Mostrando entradas con la etiqueta Patriarcado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patriarcado. Mostrar todas las entradas

2019/05/10

DOCUMENTACIÓN | POLÍTICA | DISCÍPULAS DE THATCHER

Discípulas de Thatcher
¿Hasta qué punto algunas de las políticas españolas imitan a la Dama de Hierro? De poco servirá un Congreso paritario si está lleno de herederas de esta forma de hacer política
M. Ángeles Cabré | El País, 2019-05-10
https://elpais.com/elpais/2019/05/08/mujeres/1557340774_060144.html 

Si nuestro país no se ha escorado hacia la derecha en las últimas elecciones como algunos predecían, es, en parte, gracias a la democratización del feminismo, es decir, al ensanchamiento de su base en todo el espectro político. Las mujeres no votan a quienes las insultan, o al menos no mayoritariamente, y por eso seguramente la menor parte de los votantes de Vox son mujeres. Además, a pesar de lo mucho que alarmaba la foto de los candidatos a la presidencia del gobierno, el anuncio del primer Congreso de los Diputados paritario es una conquista digna de ser celebrada: ¡Ya tocaba!

Las recientes movilizaciones de las mujeres en España, con dos esplendorosos 8 de marzo, han movilizado también su voto. Donald Trump provocó las Women’s March en Estados Unidos y el paso de un aluvión de activistas a la política, mientras en España una suma de factores ha despertado el interés de la sociedad por la ‘res publica’ y ha hecho que la participación haya sido esta vez de más del 75%, frente a los casi 10 puntos menos de los anteriores comicios. Entre esos factores es evidente que se cuenta el desprecio por los derechos conquistados por las mujeres que algunos partidos ejercen. “Ni un paso atrás”, se gritó el Día de la Mujer. Y así ha sido.

Pero más parlamentarias no es sinónimo de más política “en femenino” y, ahora que se cumple el 40 aniversario de la llegada al poder de Margaret Thatcher —exponente máximo del ejercicio masculino de la política bajo la apariencia de una mujer—, no está de más analizar en qué medida pervive su legado. ¿Hasta qué punto algunas de nuestras políticas la imitan? De poco servirá ese congreso paritario si está lleno de herederas suyas.

La Dama de Hierro se convirtió en 1979 en la Primera Ministra de Reino Unido, siendo la primera fémina en tomar las riendas de un estado en Europa. Desde el número 10 de Downing Street, jamás le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones. Sus únicos modelos habían sido masculinos y, en demasiadas ocasiones, ejemplos de crueles gobernantes e implacables estadistas. En ellos se espejeó y de ellos fue digna epígona. ¿Ese modelo perdura o está ya finiquitado?

La conservadora y autoritaria Thatcher permaneció en el cargo hasta 1990. Nos preguntamos qué fue lo que sus electores y sus electoras valoraron de ella. Las privatizaciones salvajes, el combate a los sindicatos y la supresión de derechos laborales no parecerían en principio buenas escaleras para llegar al triunfo y, sin embargo, fue reelegida. La situación geopolítica era en aquellos años muy distinta a la de hoy. El mundo sufría los coletazos de la Guerra Fría y el capitalismo salvaje afianzaba posiciones. No había espacio para perfiles bajos ni gestos conciliadores. Y Thatcher cumplió con su papel de ferviente partidaria del neoliberalismo que en fechas recientes nos estalló entre las manos como una granada. ¿Ese modelo feroz es ahora válido?

La campaña electoral que aún estamos viviendo —centrada ahora en la lucha por los municipios, las autonomías y el Parlamento Europeo—, nos ha dado ejemplos de thatcherismo que han provocado reacciones beligerantes, sobre todo entre las integrantes de su propio sexo. Tanto Rocío Monasterio en la capital como Cayetana Álvarez de Toledo en Barcelona, presidenta de Vox en la Comunidad de Madrid y cabeza de lista del PP por la Ciudad Condal, han demostrado saber poco de discursos dialogantes. Permanentemente airadas, lanzándose a la mínima a la yugular de los y las contrincantes, han hecho del actual panorama político, polarizado y crispado, un lugar mucho menos habitable.

A su lado Inés Arrimadas o la misma Isabel Díaz Ayuso, las representantes de Ciudadanos y del PP, ambas poco dadas al arte del masajismo lingüístico, son meras aprendices. Monasterio y Álvarez de Toledo son de clase alta, hieráticas y altivas. Nacidas ambas en 1974, han demostrado una especial beligerancia hacia el feminismo organizado y no quieren ni oír hablar del MeToo, que les parece un ejercicio de victimismo. También cuestionan la Ley de la violencia de género y la huelga feminista del 8 de marzo les parece un disparate.

De su boca hemos oído cosas como que el feminismo infantiliza a las mujeres y las convierte en seres sin criterio, cosa que se traduce en tomar a millones de mujeres por idiotas. ¿De verdad somos susceptibles de sumisión las feministas que celebramos el 8 de marzo? ¿A quién se supone que obedecemos? ¿Al espíritu de Simone de Beauvoir, a Judith Butler, a Oprah Winfrey? Para empezar existen múltiples feminismos, con diferencias sustanciales en sus idearios, lo que ya de por sí dificulta el borreguismo. ¿O más bien será que tanta librepensadora suelta y cabreada no conviene a algunos partidos, basados en la perpetuación del patriarcado?

Cuando quedan pocos días para celebrar las elecciones municipales, basta con retrotraernos a las de 2015 para advertir que quienes votaron a Manuela Carmena y a Ada Colau no sólo se inclinaron por programas políticos de izquierdas, sino que también valoraron justamente lo contrario de lo que propugnan Monasterio y Álvarez de Toledo. Carmena y Ada Colau prometían una feminización de la política —tanto en las formas como en el fondo— y lo han hecho desde las premisas del feminismo y sin ocultar su adscripción al movimiento.

Las elecciones del 2015 fueron un punto de inflexión en la historia del país. No sólo feminizaron el gobierno de nuestras dos principales ciudades, sino que supusieron un golpe a la política patriarcal, a su tono autoritario y a sus maneras corrosivas. Se diría que ahora la irrupción de Vox y la peligrosa deriva del PP hacia postulados afines a la ultraderecha, han recuperado la obsoleta figura de la Señorita Rottenmeier. Se entiende que hayan querido disfrazar sus ideas de empoderamiento femenino, que es lo que movió en su día a Ciudadanos a escoger a Inés Arrimadas como cabeza de lista en Cataluña —un partido hasta entonces profusamente masculino—, pero diría que es una pésima estrategia para captar votos femeninos.

En plena cuarta ola del feminismo, no parece una táctica brillante ejercer el antifeminismo tan descaradamente desde las tribunas públicas. ¿Quién quiere señoritas Rottenmeier pudiendo tener a políticas conciliadoras, dialogantes y empáticas? Adoptar las maneras autoritarias que se han adscrito históricamente al género masculino, ahora que este se está reinventando y feminizando, es involución y contrasentido.

