Mostrando entradas con la etiqueta Kinsey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kinsey. Mostrar todas las entradas

2018/08/08

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | CONTANDO HOMOSEXUALES

20 Minutos / “We are everywhere", estamos por todas partes //

Contando homosexuales.

Moscas de Colores | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-08-08

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/08/08/contando-homosexuales/ 

La idea de que una de cada diez personas es homosexual es quizás uno de los “mitos” más conocidos y recurrentes en torno a la homosexualidad. Ha pasado a formar parte de nuestro imaginario y a pesar de haber sido muy contestado por cierto grupos “conservadores” y de la aparición, cada cierto tiempo, de nuevas encuestas, informes y estudios que lo cuestionan, es difícil dejarlo atrás porque nos lleva acompañando desde finales de los años 70, lo que para mi es toda la vida.

Incluso recuerdo haberme sorprendido alguna vez, de adolescente, calculando “estadísticamente” cuántos, en el metro, en el autobús o en la clase de gimnasia eran “así”. Aunque también recuerdo que por aquel entonces nunca me incluía en el cálculo. Y si bien nunca me planteé de donde salía ese 10% tan reconfortante para algunos e inquietante para otros, en algún momento lo asocie a la figura de Kinsey y sus dos famosos informes sobre el comportamiento sexual, que revolucionaron y escandalizaron a la sociedad de los años 50 al sacar la homosexualidad de las sombras y convertirla en un fenómeno relativamente común. Tanto, que según Kinsey, al menos el 37% de la población masculina y el 20% de la femenina había tenido alguna experiencia homosexual entre la adolescencia y la vejez.

Sin embargo, en sus informes no encontraremos la estadística del 10%, porque si bien es cierto que el dato está relacionado con ese investigador y esos estudios, el hecho cierto, por lo menos según Bruce Voeller, científico y miembro fundador de la National Gay Task Force (actualmente National LGBTQ Task Force), es que ellxs se “inventaron” la cifra haciendo una media entre los hombres (13%) y las mujeres (7%) que según esos informes eran predominantemente homosexuales. Trece más siete, dividido entre dos, igual a diez.

Así nació la famosa estadística que afirmaba que el 10% de la población era homosexual y que sirvió para apoyar una de las grandes campañas a favor de los derechos LGBT de la época que tuvo por eslogan “we are everywhere”. Esta idea de que “estamos por todas partes” apoyada por la mágica cifra del 10% fue un rotundo éxito. Tanto que la cifra, usada una y otra vez, ha llegado a convertirse casi en un hecho aceptado, convirtiendo la estadística y la demografía homosexual en una herramienta y/o un arma en el campo de batalla político entre defensores y detractores de los derechos de las personas LGBT y como derivada poniendo el foco en el espinoso hecho de que tras más de un siglo desde que apareciera el concepto de homosexualidad no se ha conseguido responder a la pregunta de qué es o qué se entiende por homosexual.

A pesar de llevar 70 años contando homosexuales parece que los autores, estudiosos, especialistas y expertos que realizan estos estudios no se terminan de poner de acuerdo sobre el asunto y cada uno suele usar un modelo taxonómico propio que, no solo determina el resultado de la investigación, sino que se termina concretando para el gran público, en titulares más o menos llamativos en los que la población LG, LGB, LGBT, LGBTI, LGBTI+... puede estar tanto por debajo del 1% como por encima del 20%. Si bien podemos ver este baile de cifras como algo casi anecdótico, la realidad es que estos resultados, así como los parámetros usados para obtenerlos, terminan siendo fundamentales a la hora de situarnos en relación con el resto de la humanidad (“normal”) desde un punto de vista sociopolítico e incluso biológico.

Porque en estos estudios no solo se trata de saber cuántos somos, sino de por qué somos diferentes, y al partir de esta premisa de la diferencia estamos asumiendo y reafirmando, un modelo de heterosexualidad hegemónica esencialista que sigue siendo casi intocable, incluso en estos tiempos tan posmodernos. En base a ese paradigma, que se nos cuenta, se nos estudia, se nos define, se nos explica y, también, quizás sobre todo, se nos tolera, integra, persigue o rechaza dependiendo de cuán numerosos o escasos podamos ser.

