Mostrando entradas con la etiqueta Miguel de Molina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel de Molina. Mostrar todas las entradas

2020/12/24

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ALFREDO ALARIA, EL BAILARÍN "DIFERENTE" QUE BURLÓ LA CENSURA FRANQUISTA


Alfredo Alaria, el bailarín «diferente» que burló la censura franquista

Eduardo Bravo | Agente Provocador, 2020-12-24

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/alfredo-alaria-el-bailarin-diferente-que-burlo-la-censura-franquista 

En 1962, el bailarín Alfredo Alaira protagonizó Diferente, una película que, en plena dictadura franquista y bajo la apariencia de inofensivo musical, abordaba el tema de la homosexualidad y el homoerotismo.

El 25 de agosto de 1974, diferentes periódicos españoles publicaron un breve en el que se informaba de que el bailarín argentino Alfredo Alaria sería declarado persona non grata, expulsado de España y enviado a Argentina. La razón para esa decisión era, siempre según fuentes policiales, que Alaria carecía de la documentación necesaria para residir en España, motivo por el cual había sido detenido y enviado a la cárcel de Carabanchel. De hecho, siempre según esas fuentes, ya habría sido expulsado unos meses antes, lo que no impidió que el bailarín hubiera vuelto a entrar de manera clandestina en nuestro país.

Unas semanas más tarde, el 22 de septiembre de 1974, otro breve informaba que el bailarín ya había salido del territorio español, al tiempo que se matizaban algunas afirmaciones anteriores. Por ejemplo, se aseveraba que «desde hace varios años, el famoso coreógrafo carecía de ocupación fija y tenía por completo abandonada su actividad artística, que tanta fama le había dado en otros tiempos» y también que, «en consideración a su deficiente estado mental, Alfredo Alaria no ha sido expulsado de España, como se dijo en un principio, sino que ha sido repatriado a la Argentina, su país de origen».

Esa segunda noticia no era del todo cierta. El coreógrafo no carecía de ocupación fija ni había abandonado su carrera. De hecho, en ese momento estaban en cartel con notable éxito de público revistas producidas por el famoso empresario Colsada, cuyas coreografías habían sido creadas por Alaria. No obstante, si la policía, con apoyo de la prensa, tenían tanto interés en calificar al bailarín de vago y de enfermo mental, tal vez fuera porque esas dos características encajaban a la perfección en el tipo penal abierto establecido por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y que tan útil fue a las autoridades para reprimir a, entre otros colectivos, a los homosexuales.

Alfredo Alaria era homosexual. Nunca pudo decirlo abiertamente, pero desde el estreno de ‘Diferente’, la película que escribió y protagonizó en 1962, aquel que quiso entender, entendió. Se trataba de una cinta abiertamente gay, que pasó la censura sin mayor problema, convirtiéndose en una de las mayores burlas sufridas por esa institución represiva. Tal vez por eso, nunca se lo perdonaron y tal vez por eso fue declarado persona non grata. Pero vayamos por partes.

Alfredo Alaria había nacido el 1 de enero de 1930 en Buenos Aires, ciudad en la que comenzó a frecuentar el mundo del espectáculo hasta convertirse, con tan solo diecinueve años, en el primer bailarín de la compañía de Miguel de Molina, cantante español exiliado en el país suramericano por su apoyo a la República y su condición de homosexual.

Posteriormente debutó con compañía propia en el teatro Casino de Buenos Aires, y el éxito obtenido hizo que fuera contratado por el Lido de París, dando así inicio a una carrera internacional que le llevaría por Las Vegas, Egipto, Suiza, Italia, Inglaterra y España, donde estrenó en el Teatro Albéniz de Madrid en 1953. «Anoche se presentó en el teatro Albéniz el “ballet” americano de Alfredo Alaria, que, por su finura, por su delicada presentación, por el buen gusto que está montado y, sobre todo, por el meritísimo elenco de artistas que lo componen, obtuvo un éxito extraordinario», decía ABC al día siguiente de su primera actuación.

Alaria fue todo un acontecimiento en la España de los 50. Además de sus números de baile español y danzas argentinas como el malambo, el coreógrafo creó bailes modernos inspirados en «el vodevil americano al estilo de 1912, el charlestón del año 25, el bugui que se bailaba en el año 35», «una extraordinaria versión estilizada del ‘Bolero’ de Ravel» y, lo que causaba más sensación, los ritmos afrocubanos y exóticos.

Tras el éxito en el Albéniz, Alaria se presentó en salas como Pasapoga, montó una versión de ‘Un americano en París’, actuó en diferentes ciudades españolas, comenzó a colaborar en la producción de diferentes revistas y se abrió paso en el mundo del cine. «Mi vida fue una lucha constante, porque como día a día crecían mis responsabilidades, me entregué sin tregua a mi profesión, pero no fue fácil. Durante más de treinta años me dediqué a trabajar, le robé horas a mi descanso y no conocí los momentos de ocio o esparcimiento. El éxito tiene a veces ese precio tan alto», declaraba Alaria en una de las últimas entrevistas antes de fallecer en 1999.

En 1962, llegaría ‘Diferente’, la obra que marcaría su carrera, no solo por la espectacularidad y belleza de sus números de baile o por la participación de la bailarina y cantante Sandra LeBrocq, sino por ser una película que hablaba de la homosexualidad en plena dictadura franquista.

Si bien el tema no se podía tratar abiertamente, Alaria y Luis María Delgado, el director, trufaron la película de pistas sobre el tema, empezando por el título y siguiendo por la primera escena del filme, un recorrido por una buhardilla bohemia cuyas estanterías están llenas de libros de Oscar Wilde, Hans Christian Andersen, Federico García Lorca o Marcel Proust.

A continuación Alaria y Delgado presentaban al protagonista, un joven enfundado en chaqueta de cuero que caminaba por la ciudad. De buena familia, el muchacho dejaba claro desde el principio que era diferente, que no le gustaba la vida convencional que llevaba su padre. Él prefería ser bailarín, actuar vestido de cowboy con un traje ultraceñido que parece sacado del vestidor de Liberace y salir por las noches a cuevas ‘beatniks’ en las que se bebía, se fumaba y se dirimían los problemas a puñetazos y con navajas.

Harto de la actitud de su hijo, el padre decidía llevarlo con él a ver las obras de un edificio que estaba construyendo y así intentar encauzar al muchacho, aunque lo que conseguía era todo lo contrario. El joven se quedaba extasiado viendo los músculos sudorosos de uno de los obreros que trabajaba con un martillo hidráulico que horadaba la piedra. La siguiente escena, que entraba a corte, mostraba un dedo apretando el botón circular de un timbre. No hay que ser Sigmund Freud para ver ahí penes, pezones, bocas, anos, penetraciones, homoerotismo y mucha, mucha tensión sexual.

La película fue estrenada en diciembre de 1962 en el cine Fémina de Tarragona a beneficio de la Campaña de Navidad patrocinada por Galas de Prensa y el gobernador civil de la provincia, porque no estaba de más tener a las fuerzas vivas de su parte. Al evento asistieron Alaria, LeBrocq, el director Luis María Delgado y, según la crítica del enviado especial de ABC, la acogida fue muy efusiva. «Es ante todo 'Diferente' una película con derroche de efectos plásticos y musicales. Quienes hayan visto a Alaria y sus ballets actuar en una pista, de sala de fiestas o en un escenario, los verá ahora realzados con un lujo de producción que hace que esta película sea no ya notable, sino importante, de una importancia por los medios materiales empleados para el logro de una empresa artística muy poco frecuentes en nuestras producciones cinematográficas. En cuanto a la música, que se debe a Adolfo Waitzman, es cautiva, rica de temas singularmente deleitantes», afirmaba el redactor, que concluía diciendo «La historia, lo hemos apuntado, es lo de menos», no se sabe bien si por intentar despistar la atención de las autoridades sobre el argumento o porque, de verdad, no había reparado en que, en ‘Diferente’, la historia era lo más importante.

