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2020/05/21

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LORCA, ¿UN POLÍTICO DE IZQUIERDAS?

Homenaje a Pablo Suero en 1936, poco antes de las elecciones del 16 de febrero. De izq. a der. Rafael Alberti, Rodríguez Spiteri, Lorca, Aleixandre, Adolfo Salazar, Concha Méndez, Enrique Serrano, Serrano Plaja y Altolaguirre. Delante, Pablo Suero y María Teresa León.
 
Lorca, ¿un poeta de izquierdas?
Una mirada al compromiso político y social de un poeta que suele ser usado por partidos de orientación opuesta.
Víctor Fernández | La Razón, 2020-05-21
https://www.larazon.es/cataluna/20200521/vt3tzvtbdnhpboz4yksnr6ymha.html 

Esta semana hemos podido ver en “El Ministerio del Tiempo” cómo Federico García Lorca, de la mano de Julián -uno de los agentes protagonistas de la serie- era llevado hasta 1979. En una taberna flamenca podía escuchar sorprendido a Camarón de la Isla interpretando “La leyenda del tiempo”, un tema con versos del poeta granadino.

Julián procede de nuestro presente y trata de convencer a Lorca para que no vaya a la Granada de 1936 donde le espera la muerte. Sin embargo, asume su trágico destino. En el tablao afirma emocionado, con Camarón como música de fondo, que “ese es mi poema. Tanto tiempo después, España se acuerda de mí. Entonces he ganado yo, no ellos”.

La emisión del capítulo no ha podido ser más oportuna. En estos días se ha divulgado por las redes sociales una imagen que para muchos ha sido entendida como una provocación: la estatua del poeta en la madrileña plaza de Santa Ana con una bandera española en sus manos coincidiendo con las manifestaciones en el barrio de Salamanca. Algunos radicales, para defender esa imagen, han llegado a proclamar que en realidad Lorca no estaba comprometido políticamente y que, incluso, fue amigo de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange. Es precisamente a esta formación a la que algunos señalan como la que más hizo por salvar al poeta cuando ya lo perseguía la muerte en su Granada.

Llegados a este punto, no está de más que nos preguntemos si nos encontramos ante un poeta comprometido que podamos definir como un hombre apolítico. Tras su asesinato y ante el escándalo internacional que se montó, hubo un desesperado intento por desvestir a Lorca de cualquier tipo de connotación política, sobre todo de izquierdas. Empezaron a surgir textos incluso de amigos que quisieron convertir incluso en falangista a Lorca, como es el caso de Luis Hurtado Álvarez, un íntimo confidente homosexual del granadino que publicó un artículo titulado “A la España Imperial le han asesinado su mejor poeta”. Hurtado, que fue secretario personal de Jacinto Benavente, tuvo algunos problema por publicar esas líneas en 1937. Por esas fechas, el mismísimo Franco habló de Lorca, sin citarlo, porque “los rojos han agitado ese nombre como un señuelo de propaganda”. En esa declaración, aparecida en “Abc” de Sevilla el 6 de enero de 1938 se jactaba diciendo que “queda dicho que no hemos fusilado a ningún poeta”.

Pero la verdad era distinta. Federico García Lorca fue asesinado a mediados de agosto de 1936 entre Víznar y Alfacar, en las afueras de Granada. Sí es verdad que buscó refugió en el domicilio de su amigo Luis Rosales, miembro de Falange, pero también es cierto que varios falangistas participaron en la detención y muerte. Antonio Rosales, hermano de Luis, era el tesorero de Falange en aquellos momentos y fue quien denunció que el poeta estaba en casa de sus padres. Esa valiosa información se la comunicó a quien había sido diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, quien se encargó de la detención. A ella acudió, según testigos del suceso, con la camisa azul de Falange. Para poder llevar a cabo esa acción, Ruiz Alonso contó con el aval del gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán quien, ¡vaya casualidad!, también era falangista.

