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2021/06/03

CAPÍTULOS | López Clavel, Pau | Ecos de la sextopía revolucionaria. Revisitando la emancipación gay-lesbiana en la Valencia transicional

López Clavel, Pau [Universitat de València] (2018) [07]. Ecos de la sextopía revolucionaria. Revisitando la emancipación gay-lesbiana en la Valencia transicional. Las otras protagonistas de la Transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales. Brumaria. 85-96.

Ed. digital: Open Access – Libro completo | Fundación salvador Seguí | 2021-06-03
https://www.fundacionssegui.org/madrid/index.php/publicaciones/23-libro-del-congreso-las-otras-protagonistas-de-la-transicion
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Acceso directo PDF
https://www.fundacionssegui.org/madrid/documents/las_otras_protagonistas_libro.pdf

Si ha habido un momento en el que pareció posible vivir la utopía de la liberación sexual, ese es, gené- ricamente, la década de los setenta. O al menos ese es el eco que nos ha llegado. Eco que resuena débil y confusamente todavía en el movimiento LGTBi+i+, como vagos rumores de lo que aconteció allí, y que influye, en un sentido inspirador o condenatorio, en la memoria colectiva de lxs herederxs actuales de la disidencia sexual: Utopía. Caos. Revolución. Desastre. Sueño. Crisis. Liberación. Fracaso. Ecos, en fin, distantes y distintos, según dónde resuenen.

El halo de misterio y leyenda que envuelve la etapa de los frentes de liberación gay-lesbianos se acrecienta en el caso español por las (im)posibilidades interpretativas derivadas de su coincidencia temporal con el remolino que supone la Transición democrática y el meteórico recorrido del movimiento LGTBi+i+ posterior, situado en unas coordinadas políticas diferentes. Pero, como trataré de exponer, observar detenidamente el devenir de los frentes revolucionarios españoles puede servirnos para reflexionar sobre la complejidad del período 1975-1982 y sus tensiones, más allá de la visión mitológica que alaba el período revolucionario como el momento en que pudo haberse logrado la utopía de la liberación sexual, y la visión denostadora que lo mira someramente desde la óptica del caos y del fracaso irremediable.

Por otro lado, apenas tenemos ecos de la “inhistoria”2 de la disidencia sexual en las periferias de las periferias. Y, más allá de interpretar el período desde parámetros mítico-universalistas stonewallianos y/o, en el caso español, reducidos a la experiencia barcelonesa, merece la pena focalizarnos también en las zonas intermedias, aquellas donde parece que se “gritó” en menor medida. El País Valenciano es un escenario interesante, no solo por la enorme problemática específica que presenta en los años de la Transición, sino también porque, a nivel macro, es un territorio que no suele tenerse en cuenta en la historiografía genera- lista del período y porque, a nivel de historia de la sexualidad, no ha sido posteriormente un foco atendido como Barcelona o como Madrid.

Sumergirse en los tiempos del movimiento sextopista en la València transicional implica, por tanto, escuchar una narrativa periférica y local que se revela como el gris entre las grandes urbes y las zonas sin activismo. Un gris, no obstante, resplandeciente, tanto por su significación contemporánea como por lo familiar, y útil, de los ecos que nos pueden llegar de él.

Teniendo esto en cuenta y sin ánimo de ser exhaustivo, trataré de explicar cómo surgen y se desarrollan los tres frentes revolucionarios gay-lesbianos, consecutivos, de València: el ‘Front d’Alliberament Homosexual del País Valencià’ (1976-1978), el ‘Moviment per l’Alliberament Sexual del País Valencià’ (1978-1980) y el ‘Moviment per l’Alliberament Gai del País Valencià’ (1980-1984). Sin embargo, trataré de hacerlo po- niendo el foco sobre cuáles fueron los principales debates político-ideológicos que tuvieron lugar en(tre) ellos y los ejes de irrupción de lo (homo)sexual en el espacio público, de manera que puedan vislumbrarse algunas de las cuestiones que, bien han sido ignoradas, bien han permanecido ocultas, o bien han sido mitificadas, del llamado período revolucionario, a partir del diálogo establecido con algunas de sus huellas y protagonistas.

