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2022/02/20

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | EL ARTE QUE SALIÓ DE LA RABIA, LLENÓ LAS PAREDES Y ACABÓ CON EL SILENCIO SOBRE EL SIDA

El Diario / 'Lee mis labios' (Gran Fury, 1988), frase tomada de un discurso de Bush //

El arte que salió de la rabia, llenó las paredes y acabó con el silencio sobre el SIDA.

Andrea Galaxina publica 'Nadie miraba hacía aquí, un ensayo sobre arte y VIH' que recoge la historia del activismo artístico y de guerrilla contra esta pandemia y la estigmatización que produjo.
Ángeles Oliva | El Diario, 2022-02-20
https://www.eldiario.es/cultura/arte/arte-salio-rabia-lleno-paredes-acabo-silencio-sida_1_8762175.html

En marzo de 1986 Nueva York se llenó de carteles negros con dos palabras escritas en blanco bajo un triángulo rosa: “Silence = Death” (Silencio = Muerte). Aquella fue la primera imagen icónica del activismo antisida, que se estamparía después en camisetas, chapas y pegatinas. Y fue también una creación artística hecha de manera urgente para circular fuera de los museos, usando técnicas del arte de guerrilla para llegar a la máxima población posible.

Mientras el VIH mataba a miles de personas, la falta de acción del Gobierno, el silencio, la escasez de fondos para investigación y la falta de información, hicieron que los propios afectados por el VIH se pusieran en pie para señalar a los culpables y buscar soluciones. Una de las vías para ello fue la creación artística, con el colectivo ACT UP a la cabeza, que creó los ejemplos de arte político más radicales y relevantes de finales del siglo XX.

Andrea Galaxina (Santander, 1986) publica 'Nadie miraba hacia aquí. Un ensayo sobre VIH/SIDA' (El primer grito). Galaxina explica que “fue una crisis terrible” y muestra “cómo con estrategias alternativas como el apoyo mutuo, la autoorganización y los cuidados, se pudo hacer más vivible la vida”. “Es muy inspirador ver cómo se organizó el activismo y la producción cultural en esta crisis. Ahora que estamos en una situación de crisis de salud, de aumento de la precariedad y ascenso del fascismo, ver que en la Historia han existido fórmulas que han permitido a la gente tener vidas más dignas, es inspirador, te empodera”, señala.

El inicio de la crisis del SIDA
El 5 de junio de 1981 se publicaron los primeros casos reconocidos de VIH en una revista médica de Estados Unidos, en la que se hablaba de cinco casos de hombres homosexuales con un tipo muy poco común de neumonía y de cáncer.

Ronald Reagan llevaba seis meses en el poder y con él las políticas represivas, que buscaban desactivar los movimientos activistas que habían crecido en los años 70. El feminismo, el movimiento por los derechos civiles o el movimiento de liberación gay eran enemigos para la moral conservadora. El movimiento antiabortista adquirió una enorme fuerza en ese momento, apoyado desde la Casa Blanca. Y en paralelo, las políticas económicas fueron recortando el acceso a los recursos esenciales de las personas más vulnerables.

La homosexualidad seguía siendo ilegal en Estados Unidos. La práctica de sexo anal y oral entre adultos del mismo sexo estaba prohibida, incluso en privado, y se podía multar o encarcelar a alguien si llevaba más de tres prendas que no correspondían a su género. La homofobia y la falta de información sobre el SIDA hicieron que se criminalizara a los homosexuales y se les culpara de propagar la enfermedad. Y aunque en 1983 se descubrió que su causante era un virus, los medios señalaban dos tipos de víctimas: las inocentes, que se habían contagiado por una transfusión o durante el embarazo, y las culpables, los gais promiscuos.

