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2022/06/12

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LOS AMORES DE CÉSAR MANRIQUE, DE PEPI GÓMEZ A PEPE DÁMASO

RTVE / César Manrique y Pepe Dámaso //

Los amores de César Manrique, de Pepi Gómez a Pepe Dámaso.

César Manrique tuvo dos grandes amores a lo largo de su vida, uno platónico y otro romántico.
RTVE, 2022-06-12
https://www.rtve.es/television/20220612/cesar-manriquez-amores-parejas-pepi-gomez-pepe-damaso/2367602.shtml 

La creatividad y el amor por cuanto y quienes le rodeaban estallaban a borbotones en el artista total que fue César Manrique. Con la honestidad y la valentía que supone ser siempre uno mismo, en su profesión y en su vida personal, este pintor y arquitecto de pasajes naturales, creador de ventanas al futuro, siempre buscó la forma de situarse bajo la luz de la celebración, al amparo del afecto profundo que daba y recibía.

Así lo describen quienes mejor lo conocieron. Más allá de una simple orientación sexual, el cariño y amor que profesaba el artista canario no tenía etiquetas. Pepe Dámaso, con quien Manrique vivió una intensa relación sentimental hasta el final de sus días, siempre defendió su derroche de amor.

Un amor que trasciende la amistad: Manrique y Dámaso
La suya fue una amistad profunda, de admiración mutua, de compañía y respeto. Una relación inquebrantable, primero epistolar, luego muy cercana, que los dos artistas mantuvieron juntos durante cerca de 40 años, y que da cuenta de su fortaleza.

Se conocieron en 1954, mientras Dámaso hacía el servicio militar en Madrid, en un encuentro que no fue casual. Dámaso fue a conocer al artista que inauguraba una exposición en la capital. En una entrevista concedida en la revista de arte Atlántica, narró aquel cruce de caminos, cómo Dámaso le confesó a Manrique que era gay y cómo César respondía diciéndole “serás amigo mío para toda la vida” e invitándolo a cenar.

Así se fraguó una amistad a la que siguieron un numeroso intercambio de cartas, viajes por el mundo, con un respeto a la creación del otro admirables y una manera de comprenderse que, a pesar de no ser pareja, trascendía a la amistad. Sin duda, desde lo más platónico de su vínculo, este fue uno de los grandes amores de la vida de Manrique, interrumpido de forma trágica en 1992, a consecuencia de un accidente de tráfico que truncó la vida del artista canario.

El otro gran amor de Manrique
Pero antes de conocer a ese gran amor, atravesó el corazón de César de manera muy profunda, a un nivel más elevado, romántico y lleno de tragedia. Durante 18 años, casi desde su juventud, Manrique compartió su vida con una mujer llamada Pepi Gómez. Una mujer bohemia, bien situada y de mentalidad abierta que le abrió las puertas de Madrid. Durante sus años de noviazgo, ella alimentó su libertad y su alegría de vivir.

Compartieron vivencias y amor en su famoso ático de la calle Covarrubias de la capital, una avanzada del buen gusto en la que celebraban fiestas únicas, al estilo de los actores de Hollywood. Pepi Gómez fue para Manrique un refugio de amor, impulso cultural, recreo festivo y singular en años grises.

“Pepi fue el único ser que me ha comprendido y que me amó como no me amó nadie. Era un ser con el que me pude comunicar durante 18 años de manera profunda y auténtica”, confiesa el propio Manrique en los audios de archivo que recoge ‘Utopía Manrique’ (2022), el documental que estrena este 12 de junio ‘Imprescindibles’.

El suyo fue un primer amor, una relación de descubrimiento que duró 18 años hasta que un cáncer acabó de forma repentina con la vida de Pepi. “Pensé que casi perdía el conocimiento y tuve que desbaratar mi casa de Madrid y cambiar absolutamente todo, hasta de lengua”, contaba el propio Manrique. Madrid se oscureció para él. Para superarlo y no mirar atrás, el artista se marchó a Nueva York, la ciudad en la que logró evadirse del dolor.

