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2020/03/28

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ¿QUIÉN FUE NÉSTOR ALMENDROS? EL HIJO ADOPTIVO DE ALMANSA QUE GANÓ UN ÓSCAR

Kim Novak, Néstor Almendros y James Coburn en los Óscars 1979 //

¿Quién fue Néstor Almendros? El hijo adoptivo de Almansa que ganó un Óscar.

Néstor Almendros fue uno de los más distinguidos directores de fotografía de la historia del cine y el primer español en ganar un premio de la Academia, pero jamás olvidó sus orígenes almanseños.
Laura C. Liébana | La Tinta de Almansa, 2020-03-28
https://latintadealmansa.com/cultura/cine/quien-fue-nestor-almendros/

Un día, el hijo mayor del pedagogo almanseño Herminio Almendros, Néstor, llamó a Antonio Gosálvez que, por aquel entonces, era quien dirigía el Instituto de Enseñanza Secundaria de Tomares, en Sevilla. «Me han dicho que vais a ponerle mi nombre a una escuela de allá… no será una broma, ¿verdad?», preguntó. El que fuera tres veces nominado al Óscar de Mejor Fotografía y una vez premiado con la codiciada estatuilla por ‘Días de cielo’ (1979) no esperaba que alguien en España se acordara de él.

Se extrañó, también, de que prefirieran bautizar al centro como IES Néstor Almendros, en vez de usar el nombre de algún personaje fallecido (en Sevilla tienen buena cantera). El docente contestó, según una conversación publicada en El País, que ponerle el de una persona viva sería mejor para el instituto, a lo que el cineasta espetó: «¡Esa es una idea muy manchega!». «¡Es que yo soy manchego!», admitió Gosálvez. «¡Y yo! Mi padre era de Almansa», celebró el primero. «¡Yo también soy de allí!», replicó el profesor.

Resultó, además, que el abuelo del docente había sido el sastre de Herminio Almendros. Emocionados por la feliz coincidencia, Antonio y Néstor mantuvieron amistad hasta que el director de fotografía murió donde lo han hecho multitud de grandes genios creativos: en la incandescente Nueva York.

¿Quién fue Néstor Almendros?

Aunque barcelonés de nacimiento y almanseño en parte fue, para muchos, un artista cubano. Su padre estuvo ausente en su vida durante los primeros años, pues tuvo que embarcarse para La Habana terminada la Guerra Civil. Le cría su madre, María Cuyás, que fue maestra e inspectora de primera enseñanza durante la II República como su marido Herminio, hasta que sufre la cárcel y un traslado forzoso a Huelva, en 1944, como consecuencia del proceso de «depuración» franquista del profesorado.

El cineasta marcha con su padre en 1948, para evitar el servicio militar español. Tenía 17 años. Allí descubrió y amó el sol del Caribe. Tiempo después, lejos ya de Cuba, todos amaron como esculpía la luz: justificada, cotidiana y natural. Néstor Almendros le declaró la guerra a la iluminación artificial y a los focos de montaje. Los consideraba, según sus propias palabras, «un disparate de luces que acentúan todos los defectos».

Homosexual declarado, se dedicó a su oficio hasta que tuvo que enfrentarse a un nuevo exilio tras el triunfo del dictador Fulgencio Batista, por temor a la represión que pudiera sufrir por su orientación sexual. Entonces pegó el salto a las grandes producciones europeas.

Trabajó en Francia con los principales mentores de la ‘nouvelle vague’: François Truffaut y Eric Rohmer, entre otros. Allí, desarrolló una carrera brillante como director de fotografía. Rodó también en España, bajo la dirección de Luis Marquina (‘Tuset street’, 1968) y Vicente Aranda (‘Cambio de sexo’, 1976), pero siempre lamentó que en la España franquista no se le apreciara tanto como en el extranjero.

Vivió en Broadway, avenida de artistas y capital mundial de los teatros musicales. En la «tierra de las oportunidades» simultanea sus trabajos en el viejo continente con películas como ‘Días del cielo’, de Terrence Malick, por la que su fotografía obtuvo el máximo galardón de Hollywood en 1979. Se convirtió, así, en el primer español en ganar un Oscar. A partir de entonces colecciona tres nominaciones: una por ‘Kramer contra Kramer’ (1979), de Robert Benton; otra por la taquillera ‘The Blue Lagoon’ (1980) y la última por ‘La decisión de Sophie’ (1982), de Alan J. Pakula.

Todas las estrellas querían trabajar con él
Iluminó rostros inmortales como el de Nicole Kidman, Meryl Streep, Dustin Hoffman o Sara Montiel. Para hacerlo usaba espejos, velas y lámparas portátiles pero, sobre todo, luz natural. Prefería que lo filmado fuera «interesante por sí mismo, antes que hacerlo artificialmente interesante».

Puede que fuera por eso por lo que todos intérpretes le adoraban. Esta predilección llegaba hasta el punto de que, en el mundillo hollywoodiense, se comentaba que no había mejor argumento para convencer a una estrella que comentarle, con muy poca sutileza, que en el proyecto que se le ofrecía el director de fotografía sería Almendros. Nadie se resistía.

Pero, ¿y él? ¿Qué rostros le resultaron los más bellos de capturar, en el momento preciso en que la luz se posaba sobre ellos? «No puedo citar uno solo», contestó, en una entrevista realizada por Juan José Navarro Arisa para ‘El País’, en 1991, un año antes de su muerte. Accedió a nombrar seis; tres mujeres y tres hombres: «Meryl Streep, Isabelle Adjani y Catherine Deneuve, muy distintas y muy bellas las tres, muy mágicas para la cámara; y Dustin Hoffman, un rostro inolvidable, o Jack Nicholson, un tipo estupendo y, por supuesto, Gérard Dépardieu, un actor gigantesco».

Néstor Almendros falleció a los 61 años víctima del sida, el primer miércoles del mes marzo de 1992, en Nueva York. Trabajó hasta casi el último momento de su vida. Su enfermedad se agravó durante el rodaje de su último filme, ‘Billy Bathgate’ (1991). Poco antes de morir, decidió donar a la Filmoteca Española la claqueta de ‘Días del cielo’ y, de hecho, incluyó a la entidad en su testamento. También regaló el guión inédito de ‘El Abencerraje’ al IES Néstor Almendros. El texto, depositado en la Filmoteca andaluza, todavía espera que alguien se arriesgue a convertirlo en película.

Y TAMBIÉN...
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La Barcelona de Néstor Almendros.

Nestor Almendros (1930-1992) va ser un dels directors de fotografia més importants del segle XX. El seu republicanisme el va portar a exiliar-se d'Espanya, la seva homosexualitat el va obligar a fugir de la Cuba castrista.
La Barcelona Diversa, 2018-04-14
http://poldest.blogspot.com/2018/04/la-barcelona-de-nestor-almendros.html
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Néstor Almendros: el español que ganó un Oscar, trabajó con la Nouvelle vague y se fue demasiado pronto por el SIDA.

Repasamos la fascinante vida de Néstor Almendros, director de fotografía nacido en Barcelona considerado por muchos uno de los mejores de la historia del cine.
Javier P. Martín | Fotogramas, 2022-03-08
https://www.fotogramas.es/noticias-cine/a39366892/quien-era-nestor-almendros-director-de-fotografia-oscar-dias-del-cielo/ 

2008/09/19

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | CONDUCTA IMPROPIA (O LA REALIDAD Y EL MITO)

Conducta impropia (o la realidad y el mito).
Jonás Trueba | El Mundo, 2008-09-19

https://www.elmundo.es/elmundo/2008/09/19/elvientosopladondequiere/1221808781.html 

"Sé, por la experiencia de haber vivido años en regímenes de dictadura (Franco, Batista, Castro), que su naturaleza represiva no se hace aparente al ojo del visitante poco entrenado en descifrar ciertos signos que terminan por parecer inequívocos después de que se obtiene mayor información. [...] Los dictadores, precisamente porque reprimen todas las formas visibles de oposición, pueden ofrecer al visitante una imagen a veces idílica de sus países. En consecuencia, 'Conducta impropia' habrá podido describir la represión en Cuba precisamente porque no ha sido filmada en Cuba."

Néstor Almendros sabía de las dificultades que iba a encontrar por parte de las autoridades cubanas para rodar su documental dentro de la isla. Por eso 'Conducta impropia' se basa principalmente en los testimonios de algunos exiliados cubanos, la mayoría de ellos víctimas de esa represión en sus propias carnes.

También hay numerosas imágenes de archivo que se consiguieron de la televisión francesa, imágenes "apologéticas o hagiográficas" todas ellas, las únicas que el gobierno cubano permitía circular libremente, pero que sirven a Almendros y Jiménez-Leal como "anti-ilustración de algunos de los temas abordados en los testimonios".

