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2021/03/24

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ¡LEVANTEN NALGAS! MEMORIA DE LA INSUMISIÓN MARICA

Ilustración de Señora Milton //
¡Levanten nalgas! Memoria de la insumisión marica.

El servicio militar obligatorio fue una escuela de machismo y homofobia. Algunos gais se acogieron a la exención por homosexualidad, otros se hicieron objetores de conciencia legales y otros insumisos. Los colectivos cuir defendieron la desobediencia.
June Fernández | Pikara, 2021-03-24
https://www.pikaramagazine.com/2021/03/levanten-nalgas-memoria-de-la-insumision-marica/

En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio”. 
 
Esta cita del activista cuir Sejo Carrascosa en una entrevista para Pikara Magazine es la chispa que enciende este reportaje. La siguiente pista nos lleva a Iruñea, la ciudad que acogió en 1995 un encuentro sobre insumisión marica organizado por EHGAM, el movimiento de liberación gay de Euskal Herria.

“Si tengo que ir, me suicido”
Joan, alias Juanita Márkez, tenía 17 años cuando recibió la temida carta del Ayuntamiento de Cornellà: tenía que presentarse el 24 de octubre de 1988 ante el negociado de quintas para formalizar su inscripción en el servicio militar. Como superviviente de acoso homófobo en el instituto, imaginaba la crueldad que le esperaba en el cuartel. Lo tenía muy claro: “Si tengo que hacer la mili, me suicido”. Acudió al movimiento antimilitarista Mili KK pero no encontró el apoyo que esperaba. Decidió alegar homosexualidad primaria, una exención que contemplaba el Ejército porque la consideraba una discapacidad incompatible con la disciplina militar. La Organización Mundial de la Salud sacó la homosexualidad de la clasificación de enfermedades mentales en 1993 [i.e. 1990], el año en el que Juanita respiró tranquila.

Primero fue al médico de cabecera a pedir el certificado que exigía el negociado de quintas. Este le mandó al urólogo, quien le miró como las vacas al tren y le derivó al psiquiatra, quien le dijo que no sabía cómo acreditar algo así. Al final, la psicopedagoga del instituto le puso en contacto con una amiga psiquiatra de la sanidad privada que le hizo el certificado en dos minutos. Reconoce la incomodad de aceptar ese diagnóstico pero lo compara a que, aún hoy, las personas transexuales tengan que ser diagnosticadas de disforia de género para modificar su nombre en el registro civil.

La respuesta fue un jarro de agua fría: “Examinado el expediente del mozo, esta junta de clasificación y revisión decide declararle útil para el servicio militar”. Juanita Márkez recurrió y, mientras tanto, se declaró objetor de conciencia. Su vía crucis incluyó viajar cada dos años a un hospital militar de Madrid. “El psiquiatra tenía que certificar que yo seguía igual de maricón. Me pedía que me dibujase. Me esforcé por dibujarme muy triste, marginal, callejera”. Para entonces, ya se había hecho okupa, punki y orgullosa marika; iba a las revisiones luciendo su cresta roja y su pluma. Estaba terminando la carrera de Psicología y esa formación le dio aplomo para enfrentarse al poder psiquiátrico.

El tiempo incrementaba la angustia pero también jugaba a su favor: el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) registró cien mil objetores y 2.000 insumisos, que desafiaban al sistema con acciones de calle y huelgas de hambre en las prisiones. En 1993, año en el que los parlamentos vasco y catalán aprobaron sendas mociones a favor de despenalizar la insumisión, Juanita se plantó frente a la psiquiatra que tenía que valorar su exclusión de la mili y de la prestación social obligatoria (PSS) y le dijo sin rodeos: “Estoy loca de remate y soy maricón perdido. O me das la incapacidad permanente o me hago insumiso”. Y funcionó.

Elegir la bofetada
El Gobierno de Felipe González aprobó en 1984 la Ley de Objeción de Conciencia. Imponía como única alternativa un servicio civil de duración mayor a la mili, que consistía en trabajar gratis para entidades sociales o gubernamentales. Por si eso fuera poco castigo, estableció penas de dos años, cuatro meses y un día a quienes se negasen a hacer la PSS. Para cuando le concedieron la exclusión temporal del servicio militar por homosexualidad primaria, ya le habían llamado a hacer la PSS. Se negaba a hacer la mili por miedo —“no quería tener a los militares encima riéndose de mí por maricón, eso ya lo viví en el instituto”— y se negaba a hacer la PSS por dignidad política: “Prefería ir a la cárcel. Había iniciado la guerra y esa era la última batalla”.

El movimiento de insumisión —nutrido por hombres y mujeres antimilitaristas, anarquistas, comunistas, independentistas y feministas— se activó como tal en 1988, año en el que se aprobó el reglamento del PSS y se celebraron las Segundas Jornadas Antimilitaristas Estatales en Zaragoza.

Carlos Herrero Canencia
estuvo ahí. Era un estudiante de Filología en la Universidad Complutense, integrante de su Asamblea Antimilitarista. En marzo de 1990, con 21 años, se presentó como insumiso, esgrimió que era gay y que se negaba a participar en una institución homófoba. “Jamás me planteé alegar homosexualidad para librarme; tampoco intenté librarme por pies planos. No quería librarme, quería oponerme”, cuenta. En su entorno, la mayoría de gais optaron por hacer la PSS. “La ilegalidad daba miedo”, reconoce.

La jueza rebajó su condena a un año porque no tenía antecedentes penales, pero se negó a firmar la condicional y entró en la cárcel en 1996. Cumplió un mes y medio en régimen cerrado y después pasó al tercer grado. Le entrevistaron en el diario El Mundo con el titular ‘La mili no es de color de rosa’. “La mili es una cadena de humillaciones, y el último eslabón, que es el soldado, humilla al que considera todavía más débil que él, al marica que tiene al lado”, respondió al periodista.

En ese movimiento antimilitarista de los años 80 había muchos gais, pero la mayoría estaban en el armario. “Entonces, con 20 años, era muy complicado decir que eras insumiso y además gay, muchos eligieron por dónde querían que les llegasen las bofetadas”, valora. La corriente en la que él militaba estaba ligada al Movimiento Comunista, en el que participaban feministas lesbianas como Empar Pineda y Cristina Garaizabal. Por ello, el feminismo y la crítica a la homofobia estaban presentes en el discurso de su colectivo.

Juanjo Compairé,
integrante de la asociación Homes Igualitaris, recogió en un artículo académico en 2011 testimonios de insumisos y objetores de conciencia. Algunos de ellos señalan que la convivencia con homosexuales dentro de estos movimientos les sirvió para revisar su homofobia. “Aprendí mucho del movimiento gay. Eran unos tíos muy divertidos. Me provocaban mucho, me obligaban a reaccionar”, dice un entrevistado. Otro señala que en la cárcel había muchos presos homosexuales y que eran “personas reconocidas, no se escondían y cumplían una función: eran los que hacían las labores femeninas”.

Carlos Herrero no se arriesgó a comprobarlo. “En la cárcel estuve en el armario. Tampoco me hacía el machito, ¿eh? Cuando me entrevistaron en la radio, crucé los dedos para que ningún preso me escuchase”. Cuenta que los insumisos gozaban de un gran respeto: “A los presos les flipaba que hubiéramos elegido cárcel. Además, no éramos lumpen, teníamos estudios. Un preso me dijo: ‘¡Tú no tienes cara de cárcel!’”.

Paradójicamente, el espacio en el que Herrero se sintió peor fue el Colectivo Gay de Madrid (COGAM), que le dio la espalda: “Decidieron acoger a objetores, eso suponía asfixiarnos”.

El asco es mutuo
El día de su juicio, Xabi Sánchez Goronaeta se puso unos pendientes vistosos y la camiseta que había diseñado su colectivo, EHGAM Nafarroa, con el lema “Borrokarako gai” (juego de palabras entre “gay para luchar” y “capaz de luchar”) y una figura que amenaza con un tirachinas dentro de un triángulo rosa. Fue insumiso total, estrategia que consistía en ignorar las citaciones judiciales. Estuvo en orden de búsqueda y captura hasta que lo detuvieron. En la sala dijo: “Las maricas no aceptamos que el Ejército diga de nosotras que somos enfermas, y es por eso que nos negamos a aceptar la salida que se nos ofrece. Nosotras somos quienes repudiamos esa institución”. “Así como en otros lugares fue la crisis del sida lo que politizó a los gais, en Euskal Herria fue la insumisión la que nos llevó a interiorizar el discurso queer y a crear un sujeto marica empoderado”.

También en 1996, pasó unas tres semanas en la cárcel y nueve meses más en tercer grado, pero se sintió arropado por el resto de insumisos. Hacía un año que EHGAM había acogido en el gaztetxe de Iruñea el encuentro estatal sobre insumisión gay de la Coordinadora de Frentes de Liberación de Homosexuales del Estado Español (COFLHEE), con la participación de la Radical Gai, el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) y Gays Llures [Gais Lluires] Valencia.

EHGAM explica en un dossier en el que incluyeron también el ‘Levanten nalgas’, escrito por José Decadi, que el poco contenido sobre machismo y homofobia dentro del movimiento antimilitarista les llevó a “tres marikas en avanzada situación de desobediencia” a juntarse en una okupa para desarrollar un discurso propio. Señalaban que la mili era “una incubadora del heteropatriarcado” y “un bastión de hombría” construido sobre las vejaciones hacia las maricas y las mujeres. “¿Que pintábamos en una organización que nos odiaba, aborrecía y perseguía? (...) ¿Qué pintábamos en un lugar que, a decir verdad, también nos daba asco a nosotrxs?”. Señalaban que la legislación militar criminalizaba las relaciones sexuales calificándolas de “atentando contra la dignidad militar” y que el miedo llevaba a los soldados gais a la desesperación e incluso al suicidio. Argumentaban que los militares eran asesinos de maricas y que no se les había perdido nada en la mili, ya que era un rito de paso del varón heterosexual.

La insumisión marica interpeló al movimiento antimilitarista, al que reprochaba “un rechazo un tanto disimulado pero evidente”, a abordar las subjetividades ‘queer’ y a romper con el orden heterosexual. No se definían como insumisos gais sino como maricas y, por tanto, insumisos.

También denunciaron que la Coordinadora Gay-Lesbiana del Estado español estaba pidiendo objetores para realizar el PSS y rebatían su discurso reformista de que las personas homosexuales tenían que ser aceptadas también en el Ejército. Desde la Radical Gai contestaron que no se trataba de que el Ejército tolerase la homosexualidad sino de luchar contra “un aparato represivo, reproductor del machismo y el heterosexismo”.

“Fuimos visibles pero no todas fuimos al talego; algunas eran mayores, otras evitaron entrar en la cárcel. Fue relativamente corto, porque en 2001 se terminó la mili”, cuenta Xabi Sánchez. Aunque un cínico José María Aznar se apuntó el tanto, el mérito fue de los y las insumisas, incluidas esas maricas doblemente desobedientes.
  • Historias de disidentes de género
  • “Yo no quería ir a la mili por nada del mundo”, cuenta Jose, un vitoriano que fue transformista de joven. Conocía a un chico que se había intentado suicidar en el cuartel, tirándose por la ventana: “Eso me causó un trauma”. Se plantó frente al negociado de quintas con peluca, vestido y zapatos de tacón. Varios amigos también intentaron esa estrategia, pero solo se libró él, porque una amiga le ayudó a conseguir que un psiquiatra le emitiera un certificado de travestismo.
  • SC Natzab, activista transfeminista, antimilitarista, ecologista y antirracista, participa desde la isla de Lesbos en el documental ‘2 urte, 4 hilabete eta egun bat’, sobre los presos por insumisión en Nafarroa. “La cárcel es, junto con el Ejército, la estructura heteropatriarcal más represiva y que menos respeta al ser humano”, afirma ante la cámara. De joven escuchaba que los soldados buscaban en quien desfogarse sexualmente. “Nunca les llamaban violaciones, pero me daba mucho miedo. Me metí en el movimiento de insumisión para salvarme”. Fue a la cárcel y, un día, su compañero de celda le puso una navaja al cuello. Ese episodio traumático cambió su vida: “Como mujer transexual, no estaba llevando la vida que me correspondía. Si la vida era tan fácil perderla, iba a vivirla según mis dictados”. En cuanto salió de prisión, inició su transición de género.

