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2018/04/18

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | PACO CLAVEL: "TOMÁS DE ANTEQUERA FUE UN ESTILISTA DE LA COPLA"

Paco Clavel: "Tomás de Antequera fue un estilista de la copla".
Sara Laderas López | El Eco de Valdepeñas, 2018-04-18

https://www.elecodevaldepenas.es/texto-diario/mostrar/1057534/paco-clavel-tomas-antequera-estilista-copla 

Este fin de semana Valdepeñas rendirá homenaje a su paisano Tomás de Antequera como se merece. Con motivo del 25 aniversario de su muerte, el Museo Municipal acogerá una exposición que se inaugura este viernes a las 20:30 horas y el Teatro Auditorio Municipal acogerá el sábado un musical dedicado al artista a partir de las 20:00 horas. Dos citas imprescindibles para recordar la figura de Tomás de Antequera y donde también habrá otro nombre propio, el de Paco Clavel, quien ha participado activamente en la organización de estos actos de homenaje, ya que conoció y coincidió en los escenarios con el valdepeñero y con quien hablamos en esta entrevista.

¿Cómo surgió esta colaboración en los actos de homenaje a Tomás de Antequera?
Yo conocí a Tomás de Antequera. Tuve la oportunidad de actuar en televisión con él, en un homenaje que le hicieron en un programa de copla de Carlos Herrera. Hace años se le hizo un homenaje a Tomás de Antequera y pensando en el tiempo que hacía que había fallecido me dí cuenta de que este año era el 25 aniversario. Contacté con el Ayuntamiento, con el alcalde y todas las fuerzas vivas y empezamos a darle forma.

Entre los actos que se van a celebrar hay una exposición. ¿Qué vamos a poder ver en ella?
Pensamos que sería muy interesante hacer una exposición con todo lo que hay de Tomás de Antequera, con lo que pudiéramos rescatar. La familia ha aportado muchas cosas ya que prácticamente es la única que tiene casi todo. Las chaquetas las donaron al Museo del Traje de Madrid y es casi imposible sacarlas, así que exhibiremos las que tenemos, que son unas cuatro, y luego también fotos de las otras que están en Madrid. Y fotos de su carrera, partituras, discografía, objetos personales... Es una ocasión muy interesante de rendirle tributo al paisano que fue uno de los grandes de la copla. La exposición se llama 'El arte en la copla: Tomás de Antequera'.

También habrá un concierto. ¿Cómo será?
También pensamos que sería interesante hacer un musical con todo el repertorio de Tomás de Antequera. Conectamos con gente muy joven que son fans de Tomás de Antequera y están, por ejemplo, un flamenco cordobés que es Antonio Mejías, Adrián Amaya que es fan de al copla y de Tomás, Raúl de Parra, la Unión Musical Ciudad de Valdepeñas, José Damián Donado que hará un baile, y la participación especial del sobrino de Tomás que es Demetrio Antequera. Y a la guitarra estará Cristino Quintana. Y lo presentaremos José Manuel Parada y yo.

¿Cómo invitarías a la gente a ir a estos actos?
Llamo a los paisanos para que le rindan el homenaje que se merece a Tomás de Antequera, que vayan a la exposición y también al concierto.

¿Es Tomás de Antequera un personaje desconocido para los valdepeñeros en la actualidad?
Creo que sí. Con todas las redes que hay hoy en día... Por eso queremos reivindicarlo en este 25 aniversario para que la gente más joven, que igual no es muy aficionada a la copla, pero para que sepan que fue un personaje importante dentro de los que ha habido en Valdepeñas. Está a la altura de otros como Gregorio Prieto en la pintura o Francisco Nieva en el teatro. No conviene olvidarlos. Tomás de Antequera fue muy importante en los años 40 y 50 en la copla.

¿Qué papel jugó Tomás de Antequera dentro de la copla?
Creo que fue un personaje muy importante, muy personal, aportó una voz única que fue alabada nada más y nada menos que por doña Concha Piquer que no daba alabanzas a nadie. También introdujo los crótalos, el vestuario. Pionero fue Miguel de Molina pero cuando éste se exilió quedó Tomás de Antequera y no se le ha reconocido con el valor que tiene. Espero que a partir de ahora los paisanos le reconozcan el valor que tiene porque fue también un personaje a nivel nacional e incluso en Hispanoamérica. Es todo un artista nacido en Valdepeñas.

