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2022/01/23

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | 10 AÑOS SIN PACO ESPAÑA, EL TRANSFORMISTA QUE SE ATREVIÓ A VESTIRSE DE MUJER DURANTE EL FRANQUISMO

Vanity Fair / Paco España //

10 años sin Paco España, el transformista que se atrevió a vestirse de mujer durante el franquismo.

Francisco Morera García dejó Canarias con 16 años y llegó a Barcelona para convertirse en ‘showman’, presentador, empresario y un icono indiscutible del transformismo en tiempos de Franco.
Álex Ander | Vanity Fair, 2022-01-23
https://www.revistavanityfair.es/articulos/paco-espana-transformista 

Algunas de las personas que le conocieron comentan que vivió como una reina y murió como un cuasi pordiosero. Paco España fue uno de los primeros artistas de su generación que subió a los escenarios vestido de mujer cuando aún no había muerto Franco. Durante varios años, saboreó las mieles del éxito de su arte y ganó dinero a espuertas. Arrancó carcajadas y aplausos con sus canciones, bailes y frases marca de la casa (como "Damas, caballeros y mariquitas simpatizantes"), se codeó con la flor y nata del folclore patrio, y hasta despertó celos y envidias. Pero los tiempos de las vacas gordas marcharon, y su incapacidad de reinventarse para conservar su lugar entre los transformistas del momento le condujo a la ruina y el olvido.

Francisco Morera García, más conocido por su alias Paco España, nació en Las Palmas de Gran Canaria el día 20 de noviembre de 1945, pocos años antes de que Franco introdujera a los homosexuales como ciudadanos a perseguir dentro de la Ley de Vagos y Maleantes (curiosamente, vino al mundo el mismo día que el dictador se fue al otro barrio —aunque 30 años antes—). Tenía carisma ya desde muy pequeño, y más de una vez cantó en las parroquias y los festivales infantiles que se organizaban en su zona, y se presentó en las emisoras locales de su ciudad imitando a Joselito. "Cantaba canciones del cancionero español", explicó acerca de sus primeras inquietudes artísticas. "Estaba muy bien en Canarias, todas las semanas había un programa en Radio Las Palmas los días sábados, y yo siempre estaba de artista invitado".

Con dieciséis años, cuando ya empezaba a darse a conocer en las islas, hizo las maletas y dejó el barrio de La Isleta para probar suerte en Barcelona, donde al principio le rechazaron más de una vez por su aspecto físico. "No fue fácil", contó. "Estuve allí quince días buscando trabajo y no me daban. Me hacían pruebas y todo (como cantante), porque era la única forma; si no, me tenía que meter a fregar platos. Llegó un momento que me vi muy desesperado al no encontrar trabajo [...] En ese tiempo estaba en Barcelona muy de moda el travesti, y yo estaba acostumbrado a vestirme de china en el carnaval de mi tierra, y entonces me dije: 'Si canto, puedo hacerlo vestido de chica'".

Tras superar una prueba para entrar a trabajar en la sala de fiesta ‘Barcelona de noche’, en pleno Barrio Chino, fue contratado (y bautizado como Paco Spain) para regalar copla y cachondeo a los asistentes a aquel local. Al principio, lo hacía vistiendo pantalones (aunque maquillado como una mujer) y ganaba apenas 400 pesetas al día. Al cabo del tiempo empezó a adquirir popularidad en la escena canalla de la Ciudad Condal, donde en los años difíciles del tardofranquismo parecía soplar un mayor viento de libertad. "Las primeras veces me sentí muy cohibido. Me sentía como desnudo en la pista. Salía frío creyendo que hacía el ridículo. Pensaba: '¿Qué necesidad tengo de estar vestido de mujer para hacer esto?'. Pero es que, si no lo hacía, no comía. Poco a poco me tuve que ir acostumbrando y ya me fue gustando", confesaría luego el canario, quien se definía a sí mismo como un hombre bisexual, y acabó enamorándose de una bailarina de su espectáculo con la que tuvo a sus dos hijos, Ricardo y Mariángeles —lo que no impidió que también tuviera sus amantes masculinos—.

En 1975, el propietario de la sala en la que Paco trabajaba decidió llevárselo a Madrid. Allí, el artista pasó cuatro años ejerciendo de presentador y ‘showman’ (primera figura) de la sala de fiestas Gay Club, ubicada en los bajos del Hotel Nacional y con capacidad para casi 500 personas. Los admiradores de Paco, que llegó a convertirse en emblema de aquella mítica discoteca gracias a espectáculos como ‘Loco, loco cabaret’, han destacado siempre su gran capacidad para reírse de sí mismo y lo valiente que fue en su día para atreverse a subirse a un escenario ataviado con ropa de mujer en una época en la que el travestismo podía ser motivo de denuncia de acuerdo con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. "Yo actuaba con Franco, y en el camerino había una bombilla que encendían desde fuera cuando venía la policía al local, y entonces, en vez de vestido, nos poníamos pantalones, pero salíamos a trabajar igual. Al final, la policía nos dejó por imposibles", recordaría el propio artista en una entrevista de 2006.

Con el tiempo, Paco se animó a probar suerte como empresario, lo que hizo que en esa época empezara a recorrer el país con su ‘show’ de transformismo. El artista José Ignacio Galán (Nacha La Macha), que ha estudiado su biografía y recientemente le dio vida en el exitoso musical ‘Paco España, de la gloria al olvido’, sostiene que el canario logró sacar el arte del transformismo de las salas clandestinas de aquella España gris para arrastrarlo hasta los circuitos del ‘mainstream’. “Siempre se decía que Paco era un imitador de Lola Flores, pero él no era un imitador al uso”, comenta a ‘Vanity Fair’. "Paco hacía parodia de Lola, y utilizaba su voz cuando cantaba en directo. Él era un showman. Hacía canciones, algunas compuestas para él (como ‘Guerra pa mi cuerpo’ o su gran éxito ‘Mi vida privada’), y era el número uno en los chistes y la interacción con el público, con esa frescura y esas burradas que otros artistas no se atrevían a decir. El suyo era un humor del pueblo y para el pueblo, e ir a ver un show de Paco España en aquellos momentos era sinónimo de libertad, era ser moderno".

