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2022/07/10

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | CUANDO SER HOMOSEXUAL SE CONSIDERA(BA) UNA ENFERMEDAD: LA HISTORIA TRAS SU DESPATOLOGIZACIÓN

Huffpost / Orgullo en Nueva York, 1989-06-25 //

Cuando ser gay se considera(ba) una enfermedad: la historia tras su despatologización.

Tantos años de criminalización y patologización dan como resultado un estigma que aún pervive. A los activistas LGTBI de entonces hay que agradecerles los logros de hoy.
Marina Velasco | Huffpost, 2022-07-10
https://www.huffingtonpost.es/entry/cuando-ser-gay-se-consideraba-una-enfermedad-la-historia-tras-su-despatologizacion_es_62c80257e4b0aa392d3d9ac4

En una época no muy lejana, los manuales de psiquiatría por antonomasia clasificaban la homosexualidad como una “perturbación sociopática de la personalidad”, como una “desviación sexual”. En una época no muy lejana, si eras gay la iglesia te consideraba pecador, el Gobierno te consideraba un criminal y los psiquiatras te veían como un enfermo. Y así, atrapadas por una triple opresión –reconvertida después en estigma–, sobrevivían como podían las personas LGTBIQ+, ya fuera desde el ocultamiento y la negación o, al contrario, desde la reivindicación y el activismo.

Fueron las y los activistas quienes consiguieron que en 1973 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) retirara de su Manual diagnóstico de trastornos mentales (DSM) la homosexualidad, tras una larga lucha del colectivo LGTBI, narrada en el documental Cured, de Patrick Sammon y Bennett Singer. Estaban hartos de oír a psiquiatras como Charles Socarides decir que “no puede haber gais felices” y que la homosexualidad debía tratarse “como la epilepsia o el alcoholismo”; estaban hartos de ser expulsados de su trabajo porque a sus jefes les llegaban “informaciones” sobre su orientación sexual; estaban hartos de enfrentarse al encierro en instituciones mentales, donde la “terapia” recibida podía ser verbal, pero también por medio de ‘electroshock’ y lobotomías.

A finales de los 60, algo empezó a cambiar en todo el mundo: el mayo francés del 68, las protestas contra la guerra de Vietnam, los disturbios de Stonewall en Estados Unidos. Los activistas LGTBI –aún sin ese nombre– se movilizaron como nunca, centrando sus esfuerzos en que la APA dejara de incluir la homosexualidad en la ‘Biblia’ de la psiquiatría. Se propusieron encontrar a un psiquiatra homosexual que reconociera su condición ante el resto de sus compañeros, mostrándoles que no estaba enfermo. Y dieron con él. Se llamaba John Fryer, aunque ante sus colegas, en la Convención de la APA de Dallas en 1972, se presentó como el Doctor H. Anónimo, oculto tras una máscara y una peluca negra y rizada.

Fryer, que había vivido en sus propias carnes la discriminación laboral por ser gay, enumeró todo aquello que podía “perder” una persona en su vida por ser homosexual: “Tal vez no se nos considere para una cátedra, [...] dejen de enviarnos a los pacientes [o] nos exijan que pidamos una excedencia para dejar de trabajar”. “Sin embargo, corremos un riesgo aún mayor al no vivir nuestra humanidad plenamente”, lanzó. “Esta es la mayor pérdida, nuestra humanidad honesta”, dijo.

John Fryer no convenció a todos sus compañeros psiquiatras –y por supuesto tampoco a toda la población–, pero sí a una mayoría. En 1973, el DSM dejó de incluir la homosexualidad como una enfermedad. Y esa primera victoria supo a gloria. De algún modo, el colectivo había “vencido a esos señores” psiquiatras que iban en su contra, explica a El HuffPost Santiago Peidro, doctor en Psicología y profesor en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Pero, sobre todo, “fue importante para la población en general, que cuando escucha que algo es una enfermedad, lo reproduce”, indica Peidro.

La Organización Mundial de la Salud tardó algo más en dar este paso, y hubo que esperar hasta el 17 de mayo de 1990 –hoy Día Internacional contra la LGTBIfobia– para que el organismo sacara la homosexualidad de su Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud (CIE).

Pero una cosa es que se pronuncien los organismos de la salud y otra es que las leyes cambien. Retomando el caso de Estados Unidos, hasta el año 2003 no se legalizó a nivel federal las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo. Todavía hoy, en alrededor de 70 países se sigue considerando un delito las relaciones entre personas del mismo género.

¿Y en España?
Cuando nació Mili Hernández (Madrid, 1959) existía en España la llamada Ley de vagos y maleantes, con la que la dictadura franquista criminalizaba a los homosexuales dentro de una categoría en la que incluía a “rufianes”, “proxenetas” y explotadores de menores.

Hernández, hoy dueña de la mítica librería Berkana, especializada en literatura LGTBI, no sabía lo que esa ley podía suponer en su vida porque, de hecho, ni siquiera era consciente por aquel entonces de que ella misma era lesbiana.

“Tenía 16 años cuando murió Franco, estaba en plena adolescencia”, recuerda Hernández. “Desde muy pequeñita, desde los 11 años, yo ya sabía que algo me pasaba, me costaba encontrar mi sitio, sentía que era diferente, pero no sabía ponerle nombre”, reconoce la librera y editora. Por fin pudo nombrarlo pasados los 18, con la democracia ya incipiente. “Entendí que lo que me pasaba era que me gustaban las mujeres, que no me gustaban los chicos”, resume.

Y aunque Hernández tampoco era consciente de que la OMS catalogaba aún la homosexualidad como enfermedad mental, sí sabía que ser lesbiana “era algo malo, que estaba fuera de la norma”. “Vivíamos en un país muy en blanco y negro, muy heteropatriarcal. Los padres ya tenían la idea de que sus hijas estudiaran, pero la función principal de las mujeres seguía siendo casarse y tener hijos”, cuenta. “En aquel entonces había dos canales en la televisión, y de la homosexualidad no hablaban. Tampoco en los colegios, tampoco en las familias”, dice.

En su adolescencia más tardía, empezaron a filtrarse otros colores. “Se oían cosas como ‘Mari Trini es lesbiana’, ‘Martina Navrátilová es lesbiana’”, recuerda Hernández. “Yo sabía que Lorca era gay, pero de mujeres no tenía ni idea. Supe ponerle nombre a qué me pasaba cuando encontré algún referente con el que sentirme identificada”, relata.

Reconoce Hernández que en algún momento sí pensó que “quizás tenía que ir al psicólogo” en busca de ayuda emocional. Pero hasta para eso España era un lugar hostil en aquel entonces. “Al psicólogo sólo iban quienes estaban muy muy mal, muy tarados, como decían entonces”, reflexiona.

Más adelante, Hernández se enteraría de que “muchas personas gais, lesbianas y trans” en su época fueron sometidas a “terapias completamente equivocadas de psiquiatras muy retrógrados, adscritos al régimen franquista”, dice.

El psicólogo argentino Santiago Peidro sostiene que esa corriente de psiquiatras que aseguraba que podía ‘curar’ la homosexualidad, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX y en la primera del XX, existía movida por una serie de “intereses”. “Cuando la psiquiatría del siglo XIX se apropia de todos los asuntos relacionados con la sexualidad, comienza a tomarlo como una patología, un desvío respecto a la norma, y empieza a considerarse como una enfermedad del instinto sexual”, señala.

Primero los psiquiatras pensaron que había un “problema físico en el cerebro”; luego vieron que todo estaba normal ahí, que no servía de nada “abrir las cabezas y revisar”. Empezaron entonces a pensar que “todo se debía al instinto sexual”, que a priori debía estar “preconfigurado”, según sus ideas, para que el hombre se sintiera atraído por la mujer, y viceversa.

“Este discurso encontró un límite en Freud”, afirma Santiago Peidro. Sigmund Freud (1856-1939) entiende que no existe ese instinto “innato”, “preconfigurado”, y que no hay nada malo en ser homosexual. Paradójicamente, muchos psiquiatras blandieron después teorías de Freud con la intención de ‘curar’ la homosexualidad, pese a que el propio Freud nunca lo consideró una enfermedad. Los psiquiatras, recuerda Peidro, están “inevitablemente atravesados por prejuicios morales, por sus propias religiones y por sus historias familiares”.

De la patologización y la criminalización a las ‘terapias de conversión’
Igual que el fin de la dictadura franquista no supuso el final de la represión del colectivo en España, el pronunciamiento de los psiquiatras de la APA y de la OMS tampoco acabó en su momento con el estigma asociado a las personas LGTBI en el mundo. En absoluto.

“El proceso no culminó ahí”, explica Alberto de Belaunde, representante de la organización OutRight International por los derechos LGTBQ+. OutRight International publicó en 2019 un informe pionero sobre el alcance de las conocidas como terapias de conversión, en el que concluyó que estas se llevan a cabo, de una u otra manera, en los cinco continentes del mundo. “Está muy extendido incluso en países como España, donde hay un importante reconocimiento de los derechos de las personas LGTB”, señala este abogado y activista peruano.