¿Tienes alguna anécdota de alguna vivencia que tuvieras con él? ¿Cómo era Tomás de Antequera?
Era una persona un poco retraída y tímida porque tenía un defecto en la vista, no veía mucho, y a lo mejor se le notaba inseguro. Pero estuvo muy simpático cuando estuvimos actuando en televisión en las coplas de Carlos Herrera y él me halagó. Tuve también la oportunidad de rescatarlo en los años 80 para que actuara en el Manuela, que era un café muy moderno, que fue ya la última etapa de Tomás de Antequera. Yo aporté lo que pude para que él estuviera en el candelero.

¿Y si lo tuvieras que definir con un adjetivo cuál sería?
Un estilista de la copla.

¿Qué proyectos tienes ahora mismo?
Vamos a hacer una exposición en Orense con portadas de discos de todas las etapas sobre todo de los años 80. Y también tengo un proyecto que nos llevará a Roma con Alaska y Mario para unas jornadas que habrá entre Italia y España. Y sigo en Radio Nacional haciendo el programa Extravaganza y ahora voy a colaborar también en Radio 3 de RNE. Hago lo que me apetece y lo que me divierte. Y lo de Valdepeñas me hace mucha ilusión.

¿Sigue entre tus deseos crear un museo en Valdepeñas?
Estaría muy bien y muy interesante, no por mí, pero porque puedo aportar muchas cosas que tengo y que no quiero que se pierdan. Estaría muy bien crear un espacio y hacer exposiciones diferentes, llevando a gente distinta. Es un proyecto muy interesante que podría aportar mucho a la cultura pop. Así que si se animan las fuerzas vivas, yo encantado de la vida.

2009/03/25

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | QUÉ PESADOS CON MIGUEL DE MOLINA

Qué pesados con Miguel de Molina.
Antonio Burgos | ABC, 2009-03-25

https://www.abc.es/opinion/abci-pesados-miguel-molina-200903250300-914004544572_noticia.html
Publicado también como:
El verdadero exilio de la copla.
Antonio Burgos | La Voz Digital, 2009-03-26

https://www.lavozdigital.es/cadiz/20090326/opinion/verdadero-exilio-copla-20090326.html 

Qué pesados están con este señor de ‘La bien pagá’, desde que Basilio Martín Patino nos lo presentó en sus ‘Canciones para después de una guerra’. Ahora, en Madrid, una exposición homenaje, con su vestuario escénico como un monumento ‘kitsch’ insuperable; con sus botines horrorosos y cursis, de dolor de cabeza; con sus escenografías de cartón piedra; sus discos, sus carteles, y su Buenos Aires querido. Bueno, pues por muchas exposiciones que le hagan y por muy políticamente correcto que sea, en cuanto republicano y homosexual...

-Le faltaba una mijita de sida para que fuese ya el acabóse de los progres, usted...

Que digo que por mucho que reivindiquen su figura y lo conviertan en el retrato-robot de todos los tópicos progres de la copla (que existen, como existen los tópicos fachas de la copla), Miguel de Molina cantaba muy malamente. El jipío que bordaba Concha Piquer, que era pellizco de arte en Juanita Reina, que es ‘vibrato’ de emoción en la voz de Gracia Montes, es algo que el señor pesado de los anillos de moneditas de oro no aprendió en toda su vida, ni con la República ni con Franco, ni en Madrid ni en el exilio. Exilio... ¡Pues anda que no hubo gentes de la copla en el exilio, y nadie habla de ellas, ni nadie las reivindica, ni nadie les hace un homenaje! Ahí tienen, en Buenos Aires mismo, como Miguel de Molina, a Salvador Valverde, el letrista sevillano de media memoria sentimental de España; el que escribió en colaboración con Rafael de León ese monumento nacional que es ‘Ojos verdes’; el autor de ‘Ay, Mari Cruz’ o de ‘María de la O’. Salvador Valverde estuvo tan exiliado y perseguido como Miguel de Molina o más. Hizo la guerra en Barcelona y tuvo que marcharse, por rojo. En la radio no podía pronunciarse su nombre como integrante del trío genial de Valverde, León y Quiroga. Hasta su nombre prohibieron.

