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2021/06/24

DOCUMENTACIÓN | ESTUDIOS | ESPAÑA, EL PRIMER PAÍS EUROPEO CON MÁS POBLACIÓN NO HETEROSEXUAL

España, el primer país europeo con más población no heterosexual.
El 6% de los españoles dice ser bisexual, el 5% gay y el otro 1% pansexual (atracción independientemente del sexo de la persona) u omnisexual (atracción por todos los géneros).
EFE | El Confidencial, 2021-06-24
https://www.elconfidencial.com/sociedad/2021-06-24/espana-primer-pais-europeo-poblacion-heterosexual_3149620/ 

Un 78% de los españoles se declara heterosexual y un 12% se identifica con otro género, lo que sitúa a España como el tercer país a nivel mundial y el primero europeo con mayor población no heterosexual, mientras el 10% prefiere no expresar su identidad sexual.

En concreto, el 6% de los españoles dice ser bisexual, el 5% gay y el otro 1% pansexual (atracción independientemente del sexo de la otra persona) u omnisexual (atracción hacia todos los géneros), lo que suman un 12% de no heterosexuales frente al 11% de Alemania y Reino Unido y el 10% de Países Bajos, Bélgica y Suecia.

A nivel mundial, el 80% de la población se identifica como heterosexual. Son datos de una encuesta de Ipsos sobre la visibilidad y percepción pública del colectivo LGTBI+ realizada a un total de 19.069 personas de 27 países, que se publica cada año con motivo del Día Mundial del Orgullo, que se celebra el 25 de junio [i.e. 28 de junio].

Un 10% de los encuestados en España prefiere no expresar su identidad sexual, uno de los porcentajes más altos de Europa, solo superados por Alemania (12%) y Polonia (11%). En el resto del mundo este dato oscila entre el 39% de Malasia, el 33% de Turquía, el 24% de la India, el 19% de Rusia y el 15% de México.

En España, 6 de cada 10 encuestados declaran tener relación con alguna persona gay, lo que le sitúa como el primer país europeo en este aspecto, al mismo nivel que Bélgica y Reino Unido. Los españoles lideran el ranking europeo en compromiso y apoyo hacia estas personas en acciones como acudir a las manifestaciones del Orgullo Gay (un 22% dice haber ido alguna vez, frente al 13% de media mundial).

Además, España se sitúa en el tercer puesto con más ciudadanos a favor del matrimonio homosexual (76%), solo por detrás de Suecia (79%) y Países Bajos (84%). En cuanto a si las parejas del mismo sexo deben tener los mismos derechos a la hora de adoptar niños, España se vuelve a situar en las primeras posiciones, ya que un 77% se muestran a favor, solo por detrás de Países Bajos (83%), Canadá (81%) y Suecia (79%).

Asimismo, nuestro país ocupa el primer lugar en cuanto a que las personas LGBTI+ muestren abiertamente su orientación sexual o identidad de género con el resto de ciudadanos (un 73% frente al 51% de media). También lidera el ranking en la defensa de que estas personas muestren su afecto en público, un 64%, casi el doble que la media mundial (37%).

Igualmente ocupa el primer puesto mundial al apoyar que los deportistas se muestren abiertamente homosexuales (7 de cada 10 encuestados) y es el único país, junto con India, con una mayoría de población a favor de que los atletas transgénero participen en la categoría del género con el que se identifican.

2020/07/02

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | EL MATRIMONIO IGUALITARIO (TAMBIÉN) NACIÓ EN ASTURIES

Nortes / Acción de Act Up en 1988 contra la política de Reagan //

El matrimonio igualitario nació en Asturies.

Diego Díaz Alonso | Nortes [Público], 2020-07-02

https://www.nortes.me/2020/07/02/el-matrimonio-igualitario-nacio-en-asturies/ 

El SIDA supuso un enorme retroceso para la liberación sexual iniciada en los años 70 con el feminismo, la generalización de los anticonceptivos y el nacimiento de las primeras organizaciones LGTB. Poco duraría la alegría por los nuevos derechos conquistados. Una década después de que el incipiente “movimiento de liberación homosexual” lograra sacar del código penal de muchos países de todo el mundo las relaciones entre personas del mismo sexo, la pandemia del VIH golpeaba con fuerza a la comunidad gay. Mientras las muertes se sucedían y el miedo se expandía de forma más veloz que el virus, los enemigos de la liberación sexual establecerían una relación malévola, interesada y altamente homófoba entre el derecho al disfrute del cuerpo, el contagio y la muerte. Recordemos que los primeros textos sobre el SIDA llegarían a referirse a la enfermedad, aún muy desconocida, como el “cáncer gay”. El coraje y la inteligencia de los activistas gays permitiría al movimiento a sacar fuerzas de flaqueza, reorganizarse y lanzar entre finales de los 80 y la década de los 90 una exitosa contraofensiva por los derechos de las personas enfermas de VIH, marginadas por los gobiernos y los sistemas sanitarios, y en defensa de la comunidad LGTB , estigmatizada como peligro para la salud pública. Si en 1904 Lenin escribía aquello de “un paso adelante, dos pasos atrás”, en este caso sería al revés: “un paso atrás, dos pasos adelante”. El movimiento saldría de la pandemia reforzado y dispuesto a alcanzar nuevos objetivos.

Tino Brugos, historiador y uno de los fundadores en 1992 de XEGA, señala que en los “años negros” de la pandemia los enfermos de VIH se morían sin ningún tipo asistencia legal para sus parejas. Personas que habían convivido juntas durante mucho tiempo se encontraban con que “no pintaban nada” ante médicos, familiares, administración, caseros o bancos, en muchos casos a la intemperie y directamente en la calle, expulsados de sus casos. En ese contexto, “Jordi Petit y la gente de Barcelona propusieron levantar un acta notarial de que esas personas convivían juntas para que así pudieran tener algún derecho” señala Brugos. De esa propuesta se daría el paso a otra más abiertamente política: reivindicar un registro de “parejas de hecho”, tanto homosexuales como heterosexuales. Vitoria-Gasteiz, gobernada por José Ángel Cuerda, un político del PNV muy heterodoxo, sería la primera ciudad española en abrir ese registro. Posteriormente seguirían el ejemplo otras ciudades y finalmente comunidades autónomas. Algunas de estas leyes, como la asturiana, ya se abrirían a la posibilidad de que estas parejas pudieran acoger, que no adoptar, a menores.

En 1996, Xente Gai Astur, un colectivo muy joven, fundado solo cuatro años antes, introduciría en el movimiento LGTB del conjunto de España una propuesta rompedora: ir más allá de la reclamación de las parejas hechas y hablar sin tapujos de matrimonio igualitario. Brugos apunta que en aquel momento cada asociación iba por su cuenta y no existía demasiada coordinación territorial entre las distintas propuestas. Construir un consenso en torno a la reivindicación del matrimonio igualitario llevaría tiempo y esfuerzo por parte de los activistas más convencidos de que ese era el camino. En Asturies se daría un primer paso en ese sentido. En los encuentros federales del movimiento LGTB, celebrados en 1997 en Xixón, la asociación asturiana haría campaña dentro del movimiento por el matrimonio igualitario, una propuesta que por aquel entonces parecía demasiado utópica e irreal, ya que XEGA hablaba incluso de exigir el derecho a la adopción de parejas gays y lesbianas con las mismas condiciones que las heterosexuales. Brugos señala que en aquel encuentro estuvo alguien que luego sería importante para esta historia, el abogado Pedro Zerolo, posteriormente presidente de COGAM, el colectivo LGTB de Madrid, más tarde concejal socialista madrileño y un importante dirigente del PSOE. Ambas entidades, XEGA y COGAM, serían claves en orientar a la nueva Federación Estatal de Gais y Lesbianas de la lucha por una ley estatal de parejas de hecho, a una ley de matrimonio igualitario. Para Boti García, actual directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTB, y destacada activista del colectivo madrileño, apostar por el matrimonio suponía apostar por una igualdad plena, en lugar de mantener a las personas LGTB en una legislación especial.

Para Brugos aquella reivindicación inicialmente marginal se terminaría convirtiendo en uno de los ejes centrales de una nueva generación de activistas LGTB que llevarían al movimiento a ganar visibilidad y espacio público, así como a buscar alianzas parlamentarias con una izquierda en la que se estaba produciendo una renovación generacional de la mano de políticos como José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares, más sensibles a asumir las reivindicaciones de las minorías sexuales y apostar decididamente por el matrimonio igualitario. En opinión de este activista, hoy retirado de la primera fila del movimiento, “el matrimonio permitió acumular fuerzas a los colectivos LGTB y encontrar un elemento en común”. Tan solo algunos grupos ‘queer’ muy minoritarios se mantendrían al margen de esta reivindicación por considerar que suponía una legitimación de la institución matrimonial y una asimilación del mundo LGTB a las convenciones heterosexuales. Según Brugos la negativa del PP a ofrecer una alternativa “light” al matrimonio igualitario, como pudo ser la Ley de uniones civiles de Francia, o el matrimonio sin adopción portugués, mantuvo al movimiento cohesionado y unido en torno a la reivindicación del matrimonio, finalmente aprobado, hace ahora 15 años, en la primera legislatura de Zapatero. El 3 de julio de 2005 España se convertía tras Holanda y Bélgica en el tercer país del mundo en reconocer el derecho al matrimonio de gays y lesbianas.

Preguntado por los políticos de derechas que hoy viven con naturalidad su orientación sexual y que hacen uso del matrimonio igualitario rechazado en su día por el PP, Brugos confiesa que no puede reprimir “cierta indignación”, tanto por aquellos que se callaron, mientras los activistas luchaban por sus derechos, como sobre todo por los que siendo gays o lesbianas llegaron a poner su firma en el recurso de inconstitucionalidad. Para Brugos “es verdad que hubo homofobia en la izquierda, pero también es cierto que se ha redimido con creces peleando por los derechos LGTB. De la derecha que primero se opuso y luego terminó celebrando con mucha hipocresía la boda de Maroto, con un sarao por todo lo alto, no se puede decir lo mismo”.
 