2020/03/21

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | CANDELA GARCÍA LÓPEZ: EL LARGO Y TORTUOSO CAMINO

Candela García López: el largo y tortuoso camino.
Nació como José Antonio y luego Candela llegó a ser una de las artistas de la corte de la transgresora Esmeralda.
Félix Machuca | ABC Sevilla, 2020-03-21
https://sevilla.abc.es/sevilla/sevi-candela-garcia-lopez-largo-y-tortuoso-camino-202003210816_noticia.html 

Es muy probable que Candela no sepa quién fue Tiresias. Ni falta que le hace. Pero Tiresias, el advino mitológico griego que fue hombre y mujer, sí pudo saber cómo sería el largo y tortuoso camino de José Antonio García López, un chico con alma de chica que hoy, como se lee en sus papeles, es Candela García López. Conseguir ser lo que sentía, pasar de José Antonio a Candela, fue un infierno. Un largo y tortuoso camino que arrancó en las calles de su infancia, donde jugaba más con las muñequitas de las niñas del vecindario que con el balón de los muchachos. Ahí empezó a comprender, por las chanzas hirientes que soportó, que ser Candela lo iba a dejar helado más de una vez, para sentirse como cantaba la estrofa de aquella canción de los Beatles: «Muchas veces he estado solo y muchas veces he llorado». Hasta que llegó a ser una de las más floreadas artistas de la corte transgresora de La Esmeralda, Candela conoció el lado oscuro de ser diferente.

Y eso tenía un precio. Muy alto y a pagar en el instante. Como aquella vez que fue a tallarse en la calle Baños para hacer la mili y le dijeron que era más aconsejable, dada su pinta efébica, que se acogiera a una ley que lo eximía de hacerla, dado que era el único hijo de un matrimonio mayor de sesenta y cinco años. O aquella noche tristísima, trabajando en la limpieza de barcos en el puerto de Barcelona, de regreso a su casa, cuando inopinadamente la secreta de la época se lo llevó sin cargo alguno, pese a que le recriminaban que fuera maricón. Le cayeron, por ley tan abusiva, cinco meses y medio de cárcel en la Modelo. Toda su vida ha sido el pago desmedido de la hipoteca de ser distinto. Para colmo no pudo estudiar, trabajó siendo adolescente y desde Suiza a Cataluña pasando por Francia, sus manos y sus rodillas se descarnaron en los trabajos que la emigración menos preparada asumía para sobrevivir. Fue trapero, pinche, fregasuelos y todo aquello que le permitiera un salario para sobrevivir y enviarlo a casa de los padres. Qué buen nombre escogió para hacerlo leyenda de su vida: Candela.

La vida la marcó. Pero no se dejó abrasar por tanto infierno. Le hizo hueco en un corazón tan exigido a la parte más frívola y alegre de la noche. Antes de entrar a trabajar, como solista, cantando cuplés y canción española en el «Califa» sevillano echó sus horas en las güisquerías del ramo. Tuvo muy buena planta, jaquetona y risueña, rubia aleonada como una fiera de la selva de las barras de lucecitas de colores. La buscaban porque daba palique, te hacía el vaso largo chispeante y no faltaba en los labios del combinado la guinda verde. Los que le pidieron un servicio más completo siempre se llevaron el mismo chasco: imposible, cariño, hoy hay tomate... Un recurso que Candela hacía verosímil impregnando en mercromina sus prendas más íntimas. Una noche coincidió su actuación con el despliegue arrebatado y jaranero de las niñas de La Esmeralda en la sala Califa. Y allí mismo llegaron a un acuerdo para que pasara a formar parte del elenco más desvergonzado, insolente y descocado de los travestis y transexuales sevillanos. La Candela empezaba a prender en la chimenea del éxito para darse calor tras una vida tan glacial. Pillando calentones como el de aquella tarde en Alcalá por culpa de un GPS. Estaba loquita por ver a Pastora Soler. Pidió que la llevaran. Y la llevaron hasta Alcalá. Pero no daban con el sitio donde actuaba la Soler. El amigo encendió el GPS y, aún así, el coche daba más vueltas que el de Carlos Sainz en el Dakar. Y la Candela, escamadita perdía, le dijo: «Oye, Pepe, tú tendrás mucha amistad con la mujer esa del GPS, pero mejor paras el coche y le preguntas al primero que pase dónde actúa Amparo Soler. No me fío de esa tía...» Tampoco confió mucho en un naturista que fue a ver. Se lo había recomendado una sobrina suya que decía era un tipo muy profesional. Candela fue a verlo y se dejó inspeccionar con una lupa. Le vio los ojos y le dijo: «Usted tiene anemia». Prosiguió el doctor la exploración y le avanzó otro diagnóstico: «La regla también la tiene desajustada». Candela esbozó una sonrisa irónica que, inmediatamente, le reprochó el especialista. «¿Va a saber usted más que yo?», le preguntó el naturista. Y Candela le dijo: «Más que usted seguro que no. Pero de mí lo sé todo y le garantizo que no puedo tener la regla porque soy un hombre». Un hombre del que quiso desprenderse a lo largo de una vida. Para convertir tan duro y espinoso tránsito personal en un largo y tortuoso camino por ser Candela en vez de José Antonio...

2019/12/26

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | HACE 41 AÑOS SE DESPENALIZÓ (REALMENTE NO) LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ESTADO ESPAÑOL

Hace 41 años se despenalizó (realmente no) la homosexualidad en el Estado Español.
Un 26 de diciembre de 1978 se eliminaban de la Ley de Peligrosidad Social (derogada en 1995) los artículos sobre homosexualidad. Esta conquista de la diversidad sexual no es el punto y final que nos han contado, más allá de pactos, leyes y transiciones.
Jorge Remacha | Izquierda Diario, 2019-12-26
https://www.izquierdadiario.es/Hace-41-anos-se-despenalizo-realmente-no-la-homosexualidad-en-el-Estado-Espanol

Hace 41 años una ley española dejó de considerar a la homosexualidad un “peligro social”. Otras leyes que sí lo hacían tardaron más en desparecer. La pelea por el fin de la Peligrosidad Social fue una de las principales demandas de este movimiento LGBTI pionero en el Estado Español y significa la pelea por el fin de las condenas de cárcel y destierro, que rondan las 5.000 entre 1970 y 1978.

La Ley de Amnistía de 1977 había sacado de la cárcel a algunos presos políticos a cambio de imposibilitar el futuro juicio de los criminales franquistas. En 1978 los Pactos de la Moncloa ratificaron la nueva “democracia” de los antiguos franquistas y la izquierda reformista que los blanqueaba. Y todo se hizo con la homosexualidad penalizada, organizaciones LGBTI y feministas sin legalizar y las cárceles llenas de “presos sociales”.

En primer lugar, las personas LGBTI estaban legalmente perseguidas por la Ley de Vagos y Maleantes desde 1954 hasta 1970 (esta ley es de 1933, pero no incluye a “los homosexuales” hasta entonces), por la de Ley de Peligrosidad Social desde 1970 hasta 1978.

Aunque sacar la homosexualidad de la lista de “peligros sociales” parecía un adelanto, provocó que se utilizase el artículo 431 del Código Penal sobre el escándalo público para llevar a cabo redadas y detenciones a personas LGBT, estando este artículo vigente hasta 1988. Así mismo estas condenas existían dentro del ejército, siendo el servicio militar aún obligatorio, pese a ser uno de los objetivos más odiados de la juventud en lucha.

Las cárceles albergaron a personas LGBT catalogadas como “presos sociales”, estando en módulos donde los funcionarios de prisiones habitualmente los prostituían, como en el caso de la Cárcel Modelo de Barcelona o la de Carabanchel en Madrid.

Anteriormente existieron durante el franquismo las “Colonias Agrícolas”: auténticos campos de concentración para homosexuales, y se hallaban en Badajoz, Huelva y Fuerteventura. Por ellas pasaron cientos de personas en condiciones de hambre, trabajo esclavo y tortura, siendo en el caso de Fuerteventura, dirigida por sacerdotes.

Como un primer embrión, en 1970, se funda en Barcelona la Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS), que un año después se renombraría Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

En 1972 también surgieron grupos en Madrid y Bilbao, hasta que la organización fue disuelta mediante la presión policial. Sin embargo, en 1975, fundarían también en Barcelona el Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC), así como se articuló en el País Vasco el Movimiento de Liberación Gay Vasco (EHGAM) o en Madrid el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR).

También se creó la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE). Estos movimientos trataron de mantener una línea anticapitalista y de alianza con los sectores oprimidos y el movimiento sindical en medio de un ascenso obrero y de masas y de una dura represión.

A 41 años de la “despenalización parcial” de la homosexualidad, este no es un logro para sostener este Régimen del 78 que mantiene instituciones de la dictadura en esta democracia para ricos, como la monarquía, las continuidades en el poder judicial, las Fuerzas Armadas o el aparato policial. Aún queda mucho por hacer, no sólo rescatar una historia que tratan de borrarnos cada día en la que se muestra que es luchando como se consiguen los derechos, sino seguir peleando por la total liberación sexual y de toda opresión.

2019/11/16

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | 30 AÑOS DE INSUMISIÓN, EL MOVIMIENTO QUE LLENÓ CALLES Y CÁRCELES DE DESOBEDIENCIA CIVIL

Cuarto Poder / Manifestación por la Insumisión en Albacete //

30 años de insumisión, el movimiento que llenó calles y cárceles de desobediencia civil.

El 16 de noviembre de 1989 se celebraron los primeros juicios militares contra insumisos en nuestro país contra Josep María Moragriega y Carlos Hinojosa. “El rechazo a la mili era compartido por la mayoría de la sociedad, era muy transversal”, afirma Nacho Murgui, juzgado por insumisión en 1996. “Nuestra lucha sigue siendo un referente para los movimientos sociales”, señala José Manuel López, antimilitarista e insumiso a principios de los años 90.
Miguel Muñoz | Cuarto Poder, 2019-11-16
https://www.cuartopoder.es/espana/2019/11/16/30-anos-de-insumision-el-movimiento-que-lleno-calles-y-carceles-de-desobediencia-civil/

Año 1989. Mes de noviembre. El PSOE de Felipe González gobierna con una mayoría absoluta obtenida, en esta ocasión, por la mínima. En las calles aún resonaban los ecos de la huelga general celebrada un año antes. Y de las movilizaciones anti OTAN surgidas años antes del referéndum de permanencia celebrado en 1986. 1989 sería un año clave para entender un movimiento político histórico en nuestro país: la insumisión. El rechazo a formar parte del ejército, al servicio militar obligatorio. A “la mili”. Tal día como hoy, 16 de noviembre, se celebraron hace tres décadas los primeros juicios militares contra insumisos en nuestro país.