Saúl Castro, abogado gallego y autor de 'Ni enfermos ni pecadores' (Ediciones B), explica que, bajo el paraguas de esas “terapias de conversión”, cabe cualquier intervención que busca “modificar o eliminar la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de una persona”. En 'Ni enfermos ni pecadores', Castro ha documentado la existencia, incidencia y alcance de estas prácticas en España.

Las “mal llamadas terapias de conversión” perpetúan “esa idea antigua de la psiquiatría” según la cual “la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de una persona pueden suprimirse o cambiarse siguiendo determinadas prácticas”, afirma De Belaunde.

Quienes las promueven y practican obvian dos aspectos fundamentales: el primero es que la ciencia ya ha desmentido esas pseudoteorías de que la orientación sexual se puede ‘curar’; el segundo y, quizás, más importante, es el daño que generan en las víctimas: en su autoestima, en su salud mental e incluso en su deseo sexual.

Estas pseudoterapias ya no toman tanto la forma del ‘electroshock’ –aunque esto sigue produciéndose en determinados países–, sino que tienden a adquirir otras manifestaciones: “Terapia psicoanalítica, prescripción de determinadas pastillas para eliminar la libido de las personas, a través de charlas, talleres sociales, ritos llevados a cabo por líderes religiosos…”, enumera Alberto de Belaunde.

Uno de los problemas que advierte OutRight International para detectar y denunciar estas prácticas es, precisamente, la facilidad con la que pasan desapercibidas por camuflarse como coaching o charlas de identidad, sobre todo en contextos religiosos o sociales. “No existe una conciencia general sobre ellas, de modo que muchas víctimas o sobrevivientes no reconocen que lo que sufrieron cae dentro de este concepto”, sostiene el representante de la organización.

Iván León, víctima de terapia de conversión y autor de '¡Oh feliz culpa!' (Egales), tampoco fue consciente en un primer momento de que las charlas a las que acudía en la Diócesis de Alcalá de Henares (Madrid) eran lo que realmente eran. Llegado un momento, quienes impartían esos ‘talleres’ empezaron a “vincula[r] la homosexualidad con la pederastia, incluso con la pederastia en la Iglesia, lo que achacaban a los sacerdotes homosexuales. También hacían vinculación con la zoofilia”, explica León en una entrevista con El HuffPost. Este discurso fue lo que le hizo darse cuenta.

“Sin duda, la religión es uno de los factores que explican por qué todavía existe el nivel de intolerancia que conocemos hacia la comunidad LGTBI”, sostiene Alberto de Belaunde. El abogado y activista considera fundamental que se impliquen “no sólo la comunidad LGTB y los legisladores, sino también los profesionales de la salud mental, y por supuesto también líderes sociales y religiosos, especialmente de aquellas iglesias o aquellos credos que tradicionalmente han cumplido un rol en la valoración social negativa de las personas LGTB”.

Recientemente, el Gobierno de España aprobó el anteproyecto de la Ley Trans, que entre otras cosas prohíbe las “terapias de conversión”. Saúl Castro defiende que la mera prohibición no erradica estas prácticas, y que para poder perseguirlas realmente habría que incluir un delito específico sobre las mismas en el Código Penal.

La organización OutRight International alude a tres elementos “fundamentales” para acabar con estas prácticas: un enfoque preventivo que genere conciencia entre la población; la existencia de “canales de denuncia efectivos que eviten la revictimización”; y garantizar a las víctimas el acceso a servicios de salud para superar el trauma vivido.

De manera transversal a todo lo anterior, hay que “asegurar políticas educativas que ayuden a vencer los estigmas en la sociedad”, añade De Belaunde. “Mientras exista sexismo, homofobia y transfobia, lamentablemente estas prácticas van a aparecer. Porque son resultado de la discriminación y la intolerancia contra la comunidad LGTB+”, advierte. Por eso son tan importantes las fechas, las banderas y las reivindicaciones del Orgullo que se celebra estos días.

No hace falta mirar tan atrás...
Si bien la homosexualidad desapareció como enfermedad mental de los manuales del DSM y el CIE en 1974 y 1990 respectivamente, la “orientación sexual egodistónica” –cuando una persona siente una atracción que no se corresponde con lo que entiende por ideal y le genera ansiedad– siguió incluida como categoría de diagnóstico para la OMS hasta 2019.

Hubo que esperar también hasta entonces para que la Organización Mundial de la Salud dejara de considerar la transexualidad como trastorno mental. En su última Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE), la transexualidad pasó a formar parte de la categoría “condiciones relativas a la salud sexual”, saliendo del capítulo dedicado a “trastornos de la personalidad y el comportamiento”.

2022/05/11

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | PREMIAN A JOHN FRYER POR SU CONTRIBUCIÓN AL MOVIMIENTO POR LOS DERECHOS LGTBI

Al Día / John Fryer //

Un antiguo profesor de Temple es premiado por su contribución al movimiento de los derechos LGBTQ+.

El Dr. John Fryer era un profesor de Temple, cuyo discurso en la reunión de la Asociación Americana de Psiquiatría ayudó a eliminar la homosexualidad del DSM.
Emily Leopard-Davis | Al Día, 2022-05-11
https://aldianews.com/es/leadership/organizaciones/eliminar-los-gays-del-dsm 

El Dr. John Fryer fue homenajeado el 2 de mayo de 2022 en Filadelfia por su contribución al movimiento de los derechos LGBTQ+. Pronunció un discurso en la convención de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en 1972 como Dr. Henry Anonymous, que estaba a favor de eliminar la homosexualidad del DSM.

Filadelfia declaró el 2 de mayo Día del Dr. Fryer. Su antigua casa en 138 W. Walnut Lane fue designada como histórica, y se ha colocado un marcador histórico sobre él en la 13ª y Locust.

El Dr. Fryer nació en Winchester, Kentucky. Estudió en la Universidad de Transilvania y en la Universidad de Vanderbilt para estudiar medicina a finales de los años 50 y principios de los 60.

En esta época, la homosexualidad estaba clasificada como un trastorno en el Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (DSM), ya que se incluyó en 1952. Por ello, cualquiera que saliera del armario podía ser internado involuntariamente, despedido o perder la custodia de un hijo. Un grupo de activistas por los derechos de los homosexuales, liderado por Frank Kameny, hizo un piquete en las convenciones de la APA de 1970 y 1971 para conseguir que la APA eliminara la homosexualidad del DSM.

Un panel titulado "Psiquiatría: ¿Amigo o enemigo de los homosexuales? Un diálogo" se creó para la convención de 1972. El panel estaba compuesto originalmente por dos personas homosexuales y dos psiquiatras. Barbara Gittings pidió al Dr. Fryer que se uniera al panel después de que su compañera, Kay Tobin Lahusen, les sugiriera que incluyeran también a un psiquiatra gay. Al principio, el Dr. Fryer no quería dar la charla. Aceptó hacerlo después de unos meses de reflexión y de que le dijeran que podía darlo disfrazado. Además, Gittings le pagó el viaje a la conferencia con una subvención que había recibido.

El Dr. Fryer conocía el riesgo de estar fuera a nivel personal. Fue expulsado de su residencia en la Universidad de Pensilvania tras salir del armario con un amigo y fue despedido de su trabajo.

Pronunció un discurso como Dr. Henry Anonymous, llevando una máscara de Richard Nixon, una peluca rizada y un esmoquin tres tallas más grande. También utilizó un micrófono que cambiaba su voz. El Dr. Fryer comenzó su discurso diciendo: "Soy homosexual. Soy psiquiatra".

Al final de su discurso dijo: "Esta es la mayor pérdida, nuestra honesta humanidad, y esa pérdida lleva a todos los demás que nos rodean a perder también ese pedacito de su humanidad. Porque si se sintieran realmente cómodos con su propia homosexualidad, entonces podrían sentirse cómodos con la nuestra. Como psiquiatras homosexuales, por lo tanto, debemos usar nuestras habilidades y sabiduría para ayudar a todos ellos y a nosotros mismos a estar cómodos con ese pedacito de humanidad llamado homosexualidad."

La homosexualidad fue eliminada del DSM un año después del discurso del Dr. Fryer, en 1973.

La APA creó el premio John Fryer en su honor en 2005. El premio se otorga a quienes contribuyen "a mejorar la salud mental de las minorías sexuales".

El Dr. Fryer falleció en 2003 a la edad de 65 años.

Sus documentos, incluido su discurso de 1972, se conservan en la Sociedad Histórica de Pensilvania, la Biblioteca de Historia Americana de Filadelfia y uno de los mayores archivos de documentos históricos del país.

2022/05/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ¿QUIÉN FUE EL PSIQUIATRA ENMASCARADO QUE IMPULSÓ UNA REVOLUCIÓN Y LUEGO 'DESAPARECIÓ'?

New York Times / John Fryer (d) en la asamblea de la APA de 1972 //

¿Quién fue el psiquiatra enmascarado que impulsó una revolución y luego ‘desapareció’?

En 1972, John Fryer arriesgó su carrera para decirle a sus colegas que las personas homosexuales no padecían enfermedades mentales. Su acción generó cambios en los sistemas legales, médicos y de justicia.
Ellen Barry | New York Times, 2022-05-05
https://www.nytimes.com/es/2022/05/05/espanol/psiquiatria-gay-fryer.html

Durante el segundo día de la convención anual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por su sigla en inglés), en 1972, ocurrió algo extraordinario.