En concreto, hay una entrevista con Fidel Castro en 1979 que podría resultar muy cómica si en lugar de responder a una de las infamias más duraderas que se recuerdan, perteneciera a una parodia o a una farsa teatral.

Castro dice en un momento dado: "Fue una guerra victoriosa. Cuando terminó esa guerra, yo tenía personalmente un gran poder. Pero yo no utilicé la victoria, ni la Revolución para adquirir más poder". [sic]

Poco después se cuenta la peripecia del poeta cubano Armando Valladares, que pasó veintidós años en las cárceles de Fidel Castro hasta que fue liberado gracias a la intervención de Miterrand.

"Los cubanos viven en la calle con un único temor que los obsesiona de manera constante, que es ir a la cárcel. Cuando llegan a la cárcel, entonces dicen allí lo que no se atreverían a comentar en la calle", explica en Madrid el poeta exiliado.

Después pasa a relatar una de las muchas historias que oyó de primera mano en la cárcel, la de un niño de doce años que fue violado cinco veces en su celda, lo que a ojos de las autoridades cubanas le convertía en "homosexual" y por lo que fue trasladado al pabellón de los homosexuales, donde fue maltratado reiteradamente por los guardias que lo custodiaban.

El propio Armando Valladares cuenta los maltratos y vejaciones a las que fue sometido, así como sus traslados de celda en celda, donde durante muchos años no pudo ver la luz del sol.

Después vuelve la entrevista a Fidel Castro con la siguiente afirmación categórica: "A la Revolución no se le puede imputar jamás haber asesinado un solo ciudadano, haber torturado un solo preso. Y quiero ver cuántos ejemplos hay de eso en la Historia".

Lo dice levantando enérgico el dedo índice, como le hemos visto hacerlo en tantos de sus discursos interminables. Lo curioso es que en otros momentos de la entrevista no hacía uso del dedo característico, lo hace para reafirmar algo que ya sabemos que es absolutamente falso. Almendros y Jiménez-Leal nos revelan los trucos del actor histriónico. "Aprendí a leer, como el que lee una radiografía, el falso gesto y el gesto cándido, a diferenciar la realidad y el mito", escribió Jiménez-Leal.

La película, que está dedicada al escritor cubano Virgilio Piñera, cuenta también la operación de acoso y derribo a la que éste fue sometido. Carlos Franqui, director del periódico Revolución y uno de los colaboradores más cercano de Fidel Castro en aquel momento, intercedió para liberar a Piñera.

Desde su exilio en Roma, cuenta como se enteró de la noticia y cómo le informaron desde gobierno de que se trataba de la 'Operación P' (redada contra prostitutas, proxenetas y pederastas). Parece ser que el ministro de Seguridad, Ramiro Valdés, explicaba que en sus viajes a China había podido comprobar cómo resolvían el 'problema' de los homosexuales fusilándoles y tirando sus cuerpos al río. Ellos fueron un poco más permisivos.

Después, el propio Fidel argumentó a Franqui "que estaba creando un país nuevo, que necesitaba hombres fuertes para la guerra, deportistas, hombres que no tuvieran debilidades psicológicas, que no pudieran ser chantajeados, que el homosexual era un mal ejemplo para la juventud, pero admitió que había una persecución muy grande, que a la UMAP no solamente se habían llevado homosexuales o disidentes o religiosos, sino que había habido maltratos físicos, y se comprometió en esa discusión a que la UMAP iba a desaparecer".

"Realmente la UMAP desapareció en 1968, pero así como la UMAP tuvo antecedentes en la 'Operación P', también posteriormente se crearon en Cuba nuevas UMAPs, como fue la ley contra la vagancia en el año 1971 y otras persecuciones del mismo tipo que han ocurrido en el país".

Diferentes testimonios reafirman que no sólo se perseguía a los homosexuales. Jiménez-Leal precisa que esas persecuciones se extendían "a la disidencia en todas sus formas, desde el hippy habanero con pelo largo hasta el Testigo de Jehová o el Adventista negado a trabajar los sábados o a servir como internacionalista en Angola, o al escritor que se atreve a enviar manuscritos al extranjero", como es el caso más conocido de Reinaldo Arenas, que además también era homosexual y que sale en el documental relatando el horror de sus días en Cuba, cuando era espiado, perseguido, detenido y maltratado, justo en el momento en que era el escritor cubano más conocido en el extranjero.

En el prólogo al guión que acompaña a la película, Néstor Almendros escribe: "El énfasis puesto en el tema de la persecución de los homosexuales en nuestra película, puede servir, por lo absurda y gratuita, como metéfora de la supresión general de las libertades cívicas en Cuba".
 
Hace poco tuve ocasión de ver el documental que Oliver Stone le dedicó a Fidel Castro, "Comandante". Describir el asco que me produjo su tendenciosidad me llevaría demasiado trabajo. Pero un momento Fidel hablaba de la "supuesta persecución" de los homosexuales en Cuba, y seguía diciendo lo mismo que en la entrevista de 1979. También es verdad que levantaba enérgicamente el dedo índice de su mano.

1994/05/03

DOCUMENTACIÓN | POLÍTICA | 'FRESA Y CHOCOLATE' ENFRENTA A LAS DOS CUBAS

'Fresa y chocolate' enfrenta a las dos Cubas
Cabrera Infante y Andy García niegan las acusaciones del realizador Gutiérrez Alea
El País, 1994-05-03
https://elpais.com/diario/1994/05/04/cultura/768002404_850215.html 

Esta es una historia de tres cubanos, dos en el exilio y el tercero dentro del orden constituido en la isla. El realizador cubano Tomás Gutiérrez Alea, en declaraciones a El País, informaba que ‘Fresa y chocolate’ había sido comprada por una distribuidora estadounidense. "En los sectores más duros del exilio", señalaba, "ha despertado las protestas de personajes como Cabrera Infante y Andy García, quienes han escrito una carta al presidente de la Motion Picture Association of America, exigiendo que impida su distribución". Los implicados lo niegan tajantemente.

Guillermo Cabrera Infante, desde Londres, y a través de una larga carta, señala que "como parte de su campaña publicitaria a su película el director Gutiérrez Alea ha difundido en toda la prensa española y en la agencia de noticias el infundio de que yo he escrito una carta a la Motion Picture Association of America tratando de impedir la exhibición de su película en territorio americano. Esta es una falsedad mayúscula que puede confundir a los lectores españoles. Emplazo a Gutiérrez Alea a que muestre, públicamente, la falsa carta con mi falsa firma".

"Como sabe todo el que me conozca, nunca he prohibido nada ni en Cuba ni en el exilio. Es el Gobierno de Castro el que emite prohibiciones: a autores, a libros y a películas, desde ‘PM’ en 1961, hasta ‘Alicia en el pueblo de las maravillas’ en 1991, o treinta años de censura previa. Es Fidel Castro, el amo, quien prohíbe, ayudado por su secuaz Alfredo Guevara, presidente del Instituto del Cine (ICAIC), y apoyado por Gutiérrez Alea, su primer propagandista y autor de la abyecta declaración 'humillar a Fidel es humillar a Cuba'".

Andy García, actor y realizador de origen cubano, también envió un texto a El País desde Los Ángeles, su residencia habitual, en el que sale al paso de las declaraciones de Tomás Gutiérrez Alea: "Primero: les pido a esos que han visto la carta que la hagan pública y muestren mi firma, sin duda falsificada. No he firmado tal carta. Ni siquiera la he visto. Tampoco la ha visto el señor Jack Valenti, con quien hablé hoy, 2 de mayo de 1994. Nunca recibió el señor Valenti ninguna carta protestando por esta película y cuestionó la validez de estas declaraciones".

"Segundo: ¿Cómo puedo protestar por la distribución de una película que nunca he visto? He sido exiliado en EE UU desde 1961, porque mi padre quería que yo tuviera la posibilidad de poder formular, expresar y ejecutar mis opiniones sin represión, opresión ni prohibición. Por tanto mi oposición a la exhibición de una película -no importa la opinión que pueda tener de su contenido- es contraria a las libertades democráticas que mi familia y yo gozamos".

"Me parece que esta acusación no es más que un truco publicitario para crear controversias alrededor de la película a estrenar aquí. Además creo que si esa carta hubiera llegado a las oficinas del señor Harvey Weinstein, cofundador de Miramax Pictures, distribuidores americanos de la película, colega y amigo mío, él me lo hubiera dicho. No lo ha hecho. Lo que sí me dijo anteriormente es que había conseguido la distribución de dicha película. Y el mismo señor Weinstein puede confirmar que nunca me opuse. Aunque sí le sugerí que viera el excelente documental del fallecido Néstor Almendros, ‘Conducta impropia’, que trata de las atrocidades impuestas a la comunidad homosexual de Cuba".

