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2023/03/20

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL PIRRI: CÓMO UN TOXICÓMANO Y DELINCUENTE COMÚN SE CONVIRTIÓ EN ICONO DEL CINE ESPAÑOL

20 Minutos / José Luis Fernández 'El Pirri' //

El Pirri: cómo un toxicómano y delincuente común se convirtió en icono del cine español

El irrepetible actor del cine quinqui de los 80 es reivindicado hoy en día por críticos y raperos.
Luis Landeira | Cinemanía, 20 Minutos, 2023-03-20
https://www.20minutos.es/cinemania/noticias/el-pirri-como-un-toxicomano-y-delincuente-comun-se-convirtio-en-icono-del-cine-espanol-5110456/ 

"Fuck Mario Casas y que viva El Pirri" dice el rapero Jarfaiter en uno de sus temas, ‘Mucho jeiter’. No es el único que se acuerda del macarra más entrañable del cine español. Otros muchos artistas de extrarradio, como D. Gómez, Yung Beef o El Coleta, lo citan y samplean ad nauseam, reciclando al icono jincho 26 años después de su muerte [esto sería 2014].

José Luis Fernández Eguia vino al mundo en el barrio de Pan Bendito (Madrid) en 1965. De pequeño jugaba al fútbol con el número 4, igual que el líbero madridista José Martínez Sánchez, por eso uno de sus tíos lo rebautizó como “Pirri”. Repudiado por sus padres, el niño fue acogido por su abuelo, que vivía en un bloque de Canillejas y trabajaba recogiendo cartones. Pero la vocación de El Pirri era otra: “Probé el caballo y, poco a poco, sin darme cuenta, estaba ‘enganchao’”.

A los 13 años, escapando tras robar un paquete de tabaco, El Pirri se metió entre un grupo de chavales que entraban a un casting. Allí le echó el ojo el guionista Gonzalo Goicoechea, que flipó con aquel torbellino rubio y desdentado que exigía que lo dejaran marchar. Cuando el guionista le explicó que quería ficharlo para una película, El Pirri saltó: “Si te estás quedando conmigo, mira que te busco y te curro”.

Pero la cosa iba en serio y debutó en ‘Navajeros’ (Eloy de la Iglesia, 1980), donde se encargó de poner el contrapunto vacilón a la vena atormentada de José Luis Manzano, con frases ya míticas como: “Venga, a ver si te buscas una musiquilla guapa, ¿no, colega?”.

El Pirri ladrón
A lo tonto, El Pirri hizo de sí mismo en 12 películas, entre las que destacan ‘Maravillas’ (Manuel Gutiérrez Aragón, 1981), ‘El pico 2’ (Eloy de la Iglesia, 1984) y, con matices, ‘Sé infiel y no mires con quién’ (Fernando Trueba, 1985). En ellas ejerció de secundario robaplanos, eclipsando a estrellas con su descacharrante y marginal gracejo; su único papel protagonista fue el de romeo quinqui en ‘De tripas corazón’ ( Julio Sánchez Valdés, 1985).

Pese a los excesos, El Pirri era un profesional que se aprendía el guion de cabo a rabo y rara vez necesitaba repetir una toma. En sus últimos años, los problemas de El Pirri con la justicia hicieron que su presencia en la gran pantalla se limitara a cameos como el de ‘La estanquera de Vallecas’ (Eloy de la Iglesia, 1987), donde sale insultando a la policía.

Por esa época, escupió disparatadas críticas cinematográficas en el programa de Fernando García Tola ‘Querido pirulí’, y pasó una temporada en la cárcel de Carabanchel por un atraco. Cuando lo soltaron, se echó una piba e intentó en vano dejar la droga.

El 9 de mayo de 1988, un chute de heroína adulterada puso fin a las peripecias de El Pirri, un crack que se fumó la vida de una calada y sin filtro. La tumba de El Pirri está en el Cementerio Sur de Madrid, Sección 4, letra A, número 231, por si quieres visitarlo para llevarle flores. Estírate un poco, tronco.

2022/02/19

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA VIDA RÁPIDA Y MUERTE LENTA DE MARÍA ISABEL: LA MUJER QUE DESENCADENÓ LA HUELGA DE PROSTITUTAS EN BILBAO

Público / Andrea Momoitio //
La vida rápida y muerte lenta de María Isabel: la mujer que desencadenó la huelga de prostitutas en Bilbao.

Guillermo Martínez | Público, 2022-02-19

https://www.publico.es/culturas/lunatica-andrea-momoitio-vida-rapida-muerte-lenta-maria-isabel-mujer-desencadeno-huelga-prostitutas-bilbao.html 

Esta historia está escrita desde las esquinas, las sombras de los calabozos, la represión de los tribunales franquistas aún perennes en democracia, la tortura psiquiátrica y la lucha callejera. También desde el olvido a un nombre propio, a unas protestas comunales: María Isabel Gutiérrez Velasco, que murió quemada en una celda de la prisión de Basauri el 9 de noviembre de 1977. La movilización de las prostitutas de Bilbao que eclosionó en la huelga que llevaron a cabo dos días después del fallecimiento vendría después. La periodista Andrea Momoitio desanda los pasos que un día dio una tambaleante María Isabel en ‘Lunática’ (Libros del K.O., 2022), la publicación que resucita esta historia tan calcinada como fugaz. Hasta ahora.

"No sé escribir un libro, pero lo he intentado, entre miedos, vinos y muchos bloqueos", advierte la también cofundadora de ‘Pikara Magazine’ al principio de la monografía. Una vez leídas las 230 páginas que la componen, cualquiera podría afirmar que lo ha conseguido. "Ha sido un proceso muy largo, tedioso, caro, y ahora tengo un mono importante. Durante los últimos años de mi vida me he dedicado a preguntar a personas en cada esquina, casi de manera aleatoria y enfermiza, si conocían a María Isabel o algo de su entorno", relata la escritora a ‘Público’.

Decenas de testimonios, múltiples traslados de una ciudad a otra, ejercicios de memoria con personas que no sabían siquiera qué recordaban exactamente de aquella época son la base de ‘Lunática’, de una María Isabel con "mala luna" cuya vida terminó calcinada dentro de una celda. "El día de la muerte también comienza algo, pero dura muy poco tiempo, como su propia vida, que parecía condenada a vivir cosas intensas y cortas. Tras su muerte se crea el Comité de Prostitutas de Cortes, la calle de Bilbao que frecuentaban, pero apenas un mes después ya estaba desintegrado", relata Momoitio. María Isabel murió a los 23 años con un hijo a punto de cumplir los cinco cuando su madre falleció. Ella estaba esperando el traslado a un centro psiquiátrico de Madrid.

El periplo judicial y psiquiátrico de María Isabel empezó como empiezan muchas de las historias más injustas de aquel tiempo: en los términos recogidos en Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, no derogada hasta 1995. Una historia vital marcada por los varapalos y la persecución policial que también la convirtió en víctima del régimen franquista, como los centenares de presos sociales que en aquellos momentos llenaban las cárceles españolas. Según apuntilla Momoitio, "María Isabel no tenía mucha capacidad ni muchas herramientas para hacer frente a la dictadura. Tan solo se buscaba la vida, por si eso fuera poco".

Higienismo, prohibición y ostracismo
En realidad, eso ya era mucho, muchísimo. "Las putas estaban atravesadas por un engranaje de normas franquistas que buscaban guardar la moralidad católica", recoge la autora en su libro. Pero eso no siempre fue así. La dictadura franquista, al principio, siguió las posturas higienistas, esto es el control de las prostitutas pero siempre pensando en la salud de los hombres y de cara a evitar la propagación de enfermedades veneras. "Eso cambió en torno a 1955, cuando el régimen apuesta por el prohibicionismo, lo que condenó al ostracismo a las prostitutas y obligó a que desempeñaran su trabajo en condiciones de mayor vulnerabilidad", reflexiona la autora.

Este libro publicado sobre uno de los muchos acontecimientos que sacudieron Bilbao durante la Transición pinta a una María Isabel incontrolable, rebosante de vitalidad: "Las personas que no dejan rastro son esas que no se saltan ninguna norma, pero ella precisamente saltó y saltó", concretiza la monografía. Saltó tanto que el eco de sus gritos de auxilio echan por tierra cualquier diagnóstico oficial sobre su salud mental. ¿Cómo escuchar, entonces, esa desesperanza momentánea que sobrecogía a la María Isabel más impulsiva? "He tenido que leer entre líneas, y ha sido una gran pelea el poder acceder a la información sobre su estado psíquico. Al final me di cuenta de que no quería saber lo que opinaba la psiquiatría franquista sobre ella", enuncia la autora.

Su trabajo de investigación, casi de arqueología, se presenta en la publicación como la extensión de un 'yo' que surca la línea de lo personal y lo profesional. La periodista indaga, insiste y reflexiona sobre sus propios anhelos, la configuración del olvido, la presencia de la memoria. "En ocasiones, ha sido complicado asumir y respetar los silencios de las personas que decidían no facilitarme la información que tenían. Yo, como muchas periodistas, tenemos la idea de que la memoria es justicia, y me di cuenta de que mucha gente no comparte esta opinión y cree que es mejor que el pasado quede enterrado", se explaya Momoitio.

La unión de los marginados

"Esa firmeza con la que caminan quienes no tienen nada que perder, ni que ofrecer. Esa firmeza con la que sobreviven esos a los que se les ha despojado de todo", tal y como aparece en la publicación, es la misma firmeza con la que se manifestaron el incipiente y organizado colectivo LGTBI, el movimiento feminista y los grupos de apoyo a la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL) tras el fallecimiento en prisión. "En ese tránsito hacia esta democracia, cada grupo fue encontrando su sitio, pero estos quedaron en segundo plano, así que se unieron para reclamar sus derechos", agrega la periodista, quien aprecia ciertos paralelismos con el presente. De ahí surgió una Coordinadora de Marginados a nivel estatal de la que también formaban parte los objetores de conciencia.

En ese "veneno compuesto de calle y cárcel", tal y como Momoitio califica, María Isabel se calcinó, pero todas sus compañeras también estaban muy quemadas. "A sus espaldas tenían la presión moral del régimen franquista, presiones familiares y del entorno social, la nula aceptación que tenía su trabajo, la persecución policial... Estaban completamente machacadas, y es que en realidad estaban condenadas a la prostitución por la inexistencia de posibilidades fuera de ella", explica la cofundadora de ‘Pikara Magazine’.

En retrospectiva, es la propia Momoitio quien asume que el debate sobre la prostitución es el debate que lo atraviesa todo. "Al movimiento feminista nos hace falta mucha memoria, porque hemos aprendido poco desde entonces. Muchas de las propuestas actuales ya se intentaron en el pasado y no sirvieron, sino que llevaron a las mujeres a una situación de mayor vulnerabilidad. Si eso lo tuviéramos claro, al menos podríamos proponer cosas nuevas y no repetir los mismos errores", desarrolla.

Una muerte común y comunalizada
"La vida se acababa cada noche al irse a la cama, y estaba más que ganada si podía dormir tranquila", explicita Momoitio en la publicación. Hasta que un día no pudo. La escritora continúa: "María Isabel ni se suicidó ni fue asesinada. Estoy segura de que fue un simple accidente y me jode". En realidad, lo que la autora cree es que "María Isabel fue una desgraciada incluso para eso, para tener una muerte común, pues en esa misma época hay documentados otros casos de presos que mueren por el mismo motivo". Atrás quedaban sus ingresos en psiquiátricos, sus viajes a comisaría, las escaramuzas de los centros en los que la recluían y las repetidas idas y venidas de Bilbao a Santander como escapatoria del día a día.