Y quien dice Salvador Valverde dice Ramón Perelló, autor precisamente de ‘La bien pagá’, así como de ‘La falsa monea’, ‘Los piconeros’, ‘Échale guindas al pavo’ o la copla que cantaron los dos bandos de la guerra civil y fue la banda sonora de la tragedia: ‘Mi jaca’. Perelló sí que estuvo cinco años encarcelado por Franco, en Yeserías y en Carabanchel, y no viviendo esa fiesta que según Carlos Semprún Maura fue para muchos el exilio.

O Angelillo, que sí que es de verdad la voz del altavoz del frente de los rojos, el cantor de la República en coplas, quien sufrió el destierro y tuvo una popularidad en Argentina y en España que ni a soñar que se echara conquistó Miguel de Molina, cuya memoria habló siempre desde el resentimiento y la envidia, cuando no desde los infundios que levantó sobre La Piquer.

Juanito Valderrama me contaba que conoció a Miguel de Molina en Villa Rosa, el templo republicano del flamenco, el aula magna de las enseñanzas de don Antonio Chacón. Y en aquel Villa Rosa de los grandes cantaores de los años 30, ¿saben ustedes lo que hacía Miguel de Molina? Pues era el muchacho que iba a por café. Literalmente. Miren ustedes: lo mejor que le pudo pasar a Miguel de Molina es que aquellos falangistas mamones, unos cerdos fascistas, le pegaran una paliza en los Altos del Hipódromo. Acuñaron un mito. Engendraron una leyenda. Si Miguel de Molina no hubiera sido tan provocador y hubiera sufrido la servidumbre y grandeza de su opción sexual con la misma dignidad y silencio que tantos otros grandes artistas españoles de la piompa que se quedaron aquí tragando quina y sin los laureles heroicos del exilio, hubiera sido un coplero más, uno del montón. Hubiera sido, en el mejor de los casos, como Tomás de Antequera, el de ‘Doce cascabeles’. Que cantaba por cierto siete mil millones de veces mejor que Miguel de Molina y era igual de mariquita. Pero aquí, sin cuentos del exilio, con dos co...plas.

NOTA: ‘Piompa’ es ‘marica’ en el argot chiclanero.

1993/03/04

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MUERE TOMÁS DE ANTEQUERA, EL CANTOR DE 'DOCE CASCABELES'

Muere Tomás de Antequera, el cantor de 'Doce cascabeles'.
Fue uno de los tonadilleros más populares de los años 50.
Ángel Álvarez Caballero / Ignacio Saenz de Tejada | El País, 1993-03-04
https://elpais.com/diario/1993/03/05/cultura/731286006_850215.html 

Tomás de Antequera falleció ayer en Madrid a los 72 años de edad, a consecuencia de un cáncer de próstata, enfermedad de la que había sido operado dos veces. A los 16 años comenzó su carrera artística como cantaor flamenco, aunque pronto se decantó hacia la canción aflamencada y la tonadilla, género en el que logró una enorme popularidad, especialmente en la década de los cincuenta. Con 10 discos grabados, sus creaciones de canciones que se hicieron clásicas, como 'Doce cascabeles', 'Romance de la reina Mercedes' y 'Zambra de mi soledad', han quedado en la memoria de los aficionados a ese género.

"Yo aprendía lo que cantaban en las películas y me ponía a cantar en las tabernas diciéndole a la gente: 'Mira lo que he aprendido'. Me echaban dinero, y fíjate lo que era entonces una peseta o un duro", declaraba Tomás de Antequera en 1985 a El País. Aquel ‘entonces’ eran los años anteriores a 1943, cuando debutó en Madrid en el café de San Millán, frente al Mercado de la Cebada. "Armé tal escándalo que pusieron guardias a caballo en la puerta para sujetar a la gente". Juan Antequera López nació en Valdepeñas (Ciudad Real) el 7 de julio de 1920. Era el hijo menor de una familia de 23 hermanos, de los cuales vivían sólo 13, y con una común afición al cante. Apenas cumplidos los 16 años, comenzó cantando en las tabernas y cines de los pequeños pueblos manchegos, acompañado por dos hermanas, una guitarrista y otra bailarina. "Cantaba tanto canción española como flamenco", decía Tomás de Antequera, "y todavía no había hecho estudios musicales. Luego me metí en las academias". Y allí aprendió canciones con los maestros Castellano, Monreal y Quiroga... Hasta que llegó ‘Doce cascabeles’.