Porque no es lo mismo perseguir o, en el mejor de los casos, ignorar a un 1% de la población que a ese mágico 10% que gracias a Kinsey, Voeller o quien sea nos convirtió en una minoría y por lo tanto, en sujetos de derechos. Porque ese 10%, real o imaginario, nos asegura el derecho a ser visibles, nos da voz. Pero sin embargo ese 10% también nos obliga existir en relación con un paradigma que ya hace tiempo que ha empezado a hacer aguas.

La idea de que la sexualidad de una persona es dinámica, fluida, cambiante, y versátil, que funciona más allá de una identidad fija, determinada y estable que pueda ser definida mediante un término, es el gran secreto a voces que ya desde los tiempos de Kinsey nos cuesta tanto asumir, porque implica renunciar a la seguridad de las etiquetas. Implica tener que afrontar el mañana sin la seguridad de saber quiénes somos, y por lo tanto qué se espera de nosotrxs.

Conceptos como diversidad sexual se siguen aplicando a nivel de especie, cuando en realidad se deben aplicar a nivel de individuo. La diversidad sexual no es algo que atañe a una parte de la especie humana haciendo que existan diversos grupos de personas con características diferentes, sino que es algo que ha de entenderse como un elemento intrínsecamente unido a cada individuo. No es que existan humanos gay, bi o heteros, sino que todos los seres humanos tenemos la maravillosa capacidad de poder amar y gozar de muy diferentes modos dependiendo de las circunstancias.

Contar homosexuales no hace otra cosa que reforzar esa dicotomía entre lo normal y lo diferente, y si realmente queremos avanzar debemos abandonar ese paradigma, útil durante un tiempo pero que hoy es insuficiente, porque la sexualidad humana, de las personas, de todxs nosotrxs es plástica, y esa es su esencialidad.

1995/12/02

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | "PARADÓJICAMENTE, EL SIDA NOS HA BENEFICIADO A LOS HOMOSEXUALES"

“Paradójicamente, el sida nos ha beneficiado a los homosexuales”.
Mayka Sánchez | El País, 1995-12-02

https://elpais.com/diario/1995/12/03/sociedad/817945205_850215.html 

Se confiesa abiertamente homosexual y defiende los derechos de este colectivo como director del Instituto de Educación de Gays y Lesbianas, de Hollywood, California (Estados Unidos). El neurobiólogo Simon LeVay, que ha viajado a Madrid para participar en la Semana Marañón, dedicada este año a ‘La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales’, afirma que la consideración social del colectivo homosexual ha cambiado mucho en los últimos años en un sentido positivo. "Aunque hace tiempo que la homosexualidad dejó de ser tipificada como enfermedad por la medicina", dice, "y que también ha dejado de ser un grupo maldito para la sociedad, porque los tiempos cambian y evolucionan, creo que una de las grandes razones para ese cambio ha sido el sida. Sí, pienso que, paradójicamente, el sida nos ha beneficiado, en el sentido de que la mayoría de estas personas ya se atreve a dar la cara y a confesar sin miedo su condición de gay o lesbiana y esto ha llevado a la reivindicación de unos derechos que, por ser diferentes a la mayoría, todavía no son reconocidos en la casi totalidad de los países".

Según asegura, el sida también ha modificado los hábitos sexuales de la población gay, una de las más castigadas por el virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH). "La epidemia", cuenta, "se cobró en sus comienzos muchas víctimas homosexuales. Ahora este grupo es uno de los más protegidos porque ha tomado verdadera conciencia de la prevención. Esto se evidencia sobre todo en los gays de más de 30 años. En los más jóvenes, sin embargo todavía la tasa de infección es alta".