Mientras los psiquiatras reunidos, en su mayoría hombres blancos con trajes oscuros, ocupaban sus lugares en las innumerables sillas del salón Danés en el Hotel Adolphus de Dallas, una figura disfrazada se coló desde los pasillos del fondo. En el último momento, atravesó una cortina lateral y ocupó su lugar en la parte delantera de la sala.

El público contuvo la respiración. El aspecto del hombre era grotesco. Su rostro estaba cubierto por una máscara de goma de Richard Nixon y llevaba un esmoquin estridente que le quedaba muy grande y una peluca de cabello muy rizado. Pero la extravagancia de su atuendo perdió importancia cuando empezó a hablar.

“Soy homosexual”, comenzó. “Soy psiquiatra”.

Durante los siguientes diez minutos, el doctor Henry Anónimo (así había pedido que lo llamaran) describió el mundo secreto de los psiquiatras homosexuales. De manera oficial, no existían; la homosexualidad estaba catalogada como una enfermedad mental, por lo que reconocerla suponía la revocación de la licencia médica y perder la carrera. En 42 estados de Estados Unidos, la sodomía era un delito.

La realidad es que había muchos homosexuales en la APA, el organismo profesional más influyente de este ramo, afirmó el médico enmascarado. Pero vivían en la clandestinidad, ocultando cualquier rastro de su vida privada a sus colegas.

“Todos nosotros tenemos algo que perder”, continuó. “Tal vez no se nos considere para una cátedra, el analista que está en nuestra misma calle podría dejar de enviarnos a los pacientes que no puede atender o es posible que un supervisor nos exija que pidamos una licencia para ausentarnos”.

Esa era la concesión que había aceptado hacer en su vida el hombre enmascarado. Pero el precio era demasiado alto. Eso es lo que había ido a decirles.

“Sin embargo, corremos un riesgo aún mayor al no vivir nuestra humanidad plenamente”, dijo. “Esta es la mayor pérdida, nuestra humanidad honesta”.

Luego tomó asiento en medio de una gran ovación.

El discurso de 10 minutos, pronunciado el lunes 2 de mayo hace 50 años, fue un punto de inflexión en la historia de los derechos de las personas homosexuales. Al año siguiente, la APA anunció que revertiría su postura de casi un siglo y declaró que la homosexualidad no era un trastorno mental.

Es raro que los psiquiatras transformen la cultura que les rodea, pero eso fue lo que ocurrió en 1973.

Al eliminar el diagnóstico del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (conocido como DSM, por su sigla en inglés), la psiquiatría eliminó el sustento jurídico de una variedad de prácticas discriminatorias como negar a las personas gay el derecho al empleo, la ciudadanía, la vivienda y la custodia de sus hijos; excluirlos del clero y del ejército y de la institución del matrimonio. Podía comenzar el largo proceso contra esas prácticas.

Cuando las personas gay fueran remitidas a una consulta de psiquiatría, ya no se les enviaría a “curarse” (inyectándoles hormonas, sometiéndolos a terapias aversivas o a psicoanálisis exhaustivo) sino que se les diría que, desde el punto de vista de la ciencia, no hay nada intrínsecamente malo en ellos.

Después de pronunciar su discurso, el hombre enmascarado, John Ercel Fryer, de 34 años, voló desde Dallas hasta su casa en Filadelfia y escribió en su diario sobre lo aterradora y profunda que había sido la experiencia.

“El día pasó, llegó y se fue y yo sigo vivo. Por primera vez, me he identificado con una fuerza afín a mí mismo”, escribió, en extractos incluidos en Cured, un documental de 2020.

Sin embargo, no le dijo a su madre que lo había hecho; tampoco a su hermana ni a su mejor amigo de la infancia. En 20 años solo le contó lo sucedido a muy pocas personas.

‘Sentí una gran libertad’
Fryer, quien murió en 2003 a los 65 años, destacaba por su tamaño (medía 1,80 metros y pesaba unos 140 kilos), por su inteligencia destellante y porque evidentemente era gay.

Betty Lollis, una amiga de Winchester, Kentucky, lo recordaba como el niño de cara redonda que llegó acompañado de su madre a su clase de segundo grado vistiendo un traje de marinero. Era un prodigio, afirmó, y también “un chico del que los demás se reían o se burlaban”.

Décadas después, algunos de sus compañeros de clase se disculparon con Fryer por la manera en que lo habían tratado. “Esas personas que fueron dolorosas para él también eran todo lo que tenía”, dijo. “Son sus amigos más queridos”.

Le fue muy bien en todas sus clases, se inscribió en la universidad a los 15 años y en la facultad de medicina a los 19. Pero, una y otra vez, su camino se vio obstaculizado cuando los supervisores se enteraban de que era gay.

El más difícil de estos contratiempos ocurrió en 1964. Se había trasladado al entorno más libre de la Costa Este estadounidense y llevaba unos meses de residencia en la Universidad de Pensilvania cuando bajó la guardia y durante una cena le dijo a un amigo de la familia que era gay.

El joven se lo comunicó de inmediato a su padre, que a su vez se lo comunicó al jefe de departamento de Penn, según contó Fryer en una entrevista de 2002 a la revista Journal of Gay and Lesbian Psychiatry. El director del departamento llamó a Fryer a su despacho y le dijo: “O renuncias o te despido”.

Fryer tuvo que realizar tareas humillantes durante años en un hospital psiquiátrico estatal, la única institución que lo aceptó, para poder completar su residencia. Después de eso, se enfrentó a un largo e incierto camino hacia la titularidad. Por estas razones, era poco atractivo salir del clóset, dijo en una entrevista realizada en 2001 para This American Life, gran parte de la cual no se ha publicado hasta ahora.

“Si decías que eras gay, era una manera de no tener ningún poder”, dijo. “Y yo quería ser poderoso. Así que ser un médico aparentemente heterosexual me permitió tener poder”.

En 1970, Frank Kameny, un astrónomo que había sido despedido del ejército por ser gay, dirigió un pequeño grupo de activistas por los derechos de las personas homosexuales para protestar contra la convención anual de la APA, exigiendo que se desclasificara el diagnóstico.

Fryer formaba parte de la “APA Gay”, un grupo en los márgenes de la asociación que se reunía en secreto, y vio con desagrado cómo los manifestantes irrumpían en las mesas redondas e interrumpían a los oradores. “Estaba avergonzado y deseaba que se callaran”, dijo.

Pero al año siguiente, Barbara Gittings, una de las activistas, se acercó a Fryer para pedirle ayuda.

Líderes más jóvenes y progresistas estaban ascendiendo en las filas de la APA y los activistas percibieron una oportunidad. Tuvieron una idea: en vez de protestar, podrían cambiar las cosas enfrentándose a los psiquiatras con uno de los suyos, un psiquiatra gay. Si pudieran encontrar a alguien que aceptara hacerlo.

“Mi primera reacción fue: De ningún modo”, recuerda Fryer. “No tenía nada seguro y no quería hacer nada que pusiera en peligro la posibilidad de conseguir un puesto de profesor en algún sitio. En ese momento, no había manera de lograrlo si revelaba mi identidad”.

Sin embargo, durante los meses siguientes, Gittings siguió insistiendo. Le contó a Fryer cómo se había acercado a una decena de colegas homosexuales y cada uno de ellos decía que no, que el riesgo era demasiado grande.

Esta reticencia molestó a Fryer. Y Gittings, como dijo él, continuó “subiendo la apuesta”. ¿Y si le pagaba el viaje a Dallas? ¿Y si llevaba un disfraz, para que nadie supiera que era él?

“Ella sembró en mi mente la posibilidad de que podía hacer algo”, dijo. “Y que podía hacer algo que fuera útil sin arruinar mi carrera”.

En aquel momento, la pareja de Fryer era un estudiante de arte dramático y ambos se lanzaron al proyecto de idear un disfraz que ocultara su identidad: un esmoquin grande, una máscara de goma para distorsionar sus rasgos y una peluca que no tuviera las entradas que él tenía.

Al subir al escenario ese día, Fryer dijo: “Sentí una gran libertad, una sensación de libertad inmensa”.

También estaba orgulloso de ser el único de sus colegas que se había atrevido a hacerlo.

“Hacer eso, estar dispuesto a hacer eso, aunque ninguno de mis colegas en la APA Gay estaba dispuesto, de manera abierta o de otro modo”, dijo. “Todos estaban en la audiencia. Y estaban aplaudiendo”.

Ver a Fryer tuvo un efecto emocional poderoso en los psiquiatras reunidos en la sala, dijo Saul Levin, quien en 2013 se convirtió en el primer hombre abiertamente homosexual en ocupar el cargo de director ejecutivo y director médico de la APA.

“Los sacudió de verdad, obviamente”, dijo. “Ahí estaba esa gran audiencia en ese momento, viendo a alguien salir con un disfraz muy bizarro. Los desorientó un poco, ¿qué diablos está pasando aquí? Y luego esta persona sale con un discurso muy elocuente”.

