puede ser "conveniente su concesión por quien corresponda", y recuerda el precepto del Código Penal que en casos, como éste, de aplicación de la eximente incompleta de enajenación mental, permite al tribunal sentenciador "dar por extinguida la condena o reducir su duración en atención al buen resultado del tratamiento".

1987/11/03

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | LA POLICÍA DETIENE A UNA TRANS POR ESCONDER AL EXLEGIONARIO HOMICIDA

La policía detiene a un travestido por esconder al ex legionario homicida.
Amelia Castilla | El País, 1987-11-03

https://elpais.com/diario/1987/11/04/espana/562978823_850215.html 

Eduardo Andrés Miranda Garay, conocido en los ambientes gay como la Yoli, fue detenido la noche del lunes en Madrid como posible encubridor del ex legionario José Luis Muñoz Gutiérrez, acusado de la muerte de Fabián García Dobón, jefe del gabinete del vicepresidente del Gobierno canario. La Guardia Civil, tenía ayer numerosas pistas sobre el paradero de Muñoz Gutiérrez y su detención parecía inminente.

‘La Yoli’ fue detenido cuando se encontraba en el interior de un bar situado en la céntrica calle de Gravina [Black & White, seguramente]. El local es frecuentado por travestidos y drogadictos que deambulan por la plaza madrileña de Chueca. La captura del presunto encubridor se realizó de forma discreta, y muy pocas personas se dieron cuenta de lo que ocurría. Fuerzas del Servicio de Información de la III Comandancia de la Guardia Civil, vestidos de paisano, llevaron a cabo la operación. Eduardo Andrés Miranda declaró en el curso de los interrogatorios que había alojado en su domicilio a José Luis Muñoz. El ex legionario estuvo escondido en la casa del detenido durante siete días, según fuentes de la Seguridad del Estado. El pasado domingo, el ex legionario, al que se acusa del asesinato del hombre de confianza del vicepresidente canario, Lorenzo Olarte Cullén, abandonó la vivienda citada y no regresó.

Pisándole los talones
El ex legionario llegó a Madrid en un vuelo procedente de Las Palmas, de donde huyó tras, supuestamente, matar a su amigo Fabián García Dobón, soltero, de 33 años. En la capital contactó con ‘La Yoli’ -antiguo compañero de la Legión- y le pidió que le diera alojamiento por unos días. En ese tiempo, el supuesto homicida fue detectado en el distrito de Usera, adonde acudió a comprar heroína. El ex legionario conoce a través de la Prensa que el juez instructor del sumario ha decretado contra él una orden de busca y captura. Fuentes de la Seguridad del Estado confirmaron ayer que el ex legionario puede ser detenido en las próximas horas. Miranda Garay posee diversos antecedentes policiales. Al parecer, desde su adolescencia tuvo problemas con la justicia y estuvo internado en diversos reformatorios.

El presunto homicida es madrileño, tiene 24 años y ha sido detenido en 10 ocasiones, la última, el pasado 9 de septiembre, por diversos delitos contra la propiedad y tráfico de estupefacientes. Desertó de la Legión en Fuerteventura. La víctima y el ex legionario vivían juntos en un apartamento de Monte Lentiscal, a 10 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria.

Los dos amigos se conocieron hace tres años. El hombre de confianza del vicepresidente canario le ayudó económicamente en muchas ocasiones, pese a que el acusado le desvalijó el apartamento en el que ambos convivían en Marbella (Málaga).

El cadáver del jefe del gabinete del vicepresidente del Gobierno canario fue encontrado el pasado día 27 en su domicilio con 22 puñaladas. En la casa se encontró un puñal de monte en el que se apreciaban manchas de sangre. El automóvil particular de García Dobón fue encontrado al día siguiente en el aeropuerto de Gando, y el nombre del acusado figuraba en las listas de pasajeros de uno de los aviones que salieron de Las Palmas.
 

DOCUMENTACIÓN
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Asesinado de 22 puñaladas el jefe del gabinete del vicepresidente canario
Carmelo Martin | El País, 1987-10-27

https://elpais.com/diario/1987/10/28/espana/562374029_850215.html
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Fabián García ayudó en los últimos años al ex legionario acusado de matarl
Carmelo Martin / Andres Manzano | El País, 1987-10-28

https://elpais.com/diario/1987/10/29/espana/562460411_850215.html
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Lorenzo Olarte: “El canalla mayor del Gobierno de Suárez fue Fernández Ordóñez”

