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2022/11/28

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA DESMEMORIA LGTBI Y LA TRANSICIÓN

La desmemoria LGTBI y la Transición.
Jordi Petit / Ximo Cádiz | El Diario, 2022-11-28

https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/opinion/desmemoria-lgtbi-transicion_129_9749922.html 

La Generalitat Valenciana ha puesto en marcha ‘L’armari de la memòria’, un interesante (y necesario) proyecto que se presenta como un archivo para recuperar la memoria e impulsar la difusión de la historia del colectivo que conformamos las personas lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales. Esta iniciativa tiene origen en la Ley valenciana 23/2018 de igualdad de las personas LGTBI. Una de las primeras grandes actividades de ‘L’armari’ ha sido la organización, en colaboración con las universidades públicas valencianas, de las jornadas “Memòries invertides” que reunió a especialistas que han investigado y reflexionado sobre la realidad LGTBI desde distintas perspectivas. Se pueden ver los vídeos de las distintas sesiones en su canal de youtube y hay que felicitar a los promotores por el alto nivel de las ponencias y la variedad de enfoques. La primera se dedicó a repasar el apasionante período de la Transición.

La tarea de los frentes de liberación gay, al final de los 70 e inicio de los 80, fue muy útil. Conseguir que en enero de 1979 salieran de las cárceles homosexuales y transexuales (entonces, para la opinión pública y las leyes, todo era lo mismo), fue un gran avance para la comunidad LGTBI de nuestro país. ¿Cuántas personas fueron excarceladas? La agencia EFE dijo 300 y la COFLHEE (Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español), afirmó que eran 700 (una cifra inventada, pues nadie tenía certeza del número). Aquella victoria de las organizaciones (de espíritu revolucionario) también coincidió con el inicio de su declive. En 1980, cuando se consiguió la legalización de las asociaciones homosexuales, se vaciaron esos frentes mientras se llenaban las pistas de baile de las discos y locales de ambiente gay lésbico. Al mismo tiempo, las mujeres transexuales quedaron a merced de la represión policial, a pesar de encabezar las manifestaciones de aquellos años y haber sido la más visible resistencia bajo el franquismo. En aquellos años fueron incomprendidas por gais y feministas y eso no cambió hasta bien avanzados los 80.

En esa primera jornada de “Memòries invertides” también se habló de la relación del activismo LGTBI con los locales de ambiente gay-lésbico, el ejemplo fue El Forat, en Alacant. La revuelta del bar Stonewall, en Nueva York, en 1969, liderada por Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera (dos mujeres trans), defendía el derecho de reunión por afinidad en respuesta al acoso policial. Aquel primer Gay Liberation Front propugnaba no conformarse con el circuito de esos locales, pero tampoco los rechazaba (como aquí se quiso interpretar). Existía una contradicción evidente: se denostaban aquellos locales (era el capitalismo) y a la vez la militancia LGTBI (también la más radical) se encontraba en esos mismos lugares. En 1969 se inició el camino por la visibilidad. Se rechazó aquello de ser personas discretas y ejemplares, sumisas al sexismo, machismo y heterosexismo. Los trabajos del Informe Kinsey (1947) y la investigación de Evelin Hooker (1957) fueron decisivos para que, finalmente, en 1973 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría dejase de considerar a la homosexualidad como enfermedad.

Por otro lado, la irrupción del VIH/SIDA supuso una urgente transformación del movimiento de liberación gay que ya estaba debilitado. La militancia, tarde o temprano, devino en voluntariado de emergencia y cuidados y hubo que inventar servicios para atender las nuevas demandas a medida que la pandemia avanzaba. Hubo muchas víctimas, pánico... mientras las fuerzas conservadoras, con Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Juan Pablo II a la cabeza, predicaban el “castigo divino” y reforzaron el estigma que todavía hoy permanece. Se soportó una doble discriminación, por el VIH-SIDA y por nuestra sexualidad, que hubo que combatir insistiendo en la prevención de las prácticas de riesgo y la solidaridad con las personas afectadas. La crisis del SIDA, las muertes, las parejas que no eran nada (desde el punto legal) en los hospitales, los contratos de alquiler, en las herencias... abrió un una nueva necesidad y así empezamos a luchar por las primeras leyes de parejas, aun sabiendo que no sería suficiente. Se aprobó la primera (ya en 1998) en Catalunya y al día siguiente empezamos a reivindicar el matrimonio igualitario. Así fuimos pasando de unos objetivos más modestos a otros más contundentes. Paso a paso, con mucha pedagogía, fuimos avanzando: la salida de las cárceles, la legalización de las asociaciones LGTB, la reivindicación de derechos, luchar contra el SIDA, el matrimonio igualitario, el cambio registral para las personas trans... Haber exigido desde el primer minuto el matrimonio igualitario (y hubo quien lo hizo) hubiera sido un error estratégico.

Sobre el momento histórico de aquellos años, en el acto que abría este ciclo, se hicieron algunas afirmaciones que, sin ser novedosas, sí nos generan cierta preocupación. Para abordar la historia del movimiento LGTBI es necesario hablar del contexto y eso nos remite a la Transición democrática. Así se dijo y es un detalle imprescindible para cualquier análisis histórico mínimamente riguroso. Y hablando de la Transición, se aprovechó para sacar a pasear el discurso que denuesta el denominado “régimen del 78”. Para empezar, se sentenció que en la historia de la España moderna-liberal se podían identificar tres momentos en los que las clases dominantes podrían haber perdido su poder en favor de las clases populares; a saber, el sexenio liberal y su revuelta cantonal; la revolución social que germinó en la zona republicana durante la Guerra Civil y, finalmente, la Transición (sic). A continuación se afirmó que “la Guerra Civil y la Transición las ganaron los mismos” (sic) así como que la española “no es una transición a la democracia” (sic) y que aquello fue, simplemente, una reforma del régimen franquista hacia una forma política homologable con el entorno europeo del final del siglo XX (sic).

Somos partidarios convencidos de la libertad de expresión, incluso de aquello que no compartimos o detestamos, pero también esperamos un mínimo de rigor (histórico) en espacios que se financian con recursos públicos y que cuentan con el aval de las universidades públicas valencianas. El revisionismo sobre la Transición desde ciertos sectores de la izquierda tiene evidentes problemas históricos, desde la perspectiva académica, y consecuencias políticas en el debate público. Sobre esto también queremos reflexionar.

La Transición no debería ser santificada ni demonizada. Analizarla desde parámetros políticos actuales solo conduce a la distorsión de su estudio. Tuvo contradicciones, perfectamente identificables y, por ello, pensar que la Transición podría haber sido, potencialmente, un momento de cambio revolucionario resulta una afirmación, como mínimo, osada.

Manuel Vázquez Montalbán escribió aquello de que fue el resultado “más que de una correlación de fuerzas, de una correlación de debilidades”. El dictador murió en la cama, pero el franquismo ya estaba en declive (en lo económico, en lo social, en lo político...) y, por otro lado, después de 40 años de represión atroz, la oposición a la dictadura tampoco tenía fuerza suficiente para iniciar una ruptura. Fruto de esas condiciones fueron las cesiones: unas Cortes franquistas que se inmolaron, la legalización del Partido Comunista, pero también aceptar continuidades en muchos ámbitos claves del país (recordemos la asunción del PCE de la bandera y la corona y la certera expresión de Santiago Carrillo sobre que el dilema real del momento no era monarquía o república, sino dictadura o democracia). Convertir aquellas cesiones de la izquierda en una derrota o claudicación supone ignorar la tensa e incierta coyuntura de entonces: el golpismo militar, el riesgo de evolucionar a una “dictablanda” (o no tan blanda), la represión policial, la persecución contra los sindicatos y los movimientos sociales, el poder opresor de la jerarquía católica, los insaciables poderes económicos, el terrorismo (de todo signo)...

La ahora criticada transición llevó a una democracia que, con todas sus limitaciones, es la misma que ha permitido a España crear un sistema de bienestar aceptable, siempre mejorable y siempre en peligro, pero que garantiza el acceso a la sanidad y la educación, que nos ha permitido conquistar (nada se regala) derechos sociales que van desde el aborto al matrimonio igualitario y, sobre todo, que nos permite elegir quien nos gobierna. Otra cosa es que cuando la ciudadanía vota, no siempre respalda aquellas opciones políticas que nos parecen que son las más adecuadas (pero esa es la esencia de la democracia). Tanto es así que, con esta denostada democracia, el mismo Pablo Iglesias ha sido vicepresidente del gobierno y hoy hay ministerios liderados por personas afiliadas al Partido Comunista.

Una parte de la izquierda ha renunciado a defender la Transición, cuando, con todos sus defectos e insuficiencias, forma parte del patrimonio político e histórico de las gentes progresistas y demócratas de nuestro país. Aún peor, con ese abandono, es la derecha quien saca pecho con la Transición cuando la asumieron a rastras y con muchas reticencias. ¿Acaso alguien puede pensar que el resultado de aquel proceso no hubiera sido peor sin la participación de las izquierdas políticas y sindicales del momento?

Volviendo a la memoria LGTBI, nos surge la duda de quién está escribiendo su historia. En la misma jornada sí hubo ejemplos de investigación y análisis con rigor; pero parece que las interpretaciones que se hacen desde los márgenes, poniendo el foco (y dando relieve) a las expresiones minoritarias del asociacionismo LGTBI son más atractivas. Hablar de la Radikal Gai o el colectivo de lesbianas LSD en Madrid o del CGB (Col·lectiu Gai de Barcelona) y, en el caso valenciano, de Gais Lliures o Granota (pequeños grupos que existieron en los 90, cuya trayectoria es respetable y admirable) es más emocionante que fijarse en aquellas entidades que hicieron un esfuerzo para organizarse, articular estrategias, trazar complicidades con partidos, sindicatos e instituciones para ampliar apoyos, siendo pragmáticas (con las contradicciones correspondientes) y, sobre todo, avanzar en las reivindicaciones consiguiendo, poco a poco, logros. Sería el caso del Col·lectiu Lambda y la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y tantas otras asociaciones en toda España. Esto también lo percibimos en la jornada inaugural de “Memòries invertides”.

No estamos planteando que se invisibilice a esas expresiones del movimiento LGTBI, pero sí nos gustaría que se prestara la debida atención a aquellas organizaciones que, sin ese ‘glamour’ de la radicalidad, contribuyeron de manera decisiva a transformar la sociedad y la vida de miles de personas LGTBI desde aquellos lejanos años 80 ¿Hay algo más radical y revolucionario que eso?

  • Jordi Petit, fue secretario general de ILGA (International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association, coordinador del Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) y cofundador de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya.
  • Ximo Cádiz, fue coordinador del Col·lectiu Lambda y secretario de organización de la FELGTB (Federación estatal de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales)

2022/02/20

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | EL ARTE QUE SALIÓ DE LA RABIA, LLENÓ LAS PAREDES Y ACABÓ CON EL SILENCIO SOBRE EL SIDA

El Diario / 'Lee mis labios' (Gran Fury, 1988), frase tomada de un discurso de Bush //

El arte que salió de la rabia, llenó las paredes y acabó con el silencio sobre el SIDA.