2020/07/02

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | EL MATRIMONIO IGUALITARIO (TAMBIÉN) NACIÓ EN ASTURIES

Nortes / Acción de Act Up en 1988 contra la política de Reagan //

El matrimonio igualitario nació en Asturies.

Diego Díaz Alonso | Nortes [Público], 2020-07-02

https://www.nortes.me/2020/07/02/el-matrimonio-igualitario-nacio-en-asturies/ 

El SIDA supuso un enorme retroceso para la liberación sexual iniciada en los años 70 con el feminismo, la generalización de los anticonceptivos y el nacimiento de las primeras organizaciones LGTB. Poco duraría la alegría por los nuevos derechos conquistados. Una década después de que el incipiente “movimiento de liberación homosexual” lograra sacar del código penal de muchos países de todo el mundo las relaciones entre personas del mismo sexo, la pandemia del VIH golpeaba con fuerza a la comunidad gay. Mientras las muertes se sucedían y el miedo se expandía de forma más veloz que el virus, los enemigos de la liberación sexual establecerían una relación malévola, interesada y altamente homófoba entre el derecho al disfrute del cuerpo, el contagio y la muerte. Recordemos que los primeros textos sobre el SIDA llegarían a referirse a la enfermedad, aún muy desconocida, como el “cáncer gay”. El coraje y la inteligencia de los activistas gays permitiría al movimiento a sacar fuerzas de flaqueza, reorganizarse y lanzar entre finales de los 80 y la década de los 90 una exitosa contraofensiva por los derechos de las personas enfermas de VIH, marginadas por los gobiernos y los sistemas sanitarios, y en defensa de la comunidad LGTB , estigmatizada como peligro para la salud pública. Si en 1904 Lenin escribía aquello de “un paso adelante, dos pasos atrás”, en este caso sería al revés: “un paso atrás, dos pasos adelante”. El movimiento saldría de la pandemia reforzado y dispuesto a alcanzar nuevos objetivos.

Tino Brugos, historiador y uno de los fundadores en 1992 de XEGA, señala que en los “años negros” de la pandemia los enfermos de VIH se morían sin ningún tipo asistencia legal para sus parejas. Personas que habían convivido juntas durante mucho tiempo se encontraban con que “no pintaban nada” ante médicos, familiares, administración, caseros o bancos, en muchos casos a la intemperie y directamente en la calle, expulsados de sus casos. En ese contexto, “Jordi Petit y la gente de Barcelona propusieron levantar un acta notarial de que esas personas convivían juntas para que así pudieran tener algún derecho” señala Brugos. De esa propuesta se daría el paso a otra más abiertamente política: reivindicar un registro de “parejas de hecho”, tanto homosexuales como heterosexuales. Vitoria-Gasteiz, gobernada por José Ángel Cuerda, un político del PNV muy heterodoxo, sería la primera ciudad española en abrir ese registro. Posteriormente seguirían el ejemplo otras ciudades y finalmente comunidades autónomas. Algunas de estas leyes, como la asturiana, ya se abrirían a la posibilidad de que estas parejas pudieran acoger, que no adoptar, a menores.

En 1996, Xente Gai Astur, un colectivo muy joven, fundado solo cuatro años antes, introduciría en el movimiento LGTB del conjunto de España una propuesta rompedora: ir más allá de la reclamación de las parejas hechas y hablar sin tapujos de matrimonio igualitario. Brugos apunta que en aquel momento cada asociación iba por su cuenta y no existía demasiada coordinación territorial entre las distintas propuestas. Construir un consenso en torno a la reivindicación del matrimonio igualitario llevaría tiempo y esfuerzo por parte de los activistas más convencidos de que ese era el camino. En Asturies se daría un primer paso en ese sentido. En los encuentros federales del movimiento LGTB, celebrados en 1997 en Xixón, la asociación asturiana haría campaña dentro del movimiento por el matrimonio igualitario, una propuesta que por aquel entonces parecía demasiado utópica e irreal, ya que XEGA hablaba incluso de exigir el derecho a la adopción de parejas gays y lesbianas con las mismas condiciones que las heterosexuales. Brugos señala que en aquel encuentro estuvo alguien que luego sería importante para esta historia, el abogado Pedro Zerolo, posteriormente presidente de COGAM, el colectivo LGTB de Madrid, más tarde concejal socialista madrileño y un importante dirigente del PSOE. Ambas entidades, XEGA y COGAM, serían claves en orientar a la nueva Federación Estatal de Gais y Lesbianas de la lucha por una ley estatal de parejas de hecho, a una ley de matrimonio igualitario. Para Boti García, actual directora general de Diversidad Sexual y Derechos LGTB, y destacada activista del colectivo madrileño, apostar por el matrimonio suponía apostar por una igualdad plena, en lugar de mantener a las personas LGTB en una legislación especial.