Después del estreno de ‘Diferente’, Alaria continuó trabajando en el mundo de la danza, aunque para entonces ya había abandonado el baile para dedicarse a crear coreografías y escenografías para revistas y otros espectáculos. «Cuando se busca la perfección en la dirección no se puede bailar; y yo, que conozco el secreto del “vedettismo”, sé que hay que sacrificarlo para el éxito del espectáculo. Esto es: un espectáculo demasiado bueno puede aplastar a la “vedette”», declaraba a ‘La Vanguardia’ Alfredo Alaira, quien también explicaba el porqué de su interés por abarcar diferentes disciplinas: «no concibo el idear un ballet sin tener en cuenta decorado, vestuario y luces. Por eso yo soy escenógrafo, figurinista y director. Yo, antes de empezar los ensayos, a ciegas, ya he visto el espectáculo».

Después de ser expulsado de España, Alaria se afincó de nuevo en Buenos Aires, donde escribió libretos y actuó en montajes teatrales hasta que, en agosto de 1999, falleció a consecuencia de una hemorragia producida después de una operación de hernia. Tenía 68 años.

2009/05/25

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | JOSÉ-MIGUEL ULLÁN, POETA

José-Miguel Ullán, poeta.
Autor de una obra radical, inteligente y disconforme.
Juan Cruz | El País, 2009-05-25
https://elpais.com/diario/2009/05/25/necrologicas/1243202401_850215.html 

Es una devastación. El viernes fue Rafael Conte, el sábado José-Miguel Ullán. Los juntó París, una pasión para ambos; y los ha juntado la horrible casualidad de la muerte. El sábado incineraron a Conte, el mismo día por la noche, murió José-Miguel Ullán, un poeta radical, inteligente y disconforme, cuya obra exigente se hizo (como hicieron sus obras Augusto Monterroso o Juan Rulfo) tachando; Ullán fue disconforme con todos los tópicos de la escritura, y cuando él se sentía presa de su propia convención, que nacía siempre de una ruptura, también se tachaba a sí mismo.

París no sólo fue para Ullán, que había nacido en Villarino de los Aires (Salamanca) en 1944, un destino literario, sino un refugio; cuando le tocó hacer el cuartel, en pleno franquismo duro, se fue a Francia, y allí se mantuvo; escribió poemas cada vez más exigentes, hizo un periodismo igualmente radical, descubrió a gente como Marguerite Duras o Julio Cortázar, o Severo Sarduy, u Octavio Paz, y puso en pie una corresponsalía insólita, para ‘El Norte de Castilla’ de su amigo Miguel Delibes, y para ‘El Día de Tenerife’, y para ‘Triunfo’ y para ‘Destino’.

En los tiempos de mayor penuria, las autoridades francesas le exigían que demostrara que vivía del dinero español, y que recibía estipendios, e iba viviendo. Era un periodista ejemplar: puntual, exacto, tuvo desde siempre la exigencia de la calidad, y aunque mantuvo (tanto en la prosa como en la poesía) aquella obligación de romperse la mano antes de publicar un tópico, consiguió una escritura muy fértil para sus lectores, espléndidamente informada, más informada que la de nadie en aquellos tiempos de penoso, o esforzado, periodismo cultural.

Su trabajo principal fue en la Radiotelevisión Francesa, en la época de Ramón Chao, Severo Sarduy, Montxo Goicoetxea, y Emilio Sánchez-Ortiz, entre otros; consiguió en ese tiempo un clima raro en París. Él tenía, por su naturaleza inteligente, ensimismada a veces, pero discursiva otras, el aire de un líder; no pasaba una; si él mismo se tachaba, los demás sabían que tampoco se iba a comprometer en la aprobación de cualquier texto. Sus años de París acabaron cuando Franco acabó, y él regresó a España, a cumplir, en Tenerife, con el cuartel que le había quedado pendiente. Y fue, en 1976, un soldado tardío; él, que amaba hacer ‘happenings’ poéticos (hizo uno muy célebre en México, en 1973, en el homenaje del exilio y del exilio interior a León Felipe), tomó ese periodo extraño de su vida (un veterano recluta) como una de las paradojas de su vida: un tipo de Villarino, el pueblo que tanto amó, y que tan enraizado está en el aire de sus poemas, trasplantado de París a Tenerife en una huida circular de lo que significaba para él la España de Franco, que aún coleaba.

Su poesía siguió marcando como el eco de una tachadura, como una voluntad ética que nacía de la estética, de una asombrosa esencialidad. Hay un verso que anoche manejaban Manuel Ferro, su compañero de hace más de treinta años, y su esposo desde 2007, su hija Eva (Alba es su otra hija, es la madre de su nieto Alejandro) y sus amigos los poetas Miguel Casado y Olvido García Valdés; querían unas palabras para el epitafio de José-Miguel, y entre todos coligieron que debía ser unos versos que ellos se sabían de memoria, como un eco que resume la biografía y la verdad ética de la poesía de Ullán: "Vive en verdad por los adioses anda troncha los lazos que al abismo te unen urde el borrón y cuenta nueva diles que no hay más raza que el azar que no hay más patria que el dolor que todo/ que todo es frágil y la muerte incluso".

Así, sin puntos, esa poesía para respirar fuera de patrias y de alambres, hecha sin otra frontera que lo que el sueño le iba dictando, y también su poderosa inteligencia de síntesis poética.

Con una poesía así, sintética, desconfiada de la grandilocuencia, transida de la sequedad translúcida de Samuel Beckett y de la voluntad cultural, de referencias, de Octavio Paz, uno pensaría que Ullán era un contemplativo de la raíz histórica de la poesía, un poeta quieto. Y no. Fue un activista cultural. Lo fue en París, lo iba a ser en España. Con Manuel Ferro creó una editorial, organizó y comisarió exposiciones (el arte latinoamericano fue objeto de su deseo más íntimo de explorador del mundo), y con Manuel también fue un editor exquisito, de nuevo radical en sus gustos y en sus formulaciones, tanto éticas como estéticas. Aplicó esa pasión editorial a sus propios libros, que en muchos casos (incluida la edición de su poesía completa, ‘Ondulaciones’, publicada por Galaxia Gutenberg, prologada por Miguel Casado) parecen objetos que él concebía para que la letra se prolongara en el dibujo e incluso en el silencio de los blancos.

Y fue periodista, otra vez radical. Los que convivimos con él en el largo tiempo que escribió para El País sabíamos de la pulcritud revolucionaria de sus textos; escribió de poesía y de variedades; puso en pie el pop español de la posguerra, redescubrió a Miguel de Molina, y por esa vía reconstruyó un periodo de España al que él le dio la dignidad propia de la memoria y de la poesía.

Y entrevistó. Para la radio, para la televisión, para la prensa. Trabajó con nosotros, y también para ‘Cambio’ y ‘Diario 16’, y para ‘Abc’. Era un entrevistador implacable; no quería de los entrevistados las palabras; su voluntad era trasladar al papel lo más inasible de la mirada. Es decir, era un poeta que jamás cejó en su empeño de convertir la vida, también, en una especie de cofre multicolor en el que todo fuera equivalente a su manera de concebir la escritura: como una tachadura pero también como un monumento. Exquisito, pequeño, exclusivo, pero un monumento puesto, acaso, como un tesoro hallado en Villarino.

No hay más patria que el dolor. Extraña esta devastación. Dijo el sábado Olvido García Valdés, su amiga: "Era una persona excepcional". Lo era.

2009/03/25

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | QUÉ PESADOS CON MIGUEL DE MOLINA

Qué pesados con Miguel de Molina.
Antonio Burgos | ABC, 2009-03-25

https://www.abc.es/opinion/abci-pesados-miguel-molina-200903250300-914004544572_noticia.html
Publicado también como:
El verdadero exilio de la copla.
Antonio Burgos | La Voz Digital, 2009-03-26

https://www.lavozdigital.es/cadiz/20090326/opinion/verdadero-exilio-copla-20090326.html 

Qué pesados están con este señor de ‘La bien pagá’, desde que Basilio Martín Patino nos lo presentó en sus ‘Canciones para después de una guerra’. Ahora, en Madrid, una exposición homenaje, con su vestuario escénico como un monumento ‘kitsch’ insuperable; con sus botines horrorosos y cursis, de dolor de cabeza; con sus escenografías de cartón piedra; sus discos, sus carteles, y su Buenos Aires querido. Bueno, pues por muchas exposiciones que le hagan y por muy políticamente correcto que sea, en cuanto republicano y homosexual...