Josep María Moragriega y Carlos Hinojosa fueron los nombres propios de aquel día. Ambos formaron parte de los 57 primeros insumisos declarados. Se presentaron, coordinadamente, el 20 de febrero del citado año 89, ante diferentes gobiernos militares. Solo 11 fueron detenidos. Moragriega fue uno de ellos. Pasó quince días en prisión preventiva. Y posteriormente fue citado, junto a Hinojosa, a juicio militar para el mes de noviembre.

“Organizamos una movilización estudiantil muy potente, hubo huelga ese día. Culminó con una macromanifestación a las puertas del gobierno militar donde se realizaba el juicio en Barcelona”, recuerda el propio Moragriega en conversación con cuartopoder. El juicio se celebró un año después de la primera presentación. La condena fue de 13 meses de prisión. “Intentaron hacer una condena suave para intentar desmovilizar a los futuribles insumisos. Eso no fue así porque en la segunda presentación se incrementó el número de manifestantes”, señala Moragriega.

Aunque el primer objetor de conciencia por razones no sólo religiosas fue Pepe Beunza, que se declaró insumiso en 1971 y estuvo preso hasta 1974, el año 1989 marca un antes y un después. Se había anunciado la próxima puesta en marcha de la Prestación Social Sustitutoria (PSS) por parte del Gobierno. Es decir, realizar un servicio social en sustitución de la mili. Además, se comenzaron a denegar las declaraciones colectivas de objeción de conciencia que habían sido aceptadas en años anteriores. Los colectivos antimilitaristas, entre los que destacan el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) o el Mili KK, intensificaron sus acciones.

“Usaban la represión selectiva de baja intensidad, con el objetivo de intentar frenar la ola que se les venía encima. Fue una ola que creció exponencialmente. No tuvo fin ni siquiera cuando sacaron la ley civil para regular la PSS”, reflexiona. La variedad de movimientos también produjo diferentes estrategias que variaban entre hacer visible la causa entrando voluntariamente a la cárcel o la “insumisión total”, que incluía no presentarse a los juicios.

La sentencia de Moragriega tardó en llegar tras varias vistas. No ingresó en prisión hasta el año 1991. “Del juicio militar salí por la puerta, la sentencia salió 48 horas después”, recuerda. Entonces pasó a situación de clandestinidad para no ser detenido. La idea era entregarse cuando más le interesara al movimiento, para que causara mayor impacto. Ese momento llegó el 15 de Mayo, Día Internacional de la Objeción de conciencia.

Moragriega fue detenido. Se presentó solo porque Hinojosa seguía la línea de la “insumisión total”. “Fui al gobierno militar, dije que ahí estaba y que procedieran a hacer lo que tuvieran que hacer. Me trasladaron a Cartagena después de un viaje larguísimo, incomunicado. Me aplicaron ley antiterrorista, estuve desaparecido más de 72 horas, todas de conducción. Pisé cuatro prisiones: Modelo y Trinidad en Barcelona. Modelo de Valencia, Sangonera (Murcia) y finalmente Cartagena, en el Penal Naval de Santa Lucía”, relata. Pasó allí unos 11 meses.

Dentro de prisión, la lucha seguía. Entre otras cuestiones, aportaba textos que eran leídos en actos del movimiento insumiso. “Había que mantener alta la moral antirepresiva. Yo desde la cárcel poca cosa más podía hacer, confiar en todos mis compañeros y esperar mi día”, apunta. Moragriega “celebró” su 25 cumpleaños en prisión y allí acabó su carrera universitaria. Luego empezó a trabajar como profesor.

Con los años se vinculó mucho a la situación creada por la Guerra de los Balcanes. “La insumisión continuaba activa pero ya dejé paso a nuevos insumisos. A nivel de organización me retiré y pasé a fundar y trabajar en Maestros por Bosnia”, señala. En febrero de este año, aprovechando el aniversario de aquella primera presentación ante los gobiernos militares, la prisión de la Modelo en Barcelona, convertida ahora en un centro de memoria, organizó un acto de recuerdo y homenaje de aquellos pioneros.

Coordinación y multiplicación de casos

El número de personas insumisas creció exponencialmente con el paso de los años. Los juicios pasaron a ser de carácter civil por la entrada en vigor de la PSS. Las historias son innumerables. Otros hitos a tener en cuenta tuvo lugar en 1991 en Albacete. Allí tuvo lugar el primer juicio contra insumisos a la PSS. Los juicios siguieron mientras la administración ejecutaba esa “represión selectiva” o “de baja intensidad”. Entre otras cosas esto derivaba en diversidad de condenas dependiendo del juez en cuestión e incluso absoluciones.

El periodista Joan Canela es autor del libro ‘Insubmissió. Quan joves dearmats van derrotar a un exércit’ (Sembra Libres, 2019). También fue activista, en su caso del Mili KK. “El movimiento fue muy potente pero más tarde, no en sus primeros años”, señala a este medio. Canela destaca que la estrategia a seguir era dura, había que asumir que se iba a la cárcel y no se sabían bien las consecuencias de las acciones. “Al principio hubo muchas dudas y debates, si seguir una estrategia u otra, si había posibilidades, etc.”. El periodista recuerda además la actuación del PSOE amnistiando a todos los objetores acumulados en espera de aprobar la nueva ley. “Se hizo para quitarse un grueso de activismo de en medio”, afirma.

“El movimiento antimilitarista fue muy capilar. En número y cantidad, Catalunya y País Vasco fueron los puntos fuertes, pero hubo insumisos en todos sitios. En sitios con escasa presencia de movimientos sociales alternativos, había insumisos. Fue muy generacional y transversal”, describe este periodista. Además, destaca la coordinación estatal que había entre diferentes partes del Estado. El MOC y el Mili KK eran coordinadoras estatales, asamblearias. Tenían núcleos locales, intercomarcales y una coordinación estatal que cada dos meses iba a Madrid a reunirse durante el fin de semana.

“Era un nivel de militancia muy intenso, la gente estaba muy comprometida”, señala. La actividad era incesante, y en época pre-redes sociales. “Era muy espectacular, detenían a dos insumisos en Sevilla y desde allí llamaban por teléfono, local por local, a todo el Estado. A la mañana siguiente ya había concentración en Valencia, Madrid, etc. Había cierta cohesión de colectivo. Eso ayudó mucho a mantener la lucha contra la represión”, argumenta Canela.

Esa coordinación estatal la vivieron personas como Carlos Herrero Canencia. En 1988 descubrió el movimiento insumiso mientras estudiaba Filología en la Universidad Complutense. Además, participó en unas pioneras jornadas antimilitaristas en Zaragoza ese mismo año. “Me daba al principio mucho miedo, era algo ilegal, podías entrar en la cárcel”, reconoce. Su condición de homosexual, además, fue relevante para su lucha. “Tenía claro que el ejército era un sitio completamente homófobo. En el juicio, una de las razones que alegué era el hecho de ser gay y estar en contra del ejército por su homofobia”, afirma. En marzo de 1990 se presentó como insumiso y tuvo el juicio cuatro años más tarde.

Herrero pertenecía a la Coordinadora Antimilitarista. “Fueron años de muchísimo activismo, dando charlas, montando manifestaciones, acompañamiento a los presos, etc. En Madrid se hizo un trabajo antirrepresivo muy importante”, comenta. Recuerda una acción concreta en la prisión militar de Alcalá de Henares, donde el director de la prisión provocó agresiones entre algunos soldados presos y los insumisos. A él le tocó visitar a los presos el día de los hechos. “Llegué a casa, llame a toda la gente, se organizó mucho follón, una manifestación, etc. Aparte de que fue algo muy bonito y surgió un efecto grande. Contamos con el apoyo de varios diputados y el director de la prisión se acojonó”, señala.

Aquello fue en 1998. Pero antes, Herrero pasó por su proceso judicial. Juicio. “Fue, por un lado, muy tenso y por otro muy emocionante porque se montó un acto de solidaridad brutal. En el momento del discurso final vi que había entrando gente y la sala estaba hasta arriba”, apunta. Su condena fue de un año de cárcel por lo que te podían hacer firmar la libertad condicional y no entrar. “Me pasaba que no sabía qué hacer. Si firmaba me quitaba de problemas. Fue muy duro pero no lo firmé. Me volvieron a llamar pidiendo que firmara un papel diciendo que no había firmado el otro papel. Yo dije que no iba a firmar ya nada. Los meses que mayor tensión tuve fueron ahí cuando tenía la orden de búsqueda y captura. Me podían detener en cualquier momento”, recuerda.

La estrategia pasaba por elegir alguna acción concreta llamativa para provocar la detención y darle un sentido político. Pero había mandos policiales y políticos que preferían no dar más publicidad al movimiento y no los detenían. Finalmente, Herrero se presentó a entregarse junto con tres compañeros más. “Convocamos a la prensa y una concentración y fuimos. Fue muy emocionante, tener a toda la gente coreándote y gritando consignas mientras entras en prisión”. Cumplió su condena en Carabanchel, luego en Yeserías y finalmente en Valdemoro en régimen abierto. Desde entonces ha seguido vinculado a movimientos sociales y ha impulsado un colectivo en Madrid de Docentes LGBTi.

Referente de los movimientos sociales actuales
“Nuestra lucha sigue siendo un referente para los movimientos sociales”. Habla con José Manuel López, activista antimilitarista que formó parte del MOC desde el año 1987. Él estuvo presente, acompañando, aquel 20 de febrero, en Madrid en la primera presentación de insumisos pese a que todavía no lo era.

También pasó por la cárcel. “Hubo jueces que pensaban que no deberíamos ir a la cárcel y se inventaban eximentes. Es lo que pasó en mi caso, me condenaron a 6 meses”. Un tiempo que repartió entre las cárceles de Carabanchel y Valdemoro. “La PSS no tenía ninguna intención social, era simplemente un castigo. Durante los años que duró era una chapuza. Muchas organizaciones sociales se negaron a colaborar con el Estado. Como Cáritas, por ejemplo”, apunta.

Recuerda este activista aquellos años al movimiento “bastante coordinado y con muchos colectivos”. Y señala su vigencia. En su caso, el MOC pasó a llamarse Alternativa Antimilitarista. “A día de hoy se nos sigue llamando en muchos movimientos para pedirnos talleres sobre acción directa no violenta, desobediencia civil, campañas, etc. Desde el 15M hasta los movimientos por la crisis climática”.

Y es que los insumisos fueron en cierto modo pioneros en acciones llamativas. “Lo de colgarse de una pancarta en un puente, encadenarse en juzgados, ocupar cuarteles, etc. Fueron los primeros en actuar de esa forma. Supieron usar los medios de forma muy inteligente”, apunta por su parte el periodista Canela.

“El hecho de la desobediencia civil tiene una capacidad de impacto enorme. Se pusieron en juego todo un repertorio de acciones que de alguna manera fueron novedad y lograron que el movimiento tuviera mucha visibilidad: acciones en los cuarteles con las entregas de insumisos, encadenamientos en el gobierno militar, en el cuartel general del ejército, etc. Con no mucha gente lograbas un impacto enorme”. Quien habla es Nacho Murgui, insumiso en los años 90 y actual concejal de Más Madrid en el Ayuntamiento.

El movimiento, como decía López, sigue vigente. Su “horizonte utópico” es la desmilitarización de la sociedad. Por ello han desarrollado varias campañas. Una, contra el gasto militar. Más antigua aún que la insumisión que es la objeción fiscal a los gastos militares. Se lleva haciendo desde principios de los años 80. “En el 15M tuvo un importante impulso”, apunta López. También se realizan campañas contra fabricación y venta de armamentos, que incluye, por ejemplo, denunciar las ferias de armas que se celebraban en Ifema. La militarización de las fronteras, en colaboración con otros colectivos como Caravana Abriendo Fronteras, es otro de los temas que siguen.

