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2021/06/25

DOCUMENTACIÓN | 28-J | ORGULLO GAI EN ANDALUCÍA, 1981

Orgullo Gai: Andalucía, 1981.
Pablo Morterero | 1 de cada 10 | 20 Minutos, 2021-06-25

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/tag/movimiento-homosexual-de-accion-revolucionaria/ 

Hace 40 años, el Frente de Liberación Homosexual de Andalucía (FLHA) organizó por primera vez en Andalucía una agenda trans-provincial del Orgullo Gai, con actos en Granada, Málaga y Sevilla.

Reconstruir la historia del movimiento homosexual español en general, y andaluz en particular, es extremadamente complicado: la fragilidad de la memoria de los y las protagonistas e incluso la voluntad de olvidar de algunas y algunos, así como la falta de fuentes escritas por las más variadas circunstancias, hacen que a veces pase de ser una tarea titánica a directamente una labor imposible.

Esta incertidumbre se extiende a la celebración en nuestra Comunidad Autónoma de lo que hoy conocemos como Orgullo LGTBIQ.

Barcelona fue la primera ciudad que acogió en junio de 1977 una movilización en favor de los derechos de gais (entre los que entonces se incluían a las mujeres trans) y lesbianas, siguiendo la senda de diferentes capitales europeas que replicaron la primera manifestación del 28 de junio en Nueva York en 1970 para conmemorar los disturbios producidos un año antes en Stonewall.

Aquella primera movilización del activismo barcelonés (que se repitió en diciembre del mismo año en contra de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social) preparó la que sería la primera acción coordinada en todo el territorio nacional a través de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE) en 1978.

La COFLHEE fue la primera organización mixta (de gais y lesbianas) que aspiró a articular el naciente movimiento homosexual español, y que dejó paso a la FELGTB en los años 90.

Una de las reuniones preparatorias para dicha movilización se celebró en Sevilla en la primavera de aquel año y desembocó en la convocatoria de manifestaciones y mítines por varias ciudades españolas para el domingo 25 de junio de 1978 por el “Día Internacional de la Liberación Homosexual” ya que hasta un año más tarde no se adoptó el término “Día del Orgullo Gay” (que se convirtió posteriormente y durante pocos años en “Orgullo Gai”).

Creemos saber que, en Andalucía, solo Sevilla celebró un acto aquel 25 de junio. En concreto un mitin multitudinario (asistieron unas mil personas según distintas fuentes) convocado por el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionario (MHAR) en los locales que el Sindicato Comisiones Obreras disponía en la calle Calatrava, muy cerca de la Alameda de Hércules, y que posteriormente continuó con una concentración y finalmente una manifestación que desde la plaza del Triunfo continuó hasta el Prado de San Sebastián, donde terminaron un valiente grupo de unas 30 personas.

Al año siguiente, 1979, el MHAR celebró otro mitin en los mismos locales de CCOO con una afluencia muy inferior, y que supuso el último acto documentado de la primera organización homosexual sevillana, la cuarta organización de la entonces región andaluza.

Porque el movimiento homosexual andaluz nació en Málaga con la Unión Democrática de Homosexuales (UDH) en 1976, contándose para 1977 con al menos tres organizaciones más, además de la UDH: en Granada existía el Movimiento de Liberación Homosexual y el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR); y en Sevilla el citado MHAR.

Y afirmamos que al menos tres, porque la prensa de 1978 recoge que en junio de aquel año existía en las provincias de Sevilla, Córdoba y Granada el Frente de Liberación Homosexual (FLH) sin que se aportara datos de cuando se constituyeron.

Esta información está en contradicción con lo afirmado posteriormente por fuentes orales y documentales del que luego pasaría a llamarse Frente de Liberación Homosexual de Andalucía (FLHA), según las cuales el Frente de Liberación Homosexual de Granada se creó en 1979, el Frente de Liberación Homosexual de Sevilla en 1980 y el propio Frente de Liberación Homosexual de Andalucía en 1981, en la parroquia de San Idelfonso de Granada.

Nuestra hipótesis es que los Frentes de Liberación Homosexual de Sevilla, Córdoba y Granada de 1978 (tal vez de 1977) no se consolidaron, y que posteriormente fueron refundados por activistas desconectados con el pasado. Según las fuentes orales y documentales a las que hemos tenido acceso (que no necesariamente refleja la realidad de la época) en la primera mitad de la década de los 80 el FLHA fue la única organización homosexual andaluza.

Según un folleto del FLHA de 1984, “Hace cuatro años, con motivo del Día del Orgullo Gai, aparecieron en las calles sevillanas carteles de hombres y mujeres abrazados que convocaban a una reunión – a la que siguieron otras – que puso de manifiesto la existencia de un grupo de personas especialmente interesadas por el tema de represión y discriminación homosexual.”

“Las cosas” continua el folleto “no estaban – no está – bien para los gais y creíamos – creemos – que se podían mejorar. Nos planteamos unos objetivos – inmediatos unos, a largo plazo otros – y unas bases de funcionamiento. Contamos con otros grupos existentes en Granada y Málaga y uniendo esfuerzos organizativos nacía el FLHA en mayo de 1981. Aquel año se celebró en Granada, Málaga y Sevilla el Día del Orgullo Gai con fiestas y alguna charla”.

Y es que el impulso inicial del movimiento homosexual español a finales de los años 70 (cuando las manifestaciones de Barcelona y Madrid convocaban a miles de personas) desapareció tras la exclusión del estado de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social en diciembre de 1978. En Madrid, por ejemplo, de las 7.000 a 10.000 personas que convocó la manifestación madrileña de 1978, se pasó a unas 600 en la manifestación de 1980.

Pero el FLHA (que era miembro de la COFLHEE), a pesar de no tener fuerzas suficientes ni apoyo social para convocar manifestaciones en aquella década, sí tuvo la capacidad de organizar por primera vez una agenda regional del Orgullo Gai con fiestas y charlas en las distintas provincias andaluzas donde tenía presencia.

Cuarenta años después, debemos seguir homenajeando a aquellos valientes activistas que abrieron paso a los avances legales y sociales de los que hoy, a pesar de todas las dificultades, disfrutamos las personas homosexuales (lesbianas y gais), bisexuales, trans e intersex.

2020/05/05

TFG | Fernández Turuelo, Miguel | El movimiento de liberación homosexual en España 1970-1978: de la gestación a la legalización

Fernández Turuelo, Miguel (2020). El movimiento de liberación homosexual en España 1970-1978: de la gestación a la legalización. Trabajo Fin de Grado, Universidad Pontificia de Salamanca, Facultad de Comunicación. Dirección: Gloria García González. Fecha: 2020-05-05. 
 
Ed. digital: Open Access | SUMMA – Universidad Pontificia de Salamanca
https://summa.upsa.es/details.vm?q=id:0000131256&view=main&lang=es 

El movimiento de liberación homosexual nació en España en 1970 como respuesta a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social franquista y consiguió la despenalización de la homosexualidad en 1978. Durante esos ocho años el movimiento se constituyó como un sujeto social y político, formando en sus activistas una identidad colectiva y estableciendo un discurso alternativo al de las instituciones sociales y políticas del régimen. El clima represivo franquista, en el que los activistas eran perseguidos, dificultó enormemente su labor. Con la llegada de la Transición, surgieron multitud de agrupaciones y frentes de liberación, como el FAGC y el FLHOC. El movimiento contó con aliados, fundamentales para su éxito, y con adversarios, contrarios a sus intereses. Las estrategias de los diferentes grupos de activistas difirieron en ocasiones –algunas defendían el derecho a tener una identidad diferenciada de la heterosexual mientras otras intentaban una “normalización” de las disidencias sexogenéricas-, si bien la mayoría de ellos articulaban sus discursos a favor de los derechos de los homosexuales con discursos anticapitalistas. La acción colectiva giró en torno a los boletines de las propias agrupaciones y frentes, como Debat Gai (FAGC) y La Pluma (CCAG) y a las manifestaciones, siendo la de Las Ramblas de Barcelona de 1977 la primera. La despenalización fue un avance en el terreno legislativo, si bien no supuso la igualdad social de los disidentes sexogenéricos.

2019/12/26

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | HACE 41 AÑOS SE DESPENALIZÓ (REALMENTE NO) LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ESTADO ESPAÑOL

Hace 41 años se despenalizó (realmente no) la homosexualidad en el Estado Español.
Un 26 de diciembre de 1978 se eliminaban de la Ley de Peligrosidad Social (derogada en 1995) los artículos sobre homosexualidad. Esta conquista de la diversidad sexual no es el punto y final que nos han contado, más allá de pactos, leyes y transiciones.
Jorge Remacha | Izquierda Diario, 2019-12-26
https://www.izquierdadiario.es/Hace-41-anos-se-despenalizo-realmente-no-la-homosexualidad-en-el-Estado-Espanol

Hace 41 años una ley española dejó de considerar a la homosexualidad un “peligro social”. Otras leyes que sí lo hacían tardaron más en desparecer. La pelea por el fin de la Peligrosidad Social fue una de las principales demandas de este movimiento LGBTI pionero en el Estado Español y significa la pelea por el fin de las condenas de cárcel y destierro, que rondan las 5.000 entre 1970 y 1978.

La Ley de Amnistía de 1977 había sacado de la cárcel a algunos presos políticos a cambio de imposibilitar el futuro juicio de los criminales franquistas. En 1978 los Pactos de la Moncloa ratificaron la nueva “democracia” de los antiguos franquistas y la izquierda reformista que los blanqueaba. Y todo se hizo con la homosexualidad penalizada, organizaciones LGBTI y feministas sin legalizar y las cárceles llenas de “presos sociales”.

En primer lugar, las personas LGBTI estaban legalmente perseguidas por la Ley de Vagos y Maleantes desde 1954 hasta 1970 (esta ley es de 1933, pero no incluye a “los homosexuales” hasta entonces), por la de Ley de Peligrosidad Social desde 1970 hasta 1978.

Aunque sacar la homosexualidad de la lista de “peligros sociales” parecía un adelanto, provocó que se utilizase el artículo 431 del Código Penal sobre el escándalo público para llevar a cabo redadas y detenciones a personas LGBT, estando este artículo vigente hasta 1988. Así mismo estas condenas existían dentro del ejército, siendo el servicio militar aún obligatorio, pese a ser uno de los objetivos más odiados de la juventud en lucha.

