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2022/02/20

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | EL ARTE QUE SALIÓ DE LA RABIA, LLENÓ LAS PAREDES Y ACABÓ CON EL SILENCIO SOBRE EL SIDA

El Diario / 'Lee mis labios' (Gran Fury, 1988), frase tomada de un discurso de Bush //

El arte que salió de la rabia, llenó las paredes y acabó con el silencio sobre el SIDA.

Andrea Galaxina publica 'Nadie miraba hacía aquí, un ensayo sobre arte y VIH' que recoge la historia del activismo artístico y de guerrilla contra esta pandemia y la estigmatización que produjo.
Ángeles Oliva | El Diario, 2022-02-20
https://www.eldiario.es/cultura/arte/arte-salio-rabia-lleno-paredes-acabo-silencio-sida_1_8762175.html

En marzo de 1986 Nueva York se llenó de carteles negros con dos palabras escritas en blanco bajo un triángulo rosa: “Silence = Death” (Silencio = Muerte). Aquella fue la primera imagen icónica del activismo antisida, que se estamparía después en camisetas, chapas y pegatinas. Y fue también una creación artística hecha de manera urgente para circular fuera de los museos, usando técnicas del arte de guerrilla para llegar a la máxima población posible.

Mientras el VIH mataba a miles de personas, la falta de acción del Gobierno, el silencio, la escasez de fondos para investigación y la falta de información, hicieron que los propios afectados por el VIH se pusieran en pie para señalar a los culpables y buscar soluciones. Una de las vías para ello fue la creación artística, con el colectivo ACT UP a la cabeza, que creó los ejemplos de arte político más radicales y relevantes de finales del siglo XX.

Andrea Galaxina (Santander, 1986) publica 'Nadie miraba hacia aquí. Un ensayo sobre VIH/SIDA' (El primer grito). Galaxina explica que “fue una crisis terrible” y muestra “cómo con estrategias alternativas como el apoyo mutuo, la autoorganización y los cuidados, se pudo hacer más vivible la vida”. “Es muy inspirador ver cómo se organizó el activismo y la producción cultural en esta crisis. Ahora que estamos en una situación de crisis de salud, de aumento de la precariedad y ascenso del fascismo, ver que en la Historia han existido fórmulas que han permitido a la gente tener vidas más dignas, es inspirador, te empodera”, señala.

El inicio de la crisis del SIDA
El 5 de junio de 1981 se publicaron los primeros casos reconocidos de VIH en una revista médica de Estados Unidos, en la que se hablaba de cinco casos de hombres homosexuales con un tipo muy poco común de neumonía y de cáncer.

Ronald Reagan llevaba seis meses en el poder y con él las políticas represivas, que buscaban desactivar los movimientos activistas que habían crecido en los años 70. El feminismo, el movimiento por los derechos civiles o el movimiento de liberación gay eran enemigos para la moral conservadora. El movimiento antiabortista adquirió una enorme fuerza en ese momento, apoyado desde la Casa Blanca. Y en paralelo, las políticas económicas fueron recortando el acceso a los recursos esenciales de las personas más vulnerables.

La homosexualidad seguía siendo ilegal en Estados Unidos. La práctica de sexo anal y oral entre adultos del mismo sexo estaba prohibida, incluso en privado, y se podía multar o encarcelar a alguien si llevaba más de tres prendas que no correspondían a su género. La homofobia y la falta de información sobre el SIDA hicieron que se criminalizara a los homosexuales y se les culpara de propagar la enfermedad. Y aunque en 1983 se descubrió que su causante era un virus, los medios señalaban dos tipos de víctimas: las inocentes, que se habían contagiado por una transfusión o durante el embarazo, y las culpables, los gais promiscuos.

Tu rabia es tu fuerza
Ante esa situación, los grupos activistas quisieron canalizar la ira para producir un movimiento transformador. El colectivo más importante fue ACT UP, que apostaba por la acción directa y la desobediencia civil y utilizaba las herramientas artísticas para realizar acciones espectaculares. “ACT UP va a tener mucha influencia —dice Andrea Galaxina—, frente a un tipo de activismo más acomodado o asistencial, propone estrategias de acción directa para transformar la realidad. La rabia canalizada a través de sus acciones provocó cambios muy importantes sobre cómo se contaba la epidemia y cómo se representaba a los enfermos”. Y también supuso cambios en los protocolos sanitarios, ya que consiguió, por ejemplo, que se incluyeran los síntomas del SIDA en las mujeres y así se las reconociera como afectadas. “ACT UP puso el VIH en la agenda y esto parte de la rabia: si no lo hace nadie, lo hacemos nosotros”, añade la investigadora.

El cartel 'Silencio=Muerte' acabó teniendo un enorme poder transformador y con él se financiaron muchas de las acciones del colectivo. “Es la obra fundamental del arte de la crisis del SIDA, su impacto excede a la propia crisis y se ha extrapolado a otras cuestiones como la homofobia o el racismo”, apunta Andrea Galaxina. La obra es anterior a la fundación de ACT UP. Fue idea de un grupo de personas que, en 1986, se reunían en Nueva York para compartir sus vivencias sobre el VIH y que decidieron pasar a la acción política y llegar a la comunidad lésbica, gay y a la población general. Todos pertenecían al mundo del arte, el diseño y la publicidad, conocían los códigos que podían funcionar y decidieron que el cartel era la herramienta. El lema llevaría encima el triángulo rosa con que los nazis marcaban a los homosexuales en los campos de exterminio. Después de imprimirlo, se dieron cuenta que el triángulo estaba al revés, apuntando hacia arriba, y eso les gustó más: daba la vuelta a la idea de víctimas y las volvía poderosas.

New Museum, un museo con una línea curatorial alternativa, encargó a ACT UP hacer un instalación en relación al SIDA para sus escaparates. Así nació el colectivo Gran Furry, que realizó una gran producción artística conectada con las acciones de ACT UP. Para el New Museum hicieron una instalación en la que volvían a conectar la idea del Holocausto con el SIDA, utilizando imágenes de los juicios de Nuremberg frente a fotos de personajes públicos que habían hecho declaraciones homófobas.

Gran Furry era un grupo de creadores con una relación muy cercana al mundo del arte institucional. Su primer encargo para realizar una obra de arte público fue en 1990 con 'Kissing doesn´t kill' (Besar no mata), que se colocó en los laterales de autobuses de muchas ciudades del país. “Recogen una iconografía presente en medio mundo, la de Benetton. Reutilizan sus imágenes de personas de diferentes razas, con ropa de colores, para criticar la mercantilización que hace del VIH una marca de ropa”, anota Andrea Galaxina. Se refiere a la campaña que la multinacional Benetton hizo con una foto de la artista Therese Frare, que fotografió el cuerpo de un activista muy enfermo rodeado de su familia, y que se convirtió en uno de los iconos de la epidemia. Gran Furry retorcían los códigos de Benetton y transmitían un mensaje directo: el SIDA no se contagia con besos.

Ni autor, ni original, ni único
Estos colectivos artísticos se sitúan dentro de una corriente en la que se cuestionaban los valores tradicionales en los que se basaba el arte occidental: la idea de autor, de originalidad, de singularidad. “ Ellos rompen con esto porque realizan obras donde no hay un autor, la autoría es colectiva. Y que se reproducen de manera infinita, que se muestran fuera de los lugares canónicos del arte. Están en la calle, en las paredes, pasan de mano en mano o están en los propios cuerpos, cuando se estampan en camisetas”, explica Andrea Galaxina. “Todo esto es también una reacción a una situación que se estaba dando en el mundo del arte en los años 80, en el que se vivía un absoluto esplendor. El dinero de la bolsa y de la especulación se invertía en arte, que se convertía en objeto de pura especulación, y este tipo de obra rompe con estas lógicas”, añade.

Gran Furry participó con un póster en una de las acciones más importantes de ACT UP. Fue en la sede central de la FDA (la agencia del Gobierno de Estados Unidos encargada de regular los medicamentos y ensayos clínicos) en 1988. La fachada del edificio se cubrió con pósteres con dos frases: “El Gobierno tiene sangre en sus manos” y “una muerte de SIDA cada media hora”, junto a huellas de manos ensangrentadas. La acción, en la que participaron todos los grupos de ACT UP del país, fue una victoria para el movimiento: el proceso para la aprobación de medicamentos se agilizó, los tratamientos se hicieron más accesibles y se empezó a incluir a personas con SIDA, personas racializadas y mujeres en los consejos asesores del Gobierno y las farmacéuticas.

La influencia de Gran Furry fue enorme. En 1990 fueron elegidos para asistir en la Bienal de Venecia y lo hicieron con una instalación en la que ponían el foco sobre el sexismo en la crisis del SIDA, los derechos reproductivos de las mujeres y el uso de condones como prevención.

En la instalación había una fotografía explícita de un pene erecto en blanco y negro con el eslogan: “El sexismo asoma su cabeza desprotegida. Hombres: usad condones o piraos. El SIDA mata a las mujeres”. Enfrente, una imagen del Papa Juan Pablo II, que había hecho declaraciones en contra del uso del preservativo. Hubo un gran escándalo y muchas quejas, incluso el presidente de la Bienal amenazó con dimitir si no retiraban la imagen del Papa. Lo que se consiguió fue una enorme visibilidad para el colectivo y para las personas con SIDA.

De enfermos a expertos
Durante los 80 y los 90 el arte activista antisida sirvió para convertir los cuerpos enfermos en cuerpos políticos. “Se produce un fenómeno inédito de transformación del paciente en experto en su enfermedad. Se ve claro en ACT UP, donde hay personas que sin venir del mundo de la medicina, se convierten de manera autodidacta en especialistas en medicamentos. Y lograron formar parte de paneles de expertos del gobierno de EEUU, de la ONU, junto a especialistas de primer rango”, explica Andrea Galaxina.

El único medicamento aprobado durante mucho tiempo para combatir el SIDA fue el AZT. Su eficacia estaba poco clara, los efectos secundarios eran muy fuertes y durante muchos años fue el medicamento más caro de la historia: costaba 10.000 dólares al año. Dos miembros de Gran Furry hicieron el cartel 'Enjoy AZT', (Disfruta AZT) jugando con el eslogan y la estética del anuncio de Coca-Cola. “Criticaban así que algo de lo que dependen las vidas de tantas personas responda a las mismas lógicas que los productos de consumo. El AZT hacía sospechar a los activistas: su uso se había aprobado muy rápido y una empresa tenía el monopolio de su explotación y podía fijar su precio”, relata Galaxina.

La estela de ACT UP llegó a España en los años 90 en colectivos madrileños como La Radical Gai y LSD, que bebían de la teoría queer y practicaban la acción directa. “Son grupos muy pequeños con poca capacidad de impacto, pero son pioneros absolutamente en traer estas ideas y formas de hacer a España. Han influido mucho en una manera de hacer activismo, son un contrarrelato del activismo más institucionalizado”, apunta Andrea Galaxina.

