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2017/12/02

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LAUD HUMPHREYS, EL SOCIÓLOGO QUE OBSERVABA FELACIONES EN LOS BAÑOS PARA ESCRIBIR SU TESIS DOCTORAL

El hombre que observaba felaciones en los baños para escribir su tesis doctoral.
En los años 60 un sociólogo homosexual y pastor de la Iglesia Episcopal sacó a EEUU del armario con su trabajo sobre el sexo anónimo entre hombres.
Javier Yanes | El Español, 2017-12-02
https://www.elespanol.com/ciencia/20171130/265974437_0.html 

Poco después de las cinco de la tarde de un día de trabajo a mediados de los 60, cinco hombres entran en los aseos públicos de un parque de la ciudad de San Luis (EEUU). Dos de ellos visten traje y corbata; otro, camiseta, pantalón corto y zapatillas deportivas; un cuarto aún lleva el uniforme caqui de la estación de servicio en la que trabaja. El quinto es lo que se conoce como 'watchqueen', alguien que se limita a vigilar para que nadie interrumpa lo que va a suceder a continuación: actos sexuales, casi siempre felaciones, en completo anonimato.

En aquella ocasión, el quinto no era un mirón sin más, sino un observador científico que dejó constancia de aquel y otros encuentros en su tesis doctoral, leída en 1968 y publicada después en forma de libro bajo el título Tearoom trade: a study of homosexual encounters in public places (Duckworth, 1970). Su autor era el sociólogo Laud Humphreys, cuyo trabajo generó tal polémica que se discutió la posibilidad de despojarle del título de doctor. Pero más allá del debate sobre sus métodos, la investigación de Humphreys abrió los ojos a toda una nación que hasta entonces mantenía la homosexualidad y la bisexualidad encerradas en el armario.

América profunda
Las raíces de Humphreys calcan el tópico de la América profunda. Nacido en 1930 en la pequeña ciudad de Chickasha, en Oklahoma, su madre falleció cuando él tenía 15 años. Su padre era un político del estado dedicado a promover leyes que prohibían ciertas actividades los domingos, y a crear una escuela especial de derecho en el propio capitolio estatal para evitar el incómodo problema de admitir a los negros en la universidad.

A los 25, Humphreys abandonó su religión metodista de origen en favor de la Iglesia Episcopal, afiliada a la comunión anglicana. Entonces cambió su nombre de Robert Allan por el de Laud en honor a un arzobispo de Canterbury del siglo XVII. Poco después entró en el seminario y fue ordenado sacerdote, pasando a ejercer durante diez años en diversas parroquias de Oklahoma, Colorado y Kansas.

Sin embargo, Humphreys fue desde joven una china en el zapato de la América profunda. Su defensa de los derechos civiles y de la población negra le ganaron numerosas enemistades durante sus años de sacerdocio, llegando a ser calificado como "amante de los negratas y comunista", según John F. Galliher, Wayne H. Brekhus y David P. Keys, autores de Laud Humphreys: Prophet of Homosexuality and Sociology (University of Wisconsin Press, 2004). Finalmente, en 1965 fue despedido de la parroquia de St. James, en un barrio acomodado de Wichita (Kansas), por acusar a sus ricos feligreses de no actuar contra la pobreza.

Había otro motivo más por el que Humphreys no encajaba en su ambiente de origen: era gay. Pese a que algunos de sus compañeros en el sacerdocio conocían su homosexualidad, lo mantuvo en secreto durante años. En 1960 se casaba con Nancy Wallace, con quien adoptó una niña y un niño. Pero durante su época como pastor, Humphreys pudo comprobar que la puritana fachada de la América profunda ocultaba un gran secreto: muchos de aquellos intachables ciudadanos mantenían actividades sexuales extramaritales a escondidas, en no pocas ocasiones de naturaleza homosexual.

Etnografía en los 'tearooms'
Con todo este bagaje de experiencias, Humphreys estudió sociología en la Universidad Washington de San Luis, y tras su licenciatura decidió elaborar una tesis doctoral sobre los comportamientos homosexuales encubiertos de los hombres estadounidenses. Para ello se centró en lo que se conoce como ‘tearooms’ (literalmente, salones de té) [teteras], aseos públicos donde hombres desconocidos se encontraban para la práctica del sexo oral.

Durante su investigación, entre 1966 y 1967, Humphreys frecuentó varios ‘tearooms’ en los parques de San Luis, presenciando más de un centenar de felaciones. "Una tarde de verano, por ejemplo, fui testigo de 20 actos de felación en el transcurso de una hora, mientras esperaba en un ‘tearoom’ a que amainara una tormenta en la calle", escribía. "Los participantes me aseguran que no es raro en los ‘tearooms’ que un hombre haga felaciones a otros diez en un día. Personalmente he visto a un felador hacerse cargo de tres hombres en media hora de observación". El sociólogo añadía que a menudo los hombres "hacían cola para este tipo de servicio".

Es dudoso que el papel de Humphreys se limitara al de voyeur. "Su implicación pudo haber sido mayor de la que podía contar", escribieron sus biógrafos. Pero en cualquier caso, su función de 'watchqueen' era sólo un disfraz; la suya era una investigación etnográfica. Su objetivo no era estudiar los actos sexuales, sino a sus protagonistas: quiénes eran, cómo pensaban, por qué buscaban aquella actividad furtiva e impersonal. Para ello era esencial la conversación.

En ocasiones se identificó como investigador, pero dejó de hacerlo cuando comprobó que sólo aquellos con mayor nivel de estudios accedían a cooperar, lo que podía sesgar sus conclusiones. En su lugar, anotó las matrículas de los coches de 134 participantes, buscó sus domicilios y se presentó a entrevistarlos un año después para una supuesta encuesta de salud pública.

Derribando tópicos
Las conclusiones derribaron los tópicos que circulaban en la época sobre la homosexualidad. Para empezar, aquel comercio sexual no era tal en la mayoría de los casos. "Parecía que los amateurs superaban considerablemente en número a los profesionales", escribió Humphreys. El perfil de los participantes rompía los moldes: muchos de ellos no frecuentaban otros ambientes gais que los 'tearooms' y no se reconocían como homosexuales; estaban casados, incluso felizmente, tenían hijos y asistían a misa los domingos. Eran, en palabras de Humphreys, hombres de "Biblia en la mesa y bandera en la pared".

Así, Humphreys conoció a un reputado médico que amaba a su mujer "con sinceridad" y cuyos hijos estaban ya criados, pero para el cual "su día no estaba completo sin una visita a los baños públicos". Otro médico, cercano a los 60 años y con quien el sociólogo se aficionó a mantener agradables charlas, aparecía puntualmente desde hacía años en el mismo aseo todas las tardes excepto los miércoles, su día libre, "para una mamada".

Humphreys conoció a Tom, un químico treintañero de religión metodista, atractivo y deportista, casado con Myra, ama de casa católica, y con dos hijos. Tom acudía a los ‘tearooms’ desde que Myra, opuesta al uso de anticonceptivos, había recortado la vida sexual de la pareja. Otro de los entrevistados, en la crisis de la mediana edad, se ufanaba de su atractivo cuando era joven: "Todo el mundo quería chuparme la polla. ¡No me habrían cogido ni muerto con una de esas cosas en mi boca!". Pero los años habían hecho mella en su físico. "Así que aquí estoy, a los 40, con hijos crecidos, ¡y el mayor chupapollas de la ciudad!".

