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2017/12/02

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LAUD HUMPHREYS, EL SOCIÓLOGO QUE OBSERVABA FELACIONES EN LOS BAÑOS PARA ESCRIBIR SU TESIS DOCTORAL

El hombre que observaba felaciones en los baños para escribir su tesis doctoral.
En los años 60 un sociólogo homosexual y pastor de la Iglesia Episcopal sacó a EEUU del armario con su trabajo sobre el sexo anónimo entre hombres.
Javier Yanes | El Español, 2017-12-02
https://www.elespanol.com/ciencia/20171130/265974437_0.html 

Poco después de las cinco de la tarde de un día de trabajo a mediados de los 60, cinco hombres entran en los aseos públicos de un parque de la ciudad de San Luis (EEUU). Dos de ellos visten traje y corbata; otro, camiseta, pantalón corto y zapatillas deportivas; un cuarto aún lleva el uniforme caqui de la estación de servicio en la que trabaja. El quinto es lo que se conoce como 'watchqueen', alguien que se limita a vigilar para que nadie interrumpa lo que va a suceder a continuación: actos sexuales, casi siempre felaciones, en completo anonimato.

En aquella ocasión, el quinto no era un mirón sin más, sino un observador científico que dejó constancia de aquel y otros encuentros en su tesis doctoral, leída en 1968 y publicada después en forma de libro bajo el título Tearoom trade: a study of homosexual encounters in public places (Duckworth, 1970). Su autor era el sociólogo Laud Humphreys, cuyo trabajo generó tal polémica que se discutió la posibilidad de despojarle del título de doctor. Pero más allá del debate sobre sus métodos, la investigación de Humphreys abrió los ojos a toda una nación que hasta entonces mantenía la homosexualidad y la bisexualidad encerradas en el armario.

América profunda
Las raíces de Humphreys calcan el tópico de la América profunda. Nacido en 1930 en la pequeña ciudad de Chickasha, en Oklahoma, su madre falleció cuando él tenía 15 años. Su padre era un político del estado dedicado a promover leyes que prohibían ciertas actividades los domingos, y a crear una escuela especial de derecho en el propio capitolio estatal para evitar el incómodo problema de admitir a los negros en la universidad.

A los 25, Humphreys abandonó su religión metodista de origen en favor de la Iglesia Episcopal, afiliada a la comunión anglicana. Entonces cambió su nombre de Robert Allan por el de Laud en honor a un arzobispo de Canterbury del siglo XVII. Poco después entró en el seminario y fue ordenado sacerdote, pasando a ejercer durante diez años en diversas parroquias de Oklahoma, Colorado y Kansas.

Sin embargo, Humphreys fue desde joven una china en el zapato de la América profunda. Su defensa de los derechos civiles y de la población negra le ganaron numerosas enemistades durante sus años de sacerdocio, llegando a ser calificado como "amante de los negratas y comunista", según John F. Galliher, Wayne H. Brekhus y David P. Keys, autores de Laud Humphreys: Prophet of Homosexuality and Sociology (University of Wisconsin Press, 2004). Finalmente, en 1965 fue despedido de la parroquia de St. James, en un barrio acomodado de Wichita (Kansas), por acusar a sus ricos feligreses de no actuar contra la pobreza.

Había otro motivo más por el que Humphreys no encajaba en su ambiente de origen: era gay. Pese a que algunos de sus compañeros en el sacerdocio conocían su homosexualidad, lo mantuvo en secreto durante años. En 1960 se casaba con Nancy Wallace, con quien adoptó una niña y un niño. Pero durante su época como pastor, Humphreys pudo comprobar que la puritana fachada de la América profunda ocultaba un gran secreto: muchos de aquellos intachables ciudadanos mantenían actividades sexuales extramaritales a escondidas, en no pocas ocasiones de naturaleza homosexual.