En cuestión de varios años, Paco tuvo ocasión de lanzar discos (alguno de ellos fue grabado en directo en su local de cabecera), hacer teatro y aparecer en varias películas (durante la dictadura, estaba permitido que un hombre apareciese en pantalla o sobre el escenario transformado en mujer, siempre que fuera objeto de burla y escarnio). Cuando el Caudillo murió y el aparato censor desapareció con la aprobación de la Constitución, comenzaron a producirse largometrajes que mostraban la homosexualidad de distinto modo. En ‘Haz la loca... no la guerra’ (1976), por ejemplo, apareció por primera vez un grupo de homosexuales no fingidos que se mostraban orgullosos (Paco España sale en la película dando vida a un travesti llamado Coliflor que interpreta ‘Mi vida privada’ en el Gay Club).

Las canciones del canario pasarían a formar parte del repertorio de otros artistas transformistas. Según explica el profesor Julio Arce en su artículo ‘Paco España y el travestismo escénico durante la transición’, Paco "construyó un repertorio de canciones mediante la apropiación de éxitos convencionales o canciones propias que reivindicaban la libertad sexual, unas veces haciendo uso de la parodia y la ironía, otras sirviéndose del molde de la copla y la canción melódica". Algunos intelectuales de la época presumían de admirar a Paco, cuya obra de teatro ‘Madrid... pecado mortal’ (una comedia musical con música de Juan Pardo) colgó durante un par de años el cartel de no hay billetes en el Teatro Muñoz Seca. Lola Flores acudió una tarde a ver aquella función y, al ver al canario recibiendo risas y aplausos mientras realizaba una imitación de una de sus hijas, se puso hecha un basilisco. Tal fue el escándalo que armó la jerezana (increpando a los actores y al autor del texto), que la representación tuvo que interrumpirse por unos minutos. Por lo visto, el empresario del Muñoz Seca acabó interponiendo una denuncia y, aunque la Faraona fue condenada como autora de una falta de orden público, la sangre no llegó al río y Paco y ella terminaron haciendo las paces.

"Trabajó muchísimo", apunta Galán. "Hubo un momento en Madrid en el que Paco hacía dos funciones de aquella obra y luego, cuando las terminaba, se iba al Gay Club para hacer un espectáculo del cual él era el conductor y la estrella principal. Podía terminar a altas horas de la madrugada, y luego se iba de fiesta a la sala Bocaccio, hasta las mil". Sin embargo, su carrera fue perdiendo fuelle desde finales de los ochenta, a medida que el transformismo clásico empezó a pasar de moda y, tal y como apunta el escritor Alberto Mira en ‘De Sodoma a Chueca’, se fue imponiendo poco a poco "un nuevo repertorio" que prescindía de la copla e "incluía el destape y los travestis hormonados como una alternativa 'moderna' y democrática a los viejos iconos que reproducían los transformistas".

De manera esporádica, Paco continuó haciendo bolos en varios locales de Madrid hasta finales de los noventa. Pero aquel paulatino declive, unido a lo confiado que era y a la mala gestión del dinero que había ganado, fue el principio del fin para él. "Yo llevaba un representante que era mi amante. Era el que manejaba el dinero, y se murió con 52 años. A partir de ahí tuve dos años de depresión, me vi sólo, no entendía nada del papeleo y de repente vi que no tenía dinero ni para pagar la casa", comentó en una de sus últimas entrevistas. "Antes de regresar a Canarias, Paco siguió intentando trabajar en Madrid", apostilla Galán. "Se tiró una temporada en Valencia, donde tenía amigos que le ayudaban, y siguió haciendo galas hasta que ya su cuerpo no pudo más y regresó a Canarias. Tuvo que vender todos los trajes que tenía. Yo mismo le conocí una noche en la discoteca ‘A Noite’, y me ofreció venderme uno de sus vestidos. Se lo quise comprar pero no pude, porque ese día no llevaba dinero encima y ya luego nunca más le vi. Pero mira cómo es la vida que, cuando hicimos público que ‘Paco España, de la gloria al olvido’ se iba a estrenar, se puso en contacto conmigo su hijo Ricardo, quien, después de conocerme, decidió regalarme el único vestido que conservaba de su padre (uno rosa de lentejuelas) para que yo lo tuviera y pudiera usarlo en la función".

Cuidado por su hermana Fefina, Paco pasó sus últimos años entre el dolor de depresión y alguna actuación esporádica en una terraza del Centro Comercial Yumbo. "Ya no era el mismo Paco que había sido, pero sí tengo que decir que no murió olvidado. Él seguía teniendo el cariño de su gente y, sobre todo, de sus hijos. Ricardo estuvo ahí y le ofreció su ayuda, pero Paco no quiso irse a vivir a Barcelona con él y sus nietas, porque no quería ser una carga para él". En 2011, Fefina llegó a ponerse en contacto con la redacción del diario local ‘La Provincia’, con la esperanza de que pudieran prestarle ayuda a su hermano. La periodista que acudió en su busca, Marisol Ayala, pudo constatar que Paco España estaba ya en sus horas más bajas: anímicamente destruido, sin un duro en el bolsillo, y entregado al tabaco y la bebida como refugio. "Hay días que quiero morir. Jamás pensé que un artista como yo terminara así, en la calle, en una pensión, viviendo de la caridad de la gente", le confesó Paco, nombrado Hijo Predilecto de Las Palmas a título póstumo. Unos meses después de aquel encuentro, el 23 de enero de 2012, el artista falleció a causa de un cáncer. Tenía 66 años, cierto aire menesteroso y el corazón cargado de nostalgia.

