Mostrando entradas con la etiqueta Armarios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Armarios. Mostrar todas las entradas

2022/05/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ¿QUIÉN FUE EL PSIQUIATRA ENMASCARADO QUE IMPULSÓ UNA REVOLUCIÓN Y LUEGO 'DESAPARECIÓ'?

New York Times / John Fryer (d) en la asamblea de la APA de 1972 //

¿Quién fue el psiquiatra enmascarado que impulsó una revolución y luego ‘desapareció’?

En 1972, John Fryer arriesgó su carrera para decirle a sus colegas que las personas homosexuales no padecían enfermedades mentales. Su acción generó cambios en los sistemas legales, médicos y de justicia.
Ellen Barry | New York Times, 2022-05-05
https://www.nytimes.com/es/2022/05/05/espanol/psiquiatria-gay-fryer.html

Durante el segundo día de la convención anual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA, por su sigla en inglés), en 1972, ocurrió algo extraordinario.

Mientras los psiquiatras reunidos, en su mayoría hombres blancos con trajes oscuros, ocupaban sus lugares en las innumerables sillas del salón Danés en el Hotel Adolphus de Dallas, una figura disfrazada se coló desde los pasillos del fondo. En el último momento, atravesó una cortina lateral y ocupó su lugar en la parte delantera de la sala.

El público contuvo la respiración. El aspecto del hombre era grotesco. Su rostro estaba cubierto por una máscara de goma de Richard Nixon y llevaba un esmoquin estridente que le quedaba muy grande y una peluca de cabello muy rizado. Pero la extravagancia de su atuendo perdió importancia cuando empezó a hablar.

“Soy homosexual”, comenzó. “Soy psiquiatra”.

Durante los siguientes diez minutos, el doctor Henry Anónimo (así había pedido que lo llamaran) describió el mundo secreto de los psiquiatras homosexuales. De manera oficial, no existían; la homosexualidad estaba catalogada como una enfermedad mental, por lo que reconocerla suponía la revocación de la licencia médica y perder la carrera. En 42 estados de Estados Unidos, la sodomía era un delito.

La realidad es que había muchos homosexuales en la APA, el organismo profesional más influyente de este ramo, afirmó el médico enmascarado. Pero vivían en la clandestinidad, ocultando cualquier rastro de su vida privada a sus colegas.

“Todos nosotros tenemos algo que perder”, continuó. “Tal vez no se nos considere para una cátedra, el analista que está en nuestra misma calle podría dejar de enviarnos a los pacientes que no puede atender o es posible que un supervisor nos exija que pidamos una licencia para ausentarnos”.

Esa era la concesión que había aceptado hacer en su vida el hombre enmascarado. Pero el precio era demasiado alto. Eso es lo que había ido a decirles.

“Sin embargo, corremos un riesgo aún mayor al no vivir nuestra humanidad plenamente”, dijo. “Esta es la mayor pérdida, nuestra humanidad honesta”.

Luego tomó asiento en medio de una gran ovación.

El discurso de 10 minutos, pronunciado el lunes 2 de mayo hace 50 años, fue un punto de inflexión en la historia de los derechos de las personas homosexuales. Al año siguiente, la APA anunció que revertiría su postura de casi un siglo y declaró que la homosexualidad no era un trastorno mental.

Es raro que los psiquiatras transformen la cultura que les rodea, pero eso fue lo que ocurrió en 1973.

Al eliminar el diagnóstico del Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (conocido como DSM, por su sigla en inglés), la psiquiatría eliminó el sustento jurídico de una variedad de prácticas discriminatorias como negar a las personas gay el derecho al empleo, la ciudadanía, la vivienda y la custodia de sus hijos; excluirlos del clero y del ejército y de la institución del matrimonio. Podía comenzar el largo proceso contra esas prácticas.

Cuando las personas gay fueran remitidas a una consulta de psiquiatría, ya no se les enviaría a “curarse” (inyectándoles hormonas, sometiéndolos a terapias aversivas o a psicoanálisis exhaustivo) sino que se les diría que, desde el punto de vista de la ciencia, no hay nada intrínsecamente malo en ellos.

Después de pronunciar su discurso, el hombre enmascarado, John Ercel Fryer, de 34 años, voló desde Dallas hasta su casa en Filadelfia y escribió en su diario sobre lo aterradora y profunda que había sido la experiencia.

“El día pasó, llegó y se fue y yo sigo vivo. Por primera vez, me he identificado con una fuerza afín a mí mismo”, escribió, en extractos incluidos en Cured, un documental de 2020.

Sin embargo, no le dijo a su madre que lo había hecho; tampoco a su hermana ni a su mejor amigo de la infancia. En 20 años solo le contó lo sucedido a muy pocas personas.

‘Sentí una gran libertad’
Fryer, quien murió en 2003 a los 65 años, destacaba por su tamaño (medía 1,80 metros y pesaba unos 140 kilos), por su inteligencia destellante y porque evidentemente era gay.

Betty Lollis, una amiga de Winchester, Kentucky, lo recordaba como el niño de cara redonda que llegó acompañado de su madre a su clase de segundo grado vistiendo un traje de marinero. Era un prodigio, afirmó, y también “un chico del que los demás se reían o se burlaban”.

Décadas después, algunos de sus compañeros de clase se disculparon con Fryer por la manera en que lo habían tratado. “Esas personas que fueron dolorosas para él también eran todo lo que tenía”, dijo. “Son sus amigos más queridos”.

Le fue muy bien en todas sus clases, se inscribió en la universidad a los 15 años y en la facultad de medicina a los 19. Pero, una y otra vez, su camino se vio obstaculizado cuando los supervisores se enteraban de que era gay.

El más difícil de estos contratiempos ocurrió en 1964. Se había trasladado al entorno más libre de la Costa Este estadounidense y llevaba unos meses de residencia en la Universidad de Pensilvania cuando bajó la guardia y durante una cena le dijo a un amigo de la familia que era gay.

El joven se lo comunicó de inmediato a su padre, que a su vez se lo comunicó al jefe de departamento de Penn, según contó Fryer en una entrevista de 2002 a la revista Journal of Gay and Lesbian Psychiatry. El director del departamento llamó a Fryer a su despacho y le dijo: “O renuncias o te despido”.

Fryer tuvo que realizar tareas humillantes durante años en un hospital psiquiátrico estatal, la única institución que lo aceptó, para poder completar su residencia. Después de eso, se enfrentó a un largo e incierto camino hacia la titularidad. Por estas razones, era poco atractivo salir del clóset, dijo en una entrevista realizada en 2001 para This American Life, gran parte de la cual no se ha publicado hasta ahora.

“Si decías que eras gay, era una manera de no tener ningún poder”, dijo. “Y yo quería ser poderoso. Así que ser un médico aparentemente heterosexual me permitió tener poder”.

En 1970, Frank Kameny, un astrónomo que había sido despedido del ejército por ser gay, dirigió un pequeño grupo de activistas por los derechos de las personas homosexuales para protestar contra la convención anual de la APA, exigiendo que se desclasificara el diagnóstico.

Fryer formaba parte de la “APA Gay”, un grupo en los márgenes de la asociación que se reunía en secreto, y vio con desagrado cómo los manifestantes irrumpían en las mesas redondas e interrumpían a los oradores. “Estaba avergonzado y deseaba que se callaran”, dijo.

Pero al año siguiente, Barbara Gittings, una de las activistas, se acercó a Fryer para pedirle ayuda.

Líderes más jóvenes y progresistas estaban ascendiendo en las filas de la APA y los activistas percibieron una oportunidad. Tuvieron una idea: en vez de protestar, podrían cambiar las cosas enfrentándose a los psiquiatras con uno de los suyos, un psiquiatra gay. Si pudieran encontrar a alguien que aceptara hacerlo.

“Mi primera reacción fue: De ningún modo”, recuerda Fryer. “No tenía nada seguro y no quería hacer nada que pusiera en peligro la posibilidad de conseguir un puesto de profesor en algún sitio. En ese momento, no había manera de lograrlo si revelaba mi identidad”.

Sin embargo, durante los meses siguientes, Gittings siguió insistiendo. Le contó a Fryer cómo se había acercado a una decena de colegas homosexuales y cada uno de ellos decía que no, que el riesgo era demasiado grande.

Esta reticencia molestó a Fryer. Y Gittings, como dijo él, continuó “subiendo la apuesta”. ¿Y si le pagaba el viaje a Dallas? ¿Y si llevaba un disfraz, para que nadie supiera que era él?

“Ella sembró en mi mente la posibilidad de que podía hacer algo”, dijo. “Y que podía hacer algo que fuera útil sin arruinar mi carrera”.

En aquel momento, la pareja de Fryer era un estudiante de arte dramático y ambos se lanzaron al proyecto de idear un disfraz que ocultara su identidad: un esmoquin grande, una máscara de goma para distorsionar sus rasgos y una peluca que no tuviera las entradas que él tenía.

Al subir al escenario ese día, Fryer dijo: “Sentí una gran libertad, una sensación de libertad inmensa”.

También estaba orgulloso de ser el único de sus colegas que se había atrevido a hacerlo.

“Hacer eso, estar dispuesto a hacer eso, aunque ninguno de mis colegas en la APA Gay estaba dispuesto, de manera abierta o de otro modo”, dijo. “Todos estaban en la audiencia. Y estaban aplaudiendo”.

Ver a Fryer tuvo un efecto emocional poderoso en los psiquiatras reunidos en la sala, dijo Saul Levin, quien en 2013 se convirtió en el primer hombre abiertamente homosexual en ocupar el cargo de director ejecutivo y director médico de la APA.

“Los sacudió de verdad, obviamente”, dijo. “Ahí estaba esa gran audiencia en ese momento, viendo a alguien salir con un disfraz muy bizarro. Los desorientó un poco, ¿qué diablos está pasando aquí? Y luego esta persona sale con un discurso muy elocuente”.

Fryer estaba mareado cuando dejó el escenario, tan emocionado que, antes de regresar a Filadelfia, derrochó en un clavecín manual, que describió con ironía como “una de las elecciones menos sabias de mi vida”.

Cuando regresaba a su habitación de hotel para quitarse el disfraz, pasó junto al presidente del departamento de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, que lo había despedido de su residencia. Ninguno de los dos mostró alguna señal de que se reconocían.

‘Como si ya no pudiera hacer nada más’
Fryer regresó a la casa victoriana donde vivía en Germantown con sus perros dóberman pinscher y los estudiantes de medicina a los que acogía como inquilinos.

Siguió siendo él mismo: generoso y autoritario, carismático y mordaz, y con un acento de Kentucky que usaba cuando le convenía.

Seguía sin tener la titularidad y su carrera era tan inestable como siempre. En 1973, la APA votó a favor de desclasificar la homosexualidad. Y Fryer otra vez perdió un empleo, ahora en el Hospital Friends.

De nuevo, un administrador lo llamó a su oficina. “Si fueras gay y no fueras extravagante, te quedarías”, recuerda Fryer que le dijo. “Si fueras extravagante y no fueras gay, te quedarías. Pero como eres gay y extravagante, no puedes quedarte”.

Fryer vio cómo sus colegas eran ascendidos y ganaban la titularidad. El grupo gay de la APA se disolvió, ya que una nueva generación más activista dio un paso adelante como una fuerza abierta dentro de la psiquiatría y conformó la Asociación de Psiquiatras Gays y Lesbianas. Pero Fryer no participó en ella.