Las cárceles albergaron a personas LGBT catalogadas como “presos sociales”, estando en módulos donde los funcionarios de prisiones habitualmente los prostituían, como en el caso de la Cárcel Modelo de Barcelona o la de Carabanchel en Madrid.

Anteriormente existieron durante el franquismo las “Colonias Agrícolas”: auténticos campos de concentración para homosexuales, y se hallaban en Badajoz, Huelva y Fuerteventura. Por ellas pasaron cientos de personas en condiciones de hambre, trabajo esclavo y tortura, siendo en el caso de Fuerteventura, dirigida por sacerdotes.

Como un primer embrión, en 1970, se funda en Barcelona la Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS), que un año después se renombraría Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

En 1972 también surgieron grupos en Madrid y Bilbao, hasta que la organización fue disuelta mediante la presión policial. Sin embargo, en 1975, fundarían también en Barcelona el Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC), así como se articuló en el País Vasco el Movimiento de Liberación Gay Vasco (EHGAM) o en Madrid el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR).

También se creó la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE). Estos movimientos trataron de mantener una línea anticapitalista y de alianza con los sectores oprimidos y el movimiento sindical en medio de un ascenso obrero y de masas y de una dura represión.

A 41 años de la “despenalización parcial” de la homosexualidad, este no es un logro para sostener este Régimen del 78 que mantiene instituciones de la dictadura en esta democracia para ricos, como la monarquía, las continuidades en el poder judicial, las Fuerzas Armadas o el aparato policial. Aún queda mucho por hacer, no sólo rescatar una historia que tratan de borrarnos cada día en la que se muestra que es luchando como se consiguen los derechos, sino seguir peleando por la total liberación sexual y de toda opresión.

2019/12/02

LIBROS | Mora, Víctor, & Huard, Geoffroy (eds.) | 40 años después: la despenalización de la homosexualidad en España

Mora, Víctor, & Huard, Geoffroy (eds.) (2019) [12-02]. 40 años después: la despenalización de la homosexualidad en España. Investigación, memoria y experiencias. Barcelona [etc.]: Egales.

Se suele afirmar que la homosexualidad fue despenalizada en España en 1978. En realidad, el 26 de diciembre de 1978 la homosexualidad fue excluida de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta exclusión fue posible gracias a las múltiples manifestaciones y protestas que, desde al menos 1977, pedían su derogación. Sin embargo, esta exclusión no significó la despenalización o el fin de la represión de gais, lesbianas y transexuales. La policía siguió deteniendo a «invertidos» y «travestis» (como se decía entonces), a putas, chaperos y a cualquier cuerpo que pudiera ser sospechoso de «escándalo público», ley vigente hasta 1988.

Hoy, 40 años después de la exclusión de la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, este volumen colectivo mira críticamente este periodo para reivindicar la memoria sexual y de género de nuestro país. Compuesto por textos de activistas e investigadorxs que analizan este recorrido de la historia reciente, y también por testimonios en primera persona de aquellxs que sufrieron la represión sexual durante la dictadura y la transición a la democracia.

Este libro demuestra que la historia de gais, lesbianas y transexuales no es una historia lineal desde la «despenalización» de 1978, pues la represión continuó como constante, incluso hasta nuestros días, con estrategias y formas diversas. Este volumen colectivo no solo pretende volver sobre la historia de la represión sexual durante la dictadura franquista y la posterior transición, sino que pretende ser una herramienta crítica y testimonial que sirva como continuación de una lucha que está lejos de haber terminado.

2019/01/11

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | PLANTANDO CARA 40 AÑOS DESPUÉS

Noticias de Gipuzkoa / Olga Alarcón //

Plantando cara 40 años después.

Hoy se cumplen 40 años desde que se publicase en el BOE la modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que supuso la despenalización de la homosexualidad. Quienes vivieron el momento lo recuerdan.
Arantxa Lopetegi y Aner Gondra | Noticias de Gipuzkoa, 2019-01-11
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/sociedad/2019/01/11/plantando-cara-40-anos-despues-3873635.html

Era una noche más de fiesta y trabajo en Las Cortes de Bilbao hasta que apareció la policía. Era una redada con un objetivo claro. “Se llevaron a todos los travestis”, recuerda Imanol Álvarez, uno de los fundadores de EHGAM. La asociación, que ya trabajaba por los derechos del colectivo a finales de los años setenta, se dedicó a hablar con los locales en los que trabajaban las personas detenidas y con las autoridades.

Pasaron los días y se hicieron manifestaciones. Una semana después los travestis aparecieron de nuevo en sus casas. Habían pasado todo ese tiempo en calabozos y regresaban con los cuerpos llenos de cardenales. “Les dieron candela”, se lamenta Álvarez.

Es un ejemplo de la represión que sufrieron los homosexuales hace cuatro décadas. La herramienta utilizada para ello tenía nombre: Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. “No formaba parte del Código Penal, era un ley por la que con la mera sospecha de que alguien era homosexual bastaba para que fuera internado en algún centro de rehabilitación”, relata Imanol. Estos centros, de los que no había ninguno en Euskadi, eran verdaderas cárceles camufladas en las que se incluían los trabajos forzados. Era tal el colapso en estos centros que los hombres que no cabían en ellos eran derivados a cárceles como la de Basauri.

El caso de las mujeres era otro y lo recuerda Olga Alarcón, veterana activista del movimiento LGTBI que evoca que para cuando el 11 de enero de 1979 se publicó en el BOE la modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, “el camino de los hombres homosexuales era la cárcel y el de las mujeres homosexuales, el manicomio”, instituciones en las que acababan, en muchas ocasiones, empujadas por sus familias. “No se ha podido investigar mucho porque un gran número de esos centros se han cerrado. Es una historia que yo doy por perdida”, afirma.

Encuadra aquel momento de despenalización de la homosexualidad en sus “primeros meses de ‘armarización’”. La noticia “le sorprendió”, le provocó “sensaciones extrañas” y le hizo pensar “que las cosas podían cambiar”. Y es que la ley no fue derogada hasta 1995, aunque en 1978 se eliminara la palabra homosexualidad.

Olga Alarcón se sumó casi desde el inicio al movimiento LGTBI, en torno a 1979, poco tiempo después de que incluso en el Congreso se planteara “que lo que pasaba, socialmente era insostenible. De hecho se reflejó en que 288 diputados votaron que sí a la despenalización y hubo 6 u 8 abstenciones”. “Empezábamos a abrirnos a Europa y había que limpiarse un poco la cara”, añade Alarcón.

Fue una victoria importante para el colectivo LGBTI, pero la represión continuó, “que es de lo que la gente se olvida”, señala Imanol Álvarez. No acabó la represión porque seguían utilizando contra los homosexuales tres artículos del Código Penal: dos que hablaban del escándalo público, que fue cambiado en 1985, y otro que hablaba de corrupción de menores. “Hasta 1989, aunque la mayoría de edad eran los 18 años, en el Código Penal seguía considerándose la corrupción de menores hasta los 23 años”, detalla Álvarez.

Esa persecución hizo que gays y lesbianas mantuvieran parte de su vida en la clandestinidad. Un síntoma de ello era que entre los homosexuales se extendiesen los motes. “Se usaban porque públicamente tú no podías decir el nombre de una persona gay”, recuerda José Ignacio Sánchez, un bilbaino nacido en Cuba que acumula décadas de activismo por los derechos LGBTI. “Por ejemplo, yo tenía un amigo que trabajaba en una naviera y por eso le llamaban 'Onassis'. Como yo nací en Cuba, me llamaban 'La Coquitos', que era una vedete cubana”. A pesar de la injusticia y de la precariedad en la que tenían que desarrollar su vida social, no faltaba el humor: “A otro chico le llamábamos ‘La Salipum’, porque salías de fiesta y ¡Pum! te lo encontrabas en todos sitios. Más tarde se quedó solo con ‘La Sali’”.

Imanol Álvarez advierte de que aquellos alias eran “un 99% en femenino para hombres”. “La mitad era por cuestión folklórica, pero también había un contenido inconsciente de rebelarse contra lo que ahora se llama binarismo, para romper el concepto de género”, explica.

La hazaña de ligar
Pero, ¿cómo podían conocer y entablar relación con otros gays y lesbianas si tenían que ocultarse? Mientras que Imanol Álvarez asegura que era “una comunicación a base de miradas”, José Ignacio asegura que tenían sus propios códigos: “Si a las 12.30 de la noche no habías ligado, te dabas un paseo por la Gran Vía, pero tenías que subir por la acera de la izquierda. Si te cruzabas varias veces con una persona ya sabías lo que había”. Durante años los váteres públicos de Bilbao e incluso los de El Corte Inglés fueron puntos de encuentro para gays.

Yolanda, por su parte, asegura que las lesbianas lo tenían más complicado. “Las miradas no funcionaban con nosotras”, lamenta. Por lo que apostaron por otro tipo de señales: “Optamos por llevar el pelo corto y ropas más ambiguas. Jugábamos a la ambigüedad para poder diferenciarnos del resto”.

Activismo
EHGAM fue el pistoletazo de salida para el activismo LGBTI en Bizkaia. Imanol lo vivió en primera persona y fue, junto a Antonio Quintana, uno de sus precursores. “Él venía de estudiar en el Reino Unido y allí había visto grupos gays en la universidad”, relata el hoy presidente de EHGAM. “Yo le conocí por casualidad porque era la pareja de un alumno mío. En noviembre de 1976, en la feria del libro de Durango, me los encontré y empezamos a hablar. En menos de una hora me propuso hacer algo así en Euskal Herria. Mi contestación fue que era imposible, porque esto es muy católico y muy tradicional, pero que, si tenía ganas, por intentarlo no pasaba nada”.

Para su sorpresa fue todo sobre ruedas y a finales de enero de 1977 organizaron una asamblea pública en una sala de los Franciscanos de Iralabarri. “Convocamos a gente de nuestro entorno y nos pusimos el nombre oficial”, recuerda con nostalgia, “nos sorprendió el éxito de convocatoria, porque vinieron unas 40 personas”.

