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2021/06/28

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | INICIOS DEL MOVIMIENTO GAY Y LÉSBICO EN CANARIAS

Noticia en  Diario de Las Palmas //
Inicios del Movimiento LGTBIQ+ en Canarias.

Yesica Álvarez | Alegando! Magazine, 2021-06-28

https://alegando.com/inicios-del-movimiento-lgtbiq-en-canarias/

La represión de las disidencias sexuales y de género durante el régimen franquista y la transición a la democracia se vehiculan fundamentalmente a través del poder político, religioso y médico del momento. Tomando como guía el fabuloso trabajo de Víctor M. Ramírez Pérez analizaremos en este artículo las causas de aparición y los inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias.

'Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición', editado por Tamaimos, es una obra de investigación nuclear de obligada lectura. A lo largo de sus páginas transitamos por el análisis de la regulación que legalizaba la opresión, los diferentes tipos de represión que se interconectaban y en qué modo se materializaban y cómo, poco a poco, va surgiendo un movimiento de contestación y resistencia a la tiranía del heterosexismo.

Junto con la consulta de archivos, prensa y la recopilación de testimonios, Víctor M. Ramírez Pérez, nos aporta una investigación de enorme valor para conocer de dónde venimos y no perdernos hacia dónde vamos. Es por ello que este artículo, que sintetiza algunas de las cuestiones tratadas en su obra, busca ser un humilde homenaje a su propio trabajo y al de todas las personas que sufrieron y sufren, directa o indirectamente, LGTBIfobia.

La moral nacional-católica ha hecho mucho daño, no estamos descubriendo la pólvora. La unión del poder político con el poder eclesiástico en el franquismo influyó férreamente en las mentes de toda persona educada durante el régimen y tras los primeros años de su desmembramiento. De hecho, la transición y la paulatina consecución de derechos civiles y políticos no supuso la conquista -a su vez- ni de derechos sexuales y reproductivos ni de derechos a la diversidad sexual y de género hasta pasado bastante tiempo.

En este sentido, los propios movimientos y partidos de izquierda adolecían de la misma raíz heterosexista que poco a poco fueron suavizando hasta posicionarse a favor de las reivindicaciones LGTBIQ+. ¡Ya, en pleno siglo veintiuno aún queda mucho por alcanzar!, pero no veas el panorama en el tramo temporal en el que nos situamos: 1954 a 1980 aproximadamente.

Que Dios me libre de un hijo maricón o una hija puta
Antes de entrar al trapo debemos evidenciar unas matizaciones importantes que hacía patentes el autor. La primera de ellas es que hay una latente confusión o falta de identificación de las fronteras entre orientación sexual e identidad de género, lo que provoca que se mezcle y se confunda continuamente homosexualidad y transexualidad. Y la segunda es que, debido a la brutal represión de la sexualidad femenina durante el franquismo, el lesbianismo “no existe”.

La represión a las disidencias sexuales y de género venían de varias vías: la política, la religiosa y la médica, las cuales -a su vez- tenían su espejo en la familia y demás instituciones sociales (como el colegio). La prensa, por su parte, participaba activamente en la misma al difundir una imagen deshumanizada de la homosexualidad por lo que puede considerarse -tal y como lo demuestra Víctor Ramírez Pérez en su obra- un instrumento de propaganda de dicho sistema represivo.

Desde el sistema político dictatorial vieron la luz diversos mecanismos de opresión como fue la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 que incluyó la homosexualidad en su articulado, la utilización y aplicación a los homosexuales del Código Penal a través del delito de escándalo público, y la aprobación de la Ley de Peligrosidad Social del año 1970 que seguiría vigente durante varios años ya en la Transición. Posteriormente nos detendremos en analizar esta legislación que más bien parece sacada de una historia de ciencia ficción.

Junto a este aparato normativo -y desde el plano ya no de la legalidad sino de la moralidad- se encontraba la Iglesia, una institución sumamente presente -como sabemos- en el espacio público del régimen que promulgó la visión del sexo no-reproductivo como el máximo pecado, al igual que lo era trasgredir los códigos tradicionales entre lo masculino y femenino. En este punto es especialmente gravosa la situación de las lesbianas y hombres transexuales, ya que debido a la ideología nacional-católica a la mujer le era negada su sexualidad y cualquier interés/deseo/expectativa de vida que no se correspondiese con la procreación y cuidado de la prole (incluido el marido, obvio). Esto provocaba ya no solo la represión a su disidencia de facto, sino su práctica invisibilidad al ser sencillamente “impensable”.

Así, y aunque a lesbianas y hombres transexuales no se les aplicaba en la misma medida la legislación que antes apuntábamos, la represión era más sutil pero no por ello menos gravosa. El férreo control mental sobre dichas personas y la imposibilidad de enunciar, nombrar y compartir su realidad provocaba -en muchos casos- que ni siquiera se pudiera materializar o expresar esa disidencia, condenando a la persona a un ostracismo máximo: prácticamente no existían. No obstante, sería falso sostener que no fueron contempladas ya que el Patronato de Protección de la Mujer de la Sección Femenina de la Falange abordó la disidencia lésbica, aunque su labor principal fuera la de rehabilitar a las prostitutas y meter en vereda también a las madres solteras, víctimas de abusos sexuales y chicas “rebeldes” a la autoridad paterna, tal como nos lo cuenta Ramírez Pérez.

Por otro lado, desde la institución médica (con la psiquiatría a la cabeza) se le daría respaldo científico a la represión de las disidencias sexuales y de género bajo la justificación de la condición patológica de las personas homosexuales y transexuales. Así, surgirían numerosas teorías y tratamientos médicos que vendrían a proponerse como solución a la “enfermedad”. Esta idea legitimó diferentes “prácticas médicas” y/o “terapias” que suponían una indudable vulneración de los derechos humanos más básicos y una vulneración total a la dignidad de las personas. Así, por ejemplo, parte de la instrucción del procedimiento en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes era la obtención de un informe clínico-forense sobre las condiciones psico-físicas y grado de peligrosidad del supuesto homosexual que incluían pruebas físicas de inspección de la zona anal y tactos rectales.

Este ejercicio de la represión desde el espacio político-legal, eclesiástico y médico tenía su reflejo en la familia; institución que se posicionaría como una de las más opresoras al ser la más cercana a las personas. Así, era común oír eso de “lo peor que le puede pasar a una madre es tener un hijo maricón o una hija puta” porque, claro: 1) habías fallado como madre en tu rol de responsable y vigilante de la buena moralidad de tu prole; 2) tu hijo era un enfermo-delincuente-pecador o tu hija una zorra-pecadora que vivía su sexualidad fuera de los márgenes de la Santa Iglesia. Ergo (y esto se le aplica al padre) las violencias en todas sus formas (ejercidas directa o indirectamente) y el escarnio público estaban servidas. Lo que se aplica igualmente a la institución de la educación (aquellos que podían acceder a ella). Así, muchas de las personas disidentes sexuales o de género optaron por abandonar el entorno familiar, los estudios y buscarse la vida como podían.

Clase y disidencias sexuales y de género en Canarias
En el caso concreto de Canarias, el carácter eminentemente rural en los primeros años del régimen franquista y los índices de analfabetismo propiciaban este férreo control social y la consecuente represión de las disidencias sexuales y de género. Es de subrayar que -tal y como nos lo explica el autor de ‘Peligrosas y revolucionarias’–.

Del análisis realizado por Víctor Ramírez Pérez de los antecedentes de las personas detenidas el autor destaca que fueron las clases populares o grupos desfavorecidos los sujetos que más represión (policial-jurídica) sufrieron. Esta afirmación surge de la constatación y comprobación en dichos antecedentes penales de los datos relativos a la zona de residencia de los inculpados, los lugares que frecuentaban y, de manera particular, sus profesiones.

Ello evidentemente no significa que las clases privilegiadas o la burguesía canaria de la época se librasen de la misma, ya que el “clima de terror” y la moral nacional-católica operaba como freno de su identidad y sexualidad, sino que a nivel cuantitativo fue mucho mayor el número de expedientados de clase baja. En Canarias ciertamente se ha encontrado algún procesado de clase media y, de manera excepcional, alguno perteneciente a la burguesía del momento.

Esta procedencia popular de los represaliados por disidencias sexuales y de género en Canarias pudo operar negativamente para dichos sujetos en el caso concreto de la reivindicación de sus derechos procesales. Tanto la Ley de Vagos y Maleantes como el Reglamento que lo desarrollaba establecía un procedimiento judicial en el que el encausado tenía derecho a presentar pruebas a su favor, designar Procurador y Letrado o pedir al Juez uno de oficio, así como interponer recurso ante la Audiencia Provincial una vez dictada sentencia. Sin embargo, había un sentimiento generalizado de que el procedimiento no se cumplía o que ni siquiera había juicio y esta sensación podía ser debido al desconocimiento de la terminología jurídica, a su escasa formación y a su incapacidad a la hora de emprender acciones en su defensa al no entender y al no poseer medios económicos para, por ejemplo, recurrir a un abogado. Y todo ello, evidentemente, sumado al hecho de que con total probabilidad estas personas no eran informadas adecuadamente de sus derechos procesales y que, por tanto, sus garantías procesales eran vulneradas sistemáticamente.

Canarias como una de las mecas de turismo LGTBIQ+
El desarrollismo a partir de la década de los sesenta fue un elemento central como disruptor del discurso heterosexista y sus represiones. El turismo de sol y playa que comenzaba a llegar a las islas supuso no sólo un crecimiento económico importante sino también todo un cambio sociológico que tendría su repercusión en la mente de la sociedad canaria.

La industria turística supuso un cambio en el paisaje con el desarrollo de nuevos núcleos urbanos costeros, nuevos trabajos en el sector servicios y nuevos modelos de hombre y mujer en la figura del turista, que subvertía en muchos casos los cánones de masculinidad y feminidad hegemónica tal cual eran señalados por la moral nacional-católica del régimen.

El boom económico del turismo permitió, en este sentido, que “los homosexuales canarios conocier[a]n por primera vez formas de relacionarse y espacios de socialización muy diferentes de los clandestinos y culpabilizadores encuentros a los que se veían abocados en la que, ya entonces, empezaban a ver como antigua sociedad tradicional” (Ramírez-Pérez, 2019:54).

Fueron surgiendo entonces de manera creciente los llamados “locales de ambiente” y se fueron haciendo populares lugares de encuentro homosexual como, por ejemplo: La Playa de Las Canteras, el Parque de Santa Catalina, el Muelle de Las Palmas y San Telmo en Gran Canaria. Asimismo, era conocido el Puente Serrador en Santa Cruz de Tenerife y los alrededores del Parque García Sanabria como lugares de prostitución de transexuales.