La leyenda de un Lorca cercano a Falange se ha ampliado incluso asegurando que Lorca y Primo de Rivera eran amigos. Nada hay que lo pruebe. En todo caso hay testimonios de todo lo contrario. Uno de los más interesantes es el de María Fernanda Thomás de Carranza, viuda de José Caballero, el pintor que fue íntimo colaborador del poeta. Ella me contó una anécdota muy ilustrativa. En algún momento de los años 30, Lorca y Caballero paseaban por Madrid y quiso la casualidad que pasaran junto a un local en el que José Antonio daba un mitin. “¿Entramos, Federico?”, preguntó Caballero. Lorca se negó en redondo porque no quería saber nada de todo eso. Al historiador Ian Gibson le explicó Modesto Higueras, uno de los colaboradores del poeta en el Teatro Universitario La Barraca, que parando en un restaurante de Santander, descubrieron que uno de los que allí estaba comiendo era el mismísimo José Antonio. A Lorca le puso aquello nervioso, pero más le inquietó una nota escrita en una servilleta que le trajo un camarero de parte del político. En ella se podía leer: “Federico, ¿no crees que con tus monos azules y nuestras camisas azules se podría hacer una España mejor?” Al poeta no le divirtió nada aquello, especialmente tras haber sido el blanco de las burlas de medios como “Gracia y Justicia”.

Los revisionistas de Lorca, los que quitan a su asesinato todo componente político y sexual, olvidan que Lorca se formó al lado de Fernando de los Ríos, uno de los nombres más importantes del socialismo español. Él fue, por ejemplo, uno de los responsables de que el poeta pudiera alojarse en la Residencia de Estudiantes o quien lo acompañó en 1929 en su fundamental viaje a Nueva York.

Hay en Lorca una identificación total con el marginado. Él mismo se veía así al no poder expresar libremente su homosexualidad. Ese hecho lo podemos encontrar en sus declaraciones públicas a la prensa, como cuando afirmaba, en 1931, que “yo creo que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de lo perseguido. Del gitano, del negro, del judío..., del morisco que todos llevamos dentro”. Cinco años después [junio de 1936], en una entrevista a Luis Bagaría en “El Sol”, fue igual de contundente al rechazar la toma de Granada en 1492: “Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza únicas en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una «tierra del chavico», donde se agita actualmente la peor burguesía de España”. Esas declaraciones fueron muy mal recibidas en su ciudad.

Pero se expresaba así en la prensa e, incluso, en las dedicatorias públicas. Por ejemplo, sobre Cataluña encontramos un muy interesante testimonio lorquiano en el álbum de firmas del restaurante El Canari de la Garriga. Fue allí donde estampó en 1925 de su puño y letra, acompañado de Salvador Dalí y Jaume Miravitlles, un “Visca Catalunya Lliure!”, además de definirse como “presidiario en potencia”. No olvidemos que estamos en plena dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Lorca también se mostraba crítico con la Iglesia Católica. En su “Grito hacia Roma”, dentro de “Poeta en Nueva York”, criticaba al Papa, es decir, “el hombre vestido de blanco” porque “ignora el misterio de la espiga,/ ignora el gemido de la parturienta,/ ignora que Cristo puede dar agua todavía,/ ignora que la moneda quema el beso de prodigio/ y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán”.

Sus amigos Pablo Neruda y Rafael Alberti lo presionaron para llevarlo hasta el Partido Comunista, algo que rechazó. Sí simpatizó, y no lo ocultó, con la Izquierda Republicana de Manuel Azaña, como recogió el periodista argentino Pablo Suero en su imprescindible libro “España levanta el puño”: “En la casa de Federico todos son partidarios de Azaña y Fernando de los Ríos es amigo venerado de la familia de García Lorca”. Esas líneas, escritas cuando queda poco para la celebración de las elecciones que darían la victoria al Frente Popular, continúan con una reflexión de Vicenta Lorca, la madre del poeta: “Si no ganamos, ¡ya podemos despedirnos de España!... ¡Nos echarán, si es que no nos matan!”

