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2019/12/27

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL LIBRO QUE CUENTA UN SIGLO LARGO DE LUCHA POLÍTICA DE 'INVERTIDOS Y ROMPEPATRIAS'

El libro que cuenta un siglo largo de lucha política de “invertidos y rompepatrias”.
Luis de la Cruz | El Diario, 2019-12-27

https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/el-libro-que-cuenta-un-siglo-largo-de-lucha-politica-de-invertidos-y-rompepatrias_1_6414697.html
Recogido también por Editorial Imperdible:
https://editorialimperdible.com/2019/12/27/resena-del-libro-invertidos-y-rompepatrias-en-somosmalasana/ 

Piro Subrat ha publicado una auténtica obra de consulta sobre la homosexualidad política en la historia contemporánea. Viajamos a algunos momentos tratados en el libro, como el debate sobre el tema en la universidad de la dictadura de Primo de Rivera o la lucha política de la Transición.

VENTANA TEMPORAL 1


Durante el año 1928 salió publicado ‘Libertad de amar y derecho a morir’, del jurista socialista (luego dirigente del PSOE) Luis Jiménez de Asúa, cuyo origen hay que buscarlo en el curso que ese mismo año impartió en la Universidad Central, en la calle de san Bernardo, titulado ‘Curso de Eugenesia’, y que, al parecer, fue censurado –el Ministro de Instrucción Pública ordenó al rector que lo expedientara– y volvió a impartir en la Universidad de Murcia.

El contexto de la Dictadura de Primo de Rivera no era precisamente idóneo para hablar del tema. El Régimen había aprobado un amplio repertorio legal al respecto, basado en el de la Italia de Mussolini, y tenía como uno de sus pilares un nuevo modelo de masculinidad. Ese mismo año se prohibiría la I Conferencia Eugenésica aduciendo que sería una exhibición pornográfica.

El curso de Asúa desencadenó un intenso debate social, una pelea de gallos que se libraría entre las páginas de los diarios ‘El Debate’ (conservador) y ‘La Libertad’ (liberal) y, finalmente, en un proceso judicial en el que fueron llamados a declarar más de un centenar de personas y que acabó absolviendo al profesor.

Lo cierto es que el debate sobre la sexualidad y la homosexualidad no fue librado en estas fechas solo por el socialista. Ese mismo año se habían publicado otras obras teóricas en la misma línea y vería la luz también ‘El Ángel de Sodoma’, de Alfonso Hernández Catá, libro contra la represión de la homosexualidad.

VENTANA TEMPORAL 2

Saltamos a 1977. En un Madrid que ‘se mueve y jadea’, coinciden en la capital activista y gay el FHAR (Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, muy vinculado a la izquierda trotskista), la Coordinadora de Marginados (que aglutina a muchos grupos de orientación libertaria), la Agrupación Mercurio por la Liberación Homosexual y otros, como los grupos vinculados al PCE. Una de las personalidades de entonces que sobrevoló con su pluma el momento de eclosión e inspiró la fundación del FAHR fue el escritor y periodista Eduardo Haro Ibars, muy vinculado al barrio de Malasaña y de quien ya hemos hablado en este periódico.

Hijo del conocido periodista Eduardo Haro Tecglen, había conocido durante su estancia en Tánger a personalidades como Goytisolo, Borroughs o Francis Bacon. En 1975 había publicado ‘Gay Rock’ y seguiría apoyando la causa desde sus artículos en ‘Triunfo’ y ‘Ozono’.

La lucha contra la Ley de Peligrosidad Social, en vigor, y por los derechos de los homosexuales, alcanzaría las páginas de la prensa alternativa y política de la época, como ‘Star’, consiguiendo influir en las organizaciones políticas de la izquierda y obligándolos a posicionarse. Ese mismo año todos los grupos organizaron el primer acto político homosexual madrileño: una recogida de firmas contra la Ley de Peligrosidad Social, dentro del ámbito de la Coordinadora de Marginados.

La fuerza con que los movimientos de homosexuales irrumpen en la política de la Transición y la influencia en los posicionamientos públicos de la izquierda en la época, a veces entre lo pacato y lo directamente homófobo, podríamos rastrearla en las declaraciones del alcalde ‘enrollado’ de la Movida, Enrique Tierno Galván (comienza lo que podría ser una cercana VENTANA TEMPORAL 3)

En una entrevista a Tierno publicada por ‘Interviú’ en 1976 éste dejaba una frase muy fea: “el homosexualismo es una desviación”. El ‘viejo profesor’ era contrario a la represión pero creía que no había que publicitar la homosexualidad, que era posible corregir mediante educación. Estas declaraciones le valieron el apelativo de ‘Fray Tierno’, mote fabricado desde la publicación libertaria y contracultural ‘Ajoblanco’.

En la película ‘El diputado’, de Eloy de la Iglesia, cuyo protagonista podría estar inspirado en Raúl Morodo, número dos de Tierno en su PSP, aparece un trasunto de Tierno. Parece ser que los nervios cundieron a propósito de las cercanas elecciones municipales de 1979 y, se dice, Tierno pidió a Carrillo que mediara con de la Iglesia, que era comunista, para que se retrasara el estreno. Esto no funcionó pero la productora incluyó una advertencia: los personajes de la película eran totalmente inventados. Finalmente, toda la plana mayor de la izquierda acudió al estreno... incluido el propio Tierno, que iniciaba un acercamiento hacia la tolerancia sexual que le llevaría a hacer nuevas declaraciones sobre la homosexualidad en las que decía que “no se acordaba” de lo dicho pocos años atrás y se mostraba decididamente a favor de la causa homosexual.

Estos relatos, como muchos otros, los podemos encontrar en Invertidos y rompepatrias. Marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el Estado español (1868-1982), escrito por Piro Subrat y editado por Ed. Imperdible. Se trata de un voluminoso trabajo (casi 600 páginas) llamado a ser obra de consulta obligatoria sobre el tema por su exhaustiva recopilación. Repleto de material gráfico e información, es el trabajo de casi una década por parte de su autor, y, a través suyo, podemos conocer de qué manera los avatares de la disidencia sexual han ido surcando los acontecimientos clave de la historia contemporánea de España.