NOTA: Es sabido que cada uno cuenta la feria según  le va en ella. El colectivo Lambda afirma lo siguiente: "Será en 1998, durante los VII Encuentros Estatales de Asociaciones LGTB, cuando Lambda y XEGA proponen formalmente que las entidades allí reunidas asuman como reivindicación prioritaria el derecho al matrimonio frente a una ley estatal de parejas de hecho." También es sabido que Pedro Zerolo se había opuesto a esta reivindicación. (Recordar el enfrentamiento que tuve con David Montero en un debate sobre 'parejas' en Okendo.) Como dice Tino, en aquellos años cada asociación iba por su cuenta y hubo hasta tres propuestas sobre 'parejas' en el entorno de los colectivos de la FEGL y la CG-L. La COFLHEE se mantenía más bien al margen y sus prioridades seguía siendo una legislación global antidiscriminatoria, aunque ya en las I Jornadas de Debate se planteara la cuestión del matrimonio como un derecho para todas. Como se decía desde EHGAM, tampoco se estaba en contra de una unión de parejas ni del matrimonio, siempre y cuando no tuvieran ninguna diferencia con las hetero. Es cierto que algunos posicionamientos 'queer', bastante minoritarios, alternativos y bastante superados, se mantuvieran contra la institución matrimonial y contra la asimilación, pero predominaba una línea por la igualdad de derechos. (Discriminaciones como las que se dieron o se dan en el ejército, la iglesia, los alardes, siempre defendiendo la igualdad incluso en aquello a lo que nos oponemos.) Como dice Tino la negativa del PP a ofrecer una alternativa 'ligth' desencadenó que ya no había otra alternativa al matrimonio igualitario con todos los derechos. Si el PP hubiera aceptado una ley de uniones civiles, aunque fuera mínima, no se hubiera ni planteado el matrimonio como tal. También hay que reconocer, como indica Tino, que el origen de estos derechos está en el desamparo en que quedaban quienes perdían a sus parejas a causa del Sida. Durante la década que, más o menos, duró el tema 'parejas' no se hizo más que marear la perdiz, embarcándonos en una pelea sin demasiado sentido, cuando las que realmente deseaban esa unión eran, mayoritariamente, las heteros que pasaban del matrimonio; algo parecido a lo que está sucediendo con la gestación subrogada (recordad que allí donde se presenta como problema, como en Ucrania, está prohibida a parejas del mismo sexo). La repercusión que tuvo decisiones como la de José Ángel Cuerda en Gasteiz y otras similares fueron mínimas, habría que realizar un estudio a fondo sobre el tema, pero me parece que aprenas tuvo incidencia y/o repercusión en las parejas de lesbianas y gais.

2020/06/27

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CUANDO LA HISTORIA SE CUENTA A MEDIAS

Cuando la historia se cuenta a medias.
Imanol Alvarez | Facebook, 2020-06-29


Comentario al enlace a esta noticia:
Quince años de matrimonio igualitario: "Sean del mismo o diferente sexo", la frase que lo cambió todo.
Marisa Kohan | Público, 2020-06-27
https://www.publico.es/politica/quince-anos-matrimonio-igualitario-sean-diferente-sexo-frase-cambio.html


2005 es un hito para la lucha LGBT+ en el estado español. Eso no lo puede poner nadie en tela de juicio, por más anarco que se sea. Y tampoco quiero quitarle méritos en ello a Pedro Zerolo, que es a quien, interesadamente o no, han querido convertir en principal artífice de aquella victorial social y parlamentaria; pues algo movería, digo yo, en el seno de su partido para conseguir que aquello se aprobara.

Lo que sucede, es que no sólo “no fue Zerolo el primero que reivindicó el matrimonio igualitario en el estado, sino que era furibundamente contrario a él tan sólo DIEZ AÑOS ANTES”, al igual que algún otro u otra de quienes salen eufóricos a su lado en la foto.

Sí, en la segunda mitad de 1995, acercándose el final de la cuarta y última legislatura del PSOE de Felipe González, y siendo Ministra de Asuntos Sociales Cristina Alberdi, la mayoría de los grupos LGTB del estado nos coordinamos para organizar una gran manifestación en Madrid y exigir al gobierno que cumpliese sus promesas en el campo legislativo en lo referente a los que hoy llamamos derechos LGBT.

EHGAM, y en general el movimiento LGTB vasco, era muy potente entonces, y el resto de los grupos sabía que aquello sería un fracaso si Euskal Herria no acudía. La última de las reuniones preparatorias tuvo lugar precisamente en Txoko Landan, entonces la sede de EHGAM en Bilbao (hoy el gaztetxe Zazpi Katu). En ella EHGAM puso un ultimátum sobre la mesa: o el derecho al matrimonio igualitario era el primer punto de entre las reivindicaciones, o no íbamos a la manifestación. Ello no significara que fuéramos especialmente proclives a apoyar dicha institución, sino que entendíamos que si pedíamos igualdad de derechos legales, había de ser igualdad con todas las consecuencias, y no nos parecía suficiente pedir descafeinadas "leyes de parejas" (que también apoyábamos, naturalmente).

Pues bien, Zerolo se puso como un basilisco. Decía que estábamos locos, que eso era imposible... y nos llamó de todo menos bonitos. No obstante, ganamos la votación por amplia mayoría, y el matrimonio igualitario pasó a ser el primero de los puntos de aquella larga lista de reivindicaciones que se leyó en la Puerta de Sol al final de la manifestación.

Sin embargo, y como era de esperar, los amigos y amigas madrileños/as, que son quienes principalmente organizaron el evento y monopolizaron la relación con la prensa por cuestiones meramente estratégico-geográficas, nos la jugaron. Traicionaron el acuerdo, o lo trampearon si preferís, y, si bien es cierto que el primer punto del manifiesto fue el acordado, la pancarta -que era lo realmente visible- mostraba un ambiguo "por nuestros derechos", y en todas y cada una de sus declaraciones a la prensa aludían únicamente a la Ley de Parejas*.

Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opinión. Pedro Zerolo también la tenía, por supuesto. Pero después de aquel alarde de ruindad, que viniera unos pocos años después el susodicho erigiéndote en adalid del matrimonio igualitario, me tocó un poco los cataplines. Y perdóneseme la expresión un tanto machirula. No es mi estilo, pero ya sabéis que las vísceras a veces se rebelan.

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | QUINCE AÑOS DE MATRIMONIO IGUALITARIO

Público / Aprobación del matrimonio igualitario, 2005-06-30 //

Quince años de matrimonio igualitario: "Sean del mismo o diferente sexo", la frase que lo cambió todo.

El Congreso español aprobó hace ahora 15 años un cambio en el Código Civil que abrió las puertas para el matrimonio igualitario y colocó a España en la avanzadilla mundial en materia de derechos LGTBI. Tres lustros más tarde, la ultraderecha ha hecho renacer un discurso del odio que nos retrotrae a un pasado que parecía olvidado.
Marisa Kohan | Público, 2020-06-27
https://www.publico.es/politica/quince-anos-matrimonio-igualitario-sean-diferente-sexo-frase-cambio.html

Nunca antes en nuestra historia una frase tan breve ha provocado cambios sociales tan drásticos. Sólo tres palabras añadidas al final de un brevísimo texto dieron el acceso a derechos fundamentales a un amplia parte de la población que hasta ese momento eran ciudadanos de segunda. En el camino hubo de todo. Reuniones en el garaje de Ferraz con el entonces secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero; oferta de Aznar para una ley de pareja sin llamarlo matrimonio, llamadas al desacato por porte de la Conferencia Episcopal e incluso un monarca que no quiso "ser como el rey de los belgas", quien abdicó durante 36 horas para no tener que sancionar una ley que avanzaba derechos de las mujeres al aborto.

Lo que desde hace años denominamos ley de matrimonio homosexual o igualitario, en realidad no existe. Nunca existió. Y ese fue el mayor triunfo.

Porque no existe ninguna ley específica que regule el matrimonio entre personas del mismo sexo, sino un Código Civil que en 2005, por fin, acogió en su artículo 44 los derechos de toda la ciudadanía al matrimonio. Donde la ley establecía que "el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones de este Código", el 2 de julio de 2005 se incorporó las siguiente aclaración: "El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo".

Este 30 de junio se cumplen 15 años desde la aprobación de esta modificación en el Congreso de los Diputados. Una sesión que mantuvo a casi toda la ciudadanía con el corazón en vilo. Unos, los más, porque pensaban que algo se podía torcer y que la votación no saliera adelante. Para entonces la ciudadanía española, de forma mayoritaria, se había manifestado a favor de este cambio legal. Otros, los menos pero más ruidosos, porque se oponían a una reforma que, decían, amenazaba a la propia existencia de la familia, devaluaba la institución del matrimonio y abriría la puerta a la zoofilia o al matrimonio con las mascotas. Y estos no eran los peores ataques.

El próximo 3 de julio se cumplirán tres lustros desde que esta modificación se publicara en el Boletín Oficial del Estado y entrara realmente en vigor. Desde entonces se han celebrado cerca de 50.000 matrimonios de personas del mismo sexo en nuestro país (49.477, según los datos del INE), registrándose las mayores cifras de estos enlaces en 2018 (4.726) y 2019 (5.108). Pero los datos estadísticos dicen poco de lo que se consiguió, de los debates que hubo que superar para igualar derechos, de las consecuencias que para las personas LGTBI tuvo esta reforma y de cómo este cambio transformó nuestra sociedad.

¿Por qué se tenía que llamar matrimonio?
Entre el principio de este siglo y el año 2005 en que finalmente se aprobó el matrimonio igualitario, diversos discursos intentaron retrasar o descafeinar la conquista de este derecho. Uno de los más persistentes fue el que tenía que ver con el nombre que se le daba y la forma de conseguirlo. La repetida frase de "que hagan lo que quieran, pero que no lo llamen matrimonio" inundó los debates televisivos, políticos y las calles. Ya no se discutía siquiera que no hubiera que conceder derechos, incluso todos los derechos, pero que no se denominaran de la misma forma que las uniones entre un hombre y una mujer.

"Incluso Aznar, entonces presidente del Gobierno, nos ofreció una ley de parejas con todos los derechos. Era un momento en que ya había un clamor por el matrimonio igualitario y una presión por parte de Europa porque éramos casi el único país en que no había nada. Pero la condición era que no se llamara matrimonio. Y le dijimos que no. Incluso la Iglesia, viendo lo que se venía, acabó diciendo que ley de pareja sí, cuando poco antes se habían opuesto", recuerda Beatriz Gimeno, entonces presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y hoy directora del Instituto de la Mujer.

"Llamarlo matrimonio era importante por lo que hoy sigue siendo importante. Porque las cosas iguales hay que llamarlas iguales; si no, son distintas. El matrimonio no se podía llamar de otra forma porque entonces hubiera contenido otros derechos. La igualdad se llama igual y no tiene escalas de grises. La consecución de muchos derechos civiles se ha hecho esperar y ha requerido su tiempo, como la educación a las mujeres o el acceso al voto, pero en ningún caso se generaban nuevas figuras estancas para acceder a ellas, sencillamente porque no hubiera sido igualdad, sino otro tipo de discriminación", incide la activista Sylvia Jaén, que hace 15 años estuvo en la coordinación del área internacional de la FELGTB y hoy es viceconsejera de Igualdad y Diversidad del Gobierno de Canarias.

"El vocabulario nunca es banal o indiferente en política, y mucho menos en políticas sociales. Y en este caso era sencillo. Queremos los mismos derechos con el mismo nombre", añade.

Pero esta batalla no se libró sólo de puertas para afuera, sino que fue un debate que hubo que ganar primero dentro de los propios colectivos. La necesidad de conseguir algo que mejorara la situación de los derechos de personas LGTBI y la convicción de que la ciudadanía y los políticos no aceptarían la plena equiparación de estos en las leyes, influía en que muchos apostaran por la estrategia de pelear una ley de parejas lo más amplia posible.

"Exigir que nuestros derechos se incorporaran en la ley que ya existía, que fuera matrimonio, y no en una ley especial, generó tensiones. Muchos argumentaban que no se iba a conseguir y que no debíamos pedirlo porque la sociedad española no estaba preparada. Decían que esto podía generar aún más rechazo hacia los homosexuales, que podían pensar que estábamos pidiendo más de lo que nos correspondía y que lo único que conseguiríamos serían reacciones en contra", recuerda Gimeno.