Amplio apoyo social
“En el tiempo que estuve en busca y captura a mí me avisaban todo el rato los vecinos. El frutero de la esquina, que no era un hombre de izquierdas precisamente, estaba pendiente y cada vez que veía alguna cosa extraña de que fueran a por mí, me avisaba. Lo viví con mucho apoyo, se generó una comunidad potente”. Son los recuerdos de Murgui, que fue juzgado en 1996 tras estar más de un año en busca y captura. En su caso, optó por no asistir a la citación judicial y formaba parte de un pequeño colectivo autónomo madrileño.

Una de las acciones que realizaban era mandar cartas a los juzgados, una vez citados a declarar, exponiendo sus razones políticas para no asistir. "No reconozco a ningún tribunal la capacidad de juzgar las conciencias y mucho menos a un movimiento social ampliamente reconocido por la población”, destaca uno de los alegatos de Murgui en su momento.

“El rechazo a la mili era compartido por la mayoría de la sociedad, era muy transversal”, destaca el actual concejal. La gran cantidad de personas que se fueron declarando insumisas suponía un problema incluso práctico a la hora de que el Gobierno aplicará la ley. “Era una ley inaplicable por la extensión del movimiento de desobediencia civil”, comenta.

Por su parte, el periodista Canela comparte que la insumisión generaba muchas simpatías sociales. Y además pone de relevancia que, visto desde la perspectiva actual, al movimiento insumiso lo trataban muy bien en los medios de comunicación. “En el momento, el movimiento no se sentía demasiado apoyado. Pero si lo comparas con cómo se tratan ahora los movimientos similares, es impresionante. Destacaban al movimiento antimilitarista como un actor político, no como una tribu urbana. Después sacaban las barbaridades del ministro o artículos criminalizando. Pero también salía la otra parte. No fue un apoyo pero sí una cobertura seria”. Un ejemplo: el diario El País publicó un artículo de Moragriega e Hinojosa el día que fueron juzgados.

Otro aspecto curioso fue la cierta presencia del cristianismo de base. “El MOC, en sus orígenes, tiene cierta conexión con el cristianismo de base”, destaca el periodista. Conviene recordar que el mencionado Pepe Beunza venía de ahí. Esas conexiones se van diluyendo a partir de los 80 y 90 pero agrupaciones con peso en la base, como Justicia y Pau, representada por Arcadi Oliveres, tuvieron su importancia. No obstante, aunque desde la jerarquía católica tuvieron su reflexión interna, se hizo una pastoral criticando a los insumisos. “La Iglesia en sí no apoyó nunca la insumisión”, apunta Canela.

Un movimiento que logró vencer
La mili acabó porque el gobierno de José María Aznar lo pactó con la CIU de Jordi Pujol en el famoso pacto del Majestic, en 1996. Se hizo efectiva en 2001. “En una década acabar con la mili está bastante bien. Teniendo en cuenta que veníamos de una dictadura militar, que el ejército en este país era una institución sagrada, el éxito es bastante grande, nosotros así lo vivimos. Supuso un impulso importante y 30 años después seguimos luchando”, señala López.

“El movimiento murió de éxito. Al principio todos los insumisos formaban parte de un colectivo, estaban coordinados, tenían abogados del movimiento. Pero llega un momento en que se desborda, empiezan a salir montones de insumisos, no se pueden juzgar a todos. Se creó como un manual para hacer campañas, se replican de formas autónomas, se desbordó el movimiento”, destaca, por su parte Canela. El periodista considera que el movimiento no tuvo la fuerza necesaria para vender políticamente su victoria. “Creo que estaba un poco decaído pero también hay que entender que del 89 al 92 o 93 fue la dinámica de activismo frenético. Desgastó a muchos activistas. En el 95 o 96 había mucha gente en segunda línea porque no podía más”, añade.

“Fue una victoria enorme. El movimiento partía de un discurso de mayor alcance, logró acumular mucha fuerza contra la mili pero cuando esa cuestión se acaba, el movimiento antimilitarista queda mucho más aislado de la sociedad”, apunta Murgui. Considera, además, que “cuando los movimientos sociales logran algunos de sus objetivos muchas veces languidecen”. Murgui reconoce que no recuerda que por ejemplo hubiera actos celebrativos. “En estos ámbitos siempre tenemos un carácter muy crítico y cuesta reconocer las victorias. Pasa en los movimientos sociales y en la izquierda. Pero el acabar con una institución como la mili, tan arraigada en un país como éste, tiene un mérito tremendo, fue una transformación de un alcance tremendo. No se ha reconocido, ni siquiera por quienes formamos parte de él, el papel que tuvo el movimiento”, concluye.

2019/07/07

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL MOVIMIENTO DE INSUMISIÓN EN NAVARRA | 3. FIN DE CICLO

El movimiento de la insumisión en Navarra (y III): fin de ciclo.
La insumisión, que logró en Navarra un apoyo social trasversal sin precedentes, ganó la batalla de suprimir la mili en 2001.
Pedro Oliver Olmo | Noticias de Navarra, 2019-07-07
https://www.noticiasdenavarra.com/sociedad/2019/07/07/movimiento-insumision-navarra-iii-ciclo-2379106.html 

Por si hubiera alguna duda, a partir de 1994, y con una nitidez especial y algo escabrosa desde la dispersión de los insumisos en septiembre de ese año, la singularidad represiva de la insumisión navarra era ya demasiado visible desde todos los puntos del Estado, una imagen que hubo de perseguir constantemente al biministro socialista Juan Alberto Belloch y a sus aliados: ¿cómo podía haber centenar y medio de insumisos presos sólo en Pamplona y apenas unas decenas en el total de las prisiones de España? Todo indica que aquello, lejos de amilanar a los insumisos presos, por la dureza que desprendía y el sacrificio que conllevaba, coadyuvó a aquilatar su capacidad de resistencia. Por su parte, los insumisos dispersados también eran fuente de agitación propia, por los apoyos que recibían y por las visitas (incluyendo las de parlamentarios). La resistencia y la capacidad de nuevas iniciativas que se desplegaron entre 1994 y 1996 fue realmente encomiables, el culmen de una movilización ya veterana, con repercusiones que lógicamente trascendían con mucho las fronteras de la Comunidad Foral.

El rechazo a la mili se generalizaba por toda la sociedad española y más aún en Cataluña, País Vasco y Navarra. Las juventudes de UPN, IU, HB y EA se posicionaron contra el SMO. Por aquel entonces la objeción de conciencia se disparaba ya a cifras gigantescas. Sin embargo, el Estado se mostraba incapaz de dar una solución al colapso: las plazas para la prestación social sólo cubrían un tercio de la demanda. El 60% de los jóvenes navarros dijeron “no a la mili”, o con la objeción de conciencia o con la insumisión. Si el CNOC había reconocido a 4.610 objetores navarros hasta 1995, de los que 1.216 correspondían a 1994, ya en 1997 el número de objetores superaría por primera vez en Navarra al de reclutas.

Así las cosas, por fin, pero de qué manera, parecía hacerse realidad el lema que tanto se gritaba por las calles de Pamplona: “No hay prisión que pare la insumisión”. El Código Penal de 1995 lo ratificaba. En 1996, el nuevo gobierno del PP, por exigencias de sus socios nacionalistas vascos y catalanes, quienes a su vez se veían obligados a contentar la enorme presión ‘antimili’ de sus poblaciones, anunció la abolición de la mili en 2003. La crisis del sistema de reclutamiento entraba en su fase final, y la objeción y la insumisión también.

El movimiento insumiso navarro en pleno (MOC-KEM, Kakitzat, GAS, Nafarroa Intsumitua y AFOINA) rechazó contundentemente las nuevas penas del Código Penal, aquello que sin ambages se llamará “la muerte civil” de los jóvenes insumisos, por las largas condenas de inhabilitación que podrían recibir, un sintagma que, por cierto, ya había sido formulado en el tardofranquismo contra los objetores de conciencia, “muerte civil”, dejar a los jóvenes disidentes inermes por largo tiempo, no aptos para la función pública, con un futuro lleno de dificultades.

Tanto en la cárcel de Pamplona (con la ‘Huelga de frío’, por la que cada insumiso preso iba tan sólo vestido con una manta), como en la calle, se realizaron acciones contra el cambio en la penalización, algunas multitudinarias (caso de muchas manifestaciones, el ‘Intsumisio Eguna’ de Kakitzat en Berriozar y las inagotables marchas a la cárcel de los familiares de AFOINA).

En 1996 se creó EUDIMA, asociación de ayuntamientos insumisos. El Ministerio de Defensa llegó a denunciar a 63 ayuntamientos por no alistar a los reclutas (25 de los municipios tenían alcalde de HB). Se trataba de otra importante cosecha en la socialización del mensaje antimilitarista, aunque no sería la última: por ejemplo, en 1997 se presentó en Pamplona la campaña Insumisión Rosa (o Insumisión Marica), bajo la promoción del colectivo EHGAM, para denunciar el machismo y la homofobia de los ejércitos y para hacer valer la profundidad de ese debate también en el seno del movimiento antimilitarista y de insumisión.

El MOC inició en 1997 a nivel estatal una nueva estrategia, la ‘Insumisión en los cuarteles’. En ella, y en su diseño, participaron varios insumisos navarros. A partir de 1998 volverá la imagen de los Consejos de Guerra: los navarros Tasio Ardanaz y Jesús Belascoain fueron juzgados por tribunales militares en A Coruña y, condenados a dos años y cuatro meses, cumplirían condena en la prisión militar de Alcalá Meco. En 1998, mientras que la movilización amainaba (en general, tanto en Navarra como en todos los territorios del Estado español), o en todo caso se focalizaba en apoyar la insumisión en los cuarteles (incluso con acciones directas muy audaces, como subirse al tejado del cuartel de Aizoáin), entró en vigor una nueva LOC con carácter retroactivo que igualaba la duración del SMO y la PSS y pasaba a la reserva a miles de objetores en situación de espera. Cerca de 2.000 objetores navarros pasaron a la reserva sin hacer la PSS. La bolsa de los pendientes por prórroga superaba ya el millón de personas en todo el Estado. La crisis del sistema de reclutamiento no se aliviaba con paliativos. Así la ‘mili’ no llegaría a 2003. Popularmente se generalizó una idea jocosa: comienza la campaña ‘tonto el último’.

Por fin, en 2001, quedó legalmente “suspendido” el SMO al tiempo que concluía con éxito evidente un largo ciclo de tres décadas de desobediencia civil. No era de extrañar que aquel primer objetor de 1971, Pepe Beunza, quien conoció las prisiones militares del franquismo por su antimilitarismo y ‘noviolencia’, acudiera en 2001 a la prisión militar de Alcalá Meco a recibir y abrazar a los últimos insumisos.

Pedro Oliver Olmo. Profesor de la Universidad de Castilla La Mancha y colaborador del Instituto Navarro de la Memoria.

