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2020/05/21

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LORCA, ¿UN POLÍTICO DE IZQUIERDAS?

Homenaje a Pablo Suero en 1936, poco antes de las elecciones del 16 de febrero. De izq. a der. Rafael Alberti, Rodríguez Spiteri, Lorca, Aleixandre, Adolfo Salazar, Concha Méndez, Enrique Serrano, Serrano Plaja y Altolaguirre. Delante, Pablo Suero y María Teresa León.
 
Lorca, ¿un poeta de izquierdas?
Una mirada al compromiso político y social de un poeta que suele ser usado por partidos de orientación opuesta.
Víctor Fernández | La Razón, 2020-05-21
https://www.larazon.es/cataluna/20200521/vt3tzvtbdnhpboz4yksnr6ymha.html 

Esta semana hemos podido ver en “El Ministerio del Tiempo” cómo Federico García Lorca, de la mano de Julián -uno de los agentes protagonistas de la serie- era llevado hasta 1979. En una taberna flamenca podía escuchar sorprendido a Camarón de la Isla interpretando “La leyenda del tiempo”, un tema con versos del poeta granadino.

Julián procede de nuestro presente y trata de convencer a Lorca para que no vaya a la Granada de 1936 donde le espera la muerte. Sin embargo, asume su trágico destino. En el tablao afirma emocionado, con Camarón como música de fondo, que “ese es mi poema. Tanto tiempo después, España se acuerda de mí. Entonces he ganado yo, no ellos”.

La emisión del capítulo no ha podido ser más oportuna. En estos días se ha divulgado por las redes sociales una imagen que para muchos ha sido entendida como una provocación: la estatua del poeta en la madrileña plaza de Santa Ana con una bandera española en sus manos coincidiendo con las manifestaciones en el barrio de Salamanca. Algunos radicales, para defender esa imagen, han llegado a proclamar que en realidad Lorca no estaba comprometido políticamente y que, incluso, fue amigo de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange. Es precisamente a esta formación a la que algunos señalan como la que más hizo por salvar al poeta cuando ya lo perseguía la muerte en su Granada.

Llegados a este punto, no está de más que nos preguntemos si nos encontramos ante un poeta comprometido que podamos definir como un hombre apolítico. Tras su asesinato y ante el escándalo internacional que se montó, hubo un desesperado intento por desvestir a Lorca de cualquier tipo de connotación política, sobre todo de izquierdas. Empezaron a surgir textos incluso de amigos que quisieron convertir incluso en falangista a Lorca, como es el caso de Luis Hurtado Álvarez, un íntimo confidente homosexual del granadino que publicó un artículo titulado “A la España Imperial le han asesinado su mejor poeta”. Hurtado, que fue secretario personal de Jacinto Benavente, tuvo algunos problema por publicar esas líneas en 1937. Por esas fechas, el mismísimo Franco habló de Lorca, sin citarlo, porque “los rojos han agitado ese nombre como un señuelo de propaganda”. En esa declaración, aparecida en “Abc” de Sevilla el 6 de enero de 1938 se jactaba diciendo que “queda dicho que no hemos fusilado a ningún poeta”.

Pero la verdad era distinta. Federico García Lorca fue asesinado a mediados de agosto de 1936 entre Víznar y Alfacar, en las afueras de Granada. Sí es verdad que buscó refugió en el domicilio de su amigo Luis Rosales, miembro de Falange, pero también es cierto que varios falangistas participaron en la detención y muerte. Antonio Rosales, hermano de Luis, era el tesorero de Falange en aquellos momentos y fue quien denunció que el poeta estaba en casa de sus padres. Esa valiosa información se la comunicó a quien había sido diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, quien se encargó de la detención. A ella acudió, según testigos del suceso, con la camisa azul de Falange. Para poder llevar a cabo esa acción, Ruiz Alonso contó con el aval del gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán quien, ¡vaya casualidad!, también era falangista.

La leyenda de un Lorca cercano a Falange se ha ampliado incluso asegurando que Lorca y Primo de Rivera eran amigos. Nada hay que lo pruebe. En todo caso hay testimonios de todo lo contrario. Uno de los más interesantes es el de María Fernanda Thomás de Carranza, viuda de José Caballero, el pintor que fue íntimo colaborador del poeta. Ella me contó una anécdota muy ilustrativa. En algún momento de los años 30, Lorca y Caballero paseaban por Madrid y quiso la casualidad que pasaran junto a un local en el que José Antonio daba un mitin. “¿Entramos, Federico?”, preguntó Caballero. Lorca se negó en redondo porque no quería saber nada de todo eso. Al historiador Ian Gibson le explicó Modesto Higueras, uno de los colaboradores del poeta en el Teatro Universitario La Barraca, que parando en un restaurante de Santander, descubrieron que uno de los que allí estaba comiendo era el mismísimo José Antonio. A Lorca le puso aquello nervioso, pero más le inquietó una nota escrita en una servilleta que le trajo un camarero de parte del político. En ella se podía leer: “Federico, ¿no crees que con tus monos azules y nuestras camisas azules se podría hacer una España mejor?” Al poeta no le divirtió nada aquello, especialmente tras haber sido el blanco de las burlas de medios como “Gracia y Justicia”.

Los revisionistas de Lorca, los que quitan a su asesinato todo componente político y sexual, olvidan que Lorca se formó al lado de Fernando de los Ríos, uno de los nombres más importantes del socialismo español. Él fue, por ejemplo, uno de los responsables de que el poeta pudiera alojarse en la Residencia de Estudiantes o quien lo acompañó en 1929 en su fundamental viaje a Nueva York.

Hay en Lorca una identificación total con el marginado. Él mismo se veía así al no poder expresar libremente su homosexualidad. Ese hecho lo podemos encontrar en sus declaraciones públicas a la prensa, como cuando afirmaba, en 1931, que “yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de lo perseguido. Del gitano, del negro, del judío..., del morisco que todos llevamos dentro”. Cinco años después [junio de 1936], en una entrevista a Luis Bagaría en “El Sol”, fue igual de contundente al rechazar la toma de Granada en 1492: “Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una «tierra del chavico», donde se agita actualmente la peor burguesía de España”. Esas declaraciones fueron muy mal recibidas en su ciudad.

Pero se expresaba así en la prensa e, incluso, en las dedicatorias públicas. Por ejemplo, sobre Cataluña encontramos un muy interesante testimonio lorquiano en el álbum de firmas del restaurante El Canari de la Garriga. Fue allí donde estampó en 1925 de su puño y letra, acompañado de Salvador Dalí y Jaume Miravitlles, un “Visca Catalunya Lliure!”, además de definirse como “presidiario en potencia”. No olvidemos que estamos en plena dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Lorca también se mostraba crítico con la Iglesia Católica. En su “Grito hacia Roma”, dentro de “Poeta en Nueva York”, criticaba al Papa, es decir, “el hombre vestido de blanco” porque “ignora el misterio de la espiga,/ ignora el gemido de la parturienta,/ ignora que Cristo puede dar agua todavía,/ ignora que la moneda quema el beso de prodigio/ y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán”.

Sus amigos Pablo Neruda y Rafael Alberti lo presionaron para llevarlo hasta el Partido Comunista, algo que rechazó. Sí simpatizó, y no lo ocultó, con la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, como recogió el periodista argentino Pablo Suero en su imprescindible libro “España levanta el puño”: “En la casa de Federico todos son partidarios de Azaña y Fernando de los Ríos es amigo venerado de la familia de García Lorca”. Esas líneas, escritas cuando queda poco para la celebración de las elecciones que darían la victoria al Frente Popular, continúan con una reflexión de Vicenta Lorca, la madre del poeta: “Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España!... ¡Nos echarán, si es que no nos matan!”

Los poetas del 27 sentían una gran estima por Suero y por eso quisieron rendirle homenaje en ese 1936 antes de la tragedia. En un restaurante madrileño celebraron la amistad y la literatura alrededor de Suero con la presencia de Lorca, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, Rafael Alberti, María Teresa León o Adolfo Salazar, entre otros. Aquel momento, ese encuentro único debía ser inmortalizado para la eternidad. Así lo entendió María Teresa León quien propuso a los asistentes «¡vamos a hacernos una foto opinando, para que Pablo se lleve de recuerdo!». Todos opinaron levantando el puño, el símbolo de su apoyo a la Segunda República y al compromiso con el Frente Popular, entre ellos Lorca.

2019/06/29

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | 'EPENTISMO': ASÍ ERA LA 'MASONERÍA GAY' DEL 27

"Epentismo": Así era la «masonería gay» del 27.
Los poetas homosexuales de la época, forzados a esconder su tendencia sexual, crearon códigos de reconocimiento entre ellos, de los que, el más llamativo, fue la invención de Lorca de una palabra que les sirviera, en tono jocoso, para definir su mutuo entendimiento.
Gonzalo Núñez | La Razón, 2019-06-29
https://www.larazon.es/cultura/epentismo-asi-era-la-masoneria-gay-del-27-HA23984113/ 

Si colocáramos en fila todas las palabras y expresiones que, a lo largo de la historia, han servido de eufemismo a la condición de homosexual, habría suficientes letras como para recubrir no una, sino dos, tres o cuatro plazas de Chueca. Nada como «el amor que no osa decir su nombre» (Oscar Wilde) se ha expresado con más cantidad de silencios, sobreentendidos, medias palabras o nombres encubridores, caretas y máscaras de una orientación reprimida. Muchos han sido los idiomas y las contraseñas de la homosexualidad a lo largo de la historia, el idiolecto de los «entendidos», fuese éste un lenguaje gestual, social (ropa, hábitos compartidos, etcétera) o realmente fonético. En el Londres de los 50 y 60, por ejemplo, el Polari (contaminado del italiano y las lenguas romances) se convirtió en el «slang» de los maricas de la la metrópoli británica. Y en Estados Unidos, el enorme éxito de «El mago de Oz» llevó a los gays a usar la expresión «amigos de Dorothy» («Friend of Dorothy», abreviado como FOD) para vincularse y reconocerse en medio de un entorno hostil.

Intelectuales y torerillos
Y así llegamos al «epentismo», que sería la palabra clave, el «amigo de Dorothy» de la intelectualidad homosexual española de los años 30: la contraseña con la que se engarzaban y se parodiaban Federico García Lorca y el círculo de invertidos, muchos de ellos grandes poetas, que pululaban por el Madrid a caballo entre la dictadura de Primo de Rivera y la II República. Lo primero que habría que decir es que el «epentismo» no es un fenómeno extendido. Es más bien la broma interna de una serie de creadores que, como era habitual en la época, escondían de puertas afuera su orientación sexual. Pero estos «epentes» no eran moco de pavo: Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Carlos Morla Lynch, Eduardo Blanco Amor, una galaxia a la que se sumaban como satélites aquella cofradía de amigos homosexuales de distinta extracción (a veces hasta buscavidas o torerillos) que tenían algo en común: el pecado nefando.