En 1953, esta canción fue la que recaudó más dinero en concepto de derechos de autor, lo que indica su enorme popularidad en aquellos años. ‘Doce cascabeles’ representó el punto culminante de la carrera de Tomás de Antequera, que tuvo en sus increíbles chaquetas su distinción, en el empleo de los crótalos su originalidad musical y en el Molino Rojo madrileño su feudo. "Entonces, Madrid era una ciudad en donde la gente se sentaba con el botijo en la calle, donde había verbenas y puestos de melones y se bebía agua fresca que te daba la gente", decía Tomás de Antequera en 1985. "Ahora es de otra manera, pero todavía hay gente de aquella época que vive con el mismo afán".

Acusado por ciertos sectores de la Falange de republicano y homosexual -como Miguel de Molina-, Tomás de Antequera trabajó también en Sudamérica, donde alcanzó gran popularidad. A partir de los años 60, su figura comenzó a declinar. "La gente joven entró por los Beatles, Paul Anka y Tom Jones y decayó un poco la canción española". En 1985 realizó en el Café Manuela, de Madrid, una de sus últimas apariciones artísticas ante un público joven. "Me ha bastado salir al escenario para sentirme feliz", decía. "Se está como en un sueño de gloria".

1985/10/13

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | TOMÁS DE ANTEQUERA. LA DROGA DE LAS CANDILEJAS

Tomás de Antequera. La droga de las candilejas.
Antonio Gómez | El País Dominical, 1985-10-13
Recogido en:

http://aplomez.blogspot.com/2013/04/tomas-deantequera.html

Debe hacer de esto como unos 10 años. El local era Lady Pepa, un café-teatro pionero convertido en una de los primeros clubs de semi striptease, que aún hoy sigue funcionando con un espectáculo porno. Para llegar a la sala había que bajar una angosta escalera, después de que un portero no muy bien encarado franqueara la entrada. Unas mortecinas luces alumbraban la habitación, rectangular, de paredes deslucidas; en un extremo, una pequeña barra, y en el otro, un minúsculo escenario encerraban una veintena de mesas, desocupadas casi en su totalidad. Apenas un par de parejas, que se acariciaban sin disimulo en el rincón más oscuro, y un grupo de amigos esperaban, entre risas, chistes y alguna trascendental afirmación sobre quién sabe ya qué, el comienzo de la actuación.

Habíamos leído la ‘Crónica Sentimental’, de Vázquez Montalbán, y nos habíamos criado pegados a la radio como cordón umbilical con la fantasía, pero también nos habíamos dejado las pestañas en las páginas del Politzer, el libro de aquel profesor de la universidad obrera de París que murió fusilado por los nazis y nos dejó en herencia tantas certidumbres adolescentes; y canciones como ‘Doce cascabeles’, ‘Romance de la Reina Mercedes’ o ‘Zambra de mi soledad’ nos llegaban con la ambigua sensación placentera con que se culmina un oscuro sueño inconfesable.

Salió a escena con una chaqueta de intrincados bordados plateados sobre terciopelo azul y tocó los chinchines con el primor de quien aletea mariposas en el viento. Hoy, una década después, Tomás de Antequera sigue luciendo sus primorosas chaquetas de fantasía y aleteando los crótalos, mientras su voz de mil noches de soledad y aplausos sigue desgranando los versos de ‘Patio Moro’, ‘Pobre niña ciega’ o ‘Romance de valentía’. La escena es la misma, pero el marco ha cambiado. El Café Manuela, donde ha estado actuando todos los jueves de la temporada pasada está lleno por completo.

Tomás de Antequera o Juan Antequera López, pues tal es el nombre que la casualidad le puso, había visto la luz en el Valdepeñas de hace 65 años. Hijo menor de una familia en la que habían nacido ya otros 23 hermanos, de los cuales vivían 13, no recuerda veleidades musicales en tan extensa prole, aunque sí una común afición por el cante.