2020/06/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LA INCREÍBLE HISTORIA DEL MATRIMONIO FALLIDO ENTRE ELTON JOHN Y RENATE BLAUEL

La increíble historia del matrimonio fallido entre Elton John y Renate Blauel.
Solo hace tres años, el cantante pidió perdón a su exesposa por "no haber aceptado quién era él". Ahora, ella ha iniciado un procedimiento legal cuyos detalles se desconocen, un movimiento inusual en una mujer que siempre quiso mantenerse en la sombra.
José Manuel Ruiz Blas | Vanity Fair, 2020-06-26
https://www.revistavanityfair.es/sociedad/celebrities/articulos/la-increible-historia-del-matrimonio-fallido-entre-elton-john-y-renate-blauel/29092 

En el muy romántico día de San Valentín de 1984, Elton John y Renate Blauel contrajeron matrimonio en Darling Point, un idílico suburbio de Sydney (Australia). El motivo distaba de ser honesto: Elton (conocido en el circuito gay como “Sharon”) pretendía encubrir su homosexualidad valiéndose de Renate, una ingeniera de sonido alemana y ex azafata de vuelo a quien conoció un año y medio antes en la isla caribeña de Montserrat, con quien trabajó en la grabación del álbum ‘Too Low For Zero’. Que el siguiente álbum se llamara 'Breaking Hearts' resultó premonitorio. En 1988, el matrimonio se rompería tras cuatro años de rupturas y reconciliaciones. “Elton apenas estuvo con ella debido a su trabajo”, dijo su amigo Ed Coan. Los anglosajones tienen una palabra que define ese rol: 'beard' (barba), que en el argot de los años cincuenta describía a las parejas de que se hacían acompañar los homosexuales para disimular sus tendencias sexuales.

Alguien apuntó que Elton John, aterrorizado ante la perspectiva de una delicada operación de garganta, necesitaba una enfermera. Pero como maniobra para enterrar las sospechas de su homosexualidad la boda dejó que desear. El atuendo del novio no contribuía a enterrar habladurías: chaqueta blanca de frac, canotier de gondolero con cinta de raso lila, camisa de rayas marineras con corbata de lazo malva. Hubo una tarta cursi hasta lo estupefaciente, con varios pisos de nata y artesonados de fondant, pero no hubo luna de miel: Elton partió al día siguiente para iniciar una gira por Nueva Zelanda. En cuanto al beso de recién casados... bueno, hemos visto bocas juntarse con más pasión en maniobras de reanimación cardiorrespiratoria.

La novia, con ciego encandilamiento, dijo que era el tipo más amable que había conocido. “Me siento fabulosa. He oído todo tipo de historias sobre él, y que se supone que es bisexual, pero eso no me preocupa”. Cuando decía “se supone” quizá ignoraba que fue el propio Elton John quien declaró su bisexualidad en 1976, en un acto de gran coraje para la época.

Renate recibió la propuesta de matrimonio en un restaurante indio de Sydney un viernes, mientras comían pollo al curry, y el martes ya estaba delante del altar con Sir Elton Hercules John. Pese a la precipitación, Renate exhibió un vestido de novia recamado de 63 diamantes. El sueño concluyó en divorcio en 1988, sólo cuatro años después. Renate percibió 45 millones de libras y una casa en Surrey, pero ni un solo automóvil de la flota de Bentleys del divo atormentado.

Elton corrió a llorar en el hombro de su amiga Sarah Ferguson, Fergie, duquesa de York y también carne de tabloide. La ya expareja se propuso conservar la amistad, quizá lo único que había entre ellos: los rumores apuntaron a que el matrimonio nunca se consumó dentro de las paredes de su mansión de 7 millones de libras en Old Windsor. Habitaciones separadas, rostros mohínos y una agenda de encuentros paralelos en suites de hoteles de lujo fueron la rutina con que Elton escapó del tedio marital. Renate, por su parte, se volcó en su faceta profesional, sobre todo en la carrera de su amiga íntima la cantante Sylvia Griffin, dando pie a maliciosos rumores de lesbianismo. No faltaron tampoco las escenas: Renate trepando por una escalera para acceder al dormitorio de Elton, Renate arruinando la fiesta del cuarenta cumpleaños de Elton en 1987... Su canto del cisne fue la fiesta de 44.000 dólares con que el cantante agasajó a la alemana un año después, una de las pocas ocasiones en que se les vio felices, pero sobre todo juntos, de su matrimonio.

No es que Renate no hubiera podido verlo venir. En 1981, el cantante había ido un paso más allá en su ‘outing’ regalando al mundo ‘Elton's Song’ (La canción de Elton) , una doliente balada autobiográfica que narra los amores proscritos de un muchacho por un compañero de clase cuyo videoclip, ambientado en un colegio inglés (jerseys de regatas, vestuarios y partidos de criquet) no llegó a proyectarse en las televisiones debido a la censura.

Para ser honestos, si Elton seguía dentro del armario, este tenía las puertas entreabiertas. "Aún no sé cómo me salvé de morir de sida, habiéndome acostado con la mitad de Estados Unidos", dijo una vez Elton. Oh, eran los locos 80, tiempos de armario y pandemia, y del rearme moralista que llevó aparejado el reaganismo en el contexto de una guerra fría que tanto inspiró a The Rocket Man.

Porque quizá su más incomprendida llamada de socorro se alimenta de ella. Hablamos de ‘Nikita’, una de sus canciones más celebradas, que describe una historia de amor imposible entre el cantante y Nikita, una mujer que pertenece a la Guardia fronteriza de la Alemania del Este encargada de custodiar el Muro de Berlín. El foco de la trama romántica es sencillo.

Elton acude a diario con su Bentley rojo descapotable y se instala a escasos metros del Muro, a ejercer de mirón y canturrear lastimeramente su amor imposible por Nikita, interpretada en el videoclip por la actriz y modelo Anya Major.

“Hey, Nikita, ¿hace frío en tu pequeño rincón del mundo?”, susurra nuestro hombre.

Elton dibuja corazones en el suelo cubierto de nieve mientras le apuntan los cañones de luz de la garita de vigilancia. Elton hace pucheros en el control de pasaportes. Elton bebe los vientos por Nikita. ¿Estaba Elton queriendo decirnos algo? ¿Estaba siendo Renate Blauel demasiado crédula? La respuesta es: muy probablemente sí.

Para empezar, Nikita es un nombre ruso... de varón. Y no debieron abundar las mujeres entre los temidos Grenztruppen que hacían el paso de oca y disparaban a matar a quien osara atravesar el Muro. Y está el enojoso asunto de la sombra de bigote que se atisba sobre el labio superior de Anya Major. Y la clase de fantasías que alimenta Elton son exactamente el tipo de actividades que uno compartiría con un camarada confianzudo: ir a la bolera, jugar al ajedrez o ir a ver un partido de fútbol del Watford.

Abotonada además por los sedosos coros de George Michael, la canción tiene la textura de una confesión a medias.