Los poetas del 27 sentían una gran estima por Suero y por eso quisieron rendirle homenaje en ese 1936 antes de la tragedia. En un restaurante madrileño celebraron la amistad y la literatura alrededor de Suero con la presencia de Lorca, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre, Concha Méndez, Rafael Alberti, María Teresa León o Adolfo Salazar, entre otros. Aquel momento, ese encuentro único debía ser inmortalizado para la eternidad. Así lo entendió María Teresa León quien propuso a los asistentes «¡vamos a hacernos una foto opinando, para que Pablo se lleve de recuerdo!». Todos opinaron levantando el puño, el símbolo de su apoyo a la Segunda República y al compromiso con el Frente Popular, entre ellos Lorca.

2017/07/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LUIS HURTADO: LA PASIÓN OCULTA DE LORCA

Luis Hurtado: la pasión oculta de Lorca.
El suyo es uno de los nombres olvidados en la biografía del poeta. Una serie de documentos hasta la fecha inéditos permiten saber algo más sobre quien fue una sus últimas obsesiones.
Víctor Fernández | La Razón, 2017-07-23
https://www.larazon.es/cultura/luis-hurtado-la-pasion-oculta-de-lorca-JH15654805/ 

El suyo es uno de los nombres olvidados en la biografía del poeta. Una serie de documentos hasta la fecha inéditos permiten saber algo más sobre quien fue una sus últimas obsesiones.

El 11 de marzo de 1937 hacía algo más de medio año que las autoridades sublevadas en Granada habían asesinado a Federico García Lorca. El poeta era uno más de los muchos hombres y mujeres que el Gobierno Civil de la ciudad de la Alhambra había hecho desaparecer, era alguien a quien se había eliminado sin previo juicio por ser considerado un enemigo. La prensa republicana había tratado valientemente de aclarar si Lorca había sido asesinado, tal y como lo apuntaban los rumores, pero era poca la información que se podía obtener de los sublevados granadinos. En los medios del bando franquista no se publicaría nada sobre la muerte de Lorca hasta ese 11 de marzo de 1937.

En esa fecha, el diario fascista «Unidad», editado en San Sebastián, daba a conocer un homenaje poético a Lorca bajo el título: «A la España imperial le han asesinado su mejor poeta». Su autor era Luis Hurtado Álvarez y en su texto trataba de demostrar, muy equivocadamente, que, de no haber muerto, Lorca se hubiera acercado al falangismo. Era una manipulación de la historia tratando de describir al poeta como alguien cercano a los postulados joseantonianos, pero probablemente era la única manera que tenía el autor para escribir sobre Lorca a quien, por cierto, no citaba por su nombre en ningún momento. El texto se divulgó en algún otro medio falangista, causando tal revuelo cuando vio la luz en «Antorcha», un semanario editado en Antequera, que el director del mismo, Nemesio Sabugo Gallego, y algunos de sus colaboradores fueron detenidos por las fuerzas militares franquistas. El motivo del revuelo habla por sí mismo: los partidarios de Franco no les hacía ninguna gracia que una revista falangista dedicara sus páginas a Lorca y que se mencionara su asesinato en Granada. Cuando a Sabugo Gallego se le preguntó por el paradero de Hurtado, solamente pudo responder que pertenecía a una agencia de colaboración en Salamanca. Desde Antequera se ordenó la detención del autor del artículo, pero nunca pudo ser localizado porque en realidad donde estaba era en San Sebastián. Lo que nadie sabía en ese momento es quién era Luis Hurtado Álvarez y sus motivos para escribir ese texto.