Las salas de fiesta fueron también otro tipo de locales que proliferaron en las capitales isleñas. En estos lugares se realizan interpretaciones o “espectáculos de variedades” donde los artistas se travestían y cantaban. Cada vez más estos espectáculos fueron añadiendo toques “más picantes” y fue en aumento su carácter sexual.

Ni los locales de ambiente, ni las salas de fiesta y mucho menos los lugares públicos arriba mencionados eran lugares seguros para las disidencias sexuales y de género. Las redadas continuaron y eran habituales, pero no deja de ser cierto que el turismo y, sobre todo, sus rendimientos económicos configuraron -o más bien obligaron por gobierno del bolsillo- a una cierta “permisibilidad” nunca antes imaginada para el régimen franquista. Y claro que hubo quienes pusieron el grito en el cielo por las perversiones y la influencia corruptora de esas subversiones venidas de Europa, pero “el money” es el “money” y ahí ya no importa tanto ni el Dios ni la Patria del nacionalcatolicismo.

Por otro lado, mención especial merece el Carnaval. ¡Oh, nuestro amado Carnaval! Esta época de culto a la carne fue suprimida desde 1937 con una Orden Circular del Gobernador General al resto de Gobernadores Civiles y ratificada, posteriormente en 1940 por el Ministro del Interior. La prohibición de celebrar el Carnaval se mantuvo durante todo el franquismo, pero igualmente se celebraba con el nombre de Fiestas de Invierno o bailes de máscaras. Estas fiestas, como momento y espacio de subversión, eran aprovechadas por las disidencias sexuales y de género como resquicios de libertad pese a que el control social y del régimen no se apaciguaba ni en estas fechas.

La respuesta del régimen franquista para contrarrestar tanto vicio y depravación fue la de promulgar la Ley de Peligrosidad en el año 1970, que vendría a sustituir a la Ley de Vagos y Maleantes. Es importante hacer notar que esta ley vendría a ser aprobada en una coyuntura de paulatina despenalización de la homosexualidad en diferentes países occidentales (Suecia en 1944, República Democrática de Alemania en 1968, Reino Unido y la República Federal de Alemania en 1969, el Estado de Illinois en 1961 o Connecticut en 1969).

En el caso del Estado español el avance vino por incluir como entre los supuestos peligrosos previstos los de realizar “actos de homosexualidad”. ¡Guau, todo un avance, sí! Pero es que con la antigua ley (la de Vagos y Maleantes) ya valía la sola sospecha de la condición de homosexual y no era necesario, tan siquiera, realizar algún tipo de práctica. Vamos, que si tenías más pluma de la debida (si es que eso existe) o subvertías algún código normativo de comportamiento o vestimenta, ya te ibas al calabozo.

Esta nueva ley, por tanto, velaba por la moralidad de la sociedad contra determinadas conductas riesgosas. No obstante, y a opinión de Víctor Ramírez Pérez, “la ley tuvo unos efectos inesperados e indudablemente indeseados para el régimen: la activación de un movimiento de reivindicación homosexual inexistente hasta esa fecha en la historia de España”. Y es que la publicación del proyecto de Ley revuelve los ánimos en el movimiento LGTBIQ+ en Canarias que, a partir de ese momento, comenzará a organizarse; primero, de manera clandestina y más adelante, visibilizando sus reivindicaciones en el espacio público.

Inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias
Los inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias están sobradamente bien narrados en la obra que hemos ido desgranando, pero también podemos encontrar una breve síntesis en el capítulo ‘Pioneros del movimiento sexual en Canarias durante la Transición’ del libro ‘Las otras protagonistas de la Transición: izquierda radical y movilizaciones sociales’. Ambos trabajos son de lectura obligatoria y desde aquí invitamos a su consulta, siendo lo que se expone a continuación -al igual que el resto del presente artículo- un breve trabajo de recopilación de lo explicado por el autor en dichos trabajos.

Víctor Ramírez Pérez (2019:146) nos relata cómo “la llegada de la transición no implicó un cambio radical en la percepción de las disidencias sexuales, ni a nivel político ni a nivel social”. A la muerte del dictador la represión a las disidencias sexuales y de género continuaron y los presos que cumplían condena por aplicación de la Ley de Peligrosidad continuaron en la cárcel, ya que al no ser considerados presos políticos (sino comunes) no les era de aplicación las amnistías.

Así, hubo que esperar hasta 1979 para que los actos de homosexualidad fueran eliminados de la Ley de Peligrosidad y aún así, las disidencias sexuales se seguían reprimiendo por la vía del escándalo público del Código Penal. Asimismo, fue en un tardío 1983 cuando se eximió de responsabilidad penal a los facultativos que realizaban cirugía transexual, ya que hasta ese momento era considerado un delito de lesiones. Además, el primer colectivo de homosexuales reconocido como asociación a nivel formal lo fue en 1980 después de un año y medio de intentos de inscripción que les eran denegados. Fue el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), un colectivo constituido ya desde 1975 con la finalidad de reforzar ideológicamente al Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH). Este movimiento fue conformado en 1972 a raíz de las movilizaciones y resistencias llevadas a cabo en la clandestinidad para intentar evitar que la homosexualidad fuera incluida en la Ley de Peligrosidad Social, que como hemos apuntado fue aprobada en 1970.

El autor llama la atención sobre la falta de cultura organizativa de las disidencias sexuales en España en general, pero de manera particular en Canarias. Este germen en Cataluña poco a poco se fue extendiendo por el resto del Estado español y, también, llegó a Canarias. En aquel momento, el objetivo número uno del movimiento LGTBIQ+ en Canarias era la despenalización de la disidencia sexual.

En Canarias hubo diferentes organizaciones pero las que mayor visibilidad y trayectoria tuvieron fueron el Partido Democrático de Homosexuales de la Región Canaria y, posteriormente el Colectivo Canario de Homosexuales. El primero de ellos no duró mucho pero organizó en Santa Cruz de Tenerife lo que sería el primer acto reivindicativo en contra de la LGTBIfobia. El protagonismo lo tuvieron las mujeres transexuales (recuérdese que homosexualidad y transexualidad se confundían por aquel entonces) y se trató de una concentración en el Parque García Sanabria el 25 de junio de 1978, al que siguió una manifestación. Al acto acudieron según la prensa unas 200 personas. Otro acto significativo fue la celebración de un debate en octubre de ese mismo año en el Colegio Mayor San Fernando.

Por su parte, en Gran Canaria y antes incluso de la muerte del dictador, se había conformado un grupo de personas que buscaban consolidar un espacio de encuentro donde reflexionar y prestarse apoyo mutuo frente a las diferentes represiones que sufrían. Este grupo se denominó Colectivo Canario de Homosexuales y se posicionó como la organización de más trayectoria en la Canarias del momento, llegando a desarrollar “una notable actividad pública a finales de los años 70 y principios de los 80 en las islas de Gran Canaria y Tenerife” (Ramírez Pérez, 2019:186).

Ya en 1979 y 1980 el colectivo gozaba de una base ideológica consolidada que le permitió dar el salto al activismo con perspectiva política y, así, actuar en el espacio público para reivindicar derechos y el fin de la represión y la discriminación. El colectivo se organizaba de manera asamblearia y tenía una postura de izquierda revolucionaria. De hecho, en sus principios se encontraba la idea de que la lucha homosexual estaba intrínsecamente unida a la lucha del resto de grupos oprimidos (como las mujeres y la clase trabajadora) y que de manera conjunta había que librar batalla contra las estructuras de la sociedad burguesa capitalista. Así, la lucha era conjunta contra el heteropatriarcado y el capitalismo. Para el Colectivo Canario de Homosexuales el nuevo sujeto revolucionario eran el movimiento feminista y el movimiento homosexual.

Hay dos textos principales de este colectivo que es puro oro de análisis: “Por un Movimiento Homosexual en Canarias” (sin fecha) y “Se olvida fácilmente...” (este último de 1980 y presentado en el Segundo Congreso del Partido de Unificación Comunista de Canarias, PUCC). En ellos se establecen las bases ideológicas del movimiento.

Esta ideología de izquierdas del Colectivo Canario de Homosexuales era compartida por otros muchos movimientos y partidos. Sin embargo, la LGTBIfobia no era ni mucho menos monopolio de los partidos de derechas y la izquierda (partidos y demás organizaciones populares y obreras) también era machista y heterosexista por lo que integrar (o al menos apoyar) las reivindicaciones de las disidencias sexuales y de género no era tarea fácil. Aun así, bien es cierto que había un acercamiento y diálogo que, aunque insuficiente en los primeros momentos, poco a poco fue calando.

Por otro lado, mención aparte merece el activismo lésbico. Las lesbianas hicieron parte tanto del movimiento homosexual como del activismo político en partidos u organizaciones obreras. Sin embargo, esta doble discriminación (ser mujer y lesbiana) las situaba en una disyuntiva: ¿me posiciono junto a los hombres homosexuales o me sitúo junto al movimiento feminista con el resto de mujeres? Así, las lesbianas organizaron grupos mixtos, grupos específicos o se integraron dentro del movimiento feminista. En 1980 aparece el Colectivo Canario para la Liberación de la Mujer Lesbiana, que se relacionó en estrecha colaboración con el Colectivo Canario de Homosexuales y la Coordinadora Feminista. Sin embargo, tal y como concluye Víctor Ramírez Pérez (2019:210) en su investigación “el activismo lésbico en Canarias fue [...] escaso y poco visible desde el punto de vista de identificación de las protagonistas”.

Finalmente, y tras la celebración del Orgullo de 1980, el movimiento entra en un progresivo declive hasta su disolución. Entre las posibles razones que se arguyen para justificar la desmovilización se encuentra la consecución del objetivo de la despenalización de la homosexualidad al conseguir eliminar la referencia a realizar actos de homosexualidad en la Ley de Peligrosidad Social junto con la necesidad de disfrutar de la libertad conseguida tras tantos años de represión como los vividos. Así, y tras 1980, el Colectivo Canario de Homosexuales va desapareciendo de los medios de comunicación y de la esfera pública.

Conclusiones
‘Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’ es un riguroso trabajo de investigación de Víctor Ramírez Pérez que debemos leer en su totalidad para entender la dimensión de la interconexión de represiones sobre el movimiento LGTBIQ+ en Canarias en nuestra historia reciente.

La consulta a la prensa del momento, el análisis de los antecedentes penales de los detenidos por homosexualidad, la bibliografía consultada y, sobre todo, los testimonios recogidos hacen de esta obra un trabajo de necesaria visibilización. En esta ocasión hemos querido dar nuestro particular homenaje al autor pero, también, a todas las personas que en el pasado se levantaron contra la represión y a aquellas que hoy han tomado el testigo de esa lucha aún necesaria.