Casados y católicos
En conjunto, los resultados de Humphreys revelaron que el 54% de los encuestados estaban casados y vivían con su esposa. En el 63% de los casados, uno de los miembros de la pareja o ambos eran católicos. Sólo el 14% del total se correspondían con el cliché social del hombre homosexual integrado en la cultura gay, mientras que el 38% se declaraban heterosexuales y acudían a los ‘tearooms’ únicamente a recibir felaciones, pero no a practicarlas.

El estudio de Humphreys convulsionó los estereotipos de la puritana sociedad estadounidense, aunque su impacto quedó parcialmente oscurecido por la controversia sobre sus métodos de investigación, que recopilaban datos personales sin el consentimiento de los afectados. Pese a todo, el trabajo del sociólogo hoy perdura como uno de los estudios más importantes sobre la homosexualidad y la sexualidad encubierta.

El propio Humphreys salió del armario en 1974 y se divorció en 1980. Hasta su fallecimiento en 1988, ejerció un intenso activismo gay y contra la guerra de Vietnam, lo que le valió algún arresto y una ficha del FBI. Nunca fue aceptado por sus hermanos. Y ello a pesar de que, como el sociólogo, sólo supo tras el fallecimiento de su padre en 1953, el muy recto y decente congresista Ira Denver Humphreys había viajado durante años al carnaval de Nueva Orleans para mantener encuentros sexuales con hombres. En una carta póstuma, Laud le escribió: “lamento que tú y yo nunca compartiéramos los dos grandes secretos que nos privaron de estar mucho más cerca el uno del otro”.

1996/01/18

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | EL ESTALLIDO DEL CASO ARNY 'ROMPE' LA INVESTIGACIÓN

El juez de Menores de Sevilla, un humorista y un profesor, imputados por prostitución infantil.
Juan Méndez / Jorge A. Rodríguez | El País, 1996-01-18

https://elpais.com/diario/1996/01/19/espana/822006027_850215.html 

Un juez que instruye la presunta corrupción de menores en Sevilla, María Auxiliadora Echevarri, guarda celosamente las identidades de los imputados en el caso del pub Arny. Más de 20 personas, entre ellas seis personajes populares, están imputadas y en libertad bajo fianza por su presunta implicación. La juez ha decretado fianzas de hasta dos millones de pesetas. Además, ayer tomó declaración a dos personas por la mañana y por la tarde interrogó durante casi cinco horas al juez de Menores de Sevilla, Manuel Rico Lara. La Junta andaluza se personará como acusación particular en el caso.

Uno de los imputados de mayor relevancia pública es el humorista Jorge Cadaval, miembro del popular dúo Los Morancos de Triana. Cadaval, que hizo de rey Baltasar en la última Cabalgata de Reyes de Sevilla, fue puesto en libertad bajo fianza tras declarar ante la juez el pasado 28 de diciembre. Otros implicados son el profesor de la Universidad Complutense de Madrid Santiago Oliveros Lapuerta, también en libertad bajo fianza; y un bailaor flamenco jubilado, en libertad tras depositar 250.000 pesetas. La juez interrogó ayer al juez de Menores de Sevilla, Manuel Rico Lara, desde las 18.00 hasta las 22.30. Rico salió en libertad bajo fianza de un millón tras declarar asistido por su abogado, Francisco Baena Bocanegra.

El bailarín declaró al salir de los juzgados que sólo había ido "a tomar una copa" al pub Arny. Por su parte, familiares y allegados del humorista implicado negaron que éste estuviera en libertad bajo fianza, aunque admitieron que declaró en el Juzgado de Instrucción número 13 el día de los Inocentes.

Igualmente se citaba ayer a un conocido cantante vasco de rock [Javier Gurruchaga]; a otro cantante y presentador de una cadena privada de televisión [Jesús Vázquez]; al hermano de una famosa cantante de sevillanas [Antonio Tejado] y a un familiar de un renombrado columnista.

Éstos son algunos de los más de 20 imputados, de los cuales sólo dos (el dueño del local, Carlos Saldaña, y un agente del Cuerpo Nacional de Policía) han pasado por prisión. Otros cuatro están en libertad plena y el resto ha tenido que depositar fianza. Fuentes judiciales y policiales han pedido cautela a la hora de dar nombres.

Secreto sumarial

La juez del caso declaró ayer a este periódico: "No pienso hacer ninguna declaración sobre este asunto que se encuentra bajo secreto sumarial, por lo que no les voy a decir nada, ni siquiera si voy a prorrogar el secreto", informa Luis Barbero. Esta medida de protección, que según el fiscal jefe de la Audiencia de Sevilla, Alfredo Flores, se decretó para preservar la identidad de los menores, vence el 23 de febrero.

Fuentes judiciales indicaron ayer que la investigación se inició en febrero de 1995, a raíz de una denuncia presentada por el padre de uno de los menores. A esta primera acusación se sumaron las de locales próximos, en los que supuestamente se alternaba entre homosexuales, celosos por el éxito de su competidor.

Durante 10 meses, agentes del Grupo de Menores de Sevilla mantuvieron el local bajo vigilancia, tomaron fotos de clientes y obtuvieron pruebas, siempre por orden de la juez. La entrada en el local se produjo el 28 de octubre, cuando estaba repleto de menores y otros jóvenes que se prostituían incluso en la trastienda del ‘pub’.

La red de corrupción de menores se extendía a clientes de fuera de Sevilla, que concertaban previamente los servicios por teléfono, e indicaban qué joven querían y dónde. Posteriormente se desplazaban hasta la capital andaluza en trenes AVE. Algunos de los menores eran llevados en un coche con chófer a hoteles de la ciudad e incluso se optaba, para mayor discreción, por celebrar los contactos en establecimientos de lujo situados fuera de Sevilla.

Los jóvenes recibían en pago, además de cantidades de dinero que oscilaban entre las 5.000 y las 15.000 pesetas, regalos de diversa índole, viajes y ropa. Algunos testigos han destacado que en el local y como fin de fiesta, que solía incluir actuaciones de ‘strip-tease’ de los chicos, se hacían sorteos en los que el ‘primer premio’ consistía en mantener relaciones sexuales gratuitas con el joven elegido.

Entre los chavales supuestamente corrompidos, una treintena de entre 14 y 17 años, había un grupo de nacionalidad marroquí, un buen número de españoles y el resto de otras nacionalidades, según fuentes judiciales y policiales. Algunos eran adictos a las drogas y otros simplemente se prostituían para conseguir dinero.

Las pesquisas efectuadas después del desmantelamiento y clausura del ‘pub’ se han hecho tomando como base las declaraciones de sólo un grupo de menores. Muchos de ellos, captados en localidades de la comarca sevillana del Aljarafe, mantenían una doble vida y tras terminar su trabajo salían con novias formales.

A todos los chavales está previsto aplicarles medidas de protección de testigos, que incluyen su identificación con un número para ocultar su identidad, según explicaron ayer fuentes de la fiscalía.

Los jóvenes han citado en sus declaraciones a decenas de personas, pero las posteriores comprobaciones policiales han reducido el círculo de los implicados. Fuentes cercanas al caso indicaron que está perfectamente acreditada la participación de las personas implicadas cuyos nombres han puesto a disposición de la juez.

Por otra parte, la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Trabajo y Asuntos Sociales, anunció ayer su decisión de personarse en las actuaciones que se siguen en el citado juzgado por corrupción de menores. Igualmente, la asociación Prodeni ha anunciado su personación en la causa, ejercitando la acción popular en el mismo sentido que la Junta de Andalucía.

