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2016/01/06

DOCUMENTACIÓN | POLÍTICA | MICHEL FOUCAULT EN TIEMPOS VIOLENTOS

Michel Foucault en tiempos violentos.
La Biblioteca canónica de la Pléiade reedita los trabajos esenciales del filósofo.
Patricia de Souza | El País, 2016-01-06
https://elpais.com/cultura/2016/01/05/babelia/1452011590_305374.html 

Michel Foucault muere en el hospital parisino de la Salpetrière. Estamos en 1984 y los primeros indicios sobre su fallecimiento son dudosos, más tarde se confirmará que ha muerto de una enfermedad hasta entonces poco conocida, el Sida.

Militante, agitador de masas, vive hasta entonces bajo la máxima de que no basta con pensar, hay que pasar a la acción, y él, como filósofo, lo hace convertido en esa “caja de herramientas” de la que hablaba Deleuze, dispuesto a apoyar los movimientos de rebelión que se sublevan contra la maquinaria estatal que asfixia al individuo.

Foucault, cuyos trabajos esenciales reedita ahora la Biblioteca canónica de la Pléiade, se va a instalar en el centro de un debate filosófico por la libertad, el cuerpo y la persona. O el cuerpo y el deseo. Este debate se desarrollará en medio de la sociedad “bien pensante” de su época exponiendo a los sistemas políticos a un análisis sobre el abuso de poder y el exceso de vigilancia.

Con ‘Vigilar y castigar’ (1975), esta reflexión abarca los sistemas penitenciarios y la prisión como un “dispositivo”, una tecnología política que domina el cuerpo a la sombra de los reglamentos. Hay que tener en cuenta de que una de las ideas principales de Foucault fue mostrar lo que llamó “juegos de verdad”, que serían los entramados en torno a lo que es una “subjetivación”, la construcción de un sujeto a través de las diferentes técnicas de objetivación, que sean discursos, supersticio8nes o costumbres.

Justamente, mucho se le ha reprochado a Michel Foucault el hecho de renunciar a la verdad al mostrar un sujeto alienado, de diferentes máscaras, sometido a esa historia de los sistemas y de pensamiento como una historia del poder. Es cuando empieza ese deseo de construir desde los “restos”, como un arqueólogo que interroga los valores de verdad y falsedad, y a través del vagabundeo de la verdad que simboliza la fragilidad de la propia existencia, que empieza a construir lo que el llamó “episteme”, relación entre distintos discursos científicos de una época.

Para Foucault el saber es una voluntad no separada del deseo. Es también ese traqueteo de la batalla con las palabras, de su necesidad de identidad con las cosas, comprendiendo quizás que hay una relación imposible de resolver: al pensar representamos el mundo, pero nunca dejamos de ser “ese mundo”. Esa posesión, que es como el ruido de batalla, es constante. Empieza la construcción de una nueva subjetividad, más honesta y menos totalitaria.

Ya en su primer libro más conocido, la ‘Historia de la locura en la edad clásica’ (1961), toca la evolución de los sistemas de vigilancia e instala la duda sobre la noción de lo que se considera como "normal" y los escenarios donde ciertas nociones son tomadas como verdades duraderas. Este libro es también una dura crítica al funcionamiento de las instituciones médicas y el uso del saber médico como instrumento de poder.

En ‘Las palabras y las cosas’ el análisis del lenguaje lo lleva a hacer una epistemología de iconos y símbolos, el lenguaje constituido en una problemática frente al deseo (el centro de la reflexión de Jacques Lacan), la liberación y la valorización de la palabra de los oprimidos, inversión de poderes para extraerlos a su mudez irremediable. "El trabajo de un intelectual", nos dice Foucault, "no es modelar la voluntad política de los otros, es, a través de los análisis que hace en los campos que son los suyos, interrogar las evidencias y los postulados, sacudir los hábitos, las formas de hacer y de pensar, disipar las familiaridades adquiridas, retomar la medida de las reglas y de las instituciones, y a partir de esa re-problematización (donde se juega su oficio de intelectual) participar en la formación de una voluntad política".

No hay nada más apasionante que leer la ‘Historia de la sexualidad’ (1976) para ir descubriendo cómo, a partir del siglo XVIII, ésta se convierte en el principal interés de una gobernabilidad bio-política. Un ejemplo, los diferentes términos que se usaron para designar la homosexualidad, inscrita por K.H Ulldirchs, jurista de Hanovre, en el registro médico de las perversiones y en el marco de una medicina social. La categoría de “homosexual” fue inventada tardíamente, después de considerarla como “un cierto tipo de prácticas sexuales” (la sodomía), condenables. Pero, el individuo homosexual, no existía como tal.

El análisis de estos distintos discursos en torno al tema del cuerpo han sido el nicho para la Teoría de género, el género como ‘perfomance’ del propio cuerpo (como escenario), forma de actuación social que se toma de los modelos que la sociedad propone como normales. La sexualidad será un objeto de control demográfico en medio de la economía capitalista que surge a comienzos del siglo XIX, la que considera al cuerpo como valor de producción y fuerza de trabajo. Hay que leer este libro para entender cómo los asilos son también templos arquitectónicos de modelos morales.