Por delante quedaba la solidaridad que inundó parte de Bilbao durante los siguientes días. Esos días, de hecho, fueron pocos. La propia idiosincrasia de las componentes del movimiento y su situación a nivel social no ayudaron a que se pudiera hacer algún tipo de presión para que se esclarecieran los motivos reales del fallecimiento. Momoitio quizá sea la persona que más conoce a María Isabel tras haber hablado con algunos de sus familiares, personas que la conocieron e, incluso, hombres que mantuvieron relaciones sexuales con ella: "Me da mucha pena no haber encontrado a nadie que dijera que fue su amigo. Me da mucha pena pensar que a lo mejor nunca tuvo uno", reflexiona al respecto.

Así, de la prostituta María Isabel que abrió periódicos en 1977, el texto final presenta a Maribel; y es a ella a quien quiere la autora después de bucear en la vida de esta chavala que falleció entre rejas, con sufrimiento psíquico, con un hijo de 4 años. Hasta casi dos meses después del fallecimiento, el Juzgado de Peligrosidad y Rehabilitación Social no archivó su expediente. María Isabel no tiene ningún asunto pendiente con la justicia, ¿y viceversa?

2022/02/14

LIBROS | Momoitio, Andrea | Lunática

Momoitio, Andrea (2022) [02-14]. Lunática. Madrid : Libros del K.O.


[.es] En 1977, el cadáver de María Isabel Gutiérrez Velasco aparece calcinado en una celda de la prisión de Basauri (Bizkaia). Sus compañeras no se creyeron la versión oficial y esos días declararon una huelga de prostitutas en Bilbao. De la mano de otros colectivos políticos, organizaron manifestaciones y encierros para exigir la amnistía de las y los presos sociales y la derogación de leyes franquistas que afectaban especialmente a la chusma. ¿Pero quién era María Isabel? La periodista Andrea Momoito, cofundadora de la revista ‘Pikara Magazine’, emprende en ‘Lunática’ una búsqueda originalísima, apasionada, a ratos caótica, callejera, marginal, intuitiva, detectivesca, desesperada y torrencial. Un crudo y tierno retrato de los márgenes de la sociedad, y una denuncia ácida y sistemática de los mecanismos de represión.

«Una historia fascinante y sobrecogedora, real pero ignorada hasta ahora, que nos habla de explotación, machismo, mentiras oficiales, desidias criminales y prejuicios, contada con sensibilidad y extraordinaria potencia narrativa. Un gran libro». Rosa Montero

2019/03/22

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | DAVID WOJNAROWICZ: UNA FÉRTIL PARANOIA

David Wojnarowicz: una fértil paranoia.
Una exposición reúne la fotografía del versátil artista norteamericano, cuya obra resuena en tiempos de incertidumbre política.
Gloria Crespo MacLennan | El País, 2019-03-22
https://elpais.com/cultura/2019/03/20/babelia/1553082043_468844.html 

Durante la década de los ochenta, en las maltrechas calles del Lower East Side neoyorquino, una generación de inmigrantes, artistas y marginados buscaba su lugar en el mundo alejada de una sociedad intolerante, a la que sin duda alguna contribuía a enriquecer. En este núcleo de efervescencia de la cultura ‘underground’ encontró David Wojnarowicz (1954-1992) su voz, y la alzó como figura central. Veinticinco años después de su muerte, la obra del polifacético autor está siendo revisada dentro del canon del arte contemporáneo más allá de la etiqueta de contestatario artista gay. El Whitney Museum abrió la brecha, tras dedicarle una gran retrospectiva que llegará al Reina Sofía a finales de mayo. Mientras, el KW Institute of Contemporary Art de Berlín exhibe 'David Wojnarowicz. Photography & Film 1978-1992', donde a través de 150 obras (que incluyen fotografías, películas en 16 mm y super-8 y vídeos) se profundiza en una obra “tan sumamente personal como fuertemente política”, tal y como la describe su comisaria, Krist Gruijthuijsen.

Wojnarowicz fue el paradigma del ‘outsider’. Descreído ante cualquier tipo de institución, lo suyo eran los márgenes, la búsqueda de la belleza en medio de la fealdad, un grito de ira contra la injusticia y la discriminación, en una época en la que el sida, categorizado como un azote divino por algunos sectores de la sociedad americana, diezmaba la comunidad gay. También acabó con él. A los 37 años dejaba tras sí cientos de obras de arte donde exteriorizaba su rabia y dolor a través de la fotografía, el cine, la pintura, la ‘performance’, así como la escritura. “El infierno es un lugar en la tierra. El cielo es un lugar en vuestros corazones”, escribía el artista. “La furia y la desconfianza que manifestaba el artista con respecto a la negligente actitud del gobierno de Reagan en los ochenta resuena en la política actual, donde se ponen en marcha estrategias similares”, señala la comisaria. “Utilizó su voz de artista para luchar por una causa y enfatizó que lo personal es ciertamente político”.

Nació en Nueva Jersey. Su infancia estuvo marcada por la soledad, la violencia y el abandono. Tras el divorcio de sus padres se trasladó a Nueva York con su madre. Pronto comenzó a pasear por los lugares más sórdidos del extrarradio de la ciudad. A los 12 años un hombre le pagó por tener sexo, sería el comienzo de su experiencia como chapero. Estudió en el High School of Music and Art de Manhattan, pero nunca se graduó. A los 17 años abandonó la casa materna. La calle se convirtió en su hogar; la cocaína, y más tarde la heroína, en su refugio. La vida sin un techo era sinónimo de libertad para su alma indómita. El arte y el sexo se convirtieron en el motor de su vida. Ambas llevaban implícito el riesgo. Siempre se consideró un superviviente en lucha con su instinto de autodestrucción. “¿Qué significa que tu deseo sea ilegal? Miedo, frustración, ira, sí, pero también un despertar político, una fértil paranoia. Mi homosexualidad fue una cuña que lentamente me distanciaba de una sociedad enferma”, escribió.

Trabajó junto a Keith Haring de camarero. Tuvo una banda, 3 Teen Kill 4, donde los sonidos interpretados con juguetes de niños se mezclaban con sonidos grabados indiscriminadamente. A principios de los setenta, realizaría una serie de fotografías en blanco y negro, donde posaba o hacia posar a sus amistades con una careta del poeta Arthur Rimbaud en distintos lugares de la ciudad. Estos estaban relacionados con sus experiencias personales. Yuxtaponía anacrónicamente el tiempo, el espacio y la actividad, relacionando la identidad del poeta simbolista con la suya propia.

“Mi hermano, mi padre, mi lazo emocional con el mundo”. así se refería Wojnarowicz a otra figura, fundamental en su vida: su amante y mentor el fotógrafo Peter Hujar. “Fue él quien le indujo a convertirse en un artista visual, destaca Cynthia Carr, su biógrafa, autora de 'Fire in the belly. The life and times of David Woijnarowicz'. “Por aquel tiempo practicaba fundamentalmente el dibujo. Había publicado su primer libro, 'Sounds in the distance', una serie de monólogos de los personajes marginados que iba encontrando en sus viajes. Ya había finalizado la serie de Rimbaud pero no se consideraba un artista visual. Hujar consiguió incluir una de sus obras en una exposición comisariada por un conocido, en la que participaban Julian Schnabel y David Hockney. Así comenzó a producir más obra y pasó a ser representado por una de las galerías del East Village”.

Con frecuencia la fotografía constituyó la base de su obra, que a veces combinaba con otros medios. Muchas veces la practicaban en colaboración con otros artistas. “Eran pocas las veces que podía contar con un laboratorio o tener el suficiente dinero para alquilar uno”, recuerda su biógrafa. “Cuando murió Hujar, se trasladó a su apartamento donde había un cuarto oscuro, lo que le habilitó a indagar más en el medio”. Hujar murió de sida en 1987. Wojnarowicz filmaría y fotografiaría entonces su cabeza, sus manos y sus pies. El vídeo ‘Fragments for a film about Peter’ incluye parte de este material y supone un duro testimonio, tan crudo como tierno. “Hujar era lo más importante de su vida. Tenía mucha influencia sobre él. Consiguió alejarle de la heroína. David le cuidó hasta el final”, cuenta Carr. “Cuando la gente que le rodeaba empezó a enfermar y fue consciente de su lucha por mantenerse vivos, se dio cuenta de que no podía seguir relacionándose con gente autodestructiva”. Meses después de la muerte de Hujar, Wojnarowicz fue diagnosticado también de sida.

Uno de los motivos que llevó a Carr a escribir la biografía del artista fue “querer mostrar a las nuevas generaciones lo que supuso la epidemia. Creo que la gente joven no sabe lo que fue. Es difícil imaginarlo”, afirma. Pero también quiso profundizar en la escena artística de East Village y las guerras culturales. “Wojnarowicz fue una figura central en estas tres vertientes. Fue objetivo de la censura junto con Mapplethorpe y Andrés Serrano. Por aquel entonces la derecha quiso suprimir las ayudas de la National Endowment for the Arts (Fundación Nacional para las Artes), y la Asociación Americana de la Familia le acusó de inmoral por utilizar la figura de Cristo pinchándose como un yonki en una de sus obras. Mi opinión es que utilizó la figura para destacar la cercanía tanto de Cristo como de sí mismo con los marginales y desfavorecidos”.

La exposición también incluye la serie ‘Untitled, the sex series (for Marion Scemama)’ (1989), compuesta por fotomontajes en blanco y negro donde se yuxtaponen imágenes de sexo inscritas en un círculo sobre distintos paisajes. El círculo hace referencia a las imágenes captadas a través de prismáticos o telescopios en clara alusión a la injerencia del Estado y la Iglesia en la vida privada. “Fueron varios los que pensaron que este trabajo no había sido realizado por el artista, debido a la complejidad que implica en el laboratorio”, dice Carr. “Pero tenía un talento increíble. Y era muy carismático. La gente gravitaba a su alrededor en busca de cierta autoridad moral".

“Algo que pasé por alto en mi libro fue su sentido del humor, que a veces quedaba camuflado por su ira. Era muy político”, resalta Carr. “No le importaba el estatus, ni el dinero. Existe un mensaje en su obra que él quería lanzar. Lo importante es el mensaje y esto es algo que aún funciona hoy en día. Algo que resulta estimulante para la gente, porque, en cierto sentido, no predomina en estos días. Tuvo el coraje de hacer exactamente lo que creía que estaba bien. Y eso es realmente admirable”.

2019/02/08

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | HISTORIA NEGRA DEL CINE QUINQUI: LA REIVINDICACIÓN DE UN GÉNERO QUE NO DEJÓ SUPERVIVIENTES

Historia negra del cine quinqui: la reivindicación de un género que no dejó supervivientes.
Rosalía o C. Tangana lo recuerdan musicalmente y películas recientes como 'Quinqui Stars' le rinden homenaje. Se diría que este género tan español está más vivo que nunca, pero sus artífices nos dejaron hace tiempo de forma trágica.
Guillermo Alonso | Icon, El País, 2019-02-08
https://elpais.com/elpais/2019/02/06/icon/1549449208_098050.html

Jose Antonio Valdelomar, muerto a los 36 años. Lali Spinet, muerta a los 34. Sonia Martínez, muerta a los 34. José Luis Manzano, muerto a los 30. José Luis Fernández Eguia, muerto a los 23. Todos ellos eran intérpretes célebres entre la juventud de los ochenta gracias a películas como ‘Deprisa, deprisa’, ‘Colegas’ o ‘El pico’. Si el cine quinqui mantiene hoy un poder de fascinación perenne incluso entre espectadores que no habían nacido cuando reinaba en taquilla se debe, en gran parte, a ser el retrato literal de una generación perdida.

