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2021/10/25

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | JULIO AUMENTE, CIEN AÑOS DEL PRÍNCIPE ESTETA Y DECADENTE DE 'CÁNTICO'

Julio Aumente, cien años del príncipe esteta y decadente de Cántico.
Nació en Córdoba el 29 de octubre de 1921, colaboró en la mítica revista desde su inicio, dejó de escribir y marchó a Madrid. Volvió a la literatura en los años 80 con una poesía libérrima, en un regreso a la juventud, la vida y el deseo.
Félix Ruiz Cardador | ABC, 2021-10-25
https://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/sevi-julio-aumente-cien-anos-principe-esteta-y-decadente-cantico-202110252129_noticia.html 

El viernes 29 de octubre se cumplirán cien años del nacimiento de Julio Aumente Martínez-Rücker, uno de los cinco poetas canónicos de l Grupo Cántico junto a Juan Bernier, Ricardo Molina, Pablo García Baena y Mario López. Nacido en Córdoba en 1921, fue un hombre de personalidad singular, un esteta.

Sabio en heráldica y genealogía, con no poco de espíritu aristócrata y de príncipe distinguido y distante, mantuvo con Córdoba una relación a veces despegada, a pesar de que era nieto del compositor Cipriano Martínez Rücker y procedía de un ambiente familiar cordobés de situación desahogada.

Se licenció en Derecho, pero pronto comenzó a escribir versos. Aunque la vida se la ganaría finalmente de otro modo: como tasador de arte y antigüedades en Madrid , donde se marchó a mediados de los 60.

Residía en un amplio piso en la calle Bárbara de Braganza, a escasos minutos de la Cibeles y el Paseo de Recoletos y repleto de antigüedades que le daban a su casa un aire ‘dannunziano’. Muy enfermo ya, su familia lo trasladó a Córdoba, donde murió en el verano de 2006.

La obra poética de Aumente, suntuosa en origen y marcada en sus últimos años por sus ansias de vivir y una sensualidad homosexual no exenta de ironía posmoderna, se divide en dos etapas, como en el caso de otros coetáneos suyos. La primera la componen sus libros de juventud, que van unidos a la revista ‘Cántico’ y a esos primeros años en los que casi todos sus miembros vivían en Córdoba y trataban de hacerse un hueco en la poesía española .

El desdén con el que fueron recibidos, pues la poesía de entonces se debatía entre el realismo socialista y las nostalgias imperiales sin mucho espacio para la intimidad, provocó la diáspora. También el silencio de varios de los autores adscritos a la revista. Serían los jóvenes profesores y poetas Carlos Clementson y Guillermo Carnero los que, con sus estudios sobre Cántico, acabarían por resituar al grupo en el mapa en los años 70, lo que propició que sus autores volviesen a escribir. Ese es el caso de García Baena y también de Aumente, al que espoleó un joven amigo, el también poeta Luis Antonio de Villena .

Clementson explica de la primera fase de Aumente que era «un autor muy influenciado en ese momento por Luis Cernuda, pero al mismo tiempo un gran artífice del soneto, en la estela de Góngora». De esos años primeros son sus libros ‘El aire que no vuelve’ (1955) y ‘Los silencios’ (1958). Aunque siguió escribiendo hasta su marcha a Madrid, no volvió a publicar y fue de los autores de Cántico el que se mantenía más alejado de los viejos recuerdos.

Tenía con la ciudad una relación ambivalente, fundada en cierta sensación de despecho por haberse sentido en ella desdeñado en su juventud. Esa distancia con su ciudad de origen la plasmó en versos que no llegó a publicar. Finalmente, algo se aplacó esa amargura en sus últimos años, cuando el Ayuntamiento colaboró en la publicación de sus poesías completas y la prensa cordobesa comenzó a reconocerlo como uno de los grandes autores del XX.

La etapa de desencanto y alejamiento total de la escritura se extendió entre los 60 y los 70, década esta última en la que lo empezó a frecuentar Luis Antonio de Villena por recomendación de Pablo García Baena, con el que por entonces se carteaba. «Nos hicimos muy amigos», explica a ABC De Villena, que lo visitaba un par de veces al mes para cenar con él.

En esas charlas el joven autor incitaba al amigo veterano a que volviese a la poesía, algo que no fue fácil pues Aumente le reconocía que llevaba diez años sin escribir. Recuerda De Villena que el autor cordobés se sentía en esa época de vuelta de todo, en la fase final de la vida.

Incluso parecía haber cerrado las puertas a la vida sentimental. En sus tarjetas de visita incluía largos títulos con un punto decadente e irónico, ropajes verbales que eran parte de la personalidad que se había creado. En sus poemas posteriores, llegaría a reconocer que se había perdido la vida por hacerse «el interesante».

Sus últimos años fueron por ello un estallido y una liberación, un rejuvenecimiento de un hombre que, en parte por decadentismo y en parte como protección, había decidido ser viejo antes de tiempo. Por una parte, comenzó a hacer vida social con nuevos amantes y amores y se echó a las calles de Madrid para vivirlas, lo que sería una fuente de inspiración para sus poemas de gran carga homoerótica y políticamente incorrectos, propios de un escritor que ya no estaba sujeto a la convenciones .

En 1982 publicó ‘Por la pendiente oscura’, en la que reunía los poemas escritos entre el 47 y el 65, pero aún muy en la senda de Cántico. La sorpresa llegó cuando al fin le hizo caso a Luis Antonio de Villena y empezó a escribir textos nuevos. De esos bríos recobrados surgieron libros fundamentales en su obra como ‘La antesala’, que publicó en 1983 Visor con prólogo del propio De Villena. Una década más tarde llegaría ‘El canto de las arpías’, que Villena ha calificado como «poemas coloquiales, palabras de germanía juvenil, marginación, mundo urbano , inmensa sed de vida, ironía y sátira».

En sus últimos años, Aumente vio publicados sus poemas completos en Visor, con prólogo de De Villena y el trabajo compilatorio de Rafael Inglada. En 2017 apareció en la editorial Renacimiento la antología ‘Bellezas y arpías’, editada por Luis Antonio de Villena. Ahora, con motivo del centenario, Rafael Inglada ha publicado una edición de 50 ejemplares con algunos poemas inéditos de los años 80 y 90.

Estas reediciones y tributos mantienen viva la memoria de un autor singular cuya existencia estuvo cargada de anécdotas y que, según cuenta De Villena, acabó sus días poniéndose del lado de los ‘skaters’ adolescentes del Paseo de Recoletos en los conflictos que mantenían con los jubilados que se sentaban por allí.

«Fue siempre un defensor de la juventud», explica Luis Antonio de Villena sobre este escritor cordobés que quizá nació antes de tiempo y que en sus últimos años decidió rejuvenecer. Su leyenda heterodoxa ahí sigue en sus versos para quien la quiera conocer.

Contra trepas y arribistas
Julio Aumente no sólo se alejó de la poesía, de Córdoba y de Cántico, sino también de los foros literarios. Aunque vivía muy cerca de lugares emblemáticos como el café Gijón, donde era fácil ver a otro poeta cordobés como Manuel Álvarez Ortega, nunca sintió Aumente interés alguno por ese mundo y se recluyó en su piso, en sus jóvenes amantes, en sus lecturas y genealogías.

«Julio sólo veía en el mundo literario el interés de unos y otros, a trepas y arribistas», explica Luis Antonio de Villena. Todo eso hizo de él un poeta casi secreto. Los amigos y el talento singular de sus versos, más que la propia insistencia, lo llevaron a publicar en algunas de las mejores editoriales de su tiempo.

2019/06/29

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | 'EPENTISMO': ASÍ ERA LA 'MASONERÍA GAY' DEL 27

"Epentismo": Así era la «masonería gay» del 27.
Los poetas homosexuales de la época, forzados a esconder su tendencia sexual, crearon códigos de reconocimiento entre ellos, de los que, el más llamativo, fue la invención de Lorca de una palabra que les sirviera, en tono jocoso, para definir su mutuo entendimiento.
Gonzalo Núñez | La Razón, 2019-06-29
https://www.larazon.es/cultura/epentismo-asi-era-la-masoneria-gay-del-27-HA23984113/ 

Si colocáramos en fila todas las palabras y expresiones que, a lo largo de la historia, han servido de eufemismo a la condición de homosexual, habría suficientes letras como para recubrir no una, sino dos, tres o cuatro plazas de Chueca. Nada como «el amor que no osa decir su nombre» (Oscar Wilde) se ha expresado con más cantidad de silencios, sobreentendidos, medias palabras o nombres encubridores, caretas y máscaras de una orientación reprimida. Muchos han sido los idiomas y las contraseñas de la homosexualidad a lo largo de la historia, el idiolecto de los «entendidos», fuese éste un lenguaje gestual, social (ropa, hábitos compartidos, etcétera) o realmente fonético. En el Londres de los 50 y 60, por ejemplo, el Polari (contaminado del italiano y las lenguas romances) se convirtió en el «slang» de los maricas de la la metrópoli británica. Y en Estados Unidos, el enorme éxito de «El mago de Oz» llevó a los gays a usar la expresión «amigos de Dorothy» («Friend of Dorothy», abreviado como FOD) para vincularse y reconocerse en medio de un entorno hostil.

Intelectuales y torerillos
Y así llegamos al «epentismo», que sería la palabra clave, el «amigo de Dorothy» de la intelectualidad homosexual española de los años 30: la contraseña con la que se engarzaban y se parodiaban Federico García Lorca y el círculo de invertidos, muchos de ellos grandes poetas, que pululaban por el Madrid a caballo entre la dictadura de Primo de Rivera y la II República. Lo primero que habría que decir es que el «epentismo» no es un fenómeno extendido. Es más bien la broma interna de una serie de creadores que, como era habitual en la época, escondían de puertas afuera su orientación sexual. Pero estos «epentes» no eran moco de pavo: Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Carlos Morla Lynch, Eduardo Blanco Amor, una galaxia a la que se sumaban como satélites aquella cofradía de amigos homosexuales de distinta extracción (a veces hasta buscavidas o torerillos) que tenían algo en común: el pecado nefando.

A Luis Antonio de Villena, fue un ya anciano Vicente Alexandre quien le puso en antecedentes de aquel término: «''Epentismo'' y ''epente'' eran (según todos, pero yo lo supe primero por Aleixandre) términos inventados por Federico para aludir a la homosexualidad o a los homosexuales en contextos donde la palabra –en los años 30 y aún con la libertad de la República– eran indecibles. Por ejemplo, todos sabían (en intimidad) que el gran erudito José María de Cossío era homosexual, pero eso era secreto y nadie lo hablaba. Así, en una comida Federico le decía a Vicente: ''He oído que Cossío es un gran estudioso del epentismo. ¿Tú lo sabías?''. Y Aleixandre contestaba: ''Sí, lo sabía. Sé que lo ha estudiado mucho. Es un ''epente'' muy notable''».

El origen: «intercalar»
Buena parte de lo que narra Ian Gibson en «Lorca y el mundo gay» le viene de sus conversaciones con Luis Antonio de Villena, que trató a Aleixandre y Blanco Amor ya en los años 70 y quienes le confiaron mucho de sus vidas privadas. Pero el biógrafo del poeta granadino añade datos jugosos, como la raíz etimológica y la metáfora que dio pie a la palabra: según el británico viene del griego «epéntesis», o sea, «intercalar», y añade Gibson que se trata de una «figura de dicción, según la Real Academia de la Lengua, que consiste en añadir algún sonido dentro de un vocablo, como ''coránica'' por ''crónica''». El hecho de consistir en una intercalación ya da idea de por dónde iban los tiros de la palabra «epente». Según Saiz de la Calzada –añade siempre Gibson–, se referiría también con el término «a los que crean, pero no procrean».

«¡Somos la gran masonería epéntica!», solía decir Lorca con humor. Las cartas entre todos ellos ofrecen ejemplos del uso jocoso de esta palabra. Letras de Lorca a Aleixandre, a Blanco Amor... Y, desde luego, a Rafael Sánchez Nadal, gran íntimo amigo del poeta. «El epentismo granadino es ya epidemia. ¡Qué barbaridad!», le escribe a este último en una misiva en 1934.