"Veníamos de momentos muy duros. Las personas LGTBI sufrían una amplia y profunda discriminación entonces. No hay que olvidar que empezamos a reivindicar estos derechos en plena crisis del sida, cuando veíamos que se morían compañeros y la familia que no había querido saber nada de su hijo por ser homosexual impedía a su pareja despedirse en los últimos momentos de vida de su amor, o les cambiaban la llave del piso tras el entierro porque lo que habían construido juntos estaba a nombre del que había fallecido y muchas familias dejaban al otro directamente en la calle. Situaciones de este tipo nos dieron la fuerza para reivindicar y decir que queríamos tener los mismos derechos porque la injusticia era grandísima", recuerda Toni Poveda, vicepresidente de la Fundación Pedro Zerolo, quien entonces era gerente de la FELGTB.

Zapatero, una pieza clave e inesperada
Uno de los pasos decisivos para conseguir el cambio fue convencer al entonces recién nombrado secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, para que en el programa electoral de su partido a los comicios de 2004 cambiara la petición de una ley de pareja por la exigencia del matrimonio igualitario. Una reunión organizada en el garaje de Ferraz (sede nacional del partido) que en esos momentos estaba en obras, congregó a parte del activismo (Pedro Zerolo, Beatriz Gimeno, Boti García, Miguel Ángel Fernández...) y aliados como Juan Fernando López Aguilar (quién sería posteriormente ministro de Justicia) o Leyre Pajín, entre otros.

"Zapatero nos había pedido que lo convenciéramos y de esa reunión salió totalmente convencido y modificó el programa, a pesar de la oposición de la parte más conservadora de su partido, como José Bono, que puso objeciones. Por nuestra parte, pensábamos que era más fácil que un partido que iba a estar en la oposición incorporara propuestas más radicales en su programa, y para entonces nadie, ni siquiera creo que el propio Zapatero, confiaba en que sería presidente. Pero ganó y lo llevaba en el programa. El día de las elecciones supimos que habíamos conseguido la reforma, porque Zapatero había salió muy convencido del encuentro y deslumbrado por la elocuencia de Pedro Zerolo y por la sencillez y la solidez de nuestro discurso", recuerda Gimeno.

Pero el de la denominación no fue el único debate. La idoneidad o no de las personas LGTBI para tener o adoptar hijos y la campaña de desprestigio público hacia este colectivo social fueron otros de los caballos de batalla de los conservadores, con un fuerte protagonismo de la Iglesia y de los grupos ultra. El empuje de la derecha fue tan brutal, recuerdan muchos de los protagonistas de esta lucha, que la sociedad comenzó a abrir los ojos y a contemplar abiertamente en los platós de televisión y en los púlpitos las discriminaciones que las personas LGTBI sufrían hasta entonces en silencio.

El discurso del odio contra las personas homosexuales era cotidiano y cuasi universal. Lo que hizo este debate fue colocar un altavoz gigantesco a las barbaridades que hasta ese momento se decían solo en la esfera de lo privado: que los homosexuales provenían de familias desestructuradas, que tenían padres o madres alcoholizados, que sus hijos también serían homosexuales...

"Había que permitir que esa extrema derecha se manifestase en público, que se dejase ver, para ganar la simpatía social. Porque esos insultos que recibías enfrente de las cámaras, eran los que teníamos que soportar en el día a día durante toda nuestra vida", recuerda Silvia Jaén.

La estrategia estaba ya bien marcada. No se trataba de entrar en ningún debate identitario, ni en derechos concretos, ni siquiera en las discriminaciones históricas que arrastraba el colectivo. Sólo de exigir igualdad y respeto a los derechos humanos y no salirse del guión. Si se conseguía la reforma, todo el resto entraba en el paquete de derechos.

El día que se votó la modificación del Código Civil en el Congreso, una amplia representación del activismo estaba en el palco de visitantes. Expectantes, porque según el relato de varios de ellos no las tenían todas consigo. Los márgenes en la votación eran estrechos. Algunos partidos, como Convergencia y Unió, habían dado libertad de voto. Otros, como el PP, habían marcado su postura en contra. La votación, finalmente, fue de 187 votos favorables (con el voto afirmativo de la diputada del PP Celia Villalobos que se saltó la disciplina de voto) y 147 en contra (todos los del Partido Popular).

"Cuando se aprobó la reforma nos quedamos en shock", recuerda Poveda. "Nos dimos cuenta de que habíamos ganado porque los diputados afines comenzaron a aplaudir, pero nosotros tardamos segundos eternos en comenzar a festejar", rememora Jaén. "Cuando comenzamos toda esta lucha yo le dije a Boti [García] que esto no lo íbamos a ver nosotras, sino nuestros hijos e hijas. Fíjate lo que teníamos en la cabeza. Así que cuando vi que se aprobó me quedé en blanco, sin reaccionar. Me sacaron corriendo para hablar con la prensa y cuando me rodearon periodistas y cámaras, yo que no soy nada expresiva, me puse a llorar".

Pero aún faltaba sancionar la ley. La presión entonces se dirigió hacia el rey. La Conferencia Episcopal, en un movimiento desesperado, había llamado al desacato a todos los católicos contra esta reforma y esto incluía al monarca. Pero Juan Carlos I se limitó a afirmar: "Yo soy el rey de España, no el rey de Bélgica", y firmó la norma. Con ello hacía alusión al rey Balduino, que unos pocos años antes había abdicado del trono durante 36 horas para evitar sancionar la ley del aborto en su país.

​Una reforma que lo cambió todo
La reforma de la ley supuso un cambio radical para las personas gais y lesbianas, pero también para la sociedad en su conjunto. A pesar de que el Partido Popular interpuso una demanda de inconstitucionalidad contra la reforma, esto no impidió que la cúpula de la formación, con Mariano Rajoy a la cabeza, celebrara años más tarde la boda de uno de sus altos cargos que se casaba con su compañero. El recurso tardó más de siete años en resolverse, pero en 2012, por fin, el Tribunal Constitucional decretó la legalidad de la ley.

Tal como dijo Zapatero al aprobar la reforma, España se ha convertido en "un país más decente porque una sociedad decente es la que no humilla a sus miembros" y la victoria en derechos "nos hace mejores a todos".

"La ley se aprobó con un margen de aceptación social bastante ajustado, pero tan sólo dos o tres meses después este porcentaje había subido muchísimo, hasta convertir a España en el país que más aceptación tenía respecto a la igualdad", afirma Gimeno. Esta política y activista recuerda que "las leyes educan y conceden legitimidad social a las reivindicaciones. Por eso son tan importantes, porque ejercen una función pedagógica", comenta Gimeno.

El hecho de que a partir de esta conquista lo único que se veía en los medios de comunicación, en las familias, fueran imágenes de personas alegres celebrando la vida, celebrando bodas largamente retrasadas, expresando públicamente su amor, derribó muchas barreras sociales, explican los activistas.

"Hubo algo que no nos esperábamos, y es que cuando comenzaron a celebrarse las bodas hubo tanto sentimiento unido detrás que fue lo que más rápido se transmitió y se contagió. En esas bodas que comenzaron a realizarse, a las que venían las familias, una parte convencidas y otras porque es lo que que tocaba, inevitablemente todos acababan rodeados de felicidad. Y entonces la gente cambió".

Aún faltan muchos derechos por conquistar. "Vivimos en un espejismos de la casi igualdad", explica Jaén, que resalta el hecho de que las personas homosexuales sean las únicas a las que se les obligue a casarse para que se le reconozcan los derechos sobre sus propios hijos.

También los derechos de las personas trans son una asignatura pendiente, que representa el colectivo más vulnerable de las personas LGTB. "Nos queda la conquista de romper los armarios en los espacios laborales, la conquista internacional, para que nuestros matrimonios sean reconocidos en otros países y nos queda conquistar los espacios de mayores, que siguen siendo espacios heteropatriarcales donde a la realidad LGTBi no se la espera. Se acepta a quien viene, pero no se la espera. También ser capaces de envejecer en positivo y de una forma esperada y no volver a ser la excepción", reconoce Jaén.

El riesgo del retroceso
Si el avance de los derechos de la población LGTB puso a España a la vanguardia de la aceptación social, el auge de la ultraderecha en nuestro país ha comenzado a cambiar el discurso. "Es otro país. En poco años pasamos de ser un país contento, que se miraba satisfecho de ser avanzado en derechos, que era transversal y que nos hacía mejores, a una creciente criminalización hacia las feministas y hacia las personas LGTB", afirma Gimeno.

"Ahora volvemos a pelear por la desaparición de los discurso de odio. La discriminación que se había rebajado muchísimo ahora ha crecido. Hubo un momento en el que bajaron muchísimo y había pocas agresiones. Hoy estamos viendo cómo se han incrementado. Las personas con afán discriminador no se atrevían a manifestarlo hace unos años, pero la llegada de la extrema derecha y la legitimación de sus discursos homófobos los ha envalentonado. Y eso que parecía que estaba en decadencia o retroceso ha vuelto a resurgir. Hay muchas más agresiones. Se están visibilizando y han vuelto a surgir discursos de odio que pensamos que eran marginales. Eso es lo que sin duda tenemos que combatir de nuevo. Con todas nuestras armas", concluye Gimeno.
 
NOTA: Imanol Alvarez ilustra con este artículo sus comentarios en Facebook sobre la postura de Pedro Zerolo ante la reivindicación del matrimonio por parte de la COFLHEE [véase, por ejemplo, el n. 58 de Gat Hotsa, de 1995]. En este artículo se indica que la primera batalla se tuvo librar dentro de los colectivos y, tal como nos suele contar Imanol, el primero que estaba en contra de la petición del matrimonio fue Pedro Zerolo, con unos argumentos que aquí quedan más que claros. Añadir: mi testimonio de un debate organizado, al menos por EHGAM, en Donostia, en el que participaba David Montero defendiendo la ley de parejas de hecho.

2019/06/21

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | BEATRIZ GIMENO: LA LUCHA LGTB DESDE LA TRANSICIÓN HASTA HOY, DERECHOS Y LGTBFOBIA

La lucha LGTB desde la transición hasta hoy: derechos y LGTBfobia
Beatriz Gimeno, 2019-06-21

https://beatrizgimeno.es/2019/06/21/la-lucha-lgtb-desde-la-transicion-hasta-hoy-derechos-y-lgtbfobia/ 

No exagero si afirmo que la aprobación en 2005 de la reforma del Código Civil en materia de matrimonio para abrirlo a las parejas del mismo sexo ha sido una auténtica revolución social y cultural a la que no es posible restar importancia; una transformación radical en la consideración social de la homosexualidad y uno de los cambios culturales más importantes que han sucedido en este país en las últimas décadas. Doce años después de aquel logro del activismo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), trabajado minuciosamente durante décadas, la mayor parte de la sociedad lo acepta con completa normalidad y la mayoría de los países democráticos han emprendido el mismo camino. También los partidos políticos han asumido que este derecho está completamente incorporado a lo que la mayoría de la gente concibe como un estándar democrático básico y, de manera más o menos abierta, más o menos rápida y más o menos sincera, han pretendido no quedarse fuera de eso que hoy diríamos que es sentido común mayoritario.