  • Recursos bibliográficos
  • Ramírez-Pérez, Víctor M. (2019) Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición..
  • Ramírez-Pérez, Víctor M. (2018). Pioneros del movimiento homosexual en Canarias durante la transición en Fundación Salvador Seguí-Madrid (coord.) Las otras protagonistas de la Transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales, pp. 97-111.

2021/06/03

CAPÍTULOS | Ramirez Pérez, Víctor | Pioneros del movimiento homosexual en Canarias durante la transición

Ramírez Pérez, Víctor [Activista LGTBi+i+, licenciado en Derecho, especialista en derechos humanos] (2018) [07]. Pioneros del movimiento homosexual en Canarias durante la transición. Las otras protagonistas de la Transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales. Brumaria. 97-112.

Ed. digital: Open Access – Libro completo | Fundación salvador Seguí | 2021-06-03
https://www.fundacionssegui.org/madrid/index.php/publicaciones/23-libro-del-congreso-las-otras-protagonistas-de-la-transicion
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Acceso directo PDF
https://www.fundacionssegui.org/madrid/documents/las_otras_protagonistas_libro.pdf

En el mes de mayo de 1977, varios grupos homosexuales de diversas partes del país, presentaron en Madrid un comunicado de prensa en el que denunciaban el hecho de que “los homosexuales siguen sien- do reprimidos; nuestra actual sociedad española sigue privándoles de sus más elementales derechos como personas y como ciudadanos; siguen vigentes leyes injustas y vejatorias (...)” y, entre otras reivindicaciones exigían la “inmediata derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y la disolución de los tribunales que las aplican”.

Este manifiesto estaba firmado por asociaciones de Madrid, País Vasco, Baleares, Valencia, Andalucía y Aragón, sin que constara la firma de ninguna organización canaria. No obstante, ese mismo año, en el número 22 de la revista ‘OZONO’ (Madrid, julio de 1977), encontramos el antecedente más antiguo que conocemos del movimiento homosexual en las islas. En dicha publicación, el denominado colectivo Homosexuales Unidos Canarios (HUCA), en un documento denominado “Plataforma Reivindicativa” se definía como una “organización independiente, natural y elemental”, que no se encuentra adscrita a ningún grupo político y cuyo objetivo principal es “la feliz realización personal de cualquier ser humano”.

En el documento reivindicaban como “urgente y necesario conseguir de todos los estamentos sociales la inmediata supresión de cualquier discriminación para la realización personal” y, entre otras cuestiones, demandaban el respeto total y absoluto por la inviolabilidad del domicilio, el derecho de intimidad, la supresión cualquier tipo de censura en espectáculos y publicaciones y la libertad de toda persona de usar y utilizar su cuerpo, con las limitaciones mínimas, siempre que no medie abuso, engaño o violencia.

También exigían acabar con el gueto homosexual, condenaban la prostitución masculina o femenina y expresaban la necesidad de impartir una educación sexual adecuada y objetiva, así como la exigencia a todos los medios de comunicación social de un tratamiento objetivo, claro y eficaz sobre cualquier tema relacionado con la homosexualidad.

Solicitaban la derogación inmediata de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, la implantación de los dieciocho años como edad mínima para la mayoría de edad y la normalización en el consentimiento de relaciones sexuales a partir de los catorce años, salvo a deficientes mentales o funcionales. Por último, manifestaban su “confianza en que todos los grupos políticos que integran el Estado incluyan en sus programas unas posiciones concretas y bien definidas acerca de la Homosexualidad”.

2018/12/15

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | NI PELIGROSAS NI DELINCUENTES: EL PROCESO DE LEGALIZACIÓN DE LA DISIDENCIA SEXUAL Y DE GÉNERO EN LA TRANSICIÓN

El Diario //

Ni peligrosas ni delincuentes: el proceso de legalización de la disidencia sexual y de género en la España de la transición.

Durante los años de la transición el movimiento LGTB tuvo que hacer frente a las leyes que se aplicaron a lo largo de la dictadura para reprimir a la disidencia sexual y que continuaron vigentes a la muerte del dictador.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2018-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/peligrosas-delincuentes-legalizacion-disidencia-espana_1_1791040.html

Se cumplen este mes 40 años de la aprobación de la Constitución Española y también de la reforma (1) de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que eliminó a ‘los que realizaran actos de homosexualidad’, en términos de la ley, del catálogo de peligrosos sociales. Es, por tanto, un momento idóneo para analizar el proceso que permitió a las disidencias sexuales y de género ser legalizadas durante el proceso transicional, tras otros cuarenta años de represión franquista.

Habitualmente se identifica esta legalización con un momento determinado, como fue la citada reforma de la ley de peligrosidad social. No obstante, la legalización de la disidencia sexual fue un proceso más complejo y largo en el tiempo que no concluye, sino que más bien comienza, con la mencionada reforma.

Durante los años de la transición el movimiento LGTB tuvo que hacer frente a las leyes que se aplicaron a lo largo de la dictadura para reprimir a la disidencia sexual y que continuaron vigentes a la muerte del dictador. Estas normas fueron fundamentalmente dos: la primera, el Código Penal, que si bien no contemplaba expresamente la homosexualidad en su articulado, se consideraba incluida en el artículo 431 de dicho texto que regulaba el delito de escándalo público. Esta figura delictiva consideraba penalizable aquellas acciones que “de cualquier modo ofendiere el pudor o las buenas costumbres con hechos de grave escándalo o trascendencia”. La moral nacional-católica del régimen franquista consideraba moralmente repugnantes los actos de homosexualidad por lo que dichas prácticas, aunque hubieran sido cometidas en privado, eran tenidas por delictivas en virtud de este artículo y sus autores eran juzgados y condenados si los hechos trascendían al conocimiento público.

Las otras leyes utilizadas para la represión de la homosexualidad fueron las aprobadas en virtud de la doctrina de la ‘defensa social’. En desarrollo de este principio, en el año 1933, durante la II República, se aprobó la Ley de Vagos y Maleantes que no recogía en su texto ninguna referencia expresa a la disidencia sexual, pero que en el año 1954 fue reformada por el régimen franquista para incluir a la homosexualidad en su artículo segundo. No se trataba de una ley penal, desde el punto de vista de que no tipificaba delitos y sus correspondientes penas, sino que categorizaba una serie de situaciones subjetivas como de “peligrosidad social”. La ley determinaba que, dado el estado de determinados sujetos, estos tendrían gran probabilidad de cometer un “daño social”, concepto más amplio que el puramente delictivo. Según el preámbulo de la propia ley de 1970, esta se aprobaba por la “necesidad de defender a las sociedad contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas, entrañan un riesgo para la comunidad”. Por poner un ejemplo clarificador, el alcoholismo no era considerado 'per se' un delito, no obstante los ebrios habituales eran considerados peligrosos sociales por los indeseables efectos que su adicción podían traer a su entorno familiar, social, laboral, etc. De este concepto de peligrosidad se deriva la necesidad de rehabilitar al peligroso mediante una serie de medidas previstas en la ley con el objetivo de “rescatar y reeducar al hombre para la más plena vida social”, según el preámbulo de la misma. A partir de la reforma del año 1954 las personas homosexuales deberían ser objeto de esta reeducación o de “curación” de su “perversión sexual”.

Por tanto, estas dos normas incidían en la disidencia sexual desde dos perspectivas diferentes: la penal, con su consecuente condena, y la de defensa social, con sus medidas rehabilitadoras como presunto instrumento de inserción social. No pretendo con esto suavizar el efecto que las leyes de peligrosidad producían en las disidencias sexuales – y en el resto de supuestos previstos en la ley –. Más al contrario, la realidad nos pone de manifiesto que estas leyes fueron, en la práctica, utilizadas como un medio de represión más, como un instrumento que criminalizaba a la disidencia sexual desde una perspectiva más amplia que la puramente penal. Estas leyes se unieron al código penal configurando un doble sistema de control de la disidencia sexual que multiplicaba sus efectos, añadiendo a la condena penal un aparente sistema de rehabilitación que, en la práctica, era una segunda condena durante la cual, además, no eran aplicables los posibles beneficios penitenciarios que sí lo eran a los delincuentes condenados (2). Esta doble criminalización, que pone de manifiesto la perversa utilización de leyes rehabilitadoras con fines puramente represivos, profundiza precisamente la ignominia del sistema represivo de la dictadura.

Se evidencia, por tanto, el hecho de que las leyes de peligrosidad social no fueron las únicas que reprimieron a los homosexuales a lo largo del franquismo y que la derogación de la ley de peligrosidad social en el año 1978 no significó la legalización de la homosexualidad durante la transición. Dicha derogación implicó la eliminación de la consideración de la disidencia sexual como un peligro social, pero no de su carácter delictivo, ya que el delito de escándalo público, como veremos, continuó aplicándose durante prácticamente una década más.

En este punto hay que añadir un término más a la ecuación: la aparición de los movimientos de liberación homosexual en el panorama de los movimientos sociales de la época. La publicación del proyecto de ley peligrosidad social en el año 1970 promovió la aparición de un nuevo sujeto político, si bien en la clandestinidad, en la España franquista. Ante la inclusión de la homosexualidad en dicho texto, un grupo de activistas catalanes iniciaron un proceso de movilización para, desde las catacumbas del activismo y con la ayuda de colectivos franceses, intentar evitar dicha mención la nueva ley. Este movimiento clandestino emergió durante los primeros años de la transición, visibilizando una lucha en la que la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y el delito de escándalo público eran objetivos fundamentales. El Front d'Aliberament Gay de Catalunya (FAGC), fue la asociación de referencia durante esos años y la legalización de la misma se convirtió en un inesperado campo de batalla durante los últimos años de la década de los 70.

El FAGC inició su proceso de legalización en el mes de diciembre de 1978, recién aprobada la Constitución. Este acto suponía un reto al nuevo régimen constitucional que, sin embargo, respondió inicialmente con la inercia de la homofobia dictatorial: el Ministerio del Interior, en enero del año siguiente, denegó la legalización alegando la incompatibilidad de los fines de la asociación con el artículo 431 del Código Penal, el mencionado delito de escándalo público. El mantenimiento de una interpretación profundamente homófoba de dicho artículo por el recién estrenado sistema constitucional ponía en evidencia el hecho de que la legalización de la homosexualidad no era aún un hecho consumado, a pesar de la modificación de la ley de peligrosidad social, y de que el nuevo sistema no consideraba a las disidencias sexuales como dignas de ser sujetos del conjunto de derechos y libertades recogidos en la nueva y flamante Constitución.