"Y aprendía lo que cantaban en las películas, y me ponía a cantar en las tabernas, diciéndole a la gente: 'Mira lo que he aprendido'. Me echaban dinero, y fíjate lo que eran entonces una peseta o un duro".

Habla con suavidad, con un ritmo entrecortado, que tan pronto alarga una palabra como la frena bruscamente al final. Tomás de Antequera recuerda sus comienzos por los pequeños pueblos manchegos, cantando en las tabernas y en los cines acompañado por dos hermanas, guitarrista y bailarina.

En 1939, el Gobierno de la República llamó a filas a la quinta de 1941. Tomás de Antequera tenía 19 años. "Al llegar a la mili, el sargento llamó, al pasar lista, a Juan Antequera López, y yo no contesté porque me llamaba Tomás. El sargento, que era de Valdepeñas y conocía a mi familia, me preguntó por mi nombre, y cuando le dije que Tomás, me dijo que no, que era Juan". Cuenta, y añade: "Luego me enteré de lo que había pasado. Como entonces se bautizaba a los niños en seguida de nacer, mi madre no pudo acudir al bautizo, pues estaba en la cama, y les dijo a mis tías que me pusieran Tomás, que era el nombre de un hermanillo que se había muerto siendo muy niño. Por el camino, con la cháchara, mis tías se olvidaron el nombre que les había dicho mi madre y me pusieron Juan. Pero quien ha terminado por ganar es Tomás. A mí me llaman Juan por la calle y es que ni me vuelvo".

Al terminar la mili, el joven Tomás decidió quedarse en Madrid y probar suerte en una ciudad que salía de la guerra sumergida en el estraperlo, la represión y el hambre, y buscaba en las tonadillas de moda alas para la miseria. Debutó en la antigua terraza del Café Europa, hoy cine, no muy lejos de la calle de Méndez Álvaro, donde sólo unos años antes Lister y Modesto habían fundado el Quinto Regimiento en el patio de un convento. Desde el principio le acompañó el éxito. "Desde allí pasé al Café de San Millán, que estaba, porque ya no está, frente al Mercado de la Cebada. Ahí debuté en 1943 y de allí me surgió la oportunidad de grabar; así que fue muy rápido, porque yo armé tal escándalo en el Café de San Millán que pusieron guardias a caballo en la puerta para sujetar a la gente".

En la España de los coches de gasógeno y las cartillas de racionamiento, la radio era el nuevo invento popular por excelencia. En ella era donde se cocían los éxitos de un cantante.

"Entonces se cantaba en directo por la radio, pero muy poco, porque no te recibían así como así; había que cantar muy bien o tener una buena recomendación. Yo cantaba entonces, acompañado a la guitarra, tanto canción española como flamenco. Todavía no había hecho estudios musicales; luego me metí en las academias, donde aprendí infinidad de canciones con el maestro Castellano, el maestro Monreal, el maestro Quiroga, Villacañas, Bódalo; un montón de maestros. También Freiré, que fue el que me hizo los ‘Doce Cascabeles’ mucho tiempo después".

‘Doce cascabeles’, con letra de Basilio García y Juan Solano y música del maestro Ricardo Freiré, fue la canción que más derechos de autor devengó en 1953. Para Tomás de Antequera representa el momento álgido de su carrera, signo de unos tiempos en que la gente le reconocía por la calle, le aplaudían en los escenarios, y lo mismo le invitaba en Chicote el conde de Romanones a una copa que un ama de casa le regalaba una tortilla, suprema muestra de admiración en tiempos en que la harina de almortas daba unas ya olvidadas gachas como exquisito manjar en cualquier calle de Lavapiés.

"Madrid era una ciudad", recuerda, "en donde la gente se sentaba por la tarde con el botijo en la calle, en donde había verbenas y puestos de melones y en donde se bebía agua fresca que te daba la gente. Ahora es de otra manera; pero, a pesar de que los años van pasando y las costumbres cambian, todavía hay gente de aquella época que vive con el mismo afán. De todas maneras, la televisión y todas esas cosas han cambiado mucho la vida; ya no hay quien la reconozca".