Ya hay una generación de españoles que ha nacido pensando que lo normal es que gays y lesbianas puedan casarse si así lo desean y, sobre todo, pensando que lo extraordinario sería que no pudieran hacerlo. Hoy día eso lo defiende incluso la derecha, que celebra sus bodas homosexuales con normalidad y asiste a ellas, incluso, un señor tan sumamente conservador como Mariano Rajoy. Sin embargo, sería un error olvidar que la conversión de la derecha —además de mucho más reciente de lo que se cree— no es, en realidad, sincera. La lucha por la igualdad LGTB se ha llevado a cabo frente al pensamiento reaccionario (aunque oportunista) que anida en el seno del PP y que los llevan a seguir paralizando las leyes contra la LGTBfobia allí donde tienen que aplicarlas o aprobarlas. Su reciente conversión es superficial y estratégica, y su historia en relación con las reivindicaciones históricas del activismo LGTB ha sido siempre la de constituirse en un muro frente a cualquier avance, así como en apoyo de la ideología de la Iglesia católica en lo relativo a esto.

En este sentido, la gran victoria para el activismo LGTB no fue, en realidad, la aprobación de una norma que nos igualaba legalmente,[1] sino que, al contrario, dicha ley fue consecuencia del verdadero éxito, que no es otro que haber conseguido, en muy poco tiempo, cambiar el sentido común mayoritario respecto a la legítima existencia de una minoría sin poder social, estigmatizada desde hace milenios, marginada social y legalmente en la mayor parte del mundo, perseguida y objeto de injuria permanente; y hacerlo, además, en uno de los países europeos en los que la Iglesia ha tenido más poder político y social y en el que el machismo institucional fue un pilar del régimen durante la dictadura franquista. La aprobación de esta ley significó un cambio cultural muy profundo porque supuso, por una parte, la legitimación de la existencia homosexual, pero también la posibilidad de transformar una institución fundacional del patriarcado como es el matrimonio y, con ello, la capacidad para sacudir, aunque sea levemente, un sistema basado en la ‘heteronorma’ sancionada legalmente.[2]

Este simple cambio legal, que afectó a unas pocas frases del Código Civil, ha tenido una importante capacidad performativa que trascendió, con mucho, la reivindicación concreta de las personas LGTB. La posibilidad de la injuria quedó formalmente desactivada (aunque para la desactivación absoluta de la LGTBfobia aún tenga que transcurrir más tiempo) y se produjo, así, un cambio cultural que supuso una ampliación de las posibilidades de felicidad y libertad de mucha gente. Si bien al principio hubo gente que no entendió lo desestabilizador que era el matrimonio igualitario para la propia institución (ya que subvierte completamente su sentido), quien sí lo entendió con meridiana claridad fue la derecha que, en realidad, siempre tuvo razón en sus miedos. Cuando afirmaban que abrir el matrimonio a las parejas del mismo sexo supondría desnaturalizarlo, estaban en lo cierto; ahora podemos decirlo. Por eso, porque ellos entendían el potencial desestabilizador de este cambio, se opusieron con todas sus fuerzas a perder lo que sin duda era un privilegio, un privilegio de la heterosexualidad sobre cualquier otra forma de organizar la sexualidad, la filiación y la familia. Y por eso fue, y está siendo, tan difícil.

Aunque hoy todos los partidos, incluso los de la derecha, pretendan borrar de su pasado la feroz resistencia que opusieron a ese cambio, lo cierto es que dicha resistencia existió de manera continuada desde los años setenta, como vamos a ver a continuación, y los y las activistas nos sentimos muy solos hasta finales de los noventa, cuando algunos partidos de izquierdas comenzaron a hacerse eco de nuestras reivindicaciones. El Partido Popular se resistió con uñas y dientes hasta el último minuto e, incluso, cuando la cuestión ya estaba en el Parlamento, no se abstuvo de pretender humillarnos y ridiculizarnos. Finalmente, su transformación actual es meramente cosmética: parece asumir el cambio mientras que, al mismo tiempo, dificulta, ralentiza y continúa promocionando la LGTBfobia en todas sus manifestaciones.

La historia de las reivindicaciones LGTB en España desde el final de la dictadura se puede dividir en dos grandes periodos. El primero, hasta finales de los años ochenta, en un contexto de lucha a favor de la derogación de las leyes represivas y de la legalización de las organizaciones LGTB y, el segundo, desde entonces hasta 2005, cuando tuvo lugar la lucha por conseguir una legislación igualitaria en lo referente al matrimonio y a la familia. En medio de estos dos periodos encontramos el sida. Y desde 2005 hasta la actualidad, la lucha es contra la LGTBfobia en todas sus formas, una lucha a la que de ningún modo se ha sumado la derecha.

Hasta la dictadura franquista, la homosexualidad en España se vivía como en el resto de Europa: potente homofobia social y posibilidad de llevar adelante la vida entre cierta indiferencia, dependiendo de diversos factores como la visibilidad, la clase social, la profesión, etcétera. La Guerra Civil significó un cambio, ya que cualquier contienda bélica excita siempre la homofobia y el machismo. El general Queipo de Llano marcó el tono cuando dijo: «Todo afeminado o invertido que calumnie nuestro movimiento debe morir como un perro», y después el franquismo identificó identidad nacional con moral católica, determinando para ello que fuera la Iglesia la que fijara los límites de lo permitido y de lo prohibido en todo lo referente a la sexualidad.[3] El comportamiento homosexual, o su mera visibilidad, estaban incluidos en el cajón de sastre de la represión contra el llamado «escándalo público», que permitía sancionar arbitrariamente cualquier cosa que la autoridad determinase que constituía un escándalo. Posteriormente, en 1954 la homosexualidad fue incorporada en la Ley de Vagos y Maleantes, otro cajón de sastre que permitía incluir cualquier comportamiento que se considerase antisocial o desviado de la norma. Dicho esto, y al contrario de lo que se suele pensar, el franquismo no puso al principio un énfasis excesivo en la represión legal de la homosexualidad, simplemente porque no hacía falta. La represión social y policial era lo suficientemente brutal como para que no fuese necesario un refuerzo legal de dicha represión; cualquiera podía ser considerado «maleante» y acabar en la cárcel.

No obstante, en la década de los años setenta España comenzó a abrirse al exterior. El turismo masivo amplió el foco de lo que podía pensarse o verse y, sobre todo, supuso comprobar que España era una excepción en Europa, que esa realidad negra en la que estábamos instalados no era tan negra más allá de nuestras fronteras. Los y las turistas no trajeron solo los bikinis; o, más concretamente, los bikinis no eran solo un traje de baño, sino que eran, en realidad, toda una declaración de principios con relación a otras maneras de vivir el cuerpo, la sexualidad, las relaciones entre hombres y mujeres... la libertad, en definitiva.

Además, esa misma década en la que el turismo aparecía masivamente por aquí fue aquella en la que, en Europa y en Estados Unidos, el activismo LGTB (y feminista) comenzó su lucha por la igualdad y el reconocimiento, una lucha que acabaría transformando las costumbres sociales y sexuales en, al menos, el tercio rico del mundo. Estas nuevas costumbres —que apenas podían entreverse aquí— asustaron no obstante al franquismo, que sospechaba, con razón, que el deseo de libertad de una sociedad no tiene por qué estar organizado políticamente para romper las costuras que lo mantiene preso. Más de treinta años de moral católica institucional habían convertido las costumbres (y no solo las leyes) en una camisa de fuerza; y la mera existencia, en un paisaje gris. La irrupción masiva del turismo enseñó a las mujeres y a las personas homosexuales[4] que otras existencias y otras maneras de vivir el propio cuerpo eran posibles. Esta es la razón por la que la dictadura, a la que ya le quedaba poco tiempo de vida, decidió en 1970 incrementar su legalidad represiva sobre la diversidad sexual con una nueva ley, la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social, a partir de la cual se juzgaron entre 1970 y 1978 a aproximadamente cinco mil homosexuales por el mero hecho de serlo, y de ellos unos mil fueron enviados a prisión.[5]

La oleada represiva que se desencadenó significó también, además del encarcelamiento y la tortura de miles de personas, el nacimiento de incipientes organizaciones políticas homosexuales que trabajaban en la clandestinidad y cuyo objetivo era, precisamente, despenalizar la homosexualidad. Aparte de exigir la derogación de la ley de peligrosidad social, estas organizaciones defendían un ideario cercano al marxismo y a la lucha obrera que planteaba reivindicaciones de liberación sexual para todas las personas. Es importante señalar aquí que, a pesar de la lucha que se mantuvo, la inquina del régimen y de sus herederos contra la homosexualidad fue tal que la ley de peligrosidad social no se derogó tras la aprobación de la Constitución de 1978, como ocurrió con la mayoría de las leyes represivas. Las personas LGTB no tuvieron nada de que alegrarse con la aprobación de una Constitución que no hizo ninguna referencia a la libertad sexual, que no derogó la ley que la reprimía y que tampoco sirvió para que se legalizara ninguna organización homosexual, mientras que sí se legalizaron los partidos políticos y las organizaciones sociales. Por si fuera poco, los presos que estaban en las cárceles por homosexualidad fueron tratados como presos comunes y no se beneficiaron del indulto de 1975 ni de la Ley de Amnistía del 1977. La Constitución, la de la supuesta reconciliación, se aprobó con presos por homosexualidad en las cárceles y sin que se hubiera legalizado ninguna organización LGTB. La homosexualidad era considerada un peligro social y se le negaba cualquier relación con la lucha política.

Conseguir la legalización de las organizaciones políticas homosexuales fue entonces uno de los principales objetivos del incipiente Movimiento de Liberación Homosexual, junto al de la derogación de la ley de peligrosidad social. Tanto Alianza Popular como UCD se negaban a que organizaciones a las que acusaban de propagar conductas inmorales fueran legalizadas. La mayoría de la gente ignora que en este país costó más legalizar la primera organización homosexual que el Partido Comunista. Así de peligrosos nos veían los herederos del franquismo. No fue hasta 1980 cuando, por fin, el Gobierno de UCD legalizó la primera organización homosexual, aunque no fue hasta 1982, con la victoria del PSOE, cuando se levantó la prohibición general que pesaba sobre las organizaciones homosexuales.

Después de esta primera victoria, las fuerzas se concentraron en conseguir la derogación de la ley de peligrosidad social. Recordemos que esta ley no penalizaba solo la homosexualidad, sino que era un poderoso instrumento de control social sobre cualquiera que el sistema concibiese como «desviado» o «antisocial». Entre estos se incluían quienes practicaran la mendicidad, el vandalismo, el tráfico y consumo de drogas, la venta de pornografía, la prostitución, y cualquier otra persona que fuera considerada peligrosa. El Movimiento LGTB logró, como conseguiría luego con la reivindicación del matrimonio, que su defensa de la derogación de esa ley no fuera vista como un asunto que afectaba únicamente a las personas homosexuales, sino como una cuestión de derechos humanos y de derechos civiles.