Fryer estaba mareado cuando dejó el escenario, tan emocionado que, antes de regresar a Filadelfia, derrochó en un clavecín manual, que describió con ironía como “una de las elecciones menos sabias de mi vida”.

Cuando regresaba a su habitación de hotel para quitarse el disfraz, pasó junto al presidente del departamento de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, que lo había despedido de su residencia. Ninguno de los dos mostró alguna señal de que se reconocían.

‘Como si ya no pudiera hacer nada más’
Fryer regresó a la casa victoriana donde vivía en Germantown con sus perros dóberman pinscher y los estudiantes de medicina a los que acogía como inquilinos.

Siguió siendo él mismo: generoso y autoritario, carismático y mordaz, y con un acento de Kentucky que usaba cuando le convenía.

Seguía sin tener la titularidad y su carrera era tan inestable como siempre. En 1973, la APA votó a favor de desclasificar la homosexualidad. Y Fryer otra vez perdió un empleo, ahora en el Hospital Friends.

De nuevo, un administrador lo llamó a su oficina. “Si fueras gay y no fueras extravagante, te quedarías”, recuerda Fryer que le dijo. “Si fueras extravagante y no fueras gay, te quedarías. Pero como eres gay y extravagante, no puedes quedarte”.

Fryer vio cómo sus colegas eran ascendidos y ganaban la titularidad. El grupo gay de la APA se disolvió, ya que una nueva generación más activista dio un paso adelante como una fuerza abierta dentro de la psiquiatría y conformó la Asociación de Psiquiatras Gays y Lesbianas. Pero Fryer no participó en ella.

“Volví a huir”, dijo. “No fui a las reuniones. Fue como si desapareciera”. Era como si “hubiera hecho lo mío y ya no pudiera hacer nada más”, dijo.

De vez en cuando, le contaba a alguien lo que había hecho.

Karen Kelly, de 67 años, quien le alquiló una habitación a Fryer cuando era estudiante de medicina, dijo que él se lo contó durante una cena a fines de la década de 1970 y no volvió a mencionarlo.

Lollis, de 85 años, dijo que ella y Fryer fueron confidentes más tarde en la vida y a veces hablaban por teléfono varias veces a la semana. Pero ella no supo que él era el doctor Anónimo hasta 2002, cuando le mandó el episodio de This American Life en el que describía el discurso.

“Simplemente no lo compartió con nadie”, dijo. “Ni su madre, ni su hermana”.

Después de un tiempo, Fryer obtuvo un puesto en la Universidad de Temple, donde se especializó en el duelo y fue uno de los pioneros que contribuyó al movimiento de cuidados paliativos. Después de dar clases todo el día y luego de cenar, a menudo veía a sus pacientes hasta las 11:00 p. m., recordó Kelly. Acompañó a muchos de sus pacientes durante su muerte.

Organizaba grandes fiestas y, a veces, se aparecían sus amigos famosos, como la antropóloga Margaret Mead o la escritora Gail Sheehy. Usaba dashikis. Cuando viajaba para dar conferencias, “terminaba en un restaurante tiki con mis primos, bailando con la bailarina de hula”, dijo Kelly.

Pero albergaba una sensación de resentimiento, dijo David Scasta, quien conoció a Fryer como médico residente en la Universidad de Temple y lo entrevistó sobre su vida en 2002.

Se sentía aislado de la comunidad gay, dijo Scasta, expresidente de la Asociación de Psiquiatras Gay y Lesbianas. Nunca tuvo una relación duradera. Y siempre sintió que su carrera no era lo que podría haber sido.

“Siempre hubo una sensación de tristeza por no ser completamente aceptado”, dijo. “John siempre sintió que estaba al margen”.

Pasarían décadas antes de que los historiadores de los derechos de las personas homosexuales entendieran completamente el significado del discurso del doctor Anónimo, que tenía “una importancia similar a los disturbios de Stonewall”, agregó Scasta. También en ese caso, el impulso del movimiento se originó por personas inesperadas.

“No siempre son las personas amables y respetuosas de la ley las que lo logran, los que pueden hacer el cambio son los que están en la periferia”, dijo.

Esta semana, el 50° aniversario del discurso del doctor Anónimo se celebró con discursos y proclamas en Filadelfia, donde se declaró el 2 de mayo como el Día de John Fryer.

La celebración pública de su acto había empezado años antes de la muerte de Fryer, y en 2001, él mismo lo comentaba con sarcasmo, cuando decía que “se le mencionaba como prueba cada vez que alguien quería una prueba”.

Sin embargo, en aquel momento, fue el secreto lo que le dio poder a su acto, dijo.

“Aquella persona disfrazada, podía decir lo que quisiera”, dijo. Y añadió: “Llevé a cabo este acto aislado, que cambió mi vida, que ayudó a cambiar la cultura de mi profesión, y desaparecí”.

2021/06/18

ARTÍCULOS | Peidro, Santiago | La patologización de la homosexualidad en los manuales diagnósticos y clasificaciones psiquiátricas

Peidro, Santiago [Universidad de Buenos Aires] (2021). La patologización de la homosexualidad en los manuales diagnósticos y clasificaciones psiquiátricas. Revista de Bioética y Derecho [e-ISSN 1886-5887], 52, 221-235.

Ed. digital: Open Access | Revistes UB [Universitat de Barcelona] | 2021-06-18
https://revistes.ub.edu/index.php/RBD/article/view/31202

Ed. digital: Open Access | SciELO | 2021-10-25
https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1886-58872021000200013

[.es] Investigaremos la relación entre el diagnóstico en la atención de la Salud Mental y la clasificación de la homosexualidad como enfermedad o trastorno mental con el fin de analizar que en lo que a las sexualidades no hegemónicas respecta, el diagnóstico no supone ser únicamente un conocimiento acabado del fenómeno que pretende investigar, sino que funciona como un procedimiento performativo que produce el mismo fenómeno que busca delimitar. Para ello, consideraremos los “Principios para la protección de los enfermos mentales” adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17/12/1991, así como los sistemas internacionalmente vigentes de Clasificación en Salud Mental. Nuestra hipótesis de trabajo descansa también en las ideas sobre la performatividad desarrolladas por Judith Butler.

Telling the Story of When LGBTQ+ Activists Fought the Establishment and Won / PBS

Ronald Gold, Charles Silverstein, Frank Kameny y Barbara Gittings celebran la victoria en la sede de la APA en Washington, DC, el 15 de diciembre de 1973, el día en que la Junta Directiva de la APA anunció su decisión de eliminar la homosexualidad del manual de enfermedades mentales de la organización. [McGovern Historical Center, Texas Medical Center Library, Medical World News Photograph Collection]
 
[...] En 1974 la APA decidió, luego de una votación entre sus miembros, eliminar la homosexualidad de la segunda versión del DSM con una mayoría simple (58%). Acordaron sustituir ese diagnóstico por una categoría en la que se incluían las "Perturbaciones en la Orientación Sexual". Más adelante, en la tercera edición del Manual, se incluyó el diagnóstico de "Homosexualidad Egodistónica", que se vinculaba con el malestar acaecido por la orientación sexual. No obstante, este diagnóstico también fue eliminado en la versión revisada de esa misma tercera edición del Manual (APA, 1988). Esta decisión fue confirmada en las sucesivas versiones y ediciones. Hoy en día, la APA coloca a todo malestar persistente, causado por la propia orientación sexual, como uno de los llamados "trastornos sexuales no especificados".

Habría que esperar recién hasta 1990, más de ciento treinta años después de la invención del término homosexual, para que la Organización Mundial de la Salud excluyera finalmente a la homosexualidad de la Clasificación Internacional de Enfermedades (OMS, 1992). Por último, la décima versión de esta clasificación (C.I.E.-10), eliminó totalmente a la homosexualidad de sus manuales. [...]

2020/05/16

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CUANDO SER GAY O LESBIANA ERA UNA ENFERMEDAD

El Periódico / Orgullo en Piccadilly Circus, 1996 //

Cuando ser gay era una enfermedad.

El 17 de mayo de 1990 la OMS eliminó la homosexualidad del listado de dolencias psiquiátricas.
Juan Fernández | El Periódico, 2020-05-16
https://www.elperiodico.com/es/cuaderno/20200516/oms-elimina-1990-homosexualidad-listado-enfermedades-psiquiatricas-7962649

En los años 80, los debates televisivos sobre la homosexualidad solían contar con la presencia de un activista gay que ponía voz y rostro a una realidad por entonces poco visible, un sociólogo que aportaba contexto histórico, un sacerdote que señalaba los límites morales de la iglesia, y un psiquiatra. La participación del experto en salud mental tenía una justificación que en esos años nadie cuestionaba: oficialmente, la homosexualidad se consideraba una enfermedad y abordarla como tal quedaba fuera de toda duda o reproche.