Pero tras la despenalización la situación seguía siendo dura y la de la mujeres más compleja por estar invisibilizadas. “Todo se enfocaba a los hombres. El tema del lesbianismo también se condenaba, pero las mujeres que pasaban por las cárceles fueron bastante menos y a nosotras no se nos adscribía a un centro determinado. Íbamos a cualquiera y, en general, rodeadas de prostitutas”.

“Con las lesbianas no se metían tanto porque las mujeres eran invisibles, sobre todo las homosexuales”, recuerda Yolanda Martínez, una empresaria y activista nacida en Burgos pero que lleva la mayor parte de su vida en Bilbao. “La situación de la mujer era catastrófica y se daba por hecho que no había mujeres lesbianas. Si dos vivían juntas era porque eran amigas”.

Estos días Olga Alarcón ha estado investigando el tema y ha encontrado dos fallos judiciales contra dos mujeres homosexuales. El primero data de 1951 y se sitúa en Barcelona, con una mujer a la que se aplicó la Ley de Vagos y Maleantes.

Otro caso mucho más tardío ocurrió en Granada en 1974. “Afectó a una mujer muy joven y la sentencia dice que era una rebelde contra la familia. A la novia no la encarcelaron”. Aquella mujer recuerda hoy que no vivió mucha agresividad, rodeada de otras mujeres que le decían cosas como “¿tú lesbiana? Tú lo que eres es una puta como nosotras”.

A aquella mujer “le fue bien la vida”, actualmente regenta un negocio con su compañera pero relata que “durante mucho tiempo tuvo manía persecutoria y que a día de hoy sigue teniendo costumbre de mirar hacia atrás”. Sobre los casos de lesbianas en la cárcel, afirma, hay poco investigado.

“En aquella época si ya hablar de sexualidad era una escándalo, hablar de sexualidad de mujeres que se suponía que solamente estábamos para el placer del hombre... ¿Qué hacían con nosotras que no había hombre por medio?”, reflexiona esta mujer que reconoce “que el castigo visibilizaba y era más sutil el camino de la discreción de la familia hacia el manicomio”.

“Seguimos siendo más invisibles que los hombres. No en el mismo grado que entonces pero sí”, afirma Alarcón, que tiene claro que “han hecho bien los deberes”. “Tengo muchas amigas que hemos sido visibles hace tiempo, también como activistas, pero parece que incluso en prensa es más espectacular sacar a los hombres” critica, e ilustra esta denuncia con un ejemplo: el mundo del deporte en el que “han salido más mujeres del armario que hombres y no trasciende. ¡Imagina si lo hubiera hecho el capitán de un equipo de medalla olímpica!”.

Volviendo la vista atrás hay que recordar que hubo que esperar veinte años más, hasta 1988, para que se suprimiera del Código Penal el delito de escándalo público por relaciones entre personas del mismo sexo. “Darte un beso en la calle era un escándalo. No sé si cuando Rafaella Carrá hizo la canción pensaba en nosotras, pero era un escandalazo” apunta Alarcón.

Cuenta una anécdota. En 1983 les recibió por vez primera la Alta Asistencia de Justicia y también Rafael Vera, en aquellos tiempos director general de Seguridad del Estado. Hay que recordar que, pese a la despenalización, las fichas policiales de las personas detenidas por ser homosexuales no se destruyeron. Cuando una delegación, en la que participaba Alarcón, reclamó a Vera esa eliminación respondió que la suya, “por lo visto había sido rojo antes, la tenían todavía”.

Desde 1995 esas fichas, explica, solo pueden ser consultadas por estudiosos de la materia.

“Posteriormente la represión siguió y siguió hasta 2005”, declara y hace una pausa para afirmar “que sigue hoy”. “Ahí está el acuerdo de Vox y el PP y aunque no hayan derogado la ley para proteger a la comunidad LGTBI, en materia de educación volvemos a ser ideología”. Y es que, incide, “la reivindicación siempre ha sido que no hablamos de ideología, sino de derechos humanos. Cualquier ser humano tiene derecho a ser como es”.

Jugar con el odio

Lamenta que se abran las puertas a que padres y madres se nieguen a que sus hijos “reciban información sobre diversidad de todo tipo, no solo la sexual”. “Espero que en Andalucía, como en todo el Estado, tanto el movimiento feminista como el LGTBI sigan la consigna de que nos tendrán enfrente. Lo vamos a tener que pelear”.

“Están jugando con el odio, y cuando se despierta este odio las consecuencias pueden ser terribles”, apostilla e informa que los últimos días ya se han dado agresiones en algunos municipios andaluces, ataques que “no son producto del azar”.

Aunque en el marco legal estatal considera que el colectivo LGTBI está en “plena igualdad”, cree que el problema reside en trasladar esta igualdad “a un derecho real”. La ley en defensa de este colectivo “está en el parlamento y esperamos que salga más pronto que tarde”.

Mientras, diversas comunidades autonómicas se han armado con herramientas legales propias en este sentido, como Valencia, Catalunya, Nafarroa y un largo etcétera. La de Euskadi está en marcha y, según Alarcón, “un poco verde”.

“Lo que se pretende es abarcar todas las etapas vitales de las personas LGTBI e incorporar como obligación a las administraciones lo que está en la ley y que se hagan políticas proactivas. Para ello hay que hacer un estudio sobre las necesidades reales que tenemos”.

Los ejes fundamentales son la sanidad/salud, el sistema educativo y la formación en materia jurídica y enseñanza. “Hay un tema que preocupa mucho: garantizar la seguridad de los y las jóvenes que sufren acoso en los centros escolares, que sigue siendo un número muy, muy alto”, añade esta activista de Gehitu, que asegura que siguen atendiendo numerosos casos en esta línea.

“Creíamos que no se podía dar un paso atrás y estoy convencida de que el discurso del odio no se impondrá”, analiza Alarcón. “Nos encontrarán enfrente y creo que tenemos por detrás la suficiente resistencia para no recular, pero hay que pelearlo. Es increíble que a un partido del que se ve claro que es inconstitucional no se le haya pedido la ilegalización”, más cuando propugna un discurso que aboga por dar acicate “al odio al de al lado”.

Han pasado 40 años desde la despenalización de la homosexualidad y más desde que el franquismo planteara que el trato a este colectivo era de delincuentes. “No sé si estos son los hijos de aquellos, pero es verdad que en la política de la derecha se repiten muchos apellidos del pasado. Pero no es justo criminalizar a toda la derecha, porque ha habido voces contra este pacto, como en Euskadi”, concluye Alarcón.


Y TAMBIÉN…
Este viernes se cumplen 40 años de la legalización de la homosexualidad.

Este viernes se cumplen cuarenta años de que entrase en vigor la legalización de la homosexualidad en España, cuando la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social dejó de poner el foco sobre el colectivo LGBTI.
Aner Gondra | Deia, 2019-01-07
https://www.deia.eus/actualidad/sociedad/2019/01/07/viernes-cumplen-40-anos-legalizacion-4810869.html

2019/01/07

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | 40 AÑOS DE LA LEGALIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD

Deia / Yolanda, José Ignacio e Imanol //

Este viernes se cumplen 40 años de la legalización de la homosexualidad.

Este viernes se cumplen cuarenta años de que entrase en vigor la legalización de la homosexualidad en España, cuando la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social dejó de poner el foco sobre el colectivo LGBTI.
Aner Gondra | Deia, 2019-01-07
https://www.deia.eus/actualidad/sociedad/2019/01/07/viernes-cumplen-40-anos-legalizacion-4810869.html

Era una noche más de fiesta y trabajo en Las Cortes hasta que apareció la Policía. Era una redada con un objetivo claro. “Se llevaron a todos los travestis”, recuerda Imanol Álvarez, uno de los fundadores de EHGAM. La asociación, que ya trabajaba por los derechos del colectivo a finales de los años setenta, se dedicó a hablar con los locales en los que trabajaban las personas detenidas y con las autoridades. Pasaron los días y se hicieron manifestaciones. Una semana después los travestis aparecieron de nuevo en sus casas. Habían pasado todo ese tiempo en calabozos y regresaban con los cuerpos llenos de cardenales. “Les dieron candela”, se lamenta Álvarez.

Es un ejemplo de la represión que sufrieron los homosexuales hace cuatro décadas. La herramienta utilizada para ello tenía nombre: Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. “No formaba parte del Código Penal, era un ley por la que con la mera sospecha de que alguien era homosexual bastaba para que fuera internado en algún centro de rehabilitación”, relata Imanol. Estos centros, de los que no había ninguno en Euskadi, eran verdaderas cárceles camufladas en las que se incluían los trabajos forzados. Era tal el colapso en estos centros que los hombres que no cabían en ellos eran derivados a cárceles como la de Basauri.

“Con las lesbianas no se metían tanto porque las mujeres eran invisibles, sobre todo las lesbianas”, recuerda Yolanda Martínez, una empresaria y activista nacida en Burgos pero que lleva la mayor parte de su vida en Bilbao. “La situación de la mujer era catastrófica y se daba por hecho que no había mujeres lesbianas. Si dos vivían juntas era porque eran amigas”.

Esta ley no sería derogada hasta 1995, pero en diciembre de 1978 se eliminó de ella la palabra ‘homosexualidad’, entrando en vigor su legalización el 11 de enero de 1979. Fue una victoria importante para el colectivo LGBTI, pero la represión continuó, “que es de lo que la gente se olvida”, señala Imanol Álvarez. No acabó la represión porque seguían utilizando contra los homosexuales tres artículos del Código Penal: dos que hablaban del escándalo público, que fue cambiado en 1985; y otro que hablaba de corrupción de menores. “Hasta 1989, aunque la mayoría de edad eran los 18 años, en el Código Penal seguía considerándose la corrupción de menores hasta los 23 años”, detalla Álvarez.

Códigos secretos y alias
Esa persecución hizo que gays y lesbianas mantuvieran parte de su vida en la clandestinidad. Un síntoma de ello era que entre los homosexuales se extendiesen los motes. “Se usaban porque públicamente tú no podías decir el nombre de una persona gay”, recuerda José Ignacio Sánchez, un bilbaino nacido en Cuba que acumula décadas de activismo por los derechos LGBTI. “Por ejemplo, yo tenía un amigo que trabajaba en una naviera y por eso le llamaban ‘Onasis’. Como yo nací en Cuba, me llamaban ‘La Coquitos’, que era una vedette cubana”. A pesar de la injusticia y de la precariedad en la que tenían que desarrollar su vida social, no faltaba el humor: “A otro chico le llamábamos ‘La Salipum’, porque salías de fiesta y ¡PUM! te lo encontrabas en todos sitios. Más tarde se quedó solo con ‘La Sali’”.