Y es que, más allá de los, digamos, socios preferentes, en el círculo del «epentismo» se movían, como es natural, los amantes pasajeros de estos artistas. Algunos incluso rebotaron de unos a otros. Ese fue por ejemplo el caso de Serafín Fernández Ferro, un gallego de familia de anarquistas y formación autodidacta que se ganaba la vida a los 17 años en Madrid ejerciendo todo tipo de profesiones, incluida la de chapero. Fue en el café El Universal, en 1931, cuando conoció a los «epentistas». Según el relato de los orígenes de esa relación, parece ser que el gallego se acercó a Lorca y Rafael Martínez Nadal, y les pidió un pepito de ternera porque llevaba días sin comer. Se supone que se insinuó al poeta andaluz, pero éste rechazó la oferta, aunque otras fuentes indican que pudo tener un «affaire» con él más tarde. Lo que está claro es que Lorca le procuró contactos para trabajar y le consiguió un amante fiel: Luis Cernuda. Morla Lynch descirbe a Serafín Fernández como un bello muchacho de cara «chispeante, simpática y agraciada. Pequeño de estatura, pero proporcionado, de cabellera ondulada y de tez ligeramente broncínea, tiene esa expresión, entre risueña y dolorida, propia de los adolescentes que acaban de atravesar por una infancia triste», según dejó escrito el músico y diplomático, de orígenes acomodados, pero que se sentía cómodo con las clases más populares.

El dinero de Cernuda
Cernuda lo adoptó y financió, y Serafín se dejó querer, tanto que Aleixandre, otro de los «epentes» a quien Lorca recomendó el chaval y que presenció la toxicidad de la relación, llegó a calificarlo de «un chulito de barrio que le hizo sufrir mucho, pues el pobre Luis se enamoró perdidamente y el tal Serafín le hacía poco caso, salvo para pedirle dinero». Sin embargo, este «chulito de barrio», según su descripción, tocó en el poeta sevillano las cuerdas precisas para extraer de él un poemario que se encuentra entre lo más alto de nuestra lírica, «Donde habite el olvido». Blanco Amor también lo tuvo bajo su tutela, y se supone que tuvieron una relación, pero sus recuerdos de Serafín no eran halagüeños y se desconoce si dejó algún fruto literario. El joven gallego acabaría inmerso en el mundo del teatro y, al haber compartido ambiente con los escritores, probó suerte en la poesía. En 1939 tuvo un pequeño papel en «L’espoir-Sierra de Teruel», de Malraux, y luego se le pierde la pista en México.

La guerra disgregó aquella «masonería gay» que refulgió en los años 30. El triste destino de Lorca ya se sabe que hay que buscarlo bajo tierra, quizá cerca de Víznar, donde fue asesinado, mientras Blanco Amor se exilió a Argentina hasta 1965. Cernuda acabó sus días en México presa de otro amor totalizante por un fornido culturista que le inspiró la maravillosa «Palabras para un cuerpo», a Ernesto Guerra de la Cal, otro «epente», la guerra le pilló en Nueva York y en aquellos lares se quedó. Por último, a Aleixandre le tocó en suerte el exilio interior y custodiar la memoria de aquella cofradía de talentosos homosexuales que nunca pudieron decir demasiado alto el tipo de amor que cultivaban.

Morla Lynch, el diplomático y los «garzones»
Por los salones de su distinguida casa del barrio de Salamanca, con vistas al Retiro, pasó lo más granado de la intelectualidad y la literatura española de la Edad de Plata. Carlos Morla Lynch, fue embajador de Chile en España entre 1928 y 1939. Nacido en París en 1888 era conservador, cercano a los falangistas y hasta admirador de Hitler en los años 30, pero todo ello no obstaculizó su admiración y amistad con los «epentistas» y, especialmente, con Lorca, ese granadino que describe como «guasón, bromista, chacotero, disipador de nubarrones», según sus palabras. Llegó a Madrid en 1928 por primera vez y regresó en 1930 tras residir en varios países. Hombre de mundo y elegante, sintió siempre, sin embargo, una querencia hacia las clases bajas y cultivó amores con todo tipo de jóvenes de humilde extracción. Como escribe Andrés Trapiello esa «afición a los guapos garzones le franqueó las puertas del muy clandestino club del que eran socios Lorca, Cernuda y otros artistas del 27».

«El Público», para buenos entendedores
Francisco Umbral veía a Lorca «el cantor de las tres grandes razas postergadas de nuestra civilización: los gitanos, los negros y los homosexuales». Pero, respecto a esta última, ni Lorca hizo gala de esta condición, por no ser aceptada en la época, ni sus obras se pueden leer directamente desde su homosexualidad. Aunque en todo su trabajo hay trazas de ello y de sus amores (como en «Los sonetos del amor oscuro», escritos bajo la influencia de Rafael Rodríguez Rapún), fue con la obra de teatro «El público» donde más cerca estuvo el escritor de mostrar su condición sexual. Eso sí, lo hizo a través de una dramaturgia rupturista, nada clásica, mostrando tanto como escondiendo. Sin embargo, Lorca llegó a proyectar un drama, éste sí realista, tradicional, sobre el asunto de la homosexualidad. Se iba a llamar «La bola negra» y en él quedaría claro el tema. Pero nunca llegó a escribirse.

2019/04/30

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ÁNGEL VÁZQUEZ, EL ÚLTIMO MALDITO

Ángel Vázquez, el último maldito.
El Festival de Cine africano de Tarifa estrena el primer documental sobre el escritor tangerino, autor de la novela de culto 'La vida perra de Juanita Narboni'
Amalia Bulnes | El País, 2019-04-30
https://elpais.com/ccaa/2019/04/29/andalucia/1556569976_536538.html 

Sus gruesas gafas de incontables dioptrías le aproximaban a la realidad aumentada que fue la vida en Tánger (Marruecos) en la primera mitad del siglo XX. De aspecto menudo, anodino –traje oscuro, corbata estrecha, todo en él de un color grisáceo oficinista–, la peripecia vital y literaria de Ángel Vázquez (Tánger, 1926 - Madrid, 1980) se situó siempre en las antípodas de su apariencia, anclada en un periodo histórico irrepetible y en un enclave geopolítico único que tan bien supo describir con esta sencilla comparación: "Tánger es una caracola que va recogiendo los peores ruidos del mundo".

El Festival de Cine Africano de Tarifa estrenó este lunes, tres décadas después de que la muerte le sorprendiera (o no tanto) borracho y solo en una pensión galdosiana del centro de Madrid, el documental ‘La vida perra’ (Producciones La Trinchera), un proyecto de los realizadores andaluces Pablo Macías y Soledad Villalba que pretende ser "la historia de una ciudad olvidada y un autor sepultado por sí mismo", explica Macías.

Samuel Beckett, Paul Bowles, Truman Capote, Allen Ginsberg, Juan Goytisolo, William Burroughs, Gertrude Stein, Tennessee Williams o Margarite Yourcenar conformaron toda una constelación de intelectuales occidentales atrapados en la fascinación orientalista de Tánger durante los años de su protectorado internacional (1923-1956). Libérrimo refugio de espías, disidentes, prostitutas, homosexuales y otros perseguidos en la vieja Europa, Tánger, a diferencia de los anteriores, no fue para Ángel Vázquez una ciudad de acogida, ni una estampa siempre observada por el visitante embelesado.

La puerta de África fue la cuna donde se fraguó su destino y su vocación literaria, su vida disoluta y su carácter extremadamente retraído sobre el que se ha construido la leyenda de autor maldito. "Sabíamos mucho del Tánger anglosajón, habíamos leído a Bowles, pero el prisma español lo descubrimos con ‘La vida perra de Juanita Narbona’, una obra maestra que fue la que nos condujo hacia su autor. Por eso esta película narra tanto la vida del escritor como la del espacio en el que se desarrolla su obra", explica el director.

Siguiendo el esquema de la gran novela tangerina de las letras españolas, Macías y Villalba han construido su documental replicando el corpus narrativo de ‘La vida perra de Juanita Narboni’, dividido en dos partes y seis capítulos "que le dan a la película un aire de novela, donde cada parte puede entenderse de manera independiente", añade el realizador.

Tras su proyección el lunes en Tarifa, ‘La vida perra’ se estrena el martes en el Instituto Cervantes de Tánger y cuenta con testimonios de algunas de las personas que lo acompañaron hasta el final de sus días, como Sharon E. Smith, viuda del pintor tangerino José Hernández, la investigadora Rocío Rojas-Marcos, el periodista Javier Valenzuela o el escritor Luis Antonio de Villena, que recuerda en el filme cómo Ángel Vázquez nació llamándose en realidad Antonio Vázquez Molina. "Cuando me enteré me eché a reír y le pregunté sorprendido por qué usaba un pseudónimo con tan poca diferencia respecto a su nombre real. Entonces me dijo que Antonio Vázquez era el nombre de un torero, algo que a él no le gustaba en absoluto", recoge el documental.

A través de estos testimonios se reconstruye la peripecia vital del hijo de Mariquita la sombrerera, natural del pueblo malagueño de Jubrique y asentada en Tánger "para huir de la pobreza y el hambre" en su Andalucía natal, recuerda Rojas-Marcos. Extremadamente tímido e introvertido, alejado de los círculos literarios, alcohólico y homosexual, Vázquez aprendió en la sombrerería materna la ‘haquetía’, particular dialecto tangerino utilizado por los judíos sefardíes, virgen hasta entonces para la literatura, pero que fue, sin embargo, la máxima singularidad de ‘La vida perra de Juanita Narboni’. Ángel Vázquez quedó finalista del Premio de la Crítica con este libro, después de obtener el Premio Planeta en 1962 con ‘Se enciende y se apaga una luz’. No obstante, su legado es escaso, apenas nueve cuentos y tres novelas, además de una discreta trayectoria periodística en el mítico diario ‘España’.

Pocas horas antes de su muerte a causa de un infarto, la dueña de la pensión lo descubrió quemando los manuscritos de varias novelas inacabadas. "Ángel era una persona con un carácter tan raro y una vida tan peculiar que no pudo nunca mantener un empleo ni una dedicación estable. En el diario ‘España’ decían que tenía un castellano precioso, pero iba y venía, no era constante. Incluso una vez estuvo contratado por un abogado que, después de varios meses, se empezó a dar cuenta de que perdía todos los casos por faltas de forma o por no llegar a los plazos. Y descubrieron que Ángel Vázquez nunca echaba las cartas al correo, simplemente se bebía el dinero de los franqueos y tiraba las cartas a la primera basura que encontraba", relata Rojas-Marcos en el filme.

2018/02/10

SOCUMENTACIÓN | MEMORIA | RECORDANDO A PABLO GARCÍA BAENA Y AL GRUPO CÁNTICO

Recordando a Pablo García Baena y al grupo Cántico.
Joaquín Brotóns Peñasco | Lanza Digital, 2018-02-10

https://www.lanzadigital.com/provincia/valdepenas/recordando-pablo-garcia-baena-al-grupo-cantico/ 

A estas alturas del siglo XXI, cuando la poesía de Pablo García Baena ya está traducida a varios idiomas y su obra permanecerá por siglos, no es necesario que yo diga que dicho autor era uno de los mejores, si no el mejor, poeta en lengua española

Conocí la obra de Pablo García Baena antes que al autor, ya que en 1982 adquirí en una librería de Madrid un ejemplar de su “Poesía completa 1940-1980”, que editó la conocida editorial Visor con un magnífico estudio introductorio de nuestro común amigo el prestigioso poeta, escritor y crítico literario Luis Antonio de Villena (Premio de la Crítica, entre otros muchos).

He de confesar que me sorprendió la poesía de García Baena, dada su riqueza verbal con acento gongorino y de gran sensualidad, junto a su lenguaje barroco, lujoso, esteticista, brillante..., unido a su vitalismo, comparable a la vida y la obra García Lorca o su admirado maestro Luis Cernuda, pero a P. García Baena no lo conocí personalmente y lo traté hasta 1983, poco tiempo antes de que le fuera concedido tan merecidamente el prestigiado “Premio Príncipe de Asturias de las Letras”, que cambió su vida totalmente, ya que pasó de ser un vate de culto en su tierra, pero casi olvidado, ignorado, marginado, ninguneando, en el resto del país, como todos sus compañeros poetas que crearon el “Grupo Cántico” y la revista del mismo nombre, que fueron: Juan Bernier, Pablo García Baena, Ricardo Molina, Julio Aumente, Mario López y los pintores Miguel del Moral y Ginés Liébana -el único que queda vivo-, que, en una Córdoba represora, reprimida y falta de libertades -como toda España- por el régimen del dictador Francisco Franco, se atrevieron a crear la citada revista en 1947, que publicó a poetas que estaban vetados en el país, como el citado Cernuda, exiliado en Méjico y al que dedicaron un número extraordinario, que el poeta de Sevilla agradeció mucho, dado el olvido premeditado a que era sometido en aquella España gris, que vestía de negro y todavía pasaba hambre.