2022/01/19

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | DAVID LAFUENTE REVELA LO MAL QUE LO PASÓ MIENTRAS ESTABA EN 'AURYN' POR SER GAY: "FUE COMO VOLVER AL ARMARIO"

20 Minutos / David Lafuente en 'Sálvame' ' //

David Lafuente revela lo mal que lo pasó mientras estaba en 'Auryn' por ser gay: "Fue como volver al armario".

El cantante confesó en 'Sálvame' que tuvo que ir a terapia a causa de todo lo que vivió. "Era como la oveja negra, constantemente eran regañinas", aseguró.
20 Minutos, 2022-01-19
https://www.20minutos.es/noticia/4943680/0/david-lafuente-revela-el-infierno-que-vivio-mientras-estaba-en-auryn-por-ser-gay-fue-como-volver-al-armario/ 

Fue en verano de 2016 cuando Auryn se separó definitivamente y sus integrantes (Álvaro Gango, Blas Cantó, Carlos Marco, David Lafuente y Dani Fernández) tomaron caminos diferentes, con mayor o menor éxito en el mundo de la música. Ahora, más de 5 años después, algunos recuerdan esa etapa con cariño, pero cierto resquemor por algunas de las cosas vividas.

David Lafuente es uno de ellos, pues el cantante, que confesó su homosexualidad públicamente en 2019, acudió este martes a Sálvame para contar lo doloroso que fue tener que ocultar su orientación por estar en Auryn.

"No podía decir que era gay. No es que me lo prohibieran, pero en cierto modo sí que era así", confesó a Jorge Javier Vázquez. "Yo entiendo que trabajábamos para un público femenino y había que mantener la imagen, pero...".

"Yo con mi entorno era libre. Pasé mucho de pequeño, y llegué a Madrid y para mí fue: 'Sal del armario a empujones'. Vivir la vida, conocer gente liberal", explicó. "Y, de repente, esto fue un paso hacia atrás. Lo de Auryn fue como volver otra vez al armario".

"No podía frecuentar sitios de ambiente", contó el joven de 33 años. "Encima era un chico rebelde que venía de estar escondido y sufrir, y tenía ganas de liberarme y salir. Yo era un chico de 22 años con un grupo de amigos LGTBI, tenía novio".

"Mi vida no la cambié, intenté seguir siendo yo, aunque eso me trajo problemas. Era como la oveja negra, constantemente eran regañinas, me decían 'te han visto aquí, van a salir fotos, te han visto con alguien'. En cierto modo pasaba miedo", añadió. "Me daba miedo todo, fui a terapia durante muchos meses".

Y TAMBIÉN...
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El cantante David Lafuente hace pública su homosexualidad.

El exintegrante de la 'boy band' española, Auryn, ha confesado que es gay mediante unas emotivas palabras que ha dedicado a su novio.
Alex del Río | As, 2019-11-12
https://as.com/tikitakas/2019/11/12/portada/1573556808_279170.html
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David Lafuente narra cómo en Auryn vio cohibida su condición sexual: "No es que me lo prohibieran, pero era así en cierto modo".
Sálvame | Telecinco, 2022-01-18

https://www.telecinco.es/salvame/david-lafuente-auryn-homosexualidad-prohibicion_18_3268924953.html
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David Lafuente cuenta la pesadilla que sufrió hace años por ser gay.

El cantante ha querido conceder una entrevista en la que ha hablado de lo difícil que fue para él la adolescencia y luego estar en la 'boy band' española más exitosa de los últimos tiempos.
Quemedices | Diez Minutos, 2022-01-19
https://www.diezminutos.es/famosos-corazon/famosos-espanoles/a38811138/david-lafuente-cantante-auryn-gay/

2021/06/24

DOCUMENTACIÓN | ESTUDIOS | ESPAÑA, EL PRIMER PAÍS EUROPEO CON MÁS POBLACIÓN NO HETEROSEXUAL

España, el primer país europeo con más población no heterosexual.
El 6% de los españoles dice ser bisexual, el 5% gay y el otro 1% pansexual (atracción independientemente del sexo de la persona) u omnisexual (atracción por todos los géneros).
EFE | El Confidencial, 2021-06-24
https://www.elconfidencial.com/sociedad/2021-06-24/espana-primer-pais-europeo-poblacion-heterosexual_3149620/ 

Un 78% de los españoles se declara heterosexual y un 12% se identifica con otro género, lo que sitúa a España como el tercer país a nivel mundial y el primero europeo con mayor población no heterosexual, mientras el 10% prefiere no expresar su identidad sexual.

En concreto, el 6% de los españoles dice ser bisexual, el 5% gay y el otro 1% pansexual (atracción independientemente del sexo de la otra persona) u omnisexual (atracción hacia todos los géneros), lo que suman un 12% de no heterosexuales frente al 11% de Alemania y Reino Unido y el 10% de Países Bajos, Bélgica y Suecia.

A nivel mundial, el 80% de la población se identifica como heterosexual. Son datos de una encuesta de Ipsos sobre la visibilidad y percepción pública del colectivo LGTBI+ realizada a un total de 19.069 personas de 27 países, que se publica cada año con motivo del Día Mundial del Orgullo, que se celebra el 25 de junio [i.e. 28 de junio].

Un 10% de los encuestados en España prefiere no expresar su identidad sexual, uno de los porcentajes más altos de Europa, solo superados por Alemania (12%) y Polonia (11%). En el resto del mundo este dato oscila entre el 39% de Malasia, el 33% de Turquía, el 24% de la India, el 19% de Rusia y el 15% de México.

En España, 6 de cada 10 encuestados declaran tener relación con alguna persona gay, lo que le sitúa como el primer país europeo en este aspecto, al mismo nivel que Bélgica y Reino Unido. Los españoles lideran el ranking europeo en compromiso y apoyo hacia estas personas en acciones como acudir a las manifestaciones del Orgullo Gay (un 22% dice haber ido alguna vez, frente al 13% de media mundial).

Además, España se sitúa en el tercer puesto con más ciudadanos a favor del matrimonio homosexual (76%), solo por detrás de Suecia (79%) y Países Bajos (84%). En cuanto a si las parejas del mismo sexo deben tener los mismos derechos a la hora de adoptar niños, España se vuelve a situar en las primeras posiciones, ya que un 77% se muestran a favor, solo por detrás de Países Bajos (83%), Canadá (81%) y Suecia (79%).

Asimismo, nuestro país ocupa el primer lugar en cuanto a que las personas LGBTI+ muestren abiertamente su orientación sexual o identidad de género con el resto de ciudadanos (un 73% frente al 51% de media). También lidera el ranking en la defensa de que estas personas muestren su afecto en público, un 64%, casi el doble que la media mundial (37%).

Igualmente ocupa el primer puesto mundial al apoyar que los deportistas se muestren abiertamente homosexuales (7 de cada 10 encuestados) y es el único país, junto con India, con una mayoría de población a favor de que los atletas transgénero participen en la categoría del género con el que se identifican.

2021/03/11

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CÉSAR MANRIQUE, EL GRAN DEFENSOR DE LA RIQUEZA NATURAL CANARIA

César Manrique, el gran defensor de la riqueza natural canaria.
José A. Cano | Revista Circle, 2021-03-11

https://www.revistacircle.com/2021/03/11/cesar-manrique-naturaleza-canaria/ 

«La insensibilidad reinante unida a la falta absoluta de entusiasmo están aniquilando el amor que había en un principio. Lo único válido para ellos es el éxito de vender en masas y ganar millones, sin tener en cuenta todo lo realizado en los comienzos. Indigna que esta torpe facilidad de ventas al por mayor se base en todos los grandes atractivos que hemos creado en Lanzarote, ya que, de no existir éstos, no venderían ni una perra chica. Esto es verdaderamente desmoralizador, es tirarse piedras sobre su propio tejado». Esta oda a un Lanzarote que está muriendo la escribía César Manrique Cabrera (1919-1992) en 1986. El artista fue uno de los principales referentes del arte en defensa del medioambiente y la naturaleza de nuestro país. Su mensaje sigue más vigente que nunca. Por eso, hacemos un recorrido por sus obras y las enseñanzas que, durante el siglo pasado, nos dejó para reflexionar sobre nuestro futuro.

Nacido en Arrecife, donde vivió toda su juventud, se dice que su experiencia como soldado en la Guerra Civil española fue tan traumática que lo convirtió en pacifista. Se marchó de nuevo del archipiélago para estudiar arte después de comenzar Arquitectura Técnica de La Laguna (Tenerife). Tras vivir en Madrid y Nueva York, regresaría a su isla natal en los años 60, cuando ya era un artista consagrado y comenzaba el boom del turismo de masas en España.

La destrucción de los paisajes de su infancia en aras de favorecer la economía lo volvería a transformar. A partir de los 70, lideraría numerosas protestas contra la construcción indiscriminada y la destrucción de los ecosistemas. Junto a su socio, el arquitecto Fernando Higueras, innovaría para recuperar el paisaje y adaptar la acción humana a la convivencia con la naturaleza.

Lo que para él era cotidiano, hoy se considera el futuro de la arquitectura y la sostenibilidad: la integración del diseño, el arte y la construcción en el paisaje y la recuperación de espacios perjudicados por la contaminación. Como ejemplo tenemos el Jardín de Cactus, su última gran intervención en la isla de Lanzarote. En 1991 –apenas un año antes del accidente de tráfico que le costaría la vida– reconstruiría una antigua zona de extracción de áridos de Lanzarote que se había convertido en un basurero, transformándola –literalmente– en un jardín de cactus.

Sus huellas están ahora por toda la isla. Otra de sus frases más conocidas, recordaba como ésta, para él, «era el lugar más bello de la Tierra». Y se dio cuenta de que «si ellos eran capaces de verlo a través de mis ojos, entonces pensarían igual que yo», decía haciendo referencia a los constructores que convirtieron en hormigón el litoral. También están sus huellas en el diseño respetuoso con el entorno se ven hasta en su propia casa, la conocida como Taro Tahiche. En la construcción, de 1968, Manrique sacó partido al espacio natural formado por las cinco burbujas volcánicas de una colada de lava de Teguise, actual sede de la fundación que lleva su nombre.

Un caso parecido es el de los Jameos del Agua, una de sus primeras obras tras su regreso de Estados Unidos. Este espacio, construido entre 1964 y 1966, aprovecha el desplome de la cubierta de un tubo volcánico junto a la costa, donde las aguas filtradas dieron lugar a un lago interior. En él diseñó un espacio en el que la naturaleza y el arte convergen, y donde el blanco de las paredes encaladas, el azul del agua, el verde de la vegetación y el negro de la lava son la combinación perfecta.

El más icónico de todos sus diseños sería el Monumento a la Fecundidad, que culmina la Casa Museo del Campesino. Con este espacio, el artista quiso reconocer el esfuerzo de los campesinos de Lanzarote, que se enfrentaron a las condiciones más adversas para dar vida al territorio. Esta construcción de 1968 está ubicada entre los pueblos de Mozaga y San Bartolomé.