2019/07/06

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL MOVIMIENTO DE LA INSUMISIÓN EN NAVARRA | 2. EL 'PLANTE'

El movimiento de la insumisión en Navarra (II): el ‘plante’.
El movimiento insumiso respondió al intento de desactivar las protestas del Estado quebrantando el tercer grado de las condenas para devolver el conflicto a las cárceles y las calles.
Pedro Oliver Olmo | Noticias de Navarra, 2019-07-06
https://www.noticiasdenavarra.com/sociedad/2019/07/06/movimiento-insumision-navarra-ii-plante-2380479.html 

El primer “plante” se llevó a cabo el 13 de diciembre de 1993: 4 lo hicieron en Bizkaia, 3 en Asturias, 2 en Tenerife, 1 en Albacete y ¡35 en Pamplona! Antes de la acción de presentación, en la parroquia de la Txantrea, los insumisos que quebrantaban públicamente su condena eran acogidos en los hogares amigos, personalidades y líderes sociales, que de esa manera también se exponían penalmente. El número tan alto de insumisos que quebrantaron el tercer grado en Pamplona de nuevo llevó a la prisión provincial al borde del colapso, sensación que se agravaba sólo al pensar que se preparaban nuevos “plantes” (desde el principio se especuló con el riesgo de una dispersión de insumisos, a veces como un temor, a veces como una amenaza). El contundente “plante” navarro cosechó el beneplácito y la admiración de las organizaciones que apoyaban el movimiento de insumisión. Miles de personas abrazaron emocionalmente a los “plantados” en las calles de Pamplona, dándoles aliento y fuerza. Desde entonces las manifestaciones fueron normalmente multitudinarias, como las marchas semanales a la cárcel de Afoina. El segundo “plante” se realizó el 20 de febrero de 1994, con 13 insumisos encerrados en la UPNA. Desde diciembre de 1993 y a lo largo del período 1994-96, el movimiento insumiso desplegó todo un rosario de iniciativas de agitación política. Volvieron las ocupaciones del balcón del PSOE y de la Cruz Roja, las manifestaciones de estudiantes de la UPNA y de institutos, etcétera.

En esta tesitura de la movilización, mucho más antirrepresiva que nunca, nacieron nuevos colectivos (locales o comarcales, como Erriberako Kakitzat, y otros con vocación coordinadora, como Nafarroa Instsumitua, que albergaba identidades ideológicas de la izquierda abertzale y ‘taldes’ y personas que dentro del movimiento insumiso no se sentían representados por los colectivos centrales del movimiento antimilitarista, KEM-MOC y Kakitzat). Durante la primavera-verano del 94, mientras continuaba la estrategia del quebrantamiento de condena, desde la hacinada cárcel de Pamplona se agitaba la calle: en un sentido plenamente antimilitarista, con la huelga de hambre de mayo, bajo el lema “No des de comer a los ejércitos”; y en un sentido anticarcelario, con la denuncia de las condiciones de vida en la prisión. Se usarán técnicas de desobediencia civil dentro de la prisión, desde “motines no violentos y festivos”, como el que se generó ante el cierre de los patios que pretendía evitar que los insumisos presos disfrutaran del txupinazo alternativo con el que iban a homenajearlos desde la calle el día de la gran fiesta pamplonica, hasta plantarse en comedores y galerías para protestar por distintas muestras de violencia institucional con los presos sociales, sobre todo con los más débiles o debilitados por el propio encarcelamiento, la drogadicción o el sida.

La lucha anticarcelaria conseguía salir a la luz, a través de cartas y artículos y con una publicación propia y manuscrita, el magazín ‘Giltzateko Paranoiak’, que los colectivos de apoyo imprimieron y distribuyeron con provecho. Desde agosto se denunció una “escalada represiva” dentro de la prisión que culminó el 8 de septiembre con la dispersión de 8 insumisos. El movimiento insumiso, pero también buena parte de la sociedad navarra, tragó saliva aquel día, entre la estupefacción y el miedo. Hasta el presidente Alli se dirigió a Belloch para pedirle el retorno inmediato de los insumisos. No faltaron reacciones oficiales de otro tenor. UGT y la dirección de la prisión defendieron la dispersión por el mal comportamiento de los insumisos, incluso violento (una acusación que generó una cadena de reproches contra quienes intentaban criminalizar a los insumisos). Belloch se vio obligado a maniobrar otra vez, preanunciando la futura “despenalización carcelaria de la insumisión” en el nuevo Código Penal.

La asamblea de insumisos presos organizó todo un plan antirrepresivo y en solidaridad con sus compañeros dispersados, en principio, con una huelga de hambre que duró tres semanas. El mejor plan era proseguir la lucha anticarcelaria y agitar la movilización antimilitarista, objetivos que consiguieron mantenerse vivos hasta el final. Mucho más difícil, evidentemente, era mantener el nivel de debate, cohesión y espíritu de lucha en el entorno de los insumisos presos en tercer grado, colectivo a su vez muy numeroso. Pero se intentaba. Los insumisos en 2º grado realizaron un sinfín de iniciativas y movilizaciones exigiendo el retorno de los compañeros dispersados, y muchas acciones desobedientes, como el despliegue de pancartas en el patio y una llamativa “huelga de frío” contra la nueva penalización del Código Penal. En definitiva, acciones directas con mensajes antimilitaristas que en cualquier caso chocaban con la reglamentación penitenciaria, sin dejar de lado la publicación del magazín ‘Giltzateko Paranoiak’ y redactar un anuario y un detallado informe dirigido a la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento foral sobre la realidad de las condiciones de vida en la prisión.

El movimiento antimilitarista persistía en la estrategia del “plante” mientras preparaba el rechazo del nuevo Código Penal. En mayo del 95 se realizó el séptimo “plante” de insumisos navarros, y primero de la Ribera (donde la insumisión se unía a la lucha contra el polígono de las Bardenas), pero la estrategia del “plante” aún continuaría después. De entre 1995 y 1996 son innumerables las iniciativas en barrios y pueblos, las mociones institucionales, los encadenamientos y otras acciones directas no violentas, sobre todo con motivo de presentaciones públicas de insumisos que quebrantaban la condena. En la calle, al calor de la lucha de los insumisos presos, se realizaron ayunos y movilizaciones en institutos y en la UPNA (incluso cosechando el apoyo oficial de la universidad). No faltaron a su cita semanal las incansables madres y familiares de Afoina con sus marchas a la cárcel, como no se apagaba nunca el aliento de la ‘Eguzki Irratia’. El período de movilización del “plante” dio mucho de sí hasta que la excarcelación y el anuncio del fin de la mili trajeron un aire fin de época. Había que cerrar el ciclo.

Pedro Oliver Olmo. Profesor de la Universidad de Castilla La Mancha y colaborador del Instituto Navarro de la Memoria.

2019/07/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL MOVIMIENTO DE LA INSUMISIÓN EN NAVARRA | 1. EL VERANO CALIENTE DEL 93

El movimiento de la insumisión en Navarra (I): El verano caliente del 93.
Navarra fue desde el principio el epicentro del movimiento de objeción de conciencia e insumisión tanto en compromiso juvenil como en respuesta social y represión policial o judicial.
Pedro Oliver Olmo | Noticias de Navarra, 2019-07-05
https://www.noticiasdenavarra.com/sociedad/2019/07/05/movimiento-insumision-navarra-i-verano-2380380.html 

Un año después de haberse iniciado la campaña de insumisión comenzó a certificarse su impacto político y su éxito social en todo el territorio estatal, y más aún en el País Vasco y Navarra. La intensa actividad desplegada por los colectivos antimilitaristas navarros (KEM-MOC, Kakitzat y GAS) iba ya acompañada de la creación de otros colectivos de insumisión en barrios y pueblos, a veces con una identidad autónoma respecto de los colectivos centrales del movimiento antimilitarista. Desde principios de la década, entre contradicciones y polémicas, se iría notando también la incorporación de la izquierda abertzale a un movimiento que se agrandaba.

En marzo de 1990, mientras que el KEM-MOC destacaba ante la prensa navarra el fracaso político que suponía para la imposición de la ‘mili’ la “no represión fuerte del Gobierno”, Kakitzat conseguía llenar el Pabellón Anaitasuna con un concierto de Tahúres Zurdos, Reincidentes y La Polla Records. La insumisión daba muestras de ser ya todo un fenómeno social y cultural que se extendía. La represión efectiva (aunque minoritaria y selectiva) suponía un alto coste político para el Gobierno. Cada juicio, cada acción frente al Gobierno Militar de Pamplona, cada detención y cada encarcelamiento, multiplicaban los apoyos sociales al movimiento insumiso. Y a todo ese impacto se unirá entre 1990 y 1991 el escándalo de los desertores de las corbetas que participaban en el conflicto del Golfo Pérsico.

En 1991 el Gobierno maniobró cambiando la Ley del Servicio Militar para poner fin a la mala imagen de los consejos de guerra. También comenzó la represión de los insumisos a la PSS. Para finales de 1992 estaban señalados más de 40 juicios en Pamplona. Navarra ya no iba a destacar por el elevado número de insumisos, también lo haría por la represión masiva de la insumisión. Si los señalados antes de la modificación de la ley del servicio militar eran condenados a 1 año, los “nuevos” tendrían que sufrir 2 años, 4 meses y 1 día. Pero los primeros, bajo el lema “o todos o ninguno”, rechazaron el beneficio legal “en solidaridad con sus compañeros”. Y así fue como la cárcel de Pamplona se fue llenando de insumisos: 28 había en junio de 1993, mientras que otros 15 estaban pendientes de ingreso.

En Pamplona, y ya por muchos lugares de Navarra, seguía extendiéndose el tejido de grupos, asambleas y coordinadoras de apoyo a la insumisión. En 1992 se había constituido Afoina, la asociación de familiares que potenciaría la presencia de la insumisión en la calle además de llevarla a las instituciones. Mientras continuaba la intensa actividad judicial contra los insumisos, se reduplicaban las acciones y protestas, los conciertos y las manifestaciones, las autoinculpaciones, las mociones institucionales, los posicionamientos de partidos y sindicatos, y, en fin, un gran ruido mediático que nunca amainaba. Era el verano caliente de la insumisión. Antes de San Fermín 93 una huelga de hambre de insumisos presos espoleó la protesta de manera persistente y multitudinaria. El eco del txupinazo alternativo hubo de escucharse en Madrid. Al término de las fiestas, casi 40 insumisos estaban encarcelados en Pamplona.

Mientras que la justicia navarra procedía con frenesí, las instituciones políticas forales empezaban a resentirse: la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento navarro solicitó reformas legales, UPN y PSN reconocieron la sensibilidad social mayoritaria hacia los insumisos y pidieron al Gobierno de España su excarcelación. Esto último incidía de manera controvertida dentro de un movimiento que estaba practicando la desobediencia civil ‘no violenta’ y encaraba la represión carcelaria como una oportunidad para el cambio político. Distintas culturas políticas de varias generaciones vivas (las izquierdas antifranquistas, radicales, abertzales, los movimientos sociales, autónomos y libertarios) se retrataron en aquella tesitura. MOC y Kakitzat respondieron rechazando cualquier paliativo que no conllevara la abolición de la conscripción, una posición ciertamente difícil de asumir por los familiares de los represaliados.

Con todo, el movimiento insumiso demostraba haberse granjeado un gran afecto social, mientras se empezaba a hacer visible la crisis del sistema de reclutamiento. El Gobierno reconoció que estaba ante un problema de Estado. Faltaban reclutas en algunos cuarteles. Se admitía el fracaso de la PSS: a mediados de 1993, una inspección oficial determinó que “no había actividad” comprobable en el 25% de los casos. El ministro Belloch quiso atajar la crisis en agosto del 93 con un cambio en el Reglamento penitenciario, lo que suponía el pase al tercer grado de los insumisos presos. Intentaba transmitir la imagen de una (falsa) despenalización. Los insumisos presos abandonaron con sana satisfacción la prisión. Eran más de 50 insumisos los que debían presentar cartas de trabajo para justificar su pase al tercer grado, entre polémicas internas, amenazas institucionales e incumplimientos. Las organizaciones antimilitaristas calibraban la respuesta. Mientras tanto, continuaba aumentando el número de insumisos en la prisión pamplonesa que eran declarados en tercer grado con más o menos rapidez. La cifra causaba asombro. Se acercaba al centenar.