El estallido del caso 'rompe' la investigación.
Juan Méndez / Jorge A. Rodríguez | El País, 1996-01-18

https://elpais.com/diario/1996/01/19/espana/822006019_850215.html

El prematuro estallido del caso del ‘pub’ Arny ha estropeado buena parte de las investigaciones que los agentes del Grupo de Menores (Grume) estaban efectuando para averiguar todas las conexiones de la red, según fuentes conocedoras de las pesquisas. De hecho, esta misma semana estaba prevista una nueva entrada y registro en un bar de la zona de la calle Trastámara de Sevilla, junto a la antigua estación. De momento, ha quedado aplazada esta intervención. Estos medios indican que hubiera sido preciso al menos otro mes más de investigaciones, en Sevilla y otros puntos de España, ya que con los datos actuales se considera que únicamente se ha explotado un 25% de este asunto de corrupción de menores.

Viajes y extorsiones
Por ejemplo, no se ha llegado a indagar sobre los viajes de menores a otras provincias, su forma de captación para trabajar en el local o si alguno de los marroquíes era extorsionado con el señuelo de proporcionarle contratos de trabajo para obtener permisos de residencia.

Así, las mencionadas fuentes precisan que el supuesto gran escándalo puede quedarse en la mitad, ya que la revelación del asunto antes de tiempo impedirá comprobar las implicaciones de algunas de las personas, famosas o no, citadas en las declaraciones.

Las imputaciones efectuadas por la juez se han hecho con las declaraciones de un pequeño grupo de testigos, con las que se han realizado incluso diagramas para analizar las coincidencias de los testimonios sobre fechas y nombres de los imputados. Fuentes judiciales han confirmado sus temores a que se produzcan presiones sobre los jóvenes testigos, todos en libertad, y ya se duda sobre el paradero de uno de ellos.

1990/10/22

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JUSTIN FASHANU CONMOCIONA EL FÚTBOL INGLÉS CON SU CONFESIÓN DE HOMOSEXUALIDAD

Justin Fashanu conmociona el fútbol inglés con su confesión de homosexualidad.
Graham Turner | El País, 1990-10-22

https://elpais.com/diario/1990/10/23/deportes/656636413_850215.html 

El inglés Justin Fashanu ha conmocionado a la afición británica al tocar uno de los temas tabú del fútbol. Ha confesado públicamente el secreto a voces de su homosexualidad y afirma que ha mantenido relaciones sexuales con varios futbolistas de Primera División. Fashanu, a través de dos páginas del diario sensacionalista The Sun, se apunta una relación homosexual con un miembro del Parlamento del Partido Conservador y unos juegos de cama en la Cámara de los Comunes.

Los hermanos Fashanu (el menor, John, que actualmente milita en el Wimbledon), nacieron en Hackney, un barrio modesto de Londres, y tras la separación de sus padres crecieron en un orfanato antes de ser adoptados por una familia del condado de Norfolk. Allí se iniciaron ambos en el Norwich City, y Justin, que antes de sufrir un grave lesión era una de las grandes esperanzas del futbol británico, llegó a representar a su país en las selecciones Juvenil y Sub-21. Con su 1,90 y 90 kilos, Justin también fue subcampeón de Inglaterra en categoría de pesos pesados.

En 1981 el Nottingham Forest pagó un millón de libras (unos 170 millones de pesetas en aquel entonces) para ficharle, aunque dos años después pasó al otro club de la ciudad, el Notts County por tan sólo 25 millones de pesetas. Después emigraría a los Estados Unidos para luego volver a Inglaterra.

En el artículo describe su dificil vida como gay en los vestuarios. Admite que se había iniciado en una relación heterosexual, cohabitando con su novia, Julie, para luego darse cuenta de sus preferencias sexuales, volver a la compañía de dos amigos gays que había conocido en Norfolk a los 15 años e iniciarse homosexualmente en el año 1982.

Doble vida
A partir de entonces Fashanu se vio condenado a una doble vida. Ahora no pone reparos en admitir que en una sala repleta de mujeres y con la presencia de un solo hombre buscaría con sus ojos al hombre. En el vestuario, sin embargo, se inventaba cualquier excusa para no ir a ligar con chicas en compañía de los demás jugadores y poder escaparse hasta los bares ‘gay’, como el Part Two de Nottingham o el Heaven de Londres, refugio habitual del travestido cantante de ‘pop’ Boy George. Cuenta cómo allí algunos aficionados al fútbol se acercaban preguntándole si era Justin Fashanu. "Mucha gente me dice que me parezco mucho a él", contestaba el jugador.

El secreto de su vida paralela no tardó en filtrarse hasta el vestuario. Una vez, estando en Kenia de gira con el Notts County, trabó amistad con un chico local. Cuando el capitán del equipo, Pedro Richards, empezó a burlarse de una posible relación amorosa recibió enseguida un par de recuerdos del pasado pugilístico de Justin.

Tampoco tardó en correr la noticia por las gradas inglesas. Fashanu ahora se confiesa afectado por los coros de "maricón" que le aguardaban en muchos campos contrarios. Mientras tanto, y gracias a un amigo mecánico, había buscado consuelo en las páginas de la Biblia, "aunque reconozco que mis tendencias no figuran entre las enseñanzas bíblicas".

Su hermano John, casado con una española y deseoso de jugar en la Liga española, se declaró consternado por las confesiones públicas de Justin. "No me gusta nada que salga el apellido Fashanu en las portadas de los periódicos relacionado con un tema de este tipo", dice. "Mucha gente pensara que soy yo. Lo único seguro es que a Justin ya no le contrata ningún equipo".

1986/09/23

DOCUMENTACIÓN | AMBIENTE | CINE CARRETAS: LA CATEDRAL DEL MORBO HOMOSEXUAL

Cine Carretas: la catedral del morbo homosexual.
La sala aparece en la guía 'gay' internacional.
José María Cervantes | El País, 1986-09-23
https://elpais.com/diario/1986/09/24/madrid/527945061_850215.html 

La puerta de un local inevitable y sin competencia del mundillo gay se ubica en Madrid, ciudad de los mil vicios, y a la altura del número 13 de la populosa calle de Carretas. La atraviesan en su mayoría hombres de doble vida, terapeutas de cintura para abajo, aventureros sexuales que buscan a tientas, en lo oscuro de la sala, un alivio a sus sentimientos de ansiedad a través del amor urgente y del ligue rápido y anónimo.

Al viandante despistado, la fachada del cine Carretas le resulta poco llamativa: ni parpadea el nombre del local en tubos de neón, ni hay grandes carteleras anunciando el título de la película que se proyecta, ni los nombres de sus protagonistas. Sin embargo, sus asiduos han hecho que el nombre del cine aparezca en la guía ‘gay’ internacional. La deferencia se ha conseguido con el paso del tiempo, y es que la veteranía, incluso en el gueto, es un grado. La señora de la taquilla tiene asumido su papel; facilita los trámites para que el falso cinéfilo desaparezca cuanto antes de la luz del día. Ella le tiene preparada la entrada -cuesta 175 pesetas- antes de que él la solicite.

La señora de la limpieza del local recuerda que aquí hubo en otros tiempos un bazar, "una especie de grandes almacenes", llamado paradójicamente Bazar X. Después, el solar se vendió y se transformó en sala de proyecciones.