Imanol Álvarez advierte de que aquellos alias eran “un 99% en femenino para hombres”. “La mitad era por cuestión folklórica, pero también había un contenido inconsciente de rebelarse contra lo que ahora se llama binarismo, para romper el concepto de género”, explica.

¿Pero cómo podían conocer y entablar relación con otros gays y lesbianas si tenían que ocultarse? Mientras que Imanol Álvarez asegura que era “una comunicación a base de miradas”, José Ignacio asegura que tenían sus propios códigos: “Si a las 12.30 de la noche no habías ligado, te dabas un paseo por la Gran Vía, pero tenías que subir por la acera de la izquierda. Si te cruzabas varias veces con una persona ya sabías lo que había”. Durante años los váteres públicos de Bilbao e incluso los de El Corte Inglés fueron puntos de encuentro para gays.

Yolanda, por su parte, asegura que las lesbianas lo tenían más complicado. “Las miradas no funcionaban con nosotras”, lamenta. Por lo que apostaron por otro tipo de señales: “Optamos por llevar el pelo corto y ropas más ambiguas. Jugábamos a la ambigüedad para poder diferenciarnos del resto”.

Activismo
EHGAM fue el pistoletazo de salida para el activismo LGBTI en Bizkaia. Imanol lo vivió en primera persona y fue, junto a Antonio Quintana, uno de sus precursores. “Él venía de estudiar en el Reino Unido y allí había visto grupos gays en la universidad”, relata el hoy presidente de EHGAM. “Yo le conocí por casualidad porque era la pareja de un alumno mío. En noviembre de 1976, en la feria del libro de Durango, me los encontré y empezamos a hablar. En menos de una hora me propuso hacer algo así en Euskal Herria. Mi contestación fue que era imposible, porque esto es muy católico y muy tradicional, pero que, si tenía ganas, por intentarlo no pasaba nada”.

Para su sorpresa fue todo sobre ruedas y a finales de enero de 1977 organizaron una asamblea pública en una sala de los Franciscanos de Iralabarri. “Convocamos gente de nuestro entorno y nos pusimos el nombre oficial”, recuerda con nostalgia, “nos sorprendió el éxito de convocatoria, porque vinieron unas cuarenta personas”.

A pesar de que todavía estaba vigente la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social ellos no sintieron miedo. “Era el momento de dar pasos hacia delante”, confirma Yolanda Martínez. En los siguientes meses una serie de acontecimientos sirvieron para azuzar la lucha activista en Euskadi. En noviembre de 1977 una prostituta falleció quemada en su cama de la cárcel de Basauri. “Nadie sabe lo que pasó, pero estaba encerrada y nadie abrió la puerta de la celda”, lamenta Imanol Álvarez, “estaba ahí porque le habían aplicado la misma ley que nos oprimía a nosotros”. EHGAM ya había tenido contacto con movimientos feministas, antimilitaristas y con un comité de prostitutas, por lo que lanzaron juntos una ‘coordinadora de marginados’. “Hicimos varias movilizaciones”, relata Imanol, “la más grande fue el 25 de noviembre de 1977, una manifestación de unas 4.000 personas. Desfilamos por Las Cortes, San Francisco, la Ribera y el Casco Viejo”. Pero en cuanto la comitiva se dispuso a cruzar el puente de El Arenal aparecieron ‘los grises’. “Nos pararon y nos pegaron”. Para mucha gente esa manifestación fue todo un hito: “Hay quien lo considera el primer día del orgullo gay de Bilbao, un 25 de noviembre”. En Gipuzkoa, sin embargo, la gota que colmó el vaso fue en 1979, cuando un policía mató a un travesti en Renteria: “Se armó la marimorena, huelga general en el pueblo, asambleas y manifestaciones”.

El 11 de enero de 1979, sobre el papel, desapareció una amenaza para el colectivo LGBTI, pero los cambios en el día a día tardaron en llegar. “Quitas la palabra homosexual de la ley, pero sigue la represión. Y tú estabas luchando contra las represiones”, sentencia José Ignacio Sánchez. Tras décadas luchando contra la injusticia, lamenta que las nuevas generaciones no sean conscientes de lo que sufrieron: “Nos tocó luchar contra una represión por nuestra orientación sexual y contra un dictador. Esta gente ha vivido en libertad y sus prioridades son diferentes”. Su amigo Imanol advierte de que no hay que relajarse: “Tenemos que volver a tomar conciencia de que todos y todas debemos trabajar juntos si queremos conseguir algo. No debe haber compartimentos estancos. La lucha es de todos. Es luchar por la libertad y la libertad nos afecta a todos”. 
 

Y TAMBIÉN…
Plantando cara 40 años después.

Hoy se cumplen 40 años desde que se publicase en el BOE la modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que supuso la despenalización de la homosexualidad. Quienes vivieron el momento lo recuerdan.
Arantxa Lopetegi y Aner Gondra | Noticias de Gipuzkoa, 2019-01-11
https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/sociedad/2019/01/11/plantando-cara-40-anos-despues-3873635.html  

2018/12/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JORDI PETIT: "GAIS Y TRANSEXUALES FUIMOS LOS ÚLTIMOS EN SALIR DE LAS CÁRCELES FRANQUISTAS"

El Periódico / Jordi Petit //

"Gais y transexuales fuimos los últimos en salir de las cárceles franquistas"

El histórico activista LGTBI Jordi Petit reflexiona sobre la eliminación, hace 40 años, del delito de homosexualidad. La ley de peligrosidad social reprimió al colectivo durante décadas con el encarcelamiento y el destierro.
Beatriz Pérez | El Periódico, 2018-12-26
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20181226/jordi-petit-gais-transexuales-fuimos-los-ultimos-salir-carceles-franquistas-ley-peligrosidad-social-7213491 

Estuvo dos veces en la cárcel (donde fue violado) por militar en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) y por ser sospechoso de subversión mientras hacía la mili. Jordi Petit (Barcelona, 1954) fue uno de los primeros activistas LGTBI de España y un histórico de la lucha por los derechos civiles. Su trabajo, desde la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya (1986-2014), contribuyó en 1994 a incluir a las parejas homosexuales en la ley de arrendamientos urbanos y en 1998, a promulgar la primera ley de parejas de hecho en toda España. Petit, que recibió la Creu de Sant Jordi y la Medalla de Honor de la ciudad de Barcelona por su trabajo, conoce bien la ley franquista de peligrosidad y rehabilitación social, denominada popularmente como la de 'vagos y maleantes', que fue usada para reprimir a homosexuales y transexuales (o 'travestis', como se les llamaba en la época) mediante el encarcelamiento y el posterior destierro. Hoy se cumplen 40 años de la reforma de esta norma que supuso la eliminación del delito de homosexualidad.

-¿Cómo fue ese momento?
-Mágico y muy esperado, porque hasta entonces no existíamos. Los últimos presos del franquismo en salir de las cárceles fuimos los homosexuales y los transexuales. La reforma de la ley de peligrosidad social apareció en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 11 de enero de 1979 y un mes más tarde salieron los presos homosexuales, que no recibieron compensación económica alguna hasta el Gobierno de Zapatero. Muchos ya no vivían. La ley no se derogó por completo hasta 1995.

-¿Y por qué fueron los últimos en ser excarcelados?
-Porque la Transición tuvo muchas limitaciones. Los presos políticos habían salido antes de las elecciones del 77, pero muchas otras cosas no cambiaron. Tampoco fue una condición para los acuerdos de la Transición tocar la ley de peligrosidad social. Quizás se cometió el error de no haber participado en órganos de oposición democrática como la Assemblea de Catalunya pero, en cualquier caso, no fue posible antes. La Transición no dio tanto de sí como hubiéramos querido y, por eso, salimos dos años largos más tarde.

-¿Cómo se consiguió esa victoria?
-Tuvo dos niveles de actuación. Por una parte, las primeras manifestaciones de Barcelona en el 77, sumadas a los manifiestos, artículos de prensa y a una notable simpatía de la opinión pública. Todo esto creó una fuerza que, en aquel momento, lideró el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), coordinado por Armand de Fluvià. Pero, por otra parte, en paralelo y de manera más práctica, tres diputados hicieron de puente con el Congreso de los Diputados. Fueron Josep Maria Riera del PSUC, Rudolf Guerra del PSC y Pablo Castellanos del PSOE. Ellos, en los pasillos de las Cortes, le insistían a Adolfo Suárez en la idea de que la democracia española no se podría homologar a las demás si existía esa ley tan rancia y si los homosexuales estaban en la cárcel. Y que eso, además de ser intolerable en democracia, podía ser incluso un elemento de boicot turístico.

-Tras la supresión del delito de homosexualidad, ¿cuál fue el siguiente paso?
-La batalla por legalizar las asociaciones y los locales homosexuales. En 1980, Josep Maria Riera y Rudolf Guerra, de nuevo, y Juan María Bandrés del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra (PSE-EE) [error, entonces el partido solo era Euskadiko Eskerra] insistieron a Suárez y al ministro del Interior en la legalización del FAGC, que finalmente se produjo en julio del 80. A esos diputados les debemos más de lo que pensamos.

-¿Cómo era ser homosexual en la Barcelona franquista?
-Por más cosmopolita que fuera Barcelona, para un niño de la época ser gay era un infierno. Los adolescentes más espabilados sabían dónde ligar de manera clandestina: los 'drugstore' de Passeig de Gràcia o las casetas de baño de la playa de Sant Sebastià, donde a veces había redadas. La Barcelona franquista quizás fue tolerante con los homosexuales de la 'Gauche Divine' por ser de origen bienestante. Ellos hacían su vida bohemia en el Bocaccio y La Cova del Drac, en la calle Tusset. Pero ser gay no dejaba de ser un gravísimo problema para los demás adolescentes y niños, porque no teníamos ninguna referencia ni información.