Y TAMBIÉN...
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Pepe Dámaso: "Entre César y yo no hubo homosexualidad".
Pablo Peñate / Diego F. Hernández | La Provincia, 2019-09-26
https://www.laprovincia.es/videos/cultura/2019/09/26/pepe-damaso-cesar-hubo-homosexualidad-8122745.html

2021/03/11

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CÉSAR MANRIQUE, EL GRAN DEFENSOR DE LA RIQUEZA NATURAL CANARIA

César Manrique, el gran defensor de la riqueza natural canaria.
José A. Cano | Revista Circle, 2021-03-11

https://www.revistacircle.com/2021/03/11/cesar-manrique-naturaleza-canaria/ 

«La insensibilidad reinante unida a la falta absoluta de entusiasmo están aniquilando el amor que había en un principio. Lo único válido para ellos es el éxito de vender en masas y ganar millones, sin tener en cuenta todo lo realizado en los comienzos. Indigna que esta torpe facilidad de ventas al por mayor se base en todos los grandes atractivos que hemos creado en Lanzarote, ya que, de no existir éstos, no venderían ni una perra chica. Esto es verdaderamente desmoralizador, es tirarse piedras sobre su propio tejado». Esta oda a un Lanzarote que está muriendo la escribía César Manrique Cabrera (1919-1992) en 1986. El artista fue uno de los principales referentes del arte en defensa del medioambiente y la naturaleza de nuestro país. Su mensaje sigue más vigente que nunca. Por eso, hacemos un recorrido por sus obras y las enseñanzas que, durante el siglo pasado, nos dejó para reflexionar sobre nuestro futuro.

Nacido en Arrecife, donde vivió toda su juventud, se dice que su experiencia como soldado en la Guerra Civil española fue tan traumática que lo convirtió en pacifista. Se marchó de nuevo del archipiélago para estudiar arte después de comenzar Arquitectura Técnica de La Laguna (Tenerife). Tras vivir en Madrid y Nueva York, regresaría a su isla natal en los años 60, cuando ya era un artista consagrado y comenzaba el boom del turismo de masas en España.

La destrucción de los paisajes de su infancia en aras de favorecer la economía lo volvería a transformar. A partir de los 70, lideraría numerosas protestas contra la construcción indiscriminada y la destrucción de los ecosistemas. Junto a su socio, el arquitecto Fernando Higueras, innovaría para recuperar el paisaje y adaptar la acción humana a la convivencia con la naturaleza.

Lo que para él era cotidiano, hoy se considera el futuro de la arquitectura y la sostenibilidad: la integración del diseño, el arte y la construcción en el paisaje y la recuperación de espacios perjudicados por la contaminación. Como ejemplo tenemos el Jardín de Cactus, su última gran intervención en la isla de Lanzarote. En 1991 –apenas un año antes del accidente de tráfico que le costaría la vida– reconstruiría una antigua zona de extracción de áridos de Lanzarote que se había convertido en un basurero, transformándola –literalmente– en un jardín de cactus.

Sus huellas están ahora por toda la isla. Otra de sus frases más conocidas, recordaba como ésta, para él, «era el lugar más bello de la Tierra». Y se dio cuenta de que «si ellos eran capaces de verlo a través de mis ojos, entonces pensarían igual que yo», decía haciendo referencia a los constructores que convirtieron en hormigón el litoral. También están sus huellas en el diseño respetuoso con el entorno se ven hasta en su propia casa, la conocida como Taro Tahiche. En la construcción, de 1968, Manrique sacó partido al espacio natural formado por las cinco burbujas volcánicas de una colada de lava de Teguise, actual sede de la fundación que lleva su nombre.

Un caso parecido es el de los Jameos del Agua, una de sus primeras obras tras su regreso de Estados Unidos. Este espacio, construido entre 1964 y 1966, aprovecha el desplome de la cubierta de un tubo volcánico junto a la costa, donde las aguas filtradas dieron lugar a un lago interior. En él diseñó un espacio en el que la naturaleza y el arte convergen, y donde el blanco de las paredes encaladas, el azul del agua, el verde de la vegetación y el negro de la lava son la combinación perfecta.

El más icónico de todos sus diseños sería el Monumento a la Fecundidad, que culmina la Casa Museo del Campesino. Con este espacio, el artista quiso reconocer el esfuerzo de los campesinos de Lanzarote, que se enfrentaron a las condiciones más adversas para dar vida al territorio. Esta construcción de 1968 está ubicada entre los pueblos de Mozaga y San Bartolomé.

Manrique nunca se consideró un intelectual ni un revolucionario, solo alguien que defendía el territorio que amaba y la relación de los humanos con su entorno. Homosexual sin ocultarlo en una época en la que esto no era fácil, desafiante y consciente de su poder como artista, no tuvo problemas en llevar la contraria a alcaldes, arquitectos o ministros. Con su marcha prematura se perdió una de las primeras voces que, desde el arte, desafiaron la cultura del pelotazo, la especulación y la ignorancia respecto al medioambiente. Hoy, su ejemplo sigue vive en Lanzarote y en el resto de planeta.

