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2022/05/01

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CUANDO LAS MARICAS Y LESBIANAS ESCANDALIZARON EL 1 DE MAYO EN PARIS

FHAR en la manifestación del Primero de Mayo en Paris, 1971 //

Cuando las maricas y lesbianas escandalizaron el 1 de mayo

En una Francia atravesada por el mayo del 68 se formó el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). Su debut fue en una movilización del día de las y los trabajadores en 1971. Además de denunciar la persección estatal y la discriminación que sufrían, buscaron dirigirse hacia el movimiento obrero revulsivo de la época, generando polémicas con sectores de Izquierda y planteando una perspectiva anticapitalista para la liberación sexual.
Pablo Herón | Izquierda Diario, 2022-05-01
https://www.izquierdadiario.es/Cuando-las-maricas-y-lesbianas-escandalizaron-el-1-de-mayo 

“Planteamos el problema de la libertad de cada persona para disponer de su cuerpo como mejor le parezca; nuestra lucha es, por tanto, política y proclamar en voz alta y clara nuestro derecho a la homosexualidad es revolucionario”. -- Folleto distribuido por el FHAR, 30 de abril de 1971

La fecha del panfleto no es casual, titulado “somos trabajadores homosexuales” había sido elaborado en la víspera del día internacional de las trabajadoras y los trabajadores. “El otro día, un amigo fue despedido porque su jefe descubrió que era homosexual” comenzaban su denuncia un grupo de lesbianas y maricas que no esperaban generar tanto revuelo tan solo los próximos días. Habían pasado tan solo dos años de la revuelta de Stonewall en Estados Unidos que dio origen al movimiento de liberación sexual.

La realidad del país no escapaba a las democracias capitalistas que en esa época penaban la homosexualidad: “En Francia, ‘país de la libertad’, la ley petainista-fascista de 1942, corregida y agravada por De Gaulle en 1960, nos considera una "lacra social" (junto al alcoholismo y la prostitución)”. Tres años antes obreros y estudiantes habían protagonizado el Mayo Francés, marcando un antes y un después de una generación que puso en tela de juicio el capitalismo y las distintas desigualdades que reproduce.

Ese proceso no solo fue la punta de lanza para el surgimiento del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), también marcó los debates que lo atravesaron. Según una estadística de la justicia que publicaron, en 1964 de 331 condenados por estas leyes persecutorias 136 eran obreros y empleados y ni un solo director de empresa. En su camino el activismo francés se preguntó sobre la relación entre la represión a la sexualidad y la realidad de la clase obrera.

Ese 1 de mayo decidieron marchar agitando distintos cantitos como ¡Maricas en la calle! ¡Todos somos una lacra social! o ¡Abajo los falócratas! Habiéndose organizado en menos de dos meses su participación no pasó desapercibida. Al día siguiente el Partido Comunista Francés criticó su intervención en su periódico, tildándola de "mascarada". El PCF aún sostenía que la homosexualidad era una desviación pequeñoburguesa [1], su candidato presidencial ese año les llegó a responder a miembros del FHAR en un mitin "¡Id a curaros, pederastas, el PCF está sano!".

Para ese entonces, en el movimiento obrero francés tenía una gran influencia el estalinismo desde los sindicatos. Por eso, ante las críticas que recibieron desde distintos sectores de la izquierda el FHAR comenzó a difundir sus posturas y generando polémicas: "La clase obrera no pertenece a la dirección del PCF, ni tampoco el marxismo. Por eso nos negamos a tener complejos con ella: denunciaremos y combatiremos sistemáticamente la ortodoxia sexual que nos quiere imponer. Decimos que se jodan los heterócratas falócratas del aparato del PCF como decimos que se jodan todos los heterócratas falócratas. Lo que sí sabemos es que hay bolleras y maricones en el PCF, como en todas partes, y nos solidarizamos con ellos".

En esa respuesta publicada en el primer número de Antinorm, el periódico del FHAR, así como en la denuncia por el despido discriminatorio, sobrevuela el intento de mostrar esa realidad compleja de un capitalismo que mientras explota, aprovecha de las opresiones en su propio beneficio. “Para nosotras, la lucha de clases también pasa por el cuerpo” afirmaban, agregando que la “represión sexual, trabajo alienado y opresión económica lo han encarcelado sistemáticamente’. No es cuestión de separar nuestra lucha sexual y nuestra lucha diaria por la realización de nuestros deseos de nuestra lucha anticapitalista, de nuestra lucha por una sociedad sin clases, sin amo ni esclavo”.

Aún habiendo transcurrido medio siglo, la reflexión del FHAR da en la tecla sobre un problema que persiste, se amplifica y aún hoy en día está invisibilizado a gran escala. El neoliberalismo llevó adelante una política de tolerancia hacia las personas LGBT, limitada a conquistar algunos derechos básicos, que tuvo gran llegada fundamentalmente en el mundo occidental. También buscó explotar las identidades gay y lésbica como un nicho de mercado, creando productos y servicios específicos, forjando estereotipos ligados a la capacidad de consumir.

Sin embargo, al mismo tiempo profundizó como nunca la desigualdad social y económica, con la precarización laboral, la pérdida de poder adquisitivo y de derechos sociales como el acceso a la salud o educación. Los números de la pobreza crecen, mientras los más ricos acrecientan sus fortunas de manera desenfrenada. Una realidad que deja como saldo una minoría LGBTIQ+ con capacidad para consumir y disfrutar plenamente los derechos conquistados, y a una mayoría que trabaja para subsistir y cuya vida, atravesada por la discriminación, es cada vez más complicada. Trabajar jornadas eternas, con cuerpos cansados por el esfuerzo físico o la cabeza quemada por no saber si se llega a fin de mes, se vuelven un boomerang contra los discursos que apelan a un disfrute pleno de la sexualidad sin contemplar esta realidad.

Una contradicción que comienza a expresarse en sectores de jóvenes que, tal como planteaba el FHAR desde una perspectiva anticapitalista, no ven contraposiciones artificiales entre opresión y explotación, se trata de lo que pasa con sus vidas en el día a día. Algo de esto se expresa en el fenómeno de sindicalización de jóvenes trabajadores en Estados Unidos en Starbucks, donde gays, lesbianas, trans y no binaries están a la cabeza de organizarse contra la discriminación y para cambiar sus condiciones de vida.