¿Qué era el cine denominado quinqui (un mote que no gustaba nada a algunos de sus artífices)? Eran historias de delincuencia, drogas y amor que triunfaron a finales de los setenta y principios de los ochenta y casi siempre tiraban de actores no profesionales, directamente recogidos de las calles. No eran prodigios visuales y tampoco tenían guiones redondos, pero con su mezcla de tragedia, lumpen, sexo y honor se cuentan entre las películas más efectivas y exitosas que ha dado el cine español y han alcanzado, con el tiempo, el estatus de radiografía social de ese extrarradio que el poder olvidó.

Estos días se vuelve a hablar mucho de él gracias a la interpretación que Rosalía hizo de ‘Me quedo contigo’ (canción de Los Chunguitos que aparecía en la banda sonora del clásico del género quinqui ‘Deprisa, Deprisa’, de Carlos Saura). A su vez, figuras del ‘trap’ como Yung Beef, La Zowi o C. Tangana reivindican, de forma voluntaria o no, cierto espíritu de una juventud desencantada que ha preferido optar por los placeres efímeros e inmediatos de la vida.

El propio Tangana fue mucho más explícito en su vídeo de ‘Bien duro’, homenaje en toda regla a la estética y el espíritu del cine de Eloy de la Iglesia o José Antonio de la Loma. La película independiente 'Quinqui Stars', de Juan Vicente Córdoba, lleva diez semanas triunfando en los cines Renoir Princesa de Madrid. Y después de muchos años de espaldas al género, la cultura oficial también reconoce la trascendencia de este cine: el pasado año el Kutxa Kultur Artegunea de San Sebastián organizaba 'Oscuro objeto de deseo', una completa retrospectiva a Eloy de la Iglesia, director de clásicos del género como ‘Colegas’, ‘El Pico’, ‘Navajeros’ o ‘La estanquera de Vallecas’.

¿Pero es este ‘revival’ sociocultural o puramente mercantil? “No hay comparación posible ya que la situación social es otra y el ciudadano está mucho más controlado y es más dependiente del sistema", dice Eduardo Fuembuena, autor de ‘Lejos de aquí’ (que será reeditada esta primavera con material extra por la editorial Applehead). Su libro no es solo la biografía más completa que se ha publicado sobre Eloy de la Iglesia y su ‘muso’ José Luis Manzano, sino un tratado sobre aquella España democrática que echaba a andar con entusiasmo desmedido, pero olvidando ciertos flancos, y sobre una intelectualidad comunista (como Eloy de la Iglesia) que se rendía a todos los placeres, legales o no, que podía comprar el capital.

"Se han perdido la militancia política, la defensa y reivindicación de los derechos del trabajador y la conciencia de clase –añade Fuembuena–. Los ‘quinquis’ originales no tenían conciencia política, pero sí de clase o de procedencia, eran lumpen o niños delincuentes que se vieron abocados a la lucha callejera para subsistir en un contexto de país en el que se les miraba bajo sospecha solo por ser jóvenes. Eso terminó por quitarles cualquier atisbo de dignidad y exterminarlos con la pandemia de heroína y sus consecuencias. Sin duda, la fea realidad que mostraba De la Iglesia en su cine no era la imagen del país que interesaba mostrar a los gobiernos de turno".

Ese trágico destino de casi todas las estrellas del género es uno de los motivos por los que el cine quinqui sigue teniendo hoy tanto poder de fascinación. Sus intérpretes eran, casi siempre, actores sacados de la calle y que, de alguna manera, se interpretaban a sí mismos. Lo hacían, según Fuembuena, "de una manera natural, sin métodos, remitiéndose a la realidad que conocían por observación directa y que les había tocado padecer. En el caso de José Luis Manzano, interpretar significaba incorporar prototipos de la juventud del momento, vivir en el personaje y no soltarlo después de la claqueta final".

José Luis Manzano (Toledo, 1963-Madrid, 1992) fue el Jaro en ‘Navajeros’, José Luis en ‘Colegas’, Paco en ‘El pico’ y ‘El pico 2’ y Tocho en ‘La estanquera de Vallecas’. Procedente de la UVA (Unidad Vecinal de Absorción) de Vallecas (Madrid), conoció al director de cine Eloy de la Iglesia cuando, para sacarse un dinero, se prostituía en unos billares cercanos a la Puerta del Sol de Madrid. El director pronto se quedó fascinado con él. Entre los dos surgió una relación ambigua: creador y ‘muso’, ¿pero amantes? Manzano tenía novias y coqueteaba con sus admiradoras, pero a la vez su relación con De la Iglesia se tornó enfermiza. No solo por la dependencia a las drogas, sino por la dependencia laboral y, al final, en cierto modo, emocional.

La imposición de Eloy para que Manzano no trabajase con ningún otro director pudo afectar a la carrera del joven, que pese a ser un sus inicios prácticamente analfabeto y no tener ningún tipo de formación actoral, tenía carisma para parar un tren, una belleza entre cruda y apolínea que la cámara amaba y un talento innato para seducir al espectador. Tras ‘La estanquera de Vallecas’, su última colaboración en 1988, director e intérprete se distanciaron.

"Estos jóvenes fueron seres humanos explotados por un sistema industrial, como era el cine español entonces, y desechados cuando dejaron de ser útiles", denuncia Fuembuena. Manzano recibió ayuda de un cura de Getafe y consiguió un trabajo en 1990 como el de chico de los recados en algún programa de TVE. Pero la adicción no desapareció. En 1992 fue condenado por un robo con intimidación en plena Gran Vía. Tras salir de prisión (donde concedió su última entrevista a la revista ‘Interviú’), fue hallado muerto en el apartamento madrileño de su mentor, Eloy de la Iglesia, debido a una sobredosis de heroína.

Una historia semejante se repitió con José Luis Fernández Eguia (Madrid, 1965-1988), alias El Pirri. Llamativo secundario en el cine de Eloy de la Iglesia y otras películas de los ochenta, su voz y porte de macarra le dieron, sin embargo, más oportunidades que a Manzano: aparte de en las películas de De la Iglesia trabajó con Emilio Martínez Lázaro, Gutiérrez Aragón y Carlos Saura y llegó a tener una breve aparición en 'The Hit', de Stephen Frears. Sin embargo, el cine no le dio la oportunidad de cambiar su vida: en 1985, ya convertido en un rostro famoso, confesó a El País que seguía viviendo con sus abuelos y no tenía “ni una ‘lechuga’ [como se llamaba al verde billete de mil pesetas, unos seis euros] para tomar unas cañas”. Durante la entrevista, la periodista narra cómo uno de los amigos del Pirri, que se preparaba para ir a Sevilla a promocionar una película, le cuenta que en el barrio de Triana de la capital hispalense “te ofrecen de todo y por kilos”, refiriéndose a sustancias ilegales.

El 9 de mayo de 1988 un transeúnte descubrió el cuerpo sin vida del Pirri en un descampado de la carretera de Vicálvaro a San Blas. Tenía una aguja colgando del brazo. Era el Pirri, el actor que recientemente acaba de dar el salto también a la televisión y la radio y se había hecho todavía más reconocible entre el público.

Fuembuena añade un caso menos conocido de la órbita de De la Iglesia, pero igualmente trágico: el de Lali Spinet, que rodó con el director vasco ‘El Pico’. Era una "talentosa actriz del cine de la Transición que también se enganchó, poco antes de rodar con De la Iglesia ‘El pico’, y llegó a estar detenida y recluida en la cárcel Modelo de Barcelona por tráfico de estupefacientes antes de fallecer a causa de enfermedades derivadas del sida, en 1994".

José Antonio Valdelomar (Ciudad Real, 1958 - Madrid, 1992) conoció la gloria como protagonista de ‘Deprisa, deprisa’, la película que lo sacó del barrio madrileño de Villaverde Alto y lo llevó hasta Berlín, donde la cinta se llevó el Oso de Oro en 1981. Solo dos semanas después de esa victoria y tres antes del estreno de la película en España, Valdelomar fue detenido en Madrid después de atracar un banco en la calle Ríos Rosas y huir en un taxi robado con un botín de 167.000 pesetas (algo más de mil euros en su día, pero equivalentes a casi cinco mil de hoy).

No hizo ninguna película más. El cine no lo salvó de continuar con sus problemas de criminalidad y adicción a las drogas y la siguiente vez que los medios se refirieron a él fue para anunciar su muerte en 1992, con solo 34 años, debido a una sobredosis que sufrió cuando cumplía otra condena en la cárcel de Carabanchel.

El caso de Sonia Martínez fue muy diferente. Sonia era de clase media, tenía formación actoral (y dominaba el inglés) y participó en más películas más allá del género quinqui (‘Epílogo’, de Gonzalo Suárez, o ‘Violines y trompetas’, de Romero Marchent), series (‘Segunda enseñanza’) y programas de televisión (‘3,2,1, contacto’ y ‘Dabadabadá’). Incluso rodó en alemán. Fue también una de las protagonistas de ‘Perras callejeras’ (1985), de José Antonio de la Loma, uno de los últimos estertores del género, y su destino fue a partir de ahí semejante al de Manzano y Pirri.

La muerte de su madre en 1985 le dejó muy tocada anímicamente y poco después empezó a consumir cocaína y posteriormente heroína (como ella misma confesó en una cruda entrevista con Isabel Gemio). En 1989 ingresó en un centro de rehabilitación y al año siguiente concedió una entrevista con Isabel Gemio. “La gente se cree que sigo pinchándome, pero estoy viva, con muchas ganas de vivir y de trabajar”. Llevaba, según confesó, solo 17 días sin pincharse. Al final de la entrevista, un momento que hiela la sangre: “Me he hecho los análisis del sida y aún no tengo los resultados. Puedo tenerlo o no puedo tenerlo”. Se supo poco después (ella misma lo declaró) que los resultados eran positivos. Falleció el 4 de septiembre de 1994, con solo 30 años.

Estas fueron las víctimas más visibles y célebres de ese cine de los ochenta que creó industria, pero abocó a sus estrellas al abismo. Pero hay más: en el plano musical, relacionado también con este movimiento cultural, podemos citar a tres cantantes que fallecieron, casualmente, en 1995: Juan Antonio Jiménez ‘Jeros’, de Los Chichos (que se tiró del balcón de su casa de Madrid), Antonio Flores (uno de los protagonistas de ‘Colegas’ junto a José Luis Manzano, que sucumbió a una sobredosis dos semanas después de la muerte de su madre Lola) o Tina Muñoz, de Las Grecas, que tras alternar la calle, la prisión y algunos psiquiátricos, falleció de sida.

Es posible que ningún género haya caminado de forma más paralela y trágica a la realidad de sus directores e intérpretes. Eloy de la Iglesia, para la posteridad el gran director de cine quinqui (aunque su carrera, que duró unos 35 años, conoció muchos más estilos y contiene grandes hallazgos), moriría en 2006. Antes, en una entrevista a El País, declaró que no creía que fuese el éxito lo que los hubiese llevado a todos hacia el abismo. Aclaró a continuación que, más bien, "se podría decir que fue el fracaso". Sea cual sea la causa, la consecuencia fue devastadora y Eduardo Fuembuena la resume de un modo punzante y seco: "Salvo algunos como Javier García (Urko en ‘El pico’) o Manuel Álvarez (el Chus en ‘Navajeros’), que han optado por vidas anónimas, todos los demás están muertos".

2018/08/15

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ELOY DE LA IGLESIA, LA CORONACIÓN DEL LUMPEN

Eloy de la Iglesia, la coronación del lumpen.
El cineasta vasco, recuperado ahora en una exposición en San Sebastián, levantó en una filmografía punzante el relato más sórdido de la Transición: drogas, marginación y represión sexual.
José María Rondón | Crónica Global, El Español, 2018-08-15
https://cronicaglobal.elespanol.com/letraglobal/cine-teatro/cine/eloy-iglesia-cine-lumpen_160430_102.html 

Hay algo de poesía salvaje en todo el cine de Eloy de la Iglesia (Zarautz, 1944–Madrid, 2006). Incluso en él mismo: una rara combinación de rigor y militancia comunista, de hedonismo y homosexualidad, de marginalidad y chutes de heroína. A lo largo de cuatro décadas, apostó su talento en trasladar el realismo de lo visual a lo coloquial en un contraidioma de escenas de calle, con lirismo de jeringas y violencia, de amor y suburbios, de amistades feroces y síndromes de abstinencia. Como un espacio en fuga para los biempensantes. Así cuajó un lenguaje propio, que es hoy, en su mayoría, una orla de muertos lampiños. Un álbum de gente quieta como un frío.