Cuatro años después se rompería el matrimonio entre Elton John y Renate Blauel. Elton se arrepiente de haberle causado una tristeza perdurable. Lo dijo el año pasado públicamente en su cuenta de Instagram, con motivo del referéndum en Australia para la legalización del matrimonio homosexual. Sus palabras exactas fueron estas:

“Hace muchos años escogí Australia para mi boda con una mujer maravillosa a la que aún profeso amor y admiración. Quería por encima de todas las cosas ser un buen marido pero negaba quién era realmente, lo que causó a mi esposa mucha tristeza y a mí mismo mucha culpa y arrepentimiento”.

No debió de ser fácil para él, aprisionado en un mundo donde la homofobia establecía un pesado precinto sobre su vida sentimental y su carrera, con el estigma del sida al fondo. Renate y él no han vuelto a tener contacto desde entonces. Hoy Renate vive recluida en una casita de campo en Shackleford, un pueblo de Surrey, de la que apenas sale salvo para comprar comestibles en la tienda del pueblo o pasear a su perrito spaniel de grandes orejas colgantes.

De su pasado con Elton sólo queda un Mercedes-Benz coupé de color verde y un bolso Louis Vuitton. Poco sociable, es una gran desconocida para sus vecinos. Nunca ha hablado sobre su fallido matrimonio y se adivina que convive con un dolor profundo. Elton en cambio volvió a casarse en 2005, esta vez con David Furnish, con quien tiene dos hijos: Elijah y Zachary. Dos años después de su salida del armario, cayó el muro de Berlín. Ignoramos la suerte que corrió el bueno de Nikita.
 

Y TAMBIÉN…
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Elton John es denunciado por su exesposa Renate Blauel por revelar detalles de su vida en sus memorias.
El cantante y la ingeniera de sonido alemana se divorciaron en 1988 tras cuatro años casados y, desde entonces, ella siempre se ha mantenido alejada de los focos.
La Vanguardia, 2020-06-26
https://www.lavanguardia.com/gente/20200626/481957115859/elton-john-exmujer-renate-blauel-demanda-memorias-rocketman-homosexualidad.html
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Orgullo Gay: famosos que hicieron pública su homosexualidad antes que Pablo Alborán.

Jorge Javier Vázquez, Ricky Martin y Miguel Bosé, entre otros muchos.
A.A. | La Razón, 2020-06-27
https://www.larazon.es/gente/20200627/tfd5gpx2wvcdbfw6u37udq4ezi.html

Elton John. En 1988, tras divorciarse de su exmujer Renate Blauel, el cantante declaró abiertamente su homosexualidad y aunque, tal y como él mismo confesó, no fue nada fácil, desde entonces es uno de los rostros más activos en la lucha por los derechos de los gais. En 2005 contrajo matrimonio con su actual pareja, David Furnish, con quien tiene dos hijos fruto de su relación.  
 
NOTA: Aunque aquí se comenta que Elton John se declaró abiertamente homosexual en 1988, tras el divorcio de Renate, otras fuentes situán esta declaración pública en 1992. 

2019/10/27

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | PETER BERLIN, EL ICONO GAY QUE SE HACÍA 'SELFIES' ERÓTICOS EN LOS 60 Y LOS ENVIABA POR CORREO

Peter Berlin, el icono gay que se hacía 'selfies' eróticos en los 60 y los enviaba por correo.
Personaje de sí mismo, este alemán consiguió vivir de sus autorretratos eróticos cinco décadas antes de Instagram y se cruzó con Mapplethorpe, Dalí o Warhol hasta que se retiró tras la epidemia del sida.
Begoña Gómez Urzaiz | Vanity Fair, 2019-10-27
https://www.revistavanityfair.es/cultura/articulos/peter-berlin-icono-gay-selfies-eroticos/41308

“El primer artista gay conceptual”, dice de él el fotógrafo Jack Pierson. “La versión surfera del clásico dios sexual ‘leather’ de Jean Genet”, define la cineasta y performer Kembra Pfahler. “Él fue como Mae West, pero en hombre. Al igual que West, él es totalmente autoinventado, celebrado e influyente”, sentencia John Waters. La obra de Peter Berlin, que no fue otra cosa que él mismo, ha tardado unas décadas en comprenderse pero ahora cobra todo el sentido ¿Acaso hay más actual que alguien que se cambia el nombre, se crea un ‘look’ y un personaje y se dedica incansablemente a autofotografiarse?

Omar Sosa, uno de los fundadores de la revista ‘Apartamento’, ha coordinado ‘Peter Berlin: Artist, Icon, Photosexual’ un libro que edita Damiani dedicado a este pionero de la estética gay que colaboró con Robert Mapplethorpe y Tom of Finland y se cruzó con gente como Valentino y Dalí mientras, como dicen varios de los entrevistados “hizo ‘cruising’ por la vida”.

Musculado, depilado y marcando paquete con ajustados pantalones de cuero, Berlin, contribuyó, a decir del crítico de arte Jonathan D. Katz, a perfilar “una nueva masculinidad gay” que fundía elementos de los machos de las revistas gais de los años cincuenta, que solían posar vestidos de cowboys, policías y pescadores, y de la cultura hippy de los sesenta, con su ropa unisex, estampados florales y cuerpos lánguidos. En los setenta, “Berlin tomó elementos de las dos décadas anteriores, uniendo esas dos polaridades y creando un puente entre opuestos para crear un nuevo tipo de Adonis gay”.

El libro incluye una entrevista con el propio artista que se refiere constantemente a sí mismo como “Peter Berlin”, no tanto porque padezca de esa hybris que lleva a futbolistas y ex concursantes de realities a hablar de ellos mismos en tercera persona, sino porque es perfectamente consciente de su personaje. Berlin nació en Lódz, Polonia, como Armin Baron von Hoyningen-Huene, un nombre que, él mismo remarcó, “apunta al hecho de que no vengo de la miseria. Escojo la miseria”.