2019/04/23

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CIEN AÑOS DE CÉSAR MANRIQUE, APÓSTATA DE FRANCo, ICONO GAY DE FRAGA Y GENIO ECOLOGISTA

Cien años de César Manrique, apóstata de Franco, icono gay de Fraga y genio ecologista.
Se celebra el centenario de un hombre que integró el arte en el medioambiente y paró los pies al turístico del régimen franquista a base de tesón y confianza. “Se puede cambiar el mundo con una verdad entre las manos”, y con esa filosofía Manrique transformó una isla vertedero como Lanzarote en el paraíso del turismo exclusivo y en su mejor obra de arte.
Mónica Zas Marcos | El Diario, 2019-04-23
https://www.eldiario.es/cultura/arte/cien-cesar-manrique-franco-gay-ecologista_1_1583543.html 

César Manrique (Lanzarote, 1919-1992) se consideraba a sí mismo un “contemporáneo del futuro”. Y vaya si lo era. Mientras que el cambio climático no merece ni un minuto en el discurso de nuestros políticos, él vaticinó el desastre hace casi cincuenta años. “Veo el futuro bastante pesimista. Me da miedo que no sean capaces de reaccionar para salvar la vida en el lugar donde nos ha tocado vivir”, reprochaba al poder siempre que tenía oportunidad.

El artista absoluto sentía cada fractura en la piedra como “una herida en su cuerpo”. Por eso peleó por una arquitectura que conciliase el desarrollo con la conservación del patrimonio. “Yo lucharé, denunciaré y protestaré hasta que me muera. Soy como un ser eterno, porque no me acuerdo de cuando nací y tampoco sé cuando me voy a morir”, amenazaba ante la explosión del turismo de masas.

Por suerte, el mundo sí se acuerda de cuándo nació el visionario que transformó una desaliñada isla de Lanzarote en su mayor obra de arte. Ocurrió hace cien años en la pequeña localidad de Arrecife, cerca de la playa de Famara, donde el pequeño César correteaba salvaje por una orilla tan clara que reflejaba los acantilados. Dibujando su contorno sobre la arena, la flora canaria quedó atrapada para siempre en las manos, los pinceles y las construcciones del artista.

Su obra pictórica es relevante, pero en este centenario cabe destacar sobre todo una conciencia ecologista cocinada en una época hostil: la dictadura. “El camino de César Manrique va desde la estética a la ética”, dice Alfredo Díaz, portavoz de la fundación que lleva su nombre.

El experto invita a acercarse a él desde esa doble mirada: “Por un lado el artista que busca la belleza en el informalismo matérico, movimiento que le permite expresar la volcanología y esa parte telúrica que define Lanzarote, y por el otro, el artista con un profundo compromiso social y ecológico, aunque no existiese tal término”.

Su discurso se oponía a una nueva actividad económica brutal que estaba asolando a las islas centrales de Canarias y acechaba a Lanzarote: el desarrollismo. Es decir, un boom turístico con el que Franco quería sacudirse la caspa de cara al exterior en los años 60. Manrique tampoco se cerraba en banda, pero no a cualquier precio. Así que intuyó un modelo “disparatado” que, sin embargo, coló entre los alcaldes, el Cabildo y, lo más difícil, el régimen franquista.

¿Cómo logró su beneplácito en lugar de ser censurado o algo peor? Díaz lo explica a través de sus “complicidades positivas”. En ocasiones planea sobre César Manrique la sombra de su participación en en bando sublevado de la Guerra Civil, al que acudió como voluntario a la edad de 16 años. No obstante, el portavoz niega rotundamente su afiliación al franquismo y arguye dos razones principales para demostrarlo.

“Los jóvenes de Canarias salieron obligados en muchos casos al frente del Ebro. En este caso se presentó voluntario para elegir un destino y para quedarse en Canarias, en el ejército del aire”, dice de primeras. De hecho, es conocido que Manrique nunca quiso volver a hablar de la guerra ni de ideas políticas.

“Le horrorizaba y es más, lo primero que hizo al regresar a casa tras volver de Catalunya fue quemar el uniforme en la azotea”, continúa. Un gesto con el que renegó para siempre sobre su papel en la guerra y su vinculación con aquel bando.