Manrique nunca se consideró un intelectual ni un revolucionario, solo alguien que defendía el territorio que amaba y la relación de los humanos con su entorno. Homosexual sin ocultarlo en una época en la que esto no era fácil, desafiante y consciente de su poder como artista, no tuvo problemas en llevar la contraria a alcaldes, arquitectos o ministros. Con su marcha prematura se perdió una de las primeras voces que, desde el arte, desafiaron la cultura del pelotazo, la especulación y la ignorancia respecto al medioambiente. Hoy, su ejemplo sigue vive en Lanzarote y en el resto de planeta.

2020/06/20

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | THE STORY BEHIND THE PHOTOGRAPH: GAY DADS KISSING, 1983

J. Ross Baughman, 1983 / Gay Dads Kissing //

The story behind the photograph: Gay Dads Kissing, 1983.

Shannon Thomas Perich | National Museum of American History, 2020-06-20

https://americanhistory.si.edu/blog/story-behind-photograph-gay-dads-kissing-1983 

For Michael and Robert, the quick peck before a walk around the lake with Michael’s son was an ordinary moment. For J. Ross Baughman, it was the moment he was positioned for and waiting to capture. ‘Gay Dads Kissing’ was a history-making photograph that continues to hearten and resonate with many. The story of ‘Gay Dads Kissing’ is a story about commitment to showing love and the waking up of the publishing world.

Baughman, a photojournalist with an interest in social justice, won the 1978 Pulitzer-Prize for his photographs of the brutal treatment of prisoners by Rhodesian Security Forces. Within a few years he left the Associated Press and opened the photo agency Visions. While running Visions between 1980 and 1986, he also worked on assignments for ‘Life Magazine’, pointing his camera to cover Cuban refugees, AIDS, and wars in central America and the Middle East. In his memoir, ‘Angle’, Baughman recounted how the powerful image of Robert and Michael—along with Eryn on piggyback—came to be.

In the fall of 1982, Baughman’s attention was caught by a small notice, almost missed, in the ‘Village Voice’, an alternative newspaper in New York City, for the monthly meeting of the Gay Fathers’ Forum support group. Compelled to understand what necessitated these meetings, he was permitted to attend and meet the group’s members. In the 1980s most gay men still did not talk about or admit to being gay. Most gay dads lived as straight men in marriages. Baughman learned of the emotional and psychological pain and coping strategies that sometimes led to substance abuse. Baughman was also aware that a pending federal court case would decide whether gay fathers could have custody rights. Men like Michael and Robert worried whether federal power might take their children from them for having same-sex partners. Baughman pitched ‘Life Magazine’ a story that would explore this question. ‘Life’ agreed it could be a compelling article and gave him the go-ahead.

Baughman welcomed Anne Fadiman as writer for the article. Their goal was to depict a happy, healthy gay family with dads willing to be visible to the world. For their subjects, the stakes were high in the early 1980s. ‘Life’ had yet to use the word gay in the magazine, or highlight any person as LGBTQ+, let alone put them on the cover. To be depicted in the prestigious picture magazine in an article titled “The Double Closet” could be personally risky for the couple. The photographer and author, with the help of the Gay Fathers’ Forum’s network, interviewed 49 couples before all the pieces and requirements fell into place.

Living outside of Toronto, Canada, Michael was a letter carrier and Robert was an applications coordinator at the Worker’s Compensation Board while going to night school to earn a college degree. Between them they had four children, one of whom, a daughter with Down’s syndrome (you can see her in the background of the photograph) lived with them full-time. Baughman stayed with the family over several days capturing other ordinary family moments, such as playing Pac-Man in the living room and splashing in the swimming pool. At the editor’s request, Baughman also made a number of images that were designed for the cover of the magazine.

The pictures and text came together as a significant 12-page spread, but some obstacles began to emerge. One of the men’s ex-wives felt anxious about exposing family stories, and worried for her children. ‘Life’ showed the proposed article to a focus group of advertising executives who made the magazine’s managing editor more cautious. The editors pulled the Baughman cover photograph and instead ran a picture of Debra Winger, the actor from the film ‘An Officer and a Gentleman’, in a black ball gown sitting in a bathtub full of bubbles. The title of Baughman and Fadiman’s article is not listed on the cover. ‘Life’ published the 12 pages, but without ‘Gay Dads Kissing’. Thus, the most powerful and meaningful of the images landed on the photo editor’s cutting room floor.

Baughman knew how important this photograph was for all those men and families he met at the Forum, those he and Fadiman interviewed, those whose relationships with their children hung in legal limbo, and all those who just simply needed to see this loving photograph. So, he sought publication elsewhere. ‘Gay Dads Kissing’ ran in ‘Christopher Street’, a gay interest magazine, issue number 75, “Father Knows Best,” with accompanying text written by one of the dads, Michael. “Father Knows Best” ran in April 1983, one month before the Life article. However, the ‘Christopher Street’ article was still not a double-page spread like Baughman had hoped, so he continued to make the photograph available through his photo agency. Finally, ‘Esquire’ magazine’s special edition explored the theme “The American Man, 1946–1986.” Baughman’s photograph ‘Gay Dads Kissing’ found its double-page spread in the section titled “In Love.”

Michael recently shared in an email to me that Robert did have to prep his employer before the ‘Life’ article was published. Within a few weeks of the article, Robert was being set up to be fired for being gay, but he had wisely set the stage to protect his job by garnering support from the chairman—a black man, who also understood what workplace discrimination meant. Michael also shared that he and Robert remain pleased to have been part of the history that raised the issue of parental rights for gay parents to a wider audience. For a while they were recognized in public and approached by individuals who found comfort and relief in making their story known. They were interviewed on the ‘Phil Donahue Show’ as well as other print and television outlets. But they began to pull back from media requests when they thought it might have a negative impact on the children.

Michael and Robert have been together for almost 40 years and were married in 2011. Together they have owned successful businesses in the restaurant and leisure industries. Sadly, Michael’s daughter, Brittan, seen in the background of ‘Gay Dads Kissing’, passed away at the age of 33 from pneumonia. The other three children are doing well with their various careers, spouses, and children.

Shannon Perich is curator for the Photographic History Collection at the National Museum of American History.

2020/05/14

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | "ME LLAMO GREG LOUGANIS, SOY GAY Y SOY SEROPOSITIVO"

“Me llamo Greg Louganis, soy gay y soy seropositivo”: la inspiradora historia del campeón olímpico que se enfrentó al mundo.
El estadounidense, que sufrió acoso escolar, tuvo devaneos con el consumo de sustancias, varios intentos de suicidio y un representante extorsionador, supo sobreponerse a los peligros que conlleva convertirse demasiado pronto en una estrella mundial.
Blanca Lacasa | Icon, El País, 2020-05-14
https://elpais.com/elpais/2020/05/13/icon/1589365417_176275.html 

“Me llamo Greg Louganis. Soy gay y soy seropositivo”. Así se presentaba Gregory Efthimios Louganis (San Diego, Estados Unidos, 1960), el mejor saltador de todos los tiempos, ante los medios y un puñado de estudiantes en 1995. Ocurrió tras la publicación de su libro autobiográfico 'Breaking the Surface', coescrito junto al ensayista Eric Marcus. En él, el deportista se atrevía a contar su historia siete años después del accidente que sufrió en los Juegos Olímpicos de Seúl donde, por un error de cálculo, se golpeó la cabeza contra el trampolín con la consiguiente hemorragia. Durante esos años, a Louganis le reconcomió la obsesiva sombra de la responsabilidad: cuando se produjo aquel percance él ya había contraído el VIH. Lo sabía y calló. Y, aunque el Comité Olímpico Internacional salió rápidamente al paso exonerándole de cualquier tipo de culpa (tal y como publicó El País en 1995), empezó a cuestionarse la ética de su comportamiento.

Este episodio no era sino el penúltimo eslabón de una carrera deportiva que parece haber sido escrita por el más dramático de los guionistas de Hollywood. Aunque quizás el elevado número de deportistas con relato trágico de fondo no sea más que el patente reflejo de que el deporte de élite suele llevar emparentado en muchas ocasiones brutales abusos e inhumanas exigencias. “Desde que trabajé en las autobiografías con Greg y luego con Rudy Galindo, un campeón de patinaje artístico de EE.UU., ya no veo las Olimpiadas o el patinaje artístico de la misma manera", explica el ensayista Eric Marcus. "Sé demasiado sobre las terribles vidas de los atletas de élite. Lo que les hacemos, al menos aquí en EE.UU., llega al nivel de abuso. Lo encuentro espantoso. La mayoría de los deportistas de élite se retiran jóvenes de sus deportes porque sus cuerpos les fallan a una edad temprana. Y entonces se dan cuenta de que prácticamente no están preparados para vivir una vida normal”.

La historia de Louganis tiene todos los ingredientes de deportista que empieza demasiado pronto y se convierte enseguida en una estrella mundial (problemas familiares, acoso escolar, tempranos devaneos con sustancias de todo tipo, intentos de suicidio y representante extorsionador) con un añadido: el de ser homosexual en unos tiempos en los que la homofobia campaba a sus anchas en el mundo del deporte. “Cuando Greg estaba compitiendo no había atletas olímpicos LGTBQI que hubieran salido del armario. Al ser percibido como gay, Greg se convirtió en el blanco de hostilidad abierta por parte de otros saltadores. Una de las cosas que él temía cuando decidió reconocer que era gay y que tenía SIDA era que sus fans le dieran la espalda. Sin embargo, fue justo lo contrario, lo cual fue muy alentador. Pero algunos de los medios de comunicación mostraron cierta histeria por la percepción errónea de que Greg había puesto a los atletas y al personal médico en peligro de exposición al VIH al golpearse la cabeza con el trampolín. De todos modos, conviene recordar que, aunque no en todos los deportes, la situación sigue siendo terrible para los atletas LGBTQ que compiten en la élite”, reconoce a ICON Marcus.

Con nueve meses, Greg fue dado en adopción. Sus padres de ascendencia samoana y sueca solo tenían 15 años y encontraron en el matrimonio de Peter y Frances Louganis, que ya habían adoptado una hija mayor, la familia perfecta para el pequeño. Mientras su madre y su hermana adoptivas siempre fueron para Louganis el mayor de los consuelos, con su distante padre la relación basculaba entre el amor y el odio. Su progenitor solo empezó a interesarse por él cuando fue consciente de que el muchacho tenía un talento fuera de lo común para las acrobacias. Y, como en tantos casos similares, el interés se convirtió en la peor de las pesadillas. Autoritario y exigente, su padre lo puso demasiadas veces al límite. Esa sensación de indefensión se extendería fuera de las dominios del hogar.

El colegio tampoco representaba un lugar más seguro. Por su color de piel, se ganó toda clase de insultos racistas; por su dislexia (que se le diagnosticaría sólo mucho más tarde) lo tacharon de ‘retrasado’ obligándole a imaginar estrategias de escapismo ("en la escuela siempre odié leer delante de otras personas porque cometía muchos errores. Así que me llevaba el libro a casa, memorizaba algunos párrafos y luego me ofrecía voluntario para leer esos párrafos en concreto") y por su afición a las piruetas y a la danza, era reiteradamente calificado de afeminado por los gallitos del instituto. Todas estas trabas llevaron a Louganis a meterse en los procelosos mundos del alcohol y las drogas a una edad muy temprana, llegando incluso a intentar quitarse la vida en más de una ocasión.