“Volví a huir”, dijo. “No fui a las reuniones. Fue como si desapareciera”. Era como si “hubiera hecho lo mío y ya no pudiera hacer nada más”, dijo.

De vez en cuando, le contaba a alguien lo que había hecho.

Karen Kelly, de 67 años, quien le alquiló una habitación a Fryer cuando era estudiante de medicina, dijo que él se lo contó durante una cena a fines de la década de 1970 y no volvió a mencionarlo.

Lollis, de 85 años, dijo que ella y Fryer fueron confidentes más tarde en la vida y a veces hablaban por teléfono varias veces a la semana. Pero ella no supo que él era el doctor Anónimo hasta 2002, cuando le mandó el episodio de This American Life en el que describía el discurso.

“Simplemente no lo compartió con nadie”, dijo. “Ni su madre, ni su hermana”.

Después de un tiempo, Fryer obtuvo un puesto en la Universidad de Temple, donde se especializó en el duelo y fue uno de los pioneros que contribuyó al movimiento de cuidados paliativos. Después de dar clases todo el día y luego de cenar, a menudo veía a sus pacientes hasta las 11:00 p. m., recordó Kelly. Acompañó a muchos de sus pacientes durante su muerte.

Organizaba grandes fiestas y, a veces, se aparecían sus amigos famosos, como la antropóloga Margaret Mead o la escritora Gail Sheehy. Usaba dashikis. Cuando viajaba para dar conferencias, “terminaba en un restaurante tiki con mis primos, bailando con la bailarina de hula”, dijo Kelly.

Pero albergaba una sensación de resentimiento, dijo David Scasta, quien conoció a Fryer como médico residente en la Universidad de Temple y lo entrevistó sobre su vida en 2002.

Se sentía aislado de la comunidad gay, dijo Scasta, expresidente de la Asociación de Psiquiatras Gay y Lesbianas. Nunca tuvo una relación duradera. Y siempre sintió que su carrera no era lo que podría haber sido.

“Siempre hubo una sensación de tristeza por no ser completamente aceptado”, dijo. “John siempre sintió que estaba al margen”.

Pasarían décadas antes de que los historiadores de los derechos de las personas homosexuales entendieran completamente el significado del discurso del doctor Anónimo, que tenía “una importancia similar a los disturbios de Stonewall”, agregó Scasta. También en ese caso, el impulso del movimiento se originó por personas inesperadas.

“No siempre son las personas amables y respetuosas de la ley las que lo logran, los que pueden hacer el cambio son los que están en la periferia”, dijo.

Esta semana, el 50° aniversario del discurso del doctor Anónimo se celebró con discursos y proclamas en Filadelfia, donde se declaró el 2 de mayo como el Día de John Fryer.

La celebración pública de su acto había empezado años antes de la muerte de Fryer, y en 2001, él mismo lo comentaba con sarcasmo, cuando decía que “se le mencionaba como prueba cada vez que alguien quería una prueba”.

Sin embargo, en aquel momento, fue el secreto lo que le dio poder a su acto, dijo.

“Aquella persona disfrazada, podía decir lo que quisiera”, dijo. Y añadió: “Llevé a cabo este acto aislado, que cambió mi vida, que ayudó a cambiar la cultura de mi profesión, y desaparecí”.

2022/03/06

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | 'YO NO ESA', EL HIMNO FEMINISTA DE MARI TRINI

El País / Mari Trini en 1967 //

‘Yo no soy esa’, el himno feminista de Mari Trini en el que miles de mujeres encontraron consuelo.

La compositora murciana fue la primera mujer en salir al escenario de TVE con pantalones, un atrevimiento que le valió muchas críticas y suspicacias que los periodistas de la época no se callaron.
Amanda Rojo | SModa, El País, 2022-03-06
https://smoda.elpais.com/feminismo/yo-no-soy-esa-el-himno-feminista-de-mari-trini-en-el-que-miles-de-mujeres-encontraron-consuelo/ 

La vida de María Trinidad Pérez de Miravete-Mille y Pascual de Riquelme, más conocida como Mari Trini (Murcia, 1947-2009) no fue fácil, pero la artista supo convertir la necesidad en virtud. El primer contratiempo al que se enfrentó tuvo lugar cuando aún no había cumplido 10 años y supuso el comienzo de su carrera. Porque a aquella muchacha, que procedía de una familia aristocrática, la acechó una nefritis crónica que la mantuvo postrada en cama durante años. “No recuerdo si fueron cinco o seis. Solo sé que entré en aquella habitación como una niña y salí con sostén”, confesó en un programa de televisión en pleno siglo XXI.

Y fue durante aquel periodo de su infancia que pasó tan sola, años de comidas sin sal y frascos de colonia con los que sus padres le lavaban le pelo, cuando Mari Trini empezaría a componer sus primeras canciones. Pero los días eran largos y las distracciones pocas. Por suerte, también encontró consuelo leyendo y escribiendo poesía, demostrando ya entonces una sensibilidad que después estaría presente en las letras de sus canciones.

Yo no soy esa, que tú te imaginas

Para Miguel Ángel Bargueño, periodista y autor de 'Las chicas son rockeras' (Libros Cúpula, 2019), la compositora “supo como nadie diseccionar los sentimientos femeninos, hablando tanto por las que sufrían como por las que no se dejaban avasallar”. Lo hizo en uno de sus temas más conocidos 'Yo no soy esa' (1971), versionado recientemente por La bien querida, un himno que todavía resulta moderno y que sigue apelando a mujeres de todas las edades (y preferencias afectivo-sexuales).

“La canción tiene una historia bastante curiosa”, nos cuenta Bargueño. “El éxito de su álbum ‘Amores’ (1970) la llevó a actuar sin descanso por España, Europa y Latinoamérica, y a la hora de grabar ‘Escúchame’ (1971) ocurrió algo bastante habitual entre los músicos: que no tenía canciones suficientes. Así que, para solventarlo, recurrió a versiones de Brel, Becaud o Edith Piaf, pero seguían sin ser suficientes. Entonces, su productor, Rafael Trabucchelli, desempolvó los dos EP que Mari Trini había grabado para EMI Francia en 1965 y consideró una buena idea volver a grabar 'Ce n’est pas moi', incluida en el segundo de esos EP».

Ese ‘Ce n’est pas moi’ se convertiría en ‘Yo no soy esa’, una adaptación a la española que se grabaría con arreglos de Miguel Ramos en los míticos estudios de Hispavox de la calle Torrelaguna. “Cuando se publicó en 1971, hasta cierto punto ya era una canción antigua. Es de suponer que la compuso durante su estancia en París y claramente estaba muy influida por los grandes de la ‘Chanson’ y el pop de Françoise Hardy”, apunta Bargueño.

Antes, Mari Trini había pasado por Londres, donde encontró trabajo tocando la guitarra en un programa de televisión de la BBC 2. Pero fue París la primera ciudad que la acogería fuera de España y la que más la influyó musicalmente: allí conoció a maestros como Jacques Brel, Gilbert Bécaud o Léo Ferré, influencias que la llevaron a escribir ese himno que aún sigue resonando en nuestras cabezas.

“Este periplo formativo y su propio carácter rebelde forjaron un estilo único e ingobernable que alcanzó su cota más alta en ‘Yo no soy esa’”: una canción feminista que describe a una mujer libre, que se escabulle del dominio masculino, que es autónoma y que exige ser amada por cómo es. Un tema que pasó el filtro de la censura solo porque se consideró demasiado ambiguo”, recuerda Bargueño. El creador y artista Paco Clavel, que tuvo la oportunidad de conocerla, lo considera también un referente. “En esa época ya había surgido la canción protesta, pero esto era más sutil, más personal, más intimista”.

Pero la rebeldía de Mari Trini no solo estaba presente en sus letras: ese estilo ingobernable también se reflejaba en su carácter. La música nunca aceptó las propuestas poco razonables de ejecutivos, casas de discos y representantes. “El sello RCA quiso lanzarla como cantante pop de rostro angelical, con canciones de otros compositores como Aute, Juan Carlos Calderón o Patxi Andión, pero ella ya tenía un repertorio propio”, nos cuenta Bargueño. “El director de la casa de discos dijo que una mujer no era capaz de componer canciones, así que no prestó atención a mis temas”, recordaría también Mari Trini en una entrevista.

Por suerte, aquello no prosperó y en Hispavox pudo desarrollar su talento. “Yo siempre he dejado un margen de imaginación para que la persona que escuche la canción ponga su final. En aquel momento, muy pocas mujeres opinaban de política. Eso sí, tenían que vestirse muy bien y salir muy bien. Aun así, mis canciones no adquirieron la dimensión que adquirieron las de Serrat, las de Patxi...”, lamentaría la música años después.

Porque entonces, las mujeres podían escribir “cartas a sus amigos”, pero no poemas ni canciones. Con todo, ella consiguió hacerlo: su primer álbum, ‘Amores’ (con la canción ‘Ayúdala’ que dio lugar a gran cantidad de especulaciones porque muchos consideraban que podría hacer referencia a un trío), era un trabajo muy intimista y con letras en donde el amor se situaba siempre en el centro. Un sentimiento que Mari Trini colocó en lo más alto de su pirámide vital hasta el final de sus días: “La calidad de vida se centra en el amor”, sentenciaba.

Pantalones, 'smoking' y pajaritas de terciopelo
Mari Trini también fue la primera mujer en aparecer en Televisión Española con pantalones; concretamente, con unos vaqueros. Una decisión que no fue casual: la artista se oponía a la exaltación de la sexualidad a la que todas las cantantes se veían abocadas. “Su música, con ese aire intelectual, tampoco invitaba al escote y la minifalda”, reconoce Bargueño. Durante sus comienzos, tenía un punto más afrancesado, que cambió con el tiempo. “Ella llevaba pantalones cuando entonces lo que se estilaban eran las minifaldas, el ‘minishort’, las maxifaldas...”, recuerda Clavel.

El cantante y pinchadiscos cita a una de sus coetáneas, la poeta Gloria Fuertes, que era amiga de Mari Trini y a la que incluso le dedicó un poema. La madrileña apareció en TVE con pantalón, camisa y corbata. Y aunque Mari Trini tardó algunos años en virar su estilismo hacia uno más arriesgado y fuerte, sus comienzos también fueron interesantes. Lo desarrolla Juan Sánchez, documentalista y colaborador de Clavel en diversos programas musicales. “Me gustaba mucho su imagen porque era diferente. La recuerdo con maxivestidos de flores. Llevaba un estilo como ‘hippy’ sofisticado, pasado por París. Pero la Mari Trini de los ochenta cambió bastante: tenía el pelo más corto y una imagen más ambigua, con chaquetas con hombreras, a veces con 'smoking'...”. Y las pajaritas de terciopelo negras estaban también presentes.

Décadas después, Mari Trini sentenciaría que estaba decidida a triunfar en la canción vestida de negro de la cabeza a los pies. “Me vestí de negro reivindicado a los existencialistas, y para demostrar que sin falda se podía triunfar y trabajar”. Rocío Saiz, cantante y música, reconoce que Mari Trini siempre ha sido una importante referencia para ella; no solo musical, también estética. “Desde el principio de mi carrera, he tenido muy claro que en los conciertos iba a ir con traje. Y lo tengo claro gracias a ella, a Patti Smith, y a otras mujeres que han reventado el género en la moda, que se han adueñado de eso que llaman masculino. Porque no tenemos por qué ir codificadas y sexualizadas solo por ser mujeres”.

