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2021/10/25

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | JULIO AUMENTE, CIEN AÑOS DEL PRÍNCIPE ESTETA Y DECADENTE DE 'CÁNTICO'

Julio Aumente, cien años del príncipe esteta y decadente de Cántico.
Nació en Córdoba el 29 de octubre de 1921, colaboró en la mítica revista desde su inicio, dejó de escribir y marchó a Madrid. Volvió a la literatura en los años 80 con una poesía libérrima, en un regreso a la juventud, la vida y el deseo.
Félix Ruiz Cardador | ABC, 2021-10-25
https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-julio-aumente-cien-anos-principe-esteta-y-decadente-cantico-202110252129_noticia.html 

El viernes 29 de octubre se cumplirán cien años del nacimiento de Julio Aumente Martínez-Rücker, uno de los cinco poetas canónicos de l Grupo Cántico junto a Juan Bernier, Ricardo Molina, Pablo García Baena y Mario López. Nacido en Córdoba en 1921, fue un hombre de personalidad singular, un esteta.

Sabio en heráldica y genealogía, con no poco de espíritu aristócrata y de príncipe distinguido y distante, mantuvo con Córdoba una relación a veces despegada, a pesar de que era nieto del compositor Cipriano Martínez Rücker y procedía de un ambiente familiar cordobés de situación desahogada.

Se licenció en Derecho, pero pronto comenzó a escribir versos. Aunque la vida se la ganaría finalmente de otro modo: como tasador de arte y antigüedades en Madrid , donde se marchó a mediados de los 60.

Residía en un amplio piso en la calle Bárbara de Braganza, a escasos minutos de la Cibeles y el Paseo de Recoletos y repleto de antigüedades que le daban a su casa un aire ‘dannunziano’. Muy enfermo ya, su familia lo trasladó a Córdoba, donde murió en el verano de 2006.

La obra poética de Aumente, suntuosa en origen y marcada en sus últimos años por sus ansias de vivir y una sensualidad homosexual no exenta de ironía posmoderna, se divide en dos etapas, como en el caso de otros coetáneos suyos. La primera la componen sus libros de juventud, que van unidos a la revista ‘Cántico’ y a esos primeros años en los que casi todos sus miembros vivían en Córdoba y trataban de hacerse un hueco en la poesía española .

El desdén con el que fueron recibidos, pues la poesía de entonces se debatía entre el realismo socialista y las nostalgias imperiales sin mucho espacio para la intimidad, provocó la diáspora. También el silencio de varios de los autores adscritos a la revista. Serían los jóvenes profesores y poetas Carlos Clementson y Guillermo Carnero los que, con sus estudios sobre Cántico, acabarían por resituar al grupo en el mapa en los años 70, lo que propició que sus autores volviesen a escribir. Ese es el caso de García Baena y también de Aumente, al que espoleó un joven amigo, el también poeta Luis Antonio de Villena .

Clementson explica de la primera fase de Aumente que era «un autor muy influenciado en ese momento por Luis Cernuda, pero al mismo tiempo un gran artífice del soneto, en la estela de Góngora». De esos años primeros son sus libros ‘El aire que no vuelve’ (1955) y ‘Los silencios’ (1958). Aunque siguió escribiendo hasta su marcha a Madrid, no volvió a publicar y fue de los autores de Cántico el que se mantenía más alejado de los viejos recuerdos.

Tenía con la ciudad una relación ambivalente, fundada en cierta sensación de despecho por haberse sentido en ella desdeñado en su juventud. Esa distancia con su ciudad de origen la plasmó en versos que no llegó a publicar. Finalmente, algo se aplacó esa amargura en sus últimos años, cuando el Ayuntamiento colaboró en la publicación de sus poesías completas y la prensa cordobesa comenzó a reconocerlo como uno de los grandes autores del XX.

La etapa de desencanto y alejamiento total de la escritura se extendió entre los 60 y los 70, década esta última en la que lo empezó a frecuentar Luis Antonio de Villena por recomendación de Pablo García Baena, con el que por entonces se carteaba. «Nos hicimos muy amigos», explica a ABC De Villena, que lo visitaba un par de veces al mes para cenar con él.

En esas charlas el joven autor incitaba al amigo veterano a que volviese a la poesía, algo que no fue fácil pues Aumente le reconocía que llevaba diez años sin escribir. Recuerda De Villena que el autor cordobés se sentía en esa época de vuelta de todo, en la fase final de la vida.

Incluso parecía haber cerrado las puertas a la vida sentimental. En sus tarjetas de visita incluía largos títulos con un punto decadente e irónico, ropajes verbales que eran parte de la personalidad que se había creado. En sus poemas posteriores, llegaría a reconocer que se había perdido la vida por hacerse «el interesante».

Sus últimos años fueron por ello un estallido y una liberación, un rejuvenecimiento de un hombre que, en parte por decadentismo y en parte como protección, había decidido ser viejo antes de tiempo. Por una parte, comenzó a hacer vida social con nuevos amantes y amores y se echó a las calles de Madrid para vivirlas, lo que sería una fuente de inspiración para sus poemas de gran carga homoerótica y políticamente incorrectos, propios de un escritor que ya no estaba sujeto a la convenciones .

En 1982 publicó ‘Por la pendiente oscura’, en la que reunía los poemas escritos entre el 47 y el 65, pero aún muy en la senda de Cántico. La sorpresa llegó cuando al fin le hizo caso a Luis Antonio de Villena y empezó a escribir textos nuevos. De esos bríos recobrados surgieron libros fundamentales en su obra como ‘La antesala’, que publicó en 1983 Visor con prólogo del propio De Villena. Una década más tarde llegaría ‘El canto de las arpías’, que Villena ha calificado como «poemas coloquiales, palabras de germanía juvenil, marginación, mundo urbano , inmensa sed de vida, ironía y sátira».

En sus últimos años, Aumente vio publicados sus poemas completos en Visor, con prólogo de De Villena y el trabajo compilatorio de Rafael Inglada. En 2017 apareció en la editorial Renacimiento la antología ‘Bellezas y arpías’, editada por Luis Antonio de Villena. Ahora, con motivo del centenario, Rafael Inglada ha publicado una edición de 50 ejemplares con algunos poemas inéditos de los años 80 y 90.

Estas reediciones y tributos mantienen viva la memoria de un autor singular cuya existencia estuvo cargada de anécdotas y que, según cuenta De Villena, acabó sus días poniéndose del lado de los ‘skaters’ adolescentes del Paseo de Recoletos en los conflictos que mantenían con los jubilados que se sentaban por allí.

«Fue siempre un defensor de la juventud», explica Luis Antonio de Villena sobre este escritor cordobés que quizá nació antes de tiempo y que en sus últimos años decidió rejuvenecer. Su leyenda heterodoxa ahí sigue en sus versos para quien la quiera conocer.

Contra trepas y arribistas
Julio Aumente no sólo se alejó de la poesía, de Córdoba y de Cántico, sino también de los foros literarios. Aunque vivía muy cerca de lugares emblemáticos como el café Gijón, donde era fácil ver a otro poeta cordobés como Manuel Álvarez Ortega, nunca sintió Aumente interés alguno por ese mundo y se recluyó en su piso, en sus jóvenes amantes, en sus lecturas y genealogías.

«Julio sólo veía en el mundo literario el interés de unos y otros, a trepas y arribistas», explica Luis Antonio de Villena. Todo eso hizo de él un poeta casi secreto. Los amigos y el talento singular de sus versos, más que la propia insistencia, lo llevaron a publicar en algunas de las mejores editoriales de su tiempo.

2021/03/25

DOCUMENTACIÓN | EXPOSICIONES | LOS RELOJES ENAMORADOS DE FÉLIX GONZÁLEZ-TORRES

Los relojes enamorados de Félix González-Torres.
El Macba realiza una lectura política de la obra del artista minimalista, fallecido en 1996, en una exposición con 40 de sus creaciones.
José Ángel Montañés | El País, 2021-03-25
https://elpais.com/cultura/2021-03-25/los-relojes-enamorados-de-felix-gonzalez-torres.html 

‘Perfect Lovers’ es una obra formada por dos enormes relojes de pared idénticos, pegados uno a otro, sincronizados en la misma hora, que, con el paso del tiempo, por el desgaste y la pérdida de energía, empezarán a perder sincronía y acabarán marcando horas diferentes. Lo más terrible sería que uno de ellos se parara para siempre, mientras el otro continuara con su lento caminar. La pieza, realizada en 1991 por el artista Félix González-Torres (Guáimaro, Cuba, 1957 – Miami, 1996), es la sutil y poética representación de una relación de amor entre iguales, amantes perfectos para él, que intentan seguir adelante pese a las dificultades y la enfermedad.

González-Torres, vivió el mundo ‘underground’ neoyorquino de los años ochenta y creó instalaciones minimalistas a partir de bombillas, pilas de papel, montones de caramelos multicolores, espejos, cortinas y vallas publicitarias marcadas por un activismo cultural que buscaba desafiar y provocar al espectador. Sus obras, pocas, por la brevedad de su vida, pero muy conocidas, imprescindibles para entender el arte actual por sus críticas al conservadurismo social y la homofobia, son las protagonistas de la exposición ‘Félix González-Torres. Política de la relación’ que el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, Macba, le dedica hasta el 12 de septiembre.