Al poner el cuerpo biológico en el seno de la práctica histórica, Foucault abre la vía a una forma de historia de la resistencia y de la subjetivación, una forma fenomenológica que abarca el momento histórico y las condiciones de vida del individuo: “…la locura simboliza una inquietud mayor en el horizonte de la cultura europea, hacia finales de la edad media. La locura y el loco se convierten en personajes mayores en su ambigüedad: amenaza y burla, vertiginosa burla del mundo, y lamentable ridículo de los hombres”. El Quijote sería una figura emblemática de la sinrazón como la aventura de la comunidad humana. Además de haber interrogado la razón a través de la locura, interrogó también nuestros sistemas de vigilancia a través de la tipología del crimen, lo que es marginal, inquietante y misterioso.

El crimen (o la criminalidad supuesta) es un tema importante en nuestro tiempo, puesto que el discurso sobre la seguridad y la vigilancia se agudiza debido a una explosión demográfica, o la reciente crisis de los refugiados. ¿Hasta qué punto todos estos discursos sobre el peligro que representan los emigrantes, tan seductores para el discurso político, no se apropian de algunos dispositivos que circulan en el ambiente?

Foucault, que siempre decía que se desplazaba como un cangrejo, sin seguir la linealidad del discurso cartesiano, descubrió siempre esos “momentos de una verdad”, sus condiciones sociales y sus limitaciones, tal como lo dijo en su historia de la sexualidad: “Cada configuración de ésta (que sea historia de la sexualidad, de la enfermedad, o de la locura) dotada de conceptos e instrumentos de sistemas de pensamiento específicos que mantienen relaciones con instancias políticas, económicas y sociales”.

Hay también mucha poesía en Foucault, porque ese hombre que frecuentaba el mundano ruido del París (bares y discotecas libertinas) y que se desplazaba en bicicleta hasta la biblioteca nacional de la calle Richelieu, nos ha hecho ver aquella ‘Nave de los locos’, “extraño barco ebrio que corre por las aguas calmas del río, con sus figuras insensatas y burlescas”, como un maestro del claroscuro, a manera de un cuadro de Goya, donde la razón produce sus monstruos.

Con un discurso político sobre la sexualidad de plena actualidad, el matrimonio homosexual es uno de ellos, el pensamiento de Foucault vuelve a cobrar vigencia, pero no en el sentido quizás que él esperaba, la sexualidad como una forma de utopía, proyecto individual de libertad fuera de las normas, sino como un discurso conformista donde se indexa el poder. La pregunta más importante concierne a la idea actual de qué es la libertad en un mundo dominado por la guerra y la amenaza climatológica, la renuncia a la acción política (el apolitismo de los jóvenes) y una forma de poder ideológico globalizado: el consumo. El tema de las libertades individuales, del compromiso de los intelectuales, de sus alcances y sus límites, etc., es ese ángel oscuro que abre sus alas mientras dormimos.

2014/04/25

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA RESURRECCIÓN DE MICHEL FOUCAULT

La resurrección de Michel Foucault.
El filósofo francés ha vendido más de un millón de ejemplares en Francia tras su muerte pese a su prohibición expresa de imprimir ediciones póstumas de su obra.
Juan Manuel Bellver | El Mundo, 2014-04-25
https://www.elmundo.es/cultura/2014/04/25/53597d6b268e3edf528b4579.html 

Michel Foucault en 1984 //
"No digo las cosas porque las pienso. Digo las cosas para no pensarlas más", explica Michel Foucault en un vídeo colgado estos días en YouTube bajo el título de 'The Lost Interview' ('La entrevista perdida'). Rescatado de los archivos de la televisión pública holandesa, el programa nos muestra al eminente filósofo francés, en 1971 en su apartamento de la rue Vaugirard, hablando acerca de la locura, la cuestión de género o las culturas extranjeras con su homólogo holandés Fons Elders, en vísperas de un histórico debate con el lingüista estadounidense Noam Chomsky sobre el tema 'La naturaleza humana: Justicia versus poder', celebrado en noviembre de aquel año en la Escuela Superior de Tecnología de Eindhoven y retransmitido igualmente por la Nederlandse Publieke Omroep (NPO).

"Los occidentales tenemos un concepto demasiado elevado de nosotros mismos. Nos creemos una civilización tolerante, que ha acogido todas las culturas que le son ajenas, todas las desviaciones del comportamiento, el lenguaje y la sexualidad", comenta en el mencionado clip. "Me pregunto si eso no es una ilusión, porque para conocer esas culturas ha sido necesario no sólo excluirlas y despreciarlas, sino también explotarlas, conquistarlas y acallarlas a la fuerza, del mismo modo que el puritanismo del siglo XIX amordazó la sexualidad para que ésta se revelase después a través del psicoanálisis y la psicopatología. Así que la universalidad de nuestro saber ha sido adquirida al precio de las exclusiones, prohibiciones, negaciones y rechazos, al precio de la crueldad".

El próximo 25 de junio se cumplirán 30 años de la muerte por sida de uno de los más influyentes pensadores de la segunda mitad del siglo XX y las biografías, recopilaciones de artículos y reediciones se suceden, reivindicando la permanente vigencia de sus planteamientos en estos tiempos convulsos.