Ante tales hechos el FAGC interpuso el correspondiente recurso y con el apoyo de una importante campaña que implicó a colectivos, un numeroso grupo de corporaciones locales catalanas y de la International Gay Asociation (IGA) (3), por fin, el 16 de junio de 1980, el Gobierno de Adolfo Suárez admitió su legalización, dándose un segundo paso en este proceso.

Otro acontecimiento a tener en cuenta, en relación con la legalización de la disidencia de género, se refiere a los avances que durante los años transicionales afectaron a los derechos de las personas transexuales. Una modificación del Código Penal, del año 1983(4), eximió de responsabilidad penal, entre otros supuestos, a la “cirugía transexual realizada por facultativos”, hasta ese momento penalizadas al ser consideradas un delito de lesiones por causar la esterilidad. Este nuevo avance despenalizador propició que las personas transexuales comenzaran a acudir a los tribunales a solicitar el reconocimiento del “cambio de sexo” con respecto al cambio la inscripción registral del nombre y del sexo, iniciativa que culminó con una Sentencia del Tribunal Supremo del año 1987 que reconocía por primera vez el derecho de una mujer transexual al cambio de nombre. Con todos los cuestionamientos que pueda hacerse la sentencia – que se refería a la afectada como “una ficción de hembra” que, en cualquier caso debería ser protegida por el Derecho –, tanto la modificación de la norma penal de 1983 como la sentencia de 1987 supusieron un importante avance de los derechos de las personas trans, que sin embargo no obtendrían una ley que regulara estas cuestiones hasta dos décadas más tarde (5).

Como se ha indicado, la utilización del delito de escándalo público como argumento para negar legalidad a las organizaciones homosexuales de la época es una muestra de que la consideración de las personas disidentes de las normas imperantes sobre el sexo/género no se consideraban dignas de ser sujetos de los más esenciales derechos fundamentales. Podían ser legalizadas sus organizaciones, pero sobre sus componentes pendía aun sobre sus cabezas la espada de Damocles del artículo 431 del Código Penal. Artículo que, aunque de manera quizás menos frecuente que en otras épocas, aún se aplicaba para reprimir las prácticas homosexuales.

Así, por ejemplo, una sentencia del Tribunal Supremo del año 1980(6) aborda el caso de dos jóvenes de 25 y 32 años de edad que, a las dos de la madrugada habían aparcado un coche en un camino para mantener prácticas sexuales, donde fueron sorprendidos por la Guardia Civil. En el juicio de primera instancia se condenó a ambos procesados por el delito escándalo público, sentencia posteriormente confirmada por el Tribunal Supremo. Hubo que esperar al año 1988 en el que, una modificación parcial del Código Penal (7) derogó dicho delito. Este hecho que culminó, ahora sí, el proceso de legalización de las disidencias sexuales y de género en España.

Se puede concluir, por tanto, que la legalización de la disidencia sexual en España fue un proceso progresivo que duró prácticamente una década. Su desarrollo se encontró con las reticencias de un sistema democrático recién inaugurado que mantenía aún muchos de los tics LGTB-fóbicos del régimen dictatorial. La comunidad LGTB no fue un sujeto al que se tuvo en cuenta durante los años transicionales de tal manera que el proceso de legalización tuvo que ser impulsado por los colectivos, incluso desde una posición de ilegalidad. La reforma de la ley de peligrosidad social en el año 1978, que eliminó la homosexualidad de las categorías de peligrosos sociales, significó el inicio del proceso. Tras este paso, la legalización de los colectivos a partir del año 1980 permitió que estos continuaran con su tarea reivindicativa desde posiciones más fuertes y seguras. Pero a la legalización colectiva no siguió pareja la consideración de los derechos individuales. Las persona trans tuvieron que esperar a la reforma del código penal de 1983 y a una sentencia del Tribunal Supremo de 1987 para ver reconocido, aunque de manera precaria y a través de complejos y humillantes procedimientos judiciales, su derecho al reconocimiento de su identidad en el ámbito registral. Por fin, la derogación del delito de escándalo público en 1988 permitió a la comunidad LGTB sentirse aliviada ante la eliminación de la posibilidad de ser sorprendidos ‘in fraganti’ en un acto sexual y ser procesados por tal delito. Esta última reforma llegó, además, en un momento crucial para la comunidad LGTB, en el que el SIDA hacía sus estragos. La epidemia del VIH tuvo nefastas y trascendentales consecuencias para la disidencia sexual y de género, a la que plantearía nuevos retos y perspectivas que se habrían de abordar en los años y décadas siguientes. Esta vez, sí, desde la legalidad, aunque no desde una verdadera igualdad legal y social, objetivo aún pendiente de alcanzar.

  • Bibliografía
  • 1/  Ley 77/1978, de 26 de diciembre, de modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y de su Reglamento, «BOE» núm. 10, de 11 de enero de 1978.
  • 2/ La redención de penas por el trabajo o los posibles indultos o amnistías no eran aplicables a los peligrosos sociales, por poner un ejemplo.
  • 3/ Actualmente Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA).
  • 4/ Ley Orgánica 8/1983, de 25 de junio, de Reforma Urgente y Parcial del Código Penal.
  • 5/ Nos referimos a la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas.
  • 6/ Sentencia del Tribunal Supremo 4531/1980.
  • 7/ Ley Orgánica 5/1988, de 9 de junio, sobre modificación de los artículos 431 y 432 y derogación de los artículos 239, 566.5º, 567.1.º y 3.º y 577.1.º del Código Penal.

2016/06/28

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL ORGULLO DE LA TRANSICIÓN: EL MOVIMIENTO LGTBI PIONERO EN CANARIAS

El orgullo de la transición: los pioneros del movimiento LGTB en Canarias.

Víctor M. Ramírez | El Diario, 2016-06-28

https://www.eldiario.es/canariasahora/premium-en-abierto/transicion-pioneros-movimiento-lgtb-canarias_1_3926845.html 

De vagos y maleantes a peligrosos sociales. Así tipificaba la Dictadura de Franco al movimiento LGTB. Su efecto inmediato fue la activación de las reivindicaciones de los homosexuales en la década de los setenta. El movimiento fue visible en lo grupal, pero invisible a nivel individual. La principal reivindicación del movimiento fue la abolición de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. El ideario de la organización era muy cercano a planteamientos de izquierda revolucionaria. Las relaciones de las disidencias sexuales con la izquierda no fueron totalmente pacíficas.

A la memoria de las víctimas de la masacre de Orlando, 12 de junio de 2016

De la peligrosidad al activismo social

En el año 1970, las Cortes franquistas aprobaron la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social(1). La ley venía a sustituir a la Ley de vagos y maleantes y tenía como objetivo, según su exposición de motivos, “defender a las sociedad contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas, entrañan un riesgo para la comunidad”. Entre los supuestos del estado peligroso previstos en el artículo segundo se encontraban “los vagos habituales, los rufianes y proxenetas, los que realicen actos de homosexualidad o los que habitualmente ejerzan la prostitución”. La ley tenía asimismo el ambicioso propósito, según su declaración de intenciones, “de servir por los medios más eficaces a la plena reintegración de los hombres y de las mujeres que, voluntariamente o no hayan podido quedar marginados de una vida ordenada y normal”. Específicamente para los homosexuales la ley establecía el internamiento en un “establecimiento de reeducación” por tiempo no inferior a cuatro meses ni superior a tres años.

Pero más allá de esos objetivos, la ley tuvo unos efectos inesperados e indudablemente indeseados para el régimen: la activación de un movimiento de reivindicación homosexual(2) inexistente hasta esa fecha en la historia de España.

La publicación del proyecto de ley, que incluía la homosexualidad, sin más matices, entre los supuestos previstos, despertó la conciencia en un grupo de activistas catalanes que, liderados por Armand de Fluvià y Francesc Francino, decidieron tomar la iniciativa. De manera clandestina y con la colaboración de la asociación de homosexuales francesa Arcadie comenzaron una campaña para evitar que la homosexualidad fuera incluida en la nueva ley. Si bien sus objetivos no fueron plenamente cumplidos – la ley se aprobó, como hemos visto, considerando peligrosos sociales a “los que realicen actos de homosexualidad” -, sus actividades marcarían el inicio del primer proceso de organización de la disidencia sexual en España, que comenzaría con la creación de la Agrupación Homosexual para la Igualdad Social (AGHOIS).

A partir de ésta organización se inició la labor del entonces denominado movimiento de liberación de gays y lesbianas que desde Cataluña se extendió por todo el país, creándose organizaciones en Valencia, Mallorca, Madrid, Málaga, Zaragoza, Santiago de Compostela, Bilbao, etc. En 1972 se constituyó el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH) con el objetivo de concienciar a los homosexuales en la reivindicación de sus derechos y conseguir por parte de la sociedad su aceptación y reconocimiento.

A finales de 1975, con la finalidad de reforzar el perfil ideológico de AGHOIS, se constituyó el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), de notable influencia en los movimientos homosexuales de la transición en todo el Estado.

Tras la muerte de Franco, ni el Real Decreto Ley de julio de 1976(3) sobre amnistía, ni la Ley de Amnistía de 1977(4) afectaron a los presos homosexuales, al no ser considerados presos políticos. Por tanto, ni los homosexuales, ni el resto de presos internados en aplicación de la ley de peligrosidad social, fueron excarcelados y tuvieron que seguir cumpliendo condena. En este contexto, es obvio que las principales reivindicaciones de los colectivos fueran la derogación de la Ley de peligrosidad y rehabilitación social y la amnistía para los disidentes sexuales que cumplían condena.

Primeras referencias al activismo en Canarias: Homosexuales Unidos Canarios

En el mes de mayo de 1977, varios grupos homosexuales de diversas partes del país presentaron en Madrid un comunicado de prensa en el que denunciaban el hecho de que “los homosexuales siguen siendo reprimidos; nuestra actual sociedad española sigue privándoles de sus más elementales derechos como personas y como ciudadanos; siguen vigentes leyes injustas y vejatorias (…)” y, entre otras reivindicaciones exigían la “inmediata derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y la disolución de los tribunales que las aplican

Este manifiesto estaba firmado por asociaciones de Madrid, País Vasco, Baleares, Valencia, Andalucía y Aragón, sin que constara la firma de ninguna organización canaria. No obstante, ese mismo año, en el número 22 de la revista Ozono (Madrid, julio de 1977), encontramos el antecedente más antiguo que hemos podido encontrar del movimiento homosexual en las Islas(5). En dicha publicación, el denominado colectivo Homosexuales Unidos Canarios (HUCA), en un documento denominado Plataforma Reivindicativa se define como una “organización independiente, natural y elemental”, que no se encuentra adscrita a ningún grupo político y cuyo objetivo principal es “la feliz realización personal de cualquier ser humano”.