La vida y la obra de González-Torres son conocidas en España desde que, en 1995, poco antes de fallecer, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, bajo la dirección de Gloria Moure y comisariada por Nancy Spector, conservadora del Guggenheim de Nueva York, le dedicara una gran exposición. De hecho, ARCO le rindió homenaje en la edición del año pasado y en Madrid se pudieron ver media docena de vallas publicitarias repartidas por la ciudad con una de sus obras más conocida ‘Untitled. It’s just a matter of time’ (‘Solo es cuestión de tiempo’) una frase escrita en 1992 en letra gótica (identificada con el nazismo) sobre un fondo negro, que avisa de la amenaza que supone la extrema derecha y el populismo, pero que interpela de forma diferente a quien la lee.

Pero Tanya Barson, comisaria de la muestra y conservadora jefa del Macba, ha reunido 40 de las obras de González-Torres para realizar una nueva lectura más allá de la de un artista neoyorquino de los ochenta, que es como se ha presentado hasta ahora. Las ha agrupado en cuatro ámbitos para poner el acento de su relación con España (él y su hermana vivieron en Madrid a comienzos de los años setenta), con el continente americano y el Caribe, además de cuestiones como memoria, la autoridad, la libertad y la identidad nacional. “Para González-Torres lo que es personal es político y en sus obras explora, de forma sutil, el diálogo entre lo que es privado e invisible y lo que es público. Su obra está llena de capas, que van de lo superficial a lo profundo”, explica Barson.

Como la de los relojes enamorados que, recién colocados, marcan de forma sincronizada la misma hora y presiden la primera de las salas de la exposición en la que se analiza su compromiso político, con obras que denuncian la cultura autoritaria, el fascismo, el conservadurismo social y la represión a la comunidad gay. “Unas actitudes que pueden remitir a los Estados Unidos durante la crisis del sida en los años ochenta y noventa, aunque en España hubo una represión análoga en tiempos de Franco y posteriormente”, comenta Barson.

Muchas de las obras de González-Torres son pilas de papel con imágenes o palabras que tienen que ver con el odio, la censura y la discriminación. De entrada, parecen formas sólidas, pequeños pedestales sin escultura, pero pronto se comprueba que son acumulaciones de cientos de láminas iguales, que, a diferencia de lo que se espera en un museo, el visitante puede llevarse. “Tiene que ver con el concepto de libertad que defendía González-Torres”, insiste Barson. También con su idea de socavar el mercado del arte, en el que se sentía como un espía y un intruso. González-Torres decía: “Necesito al espectador, necesito la interacción. Sin el público estas obras no son nada. Pido a la gente que me ayude, que asuma la responsabilidad, que se lleve parte de mi trabajo”.

Es lo mismo que ocurre con sus montones de caramelos. Como en ‘Untitled (Blue Placebo)’ (1991) en la que 130 kilos de dulces envueltos en celofán forman un enorme mar azul que están a disposición del visitante (se pueden coger previa desinfección con hidrogel). “Azul es sinónimo para González-Torres de amor, belleza, pero también miedo. Esta obra, como la cortina de agua, ‘Untitled (Water)’, de 1995, que hay que cruzar para seguir avanzando, remiten a la idea de viaje, emigración, exilio, turismo y huida y en una ciudad como Barcelona, funcionan como metáforas”, prosigue Barson.

Una pandemia, la del sida, como a muchos otros artistas homosexuales neoyorquinos del momento, le cambió y le costó la vida. En 1991, Ross, su pareja, fallece por esta enfermedad. En los cinco años siguientes, hasta que él fallece por los efectos también del sida, realiza una serie de obras en su recuerdo. Como ‘Untitled (Portrait of Ross in L.A.)’, formada por una montaña de caramelos apilados en una esquina que pesan 79,3 kilos, los mismos que pesaba Ross. Los visitantes pueden cogerlos y comérselos por lo que, como su pareja, el peso va descendiendo, aunque, para él, todo el que coge uno de estos dulces se lleva parte de Ross para siempre.

Esta pieza no ha viajado a Barcelona, pero si ‘Untitled (Para Un Hombre En Uniforme)’, de 1991, una de las pocas obras suyas tituladas en castellano, en la que 100 kilos de chupachups aparecen envueltos en los colores de la bandera estadounidense. Está en la sala en la que se habla de patriotismo, militarismo, machismo y deseo homoerótico, así como del sentimiento nacionalista que generan en la sociedad los monumentos. En este sentido la pieza más sorprendente de la muestra es, quizá, ‘Untitled (Go-Go Dancing Platform)’, de 1991, en la que un go-go baila sobre una plataforma vestido solo con un minúsculo bañador de lamé plateado. Baila al son de la música que solo escucha desde su dispositivo electrónico. Pero solo lo hará cinco minutos al día y a una hora imprevista. Por lo que seguro que, a más de uno, la presencia inesperada del erótico bailarín le hará atragantarse con uno de los caramelos participativos de González-Torres.

2019/10/27

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | PETER BERLIN, EL ICONO GAY QUE SE HACÍA 'SELFIES' ERÓTICOS EN LOS 60 Y LOS ENVIABA POR CORREO

Peter Berlin, el icono gay que se hacía 'selfies' eróticos en los 60 y los enviaba por correo.
Personaje de sí mismo, este alemán consiguió vivir de sus autorretratos eróticos cinco décadas antes de Instagram y se cruzó con Mapplethorpe, Dalí o Warhol hasta que se retiró tras la epidemia del sida.
Begoña Gómez Urzaiz | Vanity Fair, 2019-10-27
https://www.revistavanityfair.es/cultura/articulos/peter-berlin-icono-gay-selfies-eroticos/41308

“El primer artista gay conceptual”, dice de él el fotógrafo Jack Pierson. “La versión surfera del clásico dios sexual ‘leather’ de Jean Genet”, define la cineasta y performer Kembra Pfahler. “Él fue como Mae West, pero en hombre. Al igual que West, él es totalmente autoinventado, celebrado e influyente”, sentencia John Waters. La obra de Peter Berlin, que no fue otra cosa que él mismo, ha tardado unas décadas en comprenderse pero ahora cobra todo el sentido ¿Acaso hay más actual que alguien que se cambia el nombre, se crea un ‘look’ y un personaje y se dedica incansablemente a autofotografiarse?

Omar Sosa, uno de los fundadores de la revista ‘Apartamento’, ha coordinado ‘Peter Berlin: Artist, Icon, Photosexual’ un libro que edita Damiani dedicado a este pionero de la estética gay que colaboró con Robert Mapplethorpe y Tom of Finland y se cruzó con gente como Valentino y Dalí mientras, como dicen varios de los entrevistados “hizo ‘cruising’ por la vida”.

Musculado, depilado y marcando paquete con ajustados pantalones de cuero, Berlin, contribuyó, a decir del crítico de arte Jonathan D. Katz, a perfilar “una nueva masculinidad gay” que fundía elementos de los machos de las revistas gais de los años cincuenta, que solían posar vestidos de cowboys, policías y pescadores, y de la cultura hippy de los sesenta, con su ropa unisex, estampados florales y cuerpos lánguidos. En los setenta, “Berlin tomó elementos de las dos décadas anteriores, uniendo esas dos polaridades y creando un puente entre opuestos para crear un nuevo tipo de Adonis gay”.

El libro incluye una entrevista con el propio artista que se refiere constantemente a sí mismo como “Peter Berlin”, no tanto porque padezca de esa hybris que lleva a futbolistas y ex concursantes de realities a hablar de ellos mismos en tercera persona, sino porque es perfectamente consciente de su personaje. Berlin nació en Lódz, Polonia, como Armin Baron von Hoyningen-Huene, un nombre que, él mismo remarcó, “apunta al hecho de que no vengo de la miseria. Escojo la miseria”.

De familia acomodada y con inclinaciones artísticas –uno de sus familiares, George Hoyningen-Huene fue un pionero de la fotografía de moda y amante de Horst P. Horst–, en realidad no llegó a disfrutar de una vida fácil porque su padre murió en la segunda guerra mundial, los bienes de la familia fueron confiscados por los rusos y su madre huyó a Berlín con sus tres hijos y casi ningún capital. A los 13 años empezó a remendar su ropa con la máquina de coser de su abuela para hacer que sus pantalones fuesen más ajustados. Su iniciación sexual vino con envoltorio histórico. Al parecer, un día conoció a un hombre del Este que le invitó a ir a su casa. Cuando regresó, a la mañana siguiente, vio enormes rollos de alambre y un ambiente extraño en las calles.

Era el 13 de agosto de 1961 y estaban levantando el muro de Berlín. Su madre, su padrastro y sus hermanos se preocuparon y él terminó confesando qué había estado haciendo esa noche y con quién. Se plantearon llevarlo a terapia de electroshock pero finalmente los Huene optaron por una solución distinta. Le echaron de casa. El joven Armin se fue a vivir con una señora mayor, empezó a trabajar como técnico de fotografía y a pasar las tardes y las noches seduciendo a chicos en los parques y los bares de Berlín. Ya entonces, cinco décadas antes de la era del ‘selfie’, empezó a tomarse fotos eróticas en blanco y negro, vestido de manera provocadora con ropa que se hacía él mismo.