A Luis Antonio de Villena, fue un ya anciano Vicente Alexandre quien le puso en antecedentes de aquel término: «''Epentismo'' y ''epente'' eran (según todos, pero yo lo supe primero por Aleixandre) términos inventados por Federico para aludir a la homosexualidad o a los homosexuales en contextos donde la palabra –en los años 30 y aún con la libertad de la República– eran indecibles. Por ejemplo, todos sabían (en intimidad) que el gran erudito José María de Cossío era homosexual, pero eso era secreto y nadie lo hablaba. Así, en una comida Federico le decía a Vicente: ''He oído que Cossío es un gran estudioso del epentismo. ¿Tú lo sabías?''. Y Aleixandre contestaba: ''Sí, lo sabía. Sé que lo ha estudiado mucho. Es un ''epente'' muy notable''».

El origen: «intercalar»
Buena parte de lo que narra Ian Gibson en «Lorca y el mundo gay» le viene de sus conversaciones con Luis Antonio de Villena, que trató a Aleixandre y Blanco Amor ya en los años 70 y quienes le confiaron mucho de sus vidas privadas. Pero el biógrafo del poeta granadino añade datos jugosos, como la raíz etimológica y la metáfora que dio pie a la palabra: según el británico viene del griego «epéntesis», o sea, «intercalar», y añade Gibson que se trata de una «figura de dicción, según la Real Academia de la Lengua, que consiste en añadir algún sonido dentro de un vocablo, como ''coránica'' por ''crónica''». El hecho de consistir en una intercalación ya da idea de por dónde iban los tiros de la palabra «epente». Según Saiz de la Calzada –añade siempre Gibson–, se referiría también con el término «a los que crean, pero no procrean».

«¡Somos la gran masonería epéntica!», solía decir Lorca con humor. Las cartas entre todos ellos ofrecen ejemplos del uso jocoso de esta palabra. Letras de Lorca a Aleixandre, a Blanco Amor... Y, desde luego, a Rafael Sánchez Nadal, gran íntimo amigo del poeta. «El epentismo granadino es ya epidemia. ¡Qué barbaridad!», le escribe a este último en una misiva en 1934.

Y es que, más allá de los, digamos, socios preferentes, en el círculo del «epentismo» se movían, como es natural, los amantes pasajeros de estos artistas. Algunos incluso rebotaron de unos a otros. Ese fue por ejemplo el caso de Serafín Fernández Ferro, un gallego de familia de anarquistas y formación autodidacta que se ganaba la vida a los 17 años en Madrid ejerciendo todo tipo de profesiones, incluida la de chapero. Fue en el café El Universal, en 1931, cuando conoció a los «epentistas». Según el relato de los orígenes de esa relación, parece ser que el gallego se acercó a Lorca y Rafael Martínez Nadal, y les pidió un pepito de ternera porque llevaba días sin comer. Se supone que se insinuó al poeta andaluz, pero éste rechazó la oferta, aunque otras fuentes indican que pudo tener un «affaire» con él más tarde. Lo que está claro es que Lorca le procuró contactos para trabajar y le consiguió un amante fiel: Luis Cernuda. Morla Lynch descirbe a Serafín Fernández como un bello muchacho de cara «chispeante, simpática y agraciada. Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de atravesar por una infancia triste», según dejó escrito el músico y diplomático, de orígenes acomodados, pero que se sentía cómodo con las clases más populares.

El dinero de Cernuda
Cernuda lo adoptó y financió, y Serafín se dejó querer, tanto que Aleixandre, otro de los «epentes» a quien Lorca recomendó el chaval y que presenció la toxicidad de la relación, llegó a calificarlo de «un chulito de barrio que le hizo sufrir mucho, pues el pobre Luis se enamoró perdidamente y el tal Serafín le hacía poco caso, salvo para pedirle dinero». Sin embargo, este «chulito de barrio», según su descripción, tocó en el poeta sevillano las cuerdas precisas para extraer de él un poemario que se encuentra entre lo más alto de nuestra lírica, «Donde habite el olvido». Blanco Amor también lo tuvo bajo su tutela, y se supone que tuvieron una relación, pero sus recuerdos de Serafín no eran halagüeños y se desconoce si dejó algún fruto literario. El joven gallego acabaría inmerso en el mundo del teatro y, al haber compartido ambiente con los escritores, probó suerte en la poesía. En 1939 tuvo un pequeño papel en «L’espoir-Sierra de Teruel», de Malraux, y luego se le pierde la pista en México.

La guerra disgregó aquella «masonería gay» que refulgió en los años 30. El triste destino de Lorca ya se sabe que hay que buscarlo bajo tierra, quizá cerca de Víznar, donde fue asesinado, mientras Blanco Amor se exilió a Argentina hasta 1965. Cernuda acabó sus días en México presa de otro amor totalizante por un fornido culturista que le inspiró la maravillosa «Palabras para un cuerpo», a Ernesto Guerra de la Cal, otro «epente», la guerra le pilló en Nueva York y en aquellos lares se quedó. Por último, a Aleixandre le tocó en suerte el exilio interior y custodiar la memoria de aquella cofradía de talentosos homosexuales que nunca pudieron decir demasiado alto el tipo de amor que cultivaban.

Morla Lynch, el diplomático y los «garzones»
Por los salones de su distinguida casa del barrio de Salamanca, con vistas al Retiro, pasó lo más granado de la intelectualidad y la literatura española de la Edad de Plata. Carlos Morla Lynch, fue embajador de Chile en España entre 1928 y 1939. Nacido en París en 1888 era conservador, cercano a los falangistas y hasta admirador de Hitler en los años 30, pero todo ello no obstaculizó su admiración y amistad con los «epentistas» y, especialmente, con Lorca, ese granadino que describe como «guasón, bromista, chacotero, disipador de nubarrones», según sus palabras. Llegó a Madrid en 1928 por primera vez y regresó en 1930 tras residir en varios países. Hombre de mundo y elegante, sintió siempre, sin embargo, una querencia hacia las clases bajas y cultivó amores con todo tipo de jóvenes de humilde extracción. Como escribe Andrés Trapiello esa «afición a los guapos garzones le franqueó las puertas del muy clandestino club del que eran socios Lorca, Cernuda y otros artistas del 27».

«El Público», para buenos entendedores
Francisco Umbral veía a Lorca «el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales». Pero, respecto a esta última, ni Lorca hizo gala de esta condición, por no ser aceptada en la época, ni sus obras se pueden leer directamente desde su homosexualidad. Aunque en todo su trabajo hay trazas de ello y de sus amores (como en «Los sonetos del amor oscuro», escritos bajo la influencia de Rafael Rodríguez Rapún), fue con la obra de teatro «El público» donde más cerca estuvo el escritor de mostrar su condición sexual. Eso sí, lo hizo a través de una dramaturgia rupturista, nada clásica, mostrando tanto como escondiendo. Sin embargo, Lorca llegó a proyectar un drama, éste sí realista, tradicional, sobre el asunto de la homosexualidad. Se iba a llamar «La bola negra» y en él quedaría claro el tema. Pero nunca llegó a escribirse.

2018/08/24

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | RAFAEL RODRÍGUEZ RAPÚN, EL GRAN AMOR DE GARCÍA LORCA, MURIÓ EN SANTANDER EN 1937

Rafael Rodríguez Rapún, el gran amor de García Lorca, murió en Santander en 1937.
‘Las tres erres’, como acostumbraba a decir Federico al referirse a quien durante algún tiempo había actuado en calidad de secretario particular en el grupo teatral ‘La Barraca’, falleció en el Hospital de sangre nº 4, de Santander, el 18 de agosto de 1937, ocho días antes de caer la ciudad en manos de las tropas franquistas.
José Ramón Saiz Viadero | El Diario Cantabria, 2018-08-24
https://eldiariocantabria.publico.es/articulo/memoria/rafael-rodriguez-rapun-gran-amor-garcia-lorca-murio-santander-1937/20180824201016049560.html

Rafael Rodríguez Rapún (Madrid, 1912-Santander, 1937), el gran amor de Federico García Lorca, falleció en el hospital de sangre nº 4, de Santander, el 18 de agosto de 1937, ocho días antes de caer la ciudad en manos de las tropas franquistas. Hacía dos meses que había cumplido veinticinco años.

Conocíamos este hecho por haber sido incluido en el libro de recuerdos de Luis Sáenz de la Calzada sobre ‘La Barraca’, pero recientemente se ha corroborado y ampliado la información gracias a la publicación de las últimas investigaciones efectuadas por un estudioso de la vida y la obra de Federico García Lorca: el escritor irlandés nacionalizado español Ian Gibson.

Después de morir Lorca –a los pocos días de que también fuera asesinado su amigo Constantino Ruiz Carnero (1887-1936), director del periódico republicano ‘El Ideal de Granada’—, Rafael Rodríguez Rapún (‘las tres erres’, como acostumbraba a decir Federico al referirse a quien durante algún tiempo había actuado en calidad de secretario particular en el grupo teatral La Barraca), tomó la decisión de alistarse en el Ejército republicano. Esta versión, más o menos parecida, la escuchó también Cipriano Rivas Cherif (1891-1967) al salir de prisión en El Dueso, pero nunca supo si era verdad o leyenda.

La escritora María Teresa León (1903-1988), esposa de Rafael Alberti, conocía bien a Rapún y estaba al tanto de la relación que existía entre él y Lorca. Cuando en octubre de 1936 se publicó en los periódicos de Madrid la respuesta del coronel González Espinosa al telegrama de H. G. Wells, quedando confirmado con toda certeza que el poeta había sido asesinado en Granada, María Teresa fue a ver a Rapún. "Nadie como este muchacho silencioso debió sufrir por aquella muerte –escribe en sus memorias—. Terminadas las noches, los días, las horas. Mejor morirse. Y Rapún se marchó a morir al frente del Norte. Estoy segura de que después de disparar su fusil rabiosamente se dejó matar. Fue su manera de recuperar a Federico", dejará escrito en sus memorias.

Después de hacer un curso de artillería –nada menos que en Lorca (Murcia)- Rapún consiguió la graduación de teniente, y en el verano de 1937 se encontraba destinado al frente de una batería no lejos de Reinosa, en la localidad cercana de Matamorosa. Uno de los hombres a sus órdenes lo ha recordado como persona seria, cultivada y que hablaba poco. Eran los días de la ofensiva franquista contra Santander, y la lucha era intensa en toda la zona. La mañana del 10 de agosto la batería entró en acción contra la aviación rebelde y, alrededor del mediodía, ante un fuerte avance del enemigo, Rapún se adelantó con dos soldados para ocupar una nueva posición. Se apostaron en las afueras de Bárcena de Pie de Concha, donde un ataque aéreo inesperado los sorprendió. A diferencia de sus compañeros, Rapún no se echó al suelo, permaneciendo sentado en un parapeto. Una bomba explotó cerca y fue mortalmente herido.