A lo que nunca hizo ascos Manrique fue a las relaciones diplomáticas que diesen luz verde a su arte. “Los franquistas vieron en él a un tipo alocado pero que podía funcionar de cara a un turismo exclusivo o de élite, como le gustaba al régimen. Si no, ¿de dónde salía el dinero para hacer todas estas obras?”, se pregunta Díaz.

Aún así, el experto reconoce que, tras más de veinte años de estudio de la obra y el pensamiento de Manrique, le cuesta entender cómo logró convencer a políticos tan dispares y “zoquetes” con un modelo que ponía en riesgo la expansión económica.

Sus dos baluartes políticos fueron José –Pepín– Ramírez Cerdá, presidente del Cabildo de Lanzarote y su amigo de la infancia, y Manuel Fraga. El Ministro de Información y Turismo de Franco quedó admirado por las ideas modernas y el gusto de Manrique, que lo vinculó a sus tendencias sexuales. “Los homosexuales tienen una sensibilidad y una capacidad artística que no tenemos los heterosexuales. Son muy originales y creativos”, dijo en una ocasión.

“Fue una simbiosis muy afortunada, no sé si esas relaciones se vuelven a repetir y menos en el marco de una dictadura. Porque Manrique nunca se vinculó de una manera clara a ningún partido. De hecho, muchas de sus declaraciones vistas desde hoy parecen de una persona de izquierdas”, asegura con asombro Díaz.

Tanto en Madrid como en Nueva York, donde llegó tras la traumática muerte de su pareja en pleno estallido hippy y del amor libre, César Manrique se rodeó de lo más granado de la sociedad. Artistas y multimillonarios (como Rockefeller) en la ciudad norteamericana, y personajes de la literatura, el cine y la tauromaquia en la capital madrileña, donde organizaba fiestas que le otorgaron una fama de dios Baco.

Sin embargo, al regreso a Lanzarote en 1966, el artista se mezcló con la gente de la calle como hacía en sus inicios. Durante las décadas de los 70 y 80 tiene lugar un importante desarrollo de espacios perfectamente integrados en el entorno natural, justo cuando el régimen se planteaba abandonar la isla para los camellos y las cabras.

“Lanzarote era un lugar de emigración y de miseria. La población emigraba a las islas centrales o a Latinoamérica en épocas de sequía. Entonces llegó él y dio una mirada amable y propuso que esos paisajes calcinados y con viento pudiesen servir como atractivo turístico”, cuenta Alfredo Díaz.

En esa época comenzó su cruzada contra el turismo de masas y las empresas que querían absorber las carreteras como habían hecho en la península y en las islas vecinas. “Consiguió que en Lanzarote no se pudieran poner vallas publicitarias en los bordes de las carreteras. De hecho, él contaba que a principios de los 80 una empresa las puso y salió con un grupo ecologista emergente y se las cargaron. Estaba codo con codo en la calle”, concede el portavoz de la Fundación César Manrique. Paradójicamente, fue un trágico accidente de tráfico en un peligroso cruce entre vías el que acabó con la vida del genio.

El experto también le considera el padre del primer círculo de ecologistas, al que él mismo pertenecía durante la dictadura. “No creo que haya parangón en España, ya que en ese momento el medioambiente no formaba parte del discurso en las calles y mucho menos entre los políticos”, asegura. Pero César Manrique es un personaje casi más incómodo ahora que antes para quienes aprueban leyes demoledoras en Canarias como la del suelo.

En su centenario, año en el que el cambio climático representa ese “futuro pesimista” que el creador vaticinó en 1970, debemos rescatar su “vigencia absoluta”. Él defendía que los artistas tienen la obligación de enseñar a mirar. Para ello, salpicó las islas de miradores para asomarnos la belleza que nos estábamos perdiendo. ¿Qué mejor regalo de cumpleaños que demostrarle que algo hemos aprendido?

2017/09/26

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CÉSAR MANRIQUE: DIVINO, SANTO Y PECADOR

El Mundo / César Manrique //

César Manrique: divino, santo y pecador.