2016/07/24

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | EL EJÉRCITO NO ES UN BUEN CUERPO PARA TRANS Y LESBIANAS

El Español / Artizar Díaz //

El Ejército español no es un buen cuerpo para transexuales y lesbianas.

El Ejército de Estados Unidos levantó el veto a los transexuales el pasado junio. En España, para las personas LGTB aún es difícil formar parte de las tropas.
Nuria Coronado | El Español, 2016-07-24
https://www.elespanol.com/reportajes/20160723/142236334_0.html

En España no hay datos acerca de este colectivo. Según la oficina de Comunicación del Ministerio de Defensa se debe a que en las Fuerzas Armadas "no se pregunta por la orientación sexual a nadie que quiera ingresar en las mismas, por lo que no podemos proporcionar estadísticas”. Por su parte, la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) tampoco tiene respuesta, aunque en su caso el motivo se debe a que no tienen dinero "para llevar a cabo un informe de tal envergadura ni tampoco disponen de personal que lo haga”.

Un vacío que para la ex comandante y diputada socialista Zaida Cantera es reflejo de una institución intransigente, clasista y llena de prejuicios. “El Ejército, además de machista, no respeta ni a transexuales ni a homosexuales. Les hace la vida imposible para que se vayan. En los 17 años que estuve en sus filas no se hizo ningún estudio al respecto y habría servido de mucho para poder tener ahora alguna cifra que les visibilice en la práctica y para darles el trato igualitario que merecen”, dice.

Transfobia entre las filas

Pero ¿cómo es el día a día de una transexual en las Fuerzas Armadas? Artizar Díaz es una marinero de la Armada Española especializada en hostelería —también cubre alojamientos como cocinas, despensas o lavanderías—. Reside en Cartagena y es activista del movimiento que trata de informar sobre la transexualidad de una forma positiva y realista sin prejuicios. Solo pone una condición a la hora de hablar: no salir fotografiada con el uniforme. Esta mujer de mirada profunda ha preferido hablar a callar. “Guardar silencio es traicionarme y no mostrar la realidad que se sufre tanto en el Ejército como en el resto de la sociedad por total desconocimiento”, dice.

Sin pelos en la lengua reconoce que un buen día, y tras sufrir una tormentosa relación de amor-odio que termino hace 8 años, decidió quitarse la careta y mostrar la mujer que siempre ha sido y es. “Entré en el ejército con 20 años. Allí pasé unos años sin pena ni gloria hasta que decidí hace cinco hacer el cambio”. Un paso que, dice, le ha servido para empoderarla. “Tomar la decisión y llevarla a la práctica me ha servido para encontrar toda la energía que me había faltado siempre. Así empecé a ser activista y me inicié gradualmente en el transfeminismo. Di el paso por una relación agónica y al mismo tiempo querida a pesar de que ya hacía tiempo que había terminado, mientras veía un episodio de Bones, me di cuenta que había estado mintiendo a toda la gente que había querido”, reconoce.

Y ahí comenzó su otra lucha. “Todo mi entorno militar reaccionó con confusión”. Ella dice haber sido parte de esa reacción. “Mi máscara era tal que durante años había estado interpretando un papel de Óscar. En apariencia había sido un machote de manual y de repente dejaba de serlo. Y a pesar de ello me negué también a pasar por el aro y a adoptar los roles de género tradicionales reservados a las mujeres por el patriarcado”, añade. Desde entonces, el ejército “trata de ser amable y se esfuerza conmigo pero ni se ha adaptado al cambio ni se ha hecho a la idea”, explica.

Una situación que a veces es complicada, pero que curiosamente, tiene sus consecuencias positivas por producirse allí. “Cuando surgen conflictos es un trago desagradable, pero no me callo. La ventaja de lo militar es que cuando esto ocurre puedo meter un cuerno y denunciarlo y con bastante efectividad a esas personas se les pone en vereda, de hecho con más efectividad que en la sociedad civil”, añade la marinero.

Artizar también denuncia la total desprotección de las transexuales militares durante el proceso de cambio físico y la falta de regulación de su presencia. “Tenemos una desprotección absoluta porque legalmente no está contemplado que las personas transexuales militares podamos existir, así que nos vemos en situaciones como las de seguir en vestuarios masculinos o tener que raparnos la cabeza hasta conseguir el nuevo DNI. Eso es jodido porque a lo mejor tienes más tetas que la compañera de al lado y tienes que estar en el vestuario de tíos. El cambio que hace falta es la regulación de nuestra presencia. Es un vacío legal de los que muerden el culo”, subraya.

Ella, además, relata otras situaciones desagradables con algunas de sus propias compañeras. “Cuando compartimos el vestuario se esconden como si no tuviera nada mejor que hacer que mirarlas. Intento pasar y hago como que no me entero”. También hay quienes dicen se las dan de guay y en cuanto pueden le preguntan por sus genitales. “Al principio, cuando no tenía callo, les respondía, pero ahora les digo que ¡qué narices les importa!”, añade la militar. Según sus propias palabras: "la gente es igual de buena o mala en lo civil que en lo militar".

En cuanto a si este desgaste le compensa, Artizar tiene claro que sí. “Estoy a la espera de asignación de destino en Cartagena después de un año destinada en Madrid. El ejército no es perfecto, pero tiene cosas que me encantan, como por ejemplo servir a tu país. Es algo muy grande. Sé que eso la gente se lo toma como una gilipollez desfasada, pero para mí es muy especial. Además, no se vive mal. La sociedad militar me da una protección que no tengo fuera”. Mientras le llega su nuevo destino, ella sólo piensa en dos cosas: en casarse con su novia, a la que conoció hace cinco años, y en seguir empoderándose para que su lucha activista sirva para quienes vengan después. “Para mí que mi pareja sea una mujer es el menor de mis desvelos porque, para bien o para mal, me es más importante mi faceta de ‘trans’ que la de bisexual”, finaliza.

Lesbianas no, gracias

Si el colectivo ‘trans’ lo tiene complicado, la cosa tampoco es nada fácil cuando se es lesbiana. M.L.M., sargento primero de tierra de 38 años de edad y madre de un niño de 5 años, lo sabe bien. Tanto, que prefiere no revelar su nombre ni su imagen para no complicar aún más el infierno porque el que dice estar pasando. “Me están haciendo la vida imposible. Me han quitado toda la ilusión por un mundo en el que entré enamorada. Cada día que pasa me pesa más ponerme el uniforme”, explica.

Esta militar denuncia que su condición homosexual le lleva acarreando vejaciones desde 2006, humillaciones, un continuo freno a su carrera y, sobre todo, sufrimiento personal. “En las notas, me quitaban puntos. No querían que fuera de las primeras de la promoción, así que por más que estudiaba y me esforzaba, nunca pasaba del seis”, recuerda con expresión triste. Pero eso no es todo. Aún lleva peor comentarios como los de “una bollera de mierda nunca va a ser primera de promoción” o que “voy a arder en los infiernos porque me gustan los felpudos”. También relata cómo uno de sus jefes le llegó a preguntar “cuántos coños me había comido”. A lo que ella le respondió contundente —ya no se calla ni pasa una, nos reconoce— “que seguro que muchos más de los que él se había comido”; u otros compañeros que le decían que “cómo me gustaban los felpudos y les dije que en la puerta de mi casa me gustan los de colores”.