El movimiento antimilitarista contestó a nivel estatal con una estrategia radical pero coherente respecto de su trayectoria desde los años 70 y 80: si nunca aceptó ni castigos ni componendas que apuntalaran la conscripción, menos se aceptarían ahora, cuando la “puta mili” estaba en sus horas históricas más bajas. Otra vez el vértigo de la desobediencia. Habrá un antes y un después del primer “plante”.

La apuesta era arriesgada, aumentaba mucho el nivel de compromiso y renuncia del insumiso, y tenía pegas organizativas evidentes, como la disrupción funcional que provocaría la partición entre presos de segundo y de tercer grado. Sin embargo, el hecho de que en algunas prisiones quebrantaran la condena unos pocos insumisos presos, junto con el abultado número de los de Pamplona, iba a desencadenar un impacto profundo en la opinión pública del país y en la política de Estado. El fenómeno de la insumisión no quedó desactivado políticamente después del verano caliente del 93. Al contrario. El “plante” acrecentó la influencia de la desobediencia civil antimilitarista en la crisis final del sistema de reclutamiento.

Pedro Oliver Olmo. Profesor de la Universidad de Castilla La Mancha y colaborador del Instituto Navarro de la Memoria.

2007/07/24

DOCUMENTACIÓN | JUSTICIA | EL ESTADO DEBERÁ PAGAR 6.000 EUROS A UN SOLDADO EXCLUIDO DE LA MILI POR SER GAY

El Estado deberá pagar 6.000 euros a un soldado excluido de la mili por ser gay.
El demandante padece trastornos mentales por la marginación sufrida.
EFE | Diario Sur, 2007-07-24
https://www.diariosur.es/20070709/espana/estado-debera-pagar-euros-20070709.html 

El Tribunal Supremo (TS) ha confirmado una sentencia de la Audiencia Nacional que condena al Estado a indemnizar con 6.000 euros, por daños morales, a un soldado que en 1979 fue excluido del servicio militar por homosexual. Así lo acuerda la Sala de lo Contencioso-Administrativo del TS en una sentencia, en la que desestima el recurso interpuesto por el soldado Pere C. contra la dictada por la Audiencia Nacional en 2003. Pere en 1999 se dirigió al Ministerio de Defensa y solicitó una indemnización de 961.619 euros al alegar que se incorporó al servicio militar en el cuartel naval de Cartagena el 2 de mayo de 1978 y después de jurar bandera obtuvo destino en la Base de Submarinos, donde, a su juicio, fue tratado de forma «vejatoria y denigrante por sus superiores».

Según explica la sentencia, Pere C. intentó suicidarse, ingresó de urgencia en el Hospital Militar de Marina y el 12 de febrero de 1979 un decreto del Estado Mayor le excluyó del servicio militar por homosexual, lo que se hizo constar en su cartilla militar. La referida exclusión del servicio militar se realizó en 1979 y posteriormente fue rectificada en 1991 y 1995.

Lesiones

El recurrente alega que esta situación le ha ocasionado graves lesiones y daños morales «por la marginación sufrida por constar en un documento oficial un aspecto tan íntimo que afecta a sus derechos al honor, la intimidad y la igualdad».

Defensa archivó en dos ocasiones el expediente debido a que el hombre no compareció ante el correspondiente Tribunal Médico Militar para reconocimiento sobre las secuelas alegadas y posibles causas de las mismas y al no estar conforme interpuso un recurso.

Según varios informes médicos, Pere C. sufre trastorno esquizoafectivo y se le diagnosticó un «trastorno delirante límite de la personalidad y delirio contra el Ejército español, contra el que mantiene una batalla judicial». La Audiencia Nacional en 2003 estimó parcialmente su recurso y acordó indemnizarle por daños morales, aunque concluyó que no se había acreditado que los daños referentes a las enfermedades que padece sean consecuencia de sus relaciones militares con la Administración Pública.

2007/07/08

DOCUMENTACIÓN | JUSTICIA | INDEMNIZACIÓN DE 6000 EUROS A UN RECLUTA EXPULSADO DEL SERVICIO MILITAR POR SER GAY EN 1979

Indemnización de 6.000 euros a un recluta expulsado del servicio militar por ser gay en 1978.
El recurrente solicitaba una indemnización muy superior, cercana al millón de euros.
La Vanguardia, 2007-07-08
https://www.lavanguardia.com/vida/20070708/51372101976/indemnizacion-de-6-000-euros-a-un-recluta-expulsado-del-servicio-militar-por-ser-gay-en-1978.html

El Tribunal Supremo ha confirmado la concesión de una indemnización de 6.000 euros a un recluta que fue expulsado del servicio militar en 1978 [ingresó en ese año, fue despedido en febrero de 1979] por su condición de homosexual. El recurrente solicitaba una indemnización muy superior, cercana al millón de euros, a causa de las secuelas psíquicas sufridas por el trato vejatorio recibido, pero el alto tribunal ha considerado suficiente la concedida en su día por la Audiencia Nacional.

Pere Carrera alegaba que su mala experiencia durante el tiempo en que permaneció en el servicio militar y la grave discriminación sufrida determinaba una responsabilidad de la Administración en dos ámbitos: el laboral “habiéndole impedido la estabilidad en uno de los ámbitos fundamentales del desarrollo como persona” y el ético-social por la marginación sufrida al constar en un documento oficial un aspecto tan íntimo de su vida.

Carrera padece además secuelas generadas por la experiencia que le provocan continuas depresiones y recaídas físicas. Durante el periodo en que estuvo realizando el servicio militar intentó suicidarse y tuvo que ser hospitalizado.

La sentencia de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional destacaba que el motivo reseñado para expulsarle fue el diagnóstico de homosexual que se rectificó posteriormente en 1991 y 1995. Informes médicos señalaban que el recurrente sufrió durante ese periodo una supuesta adicción a las drogas.

Por ello, la Audiencia Nacional establece una indemnización de 6.000 euros como compensación por la expulsión discriminatoria sufrida y no estima procedente indemnizarle por las secuelas padecidas.

1997/05/27

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | 10 AÑOS DE INHABILITACIÓN PARA UN INSUMISO QUE ALEGÓ SER HOMOSEXUAL

10 años de inhabilitación para un insumiso que alegó ser homosexual
El País, 1997-05-27 [MyNews]


Diez años de inhabilitación y seis meses de prisión ha sido la condena que ha impuesto un tribunal de la Audiencia de Barcelona a un insumiso, Sergi García Hornos, que alegó ser homosexual para negarse a cumplir el servicio militar y también la prestación social sustitutoria. Se trata de una de las condenas más duras desde la entrada en vigor del nuevo Código Penal, que introdujo la pena de inhabilitación.

El acusado alegó, al ser juzgado, que se negó a incorporarse a filas por considerar que el Ejército era una institución “homófoba” y que cualquier homosexual estaría en peligro. Este argumento no ha convencido al tribunal.

Primero porque, según la sentencia, al decidir no incorporarse al cuartel de San Gregorio, en Zaragoza, no alegó causa alguna que “justificara su incomparecencia”.

Segundo porque el tribunal sostiene que lo que está regulado es la objeción de conciencia y que su “desarrollo legislativo no ve limitadas las razones en que se puede basar el sujeto para plantear su objeción, de modo que pueden ser religiosas, éticas, o de cualquier tipo; pero, en cualquier caso, conduce al deber de cumplir la prestación social sustitutoria”.

1994/09/27

DOCUMENTACIÓN | POLÍTICA | EL MINISTRO DE DEFENSA AFIRMA QUE SE HA FRENADO EL ESPECTACULAR AUMENTO DE LA OBJECIÓN

García Vargas afirma que se ha frenado el espectacular aumento de la objeción.
Miguel González | El País, 1994-09-27

https://elpais.com/diario/1994/09/28/espana/780706819_850215.html 

El ministro de Defensa, Julian García Vargas, aseguró ayer, durante una reunión a puerta cerrada con el Grupo Parlamentario Socialista, que se ha frenado el espectacular aumento experimentado en los últimos meses por la objeción de conciencia, que amenazaba con dejar a las Fuerzas Armadas sin suficientes reclutas. García Vargas basó su afirmación en las 11.512 solicitudes presentadas en julio y agosto ante el Consejo Nacional de Objeción de Conciencia, 83 menos que en el mismo periodo de 1993.

El frenazo experimentado en julio y agosto -que parece continuar este mes con 2.111 solicitudes en los primeros 15 días, frente a las 6.729 de todo septiembre de 1993- indicaría, en opinión del ministro, una tendencia a la estabilización del número de objetores, aunque en niveles muy por encima de la media europea. García Vargas atribuyó este cambio a la puesta en marcha, del Plan de Objeción aprobado el pasado marzo por el Consejo de Ministros, con el fin de que todos los objetores cumplan efectivamente la prestación sustitutoria de la mili.

Los datos de julio y agosto no compensan todavía el fortísimo aumento que se produjo durante la primera mitad del año: a 31 de agosto pasado, el número de solicitudes era de 57.955; frente a las 37.971 de los ocho primeros meses de 1993. Sin embargo, el porcentaje de incremento, que rondaba el 75% a finales de junio, se ha reducido al 50%; lo que, de confirmarse, situaría en unos 100.000 el número de nuevos objetores al terminar el año.

Gratificación para reclutas
En su reunión con los parlamentarios socialistas, García Vargas anunció también su propósito de gratificar económicamente, a partir del año próximo, a los soldados de reemplazo destinados a puestos de especial responsabilidad, dificultad o lejanía del domicilio. El ministro criticó la propuesta del Partido Popular de pagar 30.000 pesetas mensuales a todos los reclutas argumentando que, independientemente de lo elevado de dicha cantidad, trata por igual situaciones muy diferentes.

El presupuesto de Defensa de 1995 incluye 5.800 millones de pesetas para pagar estas gratificaciones; aunque sólo 5.500 son nuevos, pues 300 proceden de las llamadas masitas que ya se pagan a los paracaidistas y otras unidades de élite. El sistema de gratificaciones, cuya cuantía individual aún no ha sido decidida, se implantará en tres años.

Otra novedad del presupuesto de Defensa, que crecerá en 1995 un 7,6% respecto a este año, será la puesta en marcha de un programa para renovar el parque de vehículos del Ejército de Tierra, que en un 62% tiene más de diez años de antigüedad. Defensa invertirá en este programa, que complementa el Plan Renove del Ministerio de Industria para vehículos industriales, un mínimo de 6.000 millones de pesetas en 1995.

Defensa está negociando con el Instituto de Crédito Oficial un plan de ayudas a las empresas, para que puedan atender las necesidades militares. El Ejército ha cifrado en 55.000 millones el coste de la renovación de sus vehículos de transporte en ocho años.