Andrea Galaxina publica 'Nadie miraba hacía aquí, un ensayo sobre arte y VIH' que recoge la historia del activismo artístico y de guerrilla contra esta pandemia y la estigmatización que produjo.
Ángeles Oliva | El Diario, 2022-02-20
https://www.eldiario.es/cultura/arte/arte-salio-rabia-lleno-paredes-acabo-silencio-sida_1_8762175.html

En marzo de 1986 Nueva York se llenó de carteles negros con dos palabras escritas en blanco bajo un triángulo rosa: “Silence = Death” (Silencio = Muerte). Aquella fue la primera imagen icónica del activismo antisida, que se estamparía después en camisetas, chapas y pegatinas. Y fue también una creación artística hecha de manera urgente para circular fuera de los museos, usando técnicas del arte de guerrilla para llegar a la máxima población posible.

Mientras el VIH mataba a miles de personas, la falta de acción del Gobierno, el silencio, la escasez de fondos para investigación y la falta de información, hicieron que los propios afectados por el VIH se pusieran en pie para señalar a los culpables y buscar soluciones. Una de las vías para ello fue la creación artística, con el colectivo ACT UP a la cabeza, que creó los ejemplos de arte político más radicales y relevantes de finales del siglo XX.

Andrea Galaxina (Santander, 1986) publica 'Nadie miraba hacia aquí. Un ensayo sobre VIH/SIDA' (El primer grito). Galaxina explica que “fue una crisis terrible” y muestra “cómo con estrategias alternativas como el apoyo mutuo, la autoorganización y los cuidados, se pudo hacer más vivible la vida”. “Es muy inspirador ver cómo se organizó el activismo y la producción cultural en esta crisis. Ahora que estamos en una situación de crisis de salud, de aumento de la precariedad y ascenso del fascismo, ver que en la Historia han existido fórmulas que han permitido a la gente tener vidas más dignas, es inspirador, te empodera”, señala.

El inicio de la crisis del SIDA
El 5 de junio de 1981 se publicaron los primeros casos reconocidos de VIH en una revista médica de Estados Unidos, en la que se hablaba de cinco casos de hombres homosexuales con un tipo muy poco común de neumonía y de cáncer.

Ronald Reagan llevaba seis meses en el poder y con él las políticas represivas, que buscaban desactivar los movimientos activistas que habían crecido en los años 70. El feminismo, el movimiento por los derechos civiles o el movimiento de liberación gay eran enemigos para la moral conservadora. El movimiento antiabortista adquirió una enorme fuerza en ese momento, apoyado desde la Casa Blanca. Y en paralelo, las políticas económicas fueron recortando el acceso a los recursos esenciales de las personas más vulnerables.

La homosexualidad seguía siendo ilegal en Estados Unidos. La práctica de sexo anal y oral entre adultos del mismo sexo estaba prohibida, incluso en privado, y se podía multar o encarcelar a alguien si llevaba más de tres prendas que no correspondían a su género. La homofobia y la falta de información sobre el SIDA hicieron que se criminalizara a los homosexuales y se les culpara de propagar la enfermedad. Y aunque en 1983 se descubrió que su causante era un virus, los medios señalaban dos tipos de víctimas: las inocentes, que se habían contagiado por una transfusión o durante el embarazo, y las culpables, los gais promiscuos.

Tu rabia es tu fuerza
Ante esa situación, los grupos activistas quisieron canalizar la ira para producir un movimiento transformador. El colectivo más importante fue ACT UP, que apostaba por la acción directa y la desobediencia civil y utilizaba las herramientas artísticas para realizar acciones espectaculares. “ACT UP va a tener mucha influencia —dice Andrea Galaxina—, frente a un tipo de activismo más acomodado o asistencial, propone estrategias de acción directa para transformar la realidad. La rabia canalizada a través de sus acciones provocó cambios muy importantes sobre cómo se contaba la epidemia y cómo se representaba a los enfermos”. Y también supuso cambios en los protocolos sanitarios, ya que consiguió, por ejemplo, que se incluyeran los síntomas del SIDA en las mujeres y así se las reconociera como afectadas. “ACT UP puso el VIH en la agenda y esto parte de la rabia: si no lo hace nadie, lo hacemos nosotros”, añade la investigadora.

El cartel 'Silencio=Muerte' acabó teniendo un enorme poder transformador y con él se financiaron muchas de las acciones del colectivo. “Es la obra fundamental del arte de la crisis del SIDA, su impacto excede a la propia crisis y se ha extrapolado a otras cuestiones como la homofobia o el racismo”, apunta Andrea Galaxina. La obra es anterior a la fundación de ACT UP. Fue idea de un grupo de personas que, en 1986, se reunían en Nueva York para compartir sus vivencias sobre el VIH y que decidieron pasar a la acción política y llegar a la comunidad lésbica, gay y a la población general. Todos pertenecían al mundo del arte, el diseño y la publicidad, conocían los códigos que podían funcionar y decidieron que el cartel era la herramienta. El lema llevaría encima el triángulo rosa con que los nazis marcaban a los homosexuales en los campos de exterminio. Después de imprimirlo, se dieron cuenta que el triángulo estaba al revés, apuntando hacia arriba, y eso les gustó más: daba la vuelta a la idea de víctimas y las volvía poderosas.

New Museum, un museo con una línea curatorial alternativa, encargó a ACT UP hacer un instalación en relación al SIDA para sus escaparates. Así nació el colectivo Gran Furry, que realizó una gran producción artística conectada con las acciones de ACT UP. Para el New Museum hicieron una instalación en la que volvían a conectar la idea del Holocausto con el SIDA, utilizando imágenes de los juicios de Nuremberg frente a fotos de personajes públicos que habían hecho declaraciones homófobas.

Gran Furry era un grupo de creadores con una relación muy cercana al mundo del arte institucional. Su primer encargo para realizar una obra de arte público fue en 1990 con 'Kissing doesn´t kill' (Besar no mata), que se colocó en los laterales de autobuses de muchas ciudades del país. “Recogen una iconografía presente en medio mundo, la de Benetton. Reutilizan sus imágenes de personas de diferentes razas, con ropa de colores, para criticar la mercantilización que hace del VIH una marca de ropa”, anota Andrea Galaxina. Se refiere a la campaña que la multinacional Benetton hizo con una foto de la artista Therese Frare, que fotografió el cuerpo de un activista muy enfermo rodeado de su familia, y que se convirtió en uno de los iconos de la epidemia. Gran Furry retorcían los códigos de Benetton y transmitían un mensaje directo: el SIDA no se contagia con besos.

Ni autor, ni original, ni único
Estos colectivos artísticos se sitúan dentro de una corriente en la que se cuestionaban los valores tradicionales en los que se basaba el arte occidental: la idea de autor, de originalidad, de singularidad. “ Ellos rompen con esto porque realizan obras donde no hay un autor, la autoría es colectiva. Y que se reproducen de manera infinita, que se muestran fuera de los lugares canónicos del arte. Están en la calle, en las paredes, pasan de mano en mano o están en los propios cuerpos, cuando se estampan en camisetas”, explica Andrea Galaxina. “Todo esto es también una reacción a una situación que se estaba dando en el mundo del arte en los años 80, en el que se vivía un absoluto esplendor. El dinero de la bolsa y de la especulación se invertía en arte, que se convertía en objeto de pura especulación, y este tipo de obra rompe con estas lógicas”, añade.

Gran Furry participó con un póster en una de las acciones más importantes de ACT UP. Fue en la sede central de la FDA (la agencia del Gobierno de Estados Unidos encargada de regular los medicamentos y ensayos clínicos) en 1988. La fachada del edificio se cubrió con pósteres con dos frases: “El Gobierno tiene sangre en sus manos” y “una muerte de SIDA cada media hora”, junto a huellas de manos ensangrentadas. La acción, en la que participaron todos los grupos de ACT UP del país, fue una victoria para el movimiento: el proceso para la aprobación de medicamentos se agilizó, los tratamientos se hicieron más accesibles y se empezó a incluir a personas con SIDA, personas racializadas y mujeres en los consejos asesores del Gobierno y las farmacéuticas.

La influencia de Gran Furry fue enorme. En 1990 fueron elegidos para asistir en la Bienal de Venecia y lo hicieron con una instalación en la que ponían el foco sobre el sexismo en la crisis del SIDA, los derechos reproductivos de las mujeres y el uso de condones como prevención.

En la instalación había una fotografía explícita de un pene erecto en blanco y negro con el eslogan: “El sexismo asoma su cabeza desprotegida. Hombres: usad condones o piraos. El SIDA mata a las mujeres”. Enfrente, una imagen del Papa Juan Pablo II, que había hecho declaraciones en contra del uso del preservativo. Hubo un gran escándalo y muchas quejas, incluso el presidente de la Bienal amenazó con dimitir si no retiraban la imagen del Papa. Lo que se consiguió fue una enorme visibilidad para el colectivo y para las personas con SIDA.

De enfermos a expertos
Durante los 80 y los 90 el arte activista antisida sirvió para convertir los cuerpos enfermos en cuerpos políticos. “Se produce un fenómeno inédito de transformación del paciente en experto en su enfermedad. Se ve claro en ACT UP, donde hay personas que sin venir del mundo de la medicina, se convierten de manera autodidacta en especialistas en medicamentos. Y lograron formar parte de paneles de expertos del gobierno de EEUU, de la ONU, junto a especialistas de primer rango”, explica Andrea Galaxina.

El único medicamento aprobado durante mucho tiempo para combatir el SIDA fue el AZT. Su eficacia estaba poco clara, los efectos secundarios eran muy fuertes y durante muchos años fue el medicamento más caro de la historia: costaba 10.000 dólares al año. Dos miembros de Gran Furry hicieron el cartel 'Enjoy AZT', (Disfruta AZT) jugando con el eslogan y la estética del anuncio de Coca-Cola. “Criticaban así que algo de lo que dependen las vidas de tantas personas responda a las mismas lógicas que los productos de consumo. El AZT hacía sospechar a los activistas: su uso se había aprobado muy rápido y una empresa tenía el monopolio de su explotación y podía fijar su precio”, relata Galaxina.

La estela de ACT UP llegó a España en los años 90 en colectivos madrileños como La Radical Gai y LSD, que bebían de la teoría queer y practicaban la acción directa. “Son grupos muy pequeños con poca capacidad de impacto, pero son pioneros absolutamente en traer estas ideas y formas de hacer a España. Han influido mucho en una manera de hacer activismo, son un contrarrelato del activismo más institucionalizado”, apunta Andrea Galaxina.

2021/10/03

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | SONIA RESCALVO, UN ANTES Y UN DESPUÉS EN LA LUCHA CONTRA LA TRANSFOBIA

El Diario / 'El libro de los travestis', publicado por Lib en 1978 //

Vida y asesinato de Sonia Rescalvo, un antes y un después en la lucha contra la transfobia.

Pau Rodríguez, Oriol Solé Altimira | El Diario, 2021-10-03

https://www.eldiario.es/catalunya/vida-asesinato-sonia-rescalvo-despues-lucha-transfobia_1_8358384.html

Es la madrugada del 6 de octubre de 1991. Dos mujeres transexuales duermen al raso en el parque de la Ciutadella, en Barcelona. Esa misma noche, un grupo de neonazis esparce el odio por el centro de la ciudad. En su cacería, que les conduce hasta ese recinto ajardinado, apalean a esas dos mujeres y luego a un sintecho. Una de las golpeadas, Sonia Rescalvo Zafra, muere de la brutal paliza.