Puestos al habla con el director Gutiérrez Alea declaró que "recibí una copia de una carta enviada supuestamente a Jack Valenti y firmada, entre otros, por Andy García, Guillermo Cabrera Infante y Natalio Cheiak, director del Festival de Cine de Miami, en la cual se le pregunta a Valenti si la Motion Picture Association of America no va a hacer nada frente al hecho de que en Cuba se piratean películas americanas y, al mismo tiempo, Miramax Filins está comprando ‘Fresa y chocolate’. Ese es escuetamente el contenido de la carta. Yo lo comenté con un periodista el cual de alguna manera lo hizo público en una entrevista. Coincide la carta con las declaraciones de Natalio Cheiak publicadas en el ‘Nuevo Herald’, de Miami de 25 de marzo pasado, donde dice, entre otras cosa, "lo irónico de este asunto es que Cuba durante más de tres décadas exhibe películas de Estados Unidos sin pagar los derechos a nadie y ahora una compañía norteamericana se atreve a pagar por distribuir una película cubana".

"Corno ve se trata de una reacción hostil hacia la película ‘Fresa y chocolate’. Si la carta que llegó a mis manos es espúrea me dará una gran satisfacción pues pienso que ese tipo de declaraciones es una agresión injustificada."

1993/03/08

DOCUMENTACIÓN | CINE | 'TACONES LEJANOS', DE ALMODÓVAR, LOGRA UN CÉSAR Y CYRIL COLLARD, CUATRO PREMIOS PÓSTUMOS

'Tacones lejanos', de Almodóvar, gana el César a la mejor película extranjera del año.
El cine francés otorga cuatro premios póstumos a Cyril Collard.
Octavi Marti | El País, 1993-03-08
https://elpais.com/diario/1993/03/09/cultura/731631609_850215.html 

Los Premios César que concede la profesión cinematográfica francesa han coronado, en su 18a edición, a las películas ‘Tacones lejanos’, de Pedro Almodóvar, en la categoría de mejor producción extranjera, y ‘Les nuits fauves’, de Cyril Collard, como mejor cinta francesa. Almodóvar y la actriz Victoria Abril estuvieron ayer en París para recoger las estatuillas. Collard, un joven cineasta que falleció el pasado viernes de sida, logró con su primera y única obra el reconocimiento por su labor y por su aproximación cinematográfica al difícil tema de la vivencia de su propia enfermedad.

El cineasta español subió al escenario acompañado de Victoria Abril y agradeció el galardón a "los miembros de la Academia, especialmente a los que me han votado". Por su parte, Victoria Abril ha destacado que, una vez más, los profesionales galos "han preferido una película europea frente a las americanas", decisión que celebraba. ‘Tacones lejanos’ competía con ‘Maridos y esposas’, de Woody Allen; ‘The Player’, de Robert Altman; ‘Regreso a Howards End’, de James Ivory, y ‘El amante’, del francés Jean-Jacques Annaud pero rodada en inglés. La actriz española ha querido también asociar a Marisa Paredes al éxito de este filme que en Francia ha conseguido magníficas recaudaciones y el país en el que, en palabras de su director, "ha sido mejor comprendido que en ningún otro lugar".

El gran triunfador de la noche ha sido ‘Les nuits fauves’, que ha conseguido cuatro galardones, los correspondientes al mejor filme, mejor montaje, mejor esperanza femenina -Romane Bohringer- y mejor primera película. Su director, Cyril Collard, ha muerto tres días antes de la ceremonia, víctima del sida, y su ausencia ha pesado a lo largo de una fiesta que, como cada año, ha homenajeado a las grandes figuras del cine desaparecidas en el transcurso de la temporada anterior pero que no estaba preparada para asumir la muerte tan reciente de un hombre de 35 años.

Un grito de amor
Para la productora de ‘Les nuits fauves’, la película hay que recordarla como "un grito de rabia, libertad y amor". Hasta el momento el filme ha cosechado más de 500.000 espectadores sólo en París, convirtiéndose en la película emblemática de una generación. ‘Les nuits fauves’ es una historia en gran parte autobiográfica. En ella se narran los amores tormentosos entre Jean y Laura, seropositivo y bisexual él, enamorada fiel ella, que viven con especial dramatismo una historia de amor marcada por la muerte.

Esta edición de los ‘cesars’ ha estado también marcada por ser, casi con toda seguridad, la última a la que asiste en su actual condición de ministro de Cultura Jack Lang. Dos hombres de cine, el sobrino de François Mitterrarid y el hermano de uno de los candidatos de la derecha -François Leotard- al puesto de primer ministro, han bromeado sobre ello, sobre las elecciones y sobre la necesidad de que el cine aprenda a escapar a los vaivenes políticos.

La fiesta ha estado influida también por las protestas laborales. En el exterior del teatro, en la avenida Montaigne, un grupo de profesionales protestaba contra el proyecto de demolición de los estudios de Villancourt, en los que se sonoriza más del 50% de la producción francesa y en cuyos platós se construyen los decorados de parte de las obras que, año tras año, intentan ganarse el favor del público francés y garantizan la relativa buena salud de la industria europea que mejor logra sobrevivir a las modas de Hollywood. También, en el momento en que Victoria Abril entregó el premio como mejor director a Claude Sautet, por ‘Un coeur en hiver’, subió al estrado un desconocido para lamentarse de la situación de los actores. La emoción y el muy tranquilo comportamiento de los presentadores han acabado por interrumpir su alegato.

Una gran actriz
Para ‘Indochina’, que ya ha ganado en Estados Unidos premios previos a los ‘oscars’, ha sido, sobre todo, la coronación a la mejor actriz, en este caso para Catherine Deneuve, que ha querido que su carrera quedara asociada a los nombres de Derny, Truffaut y Buñuel. La fotografía, el sonido, los decorados y la mejor actriz secundaria de ‘Indochina’ también han sido considerados como los mejores del año. Un premio sorpresa ha recaído en Claude Rich. En ‘Le souper’, de Edouard Molinaro, encarna a Talleyrand, en una obra histórica centrada en la crisis de la aventura napoleónica.

Los ‘cesars’ mantienen respecto a sus homólogos americanos una serie de diferencias significativas. De entrada, no menosprecian los premios técnicos al no considerarlos como un aperitivo. Luego porque quieren citar siempre a los personajes internacionales que mueren cada año, desde el hindú Satjait Ray al gran Joseph Leo Mankiewicz pasando por la Arletty heroína del cine de los años treinta y cuarenta. Néstor Almendros, Eddie Constantine, Anthony Perkins, Audrey Hepburn o Franco Brusati han sido recordados, así como Serge Daney, crítico de cine muerto de sida.

1992/03/06

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | TERENCI MOIX: MI NÉSTOR ALMENDROS

Mi Néstor Almendros.
Terenci Moix | El País, 1992-03-06

https://elpais.com/diario/1992/03/07/opinion/699922807_850215.html 

Hace pocos días lo sabíamos contadísimas personas: Néstor Almendros estaba agonizando en Nueva York. Corre la indiscreción igual que la calumnia: como un ‘venticello’; así, pues, conviene ignorarla, máxime cuando puede tener el trasfondo de una enfermedad que se presta a la malignidad de los puritanos y al escándalo de los desaprensivos.

Era inevitable que la noticia me llegase por voces dignas de crédito: las de Miriam Gómez y Guillermo Cabrera Infante, hermanos de Néstor, más que amigos. Nuestra conversación fue dramática. Empezamos a saber demasiado de muertes injustas, y la de hoy nos sacudía hasta aturdirnos. Me lo decía Guillermo: "Esta muerte se está llevando a los mejores". Curiosamente, había escrito yo algo parecido en la revista ‘Tiempo’. Suele ocurrir que los mejores también son los irreemplazables. Néstor Almendros pertenecía a esa raza. Con él desaparece alguien que ha influido positivamente en muchas personas. Las referencias a mi propia experiencia son aquí inevitables. Hace exactamente 30 años, Néstor Almendros entró en mi vida, y a partir de entonces estuvo siempre presente en mi carrera. Es muy probable que nadie haya ejercido sobre mí una influencia tan decisiva en un momento tan determinante. Tenía yo 20 años. Una ilusión tan fugaz como cualquier otra, si bien se mira.