Dos etapas en la revista

Dicha revista tuvo dos etapas: 1947-1949 y 1954-1957, pero que, ante tanta desidia dejaron de publicar y la mayoría de sus miembros también, y se marcharon a otras ciudades a vivir, donde se dedicaron a diversos oficios y empleos muy diferentes, aunque García Baena se instaló en Torremolinos y abrió una tienda de antigüedades, que se llamaba “El Baúl”, en el edificio de “La Nogalera”, actualmente zona gay y con un ambiente tan diferente al de los años 80.

Al citado comercio -donde por información de un amigo y venciendo mi natural e innata timidez-, me acerqué una mañana a conocerle personalmente y llevarle un ejemplar de su poesía completa, que me dedicó muy complacido con la siguiente dedicatoria: “Mi Poesía Completa (1940-1980) para Joaquín Brotóns, entre la poesía y la tierra roja de su Valdepeñas, hoy aquí, junto al Mediterráneo andaluz. Con un abrazo, P. García Baena”; lo que hizo don Pablo, tras dejar de leer el libro “Bomarzo”, que tenía entre las manos y empezar a charlar conmigo largo tiempo sobre nuestras ambas obras poéticas, aunque él era muy recatado y poco dado a comentar la suya, ya que era un hombre sencillo, humilde, nada pedante, entrañable, educado, culto, fino, exquisito y muy amigo de sus amigos, como me demostró a lo largo de nuestra larga relación de amistad de casi 35 años, en los que me escribió varios textos sobre mi obra y colaboró en nº 14, monográfico que me dedicó la revista literaria “El Cardo de Bronce”, escritos, que pueden leer en el apartado “Críticas y Opiniones”, en mi página: www.joaquinbrotons.com

También me presentó en el “Centro Cultural de la Generación del 27”, en Málaga (acto que organizó el Área de Cultura de la Diputación de esta provincia y que publicó un precioso cuaderno con un magnífico prólogo de Luis Antonio de Villena y 6 poemas míos inéditos), y mantuvimos una cálida amistad, dado que todos los veranos yo pasaba el mes de septiembre en Torremolinos -cuando era llamada “La ciudad del pecado”-, lo que hacía que cenáramos todas las noches en un restaurante de la playa de “La Carihuela”, junto a Pepíto de Miguel -paisano, amigo y socio en la tienda de antigüedades-, Rafael Medina -extraordinario pintor-restaurador y hombre simpático en extremo-, Rafael Pérez Estrada -excelente persona, abogado, mejor escritor, dibujante y muy bien humorado- y el “enloquecido” Noble, Carlos Ruiz Padilla -“Conde de Casa Padilla”-, poeta, pintor y personaje único e irrepetible, que me apodó “El Cavafis de La Mancha”, grupo que, después de la cena nos marchábamos a tomar copas y ligar a los bares de ambiente: La Rosa Negra, Arcos, La buba, Potros... y tantos otros donde abundaban los muchachos venales: árabes, portugueses, brasileños, españoles...

El gran poeta Vicente Núñez
A Pablo le debo, entre otras tantas cosas, haber conocido al gran poeta Vicente Núñez (Premio de la Crítica), que vivía alejado del mundillo literario -que detestaba- en su pueblo natal: Aguilar de la Frontera (Córdoba), íntimo amigo de García Baena, que me habló de él y me lo presentó, diciéndonos: “Seguro que os entendéis muy bien”, pronóstico que fue cierto y muy acertado, ya que se convirtió en uno de mis mejores amigos y escritores andaluces, hasta el extremo de que todos los años a la vuelta de mis vacaciones en Málaga, iba a visitarlo y pasar un par de días con él.

No he conocido a un ser más entrañable, cálido, inteligente, fino, exquisito, culto y con un extraordinario sentido del humor, que compartía el vino y la amistad igualmente con jornaleros, que con los ricachones del pueblo, y que convirtió la tragedia de su vida, el fracaso... en una comedia, en la que la ”Risoterapia” -como él decía- eran imprescindible, acompañada con unas copas de Montilla-Moriles en la taberna de “El Tuta”, en la preciosa plaza ochavada de su amado pueblo: Aguilar, que, tras otorgarle el Premio de la Crítica, le puso su nombre a la calle donde vivía y lo nombró “Hijo Predilecto”, pero cuyo trato fue muy distinto antes del citado galardón, que no le tenían tanta estima... En aquella mítica taberna de “El Tuta”, que era su oficina, la tarde en la que ya regresaba yo a Valdepeñas, me regaló un ejemplar de su libro “Ocaso en Poley”, que fue por el que le concedieron el Premio de la Crítica; poemario en el que me escribió: “Mi Ocaso en Poley, para Joaquín Brotóns, a quien descubro y quiero ya mucho en nuestro Poley de llanto y risas». Vicente.

Asimismo, Pablo me puso en contacto con Juan Bernier, que ya estaba en una Residencia de Ancianos de Córdoba, donde fui a visitarlo en 1985 y le regalé un ejemplar dedicado de mi antología: “La desnudez cómplice de los dioses”, y él me envío, poco tiempo después, su última 'Antología Poética', en la que escribió la dedicatoria: “A Joaquín Brotóns, poeta y amigo, con mi agradecimiento por su estupenda y valiente antología. Un abrazo, Juan Bernier, 1986, Agosto”. También Bernier era un magnífico prosista y poeta, hombre bonachón, muy culto y experto en Arqueología, pero de aspecto más rudo, más rural que P.G.B. y V. Núñez.

Por aquellas fechas, también conocí al poeta y refinado editor, Rafael Inglada, que solíamos encontrarnos en una discoteca de ambiente gay, que abría ya a altas horas de la noche, en Torremolinos, pero cuyo nombre no recuerdo. Inglada también colaboró en el número extraordinario que me dedicó la revista literaria “El Cardo de Bronce”, donde envío un original texto, titulado: “Oda Rota Para Joaquín Brotóns», en el que me llamaba “Príncipe de los Lagares”, algo que molestó a algunos amigos míos, pero que a mí me encantó, ya que era cierto...

Poeta del grupo Cántico
Poco tiempo después, Luis Antonio de Villena me presentó una noche, en el bar de ambiente gay “Blanco y Negro” a otro soberbio y original poeta del “Grupo Cántico”, Julio Aumente, abogado, buena persona, genealogista, anticuario y hombre cultísimo, que también odiaba el mundillo literario y estaba muy relacionado con la nobleza española, pero, a la vez, con jóvenes marginales, dado su amor por estos muchachos venales, que solían ser de familias pobres y de barriadas alejadas de Madrid.

He de confesar que por una tontería quedé mal con Aumente, que no volvió a dirigirme la palabra nunca más, pero cuando murió escribí una afectuosa necrológica, que me agradecieron mucho García Baena y Villena, que sabían lo que había pasado entre nosotros.

Así que conocí a todos los poetas de Cántico, menos a Ricardo Molina, que ya había fallecido, y a Mario López, que era heterosexual y vivía en su pueblo: Bujalance, dedicado a sus fincas, ya que era un gran propietario de tierras andaluzas y el único casado con una mujer e hijos, dado que todos los demás fueron solteros eternos..., ya que eran homosexuales y en aquellos tiempos no existía el matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque aseguraría que ninguno de los citados se hubiera casado, dado que eran hombres de otra generación diferente a la actual, que entendían el amor... de forma más libre y más apasionados de la belleza masculina, pero sin ataduras...

El triunfo de García Baena
A estas alturas del siglo XXI, cuando la poesía de Pablo García Baena ya está traducida a varios idiomas y su obra permanecerá por siglos, no es necesario que yo diga que dicho autor era uno de los mejores, si no el mejor, poeta en lengua española, aunque el reconocimiento le llegó tarde, pero en vida, tras su jubilación como anticuario.

También ha tenido la suerte de vivir una vejez estupenda hasta los 96 años lúcidos, rodeado de amigos y cuidado por una sobrina, y premiado con todos los galardones, distinciones y honores más prestigiosos, salvo el Cervantes y el Nobel, ya que obtuvo desde 1984 los siguientes: “Premio Príncipe de Asturias de las Letras”, “Medalla de Oro de la Ciudad de Córdoba”, “Hijo Predilecto de Andalucía”, “Premio Andalucía de las Letras”, “Medalla de Oro de la Provincia de Málaga”, “Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana”, “Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca”, ”Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba” y “Autor del año de Andalucía”...
 
Su magistral obra la forman: 12 poemarios, 6 antologías, 8 libros en prosa y 3 ediciones de su poesía completa, publicadas por Visor y con espléndidos textos introductorios de nuestro común amigo el ponderado Luis Antonio de Villena, que escribe en uno de ellos: “He aquí un poeta puro. Un poeta entregado intelectualmente tan sólo a su misión. Un poeta que concibe clásicamente la poesía como un rapto. Como una exaltación. Un poeta mago que transmuta en metal precioso cuanto toca. P. García Baena es uno de los más grandes poetas de su generación y el mejor, sin duda, en su estilo”.

Y el preclaro crítico y escritor, Guillermo Carnero -que junto a Villena rescataron del olvido, la marginación y el silencio al antes nombrado “Grupo Cántico” y sus poetas, que llevaban entre 15 y 20 años sin escribir nada, dedicados a vivir intensamente la vida...-, redactó: “Pablo García Baena es un poeta de obligado estudio en cualquier panorama de la poesía española de posguerra; su maestría en el manejo del verso y de la palabra lo ponen a la altura de los más grandes poetas españoles del siglo XX; es uno de los más claros vehículos de transmisión a las actuales promociones de la lección de la Generación del 27”.

También el Premio Nobel, Vicente Aleixandre, se expresó con estas palabras, tras conocer la noticia de la concesión del: “Premio Príncipe de Asturias” al poeta de Córdoba: “García Baena es uno de los mayores poetas andaluces actuales”.

Un amigo al que quise mucho

Poco puedo yo añadir a tan insignes escritores, poetas, críticos y estudiosos de su obra, salvo decir que fue un amigo al que quise mucho, dado que fue para mí como un padre, siempre aconsejándome, apoyándome, siendo un fiel y sincero amigo, cuando yo no era nadie en el mundo de la literatura, él supo que yo era un poeta verdadero, como dijo de mí, en 1983, Luis Antonio de Villena, cuando me presentó en Madrid, en la Casa de La Mancha, mi libro “El espejo de la belleza”, que en su brillante intervención dijo: “Joaquín Brotóns es verdaderamente un poeta, cosa frecuente de nombre y rarísima en la realidad”.

De las muchas y cálidas e íntimas dedicatorias que tengo de Pablo en sus libros, que me regaló y dedicó (y que conservo como oro en paño en mi archivo, junto a su amplia correspondencia: cartas manuscritas, telegramas, felicitaciones de Navidad realizadas por él, etc.), cabe destacar la que escribió en su libro: “Lectivo”: “Para Joaquín Brotóns, poeta y amigo, en estos días septembrinos, víspera de la clausura... Con un abrazo, PABLO, 12 Septiembre, 1984.
 
Igualmente en su libro: “Prehistoria”, me redactó: “Querido Joaquín, venturosos (y “aventuros”), días gratos y soleados bajo el amor, (que sea errante), felicidad, locura, pasión... Pero la cabeza en su sitio... Un abrazo desde el 95, de PABLO”. Aunque de todas ellas, yo prefiero la me hizo en el libro de: “Firmas de Honor” de las bodegas familiares de mi padre y mis tíos Matías y Joaquín, que fundó mi abuelo Joaquín Brotóns Fenoll, en 1920, bajo el nombre de: “Bodegas Santa Pola”, pasando por varias denominaciones, hasta terminar, en 1967 en sociedad anónima familiar, cuya razón social era: “Bodegas Matías Brotóns, S. A”, y cuyos últimos administradores y socios cuando se cerró la bodega, en 1992, fueron mis queridos primos-hermanos: Antonio y Matías -hijos de mi tío Matías-, que conservan el citado libro de firmas, en el que Pablo escribió: “Para Joaquín Brotóns el vino es carne y sangre en Valdepeñas. En los carros pasan en triunfo, entre risas y pámpanos, los jóvenes cuerpo. Y corre el vino en fáustico derroche... Pablo García Baena, 18 Mayo, 1985.