Filósofo pero también psicólogo, historiador de las ideas y teórico social, Foucault ha pasado a la posteridad por sus certeros análisis de los sistemas de poder y su relación con el saber, por sus estudios críticos de las instituciones, desde las clínicas hasta los tribunales o las cárceles, y por haber diseccionado las normas sociales y la búsqueda de la verdad en el ser humano, así como las formas de subjetividad, esos criterios que la sociedad impone para definir quién está loco o enfermo, quién es un criminal o un depravado.

Asociado al estructuralismo tras publicar 'Las palabras y las cosas' (1966), donde parte de 'Las meninas' de Velázquez para desarrollar su arqueología de las ciencias humanas desde una perspectiva epistemológica, él mismo se distanció posteriormente de este movimiento, que consideraba demasiado rígido, como tampoco quiso nunca que le clasificaran de autor postestructuralista o posmoderno. Reacio a las etiquetas y los convencionalismos, Foucault dudaba de los signos como dudaba del poder y, acaso consciente de sus debilidades y contradicciones, siempre insistió en que no se juzgara al pensador por su faceta de ser humano.

"No deseo que, durante el programa televisivo, se dedique espacio a mis datos biográficos, ya que los considero irrelevantes para los temas que se van a tratar", le advirtió a su amigo Fons Elders, por carta mecanografiada, antes de prestarse a recibir en su domicilio parisino a la NPO. Y éste cumplió rigurosamente su petición pero, a la hora del montaje, decidió que la entrevista arrancara con un plano fijo de dicha misiva para mostrar la peculiaridad del personaje.

Por mucho que él lo negara, la vida de Paul-Michel Foucault (1926-1984) sí influyó de alguna manera en la construcción de su obra. Nacido en Poitiers, hijo de un eminente cirujano (Paul Foucault), su infancia en una capital de provincias durante la Segunda Guerra Mundial fue la de un niño apabullado por la insistencia de su padre para que estudiara Medicina -al final lo haría su hermano menor Denys- y un alumno irregular que suspendía en Matemáticas pero brillaba en Historia.

Enigmático, solitario y agresivo

Admitido en la prestigiosa École Normale Supérieure (ENS) de París, reducto académico de las élites francesas del que han salido 13 premios Nobel, el muchacho "enigmático, solitario y agresivo" -como le describirían sus compañeros- se quitó allí el nombre de Paul por odio a su progenitor, al tiempo que descubría su homosexualidad con un sentimiento de culpa tan grande que intentó suicidarse con una cuchilla de afeitar.

Cuentan las crónicas que en su internamiento en el Hospital de Saint-Anne, históricamente especializado en trastornos psiquiátricos y adicciones, se halla el secreto de su interés por la Psicología Patológica -disciplina muy reciente en la Francia de la posguerra-, que pasaría a estudiar después de licenciarse en Filosofía en 1948 en la Sorbona, donde solía ufanarse de no haber pisado jamás un aula.

Para aquel tiempo, este devoto de Kant, Nietzsche y Heidegger -pero también del transgresor Georges Bataille- se hizo sorpresivamente militante del Partido Comunista Francés siguiendo a su mentor, Louis Althusser. Pero pronto se desilusionó con las riñas internas del PCF y las noticias sobre los gulag estalinistas que se filtraban desde la URSS. A pesar de ello, en 1951, Althusser le consiguió un puesto de profesor de Psicología en la ENS, donde coincidió con Paul Veyne y Jacques Derrida.

Vino luego un peregrinar por centros extranjeros enseñando francés. En Uppsala (Suecia), escribió en 1954 su primer ensayo, 'Enfermedad mental y personalidad', donde revisaba el concepto de locura y su interpretación a través del tiempo por parte de las autoridades para internar a mendigos y libertinos en instituciones médicas que mezclaban la caridad con la represión. En Varsovia fue asignado en 1958 al Centro de Civilización Francesa, pero pronto la Sluzba Bezpieczenstwa -policía política polaca- detectó sus correrías nocturnas en ambientes gais y le puso en la frontera.

De vuelta a casa, ocupó un puesto de Filosofía en Clermont-Ferrand, donde intimó con el sociólogo Daniel Defert, que sería su compañero hasta el fin de sus días. Siguiendo a este último hasta Túnez, donde le tocó hacer el servicio militar, Foucault se perdió el mayo del 68 en el Hexágono. Pero ese mismo otoño ya estaba en París, inmerso en la ebullición que la capital francesa vivió tras las revueltas callejeras e integrado en una irrepetible camada de pensadores galos (Lévi-Strauss, Roland Barthes, Lacan, Deleuze, Lyotard...), algunos de los cuales participarían con él en la fundación del mítico Centre Universitaire Expérimental de Vincennes, un proyecto docente alternativo y autogestionado, impulsado por el ministro de Educación Edgar Faure como respuesta a las reivindicaciones estudiantiles, que daría lugar después a la Universidad París VIII de Vincennes à Saint-Denis .

Para entonces, nuestro hombre ya era un filósofo admirado, gracias a libros como 'Las palabras y las cosas' (1966) o 'La arqueología del saber' (1969), a los que siguieron otras obras fundamentales como 'Vigilar y castigar' (1975), 'Microfísica del poder' (1980) o 'Historia de la sexualidad' (tres volúmenes de 1976 a 1984), pergeñadas durante su etapa final como catedrático de Historia de los Sistemas de Pensamiento en el reverenciado Collège de France (1970-1984).

