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2017/03/14

ARTÍCULOS | Durán Manso, Valeriano | Los rasgos melodramáticos de Tennessee Williams en Pedro Almodóvar: estudio de personajes...

Durán Manso, Valeriano [Universidad de Cádiz] (2017). Los rasgos melodramáticos de Tennessee Williams en Pedro Almodóvar: estudio de personajes de “La ley del deseo”, “Tacones lejanos” y “La flor de mi secreto”. Vivat Academia: Revista de Comunicación [ISSN-e 1575-2844], 138, 96-119.

Ed. digital: Open Access | Vivat Academia | 2017-03-14
https://www.vivatacademia.net/index.php/vivat/article/view/1013
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Dialnet
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6018772

[.es] Las principales adaptaciones cinematográficas de la producción literaria del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams se estrenaron entre 1950 y 1968 y se asentaron en el melodrama. Estas películas contribuyeron a la evolución temática de Hollywood debido a la paulatina disolución del Código Hays de censura y, además, determinaron el camino de este género hacia aspectos más pasionales y sórdidos. Así, ‘Un tranvía llamado deseo’, ‘La gata sobre el tejado de zinc’, o ‘De repente... el último verano’ incorporaron temas de carácter sexual o psicológico mediante unos personajes atormentados que no habían sido tratados anteriormente en el cine. El melodrama clásico de Hollywood ha tenido una notable influencia en la filmografía de Pedro Almodóvar, y prueba de ello es la tendencia del director manchego por abordar este género en sus complejas tramas. Además, los atormentados seres de ficción que las protagonizan contienen una serie de aspectos personales, familiares o sexuales que están muy presentes en los protagonistas del dramaturgo sureño. Desde estas consideraciones, este trabajo pretende reflexionar sobre la presencia de los rasgos melodramáticos de las adaptaciones de Williams en Almodóvar mediante el análisis como persona y como rol de los personajes principales de sus tres películas que mejor se enmarcan en este género: ‘La ley del deseo’, ‘Tacones lejanos’ y ‘La flor de mi secreto’.

1985/10/02

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | DOBLES VIDAS EN LA MECA DEL CINE

Dobles vidas en la meca del cine.
El País, 1985-10-02

https://elpais.com/diario/1985/10/03/cultura/497142005_850215.html 

La revista norteamericana ‘Time’ publicó en la primera semana de agosto, al poco tiempo de que Rock Hudson fuese ingresado gravemente enfermo en un hospital de París, un reportaje en el que por primera vez se hablaba a las claras, aprovechando las supuestas conexiones clínicas entre el SIDA que padecía y la homosexualidad, de la hasta entonces semisecreta vida sexual del actor. De paso, dicho reportaje se refería a la doble vida de personajes que, siendo homosexuales como él, fueron prototipos del heterosexual en su imagen cinematográfica.

Entre éstos se citaba a otros actores, algunos tan conocidos como Ramón Novarro, uno de los más famosos ‘latin-lovers’ del cine mudo; Montgomery Clift, Tyrone Power, Errol Flynn y Sal Mineo. Supuestamente homosexuales, aunque no citados por ‘Time’, fueron también Albert Dekker, Liberace, Rodolfo Valentino y James Dean, y dos grandes genios del cine, el norteamericano Griffith y el alemán Murnau.

Masculino y natural
El reportaje de esta revista hablaba de que Rock Hudson pasaba los días en su casa de Los Angeles. Cuando quería airearse iba a San Francisco, donde, según un artículo publicado en el ‘Chronicle’ de esta ciudad, no le importaba ser visto en discotecas y restaurantes ‘gay’. Un columnista del ‘Chronicle’, Armistead Maupin, señaló que en 1976 intentó persuadir a Hudson de que hiciera pública su homosexualidad. "Rock pareció pensar: un día de estos voy a tener muchas cosas que decir. Yo pensé que sería una buena idea, porque era exactamente igual en la vida privada que sus personajes de la pantalla, muy masculino y natural". El actor estaba todavía amargado, según Maupin, por el hecho de que hubiese sido forzado a un matrimonio de conveniencia en los años 50. Fue infeliz y fracasó.