En 1991 LeVay publicó un artículo en la revista científica ‘Science’ en el que revelaba sus aportaciones en el estudio del hipotálamo, una estructura del tamaño aproximado de la yema del pulgar que se aloja en la base posterior del cerebro y que controla la glándula hipófisis. Ambas estructuras son los directores generales del sistema neuroendocrino y en ellas se registra la conducta sexual y sensaciones como el hambre y la sed.

El neurobiólogo norteamericano escribía en ‘Science’ que una parte del hipotálamo de los gays era similar a la de las mujeres, lo que significaba que existen diferencias cerebrales entre los homosexuales y los heterosexuales. Este descubrimiento se da la mano con el de Dean Hamer, del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, que en 1993 revelaba que la región Xq28 del cromosoma sexual X del varón predispone hacia la homosexualidad.

"Sí sabemos que el sexo está genéticamente determinado", añade LeVay, que se identifica con la teoría de Hamer, "los más recientes estudios empiezan a demostrar que la conducta sexual, al menos en la gran mayoría de las personas, también está genéticamente determinada".

Como pone de manifiesto en su libro ‘El cerebro sexual’, LeVay no está de acuerdo con las tesis freudianas según las cuales hombres y mujeres nacen potencialmente bisexuales y el medio en el que el niño vive, principalmente los padres, hace que en la edad adulta sea homosexual o heterosexual. Tampoco está muy convencido sobre algunas teorías antropológicas que postulan el mismo principio y consideran que la cultura secular hace a la gran mayoría heterosexual para perpetuar la especie.

Sí coinciden con las aseveraciones que hiciera hace 60 años Gregorio Marañón, en el sentido de que el cerebro es el órgano sexual más importante. "Hay una relación bidireccional", explica, "entre el cerebro y los procesos hormonales, que también desempeñan un papel importante en la regulación de la conducta sexual. Muchas hormonas se segregan en una glándula cerebral, como es la hipófisis; las hormonas sexuales se segregan en las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones, y en las gonadales, que son los ovarios y los testículos. Estas hormonas son sustancias químicas que pasan a la sangre".

Según LeVay, que asume cifras del ‘Informe Kinsey’ de 1950, entre el 2% y el 4% de la población masculina es gay y entre el 1% y el 2% de la femenina es lesbiana.

De Grecia y Roma al siglo XX.
Mayka Sánchez | El País, 1995-12-02

https://elpais.com/diario/1995/12/03/sociedad/817945208_850215.html#?rel=listaapoyo

Sócrates, Platón y Aristóteles mantenían relaciones sexuales con jóvenes. Éstos se ofrecían gustosos a sus maestros a cambio de conocimientos filosóficos. También militares griegos de élite se hacían acompañar en sus batallas por muchachos deseosos de ser instruidos en la guerra. Como recuerda el antropólogo Marvin Harris, el estereotipo del homosexual afeminado y de maneras afectadas es un invento reciente occidental. Simon LeVay está de acuerdo y afirma que la homosexualidad es una práctica que ha existido siempre.

"En la Grecia clásica y la Roma imperial", sostiene, la homosexualidad, lejos de ser mal vista, estaba bien considerada. Con la cultura judeocristiana empiezan a cambiar las cosas. No obstante, aunque la Biblia condena la homosexualidad, en los primeros mil años de cristianismo hay cierta tolerancia. Es en torno al siglo XII cuando surge el comportamiento homofóbico. Se empieza a perseguir a ciertos grupos ‘diferentes’, como los homosexuales o las personas no blancas. Pero creo que es un problema eminentemente social, sin raíces religiosas".

El neurobiólogo norteamericano señala que hoy muchas iglesias mantienen una postura "de cierto acercamiento hacia los gays y lesbianas". Otro tanto está sucediendo en las leyes.