[1] En los comienzos de la revolución rusa encabezada por Lenin y Trotsky la homosexualidad fue despenalizada, medida que Stalin revirtió en 1933 volviendo a castigarla

Y TAMBIÉN…
A 50 años. Lecciones del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria de Francia

Mayo del 68 abrió un periodo de intensa lucha de clases en Francia. Durante más de una década, la revuelta de los jóvenes y los trabajadores se extendería a otros sectores oprimidos que también querían "disfrutar sin restricciones" y derrocar el viejo mundo.
Adrien Balestrini / Camille Münzer / Camille Lupo | La Izquierda Diario, 2021-06-28
https://www.laizquierdadiario.com/Lecciones-del-FHAR-a-50-anos-de-su-fundacion

2020/02/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | SEJO CARRASCOSA: "NO ESTAMOS CUESTIONANDO LA BICHA: LA HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA"

Pikara / Sejo Carrascosa //

Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»

Sejo Carrascosa alerta sobre que, si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará». En una época de explosión de las identidades, el histórico activista marica insta a «buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común».
Itziar Abad | Pikara, 2020-02-26
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/no-estamos-cuestionando-la-bicha-la-heterosexualidad-obligatoria/

Sejo Carrascosa comenzó su militancia en grupos libertarios y antiautoritarios, a los que siguió la CNT. Su primera movilización fue en el instituto, contra la segregación por sexos que imponía la dictadura: «Había dos edificios: uno, para chicas y otro, para chicos. Llegó un momento en el que les dio por separarnos también en el patio. Primero fue por horas. Los chicos entrábamos a las 9:00 y las chicas a las 9:30 o viceversa. Luego pusieron un alambre, que arrancamos, y más tarde, una pared de ladrillo, cual muro de Berlín, que tiramos a patadas. Éramos de barrio, más brutos que un arado...». El activismo marica lo inició en el FLHOC (Frente de Liberación Homosexual de Castilla) hace tantos años que, por aquel entonces, Madrid, su lugar de origen, aún pertenecía a Castilla la Nueva. Actualmente, Sejo Carrascosa forma parte del colectivo gasteiztarra Lumagorri ZAT (Zisheterosexismoaren Aurkako Taldea).

¿Qué reivindicaban estos frentes de liberación?
Además del tiempo para el bocadillo, pedíamos tiempo para poder ligar o clases para aprender a darse por el culo. Queríamos potenciar las relaciones sexuales en las fábricas, porque planteábamos la homosexualidad como un espacio de liberación del capitalismo. Frente a la producción capitalista, sistema totalmente opresivo, las consignas eran gozar de nuestros cuerpos y abolir el trabajo asalariado: ‘Estamos aquí para gozar, no para currar como cerdas’. También reivindicábamos las relaciones intergeneracionales, porque considerábamos que la edad era una imposición más del sistema capitalista. A los 14 no se podía follar ni elegir con quién follabas, pero sí se podía currar. De hecho, había mucha gente trabajando a partir de esa edad para poder irse de casa de los padres. Aborrecíamos la familia tradicional que, además, era uno de los puntales de la dictadura. Los frentes de liberación formaban parte de la contracultura; no había cosa que no cuestionáramos.

¿Quiénes los componían?
En aquella época, las identidades no eran tan cerradas como ahora porque la lucha era una cuestión de liberación sexual. De forma totalmente estratégica, no reinvindicábamos las identidades homo/hetero. Así, nadie tenía que identificarse de ninguna manera. Los frentes de liberación estaban en todo el Estado y se politizaron cuando llegaron las feministas lesbianas, de la mano del marxismo y del anticapitalismo.

¿Y después del FLHOC?
Cuando te empiezas a drogar no te queda tiempo para...
 
...hacer frente al capitalismo.
¡Bastante tienes con evadirte de él! (risas)

Vuelves en el año 92, como promotor del grupo Radical Gai.
Era un domingo de rastro en Madrid. Había habido un encuentro de la Coordinadora de los Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que aún se mantenía como estructura. La Radi la montamos la gente más izquierdista de COGAM [el colectivo LGTB+ de Madrid], que salió de ahí porque el colectivo ya había hecho una apuesta bastante asistencialista, y yo, que era de los pocos que no venía de esa escisión. En aquella época se empezó a abrir la caja del asistencialismo: servicios, orientación, asistencia, etc., lo que exigía rebajar tus principios y, en consecuencia, una despolitización. Anduvimos un par de días buscando un nombre para el nuevo grupo. ‘La Josefin’ planteó que nos llamáramos Confecciones La Rata, por nada en particular... (risas). La Radical Gai era un espacio de supervivencia o de sociabilidad. Ya habían surgido los movimientos okupas, que suponían la autonomía de las instituciones y una crítica a la sociedad, al consumo, a la vivienda, a la convivencia… Estaba Minuesa, que era un centro okupado grande, con una imprenta enorme, donde se hacían fiestas. Nos reuníamos en la fundación anarquista Aurora Intermitente, donde tenía también su sede una agencia de noticias alternativa llamada UPA. Nos impregnábamos de todo aquello.

¿Por qué la Radical Gai resultó tan transgresora?
Modestia aparte, éramos bastante geniales tocando las pelotas. Lo primero que hicimos fue llenar Madrid de pintadas: «Maricas para ligar, maricas para luchar», porque ya existían los bares de ambiente y se había derogado la ley de peligrosidad social. Por entonces estaba al pilpil el movimiento okupa y el de objeción de conciencia, en donde algunas mujeres empezaban a cuestionar la estructura y a denunciar el machismo interno. En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio. Había carnalidad en la represión. Que te metieran en la cárcel era chungo.

Practicábais la interseccionalidad avant la lettre.
Mariconizábamos todo lo que tocábamos. Interveníamos en movimientos ‘generales’ porque todos trataban el rollo marica como ‘lo vuestro’. Hacíamos muchas acciones para cuestionar la heterosexualidad, lo cual nos costó muchas amistades... «¿Qué pretendéis, que nos hagamos todos maricas?», nos preguntaban. Y nosotras: «Todos, no, pero ese de ahí...». (risas). Un día pillamos una reglamentación de Renfe que advertía a sus servicios de seguridad que tuvieran cuidado con mendigos, insumisos y homosexuales. Nos fuimos a Chamartín a montar tal show que terminamos detenidas 50 personas. Pasara lo que pasara dábamos el cante. ¿Que el grupo Cuba Dura, al que llamábamos Cuba Erecta, convocaba una mani? Pues ahí íbamos nosotras, con el panfleto «Nos da por Cuba», para denunciar el tratamiento que se daba en ese país a los gaises. ¿Que era jornada de huelga? Pues llenábamos Chueca de pintadas: «La patronal es heterosexual». Y salía el dueño de un bar: «Yo no soy heterosexual». Y nosostras: «Ya, pero eres un explotador que no pagas a los camareros». Todo lo que hacíamos suponían broncas grandes y debates perpetuos. La radicalidad nos venía del hecho de plantear respuestas concretas a cosas que pasaban. Estábamos muy politizadas, teníamos ganas y no dependíamos ya de consensos con gente asistencialista de COGAM. Todo esto sucedía en torno a Lavapiés, donde vivíamos la mayoría de activistas y donde aún no había gentrificación.

¿Y con la eclosión del VIH?
Vino la gran bronca en el activismo. Para tratar de evitar que la sociedad hiciera la ecuación ‘gaises sida’, el VIH se convirtió en un tema tabú. Sin embargo, la Radical Gai supo darle un carácter social muy grande. ¡¿Cómo no íbamos a tocar el tema?! Mis amigas lesbianas tuvieron un papel protagonista en la lucha contra el VIH que, gracias a ellas, se politizó mucho más. La cosa estaba jodida: enfermedades, hospitales, muertes... Veíamos lo rápido que moría la gente, en un periodo de entre tres y seis meses. La prueba no estaba ni mucho menos generalizada y faltaban medicamentos así que, cuando la gente entraba al hospital con algún tipo de enfermedad, muchas veces tenía ya deterioradísmo su sistema inmune. El sida se cebó en los sectores más vulnerables de la sociedad: los yonquis, los presos, las mujeres, las trabajadoras sexuales. Veníamos de épocas de heroína. Eso sirvió para que mucha gente ajena a los gaises se concienciara e involucrara en la lucha contra la infección. Vía carta y fax nos relacionábamos con los grupos Act Up! de la época: de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Holanda. Conocíamos sus formas de acción y queríamos que las nuestras, ante tanto sufrimiento, también fueran más allá, aunque nos detuvieran.