LSD y ayatolás

Tal vez porque nunca vivió en directo las barricadas noventayochistas, Foucault se apuntó posteriormente a toda suerte de experiencias marginales o subversivas, desde tomar LSD en 1975 en el corazón del Valle de la Muerte (California), en ese fascinante Zabriskie Point al cual Michelangelo Antonioni dedicó una extravagante película, hasta apoyar en 1979 la revolución iraní del ayatolá Jomeini -luego se arrepentiría- por considerarla como "el nacimiento de una nueva forma de espiritualidad política".

Aquejado del virus VIH, el filósofo más citado del mundo en el ámbito de las Humanidades -según decretaría 'The Times Higher Education Guide' en 2007- falleció en 1984 sin que 'Le Monde' explicara claramente las causas del deceso. Cuatro años después, su admirador y presunto amante Hervé Guibert revelaría su condición de seropositivo en 'Al amigo que no me salvó la vida', ejercicio de autoficción galardonado con el Prix Colette, en el que contaba detalladamente la agonía por síndrome de inmunodeficiencia de un pensador llamado Muzil, alter ego de Foucault.

Antes de dejarnos, el filósofo destruyó muchos de sus documentos inéditos para evitar su difusión y prohibió en su testamento que se realizaran ediciones póstumas de sus escritos, de los cuales se han vendido en Francia hasta la fecha 1,3 millones de ejemplares. A pesar de ello, sus clases magistrales en el Collège de France han dado lugar a 13 volúmenes de transcripciones lanzados por Gallimard, traducidos a 30 idiomas y despachados en el Hexágono al ritmo de 15.000 copias por tomo.

Precisamente uno de aquellos cursos, consagrado en 1979 al neoliberalismo, está siendo reivindicado en los últimos años por su aproximación visionaria a la corriente macro-económica que ha marcado este siglo XXI. Durante tres sesiones, Foucault analizó las teorías de autores entonces poco conocidos, como el austriaco Friedrich Hayek o el estadounidense Gary Becker, futuro Nobel de Economía.

"Con un increíble sentido de la anticipación, reveló que el verdadero proyecto de esta corriente no era liberar al pueblo sino imponer una forma de vida guiada por la tiranía del mercado y la disciplina presupuestaria", señala Eric Aeschimann en 'Le Nouvel Observateur'. "En ese momento, nadie imaginaba la ola neoliberal que caería sobre el planeta. Luego él murió y ese aspecto de su trabajo cayó en el olvido. Hasta que, en 2009, 'La Nouvelle Raison du monde', de Cristian Dardot y Pierre Laval, demostró que Foucault fue también un brillante analista de la economía liberal".

El éxito de dicho ensayo certifica la actualidad del pensamiento 'foucaultiano', que parece haberse vuelto más influyente que el de otros compañeros generacionales como Lacan, Deleuze o Derrida. Para honrarle 30 años después de muerto, Toulouse le dedicará en junio una sesión del Marathon des Mots, igual que el Centro Pompidou parisino ha programado conferencias acerca de la relación de Foucault con el arte, y el canal televisivo Arte emitirá un documental con el significativo título de 'Foucault contra sí mismo' que a él, eterno insatisfecho, quizá no le hubiera hecho mucha gracia.

2006/10/13

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | NO ME LO PUEDO CREER. MICHEL FOUCAULT, LA VERDAD Y EL CHISMORREO

No me lo puedo creer.
Félix de Azúa | El País, 2006-10-13

https://elpais.com/diario/2006/10/14/opinion/1160776806_850215.html

De esto hace ya cinco años, pero la semana pasada lo recordé y he podido reconstruirlo con un poco de paciencia. En diciembre de 2001, Raymond Tallis lanzaba una sorprendente acusación contra Michel Foucault, con la excusa de comentar un libro que exponía una posible historia de la falsedad. El artículo venía anunciado en la portada del ‘Times Literary Supplement’, lo que le daba un carácter marcadamente solemne.

El argumento de Tallis era un clásico: a su entender, Foucault nunca creyó seriamente en su propia formulación teórica de que las "verdades objetivas" no eran sino manifestaciones del poder dominante y por lo tanto tan relativas y efímeras como el poder mismo. Sin embargo, luego añadía un contraargumento. Basándose en la biografía de Foucault escrita por David Macey, afirmaba que cuando en 1980 el filósofo fue advertido por sus colegas americanos sobre una peligrosa enfermedad que afectaba sobre todo a los homosexuales, éste reaccionó como si de verdad creyera en sus propias teorías: no hizo el menor caso, lo consideró una intoxicación homofóbica, la típica "verdad" creada por los media al servicio de un poder represivo, un cuento de terror para impedir la libre circulación sexual, etcétera. Era entonces profesor invitado en Berkeley y pasaba una de sus etapas más eufóricas y de mayor promiscuidad sexual.

Todo lo cual sería materia de confesionario o basura para la prensa del chisme, de no ser porque una vez infectado por el virus siguió sin admitir la existencia del sida y consecuentemente no avisó a ninguno de sus colegas sadomasoquistas, ni siquiera en el año de su muerte, en 1983. Convertido en mártir de sus propias convicciones relativistas, el problema era que había creado, de paso, un buen número de mártires involuntarios que quizás se hubieran salvado de haber sido diagnosticados a tiempo. El relativismo de Foucault le había costado bastante caro a un montón de gente a la que supuestamente apreciaba.