La sargento primero reconoce que las Fuerzas Armadas, sin importar el cuerpo al que se pertenezca, son una sociedad de machitos. “Te dicen que eres lesbiana porque no has probado una buena polla y cosas así. Es una mentalidad cerrada y cuadriculada. No te respetan. He visto palizas a gais, sé de homosexuales que, como son graciosos, los tienen como monos de feria”. También cuenta que hay otros que no salen del armario y que son capaces "de llevar una vida paralela, están casados y con hijos, mientras sus compañeros, como no les ven con parejas, les dicen que no se adaptan bien y que son unos raros”, añade la militar.

Además M.L.M. nos cuenta cómo dependiendo de la apariencia física de las lesbianas la vida es más o menos fácil. “Hay una diferencia entre las que ellos dicen son follables y no follables. Las que tienen aspecto más masculino no tienen tantos problemas como las que somos femeninas o atractivas. Les jode que seamos guapas y creen que si nos hicieran un favor hasta íbamos a cambiar de acera. Para ellos somos un desperdicio”, recalca.

Esta pequeña mujer, durante la hora y media larga de entrevista en una cafetería madrileña, no hace más que relatar situaciones inimaginables. Como cuando se quedó embarazada. “En el ejército son todos muy cristianos y capillitas. Cuando me embaracé por inseminación in vitro me mandaron hacer un tribunal médico porque decían que una lesbiana no podía quedarse embarazada. Así de cerrojos son”, recuerda entre la ironía y la desesperación.

Y ante tal situación se ha estado planteando denunciar. Incluso ha estado a punto de dar el paso con un abogado. Sin embargo ha dado marcha atrás y lo ha hecho por su hijo. “Denunciar no sirve de nada. Todos se tapan. Te van minando con la estrategia de que te canses tú antes que ellos. Mucha ley de protección y acoso, pero todo es mentira. Lo que hay dentro la gente no lo sabe. Aquí se trabaja con el miedo. Es una cuestión de poder. Mientras eres populacho de la tropa no hay problema, pero cuando asciendes te hacen la vida imposible. Llevo toda mi vida aquí, no he hecho otra cosa y mi hijo, que vive con sus abuelos, tiene que comer. Perdí la vocación, ahora es supervivencia económica. No sigo por otra cosa. Me avergüenza el mundo al que pertenezco. Al Ejército le falta respeto”, finaliza.

Harta de ser señalada
Quien sí se decidió a dar el paso y decir basta a una situación parecida es Patricia Campos, la primera y única piloto de reactor del Ejército a quien se le hizo la vida imposible. “El Ejército es machista por naturaleza, pero además también es homófobo. Si para ellos ya es difícil admitir que una mujer tenga los mismos derechos y capacidades que un hombre, cuando además se suma ser lesbiana, la situación es como tener entre las manos una bomba de relojería”, explica.

Por eso, ahora, desde la distancia y sin que sea una venganza que se sirve en plato frío, ha querido contar su experiencia en un libro ‘Tierra, mar y aire’ (Editorial Roca). “Lo he escrito desde el corazón y en homenaje a tantas y tantas personas que en todo el mundo han arriesgado incluso sus vidas o han visto cómo sus derechos humanos no son respetados por el hecho de ser homosexuales. Este mundo absurdo debería pensar más en las capacidades de las personas que en a quiénes amemos o con quiénes nos guste acostarnos. Falta educación, falta mucho respeto”, reclama con una mirada de ojos tan claros como la paz que transmite al hablar.

Ahora, si Patricia tuviera que volver a vivir todo, lo haría dándole la vuelta a la tortilla. Cambiando el silencio y a veces la sumisión por la fuerza y la voz en alto. “A veces siento que no fui lo suficientemente valiente. Que en esos años no me rebelé, que no luché lo suficiente. Hoy no me habría callado, no habría ocultado mi homosexualidad, habría defendido la de otras compañeras o compañeros, no me habría sentido presa de mi misma ni de la cárcel cuyos barrotes me ponía el Ejército. No habría llevado tanto peso encima”, asume la exmilitar. “La Armada vive en un mundo paralelo a la sociedad y no avanza con el mismo ritmo. Cuando las personas con las que trabajas no comparten tus mismos valores, es muy difícil mantener una convivencia, y por eso lo mejor es abandonar e irse”.

Con esa etapa cerrada, la expiloto ha aprendido a reinventarse, a encontrar en otras pasiones como el fútbol —es entrenadora de un equipo femenino en Estados Unidos y también, en cortos períodos, en Uganda con niños o mujeres con sida— su nuevo camino y aunque reconoce que echa mucho de menos volar, “porque allí, en lo más alto del cielo y con el reactor en mis manos, me siento en paz y en libertad”, ahora es por fin feliz. “Salir del armario es lo mejor que me ha podido pasar”, recalca. Tanto que dice que cada vez que da los buenos días a alguien responde con el mismo saludo y una coletilla que le encanta mostrar. “He perdido los escrúpulos y ahora cada vez que me dan los buenos días yo también los doy y de inmediato añado: ¡y tengo novia!”.

Una novia hawaina llamada Mía, que aprendió español con acento gaditano durante sus tres años en Rota y que, aunque no ha salido de su armario públicamente, la acompaña en la entrevista y la mira enamorada desde la distancia. "Si no escribo yo este libro con todo lo que he pasado en el Ejército, ¿quién iba a hacerlo? No podemos esperar más. La realidad es que si nadie hace nada, no avanzaremos. La visibilidad puede luchar contra la ignorancia, contra el miedo y contra la homofobia. Puede dar confianza y ayudar a muchas personas que no saben ponerle nombre a lo que sienten. Yo creo que hay que vivir la vida que queremos vivir y que nuestra orientación sexual o las legislaciones no condicionen nuestros sueños”, finaliza.

1986/10/16

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | LAS FEMINISTAS PIDEN UNA MORATORIA SOBRE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS REPRODUCTIVAS

Las feministas piden una moratoria sobre las nuevas tecnologías reproductivas.
Milagros Pérez Oliva | El País, 1986-10-16

https://elpais.com/diario/1986/10/16/sociedad/529801207_850215.html

Las participantes en la I Conferencia Feminista Europea sobre Nuevas Tecnologías Reproductivas e Ingeniería Genética, celebrada en Mallorca, aprobaron ayer una resolución en la que reclaman una moratoria en la investigación y aplicación de la ingeniería reproductiva y genética en todas sus formas, así como su uso en la construcción de armas biológicas. La conferencia fue clausurada en un acto público que estuvo presidido por el responsable del área de Maternidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Marsden Wagner, y al que asistió también el diputado Marcelo Palacios, presidente de la comisión parlamentaria que elaboró el informe sobre la fecundación in vitro y la inseminación artificial.