Si tu pluma les molesta, ¡clávasela!

Ese eslogan se nos ocurrió en la fotocopiadora, haciendo unas pegatinas antifascistas para un 20N. Reivindicábamos mucho la pluma, por ser la feminidad una de las mayores potencialidades subversivas del movimiento marica. La gran maestra Empar Pineda decía que los chicos les debían mucho a todas las maricas, que si ahora pueden llevar pendiente y demás cosas estéticas es gracias a ellas. Estaba también el movimiento de gaises, de corte más posibilista y asistencialista. Hoy en día, en el Estado español, en círculos okupas, antiespecistas y veganos hay muchos grupos maricas que reivindican la pluma. Y yo lo celebro.

En el 95 abandonaste Madrid y te instalaste en Gasteiz. Es el sexilio a la inversa...
¡Ojo con Gasteiz que aquí se mandó a hacer puñetas a la Virgen Blanca! Dos cuerdas y ¡pumba! Ahí la tienes ahora, metida en una hornacina. También eran famosas las procesiones ateas en Semana Santa. Cuando llegué, Gasteiz era un punto muy importante del movimiento autónomo y alternativo, pero todavía había mucha gente en el armario. Eso me supuso cierto choque porque yo ya venía de una visibilidad absoluta. Por ejemplo, todavía pesaba que te vieran en la prensa y los grupos que existían eran aún espacios de sociabilidad a los que se iba para conocer gente. Al no ser esto una gran ciudad, faltaban referentes. En Madrid estaba Chueca.

¿Te parece estratégico que el movimiento LGTB incida en la agenda institucional?
El movimiento LGTB no tiene una buena agenda, una que reivindique acabar con los privilegios de la heterosexualidad y romper la base social, totalmente heterocentrada y, por ende, asimétrica, machista y misógina. La heterosexualidad es una identidad tóxica y nociva, pero es muy difícil entrar a cuestionar eso. El matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad, un contrato para tener a la mujer ahí atada con la prole. Fíjate si papá y mamá tienen privilegios que hasta la Constitución les reconoce la libertad para educar a sus hijos, dando por descontada su capacidad para hacerlo. ¡¿Dónde se ha visto esto, por Dios?! La educación es la única forma que tiene la sociedad de salvar a esas criaturas de las creencias de sus padres. ¡Y encima les dejamos que las lleven a la escuela concertada! Las criaturas están siendo utilizadas como una especie de gran foco de censura y de políticas totalmente antisexuales y antidiversidad: «Los niños no pueden verlo».

Ni el nudismo en la playa.

Ni exposiones en un museo. ¿Cómo no van a poder ver cuerpos desnudos o gente follando, pero sí matándose entre ella? Hay ciertos temas que hemos convertido en tabú. Entonces, volviendo a que el movimiento incida en la agenda institucional, no me interesa que la incidencia consista en una gestión de la diversidad, porque va a ser liberal y sectorial. Quiero incidir con enfoques y puntos de partida que envuelvan a toda la sociedad y que tengan en cuenta los posos de exclusión que ha habido históricamente: por qué las mujeres no están en el ágora o por qué los maricones no hemos cumplido la función del hombre, tocando así el núcleo duro del sistema. La producción no es lo único que lo sostiene.

¿De qué más cosas se vale?

En estos momentos, el sistema capitalista ya no quiere a los cuerpos por productivos, sino por deseables, por exitosos en términos sociales, porque de producir se encargarán los robots y las fábricas en los países empobrecidos. ¿Y aquí a qué nos vamos a dedicar? A tener cuerpos con éxito. De ahí la gordofobia y la construcción de cuerpos no deseables, los que están fuera de los cánones estéticos, los negados, los expulsados más allá de los márgenes porque son incapaces de tener el éxito social. La productividad y el éxito son una imposición del sistema de tener que ser algo. ¿Por qué no limitarnos a vivir, que puede ser bastante enriquecedor?

Decías antes que «el matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad». ¿Cómo casa esto con el matrimonio igualitario?
El matrimonio igualitario consiguió que las personas no heterosexuales fueran tan vulgares y ordinarias como el resto (risas). A nivel político, supuso legitimar estructuras que van en contra de los derechos individuales. No obstante, representó un gran logro, ante un derecho conculcado, que mitigaba en cierta medida una situación lacerante como era la pandemia del VIH/sida. Ocurría que, cuando moría alguien, su familia homófoba se quedaba con todo el patrimonio y dejaba sin ninguna propiedad a su pareja, en contra de la voluntad de la propia persona fallecida, por falta de una relación contractual de por medio. Pasaba también que, si el enfermo estaba hospitalizado en un centro privado, la familia prohibía la visita de la pareja.

Vale, el movimiento LGTBI no tiene una «buena agenda» para la incidencia. ¿Qué hay de las instituciones? ¿Están a la altura?
La mercantilización y el consumo que han creado en torno a la identidad gay representa una forma de cooptación brutal. Ahora para ellas no somos más que un target económico con el que pueden lucrarse. El pride es el ejemplo más evidente de eso y también de pinkwashing: lo montan para generar unas pelas y, de paso, tienen coartada para poner a sus municipios la medallita de los derechos humanos. Estamos inmersas en un espectáculo continuo, en el que tanto dinero aportas tanto vales. Asistimos a que en las instituciones hay gente sin ninguna conciencia. Hay gaises en Ciudadanos, en Vox, en el PP... que consideran que la orientación sexual y la identidad de género pertenecen al ámbito de la intimidad. ¿Dónde queda la potencialidad subversiva?

¿Hemos perdido el norte con las identidades?
Me parece una ida de olla. Hay una cosa muy importante: la identidad es un efecto, no una causa. No debemos caer en políticas identitarias. Son el equivalente a políticas neoliberales y nos encorsetan, porque parten de un enfoque en absoluto interseccional. Podemos ser hiperidentitarias, pero el no saber jugar con las identidades nos ha llevado a rebajar la carga reivindicativa. No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria, de Adrienne Rich; o la heterosexualidad como construcción política, de Monique Wittig. Ya está bien de seguir promocionando la heterosexualidad, de hablar de diversidad por todas partes en lugar de disidencia. Si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará y, a cambio, nos dará unas miguitas. «Aquí están los gaises; aquí, los judíos; aquí, los gitanos...». Debemos buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común, igual que hicimos en la época del sida. Entonces no caímos en el identitarismo de «hablo yo que soy el enfermo y tú te callas», sino que teníamos el convencimiento de que la lucha era de todo el mundo: «Si te mueres tú, que eres mi amigo, ¿cómo no me va a afectar?».

Y con el repunte del fascismo...
La gente no se hace una idea de lo que es eso... En el año 80, después de una mani en Argüelles, zona facha, al hijo de un ministro y a su novio les metieron un palizón que los mandaron al hospital. Hoy en día, el fascismo en Madrid vuelve a estar crecido y a gozar de mucha impunidad. Su repunte nos va a obligar a evitar de nuevo los espacios geográficos en donde se localizan los mecanismos del desprecio. Vamos a asistir otra vez a la zonificación de las ciudades, a tener que elegir una zona u otra según la seguridad que ofrezca. Es una vuelta al armario. Cerca de donde tenga la sede Vox, por ejemplo, nos andaremos con cuidado con los símbolos que llevamos, como esta chapa y esta banderita del orgullo en mi bolso.