“El certificado de defunción de Rafael Rodríguez Rapún precisa que éste murió el 18 de agosto de 1937 en el hospital militar de Santander, a consecuencia de las heridas de metralla recibidas en la espalda y en la región lumbar. Lorca había sido asesinado exactamente el mismo día hacía un año. Nadie en el hospital sabía la edad, lugar de nacimiento o los nombres de los padres del teniente de artillería fallecido. No hay testimonio alguno acerca de sus últimas horas, de sus últimas palabras. Fue enterrado en el cementerio de Ciriego, en una de las muchas tumbas que se iban abriendo paso loma abajo hacia el mar Cantábrico”.

Diez años más tarde, el 8 de septiembre de 1947 sus restos fueron trasladados por solicitud de su padre, Lucio Rodríguez, y en la actualidad se encuentran en las Urnas Centro 3 norte nº 214, del mismo cementerio.

Una idea nos ronda insistentemente: si Lorca hubiera podido cumplir la promesa hecha en el verano de 1934 en su visita el estudio santanderino del pintor Antonio Quirós de regresar a la ciudad para recoger el cuadro que con que éste quería obsequiarle, su destino quizás hubiera tomado un rumbo bien diferente. Pero en el mes de julio de 1936 negras premoniciones se cernieron sobre un temeroso poeta que prefirió refugiarse en el seno familiar de su Granada, en vez de dirigirse hacia el Norte. El desarrollo de los hechos es bien conocido: en Granada cayó en manos de sus verdugos pronto sublevados, mientras que en Santander hubiera permanecido durante algo más de un año bajo el paraguas protector del Frente Popular. Quizás, también, la decisión desesperada de Rapún no hubiera estado sujeta a la fatalidad de los acontecimientos vividos. En ambos casos, todo ello sometido al quizás de un guerra cruenta y sujeta a un trágico desenlace para las personas de su mentalidad.

"Buen futbolista y socialista apasionado"
Rafael Rodríguez Rapún se incorporó a ‘La Barraca’ en los primeros meses de 1933, cuando el grupo ensayaba la obra ‘Fuenteovejuna’, sustituyendo a Miguel González Quijano en el puesto de secretario del grupo que éste dejaba vacante.

Así le describe Gibson: "Es de constitución atlética, buen futbolista y socialista apasionado. Hace unos meses que se ha incorporado a La Barraca, y es ya su secretario, cargo que desempeña con tanta eficacia y con contabilidad tan transparente que todos lo respetan”. El diplomático chileno Carlos Morla Lynch (1888-1969), que asiste a la función, ha conocido a Rodríguez Rapún hace un mes con motivo del estreno de Don Perlimplín, de Lorca, interpretado por el santanderino Santiago Ontañón (1903-1989), encontrándolo "simpático, de fisonomía franca, insolente y gentil a un tiempo, y lleno de personalidad", impresión que ahora se confirma.

Luis Sáenz de la Calzada (1912-1994), uno de los componentes de La Barraca, nos ha dejado una descripción más completa del aspecto de Rapún: “Cabeza más bien grande, braquicéfala, cabello ensortijado, frente no muy amplia surcada por una profunda arruga transversal; nariz correcta emergiendo casi de la frente, lo que le daba, en cierta medida, perfil de estatua griega; boca generosa de blanquísimos dientes con mordida ligeramente cruzada; ello hacía que, al reírse, alzara una comisura mientras descendía la otra. Barbilla enérgica, cuerpo fuerte con músculos descansados, poco hechos al deporte; me parece que no sabía nadar; solía ir vestido de oscuro, color que hacía más luminosa su sonrisa. Pisar seguro y andar decidido”.

Gibson, recogiendo declaraciones del director escénico Modesto Higueras (1910-1985), afirma que Rapún no era homosexual pero que acabó sucumbiendo a la magia de Lorca y ya no hubo vuelta atrás: "A Rafael le gustaban las mujeres más que chuparse los dedos, pero estaba cogido en esa red, no cogido, inmerso en Federico. Lo mismo que yo estaba inmerso en Federico, sin llegar a eso, él estaba inconscientemente en este asunto. Después se quería escapar pero no podía... Fue tremendo", dice Higueras, ayudante que fue de Federico en ‘La Barraca’.

En 1933 ‘La Barraca’ actúa en Cantabria. No es la primera vez que acude a la provincia de Santander, puesto que ya en el verano de 1932, al regreso de su gira norteña por Galicia y Asturias, por recomendación de Carlos Morla sus componentes estuvieron en Santillana del Mar a finales de la primera decena de setiembre, y ante el mal tiempo reinante se contentaron con visitar la romántica villa, penetrando en las cuevas de Altamira, cuyas pinturas asombraron a Lorca, para después asistir a la lectura de una obra de Federico en la tranquilidad del hotel Pereda, "donde en la noche junto a la chimenea nos leyó Federico "Así que pasen cinco años", obra que nos causó impacto y asombro", recordará una de las más activas componentes del grupo: la actriz Mari Carmen García Lasgoity. Los santanderinos, conocedores de la gira, tenían todavía esperanzas de poder asistir a una de las representaciones, pero no hubo ocasión para ello.

En el verano de 1933, Carlos Morla Lynch, asiduo veraneante de la localidad trasmerana de Somo en una casita situada cerca de la bahía, espera que el conjunto universitario visite el pueblo y que Federico cumpla su promesa hecha en Madrid de montar una representación para sus rústicos habitantes. Con Morla y su mujer Bebe se encuentra otro matrimonio, compuesto por los escritores franceses Marcelle Auclair –que después será biógrafa de Federico— y Jean Prevost, y entre las visitas que reciben está la del historiador Américo Castro, uno de los profesores de la Universidad Internacional de La Magdalena.

Una tarde de agosto desembarcan de una de las lanchas que unen al pueblito con Santander tres muchachos, uno de los cuales es Rafael Rodríguez Rapún: "Los cuatro visten el mono azul que constituye el uniforme del teatro ambulante de Federico". Otro es Luis Sáenz de la Calzada. Ese día Federico no acude a la visita, pero sí lo hace posteriormente vistiendo también el mono azul, en esta ocasión acompañándole el guitarrista Regino Sainz de la Maza (1896-1981), yerno ya de la escritora Concha Espina, con la cual ha coincidido en una noche neoyorkina de 1929. La vuelta a Santander la hacen con el poeta Gerardo Diego (1896-1987), profesor en los cursos de la Universidad Internacional de La Magdalena y que ha caído por el lugar inopinadamente. Calzada, Ugarte, Federico y Rapún fueron a la casa de Gerardo Diego, donde éste tocó el piano para sus visitantes y después lo hizo el propio Federico.

Según Gibson, habría una visita más en compañía de Rafael, porque dice que Lorca va con Rapún a Somo y a Tudanca para saludar a José María de Cossío, donde nombraron a éste "barraquito de honor" entregándole una certificación firmada por todos los componentes; después ‘La Barraca’ cumplirá su gira apalabrada con las representaciones en Santander, sin poder hacer la prometida en Somo, para desencanto de Carlos Morla: debido a un accidente automovilístico, el grupo se ha visto obligado a reducir sus actuaciones en la capital montañesa de cuatro a tres, puesto que en el puerto asturiano de Pajares se fundieron las cuatro bielas del automóvil y perdieron tres días en la espera de la reparación.

En el verano de 1934 Santander recibe nuevamente la visita de ‘La Barraca’, que llega a finales de la primera quincena de agosto. Federico se hospeda esta vez en el Hotel Real, coincidiendo con el ex-ministro Fernando de los Ríos, profesor en esta ocasión en los cursos de la Universidad que tanto contribuyó a crear y por lo cual le había sido otorgado el título de "hijo adoptivo de Santander". El día 13, primero de las representaciones, les llega la noticia de que Ignacio Sánchez Mejías ha muerto en Madrid a consecuencia de una cogida en la plaza de toros de Talavera de la Reina. Dos días más tarde, tenía lugar la representación de ‘El burlador de Sevilla’, en cuyo reparto artístico el joven Rapún –que se ha librado del servicio militar— tiene el papel del pescador Coridón. Carlos Morla también asiste a la representación y dejará escrito en su diario:

"Es tan bonito todo, tan sugestivo, tan lleno de encanto propio; y es tan cautivador el ambiente. Los muchachos con su mono azul -entre los cuales se mueve más que ninguno Rafael Rodríguez Rapún- corrigen los desperfectos: acomodan el escenario, disponen la colocación adecuada de las luces, dirigen el desarrollo del espectáculo, a la vista del público, como en los teatros japoneses. Impresión de algo único, maravillosamente logrado dentro de la espontaneidad de una cosa improvisada" .

El día 18 dan su última representación en Santander, y salen para la localidad de Ampuero, donde por sugerencia de Alfredo Matilla actúan el día 21 en la plaza de la Constitución representando los entremeses cervantinos ‘La cueva de Salamanca’, ‘Los dos habladores’ y ‘El retablo de las maravillas’. Federico se retrata con un grupo de ampuerenses en una comida celebrada en el Café La Juventud, entre los cuales se encontraba el abogado Alfredo Matilla, veraneante en la villa del Asón y principal promotor de esta visita. Después pasan por Limpias y suben el puerto hasta llegar a Medina de Pomar y Villarcayo, itinerario inverso al que unos años antes hiciera Alberti.

Ya habían comenzado a ser bien palpables las dificultades económicas de ‘La Barraca’, puesto que el Gobierno, ahora de Centro-Derecha, no hace efectivos sus compromisos, quizás en un intento de impedir que continuaran su labor los animosos estudiantes. Rapún, consciente de la dificultad en que se encuentran, escribe en el ‘Anuario’ de 1935 sobre las posibilidades existentes. De todas formas, en una tumultuosa junta de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH) celebrada a finales de 1935, Rapún, que en este año ya había actuado en calidad de secretario personal de Lorca, decide dejar su puesto vacante: desde las fechas posteriores a la fracasada Revolución de Octubre de 1934, algunos componentes de ‘La Barraca’ se habían cuestionado si era adecuado seguir con las representaciones cuando "en España hay tantas viudas".

“El gran amor de Lorca murió en Santander”, ahora revisado, se publicó por primera vez en Crónica de Cantabria, Santander, 12-18 de febrero de 2000, p. 30.

2018/08/18

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | ODA A WALT WHITMAN, ¿EL POEMA HOMÓFOBO DE LORCA?

20 Minutos / Mural que recuerda a Lorca en Fuente Vaqueros //

Oda a Walt Whitman, ¿el poema homófobo de Lorca?