Sirvan estás líneas de amistad y reconocimiento a un poeta que quise mucho y al que tanto debo, pero también a todos los componentes del “Grupo Cántico”, que en plena posguerra del franquismo inquisitorial publicaron una revista y unos poetas que estaban marginados, ya que nada tenían que ver con la poesía de los vates del Régimen, ni con los poetas sociales..., tan enaltecidos en aquellos tiempos, pero que hoy están muchos de ellos olvidados, ignorados, aunque hubo grandes aedos, entre ellos, como: José Hierro (Premio Cervantes), Celaya o Blas de Otero, entre otros que harían interminable el artículo, pero también aprovecharon la situación política para coger cierto nombre, siendo algunos de ellos, auténticos poetastros, de cuyos nombres no quiero acordarme.

2014/12/30

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | DE VILLENA SE METE EN CASA DE LOS PANERO

De Villena se mete en casa de los Panero
Publica un intenso libro sobre la familia de escritores, los «asesinos de los ruiseñores» en palabras de Neruda
Diego Medrano | El Comercio, 2014-12-30
https://www.elcomercio.es/culturas/libros/201412/30/villena-mete-casa-panero-20141230001849-v.html 

Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) publica intenso libro sobre la familia Panero, bajo singular título y hoguera no menos ácida y siniestra: 'Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero' (Fundación José Manuel Lara). La fama de bebedor, putero y maltratador del patriarca, Leopoldo Panero, poeta del franquismo a quien Neruda dedicó aquello de: «La caterva infiel de los Panero,/ los asesinos de los ruiseñores». La presencia magmática del tío, Juan Panero, también poeta, figura mucho más importante de lo que se piensa. La indolencia, y un poco fantasía intermitente de Felicidad Blanc, a su modo «niña bien», «señora bien», y «madre mártir», torturada y escasamente torturadora, de toda la plaga de hijos-monstruo y saqueadores. Por fin, el caldo gordo del libro, la descendencia enloquecida e incendiada. Las borracheras de Juan Luis Panero, a su manera, influencia decisiva en lo que serían los 'Postnovísimos' (antología, sí, del propio Villena donde se sitúa como cabeza visible de esa generación y máxima influencia, aún en la sombra) y gran amigo del autor (Premio Loewe de Poesía de por medio, donde todo el jurado sabe que es él quien se presenta y se cuenta, por extenso, deliberaciones, fallo y galardón). La noche gay madrileña vivida junto a Leopoldo María (drugstore de la calle Velázquez de por medio) y las innumerables orgías del piso familiar de la calle Ibiza; los sucesivos ingresos psiquiátricos de Leopoldo María, sí, desde Ciempozuelos a Mondragón, viajes a Tánger entre medias, el tercer o cuarto regreso de París, de donde viene ya muy tocado, mojando los cruasanes en los charcos negros de la calle y con un discurso cada vez más difícil de seguir; las también novias de Leopoldo (mujeres raras, apasionantes, Mechita y Marava) por esos años. Michi, José Moisés Panero, cada vez más decrépito, víctima de enfermedades varias, quien vende y hace menguar la biblioteca familiar, quien quiere escribir y no lo hace, cuya novia regenta un bar llamado el Universal y, a su modo, es leyenda de la llamada Movida madrileña. La sombra familiar de Luis Rosales, cada vez más enigma, cada vez más lejos de todos ellos. Villena da en la diana del abismo que bien conoció: «Se saltaron esa moral de sacristía que abunda en este país y proclamaron la destrucción absoluta. Su historia global bien podría definirse como una consumada de teoría de la destrucción. Nada debió haber y, al final, nada quedó».

El periplo no puede ser más explosivo: desde el estreno de la conocida película de Chávarri ('El desencanto') hasta la muerte o fin de Leopoldo María Panero. Lo mágico del libro es la disección de la obra poética de Juan Luis y Leopoldo María en planos diferentes, contraponiendo una a la otra, mezclando santoral y heráldica. Juan Luis, siempre dentro de la estética del señorito canalla venido a menos; Leopoldo, en la tragedia personal de drogas y locura. Muy gracioso, telúrico, cuando Villena me nombra, la correspondencia entre Panero y Medrano ('Los héroes inútiles') que tanto disgustos nos trajo y nos sirvió para reunir en Madrid a los últimos amigos de Leopoldo, más majaras que él. Cuenta Villena cómo quise yo quitar del texto algo que él no me dejó, toda esa parte donde Leopoldo dice que «Luis Antonio vive de la pensión de su tía, que es lesbiana», y menciona también cuando Leopoldo en el vídeo de Bunbury, sí, carga contra él, asegurando que «Es más cursi que las ratas». Villena, como los grandes tímidos, se crece en la dificultad y todo lo afronta sin miedo ninguno a guillotinas íntimas, ajenas o de plurales orígenes. El dandi, a la manera de Wilde, puede con todo y no hay más pose que la de la caída.

Libro imprescindible, libro literario y metaliterario, carnaval de máscaras a la manera de Lorrain («Nuestros vicios volverán máscaras nuestros rostros») y de autopsia no menos necrológica (es la máscara, siguiendo al clásico, quien no deja de mentir mientras dice o susurra toda la verdad). Anecdotario distendido, divertido, distinguido a su modo, que resulta inevitable que acabe como lo hace, en la más rotunda tristeza o sinrazón: Juan Luis con sus tres cánceres y Leopoldo ido, ya sin vuelta, en poemas cada vez más cutres por culpa de la enfermedad, películas que progresivamente son pesadillas ('Después de tantos años' de Ricardo Franco) y una poética del propio autor donde la vida suspira volver («Estar loco o no es tener o no tener amigos»). El trío entre Juan Luis, Villena y Gil-Albert, el odio que Gil de Biedma tenía a los Panero, la presencia ineluctable y parpadeante de Gimferrer (obsesión de Leopoldo hasta la médula) y la vida literaria (copetines, noches, madrugadas, publicaciones) como ornato de una miseria abisal (por debajo de todo lo bueno) y cada vez más abismal (pozo que crece, haciéndose hondo, comiéndose la mejor luz de las posibles). Derrumbe integral, entre juergas macabras, donde la muerte o el desastre llevaban siempre las mejores bazas. La entrada salvaje de Leopoldo María, en el sepelio de la madre muerta, queriendo resucitarla por medio de un beso largo en la boca. Todos valientes, todos cínicos, todos viciosos, todos sabios, todos cultos, cuando vivir era llevar careta y llorar, en secreto, su justo precio. 
 
Y TAMBIÉN...
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Los relatos de Felicidad Blanc: el primer adiós, el último y todos los demás

‘La ventana sobre el jardín’ reúne los cuentos de la gran madre de la literatura española y desvela una personalidad hiperromántica y siempre anhelante
Luis Antonio De Villena | El Mundo, 2019-01-14

2014/11/25

LIBROS | Villena, Luis Antonio de | Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero

Villena, Luis Antonio de (2014) [11-25]. Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero. Sevilla: Fundación José Manuel Lara.


La historia de la saga de Los Panero contada en primera persona. Fallecido el último de los hermanos que quedaba con vida, la saga de los Panero –Juan Luis, Leopoldo María, Michi, la madre Felicidad Blanc y la figura ausente del padre, Leopoldo Panero Torbado– sigue atrayendo a los lectores interesados por una mezcla agónica e irrepetible de talento, poesía, excesos y transgresiones. “¿Cómo empezar una memoria viva de todos ellos? Acaso evocando la posible única vez que los vi juntos. Fue en el estreno de ‘El desencanto’, el hoy famoso documental de Jaime Chávarri, en la primavera de 1976 y en el cine Palace (que no existe ya) en Madrid”. Contada en primera persona, esta semblanza colectiva se construye a partir de los recuerdos de Luis Antonio de Villena, que sigue el rastro de los integrantes de la familia desde la escenificación pública del drama que supuso el estreno de la película hasta la muerte de cada uno de ellos, en un relato sincero y apasionado que rescata tanto los momentos de lucidez como las bajadas al infierno.

2012/01/07

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JOSÉ LUIS MARTÍN VIGIL: MUERTO, OLVIDADO Y PRETERIDO

José Luis Martín Vigil, muerto, olvidado y preterido
Luis Antonio de Villena, 2012-01-07

http://luisantoniodevillena.es/web/noticias/jose-luis-martin-vigil-muerto-olvidado-y-preterido/

No sé si dice mucho de nuestra incuria literaria o de que algunas personas no querían a este hombre, tan polémico y exitoso en sus años más vitales... Yo oí hablar de José Luis Martín Vigil (exjesuita y cura) en el colegio religioso de Madrid donde hice el bachillerato. Había una hora de “lectura espiritual” -decían- en la que, por turnos, los alumnos leíamos en voz alta libros piadosos. La mayoría eran antiguos y aburridos, pero como eran los tiempos de Vaticano II (aquel Concilio olvidado por la jerarquía católica actual) no faltó algún religioso más joven y de talante “progre” -que no era mucho decir- que nos hizo leer las novelas más sociales (pero escritas por un cura) de José Luis Martín Vigil: Así leí “La vida sale al encuentro” -archifamosa novela- y “Sexta galería”. Al hilo de aquello supe quién era el asturiano Martín Vigil: a fines de los pasados años 60 el novelista más prolífico y exitoso de España. Muchas de sus novelas trataban de adolescentes y sus problemas, pero tenía todo tipo de lectores. Otro cura (poco antes de dejar el colegio ) me recomendó “Los curas comunistas” (1968) novela que causaba escándalo en la España de entonces y que hablaba de los curas que -como el famoso padre Llanos- se iban a ejercer su ministerio a los barrios obreros, para estar con los más pobres y menesterosos. Poco después (yo ya en la Universidad) visitando la Feria del Libro de Madrid, vi en una caseta a Martín Vigil, vestido de paisano y firmando libros. Nunca he visto colas mayores. Era el bestsellerista absoluto. “La vida sale al encuentro” -su primera novela de 1955- iba ya por la edición veintitantos... ¿Quién me iba a decir a mí que al frecuentar bares gays, mediando los años 70 (yo acababa de terminar mi carrera) oiría hablar en ellos -entonces minoritarios, un poquito clandestinos- de un frecuentador discreto e ilustre: José Luis Martín Vigil? Pero no me llamó tanto la atención, pues recordé adolescentes “mariquitas” (tratados con mucho respeto) en algunos de los libros suyos que leí en el colegio, en concreto en “Sexta galería”, que habla del derrumbe de una mina… Parece que desde que abandonó el profesorado y se vino a vivir a Madrid, como escritor de éxito, en 1967, nuestro hombre se había abierto más (y dentro de su especialidad) había frecuentado ambientes gays y chicos jóvenes, no sólo normalmente homosexuales, sino algo conflictivos. La prensa dio cuenta (con mucha más discreción que si hubiese sido hoy) de algún lío policial que tuvo, sin consecuencias, por esos temas. Al fin otro día -primeras horas de la noche, creo que 1977- me lo encontré en otro bar gay -muchos jovencitos le conocían- y me acerqué a saludarlo. Estuvo atento y muy cordial y dio por supuesto que sabía lo que, en efecto, sabía. Creo que él también me dijo que conocía que yo era escritor. No lo volví a ver más, o acaso sólo de refilón. Era la época en que escribía novelas atrevidas sobre muchachos jóvenes y problemas de homosexualidad y drogas. Por curiosidad, leí algunas: “Sentencia para un menor”, “La droga es joven” o “Ganimedes en Manhattan”. Poco a poco su fama fue decayendo aunque todo el mundo sabía quién era y quién había sido... Cuando en 1996, Rafael Borrás, magnífico editor y muchos años la cabeza rectora de Planeta, se marchó de la editorial, al cóctel de despedida acudimos muchos autores que le estábamos agradecidos. Allí vi por última vez a un Martín Vigil , mayor y con la cabeza rapada, pero como siempre cordial y lúcido. Me contó que había tenido un derrame cerebral grave, pero que lo había superado. No volví a saber más de él sino que había hecho (en 2006) una nueva edición corregida de “La vida sale al encuentro”, su novela emblemática, que influyó a cientos de miles de adolescentes de México y de España. Sé que vivía retirado y que le gustaba navegar por la red y que contestaba a cuantos le escribían. Sólo ayer (a través de un amigo) supe que había muerto, hace casi un año, el 20 de febrero de 2011, en Madrid. (91 años, pues). Había nacido en Oviedo el 28 de octubre de 1919. Me parece increíble -y algo vergonzoso en muchos sentidos, mal país- que la noticia de su muerte no se diera en ninguna parte. ¿Extraños intereses de falso pudor eclesial? Era uno de los mayores bestsellers de nuestra literatura. Novelista de escritura correcta y fácil. No un genio, por supuesto. Pero mucho más que un gran acontecimiento sociológico, por la doble vida que debió hacer a menudo... ¡Requiescat! Era un singular buen hombre.