En 'El libro del buen Vmor'. Sexualidades raras y políticas extrañas, coordinado por Fefa Vila y Javier Sáez, escribes: «Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente». Suena durísimo...
Haber sido parte de una generación que se pierde y, sin embargo, seguir vivo me sitúa en un espacio privilegiado e incómodo. ¿Por qué yo no y otra gente sí? No sé si me toca ser el testimonio, el recuerdo o, simplemente, vivir con un déficit o un vacío. Luego hay algo muy ligado al holocausto: el imperativo moral de convertirse en memoria, una forma de dejar de ser tú misma.

Una última pregunta: ¿por qué dices gaises?

Para mí esa es una forma de alejamiento y de cuestionamiento de las identidades más despolitizadas, de las que están dentro de la moda y de las políticas de consumo, de las que no buscar subvertir, sino integrarse.

1992/12/19

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | LA COORDINADORA GAI-LESBIANA Y EL DERECHO DE SUBROGACIÓN DEL CONTRATO DE ALQUILER

La Coordinadora Gay-Lesbiana...
El País, 1992-12-19

https://elpais.com/diario/1992/12/20/sociedad/724806005_850215.html 

La Coordinadora Gay-Lesbiana mostró ayer satisfacción por el reconocimiento por parte del Gobierno del derecho de subrogación del contrato de alquiler de una vivienda, si muere el titular, a su pareja. La coordinadora cree precisa una enmienda que diga "con independencia de la orientación sexual".

1990/11/28

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | LA SANIDAD DANESA EN CONTRA DE LA INSEMINACIÓN ARTIFICIAL DE PAREJAS LESBIANAS

La Sanidad danesa no paga la inseminación artificial de las parejas lesbianas.
Rosario Gasca | El País, 1990-11-28

https://elpais.com/diario/1990/11/28/sociedad/659746810_850215.html

Las lesbianas pueden casarse en Dinamarca, pero les está prohibido usar fondos públicos para tener hijos concebidos mediante inseminación artificial. Ésa es al menos la opinión del ‘ombudsman’ del Parlamento danés, que reacciona así a la queja de una pareja de mujeres homosexuales a la que se les negó en un hospital de Copenhague tener descendencia mediante ese método.

En Dinamarca, donde los homosexuales pueden registrar oficialmente su convivencia en pareja desde octubre de 1989, no existe una legislación concreta sobre quién puede beneficiarse de la inseminación artificial, aunque el Ministerio de Sanidad está en contra de que se les ofrezca a las solteras y a las lesbianas. Los hospitales del país han establecido además la regla de que antes de practicar la Inseminación artificial una pareja de heterosexuales tiene que justificar que ha convivido al menos durante tres años y demostrar que el hombre es estéril.

La pareja de lesbianas que presentaron la queja, considera que la decisión del ‘ombudsman’ es discriminatoria. El Ministerio de Justicia danés considera que los gays y lesbianas que han registrado oficialmente su vida en común, no pueden adoptar hijos como se les permite a los matrimonios de heterosexuales.

1987/02/08

DOCUMENTACIÓN | JORNADAS | POLÉMICA ENTRE LESBIANAS SOBRE SU RELACIÓN CON EL FEMINISMO

Polémica entre las lesbianas sobre su relación con el feminismo.
Milagros Pérez Oliva | El País, 1987-02-08

https://elpais.com/diario/1987/02/09/sociedad/539823607_850215.html

Las jornadas sobre lesbianismo, que ayer se clausuraron en Barcelona con la participación de más de 300 mujeres de toda España, terminaron con una polémica sobre cuáles deben ser sus relaciones con el movimiento feminista, en la que predominó la posición de las lesbianas que consideran el movimiento feminista como un referente ideológico esencial. La posición minoritaria fue defendida por las autodefinidas ‘lesbianas antes que nada’, la mayoría de las cuales pertenece a grupos autónomos creados al margen del movimiento feminista que acusan a éste de haber dado excesiva preeminencia a las relaciones heterosexuales y haber marginado las reivindicaciones de las lesbianas. En el extremo de esta corriente se sitúan las que consideran que el lesbianismo es la opción más consecuente para la mujer en general y las feministas en particular.

Las llamadas ‘lesbianas feministas’ replicaron alegando que esta posición constituye una imposición tan dogmática como pueda serlo la de la heterosexualidad por parte de la cultura dominante. Para ellas, el movimiento feminista, además de haber arropado y facilitado que las lesbianas pudieran expresarse como tales, constituye un cuerpo teórico e ideológico fundamental para vivir el lesbianismo como una opción de libertad personal.

"De la misma manera que considero que es intolerable que se pretenda imponer a nadie la heterosexualidad, creo que como lesbiana, tampoco tengo derecho a imponer a las demás mi opción personal como la única buena", sintetizó una de ellas. "El derecho al propio cuerpo que todas reivindicamos incluye tanto la heterosexualidad como el lesbianismo, sin considerar superior a ninguna de las dos opciones".

1986/11/05

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | UNA CONDENA INMORAL

Una condena inmoral.
Gianni Gennar | El País, 1986-11-05

https://elpais.com/diario/1986/11/06/opinion/531615610_850215.html 

Lo que más me ha sorprendido del documento del cardenal Ratzinger sobre los homosexuales es su evidente inutilidad, puesto que no contiene novedad alguna. ¿Qué finalidad tiene publicar, dar a conocer un documento que no dice nada nuevo? Sólo puede servir para confirmar las dudas que engendrara el anterior y que éste no hace más que reiterar, y para confirmar certidumbres que, en algunos casos, se habían vuelto inciertas. Pero también puede servir, y éste es el caso, según mi parecer, para revelar una inseguridad de fondo, justamente, sobre lo que se acaba de reiterar. Es un poco lo que ocurre cuando en un grupo alguien que cree dirigirlo golpea el puño sobre la mesa y grita: ¡aquí mando yo!, lo que es muestra inequívoca de que allí no pinta nada. En la Iglesia católica está sucediendo precisamente esto en lo que respecta a la homosexualidad. Desde hace años ya, tal vez desde hace décadas, pero en los últimos tiempos con gran fuerza, se halla en aumento el número de creyentes católicos que son homosexuales y así lo manifiestan, y, simultáneamente, quieren continuar declarándose y siendo católicos. La auténtica novedad, está claro, no es la existencia de homosexuales creyentes, sitio el hecho de que éstos hagan explícita declaración de ambas realidades: de su homosexualidad y su fe. No ha sido, simplemente, un proceso espontáneo que se verificó sin razonamientos y apoyaturas teóricas. Detrás de este movimiento está no sólo la liberalización sexual que ha alcanzado Occidente, no sólo la comercialización del sexo que ha trivializado todo lo que a él se refiere, no sólo el fin de viejos tabúes y la quiebra de las tradicionales inhibiciones sociales. Todo esto podrá ser considerado respecto al fenómeno global de la homosexualidad en el mundo moderno, pero, en lo que respecta a la orientación de la Iglesia católica, a la condición de homosexual y a la profesión de fe, existen dos grandes revoluciones ya acaecidas y que no es posible ignorar, ni siquiera por parte del ex Santo Oficio. La primera es la revolución que afecta a la concepción fundamental del sexo heredada del pasado. Desde el momento en que Pío XII afirmara que el acto sexual no es un mal, sino un bien que se justifica incluso por sí mismo y que, por tanto, resulta lícito aun cuando no sea procreativo, ya por la avanzada edad de los cónyuges, ya porque tiene lugar en períodos naturalmente infecundos, se rompió un vínculo que hasta entonces había sido absolutamente indisoluble.