Eugeni Rodríguez recuerda bien aquellos acalorados debates catódicos en los que la realidad LGTBI –acrónimo que en esos años nadie habría sabido identificar– empezaba a salir del armario. «Solían girar sobre dos cuestiones: el pecado y la enfermedad. Así que mi misión consistía en demostrar que no era un pervertido ni un loco. ¡Como para reclamar derechos estábamos nosotros por entonces!», clama el hoy presidente del Observatori contra l’Homofòbia, quien en esos años ya ejercía de aguerrido activista gay en todo tipo de foros y escenarios, incluidos los platós de televisión, y tiene claro cómo era el minuto y resultado de la causa homosexual en aquel momento. «Veníamos de décadas de legislación franquista que nos había identificado como un peligro social, acababa de caernos encima el estigma del sida y el movimiento gay era aún muy precario», rememora.

Fue en este contexto en el que se produjo un hito trascendental en la historia del movimiento LGTBI que en España, sin embargo, pasó sin pena ni gloria: el 17 de mayo de 1990, la asamblea general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas, donde había figurado desde la creación de este organismo internacional.

Ningún diario nacional se hizo eco de la noticia, ni hubo celebraciones entre los colectivos gays del momento. «El sida nos tenía muy tocados y no teníamos aún la fuerza ni la visibilidad que alcanzaríamos más adelante. Los efectos de aquel anuncio los empezamos a notar después», reconoce Rodríguez.

La doble discriminación de las lesbianas
El primero y principal fue de carácter simbólico. «Yo nací en 1945. Haciendo cuentas, he pasado más años siendo considerada una persona enferma, aunque sin serlo, que sana», reflexiona Boti G. Rodrigo, directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI. Se convirtió en activista lesbiana a mediados de los años 90, cuando su opción sexual ya no se consideraba una dolencia, pero su memoria está llena de pasajes en los que sentirse diferente implicaba ser señalada como una trastornada. «Las mujeres homosexuales padecíamos un doble rechazo social y crecimos sin referentes. Lo asombroso es que solo llevemos 30 años sin arrastrar ese castigo», destaca.

En la tardía eliminación de la homosexualidad de la lista mundial de enfermedades influyeron factores de geopolítica mundial. «La caída del bloque soviético y la desaparición de varias dictaduras latinoamericanas de perfil homófobo hicieron que cambiara la correlación de fuerzas en la OMS y permitieron que saliera adelante aquella votación», explica Jordi Petit, antiguo secretario general de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA, en sus siglas en inglés), el organismo que con más ahínco había reclamado la desaparición de ese estigma después de que la Asociación Americana de Psiquiatría excluyera a la homosexualidad de su manual de trastornos mentales en 1973.

Hormonas y ‘electroshocks’
Atrás quedaban décadas en las que la percepción patológica de las relaciones entre personas del mismo sexo había añadido dolor extra a un colectivo históricamente perseguido. Si la homosexualidad era una enfermedad, significaba que se podía curar.

Desde que el psiquiatra alemán Richard von Krafft Ebing la definiera como «perversión sexual» en su libro 'Psychopathia Sexualis' de 1896, fueron muchas las técnicas que se usaron en todo el mundo para, presuntamente, sanar a gays y lesbianas y librarles de su dolencia, como el psicoanálisis, las terapias hormonales o el empleo de 'electroshock' y de la cirugía cerebral. «Lo nuestro primero fue pecado, luego delito y más tarde enfermedad.Esta última condena fue la que más tardamos en quitarnos de encima», señala Petit, quien recuerda que la homosexualidad sigue siendo hoy ilegal en 69 países, en doce de los cuales está condenado con la pena de muerte.

Día internacional contra la homofobia
Desde el 2004, el día internacional contra la homofobia, la transfobia y la bifobia, que se celebra este domingo, rememora una decisión administrativa que, al menos en España, sirvió para allanar el camino hacia la normalización que alcanzaría el colectivo LGTBI años más tarde.

«Al poco de la declaración de la OMS, me invitaron a una tertulia en la tele y volví a encontrarme a un psiquiatra en la mesa, pero esta vez decidí levantarme y marcharme. Fue la última vez que me pasó. Desde entonces he debatido muchas veces en público sobre derechos de los homosexuales, pero nunca más sobre si lo nuestro es una enfermedad», advierte Eugeni Rodríguez.

2018/06/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS HOMOSEXUALES Y TRANS DEL FRANQUISMO

Justicia para las víctimas homosexuales y trans del franquismo.
'La Transición no dio respuestas a homosexuales y mujeres trans (maricones y travestis en la terminología de la época) encarcelados por la Ley de Vagos y Maleantes'.
Inma García de la Fuente | El Plural, 2018-06-23
https://www.elplural.com/autonomias/andalucia/justicia-para-las-victimas-homosexuales-y-trans-del-franquismo_130775102

El próximo 26 de diciembre se conmemora el 40 aniversario de la exclusión de la homosexualidad, entre otros estados de peligrosidad, de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS). Una ley que incluyó la homosexualidad como estado de peligrosidad, pero solo para hombres homosexuales y mujeres trans, ya que para un régimen cisheteropatriarcal fascista como el franquismo, las mujeres carecíamos de deseo sexual, incapaces de dar ni darnos placer, y por lo tanto hacia innecesaria la persecución policial y penal.

El próximo 27 de diciembre habrán pasado cuatro décadas desde el momento en que los hombres homosexuales y las mujeres trans dejaron de estar amenazadas de ser detenidas por la simple sospecha de homosexualidad, encerradas y torturadas en los calabozos de las comisarías de policía, ingresadas en cárceles y psiquiátricos sin juicio y condenadas meses y años de presión, donde en el mejor de los casos solo te humillaban, torturaban y violaban, y en el peor de los casos te sometían a terapias psiquiátricas terribles como la lobotomización, el electroshock y un amplio catálogo de prácticas similares, y donde al quedar libre pero con antecedentes penales, eras desterrada durante meses o años de tu localidad.

La Transición no dio respuestas a los hombres homosexuales y mujeres trans (maricones y travestis en la terminología de la época) encarcelados por la Ley de Vagos y Maleantes (LVM) y de la LPRS, ya que no pudieron acceder a ninguna de las dos amnistías decretadas en los primeros años de la monarquía del rey Juan Carlos y continuaron con unos antecedentes penales que le impedían el acceso al mercado de trabajo.

La Constitución no recogió ninguna de las exigencias que la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE) y por eso promovieron el voto negativo en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Para vergüenza de todos, la exclusión de la homosexualidad de la LPRS tuvo que esperar varias semanas después de ratificada la Constitución de 1978 por parte del pueblo español.

Y es que la nueva democracia fue tan injusta e insensible con las víctimas de la LVM y LPRS como lo había sido la Transición: no hubo reconocimiento, justicia ni reparación por parte del Estado a miles de presos que sufrieron detenciones arbitrarias, torturas policiales y médicas, ingresos en prisión sin juicio y expulsados de sus trabajos y familias. Un espeso manto de silencio cubrió la vida de miles de hombres homosexuales y mujeres trans, mientras la sociedad y sus representantes políticos, sociales y sindicales miraban hacia otra parte.

En estos 40 años han fallecido la mayoría de ellos y de ellas, en el mismo silencio injusto en el que la mayoría vivieron sus vidas. Tan solo una tardía e incompleta reparación en el gobierno de Rodríguez Zapatero, al calor de la Memoria Histórica, permitió un reconocimiento público a las víctimas en el Congreso de los Diputados y tan solo un centenar de víctimas pudieron cobrar unas indemnizaciones insuficientes y mal planteadas.

Pero siendo importante la reparación, las víctimas demandan también justicia. Una justicia que no ha llegado nunca. Saber el nombre de sus torturadores, conocer y denunciar los mecanismos políticos, médicos y judiciales que permitieron la tortura y las mutilaciones médicas, denunciar el silencio cómplice de instituciones y personas, y eliminar sus fichas policiales de los sistemas informáticos policiales, es una necesidad compartida por todas las víctimas que el movimiento LGTBI no debe olvidar.

Por ello, la Federación Plataforma Orgullo LGTBI Andalucía quiere dar voz a sus demandas y sumarse a sus peticiones. Y en la gran manifestación del Orgullo LGTBI Andalucía de este año recorrerá las calles de Sevilla el 23 de junio de 2018, exigiremos justicia y reparación para las víctimas de las leyes de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Inma García de la Fuente es presidenta de la Federación Plataforma Orgullo LGTBI Andalucía.

2018/03/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LAS PUTAS QUE CLAMARON POR MARÍA ISABEL

Las putas que clamaron por María Isabel.
Andrea Momoitio | Pikara, 2018-03-05

https://www.pikaramagazine.com/2018/03/huelga-prostitutas-las-cortes-bilbao/ 

En los 70, las reivindicaciones de los presos considerados ‘comunes’ o ‘sociales’ sonaban con fuerza en el Estado español. En noviembre de 1977, en la prisión de Basauri, María Isabel Gutiérrez Velasco aparecía muerta en su celda. Las prostitutas de la ciudad se unieron a las protestas para derogar la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y denunciar así la muerte de su compañera.