Pese a la apabullante exhibición de fuentes que apuntalan el texto, el libro hay que situarlo, según el propio autor, en el campo de la militancia. Es el mismo Piro quien lo afirma en sus notas preliminares:

Este trabajo es subjetivo, es parcial, está claramente atravesado por un sentir marica y unas ideas políticas radicales, y tiene el fin de servir y apoyar la lucha política que a día de hoy sigue llevándose a cabo contra las mismas instituciones y sistemas de opresión contra los que lucharon quienes protagonizan esta historia. Parte de la consideración de que conocer bien la historia nos ayuda a seguir luchando, a hacer autocrítica, a evitar errores, a conocer otros discursos y a construirnos unos referentes sólidos.

Una explicación radical que, seguramente, no harían la mayoría de los ‘soldados’ de la historia académica y oficial, pese a que están movidos por los mismos sesgos personales y militancias que quienes, como es el caso, publican en editoriales ‘outsiders’. Lo que importa en unos y otros casos es que sean trabajos honestos con las fuentes y este libro cumple con la premisa.

2009/05/14

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LA MALASAÑA DE HARO IBARS

La Malasaña de Haro Ibars.
Poeta, letrista, vividor, personaje precursor de la Movida, Haro Ibars vivió en el barrio y dejó escrito, en 1984, sus impresiones sobre la decadencia instalada en la zona.
Luis de la Cruz | El Diario, 2009-05-14
https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/la-malasana-de-haro-ibars_1_6435905.html 

El barrio de Malasaña, como todos los barrios del mundo, tiene sus propios fantasmas, sus vecinos ilustres que una vez desgastaron las suelas de sus zapatos en él. Uno de ellos fue Eduardo Haro Ibars, el originalísimo poeta, letrista, vividor y, sobre todo, personaje, precursor de los años de la movida madrileña. Su biografía, escrita por J. Benito Fernández para Anagrama, está repleta de Malasaña.

El 30 de Octubre de 1984 Haro Ibars escribía un artículo dedicado al barrio en el extinguido diario izquierdista ‘Liberación’. Destacamos algunos párrafos que sorprenden porque ponen sobre la mesa argumentos que podrían estar escritos perfectamente 15 años después, o ahora mismo. El eterno debate sobre la autenticidad de barrio, que parece no abandona a Malasaña, ya estaba en su artículo.

El artículo de 1984 empezaba glosando la transformación del barrio de Maravillas en esa cosa que a partir de entonces todos conocerían como Malasaña, el entusiasmo de los primeros punkies, “que aún no sabían que lo eran”...

“Los vecinos de siempre, los que llevaban allí desde que Rosa Chacel era una niña, acogieron la nueva corriente de modernidad con agrado: veían que los negocios aumentaban, y también que el barrio – asfixiado, como tantas cosas, por la losa del franquismo – volvía a recuperar su antigua alegría.”

Un barrio “muerto”
Pero para Haro Ibars, ya en tan temprana fecha, el barrio había perdido su autenticidad (estaba muerto, en palabras suyas).

“Hicieron algo peor: convirtieron el barrio en un centro turístico. Antes, los madrileños iban por allí en busca de libertad, de una forma nueva de vivir, ahora van como quien va al circo: a observar a una fauna extraña...”

También ya entonces la presencia policial se hizo axfisiante.

“Distintos servicios policiales se instalaron allí, a perpetuidad con el pretexto de controlar el tráfico de drogas que, según dicen los más viejos del lugar, ellos mismos fomentaban”.

El padre de Haro Ibars, Eduardo Haro Tecglen, dejó escrito en ‘Hijo del siglo’ un retrato de Eduardo y de Blanca Uría (su pareja, fallecida de sida como él) marchándose, pareciera que para siempre dirección al barrio:

“La imagen que registra mi memoria es la de dos almas en pena de terno oscuro. Eduardo iba cubierto con un desgastado abrigo largo de piel; era como dicen que aparece el diablo en la naturaleza agitada: vestido de negro, elevado, de figura delgada. Blanca, enjuta y menuda. Los vi marchar con dirección hacia el barrio de Malasaña”.

2008/05/24

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | "HARO IBARS FUE PIONERO EN EL PERIODISMO, ATRAPABA MUY BIEN LA REALIDAD"

«Haro Ibars fue pionero en el periodismo, atrapaba muy bien la realidad»
«Fue pionero en muchas cosas, como en el consumo de drogas y la bisexualidad, pero no de la movida»
E. Urquiola | La Nueva España, 2008-05-24
https://www.lne.es/sociedad/2008/05/24/haro-ibars-pionero-periodismo-atrapaba-21699020.html 

El escritor y periodista gallego J. Benito Fernández, autor del libro «Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído», pronunció ayer una conferencia en el Club de Prensa Asturiana de La Nueva España, organizada en colaboración con Tribuna Ciudadana, en la que abordó la vida de Haro Ibars (1948-1988), periodista, poeta, pionero de las drogas, de la bisexualidad y, para algunos, símbolo de la movida madrileña. En el acto, también intervino el arquitecto Alfonso Toribio, quien además de señalar el extenso currículum del periodista, destacó su condición de «escritor de raza».

-¿Cómo surge la idea de hacer un libro sobre Haro Ibars?

-Los primeros libros que hice son proyectos de hace muchos años. El primero fue «El contorno del abismo: vida y leyenda de Leopoldo María Panero»; y el segundo, «Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído». Éstos arrancan de un trabajo que hice en el año 1983 para Radio Cadena Española, un proyecto de trece capítulos llamados «Mis malditos favoritos», y dos de esos malditos eran los dos poetas. Años después, se me ocurrió hacer el libro de Leopoldo Panero, y lo que ocurrió es que la vida de éste y la de Haro Ibars se cruzan constantemente. Los dos son bisexuales, incluso llegaron a tener una relación íntima. Al haber hecho el libro de Panero, que tuvo bastante éxito, me animé a seguir adelante, y lógicamente, entre todos los documentos que manejaba, había referencias a cartas de ambos, y la labor se me hizo más fácil.