De familia acomodada y con inclinaciones artísticas –uno de sus familiares, George Hoyningen-Huene fue un pionero de la fotografía de moda y amante de Horst P. Horst–, en realidad no llegó a disfrutar de una vida fácil porque su padre murió en la segunda guerra mundial, los bienes de la familia fueron confiscados por los rusos y su madre huyó a Berlín con sus tres hijos y casi ningún capital. A los 13 años empezó a remendar su ropa con la máquina de coser de su abuela para hacer que sus pantalones fuesen más ajustados. Su iniciación sexual vino con envoltorio histórico. Al parecer, un día conoció a un hombre del Este que le invitó a ir a su casa. Cuando regresó, a la mañana siguiente, vio enormes rollos de alambre y un ambiente extraño en las calles.

Era el 13 de agosto de 1961 y estaban levantando el muro de Berlín. Su madre, su padrastro y sus hermanos se preocuparon y él terminó confesando qué había estado haciendo esa noche y con quién. Se plantearon llevarlo a terapia de electroshock pero finalmente los Huene optaron por una solución distinta. Le echaron de casa. El joven Armin se fue a vivir con una señora mayor, empezó a trabajar como técnico de fotografía y a pasar las tardes y las noches seduciendo a chicos en los parques y los bares de Berlín. Ya entonces, cinco décadas antes de la era del ‘selfie’, empezó a tomarse fotos eróticas en blanco y negro, vestido de manera provocadora con ropa que se hacía él mismo.

A mediados de los 60, mientras colgaba un poster en el cine, se le acercó un hombre de mediana edad –“tenemos la misma cámara”, le dijo– que resultó ser Jochen Labriola, un pintor que se convirtió en lo que hoy se llamaría “sugardaddy”, su benefactor, pero que Berlin definía con la palabra “camarada”. Le siguió a Roma y después a París, donde Berlin iba causando sensación por las calles. De allí ambos fueron a Nueva York y finalmente al lugar que les estaba esperando, San Francisco. Es ahí donde adopta el nombre de “Peter Berlin” y donde sorprende en el ambiente gay con una estética muy distinta a los vaqueros y camisas de cuadros que llevaban todos por entonces.

Tras filmar la primera de sus dos únicas películas porno, ‘Nights in Black Leather’, Berlin se convirtió en una figura famosa más allá del ‘underground’ y lanzó un negocio que podría definirse como un proto-Instagram: un servicio de envío por correo de fotos eróticas de sí mismo que tomaba con su Hasselblad y que contribuyen a cimentar su estética de pin up contracultural. También grabó algunos cortos que con el tiempo han adquirido estatus de culto y, en 1975, su segunda película, ‘That Boy’.

La ilustradora y Dj Silvia Prada recuerda en el libro el impacto que le produjo ver esa película, que arranca con una famosa escena de masturbación con el canon de Pachelbel de fondo, cuando era adolescente. “Estaba descubriendo mi sexualidad. Sentía fascinación por todo lo prohibido: el fetichismo ‘leather’, el sexo telefónico, público, en grupo, la vida en los márgenes. Crecer como una chica lesbiana en el ambiente católico del norte de España y escuchar esa voz, ver sus jeans y su bragueta abultada por las calles de San Francisco me interpeló directamente”.

Aunque Berlin no se benefició económicamente de ‘That Boy’, la película, que algunos han calificado de “antiporno”, le propulsó al mundo del arte y los reservados vip. Compartió “la montaña de cocaína más grande que jamás había visto”, a decir de Ted Stansfield, que se encarga de escribir su semblanza en el libro de Damiani, con Calvin Klein; Andy Warhol le felicitó por sus fotografías y le ofreció la ‘Factory’; conoció a Valentino, a Nureyev y a Sal Mineo y pasó una tarde con Dalí y Gala, con la que habló en alemán. En aquella época también estableció sus dos colaboraciones artísticas más fructíferas, con Robert Mapplethorpe y con el ilustrador Tom of Finland.

El fotógrafo, que empezaba entonces su carrera, lo utilizó como modelo para varias imágenes y se lo llevó a cenas con gente influyente. Aunque, según su biógrafo, les diferenciaba el nivel de ambición. “Ambos pertenecían al ‘underground’, los dos tenían compañeros ricos. Peter a Jochen Labriola y Robert a Sam Wagstaff, que les financiaban su estilo de vida, aplicaban técnicas rigurosas de estudio a su trabajo y creador fotos que siempre estarán en los anales de la imaginería gay, pero sus instintos eran diferentes. A Robert le impulsaba el dinero y la fama, a Peter no”. Él se lo corrobora: “nunca me importó ser rico y famoso como Robert, solo quería vestirme y follar”. Su fotografía era el efecto secundario de su vida, no al revés.

Cuando estalló el sida, su vida se fundió. “Todos mis amigos murieron. Todos y cada uno de ellos. Cuando falleció Jochen en 1988 mi mundo pasó del color al blanco y negro. Sin él y los otros amigos que me animaban, no veía la razón de seguir trabajando como Peter Berlin”, explica en el libro. Se retiró a California y vivió con un compañero más joven al que fotografiaba. En 2006, un documental, ‘That Man’, de Jim Tushinksi, exploró la mitología en torno a este Greta Garbo de la cultura gay. Ahora Armin, que ya no es Peter, tiene setentaytantos y vuelve a vivir en San Francisco.

En su momento no quiso fama y dinero pero ahora lamenta no haber llegado a tener “villas en París, Roma y Moscú llenas de hombres guapos”. “Hugh Hefner –dice– es la única persona que tuvo lo que yo hubiera querido. Me choca que ningún gay lo consiguiera”. Le gustaría hacer su tercera película, un biopic que explicase su viaje y lo que el “proyecto Peter Berlin” le enseñó sobre el deseo, la estética y la sexualidad. “Echo mucho de menos a Peter”, dice. “He perdido esa energía sexual. No me siento femenino ni masculino. Vivo como una anciana, cuidando a mi gato y a mis plantas”.

2017/06/29

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | COCCINELLE, LA MUJER TRANS QUE DESAFIÓ A FRANCO Y HOY TIENE UNA CALLE EN PARIS

La mujer transexual que desafió a Franco y hoy tiene una calle.
Triunfó en el mundo, eclipsó a la Bardot y se paseó en descapotable por la Gran Vía en un régimen que condenaba a las mujeres como ella. Con ustedes, la gran Coccinelle.
Valeria Vegas | Vanity Fair, 2017-06-29
http://www.revistavanityfair.es/celebrities/articulos/historia-de-coccinelle-primera-transexual-franquismo-calle/24855

“La mujer que apasiona. El caso clínico de la historia al alcance de sus ojos”. Así rezaba el cartel que anunciaba la presencia de Coccinelle en una popular sala de fiestas. Esta es la vida de una mujer que alcanzó la fama mundial, la aprobación de la Iglesia y que recientemente se ha convertido en la primera persona transexual en Europa en tener una calle con su nombre.