Para Brugos aquella reivindicación inicialmente marginal se terminaría convirtiendo en uno de los ejes centrales de una nueva generación de activistas LGTB que llevarían al movimiento a ganar visibilidad y espacio público, así como a buscar alianzas parlamentarias con una izquierda en la que se estaba produciendo una renovación generacional de la mano de políticos como José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares, más sensibles a asumir las reivindicaciones de las minorías sexuales y apostar decididamente por el matrimonio igualitario. En opinión de este activista, hoy retirado de la primera fila del movimiento, “el matrimonio permitió acumular fuerzas a los colectivos LGTB y encontrar un elemento en común”. Tan solo algunos grupos ‘queer’ muy minoritarios se mantendrían al margen de esta reivindicación por considerar que suponía una legitimación de la institución matrimonial y una asimilación del mundo LGTB a las convenciones heterosexuales. Según Brugos la negativa del PP a ofrecer una alternativa “light” al matrimonio igualitario, como pudo ser la Ley de uniones civiles de Francia, o el matrimonio sin adopción portugués, mantuvo al movimiento cohesionado y unido en torno a la reivindicación del matrimonio, finalmente aprobado, hace ahora 15 años, en la primera legislatura de Zapatero. El 3 de julio de 2005 España se convertía tras Holanda y Bélgica en el tercer país del mundo en reconocer el derecho al matrimonio de gays y lesbianas.

Preguntado por los políticos de derechas que hoy viven con naturalidad su orientación sexual y que hacen uso del matrimonio igualitario rechazado en su día por el PP, Brugos confiesa que no puede reprimir “cierta indignación”, tanto por aquellos que se callaron, mientras los activistas luchaban por sus derechos, como sobre todo por los que siendo gays o lesbianas llegaron a poner su firma en el recurso de inconstitucionalidad. Para Brugos “es verdad que hubo homofobia en la izquierda, pero también es cierto que se ha redimido con creces peleando por los derechos LGTB. De la derecha que primero se opuso y luego terminó celebrando con mucha hipocresía la boda de Maroto, con un sarao por todo lo alto, no se puede decir lo mismo”.
 