En el documento reivindican como “urgente y necesario conseguir de todos los estamentos sociales la inmediata supresión de cualquier discriminación para la realización personal” y, entre otras cuestiones, demandan el respeto total y absoluto por la inviolabilidad del domicilio, el derecho de intimidad, la supresión cualquier tipo de censura en espectáculos y publicaciones y la libertad de toda persona de usar y utilizar su cuerpo, con las limitaciones mínimas, siempre que no medie abuso, engaño o violencia.

También exigían acabar con el gueto homosexual, condenaban la prostitución masculina o femenina y expresaban la necesidad de impartir una educación sexual adecuada y objetiva, así como la exigencia a todos los medios de comunicación social de un tratamiento objetivo claro y eficaz sobre cualquier tema relacionado con la homosexualidad.

Solicitaban la derogación inmediata de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, la implantación de los dieciocho años como edad mínima para la mayoría de edad y la normalización en el consentimiento de relaciones sexuales a partir de los catorce años, salvo a deficientes mentales o funcionales. Por último, manifestaban su “confianza en que todos los grupos políticos que integran el Estado incluyan en sus programas unas posiciones concretas y bien definidas acerca de la Homosexualidad”.

El artículo no daba detalles acerca de quiénes componían el colectivo, ni en qué isla o islas estaba implantado, ni posteriores acciones del mismo. Esta plataforma reivindicativa muestra un ideario muy cercano a las asociaciones de la época, en las que, como hemos visto, la derogación de la ley de peligrosidad social era un objetivo fundamental.

El ‘Diario de Avisos’, de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, 26 de agosto de 1977, hacía referencia a dicho manifiesto y publicaba la tabla de reivindicaciones en una sección denominada ‘El Frasquito de perfume’. A pesar de que en uno de los puntos se pedía a los medios de comunicación social un tratamiento “objetivo, claro y eficaz” al abordar el tema de la homosexualidad, el artículo finalizaba con algunos comentarios presuntamente jocosos en los que, aparte del juego de palabras con el nombre del colectivo, de dudoso gusto, ironizaba sobre la existencia de dicha asociación. En el texto del periódico se lee:

“’Las llamadas ”locas“ se han unido y han lanzado su declaración de principios. (…) La declaración de la HUCA – ojo, HUCA, ¿eh?, no confundir – es una auténtica perla cultivada. No sabemos si estas asociaciones también tienen que pasar por un registro, aunque creemos que no. Pero los mariquitas – bueno, los homosexuales -, se han constituido en asamblea y piden la supresión de la Ley de Peligrosidad Social que les afecta. En fin, aquí está la noticia. Y yo con estos pelos’”.

Como se puede observar, un artículo lleno de ‘fina ironía’, en el que lo que se cuestiona es la existencia de grupos activistas homosexuales y no la vigencia de una ley que prácticamente criminalizaba la homosexualidad y que, como veremos a continuación, permitía su detención y encarcelamiento.

Siguen las detenciones de homosexuales en Las Palmas


Con este título, el Diario de Las Palmas de 30 de septiembre de 1977 hacía referencia a la detención de “un buen número de homosexuales” por miembros afectos a la Brigada Criminal de Las Palmas. “La inclusión de estos últimos en el grupo de maleantes – expone el periodista -, vuelve a poner de actualidad un tema ingrato y no siempre esclarecido, el de la homosexualidad, presente aquí en Las Palmas, como en cualquier rincón del país (…)”.

A continuación, El periodista se realiza la siguiente pregunta:

¿Son los jóvenes “gay” todavía considerados como elementos indeseables y viciosos y en consecuencia se les castiga taxativamente con todo el peso de la ley, o por el contrario el problema del homosexual está ya siendo considerado como un fenómeno encuadrado en una problemática social?

El cuestionamiento del periodista es significativo, en tanto empieza a plantear la realidad homosexual como algo más que un asunto de mero orden público o de moral social. El encuadramiento dentro de la ‘problemática social’, más allá de lo cuestionable de la expresión, no deja de ser un avance en cuanto a la percepción del fenómeno de las disidencias sexuales no tanto como un elemento perturbador del orden social y moral sino como una realidad a tener en cuenta desde perspectivas más amplias. De hecho, en el artículo encontramos también una referencia al movimiento homosexual local, no sin detalles que remarcan el estereotipo:

“Pero las cosas cambian y sin llegar a extremos notorios y excesivamente públicos (…), el gay abandona la clandestinidad y ha decidido mostrar su rostro maquillado y un programa en el que (…) se advierten planteamientos sujetos a corrientes de izquierda, ácratas, ya desde el comienzo de sus reivindicaciones”.

“Consideraciones psicológicas aparte – continúa el artículo -, el movimiento ”gay“ está aquí y ahora presente se quiera o no y sus gestiones han recibido el consenso y aún el apoyo de partidos políticos en la oposición. Luchan por desterrar la imagen de ”perversión“ y en definitiva romper las barreras aislacionistas (con las) que la sociedad siempre ha levantado en su entorno”.

A pesar de todo, no puede evitar caer en el tópico homófobo de la vinculación entre homosexualidad y delincuencia y presenta una perspectiva que aúna la patologización y la clasificación moral:

“Lamentablemente, junto al hecho de la homosexualidad como fenómeno sociológico – sobre el que no es necesario pronunciarse aquí y ahora -, lo cierto es que con mucha frecuencia el homosexual vive en el mundo del hampa, al borde de la delincuencia y su ”vicio“ le lleva en muchos casos a engrosar ese mundo”.

El artículo no hace referencia específica a un colectivo determinado, pero sí a una estructura organizada, de carácter reivindicativo – programa, dice el periodista -, en el que se advierten “planteamientos de izquierda, ácrata”. Tampoco a líderes o lideresas concretos: las cosas cambian (…) sin llegar a extremos notorios y excesivamente públicos, dice el artículo -. Nos encontramos con un fenómeno que es característico de la época y que podríamos calificar como de visibilidad colectiva e invisibilidad individual.

El activismo de la transición se encuentra en una situación complicada a nivel legal y social. Si durante el franquismo el incipiente movimiento homosexual se movía en la más absoluta clandestinidad, durante la transición estos movimientos tardaron en ser reconocidos legalmente. Así, el FAGC intentó su legalización desde el año 1978, pero el Ministerio del Interior rechazó la reiteradamente la solicitud aludiendo a los artículos del código penal que regulaban el delito de escándalo público. El 15 de julio de 1980(6), tras una campaña de presión social y los correspondientes recursos, el FAGC es finalmente legalizado.

Por otra parte, la discriminación social era importante. La presión en los ámbitos familiar y laboral era difícil de superar y la visibilidad individual, el poner rostro con nombre y apellidos al movimiento, podía traer todavía consecuencias indeseadas. De ahí que el movimiento fuera visible en lo grupal, pero sus líderes invisibles a nivel individual. Fue en 1978, en un programa de la televisión pública española, cuando el pionero Armand de Fluvià y Jordi Petit(7), dirigente del FAGC e histórico líder del movimiento homosexual nacional e internacional, dieron por primera vez la cara como representantes del movimiento homosexual. Pero esa circunstancia fue excepcional, habría que esperar al año 1983 para que Petit volviera a la televisión(8), y no se produjo en Canarias ni prácticamente en el resto del país. En la investigación de hemeroteca no hemos encontrado un solo nombre de activista canario y las imágenes que aparecen en los artículos son completamente anónimas.

Pero lo cierto es que, como bien indicaba el artículo, el movimiento homosexual en Canarias comenzaba a organizarse y a visibilizarse y, al año siguiente, saltan a las páginas de la prensa local las primeras manifestaciones públicas en las Islas.

Accidentada concentración gay en Santa Cruz


Tras la muerte del dictador en el año 1975 los colectivos homosexuales, que se habían organizado en la clandestinidad ante la amenaza de las leyes represoras, iniciaron un proceso de visibilización necesario para poner de manifiesto sus exigencias de cambios legales y sociales. Así, el 26 de junio de 1977 y convocada por el FAGC – organización aún ilegal -, más de 5.000 personas se manifestaron por las ramblas de Barcelona al grito de eslóganes como “Amnistía sexual” y “No somos peligrosos”, en clara referencia a los encarcelados en aplicación de la ley de peligrosidad social.

De la convocatoria dio cuenta ‘El Eco de Canarias’ en su edición del 22 de junio de ese año al título de: “150.000 de toda España. Manifestación de homosexuales en Barcelona el domingo”. En el artículo se destaca que “se exhibirán pancartas alusivas a la discriminación social de los homosexuales y a la exigencia de que sean eliminadas todas las penas y prevenciones que les afectan de la vigente Ley de Peligrosidad Social. De momento – concluye el artículo -, la manifestación no cuenta con autorización gubernativa“. Y efectivamente, la manifestación de Barcelona tuvo un final violento, con violentas cargas policiales y detenciones de manifestantes.

La primera referencia en prensa de una acción pública del movimiento homosexual en Canarias la encontramos en el ‘Diario de Avisos’ de 27 de junio de 1978. Con el título “Accidentada concentración gay en Santa Cruz”. La concentración, desarrollada en el Parque García Sanabria, fue celebrada el 25 de junio y convocada por el denominado Partido Democrático de Homosexuales de la Región Canaria. Al acto acudieron unos doscientos homosexuales, según estimaciones del periodista, y algunos grupos políticos no especificados en el artículo que apoyaban sus reivindicaciones. Durante el acto se portó una pancarta en la que se leía “No a la Ley de Peligrosidad Social. 25 de junio, día del orgullo Gay”, lema fundamental de todas las acciones de la época.

Según el periódico, la concentración no estaba autorizada de manera oficial aunque sí de manera verbal. Durante su desarrollo, un comisario de policía les exhortó a disolverse y, ante la negativa de los concentrados, solicitó refuerzos y fue retirada la pancarta. Tras lo que el periodista califica de “lamentables incidentes”, que no describe, se inició una manifestación improvisada y pacífica por las Ramblas del General Franco hacia el centro de la ciudad. Durante el trayecto se corearon consignas del tipo “Libertad Sexual”, “No a la Ley de Peligrosidad Social” y “Suárez escucha, los gays están en lucha”. En el artículo se destaca la agresión sufrida por el presidente de la organización convocante por parte de un miembro de la Policía Armada, fuerza que se retiró tras las muestras de censura del público que contempló la agresión.