Tengo en las manos el original del libro de memorias ‘El peso de la paja’, que Néstor leyó en plena redacción. En los márgenes aparecen sus comentarios sobre geografías, películas, sucesos parecidos en dos tiempos muy distintos: su infancia y la mía, dentro y al margen del Ensanche, respectivamente. Están ahí esas acotaciones que la muerte convierte en reliquia inapreciable. ¡Ojalá no lo fueran! Significaría que Néstor estaría dispuesto a criticar mis próximas cuartillas. Siempre lo había hecho, y no sólo desde mi primer libro: ya desde mis primeros artículos, tan lejanos. Empezó dándome consejos sobre cine, donde su sabiduría era inmensa. No tardó en pasar a la literatura. Su opinión literaria era clarividente, finísima, exenta de dogmatismo. Fue el primero que me habló de cierta novela de un joven argentino empleado en unas líneas aéreas. El joven se llamaba Manuel Puig; la novela era ‘La traición de Rita Hayworth’. Algunos integrantes del mundillo cultural –‘of all things!’- se han atribuido después este descubrimiento. Es mentira de ‘marketing’. Nadie jugó con tanto ahínco la carta de Puig como Néstor y Juan Goytisolo, cada uno desde sus dominios. Patrocinó también Néstor carreras cinematográficas, itinerarios críticos, vocaciones eclécticas. No descartaré su afición a convertirse en confidente sentimental. Demostraba un humor capaz de desdramatizarlo todo con un comentario ligero, generalmente de origen ‘camp’. De cómo tal personaje de Joan Crawford reaccionaría ante un extravío del corazón; de cómo habría solucionado tal ruptura una vieja, olvidada diva del cine italiano. Estoy hablando de un tiempo en que nuestra ortodoxia ceñía su repertorio de referencias a los férreos dogmatismos de ensayistas como Guido Aristarco o George Sadoul, a quienes Néstor solía tratar de ‘beatos’. Su desprecio por el cine pedante -lo ‘arty’- nunca le impidió realizar profundos acercamientos a los grandes autores. Precisamente el verano pasado compré en uno de los innumerables quioscos de Atenas una revista ‘yanqui’ que publicaba su artículo sobre Eisenstein, escrito con un rigor ejemplar y, como siempre, con una amplísima libertad de criterio. Paradójicamente, un cineasta tan mimado por la crítica internacional sentía un sorprendente impudor cuando veía publicado alguno de sus textos. Precisaba urgentemente una opinión, buscaba el elogio del lector con mayor ahínco que el Oscar de Hollywood. Y me está contando Gimferrer con cuánta increíble tenacidad enviaba, en plena agonía, las coiones de su último libro.

Tengo aquí fotos que Néstor me había hecho a lo largo de los años, en muchas ocasiones y en lugares distintos, pero muy especialmente las de una época tan lejana como 1965. Se trata de un grupo familiar en una casa donde ya no vivo, con unos padres que ya no tengo, y amigos que, por suerte, conservo: Pere Gimferrer, siempre fiel a Néstor; mi hermana Ana María Moix, y Vicente Molina Foix, a la sazón efebo. Todos eramos principiantes, con actividades que todavía oscilaban entre el cine y la literatura, a excepción de José Luis Guarner, otro de los fieles. La comunicación con Néstor fue instantánea; su entrega, absoluta; la nuestra, incondicional. Con los años, los antiguos amigos de Barcelona nos acostumbramos a sus dos visitas anuales, considerándolas una gran fiesta del afecto. Siempre se colaba algún aprendiz de erudito que esperaría alguna sesuda disertación sobre el cine japonés, a ser posible sin subtítulos. El pedantuelo quedaba literalmente petrificado cuando Néstor pedía ver ‘La verbena de La Paloma’, en cualquiera de sus versiones.

En aquel 1965 llevaba yo tres años siguiéndole por estos mundos. Detestaría incurrir en el autobombo si digo que fui el primer barcelonés a quien conoció recién salido de Cuba. Sólo así se explica que llegase a mostrarme impúdicamente las partes más humanas de su personalidad, en una situación desesperada. Estaba inaugurando un doble exilio: el primero, allá en los años cuarenta, llevó a su familia a la isla, huyendo de la gran noche del franquismo; el segundo, en 1962, le devolvía a la ciudad natal huyendo de la represión en Cuba (evidentemente, yo no creía entonces que represión y castrismo pudiesen ir juntos). El encuentro tuvo lugar en el estudio del fotógrafo cubano Germán Puig, otro de los grandes amigos de juventud. Néstor acababa de bajar del barco, en estado desastroso: sólo le habían permitido sacar su cámara y un par de mudas. No exagero: Germán tuvo que comprarle urgentemente un jersey en unos grandes almacenes.

Aquella noche le llevé a una fiesta singular, a la que también asistía Jaime Gil de Biedma, para quien Néstor tenía algunas cartas de presentación. Seamos sinceros: Jaime trató al ‘gusano’ con extrema dureza. Años después, en su jardín del Ampurdán, me contaba que siempre se arrepintió de aquella reacción, pero Néstor nunca pudo olvidarla. Acaso porque era el mismo trato que recibió de cuantos intelectuales izquierdistas intentó frecuentar en Barcelona. No se ha contado suficientemente que si no se quedó entonces fue debido al desprecio de la progresía local. No digo que no fuese lógico: en aquella época todos nos sentíamos capitanes. Pero también es curioso destacar que algunos se han vuelto hoy anticomunistas furibundos.

Después de aquel ‘party’ tan agresivo, Néstor Almendros lloró mucho, y lloró por partida doble. Eran las fiestas de la Merced, y la ciudad mostrábase particularmente engañosa: un encanto de ciudad, parecía. Caminamos durante horas por todos los rincones que servían a Néstor para recobrar su imagen de adolescente, a través de las pequeñas cosas, los cines conocidos, los antiguos programas dobles. Al dolor de dos exilios se añadía la tragedia de un pasado imposible de recobrar.

Fascinado por el personaje, seducido por su aureola romántica, y adivinando en su desarraigo el mío propio en un futuro, le seguí hasta París. Entre los intelectuales y profesionales ‘highbrow’ de aquella ciudad también estaba de moda ‘la revolución cubana’, de manera que los desprecios fueron los mismos que en Barcelona, hasta que llegó Jeanine Rouch, y muy especialmente Juan Goytisolo, para quien Néstor siempre tuvo palabras de reconocimiento. Pasar de la pobreza absoluta, de ser tratado constantemente de ‘gusano’, hasta afirmar su talento en obras de Rohmer, Rouch o Truffaut, implica un itinerario que pertenece a la historia del gran cine europeo. Pero sigue importando a mi homenaje todo cuanto Néstor aportó a mi propia historia, más pequeña.

Cientos de confidencias escapan ahora a borbotones, y una vez más Néstor Almendros dirige el baile. Lo que aprendimos de él en aquella época tenía un valor incalculable. Una simple postal, enviada desde cualquier rincón del mundo, contenía un mensaje que servía a mis intereses culturales. Era la búsqueda constante, potenciada por alguien que podía acercarme al mismo tiempo a Balzac y a Robbe Grillet, a Dziga Vertov y a Minnelli, a la luz de Vermeer y a las pinturas pop de Liechenstein y Warhol. Era como una cámara que arrancase a la realidad sus secretos más preciosos para restituírnosla, convenientemente enriquecida.

Pere Gimferrer siempre dijo que Néstor era entrañable. Es rigurosamente cierto. Tenía algo del experimentador constante mezclado con la inefable ternura de una ‘tieta’ barcelonesa. No le hubiera disgustado esta comparación. Él mismo se las hacía de parecido signo, como aquel día en que, teniendo al islam literalmente metido en la alcoba, introdujo a Israel en la habitación vecina. Solía decir, con su delicioso humor, que se encontraba igual que Claudette Colbert: "Entre dos banderas".

Nunca me cansaré de agradecer a Néstor Almendros que llegase a mi juventud para dominar mi primer aprendizaje. Me enseñó a leer la gran literatura y a ver el cine -tanto el grande como el ínfimo- con mirada distinta. A pocos como a él podría yo aplicar aquel fragmento sublime de la ‘Commedia’, en que Dante expresa su reconocimiento a Virgilio: "Tu se’ lo mio maestro e ‘l mio autore...". Es uno de mis fragmentos preferidos, pero acaso resulte improcedente hablar de alguien tan moderno desde la compleja geometría de un infierno medieval. Es una pena que no exista ya aquella productora del leoncito, la que presumía de tener más estrellas que el propio cielo. Éste y no otro habría sido el lugar adecuado para una presunta eternidad de Néstor, discutiendo con Paul Hesse o Clarence Sinclair Bull sobre el ángulo más fotogénico de la reverenciada Marlene. Polémica a que no habría lugar si Néstor se hubiese decidido a hacer su autorretrato. Todos sus ángulos fueron irreprochables.