Sin embargo, su destreza en el salto era incontestable. Según recoge el documental Back on board: Greg Louganis (2014) de HBO dirigido por Cheryl Furjanic, para Sammy Lee, su descubridor y primer entrenador, Louganis era “caballo ganador”. Tenía esa habilidad que solo tienen los elegidos: “Es capaz de crear la ilusión de que lo que hace no requiere esfuerzo en absoluto”, explica en el documental Ron O’Brien, el hombre que le llevaría al éxito. El trampolín era el único lugar en el que Louganis era perfecto, inalcanzable e imbatible. A él no le motivaba competir, solo quería saltar. “No me interesaba la competición. Me interesaba actuar”, declaró en una entrevista a Harvard Business Review. Quizás por eso escogió el más solitario de los deportes, uno en el que estar solo frente al vacío buscando la perfección. “Es un deporte muy solitario", afirma O’Brien en el documental. "Estás ahí, con tu minúsculo bañador y no puedes decir: ‘Me han pasado mal la pelota’. Todo depende de ti”.

Se trata de un deporte en el que la única referencia es un entrenador que ordena y tutela cada minuto de una vida en la que lo único que cuenta es algo que llega a convertirse, como bien puntualiza O’Brien, en la “persecución obsesiva de un sueño”. En alguna ocasión, Louganis confesó viajar siempre con un Speedo en la bolsa porque nunca se sabe cuando surgirá la ocasión de subirse a una tabla a entrenar. “Cuando trabajaba con Greg pensaba en la suerte que tenía de no ser un atleta de élite. Greg y yo tenemos más o menos la misma edad y cuando estábamos escribiendo el libro, yo me encontraba a mitad de mi carrera y con muchas oportunidades por delante. Greg ya estaba retirado y esperaba morir más pronto que tarde. Pero incluso cuando tuvo claro que iba a vivir, se enfrentó a un camino plagado de retos. Lo único para lo que fue entrenado desde una edad temprana no era algo que pudiera seguir haciendo el resto de su vida. Carecía de las habilidades para la vida que la gente normal adquiere cuando crece”, señala Marcus.

Antes del aparatoso accidente de Seúl, la carrera de Louganis ya había protagonizado capítulos truculentos. Desde la muerte del saltador soviético Sergei Chalibashvili de la que Louganis se sintió indirectamente culpable (el soviético se vio obligado a igualar a Louganis realizando un salto de una extrema peligrosidad que, por aquel entonces, solo hacía el norteamericano) a la supuesta ayuda al también saltador soviético Sergei Nemtsanov para que desertara (cosa que a Louganis le valió el apodo de ‘marica comunista’), pasando por la ausencia de patrocinadores por los rumores de su homosexualidad.

Cada año, los cereales Wheaties sacaban cajas especiales con las leyendas del deporte. Por aquel cartón pasaron Edwin Moses, Carl Lewis, Evelyn Ashford y un sinfín más. Todos menos Louganis, que no lo haría hasta 2016. Pero si por algo destacó Louganis es por ser el vivo ejemplo (como Nadia Comaneci) de la perfección. Fue el primero en poner de acuerdo a siete jueces para puntuarle con sendos dieces y el único en atesorar cuatro medallas de oro olímpicas conseguidas en dos Juegos consecutivos (Los Ángeles 1984 y Seúl 1988, en las dos modalidades posibles: trampolín y plataforma). Todo esto a pesar de ser uno de los damnificados del boicot estadounidense a los Juegos de Moscú en 1980 en los que se esperaba que cosechara un oro.

Vergüenza y silencio
Unos meses antes de ir a los Juegos Olímpicos de Seúl, Jim Babbitt, pareja y manager de Louganis, descubre que tiene SIDA. Inmediatamente Louganis se hace las pruebas. Da positivo. No sabe qué hacer. Seúl está a la vuelta de la esquina. Le aconsejan fervientemente que siga entrenado: si él no va a los Juegos, el resto del equipo tampoco podrá hacerlo. Probablemente, el creciente clima de homofobia desatado a raíz de las primeras oleadas de SIDA desaconsejaba hacer pública la enfermedad. Era el año 87 y, según recoge el documental ‘Back on board: Greg Louganis’, en aquellos años no era raro ver a policías enguantados para detener a manifestantes gais o leer noticias en las que se decía que uno de cada siete encuestados estaban a favor de tatuar a los afectados por el SIDA.

El único camino posible para el deportista en aquel momento fue callar. Y la única solución para transitar por ese silencioso y pesado camino era un medicamento llamado AZT. Una medicación terriblemente agresiva de la cual se sabía poco pero que consiguió mantener a Louganis en la competición a cambio de no poder dormir más de cuatro horas seguidas. En ese estado físico y mental, se presenta Louganis en Seúl. Y entonces sucedió lo único que no podía, ni debía suceder. En el primer salto Louganis se golpea la cabeza con la tabla. Algo que no deja de revestir peligro si tenemos en cuenta que la velocidad de zambullida puede llegar a ser superior a los 50 kilómetros/hora. Louganis sale de la piscina. Sin confianza y con un charco de hemorragia detrás. Solo puede pensar en su responsabilidad, en aquel médico que le cose sin guantes quirúrgicos y en los rastros de sangre dejados en la piscina y en la cubierta. Aún así, Louganis se enfrenta al que sabía que sería el último salto de su carrera. "Ha terminado", se repetía. Y entonces Louganis se alza una vez más y consigue el salto que le daría su segunda medalla de oro en esos Juegos.

Alegando que los chinos le pisaban los talones, el saltador anuncia su retirada en 1989. Pero lo peor está aún por llegar. Hasta ese momento, Louganis –como tantos otros atletas demasiado enfocados en sus éxitos deportivos, sus marcas, sus entrenamientos y sus competiciones– se había despreocupado de unas cuentas que Babbitt manejaba a su antojo, y que le había estafado grandes cantidades de dinero. Cuando se quiso dar cuenta, Louganis estaba prácticamente en la ruina y sin poder deshacerse del causante de su bancarrota. Babbitt le amenazó con contar toda su historia si le retiraba el papel de manager y administrador. Pero en 1989 Louganis consigue una orden de alejamiento (nada sorprendente si tenemos en cuenta que Babbitt violó a Louganis a punta de cuchillo). El manager murió un año después víctima del VIH.

En 1994, Louganis decide escribir su biografía. ¿Por qué justo en ese momento? En 1993, el saltador se asusta: estaba perdiendo peso muy rápidamente y pensó que le quedaba poco tiempo. “Greg y yo fuimos presentados por un amigo común. Cuando nos conocimos, Greg estaba deprimido y triste. ¡Tenía razones para estarlo! Quería contar su historia con sus propias palabras antes de morir. Tenía SIDA y en 1993, el pronóstico era terrible. Su esperanza de vida era corta y emprendimos una loca carrera por terminar el libro para que pudiera estar vivo cuando se publicara. Lo que quería lograr era un relato completo de su existencia que había mantenido en secreto. Lo que me sorprendió durante nuestras más de sesenta horas de entrevistas y conversaciones fue cómo Greg compartía sus experiencias mostrándose muy poco afectado. Tenía poca perspectiva de algunas de las cosas horribles por las que había pasado y de lo extraordinario de sus logros en las Olimpiadas de 1988. Ganó dos medallas de oro mientras tomaba altas dosis de AZT, un poderoso medicamento con importantes efectos secundarios, incluyendo el deterioro de su equilibrio, lo que probablemente contribuyó a que se golpeara la cabeza. Creo que mis reacciones, incluyendo las lágrimas, le ayudaron a poner en perspectiva lo que vivió”, cuenta Marcus.

Cuando en la entrevista a la ‘Harvard Business Review’ se le pregunta a Louganis cuándo salió del armario él responde: “Depende de a quién le preguntes. Fui a la Universidad de Miami, lejos de donde crecí, y en el departamento de teatro, conocí a otros gais. Con mi madre, salí del armario en el 83. Así que para mis amigos y mi familia no era ningún secreto, pero mi política era no hablar de mi vida personal con los medios de comunicación”. Es en 1995, con la salida de ‘Breaking the Surface’, cuando Louganis le dice al mundo “Me llamo Greg Louganis, soy gay y soy seropositivo”. El libro se agotó a la media hora de salir a la venta. A pesar de la valentía, hubo quien quiso aprovechar el río revuelto. Fue el caso de Larry King, quien en su ‘late show’ en la CNN acorraló a Louganis preguntándole una y otra vez cómo es posible que un muchacho inteligente se contagiara de VIH.

Después de todo esto, a Louganis le llevó años convertirse en mentor del equipo de saltos estadounidense para los Juegos Olímpicos. Mentor, que no entrenador. Porque Louganis, víctima como fue de ese mal endémico de los deportistas de élite de salir al mundo sin herramientas, se empeña en preparar a los deportistas para lo que vendrá después, para su vida después de los saltos y para no seguir engrosando el historial de héroes olímpicos hechos pedazos.

A fecha de hoy, Louganis está felizmente casado con Johnny Chaillot, ha dejado atrás sus problemas financieros (tuvo que vender muchas de sus pertenencias, medallas olímpicas incluidas, para conservar su casa), se ha convertido en un tenaz activista y continúa siendo el mejor saltador de la historia con unas marcas que aún no han sido batidas. “Greg sigue siendo la misma persona encantadora, amable y gentil que conocí hace más de 25 años", asegura Marcus a ICON. "Por aquel entonces estaba muy deprimido. Creo que ha trabajado duro para llegar a un lugar donde su aparente serenidad refleja una paz interior”.

2019/06/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CHUECA, LOS ORÍGENES DEL BARRIO ARCOÍRIS DE MADRID

Chueca, los orígenes del barrio arcoíris de Madrid.
La serie documental “Nosotrxs Somos” repasa los orígenes de Chueca como barrio rosa. Todo un referente para el colectivo LGTBI a nivel internacional que algunos miran con nostalgia.
Somos Chueca | El Diario, 2019-06-05
https://www.eldiario.es/madrid/somos/chueca/chueca-los-origenes-del-barrio-arcoiris-de-madrid_1_6416971.html 

Cuando queda menos de un mes para la celebración del Orgullo LGTBI, ‘La 2’ continúa con la emisión de Nosotrxs Somos, una serie documental producida por RTVE Digital para ‘Playz’ que recorre la historia del colectivo LGTBI en España desde los años 70 a través de los colores de la bandera del arcoíris, su símbolo más universal.

La pasada noche le tocaba el turno a la segunda entrega, la de color verde, dedicada al cambio social que se produce entre los años 80 y 90 con la legalización del colectivo LGTBI y el nacimiento de asociaciones y activistas que buscan la plena igualdad.