Tu rabia es tu fuerza
Ante esa situación, los grupos activistas quisieron canalizar la ira para producir un movimiento transformador. El colectivo más importante fue ACT UP, que apostaba por la acción directa y la desobediencia civil y utilizaba las herramientas artísticas para realizar acciones espectaculares. “ACT UP va a tener mucha influencia —dice Andrea Galaxina—, frente a un tipo de activismo más acomodado o asistencial, propone estrategias de acción directa para transformar la realidad. La rabia canalizada a través de sus acciones provocó cambios muy importantes sobre cómo se contaba la epidemia y cómo se representaba a los enfermos”. Y también supuso cambios en los protocolos sanitarios, ya que consiguió, por ejemplo, que se incluyeran los síntomas del SIDA en las mujeres y así se las reconociera como afectadas. “ACT UP puso el VIH en la agenda y esto parte de la rabia: si no lo hace nadie, lo hacemos nosotros”, añade la investigadora.

El cartel 'Silencio=Muerte' acabó teniendo un enorme poder transformador y con él se financiaron muchas de las acciones del colectivo. “Es la obra fundamental del arte de la crisis del SIDA, su impacto excede a la propia crisis y se ha extrapolado a otras cuestiones como la homofobia o el racismo”, apunta Andrea Galaxina. La obra es anterior a la fundación de ACT UP. Fue idea de un grupo de personas que, en 1986, se reunían en Nueva York para compartir sus vivencias sobre el VIH y que decidieron pasar a la acción política y llegar a la comunidad lésbica, gay y a la población general. Todos pertenecían al mundo del arte, el diseño y la publicidad, conocían los códigos que podían funcionar y decidieron que el cartel era la herramienta. El lema llevaría encima el triángulo rosa con que los nazis marcaban a los homosexuales en los campos de exterminio. Después de imprimirlo, se dieron cuenta que el triángulo estaba al revés, apuntando hacia arriba, y eso les gustó más: daba la vuelta a la idea de víctimas y las volvía poderosas.

New Museum, un museo con una línea curatorial alternativa, encargó a ACT UP hacer un instalación en relación al SIDA para sus escaparates. Así nació el colectivo Gran Furry, que realizó una gran producción artística conectada con las acciones de ACT UP. Para el New Museum hicieron una instalación en la que volvían a conectar la idea del Holocausto con el SIDA, utilizando imágenes de los juicios de Nuremberg frente a fotos de personajes públicos que habían hecho declaraciones homófobas.

Gran Furry era un grupo de creadores con una relación muy cercana al mundo del arte institucional. Su primer encargo para realizar una obra de arte público fue en 1990 con 'Kissing doesn´t kill' (Besar no mata), que se colocó en los laterales de autobuses de muchas ciudades del país. “Recogen una iconografía presente en medio mundo, la de Benetton. Reutilizan sus imágenes de personas de diferentes razas, con ropa de colores, para criticar la mercantilización que hace del VIH una marca de ropa”, anota Andrea Galaxina. Se refiere a la campaña que la multinacional Benetton hizo con una foto de la artista Therese Frare, que fotografió el cuerpo de un activista muy enfermo rodeado de su familia, y que se convirtió en uno de los iconos de la epidemia. Gran Furry retorcían los códigos de Benetton y transmitían un mensaje directo: el SIDA no se contagia con besos.

Ni autor, ni original, ni único
Estos colectivos artísticos se sitúan dentro de una corriente en la que se cuestionaban los valores tradicionales en los que se basaba el arte occidental: la idea de autor, de originalidad, de singularidad. “ Ellos rompen con esto porque realizan obras donde no hay un autor, la autoría es colectiva. Y que se reproducen de manera infinita, que se muestran fuera de los lugares canónicos del arte. Están en la calle, en las paredes, pasan de mano en mano o están en los propios cuerpos, cuando se estampan en camisetas”, explica Andrea Galaxina. “Todo esto es también una reacción a una situación que se estaba dando en el mundo del arte en los años 80, en el que se vivía un absoluto esplendor. El dinero de la bolsa y de la especulación se invertía en arte, que se convertía en objeto de pura especulación, y este tipo de obra rompe con estas lógicas”, añade.