No es fortuito que la primera manifestación en Canarias se desarrollase en Tenerife, sede de la Universidad de La Laguna, entonces único centro universitario de las Islas. Al igual que en muchas otras universidades del país, aunque con menor relevancia que en otras, La Laguna había sido un espacio proclive a la actividad de los movimientos políticos clandestinos, ya desde mediados de los sesenta, por parte de estudiantes de las juventudes socialista, comunista y demócrata cristianas(9). De hecho, según el profesor Hernández Bravo de Laguna, “la Universidad de La Laguna se transformó en el principal reducto antifranquista de la isla de Tenerife”.

Por otro lado, la transición propició la emergencia de numerosas organizaciones sociales vinculadas al ámbito feminista, estudiantil, el movimiento vecinal, el ecologista y el antimilitarista. En este ambiente, prolífico desde el punto de vista político y de amplia movilización social, no era de extrañar que los estudiantes homosexuales de la universidad decidieran iniciar un proceso organizativo, emulando así a los colectivos que ya visiblemente habían puesto en marcha su activismo en el resto del estado. Sin duda, las noticias de la manifestación del año anterior en Barcelona, que tuvo repercusión en la prensa local(10), debieron ser incentivo para la convocatoria tinerfeña. Y, por otro lado, la notable presencia de estudiantes de Gran Canaria en la universidad, permitiría trasladar también a esta isla las siguientes convocatorias del incipiente movimiento homosexual canario.

La derogación de la LPS: un clamor social


La derogación de la ley de peligrosidad social no fue una reivindicación exclusiva de los movimientos homosexuales. La ley no sólo permitía reprimir las disidencias sexuales sino que su ambigua interpretación y su arbitraria aplicación era utilizada en ocasiones para la represión política. Asimismo, la ausencia de medidas rehabilitadoras, el hecho de que la mayoría de los peligrosos sociales acabaran siendo recluidos en cárceles junto con presos comunes, a pesar de que presuntamente las medidas se aplicaban a situaciones pre-delictuales, y la consecuente inseguridad jurídica y limitación de derechos que todo ello implicaba favoreció que desde diversos sectores sociales se exigiera su derogación inmediata. Todo ello en el marco de construcción de un sistema democrático que iniciaba su andadura con pasos indecisos en medio de un ambiente político y social ciertamente conflictivo.

Como muestra del contexto de beligerancia social, el 18 de julio de 1977 se produjo un motín en la cárcel de Carabanchel de Madrid. Las lamentables condiciones de los presos heredadas del régimen dictatorial influyeron en la creación de la denominada Coordinadora de Presos Españoles en Lucha (COPEL), a través de la que se reivindicaban una amnistía o indulto general, la abolición de torturas y tratamientos que violasen los derechos humanos, una alimentación decente, una sanidad efectiva y, entre otras numerosas cuestiones, la supresión de la ley de peligrosidad social.

El motín de Carabanchel se extendió a doce prisiones del país, entre ellas la de Barranco Seco, en Gran Canaria, hecho que tuvo amplia repercusión en los medios locales. ‘El Eco de Canarias’ del 21 de julio titulaba el motín con el texto ‘Motín en la cárcel de Las Palmas. Piden amnistía total, trabajo y libertad’. En el artículo se exponían las reivindicaciones que, desde las ventanas, exponían los presos, entre los que se encontraban también disidentes sexuales. Así, con el texto: “los homosexuales se quejaban de la Ley de Peligrosidad Social”, el periodista reflejaba las reivindicaciones de este colectivo, dando muestras de la presencia de presos homosexuales en el centro penitenciario en aplicación de la mencionada norma.

Pero además de los colectivos y los presos, la derogación de la norma represora era exigida por partidos políticos, sus organizaciones y por entidades ciudadanas, como la Asociación Canarias Solidaria de Tenerife (‘El Eco de Canarias’, 18/07/1977) y las Juventudes Socialistas Canarias (‘El Eco de Canarias’, 19/11/1977). También los partidos más importantes a nivel nacional, entre los que se nombra a Unión de Centro Democrático (UCD), Partido Socialista Obrero Español, Partido Comunista de España y Alianza Popular, “en mayor o menor proporción, ponen en tela de juicio la actual Ley de Peligrosidad Social”, según un artículo de ‘El Eco de Canarias’ del 20 de enero de 1978, en el que el representante de UCD expone “que ni la homosexualidad ni la prostitución deben ser objeto de reproche penal alguno”.

Desde los juristas especializados en cuestiones criminológicas también se muestra una postura favorable a la derogación de la ley, según una encuesta publicada en ‘El Eco de Canarias’ (12/08/1977). “Es una ley represiva, que juzga conductas y personalidades y no hechos concretos, lo que conlleva una tremenda inseguridad”, declara el jurista Hernández Rodero en el artículo.

E igualmente otros sectores afectados expusieron públicamente sus reivindicaciones derogatorias en la calle, como fue el caso de la manifestación de prostitutas y otros marginados que recorrió las calles de Bilbao en apoyo a la COPEL y en exigencia de que fuera abolida la citada ley (‘El Eco de Canarias’, 13/11/1977).

La presión social y la conciencia del gobierno de UCD de que al menos algunos aspectos de la ley no eran compatibles con la Constitución recientemente aprobada, permitieron que en enero de 1979 se derogaran varios de los artículos, entre ellos el referente a los actos de homosexualidad. Aun así, la homosexualidad seguiría siendo perseguida durante varios años más mediante figuras como la del escándalo público del artículo 431 de Código Penal, siempre al albur de que un juez considerara esa conducta como ofensiva “al pudor o las buenas costumbres”, según rezaba dicho artículo.

Germen del movimiento en Gran Canaria

Ya en 1976 se había intentado crear un colectivo en la isla de Gran Canaria, según declaraciones realizadas al ‘Diario de Las Palmas’ de 21 de julio de 1978 por una de las personas que protagonizaron la iniciativa. Tras una reseña a la existencia del movimiento en España, el artículo expone las declaraciones del activista sobre la iniciativa de organización. De ellas destaca algunos datos que no dejan de ser interesantes. En palabras del anónimo activista, “la gestión cayó en manos de los travestis, los que se inyectan, ya sabes”.

A pesar de la confusión de términos y el carácter transfóbico de la expresión, de sus declaraciones se deduce que fueron mujeres transexuales las promotoras fundamentales del proyecto asociativo. Sin embargo, la iniciativa no prosperó debido a que la mayoría de las promotoras obtuvieron trabajo en el mundo del espectáculo: “como justo por esa época empezó la fiebre de los espectáculos nocturnos de homosexuales, todos los integrantes de la junta gestora, que aún estaba en embrión, se contrataron y olvidaron el seguir luchando por nuestras reivindicaciones”.

Por otro lado sorprende que, según afirma el activista, en ese momento existían dos grupos en Las Palmas “uno, el que forman los Guerrilleros de la Gran Generación Gay de tendencia ultraderechista, y otro que es el FULIGEC uno de cuyos representantes mantiene un contacto directo con los movimientos de liberación de la Península”.

La referencia a un colectivo gay de tendencia ultraderechista es realmente insólita y prácticamente única en el movimiento homosexual de la época en el país. No obstante, no existen más referencias periodísticas a dicho colectivo y no parece que deba ser resaltado más que como una anécdota más bien pintoresca.

Con respecto al FULIGEC, siglas cuyo significado no se especifica en el artículo, tampoco existen referencias posteriores. No obstante, dos de sus representantes, un hombre gay y una mujer lesbiana y hermanos entre sí, realizan unas escuetas declaraciones desde el anonimato: “Sabemos lo que queremos y luchamos por rescatar a esta sociedad hipócrita los derechos que nos corresponden. Hacemos una labor de mentalización, ¿comprendes? Hay que educarse primero. Por eso vamos de sala en sala, de club en club. Hablamos, hablamos mucho. Tenemos que empezar, pero con base. Nada más”.

No parece que el FULIGEC tuviera tampoco mucho recorrido en su actividad de concienciación, pero nuevos protagonistas iban a aparecer y visibilizar al incipiente movimiento canario de la época.

Fiesta mitin en el López Socas


El 21 de junio de 1979 ‘El Eco de Canarias’ anunciaba la convocatoria de una fiesta mitin que se celebrará en el centro polideportivo López Socas, convocada por “el recién creado Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales”, en lo que sería el primer acto público de la organización. El evento se organiza en solidaridad “con la convocatoria de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español” y en él participaron conjuntos de rock, como Teclados Fritos, así como agrupaciones folklóricas. Asimismo, se expusieron libros y posters realizados por miembros de la asociación.

Las principales reivindicaciones de la convocatoria destacadas en el artículo fueron la abolición de las leyes y normas que reprimen la sexualidad; la abolición de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y la supresión de los artículos 431 y 432 del Código Penal; la amnistía para los homosexuales y por el derecho a la legalización de los movimientos homosexuales.

Si bien a principios de ese año, como hemos visto, la ley de peligrosidad social había sido modificada para eliminar a los homosexuales de su articulado, los colectivos sociales continuaban exigiendo su derogación definitiva, dado su carácter represor de conductas pre-delictuales y la infausta memoria de su utilización como mecanismo de represión ideológica durante el franquismo. Por otro lado, a pesar de tal modificación, los artículos del código penal referentes a los abusos deshonestos y al escándalo público se siguieron utilizando para condenar las relaciones homosexuales hasta entrados los años 80. Asimismo, la reivindicación de la amnistía para los homosexuales indica claramente la existencia, aún en esa época, de disidentes sexuales encarcelados por su orientación sexual, probablemente en aplicación de los mencionados artículos del código penal.

El Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales, convocante de la fiesta mitin del López Socas, desarrolló una notable actividad pública a finales de los años 70 y principios de los 80, de manera coordinada, en las islas de Gran Canaria y Tenerife. En Gran Canaria se encontraban en un local de la calle Buenos Aires que, desde 1977, compartían con otros movimientos sociales, como la Coordinadora Feminista.

Documentos internos del colectivo destacan, entre otros actos relevantes organizados en Gran Canaria, la celebración del Orgullo en el López Socas en los años 1979 y 1980, la participación en la fiesta-mitin de UGT, la intervención en el Congreso Clausura del Sindicato Obrero Canario (SOC), la impartición de charlas en centros educativos (Isabel de España, Tomás Morales y Pérez Galdós), en la escuela de asistentes sociales y en la Universidad Laboral. También participaron en actos de colectivos feministas y en la manifestación del 1 de Mayo.