Un capítulo en el que también se habla de los orígenes de Chueca como espacio LGTB, de la irrupción de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en el barrio, de la apertura de negocios de día y la construcción de un espacio seguro para el colectivo que, para algunos, es ya un recuerdo nostálgico del pasado en vías de extinción como barrio rosa.

Además de fragmentos de programas del archivo de RTVE, el documental cuenta con la participación del histórico activista LGTBI Jordi Petit y el artista multidisciplinar King Jedet, que intercambian impresiones sobre la historia del activismo LGTBI y el camino hacia la conquista de derechos para el colectivo, la ‘plumofobia’ y los cuerpos disidentes no normativos, el machismo, el feminismo y la discriminación dentro del propio colectivo LGTBI.

Visibilidad, clave para el movimiento LGTBI español

“Hoy la normalidad es diversidad”, afirma rotundamente Jordi Petit, uno de los primeros activistas (junto a Empar Pineda) en hacerse visible como homosexual en la televisión mientras luchaba por los derechos LGTBI en la retaguardia. Personas como ellos fueron fundamentales para la normalización en la sociedad de esas diversidades afectivas y de género.

Con la Ley de Peligrosidad Social aún en vigor, esos primeros activistas LGTB, agrupados en frentes revolucionarios, tenían un objetivo común: la abolición de este texto legal que criminalizaba a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.

Un nexo común que les lleva a establecer alianzas y formar la COFHLEE, una coordinadora que articulará un lenguaje común entre todos esos grupos regionales y que convocará los primeros orgullos, como el de Barcelona, donde en 1977 tiene lugar la primera manifestación del Orgullo de toda España.

Una vez que la homosexualidad sale de la Ley de Peligrosidad Social, el movimiento LGTB se traslada de las calles a las discotecas y los bares, por lo que surgen desde los organismos más reaccionarios intentos de frenar la noche gay.

En ciudades como Barcelona, donde el gobernador civil cerraba locales con pretextos técnicos y hacía redadas para identificar a quienes estaban dentro, llegó incluso a producirse una huelga en 1981 donde cerraron los pubs y discotecas gays que aún quedaban abiertos.

Mientras en Barcelona continúa activa la lucha reivindicativa LGTBI, en Madrid se produce un frenazo en seco en los años 80. No fue hasta el nacimiento del Colectivo de Gais de Madrid (COGAM) cuando la lucha LGTBI regresa a la ciudad.

La irrupción del VIH-Sida provocó una separación de muchos colectivos, que tenían dos visiones diferentes del activismo LGTBI. Por una parte aquellos que consideraban que era necesario cumplir un papel asistencial y, por otra, quienes defendían una vía reivindicativa.

Una de las escisiones más traumáticas fue la de Manolo Trillo, uno de los fundadores de COGAM y cara visible del Sida en unos momentos en los que reconocer que tenías esa enfermedad era poco habitual por la serofobia que aún reinaba en la sociedad.

Las ‘besadas’ como arma reivindicativa
Arantxa Serrano, activista lesbiana, vivió en 1986 sus propias carnes una brutal detención policial por besar a su pareja en la boca en la Puerta del Sol. Trasladadas a la comisaría de la calle Luna, fueron incluso sometidas a un registro vaginal. Dos años después, su caso llegó a los tribunales y la justicia les dio la razón.

Las lesbianas de toda España se movilizaron respondiendo con una besada en plena calle. Todo un símbolo de visibilidad que aún hoy se emplea para protestar contra la discriminación y la LGTBIfobia.

De la oscuridad al arcoíris

“Chueca era en principio un barrio marginal: había trabajadoras sexuales, trabajadores sexuales, drogadictos, homosexuales, lesbianas, trans... un sitio donde nos podíamos juntar las que éramos en ese momento las peligrosas sociales”, explica el activista Víctor Mora.

Un espacio urbano que va más allá del concepto administrativo de barrio, que para el sociólogo Kerman Calvo cumple un importante papel porque “ayuda a que la gente tenga un camino para la emancipación y la identificación sexual”.

“Chueca fue el embrión de lo que es un barrio gay, porque nosotros abrimos allí el primer negocio de día”, explica Mili Hernández de la Librería Berkana, todo “un pulmón de oxígeno” para el colectivo LGTBI, que llegó hasta Chueca de todas partes de España. “Me gustaría que siguiera siendo ese barrio cultural con ese motor de lucha”, confiesa con nostalgia Mili.

Para Kerman Calvo “el fenómeno Chueca es muy curioso hasta a nivel internacional. No hay tantos lugares en donde haya una demarcación urbana tan extensa, tan variada y de tan fácil acceso para la población LGTB. Barrios que nos protegen, que nos sacan el dinero también, donde podemos enamorarnos y pasarlo bien”.

Menos complaciente es la visión de Ignacio Elpidio Domínguez, que considera que antes Chueca “era un lugar más agradable. Cada vez es un sitio más de copas, más frío, pero sigue siendo un referente importante”, matiza, “es un pariente que ya no te cae bien, pero está ahí”.

Para King Jedet Chueca es un espacio discriminatorio y pensado para hombres gays. “Pubs de lesbianas hay muchos menos, los carteles por Chueca siempre suelen ser de hombres. Se ve que está todo hecho para el placer del hombre”, afirma. “La única vez que me han pegado por ser como soy ha sido en un bar en Chueca”, confiesa Jedet.

ENLACE

2018/12/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JORDI PETIT: "GAIS Y TRANSEXUALES FUIMOS LOS ÚLTIMOS EN SALIR DE LAS CÁRCELES FRANQUISTAS"

El Periódico / Jordi Petit //

"Gais y transexuales fuimos los últimos en salir de las cárceles franquistas"

El histórico activista LGTBI Jordi Petit reflexiona sobre la eliminación, hace 40 años, del delito de homosexualidad. La ley de peligrosidad social reprimió al colectivo durante décadas con el encarcelamiento y el destierro.
Beatriz Pérez | El Periódico, 2018-12-26
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20181226/jordi-petit-gais-transexuales-fuimos-los-ultimos-salir-carceles-franquistas-ley-peligrosidad-social-7213491 

Estuvo dos veces en la cárcel (donde fue violado) por militar en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y por ser sospechoso de subversión mientras hacía la mili. Jordi Petit (Barcelona, 1954) fue uno de los primeros activistas LGTBI de España y un histórico de la lucha por los derechos civiles. Su trabajo, desde la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya (1986-2014), contribuyó en 1994 a incluir a las parejas homosexuales en la ley de arrendamientos urbanos y en 1998, a promulgar la primera ley de parejas de hecho en toda España. Petit, que recibió la Creu de Sant Jordi y la Medalla de Honor de la ciudad de Barcelona por su trabajo, conoce bien la ley franquista de peligrosidad y rehabilitación social, denominada popularmente como la de 'vagos y maleantes', que fue usada para reprimir a homosexuales y transexuales (o 'travestis', como se les llamaba en la época) mediante el encarcelamiento y el posterior destierro. Hoy se cumplen 40 años de la reforma de esta norma que supuso la eliminación del delito de homosexualidad.

-¿Cómo fue ese momento?
-Mágico y muy esperado, porque hasta entonces no existíamos. Los últimos presos del franquismo en salir de las cárceles fuimos los homosexuales y los transexuales. La reforma de la ley de peligrosidad social apareció en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 11 de enero de 1979 y un mes más tarde salieron los presos homosexuales, que no recibieron compensación económica alguna hasta el Gobierno de Zapatero. Muchos ya no vivían. La ley no se derogó por completo hasta 1995.

-¿Y por qué fueron los últimos en ser excarcelados?
-Porque la Transición tuvo muchas limitaciones. Los presos políticos habían salido antes de las elecciones del 77, pero muchas otras cosas no cambiaron. Tampoco fue una condición para los acuerdos de la Transición tocar la ley de peligrosidad social. Quizás se cometió el error de no haber participado en órganos de oposición democrática como la Assemblea de Catalunya pero, en cualquier caso, no fue posible antes. La Transición no dio tanto de sí como hubiéramos querido y, por eso, salimos dos años largos más tarde.

-¿Cómo se consiguió esa victoria?
-Tuvo dos niveles de actuación. Por una parte, las primeras manifestaciones de Barcelona en el 77, sumadas a los manifiestos, artículos de prensa y a una notable simpatía de la opinión pública. Todo esto creó una fuerza que, en aquel momento, lideró el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), coordinado por Armand de Fluvià. Pero, por otra parte, en paralelo y de manera más práctica, tres diputados hicieron de puente con el Congreso de los Diputados. Fueron Josep Maria Riera del PSUC, Rudolf Guerra del PSC y Pablo Castellanos del PSOE. Ellos, en los pasillos de las Cortes, le insistían a Adolfo Suárez en la idea de que la democracia española no se podría homologar a las demás si existía esa ley tan rancia y si los homosexuales estaban en la cárcel. Y que eso, además de ser intolerable en democracia, podía ser incluso un elemento de boicot turístico.

-Tras la supresión del delito de homosexualidad, ¿cuál fue el siguiente paso?
-La batalla por legalizar las asociaciones y los locales homosexuales. En 1980, Josep Maria Riera y Rudolf Guerra, de nuevo, y Juan María Bandrés del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra (PSE-EE) [error, entonces el partido solo era Euskadiko Eskerra] insistieron a Suárez y al ministro del Interior en la legalización del FAGC, que finalmente se produjo en julio del 80. A esos diputados les debemos más de lo que pensamos.

-¿Cómo era ser homosexual en la Barcelona franquista?
-Por más cosmopolita que fuera Barcelona, para un niño de la época ser gay era un infierno. Los adolescentes más espabilados sabían dónde ligar de manera clandestina: los 'drugstore' de Passeig de Gràcia o las casetas de baño de la playa de Sant Sebastià, donde a veces había redadas. La Barcelona franquista quizás fue tolerante con los homosexuales de la 'Gauche Divine' por ser de origen bienestante. Ellos hacían su vida bohemia en el Bocaccio y La Cova del Drac, en la calle Tusset. Pero ser gay no dejaba de ser un gravísimo problema para los demás adolescentes y niños, porque no teníamos ninguna referencia ni información.

-¿Qué vivió usted?
-Recuerdo que de pequeño, cuando visitaba las casas de amigos de mis padres o familiares, me iba a la biblioteca a mirar los diccionarios y, cuando veía la descripción de la homosexualidad, salía aterrado. Yo sufrí 'bullying' en los Salesianos de la calle de Rocafort por parte de los compañeros y por culpa de una incursión del Opus Dei, que me indujo a la automortificación para expiar mi pecado de homosexualidad y para educar mi voluntad a través de un cilicio que yo me ponía en el brazo. Buscaba mi salvación como homosexual porque no me aceptaba. Así, la primera victoria del movimiento LGTBI en sus inicios, antes que salir de la ley de peligrosidad social, fue empezar a autoaceptarse y dejar atrás la 'autohomofobia'.