Pionero de sí mismo, jefe de expedición de su propia aventura, De la Iglesia se instaló en el mundo del cine en esa frontera que le llevó a ser un Pasolini en Cañorroto o un Fassbinder en El Raval, sin dejar de ser él mismo. Su elegancia estuvo en su disidencia, en el silencio de su educada transgresión, en su buscada marginalidad de señor bien informado: “Siempre ha habido en mí una osadía que, más que osadía, ha sido insensatez”, declaró a su vuelta a la profesión trece años después de rodar 'La estanquera de Vallecas' (1987), tiempo en el que afiló su vocación de abismo. Entonces le trajo de vuelta una versión de Calígula de Albert Camus para Estudio 1 de TVE. Pura dinamita.

Él, que se situó siempre en los márgenes, se coronó con el cine quinqui, aunque antes pisó otros géneros como quien atraviesa un campo de minas. Algunas de sus películas llevan mal los años –la narración caótica, la tosca filmación, las renuncias comerciales–, pero, quizás, hay que volver a ellas para mirar las grietas de la historia reciente de España, aquel país del que Gil de Biedma se lamentaba en una sextina prodigiosa: “De todas las historias de la Historia, / sin duda la de España es la más triste, / porque termina mal”. Así, filmó las atrocidades de su sociedad, la corrupción política y la represión sexual, al tiempo que agitaba sin pudor sus preferencias eróticas.

Ése es el camino que explora 'Eloy de la Iglesia. Oscuro objeto de deseo', la muestra que acoge hasta el 4 de noviembre la sala Kutxa Artegunea de Tabakalera, en San Sebastián. Desde los valores de osadía y de testimonio que conservan sus trabajos, la exposición propone un repaso integral a la obra del realizador vasco, “vinculada siempre a la polémica”, en opinión del comisario, Pedro Usabiaga. Y lo hace a través de 150 fotografías –muchas de ellas, inéditas– que dan cuenta de toda su galaxia: las películas, lógicamente, pero también sus colaboraciones para la televisión y el teatro, donde, como una única inmersión, consta una versión de 'El mago de Oz'.

De todo lo ahí expuesto se saca en claro que De la Iglesia hizo de su arte algo más que una aparente crónica social de sello intransferible. Son relatos y memorias del subsuelo en las que mezcló lo que veía y lo que vivía: la lucha antifranquista, el desencanto de la dictadura, la homosexualidad, la droga, el gusto por aquel mundo suburbial que le era tan ajeno y que estaba tan adentro. Entre el exorcismo de una época y la libertad radical fue dirigiendo sus películas bajo la vigilancia de la censura y el desagrado de los críticos, que apenas veían en sus trabajos “groserías fílmicas”. “Es un cine de destape tanto sexual como político”, dijo Fernando Trueba al poco de ver 'El sacerdote' (1979).

Así, todavía en la dictadura, el cineasta guipuzcoano logró colar títulos como 'Algo amargo en la boca', 'El techo de cristal', 'La semana del asesino' o 'Nadie oyó gritar', que, vistos hoy, tienen algo de secreta coherencia en el derrape transgresor y la potencia comercial. En esta onda está, por ejemplo, 'La criatura' (1977), película protagonizada por Ana Belén y Juan Diego que ocultaba en el sensacionalismo de su argumento –la atracción zoófila de la esposa de un presentador de televisión, afín a un partido de derechas, por el perro abandonado que la pareja recoge en una playa– una reflexión en torno a la monstruosidad como disidencia en un mundo esencialmente monstruoso.

Luego, cuando se consolidó, o casi, la democracia, su cine exploró más abiertamente la política ('El diputado') y los conflictos sexuales ('La mujer del ministro'). Con todo, el lumpen se convertiría en el mascarón de proa de su filmografía, con 'Navajeros' (1980), 'El Pico' (1983) y su secuela, estrenada al año siguiente, donde planteó la relación de dos jóvenes –uno, hijo de un nacionalista vasco, y otro, de un guardia civil– con la droga y la homosexualidad. Este esquema trataría de repetirlo en 'Galopa y corta el viento', un proyecto que no vería la luz, junto al guionista Gonzalo Goicoechea, donde planteaba la historia de pasión homosexual entre un militante abertzale próximo a ETA y un agente de la Benemérita enviado al País Vasco tras su participación en el 23-F.

Sin embargo, aquella atracción por la marginalidad pasó a ser algo más que un argumento de película para entrelazarse con su vida. Comenzaba esa inclinación por las profundidades. Los garitos sórdidos, el picor de la droga, el jardín de los desheredados pasó a ser, también, su infierno predilecto y adoptivo. Hizo protagonistas de sus filmes a chicos de la calle, reclutados en castings estrafalarios, encontrados siempre en las afueras, siempre en la frontera de la delincuencia, como José Luis Fernández, El Pirri, y, sobre todo, José Luis Manzano, a quien conoció en 1978 en unos billares de Madrid donde los chicos del lumpen vendían sexo ocasional. Tiempo después, en 1991, el cineasta encontró el cadáver de su actor fetiche en el baño del piso que ambos ocupaban.

Tuvieron que pasar muchos años para que Eloy de la Iglesia fuera reconocido como un auténtico autor cinematográfico, y comenzaron entonces a lloverle homenajes y retrospectivas que él acogía con el alivio de saberse comprendido al fin. A su muerte, ocurrida en 2006 tras despertar de una operación de cáncer de riñón, le quedaron varios proyectos por realizar, aunque la industria no parecía ya dispuesta a acoger propuestas tan punzantes como las que él ofrecía. O, quizás, el público había cambiado y el lenguaje de su cine parecía superado. “No soy capaz de pensar en el futuro y quizá por eso, he hecho el cine que he hecho”, confesaría.

2018/06/06

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | PETER HUJAR Y DAVID WOJNAROWICZ, EL ARTE EN LOS TIEMPOS DEL SIDA

El arte en los tiempos del sida.
La Fundación Loewe recupera en su contribución a Photoespaña el trabajo de Peter Hujar y David Wojnarowicz, dos fotógrafos que retrataron las luces y sombras del Nueva York de los ochenta.
Carlos Primo | El País, 2018-06-06
https://elpais.com/elpais/2018/06/06/icon/1528302667_056938.html 

Cuando Peter Hujar (1934-1987) y David Wojnarowicz (1954-1992) fallecieron con pocos años de diferencia, sus nombres iniciaron una larga travesía hacia un silencio, deliberado o involuntario, que duraría décadas. "Hasta 1995 se siguió hablando de ellos, pero después se convirtieron en nombres incómodos. A finales de los noventa hubo una época de bonanza económica en que se creía que los conflictos de antaño habían sido superados. No había necesidad de reivindicar nada, y sus obras cayeron en el olvido", explica María Millán, comisaria de una muestra conjunta que recupera la obra de estos dos mitos del Nueva York contestatario en la sala de exposiciones de la Fundación Loewe (Gran Vía, 8. Madrid).

La muestra, que forma parte de la programación del festival Photoespaña, resarce esta deuda histórica con una selección de 60 obras originales (40 de Hujar y 24 de Wojnarowicz) que ofrecen una primera aproximación para el público madrileño a un episodio fundamental de la fotografía contemporánea. Asegura la comisaria que la idea inicial surgió del director creativo de la firma madrileña, Jonathan Anderson, que sugirió dedicar la muestra a Hujar. “Yo le dije que no podíamos traer su obra sin exponer también la de David Wojnarowicz”, apunta Millán. “Los dos, aparte de tener una breve relación sentimental, estaban unidos por la marginalidad en que vivieron, y también por su actitud ante la vida y ante el trabajo”.

La obra de estos dos pioneros permite abrir una ventana a un mundo en ocasiones mitificado: el Nueva York de las protestas posteriores a Stonewall, de la lucha por los derechos de las minorías, el nacimiento de la identidad sexual contemporánea y la losa del SIDA, que se cobró numerosas víctimas en los círculos intelectuales y artísticos neoyorquinos. En ese sentido, Hujar es un cronista de los círculos alternativos que convivían en el East Village y que experimentaban con la ‘performance’ y el arte conceptual en pabellones portuarios abandonados. También de sus habitantes: la filósofa Susan Sontag, los escritores William Burroughs y Allen Ginsberg, el coreógrafo Merce Cunningham y el compositor John Cage, la superstar warholiana Candy Darling, el propio Andy Warhol o Diana Vreeland, por entonces directora del Costume Institute del museo Met.

Sin embargo, la exposición es más que un quién es quién impecablemente ejecutado. Los rostros de estas celebridades conviven con el interior de una iglesia abandonada, una pareja en un baile elegante, animales retratados desde un punto de vista emotivo y melancólico, escenas de la cultura ‘underground’ y también desnudos masculinos –en ocasiones, autorretratos– que revelan el potencial político y subversivo de un fotógrafo que nunca llegó a ocupar una posición destacada en el mundo del galerismo debido a su proverbial timidez y a su rechazo de los oropeles del arte. Eso no le impidió, en cualquier caso, tener una destreza técnica admirable, creando imágenes cuidadas y llenas de matices líricos.

En el caso de Wojnarowicz, veinte años menor que Hujar y completamente autodidacta, la precisión no importa tanto como el encuadre y, sobre todo, la distancia. “En su momento los puristas lo despreciaban porque son fotos con pocos matices técnicos, pero hoy resultan muy reveladoras”, explica María Millán. “Su forma de fotografiar su entorno más inmediato recuerda a Nan Goldin, que estaba mucho mejor relacionada con los círculos del arte, las galerías y las instituciones. Por eso fue ella quien ha pasado a la posteridad. Pero David Wojnarowicz lo hizo antes”.

La figura de este artista multidisciplinar y escurridizo, que llegó al East Village en su adolescencia tras una infancia difícil en una familia desestructurada, es un secreto a gritos para los amantes de la fotografía. Fue pintor, dibujante, escritor y fotógrafo. También un activista capaz de reivindicar a iconos del malditismo como Arthur Rimbaud y Jean Genet. Ambos, a su manera, están presentes en esta exposición. El primero, mediante la máscara con la que Wojnarowicz se autorretrató en escenarios cotidianos. El segundo, en dos serigrafías que revelan el potencial político de la obra de este artista fallecido a los 37 años sin haber dejado de considerarse un ‘outsider’ ni por un momento.

Su obra más célebre es todo un manifiesto: una serigrafía que juega con el lenguaje de la propaganda política para alertar sobre la incomprensión a la que se enfrentan los niños cuya sexualidad no encaja con los modelos mayoritarios. Ubicada como colofón del recorrido que ofrece la exposición, es una alerta contra la glamourización excesiva de una época, el Nueva York contracultural de los ochenta, que fue más bien un terreno de conflicto y de lucha sembrado de víctimas y héroes. Hujar y Wojnarowicz fueron ambas cosas a la vez, y por eso su legado fotográfico, excelentemente recuperado en esta exposición, es una demostración clara de que la historia de la fotografía contemporánea aún tiene muchas asignaturas pendientes.

La exposición Peter Hujar & David Wojnarowicz, organizada por Fundación Loewe en el marco de Photoespaña, puede visitarse en Loewe (Gran Vía, 8. Madrid) hasta el 26 de agosto de 2018. Una edición limitada de camisetas con fines benéficos ha salido a la venta coincidiendo con la muestra.