Pera la tradición cristiana, representada de manera clave y decisiva por san Agustín, quien recogiera las tradiciones culturales antiguas en esta materia y las insertara en el cuerpo del cristianismo histórico, la única justificación moral de la sexualidad era la procreación. Una sexualidad no procreativa era inconcebible. El acto sexual, para encontrarse justificado, tenía la necesidad de ser vuelto honesto por la voluntad procreativa; de otro modo era algo sucio y vergonzoso, impúdico. Si un acto sexual, si una práctica sexual no son ya sucios en sí mismos, incluso cuando no son procreativos, entonces las reglas para juzgar como moral o inmoral una práctica sexual determinada ya no podrán hacer referencia a la procreación y, por tanto, tampoco a la diferencia sexual, que es condición necesaria para la procreación. El sexo es un bien, incluso cuando no es procreativo; entonces la tradicional condena de la homosexualidad como no procreativa se torna inmoral al perder su motivación principal, y entonces, para juzgar una relación sexual, debe hacerse referencia a otros criterios.

Se trata de una orientación que, como veremos en seguida, se basa en un punto de vista que también puede ser rechazado, pero que, en vez de eso, es examinado y juzgado bajo la luz de las nuevas condiciones y de las nuevas convicciones, también teológicas y doctrinales.

Simultáneamente a esta revolución cultural y teológica, en la Iglesia católica tenía lugar otra, la de la interpretación histórica de los textos bíblicos. Resultaba ya claro y aceptado, luego de siglos de discusiones y décadas de condena, que los textos bíblicos no deben leerse automáticamente y sin interpretación alguna, como si fuesen directa y literal expresión de fe.

Los textos deben ser interpretados para así comprender la dinámica histórica, es decir, para comprender lo que hay en ellos de la cultura propia del tiempo en que fueron escritos y lo que hay, contrariamente, de expresa verdad de salvación y de fe. Este principio, primeramente contestado y condenado durante décadas, precisamente por el Santo Oficio, ha sido consagrado en el concilio e inaugura la posibilidad, también en lo que respecta a los textos sobre sexualidad y homosexualidad, de una interpretación diferente.

Es verdad que, por ejemplo, en el Antiguo Testamento hay textos que parecen durísimos contra la homosexualidad, pero es posible actualmente leerlos como expresión de la cultura procreativa y exclusivamente heterosexual del pueblo hebreo. Lo mismo puede hacerse también con textos análogos de san Pablo, que es el único autor del Nuevo Testamento que habla extensamente de este asunto. Jesucristo jamás habló de ello... Se trata de textos discutibles y discutidos, pero forman opinión y toman cuerpo, generando discusiones y debates.

Esto es válido para las iglesias protestantes y para la católica, que, respecto a este asunto, nunca ha abierto siquiera un mínimo resquicio, y ha avadado, en el transcurso de los siglos, marginaciones y feroces prácticas discriminatorias y punitivas contra los homosexuales.

En nuestros días comienza a afirmarse un razonamiento sobre la sexualidad que no excluye, quede bien claro, la dimensión procreativa que pueda tener la misma, pero considerándola como una de las factibles, y no necesariamente la característica de su ejercicio. En esta línea, y teniendo en cuenta que cada vez con mayor frecuencia las ciencias humanas sostienen que un cierto grado de homosexualidad puede ser innato a la fisiología de un individuo, se empieza a pensar que, como no todos los actos heterosexuales son moralmente idénticos, de igual manera, no lo son tampoco los homosexuales. De aquí se desprende, consecuentemente, la afirmación según la cual una relación homosexual que sea sinceramente respetuosa de la libertad y de la sinceridad en la comunicación, de la fidelidad y de la ternura, de la generosidad en la entrega y del compromiso, puede ser moralmente honesta, y, en realidad, más honesta que muchas relaciones heterosexuales, posiblemente bendecidas por el sacramento del matrimonio, pero basadas en el dinero, en la dominación, en la falta de afecto y de respeto, en la violencia y el engaño. Se trata innegablemente de un razonamiento nuevo que, cada vez, se afirma más, no obstante las condenas individuales de teólogos, de textos teológicos y de pastorales. Tengamos presentes las experiencias del suizo Pfurtner, del italiano Valsecchi y del libro estadounidense ‘La sexualidad humana. Nuevas orientaciones del pensamiento católico norteamericano’, que fueron condenadas dura, pero ineficazmente. Las ideas no se detienen con la censura. Con estas argumentaciones teóricas a la espalda y con la fuerza de la protesta de grupos cada vez más numerosos de homosexuales creyentes y practicantes, el problema se ha impuesto, cada vez más, a la atención de la Iglesia y se ha manifestado más acuciante.

Oficialmente, la respuesta fue un tímido indicio de diferenciación entre ‘comportamiento homosexual’, siempre declarado inmoral, y ‘orientación homosexual’, que, si no se convertía en comportamiento, no era en sí misma un mal. La distinción fue hecha, precisa y explícitamente, por el propio Juan Pablo II en un famoso discurso pronunciado en Filadelfia (Estados Unidos), pero el documento de Ratzinger reniega de la misma, haciendo abierta crítica al Papa al afirmar que también la orientación homosexual es en sí misma inmoral, en tanto que intrínsecamente perversa. ¿Se trata de una cerrazón provocada, como alguien escribió, por el miedo que provoca el SIDA? ¿Se trata de una maniobra de la derecha tradicionalista en busca de una revancha luego de la aventura ‘progresista’ de Asís, en la que la verdad cristiana corrió el riesgo de presentarse como una más entre tantas otras verdades religiosas y teniendo como cómplice de ello al mismo Juan Pablo II? ¿O se trata más bien de una desesperada tentativa por parte del Santo Oficio, para retomar el control de los obispos, decididos ya a andar cada uno por su propio camino pastoral?

Todo puede ser. Esto es cierto, pero hasta que no se afronte el verdadero nudo teológico del problema, es decir, el de la relación entre la concepción humana y cristiana de la sexualidad y su significado procreativo, los documentos así llamados pastorales, los pronunciamientos disciplinarios, las reprimendas dirigidas a los obispos y teólogos, carentes de indicios de profundidad, sin atisbos de bibliografía, faltos de una nota científica, no lograrán cambiar nada.

El nudo permanece intacto y el miedo no es sólo hacia la homosexualidad o al SIDA. Sobre el mismo nudo también está basada la cuestión de la ‘Humanae Vitae’, el documento de hace 18 años, con el que se pretendió resolver, bloqueándolo desde el principio, el problema, precisamente, de la relación entre sexualidad y procreación, entre moralidad y anticoncepción, entre naturalidad y artificialidad de los comportamientos sexuales.