Los sentimientos han cambiado desde esa época hasta ahora. Los ‘gays’ son activos en muy diferentes campos, y ha habido muchas películas y obras de teatro acerca de homosexuales, desde ‘Los chicos de la banda’ y ‘Víctor o Victoria’, hasta el musical ‘La jaula de las locas’, y dos obras de éxito acerca del SIDA, la de William Hoffman ‘As Is’, y la de Larry Kramer ‘The normal heart’.

Tennessee Williams escribió y habló sobre su homosexualidad, algo que autores de teatro más tempranos, como Lorenz Hart, Cole Porter y Nöel Coward, nunca pudieron hacer libremente. Aunque ningún actor de cine y de teatro ha proclamado su homosexualidad. Y por una buena razón: han pensado que el público se volvería en su contra. "El dólar es lo que cuenta", dice George Christy, un columnista del ‘Hollywood Reporter’. "La homosexualidad es todavía un estigma en nuestra sociedad".

El SIDA ha añadido un siniestro toque a esta vieja historia. El mal ya ha afectado a las colonias del cine y del teatro. "Durante los últimos dos o tres años al menos 20 personas que trabajaban aquí han muerto", dice Joseph Papp, director del New York City's Public Theatre. "La primera vez nos vimos sorprendido de que un joven de 23 años fuese afectado. Luego vinieron otras víctimas".

1985/08/03

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | ROCK HUDSON, LA OTRA VIDA DE UN HÉROE AMERICANO

Rock Hudson, la otra vida de un héroe americano.
Gerald Clarke · Time | El País, 1985-08-03

https://elpais.com/diario/1985/08/04/sociedad/491954404_850215.html 

Es cierto que ha habido mejores actores, e incluso algunos eran más atractivos. Pero para los aficionados al cine de los años cincuenta y sesenta, ninguna estrella representó mejor las anticuadas virtudes norteamericanas que Rock Hudson. "Es completo", escribía la revista ‘Look’ en 1958 "No suda. No tiene granos. Huele a leche. Su apariencia es de limpieza y respetabilidad. Este muchacho es puro". La pasada semana, mientras Hudson yacía gravemente afectado por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) en un hospital de París, quedó claro que el héroe americano tenía otra vida: era casi con seguridad un homosexual. Mucha gente lo sabía, al igual que habían sabido de la homosexualidad de otras estrellas, desde Ramón Novarro -uno de los más grandes ‘latin lover’ de la época del cine mudo- hasta Montgomery Clift, Tyrone Power, Errol Flynn o Sal Mineo. En cierto sentido, el dilema de los homosexuales no es distinto en el mundo del cine que en cualquier otro tipo de actividad. Muchos temen, normalmente con razón, que el reconocimiento de sus vidas privadas pueda dañar y quizá arruinar sus carreras, tanto si trabajan para la Metro-Goldwyn-Mayer como si lo hacen para la General Motors.

En otro sentido, su situación es a un tiempo más seria y patética. Han de presentar una imagen falsa no solamente ante sus amistades y colegas, sino también, en el caso de una estrella como Hudson, ante millones de admiradores, de quienes temen que no puedan ni quieran aceptar la verdad. Durante años han jugado al gato y al ratón con una Prensa que en su mayor parte es benévola. Ahora, muchos de ellos están amenazados por algo más cruel de lo que cualquier publicación escandalosa podía haber imaginado nunca: por un mal terrible, incurable y fatal de necesidad.