Desde su fundación, pajilleras y sarasas ocuparon, circunstancial o casualmente, las localidades de la vasta sala. Los parroquianos más mayores no supieron dar respuesta a la pregunta de cuándo y por qué comenzó a crearse ambiente precisamente en el cine Carretas, a unos metros del kilómetro cero y de la extinta Dirección General de Seguridad.

A partir de aquí, todas las especulaciones son válidas. Es fácil imaginar que los homosexuales de antaño, tras muchos avatares, se vieron obligados a tomar como sede un lugar discreto para sus contactos y este cine queda ubicado en una zona neurálgica del Madrid sensual.

Lugar de desahogo
"Vengo para desahogarme, muchas veces vienes y no haces nada; das vueltas y vueltas. En ‘pubs’ y discotecas se liga poco, ahí la gente es tonta. Aquí por lo menos puedes conocer a alguien o tener un contacto. Lo importante es que conozcas a alguien, que nunca o casi nunca se conoce. Yo me voy de aquí igual que he entrado y sin hacer nada con nadie". Son palabras de un joven de 26 años, ‘gay’, que trabaja en el gremio de hostelería y que acude al cine Carretas desde que llegó a Madrid, hace tres años. Juan, otro homosexual, dice conocer más a fondo el ambiente del local, puesto que fue en este cine, a los 19 años, viendo una película de miedo, cuando se inició en las prácticas homosexuales. Ahora alcanza la treintena y confiesa que durante diez años no pisó el local. Según él, antes la gente que asistía a esta sala "era mucho más sana, podías hablar un poquito más y en cambio ahora, ¡hala, aquí te pillo y aquí te mato! y adiós, muy buenas. Ni comunicación ni nada", denuncia. "Antes ligabas, hablabas en el cine, luego te ibas para casa o a otro sitio, pero fuera de aquí. Ahora veo que lo hacen todo en la butaca, ensuciándolo todo. Igual te sientas y, no te digo nada... Es una guarrería".

"Lo del SIDA es una tontería"
El decálogo preventivo del SIDA no existe para la concurrencia: no se extreman las medidas higiénicas en las relaciones con desconocidos, el contacto bucal se establece como norma, los preservativos ni se conocen y el punto referido a la exclusión de los grupos de riesgo es el más vapuleado. Las masticadas siglas se conocen, pero no imponen a los presentes. "No me supone ningún reparo a la hora de hacer el amor. No pienso en ello. Tampoco utilizo el preservativo", dice uno. Otro manifiesta que no le infunde pánico, "por eso estoy aquí; además, hay gente que muere de otras cosas: en la carretera, de cáncer. Es una tontería. Hay que tener cuidado, como en todo". Hay también opiniones adversas: "Sí, me preocupa. Pongo los medios para no ser receptor del virus, utilizando por ejemplo el preservativo, aunque el acto sexual resulte diferente". "¿Para qué usarlo, si no hay peligro de embarazo?", opina otro asiduo en tono jocoso.

Los mismos rostros
La tipología y la clase social del público es variada: estudiantes, jubilados, ejecutivos, reclutas de paseo, modistos, escritores, chaperos, cabezas de familia, chulos de altos vuelos, mariquitas plumeras, travestidos, jóvenes, maduros y viejos, sobre todo viejos."Siempre venimos los mismos, un 70% de la gente que ves ahora te la puedes encontrar otro día. Son los mismos rostros. Varía un poco los domingos y en fiestas". Un editor critica la postura de los maridos "que vienen a pasar el rato y después se van a casa para reunirse con la mujer y los hijos. Me parece mal que hagan esto, muy mal. Demuestran ser unos cobardes que han conocido la homosexualidad después de casados y otros que han nacido así y que se han casado por la familia, ya sabes, por el qué dirán, cosas de esta sociedad".

Despistados hay pocos, pues "la gente viene aquí a sabiendas de lo que se va a encontrar. Y si la gente acude a ver la película, no le pasa nada. Esa persona habrá descubierto el último cine que hay en el mundo. Para mí esto es una cuadra". Son las manifestaciones de un joven, con barba, que afirma haber caído allí con su novia por casualidad.

El portero reconoce que son muchos los tiques que recorta cada noche. Trabaja siete horas y lo que haga el público en las butacas no le importa. "Cada uno es libre de hacer lo que le apetezca, siempre que no se metan conmigo, claro, ni con mis compañeros". Dice que en alguna ocasión ha tenido problemas con algún espectador, "porque se han confundido conmigo y se piensan que todos somos de la misma clase; no paso eso ni un milímetro", advierte.

1985/10/02

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | DOBLES VIDAS EN LA MECA DEL CINE

Dobles vidas en la meca del cine.
El País, 1985-10-02

https://elpais.com/diario/1985/10/03/cultura/497142005_850215.html 

La revista norteamericana ‘Time’ publicó en la primera semana de agosto, al poco tiempo de que Rock Hudson fuese ingresado gravemente enfermo en un hospital de París, un reportaje en el que por primera vez se hablaba a las claras, aprovechando las supuestas conexiones clínicas entre el SIDA que padecía y la homosexualidad, de la hasta entonces semisecreta vida sexual del actor. De paso, dicho reportaje se refería a la doble vida de personajes que, siendo homosexuales como él, fueron prototipos del heterosexual en su imagen cinematográfica.

Entre éstos se citaba a otros actores, algunos tan conocidos como Ramón Novarro, uno de los más famosos ‘latin-lovers’ del cine mudo; Montgomery Clift, Tyrone Power, Errol Flynn y Sal Mineo. Supuestamente homosexuales, aunque no citados por ‘Time’, fueron también Albert Dekker, Liberace, Rodolfo Valentino y James Dean, y dos grandes genios del cine, el norteamericano Griffith y el alemán Murnau.

Masculino y natural
El reportaje de esta revista hablaba de que Rock Hudson pasaba los días en su casa de Los Angeles. Cuando quería airearse iba a San Francisco, donde, según un artículo publicado en el ‘Chronicle’ de esta ciudad, no le importaba ser visto en discotecas y restaurantes ‘gay’. Un columnista del ‘Chronicle’, Armistead Maupin, señaló que en 1976 intentó persuadir a Hudson de que hiciera pública su homosexualidad. "Rock pareció pensar: un día de estos voy a tener muchas cosas que decir. Yo pensé que sería una buena idea, porque era exactamente igual en la vida privada que sus personajes de la pantalla, muy masculino y natural". El actor estaba todavía amargado, según Maupin, por el hecho de que hubiese sido forzado a un matrimonio de conveniencia en los años 50. Fue infeliz y fracasó.

Los sentimientos han cambiado desde esa época hasta ahora. Los ‘gays’ son activos en muy diferentes campos, y ha habido muchas películas y obras de teatro acerca de homosexuales, desde ‘Los chicos de la banda’ y ‘Víctor o Victoria’, hasta el musical ‘La jaula de las locas’, y dos obras de éxito acerca del SIDA, la de William Hoffman ‘As Is’, y la de Larry Kramer ‘The normal heart’.

Tennessee Williams escribió y habló sobre su homosexualidad, algo que autores de teatro más tempranos, como Lorenz Hart, Cole Porter y Nöel Coward, nunca pudieron hacer libremente. Aunque ningún actor de cine y de teatro ha proclamado su homosexualidad. Y por una buena razón: han pensado que el público se volvería en su contra. "El dólar es lo que cuenta", dice George Christy, un columnista del ‘Hollywood Reporter’. "La homosexualidad es todavía un estigma en nuestra sociedad".