-La aparición del VIH/sida en los 80 obligó al movimiento a dar un cambio de rumbo. ¿Por qué?
-Así es. Con la derogación de la ley y la legalización, los frentes de liberación se vaciaron y se llenaron las pistas de baile. Fue muy lógico: la gente nunca había tenido tanta libertad. Muchas entidades nacidas en el 77 se disolvieron en el 80. Pero en entonces llegó el sida, que supuso una crisis tremenda en las asociaciones que quedaban. Unas apostaban por el voluntariado de la prevención del sida de la mano de las instituciones; otro sector quería hacer la revolución sin colaborar con las instituciones porque consideraba que había que derribarlas. En aquel debate ni unos ni otros sabíamos lo terrible de lo que se nos venía encima. Yo pertenezco a una generación desaparecida. Muchísimos de mis amigos y amantes murieron.

-El año 1998 también fue importante para el movimiento.
-Sí, ese fue un año de cambio de humor en el colectivo. Aparece la revista 'Zero', llega Boris Izaguirre a España, hubo los 'Gay Games' en Ámsterdam y aparece la medicación que hace crónico el sida. La gente dejó de morirse…

-...Y en el 2005 España aprueba la ley del matrimonio homosexual.
-Fue una conquista que casi no nos creíamos, pero a veces en la política hay un juego similar al del billar. Durante los ocho años del mandato de Aznar fui llamado, de forma discreta, dos veces a la Moncloa para hablar con sus asesores. En el primer mandato, pedimos una ley de parejas de hecho, pero en el segundo, cuando ya se habían empezado a aprobar las leyes del matrimonio en Bélgica, Holanda y Dinamarca, exigimos el matrimonio tal cual. El asesor dijo que ni hablar. Las manifestaciones a favor de la ley de parejas y luego del matrimonio en el Orgullo Gay de Madrid -que no de Barcelona- enseguida se volvieron multitudinarias. La oposición de entonces, IU y el PSOE, se comprometió con nuestras reivindicaciones y Zapatero lo hizo posible.

-¿Qué queda por conseguir?
-Las leyes no significan que la sociedad cambie de manera automática. Ha aumentado la visibilidad, pero también las agresiones y la homofobia. El gran reto es ser tan visibles, que lleguemos a ser indiferentes. También dar más y mejor atención a las personas mayores LGTBI, acompañar a los refugiados LGTBI -que son rechazados por el resto de migrantes- e integrar en la escuela desde primaria la educación igualitaria. Ahora estamos ante un fenómeno que es la vanguardia del movimiento actual: las familias homoparentales. Son activistas las 24 horas del día: van con los críos a la escuela, por el barrio, a visitar a sus familias. Y eso es un elemento transformador importantísimo porque expande algo fundamental: el cariño, el amor. No hay arma más eficiente que el quererse.

2018/08/18

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | ODA A WALT WHITMAN, ¿EL POEMA HOMÓFOBO DE LORCA?

20 Minutos / Mural que recuerda a Lorca en Fuente Vaqueros //

Oda a Walt Whitman, ¿el poema homófobo de Lorca?

Mosca de Colores | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-08-18

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/08/18/oda-a-walt-whitman/ 

Cuando empezamos nuestra peculiar búsqueda de palabras, no tardamos en encontrar estos versos de la ‘Oda a Walt Whitman’, escrita por Federico García Lorca durante su estancia en América, perteneciente a su obra ‘Poeta en Nueva York’ (1930), calificado en ocasiones como el poema homófobo de Lorca. 

[...]
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

[...] 

Lorca no levantaba su voz contra el niño que escribe nombre de niña en su almohada, una niña transgénero, ni contra el muchacho que se trasviste en soledad, ni contra los que buscan chaperos, ni contra los que aman y desean a otro hombre sin decirlo, pero sí contra los maricas, ¡asesinos de palomas!

Para llegar a entender lo que quiso decir hemos tenido que hacer un largo recorrido por sus experiencias vitales, por sus amores y por su sexualidad, para saber qué tipo de persona era, y el detalle en este caso es importante. Retazos de aquí y de allá nos han servido para comprender un relato completo de este niño, joven y hombre homosexual y que exponemos con mayor detalle en la versión completa de este artículo en nuestro blog.

Es importante señalar que tras su asesinato, se realizaron enormes esfuerzos por borrar la homosexualidad de su obra, tanto por parte de su familia, como por algunos actores del sector editorial y académico, mientras que en realidad, Federico García Lorca prácticamente no habló en su obra de otra cosa que no fuera el conflicto que supuso para él la homosexualidad, en una sociedad tan homófoba como aquella.

Era homosexual y así nos lo contaban al estudiar literatura, pero no se nos hubiera ocurrido pensar que ‘Yerma’ (1934) hablara del amor yermo que no da frutos, como es el que une a dos hombres, y que además, formara parte de una proyectada trilogía junto a ‘Bodas de Sangre’ (1931) y ‘La destrucción de Sodoma’, obra que no pudo ser escrita.

Tampoco nos hablaron de la desaparecida obra ‘La bola negra. Drama de costumbres actuales’, posible título para una obra que empezaba así:

“Una capital de provincia. Un señor tras una mesa de despacho. Llama al timbre y entra un criado:

—Que venga el señorito.

Entra su hijo.

—¿Qué quiere decir esto que sé? —y el padre muestra a su hijo una carta—. ¿Que te has presentado pretendiente a socio en el casino y te han echado bola negra? ¿Por qué?

—Porque soy homosexual.”

Con este texto no sólo había pasado de la poesía más tradicional, que permite decir y ocultar, al ocultador surrealismo teatral de ‘El Público’, sino que explícitamente habla de homosexualidad.

Lorca fue un homosexual fuera del armario, casi todo el mundo lo sabía, y de que se supiera no sólo se encargó él viviendo con libertad su sexualidad, sino también la prensa de derechas que durante los últimos años de la república abiertamente lo insultaban y despreciaban.

Y no fue sólo una cuestión de juventud o de vida adulta, sino que ya de niño las personas que lo conocían advertían su afeminamiento, como sus profesores y compañeros de escuela, que se lo hicieron pasar mal. Al tiempo que, más allá de las burlas y según sus propias palabras, cuando era un crío en la Vega de Granada, había “jugado” con todos los chicos de Asquerosa.

Este comportamiento homosexual fue vivido por Lorca de forma conflictiva, en una época en la que los únicos referentes, la idea que se tenía, la concepción de la homosexualidad, era de enfermedad, crimen y pecado.

Pero es que, además, hay que tener en cuenta que Lorca murió a los 38 años, todavía en su plenitud sexual, por lo que si veía a alguien por la calle que le gustaba, daba igual que fuera hetero, iba a por él y se lo ligaba. Y no sólo hubo sexo, como es natural, también hubo amor e incluso poliamor. Dalí, Emilio Aladrén, Eduardo Rodríguez Valdivieso y Rafael Rodríguez Rapún fueron los grandes, y en ocasiones superpuestos, amores conocidos de Lorca.

La vida de Federico García Lorca estuvo llena de hombres, famosos y anónimos, cuyo relato en muchas ocasiones se pierde en experiencias, cartas y bocetos de obras que se han ocultado, destruido y olvidado con el paso de los años. Tanto en Granada, como en Madrid y, por supuesto, en las Américas, siempre estuvo rodeado de hombres homosexuales o no, con los que compartía vivencias, anhelos, textos y/o sexo.

Con todo, podemos distinguir a dos Lorcas, el de antes de su viaje a Nueva York y el de después de Walt Whitman (1819-1892), célebre poeta Norteamericano y también homosexual. Probablemente Federico ya conocía sus poemas, pero fue allí donde el poeta tuvo contacto más profundo con su obra, lo que fue vital en la resolución del conflicto con su homosexualidad.

El poeta de 31 años, que llegaba triste a Nueva York por el abandono de Dalí y de Emilio Aladrén, además de conferencias y charlas, frecuenta bares de ambiente y disfruta orgías con negros, marineros y soldados. Pongámonos en la piel del joven Lorca, epéntico machi-hembrista, cachondo con frecuencia, que podía desaparecer en cualquier momento para ir de cancaneo. Fuente Vaqueros, Asquerosa, Granada, Madrid, París, Londres, Nueva York, Cuba. Esa búsqueda, ese intentar entenderse, construirse y amarse. Ampliar horizontes seguro que fue un buen revulsivo.

Hemos hablado en muchas ocasiones del carácter performativo del insulto, de cómo los referentes, las etiquetas, construyen la vida de las personas a su imagen y semejanza. En la época que vivió Lorca el referente del homosexual era el ‘Marica’, lo que le “abocaba sin remedio” a ser uno.

El ‘Marica’ era ese hombre afeminado e inofensivo, ridículo, objeto de burlas, poco de fiar, rodeado de mujeres, que era como una mujer y que acababa comportándose como una (estereotipadamente negativa). Era el papel que aquella sociedad homo-cateta y machista tenía reservado para los homosexuales afeminados, los únicos existentes por visibles, de los que no se esperaba, ni se concebía, que pudiesen aspirar a conocer, enamorarse y vivir la vida junto a otro hombre. Los maricas ‘enemigos sin sueño del Amor que reparte coronas de alegría’. Y Lorca tenía un problema con esto. Puesto que no era hetero, era un marica y no quería serlo –‘¿debo renunciar al amor?’–.

Con Whitman todo cambió porque con su obra Lorca encontró un nuevo referente. ‘La virilidad, la fraternidad y la camaradería, la admiración del cuerpo masculino, la aceptación de uno mismo y la expresión propia, la reivindicación de la homosexualidad, la defensa de los oprimidos y de los explotados’ son, en esencia, las características de un nuevo referente que acabó de construir a Federico, dotando de coherencia a su realidad y a sus aspiraciones.

Con este nuevo referente, Lorca pudo cargarse el de marica, pudo cambiar de traje y de cuerpo. Esto es lo que hay en la ‘Oda a Walt Whitman’, el abandono y la destrucción del único referente, de la etiqueta que tanto le había hecho sufrir, la asunción de uno nuevo para él y el anuncio de tiempos mejores con ‘la llegada del reino de la espiga’. No hay homofobia, sino todo lo contrario. Con la muerte del poeta, hoy hace 82 años, el referente lo perdimos lxs demás.

  • Fuentes:
  • “Lorca y el mundo gay”, Ian Gibson, Ediciones B, 2015).
  • Publicaciones de Luis Antonio de Villena
  • Publicaciones de ABC, El País, El mundo y RTVE.

2018/08/08

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | CONTANDO HOMOSEXUALES

20 Minutos / “We are everywhere", estamos por todas partes //

Contando homosexuales.

Moscas de Colores | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-08-08

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/08/08/contando-homosexuales/ 

La idea de que una de cada diez personas es homosexual es quizás uno de los “mitos” más conocidos y recurrentes en torno a la homosexualidad. Ha pasado a formar parte de nuestro imaginario y a pesar de haber sido muy contestado por cierto grupos “conservadores” y de la aparición, cada cierto tiempo, de nuevas encuestas, informes y estudios que lo cuestionan, es difícil dejarlo atrás porque nos lleva acompañando desde finales de los años 70, lo que para mi es toda la vida.