La resolución fue aprobada por la totalidad de las delegaciones de la Red Feminista Internacional de Resistencia a las Nuevas Tecnologías Reproductivas y a la Ingeniería Genética (FINRRAGE), organizadora del acto, así como por las asistentes españolas. Además de la moratoria, la resolución exige "que se dé prioridad a los programas sanitarios que respondan a necesidades de las propias mujeres, incluyendo programas para la prevención de la infertilidad". Asimismo, las feministas proponen "la implantación de procedimientos de decisión sobre el desarrollo internacional de la medicina y la ciencia que garanticen la participación real de los ciudadanos, con el fin de asegurar la vida sobre la Tierra así como un futuro mejor". La resolución basa estas exigencias en que "las nuevas tecnologías reproductivas, así como la ingeniería genética, violan la autonomía e integridad de toda vida en el planeta en el presente y mucho más en el futuro".

Tanto las tecnologías como la ideología que hay detrás de ellas se basan en la idea de que la vida humana -y en el caso específico de las nuevas tecnologías reproductivas los cuerpos de las mujeres- "puede ser diseccionada, manipulada y controlada como materia prima en la producción de seres humanos y otras formas de vida hechas a medida", aseguran las feministas.

Según la resolución, "los científicos propagan la idea de que la ingeniería genética aplicada a plantas, animales y microorganismos constituye una manera de construir formas de vida por parte del hombre que son más eficientes que aquéllas previstas por la naturaleza. Esta reconstrucción genética de la naturaleza está orientada por razones de lucro rápido y por objetivos militares".

Ingeniería genética
"Nosotras", continúa la resolución, "rechazamos la eliminación y destrucción de formas de vida y la interferencia en la evolución natural por medio de la ingeniería genética aplicada no sólo en seres humanos, sino también en plantas, animales y microorganismos". En lo que se refiere concretamente a las mujeres, las feministas rechazan "los intentos de científicos y médicos de interferir en su capacidad reproductiva". "Nos oponemos a las nuevas tecnologías reproductivas", dicen, "en particular a la fertilización ‘in vitro’, en todas sus formas y a los proyectos para la introducción de la terapia génica".

"Sostenemos", añaden, que las mujeres no necesitamos transformar nuestros cuerpos para resolver las injusticias políticas, sociales y económicas, que además son responsables de gran parte de las causas de la infertilidad. Nos oponemos a la apropiación de nuestros cuerpos para fines patriarcales de lucro industrial, de control de población o de experimentación médica".

El documento final considera que la "esterilización forzosa de las mujeres pobres en todo el mundo, bajo el disfraz de políticas de población, constituye una violación de su dignidad humana, como también lo es la prohibición del aborto y la imposición de procedimientos de fecundación in vitro bajo el pretexto de que se aplican por su propio bien".

Las feministas rechazan también la clasificación de las mujeres en procreadoras aptas y no aptas según su raza, clase, lengua, sexualidad o estado civil. Esto es verdad tanto para las mujeres del llamado Tercer Mundo como para las de los países ricos".

Carmen Arredondo, representante del Ministerio de Sanidad, señaló en la sesión de clausura de la Conferencia que los fondos para trasplantes y programas de fecundación ‘in vitro’ no saldrán del presupuesto del Ministerio de Sanidad, sino que sólo podrán financiarse mediante becas con cargo al Fondo de Investigación de la Seguridad Social. El diputado Marcelo Palacios informó en la misma sesión que, en estos momentos, catorce centros practican en España la inseminación artificial y otros trece la fecundación ‘in vitro’ cada uno con capacidad para atender a unas 200 parejas al año.

1984/06/22

DOCUMENTACIÓN | 28J | EMPAR PINEDA: LA DICTADURA DEL HETEROSEXISMO

La dictadura del heterosexismo.
Empar Pineda | El País, 1984-06-22

https://elpais.com/diario/1984/06/23/opinion/456789610_850215.html

Todavía hoy en numerosos ambientes causa escándalo, o como mínimo estupor, oír que una mujer dice que es lesbiana. A mí estas reacciones me resultan, cuando menos, curiosas, ya que amar a otra mujer, sentirse atraída por mujeres, es algo que nosotras, las feministas lesbianas, vivimos con la mayor naturalidad, como algo cotidiano, como un sentimiento que no necesita de sesudos argumentos que lo justifiquen. Una afirmación como ésta puede resultar chocante. Hoy día, sobre lesbianismo -o sobre homosexualidad en su caso-, se manifiestan muchas opiniones del más variado tipo, pero rara, rarísima vez, en ellas se plantean las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo como algo tan satisfactorio, tan legítimo, tan natural, como las relaciones entre personas de distinto sexo.

Habrá quien dirá que exagero, que en la actualidad son ya muchas las personas que así lo plantean. Permítaseme, cuando menos, dudarlo. Porque ¿a qué viene, entonces, el casi, casi inevitable: "¿Ustedes, por qué son lesbianas?", de los coloquios y debates cuando de lesbianismo se está tratando? Cuando poca, poquísima, gente se ha preguntado: "¿Y yo, por qué soy heterosexual?, ¿por qué no soy capaz, por qué rechazo la posibilidad de sentir atracción hacia personas de mi sexo?". No nos engañemos: hoy día sigue siendo necesario responder con 1.000 razones sesudas, pensadas, argumentadas, para demostrar la evidencia: que sentir atracción hacia personas del mismo sexo, que amar a las mujeres -en nuestro caso- es algo bueno, legítimo, satisfactorio. ¡Que está muy bien, vamos! ¿A qué viene el escándalo o el estupor ante mujeres u hombres que siempre, o en determinados momentos de sus vidas, se sienten eróticamente atraídas y atraídos por otras mujeres u otros hombres respectivamente? Sencillamente, a que no se nos considera, a las personas, como ‘seres sexuales’, sino como ‘seres heterosexuales’. O, dicho de otra manera, a que es la sociedad, y solamente ella, quien nos obliga a ser exclusivamente heterosexuales. Y, en lo que tiene de particular la consideración social del lesbianismo, es innegable el peso del pensamiento profundamente machista que podría resumirse así: es imposible que existan relación y goce sexuales entre mujeres sin la presencia masculina. Lo que, en el fondo, tiene todo que ver con la no consideración de las mujeres como sujetos -que no objetos- sexuales, tan querida del patriarcado.

De lo anterior fácilmente puede deducirse que para las feministas (tanto para las que mantienen preferente o exclusivamente relaciones heterosexuales como para las que mantenemos preferente o exclusivamente relaciones lesbianas), para nosotras, las personas, las mujeres y los hombres, somos seres sexuales.

Años ha que visiones desprejuiciadas, libres de anteojeras sexistas, describen el impulso o pulsión sexual de los seres humanos como algo enormemente flexible, de una plasticidad tal que las respuestas eróticas de las personas son de una gran variedad: un hombre, una mujer, pueden erotizarse en situaciones bien distintas y ante personas u objetos bien diferentes. Tal es la variedad, que resultaría inútil intentar definir con precisión los elementos que determinarían las preferencias sexuales de hombres y mujeres. Inútil, igualmente, intentar extraer generalizaciones. El impulso sexual en las personas estaría, pues, caracterizado porque su objeto de deseo no está predeterminado y las preferencias sexuales de cada cual es algo que tiene que ver con su historia individual. Historia individual inmersa -obvio resulta señalarlo- en una historia colectiva, en una sociedad muy concreta.