Como era de esperar, uno de sus amigos, Richard Sennett, replicó que todo era un montón de mentiras y que Foucault estaba demasiado ocupado trabajando como para convertirse en una fiera predadora. Muy al contrario, decía Sennett, el filósofo se encontraba tan delicado de salud en sus últimos tres años que no podría haber mantenido relaciones sexuales ni aun queriendo. Aunque, eso sí, le encantaba alardear como si las tuviera. De un modo impecable, la respuesta al puritano Sennett vino del departamento de sociología de la universidad de Brighton. Confirmaban que Foucault jamás se había apeado de sus convicciones relativistas, no había admitido la existencia del sida, pero que era imposible conocer su comportamiento sexual de los últimos años como no fuera mediante testigos directos, así que si Sennett sabía algo (algún ‘fact’) tenía la obligación de comunicarlo.

La verdad es que el problema no es fácil de formular y tiende a deslizarse por la vía del chismorreo, pero es un buen ejemplo de la responsabilidad del intelectual, esa criatura habitualmente irresponsable. ¿Deben los teóricos respetar sus propias teorías? ¿Las invalida un comportamiento contrario a las mismas? ¿Por qué es muy grave que un congresista americano defensor del menor resulte un pederasta, pero no lo es que Brecht, paladín de los explotados, explotara a sus amantes, las hiciera trabajar como mulas, y no les pagara un duro?

El caso es retorcido porque un relativista moral como Foucault mantiene que la doblez moral no sólo no invalida la teoría sino que la confirma, de modo que la inmoralidad de algún moralista como Brecht no es sino la prueba del nueve del relativismo moral. Por eso daba tanta risa la intervención de otro defensor del fallecido, Hill Luckin (18 enero), el cual afirmaba que Foucault no había sido "un relativista absoluto" y que no había que exagerar. En efecto, a todos nos gustaría saber qué es un "relativista relativo".

La cuestión quedó más ordenada y elegante gracias a John Hargreaves, el cual escribió que si alguien cree seriamente "que el conocimiento científico, como todo conocimiento, es un constructor lingüístico y por tanto sólo es una justificación del poder", entonces la destrucción de vidas humanas que podrían salvarse es algo inevitable. No se está hablando, en consecuencia, de un episodio privado con algunas personas muertas "por una infección sociolingüística", sino de las muchas que morirían si se aceptara el relativismo seriamente, políticamente. Si el relativismo penetrara en la estructura administrativa de la sociedad, la destrucción sería inevitable. Y quizás es lo que está sucediendo. El islamismo ha llegado en el momento adecuado.

Una semana más tarde Ian James trataba aún de salvar a Foucault tirando por elevación. Según decía, el relativismo arrancaba de la fenomenología de Husserl y llegaba hasta su desenlace en Heidegger. La mención de los padres desviaba la culpa del hijo y ponía al relativismo en un área prohibida para los empiristas, idealistas, positivistas y en fin para todos aquellos que no fueran relativistas. La consecuencia era que la verdad de Foucault sólo es verdadera para los foucaultianos lo cual, sin duda, confirma el relativismo de Foucault.

El círculo me parecía ya excesivamente vicioso. Cuando dos números más tarde regresó Raymond Tallis para pulverizar a Sennett y a Wright, abandoné la querella. Quizás ha tenido alguna continuación interesante. En todo caso, y a la vista del intercambio, parece evidente que, en resumidas cuentas, los partidarios de la verdad objetiva pueden ser informados de sus errores mediante razonamientos verdaderos (en los cuales creen), en tanto que un relativista no puede ser convencido de absolutamente nada porque cualquier razonamiento que debilite su posición entrará a formar parte de los "discursos de confirmación del poder". Incluido el suyo.

He recordado esta bella batalla, digna de una novela, pensando en aquellas otras batallas entre comunistas y demócratas en tiempos de Foucault, cuando ambas palabras designaban a individuos reales. Cualquier argumento o dato (‘fact’) que debilitara la utopía comunista, por ejemplo la barbarie estalinista o el totalitarismo de Castro tan similar al franquista, era inmediatamente considerado un argumento pro yanqui y descartado con una risita de superioridad. Lo mismo sucede, en la actualidad, con los ideólogos del nacionalismo: es inútil razonar con ellos si no es para coincidir de inmediato y en todo lo que exponen. Cualquier dato, hecho, argumento o razonamiento que debilite su creencia es inmediatamente interpretado como infección sociolingüística del nacionalismo enemigo.

Por una pelmaza deriva de los astros, veinte años después de muerto Foucault la totalidad de la vida política española se ha hecho de un relativista que deja a Foucault como un teócrata. Tiene mucha gracia que se enfrenten dos posiciones de las que no hay una que defienda la razón o la verdad o algo similar y otra que la relativice, sino que ambas defienden la inexistencia de verdad, razón o algo similar en el terreno moral. Ambas saben que sus discursos sobre la justicia, el derecho, la patria o la libertad son una mera defensa del poder que administran y que la "verdad" se construye relativamente al discurso enemigo. Si el enemigo habla a favor del filete de buey, nosotros nos haremos furibundos vegetarianos. Y si, aunque sea contradictorio, aboga por los derechos de los animales, nosotros seremos humanistas a rajatabla.