Por otra parte, respecto a dicha ley conviene recordar que, aunque algunos artículos referidos a la homosexualidad ya habían sido eliminados en 1979 (siempre con la oposición de UCD y de AP), las personas LGTB podían seguir siendo detenidas por escándalo público, tipo que siguió en vigor hasta 1989. Así, el 23 de octubre de 1986 dos lesbianas fueron detenidas por besarse frente a la antigua Dirección General de Seguridad (DGS) de la Puerta del Sol. Se las retuvo sin explicación alguna durante dos días, en los cuales se les privó del derecho de defensa. Era 1986 y el motivo de su detención fue un beso.

La oposición que, en esta primera etapa de la lucha (desde el final de la dictadura hasta los años noventa), mostró el establishment político —pero especialmente los herederos del franquismo— no es sino la misma oposición que mostraron después ante la reivindicación del matrimonio igualitario. La derecha siempre ha sido contraria a la posibilidad de que las personas homosexuales y transexuales puedan adquirir un estatus de ciudadanía plena. Su oposición está vinculada a la ideología sexual y familiar de la Iglesia católica y está dirigida contra la normalización social de la diferencia sexual, por más que dentro de su partido algunas personas puedan declararse LGTB desde su atalaya de privilegio, igual que ocurría en el franquismo.

La cuestión de los derechos familiares, de pareja, irrumpió en el escenario político debido al sida. En medio de la crisis humanitaria que provocó esta enfermedad, muchos gays murieron y sus parejas padecieron situaciones indignas ante el completo abandono por parte del Estado. Tuve la oportunidad de ver cómo fallecían personas a las que sus familias habían repudiado por gays y a las que llevaban años sin ver ni apoyar y cómo, una vez producido el deceso, dichas familias aparecían de repente para expulsar al compañero —que había sido marido, amante, enfermero, cuidador— y dejarle sin nada, en ocasiones sin poder siquiera recoger sus cosas personales de la casa común. El sida y sus efectos en la comunidad homosexual provocaron que, de pronto, nos hiciéramos todos viejos, y conllevaron también un cambio radical en los objetivos del activismo. Apareció entonces un tipo de activismo relacionado con el sida, que exigía al Estado que protegiese a las personas enfermas y combatiese la homofobia, que era la causa de un poderoso y destructivo estigma que se extendió por todo el tejido social.[6]

Además de las exigencias relativas a la necesidad del cuidado de las personas enfermas por parte de las instituciones, la epidemia del sida también impulsó a las organizaciones a buscar algún tipo de regularización de los derechos familiares, con la idea de proteger a quienes estaban quedando injustamente desprotegidos. Comenzaron entonces a tener lugar las distintas reivindicaciones de legislaciones de pareja que, poco a poco y en un goteo incesante, se fueron aprobando en diferentes instancias y niveles gracias a partidos de izquierdas y, en algún caso, a la derecha nacionalista, como fue el caso del PNV. PSOE e IU, independientes y partidos nacionalistas fueron aprobando reglamentos y ordenanzas municipales que igualaban a las parejas homosexuales con las heterosexuales, en ámbitos que eran competencia de los Ayuntamientos. Más tarde, se aprobaron algunas leyes autonómicas.

Así pues, durante los primeros años noventa la lucha se centró en conseguir una ley de parejas de ámbito estatal que, por una parte, unificara la cada vez más ingente legislación de ámbito menor (que estaba dispersa y era de naturaleza muy heterogénea) y, por otra, otorgara derechos fundamentales a las personas LGTB, algunos tan básicos como poder decidir el tratamiento médico para la pareja enferma, la custodia de hijos e hijas, el usufructo de los bienes de la pareja fallecida, la herencia o las pensiones. Sin embargo, nada de esto encontró el más mínimo eco en la derecha, que no se movió un milímetro de sus posiciones.

El sida, en todo caso, puso de manifiesto una vez más la homofobia social e institucional, que estaba muy lejos de ser residual. La homofobia que anidaba en los aparatos del Estado, en la Iglesia y en la sociedad en su conjunto se instaló de nuevo en la primera línea. A aquella enfermedad que se llevó tantas vidas por delante se le llamó «cáncer gay» o «castigo divino», y a la comunidad LGTB se la abandonó a su suerte. Solo la propia comunidad organizada pudo empezar a crear las primeras pautas de prevención, solo la propia comunidad se cuidó a sí misma y organizó la resistencia ante los prejuicios y la extrema vulnerabilidad en la que la enfermedad nos situó. Para combatir el sida había que hablar de sexualidad, de homosexualidad y de heterosexualidad, y la sociedad homófoba y pacata tardó mucho en hacerlo, aunque en el camino se perdieron miles de vidas.

La derecha y la Iglesia se han opuesto a todas las campañas de prevención destinadas a salvar vidas. Es doloroso recordar hoy que por no poder hablar de condones se permitiera que enfermara y muriera mucha gente, pero así fue y nadie ha pedido perdón por ello. Y no han cambiado tanto, siguen en el mismo lugar, solo que es la sociedad la que les ha pasado por encima. La derecha, el Partido Popular, asumió sin matices el argumentario de la Iglesia: la mejor prevención del sida es la castidad y las parejas homosexuales no pueden formar familias porque la familia es, sobre todo, una unidad destinada a la procreación. Respecto a esto último, su negativa a considerar siquiera la posibilidad de negociar la ley que necesitábamos, así como su no reconocimiento del Movimiento LGTB como sujeto político, propició un cambio de estrategia que, a la postre, nos llevaría a conseguir aquello con lo que en aquel momento ni siquiera soñábamos: la igualdad legal, el matrimonio igualitario.

Porque durante ese tiempo, a la espera de cualquier avance en el ámbito de los derechos, el Movimiento LGTB estuvo debatiendo internamente acerca de la conveniencia de exigir el matrimonio, el mismo matrimonio al que pueden optar las personas heterosexuales, o de seguir reivindicando una ley de parejas. No hay aquí espacio para profundizar en los matices de ese debate, pero el cambio en la reivindicación tuvo que ver, en primer lugar, con una cuestión estratégica: puesto que el Partido Popular no se movía un milímetro de su posición de negativa a cualquier avance en los derechos LGTB, decidimos que nos moveríamos nosotras y nosotros.[7] A la hora de negociar hay que dejar siempre un margen para ceder, así que decidimos exigir la igualdad completa y no conformarnos con lo que, en todo caso, algunos ya considerábamos una legislación apartheid, es decir, una legislación especial para la gente LGTB. Es interesante remarcar que el activismo LGTB español no se sintió nunca (o no de manera mayoritaria) preocupado por el tema de la identidad, algo que, sin embargo, sí fue un asunto recurrente en algunos países anglosajones. La lucha por el matrimonio en nuestro país se hizo en nombre de la igualdad y de los derechos civiles y, en mi opinión, esto fue uno de los aspectos que favorecieron el hecho de que pronto gozáramos de una simpatía social que no dejó de crecer. Explicamos nuestra posición y conseguimos convencer a la mayoría de que no se trataba de una reivindicación particular de gays y lesbianas, sino de una batalla por ensanchar los márgenes de la libertad de todas las personas; pues legislaciones específicas, como por ejemplo la unión civil o cualquier ley de parejas, no dejaban de ser legislaciones que rehuían la verdadera igualdad. Decidimos, por tanto, dar un salto adelante y exigir un acceso pleno al matrimonio, a la igualdad.

Ni siquiera el PSOE asumía esta posición al principio; de hecho, no lo hizo hasta la llegada a la Secretaría General de Rodríguez Zapatero. En todo caso, el Movimiento LGTB fue valiente y se lanzó con una reivindicación de máximos (en lugar de una de mínimos), porque esperábamos que al hacerlo la derecha se viera obligada a negociar la ley de parejas, la cual creíamos que íbamos a conseguir finalmente. Pero la derecha no lo hizo hasta que fue demasiado tarde y, gracias a su torpeza, perdió esa batalla que ellos consideraban fundamental, dado que durante los quince años en los que estuvimos reivindicando el matrimonio —sin que el Partido Popular se moviera un centímetro de los argumentos de la Iglesia— conseguimos que la sociedad española entendiera que la igualdad no admite parcelaciones y logramos generalizar el concepto de «matrimonio igualitario». Conseguimos, además, que la sociedad lo viviera como una cuestión de ampliación de derechos y libertades; de igualdad, en definitiva. La negativa del PP a cualquier legislación, incluso de mínimos, nos permitió saltar por encima, exigir lo máximo y ganar la batalla por incomparecencia del adversario. El PP pareció darse cuenta del error solo cuando la sociedad española y la mayoría de los partidos apoyaban ya el matrimonio igualitario, y pretendió entonces ofrecernos una ley de parejas como mal menor. Por primera vez se dignó a considerarnos como interlocutores válidos y llegamos, incluso, a mantener una reunión secreta en el Palacio de la Moncloa con un asesor de Aznar que nos propuso llevar al Parlamento una ley de parejas tal y como pedíamos veinte años atrás, pero respondimos que ya era tarde. No estamos hablando de los años ochenta, hablamos de la década del 2000.

Cuando la ley de matrimonio comenzaba su trámite parlamentario, el PP entró por fin en el debate y lo hizo con un arsenal de LGTBfobia del que muy pocos meses después renegaría. Así, afirmó de manera reiterada que «lo que no es igual no se puede llamar igual» y mantuvo públicamente argumentos propios de los años ochenta. Parecía que el tiempo no había pasado para el partido de derechas, que se había convertido, como de costumbre, en portavoz de los argumentos más conservadores, algo que demostró con creces cuando decidió enviar a dirigentes de primer nivel a la manifestación convocada por la Iglesia el 18 de junio de 2005 para mostrar su oposición radical a la modificación del Código Civil y, sobre todo, para permitirse sacar a la calle toda la homofobia y la transfobia social que aún existía (y existe) y que estaba siendo rápidamente deslegitimada. Aquella manifestación, de la que hoy la mayoría de los que asistieron quisieran borrar su foto, existió; igual que existieron los insultos, la humillación pública o la equiparación de la homosexualidad con la pederastia. Allí estaban desfilando quienes, muy pocos años después, se han puesto en la cabecera de la manifestación del Día del Orgullo Gay. Era el año 2005. La asistencia a esa manifestación no fue un error de cálculo por parte del PP, no acudieron a una manifestación que después se les fue de las manos, no. Y no fue así porque ese mismo mes de junio, apenas unas semanas antes de la aprobación en el Pleno del Congreso de la reforma del Código Civil, se convocó una sesión de expertos en el Senado para discutir sobre la idoneidad de que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar hijos o hijas. De entre los varios expertos y expertas convocados por todos los partidos, los dos del PP no solo fueron los únicos que se mostraron radicalmente en contra de dicha posibilidad, sino que hicieron afirmaciones que parecían sacadas de los tiempos más oscuros de la ley de peligrosidad social, como cuando afirmaron que la homosexualidad era una psicopatía, que los gays eran producto de padres alcohólicos y hostiles y madres sobreprotectoras, o que las niñas lesbianas son fácilmente reconocibles porque son más propensas al ejercicio físico. Sin embargo, la sociedad española ya no estaba en eso y los dos comparecientes llamados por el Partido Popular provocaron escándalo y burla a partes iguales, lo que obligó a ese partido a pedir perdón públicamente. Apenas un mes después se aprobó la ley de reforma del Código Civil en materia de matrimonio, lo cual supuso terminar con la desigualdad ante la ley e implicó también una revolución en una institución milenaria, cuyo objetivo desde su origen era, precisamente, asegurar la primacía de la heterosexualidad sobre cualquier otra forma de organización familiar y social.