Hace unos meses pude acceder a una carpeta con una serie de documentos que pertenecieron a Luis Hurtado Álvarez. Habían pasado de un librero de viejo a una colección particular. En el interior de la carpeta se guardaba la hoja de respeto de lo que había sido un ejemplar de la primera edición de «Bodas de sangre», aparecida en la Editorial El Árbol en 1935, bajo el cuidado de José Bergamín. En ella Lorca escribió: «A mi queridísimo amigo Luisito Hurtado perdido en esta selva de Madrid. Con un abrazo de su amigo que no le olvida Federico Madrid 1936». La firma iba acompañada de uno de esos dibujos con elementos vegetales que tanto le gustaba hacer al poeta. Indudablemente es uno de los últimos dibujos de Lorca antes de dejar Madrid para encontrar la muerte en Granada en el sangriento verano de 1936. La dedicatoria, tan afectuosa, denota que hubo una amistad entre Lorca y Hurtado que se remonta hacia 1934, algo que sabemos gracias a otro libro localizado recientemente en una colección privada por Ian Gibson, biógrafo de Lorca. Se trata de un ejemplar de la «Oda a Walt Whitman», que Lorca publicó en México en una muy limitada edición de 50 ejemplares que distribuyó entre sus más cercanos amigos. Es en este poema, como dice Gibson, donde Lorca afronta con mayor transparencia su «problema» con la homosexualidad. Por ese motivo fue muy cuidadoso escogiendo a los lectores de esa edición limitada, aquellos que lo pudieran comprender bien. «Para Luis Hurtado Álvarez, recuerdo cariñoso de Federico García Lorca Madrid 1934» reza la dedicatoria que el poeta le escribió en la primera página de ese ejemplar que hoy afortunadamente todavía se conserva.

Pero ¿quién era este joven? Nacido el 27 de enero de 1917, era hijo de Luis Hurtado Girón, un célebre actor que fue el secretario personal del Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente. Fue precisamente el autor de «Los intereses creados» quien presentaría al joven a Lorca. Así lo han recordado para este diario sus sobrinas, las actrices Teresa y Fernanda Hurtado: «Nuestro tío Luis y Lorca se conocieron en un bar de Madrid que se llamaba Los Italianos, donde los presentó don Jacinto». Las dos hermanas apuntan, además, que el establecimiento, situado en la carrera de San Jerónimo, era punto de encuentro de homosexuales en el Madrid de la Segunda República. «Era un tema tabú en aquella época. Nuestro padre, Diego Hurtado, defendía a don Jacinto, mientras que nuestro tío Luis a Lorca. Ellos no eran homosexuales y en aquella época había otra mentalidad, pero los defendieron, algo que casi les cuesta la vida a ambos, a nuestro padre y a nuestro tío», aseguran Teresa y Fernanda. Diego Hurtado escondió a Benavente durante la Guerra Civil «en un desván como Ana Frank», como rememoran sus hijas. Luis, por su parte, se atrevió a dedicarle un texto en el bando franquista que provocó una orden de detención contra él.

Mucho carácter
Que Lorca y Benavente se conocían es sabido, aunque no se puede hablar de una profunda amistad entre ellos. «Eran rivales y los dos tenían mucho carácter, pero después de estrenar volvían a hablar como siempre», apuntan las Hurtado. En este sentido, cuando el 28 de diciembre de 1934 tiene lugar el ensayo general de «Yerma», la última tragedia lorquiana, Benavente será una de las tres «barbas ilustres» que asista a la función junto con Ramón María del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno. Es precisamente en esas fechas cuando Luis Hurtado Álvarez le escribe a Lorca una de las dos misivas conservadas en la fundación que lleva el nombre del autor granadino. Otra carta, de 1935, hace referencia a la publicación del «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías», una elegía que inspiraría dos años más tarde «Gráfico de los huesos sobre tierra» donde Luis quiso rendir homenaje póstumo a su amigo granadino.