-¿Buscaba reflejar una época?
-Sí, no sólo se trata de contar la vida de una persona linealmente, sino que quería saber qué había en su entorno. Si llegas al año 1979 o 1980, con la explosión de la movida ¿cómo puedes no hablar de lo que sucede, de cómo es Madrid? Pero también escribo de cuando era un bebé, cosa que a todo el mundo le llama la atención. Aunque se piense que a un bebé no pueden pasarle cosas, sí que le pasan, ya que están sus padres, que tienen amigos, salen, cenan, se divierten, y hacen que el bebé se desarrolle en un mundo que le condiciona.

-¿Fue Eduardo Haro Ibars el padre de la movida madrileña?

-No fue, como se dice, uno de los padres de la movida. Fue pionero en muchas cosas, como en consumir drogas, hacer orgías sexuales, pero todo esto unos veinte años antes de la movida. De hecho, se partía de risa cuando se lo decían.

-¿Cómo fue su relación con el mundo de las drogas?

-En ese tiempo, los ácidos o el LSD que se podían comprar, los obtenían de alguien que viajaba a Holanda y lo traía camuflado. El «chocolate», por ejemplo, se lo compraban a los legionarios que pasaban por Madrid para desfilar con las tropas de Franco. Haro Ibars fue pionero en esto, y yo creo que él y sus amigos fueron las primeras personas que consumieron drogas en España.

-Y enfermó de sida.
-Sí, por la heroína. Las agujas las usaban unos y otros sin lavar ni nada. A mí eso me lo confesó su compañera Blanca Uría. Cuando le comunicaron que tenía sida, creo que él siguió metiéndose «caballo» hasta sus últimos días. No se cuidó nada. Hay gente que dice que sabía que tenía el síndrome y se picaba compartiendo jeringuilla con otros, yo eso no lo he podido constatar, me cuesta creer que alguien sea tan malvado.

-¿Y cómo fue su relación con Blanca Uría?
-Fue la mujer de su vida, la conoció en 1979 y estuvo con ella hasta que murió, en 1988. Pero eran un trío, estaban ellos dos y Lirio, un chico de la calle hecho a sí mismo. Era un triángulo, Blanca estaba enamorada de Eduardo, éste lo estaba de Lirio y, a la vez, seguía con Blanca. Eduardo sabía que Blanca, por su familia, tenía mucho poder adquisitivo. De hecho, lo sacó en más de una ocasión de apuros económicos. Pero también la quería, hay un libro de poemas dedicado entero a ella. La quería, está claro, pero a la vez la utilizaba.

-¿Qué tipo de relación mantuvo Haro Ibars con Asturias?
-La vida de Eduardo tiene un lado absolutamente asturiano. Empezando por el sentimental, la vida de Haro Ibars estuvo llena de amores asturianos. Por ejemplo, estaba enamorado de Juan Ángel, un chico de Gijón. Por otro lado, quienes primero editaron Eduardo fueron asturianos también. El libro «Gay rock», lo escribió en Quintes y lo publicó Silverio Cañada, fundador de la editorial Júcar. Sus primeros poemas editados en el año 1972, fueron publicados gracias a otro asturiano, Fernando Corujeno, que era secretario de la revista «Papeles de Son Armadans», que dirigía Camilo José Cela. Desde el año 1980 publicó en la revista «Los Cuadernos del Norte», dirigida por Juan Cueto Alas.

-Transcurridos tres años de la publicación del libro, ¿ha cambiado en algo su visión sobre el poeta?

-Me parece el personaje más atractivo de todos los malditos que he manejado. Fue pionero en el periodismo, atrapaba muy bien la realidad y hablaba de cosas de las que no lo hacia nadie en la revista «Triunfo»; como poeta me resulta menos interesante. Quiso ser siempre una estrella del rock, de hecho cuando más dinero ganó fue cuando fue letrista de la «Orquesta Mondragón».

2005/06/02

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LO QUE VIO HARO IBARS

Lo que vio Haro Ibars.
Vicente Molina Foix | El País, 2005-06-02

https://elpais.com/diario/2005/06/03/madrid/1117797861_850215.html

Bellos patinadores adolescentes suben y bajan por el paseo de Recoletos, un relámpago sobre ruedas. Y de golpe, crujir de huesos, sesos machacados, la sangre a borbotones, todo en mayúscula y sin puntuación, que así lo escribía Eduardo Haro Ibars en un episodio de ‘El polvo azul’, sus "cuentos del nuevo mundo eléctrico". La primera edición de ese libro, con una bonita portada trans-pop de Julián Vallejo, es de 1985; tres años después, recién cumplidos los 40, moría Haro Ibars, y hoy, más que releer sus versos y sus prosas, que siguen siendo de época, leemos su vida perdularia en un libro, ‘Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído’, finalista del último Premio Anagrama de ensayo. Elevado al altar de los muertos malditos por el mismo autor (el periodista J. Benito Fernández) que le puso aureola a un vivo, Leopoldo María Panero, en otro libro también publicado por Anagrama, Eduardo Haro Ibars pertenece más a la historia de la contra-cultura que a la de la poesía o la novela, y tal vez por eso haya una cierta aunque despiadada justicia poética en el hecho de que la truculencia, la droga, el pequeño atraco a mano armada y la gesticulación intempestiva constituyan lo esencial de este extenso recuento biográfico.

Yo traté muy poco a Eduardo, y por eso tuve la suerte de conocer sólo el lado amable, inteligente y hasta divertido de la persona (justo lo contrario de lo que me pasó con Leopoldo María, amigo muy íntimo y admirado del que, al convertirse en los últimos años en un ejecutivo de la transgresión más estéril y plasta, huyo como de la peste, utilizando la palabra 'artaudiana' que a él le tiene que gustar).