El asesinato de Sonia Rescalvo, del que se cumplen este mes 30 años, supuso un antes y un después para el colectivo trans en España. Está considerado como uno de los primeros crímenes de odio de la historia del país, aunque por entonces no existiese esa figura delictiva. La rabia por su muerte sirvió de catalizador para el movimiento contra la LGTBIfobia y para que la sociedad se diese cuenta de la violencia a la que enfrentaban estas personas.

Pero todavía hoy, tres décadas después del asesinato, se conocen más detalles de su muerte que de su vida. ¿Quién fue Sonia Rescalvo? Según lo publicado hasta ahora, llegó de adolescente a Barcelona procedente de un pueblo de Cuenca y fue durante años bailarina en algunos teatros y cabarets de la Avenida Paralelo. Cuando la mataron tenía supuestamente 45 años y había caído en la indigencia. Por eso dormía en la glorieta del parque, con su compañera Dori.

Pero esta no es por supuesto toda su historia. Hay incluso algunas imprecisiones, comenzando por su edad: Sonia nació de nombre Juan José el 12 de octubre de 1956, según los informes médicos que conserva la abogada de la acusación particular en el juicio, María José Varela. Es decir, que el 6 de octubre de 1991 estaba a punto de cumplir 35 años. Murió mucho más joven de lo que se pensaba hasta ahora.

Sonia: “Muchas personas no me entienden”

Sonia llegó a la capital catalana de muy joven, eso sí, a finales de los 70. Y con suficiente confianza como para conceder durante ese período una entrevista a la revista erótica ‘Lib’. La charla se publicó en 1978 en el libro recopilatorio ‘El libro de los travestis’. Ella debía tener poco más de 20 años. Uno de esos ejemplares lo conserva en su casa Beatriz Espejo, histórica activista y presidenta del extinto Col·lectiu Transexuals de Catalunya, una asociación que se constituyó precisamente a raíz de la muerte de Sonia.

“Encontré el libro en el mercado de Sant Antoni y cuando la vi, me di cuenta de que claramente era ella. Todas [las trans] nos conocíamos en esa época”, recuerda Espejo, que tiene hoy 58 años y reconoce que no había compartido este documento con nadie.

En ese reportaje, ‘Una conversación sin prejuicios con cuatro travestis’ –cuyo texto y fotos están sin firmar–, aparece Sonia junto con otras artistas y cabareteras trans. Una de ellas es una joven Bibiana Fernández, conocida entonces en el mundo del espectáculo como Bibi Andersen. También está Angie von Pritt, artista trans que se dio a conocer por imitar a Bárbara Rey, y otra llamada Desirée. En la imagen principal, Sonia, de la que apenas se tenían fotografías –salvo la que aparece en su memorial en la Ciutadella–, luce una chaqueta blanca y una blusa azul a juego con el collar de perlas.

Frente a dos botellas de cerveza y dos cafés, las cuatro se prestan a charlar abiertamente sobre la transexualidad, a pesar de que por esa época todavía estaba en vigor la Ley de Peligrosidad Social con la que se les reprimía y detenía.

– Yo no me considero travesti, pues durante todo el día soy una mujer.

Así de tajante responde Sonia Rescalvo a la primera pregunta que le formula el entrevistador. Antes que ella, sus compañeras le cortan de la misma forma. Bibiana resulta incluso pedagógica: “La palabra travesti no es la indicada para llamarme a mí. Considero que nosotras estamos dentro de las transexuales, con o sin operación. Con o sin cambio de sexo. Travesti es el señor que se viste de mujer para trabajar pero durante el día lleva una vida normal de hombre. [...] Yo vivo una vida muy de mujer durante las 24 horas del día”.

A lo largo de la charla, Sonia defiende que ser trans no se decide, sino que “está dentro de la persona, es natural”. Y reconoce que se siente “bastante” marginada. “Hay momentos en los que me siento acomplejada. Muchas personas no me entienden”, añade.

En el momento de la entrevista, Sonia tenía como mucho 22 años. Cuando le preguntan cuándo comenzó a “vestirse” y “pintarse” como una mujer, responde que dos años y medio atrás. “Antes no podía, pues vivía con mis padres, y no me lo permitían”, remacha. También explica, sin dar detalles, que convive con una mujer que no es su pareja.

Todas ellas hablan de los problemas legales que sufren, de sus aspiraciones, de las amistades y puñaladas entre bailarinas trans en el mundo de los clubs y las salas eróticas, y esquivan sin demasiado éxito la pregunta sobre si se dedican también a la prostitución. “Me da un poco de vergüenza decirlo, porque eso ya pertenece a la vida privada...”, se excusa Sonia.

Sobre su futuro, esta joven veinteañera aventura: “Yo pienso dos cosas. Una es ahorrar dinero y poner un negocio. Y la otra es conseguir un rico millonario que me retire”. Pero sus deseos nunca se llegaron a cumplir.

Los años en el 'striptease' con Silvia Reyes
Que sus sueños se desvanecieron pronto lo sabe bien Silvia Reyes, conocida artista y ‘striper’ trans durante los años 70 y principios de los 80 en Barcelona. Compartió piso con Sonia Rescalvo durante cinco años. En una charla con elDiario.es, esta mujer completa parte de un puzzle sobre el que nunca le han preguntado demasiado: la vida de la que fue su amiga Sonia.

“Yo no conocí en Barcelona a una transexual que vistiera tan bien como Sonia”, arranca. Silvia le sacaba siete años. A finales de los 70, ambas compartieron una pensión, en la calle Pelai, y los escenarios de varios clubs de ‘striptease’. La Sala Río de la calle Floridablanca, el New York de la calle Escudellers... “Ella no era ni follonera ni se metía en la vida de nadie, como yo. Pero las dos personas de las que se enamoró se comportaron muy mal con ella y se llevaron su dinero”, relata. “Cuando ya estaba arruinada y no tenía nada en el banco, la abandonaron”.

Reyes viajaba a menudo a Suiza y a otros países para actuar y durante un tiempo trató de convencerla para que se fuese con ella. Pero no tuvo éxito. Sonia era muy sensible y entró rápidamente en depresión tras el fracaso de sus relaciones, lo que le empujó al consumo de droga “hasta el fin de sus días”, refiere hoy esta bailarina trans retirada. “Yo le decía que si no tenía dinero que se lo pagaba yo, pero no hubo manera”, remarca.

Durante los años 80, Reyes le perdió la pista. Sonia acabó dedicándose a la prostitución y viviendo en la calle. Hasta la noche del 6 de octubre del 91.

Ese asesinato fue el primero que asumieron los Mossos d’Esquadra, que se estaban desplegando todavía como policía en Catalunya. Al frente de las pesquisas estuvo el hoy comisario Joan Carles Molinero. Pese a que los delitos de odio todavía no estaban tipificados en el Código Penal –el agravante de discriminación no se introduciría hasta 1995–, Molinero recuerda que desde el inicio tuvieron claro que detrás de los ataques había un móvil de discriminación. “La manera tan cruel en que fueron apalizadas las tres víctimas nos mostraba que no era un robo. No tenían apenas pertenencias ni poder adquisitivo y fueron asaltadas por su condición de indigentes y transexuales”. Sonia murió por ser transexual.

El equipo de Molinero pronto enfocó la investigación hacia grupos de extrema derecha relacionados con grupos radicales deportivos. El cerco se fue estrechando hasta que uno de los atacantes, Héctor López Frutos, sin saber que tenía el teléfono de casa de sus padres pinchado, presumió de conocer a los autores del crimen en una conversación. Fue detenido cuatro meses después del asesinato junto a su hermano Isaac. Después los Mossos arrestaron a los otros cuatro atacantes, también amantes de las esvásticas y la violencia: Pere Alsina, David Perlade, Andrés Pascual y Oliver Sánchez.

Los Mossos, sobre los asesinos: “Nunca se retractaron”

De los detenidos, Molinero destaca su actitud “beligerante y prepotente”, incluso con chulería hacia los agentes. “No se retractaron en ningún momento ni mostraron arrepentimiento ni escrúpulo alguno. De hecho uno de ellos dijo que si lo tenía que volver a hacer lo haría”, asevera el comisario. Años más tarde, Oliver Sánchez mantenía la misma actitud en una entrevista desde la prisión con Jesús Quintero. La sentencia les declaró culpables y condenados a entre 9 y 26 años de cárcel.

Treinta años después de esa primera investigación por asesinato que llevaron los Mossos, el comisario Molinero celebra estar “a años luz” de lo que ocurría aquella época. No solo por los avances tecnológicos y por la protección del colectivo LGTBI, sino también por haber enterrado “la impunidad” con la que se movían por las ciudades españoles grupos extremistas como el que asesinó a Sonia. “El caso creó un precedente en el ámbito policial, social y jurídico”, resalta.

Durante el juicio, celebrado en 1993, se personó como acusación el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) y la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya, que lograron el apoyo de entidades vecinales, sindicales y sociales de todo tipo. Desde la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) hasta CCOO y UGT, pasando por el Consejo de la Juventud. También el Ayuntamiento de Barcelona ejerció la acusación popular.

“El asesinato de Sonia es un episodio importantísimo para el movimiento LGTBI”, expresa Eugeni Rodríguez, portavoz entonces y todavía hoy del FAGC. “A raíz de ese caso, Rodríguez recuerda que la entidad abrió su primera oficina contra la discriminación para canalizar denuncias desde el activismo, lo que fue el germen del Observatorio contra la Homofobia, creado en 2008. E incluso de la pionera ley contra la homofobia que aprobó el Parlament de Catalunya en 2014.

Jordi Petit, secretario general de la Coordinadora, explica que ese brutal asesinato también hizo abrir el foco a la comunidad gay. “Estábamos muy preocupados por el VIH y el sida, lógicamente, pero se iban sucediendo agresiones de ‘skins’ que nadie denunciaba, bien porque fuese difícil de reconocer al asaltante o por miedo”, explica. Y recuerda que ya en 1979 asesinaron a un joven trans en Rentería, llamado Francis, sin que trascendiera hasta mucho después.

El Col·lectiu de Transsexuals de Catalunya
Para Beatriz Espejo, mujer transexual que por entonces ejercía la prostitución en Barcelona, la muerte de Sonia fue un despertar. Sintió por primera vez la necesidad de protestar por sus derechos. Ella se enteró del caso en la manifestación del Orgullo de junio de 1992. Por aquel entonces, el colectivo de trabajadoras sexuales trans de la ciudad tenía abierta una particular guerra con el Ayuntamiento, que las quería trasladar de las calles del Camp Nou a la Zona Franca para dejarlas fuera de la ansiada foto de los Juegos Olímpicos que se estaban a punto de celebrar.

“El activismo era complicado, porque la gente tendía a querer resolver sus problemas y ya está, pero cuando empezamos la cosa fue rodada”, recuerda Espejo. En 1992 montaron el Col·lectiu de Transexuals de Catalunya [CTC], que se reunía inicialmente en la sede del FAGC. La mayoría eran mujeres trans que ejercían la prostitución. Esta activista, hoy ya retirada de la primera línea, todavía conserva un folleto de una asamblea de la época celebrada en el bar Cangrejo, del Raval. El orden del día era: legalización del colectivo –en referencia al derecho a cambiar de nombre y sexo, que no se lograría hasta 2007–, revisar el caso Sonia –por entonces pendiente de juicio–, las agresiones a transexuales –“hablaremos de las situaciones de riesgo, de cómo prevenir las agresiones”–, y un último punto dedicado al análisis de la situación de las personas transexuales dentro de la sociedad.