Las hermanas Hurtado hablan con admiración de su tío y reconocen que es la primera vez que alguien les pregunta por aquella amistad lorquiana. «Mis tíos y nuestro padre eran muy guapos, la sensación del Madrid de ese tiempo y además vestían con modernidad. Nuestro tío Luis era muy hombre, como le gustaba a Lorca», explican. Cuando el autor de estas líneas les pide saber si hubo algo entre el autor de «Bodas de sangre» y él reconocen que «no lo podemos asegurar porque desconocemos mucho del tío Luis. Había cosas de las que no hablaba porque era muy estricto con su vida privada. Pero ¿cómo no se iba a amar a Lorca? Él le prestaba su belleza y Lorca su inteligencia».

2012/11/08

DOCUMENTACIÓN | OFENSIVAS | MARTÍN PRIETO (OTRA VEZ) CONTRA EL MATRIMONIO IGUALITARIO

El Constitucional y la antropología.
El Tribunal Constitucional ha retorcido un párrafo constitucional sobre el matrimonio de hombres y mujeres leyéndolo en los cerros de Úbeda y despeñándose por la igualdad entre los sexos corriendo la tinta de la textualidad haciéndola abstrusa, profunda y difusa. Noticias prehistóricas no se tienen sobre este, al parecer, complejísimo asunto, pero desde que se tradujeron los manuscritos cuneiformes se sabe que varones y mujeres matrimoniaron por la necesidad biológica de la reproducción. También se conoce desde Sodoma a la isla de Lesbos que homos y lésbicas hicieron de su sexo un sayo sin que sus sociedades se alarmaran. Aunque ahora parezca una moda transgresora, la homosexualidad es más vieja que el Mediterráneo. A Julio César le preocupaba el poder y su calvicie, no que le señalaran como el marido de todas las matronas romanas y la esposa de todos sus generales. Otrosí, Alejandro el Magno o los gustos de Leonardo da Vinci y las apetencias de Miguel Ángel Buonarroti. Pero no competían con el matrimonio familiar y antropológico. Rodríguez Zapatero repitió que imponía «matrimonio» a la unión homosexual y a Rajoy le dijo en Cortes que se trataba de amor, cursilería legislativa que hace buena la definición de Ortega: «Es un estado de alteración mental transitoria». ¡Qué vamos a esperar de un hombre que en su caída política dijo que su mayor logro había sido el matrimonio gay! La iniciativa no fue socialista sino del PP, que dejaba a la discusión llamar a este engarce unión civil, pareja de hecho, etc. La sociedad no ha evolucionado como cree el TC, experto en crear problemas donde no los hay, y a los españoles el arcoíris les importa una higa. Hemos tenido ministros gay y a nadie se le ha ocurrido una chocarrería, y en los medios audiovisuales sólo se hacen ricos y famosos los de la otra acera antropológica. Jacinto Benavente tropezó con un patán: «No le cedo el paso a un maricón». «Pues yo sí», contestó al [i.e. el] Nobel apeándose del bordillo. Como es cuestión de amor llegaremos a legalizar la zooderastia, porque los afectos entre amo y perro sí que son indestructibles.
 

Y TAMBIÉN...
La nada discreta homosexualidad de Jacinto Benavente.
Leopold Estapé | El Obrero, 2020-08-21

https://elobrero.es/recursos/arco-iris/55664-la-nada-discreta-homosexualidad-de-jacinto-benavente.html 

1993/03/05

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MIGUEL DE MOLINA, EL MEJOR DE LA COPLA