Etnografía en los 'tearooms'
Con todo este bagaje de experiencias, Humphreys estudió sociología en la Universidad Washington de San Luis, y tras su licenciatura decidió elaborar una tesis doctoral sobre los comportamientos homosexuales encubiertos de los hombres estadounidenses. Para ello se centró en lo que se conoce como ‘tearooms’ (literalmente, salones de té) [teteras], aseos públicos donde hombres desconocidos se encontraban para la práctica del sexo oral.

Durante su investigación, entre 1966 y 1967, Humphreys frecuentó varios ‘tearooms’ en los parques de San Luis, presenciando más de un centenar de felaciones. "Una tarde de verano, por ejemplo, fui testigo de 20 actos de felación en el transcurso de una hora, mientras esperaba en un ‘tearoom’ a que amainara una tormenta en la calle", escribía. "Los participantes me aseguran que no es raro en los ‘tearooms’ que un hombre haga felaciones a otros diez en un día. Personalmente he visto a un felador hacerse cargo de tres hombres en media hora de observación". El sociólogo añadía que a menudo los hombres "hacían cola para este tipo de servicio".

Es dudoso que el papel de Humphreys se limitara al de voyeur. "Su implicación pudo haber sido mayor de la que podía contar", escribieron sus biógrafos. Pero en cualquier caso, su función de 'watchqueen' era sólo un disfraz; la suya era una investigación etnográfica. Su objetivo no era estudiar los actos sexuales, sino a sus protagonistas: quiénes eran, cómo pensaban, por qué buscaban aquella actividad furtiva e impersonal. Para ello era esencial la conversación.

En ocasiones se identificó como investigador, pero dejó de hacerlo cuando comprobó que sólo aquellos con mayor nivel de estudios accedían a cooperar, lo que podía sesgar sus conclusiones. En su lugar, anotó las matrículas de los coches de 134 participantes, buscó sus domicilios y se presentó a entrevistarlos un año después para una supuesta encuesta de salud pública.

Derribando tópicos
Las conclusiones derribaron los tópicos que circulaban en la época sobre la homosexualidad. Para empezar, aquel comercio sexual no era tal en la mayoría de los casos. "Parecía que los amateurs superaban considerablemente en número a los profesionales", escribió Humphreys. El perfil de los participantes rompía los moldes: muchos de ellos no frecuentaban otros ambientes gais que los 'tearooms' y no se reconocían como homosexuales; estaban casados, incluso felizmente, tenían hijos y asistían a misa los domingos. Eran, en palabras de Humphreys, hombres de "Biblia en la mesa y bandera en la pared".

Así, Humphreys conoció a un reputado médico que amaba a su mujer "con sinceridad" y cuyos hijos estaban ya criados, pero para el cual "su día no estaba completo sin una visita a los baños públicos". Otro médico, cercano a los 60 años y con quien el sociólogo se aficionó a mantener agradables charlas, aparecía puntualmente desde hacía años en el mismo aseo todas las tardes excepto los miércoles, su día libre, "para una mamada".

Humphreys conoció a Tom, un químico treintañero de religión metodista, atractivo y deportista, casado con Myra, ama de casa católica, y con dos hijos. Tom acudía a los ‘tearooms’ desde que Myra, opuesta al uso de anticonceptivos, había recortado la vida sexual de la pareja. Otro de los entrevistados, en la crisis de la mediana edad, se ufanaba de su atractivo cuando era joven: "Todo el mundo quería chuparme la polla. ¡No me habrían cogido ni muerto con una de esas cosas en mi boca!". Pero los años habían hecho mella en su físico. "Así que aquí estoy, a los 40, con hijos crecidos, ¡y el mayor chupapollas de la ciudad!".

Casados y católicos
En conjunto, los resultados de Humphreys revelaron que el 54% de los encuestados estaban casados y vivían con su esposa. En el 63% de los casados, uno de los miembros de la pareja o ambos eran católicos. Sólo el 14% del total se correspondían con el cliché social del hombre homosexual integrado en la cultura gay, mientras que el 38% se declaraban heterosexuales y acudían a los ‘tearooms’ únicamente a recibir felaciones, pero no a practicarlas.