De Eduardito (cercano a los 40 y ya muy desmejorado por la mala vida, mantenía trazas y rasgos juveniles enormemente atractivos, que llevaban naturalmente al diminutivo) se sabía el lado oscuro, y no sólo por el paroxismo a veces sanguinario de sus escritos de ficción, como el que cité al principio. Se podía ver en su piel; aún recuerdo, de un breve encuentro nocturno en el desaparecido Drugstore de la calle Velázquez, las quemaduras frescas y simétricas de sus manos, que luego supe por un amigo común que el propio Eduardo se hacía como auto-castigo o provocación a sus acompañantes.

Concebido por el autor como una crónica detallada casi día a día, el libro tiene para mí el atractivo de reflejar un Madrid que no viví (ausente de España en la década de los setenta) y que -real o ficticio- aparece como emanación de la personalidad de Haro Ibars y no tanto como decorado de sus andanzas. Resucitan muertos que tuve muy presentes en vida (Isabel Cardona, Jesús Ruiz Real, alias ‘La Jesusa’, Popi Gavito, que así era su apellido, con v, y no con b) y recupero, si es la palabra, escenas que tal vez podría haber vivido de estar aquí, con protagonistas próximos a mí en otras peripecias: Javier Gurruchaga, María Calonje, Mariano Antolín Rato, Víctor Crémer, Gerardo Bellod, Juan Gómez Soubrier y el esotérico poeta Antonio López Luna, conocido en el siglo (pasado) como Alascok-Ish de Luna. Supervivientes del orgiástico aquelarre sesentayochista y de las movidas a granel. Excéntricos en el sentido más inglés de la palabra. ‘Beautiful losers’, perdidos algunos sin remedio y tal vez primordialmente bellos en el recuerdo.

Leyendo a Fernández sabemos que a Haro Ibars no le gustó nada ‘Arrebato’, la película de otro legendario de entonces, Iván Zulueta, que ahora vuelve a tener, merecidamente, más de 15 minutos de fama. Los polos opuestos se rechazan, incluso si el malditismo les centra, y esa incomprensible ceguera de Eduardo me trae a la memoria el encontronazo que viví en una sala de proyección de la calle Villanueva entre dos mártires del cine ‘underground’ español, Adolfo Arrieta y Antonio Maenza, horrorizado el primero tras el pase privado de ‘El lobby contra el cordero’, película seminal del segundo.

Haro Ibars vio más de lo que pudo contar; su atracción por los faunos arrabaleros y otros frutos prohibidos le quitó tiempo y vida. Nadie que yo haya conocido vivió con mayor autenticidad y riesgo la pasión de los extremos. Podía ser un día ‘abertzale’, y al siguiente, escandalizar a sus amigos ‘progres’ haciendo el saludo fascista. Así deben de ser los ángeles caídos.

1988/11/30

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | EDUARDO HARO IBARS, LA FASCINACIÓN DIONISÍACA

La fascinación dionisíaca.
Eduardo Haro Ibars, recordado por sus compañeros en la Sociedad de Autores.
Ricardo Cantalapiedra | El País, 1988-11-30
https://elpais.com/diario/1988/12/01/cultura/596934009_850215.html 

La figura del escritor y periodista Eduardo Haro Ibars, fallecido el pasado 16 de agosto a la edad de 40 años, fue recordada en una mesa redonda celebrada en la Sociedad de Autores el pasado martes. Haro Ibars, que dejó escritos media docena de libros y numerosos artículos periodísticos, fue evocado principalmente como persona, confabulador nocturno, provocador lúcido y ácido, antihéroe y pionero de marginaciones. En el acto intervinieron, además de su hermano Eugenio, los periodistas Carlos Tena, Jesús Ordovás y Moncho Alpuente, y el músico Fernando Márquez.

Al final de su obra ‘Empalador’, hay una frase que define con bastante precisión el talante de Eduardo Haro Ibars: "Aconsejo a los jóvenes poetas que dejen la escritura idiota y salgan a la calle a hacer algo divertido". Jesús Ordovás se refirió al carácter callejero y noctámbulo del escritor, que le hicieron imprescindible en todo tipo de manifestaciones, conciertos y festejos. Ordovás destacó también la profunda influencia que Haro Ibars tuvo en el mundo del ‘pop’ y del ‘rock’: "Fue la influencia más revulsiva y más culta". Durante todo el acto planeó en la sala una palabra clave: ‘maldito’. Porque Eduardo lo fue, seguramente a su pesar. Su tremenda sinceridad se consideró siempre como una provocación. Esta sinceridad le llevó a declarar en 1975 a la revista ‘Disco Express’: "Soy homosexual, delincuente y drogadicto". Vivió vertiginosamente, casi al borde en todo momento, merodeando por las fronteras y seducido por el abismo. Por eso su prematuro final no carece de lógica. "Prefirió morir estando vivo que vivir como un ‘zombie’", dijo Fernando Márquez.

También hubo constantes referencias al artículo ‘La generación bífida’, escrito por Eduardo Haro Tecglen, padre de Eduardo, en El País. Moncho Alpuente discrepó de algunos conceptos: "No es cierto que en los años sesenta hubiera una izquierda alegre y juvenil. Por entonces la izquierda estaba todavía de luto y pensaba que el sexo, las drogas y el ‘rock and roll’ eran contrarrevolucionarios. Haro Ibars sufrió una doble marginación: "por ser de izquierdas y por ser ‘moderno’". Tanto Alpuente como Fernando Márquez recordaron algo que Haro Ibars repetía: "El SIDA es una creación tan artificial como la heroína. El SIDA es una trampa propiciada por el poder". Carlos Tena, refiriéndose a la muerte del escritor y periodista, llegó a decir: "Se está dejando morir a la inteligencia. Esta muerte es un ejemplo de cómo trata el poder a la gente que piensa en libertad".

A pesar de que todavía había congoja en los rostros de casi todos los asistentes al acto, muchos de ellos amigos de Eduardo, se hizo hincapié en el sutilísimo sentido del humor que le caracterizaba. Se contaron algunas anécdotas que le hicieron ser temido por los organizadores de actos y deseado por los amantes de la provocación y de la risa. Y se dio a conocer otra anécdota que casi nadie sabía: Eduardo Haro Ibars quemó todos sus escritos pocos meses antes de morir.