Hudson es un símbolo trágico de otros muchos. Alto (1,93 metros), mandíbula cuadrada y atractivo, fue a dar, como la cosa más natural, a Hollywood al dejar la Marina después de la II Guerra Mundial. El agente Henry Wilson creyó lógico que Roy Fitzgerald se transformara en Rock Hudson, tan firme como Gibraltar y tan invariable como el río que pasa por las torres de Manhattan. Siguió una serie de películas B y, trabajando duro, Hudson aprendió la técnica, si no el arte, de la actuación. Tuvo una buena actuación en ‘Gigante’ (1956) y fue nominado para un premio de la Academia, y demostró talento para la comedia en una serie de películas, como ‘Pillow talk’ (‘Pijama para dos’), que interpretó con Doris Day a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Cuando su carrera en el cine empezó a desvanecerse se dedicó a la televisión, demostrando su atractivo en ‘McMillan y su esposa’ (‘McMillan and wife’) como el policía de San Francisco que resuelve todos los casos, y más tarde en ‘Dinastía’, en la que animosa pero infructuosamente asedia a Krystie (Linda Evans).

La constante frustración
Casi en todos los papeles representó al hombre fuerte y evidentemente heterosexual, y la frustración aparentemente afectó a sus nervios. En Los Ángeles solía pasar las tardes en su casa con vista a Beverly Hills. Cuando quería desahogarse iba a San Francisco, donde, según un artículo del ‘Chronicle’, no le importaba que se le viera en restaurantes y discotecas homosexuales. Un antiguo columnista del ‘Chronicle’, Writer Armistead Maupin, dijo que en 1976 había intentado convencer a Hudson para que manifestara públicamente que era homosexual. "Rock pareció tomar la idea en consideración, y dijo: 'Un día de éstos voy a tener mucho que decir'. Me pareció una buena idea, porque su comportamiento en público era, igual que en el cine, muy masculino y natural". El actor seguía sintiendo amargura, dijo Maupin, porque en los años cincuenta se había visto forzado a un desafortunado matrimonio de conveniencia. Una revista especializada en escándalos había amenazado con descubrirlo, contó Maupin, y para proteger su imagen, el estudio de Hudson arregló apresuradamente un matrimonio con la secretaria de su agente, que duró menos de tres años.

Los sentimientos han cambiado desde los años cincuenta. Los homosexuales se muestran muy activos en una serie de campos, y se han realizado muchas películas y obras de teatro sobre homosexuales. Tennessee Williams escribió y habló largo y tendido sobre su homosexualidad, algo que los grandes del teatro anterior, como Lorenz Hart, Cole Porter y Noël Coward, nunca se atrevieron a hacer. Sin embargo, ninguna estrella del escenario ni del cine ha manifestado su homosexualidad. Y por una razón muy sólida: han pensado que el público les volvería la espalda. "A la larga, el dólar es lo que cuenta", dice George Christy, un columnista del ‘Hollywood Reporter’, un periódico gremial. "La homosexualidad sigue siendo una mancha en nuestra sociedad".

De todas formas, el SIDA ha añadido una nueva y más siniestra vertiente al viejo cuento, y puede empujar a muchas otras estrellas a salir del anonimato. La enfermedad ya ha conmovido los cimientos de las colonias teatrales y cinematográficas de ambas costas. "En los últimos dos o tres años han muerto por lo menos 20 personas que trabajaban aquí", dice Joseph Papp, director del Public Theatre de Nueva York. "La primera vez nos sorprendió la muerte de una persona tan joven (tenía 23 años). Le preparamos un homenaje, y luego tuvimos otros por otras víctimas. Hubo un momento en que teníamos un homenaje cada pocos meses. Es algo terrible".

Una decisión valiente
La confesión de Hudson de padecer el SIDA ha tenido más eco de lo que él podía haberse imaginado. "Es una vergüenza que se necesite algo así para que la gente preste atención", dice Hamburg, pero es extraordinario que suceda. Necesitamos hacer comprender a la gente que el SIDA no tiene por qué ser una enfermedad incurable y que el dinero para la investigación puede ayudarnos". Según otros, Hudson ha puesto un rostro a la enfermedad y la llevó a casa de muchos que hace un par de semanas ni se hubieran preocupado.