El mejor de la copla.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1993-03-05

https://elpais.com/diario/1993/03/06/cultura/731372408_850215.html 

Varios teatros de Madrid, varios testigos con la memoria incierta por la edad, disputan hoy el honor de haber recibido y visto por primera vez en Madrid a Miguel de Molina. ¿Fue en la Zarzuela, en el Calderón, en el Fontalba? ¿Con la Argentina, con Estrellita Castro, con Pastora, con Rosita Durán? Y todos recuerdan el gran triunfo: el nacimiento de la estrella. Yo sé que le vi más tarde, entre los ruidos de bombas y proyectiles de obús en los fines de fiesta del cine Proyecciones: ¡se veían tantas cosas allí! A Estrellita Castro y a Pastora Imperio, a Don Jacinto Benavente levantando el puñito y hasta a Doña Concha Espina, que luego pudo escapar. Miguel de Molina salía con su "blusa cuajá de lunares" y los milicianos de permiso, o que venían a pasar la tarde desde el frente, que estaba casi donde escribo ahora, gritaban "¡La Miguela, la Miguela!".

No era un insulto: era una forma de homenaje. No le molestaba de ninguna manera: no ocultaba, no falseaba nada (y tampoco eran tiempos fáciles para la libertad sexual: ‘El Campesino’ los mataba). Contestaba, sonreía, hablaba con el público desde una cierta altura, digamos, desde un dominio. Cantaba ‘Soy de la raza calé’, y alguien gritaba, siempre, desde el público "¿Es que os llamáis así ahora?". Se quedó la frase: "ese es de la raza calé". Bueno, aquel público éramos los de la chusma, que decían los otros. Pero cuando entonaba ‘Ojos verdes’, había silencio y respeto, y hasta un poco de escalofrío. Eso era algo muy serio.

Ahí están los discos: no hay mucho guardado, pero está a la venta. Hay que desconfiar especialmente de alguno que ha guardado el registro de la voz y la ha hecho acompañar de una orquesta moderna, como a otros grandes. Contaba él como nació la copla famosa, y yo lo he repetido más de una vez. En Barcelona: Lorca estrenaba ‘Yerma’, Rafael de León fue a verle, Miguel de Molina cantaba en algún local nocturno: se encontraron, los tres, ya a la madrugada y, en una servilleta, Rafael de León escribió su letanía de verdes: ojos verdes, trigo verde, verde limón: y Lorca, entre bromas, le dijo que le copiaba ‘su Romance sonámbulo’ (‘Verde, que te quiero verde’...). Andalucía era verde, decían los tres... Lorca, recordaba Miguel de Molina, llamaba a Rafael de León ‘Marqués’ -lo era-; Rafael a Lorca, ‘poeta’. Esa fue la canción (que Rafael de León terminó con Valverde; música, claro, de Quiroga) y que se hizo famosa. Fue, probablemente, la que le trajo la desgracia a Miguel de Molina: todos -digamos todas: había más mujeres que hombres metidos en la copla- la querían cantar, y una de ellas fue Concha Piquer. La diferencia estaba en que Concha ganó la guerra, y venía de la zona nacional, de la buena y homologada, y Miguel la perdió. Miguel estaba en la ‘zona roja’ y, además, cantaba en los frentes, en los hospitales, en los albergues de refugiados.

Francisco Ayala cuenta una anécdota de Miguel en Valencia: en una reunión, un joven militar se negó a estrechar la mano de Miguel de Molina: por homosexual. El artista dijo a alguien que el oficial quedaba emplazado... Unos días después, llamó por teléfono a ese alguien y le citó en una habitación determinada de un hotel: "Entra sin llamar: yo estaré dentro y dejo la puerta abierta". Cuando llegó, Miguel estaba con el que le había repudiado. Una forma de orgullo, una forma de desprecio y, probablemente, algo más: una demostración de que nadie puede estar seguro... Lo cuento brutal y rápidamente, como todas estas notas escritas en el filo finísimo entre la noticia de la muerte y el cierre del periódico: hay que leerlo entero, en ‘Memorias y olvidos’.