"Por ejemplo", explica, "en las parejas homosexuales de hecho se respeta el derecho a ser visitado en el hospital, aunque los padres se opongan. También, en el caso de homosexuales que han estado casados y han tenido descendencia, no se les quita la tutela de sus hijos". Admite, sin embargo que siguen sin poder casarse ni adoptar niños. "Tampoco pueden heredar de la pareja, salvo que haya testamento, ni recibir pensión de viudedad.

1980/05/06

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | LUIS ANTONIO DE VILLENA: CONSIDERACIONES A FAVOR DE WALT WHITMAN

Consideraciones a favor de Walt Whitman.
Luis Antonio de Villena | El País, 1980-05-06

https://elpais.com/diario/1980/05/07/sociedad/326498402_850215.html 

La lectura de un libro claro y profundo (‘Homosexualidad: el asunto está caliente’, de Héctor Anabitarte y Ricardo Lorenzo) me vuelve a la médula, a las muchas quisicosas pendientes, de un problema sin problema. Porque -y no es la primera vez que se afirma- la homosexualidad ‘no existe’. O, por mejor decir, es un problema inventado. Un asunto que la sociedad ha urdido para descalificar de sí a quienes no son -hombres o mujeres- ‘estrictamente’ reglamentarios. El ‘problema homosexual’ es una de estas etiquetas descalificadoras. Y es que, si eliminamos la ingente ‘presión social’ que sobre ellos se ha hecho y se hace (por no mencionar la crueldad, el desprecio o las hogueras), el ‘homosexual’ no existiría. Como tampoco, desde luego, los ‘heterosexuales’. Cada ser humano -hombre o mujer-, dentro de ese ‘continuum’ sexual de que hablaba Kinsey, elegiría libremente lo que su libido, su carácter, su necesidad diferente de placer o sus circunstancias le aconsejasen. Lo haría, por supuesto, sin violencia ninguna y con el respeto más absoluto a la decisión y a la libertad de los demás. Lo que a su vez, por ende, sería ‘natural’ en una (hoy utópica) sociedad de hombres libres. Casi podríamos decir que en un mundo tal no habría etiquetas, sino matices. Ya que el homoerotismo no es sino una más de las potencialidades sexuales humanas; una más, esto es, ni mejor ni peor. Una de tantas... Pero se me dirá que qué tiene que ver con la ‘normalidad’ que digo ese mundo exhibicionista, estereotipado y crispado (y potenciado por una, tal vez, efímera moda de ‘destape sexual’) que componen los travestidos y sus espectáculos, algunos chillones bares ‘gay’ y, sobre todo, la imagen -hoy tolerada, pero profundamente despreciada- de la ‘loca, del mariquita de gueto’... (Y conste mi natural respeto por cada una de esas cosas). Porque todo ello parece tan lejano del común, del deseable trato erótico, que uno siente la tentación de creer que sí, que hay un ‘auténtico’ problema homosexual. Y que lo que puede hacer una sociedad liberal como la que buscamos es aceptar ‘eso’, tolerarlo, pero mantenerlo, a ser posible, distante... (Y ‘tolerar’ es, casi siempre, una palabra profundamente racista). Pero el caso es que todas esas ‘manifestaciones’, desagradables para álgunos, y no exentas muchas veces de contenido belicoso (el célebre ‘no quieres caldo, toma tres tazas’), proceden precisamente de la ‘artificiosidad’ del problema homosexual, del haberlo -a sangre y fuego- inhumanamente creado... Es decir, que si las ‘manifestaciones’ arriba dichas (‘el loquerio’) han de ser hoy respetadas y aceptadas como realidad existente -y en absoluto dañina-, no menos cierto es que responden casi siempre a una ineducación o a una carencia, de la que el homosexual no es -hoy por hoy- para nada culpable.

Porque, ¿qué puede hacer un muchacho que comienza a sentir ‘esa’ tendencia sexual de la que nadie le dice nada, si no es para condenarla, escarnecerla o empecatarla, qué puede hacer -digo- ese sufriente muchacho, sino reprimirse ferozmente, o volverse hacia los suyos que, por la presión social que les oprime, y por secular ignorancia, deciden –‘grosso modo’- que si les gustan los hombres, ello es que son -de alguna manera- mujeres y tiene como tal que comportarse?