Mosca de Colores | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-08-18

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/08/18/oda-a-walt-whitman/ 

Cuando empezamos nuestra peculiar búsqueda de palabras, no tardamos en encontrar estos versos de la ‘Oda a Walt Whitman’, escrita por Federico García Lorca durante su estancia en América, perteneciente a su obra ‘Poeta en Nueva York’ (1930), calificado en ocasiones como el poema homófobo de Lorca. 

[...]
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

[...] 

Lorca no levantaba su voz contra el niño que escribe nombre de niña en su almohada, una niña transgénero, ni contra el muchacho que se trasviste en soledad, ni contra los que buscan chaperos, ni contra los que aman y desean a otro hombre sin decirlo, pero sí contra los maricas, ¡asesinos de palomas!

Para llegar a entender lo que quiso decir hemos tenido que hacer un largo recorrido por sus experiencias vitales, por sus amores y por su sexualidad, para saber qué tipo de persona era, y el detalle en este caso es importante. Retazos de aquí y de allá nos han servido para comprender un relato completo de este niño, joven y hombre homosexual y que exponemos con mayor detalle en la versión completa de este artículo en nuestro blog.

Es importante señalar que tras su asesinato, se realizaron enormes esfuerzos por borrar la homosexualidad de su obra, tanto por parte de su familia, como por algunos actores del sector editorial y académico, mientras que en realidad, Federico García Lorca prácticamente no habló en su obra de otra cosa que no fuera el conflicto que supuso para él la homosexualidad, en una sociedad tan homófoba como aquella.

Era homosexual y así nos lo contaban al estudiar literatura, pero no se nos hubiera ocurrido pensar que ‘Yerma’ (1934) hablara del amor yermo que no da frutos, como es el que une a dos hombres, y que además, formara parte de una proyectada trilogía junto a ‘Bodas de Sangre’ (1931) y ‘La destrucción de Sodoma’, obra que no pudo ser escrita.

Tampoco nos hablaron de la desaparecida obra ‘La bola negra. Drama de costumbres actuales’, posible título para una obra que empezaba así:

“Una capital de provincia. Un señor tras una mesa de despacho. Llama al timbre y entra un criado:

—Que venga el señorito.

Entra su hijo.

—¿Qué quiere decir esto que sé? —y el padre muestra a su hijo una carta—. ¿Que te has presentado pretendiente a socio en el casino y te han echado bola negra? ¿Por qué?

—Porque soy homosexual.”

Con este texto no sólo había pasado de la poesía más tradicional, que permite decir y ocultar, al ocultador surrealismo teatral de ‘El Público’, sino que explícitamente habla de homosexualidad.

Lorca fue un homosexual fuera del armario, casi todo el mundo lo sabía, y de que se supiera no sólo se encargó él viviendo con libertad su sexualidad, sino también la prensa de derechas que durante los últimos años de la república abiertamente lo insultaban y despreciaban.

Y no fue sólo una cuestión de juventud o de vida adulta, sino que ya de niño las personas que lo conocían advertían su afeminamiento, como sus profesores y compañeros de escuela, que se lo hicieron pasar mal. Al tiempo que, más allá de las burlas y según sus propias palabras, cuando era un crío en la Vega de Granada, había “jugado” con todos los chicos de Asquerosa.

Este comportamiento homosexual fue vivido por Lorca de forma conflictiva, en una época en la que los únicos referentes, la idea que se tenía, la concepción de la homosexualidad, era de enfermedad, crimen y pecado.

Pero es que, además, hay que tener en cuenta que Lorca murió a los 38 años, todavía en su plenitud sexual, por lo que si veía a alguien por la calle que le gustaba, daba igual que fuera hetero, iba a por él y se lo ligaba. Y no sólo hubo sexo, como es natural, también hubo amor e incluso poliamor. Dalí, Emilio Aladrén, Eduardo Rodríguez Valdivieso y Rafael Rodríguez Rapún fueron los grandes, y en ocasiones superpuestos, amores conocidos de Lorca.

La vida de Federico García Lorca estuvo llena de hombres, famosos y anónimos, cuyo relato en muchas ocasiones se pierde en experiencias, cartas y bocetos de obras que se han ocultado, destruido y olvidado con el paso de los años. Tanto en Granada, como en Madrid y, por supuesto, en las Américas, siempre estuvo rodeado de hombres homosexuales o no, con los que compartía vivencias, anhelos, textos y/o sexo.

Con todo, podemos distinguir a dos Lorcas, el de antes de su viaje a Nueva York y el de después de Walt Whitman (1819-1892), célebre poeta Norteamericano y también homosexual. Probablemente Federico ya conocía sus poemas, pero fue allí donde el poeta tuvo contacto más profundo con su obra, lo que fue vital en la resolución del conflicto con su homosexualidad.

El poeta de 31 años, que llegaba triste a Nueva York por el abandono de Dalí y de Emilio Aladrén, además de conferencias y charlas, frecuenta bares de ambiente y disfruta orgías con negros, marineros y soldados. Pongámonos en la piel del joven Lorca, epéntico machi-hembrista, cachondo con frecuencia, que podía desaparecer en cualquier momento para ir de cancaneo. Fuente Vaqueros, Asquerosa, Granada, Madrid, París, Londres, Nueva York, Cuba. Esa búsqueda, ese intentar entenderse, construirse y amarse. Ampliar horizontes seguro que fue un buen revulsivo.

Hemos hablado en muchas ocasiones del carácter performativo del insulto, de cómo los referentes, las etiquetas, construyen la vida de las personas a su imagen y semejanza. En la época que vivió Lorca el referente del homosexual era el ‘Marica’, lo que le “abocaba sin remedio” a ser uno.

El ‘Marica’ era ese hombre afeminado e inofensivo, ridículo, objeto de burlas, poco de fiar, rodeado de mujeres, que era como una mujer y que acababa comportándose como una (estereotipadamente negativa). Era el papel que aquella sociedad homo-cateta y machista tenía reservado para los homosexuales afeminados, los únicos existentes por visibles, de los que no se esperaba, ni se concebía, que pudiesen aspirar a conocer, enamorarse y vivir la vida junto a otro hombre. Los maricas ‘enemigos sin sueño del Amor que reparte coronas de alegría’. Y Lorca tenía un problema con esto. Puesto que no era hetero, era un marica y no quería serlo –‘¿debo renunciar al amor?’–.

Con Whitman todo cambió porque con su obra Lorca encontró un nuevo referente. ‘La virilidad, la fraternidad y la camaradería, la admiración del cuerpo masculino, la aceptación de uno mismo y la expresión propia, la reivindicación de la homosexualidad, la defensa de los oprimidos y de los explotados’ son, en esencia, las características de un nuevo referente que acabó de construir a Federico, dotando de coherencia a su realidad y a sus aspiraciones.

Con este nuevo referente, Lorca pudo cargarse el de marica, pudo cambiar de traje y de cuerpo. Esto es lo que hay en la ‘Oda a Walt Whitman’, el abandono y la destrucción del único referente, de la etiqueta que tanto le había hecho sufrir, la asunción de uno nuevo para él y el anuncio de tiempos mejores con ‘la llegada del reino de la espiga’. No hay homofobia, sino todo lo contrario. Con la muerte del poeta, hoy hace 82 años, el referente lo perdimos lxs demás.

  • Fuentes:
  • “Lorca y el mundo gay”, Ian Gibson, Ediciones B, 2015).
  • Publicaciones de Luis Antonio de Villena
  • Publicaciones de ABC, El País, El mundo y RTVE.

2018/02/27

DOCUMENTACIÓN | LITERATURA | EL TEMPLO BARROCO DE BLANCO AMOR

Eduardo Blanco Amor //

El templo barroco de Blanco Amor

La reedición de «La catedral y el niño», considerada una de las mejores novelas españolas del siglo XX, aspira a redescubrir al autor ourensano a un nuevo público
Xesús Fraga | La Voz de Galicia, 2018-02-27
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2018/02/27/templo-barroco-blanco-amor/0003_201802G27P33991.htm 

«El barroquismo es la forma congénita de la expresión gallega», sostenía Eduardo Blanco Amor (Ourense, 1897-Vigo, 1979), quien armó una larga novela de orfebre: ‘La catedral y el niño’. «Aunque en esto del barroco de Blanco Amor hay que soltar mucho hilo a la cometa», matiza Andrés Trapiello, autor del prólogo de una nueva edición del libro que aspira a presentárselo a una nueva generación de lectores y que otras anteriores lo redescubran o lo resitúen en la justa medida que merece su calidad literaria.

«’La catedral y el niño’ figura entre las mejores novelas españolas del siglo XX», asegura Luis Solano, editor de Libros del Asteroide, el sello que ayer puso a la venta esta nueva edición de la obra publicada originariamente en 1948 en Buenos Aires y reeditada en España una vez muerto Franco. Solano, vigués afincado en Barcelona, conocía la obra gallega de Blanco Amor –‘A Esmorga’, ‘Os Biosbardos’ y ‘Xente ao lonxe’, señala- pero no ‘La catedral y el niño’. Hasta que la vio citada en uno de los diarios de Trapiello y la leyó deslumbrado. «No me podía creer que apenas se conociese este libro», recuerda. «Creo que está a la altura del mejor Torrente o Cela, pero seguramente a Blanco Amor le perjudicó no estar aquí para defender su obra cuando apareció», explica el editor, quien también cree que una novela como esta es víctima de una compartimentación que deja fuera a autores que no se han consagrado en el canon español. «A Blanco Amor se le considera un autor gallego», confirma Solano, por lo que fuera de Galicia su obra en esta lengua se conoce poco y aún menos la que escribió en castellano. «Es un desencuentro que nace del poco interés que hay en la España castellana por el resto de lenguas. Y es una pena que no sientan estas obras como algo suyo», dice, trazando un paralelismo entre Blanco Amor y una autora como la catalana Mercè Rodoreda, cuya obra ‘La plaça del diamant’ se conoce mucho menos, por ejemplo, que ‘Nada’, de Carmen Laforet, pese a su calidad literaria.

Tallado en granito
Volviendo al barroquismo, Trapiello matiza de nuevo: «Lo gallego es siempre especial, se va fuera de los cánones. El barroco gallego, al estar tallado en granito, sigue siendo un poco románico», pone como ejemplo para diferenciar un barroco gallego del que permite el mármol blanco, por ejemplo, en el romano. «Por si fuera poco, en Galicia llueve mucho, y si a algo se le dan muchas facilidades allí es al musgo y al verdín», añade, antes de precisar: «Lo cierto es que el escultor de granito tiene más de cantero que de artista. Blanco Amor se llama a sí mismo artesano».