Y la nuestra es una de esas sociedades en las que, con mayor o menor elegancia, con mayor o menor brutalidad, el lesbianismo y la homosexualidad están condenados. Sociedades en las que, de un modo o de otro, se nos obliga a orientar nuestro deseo sexual hacia personas de distinto sexo. Y es que el lesbianismo y la homosexualidad no encajan ni bien ni mal en las normas de estas sociedades.

Una de estas normas es la ‘norma heterosexual’. Nos llevaría demasiado espacio rastrear en la historia hasta encontrar las causas que explican por qué la heterosexualidad ha llegado a ser ‘norma de obligado cumplimiento’. Simplificando un poco, en cualquier caso, no resulta aventurado afirmar que en la base de la imposición de la conducta heterosexual se halla una hipócrita (¿cómo puede seguirse defendiendo en la actualidad?) equiparación entre sexualidad y procreación y también -al menos en el ámbito de la tradición judeocristiana- un rechazo, un miedo al placer sexual y una especie de necesidad compulsiva de justificar este placer, tan poco ‘espiritual’, con la existencia de algún fin más sublime, como el que parece atribuirse al hecho de ‘traer hijos al mundo’.

Así, pues, nos educan en la norma heterosexual desde que nacemos: "A las mujeres sólo les pueden gustar los hombres, y a éstos, sólo las mujeres". De una u otra manera, nos inculcan la idea de que la sexualidad son las relaciones sexuales entre mujeres y hombres, más legitimadas si pasan por un juzgado o por un altar, y mejores aún si de ellas hay una descendencia.

Es tan fuerte la presión de estas ideas, cuenta la sociedad con tantos medios y tantas instituciones para mantenerlas -la familia patriarcal está en la base-, que la inmensa mayoría de la gente acaba, consciente o inconscientemente, creyéndose la gran falacia de que somos seres heterosexuales, de que solamente sentimos atracción sexual, deseo erótico, hacia las personas del otro sexo. La norma heterosexual, el deseo heterosexual convertido en norma, es tan aceptada socialmente, que mucha gente llega incluso a negar la evidencia cuando siente atracción sexual hacia alguien de su mismo sexo. ¿Cuántas mujeres, cuántos hombres no han sublimado, alguna o muchas veces en su vida, los sentimientos que les despertaban amigas o amigos, respectivamente? Sentimientos turbadores, inconfesables, que había que reprimir, desvirtuar, sublimar, negar en suma, porque aceptarlos en su verdadero sentido no encajaba en las normas de conducta sexual socialmente sancionadas. La fobia hacia la conducta homosexual o lesbiana es algo tan personalmente interiorizado en sociedades ‘homofóbicas’ como la nuestra que, en muchos, muchísimos casos individuales, aquélla ha podido más que el deseo o sentimiento propios.

Hasta tal punto se ha equiparado sexualidad con heterosexualidad, que la mayoría de la gente que mantiene relaciones sexuales con personas de distinto sexo considera que esto es lo normal, lo legítimo, lo natural. Y no reparan en la idea de que, de hecho, ‘la heterosexualidad’ se ha convertido en ‘norma de obligado cumplimiento’. Cuando todo en esta sociedad empuja en esa dirección, creo que, honestamente, resulta difícil defender la idea de que se elige libremente la heterosexualidad. Cuando la opción lesbiana o la homosexual no aparecen en nuestras vidas, cotidianamente, como opciones sexuales legítimas, tan satisfactorias y normales como la opción heterosexual; cuando en cuentos infantiles, novelas, teatro, poesía, o desde la radio, prensa, cine o televisión, es la pareja heterosexual el modelo que se brinda por doquier; cuando desde la infancia a las niñas se les van adjudicando novios y a los niños novias; cuando en ambientes progresistas se siente mucha incomodidad al tener que defender a lesbianas y homosexuales porque se tiene miedo a que te vayan a confundir si los defiendes; cuando se exige que lesbianas y homosexuales nos comportemos con seriedad en la calle y reprimamos nuestros sentimientos amorosos; cuando, con el Código de Justicia (¿?) Militar en la mano, se sigue condenando a soldados y marineros por su conducta homosexual... Cuando todo esto y mucho más ocurre en relación a opciones sexuales que no sean la heterosexual, ¿quién puede atreverse a decir, honestamente, que la heterosexualidad no se ha convertido en ‘una obligación’ en esta sociedad?

Así -no pudo ser de otro modo-, junto a la norma heterosexual, mal conviviendo con lo que se considera ‘normal’, las demás opciones sexuales se desarrollan contra viento y marea, brutalmente reprimidas a veces, de mala gana toleradas otras. "Enfermedad, degeneración, vicio, error de la naturaleza, inmadurez sexual..." Con éstos y otros epítetos se ha nombrado -y descalificado- y se sigue nombrando a la opción homosexual y lesbiana.

Espero que nadie se escandalice si digo que una sociedad heterosexista que disimula mal su homofobia cuando no hace ostentación de ella es una sociedad enferma. Una sociedad que no sólo hace desgraciadas y desgraciados a lesbianas y homosexuales, sino que impide, mediatiza el libre desarrollo de la vida sexual de sus gentes normales al limitar y constreñir a la heterosexualidad las diferentes opciones sexuales en las que puede expresarse el impulso, el deseo sexual de mujeres y hombres. Heterosexualidad en la que se manifiesta, como en los demás ámbitos de la vida, el predominio, la prepotencia de los hombres sobre las mujeres.

El tan traído y llevado ‘1984’ ha sido el año elegido por la Asociación Internacional de Lesbianas y Homosexuales como un ‘año de acción’ en todo el mundo. Para septiembre, se prepara la celebración de una conferencia internacional y una marcha en la ciudad de Nueva York. De este modo, este año, la conmemoración anual el 24 de junio del Día Internacional por la Liberación de Lesbianas y Homosexuales adquiere unas características particulares. A los cuatro vientos queremos difundir ideas tan elementales como que todo el mundo tiene derecho al placer, al disfrute, al gozo, a la alegría, a la comunicación, que se logran en el desarrollo de una sexualidad no opresora, gratificante. Y que nadie tiene derecho a convertir en norma de obligado cumplimiento ninguna de las posibles formas de desarrollar nuestra sexualidad, ninguna de las opciones sexuales posibles.

Si defendemos estas ideas de libertad sexual, de no imposición, de negarnos a la normalización de nuestras vidas, lo hacemos con el convencimiento de que vale la pena atreverse a vivir la sexualidad desafiando todo tipo de limitaciones, vengan éstas de donde vengan, ya que nadie tiene derecho a inmiscuirse en nuestra vida sexual. Y, por el contrario, toda persona, sea cual sea su opción sexual, tiene el legítimo derecho a disfrutar de una vida sexual satisfactoria y placentera.

Empar Pineda es miembro del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid.