Ese muchacho, por la ignorancia e ignominia que la sociedad le da de sí, decidirá mal, y resultará por eso (no lo era) ‘deformado’. Al convertir un impulso vivo y natural en una pasión ‘vergonzosa’ o (en el mejor de los casos) crispada, belicosa, falseada... Naturalmente, hay quienes se salvan, quienes tratan de vivir -y viven- la ‘normalidad’ de su sentimiento, pero a costa de grandes dificultades. De orden familiar y cultural, primero, y de orden social, más tarde. Luchando por ‘comprender’ -entre la incomprensión feroz que les rodea- y luego por ‘hacer comprender’. No quiero decir que quienes así obren -personas evidentemente ‘normales’, aunque hagan a veces bandera de su actitud- sean héroes, ni creo que a ellos les guste esa palabra, pero están volcados, eso sí, al heroísmo. Ante las sonrisas, ante los comentarios por la espalda, ante la imperiosa necesidad de estar siempre alerta, luchando...

¿Qué sucedería si no hubiesen existido las persecuciones de la moral judeo-cristiana, el ‘pecado nefando’, las hogueras, la maldición, las cárceles?

La imagen -tópica y real- nos la puede acercar otra del mundo antiguo (hasta que, en 372, Valentiniano II, por presión cristiana, modificó la Lex Julia); unas largas centurias de ‘normalidad’, de pasión estética o de tolerancia clara... La misma imagen (a la que no hay por qué quitar su fervoroso contenido de utopía, de apuesta de futuro) que soñó Gide, o Wilde, o Wincklelmann, o Cernuda, o Walt Whitman... Y digo adrede precisamente estos nombres. Porque si muy cierto resulta, aquí y ahora, que el gueto tolerado es una conquista, los marginados deben aspirar a salir de él -porque les deforma-, es decir, a ser -siendo lo que son- ‘normales’. La vieja historia de los camaradas.

Luis Antonio de Villena es escritor y critico, autor del libro de poemas ‘Hymnica’ y de un estudio biográfico de Oscar Wilde.


Homosexualidad y tapujo.
Alberto Cardín | El País, 1980-05-12

https://elpais.com/diario/1980/05/13/opinion/327016807_850215.html

Curiosamente, frente a la normalidad vigente, el señor Villena propone, en su artículo aparecido en El País del día 7 de mayo, otra en la que, so capa de no ser ya necesarias las perversiones mayúsculas, éstas quedan excluidas. La solución, como todas las que echan mano de un supuesto talismán del futuro, se parece sospechosamente a la que Gramma recordaba hace poco a los «antisociales» cubanos: en la sociedad perfecta nadie tiene derecho a aspirar a la infelicidad. Y esto lo pone Villena nada menos que bajo la advocación de Walt Whitman, que, en su día y mentirosamente, negó a Symonds sus aficiones de todos bien sabidas. ¿Qué nos propone Villena mientras su solución al «falso problema» de la homosexualidad llega? Al parecer, el tapujo.

1979/02/13

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | LA MARGINACIÓN DE LOS HOMOSEXUALES