Incluso recuerdo haberme sorprendido alguna vez, de adolescente, calculando “estadísticamente” cuántos, en el metro, en el autobús o en la clase de gimnasia eran “así”. Aunque también recuerdo que por aquel entonces nunca me incluía en el cálculo. Y si bien nunca me planteé de donde salía ese 10% tan reconfortante para algunos e inquietante para otros, en algún momento lo asocie a la figura de Kinsey y sus dos famosos informes sobre el comportamiento sexual, que revolucionaron y escandalizaron a la sociedad de los años 50 al sacar la homosexualidad de las sombras y convertirla en un fenómeno relativamente común. Tanto, que según Kinsey, al menos el 37% de la población masculina y el 20% de la femenina había tenido alguna experiencia homosexual entre la adolescencia y la vejez.

Sin embargo, en sus informes no encontraremos la estadística del 10%, porque si bien es cierto que el dato está relacionado con ese investigador y esos estudios, el hecho cierto, por lo menos según Bruce Voeller, científico y miembro fundador de la National Gay Task Force (actualmente National LGBTQ Task Force), es que ellxs se “inventaron” la cifra haciendo una media entre los hombres (13%) y las mujeres (7%) que según esos informes eran predominantemente homosexuales. Trece más siete, dividido entre dos, igual a diez.

Así nació la famosa estadística que afirmaba que el 10% de la población era homosexual y que sirvió para apoyar una de las grandes campañas a favor de los derechos LGBT de la época que tuvo por eslogan “we are everywhere”. Esta idea de que “estamos por todas partes” apoyada por la mágica cifra del 10% fue un rotundo éxito. Tanto que la cifra, usada una y otra vez, ha llegado a convertirse casi en un hecho aceptado, convirtiendo la estadística y la demografía homosexual en una herramienta y/o un arma en el campo de batalla político entre defensores y detractores de los derechos de las personas LGBT y como derivada poniendo el foco en el espinoso hecho de que tras más de un siglo desde que apareciera el concepto de homosexualidad no se ha conseguido responder a la pregunta de qué es o qué se entiende por homosexual.

A pesar de llevar 70 años contando homosexuales parece que los autores, estudiosos, especialistas y expertos que realizan estos estudios no se terminan de poner de acuerdo sobre el asunto y cada uno suele usar un modelo taxonómico propio que, no solo determina el resultado de la investigación, sino que se termina concretando para el gran público, en titulares más o menos llamativos en los que la población LG, LGB, LGBT, LGBTI, LGBTI+... puede estar tanto por debajo del 1% como por encima del 20%. Si bien podemos ver este baile de cifras como algo casi anecdótico, la realidad es que estos resultados, así como los parámetros usados para obtenerlos, terminan siendo fundamentales a la hora de situarnos en relación con el resto de la humanidad (“normal”) desde un punto de vista sociopolítico e incluso biológico.

Porque en estos estudios no solo se trata de saber cuántos somos, sino de por qué somos diferentes, y al partir de esta premisa de la diferencia estamos asumiendo y reafirmando, un modelo de heterosexualidad hegemónica esencialista que sigue siendo casi intocable, incluso en estos tiempos tan posmodernos. En base a ese paradigma, que se nos cuenta, se nos estudia, se nos define, se nos explica y, también, quizás sobre todo, se nos tolera, integra, persigue o rechaza dependiendo de cuán numerosos o escasos podamos ser.

Porque no es lo mismo perseguir o, en el mejor de los casos, ignorar a un 1% de la población que a ese mágico 10% que gracias a Kinsey, Voeller o quien sea nos convirtió en una minoría y por lo tanto, en sujetos de derechos. Porque ese 10%, real o imaginario, nos asegura el derecho a ser visibles, nos da voz. Pero sin embargo ese 10% también nos obliga existir en relación con un paradigma que ya hace tiempo que ha empezado a hacer aguas.

La idea de que la sexualidad de una persona es dinámica, fluida, cambiante, y versátil, que funciona más allá de una identidad fija, determinada y estable que pueda ser definida mediante un término, es el gran secreto a voces que ya desde los tiempos de Kinsey nos cuesta tanto asumir, porque implica renunciar a la seguridad de las etiquetas. Implica tener que afrontar el mañana sin la seguridad de saber quiénes somos, y por lo tanto qué se espera de nosotrxs.

Conceptos como diversidad sexual se siguen aplicando a nivel de especie, cuando en realidad se deben aplicar a nivel de individuo. La diversidad sexual no es algo que atañe a una parte de la especie humana haciendo que existan diversos grupos de personas con características diferentes, sino que es algo que ha de entenderse como un elemento intrínsecamente unido a cada individuo. No es que existan humanos gay, bi o heteros, sino que todos los seres humanos tenemos la maravillosa capacidad de poder amar y gozar de muy diferentes modos dependiendo de las circunstancias.

Contar homosexuales no hace otra cosa que reforzar esa dicotomía entre lo normal y lo diferente, y si realmente queremos avanzar debemos abandonar ese paradigma, útil durante un tiempo pero que hoy es insuficiente, porque la sexualidad humana, de las personas, de todxs nosotrxs es plástica, y esa es su esencialidad.

2017/07/30

DOCUMENTACIÓN | LITERATURA | SALIR DEL ARMARIO, ¿ACABAR CON TU CARRERA LITERARIA?

Salir del armario, ¿acabar con tu carrera literaria?
En 2017, aún se da el fenómeno de los autores LGTBI que escriben novelas hetero: no por pudor identitario, sino por presiones editoriales y ansias de llegar al público generalista, en el que el hetero no lee al gay.
Lorena G. Maldonado | El Español, 2017-07-30
https://www.elespanol.com/cultura/libros/20170728/234727410_0.html 

Jaime Gil de Biedma, siendo él un gay mítico, desconfiaba de la poesía homosexual -salvo la de Cernuda y Cavafis- porque decía que "el autor, y el lector con él, parecen poner más atención en el sexo de la persona amada o deseada que en el amor y el deseo". Sin embargo, es fácil imaginarle en esa escena de ‘Peeping Tom’ en la que describe al muchachito atónito al que sorprendió mirándole mientras él se revolcaba junto a otro estudiante en el pinarcillo de la Facultad de Letras. "Así me vuelve a mí desde el pasado / como un grito inconexo / la imagen de tus ojos. Expresión / de mi propio deseo".

Pero no es igual la España de Vicente Aleixandre, la de Vicente Molina Foix y la de Luisgé Martín. La primera condenaba, la segunda ‘perdonaba’ sin olvidar, la tercera aún reprocha. Cuando la identidad sexual de Aleixandre se animaba a coger vuelo poético, allá en los años treinta, vino la Guerra Civil a arramblar con las esperanzas y a mantenerle la boca cerrada y la muñeca quieta. El poeta nunca admitió su condición públicamente, al menos hasta que en 2016 salieron a la luz sus escritos homoeróticos, como las cartas de amor que le escribió a Carlos Bousoño.

Hay autores que han detentado un nuevo fenómeno -en democracia- que parece antiguo, que es edificar una obra literaria con tronco heterosexual desde la homosexualidad

Claro que hay formas de vivir el amor y formas de experimentar la literatura. Hay hombres transparentes y paralelos entre identidad y obra: ahí Antonio Gala, Luis Antonio de Villena, Álvaro Pombo -ojo a ‘Contra natura’ o ‘Relatos sobre la falta de sustancia’- o Eduardo Mendicutti -que fue el primero en incluir una relación ‘leather’ en una novela-; pero también hay autores que han detentado un nuevo fenómeno -en democracia, no como Aleixandre- que parece antiguo, que es edificar una obra literaria con tronco heterosexual desde la homosexualidad.

De Goytisolo a Huerta
Rafael Chirbes, por ejemplo, comenzó su carrera como escritor en 1988, cuando quedó finalista del Premio Herralde con su novela ‘Minoum’, de temática homosexual. Sin embargo, no volvió a ahondar en la cuestión hasta la impactante ‘París-Austerlitz’ (Anagrama), publicada póstumamente. Escribió la novela durante 20 años hasta que se atrevió a ‘dejarse ser’. "Y curiosamente lo hizo sin que el conflicto homosexual fuese el importante. Chirbes lo envolvió todo en un conflicto de clase y de edad", explica a este periódico el brillante novelista Luisgé Martín, que hace un año publicó ‘El amor del revés’ (Anagrama), un testimonio autobiográfico sobre su homosexualidad, un grito contra los disfraces.

Asimismo lo decía el pintor Gonzalo Goytisolo sobre su tío Juan, Premio Cervantes 2014, recientemente fallecido: "A mi tío Juan nunca lo verás militando en una manifestación gay, no es una persona pública en ese sentido. Lo vive como una experiencia íntima y muy personal. La homosexualidad está tratada con naturalidad, no forzada; es como un comentario sin darle importancia". Tampoco sus letras lo reflejan. En el ámbito del ‘best-seller’ nacional, autores televisivamente punteros como Sandra Barneda -que en sus libros reserva algún personaje secundario LGTB y que ha preferido no participar en este reportaje- o Màxim Huerta no llegan a encharcarse, en la misma línea que la poeta Irene X y sus primeros poemarios heterosexuales.

"Hay escritores LGTB que publican literatura heterosexual, pero no puedo darte nombres, porque estaría haciendo ‘outings’ [sacándolos del armario a la fuerza]", sonríe Martín. ¿Por qué sucede esto? "En parte, porque hay editoriales que promueven que así sea". Remite al caso de María Tena, "una escritora absolutamente heterosexual que escribió ‘El novio chino’ (Fundación José Manuel Lara), que cuenta la historia de un señor sevillano que se va a Shangay y se enamora de un jovencito chino".

"Pues resulta que una editorial, no en la que ganó el Premio Málaga, y que no es la que la ha publicado, tuvo ese manuscrito sobre la mesa, y le recomendó que reconvirtiese esa historia en una historia heterosexual, porque si no, no había forma de vender".

¿Los hetero consumen literatura LGTB?
¿Es la literatura troncalmente LGTB un producto que sólo interesa a personas LGTB? "Las cifras lo dejan claro: los libros con un aura homosexual suelen ser leídos por homosexuales", sostiene Martín. Y dentro del colectivo heterosexual, ¿están menos interesados los hombres hetero en literatura homo? "Sí, no es nada descabellado, porque sigue habiendo ese punto de machismo... incluso en aquellos hombres que no son nada machistas en su comportamiento, pero bueno, de alguna manera tienen la sensación de que esas mariconadas -dicho con cariño- no les van a aportar nada, mientras que a la mujer todo lo que tenga que ver con los aspectos sentimentales de la condición humana le parece perfectamente interesante, venga de donde venga".

La escritora Mila Martínez, autora de novelas como ‘No voy a disculparme’ o ‘La daga fenicia’ (ambas editadas por Egales, y esta última galardonada con el Premio Fundación Arena de narrativa LGTBI), es consciente de la "discriminación absoluta" que hay por parte "de todas las editoriales". "Por eso surgieron editoriales de línea homosexual, ¡por esta necesidad!, porque nadie nos quería publicar, independiente de la calidad, porque es difícil introducir en librerías generalistas esta literatura...".