-Le faltaba una mijita de sida para que fuese ya el acabóse de los progres, usted...

Que digo que por mucho que reivindiquen su figura y lo conviertan en el retrato-robot de todos los tópicos progres de la copla (que existen, como existen los tópicos fachas de la copla), Miguel de Molina cantaba muy malamente. El jipío que bordaba Concha Piquer, que era pellizco de arte en Juanita Reina, que es ‘vibrato’ de emoción en la voz de Gracia Montes, es algo que el señor pesado de los anillos de moneditas de oro no aprendió en toda su vida, ni con la República ni con Franco, ni en Madrid ni en el exilio. Exilio... ¡Pues anda que no hubo gentes de la copla en el exilio, y nadie habla de ellas, ni nadie las reivindica, ni nadie les hace un homenaje! Ahí tienen, en Buenos Aires mismo, como Miguel de Molina, a Salvador Valverde, el letrista sevillano de media memoria sentimental de España; el que escribió en colaboración con Rafael de León ese monumento nacional que es ‘Ojos verdes’; el autor de ‘Ay, Mari Cruz’ o de ‘María de la O’. Salvador Valverde estuvo tan exiliado y perseguido como Miguel de Molina o más. Hizo la guerra en Barcelona y tuvo que marcharse, por rojo. En la radio no podía pronunciarse su nombre como integrante del trío genial de Valverde, León y Quiroga. Hasta su nombre prohibieron.

Y quien dice Salvador Valverde dice Ramón Perelló, autor precisamente de ‘La bien pagá’, así como de ‘La falsa monea’, ‘Los piconeros’, ‘Échale guindas al pavo’ o la copla que cantaron los dos bandos de la guerra civil y fue la banda sonora de la tragedia: ‘Mi jaca’. Perelló sí que estuvo cinco años encarcelado por Franco, en Yeserías y en Carabanchel, y no viviendo esa fiesta que según Carlos Semprún Maura fue para muchos el exilio.

O Angelillo, que sí que es de verdad la voz del altavoz del frente de los rojos, el cantor de la República en coplas, quien sufrió el destierro y tuvo una popularidad en Argentina y en España que ni a soñar que se echara conquistó Miguel de Molina, cuya memoria habló siempre desde el resentimiento y la envidia, cuando no desde los infundios que levantó sobre La Piquer.

Juanito Valderrama me contaba que conoció a Miguel de Molina en Villa Rosa, el templo republicano del flamenco, el aula magna de las enseñanzas de don Antonio Chacón. Y en aquel Villa Rosa de los grandes cantaores de los años 30, ¿saben ustedes lo que hacía Miguel de Molina? Pues era el muchacho que iba a por café. Literalmente. Miren ustedes: lo mejor que le pudo pasar a Miguel de Molina es que aquellos falangistas mamones, unos cerdos fascistas, le pegaran una paliza en los Altos del Hipódromo. Acuñaron un mito. Engendraron una leyenda. Si Miguel de Molina no hubiera sido tan provocador y hubiera sufrido la servidumbre y grandeza de su opción sexual con la misma dignidad y silencio que tantos otros grandes artistas españoles de la piompa que se quedaron aquí tragando quina y sin los laureles heroicos del exilio, hubiera sido un coplero más, uno del montón. Hubiera sido, en el mejor de los casos, como Tomás de Antequera, el de ‘Doce cascabeles’. Que cantaba por cierto siete mil millones de veces mejor que Miguel de Molina y era igual de mariquita. Pero aquí, sin cuentos del exilio, con dos co...plas.

NOTA: ‘Piompa’ es ‘marica’ en el argot chiclanero.

1999/08/28

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | ALFREDO ALARIA, UNA FIGURA POLIFACÉTICA

Alfredo Alaria, una figura polifacética.
La Nación, 1999-08-28

https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/alfredo-alaria-una-figura-polifacetica-nid151288/ 

Alfredo Alaria, el reconocido y también controvertido bailarín, coreógrafo, director de cine y hombre del espectáculo de Buenos Aires, París, Hollywood y Las Vegas, murió a los 68 años, como consecuencia de una hemorragia, después de que fuera operado el mes último de una hernia que lo mantuvo recluido en su domicilio.
 
"Aunque conocí durante mucho tiempo el éxito, considero que mi vida fue una lucha constante, porque como día a día crecían mis responsabilidades, me entregué sin tregua a mi profesión, pero no fue fácil. Durante más de treinta años me dediqué a trabajar, le robé horas a mi descanso y no conocí los momentos de ocio o esparcimiento. El éxito tiene a veces ese precio tan alto", fueron conceptos dichos por Alfredo Alaria en el último reportaje que se le hizo.

El bailarín que debutó con su propia compañía en el teatro Casino de Buenos Aires y pocos meses después conquistaba París en el centro de la revista del mundo, el Lido, con su atmósfera entre tenue y luminosa para realzar las líneas de la belleza femenina y que dio la vuelta al mundo mil veces para alegría de los públicos más dispares, desde Egipto e Israel a Suiza, Italia, Inglaterra y Francia.

Cuando después de muchos años de ausencia retornó a Buenos Aires, en 1962, dio una versión muy comentada de "El otro yo de Marcela", comedia musical de Sixto Pondal Ríos, Nicolás Olivari y Mariano Mores, pero siempre quedó el interrogante de su personalidad y de una vida que supo de accidentes, conflictos judiciales y alguna detención policial.

Sin embargo, nada podría opacar su talento y dotes para el espectáculo como quedó demostrado en obras como "La muerte camina bajo la lluvia", "Zapatillas coloradas", "Rosa de América" y su vinculación con Miguel de Molina, cuando en 1949 llegó a ser primer bailarín del popular cantaor y bailaor de la noche porteña.

Alguna vez Alaria resumió su visión del concepto de la coreografía moderna diciendo: "Debe expresar algo y hacérselo sentir al público, como en la pintura o en cualquier otra manifestación artística y siempre debemos distinguir que existen dos clases de coreografías, las de relleno y las que atraen, las que tienen fuerza de taquilla porque dicen algo superior. La moderna es más un arte de dirección, de luces y de efectos, y no de pasos, normas, estilos y disciplina. Yo no me especializo en nada, sino que procuro hacer de todo".

Cuando Alfredo Alaria dejó de bailar y de crear coreografías, escribió libretos y no dejó de lado actuaciones como actor. Con su muerte se fue una figura polifacética.

1993/03/05

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MIGUEL DE MOLINA, EL MEJOR DE LA COPLA

El mejor de la copla.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1993-03-05

https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372408_850215.html 

Varios teatros de Madrid, varios testigos con la memoria incierta por la edad, disputan hoy el honor de haber recibido y visto por primera vez en Madrid a Miguel de Molina. ¿Fue en la Zarzuela, en el Calderón, en el Fontalba? ¿Con la Argentina, con Estrellita Castro, con Pastora, con Rosita Durán? Y todos recuerdan el gran triunfo: el nacimiento de la estrella. Yo sé que le vi más tarde, entre los ruidos de bombas y proyectiles de obús en los fines de fiesta del cine Proyecciones: ¡se veían tantas cosas allí! A Estrellita Castro y a Pastora Imperio, a Don Jacinto Benavente levantando el puñito y hasta a Doña Concha Espina, que luego pudo escapar. Miguel de Molina salía con su "blusa cuajá de lunares" y los milicianos de permiso, o que venían a pasar la tarde desde el frente, que estaba casi donde escribo ahora, gritaban "¡La Miguela, la Miguela!".

No era un insulto: era una forma de homenaje. No le molestaba de ninguna manera: no ocultaba, no falseaba nada (y tampoco eran tiempos fáciles para la libertad sexual: ‘El Campesino’ los mataba). Contestaba, sonreía, hablaba con el público desde una cierta altura, digamos, desde un dominio. Cantaba ‘Soy de la raza calé’, y alguien gritaba, siempre, desde el público "¿Es que os llamáis así ahora?". Se quedó la frase: "ese es de la raza calé". Bueno, aquel público éramos los de la chusma, que decían los otros. Pero cuando entonaba ‘Ojos verdes’, había silencio y respeto, y hasta un poco de escalofrío. Eso era algo muy serio.