La marginación de los homosexuales.
Editorial | El País, 1979-02-13

https://elpais.com/diario/1979/02/14/opinion/287794802_850215.html 

La denegación por el Ministerio del Interior de la legalización como asociación del Frente de Liberación Gay de Cataluña merece un comentario que trasciende este hecho concreto, y es preciso hacerlo sin herir las conciencias de la moral al uso, pero perdiendo los temores a plantear lo que es un problema social y jurídico de mayor entidad de lo que se quiere reconocer. Sería excesivo arrojar sobre las espaldas de las autoridades gubernativas el peso exclusivo de esa que consideramos una actitud discriminatoria. Ya es conocido el celo con que se aplican a los homosexuales los artículos del Código Penal referentes al escándalo público y a los atentados a la moral y las buenas costumbres. Y también es un importante dato la dureza e implacabilidad con que la Iglesia católica juzga esa modalidad especial de «pecado de la carne». Pero no sólo gobernantes, legisladores y sacerdotes se distinguen por su actitud de intransigencia respecto a un grupo social que milita claramente en eso que se llama «los marginados». Dentro de los partidos de izquierda hay una vieja tradición que, ya en épocas de clandestinidad, vetaba el ingreso en esas organizaciones de homosexuales conocidos, y que hoy hace posible que se despache, desde las columnas del órgano de un partido, a un crítico de su política con alusiones chocarreras a su vida privada; rechazo y prohibición que, en otros países, como en la Cuba de Fidel Castro, ha tenido lamentables consecuencias, en forma de persecución social y penal de extremada dureza. Esa discriminación, que incluso a veces puede significar la cárcel, ha sido engendrada por una cultura y una escala de valores. Sus raíces son tan hondas que penetran en todo el cuerpo social, alimentan el repertorio de los chistes salaces, suministran material para los insultos más hirientes y perpetúan estereotipos a la vez ridículos y despreciables.

Y, sin embargo, las investigaciones de carácter empírico, la más célebre de las cuales es el informe Kinsey, realizado hace años en Estados Unidos, señalan que el porcentaje de población masculina y femenina con experiencias o propensiones homosexuales es mucho más elevado de lo que la sociedad quiere reconocer. Parece, por ello, tan brutal e inútil la persecución administrativa y penal de la homosexualidad en las sociedades de tradición cristiana -mientras no medien delitos añadidos de otro tipo- como puede serlo el castigo del adulterio en otras culturas.

Una sociedad democrática debe tratar de ampliar los márgenes de la libertad individual hasta que se confundan con los de la sociedad entera, y sin otro límite conocido que el tradicional de donde empieza la libertad ajena. Por eso resulta particularmente revelador que la decisión de unos ciudadanos con hábitos homosexuales de salir del ‘ghetto’ y crear una asociación en toda regla sea recibida como una provocación o como una insolencia, en vez de ser reconocida como un derecho.

No entramos ni salimos en la polémica acerca de lo que debe entenderse por ‘normalidad’ en el mundo reservado de las relaciones afectivas y del comportamiento sexual. Sólo opinamos sobre un conflicto entre las normas penales y las coerciones sociales, de un lado, y los derechos individuales, de otro. Ciertamente, hay gente a la que ofende la contemplación de un homosexual; pero hay otros a quienes molesta el estereotipo de macho representado -digamos- por Jorge Negrete o John Wayne. Lo único que debe importar a una sociedad pluralista, libre y civilizada es que ambos tipos de comportamiento sean posibles y que ninguno de ellos conculque las reglas cívicas establecidas desde el supuesto de que todo ser humano tiene derecho a organizar su vida privada como desee, en tanto no dañe a los demás.


SEGUIMIENTO
Lucha homosexual.
XXX · Militante del Frente de Liberación Homosexual de Castilla | Cartas al Director, El País, 1979-02-20

https://elpais.com/diario/1979/02/20/opinion/288313206_850215.html

1976/10/30

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LOS HOMOSEXUALES ESPAÑOLES EMPIEZAN A ORGANIZARSE

Los homosexuales españoles empiezan a organizarse.
Alfonso García Pérez | El País, 1976-10-30

https://elpais.com/diario/1976/10/31/ultima/215564401_850215.html 

Al parecer, los homosexuales españoles comienzan a organizarse. En las calles madrileñas más frecuentadas por homosexuales, donde se sitúan clubs como Blackys, Oliver, Rey Fernando, Bocaccio, aparecieron estos últimos días pintadas anunciando las siglas UHE. Unión Homosexual Española. Es la primera vez que se presentan en España grupos organizados de homosexuales, quizás como una manifestación de que en este terreno también se va a producir una homologación con otras naciones de Occidente. conversó con homosexuales y elaboró este informe.