NOTA: Es sabido que cada uno cuenta la feria según  le va en ella. El colectivo Lambda afirma lo siguiente: "Será en 1998, durante los VII Encuentros Estatales de Asociaciones LGTB, cuando Lambda y XEGA proponen formalmente que las entidades allí reunidas asuman como reivindicación prioritaria el derecho al matrimonio frente a una ley estatal de parejas de hecho." También es sabido que Pedro Zerolo se había opuesto a esta reivindicación. (Recordar el enfrentamiento que tuve con David Montero en un debate sobre 'parejas' en Okendo.) Como dice Tino, en aquellos años cada asociación iba por su cuenta y hubo hasta tres propuestas sobre 'parejas' en el entorno de los colectivos de la FEGL y la CG-L. La COFLHEE se mantenía más bien al margen y sus prioridades seguía siendo una legislación global antidiscriminatoria, aunque ya en las I Jornadas de Debate se planteara la cuestión del matrimonio como un derecho para todas. Como se decía desde EHGAM, tampoco se estaba en contra de una unión de parejas ni del matrimonio, siempre y cuando no tuvieran ninguna diferencia con las hetero. Es cierto que algunos posicionamientos 'queer', bastante minoritarios, alternativos y bastante superados, se mantuvieran contra la institución matrimonial y contra la asimilación, pero predominaba una línea por la igualdad de derechos. (Discriminaciones como las que se dieron o se dan en el ejército, la iglesia, los alardes, siempre defendiendo la igualdad incluso en aquello a lo que nos oponemos.) Como dice Tino la negativa del PP a ofrecer una alternativa 'ligth' desencadenó que ya no había otra alternativa al matrimonio igualitario con todos los derechos. Si el PP hubiera aceptado una ley de uniones civiles, aunque fuera mínima, no se hubiera ni planteado el matrimonio como tal. También hay que reconocer, como indica Tino, que el origen de estos derechos está en el desamparo en que quedaban quienes perdían a sus parejas a causa del Sida. Durante la década que, más o menos, duró el tema 'parejas' no se hizo más que marear la perdiz, embarcándonos en una pelea sin demasiado sentido, cuando las que realmente deseaban esa unión eran, mayoritariamente, las heteros que pasaban del matrimonio; algo parecido a lo que está sucediendo con la gestación subrogada (recordad que allí donde se presenta como problema, como en Ucrania, está prohibida a parejas del mismo sexo). La repercusión que tuvo decisiones como la de José Ángel Cuerda en Gasteiz y otras similares fueron mínimas, habría que realizar un estudio a fondo sobre el tema, pero me parece que aprenas tuvo incidencia y/o repercusión en las parejas de lesbianas y gais.

2020/02/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | SEJO CARRASCOSA: "NO ESTAMOS CUESTIONANDO LA BICHA: LA HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA"

Pikara / Sejo Carrascosa //

Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»

Sejo Carrascosa alerta sobre que, si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará». En una época de explosión de las identidades, el histórico activista marica insta a «buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común».
Itziar Abad | Pikara, 2020-02-26
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/no-estamos-cuestionando-la-bicha-la-heterosexualidad-obligatoria/

Sejo Carrascosa comenzó su militancia en grupos libertarios y antiautoritarios, a los que siguió la CNT. Su primera movilización fue en el instituto, contra la segregación por sexos que imponía la dictadura: «Había dos edificios: uno, para chicas y otro, para chicos. Llegó un momento en el que les dio por separarnos también en el patio. Primero fue por horas. Los chicos entrábamos a las 9:00 y las chicas a las 9:30 o viceversa. Luego pusieron un alambre, que arrancamos, y más tarde, una pared de ladrillo, cual muro de Berlín, que tiramos a patadas. Éramos de barrio, más brutos que un arado...». El activismo marica lo inició en el FLHOC (Frente de Liberación Homosexual de Castilla) hace tantos años que, por aquel entonces, Madrid, su lugar de origen, aún pertenecía a Castilla la Nueva. Actualmente, Sejo Carrascosa forma parte del colectivo gasteiztarra Lumagorri ZAT (Zisheterosexismoaren Aurkako Taldea).

¿Qué reivindicaban estos frentes de liberación?
Además del tiempo para el bocadillo, pedíamos tiempo para poder ligar o clases para aprender a darse por el culo. Queríamos potenciar las relaciones sexuales en las fábricas, porque planteábamos la homosexualidad como un espacio de liberación del capitalismo. Frente a la producción capitalista, sistema totalmente opresivo, las consignas eran gozar de nuestros cuerpos y abolir el trabajo asalariado: ‘Estamos aquí para gozar, no para currar como cerdas’. También reivindicábamos las relaciones intergeneracionales, porque considerábamos que la edad era una imposición más del sistema capitalista. A los 14 no se podía follar ni elegir con quién follabas, pero sí se podía currar. De hecho, había mucha gente trabajando a partir de esa edad para poder irse de casa de los padres. Aborrecíamos la familia tradicional que, además, era uno de los puntales de la dictadura. Los frentes de liberación formaban parte de la contracultura; no había cosa que no cuestionáramos.

¿Quiénes los componían?
En aquella época, las identidades no eran tan cerradas como ahora porque la lucha era una cuestión de liberación sexual. De forma totalmente estratégica, no reinvindicábamos las identidades homo/hetero. Así, nadie tenía que identificarse de ninguna manera. Los frentes de liberación estaban en todo el Estado y se politizaron cuando llegaron las feministas lesbianas, de la mano del marxismo y del anticapitalismo.