Esta noche tendrá lugar, a las 22.30 horas, en la discoteca El Sol de Madrid, un homenaje musical en el que participarán muchos de los artistas para quienes Eduardo Haro Ibars escribió: Joaquín Sabina, Javier Gurruchaga y Ricardo Solfa.

Bífidos.
Moncho Alpuente | El País, 1988-11-30

https://elpais.com/diario/1988/12/01/cultura/596934001_850215.html

Ni la corona de laurel, que a título póstumo y bienintencionado intentan ceñir sobre sus sienes algunos popes de la cultura a la búsquela de poetas malditos, ni la palma del martirio, capaz de reconvertir los mayores excesos en viñetas de una biografía justificada por una muerte prematura, cuadran con la figura de Eduardo Haro Ibars, provocador irónico, poeta tan lúcido en su vida como en su obra, inseparables. La desaparición reciente de Eduardo Haro Ibars ha dado pie a una serie de celebraciones en amigos y compañeros, a pesar, han, hemos, caído en los clichés habituales de la funeraria.

En los salones modernistas de la Sociedad de Autores tuvo lugar el pasado martes una mesa redonda convocada por los amigos y herederos de Eduardo; el legado, por supuesto, nada tiene que ver con lo monetario. Tan lejos como pudimos huir de la evocación nostálgica, casi todos los ponenentes coincidimos en glosar una tribuna de este periódico en la que bajo el título de ‘La generación bífida’, Eduardo Haro Tecglen pasaba revista a los coetáneos de Eduardo Haro Ibars, ubicados cronológicamente alrededor de los 40 años e ideológicamente en los territorios, hoy absolutos páramos, de cierta izquierda que vibró, más por resonancia que por vivencia, con el Mayo francés.

Las dos puntas de esta generación bífida señalan, según el artículo citado, al poder, al que accedieron algunos tras renunciar a sus postulados ideológicos y vitales, incapaces de resistir al suculento plato de lentejas, y a la marginación y la muerte.

Quisimos matizar los ponentes las aristas de este profundo abismo separador, esa dicotomía entre el cielo infernal de los poderosos y el infierno celestial en el que se pudren los puros de corazón que no se dejaron tentar por la oferta de Esaú hecha plato de lentejas.

Primogénito
Eduardo Haro Ibars, el primogénito de estos ángeles caídos, experto funámbulo en la cuerda floja que separa más que une los márgenes del abismo, exploró las más profundas simas a pecho descubierto y eligió, consciente de los riesgos, los sinuosos senderos de la marginación sin paliativos que pudieran mitigar ese desclasamiento. Fiel al eslogan generacional que preconizaba "Sexo, droga y rock and roll" en un escenario dominado por la castidad, el deporte y el hilo musical.

Poeta angélico en la órbita de Blake, Eduardo Haro Ibars se quemó en todas las hogueras de su tiempo mientras muchos de sus compañeros de viaje pasábamos de puntillas sobre las brasas para no quemarmos como él.

Sus cuadernos de ruta, dispersos o perdidos, sus crónicas, poemas, canciones y opúsculos son y seguirán siendo imprescindible guía para los viajeros de un tiempo que nunca ha sido nuestro.

La generación bífida.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1988-11-26

https://elpais.com/diario/1988/11/27/opinion/596588409_850215.html

La punta de la generación de quienes están por los 40 años -algo más, algo menos- se bifurca. Unos llegan al poder, otros a la muerte. Estuvieron juntos en una izquierda alegre, abierta, que se unía en las calles, en el vino, en ciertos conceptos generales de la libertad. Vivieron en las mismas comunas, salieron hacia París -o se impregnaron de él- o se fueron a Lisboa para lo de los claveles (¿se acuerdan?), compartieron los libros prohibidos, sufrieron los mismos golpes de guardias o de grupos derechistas. Ahora unos están en el poder, otros mueren. Darwin dijo algo de la supervivencia del más fuerte. Su largo título victoriano resumía ya: ‘Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida’. Ya había varios errores en el enunciado: considerar lo natural como algo benéfico y considerablemente oportuno encaminado hacia algo con un concepto de futuro mejor, pretender que la vida se plantea como una lucha exclusivamente, determinar que la naturaleza favorece unas razas contra otras y que ésas, por ser las más fuertes, son las mejores. De lo que fue punta de lanza de la ideología científica de su época salieron, a través de distintas revisiones, el liberalismo o concurrencia abierta (la lucha de todos contra todos), el fascismo, el comunismo estaliniano y los libertarismos aniquiladores: millones de muertos. La estirpe de ese pensamiento llega hasta hoy. Reagan ha sido el gran defensor de la supervivencia del más fuerte como equivalencia del mejor -en el momento en que uno es más fuerte, nadie le va a discutir que es el mejor- y Bush ha recogido de ahí su puñado de votos para que todo continúe con los meros matices de moda o verbo que se requieran.

Añadiendo algo a Darwin se llegó a la frase de la "survival of the fittest", o la supervivencia del más adaptado (Herbert Spencer en Principios de biología). Será eso lo que está pasando aquí con esta punta bifurcada. La diferencia entre unos y otros es demasiado grande de todos modos y se ha producido en tan poco tiempo que constituye un fenómeno rápido y singular. Se ha formado la raza favorecida de los adaptados: acuden a los besamanos de los obispos, comen langostinos, llevan pianos de respeto a sus despachos, tienden moquetas hasta donde se abrigan de la calle, tienen escoltas, compran fraques, usan Visa Oro, viajan en Concorde, eligen trajes y corbatas de buen paño y buena seda, tienen asesores de imagen, cambian de esposas en busca de la riqueza, la elegancia o la popularidad, segregan unos seguidores que crean a su imagen y semejanza -lealtad y langostinos- y que ocupan los vigorosos puestos delegados del poder. Los otros vagan por los centros sanitarios pidiendo ayuda, a veces sólo alguna píldora para pasar el trago del insomnio, y no saben -son los inadaptados- encontrar el certificado del censo del barrio, la tarjeta de beneficencia, el papel del paro. Cuando llegan a los psicólogos desbordados, les aplican el rígido conductismo que no saben realizar. Escriben en periódicos casi clandestinos, se les niegan los micrófonos de las radiúnculas [¿?] porque escandalizan, ya no se prestan libros unos a otros, sino harapos. Los guardias de las urgencias de los hospitales pueden rechazarles caundo son ‘drogatas’. Duermen en los bancos. No pueden ni acogerse al Plan de Empleo Juvenil -las hierbas que otro arrojó- porque son mayores.