Y no es cinismo, como en tiempos de Maura, sino auténtico y fundado relativismo. Por decirlo de un modo educado, es un cinismo con estudios de secundaria. Confiemos en que no provoque muchas víctimas. Sobre todo entre sus propios partidarios.

Félix de Azúa es escritor. 

Michel Foucault, la verdad y el chismorreo.
Fernando Álvarez Uria | El País, 2006-10-18

https://elpais.com/diario/2006/10/19/opinion/1161208809_850215.html

Cuando el mundo se encuentra sin rumbo, acosado por los fundamentalismos nacionalistas y religiosos, lamento que Félix de Azúa, casi siempre inteligente y brillante, haya cedido a la tentación fácil de designar un falso culpable: Michel Foucault. (Véase ‘No me lo puedo creer’, El País, 14 de octubre de 2006). El pensador francés, que falleció hace ya más de veinte años, y que no saldrá de la tumba para defenderse, ni tampoco para soltar una carcajada contagiosa, no sólo era, a juicio de Azúa, un irresponsable relativista que no creía en la verdad, sino que además era un homosexual con sida que, con sus prácticas sexuales promiscuas, fue contaminando a quienes encontraba a su alcance.

Para avalar tan grave descalificación moral e intelectual, Azúa apela a un testigo de cargo: Raymond Tallis. Tallis es un profesor de geriatría de la Universidad de Manchester con afán de notoriedad. A la sombra del ‘affaire Sokal’, arremetió no sólo contra Foucault, sino también contra Marx, Durkheim, Freud, Lacan, Derrida, Wittgenstein y otros oscuros relativistas. Además de defender con uñas y dientes a la medicina tradicional, Tallis es también filósofo, poeta, novelista y un optimista impenitente que se siente asediado por los pensadores que se mueven en la órbita de la ‘hermenéutica de la sospecha’. Cuando sus investigaciones lleguen a superar las que realizó Foucault sobre la locura, la lógica de funcionamiento de las cárceles, o la historia de la sexualidad, habrá avanzado la verdad. Mientras tanto, más vale que la sátira, la ironía y la maledicencia las reserven, tanto Félix de Azúa como Raymond Tallis, para la prensa amarilla o las ‘crónicas marcianas’.

1984/06/25

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MURIÓ MICHEL FOUCAULT, UNO DE LOS PRINCIPALES PROTAGONISTAS DE LA CORRIENTE ESTRUCTURALISTA DEL PENSAMIENTO FRANCÉS

Murió Michel Foucault, uno de los principales protagonistas de la corriente estructuralista del pensamiento francés.
El País, 1984-06-25

https://elpais.com/diario/1984/06/26/cultura/457048801_850215.html 

El filósofo e historiador francés Michel Foucault, uno de los principales de la corriente estructuralista del pensamiento francés, murió ayer lunes, a los 57 años de edad, en él hospital la Pitie-Salpetriere de París, según informó la agencia France Presse. Michel Foucault fue internado en dicho centro en los primeros días de junio, pero la noticia de su internamiento no trascendió hasta el pasado día 21. Al parecer, el filósofo padecía una grave enfermedad del sistema nervioso, sin que se hayan facilitado detalles sobre su naturaleza. Hasta el momento no ha sido posible determinar las causas concretas del fallecimiento.

El profesor, escritor y filósofo francés Michel Foucault fue internado en los servicios de reanimación de la citada clínica, especializada en enfermedades del sistema nervioso, en estado muy grave, pero no se hizo ninguna precisión sobre la naturaleza de la enfermedad que le aquejaba, ni de las posteriores causas de la muerte del escritor.

El pasado día 22, el doctor Sáuron, jefe de los servicios de cuidados intensivos del hospital de la Pitie-Salpetriere, comunicó a los medios de información que los resultados de los primeros exámenes a que el paciente fue sometido tras su internamiento eran en principio satisfactorios. Añadió el doctor Sauron que estaban previstos nuevos controles médicos sobre su estado en días posteriores. No obstante, no hubo nuevos comunicados clínicos sobre la salud del filósofo, hasta que ayer se dio a conocer la noticia de su muerte.

Obra monumental
La enfermedad ha interrumpido brutalmente la edificación y consumación de una obra ya monumental pero que, dada la edad del escritor y sus vastos planes de trabajo, puede considerarse dramáticamente amputada, al quedar algunos de sus estudios, desarrollos y futuras conclusiones finalmente inacabados por la prematura muerte del pensador.

En 1981, en una encuesta efectuada por la revista literaria parisiense ‘Lire’, Michel Foucault fue considerado por los escritores, periodistas, políticos, artistas y especialistas consultados, junto al etnólogo Claude Levy-Strauss y al ensayista político Raymond Aron, como uno de los tres intelectuales franceses contemporáneos más influyentes en la vida francesa.

Este referéndum, que fue convocado para conmemorar el primer aniversario de la muerte de Jean Paul Sartre, fue planteado a seiscientas personalidades de la vida pública e intelectual francesa. Respondieron a la pregunta 448 personalidades, entre las que estaba el presidente de la República Francesa François Mitterrand. Levy-Strauss obtuvo en este referéndum un, total de 101 votos; Raymond Aron 84 y Michel Foucault 83, situándose muy por encima del cuarto intelectual elegido, el filósofo y psicólogo Jacques Lacan, que obtuvo 51 votos.