José Luis Martín Vigil, el éxito y la oscuridad
Luis Antonio de Villena, 2012-01-11

http://luisantoniodevillena.es/web/noticias/jose-luis-martin-vigil-el-exito-y-la-oscuridad/

(Amplío, a raíz de un artículo que publiqué ayer en “El Mundo”, la historia que conozco de Martín Vigil, cuya muerte hace casi un año, fue absurdamente silenciada. ¿Hay que preguntarse aún “en qué país vivimos”?)

En el colegio madrileño en el que estudié Bachillerato había una hora de “lectura espiritual” (en realidad media). Por turno, cada alumno leía a sus compañeros unas páginas de un libro de tema religioso: vidas de santos y novelas de Palacio Valdés. A mí –cerca de los quince años- todo eso me parecía muy anticuado y no me interesaba. Pero eran los tiempos inmediatamente posteriores al famoso concilio Vaticano II y la Iglesia aspiraba a modernizarse a toda costa, como hoy vuelve a parecer esclerótica. Un día llegó un marianista más joven y nos dijo que íbamos a leer una novela cristiana, pero nueva y comprometida. Así oí por vez primera (sería 1966) el nombre de José Luis Martín Vigil, sacerdote comprometido, escritor “moderno” nos dijeron, y leímos “Sexta galería”, novela de muchachos “bien” de Oviedo que se van en verano a trabajar a una mina para tratar a los mineros hasta que ocurre un derrumbe en la mina... A partir de ahí ( yo ya leía otras cosas) seguí la pista del escritor, que –en efecto- resultó muy famoso, más cada vez y comprometido con la gente que sufría y con los adolescentes a los que quería guiar pues había sido o era aún profesor...

La nombradía de Martín Vigil no hizo sino crecer, sobre todo cuando en 1968 (yo estaba a punto de terminar el colegio) publicó “Los curas comunistas” donde por primera vez, en la España de Franco, hablaba bien de esos curas que como el luego célebre padre Llanos, se iban a vivir a barrios obreros para estar con los pobres. Esa Iglesia (supongo) sigue existiendo hoy pero prefieren no hablar de ella. Entonces hasta otro cura en la homilía dominical disertó sobre “Los curas comunistas” para advertir a sus fieles… Seré sincero, a mí la polémica no me interesaba porque había dejado de ser católico, pero sabía que Martín Vigil (nacido en Oviedo en octubre de 1919) era uno de los “bestsellers” de la novela española del momento y un cura, exjesuita –desde 1957- pero polémico y comprometido. En diez años “Los curas comunistas” tuvo dieciocho ediciones sólo en España, más otra especial de 350.000 ejemplares en el “Círculo de Lectores”...

Entre el colegio y la curiosidad, yo en esos años me había leído varias de sus novelas juveniles o comprometidas: “La vida sale al encuentro” -1955, su primera novela, editada por vez primera en México”- “Una chabola en Bilbao”, “Sexta galería” y “Un sexo llamado débil” (quizá la única de sus novelas que trata de chicas), pero era autor de muchísimas más. Un auténtico y prolífico “bestseller”, traducido de cuando en cuando al portugués y al francés, sobre todo. Claro está, yo no conocía al personaje. Un día (estando ya en la Universidad, creo que en 1970) fui a la Feria del Libro madrileña y oí que él firmaba. Me acerqué y lo vi de lejos. Vestía totalmente de paisano, jersey verde de cuello alto y chaqueta a cuadros. No quería acercarme, pero tampoco hubiera podido, la cola que tenía de gentes esperando su firma es (creo) la más numerosa que he visto nunca. Giraba dos o tres veces...

La verdad es que me olvidé del tema “Martín Vigil” (aunque era cada vez más famoso) hasta que un día, al filo de la muerte de Franco –en 1975- entré en un bar gay de Madrid (eran pequeños y discretos, pero los había) y lo vi allí –primera hora de la noche- hablando e invitando a chicos jóvenes que yo conocía. Aquella vez nada dije, pero como su presencia se repetía, les pregunté a los chicos si sabían quién era aquel señor. “Claro –me contestaron- es cura y le llaman “La Perejiles” (Supongo que por la fácil rima Vigil/perejil, sino no lo entiendo.) Y añadieron más: iban a su casa, les hacía algún regalo, pero sólo les pedía que se desnudaran y acariciarlos. Él (les parecía curioso) no se desnudaba. Yo sólo pensé en qué dirían los curas de mi casi olvidado colegio si supieran quién era el autor de su “lectura espiritual”. Algo después me decidí y me acerqué a saludar (en el bar gay) a Martín Vigil. Estuvo cordialísimo y gentil conmigo, dando por hecho –era una evidencia- lo que yo también daba por hecho. Yo había publicado ya algún libro, y creo que tuvo la cortesía de decirme que sabía que yo escribía y que me había leído…

No volví a ver a Martín Vigil (o sólo escasas veces más) en esos sitios. Pero noté que sus novelas habían parcialmente cambiado de rumbo. Ahora –muy al día- le interesaba la juventud lumpen o cheli y sus problemas, entre la homosexualidad y las drogas. El camino se había abierto al parecer con “Sentencia para un menor” y seguía con libros como “La droga es joven” (1978), “Una comuna en Madrid”, “El sexo de los ángeles” (coincidió en el título con Terenci) hasta “Ganimedes en Manhattan” (1988), subtitulada “La condición sexual del joven Townes”. Antes (hacia 1976) Martín Vigil salió en los pudorosos periódicos de la época, denunciado por un menor. Pero el asunto quedó en nada, salvo que la policía halló en su importante casa de la calle Velázquez, “pelucas de mujer”. Con la libertad mayor y la movida y el cambio de rumbo de la Iglesia, Martín Vigil –el inmenso y peculiar bestseller- se fue apagando. Lo vi, por última vez a fines de 1996, cuando Rafael Borrás, un gran editor, dejaba Planeta. Al cóctel fuimos muchos autores y ahí vi a un Martín Vigil avejentado que me dijo que le había dado un derrame cerebral (llevaba la cabeza rapada) pero que había sobrevivido… (Por cierto, fue uno de los primeros autores que utilizó en algunas novelas y hasta en ensayos fotos de chicos atractivos en portada para hacer más llamativo el libro. Así en un informe sobre los colegios masculinos durante el franquismo titulado “La España adolescente”, la cubierta era un guapo mozo en bañador). Después vino ya el olvido. No tiene otro nombre. Oí decir que Martín Vigil se había hecho afecto a Internet y que contestaba a quienes le escribían. Un tal Mario (que parece muy amigo) cuenta en la red su final y como se escribían: “Querido chico mío: El despojo que voy sufriendo en todas las cualidades que un día disfruté es evidente.(...) Pero en esta vida cada cual debe asumir su ración y yo con la ayuda de Dios lo llevo bien.” (...) No hay ninguna razón para los silencios más que mi debilidad, mis alucinaciones por las veinticinco pastillas diarias”. Murió en Madrid el 20 de febrero de 2011. Hace casi un año. Fuera de Internet y tarde, creo que nadie dio ni una mínima noticia. Uno de nuestros mayores bestsellers (no era un genio pero sí un fenómeno social) murió en el total olvido. ¿Dice algo de nosotros, Iglesia incluida? Porque él nunca dejó de ser católico comprometido.

2011/07/31

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | LOS HOMOSEXUALES Y LOS GAYS

Los homosexuales y los gays.
Luis Antonio de Villena | Shangay, 2011-07-31
Recogido por:
Un amigo mío, que es homosexual y nunca lo ha negado y además ha vivido en consecuencia con su condición, me comentaba, charlando en los pasados días del Orgullo, una distinción en la que quiero ahondar algo. Me dijo: “Una cosa es ser homosexual y otra cosa es ser gay.” Y resumo lo que siguió: El gay es un homosexual que cree deberse a una militancia, como si estuviera en un partido político. Cree en las manifestaciones, en las proclamas y en toda la actividad colectiva, para mover leyes y buscar igualdades... El homosexual es el que mueve y dice su condición (fuera del armario) pero en ámbitos más privados, y piensa de algún modo que las actitudes personales y culturales pueden llegar a tener más fuerza e incidencia social que las más o menos multitudinarias o en cualquier caso colectivas. Me dijo: Pedro Zerolo es un gay pero el juez Grande Marlaska (ya que pides nombres mediáticos) es un homosexual...

Yo creo que esta diferencia es sustancialmente verdad, pero no se mueve entre el cero y el infinito, es decir, que ambas entidades pueden tener (y tienen en otros) puntos de acercamiento y conexión. Por ejemplo Luchino Visconti o Roland Barthes, por hablar de grandes nombres del pasado inmediato, fueron homosexuales y dejaron constancia de ello, pero no militaron. Sin embargo ¿no hicieron mucho en su momento para la visibilidad del problema homosexual películas como “Muerte en Venecia” o “Ludwig”? Incluso un intelectual tan comprometido (y que murió de sida) como Michel Foucault, aunque tuvo algo de gay en sus ultimísimos años, fue sobre todo un homosexual que con sus libros ensayísticos y sus teorías sexuales abrió camino (desde los años 50) para la normalización homosexual y los hoy llamados estudios de género. En España, en las listas de gays (u homosexuales) famosos, encabezadas inevitablemente por los puramente mediáticos, faltan grandes homosexuales quizá poco gays: el poeta Pablo García Baena, el también poeta Francisco Brines o el aún más visible ( y también académico de la RAE) Álvaro Pombo... Ninguno de ellos tiene especial deseo de ser gay, pero en sus textos poéticos o narrativos la homosexualidad es visible y gustable desde mucho antes del movimiento gay... ¿Por qué no se concilian estos extremos? Nadie está contra nadie, y todos a favor de una vida libre para todos, sin diferencia sexual. Pero es cierto que el homosexual fía más en su labor y el gay en la acción social. Leo un verso de Pablo: “No era el amor y se llamaba Antonio”. Podrá no ser gay pero ese bello poema -de 1980- que defiende la naturalidad de un chapero noble, ¿no normaliza? ¿No da libertad? ¿No rema en la misma dirección? Claro al gay (según muchos) se le puede deber más que al homosexual, porque en un país anchamente inculto como España, la acción callejera y mediática tiene más alcance que el libro o la película. Un director muy irregular pero muy valiente hizo mucho por la visibilidad gay en sus primeras películas comprometidas como “Los placeres ocultos” o “El Diputado” cuando creía combatir intelectualmente (como Pasolini, pese a las distancias) no desde una plataforma gay sino desde la libertad de la izquierda comunista -entonces- o aún extraparlamentaria, Eloy de la Iglesia...

Diríamos que todo es bueno si se hace bien: el activista gay ha tenido (desde los mediales años 70 hasta hoy) una actividad importantísima, aunque acaso haya llegado el turno de revisar modos, objetivos y tácticas. El homosexual que da ejemplo de vida y obra (sin militar) no es más que otro prisma del poliedro. Hay gentes de izquierdas que raramente van a una manifestación pero que en su cátedra o su artículo dignifican y defienden lo que los otros reclaman en la calle. Ambas cosas son buenas, como hay famosos que se derriten con la fama -y se nota- y hay famosos (menos) que detestan cuanto la fama comporta de una ruptura de la intimidad que no desean y que sería democrático salvaguardar.

En general la diferencia grande entre gays y homosexuales se da más entre gente mayor y más joven. Creo que ahora ( y me parece bien) las fronteras tienden a acercarse. Pero la distinción no es impertinente. Alejandro Amenábar ( más bien tímido) ha dicho públicamente que es homosexual, pero poco más y sus películas -hasta hoy- nunca han tocado el tema. ¿No sería, pues, un homosexual consciente mejor que un gay? No importa. Lo que cumple es la libertad y remar -lo dije- en la misma dirección.