Lo esencial en toda esta cuestión es que ninguno olvide que se trata de la carne viva de hombres y mujeres vivos, de la dimensión más profunda y más sentida de muchas personas.

Gianni Gennari es teólogo y escritor.

1984/06/22

DOCUMENTACIÓN | 28J | EMPAR PINEDA: LA DICTADURA DEL HETEROSEXISMO

La dictadura del heterosexismo.
Empar Pineda | El País, 1984-06-22

https://elpais.com/diario/1984/06/23/opinion/456789610_850215.html

Todavía hoy en numerosos ambientes causa escándalo, o como mínimo estupor, oír que una mujer dice que es lesbiana. A mí estas reacciones me resultan, cuando menos, curiosas, ya que amar a otra mujer, sentirse atraída por mujeres, es algo que nosotras, las feministas lesbianas, vivimos con la mayor naturalidad, como algo cotidiano, como un sentimiento que no necesita de sesudos argumentos que lo justifiquen. Una afirmación como ésta puede resultar chocante. Hoy día, sobre lesbianismo -o sobre homosexualidad en su caso-, se manifiestan muchas opiniones del más variado tipo, pero rara, rarísima vez, en ellas se plantean las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo como algo tan satisfactorio, tan legítimo, tan natural, como las relaciones entre personas de distinto sexo.

Habrá quien dirá que exagero, que en la actualidad son ya muchas las personas que así lo plantean. Permítaseme, cuando menos, dudarlo. Porque ¿a qué viene, entonces, el casi, casi inevitable: "¿Ustedes, por qué son lesbianas?", de los coloquios y debates cuando de lesbianismo se está tratando? Cuando poca, poquísima, gente se ha preguntado: "¿Y yo, por qué soy heterosexual?, ¿por qué no soy capaz, por qué rechazo la posibilidad de sentir atracción hacia personas de mi sexo?". No nos engañemos: hoy día sigue siendo necesario responder con 1.000 razones sesudas, pensadas, argumentadas, para demostrar la evidencia: que sentir atracción hacia personas del mismo sexo, que amar a las mujeres -en nuestro caso- es algo bueno, legítimo, satisfactorio. ¡Que está muy bien, vamos! ¿A qué viene el escándalo o el estupor ante mujeres u hombres que siempre, o en determinados momentos de sus vidas, se sienten eróticamente atraídas y atraídos por otras mujeres u otros hombres respectivamente? Sencillamente, a que no se nos considera, a las personas, como ‘seres sexuales’, sino como ‘seres heterosexuales’. O, dicho de otra manera, a que es la sociedad, y solamente ella, quien nos obliga a ser exclusivamente heterosexuales. Y, en lo que tiene de particular la consideración social del lesbianismo, es innegable el peso del pensamiento profundamente machista que podría resumirse así: es imposible que existan relación y goce sexuales entre mujeres sin la presencia masculina. Lo que, en el fondo, tiene todo que ver con la no consideración de las mujeres como sujetos -que no objetos- sexuales, tan querida del patriarcado.

De lo anterior fácilmente puede deducirse que para las feministas (tanto para las que mantienen preferente o exclusivamente relaciones heterosexuales como para las que mantenemos preferente o exclusivamente relaciones lesbianas), para nosotras, las personas, las mujeres y los hombres, somos seres sexuales.

Años ha que visiones desprejuiciadas, libres de anteojeras sexistas, describen el impulso o pulsión sexual de los seres humanos como algo enormemente flexible, de una plasticidad tal que las respuestas eróticas de las personas son de una gran variedad: un hombre, una mujer, pueden erotizarse en situaciones bien distintas y ante personas u objetos bien diferentes. Tal es la variedad, que resultaría inútil intentar definir con precisión los elementos que determinarían las preferencias sexuales de hombres y mujeres. Inútil, igualmente, intentar extraer generalizaciones. El impulso sexual en las personas estaría, pues, caracterizado porque su objeto de deseo no está predeterminado y las preferencias sexuales de cada cual es algo que tiene que ver con su historia individual. Historia individual inmersa -obvio resulta señalarlo- en una historia colectiva, en una sociedad muy concreta.

Y la nuestra es una de esas sociedades en las que, con mayor o menor elegancia, con mayor o menor brutalidad, el lesbianismo y la homosexualidad están condenados. Sociedades en las que, de un modo o de otro, se nos obliga a orientar nuestro deseo sexual hacia personas de distinto sexo. Y es que el lesbianismo y la homosexualidad no encajan ni bien ni mal en las normas de estas sociedades.

Una de estas normas es la ‘norma heterosexual’. Nos llevaría demasiado espacio rastrear en la historia hasta encontrar las causas que explican por qué la heterosexualidad ha llegado a ser ‘norma de obligado cumplimiento’. Simplificando un poco, en cualquier caso, no resulta aventurado afirmar que en la base de la imposición de la conducta heterosexual se halla una hipócrita (¿cómo puede seguirse defendiendo en la actualidad?) equiparación entre sexualidad y procreación y también -al menos en el ámbito de la tradición judeocristiana- un rechazo, un miedo al placer sexual y una especie de necesidad compulsiva de justificar este placer, tan poco ‘espiritual’, con la existencia de algún fin más sublime, como el que parece atribuirse al hecho de ‘traer hijos al mundo’.

Así, pues, nos educan en la norma heterosexual desde que nacemos: "A las mujeres sólo les pueden gustar los hombres, y a éstos, sólo las mujeres". De una u otra manera, nos inculcan la idea de que la sexualidad son las relaciones sexuales entre mujeres y hombres, más legitimadas si pasan por un juzgado o por un altar, y mejores aún si de ellas hay una descendencia.

Es tan fuerte la presión de estas ideas, cuenta la sociedad con tantos medios y tantas instituciones para mantenerlas -la familia patriarcal está en la base-, que la inmensa mayoría de la gente acaba, consciente o inconscientemente, creyéndose la gran falacia de que somos seres heterosexuales, de que solamente sentimos atracción sexual, deseo erótico, hacia las personas del otro sexo. La norma heterosexual, el deseo heterosexual convertido en norma, es tan aceptada socialmente, que mucha gente llega incluso a negar la evidencia cuando siente atracción sexual hacia alguien de su mismo sexo. ¿Cuántas mujeres, cuántos hombres no han sublimado, alguna o muchas veces en su vida, los sentimientos que les despertaban amigas o amigos, respectivamente? Sentimientos turbadores, inconfesables, que había que reprimir, desvirtuar, sublimar, negar en suma, porque aceptarlos en su verdadero sentido no encajaba en las normas de conducta sexual socialmente sancionadas. La fobia hacia la conducta homosexual o lesbiana es algo tan personalmente interiorizado en sociedades ‘homofóbicas’ como la nuestra que, en muchos, muchísimos casos individuales, aquélla ha podido más que el deseo o sentimiento propios.