El SIDA ha añadido un siniestro toque a esta vieja historia. El mal ya ha afectado a las colonias del cine y del teatro. "Durante los últimos dos o tres años al menos 20 personas que trabajaban aquí han muerto", dice Joseph Papp, director del New York City's Public Theatre. "La primera vez nos vimos sorprendido de que un joven de 23 años fuese afectado. Luego vinieron otras víctimas".

1985/09/07

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | LAS DOS CARAS DE LOS HOMOSEXUALES ANTE EL SIDA

Las dos caras de los homosexuales ante el SIDA.
Mientras el "ambiente' se despreocupa, existe miedo individual.
Javier Rivas | El País, 1985-09-07
https://elpais.com/diario/1985/09/08/sociedad/494978405_850215.html 

Una doble actitud puede observarse en los homosexuales españoles ante la extensión en España del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA); el colectivo, el ‘ambiente’, ha optado por despreocuparse, por seguir su vida normal como si no fuesen un grupo de alto riesgo. Pero muchos individuos sí saben lo que es el miedo ante una enfermedad letal y casi desconocida. A diferencia de los hemofílicos y los heroinómanos, que, junto con los homosexuales, forman las tres H del síndrome en España, este grupo ha sido señalado como el principal ‘culpable’ del síndrome. Por eso odian la denominación ‘peste gay’ y temen que la enfermedad pueda utilizarse para aumentar su marginación. Manolo, ‘el Cojo’, homosexual y ‘chapero’ de 25 años [¿puede tratarse de Manuel Trillo?], es un habitual del ‘ambiente’, el Madrid homosexual que cada noche se ordena con céntricamente en torno a la plaza de Chueca. Manolo estudió en un seminario, cita a Godard y no le angustia particularmente el SIDA, quizá porque le dio negativo la prueba que detecta la presencia del virus que causa la enfermedad. A Manolo, ‘el Cojo’, que debe su sobrenombre a una vieja poliomielitis y se considera un "asistente social", lo que le preocupa es que "ya será tarde cuando se elaboren campañas de profilaxis serias". Y es que el ‘ambiente’ se niega a sentir pánico, a cambiar pautas de conducta establecidas cuando SIDA era sólo una combinación de letras sin un significado mortal. El miedo al síndrome letal queda fuera de las puertas del bar, es algo lejano que no impedirá cambiar de pareja a mitad de la madrugada. Tras recorrer la zona cualquier noche de viernes, puede llegarse a olvidar que el SIDA ha matado, al menos, a 16 homosexuales o bisexuales españoles. Con todo, un homosexual extranjero que visite Madrid, en especial si viene de Estados Unidos, tendrá problemas para ‘ligar’, notará un cierto recelo hacia él y puede que llegue a escuchar que le llaman "el SIDA andante".

Madrid no es San Francisco, no es París ni Nueva York. Los locales del Madrid gay no ostentan en sus paredes carteles recomendando medidas de higiene y prevención, como el uso del preservativo o evitar el continuo cambio de pareja sexual. Aquí no agoniza el ‘ambiente’ y para cualquiera de los homosexuales que un fin de semana llenan hasta rebosar Blanco y Negro o Rimmel, el SIDA siempre lo padecerán otros, pues cada uno piensa que a él no le va a tocar.

"La mayoría de la gente no ha cambiado sus costumbres sexuales ni ha tomado especiales medidas de profilaxis", afirma Manolo, y lugares tradicionales de encuentro gay, como el cine Carretas o los servicios de las estaciones ferroviarias de Atocha y de Chamartín, siguen al máximo", al igual que los principales ‘pubs y saunas’.

"Sólo una vez puede decirse que cundiera el pánico en el ‘ambiente’", comenta Manolo, "y fue a raíz de que un ‘chapero’ robase en una sauna a un cliente rico. Entonces éste, para vengarse, puso en casi todos los ‘pubs’ de la zona un cartel con la foto del ‘chapero’, que avisaba que había contraído el SIDA. Inmediatamente se desmintió, pero el ‘chapero’ estuvo varios meses sin trabajar".

Existe entre la comunidad homosexual madrileña -junto con la de Barcelona, la más importante de España- una suerte de olvido consciente del mal, un constante autoconvencimiento de que el SIDA sólo mata drogadictos o ‘yonquis’.

Muchos toman el síndrome como si fuera una enfermedad venérea más, y si no se angustiaron por la sífilis o la gonorrea tampoco lo van a hacer ahora. No se han vivido dobles vidas hasta conseguir, si no el reconocimiento, al menos la tolerancia de la sociedad normal para ahora volver a sentirse un apestado. Por eso dice Clemente, un homosexual treintañero y franquista, que "más que el SIDA lo que me da miedo es que un día lleguen aquí 30 o 40 ‘guerrilleros’ de Cristo Rey y se pongan a dar palos" usando el síndrome como pretexto.

Parecería que el miedo mayor no fuese a la enfermedad, sino al uso sociopolítico que de ella se pueda hacer para desatar una nueva represión sobre el colectivo homosexual. Dice Manuel Hernández de Osorno, presidente de la Asociación Gay de Madrid (AGAMA): "El SIDA va a ser el arma de batalla de la sociedad conservadora contra los homosexuales y otros marginados. Es el rearme de una sociedad que está decayendo, un rearme moral cuando la gente ‘normal’ se había acostumbrado a tolerar la homosexualidad, a ver que dos hombres o dos mujeres se besasen".

Caza de brujas
Muchos homosexuales creen, de esta forma, más importante tal característica represiva que puede conllevar la enfermedad que los aspectos propiamente médicos o sanitarios de la misma. Hay quien, como Carlos, dependiente en una tienda de modas, o como Víctor, están obsesionados con la idea de que el síndrome es una campaña inquisitorial orquestada por el Vaticano para hundir a los ‘gays’ de nuevo en la oscuridad. Y Carlos llega a decir que "está completamente demostrado que el SIDA lo causa una bacteria creada en un laboratorio".

Estos prejuicios pueden apreciarse en algunos médicos, que consideran que el homosexual (o el drogadicto) enfermo de SIDA es, de alguna manera, culpable de padecer la enfermedad por su ‘conducta impropia’, frente a la inocencia de un hemofílico en la misma circunstancia. Hay, incluso, quien ve a un homosexual como causa primera de cualquier caso de SIDA que se detecte. Si esto ocurre en personas con preparación científica, entra dentro de lo lógico que se den casos como el del que rehúsa beber de la misma botella de cerveza de la que acaba de servirse un homosexual o el de aquellos que al observar las extravagantes indumentarias de Salvador (‘La cerillera cósmica’, una institución dentro del ‘ambiente’) musitan: "Cuidado, que te puede contagiar el SIDA".

"La presión social es un componente básico en la muerte de los SIDA", aprecia Ricardo Usieto, director-coordinador de Sociología de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad, para quien "las denominaciones de enfermedad bíblica, castigo divino, cáncer rosa, etiquetan y marginan a una población ya de por sí tremendamente golpeada". "No existe una población inocente y un grupo culpable", continúa el sociólogo, "pero da la impresión de que existiera un ‘hitlerianismo’, una concepción hitleriana del SIDA entre los sectores de derecha, que les lleva a dar la bienvenida a la enfermedad como factor de purificación racial".

"Es necesario, en consecuencia", opina Usieto, "una mayor y mejor información a toda la población, y en especial a los afectados y posibles enfermos, unida a medidas sanitarias, epidemiológicas y sociales".