En la isla de Tenerife se reunían en el local de la CNT y en el Colegio Mayor de San Fernando. Según dicho documento en esta isla participaron en actos de propaganda-agitación en la Universidad de La Laguna, en la clausura del congreso del PUCC-MIRAC. Asimismo, participaron en entrevistas en los periódicos y realizaron intervenciones en programas de radio. Destacan igualmente la celebración del mitin del ‘Día del Orgullo Gay en la antigua Recova’ y la ‘Primera salida publica de travestis’ en Tenerife, en el Parque García Sanabria, aunque sin que quede claro que se refiera a la primera concentración a la que nos hemos referido previamente. La influencia del FAGC era notable en el movimiento canario. Las referencias al mismo son diversas en los documentos del colectivo, que ponen de manifiesto que mantenían relaciones con el Front D’Aliberament. Como veremos, algunos de los textos estudiados por la asociación canaria proceden de la catalana y entre los documentos que constan en su archivo se encuentran pegatinas, algunos ejemplares del boletín mensual que editaba el FAGC con el título ‘Debat gai’, una publicación de 45 páginas con el ‘manifest’ del colectivo y un folleto titulado ‘Somos gais. Cambiemos la vida’, publicado en catalán y castellano, en el que el Front expone sus objetivos y anima a la participación.

A nivel interno un texto explicativo de la organización canaria, sin datar, indica que durante los momentos iniciales del colectivo se realizaban estudios elaborados por “los miembros con mayor formación teórica, aquellos procedente de la izquierda, quienes preparaban los materiales y documentos a tal fin”. Los temas que se abordaban “estaban relacionados con la opresión de los homosexuales, con el machismo, etc. y los textos extraían de publicaciones realizadas por las organizaciones existentes en el Estado sobre todo el FAGC y de revistas como El Viejo Topo”.

El historiador Miguel Ángel Sosa, que militó en la asociación, ha explicado que “el colectivo era una especie de hueco o de parcela donde homosexuales, hombres y mujeres, nos veíamos con cierta frecuencia para normalizar la situación de muchos, que ya más o menos la teníamos clara y de algunos otros que la vivían con cierta dificultad”(11).

En este proceso de debate y reflexión interna, el colectivo se dividía en grupos de trabajo dentro de los cuales se desarrollaban las discusiones y comentarios relativos a los temas objeto de estudio. Al respecto se dispuso de un plan de estudio y formación en el que se analizaban textos como “’La tortura infligida diariamente a los homosexuales’ (FAGC), análisis utilizado para “debatir a fondo la problemática homosexual en Canarias, en especial la cadena diaria de la opresión”.

Desde la perspectiva ideológica, el colectivo se definía de ‘tendencia revolucionaria’ que, según expusieron sus integrantes a los periodistas en el artículo de junio de 1979, “es la que agrupa a los homosexuales que mantienen que no se puede aislar su liberación de la del resto de los grupos oprimidos y explotados, niños, mujeres y clase trabajadora”.

Con el probable fin de sentar sus bases ideológicas, elaboraron lo que denominaron un primer documento interno del colectivo, titulado “Por un Movimiento Homosexual en Canarias”. En este texto, igualmente sin fecha pero que probablemente haya sido realizado en 1979, se desarrolla el ideario de la organización, muy cercano a planteamientos de izquierda revolucionaria, como era habitual en las asociaciones de la época del resto del Estado(12), que buscaron sus espacios en terrenos de la izquierda o la extrema izquierda. La lucha del colectivo se vincula “con la que se libra contra las estructuras de una sociedad burguesa – y su discurso sexual reaccionario fundamentado en el machismo y el heterosexismo – y capitalista, del que se critica la explotación capitalista de la sexualidad (…) y la miseria sexual que origina-”.

Planteamientos de izquierda revolucionaria

En el manifiesto se analiza la realidad de la específica “opresión de los homosexuales canarios” y sus diferencias en relación con la represión vivida en otras nacionalidades del Estado Español. Asimismo, se aborda la vivencia de la homosexualidad y el nivel de conciencia según el origen social de la persona, distinguiendo entre aquellos homosexuales cuyo origen está en el lumpen-proletariado, la burguesía media o pequeña burguesía y la cúspide de la jerarquía de las clases o clases explotadoras.

Algunos de los contenidos de este documento, como su carácter claramente crítico con el sistema capitalista, su visión del turismo y los locales específicos para homosexuales y los distintos ámbitos sociales de represión, se reflejan en la entrevista publicada en el Diario de Las Palmas el 12 de abril de 1980 con el título “El poder gay se organiza en Las Palmas”. En este artículo, previo a una charla que el colectivo impartiría en el Partido Comunista de Canarias, la agrupación de Las Palmas del colectivo explica al periodista que “la explotación de la figura del homosexual por parte de esta sociedad capitalista es continua, no tienes más que ver las revistas y clubs, que proliferan sobre todo en zonas turísticas. No significa esto la liberación del homosexual, más bien se pone como un señuelo de cara al turista”.

Asimismo denunciaban las situaciones de represión en diferentes ámbitos como el familiar y el laboral y destacaban el papel del homosexual como en la sociedad como la de un revolucionario: “al tomar conciencia de sus reivindicaciones, se enfrenta a esa explotación, a esa moral hipócrita y burguesa y se convierte en un elemento que puede echar por tierra los cimientos de esas estructuras. Esa es una de las causas por las que el homosexual es perseguido con saña en países donde la democracia pura y auténtica no ha aparecido aún.”

Como hemos mencionado, la ideología radical de izquierdas del colectivo era característica de los movimientos de la época al igual que la doble militancia, que también se dio en el colectivo canario. Miguel Ángel Sosa ha declarado que muchos de sus militantes venían de la pertenencia a partidos de izquierda, en incluso mantenían el algunos casos doble militancia. Pero esta afinidad ideológica no excluía ciertas fricciones.

Los conflictos con las izquierdas


Si ciertamente, tal y como afirma Berdoza Camacho (2012), la búsqueda del espacio propio de los homosexuales en el posfranquismo, tras la dura persecución durante la dictadura, “no podía encontrarse en el terreno de la derecha, sino en el plano diametralmente opuesto: el de la izquierda y la extrema izquierda”, no es menos cierto que las relaciones de las disidencias sexuales con esta izquierda no fueron totalmente pacíficas.

Ejemplo de esta situación, en ocasiones realmente tensa, lo encontramos en un artículo publicado por Juan Goytisolo en la revista Triunfo de septiembre de 1979(13). En este texto, titulado “Demos la vuelta de una vez, como un calcetín, a su miserable discurso”, el escritor exponía con ironía no exenta de cierto tono airado, la imaginaria situación en la que los heterosexuales, “marginados y arrinconados por espacio de siglos (…) reclaman hoy, al abrigo de las normas de tolerancia (...) el derecho a vivir su específica forma de sexualidad a la luz del día”. En el artículo denunciaba las hipócritas actitudes en diferentes momentos históricos y culturales hacia la homosexualidad, pero utilizando circunstancias similares aplicables a la heterosexualidad, sin dejar atrás la situación en los países socialistas.

En este sentido el autor ironiza con el hecho de que “frente a quienes creen ver en ella – la heterosexualidad -, un simple producto de explotación precapitalista o burguesas y, en cuanto tal, condenado a desaparecer en las futuras sociedades igualitarias, la experiencia acredita que (...) sigue manifestándose y dando que hacer en el ámbito de los países bajo un régimen de dictadura del proletariado.” Asimismo expresa que “los países socialistas han intentado erradicarla sin éxito mediante el envío de los interesados a granjas colectivas, campos de reeducación y asilos psiquiátricos”.

El artículo se complementa con un faldón en el que, ya sin ironía, algunos destacados dirigentes de izquierda responden a dos cuestiones que se les plantea: ¿qué opinión te merece la homosexualidad? y ¿estás de acuerdo con la creación de frentes que luchan en defensa de los derechos de los homosexuales? Las respuestas no dejan lugar a dudas sobre las contradicciones de unos políticos que empezaban a moverse sobre terrenos que poco habían explorado. Como muestra la de dos destacados dirigentes, Manuel Guedan de la Organización Revolucionaria de Trabajadores y el muy conocido Enrique Tierno Galván, entonces líder del Partido Socialista Popular.

El primero respondía de la siguiente manera a las cuestiones planteadas:

“Es una alteración de la sexualidad. No es una forma normal de entender las relaciones sexuales, no es un modo natural y puede verse en un tipo de deformación educativa, psicológica o física (…). No creo que haya que reprimir la homosexualidad de una forma policiaca o física. Hay que buscar la fórmula de solucionar estos problemas que son una enfermedad con origen en causas distintas y que pueden requerir tratamientos de diversos tipos.”

Por su parte, Tierno Galván contestaba con las siguientes palabras:

“Es un problema respecto del cual hay que tener mucha comprensión. Se trata de personas que han desviado los instintos bien por razón biológica, por razón social o, en muchos casos, porque no han tenido un tratamiento psiquiátrico a tiempo. (...) La homosexualidad debe ser corregida porque realmente no responde a los principios de una sociedad estable tal y como se entiende. Por lo menos, desde el punto de vista socialista revolucionario se comprende que la pareja hombre-mujer es la determinada para lleva a cabo el protagonismo histórico y que este tipo de emparejamiento nace de razones que están construidas sobre los instintos más que sobre la racionalidad.”

Estas visiones manifestaban una visión patologizante y asocial de las disidencias sexuales, no muy distantes de las de la propia dictadura franquista. No es de extrañar, por tanto, que los propios colectivos homosexuales fueran críticos con la homófoba intolerancia que destilaban en ocasiones los partidos con los que se identificaban. Así, en el documento “Por un movimiento homosexual canario”, el Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales, al analizar la realidad de la opresión de los homosexuales canarios durante la dictadura, incluía como elemento fundamental “la nula respuesta de los partidos políticos y de las organizaciones obreras y populares a la opresión específica de los/las homosexuales tanto a nivel de sus programas ideológicos y políticos como a nivel de su práctica interna y externa”. Asimismo, pone en evidencia el hecho de que “la falocracia y el puritanismo de todos los partidos políticos y de la mayoría de las organizaciones obreras y populares relega al olvido la opresión homosexual y la lucha contra el poder que la burguesía hegemónicamente ejerce sobre los cuerpos y el placer”.

No obstante, no deja de ser cierto el apoyo que las actividades organizadas por el colectivo tenía entre los partidos de izquierda, que se muestra no sólo con la charla en la sede del Partido Comunista de Canarias a la que antes nos referimos, sino en el amplio apoyo en convocatorias como el mitin del López Socas de junio de 1979 o la jornada en el Palais Royal de Tenerife de 1980, que fueron apoyadas por organizaciones como CNT, SOC, UGT, Unidad Socialista, Unión Juventudes Maoistas, ORT, STEP, CC.OO., PCE, PCC, PSOE-PSC, PUCC-MIRAC y LCR, entre otras.