La cuestión homosexual es más compleja de lo que parece a simple vista. Sólo un planteamiento simplista del tema lo reduciría a la disyuntiva de perseguidores-perseguidos, buenos-malos. «El homosexual español tiene mucha culpa de ello -dice A. H. M., veintiséis años, homosexual-, porque es víctima de una situación pero a la vez es causante de ella. Y no me estoy refiriendo a sus posibles excesos ante una sociedad que también tiene derecho a defenderse de los homosexuales. Me estoy refiriendo a la poca consistencia con que el homosexual español afronta su comportamiento sexual y lo defiende. El folklorismo en torno al tema no sólo es rechazado sino que, en buena parte, es fomentado por el propio homosexual...» Ese es el folklorismo que se advierte en buena parte de los centros y lugares dominados por el ambiente ‘gay’. Pero no es igual para todos. En las versiones españolas del ‘ambiente’, funcionan desde el profesional adulto y situado, muchas veces representante del alto nivel del ‘establishment’ de la economía, la técnica, el arte o la política, hasta el clásico ‘gigolo’-chulo, en su versión hispánica más próximo al mundo de la delincuencia que al de la homosexualidad propiamente dicha. Y todo ello pasando por ese sector intermedio de las mariquitas, locas, o como quiera llamárseles, que alegran la reunión y constituyen el deleite folklórico de los machos hispánicos y de los homosexuales serios.

Guía-gay
Los clubs, cafeterías, bares, hoteles, saunas y establecimientos, Frecuentados por personas de comportamiento homosexual aparecen en la internacionalmente conocida ‘guía-gay’, de venta en las sex-shop de París, Londres, Estocolmo, Hamburgo, etcétera- Allí se describen exhaustivamente los lugares señalados y sorprende al lector español lo informado de los autores y editores, ya que pocos españoles, homosexuales incluido, están al tanto de lo intrincado de la red mundial ‘gay’. En efecto, el mundo ‘gay’, en otras latitudes, se convierte, por el conocido mecanismo que lleva a la cristalización de los grupos perseguidos como grupos de presión en un, red que abarca desde los negocio, hasta las relaciones profesionales políticas. Un periódico londinense homosexual publica anuncios por palabras donde las personas que entran en relación a través de la publicación pueden venderse por televisor o realizar operaciones de crédito.

Todo ello contribuye a crear un mundo de apoyo y ayuda mutua que dispone en Amsterdam, por ejemplo, de centros de formación y lugares de estudio, o que promueve permanentemente la creación de seminarios de reflexión sobre diversas materias psicológicas y sociológicas, en conocidos ‘colleges’ británicos. Todo esto al parecer era inexistente hasta la fecha en este país, y no precisamente porque haya menos homosexuales que en el extranjero, sino según A. H. M. «por la absoluta falta de seriedad organizativa de los que hay».

El problema homosexual
En un excelente trabajo bajo el título «El problema homosexual», publicado recientemente en España por Taurus, el especialista francés en cuestiones de homosexualidad Marc Oraison, con una curiosa formación, síntesis de psicoanálisis, teología y sociología, hace unas aseveraciones que podrían resultar escandalosas y que de hecho a él le han planteado muchos problemas ante la extrema derecha francesa. Tanto Marc Oraison, en Francia, como D. J. D. J. West, en Gran Bretaña, con su obra ‘Homosexuality’ (sin traducción al español. Penguin Books, 1955, reedición 1974), se, atrevieron a meterle el diente a un problema, cuya reflexión y estudio provoca angustia en el ciudadano medio.