1992/03/04

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | EL CINEASTA NÉSTOR ALMENDROS MUERE EN NUEVA YORK VÍCTIMA DEL SIDA

El cineasta Néstor Almendros muere en Nueva York víctima del sida.
Su ingente obra fotográfica le convierte en un hombre fundamental del cine contemporáneo.
Ángel Fernández-Santos | El País, 1992-03-04
https://elpais.com/diario/1992/03/05/cultura/699750001_850215.html 

A primeras horas de la mañana de ayer murió, a los 61 años, en su casa de la avenida Broadway de Nueva York, el fotógrafo y cineasta Néstor Almendros. Nació en Barcelona en 1930 y se exilió del franquismo a Cuba en 1948, de donde, a su vez, volvió a exiliarse del castrismo en 1961. Fotografió famosas películas en Francia y EE UU, donde ganó un oscar en 1979 por 'Días del cielo'. Almendros contrajo el sida hace año y medio. Su estado se agravó durante el rodaje de 'Billy Bathgate,' su último filme, y fue internado en un hospital neoyoquino, de donde salió hace tres semanas en situación preagónica. Sus amigos mantuvieron reserva sobre su enfermedad. Con Almendros desaparece una mirada irreemplazable del cine contemporáneo.

Néstor Almendros vivió sus primeras experiencias del cine durante su niñez y adolescencia barcelonesas. Dijo hace pocos meses a este periódico: "El descubrimiento del cine fue el inicio de mi vida. En los años cuarenta, en Barcelona, el cine era uno de los pocos escapes de una realidad asfixiante. Mi padre estaba exiliado en Cuba y mi madre solía llevarme al cine". Su vocación se asentaría durante los años del exilio cubano y alcanzaría la plenitud, primero en Nueva York, más tarde en París y finalmente en Hollywood.Trabajos de plenitud son ya los que Almendros llevó a cabo, todavía muy joven, con cineastas de la ‘nueva ola’ de los años 60 en Francia, en especial con François Truffaut y Eric Rohmer. Baste con recordar ‘Diario de Adele H.’ y ‘Mi noche con Maud’ para percibir su talla como hombre de cine. Su vasta carrera se prolongó a lo largo de una filmografía plagada de aciertos. Fue hombre de altísima cotización en la industria internacional, lo que en parte explica su ausencia del cine español, donde intervino en el filme ‘Tuset Street’, dirigido por Luis Marquina en 1968 y trabajó con Vicente Aranda en 1976 en ‘Cambio de sexo’. Aranda supo de la muerte del director de fotografia por este diario. "Me he quedado helado, no sé qué decir, su muerte me afecta muchísimo".

Se dice de él que se comportaba como un purista. No admitía injerencias arbitrarias ni comercialismos. En cierta ocasión, cuando presentó su libro ‘Días de un cámara’ en el festival de San Sebastián de 1982, exclamó en una entrevista filmada para una cadena de televisión: "Por favor, no me filméis con un gran angular. Va contra mi moral".

Esta frase ha quedado entre los axiomas de la pureza cinematográfica: la expulsión de la elaboración de una imagen de todo truco y de cualquier facilidad. Almendros se enfrentaba con los problemas de la creación de una imagen desde la máxima exigencia estética y su arte era una combinación infrecuente de exquisitez y eficacia: una delicada y armónica relación entre verdad, dramatismo y plasticidad que Ie convirtió en uno de los grandes creadores de luz de nuestro tiempo. "Quiero iluminar el fuego con el fuego", dijo una vez. Alguien dijo de él: "Pinta la verdad con la cámara.

Luz y lucidez

En el momento de su muerte, en su casa del Broadway neoyorquino, acompañaba al cineasta un enfermero llamado Wayde Binder, informa desde Nueva York Emma Roig. Poco antes de morir, Almendros le dijo que deseaba que sus cenizas "fueran llevadas a España y esparcidas en un lugar de los alrededores de Barcelona". La noche anterior a su muerte el cineasta habló con plena lucidez con varios amigos, con quienes mantuvo conversaciones en las que evocó su niñez y su juventud. Con anterioridad, dijo que se sentía cansado de vivir en Nueva York y que deseaba volver a sus orígenes, a Barcelona, donde vive su madre.Uno de los amigos del cineasta relató ayer que "durante el rodaje de su última película, ‘Billy Bathgate’, dirigida por Robert Benton, Almendros tuvo serios problemas. Padeció una gripe muy fuerte, pero llevó la película hasta el final. Fue entonces cuando me dijo que había perdido peso, pero nunca sentí que me ocultara nada. Creo que no sabía lo que le ocurria".

"De la última persona que habría pensado que podría contraer el sida era de él", añade, "pues no era promiscuo y no hacía vida sexual. Era un hombre sano a sus 61 años. Estaba muy concienciado con el tema del sida después de la muerte de Rock Hudson, al que conoció mucho; y sobre todo después del suicidio de su amigo Reinaldo Arenas. Me consta que esto le afectó profundamente".

"Anteayer", prosigue, "me llamó un amigo común desde Nueva York y me dijo que Néstor se estaba muriendo. Llamé a Guillermo Cabrera Infante, cuya mujer me confirmó que, en efecto, Néstor se moría. No puedo decir por qué ha mantenido con tanta reserva su enfermedad. Me cuentan desde Nueva York que en sus últimos días ya casi no podía hablar".

Sin embargo, pocas horas antes de su muerte, Néstor Almendros despertó de su agonía y habló largamente. Sabía que se despedía del mundo.

La luz tropical.
Roger Salas | El País, 1992-03-04

https://elpais.com/diario/1992/03/05/cultura/699750002_850215.html

El que se fue esta vez era un maestro de la luz. Y esto lo aprendió como una respuesta orgánica de verdadero artista al mensaje solar de sus dos tierras: el suave pero intenso resplandor mediterráneo de Barcelona y el cegador mediodía tropical de La Habana, la ciudad de la isla de Cuba donde cristalizó su oficio y desde donde saltó a las grandes producciones europeas y las norteamericanas. Allí, en el bullicio caribeño que siempre amó y defendió, dejó una leyenda que ni la distancia, ni los años ni el silencio político lograron mitigar: los cinéfilos cubanos de una generación que le conoció y otra posterior que le imaginaba triunfante por el mundo, seguían paso a paso su carrera.

Néstor Almendros, haciendo gala de un amable pero firme sentido de la armonía, se negaba rotundamente a las sofisticaciones del oficio, y esto no era nuevo en él. Siempre directo en el verbo cuando escribía o daba una clase, y con el ojo cuando operaba detrás de la cámara, dio una lección magistral de lo que debía ser el fotograma, de lo que cabía allí dentro y de la luz que debía dibujarlo.

En esto tiene un papel que nada ni nadie podrá negarle, y que fue su caballo de batalla estético desde los tiempos fundacionales de la escuela cubana de cine a finales de los años cuarenta. Una labor que le hizo verdadero pionero de la escuela documental habanera que inició a su regreso a la isla después de la caída de Fulgencio Batista.

Ya en aquellos tiempos, le declaró la guerra a los ‘spotlights’ y ‘track lights’, y los consideraba, según sus propias palabras, "un disparate de luces que acentúan todos los defectos".

Puede que sea por eso por lo que todas las estrellas le adoraban hasta el punto de que el mundillo de Hollywood comentaba que no había mejor argumento para convencer a una estrella que decirle que en el proyecto que se le ofrecía el fotógrafo sería Almendros. Nadie se resistía.

Desde sus primeras obras de ficción en 8 milímetros con Tomás Gutiérrez Alea (‘Una confusión cotidiana’, un experimento basado en Kafka en 1949) hasta ‘Gente en la Playa’ (1961), hecho a contracorriente sólo con luz natural, Almendros demostró un magisterio que tenía mucho de humanista; un ingrediente que le hacía un apasionado del retrato fijo o en movimiento, y que él mismo reconocía que le venía dado por Herminio, su padre, un pedagogo y escritor que le precedió en la emigración americana y que jugó un papel decisivo en su formación intelectual. Con él, siendo niño, aprendió a amar a Caravaggio, Rembrandt y Goya, a quienes mencionaba como sus fuentes a la hora del "ejercicio más excitante y variado: iluminar un rostro".

Y TAMBIÉN...
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El COOB le encargó la fotografía del filme sobre los JJ OO.
El País, 1992-03-04

https://elpais.com/diario/1992/03/05/cultura/699750003_850215.html
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Adiós al amigo con la cámara.
Guillermo Cabrera Infante | El País, 1992-03-05

https://elpais.com/diario/1992/03/06/cultura/699836415_850215.html
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Encuadre con filólogo.
Román Gubern | El País, 1992-03-05

https://elpais.com/diario/1992/03/06/cultura/699836414_850215.html

1990/07/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MANUEL PUIG

Manuel Puig.
Juan Goytisolo | El País, 1990-07-26

https://elpais.com/diario/1990/07/27/opinion/649029609_850215.html 

A mediados de los sesenta, cuando ejercía mis modestas funciones de lector de español en la editorial Gallimard, recibí una visita del cineasta Néstor Almendros. Llevaba bajo el brazo un manuscrito dactilografiado y lo puso en mis manos diciendo: "Es la novela de un amigo argentino que trabaja de ‘steward’ en Air France. Leéla. Estoy seguro de que te gustará". Néstor, como siempre, tenía razón. Pocas veces en mi vida he calado en un texto literario de un desconocido con tanta sorpresa y delicia. Al cabo de la lectura, tenía el pleno convencimiento de hallarme ante un auténtico novelista, atrapado, como lector, en las redes de un mundo originalísimo y personal. Escribí inmediatamente a su autor para comunicarle mi opinión y darle la buena nueva de que Gallimard editaría el libro. Pero éste planteaba un problema: el título. Manuel Puig -que luego destacaría en la elección de títulos brillantes y a veces geniales- había confiado el manuscrito a Néstor con una docena de ellos, provisionales y de escasa enjundia. En su respuesta a mis líneas -que, desdichadamente, no conservo-, el novelista me resumía la educación sentimental de su protagonista y mencionaba la impresión causada en él por "la traición de Rita Hayworth". La frase me cautivó: tal era, debía ser, el título. Así éste fue obra de Manuel Puig, pero su descubrímiento mío.