“El asesinato de Sonia cambió el discurso de la prensa y las televisiones y generó cierta sensibilidad. Salió en Informe Semanal, en programas de máxima audiencia, y nos dio un apoyo que hasta entonces nunca habíamos tenido”, recuerda Espejo. “Hasta aquel momento a las transexuales solamente se nos ridiculizaba y se relativizaban las agresiones”, expresa. Y, sobre los medios de comunicación, añade: “Antes de eso usaban definiciones directamente fascistas. Hablaban de plaga de travestis, de hombres de silicona…”, denuncia esta mujer.

Espejo estuvo al frente del colectivo hasta su disolución, a finales de los 90. En Catalunya el Col·lectiu Transexuals cogió el relevo de unas organizaciones trans que no habían acabado de cuajar a finales de los 70, como ‘La pluma’. En Madrid sí se había constituido Transexualia en 1986. Con todo, el Col·lectiu que presidía Espejo convocó marchas y manifestaciones a por la igualdad de derechos y contra la discriminación. “También hacíamos campañas para prevenir el sida, elaboramos plataformas a nivel político, hacíamos galas para recaudar fondos...”, enumera.

Desde entonces, el colectivo LGTBI ha sumado victorias legislativas y de reconocimiento de derechos. La última, la ley que permite la autodeterminación de género, aprobada en 2021. Pero también en el ámbito jurídico y policial se ha avanzado. En 2009 el fiscal Miguel Ángel Aguilar fue pionero en España al poner en marcha el servicio contra los delitos de odio y discriminación de la Fiscalía de Barcelona, cuando todavía ni existían estadísticas sobre denuncias de delitos de odio.

Para el fiscal, el balance tras más de una década de lucha contra la homofobia y el resto de discriminaciones es muy positivo. Destaca por ejemplo la especialización de los cuerpos policiales contra los delitos de odio, que ha culminado en una unidad propia para combatir este tipo de delitos en los Mossos d’Esquadra, plenamente operativa desde este mes de septiembre. La Policía Nacional ha anunciado que también creará grupos de investigación similares.

¿Más agresiones o más denuncias?
Aguilar también resalta la organización del colectivo LGTBI como un factor que ha favorecido un aumento de denuncias por hechos que antes formaban parte de la “cifra sumergida” del delito, esto es, de agresiones que no se denunciaban. Este es uno de los elementos que, a criterio suyo, han hecho que en los dos o tres últimos años hayan aumentado los delitos registrados por motivos de orientación sexual: 282 en 2020, año del confinamiento, solo una menos que en 2019 y 23 más que en 2018, según datos de Interior. Pero también es posible que parte de este aumento reciente sea debido a que “afortunadamente, y como no puede ser de otra manera, las personas homosexuales ya no se esconden, y eso las hace más visibles por parte de los agresores y los intolerantes”. “Pero ello nunca debe implicar volver al armario, sino denunciar”, anima Aguilar.

Sobre eso opinan también los representantes de los distintos colectivos de la época y de hoy. “En la medida en que se percibe mayor agresividad en la sociedad, debido a la crisis o a la pandemia, los grupos más expuestos a esa violencia son los mismos: los gays, las trans, las prostitutas, o los que lo parezcan”, razona Espejo, que también señala los discursos de ultraderecha como un motor de estas agresiones.

En los 80 y a principios de los 90, recuerda Petit, eran sobre todo bandas de skins las que perpetraban los asaltos. “Duró hasta que la policía se puso a perseguirlos”, rememora. “Ahora, el problema no es tanto de violencia organizada como de espontánea. Jóvenes e incluso adolescentes que realizan agresiones”, reflexiona este veterano activista, que hace referencia al asesinato en julio de 2021 del joven Samuel Luiz. Eugeni Rodríguez, por su parte, también se ha mostrado “preocupado” y “alarmado” por el auge de denuncias que les han llegado al Observatorio.

30 años después, Silvia Reyes, que vive ahora en el Eixample de Barcelona, recuerda con cariño la época que convivió con Sonia. Y cuando le preguntan por si ambas vivieron con plenitud su identidad a pesar de los tiempos que corrían, se sorprende: “Sí, ¡pues claro! Salíamos a la calle vestidas de mujer todas”. Sin embargo, añade: “Es cierto que estuvimos perseguidas por la policía. Yo estuve en la prisión de Barcelona y el penal de Badajoz. Pero Sonia no estuvo en la cárcel”.

2021/08/05

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | CRÍTICAS POR 'HOMOFOBIA' Y 'PLUMAFOBIA' EN UN ANUNCIO DE LAS CHOCOLATINAS SNICKERS

El Diario / Aless Gibaja en el anuncio de Snickers //

Críticas por "homofobia" y "plumofobia" en un anuncio de las chocolatinas Snickers.

La formulación del spot muestra la pluma como algo no deseable y como chiste: "No hace gracia estigmatizar y reírse de la pluma. Menos aún en un verano en el que se multiplican las agresiones a personas LGTBI", ha escrito Íñigo Errejón. Tras la polémica, la compañía ha pedido "disculpas por el malentendido" y ha borrado la publicidad.
El Rastreador | El Diario, 2021-08-05
https://www.eldiario.es/rastreador/criticas-homofobia-plumofobia-anuncio-chocolatinas-snickers_132_8199168.html

Un anuncio de las barritas de chocolate Snickers ha despertado críticas en las redes sociales por "plumofobia" y "homofobia". El protagonista del spot, Aless Gibaja, pide al camarero de un chiringuito un zumo de naranja "con vitaminas a, b y c, abracitos, besitos y caricias... around the world", una expresión característica del 'influencer'. El camarero le ofrece entonces un helado de Snickers para que —según la marca— el personaje de Gibaja vuelva a ser él mismo: tras darle un bocado, ha pasado a convertirse en un hombre de voz grave y con una masculinidad normativa. "¿Mejor?", pregunta un amigo sentado a su lado. "Mejor", responde. El eslogan de la campaña es "No eres tú cuando tienes hambre".

La formulación del spot muestra la pluma como algo no deseable y como chiste. "Qué divertido ser homófobo en 2021 mientras hace un mes un grupo de chicos asesinó a golpes a un maric-n. Validar la violencia desde el privilegio y la broma os hace cómplices", ha lamentado en Twitter el periodista Rubén Serrano. El diputado y líder de Más País, Íñigo Errejón, se ha unido a las críticas expresando que no le hace gracia "estigmatizar y reírse de la pluma", menos todavía "en un verano en el que se multiplican las agresiones a personas LGTBI".

El anuncio, que ha sido borrado posteriormente por la compañía, se ha publicado en un contexto de incremento de denuncias de agresiones por parte del colectivo LGTBI. Hace una semana se detuvo a tres hombres por la agresión homófoba en grupo contra dos parejas en Barcelona. El asesinato de Samuel en A Coruña rompió el silencio en la comunidad LGTBI sobre la violencia que vive en el espacio público, donde no es poco común modificar conductas u ocultar la 'pluma' ante el temor.

El vídeo forma parte de una serie de spots que cuentan con la participación, además del propio Aless Gibaja, de Carmen Lomana y El Cejas. Todos siguen una estructura parecida, con un final en el que vuelven a ser ellos mismos cuando consumen Snickers. La moraleja es que "no eres tú cuando tienes hambre".

Después de borrar la publicidad, la empresa ha lanzado un comunicado oficial publicado en sus redes sociales en el que ha pedido disculpas "por el malentendido que haya podido causar" la campaña publicitaria. "En ningún momento se ha pretendido estigmatizar ni ofender a ninguna persona ni colectivo. En esta campaña en concreto se buscaba transmitir de una manera simpática y desenfadada que el hambre puede hacer cambiar tu carácter", ha escrito la compañía.

"De nuevo, lamentamos cualquier malentendido y, con el fin de evitar propagar un mensaje que pueda ser malinterpretado, procederemos inmediatamente a eliminar la campaña", ha insistido antes de añadir que desde la marca se toman "los derechos de igualdad e inclusión muy en serio". 
 
Y ADEMÁS...
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Snickers rectifica y retirará el anuncio tildado de homófobo.
La presión de las redes sociales ha provocado que la marca de chocolatinas Snickers retire un anuncio calificado de «homófobo». El hecho de que la campaña comercial se haya publicado en medio de una «oleada de LGTBIfobia» ha aumentado el grado de indignación.
Naiz, 2021-08-05
https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20210805/snickers-rectifica-y-retirara-el-anuncio-el-anuncio-homofobo

2020/02/22

DOCUMENTACIÓN | 23F | A LA CAZA DE MARIC*NES DE MIERDA

El intento de golpe de Estado del 23F en Valencia visto desde el cuartel.
En la división que ocupó las calles de Valencia algunos mandos salían ciertas noches de “caza” de homosexuales; la de la intentona de 1981, desplegaron a los soldados con la orden de dar el “¡alto!” y disparar a quien no hiciese caso.
Carles Marco | El Diario, 2020-02-22
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/golpe-febrero-homosexuales-ministra-defensa_1_1152171.html 

El 23 de febrero de 1981 yo era cabo primero en el Cuartel General de la División Maestrazgo 3 del Ejército de tierra en València. Allí vi y sufrí lo indecible a pesar de ser un cuartel de lujo. Porque algunos de los soldados enchufados eran de Fuerza Nueva, el partido de extrema derecha de Blas Piñar. Mis 'compañeros' captaron que yo no era de 'ellos' y me vacilaban e insultaban sin venir a cuento. Minucias para lo que vi que hacían con otros. Cada cierto tiempo, por la noche, salían con un jeep “de caza”. Un sargento, un brigada y cuatro o cinco soldados de extrema derecha recorrían las avenidas y calles donde se citaban los homosexuales. Secuestraban a unos cuantos en el jeep militar llevándolos al cuartel. Allí a la fuerza los desnudaban y les daban ostias y patadas mientras los mantenían en la ducha fría durante unos 15 minutos. “¡Maricones de mierda!”, “¡hijos de puta, os vamos a cortar los cojones!”, les decían. Tras su 'fiesta' los montaban groguis en el jeep y los tiraban por carreteras. De vuelta al cuartel, bebían mucho alcohol 'vomitando' canciones franquistas y confabulándose entre risas para la próxima “cacería”.

Un día antes del 23 de febrero nos hicieron formar con subfusiles y fusiles Cetme y avisaron de que al día siguiente tendríamos que salir para una misión importante. El 23 de febrero nos hicieron llamar en cola desde el único teléfono del patio a nuestras familias para decirles brevemente que no sabíamos cuándo volveríamos. Las órdenes eran claras: cada veinte metros tenía que haber un soldado en el puente de Aragón: a cualquier ciudadano había que darle el “¡alto!” y, si no hacía caso, disparar. Teníamos entre 19 y 24 años. Mientras tanto, en el Cuartel General de la División Maestrazgo 3 –que fue la que sacó los carros de combate a las calles de València–, los mandos y oficiales descorchaban botellas y botellas de champán. Estaban eufóricos y convencidos de que el golpe de Estado había triunfado. Ni el general de división, ni el de brigada, ni ningún coronel fue imputado. Solo el capitán general Jaime Milans del Bosch fue procesado y sentenciado a 30 años de prisión por delito de rebelión militar. Nunca se arrepintió. No obstante, solo nueve años después fue indultado y puesto en libertad. Todos los demás generales y coroneles de València que estaban en el ajo y movilizaron los carros de combate se fueron de rositas.