Esa imagen, que no buscaba agradar a nadie, se unió a un gesto característico de la cantautora, resultado de la mala praxis de un médico. “A los 17 años, tuve una sinusitis y al cirujano se le fue la tijera y me dejó con la boca mirando hacia Soria”, contó Mari Trini. Sin embargo, y, a pesar de tener una imagen fuerte y las ideas claras, todos los que la conocían coinciden en que era una persona muy sensible, tímida y con principios muy férreos. “Escuchar a Mari Trini cantando esas letras, con su tono de voz un poco tembloroso, tan cálido y con ese toque dramático, me caló muy hondo. En los setenta no dejaba de ser una mujer frágil, que sentía mucho el amor y el desamor, de una gran sensibilidad. Luego en los ochenta asumió una actitud más dura, pero igual de vulnerable”, recuerda Juan Sánchez.

Una vida en el armario

Mari Trini nunca fue completamente libre; fue discreta con respecto a sus sentimientos porque no tenía otra opción. Durante cuarenta años, mantuvo una relación con la que oficialmente ejercía como su secretaria personal, Claudette Loetitia Lanza, a la que conoció en Madrid, y que estuvo con ella hasta el día de su muerte, en 2009. “Mari Trini andaba un poco a caballo entre Madrid y Barcelona. Allí frecuentaba lugares de ambiente de mujeres, porque en la capital catalana había un rollo lésbico muy interesante, [y había] muchos clubes de lectura. A las lesbianas antes las llamaban las libreras”, nos cuenta Rocío Saiz. De hecho, Mari Trini se dejaba caer por el Daniel’s, el primer local de Barcelona para lesbianas, donde además sonaba su música.

Era en la época en la que vivía en Sant Pol de Mar. Lo recuerdan en la minibiografía que forma parte de 'Desconocidas y fascinantes'. “Mari Trini nunca hizo declaraciones sobre sí misma, ni sobre su orientación sexual, pero de la manera en la que mostraba su personalidad no era muy difícil intuir que sería gay o bisexual. También por sus canciones y por su actitud, que era totalmente diferente a todo lo que estaba en el candelero en ese momento”, reconoce Clavel. Por su parte, Saiz considera que Mari Trini se protegía para no perderlo todo. “No eres más valiente por salir del armario”, apunta. “Pero no por eso Mari Trini era menos honesta. Ahora la etiqueta de lesbiana sirve para vender discos, pero antes te la tenías que quitar. Para nosotras Mari Trini es un estandarte”, sentencia.

Sobre esto, Isabel Franc, prolífica novelista (con su primera obra, ‘Entre todas las mujeres’, quedó finalista en el XIV Premio La sonrisa vertical) y profesora en el máster en Género y Comunicación en la Universidad Autònoma de Barcelona, reconoce que Mari Trini era una especie de mito para la comunidad lésbica. Y apunta hacia una nueva interpretación de ‘Yo no soy esa’: “Para nosotras, era un himno; ese ‘yo no soy esa’ era una manera de decir que ella no era como el resto de mujeres heterosexuales”.

Porque Mari Trini no renunciaba a sus canciones para expresar cómo se sentía. “Jugaba con una absoluta ambigüedad. Recordemos que en la época aún existía la ley de peligrosidad social, una medida que no fue derogada completamente hasta 1995, y que declaraba “en estado peligroso” a los vagos, los proxenetas y “los que realicen actos de homosexualidad”, entre otros. Dicho de otra manera, declararse lesbiana no era una decisión que una mujer pudiese tomar.

Lo que sí que existían eran las especulaciones. En los medios de comunicación del momento, el tema de su sexualidad se deslizaba con mayor o menor acierto. El periodista José María Íñigo le dijo en una ocasión mientras la presentaba: “Tú tienes un gran secreto que nunca has querido contar, que nunca quieres contar y que seguramente no vas a contarme, naturalmente”. Por suerte, su interlocutora estaba más que acostumbrada a estas preguntas y sabía cómo salir victoriosa. “Sí, sí, yo te lo voy a contar. Yo tengo un secreto que es ser optimista”.

Otros eran menos discretos y andaban más perdidos, como Jorge López Pedrol. “Dime la verdad, ¿en algún momento de tu vida pensaste en que te gustaría ser hombre?”. No contento, insistió segundos después. ¿Por qué cuando veo las revistas del corazón, no veo ningún romance, ningún flirt, con un señor?”. Jesús Hermida tampoco se quedaba corto: “Das la impresión de ser una mujer solitaria”. Pero ella nunca se venía abajo ni dejaba su sonrisa de lado, a pesar de que la acusaban, cómo no, de no sonreír.

En resumen, Mari Trini se enfrentó durante años a preguntas directas que la acusaban de tener algo que ocultar y que la cuestionaban por no haberse casado y por no haber tenido una relación oficial con un hombre. Y aun así, seguía concediendo entrevistas, sin perder los nervios, y continuaba disfrutando de escribir sobre el amor. “Había que insinuar y hacerlo con metáforas”, explicaba ella misma.

Mari Trini protagonizaría en 1984 la portada de la revista Interviú. Tras años de comentarios que aseguraban que tenía una pierna ortopédica, una pierna de palo, quiso demostrar que “era una mujer sin ningún defecto físico”. Rocío Saiz cree que nunca se usan palabras positivas a la hora de calificar a una lesbiana. “Somos antipáticas, feas... entonces y ahora; y dicen que tenemos mal carácter porque no nos da la gana de meternos en los pantalones del patriarcado”.

Lamentablemente, Mari Trini tuvo que enfrentarse al final de su carrera pese a no querer dejarla atrás: durante sus últimos años, la industria no contó con ella. Pero para la artista murciana, componer canciones formaba parte de su día a día, y era trabajando como se sentía más cómoda. “En este país, si no has triunfado antes de los 30, te dejan atrás”, insiste Saiz, que es consciente de que en esta industria, como en todas las demás, la vejez no se contempla.

Un año antes de su muerte, en 2008, la Región de Murcia le otorgó el premio Lucha por la igualdad. Y el pasado diciembre, en el programa Melódico de Movistar+, cantantes como María Rodés o la periodista musical Virginia Díaz recordaron su canción ‘Yo no soy esa’ y su valor como figura feminista, adelantada a su tiempo y con mucho coraje. Sus letras, las de Mari Trini, seguirán con nosotras para siempre.

2022/01/19

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | DAVID LAFUENTE REVELA LO MAL QUE LO PASÓ MIENTRAS ESTABA EN 'AURYN' POR SER GAY: "FUE COMO VOLVER AL ARMARIO"

20 Minutos / David Lafuente en 'Sálvame' ' //

David Lafuente revela lo mal que lo pasó mientras estaba en 'Auryn' por ser gay: "Fue como volver al armario".

El cantante confesó en 'Sálvame' que tuvo que ir a terapia a causa de todo lo que vivió. "Era como la oveja negra, constantemente eran regañinas", aseguró.
20 Minutos, 2022-01-19
https://www.20minutos.es/noticia/4943680/0/david-lafuente-revela-el-infierno-que-vivio-mientras-estaba-en-auryn-por-ser-gay-fue-como-volver-al-armario/ 

Fue en verano de 2016 cuando Auryn se separó definitivamente y sus integrantes (Álvaro Gango, Blas Cantó, Carlos Marco, David Lafuente y Dani Fernández) tomaron caminos diferentes, con mayor o menor éxito en el mundo de la música. Ahora, más de 5 años después, algunos recuerdan esa etapa con cariño, pero cierto resquemor por algunas de las cosas vividas.

David Lafuente es uno de ellos, pues el cantante, que confesó su homosexualidad públicamente en 2019, acudió este martes a Sálvame para contar lo doloroso que fue tener que ocultar su orientación por estar en Auryn.

"No podía decir que era gay. No es que me lo prohibieran, pero en cierto modo sí que era así", confesó a Jorge Javier Vázquez. "Yo entiendo que trabajábamos para un público femenino y había que mantener la imagen, pero...".

"Yo con mi entorno era libre. Pasé mucho de pequeño, y llegué a Madrid y para mí fue: 'Sal del armario a empujones'. Vivir la vida, conocer gente liberal", explicó. "Y, de repente, esto fue un paso hacia atrás. Lo de Auryn fue como volver otra vez al armario".

"No podía frecuentar sitios de ambiente", contó el joven de 33 años. "Encima era un chico rebelde que venía de estar escondido y sufrir, y tenía ganas de liberarme y salir. Yo era un chico de 22 años con un grupo de amigos LGTBI, tenía novio".

"Mi vida no la cambié, intenté seguir siendo yo, aunque eso me trajo problemas. Era como la oveja negra, constantemente eran regañinas, me decían 'te han visto aquí, van a salir fotos, te han visto con alguien'. En cierto modo pasaba miedo", añadió. "Me daba miedo todo, fui a terapia durante muchos meses".

Y TAMBIÉN...
>
El cantante David Lafuente hace pública su homosexualidad.

El exintegrante de la 'boy band' española, Auryn, ha confesado que es gay mediante unas emotivas palabras que ha dedicado a su novio.
Alex del Río | As, 2019-11-12
https://as.com/tikitakas/2019/11/12/portada/1573556808_279170.html
>
David Lafuente narra cómo en Auryn vio cohibida su condición sexual: "No es que me lo prohibieran, pero era así en cierto modo".
Sálvame | Telecinco, 2022-01-18

https://www.telecinco.es/salvame/david-lafuente-auryn-homosexualidad-prohibicion_18_3268924953.html
>
David Lafuente cuenta la pesadilla que sufrió hace años por ser gay.

El cantante ha querido conceder una entrevista en la que ha hablado de lo difícil que fue para él la adolescencia y luego estar en la 'boy band' española más exitosa de los últimos tiempos.
Quemedices | Diez Minutos, 2022-01-19
https://www.diezminutos.es/famosos-corazon/famosos-espanoles/a38811138/david-lafuente-cantante-auryn-gay/

2020/08/29

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LIBERACE SOMETIÓ A CIRUGÍA ESTÉTICA A SU AMANTE PARA QUE SE LE PARECIESE

El País / Liberace //

Liberace: el hombre que sometió a cirugía estética a su amante para que se pareciesen y le acabó engañando con otros.

El extravagante pianista y Scott Thorson empezaron su relación cuando el joven sumaba solo 16 años. Nada con medida, todo con exceso, incluidos el amor y las infidelidades.
Eduardo Bravo | SModa, El País, 2020-08-29
https://smoda.elpais.com/celebrities/liberace-el-hombre-que-quiso-adoptar-a-su-amante-como-hijo-le-sometio-a-cirugia-estetica-para-que-se-pareciesen-y-le-engano-con-chaperos/ 

Las Vegas es de los pocos lugares en el mundo donde pueden coincidir un rey, Elvis, y un emperador, Liberace. Aunque nacido en Wisconsin en 1919, el pianista parecía salido de una antigua corte europea en la que aún se estilaban los chapines, las capas de armiño, las levitas con bordados, las camisas con chorreras y los candelabros, como el que presidía todas sus actuaciones sobre su piano de cola Baldwin.

Niño prodigio de la música, Liberace se había hecho popular como pianista heterodoxo, capaz de interpretar repertorio clásico, canciones populares e incluso mezclar ambos géneros, como demostraba en su número de The Three Little Fishes, en el que ejecutaba una conocida canción infantil al modo de Liszt, Mozart o Strauss. A pesar de que la crítica especializada nunca valoró su personal forma de tocar, Liberace siempre se tomó esos ataques con humor. Después de llenar el Madison Square Garden en 1954, la prensa publicó unas críticas devastadoras que, como recordaría el músico en el documental ‘El mundo de Liberace’ de Tony Palmer, «me hicieron llorar durante todo el camino... al banco». Independientemente de lo que dijeran los expertos en música clásica, tan solo por la actuación del Madison Square Garden el artista se había embolsado 138.000 dólares (alrededor de 115.000 euros).