Nos habíamos convertido en un ejemplo para muchas democracias y para el activismo LGTB de gran parte del mundo. Aquella ley supuso que España se situara a la vanguardia en materia de defensa de los derechos civiles, algo inusitado para un país como el nuestro y con nuestra historia. En realidad, ganamos a la derecha y a los sectores más retrógrados de la Iglesia. Muy pocos años después, el PP buscaba ponerse en la cabecera del Día del Orgullo, pero lo hacía al mismo tiempo que paralizaba cualquier legislación que buscara combatir la LGTBfobia social. Esta es una derecha que tolera, e incluso celebra, las manifestaciones individuales de homosexualidad, siempre que no estén relacionadas con la igualdad social o que no pretendan ser críticas con el supuesto derecho de la Iglesia de continuar educando en la desigualdad sexual, la homofobia y la transfobia. La lucha por la igualdad legal no fue el final de nada, como a veces se cree, sino el principio desde el cual, una vez conseguido un marco legal indispensable, podemos dedicarnos a trabajar por la igualdad social, mucho más complicada de alcanzar.

[1] Ley 13/2005, de 1 de julio, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. (Nota de la editora).
[2] Sobre la capacidad subversiva del matrimonio igualitario, véase: Gimeno, B.: «La institución matrimonial después del matrimonio homosexual. ¿Seguimos hablando de lo mismo?», 8 de diciembre de 2009, disponible en <https://beatrizgimeno.es/2009/12/08/la-institucion-matrimonial-despues-del-matrimonio-homosexual-%C2%BFseguimos-hablando-de-lo-mismo/>. [Consulta: 25 de abril de 2018].
[3] Para seguir el orden cronológico de la historia, he consultado el libro de Calvo, K.: ¿Revolución o reforma? La transformación de la identidad política del movimiento LGTB en España, 1970-2005, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2017.
[4] Decir «personas LGTB» sería un anacronismo. Entonces no se hablaba de transexualidad y de bisexualidad como identidades separadas de la homosexualidad.
[5] Para rescatar la memoria de estas personas que fueron a la cárcel por homosexualidad surgió y sigue luchando la Asociación de Ex-Presos Sociales de España, que ya ha conseguido que la Ley de Memoria Histórica las incluyera y les ofreciera una reparación económica.
[6] En Estados Unidos y Francia dicho activismo lo encarnaron grupos como Act Up. En España, el grupo que mejor representó este activismo fue la Radical Gay.
[7] Hice un resumen de la estrategia política seguida por el Movimiento LGTB en «Estrategias de acción y organizativas del movimiento LGTB; conquistas jurídicas: el caso del matrimonio igualitario», publicado en VV. AA.: ‘Más allá de lo imposible. La dimensión política de los derechos humanos en el siglo XXI’, Tafalla, Txalparta, 2016. Este capítulo sería la continuación de este que ahora escribo.

2019/02/11

ARTÍCULOS | Guijarro-Ojeda, Juan Ramón - Ruiz-Cecilia, Raúl | La representación de personas LGTBI+ en prensa española conservadora y progresista

Guijarro-Ojeda, Juan Ramón [Universidad de Granada], Ruiz-Cecilia, Raúl [Universidad de Granada] (2019). La representación de personas LGTBI+ en prensa española conservadora y progresista. Convergencia: Revista de Ciencias Sociales [ISSN 2448-5799], 80, 1-25. 

Ed. digital: Open Access | Hemeroteca Digital UAEMéx [Universidad Autónoma del Estado de México] | 2019-02-11
https://convergencia.uaemex.mx/article/view/10783

Este artículo investiga cómo las personas LGTBI+ son representadas por la prensa conservadora y progresista españolas en un corpus de noticias, en torno a la ratificación de la constitucionalidad del matrimonio homosexual en España el 06 de noviembre de 2012. La metodología de estudio es propia del Análisis Crítico del Discurso: roles semánticos de los procesos verbales, según el sistema de transitividad de la Lingüística Funcional. Los principales resultados revelan que existe una diferencia sustancial en el modo en que la prensa conservadora representa al colectivo LGTBI+ respecto de la progresista: la conservadora da significativamente menos protagonismo a estas personas en comparación con la progresista; la conservadora les reduce los niveles de conciencia, voz, cognición, deseo, emoción y percepción frente a la progresista que los potencia sustancialmente. Por último, la negatividad de los procesos es utilizada por la prensa progresista para denunciar injusticia social, y la prensa conservadora para potenciar lo negativo de este grupo.

2018/07/02

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LOS PIONEROS DEL MATRIMONIO GAY EN ESPAÑA

Los pioneros del matrimonio gay en España.
Dos décadas antes de la aprobación de las uniones homosexuales, dos hombres de Vic (Barcelona) solicitaron casarse y su reivindicación recorrió periódicos y televisiones. Así lo recuerda uno de ellos.
José Luis Aranda / Gianluca Battista | El País, 2018-07-02
https://elpais.com/elpais/2018/06/28/videos/1530210252_624991.html 

Ni siquiera se le llamó matrimonio gay. Para aquella conquista todavía quedaba mucho, pero la reivindicación estaba latente. “Un homosexual y un bisexual piden permiso al juez de Vic para casarse”, tituló El País el 6 de junio de 1987. La información ocupaba media columna de la página 33 y hacía referencia a Jesús Lozano, entonces de 19 años y actualmente fallecido, y a Josep Teixidor, que tenía 39 años y ahora tiene 70. Tres décadas después de aquellos hechos, Teixidor todavía vive en Vic (Barcelona), donde es más conocido por el apelativo de ‘Richard’. Sus años como empresario nocturno y sus colaboraciones en periódicos y radios locales lo han convertido en un personaje bastante popular en la comarca de Osona. También aquel episodio de su vida que le llevó a aparecer en medios de comunicación de toda España [...].

Todo comenzó durante una comida en la casa que Teixidor compartía con Lozano en Taradell, a unos kilómetros de Vic. El periodista Albert Om, que era su vecino, les preguntó por qué no intentaban casarse. “Pensamos que era una broma, pero él nos lo dijo bastante en serio”, recuerda Teixidor 31 años después. La idea tomó forma y poco a poco la bola fue creciendo. El sábado 13 de junio de 1987, El País dedicaba su contraportada a la pareja, que llegaría a aparecer incluso en el ‘prime time’ de TVE para exponer su caso en el programa ‘En familia’, dirigido por Iñaki Gabilondo. En todo momento contaron con el apoyo del Front d’Alliberament Gai de Barcelona [Catalunya], aunque Teixidor quiere dejar claro que “al principio era puro enamoramiento y ganas de conseguirlo” y luego ya llegó el activismo. También que nunca obtuvieron ningún beneficio económico de todo aquello.

Tres meses y medio tardó la Justicia en darles respuesta. El juez denegó la solicitud en la que alegaban que ni la Constitución ni el Código Civil limitaban el derecho a casarse a parejas heterosexuales. “Es tan obvio que el matrimonio lo componen un hombre y una mujer que [los legisladores] no se han ocupado de concretar que los matrimonios deben celebrarse entre personas de distinto sexo”, señalaba el auto. Aquella lógica cambiaría con el tiempo y la acción de la pareja de Vic puso una de las primeras piedras para conseguirlo; pero cuando en 2005 España aprobó el matrimonio gay, la relación sentimental ya se había acabado. Mantenían la amistad y Lozano, quien siempre se declaró bisexual, estaba entonces con una mujer. “Comentamos el tema y nos dolió muchísimo no haber podido ser nosotros los primeros”, relata Teixidor. En sus contactos frecuentes, a menudo surgía la idea de celebrar el 25 aniversario de su iniciativa pionera. La muerte de Lozano, que arrastraba problemas de salud desde los 80, lo impidió. A su expareja se le tuerce el gesto al recordarlo. En su memoria quedan buenos momentos, y también alguno malo, pero no duda ni un segundo cuando se le pregunta: "Claro que me hubiera gustado muchísimo casarme con Jesús”.

2017/06/03

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | TRENTA ANYS DE LA LLUITA DE DOS HOMES PER CASAR-SE

Nació Digital / Josep Teixidor //

Trenta anys de la lluita de dos homes per casar-se: «Vam obrir les portes de molts armaris».

Josep Teixidor i Jesús Lozano van ser la primera parella gai a l'Estat a tramitar una sol·licitud per casar-se, ara fa just tres dècades. Dotze anys després de la legalització del matrimoni entre parelles del mateix sexe, menys de la meitat dels gais i les lesbianes han fet el pas.
Jordi de Planell | Nació Digital, 2017-06-03
https://www.naciodigital.cat/noticia/132300/trenta/anys/lluita/dos/homes/casar-se/vam/obrir/portes/molts/armaris 

"Entre las ventanas también hay lesbianas y detrás de los balcones también hay maricones". Aquesta frase va ressonar amb força un 3 d'octubre de 1987 a la plaça Major de Vic. Gairebé 4.000 persones provinents d'arreu de l'Estat cantaven a l'uníson una de les proclames més icòniques del moviment gai al cor de la capital d'Osona. Era la resposta popular a la negativa d'un jutjat d'instrucció de Vic a acceptar la petició de dos homes que volien casar-se. Els seus noms han quedat gravats a la memòria de l'activisme LGTBI català: Josep Teixidor, més conegut com a Richard, i Jesús Lozano. Llavors, tenien 39 i 19 anys, respectivament, i feia dos anys que vivien junts a Taradell. Uns mesos abans d'aquella marxa havien decidit fer un pas que no havia donat mai ningú a l'Estat: la presentació formal d'una petició de matrimoni.

El 3 de juny de 1987, ara fa just 30 anys, en Richard i en Jesús es van encaminar plegats als jutjats de Vic. Cadascú per la seva banda, va sol·licitar contraure matrimoni amb la seva parella. Havien pres la decisió dies enrere, després de parlar amb el llavors periodista del bisetmanari El 9 Nou Albert Om. Tots tres es coneixien perquè eren veïns de Taradell. En Richard hi regentava un bar i Om el visitava sovint. Ell va ser el primer de plantejar-los la possibilitat de presentar formalment una petició per contraure matrimoni. "Un dia ens va explicar que hi havia un buit legal a la llei i que, si ho provàvem, potser aconseguíem casar-nos", relata Richard tres dècades després d'aquell primer intent inèdit.