Los vecinos de sus tabucos quieren expulsarles por su riesgo potencial. Cuando encuentran una secta donde podrían adaptarse al menos un rato, que les puede llevar a una granja con sus compañeras pálidas, sus compañeros de la otra punta bífida -los que gustan de santificar las fiestas- les encarcelan, les evacuan, les acusan de promiscuidad sexual o de ser pobres víctimas de lavado de cerebro. Los burgueses se cruzan de acera cuando les ven, los guardias vuelven a pegarles cuando arrastran sus últimas fuerzas en las manifestaciones contra las bases, la OTAN o al son de las movilizaciones del día 14 [¿huelga general del 14 de diciembre de 1988?]. Están, se dice, locos. La Unión Soviética de antes percibió hace muchos años que esta inadaptación no podía ser sino fruto de una locura que llevaba al amor.

Se respetan los derechos humanos: son estos marginales, alcohólicos, drogados, sidosos, libertarios, poetas sin juegos florales, una peluca y una gabardina al juzgado para que se escapen. Ni siquiera intentan escaparse. Ni se les dejaría.

Es una generación curiosa, cuya doble faz -la que ríe, la que llora- no se ha dado fácilmente en otros tiempos históricos. Quizá en otros lugares se está produciendo algo parecido al mismo tiempo: digamos, Nueva York. Pero allí difícilmente constituyen una generación determinada -son de muchos estratos- ni han ido juntos con sus coetáneos a las manifestaciones ni compartido durante unos años la misma lucha y las mismas esperanzas. Es más un problema clásico de riqueza y pobreza desnuda, que aquí también existe, pero con otras características. Ahora impresiona Tom Wolfe porque lo cuenta; pero ya lo contaba mejor John Dos Passos, a los que leyeron escondidos los de las dos puntas de esta generación (Dos Passos se arrepintió y se adaptó en una época dura).

Esto es otra cosa. Algo darwiniano. La naturaleza ha seleccionado a los más fuertes, quizá gracias al meritorio esfuerzo de éstos por adaptarse a lo previamente existente y a lo que el general De Gaulle llamó "la nature des choses", y la lucha por la vida les ha dado el poder. Los otros, los caínes de aquella fraternidad -o tratados como caínes-, cometieron el error de querer adaptar la sociedad a sus ideologías. Creían que iban todos a lo mismo, y se equivocaban. Decía Bernard Shaw que sólo los tontos han creado los progresos del mundo, porque los listos se han adaptado a lo que había sin necesidad de inventar. También se equivocaba. Aquí los tontos son tontos para siempre y la naturaleza no tiene ningún interés en que sobrevivan. Por eso se van muriendo después de sufrir la marginación, la porra, el desprecio, el sermón, el conductismo, las redadas, las visitas de alguna buena monja, el aislamiento en los lugares de trabajo, el abandono -con necesarias lágrimas de la madre- de las familias que consideran cualquier inversión en ellos como algo a fondo perdido, la calificación de irrecuperables. Qué tontos, qué tontos.

1988/08/16

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MUERE EL ESCRITOR EDUARDO HARO IBARS

Muere el escritor Eduardo Haro Ibars.
El País, 1988-08-16

https://elpais.com/diario/1988/08/17/cultura/587772007_850215.html

El escritor Eduardo Haro Ibars, de 40 años, falleció ayer en Madrid tras una larga enfermedad. El entierro se celebrará hoy, a las nueve de la mañana, desde el tanatorio municipal hasta el cementerio de la Almudena, donde será incinerado. Figura del ‘underground’ madrileño de los años sesenta y setenta, publicó ‘Gay Rock’ (1974), ‘Pérdidas blancas’ (1978), ‘De qué van... Las drogas’ (1978), ‘Empalador’ (1980), ‘Sex-Fiction’ (1981), ‘El polvo azul’ (1984) y ‘El libro de los héroes’ (1985). Letrista de canciones y traductor de Lovecraft, ha colaborado en varias publicaciones y suplementos literarios.

"One wild boy'.
Mariano Antolín Rato | El País, 1988-08-16

https://elpais.com/diario/1988/08/17/cultura/587772001_850215.html

‘One wild boy’ es el título de una canción de Iggy Pop. Y escribía Malraux que hacia los 20 años se compran y se venden las almas. Cuando yo andaba por esos años, Eduardo Haro lbars -¿no habrá pensado el cantante de Detroit en él al componer ese tema?- compró la mía. Suya sigue siendo. Eduardo Haro, pues así se le conocía en nuestro círculo (el otro, el que lleva Tecglen de segundo apellido, sólo era su padre, por mucho que desde la revista ‘Triunfo’ fuese guía y portavoz de tantos), destacaba entonces como el más moderno, el más lanzado, el más enterado. Conocía mejor que nadie, y muchas veces de modo directo, algunas de las cosas en que se nos iba la vida: ‘rock’, literatura y cine de terror; ciencia-ficción y anarquismo; Rimbaud, Genet, Oscar Wilde, Beardsley... Y cierta literatura norteamericana (recuerdo un poster que en 1967 tenía en el cuarto de casa de su abuela donde, junto a las fotos de Ginsberg, Kerouac y Burroughs, aparecía la leyenda, en inglés, claro: "los reyes del underground"). Y, sobre todo, no ignoraba nada de lo preciso para embarcarse en aventuras hacia los límites del significado y la inteligencia, con o sin la ayuda de esas ‘sustancias psicodélicas’, que la legislación vigente llama drogas. También le apasionaban a Eduardo Haro -mitificado y mitificador, vivía en una permanente pasión- Tolkien, Aleister, Crowley, los Dadá, el surrealismo, el postismo, el jerez dulce o el ‘sol y sombra’ y la novela de Ángel Vázquez ‘La vida perra de Juanita Narboni’; aunque esto último fue después, a fines de los años setenta, época en que empezó a militar en partidos revolucionarios de izquierdas.