Continúa la promiscuidad
Para que no les señalen como apestados, los hombres del ambiente han optado por restarle importancia al SIDA, por hablar de ello sólo de pasada, tomándoselo a broma o con un cierto fatalismo. "Si tengo que coger el SIDA, pues lo cogeré", dice Clemente, "pero voy a seguir yendo con chaperos todas las noches". Lo cierto es que la promiscuidad no ha disminuido, a pesar de las recomendaciones del Ministerio de Sanidad, que aquí resultan muy lejanas, como si vinieran de otro país. Nadie en el ambiente quiere cambiar sus relaciones y su vida sexual por un miedo difuso. "Es que los síntomas son tan comunes, ganglios, diarreas, que en cuanto tienes uno de ellos puedes caer en la paranoia de que tienes un SIDA", afirma David.

"Cada noche siguen pasando 200 o 300 personas por el cuarto oscuro de cualquiera de los ‘pubs’ importantes", dice Manolo. Ésa es también la cifra media de contactos diferentes que un joven ‘gay’ puede llegar a mantener en un año, cifra que no ha bajado por miedo al SIDA.". No parece que se haya extendido en España, como en otros países, una tendencia al ‘safer sex’ (sexo más seguro). Una de las razones que explican esta alta promiscuidad es que un homosexual se ‘quema’ muy joven, a los 28 años ya es un viejo para el ‘ambiente’, donde la juventud es una mercancía de alta cotización. Por tanto, en esa corta juventud cualquier homosexual trata de tener el mayor número posible de relaciones distintas.

Además, los locales del ‘ambiente’ están montados de forma que apenas permiten otra posibilidad de relación que el ligue directo. Locales no muy amplios, de decoración en tonos apagados y luces indirectas, nucleados en tomo a una barra, un cuarto oscuro y unos servicios, muy cercanos unos a otros en los pequeños límites del gueto, no están pensados para la afectividad o la comunicación, sino para la relación indiscriminada, anónima, determinantemente sexual. Claro que "la gente pasa de comunicarse; lo que quiere es beber, bailar y ‘follar’", afirma el presidente de AGAMA.

Estas mismas características de los locales impiden que circulen con mayor amplitud las recomendaciones de higiene, prevención y profilaxis aconsejables para evitar el peligro de contagio. Y en un mundo marginado, muy cerrado en sí mismo, sólo pueden tener efectividad tales recomendaciones si se difunden entre las propias fronteras del gueto. Los mismos locales presionan en contra de la difusión de estas medidas, pues ello supondría reconocer, en cierto modo, que el temor existe, y la espiral creciente del miedo revertiría en un fuerte descenso del negocio. "Yo estuve poniendo pegatinas", dice Manolo, ‘el Cojo’, "en los servicios de los ‘pubs’ y en las saunas, recomendando a la gente medidas de prevención, y eran inmediatamente arrancadas. Y la verdad es que la higiene de los locales va a peor. Sólo cuando se enteran, no se cómo, de que va a haber una inspección de Sanidad se hace una limpieza tan a fondo que todo el día hay un profundo olor a lejía"."Si hubiese más respaldo de la gente", opina Manuel Hernández de Osorno, "podría plantearse un boicoteo a los locales, o a uno determinado, dejando de ir a él un día o dos, por ejemplo, para que mejorasen sus condiciones sanitarias. Pero en AGAMA somos pocos y no encontraríamos ningún respaldo para una acción así. Nosotros planteamos en 1983 al Ministerio de Sanidad que tomase medidas de higiene y salubridad en los locales, pues AGAMA no lo puede hacer porque se nos echarían encima.

Existe otra razón importante para que se produzca esa ausencia de una difusión mayor de tales medidas y es la falta de un movimiento ‘gay’ fuerte y con el suficiente respaldo detrás como para ejercer una presión social que le permita ser tomado en consideración. AGAMA ni siquiera tiene un local propio ni medios económicos. Las tensiones ideológicas entre el movimiento gay de izquierdas y el de derechas han dado al traste con las diversas asociaciones y frentes homosexuales que han existido en Madrid.

El solo punto de la sexualidad no sirve de nexo de unión entre personas que discrepan por completo en la mayoría de sus opiniones políticas, a lo que se une un individualismo que cabría considerar típico de la conciencia homosexual. En el País Vasco o en Cataluña el movimiento es más fuerte al entremezclarse las reivindicaciones homosexuales con las nacionalistas. Por ejemplo, el Frente de Liberación Homosexual de Euskadi (EHGAM) asume como propios los puntos de la alternativa KAS.

Quienes sí padecen pánico
"En el tema del SIDA hacemos lo que podemos", dice el presidente de AGAMA, "pero en Madrid el movimiento está aletargado, prácticamente se puede decir que no existe. La Semana Santa pasada organizamos unas jornadas sobre el síndrome y desde entonces no hemos hecho nada. Nuestra labor es más de concienciación de la gente dentro del ‘ambiente’ que hablar a la opinión pública o contradecir las tesis científicas". El Ministerio de Sanidad invitó a AGAMA a participar en la Comisión Nacional de Seguimiento del SIDA, pero la asociación ‘gay’ no aceptó la oferta al no tener a nadie capacitado técnicamente para intervenir. "A nivel estatal pensamos restarle importancia al síndrome hasta no tener alternativas viables de actuación, hacer el juego callado y ganar terreno poco a poco. Aparte, queremos dar charlas de información en los locales".

Sin embargo, fuera del ‘ambiente’, en las conciencias y en las vidas de muchos sí que hay miedo, incluso terror. El pánico es absoluto entre los enfermos, aun cuando sus más allegados les oculten la enfermedad que padecen y que con toda seguridad les matará. Sí hay homosexuales que, como individuos, no sienten esa despreocupación colectiva, que no pueden dormir, han de tratarse con ansiolíticos o presentan un cuadro casi psiquiátrico de paranoia.

Gran parte de los atemorizados pasan por el despacho de la doctora Pepa Sanz, jefe en funciones de Medicina Interna-Infecciosas-I del hospital del Rey de Madrid. "Llegan aterrorizados", afirma la doctora, "y cuando se les dice que los análisis tardarán ocho días se vuelven locos, pues no pueden esperar tanto tiempo sin conocer los resultados, sin saber si están contagiados o no".

"La información que la Prensa ha dado de los síntomas del síndrome es tan inespecífica que se ha producido una invasión de homosexuales en el hospital con un cuadro de adenopatías -ganglios- de importancia menor y que pueden tener desde hace años, o de diarreas, obsesionados con que han contraído el síndrome".

"Es tal el temor de algunos que preguntan si disminuirán las posibilidades de contagio dejando los contactos homosexuales y los hay dispuestos a olvidarse de la homosexualidad, al menos por un tiempo y hasta que se aclare el tema. Están dispuestos a cambiar una promiscuidad más amplia por contactos en un círculo más reducido de personas conocidas, o por una pareja fija si con ello disminuye el riesgo de contraer la enfermedad. Ha habido, incluso, quienes, al saber que la prueba les ha dado negativo, se han puesto de rodillas dando gracias al cielo al saberse salvados". Han vuelto a vivir y ya podrán dormir tranquilos.

Otros acuden sin ningún síntoma, diciendo simplemente: "Soy homosexual y quiero que se me haga un estudio para saber si tengo el SIDA"; sólo pretenden cerciorarse de que no están contagiados para poder seguir su ritmo de vida sin miedos. Pero también hay quien ha acudido con un cuadro clínico mucho más grave.