Pensando sobre su vida y su carrera hace varios años, mucho antes de padecer el SIDA, Hudson parecía un poco cansado de la vida. "Me he pasado mucho tiempo tratando de saber qué es la vida", dijo. "Sigo sin saberlo, pero ahora me importa un bledo". Pero quizá en el fondo le importe. Su declaración la semana pasada fue probablemente el gesto más dramático de su larga carrera.

1984/03/14

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | "TENNESSEE WILIAMS ERA UN MARGINADO QUE LUCHABA CONTRA LA MUERTE A TRAVÉS DE SU ARTE"

"Tennessee Williams era un marginado que luchaba contra la muerte a través de su arte"
Coloquio en tomo a Kazan sobre el autor de 'La gata sobre el tejado de zinc'.
Maruja Torres | El País, 1984-03-14
https://elpais.com/diario/1984/03/15/cultura/448153212_850215.html 

La figura desorbitada, apasionante, compleja y generosa de Tennessee Williams se materializó anteanoche en el recuerdo de un grupo de gentes reunidas en torno al director norteamericano Elia Kazan, en el transcurso de una mesa redonda convocada para hablar del autor de 'La gata sobre el tejado de zinc caliente', que se estrena hoy en Madrid, con dirección de Carlos Gandolfo e interpretada en sus principales papeles por Carme Elías y Eusebio Poncela. "Williams era un marginado que luchaba contra la muerte a través de su trabajo", dijo Kazan, entre otras cosas.

Elia Kazan, ocupando el centro de la mesa, fue quien más habló de Tennessee Williams, con la autoridad que le da el haber montado cuatro obras suyas y dirigido dos películas, ‘Baby Doll’ y ‘Un tranvía llamado deseo’. En el acto, que moderó Juan Antonio Hormigón, participaron Emilio Sanz de Soto -que conoció a Williams en Tánger, en la época en que el autor sureño estaba escribiendo ‘Camino real’-, el director del Centro Dramático Nacional Lluís Pasqual, el profesor de literatura Antonio Blanch, y los directores de teatro José Carlos Plaza y Manuel Collado. Respondiendo a preguntas de los participantes -que en lugar de extenderse en apreciaciones propias tuvieron el buen gusto de dejar que hablara el invitado de honor-, Kazan habló de la personalidad convulsa de Williams, de su lucha contra la muerte a través del amor: "Era un hombre asustado y valeroso al mismo tiempo, que siempre tenía presente que estaba muriendo, que siempre me decía que le quedaba poco tiempo de vida, que su corazón no podría resistir tantas emociones".

"Lo más importante para él", prosiguió el director de ‘América, América’, "era su trabajo. Por la mañana se levantaba muy inseguro sobre sí mismo, pero si conseguía escribir una bella página, o aunque sólo fuera un párrafo o una frase, empezaba a sentirse alguien. Hacia el almuerzo se sentía bastante eufórico acerca de su persona. Tennessee fue un marginado de la sociedad; sentía que, por su condición de homosexual, se le tenía por objeto de burla".

Salvación de su vida
"Pero también luchaba contra esto a través de su trabajo; su obra fue la salvación de su vida, y eso es algo que suele ocurrir a los artistas en una sociedad como la norteamericana, en donde hay que luchar duramente por ocupar un lugar. Ahí tenemos, en el cine de hoy, a Martin Scorsese, un hombre bajito, aparentemente insignificante, que habla con dificultad: pero cuando hace una película es su alma la que habla". Añadió Kazan que era bastante fácil trabajar con él en el montaje de una de sus obras -"aunque las dificultades entre autores y director van a ocupar todo un capítulo de mi autobiografía"- porque aceptaba las sugerencias con bastante humildad. "Yo solía entregarle todos los días una nota pidiéndole tal o cual cambio, y a la mañana siguiente me daba puntualmente lo que le había pedido". Blanch preguntó por qué Williams había abandonado en un determinado momento el activismo político izquierdista de su juventud. Kazan lo negó: "Nunca mantuvo lucha política alguna, aunque su corazón y sus creencias estuvieran al lado de los pobres, de los marginados. Pero nunca fue un activista político, como Leroy Jones, por ejemplo. Una vez me dijo: 'Yo soy un anarquista romántico'. Que es, por otra parte, lo que creo que soy yo".