El estudio de Humphreys convulsionó los estereotipos de la puritana sociedad estadounidense, aunque su impacto quedó parcialmente oscurecido por la controversia sobre sus métodos de investigación, que recopilaban datos personales sin el consentimiento de los afectados. Pese a todo, el trabajo del sociólogo hoy perdura como uno de los estudios más importantes sobre la homosexualidad y la sexualidad encubierta.

El propio Humphreys salió del armario en 1974 y se divorció en 1980. Hasta su fallecimiento en 1988, ejerció un intenso activismo gay y contra la guerra de Vietnam, lo que le valió algún arresto y una ficha del FBI. Nunca fue aceptado por sus hermanos. Y ello a pesar de que, como el sociólogo, sólo supo tras el fallecimiento de su padre en 1953, el muy recto y decente congresista Ira Denver Humphreys había viajado durante años al carnaval de Nueva Orleans para mantener encuentros sexuales con hombres. En una carta póstuma, Laud le escribió: “lamento que tú y yo nunca compartiéramos los dos grandes secretos que nos privaron de estar mucho más cerca el uno del otro”.

2004/08/23

LIBROS | Galliher, John F. | Laud Humphreys: Prophet of Homosexuality and Sociology

Galliher, John F. (2004) [08-23]. Laud Humphreys: Prophet of Homosexuality and Sociology. University of Wisconsin.

Laud Humphreys (1930-1988) was a pioneering and fearless sociologist, an Episcopal priest, and a civil rights, gay, and antiwar activist. In graduate school during the late 1960s, he conducted extensive fieldwork in public restrooms in a St. Louis city park to discover patterns of impersonal sex among men. He published the results in Tearoom Trade. Three decades later the book still triggers many debates about the ethics of his research methods. In 1974, he was the first sociologist to come out as gay. ‘Laud Humphreys: Prophet of Homosexuality and Sociology’ examines the groundbreaking work through the life of a complex man and the life of the man through his controversial work. It is an invaluable contribution to sociology and a fascinating record of a courageous life.

1986/09/23

DOCUMENTACIÓN | AMBIENTE | CINE CARRETAS: LA CATEDRAL DEL MORBO HOMOSEXUAL

Cine Carretas: la catedral del morbo homosexual.
La sala aparece en la guía 'gay' internacional.
José María Cervantes | El País, 1986-09-23
https://elpais.com/diario/1986/09/24/madrid/527945061_850215.html 

La puerta de un local inevitable y sin competencia del mundillo gay se ubica en Madrid, ciudad de los mil vicios, y a la altura del número 13 de la populosa calle de Carretas. La atraviesan en su mayoría hombres de doble vida, terapeutas de cintura para abajo, aventureros sexuales que buscan a tientas, en lo oscuro de la sala, un alivio a sus sentimientos de ansiedad a través del amor urgente y del ligue rápido y anónimo.

Al viandante despistado, la fachada del cine Carretas le resulta poco llamativa: ni parpadea el nombre del local en tubos de neón, ni hay grandes carteleras anunciando el título de la película que se proyecta, ni los nombres de sus protagonistas. Sin embargo, sus asiduos han hecho que el nombre del cine aparezca en la guía ‘gay’ internacional. La deferencia se ha conseguido con el paso del tiempo, y es que la veteranía, incluso en el gueto, es un grado. La señora de la taquilla tiene asumido su papel; facilita los trámites para que el falso cinéfilo desaparezca cuanto antes de la luz del día. Ella le tiene preparada la entrada -cuesta 175 pesetas- antes de que él la solicite.

La señora de la limpieza del local recuerda que aquí hubo en otros tiempos un bazar, "una especie de grandes almacenes", llamado paradójicamente Bazar X. Después, el solar se vendió y se transformó en sala de proyecciones.