Mentor y guía por arriesgados senderos mentales, Eduardo Haro arrasaba entre los escasos sujetos de mala fama que formábamos el escuálido pero riguroso ‘underground’ madrileño, muy lejos de los ‘progres cutres y aburridos’, de los estrechos izquierdosos que se casaban y tenían hijos para ocupar ahora el poder, de los modernos ‘yeyés’ noticia de Prensa, y, sobre todo, del odiado Gobierno (¿y quién, que fuera decente, no abominaba del que estaba a favor de Franco y sus sinvergüenzas y asesinos?). No se olvidaba -y Eduardo Haro, que nunca se echó atrás, mucho menos- que la vida iba en serio. Por eso en su compañía siempre había risas, conversaciones exaltadas, delirios, barbaridades, teorías críticas de la razón alcohólica, mientras oficiaba de brujo, mago, derviche o ‘ñomo’ -así pronunciaba él la palabra gnomo- También ejerció menos minoritariamente estas funciones años después en galerías de arte y sitios así, oticiando [¿?] de Jim Morrison al recitar sus propios poemas, recogidos luego en sus libros de los primeros años ochenta. Al tiempo que poemas -"algunos de los más inspirados de la joven poesía española, una poesía que no tiene nada que ver con novísimos y adláteres viejísimos", según escribí en 1985 al aparecer uno de sus libros de relatos: ‘El polvo azul’, publicó prosas en periódicos. Unos artículos siempre extraterritoriales, ajenos a los cánones de la literatura, la cultura y los modos de vida dominantes.

Fuera de ellos, y desdeñándoles, ha escrito y vivido Eduardo Haro (Ibars), en compañía de sus espacios imaginarios; sus calles y sus bares y sus cines; sus personajes de tebeo y sus seres de carne y hueso, como él mismo, que habitaban las fronteras. En Tánger y en Madrid, en Sodoma, el paraíso del Bosco y Chamberí, dialogando acaloradamente con Lou Reed, Jerry Cornelius o el conde Drácula -aparte de Blanca Uría, que estuvo a su lado como ninguno hasta el final-, transcurrió la intensa existencia de un artista de verdad, Eduardo Haro Ibars, uno -en ocasiones, el más- de mis admirados, excesivos y, en definitiva, queridísimos amigos.

1984/06/19

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LEOPOLDO MARÍA PANERO: ACERCA DE LA LITERATURA

Acerca de la literatura.
Leopoldo Maria Panero | El País, 1984-06-19

https://elpais.com/diario/1984/06/20/cultura/456530403_850215.html 

El autor hace una reflexión sobre la mala conciencia de quien se sabe mal escritor. Y arremete contra el concepto del posmodernismo y los que se sienten ridículamente seguros por haber conseguido entrar en el "parnasillo literario circense" español y no saben nada de la muerte.

Cabe aplicar a la literatura la crítica sartreana del psicoanálisis: no se trata de represión o de corte epistemológico, sino de mala fe. El mal escritor sabe, de alguna manera, que lo es, y tiene por ello una indudable mala conciencia. Perseguido por su sombra, ve como una amenaza para él un tipo de autores que, como Poe, sabían demasiado bien lo que era escribir. Dicen que Poe, en una sola noche, hizo 40 críticas de las obras de todos sus contemporáneos: a ellos se los llevó el viento, y no queda más que un nombre, el de Poe. A los de aquí se los llevará, sin duda, también el viento, como al sombrero de Escarlata O'Hara, pero mientras tanto, ellos permanecen como algo incómodo. Se sienten ridículamente seguros por haber conseguido entrar, a base de adulaciones, en el "parnasillo literario circense" español, y no saben nada de la muerte. Sin embargo, parece como si los que hoy me atacan pertenecieran al dominio más ‘hard-boiled’ de la literatura española: Eduardo Haro Ibars y Alberto Cardín. No sé si son, como se dice, ‘posmodernos’. Lo que sé de los posmodernos me dice bien poco en favor de esta palabra. Esto es, su calidad. Lo que sé de los modernos me dice exactamente lo mismo. La única modernidad que nunca pasará de moda es la del suicidio -no por nada Jacques Rigaut decía que le consolaba "lo infinitamente moderno que él era" (*)- o la locura. Mi caligrafía tiembla al escribir esto: es, sin duda, ‘posmoderna’. Mi conciencia parece un dragón. Creo que, en definitiva, lo que cuenta es saber hacer bien lo que se pretende hacer, sean cualesquiera su estructura o sus pretextos ideológicos. Y eso no se aprende en escuela alguna. Eliot era católico. Pound, fascista. La enorme tragedia del sueño sobre las espaldas del campesino. Que los gusanos devoren al novillo muerto.

Frente a mí, un niño autista ríe al oír los ruidos de la cocina. Su sordidez secreta. Un hombre ya maduro, instalado en una silla de ruedas, golpea sin cesar su cabeza con la mano. Otro lleva la cruz de hierro sobre el pijama. Todos se ríen de nosotros. En las paredes hay nombres de dioses muertos: Varem, Icso, Yahvé, seguidos de una cruz a manera de breve y modesto epitafio. Mañana morirá otro loco. Las paredes absorberán el hedor de la tinta.

Después de Lacan, ¿qué? ¿La ‘tasa social sobre el fracaso’? ¿El triunfo de Eduardo Haro Ibars, contento como un niño con zapatos nuevos por haber entrado en el "parnasillo literario circense"? O el de Alberto Cardín, que, si no he leído mal su vasta obra dedicada a la erradicación de la tierra de Fernando Savater, tiene como singular paraíso artificial el comer muchas pastas?