"He nacido dos veces"
Coccinelle nació en 1931 en la ciudad de París y bajo otro nombre que ella pronto sintió que no le correspondía. Al abandonar la escuela, con tan sólo 15 años, comenzó a trabajar como peluquera y a formarse como bailarina. En 1953 debuta en Madame Arthur, mítico cabaret parisino por el que desfilaban multitud de artistas transexuales y transformistas. Es entonces cuando adquiere el nombre de Coccinelle, cuya traducción es mariquita, debido a que en sus inicios siempre vestía un traje rojo con topos negros, por lo que una de sus compañeras le acuñó el apodo, como guiño al insecto. No faltaría mucho para que Coccinelle se deshiciese de aquel vestido y comenzase a lucir conjuntos de Christian Dior.

A finales de los años 50 viaja a Casablanca para ponerse en manos de Georges Burou, famoso ginecólogo cuya popularidad residía en realizar las entonces llamadas operaciones de cambio de sexo: novedosas, inauditas, y bajo métodos bastante primarios que lograban satisfacer a sus pacientes. Lo cierto es que antes de Coccinelle ya se habían sometido a esa intervención otras mujeres como Christine Jorgensen o Lili Elbe, cuya vida se vio reflejada recientemente en el exitoso film ‘La chica danesa’, pero fue la vedette francesa la que acaparó la atención mediática debido a su belleza y la fama que le precedía sobre el escenario. El mito de Coccinelle no había hecho más que comenzar y pronto declararía en la prensa: “He nacido dos veces”.

Blanca y radiante va la novia
A su regreso en Francia se convierte en la estrella absoluta del Carrousel de París, una de las salas más célebres de la capital que presumían de tener un elenco de exuberantes mujeres que realizaban espectaculares giras alrededor de todo el mundo. Coccinelle comienza a grabar discos y funda la asociación Dévenir Femme, con la intención de ayudar a otras mujeres transexuales.

En una ocasión, tras ser invitada a una gala anual de artistas en su París natal, averiguó a través de sus contactos el traje que iba a vestir esa misma noche Brigitte Bardot. Se puso exactamente el mismo, de manera que a su llegada fue confundida con la actriz. Todos los flashes se dirigieron a ella, mientras el público la aclamaba. Cuando poco después llegó la Bardot, ésta pasó absolutamente inadvertida.

Su repercusión incrementó cuando en 1960 decide contraer matrimonio por la Iglesia con un periodista deportivo. Vestida de blanco y acompañada del brazo de su padre se dirigió hacia el altar, en una boda que contó con la bendición del cura y por lo tanto del Papa Juan XXIII, que destacaba por su intención aperturista de la Iglesia y se creó enemigos del lado más conservador. Este hecho resulta insólito todavía a día de hoy, pero hay que tener en cuenta que tras aquella famosa operación Coccinelle se había convertido legalmente en mujer y contaba con el beneplácito de las grandes esferas. Aquel enlace estuvo repleto de expectación, con admiradores, compañeras e incluso detractores acudieron a la puerta a insultarla.

Aquella mujer que conducía un descapotable por la Gran Vía
Es en 1962, en plena dictadura franquista, cuando es contratada en la sala Pasapoga de Madrid, toda una institución del cabaret y el music-hall hoy convertido en unos grandes almacenes. Los periódicos la anunciaban y advertían que su actuación se limitaba únicamente a horario nocturno, evitando su presencia en la función de tarde debido al morbo que le precedía y que le relegaba a un horario de público únicamente adulto. Precisamente dicho morbo hizo que el éxito fuese constante y su contrato se prorrogó durante meses, agotando las localidades. Cuando finalizaba su espectáculo se producía un notable silencio y apenas se escuchaban aplausos, debido a que el público quedaba atónito al contemplar a la que era catalogada como un fenómeno.

Tampoco resultaba raro ver a Coccinelle paseando por la Gran Vía en su deportivo descapotable, deslumbrando a los viandantes y disfrutando de la que sería para siempre su época dorada. Pese a ello, la prensa nacional silenciaba su existencia por no ser completamente del agrado del régimen, con el aura de tabú que la acompañaba.

Un año más tarde Coccinelle debutaría en el teatro Olympia de París, que pocos meses antes había tenido en su escenario a Edith Piaf. La vedette se consagra con su exitoso espectáculo ‘Cherchez la femme’, mismo título de una de las varias canciones que grabó en aquel momento y que viene a traducirse como “busca a la mujer”, animando en su letra a que la examinen. Francia se rinde a sus pies hasta el punto de que en una ocasión, mientras compraba en una céntrica joyería, los viandantes descubrieron a la artista dentro del local y comenzaron a agolparse. En pocos minutos curiosos y admiradores crearon un tumulto que hacía que fuese imposible salir a la calle, por lo que tuvo que venir un helicóptero a llevársela desde la azotea del mismo edificio.

Durante la década de los sesenta fue reclamada para el cine con pequeños papeles en películas como ‘Noches de Europa’; ‘El Don Juan de la Costa Azul’ en Italia; el film español ‘Días de viejo color’ junto a Luis García Berlanga y la cantante Massiel; o ‘Los viciosos’, en Argentina. Es precisamente allí donde conoce a su segundo marido, que ejercía de bailarín en su espectáculo y con el que se casa en 1966. Bodas, divorcio y éxito, la vida de Coccinelle iba más rápido de lo que la sociedad podía asimilar, mientras ella parecía reírse del mundo desde su habitación del Hotel Alvear, el más lujoso de aquel Buenos Aires.

Un fenómeno con calle propia
En los años posteriores la artista continuó llevando su espectáculo por medio mundo. España volvió a reclamarla y volvió a Madrid y actuando en Barcelona y Sevilla, donde los anuncios publicitarios seguían tratándola con cierto morbo. Sirva de ejemplo: “La estrella más discutida de la historia, cuyo intrigante pasado acaparó la atención mundial” o el mal intencionado “La ‘vedette vedetto’ que más dio que hablar en los últimos años”.