Gran Furry participó con un póster en una de las acciones más importantes de ACT UP. Fue en la sede central de la FDA (la agencia del Gobierno de Estados Unidos encargada de regular los medicamentos y ensayos clínicos) en 1988. La fachada del edificio se cubrió con pósteres con dos frases: “El Gobierno tiene sangre en sus manos” y “una muerte de SIDA cada media hora”, junto a huellas de manos ensangrentadas. La acción, en la que participaron todos los grupos de ACT UP del país, fue una victoria para el movimiento: el proceso para la aprobación de medicamentos se agilizó, los tratamientos se hicieron más accesibles y se empezó a incluir a personas con SIDA, personas racializadas y mujeres en los consejos asesores del Gobierno y las farmacéuticas.

La influencia de Gran Furry fue enorme. En 1990 fueron elegidos para asistir en la Bienal de Venecia y lo hicieron con una instalación en la que ponían el foco sobre el sexismo en la crisis del SIDA, los derechos reproductivos de las mujeres y el uso de condones como prevención.

En la instalación había una fotografía explícita de un pene erecto en blanco y negro con el eslogan: “El sexismo asoma su cabeza desprotegida. Hombres: usad condones o piraos. El SIDA mata a las mujeres”. Enfrente, una imagen del Papa Juan Pablo II, que había hecho declaraciones en contra del uso del preservativo. Hubo un gran escándalo y muchas quejas, incluso el presidente de la Bienal amenazó con dimitir si no retiraban la imagen del Papa. Lo que se consiguió fue una enorme visibilidad para el colectivo y para las personas con SIDA.

De enfermos a expertos
Durante los 80 y los 90 el arte activista antisida sirvió para convertir los cuerpos enfermos en cuerpos políticos. “Se produce un fenómeno inédito de transformación del paciente en experto en su enfermedad. Se ve claro en ACT UP, donde hay personas que sin venir del mundo de la medicina, se convierten de manera autodidacta en especialistas en medicamentos. Y lograron formar parte de paneles de expertos del gobierno de EEUU, de la ONU, junto a especialistas de primer rango”, explica Andrea Galaxina.

El único medicamento aprobado durante mucho tiempo para combatir el SIDA fue el AZT. Su eficacia estaba poco clara, los efectos secundarios eran muy fuertes y durante muchos años fue el medicamento más caro de la historia: costaba 10.000 dólares al año. Dos miembros de Gran Furry hicieron el cartel 'Enjoy AZT', (Disfruta AZT) jugando con el eslogan y la estética del anuncio de Coca-Cola. “Criticaban así que algo de lo que dependen las vidas de tantas personas responda a las mismas lógicas que los productos de consumo. El AZT hacía sospechar a los activistas: su uso se había aprobado muy rápido y una empresa tenía el monopolio de su explotación y podía fijar su precio”, relata Galaxina.

La estela de ACT UP llegó a España en los años 90 en colectivos madrileños como La Radical Gai y LSD, que bebían de la teoría queer y practicaban la acción directa. “Son grupos muy pequeños con poca capacidad de impacto, pero son pioneros absolutamente en traer estas ideas y formas de hacer a España. Han influido mucho en una manera de hacer activismo, son un contrarrelato del activismo más institucionalizado”, apunta Andrea Galaxina.

2021/08/26

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | THE NEW YORK CRIMES

Avram Finkelstein (1d) en una acción de Act-Up, Federal Playa, NY, 1987 //

The New York Crimes.

Activismo radical en la lucha contra el sida.
Avram Finkelstein | Moléculas Malucas, 2021-08-26
https://www.moleculasmalucas.com/post/the-new-york-crimes

En medio de una madrugada, durante la primavera neoyorquina de 1989, decenas de activistas radicales de la lucha contra el sida, integrantes del colectivo Gran Fury y de la coalición de acción directa Act Up, se dispersaron en pequeños grupos por las calles de Manhattan cargados con monedas y ejemplares del ‘New York Crimes’ [Crímenes de Nueva York] para dar batalla al silenciamiento sobre la alarmante realidad de la epidemia. Avram Finkelstein, uno de los principales impulsores de aquel despliegue activista, escribe para Moléculas Malucas el origen y los pormenores de esta arriesgada acción callejera.