Un año después de la actuación en el mítico recinto neoyorquino, Liberace comenzó a actuar con frecuencia en Las Vegas donde, con el paso del tiempo, acabaría siendo la estrella residente de varios hoteles. El caché del músico en la ciudad de los casinos rondaba los 55.000 dólares semanales (algo más de 46.000 euros), una cantidad desorbitada para la época, que gastaba generosamente en joyas, abrigos de visón, automóviles, mansiones, piscinas en forma de piano, muebles bar en forma de piano, pianos, pianos en miniatura y otras chucherías para él, para sus caniches y para sus amantes.

«Tenía que tener mucho cuidado. Una vez dije ‘Oh, me encanta ese Rolls Royce’ y el día de mi 21 cumpleaños apareció con una enorme caja con un lazo. Dentro de esa caja había otra y luego otra. Y así hasta la última, que era una pequeña cajita con las llaves del automóvil. Entonces salí a la puerta y ahí había otra enorme caja con un lazo dentro de la cual estaba el Rolls Royce que me regaló», recordaba al periodista de la CNN Larry King Scott Thorson, el más conocido y duradero de todos los amantes de Liberace.

Vidas paralelas
«Nací en La Crosse, Wisconsin, a un par de cientos de millas del lugar de nacimiento de Lee [Liberace] en Milwaukee, una coincidencia que él mencionaba a menudo. Como él, yo era el producto de un hogar roto y, como él, yo también era gay», recordaba Thorson en su libro de memorias Behind the candelabra. My life with Liberace donde, entre otras cosas, narraba su dura y complicada infancia en un hogar desestructurado.

Su padre era un hombre especialmente violento y su madre, una enferma maniaco depresiva. Una complicada situación que provocó que Scott y sus hermanos vivieran casi toda su infancia en orfanatos y familias de acogida con pocos recursos. Con 10 años Scott comenzó a hacer algunos trabajos esporádicos y, aprovechando que era más alto de lo que correspondía a su edad, a los 13 mintió sobre su fecha de nacimiento para conseguir un empleo de media jornada que compaginaba con sus estudios en el instituto.

Cuando tenía 16 años y medio, un amigo de Thorson que conocía a Ray Arnett, el productor de los espectáculos de Liberace, le invitó a ir a Las Vegas a ver una actuación del pianista. Al finalizar el show Scott y su amigo pudieron entrar al camerino y conocer a la estrella que, nada más ver al joven, quedó impresionado. No solo por su belleza y juventud, sino por sus sinceras atenciones hacia uno de los caniches del músico que sufría de una ligera infección en un ojo. Thorson, que en esos momentos trabajaba como ayudante de veterinario, le explicó al artista cómo debía curar al animal, pero, pretextando que no sabría hacerlo correctamente, Liberace aprovechó para invitarlo a su mansión.

De la casa de acogida a Xanadu
«Liberace me sacó de una situación con un padre maltratador, una madre mentalmente enferma. Hice todo lo posible por agradar a ese hombre. Siempre hubo una relación de amor-odio, pero en esa época me sentía honrado de estar junto a él. Además, no quería volver a mi antigua vida de familias de acogida, que era lo más parecido a estar en el infierno», explicaba Scott Thorson que, tras graduarse en el instituto, comenzó a vivir con Liberace desempeñando labores de asistente personal, bailarín en sus espectáculos, cuidador de sus caniches, chófer personal y amante.

«Creo que yo no era gay», afirmó Thorson en el programa de Larry King contradiciendo así sus propias memorias. «Me limitaba a agradarle. Una vez me comentó: ‘Scott, tienes el trabajo más importante de mi empresa, que no es otro que el de hacerme feliz y complacerme'». A pesar de vivir su sexualidad libremente en su ámbito más íntimo, Liberace siempre fue reacio a reconocer su homosexualidad en público por miedo a que pudiera perjudicar su carrera. De hecho, cuando en 1959 actuó en Inglaterra y el ‘Daily Mirror’ sugirió que era gay, el artista demandó a la publicación, declaró ante el tribunal no ser homosexual y, ante la falta de pruebas que echasen abajo su testimonio, ganó el proceso obteniendo una jugosa indemnización.

Aunque el caso fue un aviso para navegantes destinado a acallar a los medios de comunicación, que prefirieron no volver a tocar el tema, los rumores sobre la homosexualidad del artista nunca desaparecieron del todo. Por esa razón y consciente de que su convivencia con un joven como Scott resultaba extraña, Liberace decidió buscar una fórmula que justificase la relación de cara a la opinión pública. La solución que encontró fue la de adoptar al muchacho, idea que no dejaba de ser un tanto perturbadora y que se tornó aún más delirante cuando el artista consideró que su futuro hijo, aunque fuera adoptivo, debía parecerse a él.

«Su peluquero, Guy Richards, le presentó a un hombre llamado Jack Startz que era cirujano plástico. Quedamos con él en la mansión de Las Vegas en Shirley Street. Cuando vio al cirujano le dijo ‘acompáñame’ y Lee le llevó al dormitorio. Allí había un cuadro de Liberace en el que tendría unos 30 años y le explicó: ‘Quiero que hagas que Scott tenga el mismo aspecto que yo cuando era joven para que así parezca mi hijo'», relataba el propio Scott a Larry King.

Los diferentes tratamientos y cirugías estéticas a las que se sometió Thorson, entre las que se encontraba un retoque maxilofacial con una prótesis de silicona para que su mentón se pareciera al de Liberace, fueron el comienzo del fin de la pareja. Según Scott, entre los métodos empleados por el cirujano para mejorar su aspecto estaba «La dieta de Hollywood», que no era más que la prescripción de cocaína farmacéutica, quaaludes, demerol y otras drogas a las que el joven no tardó en engancharse.

Las adiciones de Thorson comenzaron a pasar factura a la vida en común. Primero amargaron el carácter del joven y, más tarde, afectaron a su vida sexual con Liberace, que buscó satisfacer su deseo frecuentando chaperos y amantes esporádicos. «En esa época había un grupo llamado The Young Americans que comenzó a actuar en el Hilton de Las Vegas, donde también estábamos nosotros, [...] y él comenzó a tontear con uno de los chicos jóvenes del grupo», recordaba Thorson, que no solo vio cómo su puesto como amante era ocupado por otras personas, sino que fue despedido de su trabajo como chófer y asistente personal.

La venganza más cruel

Cuando Thorson fue expulsado de la mansión de Liberace, apenas le quedaban joyas y propiedades. Las había dilapidado para conseguir droga, malvendiéndolas o directamente entregándolas a los camellos a cambio de mucha menos cocaína de lo que en realidad valían. Ante semejante escenario y con objeto de solucionar su maltrecha situación económica, decidió atacar a Liberace allí donde más daño podría hacerle: aireando su relación sentimental.

En 1982, sus abogados presentaron la primera demanda en la historia de EEUU en la que un hombre pedía una pensión de alimentos a otro hombre después de que su relación sentimental hubiera finalizado. La cantidad reclamada por Thorson ascendía a trece millones de dólares (casi once millones de euros) aunque, en 1986 y después de cuatro años de pleito, se conformó con un acuerdo extrajudicial por el cual percibió 75.000 dólares (alrededor de 62.000 euros), tres automóviles y otros tantos perros.

Para entonces, la salud de Liberace estaba muy deteriorada. Al desgaste emocional derivado del proceso judicial, se sumó el diagnóstico de que tenía sida, enfermedad que había contraído durante sus aventuras con ‘taxiboys’ y amantes eventuales en las que nunca tomaba medidas profilácticas. En consecuencia, el 4 de febrero de 1987, Liberace falleció en Palm Springs por, según el certificado de defunción de su médico de confianza, una neumonía. Sin embargo, la presión de los medios de comunicación, que no le habían perdonado desde que ganase el proceso al ‘Daily Mirror’, provocó que las autoridades ordenaran realizar una autopsia en la que se confirmó que la causa de la muerte fueron complicaciones derivadas del sida.

Antes de morir, Liberace se reconcilió con Scott Thorson quien, a partir de entonces, ha llevado una vida bastante turbulenta. En los años noventa entró en el programa de protección de testigos para declarar contra el narcotraficante Eddie Nash en un caso de triple asesinato y, en 2013, ingresó en prisión por hacer pagos con una tarjeta de crédito perteneciente a otra persona. Aunque se le concedió la libertad condicional, fue descubierto consumiendo drogas y enviado de nuevo a prisión, de donde se prevé que salga en 2022. Antes de entrar en la cárcel, Thorson pasó de nuevo por el quirófano para quitarse la prótesis de la barbilla que le hacía parecerse a Liberace.

Y TAMBIÉN...
>
100 años de Liberace: 15 imágenes para recordar el exceso visual del artista que se avanzó a todos.

El pianista estadounidense nació el 16 de mayo de 1919 y en el 87 falleció víctima del sida. Visones, lamé, tacones, bordados, volantes y dorados definieron su imagen y Soderbergh rodó una película sobre su excéntrica vida.
Ana Fernández Abad | SModa, El Mundos, 2019-05-14

https://smoda.elpais.com/placeres/100-anos-de-liberace-15-imagenes-para-recordar-el-exceso-visual-del-artista-que-se-avanzo-a-todos/100279973/image/100279992

2020/06/27

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | QUERIDO WALDO

Querido Waldo.
Miguel Fernández | El País, 2020-06-27
https://elpais.com/elpais/2020/06/23/eps/1592907698_242281.html 

¿Por qué? ¿Por qué lo hizo? Esa pregunta cuya respuesta solo tú conoces. Te echaré de menos, Waldo. Ha sido un placer. 
 