Ahí están los discos: no hay mucho guardado, pero está a la venta. Hay que desconfiar especialmente de alguno que ha guardado el registro de la voz y la ha hecho acompañar de una orquesta moderna, como a otros grandes. Contaba él como nació la copla famosa, y yo lo he repetido más de una vez. En Barcelona: Lorca estrenaba ‘Yerma’, Rafael de León fue a verle, Miguel de Molina cantaba en algún local nocturno: se encontraron, los tres, ya a la madrugada y, en una servilleta, Rafael de León escribió su letanía de verdes: ojos verdes, trigo verde, verde limón: y Lorca, entre bromas, le dijo que le copiaba ‘su Romance sonámbulo’ (‘Verde, que te quiero verde’...). Andalucía era verde, decían los tres... Lorca, recordaba Miguel de Molina, llamaba a Rafael de León ‘Marqués’ -lo era-; Rafael a Lorca, ‘poeta’. Esa fue la canción (que Rafael de León terminó con Valverde; música, claro, de Quiroga) y que se hizo famosa. Fue, probablemente, la que le trajo la desgracia a Miguel de Molina: todos -digamos todas: había más mujeres que hombres metidos en la copla- la querían cantar, y una de ellas fue Concha Piquer. La diferencia estaba en que Concha ganó la guerra, y venía de la zona nacional, de la buena y homologada, y Miguel la perdió. Miguel estaba en la ‘zona roja’ y, además, cantaba en los frentes, en los hospitales, en los albergues de refugiados.

Francisco Ayala cuenta una anécdota de Miguel en Valencia: en una reunión, un joven militar se negó a estrechar la mano de Miguel de Molina: por homosexual. El artista dijo a alguien que el oficial quedaba emplazado... Unos días después, llamó por teléfono a ese alguien y le citó en una habitación determinada de un hotel: "Entra sin llamar: yo estaré dentro y dejo la puerta abierta". Cuando llegó, Miguel estaba con el que le había repudiado. Una forma de orgullo, una forma de desprecio y, probablemente, algo más: una demostración de que nadie puede estar seguro... Lo cuento brutal y rápidamente, como todas estas notas escritas en el filo finísimo entre la noticia de la muerte y el cierre del periódico: hay que leerlo entero, en ‘Memorias y olvidos’.

La caída
Así, Concha quería cantar ‘Ojos verdes’ y algunas cosas más -otro monumento, ‘La Bienpagá’, de Perelló y Mostazo-, y las cantó. A Miguel de Molina no le había servido saludar brazo en alto -también con Benavente- desde una tribuna de la calle de Alcalá a las tropas franquistas que entraban en Madrid (a Benavente tampoco le valió: estuvo mucho tiempo castigado a que su nombre no se imprimiese en los periódicos, ni el los carteles de los teatros: tuvo que hacer muchos méritos para el perdón). Con ellas entraba Concha Piquer, y con las canciones que traía de la zona homologada, y que le había dado el Marqués. Miguel de Molina siguió trabajando en algunas provincias, en algunos pueblos: quiso venir a Madrid, al teatro Pavón, y todo se precipitó: una noche fueron a detenerle, y los tres individuos que se lo llevaron de su camerino algo más que policías: se lo llevaron a un descampado de lo que entonces se llamaba el Hipódromo (ya no estaba allí: por donde está ahora el monumento a la Constitución, que sirve de respaldo en la madrugada a los trasvestidos agotados) y le apalearon brutalmente.

Les reconoció: uno era el Conde de Mayalde, Director General de Seguridad y, luego, alcalde de Madrid; otro, Sancho Dávila, jerarca de la Falange; el otro, decía él, un jefe de sindicatos. Imagino algún nombre pero no tengo la seguridad. Recogió sus casi despojos un taxista: le dijo quien era y le llevó al teatro, donde los que quedaban le cuidaron. Fue el principio de su exilio.

En ese exilio, muchísimos años después, se lo contó a Carlos Herrera en una filmación memorable para el programa ‘La copla’, de Canal Sur, más tarde retransmitido por otras emisoras autonómicas (Herrera está publicando ahora, en ‘Abc’, una historia muy atractiva y muy completa de la copla; está escribiendo otra, creo, Terenci Moix; y está el libro fundamental de una generación, el de Vázquez Montalbán, ‘Crónica sentimental de España’). No comprometía Miguel en sus declaraciones a Concha Piquer: solo les culpaba a ellos. "La Piquer -decía- era una gran cantante para las canciones valencianas". La Piquer era otra cosa: sus intelectuales -los de Mayalde y Sancho Dávila- la llamaron ‘tonadillera’, por no aproximar a ella la desprestigiada palabra cupletista, o canzonetista, que no se veía bien entonces; y señora ‘de la escena’.

No hay que lamentar nada de ello: era verdad, y esas grandes canciones las cantaba muy bien, con otras que fueron mucho más suyas (‘Tatuaje’); pero no se puede decir que cantase como nadie las coplas andaluzas, porque Miguel de Molina seguía vivo, y trabajando en toda América. Y con su gran casa en Buenos Aires. Una casa que vimos en la televisión cuajada de recuerdos, llena de blusas y sombreros cordobeses. Y un piano de cola a cuya vera recordaba, con la voz rota ya por los años, sus viejos éxitos.

Sombrero cordobés
Aún se le oyó en España por última vez, por la televisión, una pincelada de ‘Ojos verdes’: a Miguel de Molina le condecoraron en la Embajada de España en Buenos Aires -hace muy poco tiempo- y él acudió con la blusa, el chalequillo y el sombrero cordobés: su uniforme. Y cuando la cámara se clavó en su cara rota, arrancó con los primeros versos de la copla. No había voz, pero la musicalidad, el estilo, el misterio, estaban allí.

No quiso volver a España, después de un breve viaje que hizo. Le pesaba este país, quizá le daba miedo. Todavía era el de ellos, los que le habían apaleado hasta casi matarle en descampado; y se volvió a Buenos Aires. Recordaba su Málaga, donde empezó de verdad: desde el campillo pobre de su familia, veía el teatro iluminado y soñaba con ser artista y cantar en él... Pero amaba Buenos Aires donde "hasta Perón", decía él, le había respetado. Quería, sin duda, morir allá.

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MIGUEL DE MOLINA, BOTÍN DE GUERRA

Botín de guerra.
José Comas | El País, 1993-03-05

https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372409_850215.html 

Sin duda, el episodio más amargo y oscuro en la vida de Miguel de Molina fue el que precedió a su exilio. En una entrevista con el diario ‘Crónica’ Miguel de Molina relató las circunstancias que, le obligaron a abandonar España: "Prácticamente fui un botín de guerra. Caí en manos del general Luis Aranda. Me hicieron firmar sí o sí y tuve que salir de gira por toda España, pero llegado el momento dije: 'Bueno, se acabó, ya hice suficiente. Quiero hacer un espectáculo a mi gusto para ir a Andalucía y libre de sugestión. Yo ya cumplí'. Este tipo me dijo: 'Bueno, pero ¿por que no da una función más en Madrid?'. Yo asentí, qué más daba. Programaron una función popular en el teatro Pavón del Rastro. Hicimos una función de tarde y nos quedamos en el teatro con mi compañera Isaura. Los demás se habían ido a las pensiones y hoteles a dejar sus equipajes. Estábamos solitos Isaura y yo. Lo habían preparado bien. Y vienen unos señores y me dicen que el inspector general de Seguridad quería verme de inmediato. Llevaban unos impermeables blancos y yo los ‘manyo’ [los cazo] a los tipos y les digo: 'Pero si usté es el director'. Me pusieron en un coche. En esa época del franquismo, por ná, por chistar, te daban el paseo y yo me vi perdido. Me llevaron a los altos, en dos cerritos. Me destrozaron, me golpearon con pistolas, me cortaron el pelo, me hicieron beber ricino y me dejaron desmayado. La llovizna me despabiló y salí como un loco hasta la Castellana". A raíz del incidente, en 1942, Molina huyó a Buenos Aires. En la capital argentina actuó en el Teatro Avenida con lleno total y tras el éxito volvió una vez más a España, pero la persecución continuó. Decidió establecerse definitivamente en América en 1946 y probó primero con México, ayudado por Pedro Vargas. La fortuna no lo acompañó y poco después llegaba a Buenos Aires donde fue acogido con cariño y respeto por el público de ese país, de donde no quiso volver a salir.