Desde que se hizo público que el actor norteamericano Rock Hudson padecía el SIDA, al parecer presionado por el movimiento ‘gay’ estadounidense para que el Gobierno de aquel país dotase con mayores fondos la investigación de la enfermedad, se ha producido un salto cuantitativo del miedo.

"Hay días en que vienen para ser estudiadas hasta 20 personas, fundamentalmente homosexuales, pero también drogadictos", asegura la doctora Sanz. "También se ha notado en el último mes un descontrol en los enfermos que ya estaban en tratamiento desde tiempo atrás y que, a raíz de lo de Rock Hudson, han pasado de la tranquilidad al miedo. En la actualidad tenemos en estudio a cerca de 90 personas".

Entre quienes llegan para ser tratados al hospital del Rey, muchos son bisexuales, personas con esposa e hijos que mantienen contactos homosexuales más o menos esporádicos y llevan una doble vida. "Éstos presentan un miedo terrible a la posibilidad de contagiar a su familia y, sobre todo, un terror absoluto a que trascienda su nombre y se conozca su homosexualidad. Hay quien, en este mismo despacho, ha llegado a hincarse de rodillas, casi llorando, para que su nombre no se divulgue ni quede constancia de él por escrito en ningún documento. Preguntan reiteradamente quién conoce su nombre y te repiten decenas de veces que les guardes el secreto". El miedo es doble: por una parte, al síndrome y a la muerte; por otra, a quedar socialmente marcado.

1985/08/03

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | ROCK HUDSON, LA OTRA VIDA DE UN HÉROE AMERICANO

Rock Hudson, la otra vida de un héroe americano.
Gerald Clarke · Time | El País, 1985-08-03

https://elpais.com/diario/1985/08/04/sociedad/491954404_850215.html 

Es cierto que ha habido mejores actores, e incluso algunos eran más atractivos. Pero para los aficionados al cine de los años cincuenta y sesenta, ninguna estrella representó mejor las anticuadas virtudes norteamericanas que Rock Hudson. "Es completo", escribía la revista ‘Look’ en 1958 "No suda. No tiene granos. Huele a leche. Su apariencia es de limpieza y respetabilidad. Este muchacho es puro". La pasada semana, mientras Hudson yacía gravemente afectado por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) en un hospital de París, quedó claro que el héroe americano tenía otra vida: era casi con seguridad un homosexual. Mucha gente lo sabía, al igual que habían sabido de la homosexualidad de otras estrellas, desde Ramón Novarro -uno de los más grandes ‘latin lover’ de la época del cine mudo- hasta Montgomery Clift, Tyrone Power, Errol Flynn o Sal Mineo. En cierto sentido, el dilema de los homosexuales no es distinto en el mundo del cine que en cualquier otro tipo de actividad. Muchos temen, normalmente con razón, que el reconocimiento de sus vidas privadas pueda dañar y quizá arruinar sus carreras, tanto si trabajan para la Metro-Goldwyn-Mayer como si lo hacen para la General Motors.

En otro sentido, su situación es a un tiempo más seria y patética. Han de presentar una imagen falsa no solamente ante sus amistades y colegas, sino también, en el caso de una estrella como Hudson, ante millones de admiradores, de quienes temen que no puedan ni quieran aceptar la verdad. Durante años han jugado al gato y al ratón con una Prensa que en su mayor parte es benévola. Ahora, muchos de ellos están amenazados por algo más cruel de lo que cualquier publicación escandalosa podía haber imaginado nunca: por un mal terrible, incurable y fatal de necesidad.

Hudson es un símbolo trágico de otros muchos. Alto (1,93 metros), mandíbula cuadrada y atractivo, fue a dar, como la cosa más natural, a Hollywood al dejar la Marina después de la II Guerra Mundial. El agente Henry Wilson creyó lógico que Roy Fitzgerald se transformara en Rock Hudson, tan firme como Gibraltar y tan invariable como el río que pasa por las torres de Manhattan. Siguió una serie de películas B y, trabajando duro, Hudson aprendió la técnica, si no el arte, de la actuación. Tuvo una buena actuación en ‘Gigante’ (1956) y fue nominado para un premio de la Academia, y demostró talento para la comedia en una serie de películas, como ‘Pillow talk’ (‘Pijama para dos’), que interpretó con Doris Day a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Cuando su carrera en el cine empezó a desvanecerse se dedicó a la televisión, demostrando su atractivo en ‘McMillan y su esposa’ (‘McMillan and wife’) como el policía de San Francisco que resuelve todos los casos, y más tarde en ‘Dinastía’, en la que animosa pero infructuosamente asedia a Krystie (Linda Evans).

La constante frustración
Casi en todos los papeles representó al hombre fuerte y evidentemente heterosexual, y la frustración aparentemente afectó a sus nervios. En Los Ángeles solía pasar las tardes en su casa con vista a Beverly Hills. Cuando quería desahogarse iba a San Francisco, donde, según un artículo del ‘Chronicle’, no le importaba que se le viera en restaurantes y discotecas homosexuales. Un antiguo columnista del ‘Chronicle’, Writer Armistead Maupin, dijo que en 1976 había intentado convencer a Hudson para que manifestara públicamente que era homosexual. "Rock pareció tomar la idea en consideración, y dijo: 'Un día de éstos voy a tener mucho que decir'. Me pareció una buena idea, porque su comportamiento en público era, igual que en el cine, muy masculino y natural". El actor seguía sintiendo amargura, dijo Maupin, porque en los años cincuenta se había visto forzado a un desafortunado matrimonio de conveniencia. Una revista especializada en escándalos había amenazado con descubrirlo, contó Maupin, y para proteger su imagen, el estudio de Hudson arregló apresuradamente un matrimonio con la secretaria de su agente, que duró menos de tres años.

Los sentimientos han cambiado desde los años cincuenta. Los homosexuales se muestran muy activos en una serie de campos, y se han realizado muchas películas y obras de teatro sobre homosexuales. Tennessee Williams escribió y habló largo y tendido sobre su homosexualidad, algo que los grandes del teatro anterior, como Lorenz Hart, Cole Porter y Noël Coward, nunca se atrevieron a hacer. Sin embargo, ninguna estrella del escenario ni del cine ha manifestado su homosexualidad. Y por una razón muy sólida: han pensado que el público les volvería la espalda. "A la larga, el dólar es lo que cuenta", dice George Christy, un columnista del ‘Hollywood Reporter’, un periódico gremial. "La homosexualidad sigue siendo una mancha en nuestra sociedad".

De todas formas, el SIDA ha añadido una nueva y más siniestra vertiente al viejo cuento, y puede empujar a muchas otras estrellas a salir del anonimato. La enfermedad ya ha conmovido los cimientos de las colonias teatrales y cinematográficas de ambas costas. "En los últimos dos o tres años han muerto por lo menos 20 personas que trabajaban aquí", dice Joseph Papp, director del Public Theatre de Nueva York. "La primera vez nos sorprendió la muerte de una persona tan joven (tenía 23 años). Le preparamos un homenaje, y luego tuvimos otros por otras víctimas. Hubo un momento en que teníamos un homenaje cada pocos meses. Es algo terrible".

Una decisión valiente
La confesión de Hudson de padecer el SIDA ha tenido más eco de lo que él podía haberse imaginado. "Es una vergüenza que se necesite algo así para que la gente preste atención", dice Hamburg, pero es extraordinario que suceda. Necesitamos hacer comprender a la gente que el SIDA no tiene por qué ser una enfermedad incurable y que el dinero para la investigación puede ayudarnos". Según otros, Hudson ha puesto un rostro a la enfermedad y la llevó a casa de muchos que hace un par de semanas ni se hubieran preocupado.