Desde hace tres años escucho la misma pregunta. La repiten gente de tu círculo más íntimo, tu viuda, tus amigos, quienes te conocieron. Todos los que te describen como un hombre singular, algo ciclotímico, reservado en ocasiones, pero también hospitalario, leal, bastante hipocondriaco, disfrutón. Dicen que te gustaba ir por la vida con el mismo brío que conducías: 120, 150, 180 kilómetros...,  hasta casi volar. He escrito casi porque al amante de la velocidad que eras le aterrorizaban, sin embargo, los aviones. Solo te sentías seguro a bordo cuando el piloto era tu amigo Walter, el que pidió a Aero­líneas que le permitiera llevar tus restos a Argentina. Allí, una vez más, no te recibieron como esperabas. A los milicos no le habían gustado las noticias que llegaban de España, así que te negaron honores e incluso ordenaron que el coche fúnebre entrara al cementerio por una puerta lateral. Lo de la prensa española fue una faena, pero entiéndelo, Waldo, estábamos estrenando la libertad, había que estirar los límites. El ‘Himno a la alegría’, los más de seis millones de discos vendidos en todo el mundo, las apariciones en televisión, aquel sonido de violines parecía ya muy lejano. Cosas de la dictadura, decían. A fin de cuentas, todo aquello, ‘La canción del tamborilero’, ‘Las flechas del amor’, ‘Corazón contento’ y hasta ‘Soy rebelde’, formaba parte de los 40 años. Las crónicas apostaron por contar que salías de noche, que habías adelgazado, que se te veía triste y buscabas la compañía de jóvenes amanerados. Las madrugadas de Bocaccio, del Drugstore, en Velázquez o Fuencarral, de la discoteca O’Clock, del bar Rey Fernando formaban parte de la búsqueda de una felicidad que en pocas ocasiones habías podido disfrutar porque, como amargamente te quejaste, desde niño interpretabas la partitura de tu vida sin posibilidad de introducir la más mínima improvisación. Eras el hijo perfecto de una gran cantante, un genio precoz, el descubridor de talentos, un trabajador infatigable, el gamberro capaz de quitar la peluca a Beethoven y Mozart, el marido que junto a una esposa joven y guapa mostraba una casa de ensueño en las revistas. Con nada de eso conseguiste deslumbrar al muchacho que acababa de volver de la mili, el que te llevaste a París y presentaste a gente importante. Aunque solo habías cumplido 42, para el chico ya eras muy mayor, él tenía otros planes. Madrid, aquel Madrid atormentado del invierno de 1977, el de la matanza de Atocha, la amenaza etarra, los ultras, el destape, las huelgas, se convirtió en un laberinto donde buscarlo desesperadamente, donde llamarlo, donde esperarlo. Cuando supo lo ocurrido, a él también le sorprendió tu decisión, también conservó durante mucho tiempo el interrogante, esa duda que todavía cruza por la memoria y el corazón de quienes te conocieron y, con lágrimas en los ojos, durante estos tres años han apretado mi mano en una cafetería madrileña, en un geriátrico bonaerense, en la placidez de la jubilación antes de preguntar: ¿Por qué? ¿Por qué lo hizo? Esa pregunta cuya respuesta solo tú conoces. Te echaré de menos, Waldo. Ha sido un placer.

Miguel Fernández es autor de ‘Desafiando al olvido. Waldo de los Ríos. La biografía’ (Roca Editorial).

2018/07/22

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LA AMBIGUA HISTORIA DE LOCOMÍA: "NOS PROHIBIERON SER GAIS"

El Confidencial / Locomía en su formación original //

La ambigua historia de Locomía: "Nos prohibieron ser gais".

Muchos lo creían desaparecido, pero el grupo pionero del 'dance' español, con sus hombreras y sus botas de pico, se refundó en 2011.
Alfredo Pascual | El Confidencial, 2018-07-22
https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-07-22/locomia-ibiza-asesinato-xavier-font-disco_1595783/

El 5 de septiembre de 1987 tuvo lugar la madre de todas las fiestas en Ibiza. Acudieron más de 500 invitados, aterrizados de todas las partes del mundo en chárteres, para unos festejos que acabaron con el suministro de champán y cocaína de la isla.

El organizador era Freddie Mercury. Sus fiestas se habían convertido en un género para los tabloides británicos, siempre ávidos por una imagen con drogas, sexo o travestis a la que enganchar unas líneas insidiosas, y Mercury les daba los tres elementos casi todos los meses. Sin embargo, esta era distinta, maximizada: Mercury decidió tirar la casa por la ventana —pagó 20 millones de pesetas de la época— no solo porque celebraba su 41 cumpleaños, sino porque unos días antes se confirmó el peor de sus presagios: el VIH estaba avanzando y su final era solo cuestión de tiempo.

La mayoría de los eventos tuvieron lugar en el hotel Pike's, que todavía celebra cada 5 de septiembre el cumpleaños de Mercury, pero por la noche, después de liquidar 350 botellas de Moët Chandon y reventar 200 vasos contra las paredes del hotel, la fiesta se trasladó a la discoteca Ku, hoy Privilege, que por entonces presumía de ser la discoteca al aire libre más grande del mundo.

En una de las barras de Ku bailaban Xavier Font (Sant Boi de Llobregat, 1963) y quince de sus amigos. A Xavier, líder del grupo de gogós, le habían advertido que aquella noche iban Freddie Mercury y su troupe a celebrar un cumpleaños, pero la noticia le dejó frío: "Yo tenía 24 años y tampoco sabía muy bien quién era Freddie Mercury... esta es la primera vez en mi vida en la que lo admito", confiesa Font a este periódico desde La Habana, "así que nos limitamos a hacer un par de bailes a su lado, para las fotos, y, como no sabía qué regalarle, le di un par de zapatos de punta, de los que diseñaba yo". Font, apasionado de la moda desde niño, había montado una pequeña tienda en la isla y una peluquería con las que complementaba las noches del Ku.

"Al día siguiente, con toda la resaca, se presentó Freddie Mercury en la tienda", afirma el catalán, "y se llevó dos chaquetitas por valor de 2.200 dólares. Además, me dijo que le habían gustado mucho mis zapatos, que los iba a usar". Era verdad. Mercury lució los zapatos con punta en varias escenas de su vídeo 'I'm going slightly mad', aunque Font se enteró hace poco: "Lo vi por casualidad en YouTube hace poco. Si lo piensas, es increíble que un monstruo como Freddie Mercury llevase en su último videoclip un pedazo de Locomía, todo un honor".

Font había llegado a Ibiza cuatro años antes, huyendo de una Barcelona que no terminaba de entender esos diseños, barrocos y provocadores, de los que él era el singular modelo. En la isla, epicentro de la modernidad occidental a comienzos de los 80, aquellas hombreras, abanicos y zapatos de pico que paseaba por San Antonio a plena luz del día crearon sensación. Ku le echó rápido el lazo y Font fue colocando a sus amigos en la cuadrilla a medida que ganaba poder: "Vivíamos los dieciséis, todos juntos, en una masía en el campo. Éramos como una comuna 'hippie' pero sin ser 'hippies'", dice Font cómplice.

Los de la comuna se hacían llamar Locomía. Uno de ellos, el holandés Gard Passchier, fue el creador de una etiqueta que ha sobrevivido en el imaginario de los españoles tres décadas: "A Gard le preguntaron por qué llevábamos esos abanicos tan grandes y él quiso responder que era 'una locura mía', pero como no dominaba la gramática española, dijo que era una 'locomía'. A todos nos encantó el nombre", dice Font.

En 1987 Locomía se había convertido en la mayor atracción de la noche ibicenca. Su barra era la más animada, a la que más famosos iban, y sus apariciones por el paseo marítimo eran ya un clásico que vendía entradas de la discoteca como churros. Por supuesto, despertaron envidias profundas: "Una noche llegábamos todos de la discoteca y nos habían quemado la casa. Dentro teníamos el trabajo de cuatro años, los trajes con los que actuábamos, los que vendíamos... todo", explica Font. "Nunca supimos quién había sido, aunque todos sospecharemos siempre de los otros grupos que bailaban en Ku y a los que habíamos robado la atención de la gente".

Esa noche, mientras lamentaban las pérdidas, Font se subió sobre las cenizas de la casa y advirtió, a gritos, que para acabar con Locomía no era suficiente con quemar su casa; había que quemarle a él.

Locomía, el producto musical

El episodio sirvió para alimentar aún más su fama, que comenzaba a desbordar la isla: ese mismo año, un empresario japonés le ofreció al grupo 100.000 dólares por inaugurar una galería comercial. Locomía encajaba perfectamente en lo que se esperaba del 'New Spain', un concepto de desinhibición y glamour creado en torno a Almodóvar que estaba arrasando en Japón.

Una noche de ese verano, casi por casualidad, el productor musical José Luis Gil (Madrid, 1950), conocido por llevar a Raffaella Carrá, a Perales o a Miguel Bosé, estaba tomando una copa en Ku y tuvo una aparición mariana. Así lo recuerda en sus memorias: "De repente comenzaron a aparecer de las sombras unos personajes ataviados con ropajes sorprendentes y zapatos de estilo renacentista, de manera cadenciosa y sugerente, como si se tratase de los celebrantes de una danza sufí, que me hipnotizó a mí y a los que me rodeaban. Según se sabían admirados, la aceleración rítmica de los movimientos y los requiebros fue en aumento. Poco a poco, todo el mundo que estaba bailando se paró y empezó a arremolinarse en un enorme corro para admirar a esos jóvenes juglares que con profusión de brocados, terciopelos y grandes hombreras, que daban un aspecto cubista a las proporciones de los cuerpos completamente fuera de época y estación, estaban dejando boquiabiertos a los más modernos del mundo".

Aquella noche Gil durmió poco y, a la mañana siguiente, ya estaba en la peluquería de Locomía lanzándoles propuestas. "Tenéis una imagen muy fuerte y un estilo provocativo. Si supierais cantar, se podría estudiar lanzaros como grupo musical". Ninguno sabía cantar y el productor no quería a los quince, sino que seleccionó a cuatro, "descartando a los bajitos y a los feos, menos a mí, que soy feo pero creé el grupo", según Font, para llevárselos a Madrid y grabar un single. Los elegidos fueron Xavier Font, su hermano Luis, Carlos Armas y Manolo Arjona, lo que a la postre se recordaría como el Locomía original.

Pocos lo saben, pero en Locomía hubo un quinto elemento, una mujer. Se trata de Lurdes Iríbar, una vasca que tuvo un flechazo artístico con Xavier Font en 1983: "Nos conocimos en una discoteca en Lérida, varios años antes de que se formase Locomía. Íbamos los dos con estilismos casi iguales, incluso con nuestro maletín para cambiarnos, y nos dimos cuenta de que aquello no podía ser normal" explica a este periódico. El estilismo, que después asociaríamos para siempre con Locomía, era una combinación psicodélica del 'glam' de Bowie con la moda más en boga de la Florencia del siglo XII. "Yo nunca había coincidido en forma de vestir con nadie, así que nos hicimos amigos", relata Iríbar.

En la masía de Ibiza, Lurdes hacía de madre del grupo. Además de diseñar y coser el vestuario de Locomía junto a Font, era la que cocinaba y se ocupaba de las tareas del hogar. No obstante, en las fiestas no daba un paso atrás: "¿Que si había droga? Había droga, sexo y todo lo que te puedas imaginar. Piensa que no solo éramos un grupo de gente joven pasando el verano en Ibiza, sino que éramos un grupo de jóvenes que trabajaban en la noche", afirma Lurdes. "Pero más que un grupo de fiesteros, éramos una familia", coinciden Font e Iríbar sin escucharse.

Los cinco de Madrid dejaron a los otros once en Ibiza, que tuvieron que regresar a sus localidades de origen. La tienda y la peluquería estaban de capa caída y la relación con Ku terminó de malas maneras. Así que Gil metió a los elegidos en un piso en Majadahonda y los puso a bailar por las noches en Joy Eslava mientras producía su primer tema. Mientras, consiguió colar al grupo como animadores en televisión, concretamente en actuaciones de Pet Shop Boys y Duran Duran, dos de los grupos más famosos del momento, ambos relacionados con la cultura gay.

No parecer gais

Después, a partir de 1988, Gil no volvería a programar actuaciones que relacionasen al grupo con la homosexualidad. "La ambigüedad es comercial; lo definido, sea lo que fuere, limita y reduce el público", repetía machaconamente a los componentes del grupo, que se vieron obligados a esconder sus preferencias sexuales. "A mí me preguntaba un periodista que si tenía novia y yo le decía que sí, que tenía un novio guapísimo", dice Xavier, "y de golpe tuvimos que dejar de expresarnos con libertad, que escondernos, ser ambiguos todo el tiempo. Nos prohibió ser gais, igual que hizo con Miguel Bosé, al que Gil decía que 'Don Diablo' no era comercial". A Lurdes nada de aquello le parecía creíble: "Era una tontería ocultarlo, era muy obvio cuando íbamos con los abanicos por la calle que eran todos gais, pero Gil se lo tomó muy en serio, era una persona autoritaria".