2009/05/25

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JOSÉ-MIGUEL ULLÁN, DISTANTE POETA DE LA MODERNIDAD

José-Miguel Ullán. Distante poeta de la modernidad.
Luis Antonio de Villena | El Mundo, 2009-05-25

https://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/25/opinion/15176308.html 

José-Miguel Ullán era hombre de apariencia bronca y aún esquiva, aunque en su intimidad era cordial y con mucho sentido del humor. Poco dado a los encuentros plurales, había dejado crecer alrededor suyo la leyenda de poderoso sombrío dispuesto a arrollar a sus enemigos. Por eso, en su época más activa, la gente del mundillo literario le conocía como el Malo. Creo que a él le gustaba esa aureola de hombre difícil. Era esencialmente poeta (aunque no sólo) y sus tres primeros libros estarían en la estela de la poesía social: ‘El jornal’, ‘Amor peninsular’ (1965) y ‘Un Humano Poder’ de 1966, el año que se exilió en Francia.

Nacido en Villarino de los Aires (Salamanca) en 1944, en 1966 se marchó a París por desacuerdo con el franquismo y por no querer hacer el servicio militar. Allí estuvo 10 años, haciendo cursos en la École Pratique des Hautes Études y dirigiendo las emisiones en español de France Culture. Al regresar a España comenzó una tarea muy variada a menudo relacionada con las artes plásticas. Fue subdirector de la revista ‘Guadalimar’, dirigió un programa en TVE llamado ‘Tatuaje’ y otros dos programas en RNE. En 1972 -en Las Palmas de Gran Canaria- había publicado ‘Maniluvios’.

Por entonces era ya muy amigo de José Ángel Valente, al que antologaría tiempo después. Al volver a España, publicó en Visor ‘De un caminante enfermo que se enamoró cuando fue hospedado’ (1976) y ese mismo año ‘Alarma’. Como finalmente fue obligado a hacer el servicio militar, de ahí saldría el poemario ‘Soldadesca’ (1979) que ilustraron muchos artistas plásticos amigos. Desde Enrique Brickmann o Eduardo Chillida hasta Antonio Saura, Tàpies o Zóbel. Además de colaborar con músicos, hizo ediciones de poesía -frecuentemente, de sus propios libros- ilustradas por pintores y escribió libros sobre otros artistas.

Su poesía raramente es convencional. Un tratadista la haría entrar en los apartados de poesía experimental o poesía visual: abundan los tachados, las frases cortadas, las imágenes, los ideogramas que a veces no lo son, etcétera. Como en ‘Manchas nombradas’ (1984), ‘Rumor de Tánger’ (1985), ‘La dictadura del jaykú’ (1993) y varios más, entre los que destacó ‘Tardes de lluvia/Animales impuros’, editado en México en 1995. ‘Órganos dispersos’ (2000), ‘Ni mu’ (2002), ‘Con todas las letras’(2003), hasta llegar a la reunión de su poesía completa, editada este año, bajo el título de ‘Ondulaciones’. De cuando en cuando con ráfagas meditativas o líricas.

Además de su labor literaria y de colaboración plástica, ilustraciones y poesía visual, Ullán fue subdirector de ‘Diario 16’, donde fundó y llevó el suplemento literario ‘Culturas’, lleno de colaboraciones mexicanas, pues tuvo siempre estrechas relaciones con México, tanto que el recientemente desaparecido Rafael Conte (que era amigo de Ullán) solía decir: «Culturas, el primer suplemento cultural de México en España».

Fue en ocasiones columnista de El País, y fundó dos colecciones de poesía: ‘Poesía/Cátedra’, de esa editorial, y ‘Ave del Paraíso’, enteramente propia. Casado y con dos hijas, Ullán se divorció -singular en todo- para vivir con Manuel Ferro, que conocía desde los primeros años 80, y que era su compañero silencioso e inseparable y con el cual contrajo matrimonio recientemente.

Aunque a Ullán no le importaba acercarse a temas de muchos (así la copla, dicen que llegó a hacer alguna canción para Rocío Jurado), lo suyo era la continua indagación en una poesía y un arte esencialmente para pocos. Le viene bien por ello el título que él mismo puso a su prólogo a la antología de Valente ‘Noventa y nueve poemas’ (1981): ‘De la luminosa opacidad de los signos’. Por cierto, su amistad con el hipersensible Valente, terminó truncada.

A Ullán le gustaba aparecer como raro y difícil, aunque no sería extraño encontrar entre sus líneas o grafismos un deseo oculto de proximidad. En cualquier caso resulta evidente que hizo muy bien lo que hizo, y que en las formas exclusivas y apartadizas de su trobar clus fue un maestro, un hombre de innegable y arduo talento. Fue uno de los caminos de la modernidad plural, que quizá él mismo no reconocía.

José-Miguel Ullán, poeta, nació en Villarino de los Aires (Salamanca) el 30 de octubre de 1944 y murió en Madrid el 23 de mayo de 2009.

2002/03/19

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LUIS CERNUDA EN UNA CONSTELACIÓN EVIDENTE Y BENÉFICA

Una constelación evidente y benéfica.
Luis Cernuda encontró en su vida solitaria la fuerza para crecer como hombre y desarrollar su obra literaria.
Santiago Belausteguigoitia | El País, 2002-03-19
https://elpais.com/diario/2002/03/20/andalucia/1016580159_850215.html 

Luis Cernuda (Sevilla, 1902 - México, 1963) antepuso siempre el ser al tener. Intratable, exquisito, solitario, malvado, digno, arisco, insobornable, aburrido, testarudo, soñador, susceptible, elegante, ensimismado... Al escritor sevillano se le han aplicado los adjetivos más opuestos porque la vida de un hombre siempre rompe las costuras que tratan de clasificarla. Cada hombre es un enigma. Con la urdimbre de una vida en apariencia anodina se puede escribir una gran novela. Y esto es todavía más acusado con la vida de un hombre tan especial como Cernuda.

La soledad es la clave de todo. Cernuda fue una de esas personas para las que la soledad es un reino propicio. 'Entre los otros y tú, entre el amor y tú, entre la vida y tú, está la soledad. Mas esa soledad, que de todo te separa, no te apena. ¿Por qué habría de apenarte? Cuenta hecha con todo, con la tierra, con la tradición, con los hombres, a ninguno debes tanto como a la soledad. Poco o mucho, lo que tú seas, a ella se lo debes', escribe Cernuda en ‘Ocnos’. Y añade: '(...) la constelación de la soledad, invisible para tantos, evidente y benéfica para algunos, entre los cuales has tenido la suerte de contarte'.

Hijo de un comandante, Cernuda se crió en un hogar donde reinaba la disciplina más agria. Los aires castrenses que respiraba su padre en el cuartel llenaban la casa de tristeza. El poema ‘La familia’ da rienda suelta a sus evocaciones. '¿Recuerdas tú, recuerdas aún la escena / a que día tras día asististe paciente / en la niñez, remota como sueño al alba? / El silencio pesado, las cortinas caídas, / el círculo de luz sobre el mantel, solemne / como paño de altar, y alrededor sentado / aquel concilio familiar, que tantos ya cantaron, / bien que tú, de entraña dura, aún no lo has hecho. // Era la cabecera el padre adusto, / la madre caprichosa estaba en frente, / con la hermana mayor imposible y desdichada, / y la menor más dulce, quizá no más dichosa, / el hogar contigo mismo componiendo, / la casa familiar, el nido de los hombres, / inconsistente y rígido, tal vidrio / que todos quiebran, pero nadie dobla', escribe el poeta.

Un rato de olvido
A continuación, Cernuda confiesa que sus padres lo 'hicieron / en un rato de olvido indiferente, / repitiendo tan sólo un gesto transmitido / por otros y copiado sin una urgencia propia, / cuya intención y alcance no pensaban'. Sus padres le dieron la vida 'y con ella la muerte de dura compañera'. Pero hubo algo que no le dieron: '(...) y eso eres: / fuerza de soledad, en ti pensarte vivo, / ganando tu verdad con tus errores'.

Frente a una descripción demoledora de la institución familiar, Cernuda opone la soledad, ese territorio donde se mueve con su propio código, que tan poco tiene que ver con la moral dominante. Su homosexualidad encontró en Sevilla un ambiente hostil que le empujó aún más hacia la soledad. Sin embargo, con el tiempo, adoptó una actitud de sinceridad desafiante y llevó con orgullo su diferencia.

Es más, Cernuda siempre despreció a los homosexuales que intentaban ocultar su condición. En ‘Ocnos’ recuerda la impresión que le produjeron en la infancia 'unos seres misteriosos a quienes llamaban 'los maricas'. 'Iban vestidos con blanca chaqueta almidonada, ceñido pantalón negro de alpaca, zapatos rechinantes como el cantar de un grillo, y en la cabeza una gorrilla ladeada, que dejaba escapar algún rizo negro o rubio. Se contoneaban con gracia felina, ufanos de algo que sólo ellos conocían, pareciendo guardarlo secreto, aunque el placer que en ese secreto hallaban desbordaba a pesar de ellos sobre las gentes', señala Cernuda. Ser diferente, apunta el escritor, puede ser también motivo de orgullo. Y estos homosexuales de su infancia tenían 'dignidad de alto personaje en destierro' y miraban con 'desprecio' a los curiosos.

Luis Antonio de Villena
hace en ‘Biografía del fracaso’ un retrato ajustado del poeta. 'Casi todas las personas que conocieron a Luis Cernuda y que me hablaron de él -ante mi habitual requisitoria- solían coincidir en lo mismo: Luis era un carácter difícil, un hombre extraño, antipático, frecuentemente intratable. Alguien, incluso, llegó a apuntar que 'no era buena persona', escribe Villena. 'Pero siempre que yo oía sus rarezas y su intratabilidad, pensaba: este hombre debió sufrir mucho y sufrir de verdad', matiza Villena.

En la Universidad de Sevilla Cernuda conoció al poeta Pedro Salinas. Catedrático de Lengua y Literatura, Salinas ejerció de mentor ante aquel joven sensible. Le abrió caminos y le aconsejó determinadas lecturas. Cernuda se adentró en los clásicos, en la obra de Baudelaire, Rimbaud... Y descubrió a Gide, que le reconcilió con su homosexualidad.

En 1927, Cernuda publicó ‘Perfil del aire’. La crítica arremetió contra él y le acusó de plagiar a Jorge Guillén. El carácter huraño del poeta se agudizó ante los ataques. Pero quizás Cernuda tenía más razón de lo que muchos admiten. Su susceptibilidad estaba parcialmente justificada. Una carta de Pedro Salinas a Jorge Guillén, fechada a comienzos de 1927, muestra cómo a este último no le agradó demasiado que Cernuda publicara su libro. Salinas habla en la carta de 'la cuestión Cernuda'.

'Porque es imposible ya evitar la salida de ‘Perfil del aire’ y eso a ti te contraria un poco, por lo que veo. Es imposible evitarlo por razones materiales, esto es que ya está entregado y anunciado y Cernuda con una ilusión obsesiva por verlo hecho, y por razones psicológicas, éstas son la reserva de Cernuda, su testarudez, lo difícil que sería cualquier insinuación dilatoria por mi parte. Y yo estoy verdaderamente desesperado porque me considero el culpable de todo. Si Cernuda hace versos es casi por mi influencia, si te leyó a ti y se entusiasmó con tu lenguaje fue por mí, y si ha publicado en alguna parte por mí ha sido también. Y yo, hacedor inconsciente, estaba formando una criatura poética a tu semejanza literaria, y que hoy te molestes con el anuncio de su libro', le escribe Salinas a Guillén.

'Ese librito'
'Comprenderás mi disgusto. Aunque por otra parte no tienes razón alguna para desear con fuerza que no salga ese librito. Tú sabes, y no soy yo quien te lo va a decir, la distancia que va en extensión e intensidad, de tu poesía a la de Cernuda. Y todo el mundo sabe quién eres tú, qué edad poética tienes, y cuál es tu familia lírica. Es decir, el librito de Cernuda es casi un éxito tuyo, una conquista antes de salir a la batalla', escribe Salinas a Guillén. La cita es larga, pero merece ser transcrita por su elocuencia. Guillén, como prometedor hombre de letras consciente del alto papel que debe ejercer en el mundillo poético, se enojó por el hecho de que el joven Cernuda osara publicar su poesía antes que él. Guillén publicó la primera edición de ‘Cántico’ en 1928.