-¿Qué vivió usted?
-Recuerdo que de pequeño, cuando visitaba las casas de amigos de mis padres o familiares, me iba a la biblioteca a mirar los diccionarios y, cuando veía la descripción de la homosexualidad, salía aterrado. Yo sufrí 'bullying' en los Salesianos de la calle de Rocafort por parte de los compañeros y por culpa de una incursión del Opus Dei, que me indujo a la automortificación para expiar mi pecado de homosexualidad y para educar mi voluntad a través de un cilicio que yo me ponía en el brazo. Buscaba mi salvación como homosexual porque no me aceptaba. Así, la primera victoria del movimiento LGTBI en sus inicios, antes que salir de la ley de peligrosidad social, fue empezar a autoaceptarse y dejar atrás la 'autohomofobia'.

-La aparición del VIH/sida en los 80 obligó al movimiento a dar un cambio de rumbo. ¿Por qué?
-Así es. Con la derogación de la ley y la legalización, los frentes de liberación se vaciaron y se llenaron las pistas de baile. Fue muy lógico: la gente nunca había tenido tanta libertad. Muchas entidades nacidas en el 77 se disolvieron en el 80. Pero en entonces llegó el sida, que supuso una crisis tremenda en las asociaciones que quedaban. Unas apostaban por el voluntariado de la prevención del sida de la mano de las instituciones; otro sector quería hacer la revolución sin colaborar con las instituciones porque consideraba que había que derribarlas. En aquel debate ni unos ni otros sabíamos lo terrible de lo que se nos venía encima. Yo pertenezco a una generación desaparecida. Muchísimos de mis amigos y amantes murieron.

-El año 1998 también fue importante para el movimiento.
-Sí, ese fue un año de cambio de humor en el colectivo. Aparece la revista 'Zero', llega Boris Izaguirre a España, hubo los 'Gay Games' en Ámsterdam y aparece la medicación que hace crónico el sida. La gente dejó de morirse…

-...Y en el 2005 España aprueba la ley del matrimonio homosexual.
-Fue una conquista que casi no nos creíamos, pero a veces en la política hay un juego similar al del billar. Durante los ocho años del mandato de Aznar fui llamado, de forma discreta, dos veces a la Moncloa para hablar con sus asesores. En el primer mandato, pedimos una ley de parejas de hecho, pero en el segundo, cuando ya se habían empezado a aprobar las leyes del matrimonio en Bélgica, Holanda y Dinamarca, exigimos el matrimonio tal cual. El asesor dijo que ni hablar. Las manifestaciones a favor de la ley de parejas y luego del matrimonio en el Orgullo Gay de Madrid -que no de Barcelona- enseguida se volvieron multitudinarias. La oposición de entonces, IU y el PSOE, se comprometió con nuestras reivindicaciones y Zapatero lo hizo posible.

-¿Qué queda por conseguir?
-Las leyes no significan que la sociedad cambie de manera automática. Ha aumentado la visibilidad, pero también las agresiones y la homofobia. El gran reto es ser tan visibles, que lleguemos a ser indiferentes. También dar más y mejor atención a las personas mayores LGTBI, acompañar a los refugiados LGTBI -que son rechazados por el resto de migrantes- e integrar en la escuela desde primaria la educación igualitaria. Ahora estamos ante un fenómeno que es la vanguardia del movimiento actual: las familias homoparentales. Son activistas las 24 horas del día: van con los críos a la escuela, por el barrio, a visitar a sus familias. Y eso es un elemento transformador importantísimo porque expande algo fundamental: el cariño, el amor. No hay arma más eficiente que el quererse.

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | 40 ANIVERSARIO DE LA DESPENALIZACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD

40º aniversario de la despenalización de la homosexualidad en España.
La derogación de un artículo de la ley de peligrosidad social marcó el fin de la persecución legal.
Emilio de Benito | El País, 2018-12-26
https://elpais.com/sociedad/2018/12/26/actualidad/1545846699_821350.html 

El 26 de diciembre de 1978, hace hoy 40 años, una modificación de la ley de peligrosidad social del franquismo, todavía en vigor, marcó el fin de la persecución legal de la homosexualidad en España. Aquella norma de 1970, ya al final de la dictadura, heredera de la ley de vagos y maleantes, establecía en su artículo segundo, que "serán declarados en estado peligroso, y se les aplicarán las correspondientes medidas de seguridad y rehabilitación, quienes: resulten probadamente incluidos en alguno de los supuestos de este artículo y se aprecie en ellos una peligrosidad social". Y en el listado de a quiénes se aplicaba estaban, junto a los "vagos habituales", "los que realicen actos de homosexualidad".

La ley había incluido en su nombre un apartado: la rehabilitación social. Por ello, a quienes realizaran actos de homosexualidad y a quienes se dedicaran habitualmente a la prostitución se les imponía "internamiento en un establecimiento de reeducación" y la "prohibición de residir en el lugar o territorio que se designe o de visitar ciertos lugares o establecimientos públicos, y sumisión a la vigilancia de los delegados". En el caso de los hombres homosexuales, esos centros fueron, sobre todo, los penales de Huelva y Badajoz. Para las mujeres lesbianas no se plantearon centros concretos.

La modificación de hace 40 años no supuso reconocimiento alguno. Solo consistió en la derogación del punto que se refería a los homosexuales, con lo que no quedaba ninguna medida concreta que les mencionara para castigarles, aunque seguía vigente la ley de escándalo público, de la que fueron víctimas, por ejemplo, muchas mujeres transexuales.

La ley fue definitivamente derogada en 1995.

El retraso en la derogación parcial de la ley desde la muerte del dictador en noviembre de 1975 supuso que las personas acusadas de "homosexualismo" no pudieran acogerse a la amnistía de 1977, que sí afectó a los presos políticos.

Tras la eliminación de la ley, numerosos colectivos LGTB pidieron la eliminación de las condenas de los archivos policiales. Al mantenerse estos, se podía dar el caso de que aquella sanción figurara como antecedentes de la persona en caso de una identificación policial posterior. Al final se llegó a un acuerdo de mantenerlas por su valor histórico, pero sin que tuvieran aplicación.

En España, la Fundación 26 de Diciembre, dedicada a atender a las personas mayores del colectivo, toma su nombre de la histórica fecha ya que son precisamente los gais, lesbianas y trans de más edad las que sufrieron la norma y se beneficiaron de su derogación.

Desde 1978 hasta 2005, con la aprobación del matrimonio igualitario, las personas LGTB no vivieron cambios en su situación legal. Luego vinieron la ley de identidad de género para las personas trans (2007), y actualmente hay en marcha varias normas autonómicas por la igualdad real, y se espera una estatal.

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ESPAÑA CUMPLE 40 AÑOS SIN EL DELITO DE HOMOSEXUALIDAD

El Periódico / Mani en Barcelona [Orgullo 1977, confirmar]

España cumple 40 años sin el delito de homosexualidad.

En 1978 se reformó la ley de peligrosidad social: gais y transexuales dejaban de ser "vagos y maleantes". Esta norma, que reprimió durante décadas al colectivo LGTBI, comportaba el encarcelamiento y el destierro.
Beatriz Pérez | El Periódico, 2018-12-26
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20181226/espana-cumple-40-anos-eliminacion-delito-de-homosexualidad-ley-peligrosidad-social-7214507 

"There's nothing here but flesh and bone". En español: "Aquí no hay nada más que carne y hueso". Es uno de los versos de la canción 'Outside' de George Michael, que relata su arresto "por actos obscenos" en 1998, cuando tenía 34 años, en unos baños públicos de Beverly Hills. Un policía encubierto le había tendido una trampa. El cantante, cuya carrera comenzó en los 80, se vio entonces obligado a hacer pública su homosexualidad.

En España, durante la dictadura franquista, la ley de peligrosidad social encarcelaba a cualquier persona que fuera sorprendida intentando establecer contacto homosexual o en algún local frecuentado por gais. Al igual que en EEUU, en Barcelona los urinarios públicos eran lugares de gancho para la policía. Esa ley, que durante décadas reprimió dura y sistemáticamente al colectivo LGTBI y que suponía años de encarcelamiento y el posterior destierro, fue reformada el 26 de diciembre de 1978 y eliminó de su articulado el delito de homosexualidad en España. Hoy se cumplen 40 años de aquel momento fundamental en la historia del colectivo: se abría la puerta para salir del armario de la clandestinidad.

"La ley de peligrosidad social fue aprobada en 1954 y sustituía a la de vagos y maleantes. En 1970 pasó a denominarse ley de peligrosidad y rehabilitación social. Es decir, incluyó la paternalista idea de que era posible curar la homosexualidad y rehabilitarnos", explica Jordi Samsó, presidente del Casal Lambda. El movimiento gay, con la creación clandestina del Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) en Barcelona en 1971, nació como respuesta a esa norma. Años después, la primera manifestación LGTBI de España, en las Ramblas de Barcelona en junio de 1977, pedía la derogación de la ley de peligrosidad social, que estuvo especialmente activa en los 50 y 60.

Centros de rehabilitación social
Como relata Armand de Fluvià, fundador del FAGC e iniciador del movimiento gay en España y Catalunya, esta reforma supuso que los homosexuales ya no eran considerados ni "anormales" ni "peligrosos sociales" ni "predelincuentes". "Pasábamos a ser ciudadanos iguales que los demás", dice Fluvià, quien comenzó en la lucha escondido bajo el pseudónimo Roger de Gaimon. En Huelva y Badajoz se encontraban los centros de rehabilitación social donde encerraban a homosexuales y 'travestis' (en aquel momento no existía la palabra transexual) para curarlos con capellanes y psiquiatras.

"En los campos de concentración nazis estaba escrito 'El trabajo os hace libres'. Aquí la idea era que el trabajo nos hacía 'normales'. Quienes estaban allí encerrados confeccionaban pelotas de fútbol, sogas para la marina de guerra y parquets". Fluvià estuvo dos veces en una cárcel franquista pero no por homosexual, sino como preso político por estar a favor de una monarquía democrática parlamentaria.

"Los homosexuales fuimos los últimos en salir de las cárceles franquistas. Ocurrió en 1979", recuerda Jordi Samsó. Gais y transexuales no eran presos políticos, simplemente 'maricones'. Por eso la ley de amnistía de 1977 no incluyó al colectivo LGTBI, que no salió de la cárcel hasta febrero de 1979, un mes después de la aparición en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de la reforma de la ley de peligrosidad social.