Con Miguel de Molina en Argentina --ahuyentado de España por la manía persecutoria que contra él desataron ciertos círculos de Falange, que le acusaban de homosexual y republicano--, Tomás de Antequera fue la figura masculina descollante de la canción española. "No nos cruzamos nunca Miguel de Molina y yo", recuerda. "Fui a verle al Teatro Pavón, donde debutó con Amalia de Isaura recién terminada la guerra. La entrada valía 15 pesetas. Miguel de Molina me encantó; era un artista excelente, tenía mucho arte en las manos y era guapísimo; tenía una figura ideal y vestía maravillosamente también. Ya como cantante no tenía mucha voz, pero decía la canción muy bien".

También Tomás de Antequera tuvo su momento de enfrentamiento con la intransigencia, la censura y el miedo. Fue en el año 1943, cuando todavía trabajaba en el Café de San Millán, y le llegó una orden al dueño en la que le indicaban que su artista de más éxito no podía actuar. Hoy, refugiado el gesto tras los gruesos cristales de sus gafas, lo achaca todo a la envidia. "Fue cosa de rivalidad y de envidia, pero no entre artistas, sino entre empresas, porque yo no había hecho nada político ni nada que pudiera considerarse frívolo u ordinario. Hablamos con unos amigos de la Duquesa de Alba, que eran los Romanones, ¿sabes?, porque los Romanones iban mucho a verme a mí. De ahí se montó otra cosa y echamos mano a un sacerdote que también era muy admirador mío, y se presentó personalmente a ver al director general de Seguridad para preguntarle qué es lo que pasaba. Le dijeron que había una denuncia contra mí porque cuando salía al escenario me timaba con los hombres, pero el cura les explicó que no era cierto, que con las 20 dioptrías que yo tengo no es que me timara es que no veía. Menos mal que me extendieron un papel para poder actuar. Lo llevé durante cuatro o cinco años para que no me molestaran, pero me tiré un año sin trabajar. Fíjate, en lo mejor de mi carrera".

Todavía se sorprende de que eso pudiera pasarle a él, una persona que confiesa sin ambages su religiosidad --"Llega una Semana Santa y para mí lo es todo. Durante 25 años he cantado la saeta en mi pueblo"-- y que guarda en su pequeña habitación, engalanada como un museo o un santuario, imágenes de vírgenes y santos junto a una reciente fotografía de la familia real. "He sentido siempre mucha admiración y respeto por los reyes, porque los veo como gente buena. A Alfonso XIII yo no llegué a conocerle, pero mis padres sí, y le querían. Cuando se marchó yo tenía 11 años; mi madre lloró mucho, y yo, desde entonces, le he cogido esa cosa a los reyes. Cuando llegó la Monarquía otra vez, me alegré una barbaridad. Me dije: Dios los bendiga, y que tengan mucha suerte y que sigan adelante y España la arreglen".

Mientras trabajaba en el Circo Price, un local que echa de menos Tomás de Antequera, "porque daba trabajo a mucha gente", le vio actuar un empresario colombiano y le contrató para su primera gira americana. Visitó varios países, Argentina y Venezuela entre ellos, y también en América gustaron sus historias tristes. "Siempre he cantado canciones dramáticas, porque me van mejor que las alegres. Las más alegres son Doce cascabeles, que es muy alegre y bullanguera, y Caballito moro, que también es muy alegre, dentro de que en la sierra ella muere de un tiro que le dan cuando va en la jaca. Gustaban porque la gente era muy romántica y las historias que se contaban eran muy emotivas".

Fueron sus años de esplendor. Joven, guapo --aunque él no lo quiera reconocer y diga, con un cierto aire pícaro, que ha tenido “un físico agradable, he sido simpático con la gente, pero guapo no era, no"-- y reservado, confiesa que se iba por las noches a la cama pensando en la actuación del día siguiente. "Era muy feliz, porque la gente me esperaba en la puerta de la calle y me comía a besos".