Hasta tal punto se ha equiparado sexualidad con heterosexualidad, que la mayoría de la gente que mantiene relaciones sexuales con personas de distinto sexo considera que esto es lo normal, lo legítimo, lo natural. Y no reparan en la idea de que, de hecho, ‘la heterosexualidad’ se ha convertido en ‘norma de obligado cumplimiento’. Cuando todo en esta sociedad empuja en esa dirección, creo que, honestamente, resulta difícil defender la idea de que se elige libremente la heterosexualidad. Cuando la opción lesbiana o la homosexual no aparecen en nuestras vidas, cotidianamente, como opciones sexuales legítimas, tan satisfactorias y normales como la opción heterosexual; cuando en cuentos infantiles, novelas, teatro, poesía, o desde la radio, prensa, cine o televisión, es la pareja heterosexual el modelo que se brinda por doquier; cuando desde la infancia a las niñas se les van adjudicando novios y a los niños novias; cuando en ambientes progresistas se siente mucha incomodidad al tener que defender a lesbianas y homosexuales porque se tiene miedo a que te vayan a confundir si los defiendes; cuando se exige que lesbianas y homosexuales nos comportemos con seriedad en la calle y reprimamos nuestros sentimientos amorosos; cuando, con el Código de Justicia (¿?) Militar en la mano, se sigue condenando a soldados y marineros por su conducta homosexual... Cuando todo esto y mucho más ocurre en relación a opciones sexuales que no sean la heterosexual, ¿quién puede atreverse a decir, honestamente, que la heterosexualidad no se ha convertido en ‘una obligación’ en esta sociedad?

Así -no pudo ser de otro modo-, junto a la norma heterosexual, mal conviviendo con lo que se considera ‘normal’, las demás opciones sexuales se desarrollan contra viento y marea, brutalmente reprimidas a veces, de mala gana toleradas otras. "Enfermedad, degeneración, vicio, error de la naturaleza, inmadurez sexual..." Con éstos y otros epítetos se ha nombrado -y descalificado- y se sigue nombrando a la opción homosexual y lesbiana.

Espero que nadie se escandalice si digo que una sociedad heterosexista que disimula mal su homofobia cuando no hace ostentación de ella es una sociedad enferma. Una sociedad que no sólo hace desgraciadas y desgraciados a lesbianas y homosexuales, sino que impide, mediatiza el libre desarrollo de la vida sexual de sus gentes normales al limitar y constreñir a la heterosexualidad las diferentes opciones sexuales en las que puede expresarse el impulso, el deseo sexual de mujeres y hombres. Heterosexualidad en la que se manifiesta, como en los demás ámbitos de la vida, el predominio, la prepotencia de los hombres sobre las mujeres.

El tan traído y llevado ‘1984’ ha sido el año elegido por la Asociación Internacional de Lesbianas y Homosexuales como un ‘año de acción’ en todo el mundo. Para septiembre, se prepara la celebración de una conferencia internacional y una marcha en la ciudad de Nueva York. De este modo, este año, la conmemoración anual el 24 de junio del Día Internacional por la Liberación de Lesbianas y Homosexuales adquiere unas características particulares. A los cuatro vientos queremos difundir ideas tan elementales como que todo el mundo tiene derecho al placer, al disfrute, al gozo, a la alegría, a la comunicación, que se logran en el desarrollo de una sexualidad no opresora, gratificante. Y que nadie tiene derecho a convertir en norma de obligado cumplimiento ninguna de las posibles formas de desarrollar nuestra sexualidad, ninguna de las opciones sexuales posibles.

Si defendemos estas ideas de libertad sexual, de no imposición, de negarnos a la normalización de nuestras vidas, lo hacemos con el convencimiento de que vale la pena atreverse a vivir la sexualidad desafiando todo tipo de limitaciones, vengan éstas de donde vengan, ya que nadie tiene derecho a inmiscuirse en nuestra vida sexual. Y, por el contrario, toda persona, sea cual sea su opción sexual, tiene el legítimo derecho a disfrutar de una vida sexual satisfactoria y placentera.

Empar Pineda es miembro del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid.

1982/09/02

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD

Sobre la homosexualidad.
XXX · Cartas al Director | El País, 1982-09-02

https://elpais.com/diario/1982/09/03/opinion/399852006_850215.html

En un espacio perdido (estas noticias no acostumbran a publicarse con grandes alardes tipográficos) de El País del día 27 de agosto, leo el siguiente titular: "La Sala Segunda, del Supremo reitera su opinión sobre la homosexualidad". Antes de leer la semicolumna ya me suponía la ‘opinión’ de tan venerable institución. "Es práctica obscena" (la homosexualidad), "especialmente rechazada por nuestra cultura y entorno social", condena la mencionada Sala Segunda. Sigue diciendo la sentencia: "Con posturas indecorosas" (refiriéndosé a unas fotografías de una revista, a cuyo director se procesaba), "expresiones como las de el 'placer que llega y estalla', 'dispuestos ambos para el íntimo encuentro’, etcétera, son producto de subculturas que merecen la sanción penal".

Títulos de películas de la actual cartelera madrileña: ‘Bacanal en el aniversario de bodas’, ‘El precalentador’, ‘Magdalena, poseída por la bestia’, ‘Con las bragas en la mano’, ‘Con el sexo en los colchones’... ¡Para qué seguir! ¿Contradicción penal? No. Simplemente, hay manifestaciones que pueden ser susceptibles de atentar contra el orden actual y hay otras que ayudan a envilecer cerebros de muchos posibles rebeldes. Lo primero merece “el castigo de nuestra cultura"; lo segundo, la tolerancia más benigna. En una carta que dirigí a El País y que jamás se publicó decía que el más imbécil de los filósofos (o economistas, o físicos, o matemáticos) acostumbra a sentirse miembro orgulloso de este grupo sectario, reducido y privilegiado que se autodenomina ‘comunidad científica’. El buen burgués, o el que no lo es pero le gustaría serlo antes de morirse, tiene la misma actitud de nuestro filósofo: se siente orgulloso componente de la ‘cultura oficial’ y teme, como el vampiro a la cruz, toda manifestación que ataque a ésta. Así se siente seguro, pero es la seguridad del poder, y el poder no es perpetuo. Es, pues, la seguridad del miedo.

Por cierto, no soy homosexual.

1977/07/06

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | LOS MOVIMIENTOS DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL SE ORGANIZAN CONTRA LA REPRESIÓN

Los homosexuales se organizan contra la represión.
El País, 1977-07-06

https://elpais.com/diario/1977/07/07/sociedad/237074401_850215.html 

Para protestar contra la discriminación de que son víctimas y en solidaridad con los homosexuales americanos, han tenido lugar en diversas capitales europeas, Londres, Berlín, Amsterdam y París, diferentes manifestaciones. Esta solidaridad internacional nace para protestar contra la actual campaña «antihomosexual» que tiene lugar en Florida, pero que puede tener repercusiones o imitadores en otros lugares, no sólo americanos.

Los movimientos de liberación homosexual, más o menos radicalizados, tienen una fecha común de nacimiento: junio de 1969, cuando en Christopher Street, el ‘ghetto pede’ de Nueva York, por primera vez, los homosexuales hacen frente a la policía, rebelándose contra la represión de que son víctimas. De estos altercados nace el primer movimiento, que se declara además por la liberación de las mujeres, el aborto y la contraconcepción, contra el imperialismo (de todos los colores) y la guerra del Vietnam.

Pronto son imitados por los homosexuales europeos y surgen movimientos similares en Milán, Roma, París, etcétera.