¿Y después del FLHOC?
Cuando te empiezas a drogar no te queda tiempo para...
 
...hacer frente al capitalismo.
¡Bastante tienes con evadirte de él! (risas)

Vuelves en el año 92, como promotor del grupo Radical Gai.
Era un domingo de rastro en Madrid. Había habido un encuentro de la Coordinadora de los Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que aún se mantenía como estructura. La Radi la montamos la gente más izquierdista de COGAM [el colectivo LGTB+ de Madrid], que salió de ahí porque el colectivo ya había hecho una apuesta bastante asistencialista, y yo, que era de los pocos que no venía de esa escisión. En aquella época se empezó a abrir la caja del asistencialismo: servicios, orientación, asistencia, etc., lo que exigía rebajar tus principios y, en consecuencia, una despolitización. Anduvimos un par de días buscando un nombre para el nuevo grupo. ‘La Josefin’ planteó que nos llamáramos Confecciones La Rata, por nada en particular... (risas). La Radical Gai era un espacio de supervivencia o de sociabilidad. Ya habían surgido los movimientos okupas, que suponían la autonomía de las instituciones y una crítica a la sociedad, al consumo, a la vivienda, a la convivencia… Estaba Minuesa, que era un centro okupado grande, con una imprenta enorme, donde se hacían fiestas. Nos reuníamos en la fundación anarquista Aurora Intermitente, donde tenía también su sede una agencia de noticias alternativa llamada UPA. Nos impregnábamos de todo aquello.

¿Por qué la Radical Gai resultó tan transgresora?
Modestia aparte, éramos bastante geniales tocando las pelotas. Lo primero que hicimos fue llenar Madrid de pintadas: «Maricas para ligar, maricas para luchar», porque ya existían los bares de ambiente y se había derogado la ley de peligrosidad social. Por entonces estaba al pilpil el movimiento okupa y el de objeción de conciencia, en donde algunas mujeres empezaban a cuestionar la estructura y a denunciar el machismo interno. En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio. Había carnalidad en la represión. Que te metieran en la cárcel era chungo.

Practicábais la interseccionalidad avant la lettre.
Mariconizábamos todo lo que tocábamos. Interveníamos en movimientos ‘generales’ porque todos trataban el rollo marica como ‘lo vuestro’. Hacíamos muchas acciones para cuestionar la heterosexualidad, lo cual nos costó muchas amistades... «¿Qué pretendéis, que nos hagamos todos maricas?», nos preguntaban. Y nosotras: «Todos, no, pero ese de ahí...». (risas). Un día pillamos una reglamentación de Renfe que advertía a sus servicios de seguridad que tuvieran cuidado con mendigos, insumisos y homosexuales. Nos fuimos a Chamartín a montar tal show que terminamos detenidas 50 personas. Pasara lo que pasara dábamos el cante. ¿Que el grupo Cuba Dura, al que llamábamos Cuba Erecta, convocaba una mani? Pues ahí íbamos nosotras, con el panfleto «Nos da por Cuba», para denunciar el tratamiento que se daba en ese país a los gaises. ¿Que era jornada de huelga? Pues llenábamos Chueca de pintadas: «La patronal es heterosexual». Y salía el dueño de un bar: «Yo no soy heterosexual». Y nosostras: «Ya, pero eres un explotador que no pagas a los camareros». Todo lo que hacíamos suponían broncas grandes y debates perpetuos. La radicalidad nos venía del hecho de plantear respuestas concretas a cosas que pasaban. Estábamos muy politizadas, teníamos ganas y no dependíamos ya de consensos con gente asistencialista de COGAM. Todo esto sucedía en torno a Lavapiés, donde vivíamos la mayoría de activistas y donde aún no había gentrificación.