A mediados de los 60, mientras colgaba un poster en el cine, se le acercó un hombre de mediana edad –“tenemos la misma cámara”, le dijo– que resultó ser Jochen Labriola, un pintor que se convirtió en lo que hoy se llamaría “sugardaddy”, su benefactor, pero que Berlin definía con la palabra “camarada”. Le siguió a Roma y después a París, donde Berlin iba causando sensación por las calles. De allí ambos fueron a Nueva York y finalmente al lugar que les estaba esperando, San Francisco. Es ahí donde adopta el nombre de “Peter Berlin” y donde sorprende en el ambiente gay con una estética muy distinta a los vaqueros y camisas de cuadros que llevaban todos por entonces.

Tras filmar la primera de sus dos únicas películas porno, ‘Nights in Black Leather’, Berlin se convirtió en una figura famosa más allá del ‘underground’ y lanzó un negocio que podría definirse como un proto-Instagram: un servicio de envío por correo de fotos eróticas de sí mismo que tomaba con su Hasselblad y que contribuyen a cimentar su estética de pin up contracultural. También grabó algunos cortos que con el tiempo han adquirido estatus de culto y, en 1975, su segunda película, ‘That Boy’.

La ilustradora y Dj Silvia Prada recuerda en el libro el impacto que le produjo ver esa película, que arranca con una famosa escena de masturbación con el canon de Pachelbel de fondo, cuando era adolescente. “Estaba descubriendo mi sexualidad. Sentía fascinación por todo lo prohibido: el fetichismo ‘leather’, el sexo telefónico, público, en grupo, la vida en los márgenes. Crecer como una chica lesbiana en el ambiente católico del norte de España y escuchar esa voz, ver sus jeans y su bragueta abultada por las calles de San Francisco me interpeló directamente”.

Aunque Berlin no se benefició económicamente de ‘That Boy’, la película, que algunos han calificado de “antiporno”, le propulsó al mundo del arte y los reservados vip. Compartió “la montaña de cocaína más grande que jamás había visto”, a decir de Ted Stansfield, que se encarga de escribir su semblanza en el libro de Damiani, con Calvin Klein; Andy Warhol le felicitó por sus fotografías y le ofreció la ‘Factory’; conoció a Valentino, a Nureyev y a Sal Mineo y pasó una tarde con Dalí y Gala, con la que habló en alemán. En aquella época también estableció sus dos colaboraciones artísticas más fructíferas, con Robert Mapplethorpe y con el ilustrador Tom of Finland.

El fotógrafo, que empezaba entonces su carrera, lo utilizó como modelo para varias imágenes y se lo llevó a cenas con gente influyente. Aunque, según su biógrafo, les diferenciaba el nivel de ambición. “Ambos pertenecían al ‘underground’, los dos tenían compañeros ricos. Peter a Jochen Labriola y Robert a Sam Wagstaff, que les financiaban su estilo de vida, aplicaban técnicas rigurosas de estudio a su trabajo y creador fotos que siempre estarán en los anales de la imaginería gay, pero sus instintos eran diferentes. A Robert le impulsaba el dinero y la fama, a Peter no”. Él se lo corrobora: “nunca me importó ser rico y famoso como Robert, solo quería vestirme y follar”. Su fotografía era el efecto secundario de su vida, no al revés.

Cuando estalló el sida, su vida se fundió. “Todos mis amigos murieron. Todos y cada uno de ellos. Cuando falleció Jochen en 1988 mi mundo pasó del color al blanco y negro. Sin él y los otros amigos que me animaban, no veía la razón de seguir trabajando como Peter Berlin”, explica en el libro. Se retiró a California y vivió con un compañero más joven al que fotografiaba. En 2006, un documental, ‘That Man’, de Jim Tushinksi, exploró la mitología en torno a este Greta Garbo de la cultura gay. Ahora Armin, que ya no es Peter, tiene setentaytantos y vuelve a vivir en San Francisco.

En su momento no quiso fama y dinero pero ahora lamenta no haber llegado a tener “villas en París, Roma y Moscú llenas de hombres guapos”. “Hugh Hefner –dice– es la única persona que tuvo lo que yo hubiera querido. Me choca que ningún gay lo consiguiera”. Le gustaría hacer su tercera película, un biopic que explicase su viaje y lo que el “proyecto Peter Berlin” le enseñó sobre el deseo, la estética y la sexualidad. “Echo mucho de menos a Peter”, dice. “He perdido esa energía sexual. No me siento femenino ni masculino. Vivo como una anciana, cuidando a mi gato y a mis plantas”.

2016/03/10

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ROBERT MAPPLETHORPE, RETRATO DE UN ÁNGEL OSCURO

Robert Mapplethorpe, retrato de un ángel oscuro.
El museo J. Paul Getty y el LACMA exponen la obra completa de Robert Mapplethorpe, el fotógrafo que llevó el arte a los límites de su propia experiencia sexual.
Gloria Crespo MacLennan | El País, 2016-03-10
https://elpais.com/cultura/2016/03/08/babelia/1457450794_272222.html 

Quiso ser una leyenda y su obra le inmortalizó. Esperó a la muerte mirándola de frente, empuñando un bastón coronado por una calavera. El sexo fue el elixir que alimentó su vida, su arte y su fama. Pero también su condena. Murió, debido a las complicaciones causadas por el sida, no sin antes haber sido capaz de diluir la frontera entre el arte y la pornografía. “Patti, ¿nos la ha jugado el arte?”, preguntaba Robert Mapplethorpe a su antigua amante y leal compañera, la cantante y poetisa punk, Patti Smith, poco antes de morir.

Mapplethorpe moría a los 42 años, el 9 de marzo de 1989. Durante su último año se preocupó por dejar bien custodiado y organizado su legado artístico. A partir del 15 de marzo, ‘The Perfect Medium’ exhibirá este legado por primera vez al completo; una exposición organizada por el Museo J. Paul Getty y el LACMA, en Los Ángeles. Acompañando a la exhibición se publican dos libros: 'Robert Mapplethorpe: The Archive' de Francis Terpack y Michelle Brunnick y ‘Robert Mapplethorpe: The Photographs’, escrito por Paul Martineau y Brut Salvesen. Estos reevalúan y dan muestra de la obra que incluye: su temprana obra como estudiante, joyas, los ‘collages’ de los 70, sus ensamblajes y las fotografías que sirvieron de fondo a las “guerras culturales”, que dominaron el debate de los de los años 90 en Estados Unidos. Debate enardecido por una derecha reaccionaria, en contra de una cultura que consideraban atentaba contra la moral, el espíritu nacional o la religión. Coincide esto con el estreno en el mes de abril de un documental de la HBO, ‘Mapplethorpe: Look at the pictures’, dirigido por Faenton Bailey y Randy Barbato.

La obra de Mapplethorpe, rica y compleja, sigue latiendo con fuerza (aunque por debajo de los precios que se le suponía), polarizando a los críticos, y sobre todo, sacudiendo a sus espectadores. “Esa fue su intención”, dice Patricia Morrisroe, autora de su única biografía autorizada, “y se sentiría muy frustrado si en el 2016 aun lo siguiera haciendo. Es lo que pretendía: epatar”. Para Paul Martineau, comisario de la exposición del J. Paul Getty Museum y autor de uno de los libros que la acompañan, “las exposiciones suponen una magnífica ocasión para revaluar la obra del artista. Cada una lo hace desde una perspectiva diferente. Confrontan obras que nunca se han visto juntas”.

Poco antes de marchar al hospital New England Deaconess de Boston, donde murió, el artista habló por última vez con su biógrafa: “no me saques aburrido”, le rogó. Su primer encuentro había tenido lugar en 1983, cuando la periodista tuvo que entrevistarle con motivo de una exposición en el ICA de Londres: “Parecía un vampiro, en aquel desolador e inquietante ‘loft’ de Bond Street. Había un colchón con sábanas negras de seda, encerrado en una jaula de alambre. Se sentía incómodo con la luz del día, incluso en la oscuridad de su estudio. Entonces resultaba atractivo, con un cierto aire de Rimbaud. Siempre estaba muy pálido. Tenía una mirada penetrante. Su figura era menuda, y llevaba su característica chaqueta de cuero. Sus ojos estaban vidriosos, tomaba muchas drogas, probablemente estaba puesto. Parecía una criatura de otro mundo. Pero había algo muy tierno en él. No hay duda que pretendía sorprender, observar y juzgar la reacción que tenían sus obras en los demás. Conectamos por nuestra procedencia católica”. Nacido y criado en el barrio de Queens, Nueva York, procedía de una familia católica de clase media. A su madre le hubiese gustado que fuese cura pero se quedó en monaguillo, atraído por el misterio y la estética de la Iglesia. Aprendió entonces a creer en el diablo: “Hazlo por Satán”, susurraría más tarde al oído de sus parejas sexuales.

La periodista no volvería a verle hasta 1988, poco después de que se inaugurase ‘The Perfect Moment’, la gran retrospectiva del artista celebrada en el Whitney Museum de Nueva York. En una silla de ruedas, vestido con un estiloso esmoquin, pajarita, zapatos de terciopelo negro con sus iniciales bordadas en oro y su bastón con empuñadura de calavera, su aspecto delataba su fin. Pero allí estaba para observar el brillo de su fama y la conmoción que producían sus imágenes homoeróticas. “Murió en el cénit de su carrera, sabiendo que había conseguido todo lo que se había propuesto. La búsqueda de la notoriedad y el arte habían ido de la mano a lo largo de su vida y hubiese sido muy miserable de no haber obtenido fama. Su obra había empezado a venderse con mucha rapidez una vez que se conoció su enfermedad”. Sin embargo, a la periodista le costó convencer a la editorial Random House de la necesidad de hacer una biografía, ya que su fama abarcaba solamente a la comunidad artística. Fue a partir de junio de 1989 cuando su leyenda se extendió: El Corcorian Gallery de Washington cancelaba su retrospectiva y al año siguiente el director del Cincinnati Contemporary Arts Center fue juzgado por obscenidad. “A Mapplethorpe le hubiese encantando verlo, señala Morrisroe, todo el mundo del arte se alzó en la defensa de la libertad de expresión”.