La influencia de Foucault en los medios culturales, universitarios y políticos franceses era muy grande, sobre todo a partir del giro de mentalidad que se produjo en Francia como consecuencia de los acontecimientos políticos de mayo de 1968. A partir de entonces, el prestigio y la audiencia del pensamiento de Foucault creció incesantemente, hasta convertirse en un revulsivo permanente de la vida intelectual francesa.

Filósofo y político
Michel Foucault nació en el centro de Francia, en Poitiers, el 15 de octubre de 1926. Hizo estudios de psicología antes de convertirse en profesor de filosofía en la Universidad de Clermont-Ferrand. En 1968 Foucault fue trasladado a los alrededores de Paris, concretamente a la universidad de Vincennes, donde permaneció durante dos cursos, antes de ingresar como catedrático en el College de France, centro universitario considerado de élite intelectual, donde el filósofo fallecido ocupó la cátedra de Historia de los Sistemas del Pensamiento.

Era el de Foucault un pensamiento que no tenía fronteras, y que buscó la universalidad a través del abordaje de todo tipo de materias y disciplinas. El centro de su inquietud fue humanista, de tal manera que es el hombre, en todas sus dimensiones, eje absoluto de su filosofía. Junto al análisis, Foucault impregnó a su obra de acción civil, de tal manera que, en él, echar luz en los abismos del comportamiento humano era inseparable de su defensa cotidiana del hombre, y en concreto del hombre oprimido y sojuzgado, en una singular coincidencia entre pensamiento especulativo y ética.

De ahí que, junto al filósofo Foucault, estuvo siempre el militante de los derechos del ser humano y que, a la altura de sus obras teóricas, estén sus obras polémicas, que hicieron de él una figura pública de gran repercusión y peso en la vida política francesa.

Y TAMBIÉN...
La destrucción del sujeto.
Francesc Arroyo | El País, 1984-06-25 

https://elpais.com/diario/1984/06/26/cultura/457048802_850215.html

1980/03/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | HA MUERTO EL CRÍTICO Y ENSAYISTA FRANCÉS ROLAND BARTHES

Ha muerto el crítico y ensayista francés Roland Barthes.
Carlos Gurméndez | El País, 1980-03-26

https://elpais.com/diario/1980/03/27/sociedad/322959601_850215.html 

Ayer falleció en París Roland Barthes, escritor y filósofo francés, de 64 años de edad, a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente de tráfico el pasado 25 de febrero.

El creador del estructuralismo literario nació en Cherburgo el 12 de noviembre de 1915. Se licenció en la Soborna en Letras Clásicas y fue profesor en Biarritz y en París. A partir de 1947 comenzó a publicar una serie de crónicas literarias en el periódico ‘Combat’. En 1960 entró en la Escuela Práctica de Altos Estudios. Con la publicación de ‘Le Degré Zero de Vecriture’ (1953) inicia una nueva crítica literaria en que se valoran las superestructuras, el símbolo, la imagen, la fantasía, la metáfora y el signo lingüístico de las creaciones literarias y artísticas. La nueva escuela crítica, como se la denominó, se apoyaba también en el psicoanálisis y la lingüística estructural para descifrar la textura de los textos. Por ello se le incorporó un poco frívolamente dentro de la filosofía del estructuralismo. Pero en este amor al texto por el texto literario mismo fue precedido por Lucien Goldmann, creador del estructuralismo genético y discípulo de Luckas. Texto, dice Barthes en unas declaraciones a El País (28-1-1979), procede de ‘textus’, participio pasivo de ‘texo’, que quiere decir tejer, el texto es un tejido de sentidos enmarañados; luego se trata de descubrir los sentidos múltiples de ese sentido único que constituye una obra literaria Después de publicar ‘Michelet por él mismo’ (1954), alcanza con ‘Mitologías’ (1957) -libro en que se ocupa de los mitos de la modernidad- una dimensión universal. La obra sobre ‘Racine’ (1963) y sus ‘Ensayos críticos’ (1964) suscitan en Francia vivas y ásperas polémicas entre los críticos literarios y los profesores de literatura, negándose a aceptar muchos de ellos una interpretación absoluta y literalmente formalista de la literatura. La querella de la nueva crítica ha sido el primer acto público de una vasta conmoción en las ideas sobre el cual se ha pegado, sin duda abusivamente, la etiqueta de estructuralismo, cuya moda, al menos hoy, ha pasado.

Raymond Picard, en un panfleto contra Barthes, ‘Nueva crítica o nueva impostura’, ataca el argot lingüístico que emplea Barthes en su ‘Racine’, a lo que responde este último con ‘Crítica y verdad’, donde defiende el sentido subjetivo de su crítica literaria. Más tarde publica ‘L'Empire des Signes’ (1970), donde prosigue la investigación semiológica iniciada en sus ‘Elementos de semiología’ (1965). Luego fue designado profesor de esta asignatura en el Colegio de Francia. Esta inquisición de las significaciones adquiere en ‘Le Plaisir du Texte’ (1973) su cima señera. En ‘Sade, Fourier, Loyola’ (1970) parece abandonar la crítica literaria y comienza una interesante indagación sobre sí mismo.