Por lo demás, todos los soldados éramos esclavos: allí no trabajaba ningún militar de profesión. Solo firmaban las instancias, textos, estadísticas... que nos obligaban a hacer, mientras los suboficiales, oficiales y mandos se pasaban el día en el bar. El servicio esclavista era total: los soldados les limpiaban y arreglaban sus coches particulares, les iban a casa como electricistas, fontaneros, pintores, etc. Pero más: los soldados entregábamos a los coroneles y generales en su casa el pan y las demás viandas demandadas por la mañana con el jeep del ejército. Y llevábamos de paisano las bolsas de las compras que las mujeres de estos militares hacían en El Corte Inglés. También sin avisar abrían nuestras taquillas del cuartel: tiraban libros inocentes a la basura.

El exteniente Luis Gonzalo Segura publicó hace pocos años ‘El libro negro del Ejército español’. La hoy diputada socialista Zaida Cantera, tras superar por oposición la Escala Superior de Oficiales del Ejército, no paró de denunciar el acoso que sufrían las mujeres en esa institución. Harta... la abandonó.

DOCUMENTACIÓN
Conclusiones de las Jornadas de debate "gay" en Madrid.
El País, 1981-03-23

https://elpais.com/diario/1981/03/24/sociedad/354236403_850215.html

LECTURAS
23F: ¿Qué hubiera pasado con la comunidad LGBTI española si el golpe de Estado hubiera triunfado?
Lottis, 2017-02-23

https://www.loottis.com/23f-que-hubiera-pasado-con-la-comunidad-lgbti-espanola-si-el-golpe-de-estado-hubiera-triunfado/

AUDIOVISUALES
Te quedarás ojiplático al escuchar lo que se pensaba de la homosexualidad en la España de 1981.

Respira.... respira... respira.
El HuffPost, 2017-06-28
https://www.huffingtonpost.es/2017/06/28/te-quedaras-ojiplatico-al-escuchar-lo-que-se-pensaba-de-la-homos_a_23006065/

2019/12/27

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL LIBRO QUE CUENTA UN SIGLO LARGO DE LUCHA POLÍTICA DE 'INVERTIDOS Y ROMPEPATRIAS'

El libro que cuenta un siglo largo de lucha política de “invertidos y rompepatrias”.
Luis de la Cruz | El Diario, 2019-12-27

https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/el-libro-que-cuenta-un-siglo-largo-de-lucha-politica-de-invertidos-y-rompepatrias_1_6414697.html
Recogido también por Editorial Imperdible:
https://editorialimperdible.com/2019/12/27/resena-del-libro-invertidos-y-rompepatrias-en-somosmalasana/ 

Piro Subrat ha publicado una auténtica obra de consulta sobre la homosexualidad política en la historia contemporánea. Viajamos a algunos momentos tratados en el libro, como el debate sobre el tema en la universidad de la dictadura de Primo de Rivera o la lucha política de la Transición.

VENTANA TEMPORAL 1


Durante el año 1928 salió publicado ‘Libertad de amar y derecho a morir’, del jurista socialista (luego dirigente del PSOE) Luis Jiménez de Asúa, cuyo origen hay que buscarlo en el curso que ese mismo año impartió en la Universidad Central, en la calle de san Bernardo, titulado ‘Curso de Eugenesia’, y que, al parecer, fue censurado –el Ministro de Instrucción Pública ordenó al rector que lo expedientara– y volvió a impartir en la Universidad de Murcia.

El contexto de la Dictadura de Primo de Rivera no era precisamente idóneo para hablar del tema. El Régimen había aprobado un amplio repertorio legal al respecto, basado en el de la Italia de Mussolini, y tenía como uno de sus pilares un nuevo modelo de masculinidad. Ese mismo año se prohibiría la I Conferencia Eugenésica aduciendo que sería una exhibición pornográfica.

El curso de Asúa desencadenó un intenso debate social, una pelea de gallos que se libraría entre las páginas de los diarios ‘El Debate’ (conservador) y ‘La Libertad’ (liberal) y, finalmente, en un proceso judicial en el que fueron llamados a declarar más de un centenar de personas y que acabó absolviendo al profesor.

Lo cierto es que el debate sobre la sexualidad y la homosexualidad no fue librado en estas fechas solo por el socialista. Ese mismo año se habían publicado otras obras teóricas en la misma línea y vería la luz también ‘El Ángel de Sodoma’, de Alfonso Hernández Catá, libro contra la represión de la homosexualidad.

VENTANA TEMPORAL 2

Saltamos a 1977. En un Madrid que ‘se mueve y jadea’, coinciden en la capital activista y gay el FHAR (Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, muy vinculado a la izquierda trotskista), la Coordinadora de Marginados (que aglutina a muchos grupos de orientación libertaria), la Agrupación Mercurio por la Liberación Homosexual y otros, como los grupos vinculados al PCE. Una de las personalidades de entonces que sobrevoló con su pluma el momento de eclosión e inspiró la fundación del FAHR fue el escritor y periodista Eduardo Haro Ibars, muy vinculado al barrio de Malasaña y de quien ya hemos hablado en este periódico.

Hijo del conocido periodista Eduardo Haro Tecglen, había conocido durante su estancia en Tánger a personalidades como Goytisolo, Borroughs o Francis Bacon. En 1975 había publicado ‘Gay Rock’ y seguiría apoyando la causa desde sus artículos en ‘Triunfo’ y ‘Ozono’.

La lucha contra la Ley de Peligrosidad Social, en vigor, y por los derechos de los homosexuales, alcanzaría las páginas de la prensa alternativa y política de la época, como ‘Star’, consiguiendo influir en las organizaciones políticas de la izquierda y obligándolos a posicionarse. Ese mismo año todos los grupos organizaron el primer acto político homosexual madrileño: una recogida de firmas contra la Ley de Peligrosidad Social, dentro del ámbito de la Coordinadora de Marginados.

La fuerza con que los movimientos de homosexuales irrumpen en la política de la Transición y la influencia en los posicionamientos públicos de la izquierda en la época, a veces entre lo pacato y lo directamente homófobo, podríamos rastrearla en las declaraciones del alcalde ‘enrollado’ de la Movida, Enrique Tierno Galván (comienza lo que podría ser una cercana VENTANA TEMPORAL 3)

En una entrevista a Tierno publicada por ‘Interviú’ en 1976 éste dejaba una frase muy fea: “el homosexualismo es una desviación”. El ‘viejo profesor’ era contrario a la represión pero creía que no había que publicitar la homosexualidad, que era posible corregir mediante educación. Estas declaraciones le valieron el apelativo de ‘Fray Tierno’, mote fabricado desde la publicación libertaria y contracultural ‘Ajoblanco’.

En la película ‘El diputado’, de Eloy de la Iglesia, cuyo protagonista podría estar inspirado en Raúl Morodo, número dos de Tierno en su PSP, aparece un trasunto de Tierno. Parece ser que los nervios cundieron a propósito de las cercanas elecciones municipales de 1979 y, se dice, Tierno pidió a Carrillo que mediara con de la Iglesia, que era comunista, para que se retrasara el estreno. Esto no funcionó pero la productora incluyó una advertencia: los personajes de la película eran totalmente inventados. Finalmente, toda la plana mayor de la izquierda acudió al estreno... incluido el propio Tierno, que iniciaba un acercamiento hacia la tolerancia sexual que le llevaría a hacer nuevas declaraciones sobre la homosexualidad en las que decía que “no se acordaba” de lo dicho pocos años atrás y se mostraba decididamente a favor de la causa homosexual.

Estos relatos, como muchos otros, los podemos encontrar en Invertidos y rompepatrias. Marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el Estado español (1868-1982), escrito por Piro Subrat y editado por Ed. Imperdible. Se trata de un voluminoso trabajo (casi 600 páginas) llamado a ser obra de consulta obligatoria sobre el tema por su exhaustiva recopilación. Repleto de material gráfico e información, es el trabajo de casi una década por parte de su autor, y, a través suyo, podemos conocer de qué manera los avatares de la disidencia sexual han ido surcando los acontecimientos clave de la historia contemporánea de España.

Pese a la apabullante exhibición de fuentes que apuntalan el texto, el libro hay que situarlo, según el propio autor, en el campo de la militancia. Es el mismo Piro quien lo afirma en sus notas preliminares:

Este trabajo es subjetivo, es parcial, está claramente atravesado por un sentir marica y unas ideas políticas radicales, y tiene el fin de servir y apoyar la lucha política que a día de hoy sigue llevándose a cabo contra las mismas instituciones y sistemas de opresión contra los que lucharon quienes protagonizan esta historia. Parte de la consideración de que conocer bien la historia nos ayuda a seguir luchando, a hacer autocrítica, a evitar errores, a conocer otros discursos y a construirnos unos referentes sólidos.

Una explicación radical que, seguramente, no harían la mayoría de los ‘soldados’ de la historia académica y oficial, pese a que están movidos por los mismos sesgos personales y militancias que quienes, como es el caso, publican en editoriales ‘outsiders’. Lo que importa en unos y otros casos es que sean trabajos honestos con las fuentes y este libro cumple con la premisa.

2019/06/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CHUECA, LOS ORÍGENES DEL BARRIO ARCOÍRIS DE MADRID

Chueca, los orígenes del barrio arcoíris de Madrid.
La serie documental “Nosotrxs Somos” repasa los orígenes de Chueca como barrio rosa. Todo un referente para el colectivo LGTBI a nivel internacional que algunos miran con nostalgia.
Somos Chueca | El Diario, 2019-06-05
https://www.eldiario.es/madrid/somos/chueca/chueca-los-origenes-del-barrio-arcoiris-de-madrid_1_6416971.html 

Cuando queda menos de un mes para la celebración del Orgullo LGTBI, ‘La 2’ continúa con la emisión de Nosotrxs Somos, una serie documental producida por RTVE Digital para ‘Playz’ que recorre la historia del colectivo LGTBI en España desde los años 70 a través de los colores de la bandera del arcoíris, su símbolo más universal.

La pasada noche le tocaba el turno a la segunda entrega, la de color verde, dedicada al cambio social que se produce entre los años 80 y 90 con la legalización del colectivo LGTBI y el nacimiento de asociaciones y activistas que buscan la plena igualdad.

Un capítulo en el que también se habla de los orígenes de Chueca como espacio LGTB, de la irrupción de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales en el barrio, de la apertura de negocios de día y la construcción de un espacio seguro para el colectivo que, para algunos, es ya un recuerdo nostálgico del pasado en vías de extinción como barrio rosa.