El declive de los 80

Tras el auge activista de la década anterior, los años ochenta fueron testigos del declive del movimiento gay-lésbico en todo el Estado. Muchos de los colectivos creados en la vorágine activista de la transición desaparecieron. La consecución del principal objetivo de esos primeros años, como fue la eliminación de la referencia a los homosexuales de la ley de peligrosidad social, junto a la necesidad de disfrutar una libertad desconocida por muchas generaciones de personas LGTB, facilitaron la desmovilización y el decaimiento del activismo.

En Canarias, el año 1980 significó un punto álgido pero también prácticamente final del movimiento de la transición. El mes de junio de ese año, el movimiento canario organizó dos actos públicos en celebración del día del orgullo gay. El de Gran Canaria fue convocado por el Colectivo de Homosexuales Canarios y el Colectivo Canario de Liberación de la Mujer Lesbiana, según noticia de El Eco de Canarias del 24 de junio, y se celebró el 27 de junio, en el polideportivo López Socas, según el diario La Provincia del 28 de ese mes.

En Tenerife el acto tuvo lugar en el Palais Royal, convocado por el Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales. Según el Diario de Avisos del 25 de junio, que anunciaba la convocatoria, la fiesta-mitin tenía “como principal objetivo la legalización de los movimientos homosexuales en España, así como la desaparición de todas las leyes represivas en materia sexual”.

El mismo diario, en su edición del 29 de junio, publicó que al acto tinerfeño acudieron unas 300 personas y la convocatoria fue apoyada por varios partidos de izquierda y organizaciones sindicales. Entre los partidos, el PUCC-MIRAC, realizó un comunicado, que destaca el citado artículo, en el que “manifiesta su apoyo decidido y consciente al joven movimiento homosexual canario. Sólo con la lucha decidida y revolucionaria de las mujeres y hombres de nuestro pueblo irán minando las bases sobre las que se asienta la secular opresión de las y los homosexuales, en el camino de una sociedad sin clases donde se dé el marco que posibilite la total liberación sexual de los individuos (...).”

Tras estas convocatorias, el colectivo canario prácticamente desaparece de los medios de comunicación. Tampoco hay referencias posteriores a ese año en la documentación de la organización y, según Miguel Ángel Sosa, el colectivo fue desapareciendo sin causas aparentes. Siguiendo la misma senda del activismo del resto del Estado, el movimiento perdió fuerzas tras la consecución de los primeros objetivos legales y cierta paz social entre el poder político y la comunidad, que vivía sus primeros años de libertad en los locales de ambiente que proliferaron en la época. Habría que esperar al año 1994 para que con la aparición del Colectivo Gamá de Gran Canaria y, en los años siguientes, Algarabía de Tenerife y Altihay de Fuerteventura, el movimiento LGTB canario se reactivara e iniciara una nueva, más larga y fructífera etapa.

CONCLUSIONES

Si bien el movimiento de liberación homosexual en el Estado español surge a principios de los años setenta, en la clandestinidad de un régimen dictatorial profundamente homófobo, hasta la fecha no hay constancia de que en Canarias existiera activismo alguno. Sin embargo, tras la muerte del dictador, no pasó mucho tiempo hasta que las primeras organizaciones comenzaran a estructurarse. Y si en 1977 se convocó en Barcelona la primera manifestación en todo el Estado, ya al año siguiente el colectivo canario se visibiliza por primera vez en la concentración del Parque García Sanabria, en Santa Cruz de Tenerife.

Si algo caracteriza al activismo de la época es la cantidad de organizaciones que se crearon y también a su enorme volatilidad. De la investigación hemerográfica y bibliográfica hemos encontrado las siguientes organizaciones: Homosexuales Unidos Canarios [HUCA] (1977), Partido Democrático de Homosexuales de la Región Canaria (1978, Tenerife), Guerrilleros de la Gran Generación Gay (1978, Gran Canaria), FULIGEC (1978, Gran Canaria), Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales [CCHMH] (1979, Gran Canaria. 1980, Tenerife) y Colectivo de Homosexuales Canario [también aparece en algún cartel como Colectivo Canario de Homosexuales - CCH] y Colectivo Canario de Liberación de la Mujer Lesbiana [CCLML] (1980, Gran Canaria)(14).

De estas organizaciones sólo el Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales, que según las fuentes en ocasiones aparece escindido en el de homosexuales y de liberación de la mujer lesbiana, tuvo una trayectoria relevante y una actividad pública notoria.

El movimiento se caracteriza, además, por la ausencia de líderes visibles, de tal manera que se da la circunstancia de encontrarnos ante un grupo visible y organizado, sin que existan individuos que, con su rostro e identidad, pongan cara al movimiento. Este hecho es también característico del movimiento a nivel estatal.

La influencia del Front d’Aliberament Gay de Catalunya es notoria, al ser éste un colectivo pionero referente de los existentes en esas fechas. Entre la documentación del Colectivo Canario de Homosexuales consta abundante documentación del Front y referencias a los contactos entre ambos colectivos.

Desde la perspectiva ideológica, el Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales se inscribe claramente en un posicionamiento feminista y de izquierda radical, crítico con el sistema burgués imperante y con las instituciones tradicionales que configuran la estructura social: patriarcado, matrimonio, familia tradicional, represión sexual, sistema educativo, diferencias de clases, relaciones económicas de explotación… Asimismo se oponen a algunas de las manifestaciones de la comunidad homosexual, como los lugares de ambiente homosexual, a los que considera “guetos homosexuales comercializados”, o a la forma en la que el turismo gay incapacita a los homosexuales canarios elaborar “por sí mismos (...) la alternativa ideológica y organizativa para su total liberación”.

El movimiento LGTB canario de la transición siguió, por tanto, una senda paralela al resto de los colectivos españoles en los momentos de auge, en sus reivindicaciones y acciones y, por último, en el declive hasta su desaparición en los primeros años de la década de los ochenta.

  • NOTAS:
  1. Ley 16/1970, de 4 de agosto, sobre peligrosidad y rehabilitación social.
  2. Si bien actualmente hablamos de movimiento o activismo lgtb (lesbianas, gays, personas trans y bisexuales), utilizaremos una terminología más acorde con el momento histórico del que hablamos para evitar anacronismos, con las precisiones necesarias en cada momento.
  3. Real Decreto-ley 10/1976, de 30 de julio, sobre amnistía. BOE núm. 186, de 4 de agosto de 1976.
  4. Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía. BOE núm. 248 de 17 de octubre de 1977.
  5. Citado en Soriano Gil, Manuel Ángel (2005).
  6. Como comparación hay que tener en cuenta que el Partido Comunista Español fue legalizado en la Semana Santa del año 1977.
  7. Jordi Petit es el pseudónimo de Jordi Lozano González (Barcelona, 1954).
  8. Testimonio de Jordi Petit al autor.
  9. Hernández Bravo de Laguna, Juan (1992).
  10. La noticia de la primera manifestación homosexual de Barcelona del año 1977 apareció en diversos medios: Diario de Las Palmas(27/06/1977), La Provincia (28/06/1977) y El Eco de Canarias (02/07/1977). También hubo referencias a la manifestación de Nueva York de ese año en el El Eco de Canarias (29/06/1977) y, el año anterior, el mismo diario hizo referencia a la manifestación de Londres (08/08/1976).
  11. Declaraciones realizadas en el documental Miradas de Orgullo, Ramírez, Víctor M. (2001).
  12. Berzosa Camacho, (2012).
  13. Triunfo. Año XXXII, n. 754 (9 jul. 1977), p. 40-41.
  14. Las fechas hacen referencia al año en que aparecieron las referencias de las organizaciones en prensa. 
  • Agradecimientos:
  • A Francisco Ojeda, por la aportación de materiales del Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales.
  • A Jordi Petit, por su testimonio.
  • A Chary Armas, por sus aportaciones y sugerencias.
  • A Adrián Manzanares, por su colaboración en la búsqueda hemerográfica.
  • BIBLIOGRAFÍA:
  • Berzosa Camacho, Alberto (2012), La sexualidad como arma política. Cine homosexual subversivo en España en los años setenta y ochenta. Universidad Autónoma de Madrid.
  • Bethencourt, Enrique (2016), Daguerrotipo de la izquierda de la izquierda: una mirada canaria al final del franquismo y la transición. Publicado en canariasahora.com (12/03/2016). Disponible en: http://www.eldiario.es/canariasahora/premium_en_abierto/PUCC-MIRAC-UNI-mirada-canaria-franquismo-transicion_0_493801056.html
  • Hernández Bravo de Laguna, Juan (1992), Franquismo y transición política, Centro de la Cultura Popular Canaria – Historia Popular de Canarias, Santa Cruz de Tenerife.
  • Herrero Brasas, Juan A. (2001), La sociedad gay. Una invisible minoría, Ed. Foca, Madrid.
  • Mira, Alberto (1999), Para entendernos. Diccionario de cultura homosexual, gay y lésbica, Ediciones de la Tempestad, Barcelona.
  • Monferrer Tomás, Jordi M. (2003), La construcción de la protesta en el movimiento gay español: la Ley de Peligrosidad Social (1970) como factor precipitante de la acción colectiva, Reis, Revista española de investigaciones sociológicas (102). Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=99717911007
  • Petit, Jordi (2003), 25 años más. Una perspectiva sobre el pasado, el presente y el futuro del movimiento de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, Ed. Icaria, Barcelona.
  • Petit, Jordi (2004), Vidas del arco iris, Random House Mondadori, Barcelona.
  • Petit, Jordi y Pineda, Empar (2004), El movimiento de liberación de gays y lesbianas durante la transición (1975-1981). Publicado en Ugarte Pérez, Javier (ed.) (2004),
  • Soriano Gil, Manuel Ángel (2005), La marginación social en la España de la transición, Egales editorial, Madrid.
  • Ugarte Pérez, Javier (ed.) (2004), Una discriminación Universal. La homosexualidad durante el franquismo y la transición, Ed. Espasa, Madrid.
  • Ugarte Pérez, Javier (2011), Las circunstancias obligaban. Homoerotismo, identidad y resistencia, Ed. Egales, Barcelona-Madrid.
  • Fuente hemerográfica:
  • Jable, archivo de prensa digital de Canarias de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
  • Fuente audiovisual:
  • Ramírez Pérez, Víctor M. y de la Guardia, Guillermo (2001), ‘Miradas de orgullo’, documental, producido por Gamá, Colectivo LGTB de Canarias.
  • Otras fuentes:
  • Archivo de Gamá, colectivo lgtb de Canarias: material de archivo del Colectivo Canario de Hombres y Mujeres Homosexuales.
  • Archivo histórico provincial de Las Palmas Joaquín Blanco: imágenes del acto en el López Socas procedentes del archivo de ‘El Eco de Canarias’ (1936-1984).

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