Desde su fundación, pajilleras y sarasas ocuparon, circunstancial o casualmente, las localidades de la vasta sala. Los parroquianos más mayores no supieron dar respuesta a la pregunta de cuándo y por qué comenzó a crearse ambiente precisamente en el cine Carretas, a unos metros del kilómetro cero y de la extinta Dirección General de Seguridad.

A partir de aquí, todas las especulaciones son válidas. Es fácil imaginar que los homosexuales de antaño, tras muchos avatares, se vieron obligados a tomar como sede un lugar discreto para sus contactos y este cine queda ubicado en una zona neurálgica del Madrid sensual.

Lugar de desahogo
"Vengo para desahogarme, muchas veces vienes y no haces nada; das vueltas y vueltas. En ‘pubs’ y discotecas se liga poco, ahí la gente es tonta. Aquí por lo menos puedes conocer a alguien o tener un contacto. Lo importante es que conozcas a alguien, que nunca o casi nunca se conoce. Yo me voy de aquí igual que he entrado y sin hacer nada con nadie". Son palabras de un joven de 26 años, ‘gay’, que trabaja en el gremio de hostelería y que acude al cine Carretas desde que llegó a Madrid, hace tres años. Juan, otro homosexual, dice conocer más a fondo el ambiente del local, puesto que fue en este cine, a los 19 años, viendo una película de miedo, cuando se inició en las prácticas homosexuales. Ahora alcanza la treintena y confiesa que durante diez años no pisó el local. Según él, antes la gente que asistía a esta sala "era mucho más sana, podías hablar un poquito más y en cambio ahora, ¡hala, aquí te pillo y aquí te mato! y adiós, muy buenas. Ni comunicación ni nada", denuncia. "Antes ligabas, hablabas en el cine, luego te ibas para casa o a otro sitio, pero fuera de aquí. Ahora veo que lo hacen todo en la butaca, ensuciándolo todo. Igual te sientas y, no te digo nada... Es una guarrería".

"Lo del SIDA es una tontería"
El decálogo preventivo del SIDA no existe para la concurrencia: no se extreman las medidas higiénicas en las relaciones con desconocidos, el contacto bucal se establece como norma, los preservativos ni se conocen y el punto referido a la exclusión de los grupos de riesgo es el más vapuleado. Las masticadas siglas se conocen, pero no imponen a los presentes. "No me supone ningún reparo a la hora de hacer el amor. No pienso en ello. Tampoco utilizo el preservativo", dice uno. Otro manifiesta que no le infunde pánico, "por eso estoy aquí; además, hay gente que muere de otras cosas: en la carretera, de cáncer. Es una tontería. Hay que tener cuidado, como en todo". Hay también opiniones adversas: "Sí, me preocupa. Pongo los medios para no ser receptor del virus, utilizando por ejemplo el preservativo, aunque el acto sexual resulte diferente". "¿Para qué usarlo, si no hay peligro de embarazo?", opina otro asiduo en tono jocoso.

Los mismos rostros
La tipología y la clase social del público es variada: estudiantes, jubilados, ejecutivos, reclutas de paseo, modistos, escritores, chaperos, cabezas de familia, chulos de altos vuelos, mariquitas plumeras, travestidos, jóvenes, maduros y viejos, sobre todo viejos."Siempre venimos los mismos, un 70% de la gente que ves ahora te la puedes encontrar otro día. Son los mismos rostros. Varía un poco los domingos y en fiestas". Un editor critica la postura de los maridos "que vienen a pasar el rato y después se van a casa para reunirse con la mujer y los hijos. Me parece mal que hagan esto, muy mal. Demuestran ser unos cobardes que han conocido la homosexualidad después de casados y otros que han nacido así y que se han casado por la familia, ya sabes, por el qué dirán, cosas de esta sociedad".

Despistados hay pocos, pues "la gente viene aquí a sabiendas de lo que se va a encontrar. Y si la gente acude a ver la película, no le pasa nada. Esa persona habrá descubierto el último cine que hay en el mundo. Para mí esto es una cuadra". Son las manifestaciones de un joven, con barba, que afirma haber caído allí con su novia por casualidad.