Quedaba el escándalo público
La eliminación del delito de homosexualidad fue un gran paso, pero aún quedaba mucho por hacer. La ley de peligrosidad social no se derogó completamente hasta 1995 y el delito de escándalo público contra las conductas provocadoras (nudismo, exhibicionismo, 'voyeurismo' u homosexualidad) estuvo vigente hasta 1988. Pero mientras tanto pasaban cosas. Por ejemplo, en 1987 una pareja gay de Taradell (Barcelona) se plantó en el juzgado de Vic para casarse. Hubo una manifestación de apoyo.

"Yo estuve ahí. Había más gente mirándonos que en la mani. El fiscal dijo que, según el artículo 14 de la Constitución, el matrimonio homosexual no tendría por qué ser inconstitucional, pero que no había precedentes judiciales en el derecho comparado. Se generó un debate", cuenta Eugeni Rodríguez, portavoz del FAGC y presidente del Observatori contra l'Homofòbia.

En 1986 se crearon los primeros grupos de Joves per l'Alliberament Gai (JAG), pero Rodríguez recuerda una anécdota que refleja la frágil libertad que aún se vivía durante los años posteriores a la reforma de la peligrosidad social: "En una manifestación, dos chicos se besaron delante de la Jefatura de Policía, en Barcelona, y los detuvieron por escándalo público. Dentro de la mili había un cuadro médico de exclusiones y uno de ellos era la homosexualidad, que se suprimió a finales de los 80". En 1991 la transexual Sonia Rescalvo fue brutalmente asesinada en el parque de la Ciutadella de Barcelona por un grupo de neonazis.

Eran, además, los años en que apareció el VIH/sida, que cogió desprevenido a todo el mundo y que no hacía sino añadir un elemento más de estigmatización a un colectivo históricamente discriminado. "En 1985 la Conselleria de Salut comenzó a publicar trípticos informativos sobre el sida. Los primeros años eran de desorientación para todo el mundo. Al VIH se le conocía como la 'enfermedad de las tres haches': hemofílicos, heroinómanos y homosexuales", rememora Jordi Samsó. La medicación que convertiría en crónico el sida no aparecería hasta 1998. Por el camino se quedó mucha gente.

El 2005 fue un año clave en la historia del colectivo: España se convierte en el cuarto país del mundo en legalizar el matrimonio. Y nueve años después el Parlament de Catalunya aprueba la ley 11/2014 para garantizar los derechos de la comunidad LGTBI y contra la homofobia, pionera en toda España. Rodríguez, aun así, lamenta que no se haga más uso de ella. "Desde el 2014 el Observatori contra l'Homofòbia, de forma rigurosa, ha cuantificado y denunciado 400 incidencias, pero la Generalitat solo ha puesto seis sanciones. Las instituciones deben ser conscientes de que no hemos luchado tanto para que después se banalicen las agresiones. Ante la LGTBIfobia, debe haber una respuesta contundente a nivel legal y social", dice.

El presidente del Observatori contra l'Homofòbia avanza que este 2018 cerrará con un ligero aumento de denuncias con respecto al año pasado y, entre ellas, suben "muchísimo" las notificaciones por transfobia, que alcanzan la segunda posición por detrás de los hombres homosexuales y bisexuales. Rodríguez pide que la memoria de todos esos años de terror y lucha no desaparezca. El colectivo reclama una placa en la parte baja de las Ramblas donde empezó aquella primera manifestación LGTBI y otra donde antaño estuvo el antiguo Cine Niza, en Sagrada Família: ahí, en 1977, se celebró el primer mitin para pedir la derogación de la ley de peligrosidad social.

2018/12/20

ARTÍCULOS | Gómez Beltrán, Iván | La despenalización identitaria y la amnistía política masculina en la España de la Transición democrática

Gómez Beltrán, Iván (2018) [12-20]. La despenalización identitaria y la amnistía política masculina en la España de la Transición democrática: movimiento feminista y LGTB. Arenal: revista de historia de las mujeres [ISSN 1134-6396], 25-2, 425-442.

Ed. digital: Open Access | Revistas UGR [Universidad de Granada]
https://revistaseug.ugr.es/index.php/arenal/article/view/5231
Ed. digital: Open Access | Dialnet
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6765914

[.es] La caída del Régimen dictatorial de Francisco Franco lleva al inicio de un proceso de despenalización de los denominados “delitos femeninos” y de las identidades, gay, lesbiana, bisexual y trans* paralelo a la organización política de estos colectivos. Estas formaciones se despliegan en un periodo de “apertura” —plena Transición Democrática— enfrentándose tanto a las problemáticas internas de sus movimientos como a los continuos obstáculos impuestos por las estructuras del Estado que parecían “olvidarse” intencionalmente de las alteridades de género. Un claro ejemplo serán las leyes de amnistía de entre 1975-1977 que demuestran como determinados “colectivos” serán excluidos en nombre del discurso paternalista del “bien común”.

2018/12/15

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | NI PELIGROSAS NI DELINCUENTES: EL PROCESO DE LEGALIZACIÓN DE LA DISIDENCIA SEXUAL Y DE GÉNERO EN LA TRANSICIÓN

El Diario //

Ni peligrosas ni delincuentes: el proceso de legalización de la disidencia sexual y de género en la España de la transición.

Durante los años de la transición el movimiento LGTB tuvo que hacer frente a las leyes que se aplicaron a lo largo de la dictadura para reprimir a la disidencia sexual y que continuaron vigentes a la muerte del dictador.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2018-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/peligrosas-delincuentes-legalizacion-disidencia-espana_1_1791040.html

Se cumplen este mes 40 años de la aprobación de la Constitución Española y también de la reforma (1) de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que eliminó a ‘los que realizaran actos de homosexualidad’, en términos de la ley, del catálogo de peligrosos sociales. Es, por tanto, un momento idóneo para analizar el proceso que permitió a las disidencias sexuales y de género ser legalizadas durante el proceso transicional, tras otros cuarenta años de represión franquista.

Habitualmente se identifica esta legalización con un momento determinado, como fue la citada reforma de la ley de peligrosidad social. No obstante, la legalización de la disidencia sexual fue un proceso más complejo y largo en el tiempo que no concluye, sino que más bien comienza, con la mencionada reforma.

Durante los años de la transición el movimiento LGTB tuvo que hacer frente a las leyes que se aplicaron a lo largo de la dictadura para reprimir a la disidencia sexual y que continuaron vigentes a la muerte del dictador. Estas normas fueron fundamentalmente dos: la primera, el Código Penal, que si bien no contemplaba expresamente la homosexualidad en su articulado, se consideraba incluida en el artículo 431 de dicho texto que regulaba el delito de escándalo público. Esta figura delictiva consideraba penalizable aquellas acciones que “de cualquier modo ofendiere el pudor o las buenas costumbres con hechos de grave escándalo o trascendencia”. La moral nacional-católica del régimen franquista consideraba moralmente repugnantes los actos de homosexualidad por lo que dichas prácticas, aunque hubieran sido cometidas en privado, eran tenidas por delictivas en virtud de este artículo y sus autores eran juzgados y condenados si los hechos trascendían al conocimiento público.

Las otras leyes utilizadas para la represión de la homosexualidad fueron las aprobadas en virtud de la doctrina de la ‘defensa social’. En desarrollo de este principio, en el año 1933, durante la II República, se aprobó la Ley de Vagos y Maleantes que no recogía en su texto ninguna referencia expresa a la disidencia sexual, pero que en el año 1954 fue reformada por el régimen franquista para incluir a la homosexualidad en su artículo segundo. No se trataba de una ley penal, desde el punto de vista de que no tipificaba delitos y sus correspondientes penas, sino que categorizaba una serie de situaciones subjetivas como de “peligrosidad social”. La ley determinaba que, dado el estado de determinados sujetos, estos tendrían gran probabilidad de cometer un “daño social”, concepto más amplio que el puramente delictivo. Según el preámbulo de la propia ley de 1970, esta se aprobaba por la “necesidad de defender a las sociedad contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas, entrañan un riesgo para la comunidad”. Por poner un ejemplo clarificador, el alcoholismo no era considerado 'per se' un delito, no obstante los ebrios habituales eran considerados peligrosos sociales por los indeseables efectos que su adicción podían traer a su entorno familiar, social, laboral, etc. De este concepto de peligrosidad se deriva la necesidad de rehabilitar al peligroso mediante una serie de medidas previstas en la ley con el objetivo de “rescatar y reeducar al hombre para la más plena vida social”, según el preámbulo de la misma. A partir de la reforma del año 1954 las personas homosexuales deberían ser objeto de esta reeducación o de “curación” de su “perversión sexual”.

Por tanto, estas dos normas incidían en la disidencia sexual desde dos perspectivas diferentes: la penal, con su consecuente condena, y la de defensa social, con sus medidas rehabilitadoras como presunto instrumento de inserción social. No pretendo con esto suavizar el efecto que las leyes de peligrosidad producían en las disidencias sexuales – y en el resto de supuestos previstos en la ley –. Más al contrario, la realidad nos pone de manifiesto que estas leyes fueron, en la práctica, utilizadas como un medio de represión más, como un instrumento que criminalizaba a la disidencia sexual desde una perspectiva más amplia que la puramente penal. Estas leyes se unieron al código penal configurando un doble sistema de control de la disidencia sexual que multiplicaba sus efectos, añadiendo a la condena penal un aparente sistema de rehabilitación que, en la práctica, era una segunda condena durante la cual, además, no eran aplicables los posibles beneficios penitenciarios que sí lo eran a los delincuentes condenados (2). Esta doble criminalización, que pone de manifiesto la perversa utilización de leyes rehabilitadoras con fines puramente represivos, profundiza precisamente la ignominia del sistema represivo de la dictadura.

Se evidencia, por tanto, el hecho de que las leyes de peligrosidad social no fueron las únicas que reprimieron a los homosexuales a lo largo del franquismo y que la derogación de la ley de peligrosidad social en el año 1978 no significó la legalización de la homosexualidad durante la transición. Dicha derogación implicó la eliminación de la consideración de la disidencia sexual como un peligro social, pero no de su carácter delictivo, ya que el delito de escándalo público, como veremos, continuó aplicándose durante prácticamente una década más.