2018/03/05

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LAS PUTAS QUE CLAMARON POR MARÍA ISABEL

Las putas que clamaron por María Isabel.
Andrea Momoitio | Pikara, 2018-03-05

https://www.pikaramagazine.com/2018/03/huelga-prostitutas-las-cortes-bilbao/ 

En los 70, las reivindicaciones de los presos considerados ‘comunes’ o ‘sociales’ sonaban con fuerza en el Estado español. En noviembre de 1977, en la prisión de Basauri, María Isabel Gutiérrez Velasco aparecía muerta en su celda. Las prostitutas de la ciudad se unieron a las protestas para derogar la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y denunciar así la muerte de su compañera.

Nadie lo diría hoy, pero durante un tiempo, en la calle bilbaína de Las Cortes brillaban más las luces de neón que las de la policía. El barrio, un arrabal hasta la mitad del siglo XIX, creció sin control con el desarrollo económico de la ciudad, atravesó momentos muy distintos, de la bonanza a la precariedad más absoluta, hasta convertirse en una de las zonas con más personalidad de la capital bizkaitarra. Bilbao no se entiende sin estos barrios, alejados urbanísticamente del centro, pero situados en el corazón de este pequeño rincón del mundo, escondido entre montañas y atravesado por sus vientos de grandeza. Pero, aunque resulte excepcional, Bilbao cede en estas líneas el protagonismo a una historia apasionante o, más bien, a los pequeños retales emocionantes que hemos podido construir de ella. Acomódense en sus asientos.

Poco o nada hemos podido averiguar sobre quién era María Isabel Gutiérrez Velasco. Pudo haber nacido en Asturias o en Cantabria, entre 1953 y 1954. Un cálculo, aproximado, porque lo que sí sabemos es que tenía 23 años cuando murió, en noviembre de 1977. Quizá mejor si hacen la resta ustedes mismos, que no es leyenda urbana la dificultad de las periodistas con las matemáticas. Murió en Basauri, una localidad a unos 5 km de la capital. En algunas referencias de la hemeroteca se sitúa su nacimiento en Cantabria, concretamente en Santander, pero su madre vino desde Gijón al entierro. Puede que ella viviera allí o que la noticia esté mal redactada. La homilía se celebró en la Iglesia de Corazón de María, en el barrio de San Francisco. Dicen que hubo mucha gente, pero faltó María Isabel: su cuerpo estaba tan deteriorado, que se decidió que el cadáver no entrase en la Iglesia. Esperó en la puerta. El olor, dicen en una noticia de entonces, era insoportable. Marta, nombre ficticio, se acuerda perfectamente de su compañera, aunque no se acuerde ya de casi nada, y asegura que era una mujer “guapísima, guapísima, guapísima” y muy educada. Podemos intuir, entonces, que estaría de acuerdo con la decisión. María Isabel se perdió muchas cosas en su corta vida. Entre ellas, su entierro y la amnistía.

Más allá de las noticias sobre su muerte apenas hay información sobre ella. Faltan muchas piezas para completar el puzzle de su biografía y cualquier aproximación está más relacionada con la intuición que con el rigor. En el Boletín Oficial de la provincia de Santander aparece en varias ocasiones su nombre. En 1973, estuvo acusada de estafa y de robo y, según aparece publicado en estos documentos oficiales, estaba entonces en paradero desconocido. Tendría 18 ó 19 años. Llegó a Bilbao probablemente en tren, el medio de transporte más habitual en aquel momento entre esta ciudad y las provincias de Cantabria y Asturias, pero no sabemos cuándo ni con qué intención. Trabajaba de prostituta cuando, dicen, robó en la tienda Bernardo.

Bernardo Gómez tenía una tienda de dulces en la calle San Francisco, paralela a Las Cortes, donde María Isabel trabajaba de prostituta. El 4 de noviembre de 1977 fue detenida por robar, según informan algunos periódicos de la época, unos pasteles. Él, sin embargo, declaró días después del fallecimiento de María Isabel que nunca había denunciado tal hurto: “Sería importante que este punto se aclarara ya que la citada joven era una buena clienta mía y nunca he tenido queja alguna”, declaró al periódico ‘El Correo Español’ el 11 de noviembre de ese mismo año. Aseguraba, en las mismas páginas, que prefería no interponer denuncia por los daños que se habían ocasionado esos días en su negocio, pero, ¿quién y por qué agredió al tendero? ¿Robó o no robó María Isabel los dulces? En el barrio no han sabido decirme si Bernardo sigue o no vivo —tampoco he hecho, nadie vaya a creerlo, una gran labor de investigación— y ya sabemos la fortuna que corrió ella. No tenemos respuesta para ese interrogante, pero si se llevó o no algo de aquella tienda resulta anecdótico en la historia de la única huelga de prostitutas de la que se tiene constancia en el Estado español.

María Isabel prendió fuego a la cama de la celda de la prisión de Basauri en la que estaba encerrada un martes, concretamente el primer martes del mes de noviembre de 1977. Ese mismo día le habían anunciado su traslado a un centro psiquiátrico de Madrid. Ninguna de las noticias a las que hemos tenido acceso cuentan los motivos: ¿Tenía, efectivamente, algún problema de salud mental o su traslado respondía a los requerimientos de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que aún estaba en vigor? Esta ley pretendía “defender a las sociedad contra determinadas conductas individuales, que sin ser, en general, estrictamente delictivas, entrañan un riesgo para la comunidad”. La prostitución, por ejemplo. Heredera directa de la Ley de Vagos y Maleantes, consideraba peligrosos a todos los que realicen actos de homosexualidad, mendigos, “vagos habituales”, ebrios o toxicómanos, entre otros. La ley, completamente derogada en 1995, establecía distintas medidas de seguridad para proteger a la ciudadanía de bien de estos “rufianes”. A los que realizaban actos de homosexualidad y a las que habitualmente ejercían la prostitución se les imponía el “internamiento en un establecimiento de reeducación” y “la prohibición de residir en el lugar o territorio que se designe o de visitar ciertos lugares o establecimientos públicos, y sumisión a la vigilancia de los delegados”. Quizá por eso quisieron enviar a María Isabel a Madrid. Quizá para evitarlo o, tal vez, para llamar la atención sobre su situación, quemó la cama en la que dormía y se quemó ella. Entonces, los presos afines a COPEL (Coordinadora de Presos En Lucha) se autolesionaban para protestar por la situación de abandono en la que se encontraban en las prisiones españolas. Los presos, considerados políticos, habían disfrutado ya de la amnistía del 77, pero la salida de prisión de muchas personas, con el objetivo de que pudieran participar en las elecciones, dejó en evidencia una dicotomía entre presos sociales y políticos, que aún está pendiente de revisarse.

Las calles y las cárceles ardían a finales de los 70. Organizados, las y los presos sociales situaron sus demandas en la agenda mediática de la época a través de diferentes estrategias políticas. Una de ellas, las autolesiones, pero también motines en las propias prisiones, congresos, manifestaciones o encierros. El asesinato reivindicado por el GRAPO de Jesús Miguel Haddad Blanco, director general de Instituciones Penitenciarias o el motín de la cárcel de Carabanchel fueron algunos de los momentos más álgidos en esos años de lucha. Mano a mano, con otras organizaciones de personas consideradas peligrosas para el correcto funcionamiento de la sociedad, como prostitutas o homosexuales, los presos sociales de las cárceles españolas pusieron el grito en el cielo aunque el cielo no se vea bien desde ninguna prisión. En Bilbao, por ejemplo, entonces existía la Coordinadora de Marginados, que aglutinaba las reivindicaciones de todos los grupos sociales afectados por la ley franquista. Las compañeras de María Isabel, que no se creyeron la versión oficial del suicidio, aprovecharon ese marco de protestas o, tal vez, sus clamores se instrumentalizaron, pero de una forma u de otra, las putas de Las Cortes tomaron las calles de Bilbo para convertir su dolor en rebeldía, en protesta, en rabia compartida por la muerte de una de sus compañeras.

Tras el entierro de María Isabel, con su cadáver esperando en la puerta, sus compañeras se lanzaron a las calles. Ellas no iban a esperar. Agarraban una pancarta en la que podía leerse “María Isabel, la soledad, el olvido y la desesperación te acompañaron hasta el fin. No conociste la amnistía”. Tomaron la zona del barrio de San Francisco y llegaron también con sus protestas a la Gran Vía, el corazón de la ciudad. Durante la marcha, el clima de tensión aumentaba a cada paso. Hubo destrozos en la tienda de Don Bernardo y la policía acabó disolviendo la manifestación a tiros. Rabiosas y silenciadas, las compañeras de María Isabel decidieron hacer huelga. Uno a uno fueron cerrando prácticamente todos los locales de alterne de Las Cortes y las calles aledañas. Clamaban ante los periodistas que las entrevistaron entonces: ¿Nadie escuchó los gritos? ¿Por qué no lo evitaron? La Coordinadora de Presos En Lucha ya había convocado para esos días un encierro en el Hospital de Basurto para reivindicar mejoras en el trato de los presos de la prisión de Basauri, la más cercana a la ciudad y en la que apareció muerta María Isabel. Sus compañeras decidieron unirse a la protesta y alrededor de 50 personas se encerraron en las instalaciones del hospital. Esos mismos días, convocaron también otra manifestación a la que también acudieron cientos de personas, y militantes de COPEL se encadenaron en distintas zonas de la ciudad para exigir la desaparición de las celdas de castigo o la despenalización del adulterio, entre otras aberraciones que permitía la Ley de Peligrosidad Social. Las celdas de castigo siguen existiendo hoy. Detuvieron a nueve personas aquel día. Las protestas se sucedieron, al menos, durante todo el mes de noviembre.

El 19 de noviembre, ‘El Correo Español’ publicaba un breve en el que contaban que alrededor de 40 prostitutas empezaban a reunirse para constituir un comité permanente que pudiera recoger y denunciar las vulneraciones de sus derechos. Se quejaban del trato de los dueños de los locales, de las alcahuetas y de la policía que, también entonces, realizaban redadas aleatorias: “Casualmente —explicaban al periódico— a las menos atractivas y a las que tenemos hijos que alimentar”. María Isabel tenía un hijo de cuatro años cuando murió, ¿dónde y con quién pasó aquel niño las navidades del 77?

Este trabajo está dedicado también a su memoria.

2017/12/22

ARTÍCULOS | Galván García, Valentín | De vagos y maleantes a peligrosos sociales

Galván García, Valentín (2017). De vagos y maleantes a peligrosos sociales: cuando la homosexualidad dejó de ser un delito en España (1970-1979). Daimon: Revista Internacional de Filosofia, suplemento 6 [Género, ciencia y conocimiento], 67–82. 

Ed. digital | Open Access | UM Revistas [Universidad de Murcia] | 2017-12-22
https://revistas.um.es/daimon/article/view/290891

A partir de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (1970) se inició el movimiento social de liberación de gays y lesbianas. Desde la Agrupación Homosexual para la Igualdad Sexual (1972) se organizaron varios colectivos hasta aglutinarse en la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español. En el contexto social y político de la transición lucharon junto con otros grupos marginales no sólo por la Derogación de la LPRS sino también ante la incomprensión de la mayoría de los partidos políticos marxistas, que eludieron enfrentarse a aspectos que reportaran un cambio en la sexualidad y en la institución familiar.

2012/04/21

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | CHOCOLATE, LECHUGAS Y CINE QUINQUI

Chocolate, lechugas y cine quinqui.
Escrito por Pepo Jiménez | Jot Down, 2012-04-21

https://www.jotdown.es/2012/04/chocolate-lechugas-y-cine-quinqui/ 

Dicen que en un casting del director Eloy de la Iglesia había más síndrome de abstinencia que en diez conventos de clausura. A uno de los padrinos del cine quinqui le gustaba emborracharse de realidad para repartir personajes en sus películas. Esa realidad de cucharas ennegrecidas, elásticos mohosos y pelotillas de papel de plata. Las papelinas como papel protagonista. Un cine profético que condenaba a los actores a interpretarse a sí mismos a ‘caballo’ del guión-oráculo y la jeringuilla compartida.