Sin duda, como decía Edwin Lemert en ‘La maggioranza deviante’, el paranoico tiene realmente perseguidores. En la televisión, un niño gordezuelo, parecido al que imagino en mi guión sobre 'La extraña historia del doctor Jekyll y Mr. Hyde’, canta ‘El de la mochila azul’,

"El de la mochila azuuul / me dejó gran inquietud".

Sentado en el suelo, con la cabeza entre las manos, cedo al acoso del recuerdo. Luego me levanto, aderezo los órganos del muñeco, me dirijo finalmente al estanque de los patos, los contemplo chillar y pelearse entre sí. En cambio, ellos no me miran. Vuelta al pabellón: otro loco mastica su bata. Se les dice, injustamente, ‘enfermos’. No, la locura no es una enfermedad. Son víctimas del mayor de los aplastamientos sociales. No son locos, sino enloquecidos. La locura es una reacción ‘normal’ ante determinadas situaciones de ‘jaque mate’ social o microsocial. Cualquier individuo reaccionaría de la misma manera ante parecidos estímulos. Y esto no es Lacan, sino Giovanni Jervis. Pienso en irme con él a Italia e intentar trabajar en este campo tan cercano a la poesía. Es una idea. Tengo conceptos muy claros acerca de la locura. Entiendo a todos los ‘enfermos’ de por aquí, incluso a los más graves.

Todo hombre es en sí un continente, no una isla. El deseo del hombre es deseo del otro. Por ello cuando alguien cae caemos todos con él. Por ello ninguna tragedia es concebible en solitario, llovida del cielo. Es más, la soledad es imposible: está poblada de fantasmas.

Y viceversa, de mi tragedia, tu oscuridad emana. No eres un hombre, estás marcado por la oscuridad. Por no haberte arriesgado a perder el sentido, he aquí que careces de él. Lo dijo Derrida: "Todo poema corre el riesgo de carecer de sentido, y no sería nada sin ese riesgo". La literatura no es nada si no es ‘peligrosa’. Lo mismo que se arriesga el psicoanalista a depositar como un óbolo su razón en lo inconsciente, la literatura, que es la misma búsqueda, no debe protegerse.

Si hay fallos en mi obra -particularmente lo reconozco a propósito de ‘El que no ve’-, tengo, sin embargo, la satisfacción de haber siempre considerado la literatura como un en-sí indiferente a su inscripcion social -"el vicio radical estriba en la transmisión del discurso"-; es decir, en definitiva, como algo serio. Si los demás ‘no se comen el tarro’, es problema suyo. Que no entren en el bosque de la noche. Desde el principio supe que no había salida. Que no usen mi torpe biografía para juzgarme. La literatura no es un modo de vida. "La no-vida es un estado de disolución / del yo en vida, causa de la escritura y a la vez su resultado", decía ya en ‘Teoría’. Por lo demás, me agrada el que tanto vitalmente como por escrito haya cumplido la profecía. ‘Si yo no fuera yo, tampoco Dios habría sido’.

* Jacques Rigaut, Écrits. Gallimard Editions.

Leopoldo María Panero, escritor, es autor del libro de cuentos ‘En el lugar del padre’.

1982/06/20

DOCUMENTACIÓN | 28-J | ACTOS DEL ORGULLO: EMPAR, PETIT Y HARO IBARS EN DONOSTIA

Jordi Petit: "Los homosexuales suponen el diez por ciento de la población masculina".
José Luis Barbería | El País, 1982-06-20

https://elpais.com/diario/1982/06/21/sociedad/393458410_850215.html 

La Agrupación de Homosexuales de Euskadi (EHGAM) ha organizado una serie de actos preliminares a la celebración el día 26, en San Sebastián, del Día del Orgullo Gay. A lo largo de la pasada semana han tenido lugar conferencias y actos en los que han intervenido la feminista Amparo Pineda, el miembro del Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC) Jordi Petit y Eduardo Haro Ibars, quien aportó una crítica personal a los planteamientos con que los medios de comunicación recogen la problemática homosexual. Jordi Petit, abordando el tema 'Homosexualidad masculina y vida cotidiana', señaló que la práctica homosexual se sitúa en los países mediterráneos en un porcentaje que alcanza al 10% de la población, cifra que debe rebajarse a la mitad en el caso del resto de los países occidentales. "Según datos fiables, un 30% más de la población ha mantenido alguna vez en su vida algún tipo de relación homosexual y heterosexual", ha afirmado Jordi Petit. Miembros de EHGAM sostienen asimismo que en el País Vasco se da también un gran porcentaje de prácticas homosexuales y que dichas prácticas no se han visto reflejadas socialmente, hasta hace unos años, a causa de la poca permeabilidad que mostraría la sociedad vasca, muy ideologizada por la religión católica, frente a fenómenos de este tipo.

Amparo Pineda ligó el desarrollo de los movimientos de liberación sexual al cambio social, cambio que, a su juicio, debe cuestionar el papel mismo de la familia patriarcal tradicional.

EHGAM agrupa un importante número de homosexuales del País Vasco, pero su implantación e influencia social es probablemente inferior a la del FAGC, que, con un número de miembros parecido, parece encontrar menos resistencia a la hora de proyectarse socialmente. El grupo de homosexuales del País Vasco, que dice buscar un acercamiento a la sociedad, ha solicitado a todos los ayuntamientos que hagan suya una moción en la que se reconoce la condición del homosexual como paso previo a la legalización del movimiento representado por EHGAM, organismo no legalizado, al contrario que el FAGC catalán.

En fecha reciente, EHGAM se dirigió también al Parlamento vasco pidiendo, con éxito, que esta institución asuma y ponga en práctica la resolución adoptada por el Consejo de Europa acerca de la homosexualidad, que fue votada positivamente por todos los representantes españoles, incluidos los parlamentarios de UCD.

El Día del Orgullo Gay será celebrado por los homosexuales de Euskadi con una manifestación que tendrá lugar en San Sebastián el día 26. EHGAM considera que el "orgullo gay no es una expresión de soberbia, sino, por el contrario, una manifestación de alegría, de identidad frente a la actitud de repulsa social e institucional existente".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...