Paul Martineau considera que “es hora de valorar la obra por sus propios méritos alejada de las controversias que causó en su día”, sin embargo, Morrisroe insiste en que sin la controversia no estaríamos hablando de él: “¿Dónde hubiese llegado, si solo hubiese hecho retratos? Fueron sus fotografías sobre sexo las que le dieron notoriedad. Su meta fue convertir la pornografía en arte y así me lo hizo saber. Se sentía muy cómodo llamándolo pornografía. Arte sí, pero pornográfico”. Gestionaba el mercado del arte con gran habilidad, dividiendo su obra en tres partes: “Sus hermosas flores, aunque de evidente carga erótica, podían colgarse sin problema en las paredes de cualquier hogar; los retratos de factura clásica del ‘beaumonde’ eran una forma fácil de ganar dinero y le abrían paso a las altas esferas que tanto le atraían; pero su serie S&M (sadomasoquistas) le convertía en el provocador que atraía la notoriedad”, señala la biógrafa. “Aunque no creo que esto fuera premeditado, era instintivo por naturaleza”.

Patti Smith, fue crucial en la vida del fotógrafo. Su libro Éramos unos niños, es un emotivo y tierno tributo a aquellos tiempos de pureza e inocencia, en los que se adentraron juntos en las desafiantes aguas de la bohemia del Village, del Chelsea Hotel, del Max´s Kansas y del Factory. Actualmente está siendo adaptado a una serie de televisión. Sin embargo, se ha mostrado muy contraria a la imagen negativa, manipuladora e incluso racista que Patricia Morrisroe mostró en su biografía 'Mapplethorpe: A biography', publicada en 1995. “Creo que defraudó a muchos de quienes le conocieron, porque utilizaba a la gente. Me autorizó a escribir lo que quisiera. Curiosamente le agradaba que fuese una mujer la que escribiese su biografía, ya que temía que se le clasificase como un fotógrafo gay. No hubo ningún tema que no tocásemos o él escondiese. Desde la perspectiva actual creo que mi biografía fue bastante justa. Y no creo que Mapplethorpe sea un caso aislado a la hora de manipular en un mundo que se mueve tan rápido como el del arte. Iba con la velocidad de una bala, pero dejó muchas víctimas a su paso”.

Fue Sam Wagstaff quien realmente creó a Robert Mapplethorpe. Hombre exquisito, rico y de amplia cultura, su amante y benefactor le puso en contacto con la alta sociedad a la que gustaba provocar enfundado en un pantalón de cuero, que sujetaba con un cinturón en cuya hebilla se leía 'Shit'. Luego se perdía en los clubs gais donde reclutaba modelos para sus sesiones sadomasoquista. “Su autorretrato, con el mango de un látigo de cuero insertado en su ano, dejó absolutamente claro hasta donde estaba el artista comprometido con su proyecto”, comenta Paul Martineau.

“La fotografía era el medio de expresión perfecto para él, señala Morrisroe, ya que le gustaba trabajar de forma rápida. Era una criatura totalmente visual. No le gustaba leer (solo leía las páginas de cotilleo del New York Post), pero era muy permeable a la información”. Wagstaff poseía una de las colecciones de fotografía más importantes de América, a través de la cual Mapplethorpe pudo estudiar la evolución de este medio. Mientras el crítico de arte Robert Hughes, uno de sus más acérrimos detractores, señalaba las claras influencias de Weston, Horst y Baron von Gloeden, el fotógrafo se distanciaba de ellas definiendo la obra de Weston como "fría”. “Nunca me nombró a ningún otro fotógrafo, destaca su biógrafa, en su mundo solo existía uno: Robert Mapplethorpe”.

“Era un hombre simple a la vez que complicado. Existían muchas zonas grises que me hubiesen gustado penetrar, pero no lo conseguí. Existía una parte en él que era muy dulce y aniñada y otra muy cruel. Se puso muy nervioso cuando se enteró que sus padres iban a ir al Whitney a ver su obra. Eso me impactó”, concluye Morrisroe.

2016/01/07

DOCUMENTACIÓN | LITERATURA | 'PARIS-AUSTERLITZ', EL DESAMOR HOMOSEXUAL SEGÚN RAFAEL CHIRBES

ABC / Rafael Chirbes //

«Paris-Austerlitz», el desamor homosexual según Rafael Chirbes.

Con su novela póstuma, «Paris-Austerlitz», el escritor valenciano cerró su ciclo narrativo y regresó al universo de «Mimoun».
José María Pozuelo Yvancos | AVC, 2016-01-07
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-paris-austerlitz-desamor-homosexual-segun-rafael-chirbes-201601071525_noticia.html

Cuando alguna vez se analice la historia de la novela corta en España, el nombre de Rafael Chirbes se situará en lugar destacado. Le vino el éxito y el reconocimiento generalizado en Alemania a partir de «La larga marcha» (1998) y años después en España con el díptico sobre la crisis y la corrupción urbanística que formaron «Crematorio» (2007) y «En la orilla» (2013). Antes de que estos reconocimientos masivos llegaran con sus novelas extensas, gozaba de una nutrida minoría de seguidores que lo habían descubierto en sus novelas breves, desde que, con «Mimoun» (1988), apareció como escritor, hasta la que puede considerarse su obra maestra: «La buena letra» (1992), sin olvidar «Los disparos del cazador» (1994).

Rafael Chirbes ha terminado su vida literaria dando cima, tras veinte años de escritura y reescritura , a esta última obra, «Paris-Austerlitz», que elige otra vez la forma de novela corta, y que en cierto modo actúa de cierre de un círculo, pues si «Mimoun», su ópera prima, ambientada en Marruecos, situaba como fondo el tema de la relación homoerótica, en «Paris-Austerlitz», que se publica póstuma, vuelve a ese asunto, pero para darle la vuelta. Los desasosiegos nacidos de la incapacidad de comunicarse con una cultura ajena se convierten aquí en algo radical, personal, íntimo, como si Chirbes hubiera querido dejar sobre la relación amorosa un testamento descarnado, tremenda elegía que sepulta el amor en la ruina de su descomposición.

Mirada lacerante
El sida, que en estas páginas no se nombra directamente, sino a través de metonimias (se lo llama la plaga, o el mal), no es la única causa de esa mirada descarnada, casi lacerante, que Chirbes arroja. El verdadero tema va más allá del sida, y se nutre de dos motivos que le obsesionan: el amor como cosificación, como posesión del otro; y la infertilidad, cuando el amor termina siendo cárcel.

Ni que decir tiene que, tratándose de Chirbes, no se oculta una mirada marxista, pues la relación entre el joven pintor español (el narrador) con su amante, Michel, un obrero parisino ya maduro, no puede salvar la diferencia económica y de estrato social , que termina siendo corrosiva para la propia relación. Mucho más que la diferencia de edad, les separa la cultura, el dinero, las posibilidades que uno tiene y de las que el otro carece.

Una novela también es lo que elige no contar. Mientras la leía, no pude dejar de acordarme del famoso poema de Jaime Gil de Biedma «París, postal del cielo» , que contiene estos versos: «Aun vive en mi memoria aquella noche / recién llegado. Todavía contemplo, / bajo el Pont Saint Michel, de la mano, en silencio / la gran luna de agosto suspensa entre las torres / de Notre-Dame, y azul / de un imposible el río tantas veces soñado. / Its too romantic, como tú me dijiste / al retirar los labios». Ese «too romantic» del que se han llenado muchas evocaciones idealizadas del amor homosexual es lo que Chirbes ha dejado de lado.

Cielo gris y plomizo

La novela discurre por un París de tabernas, café-«tabacs», obreros e inmigrantes. La habitación donde vive su amor esta pareja es mugrienta y Chirbes termina trasladando a toda la ciudad de París esa misma sensación de cielo gris y plomizo, de panza de burro, escenario de un amor que va agotando sus recursos.

El autor ha hecho gala de gran habilidad al evitar que las secuencias narrativas sigan cronológicamente los tiempos de la relación. De hecho, la trama comienza por el final, en las tremendas escenas del hospital de Saint-Louis, donde Michel está internado, dado el avanzado estado de su enfermedad. Chirbes también evita el eufemismo o la caridad de lo implícito y sugerido. Antes al contrario, hace explícita descripción de las miserias que el cuerpo sufre durante la enfermedad. Pero, sobre todo, cuando la historia comienza, en esa situación casi terminal, sabemos que entre el joven pintor (el narrador) y el maduro obrero, Michel, se ha tejido un muro de reproches, de celos, de incomprensión. El diálogo se tiñe de silencios elocuentes.