El rechazo editorial
En este sentido, Luisgé Martínez recuerda que hubo un tiempo en el que la sociedad se reservaba la etiqueta "literatura LGTB" para "un subproducto, porque había autores abiertamente gays a los que no se les incluía ahí". Se refiere a "esa literatura erótica de serie B, muy mal escrita, pero que servía para alimentar a homosexuales que tampoco leían pero que querían encontrar un espejo en el que mirarse; novelas planas, livianas, estereotipadas".

Sostiene que este panorama ha mejorado notablemente, y que, de "editoriales de andar por casa" se ha pasado a editoriales de alta calidad, como Egales -"que siempre mantuvo el nivel"- o ahora a Dos Bigotes, que es "una apuesta fantástica, sin discusión, buenos textos y buenas ediciones". Con todo, sabe que aún hay "muchas editoriales que dan esquinazo". Una lanza a favor de la suya: "Anagrama, por ejemplo, sí puede ir con la cabeza bien alta, porque ha publicado muchísima literatura homosexual y de muy buena calidad".

¿Y el compromiso LGTBI?
¿Tiene o no el escritor LGTBI cierta ‘obligación moral’ de incluir personajes LGTBI en su obra? "No, desde hace años tenemos claro que las obligaciones morales valen para todo menos para la literatura", apunta Luisgé Martín. "En la literatura haz lo que creas que tienes que hacer, por otras razones o por razones estrictamente literarias o existenciales, pero nunca por razones políticas".

Explica que cuando él se ve en esa tesitura, sólo se siente "en deuda" fuera de sus libros: "Cuando escribo artículos, cuando participo en determinadas causas o conferencias, cuando hay que arrimar el hombro de alguna manera. Ahí si siento que tenemos un deber moral y yo lo ejerzo. Y en mi literatura también practico el compromiso, pero no porque tenga un compromiso, sino porque es de lo que me apetece escribir". Muchos han sido activistas del libro ‘hacia fuera’: de Eduardo Haro Ibars, por ejemplo, decía Villena que "era más gay él que su literatura".

Y lo más importante: cada vez más autores heterosexuales se lanzan a publicar contenido homoerótico, como Juan Bonilla en ‘Los príncipes nubios’ (Seix Barral), como Marta Sanz en ‘Zarco’ (Anagrama), como Javier Reverte en ‘El médico de Ifni’ (Plaza&Janés), como Lucía Etxebarria en ‘Beatriz y los cuerpos celestes’ (Destino) o como Almudena Grandes en ‘Las tres bodas de Manolita’ (Tusquets).

Se acerca -aunque lento- el momento en el que lectores e industria asuman que incluir personajes LGTBI en una novela ha dejado de ser un acto político ni una reivindicación para pasar a ser, meramente, una muestra de realidad. Se acerca -aunque lento- el día en el que el hombre, por fin, pueda decir lo que ama, como escribía Cernuda. Sin consecuencias comerciales, claro.

2017/06/28

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MAGNETO CONTRA LA DAMA DE HIERRO: CUANDO IAN McKELLEN SE ENFRENTÓ A MARGARET THATCHER

20 Minutos / Ian McKellen (i), en las protestas de 1988 //

Magneto contra la Dama de Hierro: cuando Ian McKellen se enfrentó a Margaret Thatcher.

¿Quién es peor: Sauron, o una primera ministro homofóbica? Lee esta historia, y entenderás que el intérprete de 'X-Men' y 'El señor de los anillos' tenga sus dudas.
Yago García | Cinemanía, 20 Minutos, 2017-06-28
https://cinemania.20minutos.es/noticias/magneto-la-dama-hierro-cuando-ian-mckellen-lucho-margaret-thatcher/

Que Ian McKellen es una de las personas más tremendas sobre la Tierra es algo que salta a la vista. A sus venerables 78 años, el actor inglés puede ufanarse de ser Gandalf, Magneto, un distinguido intérprete clásico, el mejor amigo de Patrick Stewart... y uno de los activistas gay más famosos del mundo, responsable de demoler más de un prejuicio. Ya que el 28 de junio celebramos el día del Orgullo LGBT, es el momento perfecto para recordar uno de sus momentos cumbre más allá de ‘X-Men’ y ‘El señor de los anillos’. Y uno, además, que se presta mucho a la guasa. Porque, tratándose del Amo del Magnetismo, tiene lógica que McKellen saliese del armario para plantarle cara a la ‘Dama de Hierro’. Es decir, a la primera ministro Margareth Thatcher.

Viajemos en el tiempo y el espacio, como si estuviésemos en 'Días del futuro pasado'. El lugar es Reino Unido, el año es 1988, y no es una buena época para los súbditos gais y lesbianas de Su Graciosa Majestad. En Inglaterra y Gales, la homosexualidad sólo dejó de ser un delito penal en 1969, hace menos de 20 años, mientras que la gente LGBT en Escocia ha tenido que esperar hasta 1980 para dejar de sufrir el acoso de la policía. Por si fuera poco, el sida hace estragos, y, frente a la pandemia, el gobierno de Thatcher reacciona con anuncios televisivos (con la voz en off de John Hurt) dedicados a fomentar el miedo, que no a informar sobre el síndrome. Mientras tanto el asesor de Thatcher Christopher Monckton asegura que tiene la solución para detener los contagios: internar a los enfermos en campos de concentración.

En este contexto tan poco halagüeño, un Ian McKellen de 49 años no se puede quejar. Aunque no ha rodado demasiado cine, sus dos décadas de carrera le han convertido en una presencia habitual en los escenarios y la TV, con cuatro premios Olivier y un Tony en la estantería. Por lo demás su sexualidad es algo que sólo conocen cuatro amiguetes (entre ellos, claro, Patrick Stewart) y está muy al margen de su imagen pública. Lo cual resulta irónico, como reconocerá más adelante: “En mi primera película, interpreté a un hombre gay, y después estrené ‘Bent’ [la obra de teatro de Martin Sherman sobre la homosexualidad en la Alemania nazi], lo cual es ya de por sí una salida del armario”. Sus pocas ganas de salir del armario se deben, en parte, a que aún tiene la esperanza de trabajar en Hollywood, y en parte a que él y algunas luminarias del activismo gay británico (como el insigne cineasta Derek Jarman) se profesan un odio del todo mutuo. La chispa que lo cambiará todo tiene el nombre de Sección 28.

Salir del armario en directo
¿Qué era la Sección 28? A primera vista, poca cosa: una enmienda a la Ley sobre Gobiernos Locales, tan trascendental como una regulación sobre la pesca de la anchoa. Pero las apariencias eran una cosa... y la realidad, otra muy distinta. Espoleado por el miedo al sida, con ganas de posicionarse frente a la actitud pro-gay del Partido Laborista y con un escándalo en la cartera (el de ‘Jenny Lives with Eric and Martin’, un libro para niños sobre una familia homoparental), el gobierno conservador decide proponer esta medida, semejante (pero no idéntica) a la actual ‘ley de propaganda homosexual’ en Rusia. O a la ley de registro de mutantes del senador Kelly, ya que estamos.

Si la medida llegaba a aprobarse, los organismos y medios de comunicación públicos tendrían prohibido “promover la homosexualidad o ayudar a quienes la promovieran”. Los centros de enseñanza, mientras tanto, deberían explicar a sus alumnos que el amor y la atracción entre personas del mismo sexo no constituían “un estilo de vida aceptable ni un auténtico vínculo familiar”. Llevado a la práctica, esto suponía la retirada de subvenciones y apoyo a las asociaciones LGBT (esas mismas que, ante la pasividad del gobierno, hacían lo que podían para frenar la expansión del sida) y la condena de los jóvenes gais, lesbianas, bisexuales y transgénero al desamparo más absoluto. ¿Cómo respondió Ian McKellen a esta amenaza? Pues con una muestra de valor que Aragorn hubiese admirado: saliendo del armario, en riguroso directo, durante una entrevista para la BBC.

A partir de ese momento, McKellen se convierte en el perejil de todas las salsas, siempre que esas salsas tengan por objeto impedir que la Sección 28 sea aprobada. Él mismo ha reconocido que, en parte, eso se debió a que acababa de cortar con Sean Mathias, su pareja de más de 10 años, y necesitaba algo en lo que desahogar la mala uva. Su presencia en las manifestaciones de rigor es constante, y en ellas pronuncia frases memorables. “Thatcher no tiene nada contra los gais, pero no quiere que los gais se reúnan, igual que no tiene nada contra los obreros, mientras no se les ocurra formar sindicatos (...). Están privatizando la homosexualidad. Y, si es así, yo quiero reclamarles mis dividendos”, señaló. 

20 Minutos / Ian McKellen, agachado en el centro //

“Si McKellen puede...”
Como señala el propio McKellen, “el Reino Unido ama a sus actores”. Y nuestro hombre también tuvo eso en cuenta a la hora de buscar amigos que le ayudasen a llevar la pancarta. La presencia de Judi Dench, Vanessa Redgrave, Patrick Stewart (¡faltaría más!) y un Gary Oldman todavía muy pipiolo, por citar sólo unos nombres, convirtió los actos contra la Sección 28 en eventos mediáticos, algo que encarnizó todavía más el debate. El momento más jocoso (o así) de McKellen llegó cuando un ministro conservador le pidió un autógrafo. McKellen se lo firmó, y en su dedicatoria podía leerse “Que te jodan: soy gay”. Calcúlese, pues, el chasco cuando, en mayo de 1988, la ley de marras fue aprobada en la Cámara de los Lores.

“La Sección 28 tuvo algo bueno: me obligó a decir la verdad”, admite hoy Ian McKellen. Asimismo, el actor señala que le cogió el gustillo a eso de tomar la calle, y, a día de hoy, todo el mundo ha visto alguna foto suya en una manifestación o un acto público en favor de causas progresistas (no necesariamente LGBT). Por último, asegura que su visibilidad animó a otros actores gais a vivir su vida sin esconderse. “Debieron de pensar: ‘Si McKellen lo ha hecho, y sigue trabajando, entonces yo también puedo”. En 1991, se le concedió el título de ‘sir’, algo que llevó a su odiado Derek Jarman a ponerle como hoja de perejil. E, irónicamente, sus soñados trabajos en Hollywood empezaron a llegarle a finales de los 90, cuando ya llevaba una década larga ejerciendo su activismo.

La Sección 28 se mantuvo en vigor hasta 2000 (en Escocia) y hasta 2003 (en el resto de Reino Unido). Aunque no dio lugar a ningún proceso judicial, se considera que fue extremadamente lesiva para la causa LGBT... y también para la imagen pública de una Margaret Thatcher que fue depuesta por su propio partido en 1990. La ex primera ministro falleció en 2013. Ian McKellen sigue vivo y coleando, esperamos que por muchos años. Para entonces, él mismo ha pensado en su epitafio: “Fue Gandalf, y salió del armario”. 

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...