Al tiempo que los chicos fingían heterosexualidad y recibían clases de canto con el 'crooner' francés Robert Jeantal, Gil producía los primeros temas de Locomía en la casa del productor Pedro Vidal, mezclando en el salón y grabando las voces en el baño. De ahí nacieron 'Locomía', 'Rumba, samba, tango' y 'Taiyo', la santísima trinidad de los 'locomaníacos'. Gil presume en sus memorias, además, de haber sido pionero incorporando letra al 'dance' español aunque, como se puede comprobar [...], estas se parezcan más a lo que hoy conocemos como una nube de etiquetas.

"Disco Ibiza Locomía,
Moda Ibiza Locomía,
Loco Ibiza Locomía,
Sexo Ibiza Locomía,
Mar Ibiza Locomía,
Sol Ibiza Locomía,
Marcha Ibiza Locomía,
Crazy Ibiza Locomía".


Los singles arrasaron en las discotecas durante la primavera de 1989, saltaron a las radios y en apenas un mes llegaron a las tiendas de discos. Locomía acababa de despegar, pero Xavier Font, el padre del concepto, decidió dar un paso a un lado. "Gil era uno de los mejores managers de España, de eso no cabe duda, pero a mí me quitó la ilusión. Perdí mi derecho a comportarme como lo que soy, una persona gay, dejé de poder llevar mis trajes por la calle, porque me paraban constantemente... y tampoco pude refugiarme en la creación de nuevos diseños, porque Gil nos impuso ir cada uno de un color y con el mismo traje todo un año", lamenta.

"En realidad a Xavier nunca le gustaron demasiado los escenarios, él prefería los estilismos, como yo", apunta Lurdes. Antes del lanzamiento de su primer disco, 'Taiyo', que salió en septiembre de 1989, el líder de Locomía dejó de viajar con el grupo para centrarse en el lanzamiento de 'Santuario Locomía', una boutique-coctelería situada en la Avenida de América de Madrid, cerca de Torres Blancas. La idea era poder probarse la ropa del grupo mientras un mojito te animaba a dar el paso de comprar. Fracasó. "Montar esa tienda fue cosa de Xavier, una decisión muy sabia", escribe irónicamente Gil.

"Empezamos a estar en todas las televisiones, en las radios, en las discotecas... aquello fue tremendo. Éramos todos jovencísimos y nos cayó encima una avalancha de fama y dinero", recuerda Iríbar, "fue muy importante la labor de José Luis (Gil), que ejercía de padre, no nos dejaba hacer muchas cosas... entre ellas la droga y salir por determinados lugares". "Y no era fácil resistirse, que en aquella época, en mitad de Joy Eslava, la gente te ponía rayas en la barra", remacha la vasca. Entraba tanto dinero que el mánager, según indican fuentes del sector, comenzó a dejarse ver por Madrid a bordo de un Mercedes blanco descapotable y un suntuoso abrigo de pieles.

'Big in America'
Pero donde Locomía fue realmente grande fue en Latinoamérica, especialmente en Argentina, México, Perú, Colombia y Chile. Lurdes acompañó al grupo en una gira por Argentina de la que no tiene buen recuerdo: "Lo pasé mal. La gente nos esperaba en el aeropuerto, en la puerta del hotel, nos seguía en sus coches... y todos los teatros y salas donde actuábamos estaban abarrotados, era una locura", recuerda. "Mi problema es que eran casi todo chicas jóvenes y, en cuanto yo salía al escenario, me insultaban y me amenazaban, se creían que era la novia de alguno", dice divertida, "y no me extraña, porque eran todos tíos altos y guapos, pero claramente gais".

La imagen de Lurdes a comienzos de los 80 recuerda a la de Madonna a mediados de la década, algo que la sacaba de quicio: "Me confundían todo el tiempo con ella... de hecho en Japón llegué a firmar a gente como ella, no paraban", dice. "Pero es que yo no le copié el estilismo, yo siempre he ido así, es ella la que en ocasiones se ha vestido muy parecido a mí. Yo no digo que se fijase, pero eran muchas coincidencias". Al otro lado del planeta, Font defiende la misma versión: "Nos pasó en varias ocasiones ver que Madonna se vestía como la Lurdes", afirma. "Madonna celebraba sus cumpleaños en Ibiza y no es raro que alguna vez nos haya visto, aunque suene a leyenda urbana".

Era 1991, el grupo había sacado su segundo LP, 'Locovox', y seguían llenando estadios y plazas de toros en México y Argentina, mientras que en España se limitaban al circuito de pueblos, no siempre bien acogidos. "En algunos sitios, como en Zamora, tuvimos algún incidente de mal gusto con los machitos de la fiesta", narra Gil en su libro. En América, además, tenían todas las horas de televisión que querían. Sus fans, entregadísimas, cantaban incluso extravagancias como 'Gorbachov', un tema dedicado al exlíder soviético que seguían interpretando incluso después de la caída del Muro de Berlín. ¿Es este un guiño de Locomía al comunismo 'light'? "No. Locomía es y será ateo y apolítico. Es solo música de baile", confirma Font.

"Gorbachov es Perestroika,
Gorbachov es desarmar,
Gorvachov es convincente,
sabe mandar.

Gorbachov es dulce 'raisa',
Gorbachov es confiar.
Gorbachov es una estrella, superstar".


Gil contra Font
A finales de 1991 Locomía se trasladó a Miami para preparar el asalto a Estados Unidos. Fue el comienzo del fin. Después de que cerrase 'Santuario Locomía', con Gil y Font culpándose del fracaso, el catalán regresó al frente del grupo para asegurar la expansión, pero también porque no se fiaba del mánager. Era un sentimiento mutuo: en sus memorias, Gil sostiene que "siempre dudé de la capacidad cerebral de Xavier, pero al menos amaba el producto", para poco después referirse al fundador de Locomía como "un loco y un tonto codicioso".

La situación saltó por los aires en 1992, cuando Xavier descubrió que Gil había cobrado un adelanto de 600.000 dólares por el disco que iban a grabar. Se enteró por Julio Sabala, famoso en España por imitar a Michael Jackson y Julio Iglesias: "No nos había dicho nada porque no lo quería repartir, me tuve que enterar por Sabala, que había cobrado lo mismo", dice Font. La separación fue traumática porque ambas partes se necesitaban: mientras la marca Locomía era propiedad de Font, quien tan solo se la había cedido cinco años a Gil, al productor le pertenecían las canciones, pero solo le quedaban dos años para seguir explotándolas antes de que caducase la cesión.

Font sostiene que, después de despedirle, descubrió que Gil le había "chuleado muchos millones": "Lo ha hecho con Perales, con Mari Trini... con todos los que ha representando. Es una de las peores personas que conozco, y desde luego la que más daño a hecho a Locomía". Durante seis meses, en 1993, coexistieron dos formaciones de Locomía: la original, que no podía interpretar sus canciones, y una nueva recreada por Gil, que no cayó bien entre las fans, a las que no se ofreció explicación alguna. Más allá, Font se aseguró de que todos supiesen que aquellos no eran realmente Locomía y Gil, de que ningún empresario de Latinoamérica contratase a la anterior formación bajo amenaza de demanda. En el cénit de su éxito y con solo tres años de recorrido, Locomía se partió en dos para devorarse a sí mismo.

Font y Gil nunca volvieron a cruzarse la palabra fuera de los tribunales. Desde que el catalán recuperase los derechos sobre la marca, su relación se ha limitado a encontrar formas para explotar su legado sin que el otro se entere. "Nos encanta darnos por el culo con la publicidad. Él cobra los anuncios en los que se usan las canciones y yo en los que se explota nuestra imagen y marca. El último que he hecho es el de Sprint, la empresa telefónica, cambiando la canción lo suficiente para que no vea un duro", dice Font.

La mano negra
Después de abandonar Locomía, Gil empezó a trabajar con una joven 'grouppie' de Locomía: Mónica Naranjo. "Mónica grabó con nosotros, pasaba mucho tiempo en el estudio y claramente tomó nuestras influencias. No hay más que verla en su primera época, lucía una estética arrogante como la nuestra y desde luego nuestra misma ambigüedad sexual", afirma Font, que ve la mano negra del mánager en distintos episodios posteriores a su separación.

El más importante sucedió en 2009, cuando Font fue condenado a tres años de cárcel en la que se llamó operación Abanico por vender 'popper', una sustancia recurrente en la comunidad gay, así como pastillas de éxtasis y viagras falsificadas por internet. "Eran de uso personal, para mí y mis amigos. No entiendo que tuviese que pasar unos meses en prisión por unas cantidades tan pequeñas... ¿sabes cuándo sucedió todo esto? Cuando estábamos relanzando Locomía", dice Font desde La Habana, donde puso tierra de por medio tras recuperar la libertad.

Nadie en la industria parece saber dónde se encuentra José Luis Gil. Harto de su evolución, en 2004 publicó un ajuste de cuentas al sector, firmado como "JL Green Snake", se hizo santero y se instaló en Brasil. Lo último que sabemos de él es que en 2008 era mánager de Estéfano, del popular dueto 'Donato y Estéfano', cuando uno de sus empleados disparó al cantante dos tiros, uno en el pecho y otro en la cabeza, aunque no fue capaz de matarlo. Según la investigación de la Policía de Miami, Estéfano descubrió al salir del hospital que Gil había transferido 2,4 millones de dólares de sus cuentas a la iglesia santera a la que pertenecía el español. Con Estéfano en el hospital, Gil transfirió otros 3.000 dólares a la mujer del hombre que le disparó.

"Te voy a confesar una cosa", dice Font, "de todas las formaciones que hemos probado, ninguna me ha producido sensaciones parecidas a cuando estábamos en la Ku, y eso que en muchas de ellas ha estado Manolo Arjona, que es más importante en Locomía que yo". "Pero el año pasado estuve viendo una actuación de los nuevos Locomía y, por primera vez desde los 80, sentí la magia, sentí que esta formación era capaz de llegarle a la gente". Por eso Font tiene dudas: "Y ahora que estábamos remontando el vuelo otra vez, mueren dos de los miembros del grupo, ambos con 46 años, en el mismo mes y por causas muy extrañas... es como si Locomía tuviese una maldición para que nunca se recupere".

A sus 55 años, el catalán no se rinde y planea regresar el año que viene a España para relanzar el grupo de una vez por todas: "Digo hoy lo mismo que dije hace treinta años en Ibiza: si quieren matar a Locomía, tendrán que matarme a mí", zanja Xavier.

2017/07/30

DOCUMENTACIÓN | LITERATURA | SALIR DEL ARMARIO, ¿ACABAR CON TU CARRERA LITERARIA?

Salir del armario, ¿acabar con tu carrera literaria?
En 2017, aún se da el fenómeno de los autores LGTBI que escriben novelas hetero: no por pudor identitario, sino por presiones editoriales y ansias de llegar al público generalista, en el que el hetero no lee al gay.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2017-07-30
https://www.elespanol.com/cultura/libros/20170728/234727410_0.html 

Jaime Gil de Biedma, siendo él un gay mítico, desconfiaba de la poesía homosexual -salvo la de Cernuda y Cavafis- porque decía que "el autor, y el lector con él, parecen poner más atención en el sexo de la persona amada o deseada que en el amor y el deseo". Sin embargo, es fácil imaginarle en esa escena de ‘Peeping Tom’ en la que describe al muchachito atónito al que sorprendió mirándole mientras él se revolcaba junto a otro estudiante en el pinarcillo de la Facultad de Letras. "Así me vuelve a mí desde el pasado / como un grito inconexo / la imagen de tus ojos. Expresión / de mi propio deseo".