Durante la década de los setenta la artista se paseaba con su coche por el Festival de Cannes, buscando conquistar la atención de los medios. Comenzaba una etapa de cierto declive, pese a que el trabajo no cesaba. Presentó en Barcelona un espectáculo titulado ‘Hippirama’, y se trasladó a Berlín para convertirse en la estrella del Chez Nous, teatro que se caracterizaba por ser el templo del transformismo en Alemania. No es hasta mediados de los ochenta cuando regresa a París, escribiendo su autobiografía y retornando al mismo cabaret en el que comenzó en sus inicios.

Poco tiempo después su situación económica se agravaría, según aseguró su entorno debido a que nunca ahorró y no supo administrar toda la fortuna que ganó. Se deshizo de su coche, de su vivienda, de sus joyas y de todos los abrigos de visón que presumía de tener en todos los colores. A partir de 1992 se traslada a vivir a Marsella, donde contraerá matrimonio por tercera vez y pasará el resto de su vida, actuando esporádicamente hasta su fallecimiento en el 2006 a causa de un derrame cerebral. Su última voluntad era ser incinerada en la más estricta intimidad, celebrándose una misa en su honor.

El pasado 18 de mayo el Ayuntamiento de París inauguró un paseo con su nombre, al que acudió la alcaldesa Anne Hidalgo con un discurso que destacaba la labor y reconocimiento a Coccinelle. Es la primera calle que se le dedica en Europa a una persona transexual. Aquella mujer que durante décadas fue tratada como una atracción de feria, hoy goza de categoría de leyenda.

2016/02/17

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | DE LAS LISTAS DE ÉXITOS A LAS PÁGINAS DE SUCESOS: LA MALDICIÓN DE LAS GRECAS

De las listas de éxitos a las páginas de sucesos: la maldición de Las Grecas.
Inventaron el ‘gipsy rock’, hicieron que sus detractores se rindieran a su talento y acabaron con todas las barreras que se encontraron hasta que se toparon con una infranqueable: ellas mismas.
Valeria Vegas | Vanity Fair, 2016-02-17
https://www.revistavanityfair.es/sociedad/celebrities/articulos/las-grecas-tina-carmela-listas-de-exitos-paginas-de-sucesos/21885 

Las Grecas lo tuvieron todo. Precursoras de la fusión del flamenco rock, saborearon disfrutaron de un éxito que tan rápido como vino se fue. Con un reciente recopilatorio en el mercado, sus canciones perduran en la memoria de todos los españoles, así como el trágico final que la vida les deparó. Hoy la malograda Tina habría cumplido años, quizás acarreando en una bolsa de plástico todas sus pertenencias.

Cenicientas, pero sin tinte
Carmen y Edelina Muñoz, dos hermanas de etnia gitana y provenientes de una estirpe en la que el cante flamenco venía de lejos, pasarían a ser conocidas en la industria musical como Las Grecas. Apodadas familiarmente como Tina y Carmela, y siendo todavía unas adolescentes, no podían imaginar que sus voces desgarradas iban a lograr un éxito sin precedentes en una década que parecía nutrirse de canciones internacionales.

Antes de lograr marcarse tal mérito, Carmela tuvo que recorrer varios tablaos con intención de ver cumplido su deseo de actuar. Pese a que reconocían su talento, siempre recibía un no por respuesta. El motivo de tal constante negativa era su pelo teñido de rubio: los empresarios consideraban que no iba a encajar en la mentalidad de los turistas que acudían a ver unos espectáculos con una idea determinada y muy castiza. La cantante resolvió el problema volviendo a su melena castaña y presentándose a una prueba junto a su hermana Tina. El cantaor Manolo Caracol, compañero de Lola Flores en los inicios de ésta, no dudo en ficharlas. Corría el años 1973 y se avecinaba un fenómeno de los que dejarían huella.

Te estoy amando locamente
Mientras actuaban en Caripén, tablao propiedad de Lola Flores, fueron descubiertas por un productor que supo ver inmediatamente el potencial de las hermanas Muñoz. Su moderna y original forma de interpretar no iba a dejar indiferente a nadie. ‘Te estoy amando locamente’ fue su carta de presentación, y logró conquistar a crítica y público. Sus voces iban acompañadas de un redoble de batería y una guitarra distorsionada, que junto a su singular pronunciación hacían de tal canción algo absolutamente innovador. Había nacido el ‘gipsy rock'.

Las cifras de ventas de su primer disco incrementaban semana tras semana, permaneciendo inamovibles durante más de un mes en un primer puesto que parecía estar hecho para ellas. Aún así las alegrías también escondían amarguras que no confesarían hasta tiempos después. La autoría de esas primeras canciones les pertenecía, aunque en su grabación hubiesen sido ligeramente modificadas, y tuvieron que asumir con resignación que sólo constase el nombre del músico Felipe Campuzano, artífice de sus peculiares arreglos. Teniendo en cuenta que ambas eran menores de edad y apenas contaban con el graduado escolar, los temas legales eran todo un desconocimiento en el que fácilmente podían ser engañadas. Pero el dinero les llegaba en abundancia y eso paliaba cualquier injusticia.

El flamenco se viste con pantalón de campana
Apariciones constantes en televisión, giras interminables, ventas masivas y galas que se caracterizaban por su elevado caché. No es de extrañar que la prensa se volcase con ambas, queriendo retratar su vida cotidiana. Fue así como el público descubrió que Tina estaba casada por el rito gitano desde los dieciséis años, y que pronto nacería su primera hija. La artista debía cumplir con sus compromisos profesionales a la vez que intentaba compaginarlo con su labor de esposa, tarea difícil que acabaría afectando a su matrimonio. Su amargura sentimental era el contrapunto a las joyas, abrigos de pieles y propiedades que estaba logrando, junto a unos ingresos que jamás antes había imaginado.

Como buenas estrellas Las Grecas viajaban en Cadillac y veraneaban en chalets. Incluso sus padres disfrutaban de servicio doméstico y podían permitirse ciertos lujos que distaban mucho de su anterior modo de vida en el humilde barrio madrileño de San Blas. Sus logros materiales venían de éxitos como ‘Anabalina’ o ‘Soy la que sufre por tu amor’, que junto a singulares versiones de ‘Achilupú’ o ‘Dame veneno’, seguían caracterizándose por sus aires psicodélicos y una instrumentalización propia de los mejores grupos del rock progresivo. Habían instaurado el auténtico mestizaje y ellas se alzaban como reinas de la fusión, que además lucían pantalones de campana para contrastar con sus voces aflamencadas.