A través del periodista, la parella es va posar en contacte amb l'advocat vigatà Ferran Font, que els va assessorar en tot el procés. El 3 de juny, pocs dies abans de la festa major de Vic, Teixidor i Lozano es van presentar als jutjats per fer el pas. "Vam pensar que no perdíem res per intentar-ho i menys anant tan ben acompanyats per l'Albert [Om] i el nostre advocat", explica Richard, que encara recorda la cara que va posar el registrador dels jutjats quan va rebre la petició. "El pobre noi se'n feia creus... No s'ho creia", rememora. La magistrada titular de Vic, Júlia Novellas, es va fer càrrec del cas "entre escèptica i sorpresa". "Tot i que allò era nou per a tothom, ens va tractar molt bé i ens va donar molt suport", explica Richard, que subratlla "la seriositat legal de la petició, que complia amb tots els requisits".

L'inici d'un moviment
"La nostra sol·licitud no era frívola, no buscàvem muntar cap circ. Ens estimàvem i volíem viure junts amb plenitud", relata. El cert és, però, que pocs dies després de presentar la sol·licitud la parella es va veure immersa en una "moguda brutal", en paraules de Richard. Om va publicar la notícia a El 9 Nou i el cas va començar a córrer com la pólvora. Ells se'n van adonar a mitjans de juny quan la voràgine se'ls va plantar, literalment, a la porta de casa.

"Un dia van picar al timbre. Vaig sortir a obrir i em vaig trobar desenes de periodistes de tot l'Estat que volien conèixer perquè havíem decidit casar-nos", rememora Richard. Després de presentar la petició, en Jesús havia marxat uns dies a Sevilla per passar la Fira d'Abril al costat de la seva família paterna, que era d'origen andalús. "El vaig trucar ràpidament per veure com afrontàvem tot el que ens queia a sobre i va venir de seguida", explica.

En aquell moment va començar la lluita de veritat per a la parella. Fins llavors, la petició havia estat un gest per intentar aprofitar-se d'un buit legal i "viure l'amor amb la mateixa normalitat que la resta". Però la informació publicada per El 9 Nou va convertir el seu cas en un paradigma de la lluita pels drets del col·lectiu LGTBI i tots dos es van convertir en una icona. "Van representar una sacsejada molt gran per a la societat i per al propi moviment gai, que fins llavors criticava el model de família i defensava que calia superar el concepte de matrimoni", assegura el sociòleg Gerard Coll-Planas, director del Centre d'Estudis Interdisciplinaris de Gènere de la Universitat de Vic-Universitat Central de Catalunya (UVic-UCC).

El Front d'Alliberament Gai de Catalunya es va fer seva la lluita de la parella osonenca i desenes d'entitats socials i ONG els van fer costat obertament. "Vam començar a rebre peticions per anar a televisions de tot l'Estat i les vam anar acceptant perquè volíem obrir un debat de fons", explica Richard. Ell remarca que la seva voluntat era que el cas no es convertís en un "circ mediàtic". Per aquest motiu, diu, van evitar els programes de premsa rosa i van intentar que la seva petició fos entesa "com una oportunitat per a reflexionar sobre els drets i deures del col·lectiu de persones gais i lesbianes".

Un revés judicial rere l'altre
Però mentre la repercussió mediàtica i social del cas no parava de créixer, la sol·licitud de matrimoni havia d'anar esquivant cops de mall. El setembre de 1987 el jutge substitut Ramón Cuito va denegar-los la petició. Era una primera estocada que la parella s'esperava: l'advocat va reaccionar ràpidament presentant un recurs a l'Audiència de Barcelona. En paral·lel, la Richard i Lozano intentaven augmentar la pressió al carrer. Primer, amb la multitudinària manifestació a Vic, "la primera gran marxa pels drets del col·lectiu LGTBI fora de Barcelona", segons el professor Coll-Planas. I, mesos més tard, amb una manifestació de tres dies al davant de les portes de l'Audiència de Barcelona que va donar uns fruits relatius: van aconseguir que els rebés el fiscal en cap del tribunal, però la resposta judicial va ser exactament la mateixa.

La lluita per aconseguir que la justícia els permetés casar-se encara es va allargar quatre anys més, fins al 1992. De recurs en recurs, van arribar a Madrid, però el camí es va aturar abruptament quan la relació es va acabar. En un viatge de tres mesos, en Jesús va enganxar-se a les drogues i l'estabilitat de la parella, sotmesa a molta pressió, va deteriorar-se ràpidament. "Ell era molt fort. La nostra lluita no hauria estat possible sense la seva perseverança i valentia, però les drogues el van destrossar", explica Richard, que també rememora tots els esforços que ell i l'entorn familiar de Lozano van fer per aconseguir que superés aquella situació. "La nostra prioritat era la seva recuperació i vam aparcar tota la resta", relata.

En Jesús, que llavors només tenia 23 anys, es va acabar refent, "però la seva salut va quedar molt malmesa pels estralls que havien causat les drogues al seu cos". El 2012, pocs dies abans de celebrar plegats el vint-i-cinquè aniversari de la seva particular gesta, va morir a Sevilla, on vivia amb els seus pares des del 2010. "Vam patir molt junts. Més d'un cop, quan tornàvem a casa, ens trobàvem gent que ens esperava per pegar-nos", denuncia Richard, que es reconeix "eternament agraït" a en Jesús per tot el que el va "oferir". Ell està convençut que plegats van aconseguir "ser la clau per obrir les portes de molts armaris arreu d'Espanya".

Un precedent inèdit
El sociòleg Coll-Planas també posa en valor la lluita que van emprendre en solitari els dos joves osonencs. El professor de la UVic-UCC recorda que la demanda del matrimoni entre persones del mateix sexe va néixer als anys 80 i 90 a remolc de la creixent problemàtica relacionada amb la sida. "La malaltia va fer estralls entre el col·lectiu LGTBI, va morir molta gent, i va posar sobre la taula les conseqüències que tenia no poder ser un matrimoni reconegut", explica Coll-Planas. Posa com a exemple el cas de parelles que "no podien entrar a veure el seu company moribund a l'hospital perquè no hi havia un vincle legal". "La sida va fer créixer l'homofòbia i va posar en evidència la desprotecció del col·lectiu", segons el sociòleg.

La lluita d'en Richard i en Jesús va ser la punta de llança que va contribuir a "sacsejar" el moviment gai perquè es fes seva la lluita pel dret a casar-se. Una reinvidicació que topava de ple amb els principis dels sectors més conservadors i de l'Església. De fet, van haver de passar 18 anys perquè el matrimoni entre parelles del mateix sexe fos legalitzat a l'Estat. El 2005, el govern de Rodríguez Zapatero va aprovar la llei que regularitzava les unions d'aquest tipus. Per Coll-Planas, la norma va suposar "eliminar una discriminació". I més enllà de consolidar l'adquisició de "l'últim gran dret al qual no havien tingut accés les persones del col·lectiu", en paraules del sociòleg, també va contribuir a visibilitzar les parelles homosexuals.

"La llei va acabar de generar un canvi social. La gent va començar a anar a casaments amb dos nòvios del mateix sexe i això va ajudar moltes persones a sortir de l'armari", sosté el professor de la UVic-UCC, que considera que "el matrimoni va tenir un efecte simbòlic molt gran, independentment del nombre total d'unions". "Els gais i les lesbianes van guanyar en seguretat i van viure amb més llibertat la seva condició sexual", emfatitza el professor.

La paternitat, el repte pendent
Ara bé, que el col·lectiu LGTBI hagi guanyat, 30 anys després del primer intent, el dret a viure el seu amor des del matrimoni no vol dir que els casaments siguin encara comuns en aquesta comunitat. La formalització de les relacions és encara més baixa entre les parelles del mateix sexe que entre la resta. Un estudi de la professora de la UPF Carla Cortina publicat el 2016 a la Revista de Investigaciones Sociológicas revela que només el 45% dels gais i el 43% de les lesbianes es decideixen a casar-se.

La llei també garanteix el seu dret a ser pares o mares, però, segons les dades de la investigació de Cortina, són comptades les parelles que fan el pas. Entre els homes gais, el percentatge de matrimonis amb fills frega el 8%, mentre que entre les dones lesbianes s'eleva fins al 22%. Per Coll-Planas, el fenomen és fàcil d'explicar si es tenen en compte els factors fisiològics. "Hi ha una diferència bàsica: és molt diferent tenir dos úters disponibles, com passa en una parella lesbiana, que no tenir-ne cap, que és el que es dona en una de gai", resumeix el sociòleg.

En el cas de les dones, les possibilitats de ser mares són molt més altes perquè tant poden recórrer a les tècniques de reproducció assistida -ara, a més, cobertes per la Seguretat Social- com a l'adopció. Els homes, en canvi, només tenen aquesta segona opció, que és molt limitada perquè la majoria de països que tenen conveni amb l'Estat per facilitar els processos d'acolliment i adopció no accepta que la família receptora estigui formada per dos progenitors del mateix sexe. "I a això encara cal sumar-li que tot el procediment burocràtic pot allargar els terminis fins a 10 anys", afegeix Coll-Planas.

Tenir dues mares
La bibliotecària Isàvena Opisso, impulsora de l'associació LGTBI TalComSom, és mare des de fa un any i mig. En el seu cas, ella i la seva parella van optar per la reproducció assistida. Van iniciar el procés fa dos anys, quan encara no era possible dur-lo a terme en un centre de la xarxa pública de salut. "Va ser car però no vam patir cap mostra d'homofòbia", relata Opisso. Tot i això, no totes les clíniques privades tracten igual les parelles del mateix sexe perquè "no són el seu perfil de client predilecte", en paraules de la representant de TalComSom. Opisso recorda que molts d'aquests centres estan vinculats a institucions religioses o a sectors conservadors.

Però, més enllà del procés, tenir un fill canvia la vida d'una parella homosexual perquè l'obliga a sortir de l'armari, segons Coll-Planas. "Quan tens una criatura t'exposes constantment", corrobora Opisso, que ho il·lustra amb un exemple quotidià: "Si vas a una farmàcia i la nena et diu mama a tu i a la teva parella resulta obvi per a tothom que ets un matrimoni homosexual. I el mateix passa al parc o a l'entrada de la llar d'infants". "Tenir un fill implica que no pots tenir una doble vida. Això ho has de tenir molt clar", insisteix.

Opisso lamenta que, sovint, encara es demanin "massa explicacions" als pares del mateix sexe i creu que els recels i les resistències s'aniran superant a mesura que més parelles s'atreveixin a fer el pas. La batalla que fa 30 anys van començar a lliurar en Richard i en Jesús s'ha transformat avui en una realitat més "equitativa", en paraules de Coll-Planas. Però tant el sociòleg com Opisso i també el mateix Richard coincideixen a assenyalar que encara hi ha "reptes majúsculs" que caldrà abordar per assolir "la plena igualtat".

2016/09/19

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LUISGÉ MARTÍN, EN PRIMERA PERSONA EN 'EL AMOR DEL REVÉS'

El Español / Luisgé Martín //

Luisgé Martín: “Rajoy y Feijóo saldrán del armario”.