Solo regresó a España en una fugaz ocasión, cuando su madre estaba a punto de morir. En aquella oportunidad hizo una única actuación en Madrid, en el teatro Albéniz. Pero la función tuvo una desafortunado final, debido a unos alborotadores que se encargaron de estropear la velada.

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MUERE EN EL EXILIO EL TANADILLERO MIGUEL DE MOLINA

Muere en el exilio el tonadillero Miguel de Molina.
El cantante de 'Ojos verdes' será enterrado hoy en Buenos Aires, en donde vivió durante casi cinco décadas.
José Comas | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372401_850215.html 

El cantante español Miguel de Molina murió a los 86 años en la noche del jueves en Buenos Aires, como consecuencia de una crisis cardiorrespiratoria. A las dos de la madrugada del viernes (cinco de la madrugada en España), según informó el Canal 9 de televisión, lo encontraron muerto en su domicilio de la capital argentina, donde vivía en un autoexilio tras la guerra civil, porque Molina nunca había querido regresar a España. Los restos del cantante se encontraban a primera hora de la tarde de ayer en un ataúd cerrado, por voluntad de su familia, en un velatorio de Buenos Aires, sin que hasta ese momento hubiese llegado ninguna persona, ni ninguna corona de flores, porque la noticia se difundió después del mediodía. Hace menos de un mes Miguel de Molina fue ingresado en un hospital bonaerense a causa de un infarto agudo de miocardio, del que llegó a recuperarse parcialmente. El entierro se celebrará hoy en el cementerio de la Chacarita, donde no hace mucho fue enterrada la ‘vedette’ Celia Gámez.

Tras conocerse la noticia, las radios bonaerenses empezaron a rememorar la figura del coplista español y emitieron algunas de sus canciones más conocidas. De forma inevitable se escucharon las coplas de la película ‘Las cosas del querer’, que se considera inspirada en la vida del artista, aunque a Molina le molestaba esa referencia.

Molina era todavía a su edad una figura que formaba parte de la noche bonaerense, a pesar de que vivía retirado en su casa de Belgrano y se negaba casi siempre a hacer declaraciones. Su sombrero y pañuelo le daban un aire estrafalario que nunca abandonó.

Hace unos meses Molina recibió en la Embajada de España en Argentina la encomienda de la Orden de Isabel la Católica. En aquella ocasión Molina cantó al recibir la condecoración y no dudó en prorrumpir en vivas al Rey de España con voz quebrada por la emoción. Dijo Molina que Argentina era su segunda patria, adonde había llegado "como un pajarillo asustado" y donde los argentinos le dijeron que se podía quedar y no tener miedo.

La versión más común sobre su huida de España dice que se debió a una paliza que le pegaron por sus relaciones homosexuales. Molina se mostraba con frecuencia molesto sobre lo que se escribía de él en España y así lo manifestó al corresponsal de este periódico.

En una conversación tras la entrega de la condecoración en la Embajada, Miguel de Molina declaró: "Cuando he tenido que decirle algo a alguien, nunca lo he dicho lastimando a nadie. Nunca he lastimado a ningún artista". Cuando le preguntaron si ya quería descansar de los escenarios y los interrogatorios, Molina replicó: "Tengo 86 años, ‘collons’, y hay que morirse ya. Yo he hecho todo lo que tenía que hacer".

1990/04/05

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | CANAL SUR EMITE HOY LA PRIMERA ENTREVISTA CON EL LEGENDARIO MIGUEL DE MOLINA

Canal Sur emite hoy la primera entrevista con el legendario Miguel de Molina.
Diego Galán | El País, 1990-04-05

https://elpais.com/diario/1990/04/06/radiotv/639352803_850215.html

Desde que decidió exilarse en Buenos Aires tras la guerra civil, Miguel de Molina no había concedido entrevistas a ningún medio de comunicación español. El programa 'Coplas', que dirige Carlos Herrera en Canal Sur, emite hoy una hora y media de entrevista exclusiva con Miguel de Molina, seleccionada de una larga conversación en la que el artista recuerda los años difíciles y como García Lorca y Rafael de León compusieron ante él Ojos verdes. También evoca figuras de aquellos años como Picasso, Benavente, Eva Perón, Concha Piquer, Manuel Torre, Lola Flores y Pastora Imperio.

Desde que se exilió al final de la guerra civil, el cantante Miguel de Molina ha sido un misterio para los españoles. Ni la proyección en TVE hace unos años de los mediometrajes que interpretó durante la II República, ni la inmediata edición en vídeo de su película argentina ‘Esta es mi vida’, ni la referencia lateral a su biografía que pueda encontrarse en ‘Las cosas del querer’, de Jaime Chávarri, son capaces de dar cumplida información de este creador de la ‘canción española’, de fantasiosa puesta en escena y exuberante vestuario, cuya influencia en el género es tal que sin él sería inconcebible. Paradójicamente, mientras Miguel de Molina abarrotaba los teatros de forma constante, tuvo que huir de España por la implacable persecución que los vencedores en la guerra hicieron de su condición de homosexual.

Palizas y mala vida
De ello habla la primera entre vista que ha concedido a un medio de información español desde que decidió residir en Buenos Aires, harto de palizas y de mala vida a pesar de su atronador triunfo. Carlos Herrera, paciente y eficaz, ha logrado esta primicia para su programa ‘Coplas’, que hoy emite Canal Sur.

Ha conseguido que Miguel de Molina recuerde con dolor aquellos años y acuse al secretario privado de Serrano Suñer de tales violencias; que, con equilibrada nostalgia, explique cómo Rafael de León y Federico García Lorca compusieron ante él ‘Ojos verdes’, "la canción que interpretaba muy bien Concha Piquer pero que yo bordaba", que rememore sus triunfos y detalle sus viajes en Rolls Royce al campo de batalla para consolar a los soldados heridos; que cante ahora con su voz rota aquellas canciones que él hizo famosas; que lea sus poemas sobre España, Argentina y Málaga, con un fantástico cruce de acentos andaluz y porteño, y que, en fin, Miguel de Molina se descubra no sólo por primera vez ante nosotros sino con admirable zorrería, inteligencia y sinceridad, llenando la pequeña pantalla de magia, mientras, con delicadeza, desvela unos hechos significativos y terribles de aquella primera posguerra.

Asombrosa precisión
Sólo un fragmento de cine rancio en el que el artista interpreta ‘La bien pagá’ ilustra la hora y media de entrevista. Seguramente hubiera sido un error no usar todo el tiempo posible para oír y ver a este hombre de 83 años que revive con asombrosa precisión los más pequeños detalles de su pasado y que tiene una opinión firme y propia sobre cuantos le rodearon. Por sus comentarios pasan Concha Piquer, Manuel Torre, Jacinto Benavente, Picasso, Lola Flores, Federico García Lorca, Pastora Imperio, Eva Perón, empresarios, policías y militares, con una belleza de lenguaje tierna y precisa.

Carlos Herrera ofrece esta noche un regalo para los espectadores de Canal Sur que ya sepan del excepcional artista y una sorpresa para los que no han tenido tiempo de descubrirle. Al parecer, TVE negocia la emisión de esta entrevista, que tuvo una duración original de tres horas y en la que aún caben más sorpresas. Se trata de un documento único que deberíamos ver todos.