Pero no es igual la España de Vicente Aleixandre, la de Vicente Molina Foix y la de Luisgé Martín. La primera condenaba, la segunda ‘perdonaba’ sin olvidar, la tercera aún reprocha. Cuando la identidad sexual de Aleixandre se animaba a coger vuelo poético, allá en los años treinta, vino la Guerra Civil a arramblar con las esperanzas y a mantenerle la boca cerrada y la muñeca quieta. El poeta nunca admitió su condición públicamente, al menos hasta que en 2016 salieron a la luz sus escritos homoeróticos, como las cartas de amor que le escribió a Carlos Bousoño.

Hay autores que han detentado un nuevo fenómeno -en democracia- que parece antiguo, que es edificar una obra literaria con tronco heterosexual desde la homosexualidad

Claro que hay formas de vivir el amor y formas de experimentar la literatura. Hay hombres transparentes y paralelos entre identidad y obra: ahí Antonio Gala, Luis Antonio de Villena, Álvaro Pombo -ojo a ‘Contra natura’ o ‘Relatos sobre la falta de sustancia’- o Eduardo Mendicutti -que fue el primero en incluir una relación ‘leather’ en una novela-; pero también hay autores que han detentado un nuevo fenómeno -en democracia, no como Aleixandre- que parece antiguo, que es edificar una obra literaria con tronco heterosexual desde la homosexualidad.

De Goytisolo a Huerta
Rafael Chirbes, por ejemplo, comenzó su carrera como escritor en 1988, cuando quedó finalista del Premio Herralde con su novela ‘Minoum’, de temática homosexual. Sin embargo, no volvió a ahondar en la cuestión hasta la impactante ‘París-Austerlitz’ (Anagrama), publicada póstumamente. Escribió la novela durante 20 años hasta que se atrevió a ‘dejarse ser’. "Y curiosamente lo hizo sin que el conflicto homosexual fuese el importante. Chirbes lo envolvió todo en un conflicto de clase y de edad", explica a este periódico el brillante novelista Luisgé Martín, que hace un año publicó ‘El amor del revés’ (Anagrama), un testimonio autobiográfico sobre su homosexualidad, un grito contra los disfraces.

Asimismo lo decía el pintor Gonzalo Goytisolo sobre su tío Juan, Premio Cervantes 2014, recientemente fallecido: "A mi tío Juan nunca lo verás militando en una manifestación gay, no es una persona pública en ese sentido. Lo vive como una experiencia íntima y muy personal. La homosexualidad está tratada con naturalidad, no forzada; es como un comentario sin darle importancia". Tampoco sus letras lo reflejan. En el ámbito del ‘best-seller’ nacional, autores televisivamente punteros como Sandra Barneda -que en sus libros reserva algún personaje secundario LGTB y que ha preferido no participar en este reportaje- o Màxim Huerta no llegan a encharcarse, en la misma línea que la poeta Irene X y sus primeros poemarios heterosexuales.

"Hay escritores LGTB que publican literatura heterosexual, pero no puedo darte nombres, porque estaría haciendo ‘outings’ [sacándolos del armario a la fuerza]", sonríe Martín. ¿Por qué sucede esto? "En parte, porque hay editoriales que promueven que así sea". Remite al caso de María Tena, "una escritora absolutamente heterosexual que escribió ‘El novio chino’ (Fundación José Manuel Lara), que cuenta la historia de un señor sevillano que se va a Shangay y se enamora de un jovencito chino".

"Pues resulta que una editorial, no en la que ganó el Premio Málaga, y que no es la que la ha publicado, tuvo ese manuscrito sobre la mesa, y le recomendó que reconvirtiese esa historia en una historia heterosexual, porque si no, no había forma de vender".

¿Los hetero consumen literatura LGTB?
¿Es la literatura troncalmente LGTB un producto que sólo interesa a personas LGTB? "Las cifras lo dejan claro: los libros con un aura homosexual suelen ser leídos por homosexuales", sostiene Martín. Y dentro del colectivo heterosexual, ¿están menos interesados los hombres hetero en literatura homo? "Sí, no es nada descabellado, porque sigue habiendo ese punto de machismo... incluso en aquellos hombres que no son nada machistas en su comportamiento, pero bueno, de alguna manera tienen la sensación de que esas mariconadas -dicho con cariño- no les van a aportar nada, mientras que a la mujer todo lo que tenga que ver con los aspectos sentimentales de la condición humana le parece perfectamente interesante, venga de donde venga".

La escritora Mila Martínez, autora de novelas como ‘No voy a disculparme’ o ‘La daga fenicia’ (ambas editadas por Egales, y esta última galardonada con el Premio Fundación Arena de narrativa LGTBI), es consciente de la "discriminación absoluta" que hay por parte "de todas las editoriales". "Por eso surgieron editoriales de línea homosexual, ¡por esta necesidad!, porque nadie nos quería publicar, independiente de la calidad, porque es difícil introducir en librerías generalistas esta literatura...".

El rechazo editorial
En este sentido, Luisgé Martínez recuerda que hubo un tiempo en el que la sociedad se reservaba la etiqueta "literatura LGTB" para "un subproducto, porque había autores abiertamente gays a los que no se les incluía ahí". Se refiere a "esa literatura erótica de serie B, muy mal escrita, pero que servía para alimentar a homosexuales que tampoco leían pero que querían encontrar un espejo en el que mirarse; novelas planas, livianas, estereotipadas".

Sostiene que este panorama ha mejorado notablemente, y que, de "editoriales de andar por casa" se ha pasado a editoriales de alta calidad, como Egales -"que siempre mantuvo el nivel"- o ahora a Dos Bigotes, que es "una apuesta fantástica, sin discusión, buenos textos y buenas ediciones". Con todo, sabe que aún hay "muchas editoriales que dan esquinazo". Una lanza a favor de la suya: "Anagrama, por ejemplo, sí puede ir con la cabeza bien alta, porque ha publicado muchísima literatura homosexual y de muy buena calidad".

¿Y el compromiso LGTBI?
¿Tiene o no el escritor LGTBI cierta ‘obligación moral’ de incluir personajes LGTBI en su obra? "No, desde hace años tenemos claro que las obligaciones morales valen para todo menos para la literatura", apunta Luisgé Martín. "En la literatura haz lo que creas que tienes que hacer, por otras razones o por razones estrictamente literarias o existenciales, pero nunca por razones políticas".

Explica que cuando él se ve en esa tesitura, sólo se siente "en deuda" fuera de sus libros: "Cuando escribo artículos, cuando participo en determinadas causas o conferencias, cuando hay que arrimar el hombro de alguna manera. Ahí si siento que tenemos un deber moral y yo lo ejerzo. Y en mi literatura también practico el compromiso, pero no porque tenga un compromiso, sino porque es de lo que me apetece escribir". Muchos han sido activistas del libro ‘hacia fuera’: de Eduardo Haro Ibars, por ejemplo, decía Villena que "era más gay él que su literatura".

Y lo más importante: cada vez más autores heterosexuales se lanzan a publicar contenido homoerótico, como Juan Bonilla en ‘Los príncipes nubios’ (Seix Barral), como Marta Sanz en ‘Zarco’ (Anagrama), como Javier Reverte en ‘El médico de Ifni’ (Plaza&Janés), como Lucía Etxebarria en ‘Beatriz y los cuerpos celestes’ (Destino) o como Almudena Grandes en ‘Las tres bodas de Manolita’ (Tusquets).

Se acerca -aunque lento- el momento en el que lectores e industria asuman que incluir personajes LGTBI en una novela ha dejado de ser un acto político ni una reivindicación para pasar a ser, meramente, una muestra de realidad. Se acerca -aunque lento- el día en el que el hombre, por fin, pueda decir lo que ama, como escribía Cernuda. Sin consecuencias comerciales, claro.

2017/06/28

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MAGNETO CONTRA LA DAMA DE HIERRO: CUANDO IAN McKELLEN SE ENFRENTÓ A MARGARET THATCHER

20 Minutos / Ian McKellen (i), en las protestas de 1988 //

Magneto contra la Dama de Hierro: cuando Ian McKellen se enfrentó a Margaret Thatcher.

¿Quién es peor: Sauron, o una primera ministro homofóbica? Lee esta historia, y entenderás que el intérprete de 'X-Men' y 'El señor de los anillos' tenga sus dudas.
Yago García | Cinemanía, 20 Minutos, 2017-06-28
https://cinemania.20minutos.es/noticias/magneto-la-dama-hierro-cuando-ian-mckellen-lucho-margaret-thatcher/

Que Ian McKellen es una de las personas más tremendas sobre la Tierra es algo que salta a la vista. A sus venerables 78 años, el actor inglés puede ufanarse de ser Gandalf, Magneto, un distinguido intérprete clásico, el mejor amigo de Patrick Stewart... y uno de los activistas gay más famosos del mundo, responsable de demoler más de un prejuicio. Ya que el 28 de junio celebramos el día del Orgullo LGBT, es el momento perfecto para recordar uno de sus momentos cumbre más allá de ‘X-Men’ y ‘El señor de los anillos’. Y uno, además, que se presta mucho a la guasa. Porque, tratándose del Amo del Magnetismo, tiene lógica que McKellen saliese del armario para plantarle cara a la ‘Dama de Hierro’. Es decir, a la primera ministro Margareth Thatcher.

Viajemos en el tiempo y el espacio, como si estuviésemos en 'Días del futuro pasado'. El lugar es Reino Unido, el año es 1988, y no es una buena época para los súbditos gais y lesbianas de Su Graciosa Majestad. En Inglaterra y Gales, la homosexualidad sólo dejó de ser un delito penal en 1969, hace menos de 20 años, mientras que la gente LGBT en Escocia ha tenido que esperar hasta 1980 para dejar de sufrir el acoso de la policía. Por si fuera poco, el sida hace estragos, y, frente a la pandemia, el gobierno de Thatcher reacciona con anuncios televisivos (con la voz en off de John Hurt) dedicados a fomentar el miedo, que no a informar sobre el síndrome. Mientras tanto el asesor de Thatcher Christopher Monckton asegura que tiene la solución para detener los contagios: internar a los enfermos en campos de concentración.

En este contexto tan poco halagüeño, un Ian McKellen de 49 años no se puede quejar. Aunque no ha rodado demasiado cine, sus dos décadas de carrera le han convertido en una presencia habitual en los escenarios y la TV, con cuatro premios Olivier y un Tony en la estantería. Por lo demás su sexualidad es algo que sólo conocen cuatro amiguetes (entre ellos, claro, Patrick Stewart) y está muy al margen de su imagen pública. Lo cual resulta irónico, como reconocerá más adelante: “En mi primera película, interpreté a un hombre gay, y después estrené ‘Bent’ [la obra de teatro de Martin Sherman sobre la homosexualidad en la Alemania nazi], lo cual es ya de por sí una salida del armario”. Sus pocas ganas de salir del armario se deben, en parte, a que aún tiene la esperanza de trabajar en Hollywood, y en parte a que él y algunas luminarias del activismo gay británico (como el insigne cineasta Derek Jarman) se profesan un odio del todo mutuo. La chispa que lo cambiará todo tiene el nombre de Sección 28.