1994/05/28

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | JULIÁN GARCÍA VARGAS: "LOS OBJETORES Y LOS INSUMISOS NOS LLEVAN A UN CALLEJÓN SIN SALIDA"

"Los objetores y los insumisos nos llevan a un callejón sin salida"
Miguel González | El País, 1994-05-28

https://elpais.com/diario/1994/05/29/espana/770162416_850215.html 

Hubo un tiempo, que se antoja remoto, en que la sociedad miraba de reojo a las Fuerzas Armadas cada vez que se producía un hecho relevante, atenta al ‘ruido de sables’. Los escándalos que han sacudido recientemente la Política española no han provocado, en apariencia, la menor reacción en los cuarteles. Hay que distinguir lo que piensan como ciudadanos y lo que piensan como militares", explica García Vargas. "Supongo que, como ciudadanos, están preocupados por los acontecimientos de las últimas semanas, pero como militares les preocupan más otros temas que afectan a su labor profesional. Yo no he comentado con la cúpula [militar] el problema de Roldán. Imagino que, como todos los españoles, desean que al señor Roldán se le encuentre pronto y se le lleve ante el juez".

Pregunta. ¿Ha dañado el ‘caso Roldán’ a la Guardia Civil?
Respuesta. Creo que no. En algún momento rozamos el que eso ocurriera, especialmente por las filtraciones que se producían de las comparecencias ante la comisión Roldán. Afortunadamente, ese riesgo se ha evitado y en este momento se distingue entre la figura de Roldán y la institución Guardia Civil, que tiene 150 años de antigüedad.

P. Usted, como ministro de Defensa, tuvo que despachar con Roldán. ¿Sospechó de él?
R. En un despacho formal cada mes sólo se habla de los puntos fijados de antemano. Mis despachos con Roldán trataban sobre el régimen de ascensos y disciplinario, y en los últimos meses sobre la ley de Personal de la Guardia Civil, que tiene bastante paralelismo con la de las Fuerzas Armadas. En una relación como ésta, es dificil saber cómo vive una persona o cómo emplea su tiempo libre.

P. ¿Cómo es posible que se investigue al personal de una empresa privada que trabaja en un proyecto secreto de Defensa y no al jefe de la Guardia Civil?

R. Por supuesto que antes de los nombramientos hay una información que, en todo caso, respeta la intimidad. A lo largo del ejercicio del cargo, hasta ahora no habíamos sentido la necesidad de tener esos controles. Si en algún momento me hubieran propuesto hacer ese tipo de seguimiento, me lo habría pensado mucho. Creo que el Cesid [servicio secreto militar] no está para eso. Obviamente, a la vista de lo que ha ocurrido, hay que replanteárselo, pero con mucho cuidado. Hay el riesgo, que ya se ha dado en algún país, de que los servicios [de inteligencia] estén más atentos a lo que hacen otros servicios que a su tarea.

P. En su ministerio también se ha dado un caso de corrupción: la supuesta apropiación de 400 millones de pesetas en 1988 por un teniente coronel de contabilidad. Sorprende que no se descubriera antes el fraude.
R. Porque el ingenio humano no conoce límites, la desviación se hizo de forma muy ingeniosa. El dinero salió de una cuenta cancelada en 1991 y revisada por el Tribunal de Cuentas, sin que se encontrara nada anormal. Parece que estamos ante un caso estrictamente individual. De cualquier forma, con retraso, pero han funcionado la inspección de Hacienda, los servicios del ministerio y la jurisdicción militar.

P. Uno de los puntos más polémicos del nuevo Codigo Penal es la insumisión, que se quiere castigar con inhabilitación para empleos y ayudas públicas o con retirada del carné de conducir.
R. No comprendo que se incumplan deberes constitucionales y, aunque a mucha gente le parezca mal, que casi nadie diga nada. En los dos últimos años se ha visto que nos estábamos convirtiendo en un caso atípico en Europa. El problema no es la insumisión, que tiene una dimensión reducida. Lo que me importa cualitativa y cuantitativamente es la prestación social. Aquí ha habido una gran anomia social que ha llevado a que instituciones que podían crear plazas para objetores no lo hayan hecho. Justicia ha elaborado un plan para que se aplique la ley de Objeción de 1984 y Defensa lo apoya incondicionalmente. Se tenía que haber hecho mucho antes.

Respecto al proyecto, de Código Penal, es un primer borrador, habrá que estudiarlo y ya veremos qué sucede en la tramitación parlamentaria. Lo importante es la eficacia de las normas y, si esas propuestas se aplican de verdad, se puede conseguir probablemente más eficacia que con la privación de libertad. Si me pregunta a qué conduce todo esto, la insumisión y el aumento de la objeción y que no se haga la prestación sustitutoria, le contesto: A un callejón sin salida.

P. Quizá el problema no es de Código Penal, sino de hacer más atractiva la ‘mili’. Los soldados españoles son los peor pagados de Europa y no tienen un marco claro de derechos.
R. Cierto. Para el Ministerio de Defensa lo más importante es solucionar eso. El nuevo reglamento del servicio militar, que el Gobierno aprobará el viernes, supone un cambio muy importante en la mentalidad de las Fuerzas Armadas. Nunca ha habido un reglamento que estipule las condiciones en que se cumple el servicio militar. Yo me resisto a decir que se trata de hacer más atractiva la mili. Su objetivo es racionalizarla, que no sea muy distinta de cualquier actividad laboral o profesional. Que haya un horario; un derecho a disponer del tiempo libre que sólo pueda suspenderse en casos extremos; el respeto a la confesión religiosa de cada uno; a los derechos humanos de los otros soldados, acabando con las novatadas... Es una concepción radicalmente nueva en nuestra historia, aunque no en otros ejércitos. Respecto a las retribuciones, debe haber una compensación económica por el esfuerzo superior que conlleva la mili.

P. El ministro de Defensa ruso, Pavel Grachov, asistió este semana, por vez primera, a una reunión de la OTAN. ¿Se ha convertido Rusia en un socio?
P. Está empezando a convertirse en un socio en el terreno de la seguridad. Ya no es una potencia ideológica ni militarmente hostil. La presencia de Grachov en la OTAN se produjo en un ambiente muy distendido y augura que las relaciones van a mejorar en los próximos años. A mí no me cabe ninguna duda de que la OTAN va a ampliarse. Teniendo 18 países en la puerta, que han firmado la asociación para la paz, es un proceso inevitable. La cuestión es cómo tratar el caso especial de Rusia.

P. ¿Cabe Rusia en la OTAN?
R. ¿Por qué no? No cabe duda de que si la OTAN incluyera a Rusia sería muy distinta de la que tenemos, pero también la actual es muy diferente a la que había en 1989. Hay que avanzar, con decisión pero cautela, sin arriesgar lo que existe.

1993/03/09

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | EL COMITÉ ANTISIDA MADRILEÑO PIDE QUE NO SE APARTE DE LA MILI A LOS SEROPOSITIVOS

El Comité Antisida madrileño pide que no se aparte de la 'mili' a los seropositivos.
El País, 1993-03-09

https://elpais.com/diario/1993/03/10/espana/731718007_850215.html

El Comité Ciudadano Antisida de Madrid ha pedido al ministro de Defensa, Julián García Vargas, que no se incluya la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) como causa de exclusión de ‘la mili’ en el nuevo reglamento. Aunque se manifiesta contra el servicio militar obligatorio, el comité considera que "la condición de portador de anticuerpos frente al virus del sida no impide, por sí sola, el desarrollo de una actividad normal" y que "no hay razones de salud pública ni justificación alguna para que las personas portadoras del virus del sida, sin síntomas de enfermedad, que deseen cumplir el servicio militar se vean excluidas". García Vargas aseguró el lunes que aún no ha tomado una decisión al respecto y que, cuando la adopte, será "para beneficio de los afectados" y siguiendo las recomendaciones del Plan Nacional del Sida de Sanidad.

1993/03/08

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | GARCÍA VARGAS ASEGURA QUE ACTUARÁ "EN BENEFICIO" DE LOS AFECTADOS POR EL SIDA

García Vargas asegura que actuará "en beneficio" de los afectados por el sida.
El País, 1993-03-08

https://elpais.com/diario/1993/03/09/espana/731631614_850215.html 

El ministro de Defensa, Julián García Vargas, aseguró ayer que no ha tomado todavía una decisión respecto a la exención de la mili de los portadores de anticuerpos del sida, tal como figura en el cuadro médico del servicio militar, difundido ayer por El País. García Vargas aseguró que, en este asunto, actuará "para beneficio de los afectados" y siguiendo las recomendaciones del Plan Nacional del Sida, que dirige el departamento de Sanidad.

El ministro de Defensa, en una conversación informal con periodistas, sugirió que el nuevo cuadro médico de exenciones del servicio militar, que figura como apéndice al proyecto de reglamento de reclutamiento, no cuenta con su aprobación. "Estos proyectos sólo existen cuando el titular [del ministerio] los ve y los aprueba", dijo. García Vargas, que antes de dirigir el departamento de Defensa fue ministro de Sanidad, recordó que en su anterior etapa contribuyó a iniciar en España la lucha contra el sida y agregó: "Si algo he tenido siempre claro es que no se debe discriminar a los afectados". No obstante, evitó pronunciarse sobre la conveniencia de que los seropositivos, portadores del virus que no han desarrollado la enfermedad, hagan o no la ‘mili’: "Se decidirá en su momento. Y lo que se haga será en beneficio de los afectados. No haremos ninguna cosa distinta de lo que recomiende el Plan Nacional sobre Sida, que dirige el Ministerio de Sanidad". El ministro de Defensa dedicó la mayor parte de su encuentro con los periodistas a exponer las líneas generales de los planes de reorganización y despliegue de las Fuerzas Armadas, que fueron examinados por el Gobierno en su reunión del pasado viernes.

Plan Norte
Respecto al Plan Norte del Ejército, el de mayor trascendencia -los otros dos afectan a la Armada y la Fuerza Aérea-, destacó que los responsables del Estado Mayor de Tierra "no se han limitado a hacer un ejercicio de redimensionamiento [reducción], sino que han aprovechado para realizar una gran reforma que cambia casi toda su doctrina".

En adelante, la organización y despliegue de la fuerza no se dirigirá al control del propio territorio, sino que se basará en criterios funcionales y se orientará especialmente a la colaboración con organismos internacionales -Naciones Unidas, la OTAN o la UEO- en misiones en el exterior. La división será sustituida por la brigada como unidad básica, por su capacidad para combinarse y complementarse como otras unidades similares, tanto españolas como extranjeras, en agrupaciones más amplias, en función de la misión.

Aunque las cinco divisiones, que actualmente agrupan a 11 de las 15 brigadas con que cuenta el Ejército, serán disueltas, España conservará "una única división, porque tenemos un compromiso con la OTAN de asignar una unidad de este tipo, y ese compromiso se va a respetar", explicó.

Ése fue uno de los pocos puntos concretos del Plan Norte revelados por el ministro, quien no quiso confirmar la supresión de las capitanías generales y los gobiernos militares, argumentando que se trata de "ideas iniciales" que deben decidirse todavía. La ejecución del plan se realizará en dos periodos de ocho años (1993-1997 y 1997-2001) y aún serán necesarios ocho años más para, su asentamiento.

Admitió también que se producirá una importante reducción de unidades en el norte y los Pirineos, pues "lo que antes era frontera entre países ya no lo es" y que se está pensando en una concentración de los tercios de la Legión, "que están bastante dispersos", aunque no quiso revelar si dicho cuerpo se convertirá en brigada y se instalará en Almería su cuartel general. "La Legión seguirá en Ceuta y Melilla", fue todo lo que quiso comentar.

El "nuevo Ejército", como lo denominó el ministro, requerirá de un sistema eficaz de movilización de reservistas, para completar las unidades de defensa territorial, cuya plantilla en tiempo de paz será mínima. Para comprobar la eficacia del sistema se realizarán ejercicios periódicos de movilización, aunque los mismos no supondrán la participación de los reservistas en maniobras ni el alargamiento de la ‘mili’ más allá de los nueve meses.