1985/10/13

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | TOMÁS DE ANTEQUERA. LA DROGA DE LAS CANDILEJAS

Tomás de Antequera. La droga de las candilejas.
Antonio Gómez | El País Dominical, 1985-10-13
Recogido en:

http://aplomez.blogspot.com/2013/04/tomas-deantequera.html

Debe hacer de esto como unos 10 años. El local era Lady Pepa, un café-teatro pionero convertido en una de los primeros clubs de semi striptease, que aún hoy sigue funcionando con un espectáculo porno. Para llegar a la sala había que bajar una angosta escalera, después de que un portero no muy bien encarado franqueara la entrada. Unas mortecinas luces alumbraban la habitación, rectangular, de paredes deslucidas; en un extremo, una pequeña barra, y en el otro, un minúsculo escenario encerraban una veintena de mesas, desocupadas casi en su totalidad. Apenas un par de parejas, que se acariciaban sin disimulo en el rincón más oscuro, y un grupo de amigos esperaban, entre risas, chistes y alguna trascendental afirmación sobre quién sabe ya qué, el comienzo de la actuación.

Habíamos leído la ‘Crónica Sentimental’, de Vázquez Montalbán, y nos habíamos criado pegados a la radio como cordón umbilical con la fantasía, pero también nos habíamos dejado las pestañas en las páginas del Politzer, el libro de aquel profesor de la universidad obrera de París que murió fusilado por los nazis y nos dejó en herencia tantas certidumbres adolescentes; y canciones como ‘Doce cascabeles’, ‘Romance de la Reina Mercedes’ o ‘Zambra de mi soledad’ nos llegaban con la ambigua sensación placentera con que se culmina un oscuro sueño inconfesable.

Salió a escena con una chaqueta de intrincados bordados plateados sobre terciopelo azul y tocó los chinchines con el primor de quien aletea mariposas en el viento. Hoy, una década después, Tomás de Antequera sigue luciendo sus primorosas chaquetas de fantasía y aleteando los crótalos, mientras su voz de mil noches de soledad y aplausos sigue desgranando los versos de ‘Patio Moro’, ‘Pobre niña ciega’ o ‘Romance de valentía’. La escena es la misma, pero el marco ha cambiado. El Café Manuela, donde ha estado actuando todos los jueves de la temporada pasada está lleno por completo.

Tomás de Antequera o Juan Antequera López, pues tal es el nombre que la casualidad le puso, había visto la luz en el Valdepeñas de hace 65 años. Hijo menor de una familia en la que habían nacido ya otros 23 hermanos, de los cuales vivían 13, no recuerda veleidades musicales en tan extensa prole, aunque sí una común afición por el cante.

"Y aprendía lo que cantaban en las películas, y me ponía a cantar en las tabernas, diciéndole a la gente: 'Mira lo que he aprendido'. Me echaban dinero, y fíjate lo que eran entonces una peseta o un duro".

Habla con suavidad, con un ritmo entrecortado, que tan pronto alarga una palabra como la frena bruscamente al final. Tomás de Antequera recuerda sus comienzos por los pequeños pueblos manchegos, cantando en las tabernas y en los cines acompañado por dos hermanas, guitarrista y bailarina.

En 1939, el Gobierno de la República llamó a filas a la quinta de 1941. Tomás de Antequera tenía 19 años. "Al llegar a la mili, el sargento llamó, al pasar lista, a Juan Antequera López, y yo no contesté porque me llamaba Tomás. El sargento, que era de Valdepeñas y conocía a mi familia, me preguntó por mi nombre, y cuando le dije que Tomás, me dijo que no, que era Juan". Cuenta, y añade: "Luego me enteré de lo que había pasado. Como entonces se bautizaba a los niños en seguida de nacer, mi madre no pudo acudir al bautizo, pues estaba en la cama, y les dijo a mis tías que me pusieran Tomás, que era el nombre de un hermanillo que se había muerto siendo muy niño. Por el camino, con la cháchara, mis tías se olvidaron el nombre que les había dicho mi madre y me pusieron Juan. Pero quien ha terminado por ganar es Tomás. A mí me llaman Juan por la calle y es que ni me vuelvo".

Al terminar la mili, el joven Tomás decidió quedarse en Madrid y probar suerte en una ciudad que salía de la guerra sumergida en el estraperlo, la represión y el hambre, y buscaba en las tonadillas de moda alas para la miseria. Debutó en la antigua terraza del Café Europa, hoy cine, no muy lejos de la calle de Méndez Álvaro, donde sólo unos años antes Lister y Modesto habían fundado el Quinto Regimiento en el patio de un convento. Desde el principio le acompañó el éxito. "Desde allí pasé al Café de San Millán, que estaba, porque ya no está, frente al Mercado de la Cebada. Ahí debuté en 1943 y de allí me surgió la oportunidad de grabar; así que fue muy rápido, porque yo armé tal escándalo en el Café de San Millán que pusieron guardias a caballo en la puerta para sujetar a la gente".

En la España de los coches de gasógeno y las cartillas de racionamiento, la radio era el nuevo invento popular por excelencia. En ella era donde se cocían los éxitos de un cantante.

"Entonces se cantaba en directo por la radio, pero muy poco, porque no te recibían así como así; había que cantar muy bien o tener una buena recomendación. Yo cantaba entonces, acompañado a la guitarra, tanto canción española como flamenco. Todavía no había hecho estudios musicales; luego me metí en las academias, donde aprendí infinidad de canciones con el maestro Castellano, el maestro Monreal, el maestro Quiroga, Villacañas, Bódalo; un montón de maestros. También Freiré, que fue el que me hizo los ‘Doce Cascabeles’ mucho tiempo después".

‘Doce cascabeles’, con letra de Basilio García y Juan Solano y música del maestro Ricardo Freiré, fue la canción que más derechos de autor devengó en 1953. Para Tomás de Antequera representa el momento álgido de su carrera, signo de unos tiempos en que la gente le reconocía por la calle, le aplaudían en los escenarios, y lo mismo le invitaba en Chicote el conde de Romanones a una copa que un ama de casa le regalaba una tortilla, suprema muestra de admiración en tiempos en que la harina de almortas daba unas ya olvidadas gachas como exquisito manjar en cualquier calle de Lavapiés.

"Madrid era una ciudad", recuerda, "en donde la gente se sentaba por la tarde con el botijo en la calle, en donde había verbenas y puestos de melones y en donde se bebía agua fresca que te daba la gente. Ahora es de otra manera; pero, a pesar de que los años van pasando y las costumbres cambian, todavía hay gente de aquella época que vive con el mismo afán. De todas maneras, la televisión y todas esas cosas han cambiado mucho la vida; ya no hay quien la reconozca".

Con Miguel de Molina en Argentina --ahuyentado de España por la manía persecutoria que contra él desataron ciertos círculos de Falange, que le acusaban de homosexual y republicano--, Tomás de Antequera fue la figura masculina descollante de la canción española. "No nos cruzamos nunca Miguel de Molina y yo", recuerda. "Fui a verle al Teatro Pavón, donde debutó con Amalia de Isaura recién terminada la guerra. La entrada valía 15 pesetas. Miguel de Molina me encantó; era un artista excelente, tenía mucho arte en las manos y era guapísimo; tenía una figura ideal y vestía maravillosamente también. Ya como cantante no tenía mucha voz, pero decía la canción muy bien".

También Tomás de Antequera tuvo su momento de enfrentamiento con la intransigencia, la censura y el miedo. Fue en el año 1943, cuando todavía trabajaba en el Café de San Millán, y le llegó una orden al dueño en la que le indicaban que su artista de más éxito no podía actuar. Hoy, refugiado el gesto tras los gruesos cristales de sus gafas, lo achaca todo a la envidia. "Fue cosa de rivalidad y de envidia, pero no entre artistas, sino entre empresas, porque yo no había hecho nada político ni nada que pudiera considerarse frívolo u ordinario. Hablamos con unos amigos de la Duquesa de Alba, que eran los Romanones, ¿sabes?, porque los Romanones iban mucho a verme a mí. De ahí se montó otra cosa y echamos mano a un sacerdote que también era muy admirador mío, y se presentó personalmente a ver al director general de Seguridad para preguntarle qué es lo que pasaba. Le dijeron que había una denuncia contra mí porque cuando salía al escenario me timaba con los hombres, pero el cura les explicó que no era cierto, que con las 20 dioptrías que yo tengo no es que me timara es que no veía. Menos mal que me extendieron un papel para poder actuar. Lo llevé durante cuatro o cinco años para que no me molestaran, pero me tiré un año sin trabajar. Fíjate, en lo mejor de mi carrera".