En vísperas del 40 aniversario de la llegada de Suárez al poder, uno de sus seis consejeros en La Moncloa acusa al exministro de ser un infiltrado de Felipe González
Carmelo Rivero | Diario de Avisos, 2016-04-19
https://diariodeavisos.elespanol.com/2016/04/soria-lo-dejado-tirado-politica-anidan-los-rencores-sabe-bien/

1986/11/05

DOCUMENTACIÓN | VIOLENCIA | EL CHAPERO SOSPECHOSO DE LA MUERTE DE UN HOMOSEXUAL SOLÍA ROBAR A SUS CLIENTES

El 'chapero' sospechoso de la muerte de un homosexual solía robar a sus clientes.
Amelia Castilla | El País, 1986-11-05

https://elpais.com/diario/1986/11/06/madrid/531663855_850215.html 

El joven Manuel Ramírez Barragán, de 20 años, conocido como ‘El Legionario’, que se ha reconocido autor del homicidio de Ángel García Alija, desvalijó a la mayor parte de los hombres que contrataron sus servicios para mantener relaciones homosexuales, según informó un portavoz policial. El detenido aseguró en sus declaraciones realizadas en la comisaría de Almería que no es homosexual. 'El Legionario' manifestó también que odiaba a los gay desde que uno de ellos asesinó a un íntimo amigo suyo por negarse a mantener relaciones sexuales.

‘El Legionario’, un joven moreno de aspecto atractivo, fue delatado por sus propias víctimas. La noche del pasado 12 de octubre, tras recorrer diversos ‘pubs’ de la ciudad en busca de clientes, el presunto homicida acudió, como hacía con frecuencia cuando la noche no se había dado bien, al paseo de Recoletos, donde fue abordado por Ángel García. Tomaron una copa juntos y el detenido compró una ‘papelina’ de heroína. Tras llegar a un acuerdo económico, subieron a un automóvil y se encaminaron al domicilio del cliente, situado en el número 9 de la calle del Doctor Laguna. En el piso, el detenido se inyectó una dosis de ‘caballo’. Cuando el cliente le propuso mantener relaciones sexuales, éste se negó y se inició una discusión. ‘El Legionario’, según sus declaraciones, trató de abandonar el piso, y fue agredido, momento en que se inició una pelea. La víctima utilizó una fregona y una botella para agredir a su oponente, que se defendió con un cenicero de mármol que le estampó en la cabeza y un cuchillo de cocina con el que le asestó varias puñaladas. Instantes después abandonó el inmueble con el coche, la cartera y una cazadora de la víctima.

Tras conocerse la muerte de Ángel García, clientes a los que ‘El Legionario’ había robado en su domicilio anunciaron a la policía que lo habían visto esa noche abandonar Recoletos con un cliente. Los ‘chaperos’ de la zona confirmaron esa información y un comunicante anónimo aseguró a ‘Diario 16’ que el autor del homicidio era ‘El Legionario’.

La Legión, en la que el detenido había pasado una temporada, facilitó una muestra de sus huellas, y se comprobé que correspondían a las que el homicida había dejado en la vivienda de la víctima. ‘El Legionario’ fue detenido cuando viajaba sin billete en un tren camino de Almería, donde pensaba reincorporarse a la Legión.

La policía imputa al detenido también tres robos en diferentes domicilios. Durante cerca de dos años, según la misma fuente, consiguió vivir de lo que robaba a los clientes, a los que solía emborrachar antes de llevarse la televisión, la cartera o el coche.

En sus declaraciones, ‘el Legionario’ negó ser ‘gay’ y aseguró que odiaba a los homosexuales desde que un amigo suyo fue asesinado por negarse a mantener relaciones sexuales.

"Se rompió la maldición"
Amelia Castilla | El País, 1986-11-05

https://elpais.com/diario/1986/11/06/madrid/531663854_850215.html

"Se rompió la maldición", aseguró ayer uno de los agentes del Grupo de Homicidios de Madrid al referirse a la detención de Manuel Ramírez Barragán, presunto autor del homicidio de Ángel García Alija, en el que aparece como uno de los factores del crimen la homosexualidad de la víctima. Antes de que este caso se resolviera, los homicidios en los círculos ‘gay’ de la ciudad se habían convertido en ‘la asignatura pendiente o la bestia negra’ para la policía. En lo que va de año se habían producido tres casos similares y ninguno había sido resuelto. Los agentes alegan que la prostitución masculina, en contra de lo que ocurre con la femenina, no está controlada ni existen ficheros que permitan identificar a los sospechosos.

Dificulta aún más las investigaciones el hecho de que muchos de los extranjeros que ejercen la prostitución en Madrid -entre los que hay mayoría de libaneses y portugueses- se encuentran en el país en situación ilegal, según la misma fuente.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...