Además de fragmentos de programas del archivo de RTVE, el documental cuenta con la participación del histórico activista LGTBI Jordi Petit y el artista multidisciplinar King Jedet, que intercambian impresiones sobre la historia del activismo LGTBI y el camino hacia la conquista de derechos para el colectivo, la ‘plumofobia’ y los cuerpos disidentes no normativos, el machismo, el feminismo y la discriminación dentro del propio colectivo LGTBI.

Visibilidad, clave para el movimiento LGTBI español

“Hoy la normalidad es diversidad”, afirma rotundamente Jordi Petit, uno de los primeros activistas (junto a Empar Pineda) en hacerse visible como homosexual en la televisión mientras luchaba por los derechos LGTBI en la retaguardia. Personas como ellos fueron fundamentales para la normalización en la sociedad de esas diversidades afectivas y de género.

Con la Ley de Peligrosidad Social aún en vigor, esos primeros activistas LGTB, agrupados en frentes revolucionarios, tenían un objetivo común: la abolición de este texto legal que criminalizaba a gays, lesbianas, bisexuales y transexuales.

Un nexo común que les lleva a establecer alianzas y formar la COFHLEE, una coordinadora que articulará un lenguaje común entre todos esos grupos regionales y que convocará los primeros orgullos, como el de Barcelona, donde en 1977 tiene lugar la primera manifestación del Orgullo de toda España.

Una vez que la homosexualidad sale de la Ley de Peligrosidad Social, el movimiento LGTB se traslada de las calles a las discotecas y los bares, por lo que surgen desde los organismos más reaccionarios intentos de frenar la noche gay.

En ciudades como Barcelona, donde el gobernador civil cerraba locales con pretextos técnicos y hacía redadas para identificar a quienes estaban dentro, llegó incluso a producirse una huelga en 1981 donde cerraron los pubs y discotecas gays que aún quedaban abiertos.

Mientras en Barcelona continúa activa la lucha reivindicativa LGTBI, en Madrid se produce un frenazo en seco en los años 80. No fue hasta el nacimiento del Colectivo de Gais de Madrid (COGAM) cuando la lucha LGTBI regresa a la ciudad.

La irrupción del VIH-Sida provocó una separación de muchos colectivos, que tenían dos visiones diferentes del activismo LGTBI. Por una parte aquellos que consideraban que era necesario cumplir un papel asistencial y, por otra, quienes defendían una vía reivindicativa.

Una de las escisiones más traumáticas fue la de Manolo Trillo, uno de los fundadores de COGAM y cara visible del Sida en unos momentos en los que reconocer que tenías esa enfermedad era poco habitual por la serofobia que aún reinaba en la sociedad.

Las ‘besadas’ como arma reivindicativa
Arantxa Serrano, activista lesbiana, vivió en 1986 sus propias carnes una brutal detención policial por besar a su pareja en la boca en la Puerta del Sol. Trasladadas a la comisaría de la calle Luna, fueron incluso sometidas a un registro vaginal. Dos años después, su caso llegó a los tribunales y la justicia les dio la razón.

Las lesbianas de toda España se movilizaron respondiendo con una besada en plena calle. Todo un símbolo de visibilidad que aún hoy se emplea para protestar contra la discriminación y la LGTBIfobia.

De la oscuridad al arcoíris

“Chueca era en principio un barrio marginal: había trabajadoras sexuales, trabajadores sexuales, drogadictos, homosexuales, lesbianas, trans... un sitio donde nos podíamos juntar las que éramos en ese momento las peligrosas sociales”, explica el activista Víctor Mora.

Un espacio urbano que va más allá del concepto administrativo de barrio, que para el sociólogo Kerman Calvo cumple un importante papel porque “ayuda a que la gente tenga un camino para la emancipación y la identificación sexual”.

“Chueca fue el embrión de lo que es un barrio gay, porque nosotros abrimos allí el primer negocio de día”, explica Mili Hernández de la Librería Berkana, todo “un pulmón de oxígeno” para el colectivo LGTBI, que llegó hasta Chueca de todas partes de España. “Me gustaría que siguiera siendo ese barrio cultural con ese motor de lucha”, confiesa con nostalgia Mili.

Para Kerman Calvo “el fenómeno Chueca es muy curioso hasta a nivel internacional. No hay tantos lugares en donde haya una demarcación urbana tan extensa, tan variada y de tan fácil acceso para la población LGTB. Barrios que nos protegen, que nos sacan el dinero también, donde podemos enamorarnos y pasarlo bien”.

Menos complaciente es la visión de Ignacio Elpidio Domínguez, que considera que antes Chueca “era un lugar más agradable. Cada vez es un sitio más de copas, más frío, pero sigue siendo un referente importante”, matiza, “es un pariente que ya no te cae bien, pero está ahí”.

Para King Jedet Chueca es un espacio discriminatorio y pensado para hombres gays. “Pubs de lesbianas hay muchos menos, los carteles por Chueca siempre suelen ser de hombres. Se ve que está todo hecho para el placer del hombre”, afirma. “La única vez que me han pegado por ser como soy ha sido en un bar en Chueca”, confiesa Jedet.

ENLACE

2019/04/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CIEN AÑOS DE CÉSAR MANRIQUE, APÓSTATA DE FRANCo, ICONO GAY DE FRAGA Y GENIO ECOLOGISTA

Cien años de César Manrique, apóstata de Franco, icono gay de Fraga y genio ecologista.
Se celebra el centenario de un hombre que integró el arte en el medioambiente y paró los pies al turístico del régimen franquista a base de tesón y confianza. “Se puede cambiar el mundo con una verdad entre las manos”, y con esa filosofía Manrique transformó una isla vertedero como Lanzarote en el paraíso del turismo exclusivo y en su mejor obra de arte.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2019-04-23
https://www.eldiario.es/cultura/arte/cien-cesar-manrique-franco-gay-ecologista_1_1583543.html 

César Manrique (Lanzarote, 1919-1992) se consideraba a sí mismo un “contemporáneo del futuro”. Y vaya si lo era. Mientras que el cambio climático no merece ni un minuto en el discurso de nuestros políticos, él vaticinó el desastre hace casi cincuenta años. “Veo el futuro bastante pesimista. Me da miedo que no sean capaces de reaccionar para salvar la vida en el lugar donde nos ha tocado vivir”, reprochaba al poder siempre que tenía oportunidad.

El artista absoluto sentía cada fractura en la piedra como “una herida en su cuerpo”. Por eso peleó por una arquitectura que conciliase el desarrollo con la conservación del patrimonio. “Yo lucharé, denunciaré y protestaré hasta que me muera. Soy como un ser eterno, porque no me acuerdo de cuando nací y tampoco sé cuando me voy a morir”, amenazaba ante la explosión del turismo de masas.

Por suerte, el mundo sí se acuerda de cuándo nació el visionario que transformó una desaliñada isla de Lanzarote en su mayor obra de arte. Ocurrió hace cien años en la pequeña localidad de Arrecife, cerca de la playa de Famara, donde el pequeño César correteaba salvaje por una orilla tan clara que reflejaba los acantilados. Dibujando su contorno sobre la arena, la flora canaria quedó atrapada para siempre en las manos, los pinceles y las construcciones del artista.

Su obra pictórica es relevante, pero en este centenario cabe destacar sobre todo una conciencia ecologista cocinada en una época hostil: la dictadura. “El camino de César Manrique va desde la estética a la ética”, dice Alfredo Díaz, portavoz de la fundación que lleva su nombre.

El experto invita a acercarse a él desde esa doble mirada: “Por un lado el artista que busca la belleza en el informalismo matérico, movimiento que le permite expresar la volcanología y esa parte telúrica que define Lanzarote, y por el otro, el artista con un profundo compromiso social y ecológico, aunque no existiese tal término”.

Su discurso se oponía a una nueva actividad económica brutal que estaba asolando a las islas centrales de Canarias y acechaba a Lanzarote: el desarrollismo. Es decir, un boom turístico con el que Franco quería sacudirse la caspa de cara al exterior en los años 60. Manrique tampoco se cerraba en banda, pero no a cualquier precio. Así que intuyó un modelo “disparatado” que, sin embargo, coló entre los alcaldes, el Cabildo y, lo más difícil, el régimen franquista.

¿Cómo logró su beneplácito en lugar de ser censurado o algo peor? Díaz lo explica a través de sus “complicidades positivas”. En ocasiones planea sobre César Manrique la sombra de su participación en en bando sublevado de la Guerra Civil, al que acudió como voluntario a la edad de 16 años. No obstante, el portavoz niega rotundamente su afiliación al franquismo y arguye dos razones principales para demostrarlo.

“Los jóvenes de Canarias salieron obligados en muchos casos al frente del Ebro. En este caso se presentó voluntario para elegir un destino y para quedarse en Canarias, en el ejército del aire”, dice de primeras. De hecho, es conocido que Manrique nunca quiso volver a hablar de la guerra ni de ideas políticas.

“Le horrorizaba y es más, lo primero que hizo al regresar a casa tras volver de Catalunya fue quemar el uniforme en la azotea”, continúa. Un gesto con el que renegó para siempre sobre su papel en la guerra y su vinculación con aquel bando.

A lo que nunca hizo ascos Manrique fue a las relaciones diplomáticas que diesen luz verde a su arte. “Los franquistas vieron en él a un tipo alocado pero que podía funcionar de cara a un turismo exclusivo o de élite, como le gustaba al régimen. Si no, ¿de dónde salía el dinero para hacer todas estas obras?”, se pregunta Díaz.

Aún así, el experto reconoce que, tras más de veinte años de estudio de la obra y el pensamiento de Manrique, le cuesta entender cómo logró convencer a políticos tan dispares y “zoquetes” con un modelo que ponía en riesgo la expansión económica.

Sus dos baluartes políticos fueron José –Pepín– Ramírez Cerdá, presidente del Cabildo de Lanzarote y su amigo de la infancia, y Manuel Fraga. El Ministro de Información y Turismo de Franco quedó admirado por las ideas modernas y el gusto de Manrique, que lo vinculó a sus tendencias sexuales. “Los homosexuales tienen una sensibilidad y una capacidad artística que no tenemos los heterosexuales. Son muy originales y creativos”, dijo en una ocasión.

“Fue una simbiosis muy afortunada, no sé si esas relaciones se vuelven a repetir y menos en el marco de una dictadura. Porque Manrique nunca se vinculó de una manera clara a ningún partido. De hecho, muchas de sus declaraciones vistas desde hoy parecen de una persona de izquierdas”, asegura con asombro Díaz.

Tanto en Madrid como en Nueva York, donde llegó tras la traumática muerte de su pareja en pleno estallido hippy y del amor libre, César Manrique se rodeó de lo más granado de la sociedad. Artistas y multimillonarios (como Rockefeller) en la ciudad norteamericana, y personajes de la literatura, el cine y la tauromaquia en la capital madrileña, donde organizaba fiestas que le otorgaron una fama de dios Baco.

Sin embargo, al regreso a Lanzarote en 1966, el artista se mezcló con la gente de la calle como hacía en sus inicios. Durante las décadas de los 70 y 80 tiene lugar un importante desarrollo de espacios perfectamente integrados en el entorno natural, justo cuando el régimen se planteaba abandonar la isla para los camellos y las cabras.

“Lanzarote era un lugar de emigración y de miseria. La población emigraba a las islas centrales o a Latinoamérica en épocas de sequía. Entonces llegó él y dio una mirada amable y propuso que esos paisajes calcinados y con viento pudiesen servir como atractivo turístico”, cuenta Alfredo Díaz.