Nadie lo diría hoy, pero durante un tiempo, en la calle bilbaína de Las Cortes brillaban más las luces de neón que las de la policía. El barrio, un arrabal hasta la mitad del siglo XIX, creció sin control con el desarrollo económico de la ciudad, atravesó momentos muy distintos, de la bonanza a la precariedad más absoluta, hasta convertirse en una de las zonas con más personalidad de la capital bizkaitarra. Bilbao no se entiende sin estos barrios, alejados urbanísticamente del centro, pero situados en el corazón de este pequeño rincón del mundo, escondido entre montañas y atravesado por sus vientos de grandeza. Pero, aunque resulte excepcional, Bilbao cede en estas líneas el protagonismo a una historia apasionante o, más bien, a los pequeños retales emocionantes que hemos podido construir de ella. Acomódense en sus asientos.

Poco o nada hemos podido averiguar sobre quién era María Isabel Gutiérrez Velasco. Pudo haber nacido en Asturias o en Cantabria, entre 1953 y 1954. Un cálculo, aproximado, porque lo que sí sabemos es que tenía 23 años cuando murió, en noviembre de 1977. Quizá mejor si hacen la resta ustedes mismos, que no es leyenda urbana la dificultad de las periodistas con las matemáticas. Murió en Basauri, una localidad a unos 5 km de la capital. En algunas referencias de la hemeroteca se sitúa su nacimiento en Cantabria, concretamente en Santander, pero su madre vino desde Gijón al entierro. Puede que ella viviera allí o que la noticia esté mal redactada. La homilía se celebró en la Iglesia de Corazón de María, en el barrio de San Francisco. Dicen que hubo mucha gente, pero faltó María Isabel: su cuerpo estaba tan deteriorado, que se decidió que el cadáver no entrase en la Iglesia. Esperó en la puerta. El olor, dicen en una noticia de entonces, era insoportable. Marta, nombre ficticio, se acuerda perfectamente de su compañera, aunque no se acuerde ya de casi nada, y asegura que era una mujer “guapísima, guapísima, guapísima” y muy educada. Podemos intuir, entonces, que estaría de acuerdo con la decisión. María Isabel se perdió muchas cosas en su corta vida. Entre ellas, su entierro y la amnistía.

Más allá de las noticias sobre su muerte apenas hay información sobre ella. Faltan muchas piezas para completar el puzzle de su biografía y cualquier aproximación está más relacionada con la intuición que con el rigor. En el Boletín Oficial de la provincia de Santander aparece en varias ocasiones su nombre. En 1973, estuvo acusada de estafa y de robo y, según aparece publicado en estos documentos oficiales, estaba entonces en paradero desconocido. Tendría 18 ó 19 años. Llegó a Bilbao probablemente en tren, el medio de transporte más habitual en aquel momento entre esta ciudad y las provincias de Cantabria y Asturias, pero no sabemos cuándo ni con qué intención. Trabajaba de prostituta cuando, dicen, robó en la tienda Bernardo.

Bernardo Gómez tenía una tienda de dulces en la calle San Francisco, paralela a Las Cortes, donde María Isabel trabajaba de prostituta. El 4 de noviembre de 1977 fue detenida por robar, según informan algunos periódicos de la época, unos pasteles. Él, sin embargo, declaró días después del fallecimiento de María Isabel que nunca había denunciado tal hurto: “Sería importante que este punto se aclarara ya que la citada joven era una buena clienta mía y nunca he tenido queja alguna”, declaró al periódico ‘El Correo Español’ el 11 de noviembre de ese mismo año. Aseguraba, en las mismas páginas, que prefería no interponer denuncia por los daños que se habían ocasionado esos días en su negocio, pero, ¿quién y por qué agredió al tendero? ¿Robó o no robó María Isabel los dulces? En el barrio no han sabido decirme si Bernardo sigue o no vivo —tampoco he hecho, nadie vaya a creerlo, una gran labor de investigación— y ya sabemos la fortuna que corrió ella. No tenemos respuesta para ese interrogante, pero si se llevó o no algo de aquella tienda resulta anecdótico en la historia de la única huelga de prostitutas de la que se tiene constancia en el Estado español.

María Isabel prendió fuego a la cama de la celda de la prisión de Basauri en la que estaba encerrada un martes, concretamente el primer martes del mes de noviembre de 1977. Ese mismo día le habían anunciado su traslado a un centro psiquiátrico de Madrid. Ninguna de las noticias a las que hemos tenido acceso cuentan los motivos: ¿Tenía, efectivamente, algún problema de salud mental o su traslado respondía a los requerimientos de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que aún estaba en vigor? Esta ley pretendía “defender a las sociedad contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas, entrañan un riesgo para la comunidad”. La prostitución, por ejemplo. Heredera directa de la Ley de Vagos y Maleantes, consideraba peligrosos a todos los que realicen actos de homosexualidad, mendigos, “vagos habituales”, ebrios o toxicómanos, entre otros. La ley, completamente derogada en 1995, establecía distintas medidas de seguridad para proteger a la ciudadanía de bien de estos “rufianes”. A los que realizaban actos de homosexualidad y a las que habitualmente ejercían la prostitución se les imponía el “internamiento en un establecimiento de reeducación” y “la prohibición de residir en el lugar o territorio que se designe o de visitar ciertos lugares o establecimientos públicos, y sumisión a la vigilancia de los delegados”. Quizá por eso quisieron enviar a María Isabel a Madrid. Quizá para evitarlo o, tal vez, para llamar la atención sobre su situación, quemó la cama en la que dormía y se quemó ella. Entonces, los presos afines a COPEL (Coordinadora de Presos En Lucha) se autolesionaban para protestar por la situación de abandono en la que se encontraban en las prisiones españolas. Los presos, considerados políticos, habían disfrutado ya de la amnistía del 77, pero la salida de prisión de muchas personas, con el objetivo de que pudieran participar en las elecciones, dejó en evidencia una dicotomía entre presos sociales y políticos, que aún está pendiente de revisarse.

Las calles y las cárceles ardían a finales de los 70. Organizados, las y los presos sociales situaron sus demandas en la agenda mediática de la época a través de diferentes estrategias políticas. Una de ellas, las autolesiones, pero también motines en las propias prisiones, congresos, manifestaciones o encierros. El asesinato reivindicado por el GRAPO de Jesús Miguel Haddad Blanco, director general de Instituciones Penitenciarias o el motín de la cárcel de Carabanchel fueron algunos de los momentos más álgidos en esos años de lucha. Mano a mano, con otras organizaciones de personas consideradas peligrosas para el correcto funcionamiento de la sociedad, como prostitutas o homosexuales, los presos sociales de las cárceles españolas pusieron el grito en el cielo aunque el cielo no se vea bien desde ninguna prisión. En Bilbao, por ejemplo, entonces existía la Coordinadora de Marginados, que aglutinaba las reivindicaciones de todos los grupos sociales afectados por la ley franquista. Las compañeras de María Isabel, que no se creyeron la versión oficial del suicidio, aprovecharon ese marco de protestas o, tal vez, sus clamores se instrumentalizaron, pero de una forma u de otra, las putas de Las Cortes tomaron las calles de Bilbo para convertir su dolor en rebeldía, en protesta, en rabia compartida por la muerte de una de sus compañeras.

Tras el entierro de María Isabel, con su cadáver esperando en la puerta, sus compañeras se lanzaron a las calles. Ellas no iban a esperar. Agarraban una pancarta en la que podía leerse “María Isabel, la soledad, el olvido y la desesperación te acompañaron hasta el fin. No conociste la amnistía”. Tomaron la zona del barrio de San Francisco y llegaron también con sus protestas a la Gran Vía, el corazón de la ciudad. Durante la marcha, el clima de tensión aumentaba a cada paso. Hubo destrozos en la tienda de Don Bernardo y la policía acabó disolviendo la manifestación a tiros. Rabiosas y silenciadas, las compañeras de María Isabel decidieron hacer huelga. Uno a uno fueron cerrando prácticamente todos los locales de alterne de Las Cortes y las calles aledañas. Clamaban ante los periodistas que las entrevistaron entonces: ¿Nadie escuchó los gritos? ¿Por qué no lo evitaron? La Coordinadora de Presos En Lucha ya había convocado para esos días un encierro en el Hospital de Basurto para reivindicar mejoras en el trato de los presos de la prisión de Basauri, la más cercana a la ciudad y en la que apareció muerta María Isabel. Sus compañeras decidieron unirse a la protesta y alrededor de 50 personas se encerraron en las instalaciones del hospital. Esos mismos días, convocaron también otra manifestación a la que también acudieron cientos de personas, y militantes de COPEL se encadenaron en distintas zonas de la ciudad para exigir la desaparición de las celdas de castigo o la despenalización del adulterio, entre otras aberraciones que permitía la Ley de Peligrosidad Social. Las celdas de castigo siguen existiendo hoy. Detuvieron a nueve personas aquel día. Las protestas se sucedieron, al menos, durante todo el mes de noviembre.

El 19 de noviembre, ‘El Correo Español’ publicaba un breve en el que contaban que alrededor de 40 prostitutas empezaban a reunirse para constituir un comité permanente que pudiera recoger y denunciar las vulneraciones de sus derechos. Se quejaban del trato de los dueños de los locales, de las alcahuetas y de la policía que, también entonces, realizaban redadas aleatorias: “Casualmente —explicaban al periódico— a las menos atractivas y a las que tenemos hijos que alimentar”. María Isabel tenía un hijo de cuatro años cuando murió, ¿dónde y con quién pasó aquel niño las navidades del 77?