Hace 25 años (y un día) falleció en un accidente de tráfico un creador simpar. Provocativo, deslenguado, libre. Llegó distinto tras un viaje que hizo a EEUU y se dedicó a hacer de la isla de Lanzarote toda una obra de arte.
Luis Alemany | El Mundo, 2017-09-26
https://www.elmundo.es/cultura/2017/09/26/59c96ecf46163f2f1a8b45da.html 

César Manrique se despertaba temprano, iba a nadar, hacía ejercicios de anillas "como los que hacen los gimnastas en los juegos olímpicos", pintaba en el taller, bajaba a su Almacén en Arrecife (una mezcla de oficina, galería de arte y cine-club) y recibía allí a invitados, a periodistas y a políticos. Por las tardes volvía a su casa de Tahiche y se instalaba en su cuarto de estar, hecho de piedras volcánicas y cojines acharolados, el lugar en el que, según la leyenda, organizaba interminables orgías. Y, entonces, le decía a su ayudante, Carmensa de la Hoz: "Carmensa, ¿Bette Davis o Greta Garbo?". La casa de Tahíche tenía uno de los primeros reproductores de Beta Max que se vieron en España y, gracias a él, Manrique, el supuesto dios Baco de Lanzarote, podía gastar sus tardes en ver ‘La reina Cristina de Suecia’ y películas de ese estilo junto a una veinteañera que llevaba con la boca abierta desde la escena de las anillas. No había orgías. No se fumaba. Sólo se bebía café.

El novelista Manuel Puig se habría vuelto loco de felicidad si hubiera podido asistir a un solo día en la rutina lanzaroteña de César Manrique. El artista canario, héroe ecologista, icono gay, santo y pecador, murió hace 25 años y un día en un accidente de tráfico y, ahora que ya ha pasado el tiempo y la tragedia queda lejos, su historia se puede contar como si fuera una ópera italiana.

Vamos por el principio: César Manrique nació en 1919, en una familia educada de Arrecife. Fue a la guerra con el ejército rebelde y, cuando volvió, quemó su uniforme en la azotea de su casa. Estudió dos años en La Laguna y después se marchó a Madrid a hacer Bellas Artes en la Academia de San Fernando. Conoció a una mujer llamada Pepi Gómez, se casó con ella y juntos se subieron a la espuma de la primera generación de arte abstracto español. La famosa exposición pionera de la galería Clan de Madrid, en 1954, contaba con él en sus paredes. Aunque su papel era secundario.

¿Qué cambió la vida de César Manrique en los siguientes años para disparar su carrera? Hay dos teorías que, a simple vista, parecen compatibles.

Carmensa de la Hoz recuerda que Pepi Gómez murió en esa época y que el artista quedó desolado. Para salir de la depresión, su primo Manolo, psiquiatra, le recomendó un cambio de aires y Manrique se acordó de los amigos neoyorquinos que había hecho en el pequeño mundo del arte de vanguardia. Hasta el magnate Rockefeller había coincidido con él en alguna fiesta y le había invitado a visitarlo en Manhattan. Eso hizo. "En Nueva York se movía en un círculo de artistas latinoamericanos, muchachos pudientes que vivían la bohemia. Mauricio Aguilar y Waldo Díaz-Balart fueron muy amigos suyos. En esa época fue muy feliz y pintó algunos de sus mejores cuadros", recuerda De la Hoz. En América, además, Manrique se acostó por primera vez con un hombre. "Él lo contaba con mucha naturalidad: 'Yo me entregué. Quería ver qué era eso'. Lo que era le gustó. Sobre todo, le gustaban los cuerpos, los apolos, fueran hombres o mujeres".

El otro gran cambio en la vida de Manrique fue casual. Un día, en los primerísimos años 60, el canario fue a comprar lienzos a una tienda de Madrid. En la cola empezó a hablar con otro cliente. "Los dos estaban en el informalismo, en cierta actitud política contestataria. Conectaron y quedaron en contacto", explica el arquitecto Jacobo García Germán, que en 2016 fue comisario de la exposición ‘Fernando Higueras. Las Salinas’. En efecto: el hombre de aquel encuentro era el otro gran dionisio de aquella generación, Fernando Higueras, el mejor socio que tuvo Manrique.

"Higueras era entonces un arquitecto joven y con éxito, estaba en la onda de Fullaondo y de la revista ‘Nueva Forma’. Tenía cierta vocación comercial y llevaba buenos contactos y clientes. Estaba casado con la hija de un catedrático de Arquitectura y era un hombre muy formal, no tenía nada que ver con la imagen disparatada que luego se construyó", explica García Germán. "Manrique se dio cuenta de que su nuevo amigo era un arquitecto al alza y le invitó a visitar Lanzarote. Le decía: 'Tienes que ver aquello'". Y en 1962 embarcaron juntos. Manrique e Higueras emprendieron ese año un "viaje iniciático" que cambió sus vidas.