Todavía se sorprende de que eso pudiera pasarle a él, una persona que confiesa sin ambages su religiosidad --"Llega una Semana Santa y para mí lo es todo. Durante 25 años he cantado la saeta en mi pueblo"-- y que guarda en su pequeña habitación, engalanada como un museo o un santuario, imágenes de vírgenes y santos junto a una reciente fotografía de la familia real. "He sentido siempre mucha admiración y respeto por los reyes, porque los veo como gente buena. A Alfonso XIII yo no llegué a conocerle, pero mis padres sí, y le querían. Cuando se marchó yo tenía 11 años; mi madre lloró mucho, y yo, desde entonces, le he cogido esa cosa a los reyes. Cuando llegó la Monarquía otra vez, me alegré una barbaridad. Me dije: Dios los bendiga, y que tengan mucha suerte y que sigan adelante y España la arreglen".

Mientras trabajaba en el Circo Price, un local que echa de menos Tomás de Antequera, "porque daba trabajo a mucha gente", le vio actuar un empresario colombiano y le contrató para su primera gira americana. Visitó varios países, Argentina y Venezuela entre ellos, y también en América gustaron sus historias tristes. "Siempre he cantado canciones dramáticas, porque me van mejor que las alegres. Las más alegres son Doce cascabeles, que es muy alegre y bullanguera, y Caballito moro, que también es muy alegre, dentro de que en la sierra ella muere de un tiro que le dan cuando va en la jaca. Gustaban porque la gente era muy romántica y las historias que se contaban eran muy emotivas".

Fueron sus años de esplendor. Joven, guapo --aunque él no lo quiera reconocer y diga, con un cierto aire pícaro, que ha tenido “un físico agradable, he sido simpático con la gente, pero guapo no era, no"-- y reservado, confiesa que se iba por las noches a la cama pensando en la actuación del día siguiente. "Era muy feliz, porque la gente me esperaba en la puerta de la calle y me comía a besos".

A partir de mediados de los años cincuenta, la estrella de Tomás de Antequera comenzó a declinar, aunque él, como bien se encarga de recordar, nunca haya abandonado los escenarios. En pocos años, Romance de valentía dejó el sitio a La chica ye-ye. "Eso fue en los años sesenta, que es cuando vino el twist. También vinieron...", duda un momento, intentando recordar los nombres, que le quedan tan lejanos, "ésos que son ingleses, ¿cómo se llaman?, los Beatles. De ahí empezó la cosa; primero fue Paul Anka, que decían que traía cola, y fíjate la cola que trajo. Y también Tom Jones, que es maravilloso, divino, cantando. Y la gente joven entró por ahí y decayó un poco la canción española".

Tras los cafés cantantes de sus inicios habían llegado los teatros, las giras, las salidas al extranjero, las cabeceras de cartel. Con la decadencia de la canción española fueron las plazas de toros --participando con sus canciones en espectáculos cómico-taurinos--, las salidas a Alemania o Suiza para cantar a los emigrantes en giras organizadas por embajadas y consulados. Pero el escenario se había apoderado de Tomás de Antequera y las candilejas eran ya su única droga, que le habían dado la razón de vivir, y siendo así, no podía haber crisis para él. "Es que se siente mucho placer al subir a un escenario, porque se está como en un sueño de gloria. Tienes al público enfrente, que no te quita ojo de encima y aplaude y comenta mirándose unos a otros. Es encantador y no se paga con nada. Se olvida uno incluso de lo que va a cobrar, aunque yo siempre he sido muy flojo para eso del dinero; no he sido de los que creen que por ser los mejores tienen que ganar más que nadie. A mí me ha bastado salir al escenario para sentirme feliz".

El Café Manuela le recuerda, con sus columnas y sus mesas de mármol, los viejos locales donde iniciara su carrera, y no parece sorprenderle que jóvenes que no habían nacido cuando sus canciones eran éxito, o adultos que cuando eran jóvenes las rechazaron por anticuadas, vuelvan al redil y descubran con gesto entre asombrado y entusiasta su arte.

"Es verdad que el público que viene ahora a verme es muy joven. Me cuentan que sus padres les habían hablado de mí y de mis canciones, pero lo más bonito es que se marchan encantados de haberme escuchado. Se acercan a mí para decirme que soy un maestro de la canción que no habían escuchado antes. Conozco mucha gente joven que les gusta la música moderna y, sin embargo, escuchan mis canciones y se quedan embelesaos. Qué letras, qué músicas, qué arte en las manos, me dicen". 


Tomás de Antequera. Entrevista (1985)
Antonio Gómez | Memoria músico-festiva..., 2013-04-00

http://aplomez.blogspot.com/2013/04/tomas-deantequera.html

[Texto que precede al artículo de 1985]

La generación de cantautores y de los comentaristas o difusores que nos movíamos alrededor no éramos, desde luego, los más adecuados para apreciar de buenas a primeras la importancia, calidad y hermosura de la copla como género y de quienes la cultivaban. O la importancia, calidad y hermosura de algunas coplas y de algunos de sus intérpretes, porque son los artistas, y no los géneros los que definen la significación de una obra concreta. Entre los cantautores, como entre los copleros (cantautoras y copleras también, por favor), lo hay genios, buenos, malos y mediopensionistas, y en entre las canciones y coplas hay obras maestras y birrias espectaculares.

Pero no divaguemos. En cualquier caso, quienes defendíamos la canción de autor, el folk o el rock progresivo en aquellos años a caballo entre los sesenta y los setenta del siglo pasado, o incluso entre quien defendía todos esos modelos juntos como una manera similar de afrontar el hecho musical y el político, cual pienso que era mi caso, la copla era el enemigo con el que se quería acabar. Qué ignorantes éramos, incluso aceptando que el uso que el franquismo había hecho de la copla (y de todo lo que el querido Paco Almazán definió como “nacionalframenquismo”) no podía por menos que hacérnosla aparecer como distante a quienes queríamos acabar con la dictadura, no supimos ver en ella cuanto después descubrimos: la belleza de algunas de sus composiciones, la inspiración de ciertos autores y la personalidad de los mejores intérpretes. Hubo de pasar el tiempo, al menos en mi caso, para que me llegaran a poner los pelos de punta Concha Piquer o Miguel de Molina, o a descubrir el valor de Angelillo, Imperio Argentina y, también, Tomás de Antequera.

En la entrevista, publicada en el colorín de El País el 13 de octubre de 1985, se contaba de él, así que no voy a insistir, aunque, lo que son las cosas de la memoria; recuerdo perfectamente que también en aquella época Tomás de Antequera actúo durante tiempo en el Elígeme y no me acuerdo en absoluto de su presencia en el Manuela, motivo por el que se le hizo la entrevista. En fin, no obstante, un par de aclaraciones que ayudarán a la comprensión, o al cotilleo, que viene a ser lo mismo.

El artículo empieza contando la primera vez que escuché en directo a Tomás de Antequera, como hacia 1975 o 1976. Esa noche le habían dado un premio nacional de radio a “Para vosotros jóvenes”, el programa de RNE que dirigía Carlos Tena y en el que estábamos un montón de gente procedente de la FM de Radio Popular: Adrián Vogel, Gonzalo García Pelayo, Julio Palacios, y otros como Jorge de Antón y Victorino del Pozo, además de Aurora de Andrés, locutora de la casa, y algunos más. Tras la cena del premio, que esas cosas eran siempre de tiros largos, el amigo José Antonio Muñoz, de Aguaviva, nos propuso ir a un espectáculo que había descubierto y que nos iba a encantar. Era lógico en él, que ya había proclamado en una canción que no le gustaba que no dejaran a las majas llevar flores en los pechos. Nos encantó.