Por razones que no puedo recordar, mi madre me sugirió en 1988 que visitáramos una exposición de obras del colectivo de arte conceptual Fluxus en la biblioteca del Museo de Arte Moderno de Nueva York, en ese momento ubicada en el edificio contiguo al museo. Como parte de su práctica, Fluxus había realizado listas con ideas para trabajos de performance sin la intención de que fueran ejecutados. Una de esas listas se encontraba exhibida al costado de una estantería, en una ubicación que pasaba fácilmente desapercibida. Dentro de los múltiples puntos que incluía, había un texto de un solo renglón con una instrucción simple pero abierta: "Haga su propio periódico y distribúyalo en la esquina de la calle". Esto inmediatamente despertó mi imaginación.

Durante los años 80, la cobertura que hacía el periódico ‘New York Times’ sobre el VIH/SIDA enfureció a todos los activistas que luchábamos contra la epidemia en Manhattan y provocó que apuntáramos al periódico de diferentes maneras: en reuniones, en manifestaciones y en bloqueos de sus camiones de reparto. Así, luego de mi visita al museo, en la próxima reunión de nuestro colectivo de artistas activistas, Gran Fury, sugerí que hiciéramos una versión propia del ‘New York Times’ (portada, contraportada y editoriales en dos páginas internas) en el marco de una multitudinaria acción de ACT UP que se realizaría el 28 de marzo de 1989. Mi propuesta consistía en que en medio de la madrugada de ese día nos desplegáramos por las calles de Manhattan en pequeños grupos y reemplazáramos en todas las máquinas expendedoras de diarios las portadas de los ejemplares del New York Times recién distribuidos por las de nuestra versión. Estas expendedoras estaban ubicadas en la mayoría de las esquinas de las avenidas y funcionaban bajo un sistema de “buena fe”: ponías una moneda de veinticinco centavos, sacabas solo un periódico y volvías a cerrar la tapa de la máquina para bloquearla. Una vez que pudimos averiguar el horario en que los distribuidores retiraban los periódicos del día anterior para reemplazarlos con los de la última edición, varios grupos de activistas nos dispersamos por las calles cargados con paquetes de monedas mientras seguíamos a los camiones de reparto. Así, comenzamos a modificar todos los ejemplares del ‘New York Times’ recién salidos: removimos todas sus portadas y contraportadas y las reemplazamos por las nuestras para luego volver a colocarlos en las máquinas expendedoras. Esa mañana, las personas que compraron su New York Times en aquellas máquinas tuvieron que leer ‘The New York Crimes’ [Los Crímenes de Nueva York] con cuatro páginas dedicadas exclusivamente al sida en la ciudad, filtradas a través de nuestra lente activista.


[…]

2012/02/06

ARTÍCULOS | Val Cubero, Alejandra | ¿Vuelta a la década Reagan?: SIDA, olvido institucional y movimientos audiovisuales y artísticos de protesta

Val Cubero, Alejandra (2009). ¿Vuelta a la década Reagan? SIDA, olvido institucional y movimientos audiovisuales y artísticos de protesta. Historia y Comunicación Social [1137-0734], 14, 285-294. 

Ed. digital: Open Access | e-Archivo UC3M [Universidad Carlos III de Madrid] | 2012-02-06
https://e-archivo.uc3m.es/handle/10016/13225

Las primeras obras culturales que trataron el tema del sida en su intento de alertar a la opinión pública fueron realizadas principalmente por los propios afectados o los que la sufrieron al tener amigos, familiares y parejas infectados. Los movimientos artísticos alternativos de principios de la década de los años ochenta que se prolongaron hasta los noventa fueron claves para crear concienciación social y hacer que un tema “olvidado” en la agenda ministerial de Reagan fuera tomado en consideración. Estos movimientos alternativos encabezados por asociaciones artísticas como ACT UP o The Gran Fury fueron mucho más transgresores que las creaciones cinematográficas. Los menores costes de producción y la posibilidad de dar a conocer sus propuestas fuera de las grandes pantallas les posibilitó llevar a cabo acciones que no podían permitirse los directores de cine, más preocupados en el gran público y más temerosos de perder audiencia.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...