La teoría de García Germán es que fue Higueras quien abrió los ojos de Manrique a lo obvio: Lanzarote debía ser el tema al que dedicara su carrera. "Por ejemplo, el Mirador del Río tal y como lo conocemos, es una intuición de Higueras. Hay un croquis suyo que luego siguió César". Más allá de obras concretas, los dos comprendieron en ese viaje que Lanzarote era "un mundo encerrado en sí mismo que podía ser un laboratorio para el arte, un lugar donde construirse su ‘isla del tesoro’. Podía ser salvaje y artificial, podía ser la lascivia y la pureza, podía ser el turismo y la arquitectura popular".

Higueras, por su parte, se desinhibió en ese viaje: se divorció, empezó a desafiar todos los convencionalismos sociales y a hacer arquitectura cada vez más arriesgada hasta convertirse en un mito lleno de claroscuros. Pero esa es otra historia.

Manrique no era arquitecto, aunque, según García Germán, aprendió a opinar, primero, y a tomar decisiones después. Así funcionaba el artista lanzaroteño, a base de intuiciones. "César no era un intelectual, lo decía él mismo. Le llegaban los libros y llamaba a Pepe para que se los contara", cuenta Carmensa de la Hoz.

Pepe, esta vez, es Pepe Dámaso, artista grancanario, 14 años más joven que Manrique, protagonista de una preciosa retrospectiva en el CAAM de Las Palmas de Gran Canaria, este mismo año. Carmensa de la Hoz fue la comisaria.

"Yo fui a ver a César cuando la exposición en Clan, en 1954. Ese año estaba en el cuartel de Cuatro Vientos, hacía la mili en Aviación, y quise conocerlo. Me acuerdo de que Carlos Edmundo de Ory había escrito un texto para la exposición y también estaba por allí", dice Dámaso. "De César recuerdo el amor y la pasión con la que defendió su isla, la manera en que lo dio todo para que Lanzarote siguiera existiendo. No hubo homosexualidad entre nosotros. Hubo el cariño de dos hombres que amaban Canarias y el arte".

Dámaso fue el amigo que, durante los años de Nueva York, avivó en sus cartas la nostalgia por Canarias. Después, se convirtió en uno de los grandes defensores de su obra plástica. "Cuando querían atacar a César atacaban a sus cuadros y él sufría mucho por ello. Era injusto: César era un gran artista con cualidades que se adelantaron a su tiempo".

Manrique tenía enemigos, no es ningún secreto: era homosexual y deslenguado. Fue desafiante y después fue poderoso. Durante años, se comportó como el comisario estético de su isla. Reñía a los arquitectos, reñía a los ministros, utilizaba su fama en los medios y exhibía sus amistades en el gran mundo. ¿Fue para bien aquel reinado de Manrique-‘Turandot’? Cualquiera que visite o viva en Lanzarote sabe que, como mínimo, algo bueno quedó.

1992/09/25

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | FALLECE CÉSAR MANRIQUE, EL ARTISTA QUE MEJOR SUPO UNIR ARTE Y NATURALEZA

Fallece César Manrique, el artista que mejor supo unir arte y naturaleza.
El pintor canario, de 73 años, murió a consecuencia de un accidente de tráfico en Lanzarote.
Carmelo Martin | El País, 1992-09-25
https://elpais.com/diario/1992/09/26/cultura/717458401_850215.html 

El artista César Manrique falleció en la tarde de ayer en Lanzarote, víctima de un accidente de tráfico, cuando salía en su coche de la fundación que lleva su nombre, en Teguise. El cuerpo sin vida del pintor quedó atrapado en el interior del vehículo y fue extraído con la ayuda de gatos hidráulicos y pinzas cortadoras. Manrique Cabrera, de 73 años, falleció a las 15.00 (hora canaria), una hora después del accidente, tras ingresar en el hospital General de la isla.

Una ambulancia que casualmente circulaba por la zona del suceso pudo auxiliarle pero, a causa de la gravedad de sus lesiones, no fue posible salvarle la vida. El coche conducido por Manrique, un Jaguar de su propiedad, fue alcanzado lateralmente en un cruce de la carretera por un ‘jeep’, cuyo ocupante resultó con heridas de carácter leve. El artista se dirigía a su casa, en Haría, después de trabajar, como cada día, en su fundación, en Taíche, en el municipio de Teguise. Ultimaba los preparativos de su participación en los actos del Día Mundial del Turismo, previstos para el próximo domingo en la isla. Su muerte ha conmocionado al mundo cultural y político de Canarias. El presidente del Gobierno autónomo, Jerónimo Saavedra, expresó "el pesar que siento y creo que es compartido por todo el pueblo canario por la pérdida de César Manrique".