Si Pasqual lamentó su desconocimiento de Williams, debido a lo poco que en su época se representó en Cataluña, Plaza dijo que en Madrid fue muy representado, "pero sufrió la censura de un determinado círculo en el que nos movíamos entonces, porque todos éramos muy listos y hablábamos de Brecht, pero nos daba vergüenza el teatro lleno de sentimientos de Williams. Fue William Layton quien nos enseñó a amarle, y a través de él a amar el teatro norteamericano".

José Carlos Plaza creó uno de los momentos más emotivos de la noche cuando recordó la frase con que Williams dedicó un libro a un amigo: "Tú dijiste que ibas a ir, y yo fui". "Nosotros hablábamos mucho de ir", acabó Plaza, "pero fue Tennessee Williams quien ‘se pringó’ en todas sus obras".

1983/02/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | TENNESSEE WILLIAMS Y EL MITO DEL GRAN SUR

Tennessee Williams y el mito del Gran Sur.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1983-02-26

https://elpais.com/diario/1983/02/27/cultura/415148401_850215.html 

Apenas tengo unos recuerdos triviales de Tennessee Williams: algún 'éclair' de chocolate en Porte, uno o dos emparedados en casa de Isabelle y de Ivonne Gérofi, un saludo perdido en alguno de los palacetes de la Alcazaba; un ‘whisky’ muy largo en la terraza del hotel Djenina. Un joven atleta silencioso, quizá vulgar, que le acompañaba. Conversaciones tangerinas. Es decir, pequeños chismes locales, comparaciones entre el antes y el ahora, una pequeña decadencia del cosmopolitismo, alguna ironía. Los encuentros entre tímidos son siempre infecundos. Sí recuerdo lo que a mí me pareció una gran timidez, una escasez de palabra. Los que estaban más cerca de él decían que, a veces, podría ser un chorro de palabras. Como sus obras. Parecía extraño imaginar que dentro de aquel hombre moreno y pequeño, casi latino, pudiera estar Blanche du Bois. Tantas cosas parecían extrañas en el Tánger de la época: que dentro del oficinista jubilado, de pulcro traje negro y corbata bien anudada que parecía Burroughs estuviesen todos los ‘jonkies’, toda la droga y el sexo, todo el inmenso desorden de sus libros; que el cuerpo menudito y dificilísimo de Jenny Bowles, tan trabajado por largos años de alcohol, pudiera estar en el mundo de amor y de ironía de ‘Two serious ladies’ o de ‘Summer house’; que en la pulcritud callada y autodestructiva de Angel Vázquez estuviera, viva, ‘La vida perra de Juanita Narbone’. Escritores raros, últimos malditos de la literatura, para los que Tánger -con su indiferencia por los grandes nombres, con su sociedad educada y distante- era un cómodo margen.

Autor para siglos venideros
Tennessee Williams era por entonces uno de los grandes nombres de la literatura universal. Lo va a seguir siendo: ya se pueden ir preparando los colegiales de los siglos venideros a estudiar lo que parece tan enrevesado, tan intraducible de su obra teatral.

Como no les darán, probablemente, más que un compendio para que se las vayan arreglando -no hay que suponer que la educación cultural va a ser mejor después que lo que es ahora-, les dirán, probablemente, que el drama americano empieza con Eugenio O'Neill -lo de antes son todavía piececillas coloniales, o poscoloniales-, y que de ese tronco común brotan Miller, Tennessee Williams, Thorton Wilder, Edward Albee. A partir de O'Neill hay siempre un curioso intento en los autores del teatro americano: recuperar la tragedia clásica, hacerla propia, demostrar que las viejas pasiones nunca mueren y que, por lo menos, América puede volver a ser su escenario. Es una busca de raíces y es, al mismo tiempo, un análisis del medio. Los personajes, las situaciones, los conflictos.