En su prólogo, Trapiello avanza algunas de las claves de ‘La catedral y el niño’, como su calidad de novela de iniciación, sus doscientos personajes, la mirada del niño y su relación con la biografía de Blanco Amor, pasada por el filtro de la memoria y el lenguaje: «Parece que no sucede nada. Al principio creemos que son solo palabras, palabras raras, precisas, antiguas. Frases castizas, populares, vivísimas. Todas con su música especial. No nos damos cuenta y ya estamos prendidos del anzuelo. Como el bordón de una gaita, y viene luego la melodía: los hechos precisos, todo lo que el niño no se ha atrevido a contar de su vida, lo contará por Blanco Amor en esta novela».

Trapiello también aporta unas pinceladas vitales del escritor: el abandono paterno a los siete años, la emigración a la que más tarde se superpone el exilio, la amistad con Lorca y los ‘Seis poemas galegos’, su homosexualidad y el desencanto del regreso a España en 1966, con los sinsabores de una vida literaria pacata y la vigencia del caciquismo. De ello se queja en una carta a un editor, a quien le anuncia que se irá pronto, según Trapiello, tras «sacudirse el polvo de las sandalias, harto de la vida mezquina que se tropieza a todas horas».

2017/11/20

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL TABÚ SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD DE GARCÍA LORCA

El tabú sobre la homosexualidad de García Lorca.
Manuel Tirado | Nueva Revolución, 2017-11-20

https://nuevarevolucion.es/el-tabu-sobre-la-homosexualidad-de-garcia-lorca/

La editorial Seix Barral publica ahora una nueva edición de ‘Confieso que he vivido’, las memorias en las que Pablo Neruda trabajó hasta poco antes de su muerte, en 1973, en la que ahora se incluyen textos inéditos del Premio Nobel chileno, entre ellos uno sobre Federico García Lorca titulado ‘El último amor de Federico’, en el que se cuenta la relación que mantuvo el poeta granadino con Rafael Rodríguez Rapún, desencadenante de los ‘Sonetos del amor oscuro’.

Habría que preguntarse la razón por la que Neruda decidió no publicar en los años 70 un texto donde se hablaba libremente y sin ningún complejo de la homosexualidad de Federico. Pues pienso que el chileno, sin duda, creía que la sociedad de aquella época todavía no estaba preparada para conocer esta historia y que sería fatal para la reputación de la obra de Federico. Neruda se hizo la siguiente pregunta: “¿Está el público suficientemente desprovisto de prejuicios para admitir la homosexualidad de Federico?”.

Hoy en día parece que el tema está superado y digo “parece” porque en realidad todavía no lo está. Desgraciadamente seguimos bajo la influencia de cuarenta años del franquismo y de la herencia eclesiástica que todavía hoy, desde los púlpitos, arremete contra los homosexuales. Una herencia que hace que un libro de texto para alumnos de la ESO de una muy famosa editorial nacional no diga que Federico fue asesinado por “rojo y maricón” y simplemente trate de adoctrinar (palabra desgraciadamente muy de moda en estos días) a los más jóvenes en que Federico simplemente “murió” en la Guerra Civil.

Más de ochenta años hace ya de cuando a Federico “se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada”, como dejó escrito Antonio Machado, otra víctima del régimen franquista, que murió solo y exiliado en Colliure, tres años más tarde del comienzo de la contienda, y desgraciadamente todavía algunos se ruborizan frente a la homosexualidad de Lorca.

Cuando no llegaba ni a los cuarenta años de edad cortaron la vida y la obra de un poeta que había llegado a unas cotas de lirismo excepcionales y con su asesinato no nos dejaron disfrutar de su futuras, y ya imposibles, obras. Con la República pasó lo mismo. No dejaron florecer ese grito de libertad del pueblo, esa explosión de júbilo y cultura que se vio reflejada en las misiones pedagógicas y en experimentos teatrales como ‘La Barraca’, etc., ya que tras unos pocos años de luz reflejados en la República, llegaron más de cuarenta años de oscuridad, de dictadura, de “pan y cebolla”, como diría Miguel Hernández, cuarenta años de nacionalcatolicismo del que desgraciadamente todavía sufrimos las consecuencias.

Porque Lorca representaba todo lo contrario a esa España negra descrita por Solana en sus cuadros, de esa España de incienso y procesión, de achicoria y martes de carnaval, de curas sentados a la mesa del señorito del pueblo dilucidando el futuro de las almas de los pobres jornaleros. ¡Ojo! Y Lorca participó de los clichés que se relacionaban con la España de siempre, esa España de toreros y cantaores de flamenco que tanto buscan hoy en día los guiris en las cuevas del Sacromonte granadino.

Pero la visión de Lorca de España y de Andalucía era totalmente distinta a la habitual. Así lo dejó escrito Francisco Umbral en su libro ‘Lorca, poeta maldito’, donde se esboza la idea de que Lorca fue el único poeta maldito de la poesía española, precisamente porque "es el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales".

Lorca, en Granada, está con los gitanos frente a la Guardia Civil, frente al orden establecido. Lorca, en Nueva York, está con los negros, está con Harlem frente a Wall Street. Lorca, en su ‘Oda a Walt Whitman’ y en sus ‘Sonetos del amor oscuro’, libro póstumo y a la vez mítico, canta a la pasión que no se atreve a decir su nombre. Lorca es, radicalmente, “un hombre en contra”. Y ahí es donde radica la diferencia.

Este es el Lorca revolucionario, el Lorca que mataron por rojo y homosexual, el Lorca tan lejano de esa España que trajeron Franco y los curas, esos mismos que trataron de vestirlo y simplificarlo a la imagen del voluble señorito andaluz que tocaba el piano y escuchaba la guitarra. Y por lo que seguramente Neruda no quiso incluir ese texto en sus memorias, porque la gente no estaba preparada para entender que Lorca es el poeta de los olvidados, de los reprimidos, de los perseguidos, de los que se sienten “asesinados por el cielo”, de los que no caben en esta sociedad por amar distinto, por ser distintos.

¡Cuán necesaria sigue siendo tu voz, Federico! Y mucho más en esta España que sigue siendo un país, como bien dijiste en tu monumental poema ‘Grito hacia Roma’, donde “no hay más que un millón de herreros forjando cadenas para los niños que han de venir”. Las cadenas que desgraciadamente nos ponen los de siempre y que nos impiden pensar libre.

2017/07/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LUIS HURTADO: LA PASIÓN OCULTA DE LORCA

Luis Hurtado: la pasión oculta de Lorca.
El suyo es uno de los nombres olvidados en la biografía del poeta. Una serie de documentos hasta la fecha inéditos permiten saber algo más sobre quien fue una sus últimas obsesiones.
Víctor Fernández | La Razón, 2017-07-23
https://www.larazon.es/cultura/luis-hurtado-la-pasion-oculta-de-lorca-JH15654805/ 

El suyo es uno de los nombres olvidados en la biografía del poeta. Una serie de documentos hasta la fecha inéditos permiten saber algo más sobre quien fue una sus últimas obsesiones.

El 11 de marzo de 1937 hacía algo más de medio año que las autoridades sublevadas en Granada habían asesinado a Federico García Lorca. El poeta era uno más de los muchos hombres y mujeres que el Gobierno Civil de la ciudad de la Alhambra había hecho desaparecer, era alguien a quien se había eliminado sin previo juicio por ser considerado un enemigo. La prensa republicana había tratado valientemente de aclarar si Lorca había sido asesinado, tal y como lo apuntaban los rumores, pero era poca la información que se podía obtener de los sublevados granadinos. En los medios del bando franquista no se publicaría nada sobre la muerte de Lorca hasta ese 11 de marzo de 1937.

En esa fecha, el diario fascista «Unidad», editado en San Sebastián, daba a conocer un homenaje poético a Lorca bajo el título: «A la España imperial le han asesinado su mejor poeta». Su autor era Luis Hurtado Álvarez y en su texto trataba de demostrar, muy equivocadamente, que, de no haber muerto, Lorca se hubiera acercado al falangismo. Era una manipulación de la historia tratando de describir al poeta como alguien cercano a los postulados joseantonianos, pero probablemente era la única manera que tenía el autor para escribir sobre Lorca a quien, por cierto, no citaba por su nombre en ningún momento. El texto se divulgó en algún otro medio falangista, causando tal revuelo cuando vio la luz en «Antorcha», un semanario editado en Antequera, que el director del mismo, Nemesio Sabugo Gallego, y algunos de sus colaboradores fueron detenidos por las fuerzas militares franquistas. El motivo del revuelo habla por sí mismo: los partidarios de Franco no les hacía ninguna gracia que una revista falangista dedicara sus páginas a Lorca y que se mencionara su asesinato en Granada. Cuando a Sabugo Gallego se le preguntó por el paradero de Hurtado, solamente pudo responder que pertenecía a una agencia de colaboración en Salamanca. Desde Antequera se ordenó la detención del autor del artículo, pero nunca pudo ser localizado porque en realidad donde estaba era en San Sebastián. Lo que nadie sabía en ese momento es quién era Luis Hurtado Álvarez y sus motivos para escribir ese texto.

Hace unos meses pude acceder a una carpeta con una serie de documentos que pertenecieron a Luis Hurtado Álvarez. Habían pasado de un librero de viejo a una colección particular. En el interior de la carpeta se guardaba la hoja de respeto de lo que había sido un ejemplar de la primera edición de «Bodas de sangre», aparecida en la Editorial El Árbol en 1935, bajo el cuidado de José Bergamín. En ella Lorca escribió: «A mi queridísimo amigo Luisito Hurtado perdido en esta selva de Madrid. Con un abrazo de su amigo que no le olvida Federico Madrid 1936». La firma iba acompañada de uno de esos dibujos con elementos vegetales que tanto le gustaba hacer al poeta. Indudablemente es uno de los últimos dibujos de Lorca antes de dejar Madrid para encontrar la muerte en Granada en el sangriento verano de 1936. La dedicatoria, tan afectuosa, denota que hubo una amistad entre Lorca y Hurtado que se remonta hacia 1934, algo que sabemos gracias a otro libro localizado recientemente en una colección privada por Ian Gibson, biógrafo de Lorca. Se trata de un ejemplar de la «Oda a Walt Whitman», que Lorca publicó en México en una muy limitada edición de 50 ejemplares que distribuyó entre sus más cercanos amigos. Es en este poema, como dice Gibson, donde Lorca afronta con mayor transparencia su «problema» con la homosexualidad. Por ese motivo fue muy cuidadoso escogiendo a los lectores de esa edición limitada, aquellos que lo pudieran comprender bien. «Para Luis Hurtado Álvarez, recuerdo cariñoso de Federico García Lorca Madrid 1934» reza la dedicatoria que el poeta le escribió en la primera página de ese ejemplar que hoy afortunadamente todavía se conserva.