Los americanos, debatiéndose contra unas leyes injustas, han conseguido algunas reformas del código penal: en dieciocho estados de la Unión, han sido abolidas las leyes que condenaban las relaciones homosexuales entre adultos. En 39 ciudades se han adoptado decretos antidiscriminatorios en materia de trabajo y alojamiento, lo que significa, entre otras cosas, que nadie puede ser privado de un trabajo o negársele un alojamiento por el hecho de ser homosexual. A finales de 1976 se votó en el Consejo Municipal de Miami un decreto de este tipo, siendo aprobado.

La reacción de la clase media anglosajona protestante en contra de este decreto fue virulenta. Inmediatamente, se crea una asociación para luchar en contra de la homosexualidad, que se denomina «Salvemos a nuestros hijos». Su portavoz, una mujer prototipo de la mujer americana: ex miss, baptista evangelista, casada, madre de familia numerosa (que vende su imagen en la publicidad, anunciando productos alimenticios) y se inicia una nueva «caza de brujas», una campaña fascinante, basada en la revalorización de las imágenes de la familia en su forma más arcaica y obscurantista y en los mitos de la feminidad y la virilidad, que se extiende al grito de «Matad un homosexual por amor a Cristo», «Es el diablo quien habla por boca de los homosexuales» y repartiendo pegatinas donde se lee «Matadlos a todos».

Como consecuencia de esta triste campaña, el decreto antidiscriminatorio es abolido. El día del referéndum, hasta los barrios obreros, que generalmente se abstienen, votaron en masa dando la victoria a Anita Bryant, lo que significa que a partir de ese momento, un hombre o una mujer homosexuales pueden ser discriminados «legalmente», con toda clase de garantías para el discriminador, a la hora de buscar un trabajo o un lugar donde vivir, con los abusos a que puede dar lugar, y todo esto ¿por qué?, simplemente, por no responder a la «normalidad» heterosexual americana.

Como consecuencia de esta campaña, cierto número de personalidades se movilizan para protestar, creando un movimiento de solidaridad con los homosexuales americanos; en Francia se ha firmado un escrito en contra de la discriminación ejercida en este sentido (entre los firmantes J. P. Sartre y Simone de Beauvoir) en el que, entre otras cosas, se dice: «La batalla de los disidentes soviéticos, de los oponentes a los regímenes totalitarios de todo el mundo, de las mujeres por la libertad de disponer de sus cuerpos, de los negros de África del Sur en contra del ‘apartheid’, de los homosexuales por el derecho a la existencia, son un sólo y mismo combate.» En Ámsterdam, en un mitin al que acuden más de 2.000 personas, la directora de la Universidad se declara lesbiana.

En París, a la llamada de los colectivos antirepresión, colectivo por la defensa de los derechos humanos, grupos de lesbianas feministas, feministas revolucionarias, mujeres del movimiento de mujeres y el Grupo de Liberación Homosexual Político y Cotidiano, responden solamente unas seiscientas personas, la homosexualidad todavía desacredita, en una manifestación pacífica, divertida y simpática, gritando «Moscú, N.Y., Pekín, Cuba y Santiago, abajo la represión de los homo», «Abajo la normalidad falocrática», «No busquéis al homosexual, buscad vuestra homosexualidad», «Cortemos las raíces del macho», «Los homo en la calle, no en el ‘ghetto’», y exhibiendo pancartas en las que se leía: «Yo he elegido ser lesbiana, ¿has elegido tu ser heterosexual?», «nuestros hijos no corren peligro alguno, no es una enfermedad, aunque sea contagioso», y la más significativa de todas «no me da vergüenza, me da miedo», miedo efectivamente de la violencia heterosexual, miedo de ser la cabeza de turco de una represión sistemática e injustificada, por defender unos valores decadentes y caducos que mantienen una estructura social viciada, miedo a no tener lugar en esta sociedad «liberal y avanzada», miedo a no poder manifestarse como se es, una persona normal, con una práctica sexual propia y natural.

Lo que está claro es que la heterosexual Anita no actúa por iluminación de Dios, aunque lo invoque con harta frecuencia, ni con dinero de su bolsillo; ¿quién ha sufragado los gastos de esta enorme campaña?, ¿a quién beneficiará, además de a la industria productora de la orangina anunciada por la impecable Anita? En resumen, ¿quién ha orquestado todo este circo represivo que puede convertir en una tragedia el hecho de vivir para muchos homosexuales?

1976/11/30

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | SOBRE LOS HOMOSEXUALES

Sobre los homosexuales.
XXX · Cartas al Director | El País, 1976-11-30

https://elpais.com/diario/1976/12/01/opinion/218242803_850215.html 

Con sorpresa y cierta perplejidad que leí en el número 174 de El País la carta del señor Pulla sobre el homosexualismo. En su carta el señor Pulla califica la homosexualidad como «una aberración de naturaleza análoga a una enfermedad», pero sin apoyar su hipótesis con argumentos de ninguna clase. Lo dice y basta.

El señor Pulla continúa diciendo que los homosexuales deberían «...realizar el esfuerzo de vivir con la apariencia de seres eróticamente normales». Ahora bien, aunque no soy homosexual personalmente, uno de mis mejores amigos lo es. Tiene absoluta «apariencia de ser eróticamente normal», si por ello hemos de entender «heterosexual», excepto, claro, cuando está con otros homosexuales.

Más adelante leo que al señor Pulla le parece que los homosexuales quieren «realizar una labor de captación de prosélitos para el contagio». Si así es, y nosotros, los heterosexuales, somos los únicos «naturales». ¿no será esa labor algo como pedirle a un perro que no ladre? Sólo pudiera realizarse bajo fuerza: y allí creo hallar el temor que tiene el señor Pulla. A los homosexuales les tiene miedo porque cree que son todos unos desgraciados que no hacen sino importunar a los «normales». En un ambiente donde se les prohíbe hacerse conocer, puede que den más casos de importunación que en otros sitios donde la ley es más comprensible. Además. no creo que exista motivo alguno para pensar que los heterosexuales seamos tan insospechados de molestias hacia los demás (o bien las demás) como se nos quiere hacer creer. Más aún, es muy posible que el señor Pulla conozca a algún homosexual sin darse cuenta, puesto que el porcentaje de homosexuales en la sociedad es más elevado que el que algunos quisieran admitir. Debe señalarse que el afeminado de voz alta y el travestí son rarísimos entre la misma comunidad ‘gay’ y hasta ésta se siente ofendida por ser identificada con aquéllos.

Tras decir que no pretende «el exterminio de los homosexuales», nos cuenta que «ni a nadie que no sea ellos mismos les interesan»... «la exposición pública de sus anomalías». ¿Es que hemos de entender que el heterosexualismo, en cambio, sí es interesante a la escala pública? ¿A quién le importa, por ejemplo, que se haya divorciado Carmen Sevilla? Pues a todos cuantos leen el tipo de prensa que lo publica. A mi modo de ver, los homosexuales también tienen derecho, a una prensa de cotilleo. Lo único que nos diferencia a los heterosexuales de los homosexuales son nuestros empujes sexuales. Yo soy totalmente heterosexual, no obstante jamás violé a nadie. Tampoco lo hacen los ‘gays’. (Gay es una palabra inglesa que significa «alegre» y es el vocablo que los propios homosexuales utilizan para designarse.) Arrinconar a un sector de la humanidad de esta manera -porque sí, por ignorancia- puede engendrar más disgustos que si no se hace.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...