Una vez firmado el contrato de la edición francesa, aproveché uno de mis viajes a Barcelona para llevar la novela a Carlos Barral. "Te traigo aquí el próximo premio Biblioteca Breve", le dije. La cara de Barral, de ordinario más amena, expresó el semblante desapacible de quien acaba de recibir una mala noticia. Su actitud -el escasísimo entusiasmo de mi hallazgo- se aclaró semanas más tarde a raíz de la concesión del premio. Por el testimonio escrito u oral de tres miembros del jurado, supe que la novela de Manuel Puig había resultado victoriosa en las votaciones, pero la oposición encarnizada de Barral y su amenaza de liquidar el premio lograron imponer a la fuerza a su candidato -un autor, por otra parte, muy estimable-, a quien por lo visto había otorgado el galardón previamente. Ante la magnitud de la alcaldada, mi hermano Luis dimitió del jurado. ‘La traición de Rita Hayworth’ no fue premiada y, lo que es más lamentable aún, Barral no quiso publicarla siquiera. Su impresión personal de Manuel, quien, ingenuamente, había corrido a verle a Barcelona en calidad de finalista, fue tan negativa como tajante. Con su probado olfato literario, decidió que aquel argentino afeminado, vulnerable y frágil no era un escritor digno de figurar en el prestigioso catálogo de la editorial. Se publicó en Buenos Aires, en donde obtuvo el éxito que merecía.

Pese a la excelente acogida de sus primeras novelas por parte del público y la crítica, los sinsabores político-literarios de Manuel no cesaron. En una época en la que la imagen de Latinoamérica como un continente en lucha convertía plumas en metralletas y a los escritores en portavoces de la revolución en marcha, una figura y obra como las suyas suscitaban recelo, desdén y rechazo. La ex compañera de Julio Cortázar vetó la publicación de ‘El beso de la mujer araña’ en Gallimard porque dañaba sin duda la consabida imagen del militante ‘machista-leninista’ al presentarlo enternecido y cautivado por las artes de Sherezada cinematográfica de su compañero de celda apolítico y homosexual. Desde los mismos supuestos moralizadores y sectarios otras editoriales europeas de izquierda siguieron su ejemplo. Con todo, el error no podía ser más grosero. Del mismo modo que los poemas sobre la guerra civil del menos politizado de nuestros poetas del 36 -me refiero a Luis Cernuda y a sus admirables ‘Elegías españolas’- son los únicos que pueden leerse hoy con emoción en virtud de su hondura y distanciamiento, Manuel Puig es el autor de las mejores novelas políticas de la década de los sesenta en Latinoamérica pues son obras de un escritor que desconocía otro compromiso que el que había contraído con la escritura y consigo mismo. ‘Pubis angelical’ y ‘El beso de la mujer araña’ reflejan con una penetración y rigor moral ejemplares el sistema de terror impuesto por la Junta Militar argentina y la lucha bienintencionada pero ineficaz de los grupos extremistas latinoamericanos de las pasadas décadas, grupos situados, como dijo Octavio Paz, "en las afueras de la realidad". Comparémoslas con ‘El libro de Manuel’ o cualquier obra políticamente comprometida y advertiremos la diferencia entre quien acertó en el clavo y quien se espachurró literariamente los dedos.

Este apoliticismo aparente de Puig -condenado entonces por la mayoría bienpensante de sus colegas- le evitó no obstante caer en la trampa de quienes celebraron el retorno de Perón como un primer paso indispensable al triunfo de la revolución en Argentina. Recuerdo sus comentarios a un artículo sobre el tema publicado en ‘Le Monde’ por uno de sus colegas: "Mis paisanos están locos. ¿Cómo puede haberse vuelto de izquierdas un señor que se ha pasado 20 años en la España de Franco leyendo el ‘Abc’ todos los días?". Su elemental sentido común le permitía ver lo evidente. Como sabemos, el retorno del General a Buenos Aires no consagró el triunfo de Marx sino el de Valle-Inclán y su visión esperpéntica de la historia: meses después de este magno acontecimiento, Argentina era gobernada por una ex cabaretera y un astrólogo.

Una nueva prueba de la inteligencia e integridad de Puig la tuve la última vez que le vi, a fines de mayo o primeros de junio de 1982. Yo estaba en Berlín, disfrutando de una beca de la DAAD y él había venido a participar en las festividades de Horizonte 82, centradas en torno a Latinoamérica. Era el momento de la guerra de las Malvinas y la colonia de exiliados argentinos y otros países hispanohablantes había redactado un manifiesto de condena del imperialismo inglés y su agresión a una nación hermana. Recuerdo que cuando me presentaron el documento me negué rotundamente a firmarlo. Tanto cuanto el golpe fascista contra Makarios y su consiguiente amenaza a la población turcochipriota provocó la intervención militar de Ankara y la caída del siniestro régimen de los coroneles griegos, tanto más la aventura descabelleda de los militares argentinos en las Malvinas y el envío de la Armada británica iban a originar el desplome de la sangrienta Junta de Buenos Aires. La previsible derrota de los espadones era una bendición para sus compatriotas, pues debía liberarles de su yugo e imponer el retorno a la democracia. Algo tan sencillo y claro no cabía, sin embargo, en la cabeza de muchos obnubilados patriotas: uno tras otro se sucedían en la tribuna de Horizonte como en un púlpito o barricada desde los que sus voces de patria o muerte (sin que ninguno de quienes las proferían se enfrentara, que yo sepa, a tan terrible dilema) arrancaban salvas de aplausos. Llegó el turno de Manuel con las inevitables preguntas sobre la guerra. Adoptó con humor un tono entre familiar y comedido, sabia mezcla de comadre de pueblo y de alumna del Sagrado Corazón: "¿Qué son las Malvinas? Cuatro islas desiertas que descubrió un barco inglés que, por puro capricho, plantó su bandera en ellas y allí se quedaron los marinos con unas cuantas ovejas y nada más. Pero, como en Argentina nos han dicho siempre que las islas son nuestras, las cantamos en nuestros himnos y escuelas y todos tenemos una prima que se llama Malvina, nos lo hemos creído de verdad y las hemos liberado. Pero esa mistress Thatcher, tan antipática ella, no ha comprendido nuestros sentimientos y ha enviado su flota. ¿Qué va a pasar? Yo no lo sé. Pero una vecina mía que, como yo, tampoco entiende nada de política, me dijo: "Eso de recuperar las islas me parece bien; pero si los militares tienen éxito, creo que se quedarán en el poder no 10 sino 200 años". Un silencio incómodo premió sus palabras. Manuel no podía haber dicho mejor cuanto había que decir y, después de tanta retórica huera, su ironía y honestidad me encantaron.

En la hora de su muerte quiero recordar así no sólo al gran escritor que fue sino también al tenaz defensor de los derechos de las mujeres y homosexuales en un mundo ferozmente machista y a quien, con entereza y dignidad, supo discernir y captar la realidad a pesar de las brumas del miedo y las vendas en los ojos de las ideologías.

1988/02/24

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | NÉSTOR ALMENDROS: "QUIERO SABER QUÉ DIRÁ FIDEL DE MÍ DESPUÉS DE ESTA PELÍCULA"

Néstor Almendros: "Quiero saber qué dirá Fidel de mí después de esta película".
El director de fotografía ha realizado un documental sobre las cárceles en Cuba.
Fietta Jarque | El País, 1988-02-24
https://elpais.com/diario/1988/02/25/cultura/572742004_850215.html 

El largometraje documental ‘Nadie escuchaba’, del director de fotografía Néstor Almendros, fue terminado hace unos días y, por el momento, sólo hay dos copias. Una de ellas se exhibe en un cine en Miami y otra viaja con Almendros para conseguir ser distribuida en cines, festivales o televisiones europeos y recaudar fondos. Después del documental ‘Conducta impropia’, sobre el trato a los homosexuales en la Cuba de Castro, Almendros aborda con mayor rigor el tema de las prisiones cubanas. Según Néstor Almendros, esta película es una provocación, y dice: "Quiero saber qué dirá Fidel de mí después de esta película".