Pero ¿quién era este joven? Nacido el 27 de enero de 1917, era hijo de Luis Hurtado Girón, un célebre actor que fue el secretario personal del Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente. Fue precisamente el autor de «Los intereses creados» quien presentaría al joven a Lorca. Así lo han recordado para este diario sus sobrinas, las actrices Teresa y Fernanda Hurtado: «Nuestro tío Luis y Lorca se conocieron en un bar de Madrid que se llamaba Los Italianos, donde los presentó don Jacinto». Las dos hermanas apuntan, además, que el establecimiento, situado en la carrera de San Jerónimo, era punto de encuentro de homosexuales en el Madrid de la Segunda República. «Era un tema tabú en aquella época. Nuestro padre, Diego Hurtado, defendía a don Jacinto, mientras que nuestro tío Luis a Lorca. Ellos no eran homosexuales y en aquella época había otra mentalidad, pero los defendieron, algo que casi les cuesta la vida a ambos, a nuestro padre y a nuestro tío», aseguran Teresa y Fernanda. Diego Hurtado escondió a Benavente durante la Guerra Civil «en un desván como Ana Frank», como rememoran sus hijas. Luis, por su parte, se atrevió a dedicarle un texto en el bando franquista que provocó una orden de detención contra él.

Mucho carácter
Que Lorca y Benavente se conocían es sabido, aunque no se puede hablar de una profunda amistad entre ellos. «Eran rivales y los dos tenían mucho carácter, pero después de estrenar volvían a hablar como siempre», apuntan las Hurtado. En este sentido, cuando el 28 de diciembre de 1934 tiene lugar el ensayo general de «Yerma», la última tragedia lorquiana, Benavente será una de las tres «barbas ilustres» que asista a la función junto con Ramón María del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno. Es precisamente en esas fechas cuando Luis Hurtado Álvarez le escribe a Lorca una de las dos misivas conservadas en la fundación que lleva el nombre del autor granadino. Otra carta, de 1935, hace referencia a la publicación del «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», una elegía que inspiraría dos años más tarde «Gráfico de los huesos sobre tierra» donde Luis quiso rendir homenaje póstumo a su amigo granadino.

Las hermanas Hurtado hablan con admiración de su tío y reconocen que es la primera vez que alguien les pregunta por aquella amistad lorquiana. «Mis tíos y nuestro padre eran muy guapos, la sensación del Madrid de ese tiempo y además vestían con modernidad. Nuestro tío Luis era muy hombre, como le gustaba a Lorca», explican. Cuando el autor de estas líneas les pide saber si hubo algo entre el autor de «Bodas de sangre» y él reconocen que «no lo podemos asegurar porque desconocemos mucho del tío Luis. Había cosas de las que no hablaba porque era muy estricto con su vida privada. Pero ¿cómo no se iba a amar a Lorca? Él le prestaba su belleza y Lorca su inteligencia».

2017/07/02

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CUANDO EL AYUNTAMIENTO DE MÁLAGA VETÓ A CELA POR SU HOMOFOBIA

Ocurrió hace 19 años. Cuando el Ayuntamiento de Málaga vetó a Cela por sus declaraciones contra los homosexuales.
El pleno de la corporación, cuya alcaldesa era Celia Villalobos, acordó no invitar al escritor a actos culturales o protocolarios por unas polémicas declaraciones que hizo.
José Manuel Alday | Diario Sur, 2017-07-02
https://www.diariosur.es/malaga-capital/veto-ayuntamiento-malaga-20170630113004-nt.html 

Sucedió un 2 de julio de 1998, hace ahora 19 años. El pleno del Ayuntamiento de Málaga, cuya alcaldesa era entonces Celia Villalobos, acordó vetar al escritor Camilo José Cela por unas declaraciones realizadas contra los homosexuales. El pleno acordó no invitar al escritor y premio Nobel a actos culturales o protocolarios que se celebraran en la ciudad. El origen de esta situación se produjo días antes, cuando el premio Nobel de Literatura y premio Cervantes, con ocasión de la presentación de la donación de una obra de arte a la fundación que lleva su nombre, al ser preguntado por su opinión acerca de los actos que se estaban desarrollando ese año para conmemorar el centenario del nacimiento de Federico García Lorca, manifestó que si él recibiera un homenaje dentro de cien años esperaba que éste fuera «más sobrio y sin el apoyo de los colectivos gays».

Esas declaraciones fueron ampliamente contestadas por distintos colectivos, escritores y partidos políticos, e Izquierda Unida anunció su intención de presentar una moción para declarar a Cela persona «non grata» en Málaga. La moción de Izquierda Unida fue defendida por la concejala Montserrat Martín, que argumentó que las declaraciones de Cela llevaban a una «generalización discriminatoria del colectivo homosexual», y habían levantado ampollas en amplios sectores de la sociedad, «no sólo porque utilizó un lenguaje soez e impropio de un hombre de letras, sino porque pretende dañar gravemente la imagen de uno de nuestros máximos embajadores de la cultura española del siglo XX». La concejala argumentó que pretender el amparo del derecho a la libre expresión en aquel caso «no es de recibo para justificar semejante exabrupto que atenta precisamente contra ellos».

Málaga se había declarado ese año 'Ciudad de la tolerancia', y de esta forma, el ser tolerante hasta con los intolerantes fue el argumento que llevó a los grupos municipales a descartar, tras un breve debate, la segunda parte de la moción de Izquierda Unida, en la que se proponía la declaración de Camilo José Cela como persona 'non grata' en Ja ciudad.

Antonio Garrido, concejal de Cultura aquellos años, se refirió a las declaraciones de Cela tachándolas de «inadmisibles, impresentables e inaceptables», pero, al mismo tiempo, dijo que todo este tipo de propuestas lo único que hacían era «mantener a Cela en el candelero, que se siga hablando de él y siga vendiendo libros, que en el fondo es lo que pretende alentando este tipo de polémicas». Además, explicó que la aversión mostrada por Cela contra los homosexuales con esas declaraciones no era nueva ya que era casi una constante en la literatura del premio Nobel.

Tras el debate, IU aceptó modificar el punto relativo a su declaración de persona «non grata» por el veto a participar en actos promovidos por el Ayuntamiento.

Todos los grupos aprobaron por unanimidad el rechazo a las manifestaciones de Cela, mientras que PSOE, IU y grupo mixto apoyaron impedir su participación en actos culturales en la ciudad.

2017/04/25

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | PÍO MOA: CELA, HOMOSEXISMO, GARCÍA LORCA

Cela, homosexismo, García Lorca.
Pío Moa, 2017-04-25

https://www.piomoa.es/?p=5533

Unos días en Moscú: la ciudad más impresionante que conozco, algo inesperado. Pero, en fin, para antes de dormirme releí a trozos ‘Cela, el hombre que quiso ganar’, de Ian Gibson. Gibson es bastante agudo cuando trata a Cela, aunque cuando le toca hablar del franquismo o de temas progres, no pasa de soltar necios tópicos de propaganda. Qué se le va a hacer, el antifranquismo es así: ‘Para los socialistas, Cela no era un demócrata genuino sino, más bien, un señor que nadaba con la corriente del momento, que nunca había arriesgado nada y que, en primerísimo lugar, pensaba en sí mismo y en su carrera.’ Y concluye Gibson, virtuosamente: “a mi juicio, con ello no andaban muy desencaminados”. Resulta chusco, por no decir algo realmente fuerte, poner como referentes o jueces morales, en política, literatura o cualquier cosa, a los políticos más corruptos del siglo XX y lo que va del XXI, los mayores ladrones (¿por qué no se habla mucho más del ‘Vita’?), organizadores de guerra civil, con un largo historial de terrorismo, de chekas, de colaboración con la ETA y los separatismos... y de oposición al franquismo casi nula, con tantos de ellos habiendo prosperado como funcionarios de aquella ‘horripilante tiranía’... ¡Demócratas genuinos!

Pero voy a otra cosa. En junio de 1998, Cela declaró: ‘Ojalá dentro de cien años los homenajes a Lorca sean más sólidos, menos anecdóticos y sin el apoyo de los colectivos gays. No estoy ni a favor ni en contra de los homosexuales, simplemente me limito a no tomar por el culo.’ Salta a la vista lo que decía, aunque las ceremonias de la confusión corrientes obliguen a aclararlo: Cela criticaba el turbio folklore político-cultureta en torno a García Lorca, así como el intento de los homosexistas de hacer de Lorca un icono gay, y al mismo tiempo expresaba una indiferencia despectiva hacia esos colectivos. Algo que debiera ser perfectamente normal en un país democrático, con libertad de expresión y de conciencia.

Pero en España, como en la UE, eso no se entiende así. Naturalmente las camarillas homosexistas y quienes se sintieran menospreciados por Cela tienen su derecho a replicarle; pero el carácter de sus réplicas es peculiar, buscan imponer por ley sus ideas y aplastar la expresión de discrepantes como Cela. Vivimos bajo un nuevo despotismo totalitario, cada vez más fuerte, y convendría que nos percatásemos a tiempo.

Así, el socialista (claro) Almunia, declaró que Cela no estaba a “la altura de los tiempos”. Los tiempos del neodespotismo “de género”, naturalmente. La ignorante –también socialista y abortista—Matilde Fernández sugirió a Cela que leyese la Constitución”, cosa que ella probablemente nunca hizo. Maruja Torres, una chabacana estrella de ‘El País’, creo recordar, afirmó que “es mucho más digno tomar por el culo que lamerle el culo al poder, como Cela ha hecho tantas veces”. En esos lametones pocos han superado a ‘El País’ y su gente, por cierto, recibiendo por ello el adecuado premio.

‘El País’, que llamaba “sindicato del crimen” a los periodistas que destapaban la corrupción socialista, publicó una carta contra Cela firmada por más de doscientos escritores, editores, periodistas, libreros y lectores. Todos ellos demócratas empedernidos, naturalmente.

Otro necio laureado, comunista de IU, Felipe Alcaraz, exigió que el Ayuntamiento de Granada declarase a Cela persona non grata porque a su juicio Cela había insultado a García Lorca, asesinado “entre otras razones, por ser homosexual”. Etc.

Zerolo “célebre por su fama”, que diría Heine, diagnosticó que Cela era “un reaccionario intolerante, insolidario, machista, misógino y homófobo”. Estos estúpidos calificativos son el santo y seña para condenar a muerte civil a la víctima de ellos, le ha ocurrido a mucha gente, aunque ello resultara imposible con Cela, que podía reírse del intento con su flamante Nobel aureolándole la testa.

Y así sucesivamente. Lo primero que llama la atención es la furia y amplitud de una reacción que quería ser aplastante. Claro que, de todas formas, con Cela no podían pasar de ciertos límites, como hacen con personajes menos notorios. Por ejemplo, un servidor ha publicado en las redes sociales comentarios como este: ‘El primer derecho de un niño es a un padre y una madre reales, no a una parodia de dos papás y dos mamás. Los niños no son mascotas.’ Resultado: un alud de insultos, amenazas, deseos de muerte, jactancias de que me queda poca vida, obscenidades... Expresiones de odio enfermizo realmente preocupantes por parte de quienes intentan destruir la libertad de expresión y de conciencia haciéndose las víctimas y con la argucia de que los discrepantes de ellos “incitan al odio”: al despotismo por el victimismo, sería su lema.