Debía de ser tan grande la irritación de Guillén por el atrevimiento de Cernuda que Salinas ironiza con la posibilidad de matarlo. 'Desde luego tu nombre irá en el libro: Cernuda piensa dedicarme a mí el librito, y la última poesía a ti. Ésa es su intención: yo he insistido un poco por que se cambiaran los términos para dar más importancia a tu nombre, pero no puede ser. No habrá, claro es, más dedicatorias en el libro. Eso ya es una señal de conocimiento y reconocimiento, prenda de aprendizaje en tu escuela, ¿no? Pero si tu contrariedad persiste, yo, culpable de todo, estoy dispuesto a matar a Cernuda y a comprar la edición íntegra de su obra póstuma para regalarla a una biblioteca pública y evitar así que se lea', escribe Salinas. Cuando Cernuda hablaba de incomprensión y hostilidad a su persona hay que reconocer que, como mínimo, tenía un poco de razón.

Una historia amorosa
Cernuda abandonó Sevilla en 1928 tras la muerte de su madre. Tras dar clases en Toulouse se afincó en Madrid. Allí vivió una de sus historias de amor más intensas. Serafín Ferro era un muchacho gallego tan guapo como pobre. Cernuda lo conoció a través de Federico García Lorca en 1931. El joven estaba hambriento y se acercó a Lorca en una taberna pidiéndole ayuda. Lorca le invitó a un pepito de ternera.

Ferro se ofreció al hombre de éxito que era Lorca y el poeta granadino lo rechazó. Lorca presentó al joven menesteroso a Vicente Aleixandre. A éste no le agradaban las relaciones sentimentales que tuvieran un componente venal. Finalmente, Lorca redactó un billetito de presentación para Cernuda. El poeta se enamoró de Ferro, que se fue a vivir con él. Con todo, al joven le gustaban las mujeres, lo que ocasionó crisis de celos. De la ruptura surgió el libro ‘Donde habite el olvido’ (1934).

Según avanzaba el periodo de la II República Cernuda se introdujo en los círculos revolucionarios hasta decantarse en su apoyo. Salinas le describe así en una carta a Guillén fechada el 19 de marzo de 1936. 'Mucho me temo que Federico [García Lorca] en su carrera de noble emulación con Rafael [Alberti] caiga también en el garlito 'social'. Ya parece que ha escrito un drama comunistísimo para no dejarse pisar. Como detalle pintoresco te diré que en la manifestación de hace quince días se leía un gran letrero que rezaba así: 'Los escritores revolucionarios españoles'. Lo llevaban de un extremo Rafael Alberti, de otro Luis Cernuda y ‘seguían’ Manolo Altolaguirre, sin duda en calidad de masa. A todos ellos les tiene trastornados lo que ellos denominan lo social', escribe Salinas.

En efecto, Cernuda colaboró en la revista ‘Octubre’, fundada por Alberti, y aportó poemas de corte político en una línea revolucionaria. Su apoyo a la II República en la guerra civil no tuvo fisuras. Incluso, ya en el exilio, confesó a varias personas que nunca volvería a una España gobernada por Franco. Cernuda llega a contraponer en un poema la España franquista con la de Benito Pérez Galdós. 'La real para ti no es esa España obscena y deprimente / en la que regentea hoy la canalla, / sino esta España viva y siempre noble / que Galdós en sus libros ha creado. / De aquélla nos consuela y cura ésta'.

Cernuda se dirigió al Reino Unido en febrero de 1938. El poeta impartió clases en Glasgow y Cambridge. Fue una etapa dura en su vida de la que surgió el poemario ‘Las nubes’ (1940) y la espléndida prosa de 'Ocnos' (1941). Cernuda regresa a Sevilla con su imaginación en ‘Ocnos’. Es un retorno a la infancia, al escenario mítico en que descubrió el mundo y su belleza. Como muestra de ese sentimiento ambivalente hacia su ciudad natal Cernuda nunca nombra a Sevilla en ‘Ocnos’.

'Y nunca echó de menos Sevilla (una ciudad que dijo aborrecer); echó de menos -otra cosa es- su juventud. Ese reino de la infancia que nos han enseñado a fabricar. Si ‘Ocnos’ son bellísimas prosas líricas, que añoran un tiempo perdido -centrado en Sevilla- no hay que olvidar que ese libro se escribió en Glasgow, que era exactamente lo opuesto a su sueño edénico, y por un solitario desesperado', recuerda Villena en su libro.

En 1945, dejó Cambridge para vivir en Londres, donde residió dos años. Cernuda vivió allí una intensa relación con Felicidad Blanc, la esposa del poeta franquista Leopoldo Panero. Blanc evoca esta relación en su libro de memorias ‘Espejo de sombras’. Cernuda era el solitario de siempre. El pintor Gregorio Prieto, con el que compartía un estudio, le habló a Felicidad Blanc de la soledad de Cernuda. El pintor le contó que 'Luis, siempre en Navidad, dice estar invitado a alguna casa de amigos, y luego [Gregorio Prieto] descubre que no es verdad, que ha pasado esas fechas solo'.

Cernuda y Blanc entablaron una intensa relación. La mujer de Panero compartió con el poeta sevillano el recuerdo de su hermano muerto en la guerra civil. 'Le digo: 'Gracias por haberme escuchado: hacía tantos años que no hablaba de mí'. Nos miramos intensamente, juntamos nuestras manos como dos personas que ya desde [hacía] mucho tiempo sabíamos que nos encontraríamos', escribe Blanc.

'Salíamos siempre con el niño (Juan Luis, el hijo de Felicidad Blanc y Leopoldo Panero), y hablábamos durante horas enteras de tantas cosas como habíamos callado. Pero nunca de nuestro amor, como si la presencia de Juan Luis hiciera imposible hablar de ello', relata Blanc. El recuerdo de sus conversaciones y paseos con Cernuda llenará parte de la vida de esta mujer. Los vínculos sentimentales no saben de leyes ni de reglas. Hay tantas historias de amor como personas. La relación entre Cernuda y Blanc fue un episodio que añade complejidad y riqueza a la vida del poeta.

Llegada a EE UU
En 1947, Cernuda marchó a dar clases a Mount Holyoke (EE UU) y permaneció allí hasta 1952. En unas vacaciones de verano se enamoró en México de un muchacho. Fue otro de los episodios sentimentales de su vida de los que quedó constancia, en concreto en 'Poemas para un cuerpo' (1956). 'Sin querer has deshecho / cuanto mi vida era, / menos el centro inmóvil / del existir: la hondura / fatal e insobornable. // Muchas veces temía / en mí y deseaba / el fin de esa apariencia / que da valor al hombre / para el hombre en el mundo. // Pero si deshiciste / todo lo en mí prestado, / me das así otra vida', escribe el poeta. Cernuda reconoce las dificultades de su amor: 'Morir parece fácil, / la vida es lo difícil: / ya no sé sino usarla / en ti, con este inútil / trabajo de quererte, / que tú no necesitas'.

Una carta de Guillén a Salinas fechada el 14 de julio de 1951 da cuenta de la mala relación de aquél y Cernuda. 'Principal fricción, por fortuna, sin importancia: el sujeto Cernuda. Le encontré en casa de Emilio Prados. Y me habló con tal saña de algunos amigos comunes que, sin responderle, di por terminada mi relación con él. Hubo claramente un rompimiento silencioso. Esta vez sentí una impresión que no era de antipatía. Cernuda -o 'Cernida', como dice Moreno Villa, don José- no me es antipático; me repugna', escribe Guillén a su amigo. La carta presenta a Cernuda con esos tintes negativos que se le suelen atribuir, pero tampoco hay que olvidar que no fue nunca santo de la devoción de Guillén.

Cernuda murió en México en 1963. Murió solo. Estaba en ese reino -la soledad- que siempre lo acogió en su esfuerzo por ser un hombre mejor. '-Yo, dijo finalmente Albanio, poseo el deseo de no tener propiedades. Las propiedades (...) no son nuestras, sino nosotros de ellas; ellas son las poseedoras y nosotros los poseídos (...) Estáis presos por vuestras propiedades y en vuestras propiedades, y ya no sois hombres, sino objetos', escribió Cernuda en ‘Variaciones sobre tema mexicano’.

1994/07/04

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JUAN GIL-ALBERT, POETA DESLUMBRADOR E INCLASIFICABLE, FUE ENTERRADO AYER EN VALENCIA

Juan Gil-Albert, poeta deslumbrador e inclasificable, fue enterrado ayer en Valencia.
La familia logró imponer la intimidad que el escritor quería para su despedida.
Adolf Beltrán | El País, 1994-07-04
https://elpais.com/diario/1994/07/05/cultura/773359201_850215.html 

Apenas varias decenas de personas, por voluntad de la familia, que escogió un acto íntimo para la despedida, acompañaron en su entierro al escritor Juan Gil-Albert. Llevaba tres o cuatro años recluido en su casa de Valencia. Y el domingo, de la mano de una neumonía que había agravado su estado de salud durante las últimas semanas, se fue definitivamente, a los 90 años de edad, este escritor de prosa deslumbradora y de imposible clasificación. Su cuerpo reposa desde las cuatro y media de la tarde de ayer en el panteón de la familia Gil Albert-Simón, en el cementerio general de Valencia.

Presidente del Consell Valencià de Cultura hasta su muerte, el fallecimiento de Gil-Albert, pese a que era conocido su progresivo deterioro físico, causó en los ambientes culturales la conmoción de una pérdida irreparable. El presidente de la Generalitat Valenciana, el socialista Joan Lerma, visitó en la mañana de ayer a sus familiares y fueron numerosísimas las muestras de condolencia recibidas desde diversos sectores políticos y sociales. Proustiano, según unos, -por su intimismo y su cultivo de la memoria-, él mismo señaló, por motivos bien diferentes, a Gabriel Miró, a Valle-Inclán y a Azorín como sus maestros, aunque Oscar Wilde es otra referencia imprescindible a la hora de citar sus influencias, como lo son Gide y Nietzsche al referirse a sus grandes devociones. Nacido en Alcoy en 1904, en una familia de comerciantes, se trasladó en 1912 a Valencia. Siempre mantuvo, de todas maneras, una vinculación afectiva con su ciudad natal -cuyo alcalde, Josep Sanus, declaró ayer tres días de duelo oficial- y con la casa familiar del antiguo -molino de El Salt, a pocos kilómetros de la capital de la comarca de L'Alcoiá.

De cultura cosmopolita y sutil, Gil-Albert cultivó la novela, la poesía y el ensayo. Tras el impacto de su estancia en Francia a principios de los años veinte y desde que en 1927 publicó, a sus expensas, ‘La fascinación de lo irreal’, obra bien acogida por la crítica, se dedicó íntegramente a la literatura, dejando atrás sus estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia.

Comprometido
Muy activo intelectualmente en el ambiente cultural de la República, se comprometió, sin vincularse a ningún partido, con las ideas de izquierda. Con Sánchez Barbudo, Rafael Dieste y Ramon Gaya, fue uno de los creadores de la revista ‘Hora de España’, en la que colaboró durante la guerra. Tras la contienda, Gil-Albert, después de pasar por él campo de concentración de Saint Ciprien (Francia), se exilió a México, donde fue secretario de la revista Taller, que dirigía Octavio Paz. En 1944, con Rosa Chacel, viajó a Buenos Aires, donde residió un año y colaboró en revistas como la mítica ‘Sur’. Tras volver a México, en 1947 emprendió el retorno a España. Marginado por la crítica oficial y por el espeso ambiente de la dictadura franquista, en los años cincuenta y sesenta Gil-Albert se encerró en una especie de exilio interior, del que salieron escasos títulos editados, aunque su labor literaria fue intensa. A partir de 1972, con la publicación en Ocnos de su antología ‘Fuentes de la constancia’, comenzó un redescubrimiento en el que tuvo mucho que ver Gil de Biedma.