El portero reconoce que son muchos los tiques que recorta cada noche. Trabaja siete horas y lo que haga el público en las butacas no le importa. "Cada uno es libre de hacer lo que le apetezca, siempre que no se metan conmigo, claro, ni con mis compañeros". Dice que en alguna ocasión ha tenido problemas con algún espectador, "porque se han confundido conmigo y se piensan que todos somos de la misma clase; no paso eso ni un milímetro", advierte.

1980/08/14

PELÍCULAS | Friedkin, William | A la caza

Friedkin, William (Director) (1980). A la caza [Cruising]. Lorimar Television ; CiP - Europaische Treuhand AG.

A la caza [Cruising]. 1980. Estados Unidos. 1980-08-14. 106 min. Dirección: William Friedkin. Guion: William Friedkin, Gerald Walker. Reparto: Al Pacino, Paul Sorvino, Karen Allen, Richard Cox, Joe Spinell, Gene Davis, Barton Heyman, Powers Boothe, Randy Jurgenson, Jimmie Ray Weeks, James Remar, Don Scardino, Jay Acovone, Ed O'Neill, Arnaldo Santana, Larry Atlas, Allan Miller, Sonny Grosso, Michael Aronin, William Russ, Mike Starr, Steve Inwood, Keith Prentice, Leo Burmester, James Sutorius, Richard Jamieson, James Hayden, Robert Osth, Henry Judd Baker, Burr DeBenning, Ray Vitte, Bob Duggan, Dan Sturkie, Linda Gary. Lorimar Television ; CiP - Europaische Treuhand AG.

Un policía (Al Pacino) se ve obligado a infiltrarse en los ambientes gays más sórdidos de Nueva York para atrapar a un asesino de homosexuales.

El cruising en el cine
Javier Parra Sábado | e-cartelera, 2020-02-15

https://www.ecartelera.com/noticias/cruising-en-el-cine-59636/3/

Estrenada hace cuarenta años, 'A la caza' conseguía ser en el momento de su estreno todo un escándalo, contra la cual se alzaron las voces del colectivo gay al considerar que el film venía a perpetuar el cliché negativo hacia los homosexuales. Sin ir más lejos, el paso de los años fue lo que acabó convirtiendo la película en una pieza de culto del thriller y de la representación LGTB, y la cual no era más que la adaptación de una novela homónima ('Cruising', en su título original).

El uso del término "cruising" en el argot gay, vendría derivado del hecho de querer protegerse de la persecución a la que se veía sometido el colectivo, con motivo de crear un lenguaje propio que no entendiesen los heterosexuales, y así poder referirse al cruising de forma abierta en todo tipo de lugares, sin que aquellos que no fuesen homosexuales y/o no estuviesen familiarizados con la palabra y su total significado, pudiesen sospechar que la referencia real era a la búsqueda de una pareja sexual en lugares públicos, normalmente para encuentros furtivos y (casi siempre) anónimos.

Poco explotado
Los tan dispares William Friedkin o Albert Serra han sido algunos de los que se han encargado de llevar a cabo los parámetros del cruising al cine, aunque cada uno a su manera y con diferentes visiones acerca de este, siempre teniendo en cuenta la máxima que supone el sexo libre y la libertad, ya sea desde una perspectiva de thriller que bien podría ser un slasher al uso (el caso de 'A la caza'), o desde un tipo de cine más experimental y totalmente adepto a las corrientes del cine de autor (el caso de 'Liberté', la última obra del cineasta catalán).

Sin embargo, y pese a que el cine queer (y con él, los dramas exentos o no de romance) haya tenido en cuenta algo como el cruising en algunas de sus representaciones, a cuatro décadas desde su estreno sigue siendo la película de Friedkin la que mayor relevancia sigue teniendo en una temática tan concreta como esta (con permiso de la más reciente 'El desconocido del lago'), la cual se ha visto incluso revisitada en forma de falso documental en los últimos años.