Pero no fue el bueno de Eloy más que uno de los mecenas de un subgénero arraigado al Campo de la Bota, las VPO del barrio de la UVA o un pequeño estanco en Vallecas. El director José Antonio de la Loma bautizó el género pariendo tres sórdidos ‘Perros Callejeros’ a finales de los setenta, poco después de abandonar el ejercicio del magisterio para jóvenes marginales en otro barrio de putas con cultura: el chino de Barcelona.

Al otro lado de la realidad, la España de Naranjito crecía fascinada viendo quemar supermirafioris a el Meca (Jesús Arias Aranzueque) en ‘Deprisa, Deprisa’; pirómano drogado por el fuego y su hedor a ‘plasticurri’. Con el dolor inhumano de la cercenación fálica de el Torete (Ángel Fernández Franco) en ‘Perros Callejeros’. O la falsa candidez angelical de un José Luis Manzano embrutecido por las tetitas de la Verdú en ‘La Estanquera de Vallecas’. Homenaje cañí a las ubres de la ‘Amarcord’ de Fellini. Los tres actores acabaron sin lechugas y matando las malvas de sus tumbas con toda la mierda acumulada en sus venas.

La droga atrapó a esos delincuentes juveniles tanto como los vaqueros acampanados a sus genitales. El plató de la calle solo hizo pública sus vidas para retrasar o acelerar —según se mire— el empujón a ese abismo sin retorno. Algunos, como a José Antonio Valdelomar, les valió una sola película (‘Deprisa, Deprisa’) para desvirgarse en la farándula y asomarse rápidamente al precipicio. Se perdió el estreno porque le detuvieron antes atracando ‘cinematográficamente’ —según la ‘pasma’— una sucursal bancaria en la madrileña calle Ríos Rosas. Por 167 ‘napos’. Del atestado policial se filtró su confesión de tirarse al ‘jaco’ durante el rodaje del film de Carlos Saura “para dar más realismo a mis escenas”. Un Stalisnaski dopado y con síndrome de abstinencia. Murió de sobredosis en Carabanchel unos años después. No fue el único.

Esta simbiosis entre ficción y realidad se explica una y otra vez con el anecdotario de los suculentos rodajes. Recién estrenados los ochenta, Eloy de la Iglesia dio la alternativa a José Luis Manzano en 'Navajeros'. Un joven de diecisiete años que no sabía leer ni escribir y que probablemente solo balbucease la jerga suburbial de la UVA de Vallecas, ideal para alimentar el hiperrealismo ratero de estas estrellas analfabetas y convertirse en una versión barata y castiza del Neorrealismo de Pasolini. Por eso, en su primera película, tuvo que ser doblado a su propia lengua madre. El rodaje transcurrió entre la clandestinidad, las clases de lectura y dicción pagadas por Eloy y las descomunales bacanales en su piso. La productora exigía rodar en cinco semanas pero los permisos del ayuntamiento de Madrid no llegaron y decidieron salir a la calle puestos y con lo puesto. En una de las escenas, José Luis Manzano —que daba vida a el Jaro— tenía que robar las bolsas de la compra a una actriz que paseaba por la calle confundida entre peatones ajenos al rodaje. Le arrancó las bolsas a la carrera, para más tarde ser apaleado y llevado a comisaría en volandas por los mismos peatones que ignoraron la cámara de Tony Cuevas. No fue la única vez.
“Hay un mimetismo en lo escabroso, y vas entrando en unas áreas de sordidez alucinante. Es un miedo incontrolado que no deja de atraerte. Yo descubrí en mí mismo eso de lo que tantas veces te permites hablar y opinar: lo marginal.” Eloy de la Iglesia.
La vida de José Luis Manzano se entiende más por sus películas que por foros y hemerotecas. Fábula y certeza se funden en el documental antropológico que fue su existencia. Las estrellas quinquis como él —mitos de la marginalidad— no interpretaban, simplemente vivían al límite. Unas veces con cámara de testigo y otras a solas con el mono. Discernir eso es lo que nos enganchaba a todos. En realidad Eloy apadrinó legalmente a Manzano y se lo llevó a su casa para sacarle de una marginalidad de los que se sabían pobres y meterle en otra de los que se creían ricos. Y lo hizo hasta tres veces.

Cuando Eloy de la Iglesia cayó en el mismo pozo con el que había estado cinco películas coqueteando, Manzano ya vivía en la calle, el Pirri —su amigo de rodajes— había muerto de sobredosis y lo más parecido al cine quinqui era ‘El Lute’ de Imanol Arias. Manzano fue rescatado del despeñadero por Pedro Cid, un sacerdote de Getafe especializado en síndromes de abstinencia de jóvenes excluidos. Pero cada vez que Eloy veía a Manzano recuperado le lanzaba el cebo de sus mejores recuerdos. Y Manzano sucumbía de nuevo a los encantos de la ‘dama blanca’. Y vuelta a empezar con el cura. Así hasta 1991, cuando el chico fue detenido y condenado a 18 meses de cárcel por robar un bolso en la Gran Vía al estilo de el Jaro. La Quinta Galería de Carabanchel fue su tumba. Salió para morir en el retrete del piso de Eloy el 20 de febrero de 1992. Su juguete se rompió definitivamente. No más alucinaciones.
“Todo el mundo puede pensar que he utilizado a estos chicos. Mentira. Es al revés. Ellos me han utilizado a mi como un medio de expresión para dar a conocer su problema. Si la película crea ambiente se podrán pedir responsabilidades. Para mi esa responsabilidad empieza en la Administración”. José Antonio de la Loma sobre ‘Perros Callejeros’
El Torete era el príncipe del ‘chocolate’. El mote artificial fue obra de José Antonio de la Loma para la película ‘Perros Callejeros’, pero en la calle le conocían antes como el Trompetilla, por la corneta de su padre. Canutos, gasolina y jaco. Zancos para llegar a los pedales. Bordón 4 y los Chichos de banda sonora y una mujer como directriz y columna vertebral en su corta pero intensa existencia: la Sole. Con 15 años ya había participado en más de 100 atracos a gasolineras y joyerías con la banda de Pepe ‘el Majara’ pero “Sin una gota de sangre y sin robar a un pobre” como le gustaba recordar. Según el Vaquilla, Ángel Fernández Franco no tenía madera de delincuente y era un poco blando. Pero a él mismo le gustaba recordar en todas sus entrevistas que inspiró aquella escena de duelo en ‘Perros Callejeros’ retando de pie, sin inmutarse, al coche de policía a variar su trayectoria. El Torete falleció de un SIDA prestado en jeringuilla en 1991, cuando estaba intentando rehacer su vida con su mujer e hijo en Murcia. Otra cruz más.

Torear a el Vaquilla fue aún más complicado. Juan José Moreno Cuenca no vestía la candidez, ingenuidad y docilidad de Manzano o de el Torete. Era un delincuente crónico, maduro y enquistado en su redención. Su cara daba más miedo y su currículo, antes de su primera película, incluía ya tres hermanos muertos trágicamente, 13 años de experiencia carcelaria, un motín y una mujer fallecida accidentalmente aplastada bajo las ruedas del ‘buga’ cuando forcejeaba por su bolso. Un reptil tan escurridizo que fue encarcelado aún siendo menor de edad y fuera de toda legalidad para evitar sus constantes huidas de los reformatorios. Era el niño de la Cárcel Modelo y un pésimo actor que daba muy mal a cámara. Tanto que José Antonio de la Loma, después del casting para ‘Perros Callejeros’ y sin la autorización pertinente del juez, no contaría con él para interpretar a el Torete, su alter ego en el celuloide. Su debut y esperpento interpretativo tuvo que esperar a la primera escena de su biopic: ‘Yo, el Vaquilla’.
“El Torete, el Vaquilla y sus compañeros robaban, a sus 12 años, 5 o 6 coches cada día solo por el placer de conducir. Eran unos mocosos que rompían a llorar cuando se les detenía”. Miguel Infantes García, Jefe de la Policía Judicial de Poble Nou.
«Dale caña, Torete, que es robado»... fue uno de los gritos de guerra de toda una generación de espectadores embobados por la realidad paralela de extrarradio. Espectadores que mezclábamos las andanzas de Parchís con las de el Torete, las aventuras de Enrique y Ana con los pajotes de el Pirri o las canciones de Teresa Rabal y las bellotas con nivea de los ‘Colegas’ Manzano y Antonio Flores. ¡No nos pidáis cordura ahora!

La saga quinqui fue para algunos solo una escuela de delincuencia. El verdadero Jaro confesaría más tarde que aprendió y puso en práctica técnicas delictivas —como el tirón a la abuelita— después de ver a el Torete en ‘Perros Callejeros’. Nada más lejos de la realidad, la verdadera escuela de criminalidad fue el índice de paro de finales de los setenta, legado del régimen franquista y del vacío institucional de una supuesta ‘transición modélica’. Todo ello regado con la nieve y el caballo importado por la burguesía adinerada y por las clases sociales más castigadas por la reconversión industrial, saltando de vena en vena hasta convertirse en la pandemia adictiva de toda una generación.
“El problema de ‘Perros Callejeros’ nace con el crecimiento excesivo de las ciudades. Todos vienen atraídos por las fábricas, el dinero, las horas extras. Llegan, no tienen trabajo, duermen donde pueden, los chavales anodadados… Se mezclan con los habituales de la delincuencia, no van a la escuela. No hay dinero o no quieran invertirlo en eso, no sé. Entonces se sublevan contra sus propios limites.” José Antonio de la Loma

1998/02/13

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | FALLECE MANUEL TRILLO, EX PRESIDENTE DE COGAM Y DEL COMITÉ ANTI-SIDA

Manuel Trillo, ex presidente del Comité Ciudadano Anti-Sida.
Rosana Torres | El País, 1998-02-13

https://elpais.com/diario/1998/02/14/agenda/887410801_850215.html

Manuel Trillo Losa, presidente del Comité Ciudadano Anti-Sida hasta hace dos años, movimiento ciudadano que fundó, junto a otros amigos en 1985 y militante de diversos colectivos gay (durante años fue presidente del Colectivo Gay de Madrid [COGAM]), falleció anteayer a causa del sida, a los 38 años, en Bahía de Caraquez, Ecuador. Considerado un cristiano altruista y luchador, abandonó su vocación de sacerdote en 1983, ya que, según declaró a este, diario "tenía vocación de sacerdote, pero no de célibe; además, debía asumir mi homosexualidad, y eso me impedía seguir allí dentro. Además, me siento alejado de la Iglesia tal y como es hoy, y creo que a los que yo considero oprimidos y marginados ellos los consideran pecadores y degenerados", dijo hace cinco años.

Defensor de la teología de la liberación, Trillo ejerció, sin remuneración alguna, durante años, de educador de calle de drogodependientes y conferenciante en numerosas campañas de prevención del sida, en las que siempre transmitía la idea de que el síndrome se podía vivir desde una postura vitalista e incluso lúdica. Lo demostró siempre y en los dos últimos años se dedicó a organizar diversos movimientos ciudadanos en favor de estos enfermos en varios países latinoamericanos, siempre acompañado por su pareja, el pintor Gerardo Gutiérrez. El fallecimiento de Trillo fue recibido ayer con consternación en los círculos gay y en los movimientos ciudadanos de lucha en favor de los afectados por sida.