Pensando sobre su vida y su carrera hace varios años, mucho antes de padecer el SIDA, Hudson parecía un poco cansado de la vida. "Me he pasado mucho tiempo tratando de saber qué es la vida", dijo. "Sigo sin saberlo, pero ahora me importa un bledo". Pero quizá en el fondo le importe. Su declaración la semana pasada fue probablemente el gesto más dramático de su larga carrera.

1977/09/16

PELÍCULAS | Chávarri, Jaime | A un Dios desconocido

Chávarri, Jaime (Director) (1977). A un Dios desconocido. Producción, Elías Querejeta.

A un Dios desconocido. 1977. Estreno: 1977-09-16. 104 min. Dirección: Jaime Chávarri. Guion: Elías Querejeta, Jaime Chávarri. Reparto: Héctor Alterio, Xabier Elorriaga, María Rosa Salgado, Mercedes Sampietro, Ángela Molina, Marisa Porcel, Mirta Miller, Rosa Valenty, José Joaquín Boza, Margerita Mas, José Pagán, Emilio Siegrist, Antonio Bermejo, Yelena Samarina. Producción: Elías Querejeta.

José, un mago homosexual de 50 años, vivió su infancia en Granada. Su padre era jardinero en la casa de los Buendía. Allí vio alguna vez a Federico García Lorca. Una noche de julio del 36, un grupo de fascistas asesinó al padre de José a las puertas del jardín. Hoy José siente la necesidad de volver al lugar de su niñez. Tal vez para recuperar la memoria, quizás para enterrarla definitivamente. Y también siente la necesidad de desvelar a Miguel, su actual amante, lo más recóndito de sus sentimientos.

José es un mago de mediana edad que vive su homosexualidad con discreción. Vive solo y mantiene una relación esporádica con Miguel, un joven político a quien le resulta más conveniente casarse con una mujer y aparentar ser "heterosexual" en la alta sociedad madrileña que reconocer su homosexualidad. José suele retrotraerse con bastante frecuencia a su infancia granadina, que coincidió con el estallido de la Guerra Civil Española en 1936. Los recuerdos de aquella época le invaden obsesivamente. Habiendo traspasado la barrera de los cincuenta años, José decide regresar a Granada y revivir su niñez. En aquel período, él estaba enamorado de Federico García Lorca y mantuvo un romance de juventud con uno de los amantes del insigne poeta. Inundado de recuerdos, se remontará hasta el asesinato de García Lorca a manos de agentes al servicio de Franco.

A un dios desconocido: cambiando la representación gay en la España de la Transición
La película de Jaime Chávarri, un homenaje en elipsis a Federico García Lorca, se atrevió en 1977 a presentar una imagen diferente de los hombres homosexuales en la ficción con un protagonista alejado de tópicos infantiles
José A. Cano | Cine con ñ, 2022-06-17
https://cineconn.es/a-un-dios-desconocido-pelicula-chavarri-gay-transicion/

‘A un dios desconocido’ se atrevió a cambiar, en 1977, la manera en la que el cine español representaba a los homosexuales sin caer en el morbo ni el estigma. Alejándose explícitamente de la parodia amanerada e infantilizada habitual en la comedia del momento, presentó a un protagonista sin marginalizar ni dramatizar, que vive su identidad con madurez y alejado de contradicciones. Un hombre capaz de superar los viejos complejos, invitando a la sociedad española de la Transición a aceptar un país mucho más plural y diverso.

La historia de la película sigue a José, un mago cincuentón que se gana la vida actuando en una sala de variedades en Madrid y que regresa a su Granada natal para visitar a la hermana de un viejo amigo. En realidad, este amigo, Pedro, fue su primer amor, y en el protagonista existe la secreta esperanza de revivir aquella sensación de juventud o al menos darle un cierre. Al mismo tiempo mantiene una relación con un joven político madrileño, de ideas renovadoras pero que no está tan cómodo con su sexualidad como él.

Chávarri y Héctor Alterio en ‘A un dios desconocido’
Jaime Chávarri venía de rodar su primera colaboración con Elías Querejeta, ‘El desencanto’ (1976), un documental sobre la figura de Leopoldo María Panero y en cuyo retrato del Franquismo o la Guerra Civil, además de las identidades sexuales divergentes, hay más de un punto en común con el filme que ahora nos ocupa. Aún no era el director de prestigio que llegaría a ser, pero sí un profesional respetado al que se le suponía un discurso de autor y que, hasta ese momento, no había conseguido ser comercial.

El actor protagonista no es casual. Hector Alterio había interpretado un año antes a Pascual Duarte y estaba a punto de estrenar ‘La guerra de papá’. Cuando no interpretaba a hombres violentos, se había especializado en papeles de galán. Es decir, estaba completamente alejado de la imagen de una persona homosexual que se tenía en la época. Su elección -o la de Xabier Elorriaga como su amante más joven- buscaba desterrar el tono cómico, paródico o infantil, abundante en el cine del momento a la hora de retratarlos.

Alterio compone un personaje contenido, que vive su homosexualidad sin convertirla en tabú pero con la discreción que le obligan las circunstancias políticas y sociales. Un tipo con cierto carisma pero que ha pasado la vida ocultando secretos propios y ajenos y no desea exactamente complicarse. Su trabajo le valió la Concha de Plata al Mejor Actor en el Festival de San Sebastián.

La posible revolución de las costumbres
‘A un dios desconocido’ es una historia, o varias, de amor entre hombres que, sin ocultar las dificultades que eso suponía en las dos épocas en las que se ubica -los años 30 y los 70 como presente del rodaje-, no las convierte en dramáticas o problemáticas per se ni tampoco las aborda desde el morbo, algo habitual en el escaso cine de la Transición que no trataba la homosexualidad directamente como un chiste.

Por una parte tenemos la relación de José con Pedro, el hijo de los dueños de la finca donde pasaron los veranos en la adolescencia, que se refleja en el amor no correspondido y casi idealizado de este último ante la figura ausente de Federico García Lorca. El viaje del protagonista será convencerse de que aquel primer escarceo de juventud no merece los años de nostalgia que ha volcado en él y que debe concentrarse en el futuro.

Así puede rimar con la relación real, la frustrante: la que José mantiene con Miguel, un hombre más joven que él, diputado y militante político de lo que en el momento se identifica como izquierda radical. Un tipo coherente con sus ideas pero no con su sexualidad, que mantiene una relación con una mujer con la que está dispuesto a casarse para ocultar esa parte de su vida. Ante esos complejos José, más maduro y más cansado, se rebela, como lo hará igualmente cuando una amiga le sugiera casarse para ocultar su condición y pasar en compañía sus últimos años.

Por supuesto, dada la época, ‘A un dios desconocido’ también es una reflexión sobre las heridas de la Guerra Civil y la Transición. Si la figura de Lorca, omnipresente en elipsis, no es suficiente, tenemos la muerte del padre del protagonista a manos de los rojos y la actitud general de desencanto y esperanza inconcreta en algo mejor de los protagonistas. Así, la hipotética reconciliación final de José con Miguel, el joven de ideas radicales que por fin parece dispuesto a salir del armario, abre la puerta a una verdadera revolución de las costumbres. Para nosotros, espectadores del siglo XXI que también hemos visto ‘El diputado’, es un final trágico, pues sabemos que aún no será así.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...