Este trabajo está dedicado también a su memoria.

1986/07/04

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | LA PSIQUIATRÍA NORTEAMERICANA RETIRA LA HOMOSEXUALIDAD EGODISTÓNICA DE SU LISTA DE TRASTORNOS

Los psiquiatras norteamericanos retiran la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales
AFP | El País, 1986-07-04

https://elpais.com/diario/1986/07/04/sociedad/520812008_850215.html 

La Asociación de Psiquiatras Norteamericanos (APA) ha decidido dejar de considerar la homosexualidad como una enfermedad mental, incluso en los casos en que esta condición causa problemas y trastornos, a quienes la ostentan.

La retirada de la homosexualidad del código de diagnósticos oficial de la APA, en el que figuraba desde hace más de una década con la calificación de problema mental, fue decidida en la reunión que mantuvieron los miembros de esta asociación el pasado fin de semana.

El portavoz de la Asociación de Psiquiatras, el doctor Lynn Writsel, declaro en Washington que "este tipo de diagnóstico tan sólo ha sido utilizado en muy escasas ocasiones a lo largo de los últimos años, por lo que finalmente hemos considerado que no existían pruebas suficientes como para mantenerlo en vigencia".

1985/07/06

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | "EL HECHO DE DEJAR LA HEROÍNA NO ES CURATIVO", SEGÚN EL PSIQUIATRA ANTONIO MENDIZABAL

"El hecho de dejar la heroína no es curativo", según el psiquiatra Antonio Mendizábal.
Congreso en San Sebastián sobre legislación y drogas.
Rafael Castellano | El País, 1985-07-06
https://elpais.com/diario/1985/07/07/sociedad/489535204_850215.html 

Hace sólo 12 o 15 años, en Euskadi se pensaba en el alcohol como vacuna cotidiana que no permitiría jamás la penetración de otras sustancias. Olvidando que las condiciones demográficas, económicas, políticas, geográficas y psicológicas lo convertían en territorio abonado para la narcosis. Frías estadísticas sitúan hoy al País Vasco a la cabeza de Europa en consumo de heroína. Pero, más allá del guarismo, el hecho real late y se vislumbra en sus barrios y pueblos: en Rentería, Elgoibar, Bermeo, Indauchu, San Sebastián, Ondarroa, donde el ‘caballo’ corre desbocado. Antonio Mendizábal es psiquiatra, urbanista, conferenciante y virtuoso del piano. Ex teniente de alcalde de Rentería por Herri Batasuna (HB), pasó de una actividad pionera en Alcohólicos Anónimos a la organización posterior -y fallida- de comunas de rehabilitación de drogadictos. Hoy, la clientela de más de 700 heroinómanos que a diario desbordan su consulta lo convierten en un buen depósito de datos. "El caballo irrumpe de 10 años para acá. Cuando empezó a sonar y a hacer daño, me surgió un gran interés, porque se hablaba de droga y de drogadicción como circunstancias aisladas, es decir, un equivalente del alcoholismo". Equivalencia engañosa, porque "hay una normalidad del alcohol y una patología del alcohol; en la heroína, esa distinción no existe. Si el chiquiteo forma parte de nuestra cultura es porque ayuda al coloquio, mientras que la heroína aísla".

El doctor Mendizábal sitúa el problema de los estupefacientes en Euskadi "en el contexto social de los últimos 10 años, en una situación de cambio histórico y social de la llamada dictadura a la llamada democracia: el desencanto y la desilusión". Ya no se ve en la gente ni alegría ni entusiasmo. Entonces existió un suponer que el cambio iba a traer más o menos la felicidad a todos. Luego vino la frustración, las escisiones de partidos, y la euforia se fue extinguiendo". Atmósfera colectiva que da paso a dimensiones aisladas mucho más irracionales. "Al suponer que todos los problemas iban a resolverse, cada uno incluía allí la solución a su conflicto personal, individual". El facultativo debe, así, indagar las condiciones previas para que a un sujeto le induzca la heroína, y a otro, no. "Tenemos dos amigos de biografía y ambiente social similares. En un momento dado, uno se pica, y otro, no. ¿Por qué?".

Los hemos visto en la sala de espera, bajo una litografía del ‘Guernica’, con la lividez convaleciente en el rostro, hojeando revistas de la vida en rosa de las princesas de Mónaco, Julio Iglesias, Lolita, Isabel Preysler, Sara Montiel. Tienen la expresión hundida por la coz del 'jaco'. "Lo que une a los heroinómanos", nos está explicando el doctor Mendizábal, "es una falta de proyecto en la vida. Carecen de afición a nada".

La enfermera entrará, a lo largo del diálogo, dos o tres veces, con talonarios para la metadona, que Mendizábal rubrica maquinal y lacónico. Se le ilumina el rostro cuando le informan de que uno de ellos "ya no necesita más". Se trata, sin embargo, de un optimismo precario. "El hecho de dejar la heroína no es curativo. La solución no está en pensar: 'Ya no me pico' obsesivamente, sino en 1 qué voy a hacer'.

Carencia de agresividad
En cuanto a la saturación política y al desengaño militante, Mendizábal puntualiza: "A todos puede definírseles como personas que ante el conflicto optan por decaer por sufrir, en lugar de adoptar una postura agresiva frente a la vida. Cuando se lo defino, lo admiten: masoquismo". Cree el doctor que para afiliarse a un partido o sindicato es necesario un cierto grado de combatividad y creatividad. "Pero ellos carecen de esta agresividad creativa, y ante el conflicto, en lugar de atacar, se agreden. Aquí han venido algunos", revela, "que contribuyeron al cambio con actitudes muy agresivas. Pero ocurre que, después del cambio, para cambiar se precisa más agresividad que antes, que entonces era más accidental mientras que ahora debe ser más constructiva, más creativa. Y como carecen de ella, se derrumban".

Está el doctor Mendizábal firmemente convencido de que los más recalcitrantes hallarían una tabla de salvación en comunidades similares a las de las órdenes monacales de la Edad Media. "Sin mitología", recalca. Añade: "Antes, una persona en crisis vital, desorientada y sin futuro, en su fracaso caía en una mística religiosa que la conducía a un monasterio. Creyendo dirigirse a una plenitud espiritual, veían nacer en sí capacidades insospechadas: se convertían en tallistas, organistas, archiveros. "No defiendo el retorno a la vida monástica. Aquí existe un vacío que las sectas no solventan: el de los trabajos manuales y la realización personal. Lo que tiene que hacer la sociedad en este sentido está claro: la revolución cultural a ultranza".

Para el doctor Mendizábal, el ‘pavo’ o ‘mono’ ofrece un cuadro idéntico al de una depresión. "No hay", señala, "un enfermo que teniendo a mano un medicamento, una vez que se ha producido la depresión, aguante el administrárselo. Y la única diferencia entre el heroinómano y el deprimido ‘normal’ es que a éste la depresión se le despierta lentamente, en dos, cuatro, 10 años, y en el ‘yonqui’ se presenta en 24 o 48 horas, aumentada, porque el pánico crea los síntomas". Hace unos cinco años, Mendizábal organizó un falansterio de drogadictos en un caserío cercano al estudio de escultura Taller de Aia, con la esperanza de que los muchachos se sintieran atraídos por éste y cambiaran la jeringa por la maceta y el compresor. Fue en vano.

1983/08/13

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | LOS GAIS Y 'LA CLAVE'

Los gais y 'La Clave'.
XXX · Front d'Alliberament Gai de les Illes (FAGI). Cartas al Director | El País, 1983-08-13

https://elpais.com/diario/1983/08/14/opinion/429660006_850215.html 

Nos felicitamos porque al fin el pasado viernes 29 de julio se emitiera el programa 'La Clave' sobre el tema de los homosexuales, aunque la fecha escogida por televisión fuera la peor del año por ser jornada de inicio y final de vacaciones Entendemos dicha emisión como una victoria más del movimiento gai, resultado de muchos años del lucha en el Estado español; si la cuestión homosexual no estuviera en la calle no se hubiera realizado esa ‘Clave’.

Aplaudimos sin reservas la correcta actuación de Jordi Petit, representante del movimiento gai y militante del FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña), sin embargo, nos sorprende la irresponsabilidad del equipo de ‘La Clave’ y del señor Balbín, en cómo se planteó el debate. Con dos médicos tan conservadores como el endocrino y especialmente el señor psiquiatra, el diputado de AP, el jurista que no se salía de su campo específico y la entrañable lesbiana norteamericana que por cuestión de idioma no se podía integrar plenamente, el debate resultó pues tremendamente desigual y decantado en el sentido más reaccionario. Puestos a llevar médicos para hablar de los homosexuales, ¡a estas alturas!, ¿por qué no haber invitado a Castilla del Pino o al presidente de la Sociedad Catalana de Sexología del Colegio de Médicos de Cataluña y Baleares, sin ir más lejos?