La publicación de su ‘Obra Completa’, a inicios de los ochenta, a cargo de la Institució Alfons El Magnánim, hoy Institució Valenciana d'Estudis i Investigació (IVEI), situó de nuevo a Gil-Albert en el lugar que le correspondía, como uno de los grandes escritores en lengua castellana. Como ha destacado César Simón, sobrino suyo y su mejor biógrafo, casi todos los libros de Gil-Albert fueron escritos antes de 1972. ‘Valentín’, ‘Concierto en "mi" menor’, ‘Crónica General’, ‘El retrato oval’, ‘La trama inextricable’, ‘Breviarium vitae’ o ‘Contra el cine’ son algunos de los libros más destacados de una obra en prosa de cerca de 30 títulos. En poesía, ‘El existir medita su corriente’, ‘A los presocráticos’, ‘Fuentes de la constancia’, ‘Mi voz comprometida’ o ‘Variaciones sobre un tema inextinguible’ son algunos de los ejemplos más importantes de una producción de más de una quincena de títulos.

Una exposición, de la que fueron comisarios Mario García Bonafé y Artur Heras, titulada ‘Literatura y compromiso en los años treinta’, reivindicó públicamente la figura de Gil-Albert a mediados de los años ochenta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 1982, año de la muerte de su anciana madre, Gil-Albert recibió el Premio de las Letras Valencianas, uno de los escasos galardones que se le otorgaron a lo largo de su vida.

"El peor de los modelos y el más eminente de los prosistas actuales", según la paráfrasis utilizada por César Simón en la introducción a uno de sus libros, Gil-Albert mantuvo un pulso con el estilo y la estética de dificilísima, casi imposible, imitación. "Bordear el amaneramiento no sólo sin naufragar en él, sino explotándolo en la medida en que no se naufraga" fue el ejercicio permanente de su escritura, incisivamente elocuente.

Relatos, recuerdos, teorías, suaves y prolongadas disquisiciones, llenas de sentido pagano, de delicado erotismo y de conocimiento de la cultura, conforman la obra de Gil-Albert, a quien Joan Fuster no dudó en calificar, con su provocadora contundencia, como "uno de los primeros valencianos que utilizan el castellano con rendimientos poéticos". Luis Antonio de Villena, por su parte, al comentar ‘El retrato oval’, que Gil-Albert escribió a partir de una imagen de la familia imperial de Rusia, dijo que la "autocontemplación histórica" era el aspecto más representativo del quehacer en prosa del escritor.

Estética
La escritora Pilar Pedraza, actualmente consejera de Cultura de la Generalitat Valenciana, señaló ayer la "literatura subjetiva y de su tiempo" que practicó Juan Gil-Albert y su "constelación estética de raíces muy clásicas" como características que lo convierten, por su brillante singularidad, en un autor "poco encuadrable". Y son precisamente esas peculiaridades las que, en opinión de Pedraza, impiden la existencia de influencias directas de su obra sobre escritores más jóvenes, pese al afecto y el interés que su producción y su persona han despertado en muchos integrantes de las generaciones literarias posteriores.

El enigma del hombre.
Ángel Rupérez | El País, 1994-07-04

https://elpais.com/diario/1994/07/05/cultura/773359202_850215.html

Gil-Albert tenía más o menos, la misma edad que Leopoldo Panero, que Rosales, que Ridruejo, por mencionar sólo algunos de los que, vencedores decidían por los años cuarenta el gusto triunfador en poesía. Por aquellas fechas, 1947 exactamente, Gil-Albert volvía a España y escribía una poesía -inédita por muchos años- que nada tenía que ver con el neotradicionalismo ideológico y estilístico de los poetas mencionados antes, ni tampoco con cualquiera de los grupúsculos que se salieron de la ortodoxia. Sus afinidades en todo caso podían estar con los poetas del grupo Cántico, de Córdoba, pero Gil-Albert seguía solo, tan periférico como la mayoría pero no desgraciado: su vocación rendía frutos constantes y, si le leemos, comprendemos enseguida que en su determinación solitaria debía de estar y está su genuina capacidad de supervivencia. Antes de la guerra, Gil-Albert había sido un poeta imitador, interesante pero imitador. Su veta mejor, germen de su poesía más auténtica-se puede observar ya en ‘Son nombres ignorados’ (1939). De aquí saltamos -con la aventura del exilio a cuestas- a ‘Las ilusiones’ (1945), un libro ya genuinamente gilarbertiano, por más que sus deudas sigan siendo evidentes; Cernuda, el decadentismo posromántico.

A partir de aquí la poesía de Gil-Albert no cambia sustancialmente, como suele ocurrir en los buenos poetas atentos a - sus llamadas interiores antes que a la veleta de las modas que van y vienen. Los sonetos de ‘Concertar es amor’ (19 5 l), por ejemplo, son excelentes, porque en ellos se afirma un hombre, un espíritu, y lo hace con una sobriedad perfecta y además pone contra las cuerdas el fantasma del decadentismo, la tentación que más amordaza la poesía de Gil-Albert. ¿0 es que alguien se imagina a un Oscar Wilde, por poner un ejemplo no local, dedicando un libro entero a hongos, abejorros y serpientes entre otros elementos de la naturaleza? Libros como ‘Migajas del pan nuestro’ (1954) o ‘Meta-física’ (1974), con más hojarasca ocasional, confirma sin embargo una visión del mundo que puede estar a veces cerca de la de Cernuda, pero con menos aliento metafísico o compulsión moral.

Gil-Albert es sobre todo un vitalista contemplativo, una especie sedentaria del vitalismo con más pedigrí que podríamos llamar bayroniano, y que consiste en afirmar irremediablemente la vida, siempre, incondicionalmente. Y afirmarla a sabiendas de sus oscuridades, fragilidades y abismos. Al final siempre triunfa la vida, y lo hace con una elementalidad que también podríamos llamar estoica. Un sensualismo estoico, en eso consiste buena parte de la poesía de Gil-Albert, o al menos la más interesante.

1980/05/06

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | LUIS ANTONIO DE VILLENA: CONSIDERACIONES A FAVOR DE WALT WHITMAN

Consideraciones a favor de Walt Whitman.
Luis Antonio de Villena | El País, 1980-05-06

https://elpais.com/diario/1980/05/07/sociedad/326498402_850215.html 

La lectura de un libro claro y profundo (‘Homosexualidad: el asunto está caliente’, de Héctor Anabitarte y Ricardo Lorenzo) me vuelve a la médula, a las muchas quisicosas pendientes, de un problema sin problema. Porque -y no es la primera vez que se afirma- la homosexualidad ‘no existe’. O, por mejor decir, es un problema inventado. Un asunto que la sociedad ha urdido para descalificar de sí a quienes no son -hombres o mujeres- ‘estrictamente’ reglamentarios. El ‘problema homosexual’ es una de estas etiquetas descalificadoras. Y es que, si eliminamos la ingente ‘presión social’ que sobre ellos se ha hecho y se hace (por no mencionar la crueldad, el desprecio o las hogueras), el ‘homosexual’ no existiría. Como tampoco, desde luego, los ‘heterosexuales’. Cada ser humano -hombre o mujer-, dentro de ese ‘continuum’ sexual de que hablaba Kinsey, elegiría libremente lo que su libido, su carácter, su necesidad diferente de placer o sus circunstancias le aconsejasen. Lo haría, por supuesto, sin violencia ninguna y con el respeto más absoluto a la decisión y a la libertad de los demás. Lo que a su vez, por ende, sería ‘natural’ en una (hoy utópica) sociedad de hombres libres. Casi podríamos decir que en un mundo tal no habría etiquetas, sino matices. Ya que el homoerotismo no es sino una más de las potencialidades sexuales humanas; una más, esto es, ni mejor ni peor. Una de tantas... Pero se me dirá que qué tiene que ver con la ‘normalidad’ que digo ese mundo exhibicionista, estereotipado y crispado (y potenciado por una, tal vez, efímera moda de ‘destape sexual’) que componen los travestidos y sus espectáculos, algunos chillones bares ‘gay’ y, sobre todo, la imagen -hoy tolerada, pero profundamente despreciada- de la ‘loca, del mariquita de gueto’... (Y conste mi natural respeto por cada una de esas cosas). Porque todo ello parece tan lejano del común, del deseable trato erótico, que uno siente la tentación de creer que sí, que hay un ‘auténtico’ problema homosexual. Y que lo que puede hacer una sociedad liberal como la que buscamos es aceptar ‘eso’, tolerarlo, pero mantenerlo, a ser posible, distante... (Y ‘tolerar’ es, casi siempre, una palabra profundamente racista). Pero el caso es que todas esas ‘manifestaciones’, desagradables para álgunos, y no exentas muchas veces de contenido belicoso (el célebre ‘no quieres caldo, toma tres tazas’), proceden precisamente de la ‘artificiosidad’ del problema homosexual, del haberlo -a sangre y fuego- inhumanamente creado... Es decir, que si las ‘manifestaciones’ arriba dichas (‘el loquerio’) han de ser hoy respetadas y aceptadas como realidad existente -y en absoluto dañina-, no menos cierto es que responden casi siempre a una ineducación o a una carencia, de la que el homosexual no es -hoy por hoy- para nada culpable.

Porque, ¿qué puede hacer un muchacho que comienza a sentir ‘esa’ tendencia sexual de la que nadie le dice nada, si no es para condenarla, escarnecerla o empecatarla, qué puede hacer -digo- ese sufriente muchacho, sino reprimirse ferozmente, o volverse hacia los suyos que, por la presión social que les oprime, y por secular ignorancia, deciden –‘grosso modo’- que si les gustan los hombres, ello es que son -de alguna manera- mujeres y tiene como tal que comportarse?

Ese muchacho, por la ignorancia e ignominia que la sociedad le da de sí, decidirá mal, y resultará por eso (no lo era) ‘deformado’. Al convertir un impulso vivo y natural en una pasión ‘vergonzosa’ o (en el mejor de los casos) crispada, belicosa, falseada... Naturalmente, hay quienes se salvan, quienes tratan de vivir -y viven- la ‘normalidad’ de su sentimiento, pero a costa de grandes dificultades. De orden familiar y cultural, primero, y de orden social, más tarde. Luchando por ‘comprender’ -entre la incomprensión feroz que les rodea- y luego por ‘hacer comprender’. No quiero decir que quienes así obren -personas evidentemente ‘normales’, aunque hagan a veces bandera de su actitud- sean héroes, ni creo que a ellos les guste esa palabra, pero están volcados, eso sí, al heroísmo. Ante las sonrisas, ante los comentarios por la espalda, ante la imperiosa necesidad de estar siempre alerta, luchando...

¿Qué sucedería si no hubiesen existido las persecuciones de la moral judeo-cristiana, el ‘pecado nefando’, las hogueras, la maldición, las cárceles?

La imagen -tópica y real- nos la puede acercar otra del mundo antiguo (hasta que, en 372, Valentiniano II, por presión cristiana, modificó la Lex Julia); unas largas centurias de ‘normalidad’, de pasión estética o de tolerancia clara... La misma imagen (a la que no hay por qué quitar su fervoroso contenido de utopía, de apuesta de futuro) que soñó Gide, o Wilde, o Wincklelmann, o Cernuda, o Walt Whitman... Y digo adrede precisamente estos nombres. Porque si muy cierto resulta, aquí y ahora, que el gueto tolerado es una conquista, los marginados deben aspirar a salir de él -porque les deforma-, es decir, a ser -siendo lo que son- ‘normales’. La vieja historia de los camaradas.

Luis Antonio de Villena es escritor y critico, autor del libro de poemas ‘Hymnica’ y de un estudio biográfico de Oscar Wilde.


Homosexualidad y tapujo.
Alberto Cardín | El País, 1980-05-12

https://elpais.com/diario/1980/05/13/opinion/327016807_850215.html

Curiosamente, frente a la normalidad vigente, el señor Villena propone, en su artículo aparecido en El País del día 7 de mayo, otra en la que, so capa de no ser ya necesarias las perversiones mayúsculas, éstas quedan excluidas. La solución, como todas las que echan mano de un supuesto talismán del futuro, se parece sospechosamente a la que Gramma recordaba hace poco a los «antisociales» cubanos: en la sociedad perfecta nadie tiene derecho a aspirar a la infelicidad. Y esto lo pone Villena nada menos que bajo la advocación de Walt Whitman, que, en su día y mentirosamente, negó a Symonds sus aficiones de todos bien sabidas. ¿Qué nos propone Villena mientras su solución al «falso problema» de la homosexualidad llega? Al parecer, el tapujo.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...