  • 'A la caza' / Basada en la novela de Gerald Walker que el propio William Friedkin adaptaría al guion, 'A la caza' pasó a ser una de aquellas películas que en su momento masacró la crítica (incluso le cayeron tres nominaciones a los Razzie), y que a día de hoy ha conseguido el estatus de culto que merece. Protagonizada por Al Pacino y Paul Sorvino, el primero se metía en la piel de un policía que deberá introducirse en el mundo de la escena nocturna de los clubes gays de Nueva York, donde un asesino ha empezado a seleccionar a sus víctimas, mostrando una ciudad absolutamente sórdida y despiadada.
  • 'El desconocido del lago' / Alain Guiraudie conseguía el premio al Mejor Director en Cannes dentro de Un Certain Regard gracias a 'El desconocido del lago', un thriller erótico que causó polémica por sus secuencias de sexo real entre hombres que escandalizaron a cierto sector del público. Su historia nos llevaba hasta un caluroso verano, donde en las orillas de un lago, Franck (Pierre Deladonchamps) se deja llevar por los placeres de la carne en ese espacio frecuentado por quienes hacen cruising. Todo se empezará a torcer cuando un hombre aparezca ahogado.
  • 'Amor eterno' / Marçal Forés presentaba su tercer largometraje en 2014, título enmarcado dentro de los trabajos de la productora #LittleSecretFilm, y el cual nos llevaba hasta un espacio icónico del cruising en Barcelona: Montjuïc. En ella, Joan Bentallé era Carlos, un profesor de la escuela de idiomas que pasa las horas después de su trabajo haciendo cruising. Ahí se topará con Toni (Aimar Vega), uno de sus alumnos, con quien iniciará un idilio de tintes prohibidos.
  • 'Interior. Leather Bar' / Partiendo de la premisa de que más de 40 minutos de metraje de 'A la caza' fueron recortados en la sala de montaje, James Franco dirige junto a Travis Mathews lo que vendría a ser una recreación de aquellos hechos que nunca vieron la luz. Así es como 'Interior. Leather Bar' viene a ser un documental ficcionado sobre el título de culto de Friedkin, con el que Franco sorprendió al público de Sundance y la Berlinale de 2013.
  • 'Beach Rats' / Eliza Hittman escribe y dirige 'Beach Rats', título con el que ganaba el premio a la Mejor Dirección en Sundance dentro de la categoría de Drama. En ella, ensalzada ya como una de las películas queer a tener en cuenta para el futuro, conocíamos a un joven de Brooklyn (Harris Dickinson) que vive rodeado de una masculinidad tóxica, la cual no le acaba de dejarse definir en cuanto a sus verdaderos sentimientos e impulsos, los cuales alivia en brazos de hombres que conoce en lugares de encuentro y vía online.
  • 'Liberté' / Nadie mejor que Albert Serra para firmar una de las películas más radicales que se han podido ver acerca de los años previos a la Revolución Francesa, y por la que Premio Especial del Jurado en Un Certain Regard del Cannes de 2019. En ella, el director nos presenta a tres miembros de la alta sociedad que han sido expulsados de la corte, y cuyas intenciones no son otras que llegar hasta los dominios de un afamado duque alemán, con quien comparten sus ideales de libertinaje, con la intención de promover el sexo libre por Alemania, convirtiendo un espacio en el que pasarán la noche en algo propio de lo que muchos tacharían de Sodoma y Gomorra.
  • 'Fin de siglo' / Lucio Castro escribe y dirige 'Fin de siglo', considerada ya por muchos como la nueva 'Weekend' (con la que Andrew Haigh conmovió al público y a la crítica en 2011) y ganadora del premio a la Mejor Película Argentina en el BAFICI. En esta, y pese a que el cruising aparezca como algo anecdótico, seremos testigos del encuentro de dos hombres en Barcelona, el cual hará que aflore entre ellos una serie de emociones que tienen que ver con el hecho de que ya se conocieron hace años.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...