La entrevista se celebró en la vivienda de Tomás de Antequera, en la calle de Bretón de los Herreros, justo en la misma manzana en la que yo había vivido toda mi vida infantil y juvenil y en la que aún hoy vive mi hija. Habíamos sido vecinos veinte tantos años. La describo en el texto, pero lo que no explicó fue un detalle que me pareció revelador sobre la forma en la que sobrevivía el artista. En la misma casa residían, como realquilados, tres jóvenes que acompañaban y daban de comer a la vieja gloria nacional. Por fortuna en esos años habían llegado aquella juventud que reivindicó su figura y que le alegró aquellos penúltimos años de su vida. Falleció el 4 de marzo de 1993, con 72 años de edad.

1982/12/10

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | RAFAEL DE LEÓN, O LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL

Rafael de León, o la educación sentimental.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1982-12-10

https://elpais.com/diario/1982/12/11/cultura/408409210_850215.html 

Este marquesón que se echó al pueblo en Sevilla y acaba de morir en Madrid, este Rafael de León, se había quedado fuera del círculo de los intelectuales: tan cerrado, tan endogámico (unos se casan con otros y engendran a otros). Pero había influido en una educación sentimental de muchos de ellos: les había llenado de coplas y coplas -con la música de Quiroga- de las que no se pudieron liberar. Quizá el primero que se dio cuenta y lo confesó y lo ensalzó fue Manuel Vázquez Montalbán, en su fabulosa ‘Crónica sentimental de España’. Luego, una canción de Rafael de León daría título a uno de sus libros, ‘Tatuaje’. Versos mágicos. Cualquier analista, cualquier crítico de formas y profundidades, pasaría por encima de una cuarteta simple, tópica, nostálgica y barata como ésta: "Era hermoso y rubio como la cerveza, / el pecho tatuado con un corazón; / en su voz amarga había la tristeza / doliente y cansada del acordeón".

Y, sin embargo, había algo más allá de la finura y delicadeza descrita por el abate Brémond. Quizá era el fondo de su tiempo y el eco de un García Lorca vulgarizado. Había una magia indescriptible en sus ‘Ojos verdes’.

Miguel de Molina, el grande olvidado (el maestro Francisco Ayala le dedica unas páginas inteligentes en su ‘Recuerdos y olvidos’), se apoyaba en un elemento blanco de decorado, comenzaba a cantar -"’apoyá’ en el quicio de una mancebía..."- y cualquier sala se quedaba en un silencio tenso.

Tres épocas
No había cuajado Rafael de León como poeta puro. Ni él, ni Rafael Duyos -hoy, el padre Duyos-, ni Xandro Valerio. Su generación tenía ya a los enormes andaluces -Juan Ramón, Machado, Alberti, Lorca- y los versos de León le llegaban solamente por las ventanas de los patios en las habitaciones interiores de sus casas: canciones de criadas.

Las tres Marías, ‘María de la O’, ‘María Magdalena’, ‘Mari Cruz’, o la etérea y doliente ‘Parrala’, de la que no se sabía si era de Moguer o de La Palma, ni si bebía aguardiente o marrasquino, no iban a llegar las antologías. Pero resaltaban sobre el fondo verdinegro, borrascoso, de una larga época de Madrid, de las tres etapas distintas pero ansiosas de España: preguerra, guerra y posguerra.

Nacían por entonces -o nacían a leer y a tratar de superar la dificultad creciente de ser- unos mozos que se ahogaban, y para quienes la lejana sirena de un barco de nombre extranjero en un puerto de madrugada significaba la posibilidad de un sueño. Cuando la poesía se hacía prismática, limpia y garcilasista -qué más quisiera-, la canción de criada podía traer unos elementos de sueño cuando era capaz de mezclarlos con unas pasiones eternas: el amor, los celos, la muerte, el abandono.

No sabía esta gran derecha en torno a Rafael de León que estaba alimentando unos incipientes ensueños de izquierda. Cómo iba a saberlo, si ni siquiera lo sabían entonces quienes lo estaban recibiendo. Un mensaje que no querían lanzar los que lo escribían ni entendían los que lo estaban recibiendo. Ha salido años más tarde.

En Vázquez Montalbán, en Terenci Moix o en Antonio Burgos. O en Umbral, en Vicent, en quién sabe quiénes de ahora mismo. La estética de las bajas calidades tiene esos misterios. Se infiltra en la gran cultura, que no la menciona jamás, pero la contrasta, la alimenta, la da carne. La da la vulgaridad que ella misma no se atreve a tener. Será quizá duro decir que Federico García Lorca se completa con su imitador, con su seguidor, con su falsificador: con su Rafael de León.

Cuando el tiempo pasa, cuando se diluyen las finas fronteras -pero aceradas- de lo que es y de lo que no es, llegan a formar una figura completa. Algo que recorre toda la espina dorsal de la educación sentimental.
 
SEGUIMIENTO
>
Sobre Rafael de León.
XXX · Cartas al Director | El País, 1982-12-22

https://elpais.com/diario/1982/12/23/opinion/409446006_850215.html

1982/12/09

PERSONAJES | 1982 | ADIÓS A RAFAEL DE LEÓN Y SU ÉPOCA DE PIOMPA, FIESTA Y MIJITA

Unas de la piompa tragando quina, otras en la fiesta del exilio y una mijita de sida para el acabóse 

RAFAEL DE LEÓN
>
Fallece el letrista Rafael de León.
El País, 1982-12-09
https://elpais.com/diario/1982/12/10/cultura/408322810_850215.html

Rafael de León, o la educación sentimental.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1982-12-10
https://elpais.com/diario/1982/12/11/cultura/408409210_850215.html

Sobre Rafael de León.
XXX · Cartas al Director | El País, 1982-12-22
https://elpais.com/diario/1982/12/23/opinion/409446006_850215.html
 
MIGUEL DE MOLINA
>
Muere en el exilio el tonadillero Miguel de Molina.
El cantante de 'Ojos verdes' será enterrado hoy en Buenos Aires, en donde vivió durante casi cinco décadas.
José Comas | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372401_850215.html

Botín de guerra.
José Comas | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372409_850215.html

El mejor de la copla.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1993-03-05
https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372408_850215.html

Qué pesados con Miguel de Molina.
Antonio Burgos | ABC, 2009-03-25
https://www.abc.es/opinion/abci-pesados-miguel-molina-200903250300-914004544572_noticia.html 

TOMÁS DE ANTEQUERA 
Tomás de Antequera. La droga de las candilejas.
Antonio Gómez | El País Dominical, 1985-10-13
Recogido en:
http://aplomez.blogspot.com/2013/04/tomas-deantequera.html 
>
Muere Tomás de Antequera, el cantor de 'Doce cascabeles'.
Fue uno de los tonadilleros más populares de los años 50.
Ángel Álvarez Caballero / Ignacio Saenz de Tejada | El País, 1993-03-04
https://elpais.com/diario/1993/03/05/cultura/731286006_850215.html
>
Paco Clavel: "Tomás de Antequera fue un estilista de la copla".
Sara Laderas López | El Eco de Valdepeñas, 2018-04-18

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | FALLECE EL LETRISTA RAFAEL DE LEÓN

Fallece el letrista Rafael de León.
El País, 1982-12-09

https://elpais.com/diario/1982/12/10/cultura/408322810_850215.html

El letrista Rafael de León falleció ayer en Madrid, a los 72 años, víctima de un infarto de miocardio. El autor de temas como ‘María de la O’ y ‘Ojos verdes’ era sevillano, estudió Derecho en su ciudad natal y en Granada, aunque nunca ejerció la abogacía. Formó equipo con el compositor Manuel López Quiroga y más tarde se les unió el poeta Antonio Quintero. En Barcelona fundó la Academia de León y Quiroga, especializada en arte popular. Además de varias comedias estrenadas, se calcula que escribió más de ocho mil letras, cuyos títulos más famosos son ‘La parrala’, ‘Eugenia de Montijo’, ‘A tu vera’, ‘La zarzamora’ y ‘Olé catapum’. Miguel de Molina, Concha Piquer, Juanita Reina, Lola Flores, Manolo Caracol, Marifé de Triana, Estrellita Castro, fueron algunos de los interpretes de sus canciones.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...