En este punto hay que añadir un término más a la ecuación: la aparición de los movimientos de liberación homosexual en el panorama de los movimientos sociales de la época. La publicación del proyecto de ley peligrosidad social en el año 1970 promovió la aparición de un nuevo sujeto político, si bien en la clandestinidad, en la España franquista. Ante la inclusión de la homosexualidad en dicho texto, un grupo de activistas catalanes iniciaron un proceso de movilización para, desde las catacumbas del activismo y con la ayuda de colectivos franceses, intentar evitar dicha mención la nueva ley. Este movimiento clandestino emergió durante los primeros años de la transición, visibilizando una lucha en la que la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y el delito de escándalo público eran objetivos fundamentales. El Front d'Aliberament Gay de Catalunya (FAGC), fue la asociación de referencia durante esos años y la legalización de la misma se convirtió en un inesperado campo de batalla durante los últimos años de la década de los 70.

El FAGC inició su proceso de legalización en el mes de diciembre de 1978, recién aprobada la Constitución. Este acto suponía un reto al nuevo régimen constitucional que, sin embargo, respondió inicialmente con la inercia de la homofobia dictatorial: el Ministerio del Interior, en enero del año siguiente, denegó la legalización alegando la incompatibilidad de los fines de la asociación con el artículo 431 del Código Penal, el mencionado delito de escándalo público. El mantenimiento de una interpretación profundamente homófoba de dicho artículo por el recién estrenado sistema constitucional ponía en evidencia el hecho de que la legalización de la homosexualidad no era aún un hecho consumado, a pesar de la modificación de la ley de peligrosidad social, y de que el nuevo sistema no consideraba a las disidencias sexuales como dignas de ser sujetos del conjunto de derechos y libertades recogidos en la nueva y flamante Constitución.

Ante tales hechos el FAGC interpuso el correspondiente recurso y con el apoyo de una importante campaña que implicó a colectivos, un numeroso grupo de corporaciones locales catalanas y de la International Gay Asociation (IGA) (3), por fin, el 16 de junio de 1980, el Gobierno de Adolfo Suárez admitió su legalización, dándose un segundo paso en este proceso.

Otro acontecimiento a tener en cuenta, en relación con la legalización de la disidencia de género, se refiere a los avances que durante los años transicionales afectaron a los derechos de las personas transexuales. Una modificación del Código Penal, del año 1983(4), eximió de responsabilidad penal, entre otros supuestos, a la “cirugía transexual realizada por facultativos”, hasta ese momento penalizadas al ser consideradas un delito de lesiones por causar la esterilidad. Este nuevo avance despenalizador propició que las personas transexuales comenzaran a acudir a los tribunales a solicitar el reconocimiento del “cambio de sexo” con respecto al cambio la inscripción registral del nombre y del sexo, iniciativa que culminó con una Sentencia del Tribunal Supremo del año 1987 que reconocía por primera vez el derecho de una mujer transexual al cambio de nombre. Con todos los cuestionamientos que pueda hacerse la sentencia – que se refería a la afectada como “una ficción de hembra” que, en cualquier caso debería ser protegida por el Derecho –, tanto la modificación de la norma penal de 1983 como la sentencia de 1987 supusieron un importante avance de los derechos de las personas trans, que sin embargo no obtendrían una ley que regulara estas cuestiones hasta dos décadas más tarde (5).

Como se ha indicado, la utilización del delito de escándalo público como argumento para negar legalidad a las organizaciones homosexuales de la época es una muestra de que la consideración de las personas disidentes de las normas imperantes sobre el sexo/género no se consideraban dignas de ser sujetos de los más esenciales derechos fundamentales. Podían ser legalizadas sus organizaciones, pero sobre sus componentes pendía aun sobre sus cabezas la espada de Damocles del artículo 431 del Código Penal. Artículo que, aunque de manera quizás menos frecuente que en otras épocas, aún se aplicaba para reprimir las prácticas homosexuales.

Así, por ejemplo, una sentencia del Tribunal Supremo del año 1980(6) aborda el caso de dos jóvenes de 25 y 32 años de edad que, a las dos de la madrugada habían aparcado un coche en un camino para mantener prácticas sexuales, donde fueron sorprendidos por la Guardia Civil. En el juicio de primera instancia se condenó a ambos procesados por el delito escándalo público, sentencia posteriormente confirmada por el Tribunal Supremo. Hubo que esperar al año 1988 en el que, una modificación parcial del Código Penal (7) derogó dicho delito. Este hecho que culminó, ahora sí, el proceso de legalización de las disidencias sexuales y de género en España.

Se puede concluir, por tanto, que la legalización de la disidencia sexual en España fue un proceso progresivo que duró prácticamente una década. Su desarrollo se encontró con las reticencias de un sistema democrático recién inaugurado que mantenía aún muchos de los tics LGTB-fóbicos del régimen dictatorial. La comunidad LGTB no fue un sujeto al que se tuvo en cuenta durante los años transicionales de tal manera que el proceso de legalización tuvo que ser impulsado por los colectivos, incluso desde una posición de ilegalidad. La reforma de la ley de peligrosidad social en el año 1978, que eliminó la homosexualidad de las categorías de peligrosos sociales, significó el inicio del proceso. Tras este paso, la legalización de los colectivos a partir del año 1980 permitió que estos continuaran con su tarea reivindicativa desde posiciones más fuertes y seguras. Pero a la legalización colectiva no siguió pareja la consideración de los derechos individuales. Las persona trans tuvieron que esperar a la reforma del código penal de 1983 y a una sentencia del Tribunal Supremo de 1987 para ver reconocido, aunque de manera precaria y a través de complejos y humillantes procedimientos judiciales, su derecho al reconocimiento de su identidad en el ámbito registral. Por fin, la derogación del delito de escándalo público en 1988 permitió a la comunidad LGTB sentirse aliviada ante la eliminación de la posibilidad de ser sorprendidos ‘in fraganti’ en un acto sexual y ser procesados por tal delito. Esta última reforma llegó, además, en un momento crucial para la comunidad LGTB, en el que el SIDA hacía sus estragos. La epidemia del VIH tuvo nefastas y trascendentales consecuencias para la disidencia sexual y de género, a la que plantearía nuevos retos y perspectivas que se habrían de abordar en los años y décadas siguientes. Esta vez, sí, desde la legalidad, aunque no desde una verdadera igualdad legal y social, objetivo aún pendiente de alcanzar.

  • Bibliografía
  • 1/  Ley 77/1978, de 26 de diciembre, de modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y de su Reglamento, «BOE» núm. 10, de 11 de enero de 1978.
  • 2/ La redención de penas por el trabajo o los posibles indultos o amnistías no eran aplicables a los peligrosos sociales, por poner un ejemplo.
  • 3/ Actualmente Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA).
  • 4/ Ley Orgánica 8/1983, de 25 de junio, de Reforma Urgente y Parcial del Código Penal.
  • 5/ Nos referimos a la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas.
  • 6/ Sentencia del Tribunal Supremo 4531/1980.
  • 7/ Ley Orgánica 5/1988, de 9 de junio, sobre modificación de los artículos 431 y 432 y derogación de los artículos 239, 566.5º, 567.1.º y 3.º y 577.1.º del Código Penal.

2018/06/29

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LAS TRAVESTIS LIDERARON HACE 40 AÑOS LA PRIMERA MANIFESTACIÓN DEL ORGULLO EN MADRID

Foto de Chema Conesa / Orgullo trans en Madrid, 1978-06-26 //

Los travestis que lideraron hace 40 años la primera manifestación del Orgullo en Madrid.

En junio de 1978 se convocó la primera movilización que peleaba por los derechos del colectivo LGTB+, fue el primer Orgullo capitalino.
Pablo León | El País, 2018-06-29
https://elpais.com/ccaa/2018/06/29/madrid/1530267320_178333.html

De O´Donnell a Menendez Pelayo, siguiendo la valla del Retiro. En ese rincón de Madrid, en una zona algo alejada del centro, tuvo lugar la primera manifestación por los derechos del colectivo LGTB+ de la capital. “Era 1978 y ese fue el itinerario que nos impusieron desde el Gobierno Civil”, recuerda Ramón Linaza, de 61 años, que estuvo en la marcha, “no querían vernos por el centro”. Ese primer Orgullo madrileño tenía una demanda clara: conseguir la derogación de la Ley de Rehabilitación y Peligrosidad Social. “Era una norma basada en la Ley de Vagos y Maleantes y fue muy utilizada por la Dictadura para reprimir cualquier tipo de disidencia ya que permitía detener y encarcelar sin juicio a personas de manera arbitraria. La condición o la apariencia homosexual era una de las razones por las que te podían detener”, explica Linaza.

Abolir esa terrorífica Ley era el objetivo de la marcha -que el pasado jueves 28 de junio se replicó siguiendo la misma ruta como homenaje-, pero conseguir el permiso para manifestarse fue un logro en sí mismo. Aunque en Estados Unidos el movimiento LGTB+ se había cohesionado una década antes, tras los disturbios de Stonewall, en Nueva York; en la España del tardofranquismo los derechos tardaron en llegar.

La madrugada del 28 de junio de 1969 la policía neoyorkina realizó una redada en el local de ambiente Stonewall Inn, en el Village. La incursión fue tan agresiva que generó una serie de protestas y concentraciones ciudadanas que marcaron el inicio de la lucha del colectivo LGTB+ (de hecho el día del Orgullo es el 28 de junio en recuerdo de estos incidentes). “La primera manifestación en España fue en el 77 en Barcelona. Un año después constituimos el Frente de Liberación Homosexual de Castilla y nos planteamos que había que hacer algo, pero algo legal. Por eso solicitamos la autorización”, recuerda Linaza, que dio la cara —su DNI con su nombre y apellidos— como convocante de la marcha: “La petición de autorización, además de por mí, fue firmada por el socialista Alonso Puerta, teniente de Alcalde con Tierno Galván, por el diputado del PSUC Josep Mª Riera Mercader y por Carlos Patiño, actor y propietario de la tienda de juguetes La Carraca en Arguelles, donde preparamos las pancartas”.