Hemos llegado a una situación en la que se pretende impedir cualquier expresión molesta o denigratoria hacia homosexistas, feministas y demás gente “del género”. En cambio la denigración de la Iglesia y el cristianismo, raíces de la cultura occidental, no solo se admiten, sino que se promueven muy activamente. La burla y el escarnio del patriotismo, de la familia, de la maternidad; la promoción de la liquidación de vidas humanas en el seno materno, etc., están a la orden del día; las calumnias al franquismo no solo son continuas, sino obligadas en cualquier intelectual de la recua que se precie, como el propio Gibson. Parece que una cosa va con la otra, que “el amor estéril” implica mil odios.

Por lo demás, ni García Lorca fue asesinado por ser homosexual ni él mismo estaba particularmente orgulloso de serlo, como muestran sus poemas. Muchos de estos fanáticos lo tildarían de “homófobo”. Un tal Fernando Delgado interpretaba que lo que Cela temía era la gloria de García Lorca, la cual permanecería dentro de cien años, y la de Cela no. La verdad es que uno se pregunta si García Lorca, que parece haber tenido cierta amistad con José Antonio, recibiría hoy el mismo culto si en lugar de ser asesinado por gente de derecha, lo hubiera sido por los rojos. Posibilidad nada irrealista, por cuanto el Frente Popular asesinó a más intelectuales que sus contrarios, y otros muchos (Ortega, Marañón y tantos otros) escaparon de él como pudieron.

Por mi parte, he explicado muchas veces la diferencia entre homosexualidad y homosexismo u homosexualismo, y no lo repetiré ahora.

Un poema de García Lorca (de Poeta en Nueva York)…

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a, los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
‘Faeries’ de Norteamérica,
‘Pájaros’ de la Habana,
‘Jotos’ de México,
‘Sarasas’ de Cádiz,
‘Apios’ de Sevilla,
‘Cancos’ de Madrid,
‘Floras’ de Alicante,
‘Adelaidas’ de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico…

...Y otro de Cela (‘Donación de órganos’)

Quiero el día que yo muera
poder donar mis riñones,
mis ojos y mis pulmones.
Que se los den a cualquiera.
Si hay un paciente que espera
por lo que yo ofrezco aquí
espero que se haga así
para salvar una vida.
Si ya no puedo respirar,
que otro respire por mí.
Donaré mí corazón
para algún pecho cansado
que quiera ser restaurado
y entrar de nuevo en acción.
Hago firme donación
y que se cumpla confío
antes de sentirlo frío,
roto, podrido y maltrecho
que lata desde otro pecho
si ya no late en el mío.
La pinga la donaré
y que se la den a un caído
y levante poseído
el vigor que disfruté.
Pero pido que después
se la pongan a un jinete,
de esos que les gusta el brete.
Eso sería una gran cosa
yo descansando en la fosa
y mi pinga dando fuerte.
Entre otras donaciones
me niego a donar la boca.
Pues hay algo que me choca
por poderosas razones.
Sé de quien en ocasiones
habla mucha bobería;
mama lo que no debía
y prefiero que se pierda
antes que algún comemierda
mame con la boca mía.
El culo no lo donaré
pues siempre existe un confuso
que pueda darle mal uso
al culo que yo doné.
Muchos años lo cuidé
lavándomelo a menudo.
Para que un cirujano chulo
en dicha transplantación
se lo ponga a un maricón
y muerto me den por culo.

2016/08/15

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | GARCÍA LORCA. OCHENTA AÑOS

García Lorca. Ochenta años.

Manuel Tirado | Nueva Tribuna, 2016-08-15

https://www.nuevatribuna.es/articulo/cultura---ocio/garcia-lorca-ochenta-anhos/20160815110934130911.html 

Ochenta años. Ochenta años hace ya de aquella fatídica noche de agosto de 1936 en la que asesinaron al poeta Federico García Lorca. Ochenta años en que “se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada”, como dejó escrito Antonio Machado, otra víctima del régimen franquista, que murió solo y exiliado en Colliure, tres años más tarde del comienzo de la contienda. Ochenta años y Federico sigue siendo un poeta sin tumba, un poeta enterrado en una fosa común, como muchos otros represaliados durante la Guerra Civil, esas fosas comunes que son un vestigio más de ese castigo que los vencedores impusieron sobre los vencidos, que trataron de relegar a la masa, a lo desconocido, al ingente amontonamiento de cadáveres apilados, los nombres de cientos de personas que dieron su vida por la libertad y la democracia en este país.

Afortunadamente el nombre de García Lorca no se le olvidó a nadie por mucho que lo trataron de silenciar, porque su poesía quedó como testigo de su existencia y de su genialidad.

No soy muy adepto a los homenajes rimbombantes cuando de poetas se trata, ya que siempre he pensado que el mejor homenaje que se le puede hacer a un poeta es leer sus versos y tampoco me acerco a la obra de un poeta sólo por su ideología o por su azarosa biografía, pero el caso de Lorca es especial. Y además es representativo, ya que podemos hacer una analogía perfecta con la Segunda República Española; en ambos casos nos viene a la perfección la frase: “lo que pudo ser y no dejaron que fuese”.

Cuando no llegaba ni a los cuarenta años de edad cortaron la vida y la obra de un poeta que había llegado a unas cotas de lirismo excepcionales y con su asesinato no nos dejaron disfrutar de su futuras, y ya imposibles, obras. Con la República pasó lo mismo. No dejaron florecer ese grito de libertad del pueblo, esa explosión de júbilo y cultura que se vio reflejada en las misiones pedagógicas y en experimentos teatrales como 'La Barraca', etc, ya que tras unos pocos años de luz reflejados en la República, llegaron más de cuarenta años de oscuridad, de dictadura, de “pan y cebolla”, como diría Miguel Hernández, cuarenta años de nacionalcatolicismo del que desgraciadamente todavía sufrimos las consecuencias.

Porque Lorca representaba todo los contrario a esa España negra descrita por Solana en sus cuadros, de esa España de incienso y procesión, de achicoria y martes de carnaval, de curas sentados a la mesa del señorito del pueblo dilucidando el futuro de las almas de los pobres jornaleros. ¡Ojo! Y Lorca participó de los clichés que se relacionaban con la España de siempre, esa España de toreros y cantaores de flamenco que tanto buscan hoy en día los guiris en las cuevas del Sacromonte granadino.

Lorca, Poeta maldito.
Pero la visión de Lorca de España y de Andalucía era totalmente distinta a la habitual. Así lo dejó escrito Francisco Umbral en su libro 'Lorca, poeta maldito', donde se esboza la idea de que Lorca fue el único poeta maldito de la poesía española, precisamente porque “es el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales”.

Lorca, en Granada, está con los gitanos frente a la Guardia Civil, frente al orden establecido. Lorca, en Nueva York, está con los negros, está con Harlem frente a Wall Street. Lorca, en su ‘Oda a Walt Whitman’ y en sus ‘Sonetos del amor oscuro’, libro póstumo, mítico e inédito, canta a la pasión que no se atreve a decir su nombre. Lorca es, radicalmente, un hombre en contra”. Y ahí es donde radica la diferencia.

Este es el Lorca revolucionario, el Lorca que mataron por rojo y homosexual, el Lorca tan lejano de esa España que trajeron Franco y los curas, esos mismos que trataron de vestirlo y simplificarlo a la imagen del voluble señorito andaluz que tocaba el piano y escuchaba la guitarra. Lorca es el poeta de los olvidados, de los reprimidos, de los perseguidos, de los que se sienten “asesinados por el cielo”, de los que no caben en esta sociedad por amar distinto, por ser distintos.

Es normal que quisieran acallar su voz. Es normal que los que “le dieron café”, quisieran enterrar su memoria en esa fosa común del olvido. Pero no lo consiguieron. Y hoy, ochenta años después, Lorca sigue más vivo que nunca en sus versos, en sus conferencias, en sus obras de teatro... Porque el arte hace al poeta superar la muerte y la memoria siempre será el paraíso del que nadie podrá expulsar a nadie.

2016/05/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | IAN GIBSON: CIEN AÑOS DE CELA

Cien años de Cela.
Cuando se cumple un siglo de su nacimiento, el interés por las obras del escritor gallego es mínimo.
Ian Gibson · Escritor | El Periódico, 2016-05-23
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20160523/cien-anos-de-cela-5152503 

Su lema fue 'Quien resiste gana'. Su empeño máximo, conseguir el Nobel. Lo esencial era triunfar. Ser el número uno. Con una voluntad de hierro, una autoconfianza a prueba de bala («la timidez se ata»), una capacidad de trabajo envidiable y unas aptitudes literarias innegables, nunca descansaría hasta lograr, en 1989, su ansiada meta. Unos años después, al enterarse los suecos de que la relación del galardonado con el franquismo no había sido tan inmaculada como ellos creían -y que incluía el ofrecimiento, en 1938, de denunciar a «rojos» de su conocimiento-, se produjo un revuelo en Estocolmo, tan eficazmente cortejado a lo largo de los años. Pero era demasiado tarde: una vez concedido el palmarés no había la menor posibilidad, naturalmente, de retirarlo.

Cuando en junio de 1998 se iniciaron los múltiples actos del centenario del nacimiento de Federico García Lorca, Camilo José Cela hizo unas declaraciones al respecto que fueron reídas por algunos y lamentadas, cuando no despreciadas, por muchísimos más. Lo que dijo, ante el micrófono de un periodista, fue: «Ojalá dentro de cien años los homenajes a Lorca sean más sólidos, menos anecdóticos y sin el apoyo de los colectivos gais. No estoy a favor ni en contra de los homosexuales, simplemente me limito a no tomar por el culo». ¿Se había expresado realmente así? Al día siguiente se ratificó: «No hay duda de que lo dije».

La reacción de los colectivos aludidos no se dejó esperar. Tampoco la de algunas personalidades políticas de izquierdas. A Joaquín Almunia el comentario tan chulesco le había producido «asco» y «profunda repugnancia». Matilde Fernández, exministra de Asuntos Sociales, le rogó que «antes de criticar a los homosexuales se lea la Constitución Española». La indignación más elocuente, empero, fue la de Terenci Moix. Cela, «académico, Nobel y marqués», había logrado desacreditar de un solo golpe sus tres títulos. A Moix no le había sorprendido para nada, por otro lado, el exabrupto del autor, experto, como tantos compatriotas suyos, en el soez manejo del término 'maricón'. Dicha utilización, escribió en un artículo titulado 'El Nobel en la letrina', autorizaba «a comprender por dónde van los tiros. Se parecen mucho a los que acabaron con la vida de Federico García Lorca».