El escritor y amigo de Manrique, Alberto Vázquez Figueroa, señaló que "esta es la mayor pérdida de los últimos años en el mundo cultural de nuestro ámbito". Vázquez Figueroa y Manrique colaboraban en la actualidad en la realización de un monumento a la paz, promovido por la Consejería de Turismo y Transportes del Gobierno canario, para cuya inauguración había sido ya invitado el Premio Nobel de la Paz y ex presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov. A pesar de su avanzada edad, gozaba de una gran vitalidad y era, sin duda, uno de los agitadores sociales más brillantes de esta comunidad autónoma. Su ideario artístico, basado en una defensa acérrima de la convivencia de la plástica con la naturaleza, sincronizaba con su propio talante de activista y provocador nato de la sociedad, en aras de propiciar el máximo respeto al medio ambiente y al hombre. Por suerte, Manrique consiguió plasmar su filosofía del arte y, de la vida en una isla, Lanzarote, donde había nacido, a la que diseñó a su imagen y semejanza, en permanente disputa con la especulación inherente a un territorio marcadamente turístico.

La revolución del ocio

Autor de importantes proyectos urbanísticos ubicados en zonas turísticas y rurales del archipiélago, Manrique revolucionó la oferta de ocio y practicó un estilo estético nuevo que cautivó a críticos y artistas del mundo. En Tenerife creó el lago de Martianez (en el Puerto de la Cruz); proyectaba el parque marítimo de la capital, Santa Cruz de Tenerife. En Madrid realizó el proyecto de decoración del centro comercial La Vaguada. Su última obra en esta isla es Playa-jardín, la recuperación de una amplia costa de la isla, en el citado municipio de Puerto de la Cruz, obra que está a punto de ser concluida. En otras islas creó miradores y monumentos. Trabajó fielmente con un equipo de colaboradores y profesionales, entre los que destacan los arquitectos Juan Alfredo Amigó y José Luis Olcina y el constructor Luis Díaz de Losada.

Manrique, que se había sometido hace algunos años a una intervención quirúrgica a causa de una lesión que le afectaba la vista, no estaba impedido para conducir, según indicó anoche uno de sus colaboradores. El artista será enterrado hoy en el cementerio municipal de Haría. La capilla ardiente permanecerá instalada hasta el mediodía en el hospital insular de Arrecife.

Una inquietud sin limites.
Francisco Calvo Serraller | El País, 1992-09-25

https://elpais.com/diario/1992/09/26/cultura/717458412_850215.html

Nacido en la isla canaria de Lanzarote el año 1920, César Manrique era más que un destacado artista plástico entre los surgidos en nuestro país tras la guerra civil. Es verdad que se dio a conocer primero como pintor y escultor, alcanzando un notable prestigio como un brillante seguidor del informalismo matérico español de los años cincuenta, pero, junto a estas cualidades, demostró también pronto poseer inquietudes no limitadas al espacio del marco de un cuadro. Por de pronto, César Manrique era un promotor y organizador nato, y, en este sentido, remontándonos a sus primeros pasos profesionales como artista, fue uno de los fundadores de la Galería Fernando Fe, que tan relevante papel promocional desempeñó en determinado momento de la historia del arte contemporáneo español. En Madrid había cursado los estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y, de acuerdo con su espíritu curioso y vivaz, viajó después por todo el mundo, recalando durante cuatro años en Nueva York a partir de 1966. Esta estancia fue muy importante para Manrique por muchos motivos, pero en especial porque fue allí donde se suscitaron sus primeras preocupaciones acerca de la integración entre arte y naturaleza, mucho antes de que se pusiera de moda el ecologismo.

Su gran obra
De regreso a España, César Manrique se entregó a la que sería la gran obra de su vida, su obra de arte total: a Lanzarote, su isla natal. Comenzó predicando con el ejemplo: con su propia casa y jardín, que fue creciendo como un modelo, a partir del cual, fue comparativamente más fácil demostrar cómo era posible atender las exigencias de un turismo civilizado sin arrasar la belleza, el carácter y hasta la higiene locales. Eso no quiere decir que César Manrique no tuviera que seguir luchando ardorosamente hasta el final para evitar que se esfumaran esas conquistas iniciales que convirtieron a Lanzarote en un caso único en el mundo, pero dichos esfuerzos, que llevó a cabo con convicción y una enorme capacidad persuasiva, fueron los que le hicieron acreedor a los más diversos y relevantes premios internacionales.