Con la vista larga se puede ver que toda la gran obra del cine americano -que es su principal teatro-, la epopeya del Oeste flanqueada por las otras dos características de su historia: la lucha y definición de la independencia y la guerra civil. A pesar de las presiones de los grandes productores, de la necesidad del ‘happy end’, del código de censura, del ‘star system’, bajo todo ese gran teatro cinematográfico está la tragedia grecorromana. Los nuevos dramaturgos hacen su pequeña trampa: eligen sus personajes entre seres a los que atribuyen una cierta condición de primitivos o perdidos en la nueva sociedad. El Emperador Jones de O'Neill es un negro; el juego de Edipo y Electra lo sitúa Miller en inmigrantes italianos.

La Atenas del Sur
Tennessee Williams elige el mito del Sur. El viejo Sur: algo que desaparece, llevado por el viento -Margaret Mitchell- de la guerra: un código del honor, unas pasiones, unas dinastías. El Sur podría ser una especie de Atenas; la misma democracia de Atenas. Es decir, una sociedad dominante que practica unas leyes de fraternidad y de igualdad entre sí, pero que reposa sobre los ilotas, sobre los esclavos: a veces les fustiga y les mata, viola cómodamente a sus mujeres, produce un mestizaje que no supone ningún grado en la jerarquía social; a veces es paternal, responsable. Williams está dentro de ese mito y dentro de su decadencia. Puede haber alguna duda de si Flaubert era realmente madame Bovary, o lo pretendía ser, o era una mera forma de análisis literario de su obra; no hay ninguna de que T. W. era Blanche du Bois. Cuando Thomas Lanier -su verdadero nombre- adopta el nombre definitivo de Tennessee es para incorporarse él mismo el Sur, para ser el Sur, decadente, perdido, camino de la neurosis: Blanche du Bois termina en un manicomio, y T. W. ha terminado, probablemente, en un suicidio, más o menos disfrazado -ahora- de sobredosis, para entrar en otro gran mito americano, el mito de la ‘sobredosis’.

El paraíso perdido
Probablemente la fama universal de Tennessee Willianis no hubiera podido producirse enteramente si el mito del Sur no hubiera precedido su trabajo en cientos de novelas, de películas que impregnaron el mundo. Su teatro recogía de otra manera esa sensación de familiaridad con el mito que nos habían dado los grandes medios del imperio. Pero cabe pensar que, a pesar de los grandes medios, esa forma del gran mito no hubiera penetrado en la conciencia universal de no haber tenido la fuerza de algo más arcaico: la de una Arcadia, la de un paraíso perdido. Todos, en cualquier lugar del mundo, llevamos dentro la imagen de algo que se quedó irremediablemente atrás.

Tennessee Williams era ese mito: el de los grandes días que se fueron y el desastre venido encima de cada uno por el encuentro entre las viejas y las nuevas maneras. Lo vivía en sí mismo: no con la frialdad distante de Miller o con la crueldad de Albee; se lo había incorporado. Nos lo devolvía en forma de literatura donde la nostalgia era pasional, el recuerdo una serpiente viva y lo perdido algo insoportable. La clave homosexual parecía en este macho invertido escasamente operante en el retrato de los encuentros hombre-mujer. Es curioso que muchas de las formas de vivir en el teatro las formas de amor hombre-mujer estén creadas por homosexuales y que, al hacer la transposición, no pierdan su eficacia.

Tennessee Williams contaba siempre una misma tragedia; y la vivía. Es siempre grave para un escritor -para su vida, no para su literatura- poner su propia vida en la tragedia de la soledad, de la intimidad con nadie, de la inadaptación a todo lo que no sea algo que ya no existe. La botella vacía, las píldoras ‘no identificadas’, la palabra ‘sobredosis’, son los terribles temas de la literatura viva de nuestro tiempo: han debido ser la última obra de Tennessee Williams. La única forma de volver al Sur.