La convocatoria consiguió el beneplácito de las autoridades y el 26 de junio “entre 7.000 y 9.000 personas” desfilaron por Madrid. “Fue una concentración masiva y la policía estaba muy nerviosa”, recuerda Linaza, “pero también fue muy divertida y diversa”. Estuvieron sindicalistas, feministas, madres solteras, representantes de presos de movimientos sociales... y personas trans. “Tanto Stonewall como Barcelona como Madrid tuvieron algo en común: todas las protestas estaban encabezadas por personas trans”, explica Jesús Grande, presidente de COGAM (Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid). “Y las personas transexuales fueron luego un poco dadas de lado por el propio colectivo”, continúa Grande, que recuerda que este año la manifestación del Orgullo reivindica la visibilidad trans. Lo mismo hace la exposición 'En plan travesti. Fotografía y transformismo en España entre dos siglos 1975-2015' (en Tabacalera hasta el 9 de septiembre), que refleja, a través de imágenes, los cambios sociales vividos en España desde la reivindicación del Orgullo.

Uno de los logros de la manifestación de 1978 fue aglutinar a una amplia masa social: “La lucha contra la Ley de Peligrosidad unió a muchos colectivos de diferentes sensibilidades. Por eso fue un éxito. Había una perspectiva global”, aclara Ramón Martínez, autor de ‘Lo nuestro sí que es mundial. Historia del Movimiento LGTB en España’ (Editorial Egales). Aunque esa Ley no fue derogada en su totalidad hasta 1995, a comienzos de 1979 se eliminaron varios artículos de la misma, entre ellos, el castigo por ser homosexual. “En España se legaliza la homosexualidad en el 79, diez años después que en Reino Unido o en Francia”, explica Martínez, “pero llegamos al matrimonio igualitario 10 años antes que ambos países. Hemos tardado la mitad. Y eso es gracias al activismo, a los colectivos y al movimiento: de aquellos polvos vienen los nuestros”.

Tras la despenalización de la homosexualidad, “se vaciaron los colectivos y se llenaron las discotecas”, apunta Martínez. Pero el Sida y el desencanto político obligaron a la reorganización social en los noventa y a continuar una lucha que acabaría con la legalización del matrimonio igualitario. Para Martínez, “el matrimonio es el principio de una nueva etapa que tenemos que comenzar ahora”. El activista Linaza considera que también hay que seguir luchando: “Incuso en una ciudad tan abierta como Madrid, que es un referente mundial, hay agresiones homófobas a diario. Y a nivel global, la comunidad LGTBI+ sigue amenazada: estamos obligados a luchar por nuestras hermanas que son detenidas, encarceladas y asesinadas en todo el mundo. Además, hay riesgo de que se vuelva hacia atrás en los derechos. Hay motivos suficientes para seguir luchando otros 40 años”.

2018/06/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | JUSTICIA PARA LAS VÍCTIMAS HOMOSEXUALES Y TRANS DEL FRANQUISMO

Justicia para las víctimas homosexuales y trans del franquismo.
'La Transición no dio respuestas a homosexuales y mujeres trans (maricones y travestis en la terminología de la época) encarcelados por la Ley de Vagos y Maleantes'.
Inma García de la Fuente | El Plural, 2018-06-23
https://www.elplural.com/autonomias/andalucia/justicia-para-las-victimas-homosexuales-y-trans-del-franquismo_130775102

El próximo 26 de diciembre se conmemora el 40 aniversario de la exclusión de la homosexualidad, entre otros estados de peligrosidad, de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS). Una ley que incluyó la homosexualidad como estado de peligrosidad, pero solo para hombres homosexuales y mujeres trans, ya que para un régimen cisheteropatriarcal fascista como el franquismo, las mujeres carecíamos de deseo sexual, incapaces de dar ni darnos placer, y por lo tanto hacia innecesaria la persecución policial y penal.

El próximo 27 de diciembre habrán pasado cuatro décadas desde el momento en que los hombres homosexuales y las mujeres trans dejaron de estar amenazadas de ser detenidas por la simple sospecha de homosexualidad, encerradas y torturadas en los calabozos de las comisarías de policía, ingresadas en cárceles y psiquiátricos sin juicio y condenadas meses y años de presión, donde en el mejor de los casos solo te humillaban, torturaban y violaban, y en el peor de los casos te sometían a terapias psiquiátricas terribles como la lobotomización, el electroshock y un amplio catálogo de prácticas similares, y donde al quedar libre pero con antecedentes penales, eras desterrada durante meses o años de tu localidad.

La Transición no dio respuestas a los hombres homosexuales y mujeres trans (maricones y travestis en la terminología de la época) encarcelados por la Ley de Vagos y Maleantes (LVM) y de la LPRS, ya que no pudieron acceder a ninguna de las dos amnistías decretadas en los primeros años de la monarquía del rey Juan Carlos y continuaron con unos antecedentes penales que le impedían el acceso al mercado de trabajo.

La Constitución no recogió ninguna de las exigencias que la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE) y por eso promovieron el voto negativo en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Para vergüenza de todos, la exclusión de la homosexualidad de la LPRS tuvo que esperar varias semanas después de ratificada la Constitución de 1978 por parte del pueblo español.

Y es que la nueva democracia fue tan injusta e insensible con las víctimas de la LVM y LPRS como lo había sido la Transición: no hubo reconocimiento, justicia ni reparación por parte del Estado a miles de presos que sufrieron detenciones arbitrarias, torturas policiales y médicas, ingresos en prisión sin juicio y expulsados de sus trabajos y familias. Un espeso manto de silencio cubrió la vida de miles de hombres homosexuales y mujeres trans, mientras la sociedad y sus representantes políticos, sociales y sindicales miraban hacia otra parte.

En estos 40 años han fallecido la mayoría de ellos y de ellas, en el mismo silencio injusto en el que la mayoría vivieron sus vidas. Tan solo una tardía e incompleta reparación en el gobierno de Rodríguez Zapatero, al calor de la Memoria Histórica, permitió un reconocimiento público a las víctimas en el Congreso de los Diputados y tan solo un centenar de víctimas pudieron cobrar unas indemnizaciones insuficientes y mal planteadas.

Pero siendo importante la reparación, las víctimas demandan también justicia. Una justicia que no ha llegado nunca. Saber el nombre de sus torturadores, conocer y denunciar los mecanismos políticos, médicos y judiciales que permitieron la tortura y las mutilaciones médicas, denunciar el silencio cómplice de instituciones y personas, y eliminar sus fichas policiales de los sistemas informáticos policiales, es una necesidad compartida por todas las víctimas que el movimiento LGTBI no debe olvidar.

Por ello, la Federación Plataforma Orgullo LGTBI Andalucía quiere dar voz a sus demandas y sumarse a sus peticiones. Y en la gran manifestación del Orgullo LGTBI Andalucía de este año recorrerá las calles de Sevilla el 23 de junio de 2018, exigiremos justicia y reparación para las víctimas de las leyes de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Inma García de la Fuente es presidenta de la Federación Plataforma Orgullo LGTBI Andalucía.

1994/02/08

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | EL PARLAMENTO EUROPEO DEFIENDE LA IGUALDAD LEGAL EN MATRIMONIO Y ADOPCIÓN

El Parlamento Europeo defiende la igualdad legal para los homosexuales.
Promueve la adopción y el matrimonio entre las parejas del mismo sexo.
Walter Oppenheimer | El País, 1994-02-08
https://elpais.com/diario/1994/02/09/sociedad/760748428_850215.html

El Parlamento Europeo aprobó ayer una resolución en la que recomienda a la Comisión Europea que inste a los Doce a acabar con la discriminación y la criminalización de homosexuales y lesbianas. Un pacto de compromiso entre verdes, socialistas y gran parte de los democristianos permitió la aprobación del texto, al que se oponían los conservadores y la extrema derecha. La resolución defiende el matrimonio entre homosexuales o un régimen jurídico semejante y su derecho a ser padres o adoptar o criar niños.

La resolución tiene un extraordinario valor político resultante del variado abanico de apoyos recibidos. Según su impulsora, la eurodiputada verde Claudia Roth, significa "un paso muy importante que permite actuar a la Comisión". Para alcanzar este respaldo en la Eurocámara -que aprobó la resolución con 159 votos a favor, 96 en contra y 18 votos en blanco-, Roth renunció a su pretensión inicial de pedir que la Comisión elaborara una directiva en lugar de una recomendación. La diferencia es que la directiva exige armonizar la legislación de la Unión en esta materia, mientras que la recomendación no es de obligado cumplimiento por los Doce. Muchos diputados tenían reticencias a apoyar la resolución por entender que la Comisión no tiene capacidad legal para modificar las legislaciones nacionales en esta materia. La resolución sí mantiene su propuesta inicial de que la Comisión presente cada cinco años un informe al Parlamento sobre la situación de los homosexuales, una fórmula de implicar a cada uno de los Doce en el tema para evitar el ‘bochorno’ político de verse acusados públicamente de discriminación.

El texto aprobado tiene algunas propuestas de gran audacia social y política. Por ejemplo, pide que la recomendación que elabore la Comisión trate de poner fin "a la prohibición de contraer matrimonio o acceder a regímenes jurídicos equivalentes a las parejas de lesbianas y homosexuales; la recomendación debería garantizar los plenos derechos y beneficios del matrimonio, permitiendo la inscripción de la convivencia". También se pide el fin "a toda restricción de los derechos de lesbianas y homosexuales a ser padres, a adoptar o criar niños"; a la existencia de edades distintas y discriminatorias para el consentimiento necesario para mantener relaciones homosexuales y heterosexuales; a la persecución de la homosexualidad "como una molestia pública o una gran indecencia"; a toda forma de discriminación "en el derecho laboral y relativo a los servicios públicos y a la discriminación en el derecho penal, civil, contractual y comercial", o a acabar con el "archivo informático de datos sobre la orientación sexual de un individuo sin su conocimiento".

La resolución de los parlamentarios europeos no olvida propinar un capón individual al Reino Unido, a quien hace un llamamiento "para que suspenda las disposiciones discriminatorias encaminadas a contener la presunta propagación de la homosexualidad, restableciendo así las libertades en materia de opinión, prensa, información, ciencia y arte".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...