Fijándonos exclusivamente en su obra pictórica, cabe reseñar, tras unos primeros momentos de estilo realista y temas regionales, su pronta vinculación con la corriente informalista española, que pronto él interpretó desde bases matéricas y texturales. Esta obra, por otra parte, preconizaba su ulterior pasión por los temas ecológicos, ya que evocaba el mundo de la tierra, concedida a través del hermoso paisaje volcánico de su isla natal. En cuanto a la escultura, César Manrique pudo explayar con ella su veta lúdica, utilizando materiales industriales y colores vivos.

Generosidad atlántica.

Juan Cruz | El País, 1992-09-25

https://elpais.com/diario/1992/09/26/cultura/717458413_850215.html

César Manrique desayunaba higos tunos de madrugada. Luego corría por las tierras baldías de los alrededores de su casa y regresaba fresco como una fuerza intacta de la naturaleza. No había manera de disminuirle la vitalidad ni había forma de quitarle el entusiasmo. La vida sólo podía acabársele con la muerte y ésta ha venido de la única manera que podía arredrar a César Manrique, por casualidad y a traición, en su tierra. Hace más de 30 años, sentado como un adolescente al borde de una cueva subterránea, César Manrique miró a su amigo Pepín Ramírez, que era presidente del Cabildo lanzaroteño, y se fijó en el eco de aquella cueva. "Pepín, levantaremos esta tierra". Hizo un quiebro en la historia y convirtió aquel erial que fue Lanzarote en un monumento en sí mismo.

Era un artista del Renacimiento al que la naturaleza quiso poner en este siglo y en Lanzarote. El fue el responsable de la imagen total de su tierra y dotó con su generosidad atlántica muchos de los rincones olvidados de una isla que durante siglos había sido dejada de la mano. Trasladó esa actitud hacia otros territorios, y en medio de la incredulidad cicatera de su tiempo se empeñó en adelantarse a los hechos y siempre puso ante reyes y ejecutivos su libertad de pensamiento como la virtud más contundente. Gracias a ese tesón impidió muchos disparates de la expansión turística que ha sufrido Lanzarote y aunque muchas veces fue un incordio para los acomodaticios, éstos al fin se rindieron a la evidencia.

Hizo de todo César Manrique, y de todo estuvo orgulloso. A veces podía pensarse que pecaba de orgullo excesivo, pero quienes saben hasta qué punto nadie creyó en él en los años sucesivos de su cabezonería entenderá por qué en medio de aquel descrédito él se crecía afirmándose. En realidad, su mayor orgullo estaba en su origen. Él decía que nunca dejó de ser aquel niño que corría por las playas de Famara como una cabra loca. Escribió, pintó, hizo poemas, discutió con todo el mundo y conservó siempre, como el joven a que se dirigía Kipling, la cabeza erguida de los que saben que en el fondo del alma tienen una razón que les viene de muy lejos. Tuvo toda la razón en muchas cosas. Su mejor obra es Lanzarote, hasta el punto que a veces parece que el propio nombre de la isla lo puso él mismo.

Hace más de 20 años, César Manrique inauguró el Monumento al Campesino. La burla general hacia aquella obra abstracta fue hiriente. César no se arredró. Tiempo después visitó Lanzarote el escritor Camilo José Cela. "Manrique", dijo, "se ha adelantado más de 20 años a lo que se verá dentro de 20 años". César recordaba años después esa anécdota como como un timbre de gloria. Hoy una frase de esa clase se lee como un epitafio, y los que conocieron a César Manrique saben hasta qué punto aquel muchacho de Famara no hubiera querido ver jamás junto a él una despedida de muerte. En los últimos años había cambiado su casa de Tahiche, que era una escultura debajo de la lava, por un ámbito más señorial y reposado en la localidad de Haría, en el centro húmedo de esta isla reseca. Como si simulara jubilarse, tenía allí su retiro, pero no paró en ningún momento: ahora en Sevilla hay una exposición suya y proyectos de César están en los despachos de muchas instituciones, así como en los litorales y en el interior de su propia tierra. Vivió como parte de la fuerza de la naturaleza, como la naturaleza propiamente dicha. Su ilusión era confundirse con la tierra en la que nació y para la que vivió. La muerte era su frustración; él no la quería. Acaso por eso fue tan creativo, tan inagotable.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...