1983/02/25

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | EL DRAMATURGO NORTEAMERICANO TENNESSEE WILLIAMS FALLECIÓ A LOS 71 AÑOS, VÍCTIMA DE UNA SOBREDOSIS

El dramaturgo norteamericano Tennessee Williams falleció a los 71 años, víctima de una sobredosis.
Su obra se caracteriza por una mezcla de realismo y fantasía, macabra observación y profunda poesía.
Ramon Vilaro | El País, 1983-02-25
https://elpais.com/diario/1983/02/26/cultura/415062007_850215.html

Con el anuncio del fallecimiento del célebre autor Tennessee Williams, de 71 años de edad, se cierra el ciclo en la historia del teatro norteamericano. Desaparece el creador de obras como 'Un tranvía llamado deseo', 'La gata sobre el tejado de zinc', 'El zoo de cristal', 'Camino real' o 'La noche de la iguana', por citar las más conocidas. La noticia, como en una escena más del popular escritor, fue difundida por la policía neoyorquina, al anunciar la muerte de Williams, cuyo cadáver fue encontrado, a las 10.56 horas del viernes, en la habitación 1.302 del hotel Elysse, en el número 60 Este de la calle 54 de Manhattan, en Nueva York. Al parecer, una sobredosis de droga puede ser la causa de la muerte de Tennessee Williams, junto a problemas cardiacos.

Elliot Gross, el doctor que examinó el cuerpo de Williams dijo que hoy se practicará una autopsia "como simple formalidad". Fue su secretario, John Ucker, quien encontró el cuerpo de Williams al lado de la cama, con media botella de vino vacía y unas pastillas no identificadas. Los servicios de urgencia del hospital, sólo pudieron certificar su muerte a las 11.10 de la mañana del viernes 25 de febrero de 1983. Era el fin del autor más dotado de su generación: galardonado con el premio Pulitzer, cuatro premios del Círculo de críticos de Arte Dramático y del Kennedy Center Honor.

Williams había llegado hace un semana a Nueva York, tras problemas de salud en su residencia habitual de Cayo Hueso (Florida), isla que fue también centro de reclusión durante muchos años para el escritor Ernest Hemingway. Según su hermano, Dakin Williams, Tennessee había tenido últimamente problemas de droga. Una vieja historia que desde 1969 había enrarecido las relaciones entre los dos hermanos. Por aquel entonces, Tennessee fue internado para una cura de drogas, concretamente anfetaminas, en un hospital de Saint Louis. "Se curó totalmente y volvió a escribir maravillosos trabajos", afirmó su hermano Dakin. Al parecer, hace tres meses Tennessee había vuelto a caer en el uso de las drogas, aceptando viajar a Nueva Yordk por consejo de un amigo íntimo.

Tennessee Williams nació el 26 de marzo de 1911 en una rectoría episcopal de Columbus, en el Estado de Mississippi, de la que era rector su padre, Cornelius. Fue bautizado con el nombre de Thomas, que cambió por el de Tennessee a la edad de veintiséis años, probablemente por influencias de la ciudad de Nashville (en el Estado de Tennessee) donde pasó los mejores años de su vida.

Entre la virtud y la pasión
"Descubrí que la escritura es la mejor evasión de la realidad del mundo en que vivimos", dijo Williams en una ocasión, frase que ilustra el tono genérico de las obras del célebre autor desaparecido que, según críticos de teatro, "reflejan siempre la vida de seres atormentados que se debaten entre la virtud y la pasión, entre el bien y el mal". "Fue un hombre que vivió siempre con la muerte presente durante su vida", dijo el actor Marlon Brando, descubierto en la obra de Tennessee Williams 'Un tranvía llamado deseo'. En las obras de Williams, la mujer tiene siempre un papel dominante, encarnadas en papeles cinematográficos por actrices como Liz Taylor, Ava Gadner o Vivían Leigh. A lo largo de su obra, los críticos han señalado el impacto dramático de su trabajo, jamás sobrepasado por otros dramaturgos norteamericanos. Aunque sus últimas obras nunca sobrepasaron -ni igualaron- su importancia inicial, tampoco le restaron méritos en el teatro americano y universal. Su obras son contínuamente representadas por grupos pequeños y compañías importantes. Una de sus obras de este escritor ampliamente conocido en España, fue estrenada anteayer en Barcelona por el Teatro Lliure.