1982/06/26

DOCUMENTACIÓN | 28-J | GAIS Y LESBIANAS CREEN NECESARIA SU MANIFESTACIÓN PÚBLICA

Los homosexuales creen necesaria su manifestación pública.
Rosa Rivas | El País, 1982-06-26

https://elpais.com/diario/1982/06/27/sociedad/393976803_850215.html 

Hoy se celebra, coincidiendo con el último domingo de junio, el Día Internacional del Orgullo Gay, en recuerdo de los enfrentamientos registrados en Estados Unidos, en 1969, entre la policía y las personas que reclamaban libertad de opción sexual. Los colectivos de homosexuales de Madrid se han sumado a la conmemoración organizando, a lo largo de la semana, charlas y actos festivos, así como una frustrada manifestación, el pasado día 24.

Las asociaciones españolas de homosexuales y lesbianas piensan que su manifestación pública será necesaria "mientras no exista verdadera libertad de expresión y haya que denunciar la permanencia de las normas represivas de la sociedad patriarcal, que identifica sexualidad con reproducción".

"El sistema de vigilancia y sanciones del poder disciplinario nos obliga a disimular", declaró un portavoz del Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC) en una charla sobre homosexualidad y política. En los actos de este colectivo, al parecer en crisis, se planteó el sentido actual de la militancia en grupos exclusivamente de homosexuales y la opción de canalizar sus reivindicaciones a través de organizaciones políticas con peso específico.

La psiquiatra Carmen Sáez afirmó en uno de los debates que sus colegas se han empeñado históricamente en hacer de los homosexuales heterosexuales a ultranza, considerándolos como "un equívoco de la naturaleza".

1982/06/20

DOCUMENTACIÓN | 28-J | ACTOS DEL ORGULLO: EMPAR, PETIT Y HARO IBARS EN DONOSTIA

Jordi Petit: "Los homosexuales suponen el diez por ciento de la población masculina".
José Luis Barbería | El País, 1982-06-20

https://elpais.com/diario/1982/06/21/sociedad/393458410_850215.html 

La Agrupación de Homosexuales de Euskadi (EHGAM) ha organizado una serie de actos preliminares a la celebración el día 26, en San Sebastián, del Día del Orgullo Gay. A lo largo de la pasada semana han tenido lugar conferencias y actos en los que han intervenido la feminista Amparo Pineda, el miembro del Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC) Jordi Petit y Eduardo Haro Ibars, quien aportó una crítica personal a los planteamientos con que los medios de comunicación recogen la problemática homosexual. Jordi Petit, abordando el tema 'Homosexualidad masculina y vida cotidiana', señaló que la práctica homosexual se sitúa en los países mediterráneos en un porcentaje que alcanza al 10% de la población, cifra que debe rebajarse a la mitad en el caso del resto de los países occidentales. "Según datos fiables, un 30% más de la población ha mantenido alguna vez en su vida algún tipo de relación homosexual y heterosexual", ha afirmado Jordi Petit. Miembros de EHGAM sostienen asimismo que en el País Vasco se da también un gran porcentaje de prácticas homosexuales y que dichas prácticas no se han visto reflejadas socialmente, hasta hace unos años, a causa de la poca permeabilidad que mostraría la sociedad vasca, muy ideologizada por la religión católica, frente a fenómenos de este tipo.

Amparo Pineda ligó el desarrollo de los movimientos de liberación sexual al cambio social, cambio que, a su juicio, debe cuestionar el papel mismo de la familia patriarcal tradicional.

EHGAM agrupa un importante número de homosexuales del País Vasco, pero su implantación e influencia social es probablemente inferior a la del FAGC, que, con un número de miembros parecido, parece encontrar menos resistencia a la hora de proyectarse socialmente. El grupo de homosexuales del País Vasco, que dice buscar un acercamiento a la sociedad, ha solicitado a todos los ayuntamientos que hagan suya una moción en la que se reconoce la condición del homosexual como paso previo a la legalización del movimiento representado por EHGAM, organismo no legalizado, al contrario que el FAGC catalán.

En fecha reciente, EHGAM se dirigió también al Parlamento vasco pidiendo, con éxito, que esta institución asuma y ponga en práctica la resolución adoptada por el Consejo de Europa acerca de la homosexualidad, que fue votada positivamente por todos los representantes españoles, incluidos los parlamentarios de UCD.

El Día del Orgullo Gay será celebrado por los homosexuales de Euskadi con una manifestación que tendrá lugar en San Sebastián el día 26. EHGAM considera que el "orgullo gay no es una expresión de soberbia, sino, por el contrario, una manifestación de alegría, de identidad frente a la actitud de repulsa social e institucional existente".

1981/06/27

DOCUMENTACIÓN | 28-J | LOS DERECHOS DEMOCRÁTICOS DE LOS HOMOSEXUALES...

Los derechos democráticos de los homosexuales, derechos de la humanidad.
José Antonio Berrocal | El País, 1981-06-27

https://elpais.com/diario/1981/06/27/sociedad/362440803_850215.html 

Los frentes de liberación homosexual no tienen por objetivo, únicamente, la «liberación» y la "felicidad" de los homosexuales y de las lesbianas. Su objetivo va «un poco» más allá. Su objetivo es mostrar a toda la población que el «problema homosexual» -como es llamado- es un problema que afecta a toda la sociedad, y en concreto a esta sociedad «heterosexual», que nos oprime a todos, y, por tanto, es preciso «superar». Pero ocurre que cambiar la sociedad no es una cosa fácil, claro está, ni tampoco es una cosa que nos corresponda sólo a quienes hemos decidido aceptar que nos gustan -deforma exclusiva o no- personas de nuestro propio sexo. Todos y todas, como sujetos agentes o pacientes, sufrimos en esta sociedad en que reina una ideología patriarcal que sólo acepta una sexualidad exclusivamente reproductora. Una sexualidad que, al tiempo que se afirma como la relación entre dos sexos reproductores, mantiene una opresión sangrante contra la mitad de la población del planeta, las mujeres, y una fobia que puede llegar hasta ejecuciones sumarias, según las épocas, contra otra parte numéricamente importante de la población: los homosexuales masculinos. Todo ello enmarcado, obligatoriamente para todo el mundo, en unas relaciones no personales, no entre personas, sino como unas relaciones concebidas como exclusivamente reproductoras.

Los ‘gay’ -movimiento homosexual concienciado por esta opresión-, tal vez por sufrir más en carne propia esta sexualidad alienante y despersonalizada, que niega el derecho al placer, captamos de forma especial la opresión que el sistema ideológico vigente aplica a toda la población.

Ante esta situación, el actual movimiento gay, surgido en torno a 1968-1969, se conformó durante algún tiempo con recluirse en el estadio de acciones minoritarias y de autoafirmación, propias de cualquier movimiento recién nacido. Acciones incomprensibles para el resto de la población, que no se explicaba nuestra testarudez por querer demostrar la «homosexualidad latente» de los heterosexuales. Actitudes como estas -al margen de lo correcto o no de la afirmación- sirven para poco, si no es para continuar siendo eternamente incomprendidos. Por ello, hoy día somos muchos los frentes de liberación que tratamos de buscar otros medios para ser, en primera instancia, comprendidos a escala popular: es decir, luchamos contra la represión que sufrimos en un mundo de oprimidos; luchamos contra unas leyes discriminatorias y homófobas (proyecto de Código Penal) en una sociedad llena de marginaciones; luchamos por la defensa de los derechos democráticos y las libertades civiles de todos, que, por tanto, son también nuestros derechos, y así, por ejemplo, el cartel anunciador del Día Internacional del Orgullo Gay de este año, editado por la Coordinadora de Frentes Homosexuales de nuestro país, la COFLHEE, lleva como primer eslogan el de «Gays contra el fascismo».