La película ‘Nadie escuchaba’ fue exhibida ayer en un pase privado en Madrid. Néstor Almendros, uno de los directores de fotografía más cotizados internacionalmente, llegó con la copia en un maletín y explicaba en voz alta algunas partes de la película presentada en su versión en inglés. Se trata de la segunda vez que Almendros dirige una película, y en ésta también el blanco de su crítica es el régimen de Fidel Castro en Cuba. La anterior, ‘Conducta impropia’, fue emitida por TVE en 1985. En ella trataba la represión a la homosexualidad en la Cuba de Castro. La película suscitó una viva polémica internacional y se le criticó, entre otras cosas, que se refiriera a una situación ya ‘rectificada’ en ese sentido.

"Después de ‘Conducta impropia’ pensé que no iba a volver a hacer otra película sobre el tema, que ya estaba bien", dice Almendros. "Pero después resulta que hubo un simposio en París, en 1986, al que asistieron Yves Montand, Jean François Revel, Semprún y otros. En él iban a testificar durante tres días personas que habían estado presas en Cuba, y pregunté si alguien iba a cubrir este acto. Me dijeron que sí, que lo haría la televisión, los informativos, pero de manera parcial. Yo pensé que se trataba de un hecho histórico que se debía registrar. Llamé a la empresa japonesa Fuji, les expliqué que se trataba de un asunto de derechos humanos y me regalaron tres horas de película".

"Después puse a Kodak contra Fuji, y me regalaron otras tres horas de película. Conseguí también las cámaras y el laboratorio gratis, los polacos exiliados de Solidaridad me ayudaron a utilizar el equipo y entonces me salió gratis todo. Este material yo no sabía qué hacer con él, porque era muy aburrido. La gente leyendo no resulta muy amena. Se lo di a Jorge Ulla, que es un amigo mío cineasta cubano que vive en Nueva York; él lo montó y sacó cuarenta minutos bastante interesantes. Cuando proyectamos estos cuarenta minutos nos dimos cuenta que allí había un embrión de película, pero que había que ampliarla porque aquello sólo era una lata por sí misma".

Situación superada
De ‘Conducta impropia’ se dijo que reflejaba una situación que había sido superada. "Precisamente por eso esta película hemos querido ponerla al día. Está al día, no hay nada que haya envejecido en la película. Ricardo Bofill, quien lucha por el respeto a los derechos humanos en Cuba, está como en la película; Ariel Hidalgo, que es el marxista preso, todavía está en prisión".

"En Cuba lo saben todo. Yo estoy casi seguro que la liberación de Martín Pérez, el preso que ha estado mayor cantidad de años en la cárcel cubana, fue por nosotros, porque sabía que habíamos entrevistado a la hija", dice Almendros.

"Esta es una película mucho más directa que ‘Conducta impropia’, que se iba un poco por las ramas. Ésta tiene una línea que es el presidio político, y el guión se sustenta en los treinta puntos de la Declaración de los Derechos Humanos. Nosotros nos basamos en esto: qué es lo que Cuba no cumple. La mayoría de los entrevistados han sido antes enemigos del régimen de Batista y habían peleado contra él".

Para Almendros, ‘Conducta impropia’ cumplió un objetivo, y ‘Nadie escuchaba’ tiene también un fin específico, que es sensibilizar a la opinión internacional sobre esta situación. "Estas cosas no son inútiles. Por ejemplo, ‘Conducta impropia’ fue criticada por ellos [el régimen cubano], pero al mismo tiempo hay una ganancia. Ellos ya reconocieron que en un momento dado se hizo una injusticia con los homosexuales y la situación ha cambiado".

Una provocación.

Fietta Jarque | El País, 1988-02-24

https://elpais.com/diario/1988/02/25/cultura/572742001_850215.html

‘Nadie escuchaba’ ha procurado ser rigurosa. Los testimonios de cerca de 30 personas que sufrieron directa o indirectamente prisión y tortura por razones políticas en Cuba se suceden en un ritmo que, pese a las casi dos horas de duración del filme, mantiene el interés. Los testimonios están intercalados por secuencias de archivo y de otros equipos de filmación, ya que a éste se le negó el permiso para rodar allá.

"Sí, esta película es una provocación", afirma Almendros. "De lo que se trata es que salgan los pobres que todavía están presos y si esto remueve un poco la conciencia de Fidel será útil. Esperamos que la película ejerza presión para que se hagan leyes más moderadas. La penalización en Cuba es terrible, es decir, que por crímenes muy pequeños la gente va meses y años presos. Castro siempre ha tenido muy en cuenta la opinión que el mundo ha tenido de él. Quisiera saber qué va a decir de mí después de esta película".

Amplio espectro

"Las críticas que se le hicieron a ‘Conducta impropia’ me fueron muy útiles porque yo me he basado en ellas para refutarlas con ésta. Aquí, por ejemplo, está todo el espectro político del exilio. Están desde los ‘batistianos’ hasta los comunistas, claro que se hace hincapié en los demócratas. La gente que tiene mentalidad liberal, que son la mayoría dentro de la película. También se ha tratado de que la situación esté lo más actualizada posible", dice Almendros.

Almendros no se explica por qué sigue siendo inaceptable para muchos plantearse la veracidad de un documento como éste. "No sé, será la ceguera de la gente que tiene fe en algo. La película no pretende ser objetiva pero sí tiene la intención de ser sincera y honesta. La gente no miente en sus testimonios. Yo no sé por qué, pero sé que Castro tiene cada vez menos seguidores. En la última reunión de Ginebra faltó un voto para que se vetara a Cuba, todos los países europeos votaron contra él, países serios, democráticos y algunos socialistas. Fidel Castro está a la defensiva, ya no está al ataque. El que se haya podido entrevistar a Ricardo Bofill por la calle es un síntoma de debilidad. Hace cinco años Bofill no hubiera durado ni tres minutos, lo hubieran fusilado".

Y TAMBIÉN...
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El disidente Ricardo Bofill se marcha de Cuba.
Antonio Caño | El País, 1988-10-01

https://elpais.com/diario/1988/10/02/internacional/591750021_850215.html

1985/05/11

DOCUMENTACIÓN | OPINIÓN | NÉSTOR ALMENDROS: CUBA Y LOS HOMOSEXUALES

Cuba y los homosexuales.
Néstor Almendros | El País, 1985-05-11

https://elpais.com/diario/1985/05/12/opinion/484696802_850215.html 

El artículo de Diego Galán en la sección ‘Visto/Oído’ sobre nuestra película ‘Conducta impropia’ (26 de marzo [i.e. abril] de 1985) contiene no pocas inexactitudes que quisiéramos señalar a su atención. La persecución de los homosexuales en Cuba ‘no’ terminó en 1967, como asegura. A los campos de concentración de las UMAP en la década de los sesenta se sucedieron los no menos siniestros campos de ‘reeducación’ y las cárceles correctivas de la década de los setenta. Fue a raíz del mal llamado Congreso de Educación y Cultura, de abril de 1971, en que precisamente se codificó de manera definitiva en Cuba una de las legislaciones más homofóbicas del mundo. Hay en nuestra película extractos de estas leyes, todavía vigentes, con varios testimonios en esta segunda etapa represiva, que culmina en 1980. Fue entonces, durante el gran éxodo de refugiados políticos del Mariel, en que, en un caso quizá único en la historia, fueron deportados millares de homosexuales hacia las costas de Florida, mezclados entre 130.000 ‘boat people’. Esta solución final del ‘problema homosexual’ está documentada en ‘Conducta impropia’ a través de los testimonios del peluquero Luis Lazo y del travestido Caracol. Pero Diego Galán prefiere ignorar olímpicamente esta parte de nuestro filme, y se hace así eco de la posición oficial de Cuba hacia el asunto. En fin de cuentas, negarlo todo -en relación con la enormidad de lo sucedido- no era realmente posible. De ahí una estrategia de desinformación. Había que dar una impresión de honestidad, de ‘fair play’. Era conveniente reconocer ciertos errores del principio, que habrían de ser prontamente corregidos por el Gobierno revolucionario. La línea general elaborada en La Habana, y seguida muy de cerca por Galán (véase artículo en el resumen semanal del periódico oficial ‘Gramma’, La Habana, 1 de octubre de 1984), es que si errores hubo, éstos debían de ser imputados no al Gobierno de Castro, sino "al machismo heredado de la cultura española". Ahora bien, si se compara el viejo Código de Defensa Social cubano, de 1938, con el más reciente Código Penal, de 1979, se podrá comprobar que las leyes de escándalo público, que son las que se refieren más particularmente a los homosexuales, no solamente no fueron abolidas, sino que fueron corregidas y aumentadas con mayores penas por el nuevo Gobierno de Castro.