Salir del armario en directo
¿Qué era la Sección 28? A primera vista, poca cosa: una enmienda a la Ley sobre Gobiernos Locales, tan trascendental como una regulación sobre la pesca de la anchoa. Pero las apariencias eran una cosa... y la realidad, otra muy distinta. Espoleado por el miedo al sida, con ganas de posicionarse frente a la actitud pro-gay del Partido Laborista y con un escándalo en la cartera (el de ‘Jenny Lives with Eric and Martin’, un libro para niños sobre una familia homoparental), el gobierno conservador decide proponer esta medida, semejante (pero no idéntica) a la actual ‘ley de propaganda homosexual’ en Rusia. O a la ley de registro de mutantes del senador Kelly, ya que estamos.

Si la medida llegaba a aprobarse, los organismos y medios de comunicación públicos tendrían prohibido “promover la homosexualidad o ayudar a quienes la promovieran”. Los centros de enseñanza, mientras tanto, deberían explicar a sus alumnos que el amor y la atracción entre personas del mismo sexo no constituían “un estilo de vida aceptable ni un auténtico vínculo familiar”. Llevado a la práctica, esto suponía la retirada de subvenciones y apoyo a las asociaciones LGBT (esas mismas que, ante la pasividad del gobierno, hacían lo que podían para frenar la expansión del sida) y la condena de los jóvenes gais, lesbianas, bisexuales y transgénero al desamparo más absoluto. ¿Cómo respondió Ian McKellen a esta amenaza? Pues con una muestra de valor que Aragorn hubiese admirado: saliendo del armario, en riguroso directo, durante una entrevista para la BBC.

A partir de ese momento, McKellen se convierte en el perejil de todas las salsas, siempre que esas salsas tengan por objeto impedir que la Sección 28 sea aprobada. Él mismo ha reconocido que, en parte, eso se debió a que acababa de cortar con Sean Mathias, su pareja de más de 10 años, y necesitaba algo en lo que desahogar la mala uva. Su presencia en las manifestaciones de rigor es constante, y en ellas pronuncia frases memorables. “Thatcher no tiene nada contra los gais, pero no quiere que los gais se reúnan, igual que no tiene nada contra los obreros, mientras no se les ocurra formar sindicatos (...). Están privatizando la homosexualidad. Y, si es así, yo quiero reclamarles mis dividendos”, señaló. 

20 Minutos / Ian McKellen, agachado en el centro //

“Si McKellen puede...”
Como señala el propio McKellen, “el Reino Unido ama a sus actores”. Y nuestro hombre también tuvo eso en cuenta a la hora de buscar amigos que le ayudasen a llevar la pancarta. La presencia de Judi Dench, Vanessa Redgrave, Patrick Stewart (¡faltaría más!) y un Gary Oldman todavía muy pipiolo, por citar sólo unos nombres, convirtió los actos contra la Sección 28 en eventos mediáticos, algo que encarnizó todavía más el debate. El momento más jocoso (o así) de McKellen llegó cuando un ministro conservador le pidió un autógrafo. McKellen se lo firmó, y en su dedicatoria podía leerse “Que te jodan: soy gay”. Calcúlese, pues, el chasco cuando, en mayo de 1988, la ley de marras fue aprobada en la Cámara de los Lores.

“La Sección 28 tuvo algo bueno: me obligó a decir la verdad”, admite hoy Ian McKellen. Asimismo, el actor señala que le cogió el gustillo a eso de tomar la calle, y, a día de hoy, todo el mundo ha visto alguna foto suya en una manifestación o un acto público en favor de causas progresistas (no necesariamente LGBT). Por último, asegura que su visibilidad animó a otros actores gais a vivir su vida sin esconderse. “Debieron de pensar: ‘Si McKellen lo ha hecho, y sigue trabajando, entonces yo también puedo”. En 1991, se le concedió el título de ‘sir’, algo que llevó a su odiado Derek Jarman a ponerle como hoja de perejil. E, irónicamente, sus soñados trabajos en Hollywood empezaron a llegarle a finales de los 90, cuando ya llevaba una década larga ejerciendo su activismo.

La Sección 28 se mantuvo en vigor hasta 2000 (en Escocia) y hasta 2003 (en el resto de Reino Unido). Aunque no dio lugar a ningún proceso judicial, se considera que fue extremadamente lesiva para la causa LGBT... y también para la imagen pública de una Margaret Thatcher que fue depuesta por su propio partido en 1990. La ex primera ministro falleció en 2013. Ian McKellen sigue vivo y coleando, esperamos que por muchos años. Para entonces, él mismo ha pensado en su epitafio: “Fue Gandalf, y salió del armario”. 

2017/06/01

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA FOTOGRAFÍA COMO ESPEJO: MINOR WHITE

La fotografía como espejo: Minor White.
La Fundación Loewe acoge la primera exposición individual en España de este maestro del modernismo fotográfico.
Gloria Crespo MacLennan | El País, 2017-06-01
https://elpais.com/cultura/2017/06/01/babelia/1496303005_473495.html 

“¿Has estado enamorado alguna vez?”, le preguntó Alfred Stieglitz a Minor White. White asintió. “Entonces puedes ser fotógrafo”, añadió Stieglitz. La conversación tuvo lugar en Nueva York. Transcurría 1946 y White dudaba entonces sobre su capacidad para ser un buen fotógrafo. Stieglitz era ya un anciano a punto de morir. Su sencilla pregunta no solo hizo salir de dudas al joven artista, también le indicó la senda a tomar; un camino de búsqueda espiritual reflejado en la capacidad metafórica de las imágenes.

Con motivo de PHotoEspaña 2017, la Fundación Loewe dedica una exposición a Minor White (Minneapolis, 1908 - Boston, 1976). Se trata de la primera muestra individual que se celebra del artista en nuestro país, que agrupa 42 fotografías bajo el título 'Minor White: metáforas'. “Fue un gran maestro, muy influyente en la fotografía americana de la posguerra. Su labor destacó no solo como fotógrafo, sino como profesor y editor de la revista ‘Aperture’, que aun sigue siendo la biblia de la fotografía”, destaca María Millán, comisaria de la muestra.

Desde la perspectiva actual, sometidos a un bombardeo continuo de imágenes dirigido a captar nuestra atención solo momentáneamente, y dónde la fotografía parece revelar códigos culturales más que verdades personales o espirituales, quizás la obra de Minor White sea un poderoso contrapunto valedor de los principios de la fotografía modernista. “Uno debe fotografiar las cosas no solo por lo que son, sino por lo que además son”, decía White.

Su abuelo le regaló una cámara a los siete años. Autodidacta, llegó a la fotografía a los 30, después de haber estudiado literatura inglesa y botánica. Sus primeros pasos los dio a través de la fotografía documental, cuando le encargaron retratar los edificios históricos del puerto de Portland, listos para su demolición. Fue por esa época cuando obtuvo su primer trabajo como docente de la fotografía en La Grande Art Centre. Un año más tarde, tres de sus fotografías fueron incluidas en una exposición del MoMa ‘Image of Freedom’. Poco a poco sus imágenes descriptivas se fueron volviendo más personales. La experiencia en el ejército, durante Segunda Guerra Mundial, junto a su reunión con Stieglitz, marcaría un antes y un después en su trayectoria artística.

Inspirado por la creencia de Kandinsky de que el color, la forma y la línea reflejan las ‘vibraciones del alma’, así como por las teorías simbolistas de la imagen como metáfora, Stieglitz había elaborado una ‘teoría de equivalencias’. Esta quedó plasmada en su serie de fotografías de nubes, las cuales expresaban sus distintos estados internos y emocionales. “Quise fotografiar nubes para averiguar lo que había aprendido en 40 años dedicado a la fotografía. Expresar mi filosofía de vida a través de las nubes, mostrar que mis imágenes no eran el resultado de un tema”, escribió el fotógrafo. Así, Stieglitz se convirtió en la principal influencia de Minor. “Tanto en sus enseñanzas como en su obra personal, Minor hacía mucho hincapié en la necesidad de estar en contacto con la vida interior y atento a las sensaciones que experimenta uno mismo”, explica Millán. “Seguidor de la teoría de la equivalencia, sus fotografías van más allá de la imagen que reflejan; sus rocas, sus escenas de agua o hielo, son imágenes simbólicas, metáforas de un sentimiento. Son metafóricas tanto para su autor como para quien las observa”.

De Stieglitz también heredó la tendencia a la secuenciación de las imágenes, defendiendo que otorga más contenido a las imágenes que si son observadas individualmente. “Aun así, Minor da la libertad al espectador para crear su propia secuencia y crear su propia historia”, señala la comisaria. “De esta forma en la exposición se han mezclado imágenes de distintas etapas: los paisajes urbanos de San Francisco, con desnudos y con abstracciones”.

Ansel Adams le invitó en 1946 a impartir clases en el California School of Fine Arts de San Francisco. Con Adams compartía su pasión por la naturaleza, pero no su visión. Minor nunca estuvo interesado en mostrar su grandiosidad ni su belleza, sino en captar sus formas abstractas para expresarse simbólicamente a través de metáforas. “Lo que sí aprendió y propagó de Adams fue su ‘sistema de zonas’ (técnica de revelado)”, señala Millán, “por el cual conseguía exponer y revelar un negativo con una excelencia en la que que se pueden distinguir toda una gama de tonalidades”. “En la exposición”, continúa Millán, “podemos observar esta riqueza tonal, ya que todas sus fotos las reveló él. Podemos apreciar lo bien que entendía la luz a la hora de exponer y de revelar. Son imágenes lujosas, con un grado de poesía y evocación máximo”. Sin embargo, fue con Edward Weston con quien compartió su visión de la naturaleza, de la expresividad de las formas, aunque sus interpretaciones diferían. Juntos irían a fotografiar a Point Lobos.

La fotografía se convirtió en una filosofía de vida para el artista. A través de ella hizo visible su continua búsqueda de la trascendencia espiritual (durante distintas etapas de su vida abrazó el catolicismo, el zen, se hizo adicto al I Ching, seguidor de la mística de Gurdieff o de las teorías psicológicas de la Gestalt). También le sirvió para expresar su deseo por los hombres; deseo que en su vida pública tuvo que mantener oculto. Escribió un diario, al que llamó ‘Memorable fancies’, título que cogió prestado del poeta William Blake, el cual sirvió de desahogo y cobijo a su naturaleza introspectiva y a su fama de huraño y poco sociable.

“Fue muy criticado por no salir del armario, dice la comisaria, “sobre todo en los ochenta por parte de Mapplethorpe y el colectivo gay. Pero uno sale del armario o no, y las condiciones de cada uno son muy distintas. Minor no fue libre para decir lo que quería de forma abierta como lo fueron los artistas de los ochenta. Vivía de su sueldo como fotógrafo en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), en donde hubiese perdido su trabajo de salir a la luz su homosexualidad”.

Siete de las imágenes que se muestran en la exposición pertenecen al proyecto ‘Lives I've never lived’, realizado en la última etapa de su vida. En ellas aparece posando para la cámara de su alumno, Abe Frajndlich, en momentos de gran intimidad hablando de la muerte, que le sobrevino un mes después, de un ataque al corazón. “Cayó en el olvido”, comenta Millán, “pero la exposición organizada por el Paul Getty Museum de Los Ángeles en 2014 le devolvió al lugar que se merece dentro de la fotografía. Su obra está siendo revalorizada. Hay un ‘revival’ de su figura, pero esta vez no está mediatizada por su vida personal”, concluye Millán.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...