Chirbes ha clausurado de este modo amargo su literatura. No ha querido compensar con el amor el pesimismo creciente de su visión de la cultura del dinero; antes al contrario: esta novela, que es una joya de honda expresividad, actúa como si quisiese decirnos que nada queda al margen del dominio de unos sobre otros.

2013/06/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DEL ACTIVISMO LGTBI EN CUBA

Documentos para la historia del activismo gay en Cuba.
Helen Hernández Hormilla · Red Semlac | Cuba Información, 2013-06-23

https://cubainformacion.tv/genero/20130623/50651/50651-documentos-para-la-historia-del-activismo-gay-en-cuba 

Cuando en 1989 el cubano Norge Espinosa ganó el premio de la revista cultural ‘El Caimán Barbudo’ con su poema abiertamente homoerótico "Vestido de Novia", marcó la historia de la literatura cubana, pero también las luchas por los derechos de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales) en la isla.

Su accionar en favor de esta causa continuó desde entonces con la organización de las Jornadas de Arte Homoerótico de 1998 en adelante y la escritura de artículos, crónicas, poemas y ensayos sobre el tema, algunos de ellos recogidos recientemente en el libro ‘Cuerpos de un deseo diferente’ (Ediciones Matanzas, 2012).

El volumen, presentado en mayo último en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) como parte del programa de esa institución en la Jornada Cubana contra la Homofobia, constituye un útil repaso histórico del activismo LGBTI cubano, especialmente en el ámbito cultural.

Para el escritor, no se trata de un libro de ensayos o con pretensión académica, sino de un intento por transparentar lo que significa ser homosexual en la Cuba de hoy.

"Quería que el libro sirviera como mapa de referentes, memorias y arqueología para quien se interese por lo que sucede con el homoerotismo en nuestro contexto y que pueda tener distintas respuestas", declaró a SEMlac.

Además del citado poema y otros como "Pérdida del amante" y "Mi vida con Jeff Stryker", aparecen reflexiones sobre la homofobia, el arte gay y el homoerotismo en el teatro; acercamientos a figuras literarias como Oscar Wilde, Emilio Ballagas y Manuel Puig; reseñas de libros, exposiciones y obras teatrales; semblanzas de iconos "de la atmósfera sentimental" de la homosexualidad cubana como las cantantes Olga Guillot y Marta Estrada, entre otras.

Si bien en Cuba se han publicado algunos textos que, desde perspectivas sociológicas o artístico literarias, analizan el tratamiento de la homosexualidad en la realidad del país, el tema ha sido generalmente eludido por las editoriales.

Ensayistas como Víctor Fowler, con varios libros sobre literatura homoerótica, y Abel Sierra, autor de ‘Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana’, son algunos de los referentes reconocidos en este campo.

‘Cuerpos de un deseo diferente’ distingue entre esta producción por ser reflejo del activismo, además de brindar datos, fechas e inventariar acciones.

Yasmín Silvia Portales, activista LGBTI, resaltó que Espinosa no ha cesado "de empujar los límites de lo deseable, lo posible, lo políticamente correcto, lo socialmente aceptable respecto a la lucha por el respeto a la diversidad sexual en Cuba".

La bloguera enfatizó la condición transgresora de la obra al reunir testimonios de "las acciones políticas emprendidas durante dos décadas en distintos espacios de la sociedad para visibilizar y desautorizar la discriminación por orientación sexual o identidad de género".

Fowler advirtió, por su parte, los desafíos teóricos del volumen como señal de la necesidad de pensar la comunidad LGBTI cubana.

"El libro es un verdadero programa donde el autor promueve propuestas específicas del país que quiere, porque lo que suceda con esa comunidad es lo que va a suceder con la nación", afirmó el ensayista.

En opinión de Espinosa, la última década evidencia un crecimiento de las luchas por la aceptación de la sexualidad diversa en Cuba, pero aún quedan prejuicios homofóbicos de etapas anteriores.

"El crecimiento ha sido de grado, pero no de atmósfera. Faltan enlaces concretos que permitan comprender que la sociedad cubana se ha diversificado, aunque todavía en la foto que veamos en la prensa oficial no aparezca esa imagen", refirió.

2011/07/15

DOCUMENTACIÓN | Ugarte, Javier | Las circunstancias obligaban. Homoerotismo, identidad y resistencia

Ugarte Pérez, Francisco Javier (2011) [07-15]. Las circunstancias obligaban. Homoerotismo, identidad y resistencia. Egales.

[.es] ‘Las circunstancias obligaban’ intenta fundamentar las tesis de que las relaciones homoeróticas han sido perseguidas en periodos de convulsión y, paralelamente, de que el siglo XX ha contemplado la existencia de dos generaciones de identidades homosexuales. Los representantes de la primera (maricas, bolleras) estaban marcados por el estigma de la inversión y pertenecían a la clase trabajadora, por lo que contaban con escasas herramientas de resistencia. La segunda generación, que surge a partir de los años sesenta en Estados Unidos —unos años más tarde en Europa— dio lugar a gays, lesbianas y transexuales. Las últimas identidades aparecieron dentro de una clase media en expansión, con los estudios de nivel medio/superior (e ingresos saneados) que la caracterizan.

Así, maricas y bolleras eran víctimas fáciles de una represión organizada por las autoridades con el fin de eliminar las relaciones entre personas del mismo sexo (o, en su defecto, reducirlas), pero lesbianas y gays cuentan con armas de resistencia. El libro documenta el sustrato social y material donde nacieron estas formas de homoerotismo, analiza las razones por las que fueron perseguidas y las fuerzas que las impulsan. Para ello, 'Las circunstancias obligaban' se centra en la historia de dos países, Estados Unidos y España; el primero, como nación donde se fraguaron muchas de estas transformaciones, mientras el segundo es un ejemplo de acelerada modernización.

2010/04/20

DOCUMENTACIÓN | LITERATURA | RAFAEL CHIRBES Y 'MIMOUN', LA LLUVIA QUE CAE SOBRE MARRUECOS

La lluvia que cae sobre Marruecos.
Ilya U. Topper | M’Sur, 2010-04-20

https://msur.es/2010/04/20/chirbes-mimoun-anagrama/

Por supuesto persiste la tentación de juzgar un libro por lo que cuenta, y no por cómo lo cuenta. Nos suele ocurrir cuando hablamos de cosas que por algún motivo nos son cercanos. A mí me ocurre cuando abro una novela sobre Marruecos, por ejemplo. Y entonces tengo que hacer un esfuerzo para recordar las palabras definitivas de Oscar Wilde: ‘No existen libros morales o amorales. Un libro está bien escrito o mal escrito. No hay más.’

Podemos decirlo ya: ‘Mimoun’, la primera novela de Rafael Chirbes (Tavernes, Valencia, 1949), está bien escrito. Muy bien escrito, incluso. El lenguaje es cuidado al máximo, preciso cual cuchilla de afeitar, cargado de una lírica austera. Los personajes son pocos, los imprescindibles, trazados con rotulador fino sin temblor de manos. Los diálogos, reducidos al número exacto de palabras necesarias, hasta que dejan de ser diálogos y se convierten en parte del ambiente. Y qué decir de los paisajes: son casi personajes, también, la aldea Mimoun, la eterna lluvia, la salamandra cargada de leña, los perros nocturnos, las botellas de vino vacías, el piano, la casa.

Por cierto, admirable el valor del autor por escribir en francés parte de los diálogos ―los necesarios, los que se desarrollan en francés―. Un golpe de efecto de realismo añadido para el que hay que tener agallas en un país tan monolingüe como España.

“Me pareció que eran hilos de una misma red, aquella que nos apresaba a todos.” Ninguna frase podría resumir mejor la sensación que se apodera del extranjero enfrentado a una sociedad marroquí que no llega a entender. Chirbes consigue desde la primera página crear un ambiente frío, opresivo, amenazante. Una vez instalado el lector en ese oscuro miedo, el autor puede jugar a voluntad con él: cualquier gesto del policía Driss, de Rachida, la chica de la limpieza, o el amante Hassan se convertirá en un presagio nefasto. Si uno sigue leyendo no es para saber si todo aquello terminará bien o mal sino para saber de cuál manera terminará mal.

En otras palabras: un libro denso como un golpe seco de whisky, rotundo, magistral.

Usted puede dejar de leer aquí, acudir a la librería más cercana y pasar por caja. No se arrepentirá. Palabra.

No obstante… permítanme que ceda a la tentación de juzgar lo que el libro relata: no obstante, entre las muchas desazones que va provocando ‘Mimoun’ hay una recurrente. ¿Es imprescindible que cualquier novela escrita por un español sobre Marruecos retrate únicamente el ambiente de profesores extraviados, perdón, expatriados, que se empeñan en la búsqueda de un sexo sórdido? Sórdido porque ellos se empeñan en creer que el chapero que les cae es un amante, que el teatro de vodevil por el que pagan es un drama, que las moscas cojoneras que ellos atraen son la única fauna posible.

Se le ha alabado a Chirbes por no inventar un Marruecos exótico y orientaloide sino retratar la realidad: con sus lluvias, su polvo, su frío. Con razón: el Marruecos descrito en ‘Mimoun’ existe. Existe exactamente así, una burbuja que cobija a españoles, alemanes, italianos casi siempre homosexuales. Con sus borracheras, sus fracasos, sus asesinatos. Con su total desinterés por llegar al suelo del país en el que viven, por aprender siquiera el idioma (raros son los extranjeros afincados en Marruecos que hablen árabe, así aguanten veinte años). Siempre sorprendidos ante la repentina agresividad de sus chaperos-amantes que fingen amarles mientras se prostituyen para reunir el dinero que les permita casarse con la chica de su elección. Algo muy habitual: el desprecio que éstos sienten por su propio papel, por su carácter de puto, suele estallar tarde o temprano en violencia.