Diego Galán lamenta que el documental no recoja declaraciones de homosexuales que todavía hoy viven en Cuba. ¡Qué más hubiésemos deseado! ¿Ignora acaso que nosotros, los realizadores de ‘Conducta impropia’, como todos los exiliados, somos calificados en Cuba de ‘gusanos’ o escoria por el Gobierno, es decir, que carecemos de todos los derechos? ¿Cree sinceramente el señor Galán que de haber propuesto nuestro proyecto de filme al Instituto del Cine Cubano (ICAIC) se nos hubiesen concedido los necesarios permisos de rodaje?

Nuestra encuesta sobre la persecución de los homosexuales en Cuba es, en efecto, uno de los ejes en que gira la película, porque nos sirvió, por lo absurda y cruel, de metáfora general sobre el carácter retrógrado y alienado del régimen de Castro. Sin embargo, no es éste el único tema que abordamos en nuestra película. Diego Galán rehúye comentar en su crítica otro tema fundamental denunciado por nosotros: el de la libertad de expresión., el de la libertad del escritor. Los registros de la policía de la Seguridad del Estado hacen desaparecer los manuscritos escondidos por Reinaldo Arenas bajo las tejas de su casa; las cárceles encierran nada menos que cinco años a René Ariza por el crimen de haber intentado (y no logrado) enviar sus manuscritos disidentes al extranjero. A pesar de las similitudes de estas técnicas con las practicadas en la España de Franco, esto no parece inquietar en lo más mínimo al comentarista de ‘Visto/Oído’ en su periódico.

La abrumadora enumeración que hace Armando Valladares de las cárceles infantiles en Cuba, así como su recuento de la historia del niño Robertico, le parece a Diego Galán de carácter ‘folletinesco’. Parafraseando a Picasso cuando declaró a los alemanes que ocupaban Francia: "No fui yo, sino ustedes, quienes crearon Guernica", podríamos decir que es el militarismo seudorrevolucionario que mal gobierna a Cuba el verdadero autor de las monstruosidades que denuncia ‘Conducta impropia’.

Y TAMBIÉN…
'Conducta impropia'
Cartas al Director | El País, 1985-04-30

https://elpais.com/diario/1985/05/01/opinion/483746403_850215.html
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Cuba y 'Conducta impropia'
Cartas al Director | El País, 1985-05-16

https://elpais.com/diario/1985/05/16/opinion/485042402_850215.html

MEMORIA
Expediente | Las polémicas sobre ‘Conducta impropia’ (1983-1985)
Archivo Rialta, 2022-07-19

https://rialta.org/expediente-polemicas-conducta-impropia/

1985/04/25

DOCUMENTACIÓN | OPINIÓN | "CONDUCTAS IMPROPIAS" DE DIEGO GALÁN

Conductas impropias.
Diego Galán | El País, 1985-04-25

https://elpais.com/diario/1985/04/26/radiotv/483314406_850215.html 

Néstor Almendros, reconocido director de fotografía, uno de los más consagrados en la actual industria del cine, y Orlando Jiménez Leal, mediocre director cubano en el exilio al que se debe una comedia notable, ‘El súper’, y un filme repelente, ‘Me olvidé de vivir’, con Julio Iglesias y aquellas trillizas de la televisión, realizaron un documental anticastrista de dos horas, ‘Conducta impropia’, que José-Miguel Ullán ha presentado con todos los honores en su programa ‘Tatuaje’, de TVE. En él la denuncia de la intolerancia del régimen de Castro se articula en torno a la persecución de la homosexualidad que tuvo lugar de forma directa entre 1965 y 1967, desprestigiando el movimiento revolucionario cubano en el ánimo de numerosos intelectuales europeos, aunque más tarde el Gobierno castrista reconociera haberse equivocado. En las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) los homosexuales fueron encarcelados, humillados y, más tarde, invitados al exilio. La cifra de 60.000 detenidos, que parece posible, fue la que el poeta Virgilio Piñeira confesó, asustado, a Juan Goytisolo. El movimiento revolucionario de Castro, que reestructuraba entonces las bases económicas, culturales y políticas de la isla, perdió el control en su defensa de enemigos, infiltrados y seres ‘impropios’, con esa nerviosa mezcla de improvisación de las revoluciones amenazadas y del machismo heredado de la cultura española.

El filme recoge 28 testimonios, algunos verosímiles y significativos, y otros, como el del niño Robertico, narrado por Armando Valladares, más propio de la literatura folletinesca de los melodramas seriados. Todo parece valer en el panfleto. No se recogen declaraciones de los homosexuales que hoy viven en Cuba ni de las rectificaciones que aquella persecución tuvo.

En la polémica que, tras la película, mantuvieron en el ‘Village Voice ‘Néstor Almendros y el director cubano Tomás Gutiérrez Alea (‘Memorias del subdesarrollo’, ‘La última cena’...), éste reconocía: "Los campos de trabajo donde fueron a cumplir el servicio militar una buena cantidad de homosexuales fueron un error y constituyeron un escándalo que afortunadamente culminó con su desaparición y una política de rectificación en ese sentido. Sin embargo, en el documental se habla de eso como si se tratara de algo que ocurrió ayer o de algo que sigue vigente".

Crítica global
Es ésa la trampa dialéctica de ‘Conducta impropia’. A través de una defensa de la libertad homosexual, tan necesaria en Cuba como en la mayoría de países (sigue en España vigente la ley de Peligrosidad Social, con la que, como se sabe, encarcelaron los jueces a muchos homosexuales y a otros que no lo eran pero que también adoptaron una ‘conducta impropia’), se hace una crítica global al régimen socialista de Castro. Entre declaraciones de intelectuales y homosexuales se incluyen las de otros entrevistados de menos peso. Uno de ellos, por ejemplo, asegura que los turistas no tienen libertad de movimientos en la Cuba que visitan, obligados siempre al autocar o al taxi, como si andar estuviera prohibido. Es un dato falso. En el montaje de Orlando Jiménez Leal se pierde el rigor. Que una señorita mulata se sorprenda en París de que la prostitución en Cuba sea mejor pagada por la clase dirigente, como si ello pudiera ser exclusivo del régimen de la isla, o que los travestidos que ahora viven en Nueva York denuncien sus propias relaciones homosexuales durante su estancia en La Habana, no parecen datos relevantes.

Sí lo son, en cambio, los que denuncian la intolerancia desde perspectivas más amplias (Susan Sontag, por ejemplo), al referirse al tradicional puritanismo de la izquierda, o el de Juan Goytisolo, que fecha su negativa impresión de la persecución homosexual en 1967.

La habilidad del filme -aunque es realmente torpe y esquemático en sus planteamientos dialécticos- consiste en agrupar el aplauso contra la estructura socialista cubana, es decir, en ser bien recibido incluso entre quienes perseguirían o persiguen la homosexualidad en sus propios países.

1985/04/16

DOCUMENTALES | Almendros, Néstor, & Jiménez Leal, Orlando | Conducta impropia

Almendros, Néstor, & Jiménez Leal, Orlando (Directores) (1984). Conducta impropia [Mauvaise conduite]. France 2 (FR2) ; Les Films du Losange.

Conducta impropia [Mauvaise conduite]. 1984. Francia. [TVE, 1985-04-16]. 112 min. Dirección y guion: Néstor Almendros, Orlando Jiménez Leal. Reparto: Documental, intervenciones de: Lorenzo Monreal, Luis Lazo, Rafael de Palet, Jorge Lago, Reynaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Caracol, Fidel Castro, Carlos Franqui, Martha Frayde, Juan Goytisolo, Hernero Padilla, Susan Sontag, Ana María Simo, René Ariza, Armando Valladares, Gilberto Ruiz, Jorge Ronet, Juan Abreu. France 2 (FR2) ; Les Films du Losange.

Este documental de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal trata sobre la persecución de que fueron víctimas los homosexuales e intelectuales en la Cuba castrista desde los inicios de la Revolución Cubana hasta los primeros años 80. Contiene entrevistas a personalidades relevantes de la cultura cubana y demuestra la existencia de campos de concentración para gays en la Cuba de Castro.

DOCUMENTACIÓN
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Conductas impropias.
Diego Galán | El País, 1985-04-25

https://elpais.com/diario/1985/04/26/radiotv/483314406_850215.html
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Cuba y los homosexuales.
Néstor Almendros | El País, 1985-05-11

https://elpais.com/diario/1985/05/12/opinion/484696802_850215.html
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Conducta impropia (o la realidad y el mito).
Jonás Trueba | El Mundo, 2008-09-19

https://www.elmundo.es/elmundo/2008/09/19/elvientosopladondequiere/1221808781.html

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