En esa época comenzó su cruzada contra el turismo de masas y las empresas que querían absorber las carreteras como habían hecho en la península y en las islas vecinas. “Consiguió que en Lanzarote no se pudieran poner vallas publicitarias en los bordes de las carreteras. De hecho, él contaba que a principios de los 80 una empresa las puso y salió con un grupo ecologista emergente y se las cargaron. Estaba codo con codo en la calle”, concede el portavoz de la Fundación César Manrique. Paradójicamente, fue un trágico accidente de tráfico en un peligroso cruce entre vías el que acabó con la vida del genio.

El experto también le considera el padre del primer círculo de ecologistas, al que él mismo pertenecía durante la dictadura. “No creo que haya parangón en España, ya que en ese momento el medioambiente no formaba parte del discurso en las calles y mucho menos entre los políticos”, asegura. Pero César Manrique es un personaje casi más incómodo ahora que antes para quienes aprueban leyes demoledoras en Canarias como la del suelo.

En su centenario, año en el que el cambio climático representa ese “futuro pesimista” que el creador vaticinó en 1970, debemos rescatar su “vigencia absoluta”. Él defendía que los artistas tienen la obligación de enseñar a mirar. Para ello, salpicó las islas de miradores para asomarnos la belleza que nos estábamos perdiendo. ¿Qué mejor regalo de cumpleaños que demostrarle que algo hemos aprendido?

2018/12/15

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | NI PELIGROSAS NI DELINCUENTES: EL PROCESO DE LEGALIZACIÓN DE LA DISIDENCIA SEXUAL Y DE GÉNERO EN LA TRANSICIÓN

El Diario //

Ni peligrosas ni delincuentes: el proceso de legalización de la disidencia sexual y de género en la España de la transición.

Durante los años de la transición el movimiento LGTB tuvo que hacer frente a las leyes que se aplicaron a lo largo de la dictadura para reprimir a la disidencia sexual y que continuaron vigentes a la muerte del dictador.
Víctor M. Ramírez | El Diario, 2018-12-15
https://www.eldiario.es/canariasahora/sociedad/peligrosas-delincuentes-legalizacion-disidencia-espana_1_1791040.html

Se cumplen este mes 40 años de la aprobación de la Constitución Española y también de la reforma (1) de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que eliminó a ‘los que realizaran actos de homosexualidad’, en términos de la ley, del catálogo de peligrosos sociales. Es, por tanto, un momento idóneo para analizar el proceso que permitió a las disidencias sexuales y de género ser legalizadas durante el proceso transicional, tras otros cuarenta años de represión franquista.

Habitualmente se identifica esta legalización con un momento determinado, como fue la citada reforma de la ley de peligrosidad social. No obstante, la legalización de la disidencia sexual fue un proceso más complejo y largo en el tiempo que no concluye, sino que más bien comienza, con la mencionada reforma.

Durante los años de la transición el movimiento LGTB tuvo que hacer frente a las leyes que se aplicaron a lo largo de la dictadura para reprimir a la disidencia sexual y que continuaron vigentes a la muerte del dictador. Estas normas fueron fundamentalmente dos: la primera, el Código Penal, que si bien no contemplaba expresamente la homosexualidad en su articulado, se consideraba incluida en el artículo 431 de dicho texto que regulaba el delito de escándalo público. Esta figura delictiva consideraba penalizable aquellas acciones que “de cualquier modo ofendiere el pudor o las buenas costumbres con hechos de grave escándalo o trascendencia”. La moral nacional-católica del régimen franquista consideraba moralmente repugnantes los actos de homosexualidad por lo que dichas prácticas, aunque hubieran sido cometidas en privado, eran tenidas por delictivas en virtud de este artículo y sus autores eran juzgados y condenados si los hechos trascendían al conocimiento público.

Las otras leyes utilizadas para la represión de la homosexualidad fueron las aprobadas en virtud de la doctrina de la ‘defensa social’. En desarrollo de este principio, en el año 1933, durante la II República, se aprobó la Ley de Vagos y Maleantes que no recogía en su texto ninguna referencia expresa a la disidencia sexual, pero que en el año 1954 fue reformada por el régimen franquista para incluir a la homosexualidad en su artículo segundo. No se trataba de una ley penal, desde el punto de vista de que no tipificaba delitos y sus correspondientes penas, sino que categorizaba una serie de situaciones subjetivas como de “peligrosidad social”. La ley determinaba que, dado el estado de determinados sujetos, estos tendrían gran probabilidad de cometer un “daño social”, concepto más amplio que el puramente delictivo. Según el preámbulo de la propia ley de 1970, esta se aprobaba por la “necesidad de defender a las sociedad contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas, entrañan un riesgo para la comunidad”. Por poner un ejemplo clarificador, el alcoholismo no era considerado 'per se' un delito, no obstante los ebrios habituales eran considerados peligrosos sociales por los indeseables efectos que su adicción podían traer a su entorno familiar, social, laboral, etc. De este concepto de peligrosidad se deriva la necesidad de rehabilitar al peligroso mediante una serie de medidas previstas en la ley con el objetivo de “rescatar y reeducar al hombre para la más plena vida social”, según el preámbulo de la misma. A partir de la reforma del año 1954 las personas homosexuales deberían ser objeto de esta reeducación o de “curación” de su “perversión sexual”.

Por tanto, estas dos normas incidían en la disidencia sexual desde dos perspectivas diferentes: la penal, con su consecuente condena, y la de defensa social, con sus medidas rehabilitadoras como presunto instrumento de inserción social. No pretendo con esto suavizar el efecto que las leyes de peligrosidad producían en las disidencias sexuales – y en el resto de supuestos previstos en la ley –. Más al contrario, la realidad nos pone de manifiesto que estas leyes fueron, en la práctica, utilizadas como un medio de represión más, como un instrumento que criminalizaba a la disidencia sexual desde una perspectiva más amplia que la puramente penal. Estas leyes se unieron al código penal configurando un doble sistema de control de la disidencia sexual que multiplicaba sus efectos, añadiendo a la condena penal un aparente sistema de rehabilitación que, en la práctica, era una segunda condena durante la cual, además, no eran aplicables los posibles beneficios penitenciarios que sí lo eran a los delincuentes condenados (2). Esta doble criminalización, que pone de manifiesto la perversa utilización de leyes rehabilitadoras con fines puramente represivos, profundiza precisamente la ignominia del sistema represivo de la dictadura.

Se evidencia, por tanto, el hecho de que las leyes de peligrosidad social no fueron las únicas que reprimieron a los homosexuales a lo largo del franquismo y que la derogación de la ley de peligrosidad social en el año 1978 no significó la legalización de la homosexualidad durante la transición. Dicha derogación implicó la eliminación de la consideración de la disidencia sexual como un peligro social, pero no de su carácter delictivo, ya que el delito de escándalo público, como veremos, continuó aplicándose durante prácticamente una década más.

En este punto hay que añadir un término más a la ecuación: la aparición de los movimientos de liberación homosexual en el panorama de los movimientos sociales de la época. La publicación del proyecto de ley peligrosidad social en el año 1970 promovió la aparición de un nuevo sujeto político, si bien en la clandestinidad, en la España franquista. Ante la inclusión de la homosexualidad en dicho texto, un grupo de activistas catalanes iniciaron un proceso de movilización para, desde las catacumbas del activismo y con la ayuda de colectivos franceses, intentar evitar dicha mención la nueva ley. Este movimiento clandestino emergió durante los primeros años de la transición, visibilizando una lucha en la que la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y el delito de escándalo público eran objetivos fundamentales. El Front d'Aliberament Gay de Catalunya (FAGC), fue la asociación de referencia durante esos años y la legalización de la misma se convirtió en un inesperado campo de batalla durante los últimos años de la década de los 70.

El FAGC inició su proceso de legalización en el mes de diciembre de 1978, recién aprobada la Constitución. Este acto suponía un reto al nuevo régimen constitucional que, sin embargo, respondió inicialmente con la inercia de la homofobia dictatorial: el Ministerio del Interior, en enero del año siguiente, denegó la legalización alegando la incompatibilidad de los fines de la asociación con el artículo 431 del Código Penal, el mencionado delito de escándalo público. El mantenimiento de una interpretación profundamente homófoba de dicho artículo por el recién estrenado sistema constitucional ponía en evidencia el hecho de que la legalización de la homosexualidad no era aún un hecho consumado, a pesar de la modificación de la ley de peligrosidad social, y de que el nuevo sistema no consideraba a las disidencias sexuales como dignas de ser sujetos del conjunto de derechos y libertades recogidos en la nueva y flamante Constitución.

Ante tales hechos el FAGC interpuso el correspondiente recurso y con el apoyo de una importante campaña que implicó a colectivos, un numeroso grupo de corporaciones locales catalanas y de la International Gay Asociation (IGA) (3), por fin, el 16 de junio de 1980, el Gobierno de Adolfo Suárez admitió su legalización, dándose un segundo paso en este proceso.

Otro acontecimiento a tener en cuenta, en relación con la legalización de la disidencia de género, se refiere a los avances que durante los años transicionales afectaron a los derechos de las personas transexuales. Una modificación del Código Penal, del año 1983(4), eximió de responsabilidad penal, entre otros supuestos, a la “cirugía transexual realizada por facultativos”, hasta ese momento penalizadas al ser consideradas un delito de lesiones por causar la esterilidad. Este nuevo avance despenalizador propició que las personas transexuales comenzaran a acudir a los tribunales a solicitar el reconocimiento del “cambio de sexo” con respecto al cambio la inscripción registral del nombre y del sexo, iniciativa que culminó con una Sentencia del Tribunal Supremo del año 1987 que reconocía por primera vez el derecho de una mujer transexual al cambio de nombre. Con todos los cuestionamientos que pueda hacerse la sentencia – que se refería a la afectada como “una ficción de hembra” que, en cualquier caso debería ser protegida por el Derecho –, tanto la modificación de la norma penal de 1983 como la sentencia de 1987 supusieron un importante avance de los derechos de las personas trans, que sin embargo no obtendrían una ley que regulara estas cuestiones hasta dos décadas más tarde (5).

Como se ha indicado, la utilización del delito de escándalo público como argumento para negar legalidad a las organizaciones homosexuales de la época es una muestra de que la consideración de las personas disidentes de las normas imperantes sobre el sexo/género no se consideraban dignas de ser sujetos de los más esenciales derechos fundamentales. Podían ser legalizadas sus organizaciones, pero sobre sus componentes pendía aun sobre sus cabezas la espada de Damocles del artículo 431 del Código Penal. Artículo que, aunque de manera quizás menos frecuente que en otras épocas, aún se aplicaba para reprimir las prácticas homosexuales.

Así, por ejemplo, una sentencia del Tribunal Supremo del año 1980(6) aborda el caso de dos jóvenes de 25 y 32 años de edad que, a las dos de la madrugada habían aparcado un coche en un camino para mantener prácticas sexuales, donde fueron sorprendidos por la Guardia Civil. En el juicio de primera instancia se condenó a ambos procesados por el delito escándalo público, sentencia posteriormente confirmada por el Tribunal Supremo. Hubo que esperar al año 1988 en el que, una modificación parcial del Código Penal (7) derogó dicho delito. Este hecho que culminó, ahora sí, el proceso de legalización de las disidencias sexuales y de género en España.