No dudamos de que Rafael Chirbes es consciente de que existe un Marruecos muy diferente (incluso se asoma a través de su personaje Sidi Mohamed); probablemente incluso lo conozca bien. Lo que me produce desazón es que haya elegido describir éste. Lo ha descrito, reitero, de forma magistral.

Pero ¿para cuándo una novela que al lector español le muestre el Marruecos de los marroquíes, el que nunca conocerá a través de los relatos y memorias de sus compatriotas extraviados?

Y TAMBIÉN…
Vicente Molina Foix gana el VI Premio Herralde con la obra 'La quincena soviética'.

'Mimoun', del valenciano Rafael Chirbes, fue finalista.
Juan José Navarro Arisa | El País, 1988-11-08
https://elpais.com/diario/1988/11/08/cultura/594946805_850215.html
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"Mimoun" Rafael Chirbes.
Rosa Berros Canuria | Cuéntame una historia, 2017-02-21

http://elblogdelafabula.blogspot.com/2017/02/mimoun-rafael-chirbes.html
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Memoria y desencanto: ‘Mimoun’ en el sistema narrativo de Rafael Chirbes.
Alejandro J. López Verdú | Nodos, 2020-12-10

https://2020.nodos.org/ponencia/memoria-y-desencanto-mimoun-en-el-sistema-narrativo-de-rafael-chirbes/
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‘Mimoun’, de Rafael Chirbes: la imposibilidad del paraíso fuera de la historia
Daniela Serber | Rinconete, 2022-05-12

https://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/mayo_22/12052022_01.htm

1993/02/12

PELÍCULAS | Delgado, Luis María (1961) | Diferente

Delgado, Luis María (Director) (1962). Diferente. Águila Films.


Diferente. 1962. Estreno: 1962-02-01 [TVE, 1993-02-12]. 102 min. Dirección: Luis María Delgado. Guion: Alfredo Alaria, Luis María Delgado, Jorge Griñán, Jesús Saiz. Historia: Alfredo Alaria. Alfredo Alaria, Manuel Monroy, Manuel Barrio, Julia Gutiérrez Caba, Gracita Morales, Jesús Puente, Agustín González, Enrique San Francisco. Águila Films.

Un joven perteneciente a la alta burguesía rechaza todos los valores que le han sido impuestos por su familia, que no acepta su forma de vida. A él le gusta el teatro, la música y estar con sus amigos. Pese a sus esfuerzos por agradar, trabajando en el negocio familiar, se entera que su hermano le tacha de inútil y afeminado. Un filme que para sorpresa de sus creadores pasó la censura en su época, a pesar de tener escenas que claramente sugieren la homosexualidad de su protagonista.

‘Diferente’, la película española de 1961 con un protagonista claramente gay

El bailarín y coreógrafo argentino Alfredo Alaria fue el responsable de este evidente drama musical, que ahora se estrena en streaming y se recupera en televisión por el Orgullo
Cine con ñ, 2021-06-24
https://cineconn.es/diferente-pelicula-1961-gay-alfredo-alaria/

El cine LGTBI empezó en España antes de Eloy la Iglesia o Almodóvar. Incluso algo antes de los sutiles detalles que se perciben en ‘Los farsantes’ (1963, Mario Camus). La primera película que claramente -menos para la censura- reflejó a un personaje gay en el cine español fue ‘Diferente’ (1961), un drama musical de Alfredo Alaria y realizado por Luis María Delgado que contaba la «excéntrica» vida de un artista teatral de familia burguesa al que su familia intenta reconducir hacia el camino correcto. Una película que, en realidad, expresaba las ansias de libertad de un hombre reprimido por su orientación sexual, y que ahora se estrena restaurada en FlixOlé y se emitirá el viernes en televisión.

Alfredo Alaria: ser un gay famoso a mediados del siglo XX
Aunque en las fichas técnicas de ‘Diferente’ consta como director Luis María Delgado, un técnico del sector de la época, la persona responsable de esta película tan especial es, en realidad, el bailarín, coreógrafo y actor argentino Alfredo Alaria (1930-1999) -como anuncian los títulos de crédito-. Alaria empezó a aparecer en películas argentinas muy joven, con papeles testimoniales, a finales de los años 40. Ya en los 50 se estrenó como coreógrafo en diferentes producciones mientras seguía estrenando obras de teatro musical por todo el mundo. Y acabó haciéndolo también en España, donde terminó por instalarse dado su éxito.

Alaria, además de protagonizarla, tuvo la idea del argumento -escrito entre tres en el guión-, construyó las coreografías y cimentó todo el sentido de ‘Diferente’. Él es la clave de que pudiera producirse y construirse una película con una trama y un subtexto de este tipo. Su buen cartel en Madrid y el buen resultado de los ballets que ya había rodado con Luis María Delgado -como él mismo cuenta en una entrevista– convencieron al productor Jesús Saiz de poner en marcha una película a partir de los temas e iconografías que planteaba Alaria.

Esos imaginarios tenían que ver, claro, con la propia vida de un hombre gay popular a mitad del siglo XX. Pocos detalles personales nos han llegado sobre Alfredo Alaria, cuya vida ha trazado Eduardo Bravo en la revista Agente Provocador, pero de sus apuntes biográficos se puede adivinar que en su juventud encontró cobijo en el ambiente abierto de la compañía de baile del exiliado -y también gay- Miguel de Molina, pero su progresivo éxito y exposición pública le empezó a crearon problemas: no podía vivir su sexualidad con libertad. Bravo incluso asegura que en 1974 fue expulsado de España y repatriado a Argentina por ser homosexual (acusado de no tener ocupación y sufrir de «un deficiente estado mental»).

Simbolismo y lo que no es simbolismo en ‘Diferente’

Toda esta frustración y ansia de libertad reprimida de Alaria están en ‘Diferente’. La película cuenta la historia del joven Alfredo (Alaria) que trabaja en un teatro musical y lleva una desordenada vida en los bajos fondos de la ciudad. En realidad, él pertenece a una conservadora y rica familia que busca colocar a Alfredo en el respetable negocio familiar. Aunque Alfredo intenta complacer los deseos de su padre, pronto sus ansias artísticas e imaginativas le vuelven a llevar al teatro musical. Sin desvelar los detalles del desenlace, su vuelta a los escenarios acabará en fatalidad.

En un vistazo rápido, ‘Diferente’ es un descompensado melodrama con inconexos números musicales y un simple mensaje final de culpa y redención católica. Una copia sin mucho tino de un gran musical de Hollywood. Pero, en realidad, Alaria y Delgado pusieron bastante ingenio en la película: hay originales apuestas formales en plano, curiosas metáforas entre secuencias oníricas, un buen uso del montaje y puñado de momentos brillantes. Y, sobre todo, los autores fueron capaces de construir un protagonista netamente gay, tanto en lo simbólico como en distintos detalles explícitos.

Lo mejor de la película es, claro, verla con esa mirada informada actual con la que podemos notar todo lo que hay detrás -o más bien muy delante- del personaje de Alfredo. Desde la primera secuencia, llena de referencias y guiños culturales, ‘Diferente’ dispara señales de la orientación sexual de su protagonista. Su despliegue homoerótico -paquetes, escotes y transparencias incluidas- en los números musicales, su evidente desinterés por las mujeres pese a los disimulos de la trama o los diferentes mensajes que se cuelan entre diálogos son un deleite si sabemos que estamos en la España de los 60. Por supuesto, para la historia queda la escena del albañil con el taladro culminada con el dedo llamando al timbre.

Alfredo es un artista imaginativo y con inquietudes al que su familia no permite expresarse libremente. Aunque en apariencia se reduzca el conflicto de la película a que Alfredo es un rebelde impulsivo, un apasionado por el baile ajeno al ordenado comportamiento en sociedad, en realidad vemos a una persona que sueña con desplegar su esencia mientras el sistema le dice que no vaya por ese camino. Pese a su moralizante mensaje final, ‘Diferente’ es también el retrato de un hombre que acaba teniendo una vida desgraciada por no poder ser quién es. Algo que es posible que también sintiera, en parte, el propio Alaria en su vida como hombre gay en la España franquista.

La gran pregunta, la de cómo fue posible que esta película pasara la censura -sin ningún corte- y se estrenara, ha tenido diferentes respuestas a lo largo de las décadas. Todo apunta a la más sencilla y simple: ni autoridades ni élite cultural se enteraron de lo que estaba pasando realmente en ‘Diferente’. El crítico Javier Ocaña en el programa ‘Historia de nuestro cine’ cuenta que ningún redactor/crítico de las publicaciones culturales de la época -excepto el redactor del diario Ya- comentó absolutamente nada sobre el obvio contenido del filme. La película vuelve a la televisión el viernes [25 de junio] (a partir de las 22, especial del Orgullo en la 2) y estará desde entonces disponible online en una versión restaurada en FlixOlé.