A partir de mediados de los años cincuenta, la estrella de Tomás de Antequera comenzó a declinar, aunque él, como bien se encarga de recordar, nunca haya abandonado los escenarios. En pocos años, Romance de valentía dejó el sitio a La chica ye-ye. "Eso fue en los años sesenta, que es cuando vino el twist. También vinieron...", duda un momento, intentando recordar los nombres, que le quedan tan lejanos, "ésos que son ingleses, ¿cómo se llaman?, los Beatles. De ahí empezó la cosa; primero fue Paul Anka, que decían que traía cola, y fíjate la cola que trajo. Y también Tom Jones, que es maravilloso, divino, cantando. Y la gente joven entró por ahí y decayó un poco la canción española".

Tras los cafés cantantes de sus inicios habían llegado los teatros, las giras, las salidas al extranjero, las cabeceras de cartel. Con la decadencia de la canción española fueron las plazas de toros --participando con sus canciones en espectáculos cómico-taurinos--, las salidas a Alemania o Suiza para cantar a los emigrantes en giras organizadas por embajadas y consulados. Pero el escenario se había apoderado de Tomás de Antequera y las candilejas eran ya su única droga, que le habían dado la razón de vivir, y siendo así, no podía haber crisis para él. "Es que se siente mucho placer al subir a un escenario, porque se está como en un sueño de gloria. Tienes al público enfrente, que no te quita ojo de encima y aplaude y comenta mirándose unos a otros. Es encantador y no se paga con nada. Se olvida uno incluso de lo que va a cobrar, aunque yo siempre he sido muy flojo para eso del dinero; no he sido de los que creen que por ser los mejores tienen que ganar más que nadie. A mí me ha bastado salir al escenario para sentirme feliz".

El Café Manuela le recuerda, con sus columnas y sus mesas de mármol, los viejos locales donde iniciara su carrera, y no parece sorprenderle que jóvenes que no habían nacido cuando sus canciones eran éxito, o adultos que cuando eran jóvenes las rechazaron por anticuadas, vuelvan al redil y descubran con gesto entre asombrado y entusiasta su arte.

"Es verdad que el público que viene ahora a verme es muy joven. Me cuentan que sus padres les habían hablado de mí y de mis canciones, pero lo más bonito es que se marchan encantados de haberme escuchado. Se acercan a mí para decirme que soy un maestro de la canción que no habían escuchado antes. Conozco mucha gente joven que les gusta la música moderna y, sin embargo, escuchan mis canciones y se quedan embelesaos. Qué letras, qué músicas, qué arte en las manos, me dicen". 


Tomás de Antequera. Entrevista (1985)
Antonio Gómez | Memoria músico-festiva..., 2013-04-00

http://aplomez.blogspot.com/2013/04/tomas-deantequera.html

[Texto que precede al artículo de 1985]

La generación de cantautores y de los comentaristas o difusores que nos movíamos alrededor no éramos, desde luego, los más adecuados para apreciar de buenas a primeras la importancia, calidad y hermosura de la copla como género y de quienes la cultivaban. O la importancia, calidad y hermosura de algunas coplas y de algunos de sus intérpretes, porque son los artistas, y no los géneros los que definen la significación de una obra concreta. Entre los cantautores, como entre los copleros (cantautoras y copleras también, por favor), lo hay genios, buenos, malos y mediopensionistas, y en entre las canciones y coplas hay obras maestras y birrias espectaculares.

Pero no divaguemos. En cualquier caso, quienes defendíamos la canción de autor, el folk o el rock progresivo en aquellos años a caballo entre los sesenta y los setenta del siglo pasado, o incluso entre quien defendía todos esos modelos juntos como una manera similar de afrontar el hecho musical y el político, cual pienso que era mi caso, la copla era el enemigo con el que se quería acabar. Qué ignorantes éramos, incluso aceptando que el uso que el franquismo había hecho de la copla (y de todo lo que el querido Paco Almazán definió como “nacionalframenquismo”) no podía por menos que hacérnosla aparecer como distante a quienes queríamos acabar con la dictadura, no supimos ver en ella cuanto después descubrimos: la belleza de algunas de sus composiciones, la inspiración de ciertos autores y la personalidad de los mejores intérpretes. Hubo de pasar el tiempo, al menos en mi caso, para que me llegaran a poner los pelos de punta Concha Piquer o Miguel de Molina, o a descubrir el valor de Angelillo, Imperio Argentina y, también, Tomás de Antequera.