1995/08/05

DOCUMENTACIÓN | AMBIENTE | VÍA LIBRE A LA MUERTE DEL CINE CARRETAS

Vía libre a la muerte del cine Carretas.
Nieves Torreblanca | El País, 1995-08-05

https://elpais.com/diario/1995/08/06/madrid/807708269_850215.html 

El cine Carretas ya no existe. La última sesión se inició a las once de la noche del pasado 2 de julio. Probablemente, los espectadores que se encontraban en el local viendo ‘Indio: la gran amenaza’ y ‘Con la poli’ en los talones ignoraban que serían los últimos en ocupar sus butacas. Tras ellos se bajó el telón por última vez. Sin embargo, algunos de sus 10 trabajadores no pudieron evitar la emoción aquella noche. El que fue un popular punto de cita del ambiente homosexual madrileño se convertirá, según consta en la licencia otorgada por el Ayuntamiento, en una sala de bingo.

Desde la compañía Cisneros, primera propietaria del cine, hasta Cinema, SA, que lo gestionaba en la actualidad, el Carretas ha pasado por innumerables manos. Todos los intentos por saber cuáles son los motivos que han provocado su cierre han resultado vanos. Nadie ha respondido. Quien sí lo ha hecho ha sido el Ayuntamiento. A principios del pasado mes de julio, Gerencia de Urbanismo había concedido ya la licencia de obras para transformar la sala de cine en otra de bingo. Los trabajos tendrán que comenzar en un plazo de seis meses. Aunque en el nuevo Plan de Urbanismo el "hecho cinematográfico" está especialmente protegido en el centro de la ciudad, el cine Carretas no está sujeto a esta protección, según el Ayuntamiento.

Sin grandes anuncios, casi sin avisar, se ha puesto fin a una parte de la historia cotidiana de Madrid. El Carretas, junto a la Puerta del Sol, era uno de los dos cines de sesión continua que funcionaban en la ciudad. El otro, el Liceo, también está cerrado, pero sólo temporalmente, por reformas. Ambos siguen en la cartelera, pero dice "cerrado".

El cine Carretas, situado en la concurrida calle de la que toma su nombre, se inauguró otro verano, el de 1935, el mismo año en que nació la Vuelta Ciclista a España, y sólo unos días después de que en otro cine, el Monumental, José Díaz, secretario general del PCE, propusiera la creación de un Frente Popular antifascista.

"El salón más cómodo"
Los periódicos de aquellas fechas no escatimaron los adjetivos para el nuevo cine: "El salón más cómodo, más grande y más elegante de Madrid". Y no era para menos. Contaba ya entonces con un curioso sistema de refrigeración a base de enormes ventiladores que, fuera de uso, aún hoy se conservan. Incluso es posible que fuera el más grande de los 37 cines con que contaba Madrid entonces, con sus 2.000 metros en planta y más de 1.000 localidades. En él, por una peseta, los madrileños del agitado año de preguerra veían un programa doble, en sesiones que iban desde las once de la mañana hasta la una de la madrugada. Los arquitectos Fonseca y Sanz de Berge fueron los encargados de su diseño y construcción, calificada de "proeza técnica". El cine se levantó en el mismo patio interior que ocupaba el Bazar X, un popular almacén en el que se podía comprar desde una plancha hasta un par de zapatos. Las dificultades se presentaron al tener que sustituir las antiguas columnas de fundición por otras de "pie derecho", y todo ello sin desalojar las viviendas que se encontraban en la parte superior del edificio.

Poco a poco el cine Carretas se fue convirtiendo en uno de los puntos de encuentro del ambiente homosexual madrileño, un secreto a voces que, lejos de restar clientela, la aumentó. Hasta tal punto que, en la presente década, el Carretas ocupó durante dos años consecutivos el primer lugar entre los cines de toda España por el número de espectadores, como consta en el registro del Ministerio de Cultura. Era también uno de los más baratos de la ciudad. Cuando cerró, la butaca costaba 425 pesetas.

"El que fuera un cine con cierto ambiente nunca ha sido un problema, al revés, más bien era publicidad gratuita", opina un trabajador del local que prefiere mantener el anonimato. "Cuando veíamos algo raro en la sala el acomodador se encargaba de poner fin a esa situación enfocando con su linterna al individuo y echándole a la calle-“ Quizá ése fuera el motivo por el que, entre los años setenta y ochenta, recibíamos numerosas amenazas de bomba, que siempre resultaron falsas. Pensamos que era la venganza del sorprendido ‘in fraganti’.

El carné de un cura
Entre las anécdotas acumuladas a lo largo de 60 años de vida se recuerda con cierta hilaridad el hallazgo de un carné de identidad cuyo propietario resultó ser un sacerdote, del que nunca se supo. Con la reforma de la fachada principal del edificio, realizada por la comunidad de vecinos, el cine perdió su enorme letrero anunciador. Luego, un pequeño incendio en el exterior de la salida de emergencias tiñó definitivamente de negro la portada que da a la calle de Cádiz. Y así sigue. La marquesina que adornaba la entrada por la calle de Espoz y Mina fue derribada por orden del Ayuntamiento tras el derrumbe de la del cine Bilbao.

"Jamás hemos tenido problemas graves con los clientes habituales", asegura el empleado. "Si acaso, los problemas aparecieron cuando a la zona llegó la droga, y con ella, la marginación. De hecho, hubo una temporada en que teníamos un vigilante, porque pillamos a alguno fumando droga, pero se les amonestaba y se iban".

Y mujeres. ¿Había mujeres entre los espectadores? "Bueno", reflexiona, "alguna había. Me daban pena. Venían a sacarse algún dinerillo. ¡Qué ibas a hacer!".

1989/05/10

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | EL GRUPO DE AUTOAPOYO DE PORTADORES DEL VIH PIDE LA AYUDA DE LA SOCIEDAD

Los portadores del SIDA piden en una carta abierta la ayuda de la sociedad.
Azucena Criado | El País, 1989-05-10

https://elpais.com/diario/1989/05/11/sociedad/610840806_850215.html

El grupo de Autoapoyo de Portadores del virus del SIDA (VIH) pidió ayer, a través de una carta abierta, la colaboración de toda la sociedad para solucionar los problemas de marginación social y económica que sufren. Ambos aspectos han sido analizados en el III Congreso internacional de portadores del SIDA, celebrado el pasado fin de semana en Copenhague (Dinamarca). En las conclusiones de este encuentro, en el que participaron representantes de 14 países, se señala "la necesidad de que los gobiernos inviertan más dinero en investigación para que se abaraten los costes de los tratamientos contra el SIDA, porque el alto precio que tienen los medicamentos está provocando una discriminación económica de muchos afectados", afirma Manuel Trillo, secretario general del Comité Ciudadano Anti-SIDA y representante español en el congreso. "También denunciamos", continua Manuel Trillo, "que es inaceptable que se atente contra los derechos humanos en nombre de la salud pública, como está ocurriendo en Suecia y Cuba -donde los afectados están recluidos en centros especiales- o en Estados Unidos, Canadá, Alemania y Grecia, que han cerrado sus fronteras a los afectados y portadores del VIH".

En su carta abierta el grupo de ‘autoapoyo’ de Madrid, único organizado hasta ahora en nuestro país, afirma que se han unido "con el propósito firme y decidido de afrontar soledades, miedos, problemas y hasta ‘soluciones’ a una enfermedad envuelta en connotaciones muy especiales no sólo para quienes la sufrimos, sino para la sociedad en general".

"Nos dirigimos a todos vosotros", continua el texto, "queremos involucraros a todos. Somos parte de esta sociedad -la de todos- y tenemos problemas. Un teléfono, el del Comité Ciudadano Anti-SIDA de Madrid [...] recogerá vuestras sugerencias, vuestras ideas y vuestras ayudas. Un teléfono, el del Grupo de Autoapoyo, está sólo a disposición de enfermos y portadores (Ciempiés, grupo de autoapoyo de portadores del VIH y enfermos del SIDA) [...]".

1988/11/30

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | EDUARDO HARO IBARS, LA FASCINACIÓN DIONISÍACA

La fascinación dionisíaca.
Eduardo Haro Ibars, recordado por sus compañeros en la Sociedad de Autores.
Ricardo Cantalapiedra | El País, 1988-11-30
https://elpais.com/diario/1988/12/01/cultura/596934009_850215.html 

La figura del escritor y periodista Eduardo Haro Ibars, fallecido el pasado 16 de agosto a la edad de 40 años, fue recordada en una mesa redonda celebrada en la Sociedad de Autores el pasado martes. Haro Ibars, que dejó escritos media docena de libros y numerosos artículos periodísticos, fue evocado principalmente como persona, confabulador nocturno, provocador lúcido y ácido, antihéroe y pionero de marginaciones. En el acto intervinieron, además de su hermano Eugenio, los periodistas Carlos Tena, Jesús Ordovás y Moncho Alpuente, y el músico Fernando Márquez.

Al final de su obra ‘Empalador’, hay una frase que define con bastante precisión el talante de Eduardo Haro Ibars: "Aconsejo a los jóvenes poetas que dejen la escritura idiota y salgan a la calle a hacer algo divertido". Jesús Ordovás se refirió al carácter callejero y noctámbulo del escritor, que le hicieron imprescindible en todo tipo de manifestaciones, conciertos y festejos. Ordovás destacó también la profunda influencia que Haro Ibars tuvo en el mundo del ‘pop’ y del ‘rock’: "Fue la influencia más revulsiva y más culta". Durante todo el acto planeó en la sala una palabra clave: ‘maldito’. Porque Eduardo lo fue, seguramente a su pesar. Su tremenda sinceridad se consideró siempre como una provocación. Esta sinceridad le llevó a declarar en 1975 a la revista ‘Disco Express’: "Soy homosexual, delincuente y drogadicto". Vivió vertiginosamente, casi al borde en todo momento, merodeando por las fronteras y seducido por el abismo. Por eso su prematuro final no carece de lógica. "Prefirió morir estando vivo que vivir como un ‘zombie’", dijo Fernando Márquez.

También hubo constantes referencias al artículo ‘La generación bífida’, escrito por Eduardo Haro Tecglen, padre de Eduardo, en El País. Moncho Alpuente discrepó de algunos conceptos: "No es cierto que en los años sesenta hubiera una izquierda alegre y juvenil. Por entonces la izquierda estaba todavía de luto y pensaba que el sexo, las drogas y el ‘rock and roll’ eran contrarrevolucionarios. Haro Ibars sufrió una doble marginación: "por ser de izquierdas y por ser ‘moderno’". Tanto Alpuente como Fernando Márquez recordaron algo que Haro Ibars repetía: "El SIDA es una creación tan artificial como la heroína. El SIDA es una trampa propiciada por el poder". Carlos Tena, refiriéndose a la muerte del escritor y periodista, llegó a decir: "Se está dejando morir a la inteligencia. Esta muerte es un ejemplo de cómo trata el poder a la gente que piensa en libertad".

A pesar de que todavía había congoja en los rostros de casi todos los asistentes al acto, muchos de ellos amigos de Eduardo, se hizo hincapié en el sutilísimo sentido del humor que le caracterizaba. Se contaron algunas anécdotas que le hicieron ser temido por los organizadores de actos y deseado por los amantes de la provocación y de la risa. Y se dio a conocer otra anécdota que casi nadie sabía: Eduardo Haro Ibars quemó todos sus escritos pocos meses antes de morir.

Esta noche tendrá lugar, a las 22.30 horas, en la discoteca El Sol de Madrid, un homenaje musical en el que participarán muchos de los artistas para quienes Eduardo Haro Ibars escribió: Joaquín Sabina, Javier Gurruchaga y Ricardo Solfa.