1989/03/10

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | EL FOTÓGRAFO ROBERT MAPPLETHORPE MUERE EN BOSTON, VÍCTIMA DEL SIDA, A LOS 42 AÑOS

El fotógrafo Robert Mapplethorpe muere en Boston, victima del SIDA, a los 42 años.
Fue en su campo el artista de mayor impacto en las dos últimas décadas.
Fernando Huici | El País, 1989-03-10
https://elpais.com/diario/1989/03/11/cultura/605574003_850215.html 

El fotógrafo norteamericano Robert Mapplethorpe murió ayer, a los 42 años, víctima del SIDA en un hospital de Boston (EE UU). Mapplethorpe, famoso en todo el mundo por sus retratos y desnudos, alcanzó la celebridad en la pasada década con sus fotos de la cantante de rock Patti Smith, para la que realizó la portada de su álbum Horses. Hace cinco año, la galería Fernando Vijande de Madrid expuso una muestra de su obra, que fue siempre crónica de su vida diaria, en la que pudieron contemplarse sus retratos de lord Snowdon, Williams Burroghs y de la atleta Lisa Lyon. Su muerte supone la pérdida de una mirada elegante y peligrosa.

Tenía 42 años y era probablemente el fotógrafo de mayor impacto surgido en el panorama internacional de las dos últimas décadas. A lo largo del pasado verano, el museo Whitney de Nueva York -la ciudad en la que había nacido y en la que había desarrollado gran parte de su producción fotográfica- venía a reconocer el alcance e influencia de Robert Mapplethorpe con la celebración de una extensa retrospectiva de su obra.

Mapplethorpe se formó artísticamente en el Pratt Institute neoyorquino, y de hecho su labor no se centrará en el medio fotográfico hasta la segunda mitad de los setenta. En la etapa anterior, sus primeras producciones se mueven en un ámbito más fronterizo, en el que el uso de la fotografía como soporte básico de la imagen se inserta -junto con el ‘collage’, la manipulación del color, la idea de secuencia y la alteración de formatos y enmarcados-, dentro de una actitud marcada por herencias de corte pop y conceptual.

El lado salvaje

Desde esos primeros trabajos, se advierte la presencia de dos rasgos que han definido tanto el desarrollo ulterior del trabajo de Mapplethorpe como el tono de su leyenda. Uno es, por supuesto, el carácter extremadamente explícito de sus referencias sexuales, de esa poética ‘del lado salvaje’, poblada de alusiones a la homosexualidad y a la parafernalia sadomasoquista, que entre el morbo y el escándalo, crearía la resonancia más superficial en torno a su figura.

El segundo rasgo apunta hacia la compleja y sofisticada trama formal, impregnada de perspectivas que apuntan hacia otras esferas del arte, del pasado o de la vanguardia, y en la que radica la fascinación más sutil de la obra de Mapplethorpe, su magistral sentido de la composición, de la luz, las gradaciones y las texturas.

De la conjunción de ambos -la suntuosa y elaborada rasgos trama del lenguaje y esa exaltada exploración del deseo, aún en sus recovecos más duros-, surge, lejos de las complicidades mecánicas o de las reacciones mojigatas, la dimensión íntima, desgarrada y sutil, de los cantos luminosos de: este gran poeta del cuerpo. Sus desnudos masculinos, que se cuentan entre los más deslumbrantes de toda la historia del género, sus formas florales, cuyas armonías curvas forman otra metáfora del deseo, o su galería de retratos, con la que abre una incisiva lectura panorámica acerca de sus contemporáneos, han cimentado la fama, hoy ya imperecedera, del arte de Robert Mapplethorpe.

Sobre ese tejido, se despertó precozmente el reconocimiento de su obra, tanto en los Estados Unidos como internacionalmente. En 1977, Mapplethorpe fue seleccionado para la VI Documenta, de Kassel, certamen al que volvería, ya en pleno éxito, en 1982. Desde entonces, su obra ha estado presente en las galerías y museos más prestigiosos delpanorama mundial. El ICA y la National Portrait Gallery de Londres, el centro Pompidou de París y el Stedelijk de Amsterdam presentaron, durante los años ochenta, muestras personales del fotógrafo neoyorquino. En Madrid, en 1984, pudimos ver también una espléndida antológica parcial de su obra, presentada por la galería Fernando Vijande.

Televisión Española emitió también en 1987, en el programa ‘La estación de Perpignan’, un amplio reportaje en varios capítulos y una entrevista de Paloma Chamorro con el fotógrafo.

El núcleo fundamental de la obra fotográfica de Mapplethorpe se ha centrado, en todas sus series, en el trabajo en blanco y negro, medio en el que obtenía gamas de tonos extremadamente delicados. En principio, el empleo del color se había planteado únicamente en las etapas iniciales de su trayectoria, aunque en los últimos dos años volvió a interesarse por él.

Anversoy reverso del deseo.
Fernando Huici | El País, 1989-03-10

https://elpais.com/diario/1989/03/11/cultura/605574001_850215.html

‘Alguna gente’, libro de retratos de Robert Mapplethorpe, se abre y se cierra con sendos autorretratos, al tiempo gemelos y contrarios, del fotógrafo de Nueva York. Frontalidad absoluta, el encuadre y la actitud son prácticamente idénticos, y sin embargo, nos muestran dos Mapplethorpes opuestos, anverso y reverso de esa moneda que es el libro en el que se encierran sus miradas sobre otras gentes.

Más allá de la anécdota sobre la bipolaridad sexual de esos autorretratos, en la imagen viril y en la travestida, la doble imagen de Mapplethorpe es como una declaración acerca de su poética, hecha de facetas que son formas especulares de una misma identidad.

Sobre esa tensión armónica de opuestos aparentes se construye todo el universo fotográfico de su autor.

Rostros célebres y otros que alcanzan su aura mítica en la belleza de estos retratos, penes descomunales cuya supuesta carga de obscenidad se disuelve en una pura fascinación escultórica y flores que adquieren una ambigua e inquietante sensualidad casi antropomórfica.

La vertiente más perversa, en apariencia, de algunos de los temas de Mapplethorpe se impregna, a su vez, de esa inversión de polos. Los desnudos masculinos, los cantos fálicos, las escenas sexuales, son en su obra algo bien distinto a la dimensión de escándalo que suelen generar.

En la mirada que los fija sobre el papel confluían en uno mismo los dos rostros de los autorretratos de su autor, reconociendo como uno solo el objetivo de aquella avidez que, para Susan Sontag, documentan las fotos de Mapplethorpe: el deseo del deseo y el deseo de la belleza, perseguidos sin máscara, hasta el final, como una misma cosa.
La escritora norteamericana Susan Sontag ha dedicado una buena parte de su obra ensayística al análisis y la reflexión sobre la fotografía. Así tituló su más conocido trabajo, ‘Sobre la fotografía’, y además de ello escribió numerosas críticas y algunas presentaciones a libros de fotógrafos. En 1985 lo hizo con el libro de Mapplethorpe ‘Alguna gente’ (‘Certain people’), en el que se incluyen una serie de retratos. Una de esas personas era la propia Sontag y otro de ellos era Robert Mapplethorpe. "Ser fotografiada por Mapplethorpe es diferente a ser fotografiada por ninguna otra persona", escribió Susan Sontag.

"No busca el momento decisivo. Sus fotograrías no quieren ser reveladoras. No plantea una relación depredadora con sus sujetos. No es un ‘voyeur’. No trata de captar a nadie desprevenido. Las leyes del juego, tal como lo propone Mapplethorpe, son que el sujeto debe cooperar", dice Susan Sontag.

"Mapplethorpe lo quiere fotografiar todo; esto es, todo lo que pueda posar. Por más amplio que sea su tema, él no podría convertirse en un corresponsal de guerra o fotografiar accidentes en la calle. Lo que él busca, es lo que puede llamarse Forma, es la propiedad, la esencia o el ser de algo. No la verdad sobre algo, sino su versión más poderosa".

"Una vez le pregunté a Mapplethorpe lo que hace consigo mismo cuando posa frente a la cámara, y me respondió que trata de encontrar aquella parte de sí mismo que más confianza le inspira". Un gesto que perdura.

Y TAMBIÉN…
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Un museo de Washington suspende una exposición de fotografías de Robert Mapplethorpe.

La Corcoran Gallery reconoce haber sufrido presiones políticas para no inaugurar la muestra.
Albert Montagut | El País, 1989-06-16
https://elpais.com/diario/1989/06/17/cultura/614037607_850215.html
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Demandada una galería de Cincinnati que mostró obras de Mapplethorpe.
Agencias | El País, 1990-06-21

https://elpais.com/diario/1990/06/22/cultura/646005615_850215.html
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Procesado el galerista que expuso fotografías de Mapplethorpe
Albert Montagut | El País, 1990-09-07

https://elpais.com/diario/1990/09/08/cultura/652744808_850215.html

1982/11/26

PELÍCULAS | Fassbinder, Rainer Werner | Querelle

Fassbinder, Rainer Werner (Director) (1982). Querelle. Gaumont Film Company.


Querelle. 1982. República Federal de Alemania (RFA). Estreno en España: 1982-11-26 [Zinemaldia, 1982-09-17]. 120 min. Director y guion: Rainer Werner Fassbinder. Teatro: Jean Genet. Reparto: Brad Davis, Franco Nero, Jeanne Moreau, Laurent Malet, Hanno Pöschl, Günther Kaufmann, Burkhard Driest, Roger Fritz, Dieter Schidor, Natja Brunckhorst, Robert van Ackeren, Werner Asam, Isolde Barth, Axel Bauer, Neil Bell, Gilles Gavois. Coproducción Alemania (RFA) – Francia ; Gaumont Film Company.