Un suicidio, un desnudo y un mánager traidor
En 1977 grababan el que sería su cuarto y último disco. Aunque las ventas habían descendido, ahora tomaban las riendas de su vida y aparecían en portada teñidas de rubio, tal y como no fueron admitidas en sus inicios. Pero pronto el destino les jugaría una mala pasada. Tras abandonar a su mánager, del que habían sido víctimas de estafa, se vieron perdidas en una industria que no sabían controlar. Se tomaron un descanso que pese a la intención de ser breve acabo convirtiéndose en eterno. Un año más tarde las galas disminuían y lo compensaban con apariciones en la prensa rosa, para que su popularidad no se viese afectada.

A mediados de 1978 salta la noticia de un intento de suicidio por parte de Carmela, con ingestión de barbitúricos para poner fin a un mal de amores y una crisis económica que se avecinaba paulatinamente. Corrían aires nuevos y la cantante decidió sumarse al carro del destape posando en Interviú. Un desnudo integral que sorprendió por su condición de gitana, y que escondía un intento de prolongar la fama y el dinero, por lo que de nuevo volvería a aparecer en alguna revista de corte erótico.

Comenzaban la siguiente década anunciando su retorno, a través de un reportaje junto a sus hijos, que ya sumaban cinco, y luciendo sus últimas pertenencias. Ambas habían intentado forjarse una carrera en solitario que no llegó a despegar, por lo que recordaron aquello de que la unión hacia la fuerza. Pero el destino no quería darles una segunda oportunidad y el mal que parecía acechar a Carmela, comenzó a cebarse sobre Tina.

“Cogí el cuchillo inconscientemente y no quería pincharla”
Como si no hubiese freno y marcha atrás, se vieron envueltas en el desahucio de sus viviendas, unas casas prefabricadas que ocupaban ilegalmente y que habían sido creadas por el Ministerio para ser habilitadas por otras familias que jamás lo hicieron. Dejaron entonces una grotesca imagen para el recuerdo: la de ellas manifestándose contra su propio desahucio sujetando unas pancartas mientras a su vez vestían sendos abrigos de pieles. Es entonces cuando Carmela ya advierte que su hermana Tina, tres años menor que ella, sufre fuertes crisis nerviosas que sobrelleva a base de sedantes.

Pasados los tiempos de gloria se vieron abocadas a las páginas de sucesos cuando hacia finales de 1983 Tina asestó un par de puñaladas sobre el hombro de su hermana Carmela. Los hechos no fueron esclarecidos, ambas vivían bajo el mismo techo y la agresora aseguró que no sabía lo que hacía. Tina ingresaba en la cárcel de Yeserías, destino erróneo para alguien que sufría esquizofrenia y que pronto sería trasladada a un hospital psiquiátrico. De éste último no tardaría en escaparse, dando así titulares constantes a la prensa del momento.

Meses después encontraron a Tina mendigando por las calles. Pasadas las fiestas navideñas, la inventora del ‘gipsy rock’ regresa al hogar familiar a punto de dar a luz. Un embarazo fruto de su relación con un iraquí con el que se había casado poco antes por el rito musulmán, y que ahora no quería hacerse responsable de su paternidad. El presentador José María Íñigo la invita a su programa “Estudio Abierto” para relatar su drama y su repentina desaparición. Durante la entrevista Tina se negó a aceptar su angustiosa situación, alegando que simplemente le gustaba ser hippy. No tardaría en volver a ser internada a la fuerza, mientras alguna revista plasmaba el momento en que la retenían y era ingresada en la ambulancia. Su historial clínico presentaba alucinaciones auditivas, personalidad paranoica y alteración de la memoria, todo ello incrementado también por su toxicomanía.

Las calles por infierno
En la segunda mitad de los ochenta Carmela se asentó en México, con intención de comenzar una nueva vida y llevarse consigo a su desdichada hermana. Antes de su partida volvió a posar desnuda para el semanario Interviú, aprovechando con resignación el tirón de su nombre. Mientras tanto Tina vivía en un devenir de entradas y salidas en sanatorios varios, de los que escapaba continuamente. Ellas, que habían grabado en Londres y tenían la admiración de rockeros y puristas del flamenco, se veían perdidas en una vorágine que tan sólo diez años atrás jamás habrían imaginado. De tenerlo todo a quedarse sin nada. De una abundante cuenta bancaria, a pedir limosna.

En 1988 la prensa del corazón vuelve a localizar a Tina, que muestra un deterioro irreparable y posa junto a una muñeca a la que trata como si fuese su hija. Sus verdaderas cinco hijas se encontraban entre casas de familiares y hospicios. Las tristes imágenes venían acompañadas del ruego de Tina a ser rescatada por su hermana, con intención de curarse. Un año más tarde sorprendió a todos al subir espontáneamente al escenario durante un concierto de Camarón de la Isla, admirador confeso de ambas artistas, que le cedió un sitio para arrancarse a bailar en ese pequeño momento de lucidez. Su arte se veía eclipsado por su desgracia. En una estampa callejera que ya resultaba habitual declaró que dormía en coches abandonados y que sólo llorarían por ella cuando muriese de frío. Al enterarse, Carmela regresa de México para intentar en vano poner solución a un problema que se les iba de las manos.

Tras vagabundear por las calles de Madrid e incluso ser entrevistada en las escaleras del metro por una reportera del programa que entonces tenía María Teresa Campos, su madre logró que un juez le dé la incapacidad y así volvió a ser internada en un sanatorio mental de Aranjuez, donde fallecería en 1995 con tan sólo treinta siete años. [...]

La historia de Tina es el claro ejemplo de las malas jugadas que otorga el destino. De la estigmatización y la escasez de recursos a la hora de afrontar una enfermedad que por aquel entonces resultaba desconocida. Hoy en día Carmela aparece esporádicamente en televisión honrando la memoria de su hermana, consciente de que marcaron un hito en la historia de la música española.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...