Para los especialistas teatrales, la obra de Williams se caracteriza por su realismo y fantasía, su macabra observación y profunda poesía. Williams se ocupaba de personajes marginados por una sociedad hipócrita y materialista. Estaban llenos de simbología sexual y religiosa, y en sus mejores obras conseguía fascinar y dejar atónitos a los públicos.

Declive creador
Pero a partir de los años setenta el éxito pareció abandonarle. Pocas de sus obras tuvieron éxito crítico y muchas cerraron después de pocas noches en cartel. Algunas trataron de la dificultad de crear una obra de arte y del declive de los poderes creativos; otras presentaron a los protagonistas en lucha contra las drogas, el alcohol y la locura. Algunas críticas denunciaron hasta la autoparodia de Williams. Para explicar este declive, los críticos señalaron un cambio de gustos en el público norteamericano; ya no interesaban los personajes marginales y derrotados que retrataba Williams. En 1969 se convirtió a la religión católica.

En muchas entrevistas Williams se refirió a su vida privada y sus gustos sexuales. En otras ocasiones acusó a la Prensa de sensacionalizar su vida, de escandalizar a sus pacíficos vecinos conservadores. Los que le trataron encontraron a un hombre callado y dócil, y un periodista resaltó su "sensatez torturada".
 

Williams no murió de sobredosis, sino que se asfixió con el tapón de un frasco.
El País, 1983-02-26

https://elpais.com/diario/1983/02/27/cultura/415148402_850215.html

No fue una sobredosis, finalmente, sino un simple tapón de un frasco de medicamentos lo que acabó con la vida del dramaturgo norteamericano Tennessee Williams, cuyo cuerpo fue hallado muerto el pasado viernes en un hotel de Nueva York. Según ha comunicado a la prensa el responsable de los servicios médicos legales de la ciudad neoyorquina. El doctor Elliot Gross no ha podido facilitar una explicación acerca de por qué se encontraba dicho tapón en la laringe del escritor. Lo más probable, sin embargo, es que Williams, al intentar abrir el frasco con los dientes, hubiera acabado por tragarse el tapón, lo que le produjo la muerte. Tampoco precisó el doctor Gross de dónde procedía el objeto causante del fallecimiento, aunque era del tipo que suelen llevar las gotas para los ojos o los ‘sprays’ para la nariz.

Por otra parte, en la habitación del hotel fueron halladas botellas de vino y frascos de medicamentos, pero el médico legal ha rehusado indicar si podían ser considerados igualmente responsables de la muerte del escritor. En el curso de los próximos días se realizarán diversas pruebas químicas.

Las muertes de este tipo son consideradas accidentales, señaló Gross, quien hizo referencia a los problemas de salud experimentados por Williams, quien durante años mezcló pastillas y alcohol para superar las crisis depresivas que, en muchas ocasiones, reflejó en sus obras.

Gross dijo que, a pesar de todo, para un hombre de su edad -contaba 71 años-, el famoso dramaturgo disfrutaba de una agradable condición fisica. Lo que no se descarta, sean cuales sean las explicaciones del médico legal, es que la depresión, y el desesperado afán de Tennessee Williams por superarla, le condujeran a un estado de nerviosismo tal que le llevara a actuar sin control.

En los Estados Unidos continúan produciéndose reacciones ante la noticia del fallecimiento, del dramaturgo. El actor Marlon Brando, cuyo primer papel importante en Broadway fue precisamente como el rudo Stanley Kowalski de ‘Un tranvía llamado deseo’, ha declarado que "todos estamos apesadumbrados por su muerte", refiriéndose, sin duda, a los actores que consiguieron grandes éxitos protagonizando obras del autor desaparecido.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...