Insultar, para ser
¿Por qué esa angustia? se pregunta Marc Oraison. Y su respuesta es parecida a la del psicoanálisis: la angustia parece ser el síntoma de que el problema homosexual no es ajeno en absoluto a ese ciudadano medio que se «cura en salud» insultando a los maricas para sentirse más macho. Según estos especialistas, prolongando los resultados de las investigaciones de Kinsey, que revolucionaron en su día su país al describir el comportamiento sexual de los norteamericanos, han llegado a conclusiones que escalofriarían a- la opinión pública. Por ejemplo, parece un hecho evidente que cerca del 10% de la población sigue un comportamiento exclusivamente homosexual. Pero lo más, fuerte de las investigaciones no está en la cifra de personas de comportamiento ‘exclusivamente homosexual’ sino en la cantidad de individuos que han tenido episodios homosexuales a lo largo de la vida, sin que eso haya significado una ‘pérdida o deterioro’ de la función heterosexual. En ese caso, las cifras alcanzan, según el resultado de investigaciones y encuestas, el 30 %. Es decir, uno de cada tres seres humanos tendría algo que ver con la homosexualidad. Eso explicaría el porqué de las angustias ante el tema.

Perspectiva psicoanalítica
Estos datos confirmarían las tesis psicoanalíticas que hasta la fecha, dentro de la complejidad y misterio del problema homosexual, parecen ser las que ofrecen más visos, de verosimilitud. Según la doctrina de Freud, la libido humana, el erotismo de los individuos sería algo mucho más flexible v dinámico de lo que la educación y el pensamiento tradicionales han querido creer. La libido se orientaría en la primera infancia hacia aquellos ‘objetos’ que el desarrollo de la afectividad sugiere. Si las cosas van bien, el niño-varón orientará su erotismo hacia las mujeres y la niña hacia los varones. Pero una serie de complejidades que constituye objeto de largos y complejos análisis daría por resultado el que las pulsaciones eróticas se orientarían hacia otros ‘objetos’ diferentes de los normales. Muchachos con madres o padres autoritarios, huérfanos o personas carentes de una adecuada imagen paterna, evolucionarían en su dinámica psicoafectiva hacia la búsqueda de una relación erótica con personas que encarnasen las fuerzas que su mente necesitó y no pudo encontrar. Buscarían un ‘padre’ en la relación homosexual, o una madre, siendo también el rechazo a personajes temidos como los padres autoritarios la autoridad represiva un causante de la reorientación de la libido.

En todo caso, el tema es lo suficientemente complejo, como para merecer un replanteamiento de la cuestión. Las implicaciones médicas, psicológicas, sociales, educativas, jurídicas, políticas e incluso económicas del problema homosexual exigirán nuevos enfoques desde todas estas perspectivas señaladas. «Se puede ver el problema desde muchos ángulos -dice A. H. M.- y discutir unas u otras hipótesis sobre la homosexualidad. Lo que no se puede hacer es rechazar olímpicamente el diálogo con los homosexuales, desde la perspectiva dominante del sistema que rechaza todo lo que altera el funcionamiento establecido de la sociedad. Se rechaza a los homosexuales porque son diferentes y el sistema no acepta diferencias ni cambios».

El rechazo a los homosexuales no sería, desde esta perspectiva, otra cosa sino expresión de un miedo a los conflictos que lleva a en vez de estudiar los problemas en profundidad para actuar racionalmente, a cegarse ante la evidencia e intentar destruir las personas que encarnan el conflicto. Un conflicto, no obstante, que es algo perteneciente a toda la sociedad, no porque toda la sociedad sea o tenga que ser homosexual sino porque toda la sociedad es responsable de los profundos problema, de falta de comunicación, crisis familiar y represión de la afectividad y la espontaneidad que están en el origen de la homosexualidad.
 
SEGUIMIENTO
>
Una aclaración del Gay Power.
XXX · Cartas al Director | El País, 1976-11-15 

https://elpais.com/diario/1976/11/16/opinion/216946801_850215.html
>
Sobre el homosexualismo.
XXX · Cartas al Director | El País, 1976-11-20

https://elpais.com/diario/1976/11/21/opinion/217378802_850215.html 
>
Sobre los homosexuales.
XXX · Cartas al Director | El País, 1976-11-30

https://elpais.com/diario/1976/12/01/opinion/218242803_850215.html 

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...