Esta es la actitud general que, por ejemplo, el Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC) y los demás frentes gay, peninsulares e insulares, desarrollamos actualmente. Con ello pretendemos potenciar campañas masivas que nos permitan salir del gueto en que se nos recluye y nos autorrecluimos. Que nos permitan entrar en relación con los distintos sectores asalariados, y que nos permita influir positivamente en la evolución de los partidos de izquierda al respecto. Que permita, en fin, al militante gay, en esas campañas por los derechos democráticos, asumirse como tal en su lugar de trabajo. Algunas veces, la petición de una firma contra un caso de represión es una buena ocasión para «definirse» y a continuación abordar más ampliamente el tema de la sexualidad humana.

La información, un medio

En el FLHOC pensamos que la información sobre nuestros derechos democráticos y contra la represión nos son vitales. Son un medio para crear en torno a nuestro colectivo un sector democrático, sensibilizado, más amplio que la minoría homosexual concienciada (‘gay’), evitando así los típicos reflejos -ante lo «dudoso» del momento político del país que nos ha tocado vivir- de repliegue ultraminoritario y marginal ‘gay’. Y también la otra tentación -estéril en ella misma- de otro tipo de reclusión, la del autoanálisis psicoizquierdista de mirarse el ombligo propio.

Al FLHOC, el trabajo de información (charlas de difusión, denuncias de agresiones, crítica del proyecto de Código Penal, proyecto de ley antidiscriminatoria sexual...), junto a la participación en actividades de mayor amplitud social (pro divorcio, comisión anti-OTAN, solidaridad con abortistas juzgadas, defensa de la legalidad civil vigente frente a los enemigos de la democracia...), le están permitiendo no solamente volcarse hacia la población homosexual que acude al gueto comercial madrileño, sino también hacia las clases trabajadoras, el movimiento vecinal..., tratando de desbloquear la situación actual de marginación e insuficiente comprensión entre nosotros y el resto del pueblo.

Ahora bien, un militantismo ‘gay’ que limitara su actuación a reivindicar tan sólo unos derechos democráticos no lograría más que una tolerancia permisiva en grandes ciudades, como sucede en ciudades como Ámsterdam, París, San Francisco, o como parece que se pretende en el madrileño barrio de Chueca. Tal reformismo, a lo único que puede conducir es a una forma de institucionalización del gueto homosexual. Porque ocurre que simplemente la igualdad de derechos no puede hacer desaparecer las causas de opresión, que si bien en su origen se sitúan en la ideología emanante -y que aún perdura- de la familia patriarcal, tiene su principal apoyo hoy día en la ideología burguesa y en el sistema al que sirve dicha ideología. La opresión de los homosexuales y lesbianas no se debe principalmente a las sentencias judiciales, a la represión policiaca o a la pérdida de empleo o vivienda. La opresión se sitúa más en esa herencia religiosa que considera pecado que dos personas del mismo sexo puedan quererse y hagan el amor. O también en esa concepción falsamente médica y acientífica que aún -¡ya está bien!- nos sigue considerando enfermos.

Mientras las normas familiares y sexuales burguesas continúen imponiéndose, los homosexuales y las lesbianas, y con nosotros-as -en diferente grado ciertamente- el resto de la población, seguiremos oprimidos. Si bien es cierto que limitarnos a la lucha contra esas «normas» nos conduciría a un movimiento gay ultraminoritario, encerrado en su marginalidad radical, incapaz de tener un peso en el campo social.

Por eso, en el FLHOC pensamos que es preciso combinar la reivindicación de nuestros derechos democráticos con otras actividades que pongan en causa los límites de la «normalidad» de la familia burguesa y del modelo heterosexual-monogámico, sirviendo todo ello para acercarnos a la construcción de esa nueva humanidad en la que las categorías -las falsas identidades- de «homosexuales y heterosexuales» hayan quedado destruidas y el comportamiento sexual de las ‘personas’ -de forma exclusiva o no- sea el que esas ‘personas’ deseen, dentro de la igualdad, el amor y la felicidad.

José Antonio Berrocal es miembro del Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC).

1979/10/06

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | DIVORCIO SÍ, PERO ¿QUÉ DIVORCIO?

Divorcio sí, pero ¿qué divorcio?
Empar Pineda | El País, 1979-10-06

https://elpais.com/diario/1979/10/07/sociedad/308098803_850215.html 

Este país es una fuente inagotable de sorpresas. Ahora resulta que la ley del divorcio que se discutirá en el Congreso de los Diputados será la presentada por UCD. Curioso que el partido del Gobierno, nada dado a veleidades feministas ni progresistas, presente y defienda una regulación del divorcio. Cierto es que el asombro dura sólo unos instantes, a nada que se mire un poco de cerca el asunto. Vayamos por partes: después de la experiencia italiana, UCD sabe muy bien que oponerse frontalmente al divorcio es perder y que, de tener que perder algo, mejor que sea poco y además no aparecer como perdedor...

Recientemente, UCD hizo saber que no presentaría un proyecto de ley y que la regulación del divorcio la plantearía a través de la reforma del Código Civil. El mismísimo señor ministro de Justicia explicaba el porqué: de este modo sería más difícil una reforma posterior del Código Civil que tratase de mejorar su propuesta. ¡Como argumento de derechas, conservador a ultranza, no está mal! Y la verdad es que lo que va a proponer UCD, de divorcio no tiene ni el nombre; más bien se trata de una interminable carrera de obstáculos para impedir que los ciudadanos y ciudadanas de este Estado puedan divorciarse alguna vez. Por encima de todo, la defensa de la institución matrimonial, poco importa la voluntad de los cónyuges. A éstos se les impide que de común acuerdo puedan acceder al divorcio, y menos aún hacerlo a petición de uno de ellos. Empieza la carrera de obstáculos; después del requisito obligatorio de la separación previa, los habrá que, según unas condiciones, podrán divorciarse al cabo de un año -los menos- y los habrá que tendrán que esperar... ¡siete años! Siempre y cuando al otro cónyuge el divorcio no le «ocasione perjuicios de excepcional gravedad» (sic). La mano de la Iglesia católica se ve, no sólo se adivina, en tamaño castigo que la UCD nos quiere imponer.