‘Roland Barthes por Roland Barthes’ (1975) y ‘Fragmentos de un discurso amoroso’ (1977), tentativa incompleta de describir el amor como objeto supremo de la reflexión humana, completan, con su reciente ensayo sobre la fotografía, su producción bibliográfica.

Fragmentos de un álbum
En uno de sus libros más recientes, ese ‘colláge’ de opiniones, textos, apuntes de lecturas y juegos que es ‘Roland Barthes por Roland Barthes’, decía el escritor:

«Del pasado, mi infancia es lo que más me fascina: lo único que al mirar no me hace lamentar el tiempo abolido. Pues no es lo irreversible lo que en ella descubro sino lo irreductible: lo que sigue en mí aún, de cuando en cuando. En el niño leo, a cuerpo descubierto, el reverso negro de mí mismo, el tedio, la vulnerabilidad, la aptitud para las desesperaciones (afortunadamente plurales), la conmoción interna cercenada, para su desdicha, de toda expresión.»

La estructura del espacio
«Tengo dos espacios de trabajo, uno en París y otro en el campo. Entre uno y otro, ningún objeto en común, pues no se traslada nunca nada. Sin embargo, los dos son idénticos: ¿por qué? Porque la disposición de los útiles (papel, plumas, pupitres, relojes, ceniceros) es la misma: la estructura del espacio es lo que configura su identidad. Este fenómeno privado bastaría para esclarecer el estructuralismo: el sistema prevalece sobre el ser de los objetos.»

«El uso desenfrenado de la paradoja corre el riesgo de implicar (o implica simplemente) una posición individualista, y podría decirse, una suerte de dandysmo. Sin embargo, aunque solitario, el dandy no está solo: (...) toda la clase intelectual, si no milita, es virtualmente dandy.»

«Al recordar las pequeñas cosas de las que había tenido que privarse en su infancia descubrió las cosas que le gustan actualmente: por ejemplo, las bebidas heladas (la cerveza muy fría), porque en aquella época no había todavía refrigeradores (el agua del grifo, en B., durante los veranos muy pesados, estaba siempre tibia).»

Fotografías de la ausencia.
José-Miguel Ullán | El País, 1980-03-26

Quiso escribir el cuerpo. Y ahora queda el vacío de aquel cuerpo en mi propia escritura letal. En el fondo sin fondo, la mueca de una vida: estudios, enfermedades, nombramientos. ¿Y lo demás? Eso se preguntaba: ¿y los encuentros, las amistades, los amores, los viajes, las lecturas, los placeres, los miedos, las creencias, los goces, las dichas, las inclinaciones, las miserias; en una palabra, las resonancias? En el texto, nos respondía, pero nunca en la obra. A la manera última de un novelesco laberinto. Cámara oscura. Ante la muerte de R. B., un no poder anula en mí todo oscuro sentido del deber. Contemplo con dolor su foto. Y recurro a la cita fotográfica. Reconstruyo dos breves instantáneas de nuestra última conversación.

Primera cita: «La fotografía es algo que me fascina, algo que siempre me ha fascinado, porque veo en ella la representación, en la medida en que se supone que la fotografía debe representar algo real, retener algo real; con una fotografía se tiene, o al menos puede tenerse muy a menudo, una relación de deseo hacia el objeto que representa, pero, al mismo tiempo, como este deseo sólo está ahí, sobre el papel, a través de una especie de añagaza, el deseo aparece, en cierto modo, ¿cómo decirlo?, sí, corno algo constituido por la falta, por la carencia, y a ello se debe el hecho, por otra parte, de que la fotografía tenga una relación, profunda con los juegos del deseo -también con la neurosis-, con la fetichización... Y es que, en efecto, en la fotografía se desea y, al mismo tiempo, no se alcanza. La fotografía representa, y lo sentimos delante de cualquier fotografía, aquello que ya ha sido, no lo que es, sino lo que ha sido, lo que ya está sepultado en el tiempo. »

Segunda cita: «Creo que la verdadera relación de la fotografía es una relación con la muerte; esto es palpable aquí en mayor medida que en cualquier otro arte. La fotografía tiene una relación esencial con la muerte. Por ello haría falta interrogar a la fotografía, aunque, digámoslo de entrada, no a todas las fotografías que se ven por el mundo: las de la prensa, las fotografías de reportaje, que ya son un grado algo elaborado de la práctica social, sino, por ejemplo, a la foto de los seres queridos que ya no están, que han muerto, que han desaparecido, y, paralelamente, preguntarnos sobre la relación que nosotros tenemos con esa imagen. Las fotos que me conmueven son siempre aquellas que quebrantan en mí, a la par y mezclados, el afecto fundamental del amor y el de la muerte.»

Quien habla desde esas fotos, veladas por la emoción, tuvo además un estilo. Estilo -me repito, pues el llanto no inventa- de sucesos y juicios particulares, asentados sobre lo movedizo. Concuerda con esta característica el tono conmovedor que se desprende de él, aun cuando a veces rechacemos el esqueleto de lo metafórico, gracias a los detalles elegantes de inteligencia, de saber y de sensibilidad. Es, a placer, el estilo legítimo de la fértil imprecisión subrepticia. Metamorfosis estilística, la exclusión llega a ser expresión.

Definitivamente, llegó.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...