1993/03/07

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | DEFENSA PROYECTA EXCLUIR DE LA 'MILI' A LOS PORTADORES DE ANTICUERPOS DEL SIDA

Defensa proyecta excluir del servicio militar a los jóvenes portadores de anticuerpos del sida.
Miguel González | El País, 1993-03-07

https://elpais.com/diario/1993/03/08/espana/731545213_850215.html

El Ministerio de Defensa proyecta excluir del cumplimiento del servicio militar a los seropositivos; es decir, a los portadores de anticuerpos del sida. El cuadro médico de exenciones de la mili incluye la "infección por el virus de innumodeficiencia humana, con o sin manifestaciones clínicas o biológicas". Juan José Francisco Polledo, director general de Salud Pública y responsable dela política sobre el sida en el Ministerio de Sanidad, aseguró desconocer la existencia de esta decisión y agregó que "habría que reflexionar a fondo" antes de adoptar una medida de este tipo.

De aprobarse, el cuadro médico de exenciones, que complementa como apéndice al nuevo reglamento de reclutamiento de la ‘mili’, será el primer texto legal español que discrimine, aunque aparentemente en su favor, a los afectados por el sida. Una representante del Comité Ciudadano contra el Sida de Madrid considera "contradictorio que la Administración, que ha repartido documentos en los que asegura que no hay peligro de contagio por convivir con afectados y que pide a los padres que lleven a sus hijos a escuelas con niños seropositivos, haga esto. Nos parece bien que quien no quiera hacer la ‘mili’ pueda librarse, al margen de que esté o no afectado por el sida".

Para el Comité Ciudadano contra el Sida esta medida "resulta más sorprendente viniendo de un ministerio cuyo titular (Julián García Vargas), cuando fue ministro de Sanidad, actuó de forma ejemplar en la lucha contra la discriminación de los afectados por sida, precisamente en los años más difíciles".

Por su parte, el director general de Salud Pública evita valorar la medida de Defensa, pero recuerda que "hasta que no haya una manifestación clínica [de la enfermedad] y un médico lo determine, los seropositivos no tienen ninguna limitación en sus actividades". Polledo agrega que la doctrina del Ministerio de Sanidad es evitar en lo posible cualquier tipo de discriminación y adoptar únicamente aquellas medidas [respecto a los afectados] que científicamente estén aconsejadas en cada caso".

Alcoholismo y miopía
Entre las novedades más destacadas del cuadro médico de exclusiones del servicio militar se incluyen las de considerar causa de exención el alcoholismo y la drogodependencia, si son "muy graves y con grandes repercusiones funcionales". El reglamento vigente, de 1986, se refería genéricamente a "intoxicaciones crónicas que determinen trastornos anatómicos o funcionales incompatibles con el servicio militar".

Por el contrario, ya no se librarán de la mili quienes padezcan miopía, hipermetropía o cualquier otra afección que cause pérdida de agudeza visual y sea corregible con el uso de gafas. La miopía "igual o superior a cuatro dioptrías en el ojo mejor" y la hipermetropía "igual o superior a seis dioptrías en el ojo mejor" eran dos de las causas más frecuentes de exclusión de la mil¡, que desaparecen en el capítulo sobre enfermedades de la visión y ojos del cuadro médico.

Ello quiere decir que los miopes y similares tendrán que cumplir el servicio militar, aunque se les asignará a destinos que sean compatibles con su afección. En opinión del doctor Agustín Fonseca Sandomingo, jefe del servicio de oftalmología de la residencia sanitaria La Paz de Madrid, las personas que padecen falta de agudeza visual "pueden realizar, con gafas, casi cualquier actividad profesional".

En cambio, el cuadro médico incluye como novedad una tabla de sentido crómatico destinada a determinar la capacidad de diferenciar colores de los reclutas, que los clasifica en cuatro categorías en función del nivel de certeza o duda en la percepción. Las personas que padecen daltonismo, deuteranopia, tritanopia u otras anomalías de este tipo "normalmente ven bien, y muchas veces ni siquiera son conscientes de su deficiencia, que cobra importancia cuando se trata de no confundir colores; por ejemplo, al interpretar correctamente el lenguaje de las banderas o un semáforo", según el doctor Agustín Fonseca.

Los pies planos o cavos, otra de las causas más frecuentes de exclusión del servicio militar, también dejarán de serlo, pues no figuran en el nuevo cuadro médico de exclusión.

En cambio, se han incluido las "enfermedades de transmisión sexual, con manifestaciones crónicas y secuelas muy graves"; así como la "ambigüedad de los órganos genitales externos", entre las afecciones del aparato genital masculino.

Esta última indicación, destinada a excluir del reclutamiento a transexuales y hermafroditas, entre otros, se recoge en el actual cuadro médico en términos mucho más expeditivos, como "falta total del pene" o "pérdida o atrofia notable de ambos testículos".

Menos excluidos
La entrada en vigor del nuevo cuadro médico supondrá una drástica reducción del número de jóvenes que se libra de la mili por motivos de salud. Baste decir que en 1989 los exentos por falta de agudeza visual (miopía, hipermetropía o astigmatismo) fueron 6.477, y por tener pie plano o cavo, 2.254.

La suma de ambas cifras supone más del 30% del total de 26.543 jóvenes que ese año quedaron excluidos totalmente de cumplir el servicio militar por razones médicas.

La filosofía del nuevo reglamento es que todas las personas capacitadas para realizar actividades profesionales o deportivas lo están también para cumplir sus deberes militares, aunque algunas limitaciones físicas o psíquicas obliguen a asignarles destinos determinados; en los que, por ejemplo, no sea necesario un particular esfuerzo físico.

Por ello, el médico no se limitará a determinar si un joven está excluido total o temporalmente del servicio militar, sino que, caso de que lo declare apto, deberá incluirlo en una de las cinco categorías previstas, tras un examen de sus condiciones en siete áreas funcionales.

Los exámenes médicos para determinar la aptitud psicofísica del recluta serán realizados por los médicos de la Seguridad Social, en virtud de un convenio con el Ministerio de Sanidad y Consumo que será suscrito por el departamento de Defensa. El dictamen del facultativo podrá ser modificado por un tribunal médico militar cuando la decisión del primero sea recurrida por el alistado o por el Centro de Reclutamiento. "Ninguna modificación", afirma el reglamento, "se establecerá sin razón médica objetiva, matizando con precisión la causa que la imponga".

El cuadro médico, junto con el reglamento de reclutamiento, será enviado este mes al Consejo de Estado para su dictamen, por lo que debería aprobarse antes del verano.

Superdotados y menos

El reconocimiento médico que en el futuro se realizará a todos los reclutas determinará su grado de aptitud psicofísica mediante la evaluación de siete áreas funcionales. Cada una de ellas se calificará con un coeficiente o puntuación. El 1 corresponde a personas con "una capacidad física muy elevada, y por tanto, son médicamente apropiadas para cualquier destino militar, por exigentes que puedan ser las condiciones requeridas. Son idóneos para unidades especiales". El 2 se aplica a quienes "poseen una capacidad física superior a la media de los jóvenes españoles, sin alcanzar el nivel anterior. Son apropiados para cualquier destino militar, excepto los que exijan condiciones muy elevadas". El 3 corresponde a "personas con un nivel físico o psíquico normal, que podría considerarse como término medio de los jóvenes españoles". El 4, a "individuos con condiciones médicas o defectos físicos o psíquicos que imponen ciertas restricciones que deben tenerse en cuenta al asignarle destino. Se considera física o psíquicamente capaz de cumplir deberes militares, aunque deben ser apropiados a su capacidad". El 5, a los que tienen "condiciones médicas o defectos físicos o psíquicos cuya severidad hace que el individuo esté exento del servicio militar". 

Y TAMBIÉN...
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Los jóvenes miopes y de pies planos harán la 'mili' tras el decreto que se aprueba hoy.
Miguel González | El País, 1993-07-08

https://elpais.com/diario/1993/07/09/espana/742168812_850215.html

1993/02/17

DOCUMENTACIÓN | ACCIONES | EL 70% DE LOS JÓVENES VASCOS Y NAVARROS SE DECLARA OBJETOR DE CONCIENCIA

El 70% de los jóvenes vascos y navarros se declara objetor de conciencia.
Aitor Guenaga Bidaurrazaga | El País, 1993-02-17

https://elpais.com/diario/1993/02/18/espana/729990020_850215.html 

Cerca del 70% de los jóvenes vascos y navarros se declaró objetor de conciencia en 1992 y un 4% del contingente militar se hizo insumiso, según los datos aportados ayer por el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC). A juicio de los antimilitaristas vascos, este crecimiento de la desobediencia civil ha obligado a la sociedad y a los partidos políticos a tomar una postura de rechazo ante el Ejército, el servicio militar obligatorio y la prestación sustitutoria.

"La sociedad vasca cada vez es más antimilitarista y la insumisión es la herramienta que ha utilizado la juventud para plantarse y desobedecer", según el letrado del MOC Rafael Sainz de Rozas. El 20 de febrero se cumplen cuatro años de las primeras presentaciones de insumisos ante los gobiernos militares. En aquella ocasión se presentaron 65 insumisos en todo el Estado. Hoy día, la cifra de insumisos censados por los grupos antimilitaristas se eleva ya a 3.500, de los que 1.575 proceden del País Vasco y Navarra. Los niveles de objeción han pasado del 12,72% en 1991 al 15,4% durante el pasado año, según datos oficiales. La insumisión en el mismo periodo se ha mantenido en niveles del 0,37%, según el MOC.

Ante la oleada de juicios que se están celebrando en Pamplona en los últimos meses y en solidaridad con los 10 insumisos encarcelados, el MOC ha organizado para el sábado presentaciones ante los gobiernos militares de Euskadi y Navarra. Joseba Lazkano, primer insumiso vasco que ha cumplido la condena por negarse a hacer la ‘mili’, afirmó ayer que "la cárcel no va a cambiar la conciencia de nadie, y menos la de un insumiso".

El abogado del MOC denunció el intento del Gobierno central de judicializar la insumisión y destacó la respuesta de "una gran parte de los jueces que quieren dormir tranquilos y no lo iban a conseguir mientras en sus conciencias les pesara haber encarcelado a gente sólo por no acatar la Ley de Objeción de Conciencia. Esta es la ley más desobedecida de todo el ordenamiento jurídico, actitud de enfrentamiento que genera el mayor apoyo de la sociedad".

Juicio a un insumiso
Por otra parte, Rubén González Cordero Martín, de 20 años de edad, ha sido condenado en Santander a tres meses de arresto mayor por negarse a cumplir el servicio militar y a la prestación social sustitutoria. El ministerio fiscal había solicitado para él 18 meses de prisión menor.

El juez Agustín Alonso Roca hace constar en la sentencia que "la actitud del insumiso no se consolida sobre un mero acto de desobediencia civil, sino sobre unas vías de ejercicio de otro derecho -la objeción de conciencia- que a juicio de Rubén González no son expresión ni cauce formal de las convicciones que le sirven de base ni se adecúan en su desarrollo a las fases que el derecho internacional propugna". Es la primera vez que un juez aplica la atenuante del ejercicio de un derecho.

El joven Rubén González, casado y con un hijo, se había negado a prestar el servicio militar y el social sustitutorio al estimar que "la milicia forzosa es un freno para el desarrollo social y el servicio social sustitutorio refuerza los esquemas propios de aquél".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...