Un triste papel
Los grandes partidos de la izquierda parlamentaria están jugando de nuevo un triste papel. Creo que nadie se escandalizará si digo que el PSOE y el PCE-PSUC están dejando hacer a la UCD. Los proyectos de ley de divorcio de socialistas y comunistas han sido rechazados en el Congreso de los Diputados, uno tras otro. De ninguno de los dos podía decirse que estuvieran inspirados en la defensa de los intereses de las mujeres, aunque ¡qué menos! fueran más progresistas que la propuesta de UCD. Socialistas y comunistas se han limitado a encajar la «derrota» de sus proyectos y, de momento, ya han cumplido con sus deberes parlamentarios. Ni antes ni después han buscado el suscitar un amplio debate fuera del Parlamento, interesando a hombres y mujeres en la defensa del divorcio. Y si no lo han hecho, ¿podemos esperar que se opongan ahora con fuerza a UCD? Ya se empiezan a oír de nuevo las voces de siempre que hablan de consenso, de que hay que ser realista, que el país no está para grandes confrontaciones, que más vale una mala ley de divorcio que seguir como estamos... Los periódicos se han hecho eco ya de reuniones de UCD con el PSOE -de momento- para buscar acuerdos de cara a la discusión del proyecto gubernamental. Intentos de acuerdos, una y otra vez; acuerdos entre cuatro paredes, acuerdos que sustituyan la lucha de todos los hombres y mujeres que sí quieren, de verdad, una ley de divorcio.

Cuando llegue la discusión en el Parlamento, esperemos que haya otras voces disonantes y que no sean precisamente las de Coalición Democrática y la de Blas Piñar, que ya tienen cargadas todas sus baterías para seguir en su cruzada de defensa de la «sacrosanta institución matrimonial».

Frente a todos estos proyectos y minileyes, la mayoría de las organizaciones feministas, la Coordinadora de Organizaciones Feministas del Estado español, ha elaborado una ley de divorcio y la está dando a conocer por todas partes. Es una propuesta rabiosamente democrática que parte de la situación de las mujeres y sale en su defensa.

Los puntos centrales de la ley de la coordinadora feminista son los siguientes:
  • Que el divorcio sea gratuito y de rápida tramitación.
  • Que no haya que alegar causas para acceder al divorcio, bastando el mutuo acuerdo de los cónyuges o la decisión de uno de ellos.
  • Que las mujeres divorciadas, salvo aquellas que tengan medios económicos propios o que sus ex maridos posean recursos económicos importantes, perciban un subsidio a cargo del Estado y una formación profesional encaminada a acceder a un puesto de trabajo.
  • Que las madres que así lo deseen puedan seguir conviviendo con sus hijos e hijas y que éstos, a partir de la edad de diez años, puedan decidir si desean convivir con el padre o la madre.
Son puntos todos ellos imprescindibles para que una ley de divorcio sea democrática y feminista, para que respete y defienda la libertad y los derechos de todos los ciudadanos -hombres y mujeres- y, de un modo especial, los de las mujeres, dada la situación de marginación y opresión que sufrimos en esta sociedad patriarcal y capitalista.

Limitaciones de espacio, que impiden argumentar pormenorizadamente los puntos centrales de la ley de la coordinadora feminista. Esperemos que haya nuevas ocasiones de volver sobre ello. Me limitaré a reflexionar en voz alta sobre los presupuestos de fondo, sobre la filosofía que late tras la letra de la ley.

Cuando dos personas deciden libremente dejar de vivir juntas, nadie puede obligarles a lo contrario y la ley no debe inmiscuirse en su vida privada ni en las razones que les han llevado a tomar tal decisión. Otro tanto ocurre cuando es uno de los cónyuges quien desea romper la convivencia en común. A nadie se le puede imponer por la fuerza una unión que no desea. Lo que tendrá que hacer la ley será velar para que la situación en la que quede la otra parte sea la menos perjudicial posible. Estas razones, de elemental democracia y respeto a la voluntad de las personas, cobran aún más peso si tenemos en cuenta que el matrimonio no es una opción «voluntaria», en especial para las mujeres, en esta sociedad patriarcal. Casarnos, ser buenas esposas y madres de familia sigue siendo la profesión, la tarea para la que se nos sigue educando a las mujeres en esta sociedad. Y las mujeres saben muy bien que el matrimonio no es precisamente ese paraíso del que somos reinas una vez al año, el Día de la Madre...

Exigir que tenga que haber causas para acceder al divorcio, aunque sean causas muy genéricas y vagas, no es sino partir de la consideración de que el matrimonio es un bien preciado, que hay que defender a capa y espada, pasando incluso por encima de la voluntad de quien ha decidido romperlo; buscando un culpable en última instancia. ¿Cómo se podría defender, desde un punto de vista feminista, que haya que buscar al culpable de la ruptura de la institución matrimonial, cuando uno de los pilares básicos de la opresión de la mujer es precisamente la familia patriarcal?

¿Por qué la coordinadora feminista plantea en su ley que, salvo en las justas excepciones que decía más arriba, sea el Estado quien se haga cargo de las pensiones y de la formación profesional de las divorciadas hasta que accedan -las que tengan edad para ello- a un puesto de trabajo? Porque defendemos que el divorcio sea accesible a las clases trabajadoras, y no sólo a la burguesía. Propugnar que la pensión la paguen los maridos es antidemocrático y clasista, ya que el divorcio sería un privilegio que sólo se podrían costear las clases pudientes. De hecho, los ricos ya se las arreglan hoy para divorciarse a través de múltiples modalidades.

Independencia del marido
Porque defendemos la autonomía, la independencia de las mujeres, y no el que sigan dependiendo del marido después de divorciadas. ¿Cómo va a emerger en las mujeres la conciencia de que la sociedad les debe un puesto de trabajo y van a luchar por conquistar su independencia económica y el reconocimiento de sus derechos como seres autónomos si, después de divorciadas, se les sigue considerando esposas (ahora en la modalidad de ex) que viven a cargo de su antiguo marido?

Y porque la institución matrimonial es, entre otras cosas, un contrato económico camuflado que reduce a las amas de casa a la condición de trabajadoras no reconocidas y ejército de reserva del capital. ¿Qué cosa más conforme a la realidad que exigirle al Estado que cargue con la factura correspondiente a la ruptura de un contrato (el matrimonial) que mientras estuvo en vigencia le reportó tan notables beneficios, tantos ahorros, y que reconozca como trabajadoras en paro a quienes hasta entonces -y para suerte del Estado capitalista- no eran más que trabajadoras en paro encubierto? No son privilegios lo que reclamamos para las mujeres, sino sus derechos, al igual que lucharnos por los derechos del conjunto de los trabajadores y trabajadoras en paro, que son muchos más cientos de miles que los que tiene en su censo el Ministerio de Trabajo.

Sabemos que esta ley de la coordinadora plantea exigencias contrarias a las de UCD, a las de la Iglesia católica y a las de la derecha en general, y que es muy incómoda para quienes estén dispuestos a seguir buscando el consenso con aquéllos, aun a costa de pasar por encima de los intereses del conjunto de la ciudadanía y, particularmente, de las mujeres. Pero también sabemos que sólo una ley de estas características podrá ser bien recibida por las mujeres y también por los hombres progresistas del Estado español. En eso estamos.

Empar Pineda.
Coordinadora de Organizaciones Feministas del Estado Español. Miembro del comité federal del Movimiento Comunista

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...