El señor psiquiatra introdujo una serie de preceptos ideológicos en su pretendido discurso científico del todo inadmisible como ciencia, lógicos como reaccionario. Lamentamos que el debate girase por estas causas en tomo a la "inmadurez", la "anomalía", los gemelos monozigóticos (?), cuando con otros interlocutores se hubiera hecho un mejor servicio a la audiencia de ese día en TVE.

Como muy bien dijo Jordi Petit, no hay razón para tener que justificar la homosexualidad, existe como la heterosexualidad, pese a quien pese, y por más investigaciones que se realicen. Es una realidad de la vida humana.

¿Cuando será estudiada la clase médica, habrá factores hereditarios en esa profesión, servirá el ejemplo de los gemelos monozigóticos, todos los hijos/as de médico siguen el ejemplo de papá...? Señores de ‘La Clave’, qué mal lo han hecho. 
 

ENLACES

>
LA CLAVE: HOMOSEXUALES / TVE, 1983-07-29

Coloquio sobre la homosexualidad, presentado por José Luis Balbín. Ilustrado con la película 'El funcionario civil desnudo', del realizador Jack Gold, participan en el debate Francisco Alonso Fernández (catedrático de psiquiatría), Katty Miller [i.e. Kate Millett] (escritora), Santiago Martínez Fornés (endocrinólogo), Enrique Gimbernat (catedrático de derecho penal), Jordi Petit (activista) y Gabriel Elorriaga (diputado). 

1977/09/27

DOCUMENTACIÓN | DIGNITAT, EL GRUPO HOMOSEXUAL CATÓLICO

"Dignitat", una alternativa para homosexuales católicos.
Lola Galán | El País, 1977-09-27

https://elpais.com/diario/1977/09/28/sociedad/244249203_850215.html

El 12 de diciembre de 1973 un jesuita catalán, Salvador Guasch, decidió, en un arranque de sinceridad, declarar su condición de homosexual ante dos conocidos siquiatras. La Compañía de Jesús dio órdenes de que fuera internado y examinado en un instituto siquiátrico, cosa que se hizo inmediatamente. Salvador Guasch permaneció encerrado escasos días y al salir había madurado su idea de organizar un centro de acogida y protección a todos los elementos marginales de la gran ciudad.

De este inicial impulso de un hombre surge 'Dignitat', la otra gran organización de homosexuales que existe en Catalunya junto al ‘Front d'Alliberament Gai de Catalunya’, aunque mucho menos radical y casi exclusivamente centrada en acoger a homosexuales católicos. La tarea reivindicativa de ‘Dignitat’, que nació dependiendo del centro de potencial humano, se reduce casi exclusivamente a una dura condena a la Iglesia, y una petición clara a la sociedad de admisión y comprensión. ‘Dignitat’ carece de presupuestos políticos, y el profundo contenido católico del grupo hace que sus miembros se dediquen a cuestionar preferentemente la actitud de los católicos hacia el problema ‘gai’.

«Afirmamos que el correcto desarrollo del propio potencial sexual ayuda a las personas a ser más humanas y felices. Por ello creemos que las personas deben tener la oportunidad de descubrir, definir y vivir racional y dignamente su identidad sexual.»

‘Dignitat’ traduce de alguna forma a la realidad española el intento norteamericano del padre Jhon McNeil: ‘Dignity’, presente en numerosos estados de los EEUU. De ahí que se haya destacado como uno de los más fervientes defensores de la difusión del libro del jesuita norteamericano «La Iglesia y el homosexual», actualmente con grandes dificultades ante la Iglesia.

El difícil equilibrio entre homosexualidad e Iglesia se mantiene, sin embargo, durante los últimos años y para ‘Dignitat’ precisamente porque ‘la homosexualidad es un don de Dios’, es inadmisible la actitud de la alta jerarquía eclesiástica, a la que denuncia repetidas veces: «Denunciamos a la Iglesia que oponiéndose al diálogo sobre la homosexualidad quiere continuar manteniendo una moral inadecuada y decadente. Denunciamos a la Iglesia como responsable de muchos suicidios de homosexuales que no encontraron la comprensión, la orientación, el consuelo y el apoyo que en vano buscaron de confesionario en confesionario. Porque obligando a los sacerdotes y religiosos homosexuales a esconder su identidad les obliga a mentir y a vivir en la hipocresía tan condenada por Jesucristo.»

Homosexualidad en familia

‘Dignitat’ mantiene contactos con numerosos grupos ‘gai’, y en concreto con el FAGC, aunque manteniendo posturas radicalmente diferentes. El apoliticismo de ‘Dignitat’ se complementa con una falta general de beligerancia en sus críticas, con una tendencia a la moderación que no supone, sin embargo, reducción alguna en la eficacia de su labor, desarrollada a través de charlas, coloquios, conferencias, pretendiendo siempre en última instancia una toma de contacto con las gentes afectas por la dificultad de asumir una personalidad homosexual en nuestra sociedad. La labor de este grupo católico se ha centrado también en los familiares de homosexuales para hacerles comprender de una manera clara el derecho de cada individuo a desarrollar su propia sexualidad, sea la que sea, porque sólo en una sociedad capaz de funcionar sobre planteamientos libres es posible la existencia de hombres felices y humanamente sanos.

‘Dignitat’ ha pretendido a lo largo de su existencia «que el homosexual tenga conciencia de su dignidad como hombre y como cristiano y de la necesidad que tiene de liberación personal de sus propios prejuicios y de los prejuicios de los demás».

Una de las preocupaciones constantes de esta organización ha sido la de mantener contactos con los diferentes grupos de homosexuales en España y en el extranjero para intercambiar experiencias y mantener una comunicación especialmente valiosa entre personas que sufren una marginación tan dura.

Salvador Guasch no es jesuita.
Director de la Oficina de Prensa de la Compañía de Jesús de España | Cartas al director | El País, 1977-10-14

https://elpais.com/diario/1977/10/15/opinion/245718009_850215.html 

Con referencia a la información aparecida en su periódico sobre el movimiento «Dignitat», promovido por Salvador Guasch, al que se le presenta como perteneciente a la Compañía de Jesús, debo comunicarle, que Salvador Guasch dejó de ser jesuita el 7 de junio de 1975.

1977/05/18

DOCUMENTACIÓN | LA PSIQUIATRÍA CONSIDERA QUE LA PRÁCTICA HOMOSEXUAL NO DEBE CONSIDERARSE VICIOSA O DELICTIVA

Debe reformarse la legislación sobre la homosexualidad.
El País, 1977-05-18

https://elpais.com/diario/1977/05/19/sociedad/232840803_850215.html

La sección colegial de siquiatras del Colegio de Médicos de Barcelona ha remitido una nota sobre la homosexualidad y su ordenamiento jurídico, en la que señala la necesidad de una campaña de información pública sobre esta cuestión que «permita corregir las actitudes y opiniones de la colectividad en cuanto a la homosexualidad». Hace un mes salió a la luz pública el caso de S. M. En la sentencia que se le aplicó se dice que «la homosexualidad es susceptible de reeducación y rehabilitación mediante el correspondiente tratamiento». En aquel momento vario siquiatras del Colegio de Barcelona se pronunciaron en el sentido de que «la reeducación del homosexual y su terapia es inoportuna» señalando, además, que es inevitable e inmodificable. Ante este hecho, ‘Dignitat’, organización que ha nacido para defender al homosexual y ayudarle en la tarea de su liberación, pidió al Colegio de Médicos de Barcelona y a su sección de Siquiatría que se pronunciara sobre quiénes son de condición homófila.

La sección de Siquiatría ha remitido a ‘Dignitat’ su opinión:

«A través de informaciones privadas o públicas se llega al conocimiento de actuaciones legales con determinadas personas detenidas o por lo menos abordadas a causa de su comportamiento sexual. La mayor parte de estos casos corresponden a actividades de orden homosexual.»

Los siquiatras hacen entonces las siguientes consideraciones: «El comportamiento o tendencia homosexual forma parte de las posibles formas de ejercer la sexualidad un individuo normal. Sí esto sucede dependerá de las experiencias personales a lo largo de su vida y ni siquiera podemos considerarlo como una cuestión médica ‘per se’.»

«El hecho de que el comportamiento heterosexual sea mayoritario en nuestra sociedad no permite que se considere la práctica homosexual como viciosa o delictiva. Es lo significa que nuestra legislación ha de experimentar los cambios imprescindibles para que se adapte a los conocimientos científicos actuales y no a los prejuicios tradicionales.»

Añaden que estas consideraciones muestran la necesidad de una campaña de información pública sobre esta cuestión que permita corregir las actitudes y opiniones de la colectividad en relación a la homosexualidad. «Asimismo el necesaria una nueva consideración colectiva del problema que permita definir conceptos como ‘escándalo público, perversión y otros’, todos ellos de gran importancia por su repercusión sancionadora de los comportamientos humanos.»

Es esta la segunda vez que los siquiatras del Colegio de Barcelona se pronuncian en torno a este tema. La primera fue en el mes de diciembre del pasado año. Entonces veinticuatro profesionales dijeron: «La conducta homosexual no se modifica aplicando al sujeto homosexual medidas de tipo correccional ni de privación de libertad; tal tipo de medidas pueden ocasionar conflictos sicológicos que configuren en el sujeto trastornos de conducta posteriores.»

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...