La caída
Así, Concha quería cantar ‘Ojos verdes’ y algunas cosas más -otro monumento, ‘La Bienpagá’, de Perelló y Mostazo-, y las cantó. A Miguel de Molina no le había servido saludar brazo en alto -también con Benavente- desde una tribuna de la calle de Alcalá a las tropas franquistas que entraban en Madrid (a Benavente tampoco le valió: estuvo mucho tiempo castigado a que su nombre no se imprimiese en los periódicos, ni el los carteles de los teatros: tuvo que hacer muchos méritos para el perdón). Con ellas entraba Concha Piquer, y con las canciones que traía de la zona homologada, y que le había dado el Marqués. Miguel de Molina siguió trabajando en algunas provincias, en algunos pueblos: quiso venir a Madrid, al teatro Pavón, y todo se precipitó: una noche fueron a detenerle, y los tres individuos que se lo llevaron de su camerino algo más que policías: se lo llevaron a un descampado de lo que entonces se llamaba el Hipódromo (ya no estaba allí: por donde está ahora el monumento a la Constitución, que sirve de respaldo en la madrugada a los trasvestidos agotados) y le apalearon brutalmente.

Les reconoció: uno era el Conde de Mayalde, Director General de Seguridad y, luego, alcalde de Madrid; otro, Sancho Dávila, jerarca de la Falange; el otro, decía él, un jefe de sindicatos. Imagino algún nombre pero no tengo la seguridad. Recogió sus casi despojos un taxista: le dijo quien era y le llevó al teatro, donde los que quedaban le cuidaron. Fue el principio de su exilio.

En ese exilio, muchísimos años después, se lo contó a Carlos Herrera en una filmación memorable para el programa ‘La copla’, de Canal Sur, más tarde retransmitido por otras emisoras autonómicas (Herrera está publicando ahora, en ‘Abc’, una historia muy atractiva y muy completa de la copla; está escribiendo otra, creo, Terenci Moix; y está el libro fundamental de una generación, el de Vázquez Montalbán, ‘Crónica sentimental de España’). No comprometía Miguel en sus declaraciones a Concha Piquer: solo les culpaba a ellos. "La Piquer -decía- era una gran cantante para las canciones valencianas". La Piquer era otra cosa: sus intelectuales -los de Mayalde y Sancho Dávila- la llamaron ‘tonadillera’, por no aproximar a ella la desprestigiada palabra cupletista, o canzonetista, que no se veía bien entonces; y señora ‘de la escena’.

No hay que lamentar nada de ello: era verdad, y esas grandes canciones las cantaba muy bien, con otras que fueron mucho más suyas (‘Tatuaje’); pero no se puede decir que cantase como nadie las coplas andaluzas, porque Miguel de Molina seguía vivo, y trabajando en toda América. Y con su gran casa en Buenos Aires. Una casa que vimos en la televisión cuajada de recuerdos, llena de blusas y sombreros cordobeses. Y un piano de cola a cuya vera recordaba, con la voz rota ya por los años, sus viejos éxitos.

Sombrero cordobés
Aún se le oyó en España por última vez, por la televisión, una pincelada de ‘Ojos verdes’: a Miguel de Molina le condecoraron en la Embajada de España en Buenos Aires -hace muy poco tiempo- y él acudió con la blusa, el chalequillo y el sombrero cordobés: su uniforme. Y cuando la cámara se clavó en su cara rota, arrancó con los primeros versos de la copla. No había voz, pero la musicalidad, el estilo, el misterio, estaban allí.

No quiso volver a España, después de un breve viaje que hizo. Le pesaba este país, quizá le daba miedo. Todavía era el de ellos, los que le habían apaleado hasta casi matarle en descampado; y se volvió a Buenos Aires. Recordaba su Málaga, donde empezó de verdad: desde el campillo pobre de su familia, veía el teatro iluminado y soñaba con ser artista y cantar en él... Pero amaba Buenos Aires donde "hasta Perón", decía él, le había respetado. Quería, sin duda, morir allá.