Se puede concluir, por tanto, que la legalización de la disidencia sexual en España fue un proceso progresivo que duró prácticamente una década. Su desarrollo se encontró con las reticencias de un sistema democrático recién inaugurado que mantenía aún muchos de los tics LGTB-fóbicos del régimen dictatorial. La comunidad LGTB no fue un sujeto al que se tuvo en cuenta durante los años transicionales de tal manera que el proceso de legalización tuvo que ser impulsado por los colectivos, incluso desde una posición de ilegalidad. La reforma de la ley de peligrosidad social en el año 1978, que eliminó la homosexualidad de las categorías de peligrosos sociales, significó el inicio del proceso. Tras este paso, la legalización de los colectivos a partir del año 1980 permitió que estos continuaran con su tarea reivindicativa desde posiciones más fuertes y seguras. Pero a la legalización colectiva no siguió pareja la consideración de los derechos individuales. Las persona trans tuvieron que esperar a la reforma del código penal de 1983 y a una sentencia del Tribunal Supremo de 1987 para ver reconocido, aunque de manera precaria y a través de complejos y humillantes procedimientos judiciales, su derecho al reconocimiento de su identidad en el ámbito registral. Por fin, la derogación del delito de escándalo público en 1988 permitió a la comunidad LGTB sentirse aliviada ante la eliminación de la posibilidad de ser sorprendidos ‘in fraganti’ en un acto sexual y ser procesados por tal delito. Esta última reforma llegó, además, en un momento crucial para la comunidad LGTB, en el que el SIDA hacía sus estragos. La epidemia del VIH tuvo nefastas y trascendentales consecuencias para la disidencia sexual y de género, a la que plantearía nuevos retos y perspectivas que se habrían de abordar en los años y décadas siguientes. Esta vez, sí, desde la legalidad, aunque no desde una verdadera igualdad legal y social, objetivo aún pendiente de alcanzar.

  • Bibliografía
  • 1/  Ley 77/1978, de 26 de diciembre, de modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y de su Reglamento, «BOE» núm. 10, de 11 de enero de 1978.
  • 2/ La redención de penas por el trabajo o los posibles indultos o amnistías no eran aplicables a los peligrosos sociales, por poner un ejemplo.
  • 3/ Actualmente Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex (ILGA).
  • 4/ Ley Orgánica 8/1983, de 25 de junio, de Reforma Urgente y Parcial del Código Penal.
  • 5/ Nos referimos a la Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas.
  • 6/ Sentencia del Tribunal Supremo 4531/1980.
  • 7/ Ley Orgánica 5/1988, de 9 de junio, sobre modificación de los artículos 431 y 432 y derogación de los artículos 239, 566.5º, 567.1.º y 3.º y 577.1.º del Código Penal.

2017/06/22

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL ACTIVISMO OLVIDADO

Fotografía de Andrés Senra / 'El ministerio tiene las manos manchadas de sangre', 1994-12-01 //

El activismo olvidado que ocupó sin armarios la calle cuando estaba prohibido.

Desde la primera manifestación LGTBI en 1977, la memoria del movimiento ha estado marcada por dos líneas de activismo: los colectivos más institucionalizados y los grupos. La Radical Gai y LSD combatieron a principios de los 90 la pasividad del Gobierno ante la crisis del sida con sus propias campañas de prevención. El sociólogo Javier Sáez ha ideado un metro de Madrid en el que las estaciones son activistas LGTBI para rescatar su memoria: “No nos van a volver a meter en el armario”.
Marta Borraz | El Diario, 2017-06-22
https://www.eldiario.es/sociedad/memoria-olvidada-activismo-lgtbi-movimiento_1_3333918.html 

Cuando el 26 de junio de 1977 un grupo de lesbianas, travestis, trans y gays se echaron a la calle y ocuparon La Rambla de Barcelona, todavía eran consideradas por ley un peligro social. Al calor de los disturbios que unos años antes habían prendido la mecha del Orgullo en el bar neoyorquino de Stonewall Inn, el movimiento comenzaba a organizarse políticamente en España e intentaba dejar atrás los duros tiempos de feroz represión contra la diversidad sexual y de género en el régimen franquista.

Solo el Movimiento Español de Liberación Homosexual, formado por un pequeño grupo, entre ellos Armand de Fluviá, había logrado ponerse en marcha en la clandestinidad llegando incluso a editar una revista que lograba pasar a Francia para ser enviada de nuevo desde allí. Pero la efervescencia política tomó los últimos años de la década de los 70, que se inundó de colectivos agrupados en una Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual y el feminismo lesbiano empezó a irrumpir con fuerza en escena.

Fueron muchas las personas que "se visibilizaron políticamente en un territorio muy hostil. Ya en los 60 había pequeños grupos de travestis que arriesgaban mucho", explica el activista y sociólogo Javier Sáez del Álamo, que en 1982 huyó de la homofobia de su Burgos natal para asentarse en Madrid. "No es tanto un relato de nombres propios, sino una genealogía de experiencias y grupos con mucha necesidad de organizarse", prosigue.

La ley franquista de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que perseguía a los homosexuales y que no fue derogada por completo hasta bien entrada la democracia, fue uno de sus principales blancos. La primera manifestación del Orgullo en Madrid estaba encabezada por una pancarta que pedía su retirada. "Fue en 1978 y había bastante gente, vinieron sindicatos y partidos políticos, porque aquella fue una época de mucha movilización. Luego fue una especie de travesía del desierto hasta el renacimiento del activismo con la pandemia del sida", explica Sejo Carrascosa, autor junto a Sáez del libro ‘Por el culo. Políticas Anales’.

La pasividad del Gobierno ante el sida
Además de la movida y una atmósfera de liberación sin precedentes, los años 80 trajeron consigo la crisis del sida y la pasividad de un Gobierno que silenciaba el problema y favorecía un discurso homófobo muy presente. "Todos teníamos amigos con VIH, así que comenzaron a crearse redes de afecto porque la falta de reacción institucional condenaba a la gente a la muerte simbólica y física", explica Fefa Vila, directora de 'El Porvenir de la Revuelta', un proyecto que conjuga arte y política para rescatar la memoria del movimiento y que puede visitarse en Madrid.

Ya existía el colectivo COGAM en un intento por agrupar a las principales organizaciones gays bajo una misma voz. Allí comenzó su activismo Boti García Rodrigo, expresidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (FELGTB), que ha organizado la exposición 'Subversivas' sobre la historia del movimiento. "Abrí la puerta de la mítica librería LGTBI Berkana con muchísima vergüenza para decirle a Mili, la librera, que era lesbiana y que a dónde podía ir. Ella me dio las señas de COGAM", recuerda.

Pronto comenzaron a convivir dos estrategias para enfrentar la crisis del sida que derivaron en dos líneas de activismo: una más propensa a colaborar con las instituciones y otra radical que apostaba por la autogestión. En ese escenario irrumpieron dos colectivos que revolucionaron la escena activista madrileña a través de la acción directa y la provocación inspirados por el estadounidense Act Up: La Radical Gai y LSD.

Irrumpe el activismo ‘queer’
"No nos sentíamos cómodos en los grupos más asistencialistas. Queríamos romper con la invisibilidad en la representación porque andar con remilgos hacía que la gente se muriera", explica Vila, una de las impulsoras del colectivo de lesbianas LSD.

"La primera revolución era la supervivencia", apunta Carrascosa, que fue activista en La Radical Gai, surgida en 1993 [i.e. 1991] como escisión de COGAM. Ambos grupos volcaron gran parte de su fuerza en hacer prevención del VIH y denunciar el silencio del Gobierno a través de acciones y campañas explícitas. "Alguien tiene que hacer la prevención", escribían en los ‘flyers’, posters y pegatinas que imprimían.

Fueron años de mucha intensidad en los que "intentábamos mariconizarlo todo, cuestionar la heterosexualidad, reapropiarnos del insulto, salirnos de las buenas formas. Era una manera de hacer política subversiva", prosigue Carrascosa. También LSD pretendía impactar en el imaginario colectivo porque "las lesbianas aparecían como sujetos invisibles" así que "lo que hicimos fue demandar un espacio público y político", esgrime Vila.

Esta fue época de traducciones de lo que se estaba produciendo en el pensamiento queer de puertas para fuera, lo que introdujo en España nuevos debates, y también de fanzines publicados por los propios colectivos. Tanto LSD como la Radical Gai tenían el suyo ('Non Grata' y 'De un Plumazo'), a los que más tarde se unió 'Bollus Vivendi', del grupo Las Goudous, que nació a mediados de los 90 en la recién okupada Eskalera Karakola, que todavía pervive en Madrid, con la idea de crear colectivos de lesbianas en el feminismo.

Rescatar la memoria
También la FELGTB, que en 2017 cumple 25 años, se había constituido ya porque un gran número de asociaciones se habían ido formando en diferentes comunidades autónomas. La universidad comenzaba a ser un espacio en el que articular el activismo LGTBI con la primera asociación, creada en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en 1994, llamada RQTR.

Las organizaciones se dedicaban fundamentalmente a la prestación de servicios desatendidos por las administraciones, como la educación en salud sexual y "pronto comenzamos a reivindicar una ley de parejas de hecho, que luego se convirtió en la del matrimonio porque nos dimos cuenta de que pedir una ley menor era consagrar nuestra desigualdad", insiste Boti.

En la agenda de los grupos ‘queer’ minoritarios, explica el también activista de la Radical Gai Javier Sáez, no estaba esta demanda: "Nuestro discurso no se basaba en pedir leyes al Estado. Nos interesaba la autogestión y estábamos preocupados por la precariedad, el feminismo o la insumisión al servicio militar". Carrascosa coincide al hablar de las alianzas con otros movimientos, como el okupa, y la presencia en otras luchas. "Si había una huelga allí estábamos nosotros para gritar 'la patronal es heterosexual'", ejemplifica.

Aún así, para Sáez, "las peticiones al Estado del movimiento más oficial tienen sentido", pero "no era nuestra forma de hacer política". Para Boti, la luz verde al matrimonio igualitario tuvo mucho que ver con que "la clase política nos escuchó porque eramos una sola voz", dice la activista, que recuerda "haberse aprobado con una sociedad convencida de que lo merecíamos. Allí estábamos, con un alto responsable del Gobierno de Aznar ofreciéndonos una ley de parejas de hecho lo más amplia posible a cambio de renunciar al matrimonio. Y nos negamos".

40 años después de la primera manifestación LGTBI, los cuatro activistas reclaman la necesidad de hacer memoria y rescatar la experiencia colectiva de la disidencia sexual y de género, que pocas veces es nombrada y no suele aparecer en las páginas de Historia. Con esta intención ha imaginado Sáez un metro en el que las paradas son activistas o colectivos trans, gays, lesbianas o bisexuales: "Aquí tienes a 300 personas LGTBI y ‘queer’, pero podríamos llenar todos los metros del mundo. Estamos por todas partes. No nos van a volver a meter en el armario. Hemos ocupado el metro. Somos muchas, estamos organizadas, tenemos fuerza y dignidad. Hemos ocupado Madrid".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...