'El amor del revés' el escritor deja la novela de lado para contar su homosexualidad y desvelar uno de los grandes tabúes de este país.
Peio H. Riaño | El Español, 2016-09-19
https://www.elespanol.com/cultura/libros/20160919/156735230_0.html 

Fueron dos décadas difíciles en la vida del novelista Luisgé Martín (Madrid, 1962): desde su primer amor, Miguel Ángel, en 1977, hasta Asier, en 1998, su pareja desde entonces. Veinte años de primera calidad literaria, donde la identidad de una persona trata de sobreponerse a la opresión de la sociedad. “Cuando fui gay, Franco ya había muerto”, dice en esta entrevista. Y a pesar de todo, no fue fácil. ‘El amor del revés’ (Anagrama) es un testimonio autobiográfico a bocajarro de un adolescente que reconoce que el silencio es la mejor de las máscaras, hasta el hombre maduro que rompe con el mutismo y publica un grito contra los disfraces. Que este libro exista es para lanzar fuegos artificiales. Una primera persona valiente y descarada.

¿Por qué este libro, ahora?

Hace muchos años, la primera vez que me vino la idea de escribir este libro fue leyendo ‘Rojo y negro’ (1830), de Stendhal. No me creía algunas de las cosas que ahí se contaban. Una construcción social que estaba muy alejada de nuestros días, inverosímil. Pensé que si contara a mis nietos mis batallitas dentro de 20 años les parecería raro de creer. En mi vida había un germen de personaje literario que podía servir para construir una forma de ser, absolutamente machacado y oprimido.

¿Su experiencia arranca con la Transición, pero debió ser muy duro ser homosexual en el franquismo?

Corremos el riesgo de que todo aquello se difumine, de pensar que tampoco ha sido para tanto. Yo no viví la persecución del franquismo, hubo mucha gente que se tuvo que casar para camuflarse. Cuando empecé a ser gay, Franco estaba muerto. Así que ni tan mal. Vivía en la España que se desperezaba, cuando hasta ser gay era ‘cool’.

Tras su vida aparece España, la historia de pequeños movimientos personales que han terminado desplazando a la sociedad. Salvo la Iglesia...
La Iglesia no ha claudicado, pero ha perdido influencia. Las barbaridades que se siguen diciendo desde los púlpitos es tremenda y muy parecidas a aquellos años. Pero la sociedad ya no les tiene en cuenta. En España llega un momento en el que la barrera de contención empieza a resquebrajarse hasta que ya no hay forma de pararlo. En ese momento la gente se cree que es posible tirar el muro de Berlín gay. Es en la segunda legislatura de Aznar cuando se empieza a hablar del matrimonio. Hace 25 años era inconcebible, porque esto es una cuestión universal que ha acabado en un reconocimiento universal del matrimonio igualitario.

Y no la Ley de pareja de hecho.
No, siempre me ha parecido una aberración jurídica y una estupidez y una puerta de atrás inventada para que los gays se callaran.

¿Es posible que declaraciones como las de las “peras” y las “manzanas” de Ana Botella terminaran ayudando a la conciencia?
La derecha ha sido y sigue siendo tan impresentable en todo esto, que sí, creo que ayuda. Te confieso que algún día me gustaría entender cómo es posible ser gay y del PP. Soy incapaz de entender esa contradicción, igual que lo de Pombo con el catolicismo. Puedo entender que creas en dios, pero que seas católico siendo maricón es algo que me desborda. Más allá de que Rajoy y Feijóo saldrán del armario alguna vez, nunca he llegado a entender cómo hay homosexuales que militen en el PP con la política que han llevado en contra.

Seguro que tiene alguna intuición al respecto.
Sí. Supongo que ser del PP y gay tiene que ver con he sido profundamente homófobo en alguna época de mi vida. Hay homosexuales profundamente homófobos que creen que no hay por qué reivindicar ni sacar banderas.

¿Tenemos que llamar a este libro novela?
No tiene ni un ápice de ficción, aunque habrá cosas de mi pasado que habré idealizado. Sólo hay un nombre que he cambiado, porque me lo pidió esa persona.

¿Cuando empezó a escribirlo tenía claro dónde quería llegar?

No, empecé a reconstruir ese camino. Partir del silencio a llegar a la normalidad y la reivindicación, todo ese trayecto era un material literario. Cuando me siento a escribir, la novela, perdón el libro, que creí que iba a salir es bastante distinto del que ha salido. Creía que la parte de la noche despendolada sería más amplia, con el ambiente, la noche, mis amantes. Hay una comedia humana muy atractiva, con cruces de personajes y amantes en los que descubres una cosa y otra y cambias de perfiles. Me parecía que eso era muy literario y que iba a ser nuclear. Pero resultó que no. Fui descubriendo hitos que son los que marcaron mi vida.

Este libro es importante para usted, ¿pero para los demás?

Que alguien, una cucaracha como yo, lo que haga es escribir un libro es una manera de decir: “Ya está”, hemos llegado a algún lado. Pero hay una serie de cosas pendientes por conquistar. Falta escuela, faltan leyes contra odio. Esto es una cuestión de generaciones, las que vienen viven de otra manera la homosexualidad.

¿Ha salido perjudicado por su clase social?
Creo que en esto de la aceptación de la identidad es mucho peor pertenecer a la clase social alta. El pertenecer a determinados ambientes puede ser muy negativo, pero nadie libró a los maricones pobres de la cárcel. Tienes que mantener un entorno y unos ingresos que si fallan por ser señalado, todo se viene abajo.

¿Ha fallado la comunidad homosexual en algo?
No lo creo. Los perseguidos no pueden fallar en nada, porque hacen supervivencia. La comunidad homosexual ha vivido al albur de los tiempos que corrían. En los tiempos más homófobos había manifestaciones de cuatro con tacones en la Puerta del Sol. A esa gente le estaré eternamente agradecido, porque dejaron el poso de lo que luego recogieron otros, como Zerolo, construyendo una reivindicación política y social.

Dice de La Movida que se puso de moda ser gay, pero era puro maquillaje.

Era 'cool', pero era mentira. Había una línea que no se cruzaba nunca. El gueto de la modernidad. Almodóvar cuando hacía una entrevista él siempre decía que “no”, que no era gay, que era una pose para provocar. Había una línea que nunca se cruzaba.

¿Por qué se habla de 'lobby' gay?
Me inquieta la capacidad que tiene la derecha y los medios conservadores, que es una redundancia a estas alturas, todos son conservadores, de construir y acuñar ideas que se vuelven en contra. Me inquieta la idea del ‘lobby’ gay: no existe, pero puede hacer creer que sí. Ese homófobo agazapado que espera un argumento para atacar. Creo que cuando ocupas determinados cargos de influencia y liderazgo debes duplicar el celo para que no te pasen factura.

¿Hay que celebrar su libro?

Este tipo de causas en su triunfo está su muerte. El éxito verdadero es que desapareciera la reivindicación, que todo fuera normal. Espero que celebremos mi libro por razones literarias.

Pero es un libro, sobre todo, reivindicativo.
Si mi libro sirve para algo, la clave está en la sinceridad. Eso me ocurrió, no hay reconstrucción. El valor es que no hay ninguna reconstrucción: sólo es el testimonio de alguien oprimido por una puta mierda de sociedad. Es un libro autobiográfico, en primera persona, que no manipula los hechos.

2015/07/02

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | "LAS LESBIANAS TENÍAN MÁS VISIBILIDAD EN LOS NOVENTA"

Público / RQTR en el Orgullo de 1995 //

Cuando la bandera arcoíris conquistó por primera vez el corazón de Madrid.

En 1995, Pedro Zerolo encabezó la primera manifestación en la capital por el matrimonio homosexual y la unión de hecho entre personas del mismo sexo, a la que acudieron 3.000 personas.
Alicia Ibarra | Público, 2015-07-02
https://www.publico.es/sociedad/bandera-arcoiris-conquisto-primera-vez.html 

Corría el año 1995, llovía y hacía frío. Era el mes de noviembre y una bandera arcoíris ondeaba en la primera manifestación que se realizaba en Madrid por el matrimonio homosexual y la unión de hecho entre personas del mismo sexo. También fue la primera ocasión en la que las organizaciones LGTB dejaron de protestar en la calle Carretas de la capital para, como ellos mismos recuerdan, "conquistar el corazón simbólico de Madrid".

"Aproximadamente unas 3.000 personas recorrieron el trayecto entre la Puerta de Alcalá y la Puerta del Sol en 1995. Encabezando aquella protesta y sujetando la pancarta se encontraba Pedro Zerolo". Así habla Fernando Villaamil, profesor de Antropología de la Universidad Complutense de Madrid y por entonces ya activista de organizaciones LGTB, sobre aquel día para el diario ‘Público’. Como él, miles de jóvenes dieron el paso de salir a la calle pese "al miedo a ser descubierto por amigos o familiares".

"Esa apuesta por cambiar el recorrido y hacernos visibles fue una apuesta personal y bastante fuerte de Zerolo", cuenta el profesor. "Nos convenció de que había que conquistar el centro de la ciudad. Ha estado presente en todos los grandes pasos que hemos dado".

Los primeros políticos en reaccionar ante aquello y "en apoyarnos fueron los de Izquierda Unida, sobre todo Inés Sabanés". "Luego entró el PSOE, pero no fue inmediato y les costó", rememora Villaamil. "A los medios también les costó tomarnos en serio, hasta 1998 o 1999 no nos tenían en cuenta como ahora".

Alberto Martín Pérez, trabajador de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y antiguo activista COGAM, recuerda cómo "la de 1995 fue la primera vez" que salió a la calle a protestar y cómo, "con apenas veinte años, estaba muerto de miedo".

Público / Acción en la Puerta del Sol, 1 de diciembre de 1995 //

Cuando las protestas sólo eran políticas

"Siempre se podía ver a Zerolo rodeado de gente: con su pareja, con los compañeros de las asociaciones... hasta con políticos", dice Alberto. "Recuerdo que en el año 2003 vino del brazo de Felipe González y Trinidad Jiménez". Según el antes activista, "Zerolo jamás se perdía actos como el del 1 de diciembre, Día Mundial de la Lucha Contra el SIDA".

"En las aceras también hay bolleras". "Igualdad de derechos ya". Así eran algunos de los lemas más coreados en los años noventa durante la protesta. "Antes las manifestaciones eran más políticas y reivindicativas, pero menos lúdicas", inciden. La gente iba con "gafas de sol y no querían ser fotografiados bajo ningún concepto". "Nadie pensó que pudiéramos llegar a ser tantos aquel día".

"La primera carroza salió al año siguiente, en 1996", señala Fernando Villaamil. Fue entonces cuando comenzó la participación de los locales de Chueca en el Orgullo y cuando "lo reivindicativo perdió protagonismo" para dar visibilidad al colectivo: "Decidimos sacrificar una cosa por la otra".

El papel de las mujeres
Sin embargo, en lo que los protagonistas de 1995 están de acuerdo es en que "Chueca siempre ha tenido un sesgo masculino y, por ello, las mujeres siempre han sido menos visibles en las carrozas". Según cuenta Villaamil, "en las manifestaciones de Carretas todo era mucho más pequeño y familiar, y las lesbianas tenían más protagonismo que ahora".

Para Alberto Martín Pérez, "las mujeres tenían más visibilidad en los noventa". "Entonces había más que ahora en las manifestaciones, quizás por la fuerza del feminismo de aquellos años". No obstante, para el profesor también ha influido la prensa: "Los fotógrafos y todos aquellos que han dado a conocer lo que pasaba han preferido sacar a la luz casos de hombres".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...