¿Y qué dijo al respecto el Partido Popular, entonces el de los amores del escritor? Don Camilo, según Beatriz Rodríguez-Salmones, portavoz de Cultura del PP en el Congreso, tenía «una manera de hablar que todos conocemos. Son sus opiniones y no tengo nada que decir». No cabía mayor abyección.

En los últimos años de su vida los ataques dirigidos por Cela hacia la nueva promoción de escritores españoles, no dispuestos a amilanarse ante sus modales belicosos, fueron en aumento. Como acaba de apuntar Elvira Lindo, sus palmeros «le jaleaban los insultos que profería contra Julio Llamazares, Javier Marías o Muñoz Molina, por poner los tres ejemplos más conocidos, a los que despreciaba por escrito o a los que, maniobrando, trataba de borrar del mapa». Llamazares lo ha recordado hace poco con la magnanimidad y el buen humor que le caracterizan.

Un ser intolerable
Cela nació el 11 de mayo de 1916, con lo cual deberíamos estar viendo ya, en todo el país, proyectos de actos y homenajes conmemorando, en su centenario, la vida y obra del autor. No hay visos ni indicación de que esté siendo así, sin embargo, pese a los esfuerzos de su desfallecida fundación y no sé si de la Real Academia Española, dirigida por un celiano «incondicional», Darío Villanueva. ¿Va saliendo un chorro de libros nuevos sobre el Nobel para festejar la efeméride? Mis amigos libreros me aseguran que no y que el interés por sus obras es mínimo, con la excepción de 'La familia de Pascual Duarte' y 'La colmena'. Camilo Cela Conde, eso sí, acaba de sacar una edición revisada y ampliada de 'Cela, mi padre', editado por vez primera en 1989 y ahora titulado 'Cela, piel adentro'. No pudo ser fácil tener tal progenitor, y al hijo le honra su intento por defender, hasta donde quepa, a un ser a menudo intolerable.

Y máxima ironía: el 2016 es también el 80 aniversario del asesinato del 'maricón' granadino, a estas alturas el poeta español más famoso y admirado de todos los tiempos y cuya irradiación mundial no deja de crecer mes tras mes, año tras año, sin la necesidad de apelar al apoyo de los gais y otros descarriados insultados por el de Iria Flavia.

Menos mal que podemos tener la confianza de que Cela está con Dios. Así nos lo aseguró su vecino de entonces, Federico Trillo. A quien, por cierto, me imagino en estos momentos, allá en la embajada española de Londres, preparando las maletas para volver dentro de poco a casa. 
 

Y TAMBIÉN...
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Veinte años después de su muerte, Cela yace aún en el purgatorio literario.

La vigencia del escritor, reeditado ahora en varias colecciones, viene lastrada por el personaje histriónico, machista y desagradable en que se convirtió en los últimos años, y que continúa como el mayor enemigo de su obra.
Antonio Jiménez Barca | El País, 2022-10-23
https://elpais.com/cultura/2022-10-23/veinte-anos-despues-de-su-muerte-cela-yace-aun-en-el-purgatorio-literario.html

2015/05/06

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA TORTURA DE GARCÍA LORCA DENTRO DEL ARMARIO

La tortura de García Lorca dentro del armario.
El martirio que sufrió el poeta granadino al tener que ocultar su homosexualidad es ilustrada con dibujos lorquianos y fotografías en el nuevo número de la revista 'El Maquinista de la Generación'.
Cristóbal G. Montilla | El Mundo, 2015-05-06
https://www.elmundo.es/andalucia/2015/05/06/5549f4d8268e3e24058b456b.html 

Limitarse a pensar que ciertos legados sólo le pertenecen al pasado es una torpeza sin vuelta atrás. Le tapa los ojos a esos hallazgos del presente, o quizás del futuro, que ahondan en los pozos sin resolver que dejaron intelectuales que siguen vivos a través de sus obras. A través de océanos de saber como los que sembró la Generación del 27, a cuyo estudio siempre regresa, con las últimas noticias sobre aquellos poetas inmortales, la revista 'El Maquinista de la Generación', que edita el Centro del 27 de la Diputación de Málaga.

Por ejemplo, en las páginas de la publicación -que ha sido presentada en la vigente Feria del Libro de Málaga y lleva una portada de Luis Eduardo Aute- «se hace una original aproximación, a través de una serie de imágenes pictóricas y fotográficas, a la tortura espiritual que significó para el poeta granadino Federico García Lorca tener que ocultar celosamente su homosexualidad», según explica el director del Centro del 27, José Antonio Mesa Toré.

En un artículo titulado 'Federico García Lorca: Una botella al mar', el experto Eutimio Martín señala que «a Lorca le aterraba la idea de que su orientación sexual llegara a oídos de próximos y familiares». «Cuidó que no cayera en manos de quienes no debían ver ningún ejemplar de la edición limitada de ‘Oda a Walt Whitman’ que Alfonso Reyes le procuró en 1933. Y cuando Gerardo Diego le incluye el poema al año siguiente en su famosa antología, ha de limitarse a reproducir un fragmento. Su mentor y maestro Fernando de los Ríos, siendo ministro de Justicia de la II República, no acierta a comprender en una gira de inspección carcelaria, qué seres extraños ocupan la 'sección homosexuales'. ¿Cómo hubiera reaccionado 'el santo laico socialista' de haberle sido comunicado que su querido Federico, corría el peligro, si no disimulaba su condición homoerótica, de hacerles compañía a los 'estrambóticos' seres allí detenidos?», apunta en su artículo el estudioso.

Según se recuerda en el citado trabajo, a modo de antecedentes, «en el verano de 1923 Lorca se explayaba ante su confidente Melchor Fernández Almagro: 'Hay ciertos sentimientos que no se deben enseñar... ¡y de esto tengo yo papeles!' No se deben porque no se pueden. Luis Buñuel a quien Federico denominaba 'el Wagner de la grosería' le espetó a bocajarro: '¿Tú eres maricón?' Y Lorca: 'Da por terminada nuestra amistad'».

La originalidad de esta investigación reside en las pruebas que, a modo de imágenes, se usan para ilustrar la 'tortura' por la que pasó el granadino.

De ahí que Eutimio Martín sostenga que «la angustia que a él le producía su condición de ciudadano furtivo condenado a la clandestinidad amorosa desbordó el marco literario y se incrustó en su obra gráfica con mayor intensidad y, por consiguiente, con mayor secretismo para que no lo vieran los que no debían verlo».

Es, ante este tipo de aseveraciones, donde cobra sentido la aportación del dibujo de Federico García Lorca que sitúa la palabra 'MORENO' en la gorra de un marinero: «Entre 1934 y 1936 puede probablemente fecharse este mensaje en el que Lorca oculta su desnudo en un verdadero laberinto de biombos. He aquí un marinero (emblema clásico de la tendencia homosexual) que presenta una compleja mezcla de feminidad (suaves rasgos faciales) y de virilidad (abundancia pilosa en pecho y sobaco). Posiblemente se trate de un simbólico autorretrato. Sobre abundar las fotos de Federico vestido de marinero, y en un texto juvenil se declara niño y niña».

Sumergido -por usar un verbo marino- en la interpretación de esta creación lorquiana, Eutimio Martín llega a la siguiente conclusión: «Este marinero, como leemos en la gorra, pertenece al equipaje del barco moreno. Pero el trazado de las letras revela la separación de no. De modo que no leemos moreno sino more no. No es necesario ser un gran latinista para traducir more por según la costumbre, según la norma. Es decir: «según la costumbre» o «según la norma», no. Pero no, ¿qué? Seguimos leyendo la continuación del mensaje pero prolongando la lectura en la etiqueta de la botella: amo. Y tenemos ya la integridad del texto: según la norma, no amo».

En otro de los artículos de este número de 'El Maquinista de la Generación', salta a la palestra la relación de amor y odio que mantuvo el maestro de escritores Antonio Machado con los poetas de la Generación del 27. Este estudio, titulado 'La Generación del 27 & Antonio Machado. Historia de encuentros y desencuentros', lo firma Francisco Morales Lomas, y en él se regresa a los tiempos de finales de la década de los 20 en los que el sevillano se muestra crítico con la obra de los miembros de este grupo. «Machado afirma que es una juventud benévola y poco batallona, más inclinada al juego que a la lucha y 'menos palurda y más educada' que la de sus padres y abuelos, pero es 'pobre en promesas de personalidades ingentes', pues no considera que vayan a aparecer entre ellos escritores de la personalidad de Valle-Inclán o Unamuno», se recuerda en el artículo. Eso sí, se deja igualmente claro que Machado viró, en ocasiones, desde tales críticas hacia los elogios, y se añade como aportación novedosa la admiración que profesó hacia el malagueño de la Generación del 27 José Moreno Villa, que puede considerarse su favorito del grupo.

Otra de estas aproximaciones tiene que ver con la figura de José María de Cossío y su afición a la recolección de versos ajenos. Según explica Mesa Toré, «Mario Crespo López, que en el número de la revista conmemorativo de sus diez años de existencia participó con un ensayo sobre los lazos de amistad entre Dámaso Alonso y José María de Cossío, nos abre ahora en su artículo 'Una colección poética del siglo XX: el Cancionero de José María de Cossío' las puertas de la Casona de Tudanca donde hoy se conserva, en cuatro tomos más uno, un tesoro de nuestra literatura más reciente: la compilación que para su deleite personal hiciera el erudito vallisoletano de poemas autógrafos de una 'nómina casi completa de los poetas españoles' de la pasada centuria».

«Mario Crespo, que en su obra 'José María de Cossío. Vida hasta la Guerra Civil (1892-1939)', reseñada también en el anterior número de 'El Maquinista', publicó por vez primera el listado completo de poetas que aparecen en los cuatro tomos iniciales del Cancionero, nos explica al detalle cómo y por qué se forjó éste y cuál es su inmenso valor, además de dar de nuevo en nuestra revista la nómina de los poetas presentes en los cuatro volúmenes compilados por Cossío y, como novedad, publicar igualmente el listado de los autores que conforman el quinto tomo, el llamado Cancionero para José María de Cossío, iniciativa de Rafael Gómez, primer director-conservador de la Casona», añade el director del Centro del 27.

Y Machado, Lorca o Cossío no son los únicos protagonistas de la recién aparecida revista. La galería de personajes y contenidos que se asoman a ella la sintetiza Mesa Toré de este modo: «Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Moreno Villa, Hinojosa, Blanchard, Lorca, Dalí, Guillén, Cossío, Santos son algunas de las figuras que, como en un calidoscopio, El Maquinista hace girar ante la mirada de los lectores. Incesantes y novedosos enfoques de la generación del 27 que, según es costumbre en nuestra revista, se complementan con la divulgación de la cultura actual».

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...