En la entrevista, publicada en el colorín de El País el 13 de octubre de 1985, se contaba de él, así que no voy a insistir, aunque, lo que son las cosas de la memoria; recuerdo perfectamente que también en aquella época Tomás de Antequera actúo durante tiempo en el Elígeme y no me acuerdo en absoluto de su presencia en el Manuela, motivo por el que se le hizo la entrevista. En fin, no obstante, un par de aclaraciones que ayudarán a la comprensión, o al cotilleo, que viene a ser lo mismo.

El artículo empieza contando la primera vez que escuché en directo a Tomás de Antequera, como hacia 1975 o 1976. Esa noche le habían dado un premio nacional de radio a “Para vosotros jóvenes”, el programa de RNE que dirigía Carlos Tena y en el que estábamos un montón de gente procedente de la FM de Radio Popular: Adrián Vogel, Gonzalo García Pelayo, Julio Palacios, y otros como Jorge de Antón y Victorino del Pozo, además de Aurora de Andrés, locutora de la casa, y algunos más. Tras la cena del premio, que esas cosas eran siempre de tiros largos, el amigo José Antonio Muñoz, de Aguaviva, nos propuso ir a un espectáculo que había descubierto y que nos iba a encantar. Era lógico en él, que ya había proclamado en una canción que no le gustaba que no dejaran a las majas llevar flores en los pechos. Nos encantó.

La entrevista se celebró en la vivienda de Tomás de Antequera, en la calle de Bretón de los Herreros, justo en la misma manzana en la que yo había vivido toda mi vida infantil y juvenil y en la que aún hoy vive mi hija. Habíamos sido vecinos veinte tantos años. La describo en el texto, pero lo que no explicó fue un detalle que me pareció revelador sobre la forma en la que sobrevivía el artista. En la misma casa residían, como realquilados, tres jóvenes que acompañaban y daban de comer a la vieja gloria nacional. Por fortuna en esos años habían llegado aquella juventud que reivindicó su figura y que le alegró aquellos penúltimos años de su vida. Falleció el 4 de marzo de 1993, con 72 años de edad.

1982/12/09

PERSONAJES | 1982 | ADIÓS A RAFAEL DE LEÓN Y SU ÉPOCA DE PIOMPA, FIESTA Y MIJITA

Unas de la piompa tragando quina, otras en la fiesta del exilio y una mijita de sida para el acabóse 

RAFAEL DE LEÓN
>
Fallece el letrista Rafael de León.
El País, 1982-12-09
https://elpais.com/diario/1982/12/10/cultura/408322810_850215.html

Rafael de León, o la educación sentimental.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1982-12-10
https://elpais.com/diario/1982/12/11/cultura/408409210_850215.html

Sobre Rafael de León.
XXX · Cartas al Director | El País, 1982-12-22
https://elpais.com/diario/1982/12/23/opinion/409446006_850215.html
 
MIGUEL DE MOLINA
>
Muere en el exilio el tonadillero Miguel de Molina.
El cantante de 'Ojos verdes' será enterrado hoy en Buenos Aires, en donde vivió durante casi cinco décadas.
José Comas | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372401_850215.html

Botín de guerra.
José Comas | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372409_850215.html

El mejor de la copla.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372408_850215.html

Qué pesados con Miguel de Molina.
Antonio Burgos | ABC, 2009-03-25
https://www.abc.es/opinion/abci-pesados-miguel-molina-200903250300-914004544572_noticia.html 

TOMÁS DE ANTEQUERA 
Tomás de Antequera. La droga de las candilejas.
Antonio Gómez | El País Dominical, 1985-10-13
Recogido en:
http://aplomez.blogspot.com/2013/04/tomas-deantequera.html 
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Muere Tomás de Antequera, el cantor de 'Doce cascabeles'.
Fue uno de los tonadilleros más populares de los años 50.
Ángel Álvarez Caballero / Ignacio Saenz de Tejada | El País, 1993-03-04
https://elpais.com/diario/1993/03/05/cultura/731286006_850215.html
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Paco Clavel: "Tomás de Antequera fue un estilista de la copla".
Sara Laderas López | El Eco de Valdepeñas, 2018-04-18

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...