1990/04/05

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | CANAL SUR EMITE HOY LA PRIMERA ENTREVISTA CON EL LEGENDARIO MIGUEL DE MOLINA

Canal Sur emite hoy la primera entrevista con el legendario Miguel de Molina.
Diego Galán | El País, 1990-04-05

https://elpais.com/diario/1990/04/06/radiotv/639352803_850215.html

Desde que decidió exilarse en Buenos Aires tras la guerra civil, Miguel de Molina no había concedido entrevistas a ningún medio de comunicación español. El programa 'Coplas', que dirige Carlos Herrera en Canal Sur, emite hoy una hora y media de entrevista exclusiva con Miguel de Molina, seleccionada de una larga conversación en la que el artista recuerda los años difíciles y como García Lorca y Rafael de León compusieron ante él Ojos verdes. También evoca figuras de aquellos años como Picasso, Benavente, Eva Perón, Concha Piquer, Manuel Torre, Lola Flores y Pastora Imperio.

Desde que se exilió al final de la guerra civil, el cantante Miguel de Molina ha sido un misterio para los españoles. Ni la proyección en TVE hace unos años de los mediometrajes que interpretó durante la II República, ni la inmediata edición en vídeo de su película argentina ‘Esta es mi vida’, ni la referencia lateral a su biografía que pueda encontrarse en ‘Las cosas del querer’, de Jaime Chávarri, son capaces de dar cumplida información de este creador de la ‘canción española’, de fantasiosa puesta en escena y exuberante vestuario, cuya influencia en el género es tal que sin él sería inconcebible. Paradójicamente, mientras Miguel de Molina abarrotaba los teatros de forma constante, tuvo que huir de España por la implacable persecución que los vencedores en la guerra hicieron de su condición de homosexual.

Palizas y mala vida
De ello habla la primera entre vista que ha concedido a un medio de información español desde que decidió residir en Buenos Aires, harto de palizas y de mala vida a pesar de su atronador triunfo. Carlos Herrera, paciente y eficaz, ha logrado esta primicia para su programa ‘Coplas’, que hoy emite Canal Sur.

Ha conseguido que Miguel de Molina recuerde con dolor aquellos años y acuse al secretario privado de Serrano Suñer de tales violencias; que, con equilibrada nostalgia, explique cómo Rafael de León y Federico García Lorca compusieron ante él ‘Ojos verdes’, "la canción que interpretaba muy bien Concha Piquer pero que yo bordaba", que rememore sus triunfos y detalle sus viajes en Rolls Royce al campo de batalla para consolar a los soldados heridos; que cante ahora con su voz rota aquellas canciones que él hizo famosas; que lea sus poemas sobre España, Argentina y Málaga, con un fantástico cruce de acentos andaluz y porteño, y que, en fin, Miguel de Molina se descubra no sólo por primera vez ante nosotros sino con admirable zorrería, inteligencia y sinceridad, llenando la pequeña pantalla de magia, mientras, con delicadeza, desvela unos hechos significativos y terribles de aquella primera posguerra.

Asombrosa precisión
Sólo un fragmento de cine rancio en el que el artista interpreta ‘La bien pagá’ ilustra la hora y media de entrevista. Seguramente hubiera sido un error no usar todo el tiempo posible para oír y ver a este hombre de 83 años que revive con asombrosa precisión los más pequeños detalles de su pasado y que tiene una opinión firme y propia sobre cuantos le rodearon. Por sus comentarios pasan Concha Piquer, Manuel Torre, Jacinto Benavente, Picasso, Lola Flores, Federico García Lorca, Pastora Imperio, Eva Perón, empresarios, policías y militares, con una belleza de lenguaje tierna y precisa.

Carlos Herrera ofrece esta noche un regalo para los espectadores de Canal Sur que ya sepan del excepcional artista y una sorpresa para los que no han tenido tiempo de descubrirle. Al parecer, TVE negocia la emisión de esta entrevista, que tuvo una duración original de tres horas y en la que aún caben más sorpresas. Se trata de un documento único que deberíamos ver todos.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...