Bífidos.
Moncho Alpuente | El País, 1988-11-30

https://elpais.com/diario/1988/12/01/cultura/596934001_850215.html

Ni la corona de laurel, que a título póstumo y bienintencionado intentan ceñir sobre sus sienes algunos popes de la cultura a la búsquela de poetas malditos, ni la palma del martirio, capaz de reconvertir los mayores excesos en viñetas de una biografía justificada por una muerte prematura, cuadran con la figura de Eduardo Haro Ibars, provocador irónico, poeta tan lúcido en su vida como en su obra, inseparables. La desaparición reciente de Eduardo Haro Ibars ha dado pie a una serie de celebraciones en amigos y compañeros, a pesar, han, hemos, caído en los clichés habituales de la funeraria.

En los salones modernistas de la Sociedad de Autores tuvo lugar el pasado martes una mesa redonda convocada por los amigos y herederos de Eduardo; el legado, por supuesto, nada tiene que ver con lo monetario. Tan lejos como pudimos huir de la evocación nostálgica, casi todos los ponenentes coincidimos en glosar una tribuna de este periódico en la que bajo el título de ‘La generación bífida’, Eduardo Haro Tecglen pasaba revista a los coetáneos de Eduardo Haro Ibars, ubicados cronológicamente alrededor de los 40 años e ideológicamente en los territorios, hoy absolutos páramos, de cierta izquierda que vibró, más por resonancia que por vivencia, con el Mayo francés.

Las dos puntas de esta generación bífida señalan, según el artículo citado, al poder, al que accedieron algunos tras renunciar a sus postulados ideológicos y vitales, incapaces de resistir al suculento plato de lentejas, y a la marginación y la muerte.

Quisimos matizar los ponentes las aristas de este profundo abismo separador, esa dicotomía entre el cielo infernal de los poderosos y el infierno celestial en el que se pudren los puros de corazón que no se dejaron tentar por la oferta de Esaú hecha plato de lentejas.

Primogénito
Eduardo Haro Ibars, el primogénito de estos ángeles caídos, experto funámbulo en la cuerda floja que separa más que une los márgenes del abismo, exploró las más profundas simas a pecho descubierto y eligió, consciente de los riesgos, los sinuosos senderos de la marginación sin paliativos que pudieran mitigar ese desclasamiento. Fiel al eslogan generacional que preconizaba "Sexo, droga y rock and roll" en un escenario dominado por la castidad, el deporte y el hilo musical.

Poeta angélico en la órbita de Blake, Eduardo Haro Ibars se quemó en todas las hogueras de su tiempo mientras muchos de sus compañeros de viaje pasábamos de puntillas sobre las brasas para no quemarmos como él.

Sus cuadernos de ruta, dispersos o perdidos, sus crónicas, poemas, canciones y opúsculos son y seguirán siendo imprescindible guía para los viajeros de un tiempo que nunca ha sido nuestro.

La generación bífida.
Eduardo Haro Tecglen | El País, 1988-11-26

https://elpais.com/diario/1988/11/27/opinion/596588409_850215.html

La punta de la generación de quienes están por los 40 años -algo más, algo menos- se bifurca. Unos llegan al poder, otros a la muerte. Estuvieron juntos en una izquierda alegre, abierta, que se unía en las calles, en el vino, en ciertos conceptos generales de la libertad. Vivieron en las mismas comunas, salieron hacia París -o se impregnaron de él- o se fueron a Lisboa para lo de los claveles (¿se acuerdan?), compartieron los libros prohibidos, sufrieron los mismos golpes de guardias o de grupos derechistas. Ahora unos están en el poder, otros mueren. Darwin dijo algo de la supervivencia del más fuerte. Su largo título victoriano resumía ya: ‘Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida’. Ya había varios errores en el enunciado: considerar lo natural como algo benéfico y considerablemente oportuno encaminado hacia algo con un concepto de futuro mejor, pretender que la vida se plantea como una lucha exclusivamente, determinar que la naturaleza favorece unas razas contra otras y que ésas, por ser las más fuertes, son las mejores. De lo que fue punta de lanza de la ideología científica de su época salieron, a través de distintas revisiones, el liberalismo o concurrencia abierta (la lucha de todos contra todos), el fascismo, el comunismo estaliniano y los libertarismos aniquiladores: millones de muertos. La estirpe de ese pensamiento llega hasta hoy. Reagan ha sido el gran defensor de la supervivencia del más fuerte como equivalencia del mejor -en el momento en que uno es más fuerte, nadie le va a discutir que es el mejor- y Bush ha recogido de ahí su puñado de votos para que todo continúe con los meros matices de moda o verbo que se requieran.

Añadiendo algo a Darwin se llegó a la frase de la "survival of the fittest", o la supervivencia del más adaptado (Herbert Spencer en Principios de biología). Será eso lo que está pasando aquí con esta punta bifurcada. La diferencia entre unos y otros es demasiado grande de todos modos y se ha producido en tan poco tiempo que constituye un fenómeno rápido y singular. Se ha formado la raza favorecida de los adaptados: acuden a los besamanos de los obispos, comen langostinos, llevan pianos de respeto a sus despachos, tienden moquetas hasta donde se abrigan de la calle, tienen escoltas, compran fraques, usan Visa Oro, viajan en Concorde, eligen trajes y corbatas de buen paño y buena seda, tienen asesores de imagen, cambian de esposas en busca de la riqueza, la elegancia o la popularidad, segregan unos seguidores que crean a su imagen y semejanza -lealtad y langostinos- y que ocupan los vigorosos puestos delegados del poder. Los otros vagan por los centros sanitarios pidiendo ayuda, a veces sólo alguna píldora para pasar el trago del insomnio, y no saben -son los inadaptados- encontrar el certificado del censo del barrio, la tarjeta de beneficencia, el papel del paro. Cuando llegan a los psicólogos desbordados, les aplican el rígido conductismo que no saben realizar. Escriben en periódicos casi clandestinos, se les niegan los micrófonos de las radiúnculas [¿?] porque escandalizan, ya no se prestan libros unos a otros, sino harapos. Los guardias de las urgencias de los hospitales pueden rechazarles caundo son ‘drogatas’. Duermen en los bancos. No pueden ni acogerse al Plan de Empleo Juvenil -las hierbas que otro arrojó- porque son mayores.

Los vecinos de sus tabucos quieren expulsarles por su riesgo potencial. Cuando encuentran una secta donde podrían adaptarse al menos un rato, que les puede llevar a una granja con sus compañeras pálidas, sus compañeros de la otra punta bífida -los que gustan de santificar las fiestas- les encarcelan, les evacuan, les acusan de promiscuidad sexual o de ser pobres víctimas de lavado de cerebro. Los burgueses se cruzan de acera cuando les ven, los guardias vuelven a pegarles cuando arrastran sus últimas fuerzas en las manifestaciones contra las bases, la OTAN o al son de las movilizaciones del día 14 [¿huelga general del 14 de diciembre de 1988?]. Están, se dice, locos. La Unión Soviética de antes percibió hace muchos años que esta inadaptación no podía ser sino fruto de una locura que llevaba al amor.

Se respetan los derechos humanos: son estos marginales, alcohólicos, drogados, sidosos, libertarios, poetas sin juegos florales, una peluca y una gabardina al juzgado para que se escapen. Ni siquiera intentan escaparse. Ni se les dejaría.

Es una generación curiosa, cuya doble faz -la que ríe, la que llora- no se ha dado fácilmente en otros tiempos históricos. Quizá en otros lugares se está produciendo algo parecido al mismo tiempo: digamos, Nueva York. Pero allí difícilmente constituyen una generación determinada -son de muchos estratos- ni han ido juntos con sus coetáneos a las manifestaciones ni compartido durante unos años la misma lucha y las mismas esperanzas. Es más un problema clásico de riqueza y pobreza desnuda, que aquí también existe, pero con otras características. Ahora impresiona Tom Wolfe porque lo cuenta; pero ya lo contaba mejor John Dos Passos, a los que leyeron escondidos los de las dos puntas de esta generación (Dos Passos se arrepintió y se adaptó en una época dura).

Esto es otra cosa. Algo darwiniano. La naturaleza ha seleccionado a los más fuertes, quizá gracias al meritorio esfuerzo de éstos por adaptarse a lo previamente existente y a lo que el general De Gaulle llamó "la nature des choses", y la lucha por la vida les ha dado el poder. Los otros, los caínes de aquella fraternidad -o tratados como caínes-, cometieron el error de querer adaptar la sociedad a sus ideologías. Creían que iban todos a lo mismo, y se equivocaban. Decía Bernard Shaw que sólo los tontos han creado los progresos del mundo, porque los listos se han adaptado a lo que había sin necesidad de inventar. También se equivocaba. Aquí los tontos son tontos para siempre y la naturaleza no tiene ningún interés en que sobrevivan. Por eso se van muriendo después de sufrir la marginación, la porra, el desprecio, el sermón, el conductismo, las redadas, las visitas de alguna buena monja, el aislamiento en los lugares de trabajo, el abandono -con necesarias lágrimas de la madre- de las familias que consideran cualquier inversión en ellos como algo a fondo perdido, la calificación de irrecuperables. Qué tontos, qué tontos.

1988/06/21

DOCUMENTACIÓN | VIH-SIDA | LEDESMA, MINISTRO DE JUSTICIA, DESCARTA MEDIDAS PENALES PARA COMBATIR EL SIDA

Ledesma descarta la adopción de medidas penales para combatir el SIDA.
El País, 1988-06-21

https://elpais.com/diario/1988/06/22/sociedad/582933604_850215.html 

El ministro español de Justicia, Fernando Ledesma, declaró ayer en Lisboa que el Gobierno es contrario a la adopción de "cualquier instrumento ad hoc" en el dominio penal respecto a la transmisión del SIDA. Ledesma resaltó la adopción de medidas administrativas, en particular la prevención y la información del público. El Consejo de Europa se declaró ayer contra toda resolución que signifique la marginación de los enfermos del SIDA. La declaración fue realizada durante el acto inaugural de la XVI conferencia que los 21 ministros de Justicia europeos iniciaron en Lisboa para debatir cuestiones penales relacionadas con esta enfermedad y con el tráfico sexual de niños y mujeres jóvenes.

El ministro español descartó, de acuerdo con el parecer casi unánime de las delegaciones presentes en la capital portuguesa las medidas que impliquen la invasión de la intimidad y la limitación de la libertad del individuo, como la imposición del certificado de sanidad a la entrada del territorio nacional o el chequeo obligatorio para los grupos de riesgo.

Porque "el miedo, sobre todo cuando es colectivo, es mal consejero en materia penal", como subraya el informe presentado por la delegación portuguesa a la reunión, el debate sobre las "cuestiones penales y criminológicas planteadas por la propagación de las enfermedades contagiosas, incluido el fenómeno del SIDA", traduce la creciente preocupación de los poderes públicos por las reacciones, eventualmente irracionales, que el síndrome provoca en las respectivas opiniones públicas, informa Nicole Guardiola.

Política común
Fuentes del Consejo de Europa declararon ayer a Reuter que el debate a puerta cerrada se centraría en la variada legislación sobre el tema en los países miembros e incluso, según las mismas fuentes, podrían elaborar una política legal común para luchar contra el SIDA. "El castigo del culpable o la indemnización es una flaca compensación para la víctima", reza la ponencia. "¿Porqué condenar a una persona muy enferma o moribunda cuando está sentenciada de antemano a la última pena?". El representante portugués, Manuel Antonio Lopes Rocha, dijo que la legislación tiene poco efecto ya que "las víctimas no protestan; parte del problema es que la infección es imposible de probar".

El informe concluía que se podría clasificar la transmisión del SIDA como un crimen, particularmente cuando el contagiante se sabe portador del virus del síndrome.

Por otro lado, Héctor Anabitarte, representante del Comité Ciudadano Anti-SIDA, declaró a El País que la información, la educación y la solidaridad con los afectados han de ser las estrategias para la lucha contra el síndrome y nunca la marginación.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...