Querelle es un marinero que ejerce un enorme poder de fascinación y de seducción sobre las personas que conoce; posee un atractivo y una personalidad irresistibles. Cuando desembarca en Brest empieza a frecuentar un extraño prostíbulo. Ahí descubre que su hermano Robert es el amante de la dueña, Lysiane. Las reglas del local consisten en una tirada de dados contra Nono, el marido de Lysiane. Si ganas, tienes sexo con Lysiane y si pierdes, con Nono. Querelle pierde a propósito...

'Querelle' y las hermanas Hurtado
1982. Hace 25 años, el Festival de Cine se inauguró con Querelle, de Fassbinder. Antes de la proyección, las hermanas Hurtado hicieron un show y Fabio Testi cortó una tarta con sorpresa dentro.
Mikel G. Gurpegui | El Diario Vasco, 2007-09-26
https://www.diariovasco.com/20070926/san-sebastian/querelle-hermanas-hurtado-20070926.html

Damos un salto desde el Festival de Cine de 2007 hasta el de hace exactamente 25 años. Nos paseamos por el Zinemaldia de 1982 gracias a los flashes que nos proporciona la lectura apresurada de las páginas de DV.

Vaya nivel en la inauguración y la clausura: «Ya se conoce el programa oficial del Festival de Cine. Lo inaugurará Querelle, de Fassbinder, y lo clausurará E.T., de Spielberg».

Al crítico Santiago Aizarna no le gustó nada Querelle, que cuestionó como «una película de harto aburrimiento, de pugnaces escenas agresivas a la sensibilidad del espectador, y con las que se intenta perfilar la patografía de un ser marginal, mucho más interesante para que permanezca en la dimensión literaria que en la cinematográfica».

La inauguración, presidida por la ministra de Cultura Soledad Becerril y el lehendakari Garaikoetxea, tuvo un punto surrealista. En DV describían que el evento «lo presentaron las hermanas Hurtado, que deslucieron el acto. En el escenario aparecía una gran tarta testimoniando los treinta años del festival. Y al escenario fueron saliendo un gran elenco de estrellas para cortar la tarta. Presentados, según iban saliendo, por Paula Marquet y Paco Valladares, aparecieron en el escenario los siguientes artistas: Fernando Fernán Gómez, Bertín Osborne, Bibí Anderson, Horst Buchholz, Eduardo Fajardo, Juan Ribó, Mikel Moriarty, Fabio Testi, Paul Naschy, Xavier Cugat, Devora Raffinne, Loren Malé, Emma Cohen, Van Johnson y Dean Stokwell. A continuación Fabio Testi con un largo cuchillo cortó la tarta, de la que salió la niña protagonista de la película Chispita y los gorilas».

Antonio Ferrandis se hinchó a firmar autógrafos en aquel Festival. Su popular personaje Chanquete acababa de morir en la teleserie ‘Verano azul’ y muchos se alegraban de verle vivito y coleando por San Sebastián.

Aunque se había anunciado la visita de Gloria Swanson, ella no vendría. Pero sí Joan Fontaine, que aseguraba: «Asisto a los festivales por diversión».

1982 fue el año en que Fernando Trueba echó un cubo de agua al pobre Diego Galán, entonces crítico en El País, por sus comentarios contra Mientras el cuerpo aguante. Miguel de la Cuadra intentó montar un cross en el que corriesen estrellas. La crítica se lamentaba del bajo nivel de la Sección Oficial en aquella edición sin categoría A.

DOCUMENTACIÓN
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El año en que Fernando Trueba arrojó un cubo de agua a Diego Galán.

El director de cine se vengó así en el Festival de San Sebastián de 1982 de una mala crítica escrita por el periodista, que años después acabaría dirigiendo el certamen.
Boquerini | El Correo, 2019-01-01
https://www.elcorreo.com/butaca/cine/fernando-trueba-arrojo-20190101191401-ntrc.html

1982/09/09

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | LA HOMOSEXUALIDAD, PRÁCTICA OBSCENA ESPECIALMENTE RECHAZADA

Sobre la homosexualidad.
Cartas al Director | El País, 1982-09-09

https://elpais.com/diario/1982/09/10/opinion/400456804_850215.html 

Hemos leído en El País del 27 de agosto que la Sala Segunda del Supremo, en relación al proceso realizado a Carlos Alberto Corbata, director de la editorial Permanencias, reitera su jurisprudencia sobre la homosexualidad, que, según la sentencia, "es práctica obscena especialmente rechazada por nuestra cultura y entorno social". Según parece, la Sala Segunda del Supremo ignora la reciente recomendación del Consejo de Europa contra la discriminación de los homosexuales, recomendación apoyada por el conjunto de los parlamentarios del Estado español, recomendación que a su vez asumió el Parlamento vasco con el apoyo de socialistas, PNV, EE y dos diputados de UCD.

La opinión pública tiene el derecho de preguntar a qué se refiere la Sala cuando se refiere al "entorno social". Partidos como el PSOE, en su último congreso, el PC, LG, MC, y ayuntamientos como el de Barcelona han apoyado públicamente los derechos de los homosexuales, como así también las centrales sindicales, profesionales, intelectuales y artistas.

Cuando el nefasto 23-F fue Tejero, por ejemplo, quien se refirió a la homosexualidad, condenándola [y enfermos que piden un tercer sexo]. En este momento no recordamos otra manifestación homofóbica que merezca ser resaltada. ¿Este sería el "entorno social"?

1982/09/02

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD

Sobre la homosexualidad.
XXX · Cartas al Director | El País, 1982-09-02

https://elpais.com/diario/1982/09/03/opinion/399852006_850215.html

En un espacio perdido (estas noticias no acostumbran a publicarse con grandes alardes tipográficos) de El País del día 27 de agosto, leo el siguiente titular: "La Sala Segunda, del Supremo reitera su opinión sobre la homosexualidad". Antes de leer la semicolumna ya me suponía la ‘opinión’ de tan venerable institución. "Es práctica obscena" (la homosexualidad), "especialmente rechazada por nuestra cultura y entorno social", condena la mencionada Sala Segunda. Sigue diciendo la sentencia: "Con posturas indecorosas" (refiriéndosé a unas fotografías de una revista, a cuyo director se procesaba), "expresiones como las de el 'placer que llega y estalla', 'dispuestos ambos para el íntimo encuentro’, etcétera, son producto de subculturas que merecen la sanción penal".

Títulos de películas de la actual cartelera madrileña: ‘Bacanal en el aniversario de bodas’, ‘El precalentador’, ‘Magdalena, poseída por la bestia’, ‘Con las bragas en la mano’, ‘Con el sexo en los colchones’... ¡Para qué seguir! ¿Contradicción penal? No. Simplemente, hay manifestaciones que pueden ser susceptibles de atentar contra el orden actual y hay otras que ayudan a envilecer cerebros de muchos posibles rebeldes. Lo primero merece “el castigo de nuestra cultura"; lo segundo, la tolerancia más benigna. En una carta que dirigí a El País y que jamás se publicó decía que el más imbécil de los filósofos (o economistas, o físicos, o matemáticos) acostumbra a sentirse miembro orgulloso de este grupo sectario, reducido y privilegiado que se autodenomina ‘comunidad científica’. El buen burgués, o el que no lo es pero le gustaría serlo antes de morirse, tiene la misma actitud de nuestro filósofo: se siente orgulloso componente de la ‘cultura oficial’ y teme, como el vampiro a la cruz, toda manifestación que ataque a ésta. Así se siente seguro, pero es la seguridad del poder, y el poder no es perpetuo. Es, pues, la seguridad del miedo.

Por cierto, no soy homosexual.

1982/08/27

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | EL SUPREMO CONSIDERA DELECTIVA UNA PUBLICACIÓN HOMOERÓTICA

La Sala Segunda del Supremo reitera su opinión sobre la homosexualidad.
EFE | El País, 1982-08-27

https://elpais.com/diario/1982/08/27/sociedad/399247206_850215.html

La Sala Segunda del Tribunal Supremo ha condenado a Carlos Alberto Corbata director y representante legal de la Editorial Permanencias a una pena de cuatro meses de arresto mayor y multa de 50.000 pesetas como autor de un delito de escándalo público. El Supremo ha considerado así delictivo el contenido de una revista publicada por la mencionada editorial a principios de 1979, en la que se mostraban desnudos y actitudes eróticas, y reitera su jurisprudencia sobre la homosexualidad que, según la sentencia, "es práctica obscena especialmente rechazada por nuestra cultura y entorno social".

La sentencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo condena además al mencionado editor a ocho años y un día de inhabilitación especial para el ejercicio de las profesiones de periodista y editor, al tiempo que se ordena la ocupación de los ejemplares de la revista y sus planchas correspondientes. El alto tribunal desestima los argumentos del recurrente en el sentido de que las fotografías no tuvieron trascendencia suficiente para estructurar una figura de delito y considera que tales publicaciones con dibujos como los de autos, "con posturas indecorosas, expresiones como las de ‘el placer que llega y estalla’, ‘dispuestos ambos para el íntimo encuentro’, etcétera, son productos de subculturas que merecen la sanción penal".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...