¿Y con la eclosión del VIH?
Vino la gran bronca en el activismo. Para tratar de evitar que la sociedad hiciera la ecuación ‘gaises sida’, el VIH se convirtió en un tema tabú. Sin embargo, la Radical Gai supo darle un carácter social muy grande. ¡¿Cómo no íbamos a tocar el tema?! Mis amigas lesbianas tuvieron un papel protagonista en la lucha contra el VIH que, gracias a ellas, se politizó mucho más. La cosa estaba jodida: enfermedades, hospitales, muertes... Veíamos lo rápido que moría la gente, en un periodo de entre tres y seis meses. La prueba no estaba ni mucho menos generalizada y faltaban medicamentos así que, cuando la gente entraba al hospital con algún tipo de enfermedad, muchas veces tenía ya deterioradísmo su sistema inmune. El sida se cebó en los sectores más vulnerables de la sociedad: los yonquis, los presos, las mujeres, las trabajadoras sexuales. Veníamos de épocas de heroína. Eso sirvió para que mucha gente ajena a los gaises se concienciara e involucrara en la lucha contra la infección. Vía carta y fax nos relacionábamos con los grupos Act Up! de la época: de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Holanda. Conocíamos sus formas de acción y queríamos que las nuestras, ante tanto sufrimiento, también fueran más allá, aunque nos detuvieran.

Si tu pluma les molesta, ¡clávasela!

Ese eslogan se nos ocurrió en la fotocopiadora, haciendo unas pegatinas antifascistas para un 20N. Reivindicábamos mucho la pluma, por ser la feminidad una de las mayores potencialidades subversivas del movimiento marica. La gran maestra Empar Pineda decía que los chicos les debían mucho a todas las maricas, que si ahora pueden llevar pendiente y demás cosas estéticas es gracias a ellas. Estaba también el movimiento de gaises, de corte más posibilista y asistencialista. Hoy en día, en el Estado español, en círculos okupas, antiespecistas y veganos hay muchos grupos maricas que reivindican la pluma. Y yo lo celebro.

En el 95 abandonaste Madrid y te instalaste en Gasteiz. Es el sexilio a la inversa...
¡Ojo con Gasteiz que aquí se mandó a hacer puñetas a la Virgen Blanca! Dos cuerdas y ¡pumba! Ahí la tienes ahora, metida en una hornacina. También eran famosas las procesiones ateas en Semana Santa. Cuando llegué, Gasteiz era un punto muy importante del movimiento autónomo y alternativo, pero todavía había mucha gente en el armario. Eso me supuso cierto choque porque yo ya venía de una visibilidad absoluta. Por ejemplo, todavía pesaba que te vieran en la prensa y los grupos que existían eran aún espacios de sociabilidad a los que se iba para conocer gente. Al no ser esto una gran ciudad, faltaban referentes. En Madrid estaba Chueca.

¿Te parece estratégico que el movimiento LGTB incida en la agenda institucional?
El movimiento LGTB no tiene una buena agenda, una que reivindique acabar con los privilegios de la heterosexualidad y romper la base social, totalmente heterocentrada y, por ende, asimétrica, machista y misógina. La heterosexualidad es una identidad tóxica y nociva, pero es muy difícil entrar a cuestionar eso. El matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad, un contrato para tener a la mujer ahí atada con la prole. Fíjate si papá y mamá tienen privilegios que hasta la Constitución les reconoce la libertad para educar a sus hijos, dando por descontada su capacidad para hacerlo. ¡¿Dónde se ha visto esto, por Dios?! La educación es la única forma que tiene la sociedad de salvar a esas criaturas de las creencias de sus padres. ¡Y encima les dejamos que las lleven a la escuela concertada! Las criaturas están siendo utilizadas como una especie de gran foco de censura y de políticas totalmente antisexuales y antidiversidad: «Los niños no pueden verlo».

Ni el nudismo en la playa.

Ni exposiones en un museo. ¿Cómo no van a poder ver cuerpos desnudos o gente follando, pero sí matándose entre ella? Hay ciertos temas que hemos convertido en tabú. Entonces, volviendo a que el movimiento incida en la agenda institucional, no me interesa que la incidencia consista en una gestión de la diversidad, porque va a ser liberal y sectorial. Quiero incidir con enfoques y puntos de partida que envuelvan a toda la sociedad y que tengan en cuenta los posos de exclusión que ha habido históricamente: por qué las mujeres no están en el ágora o por qué los maricones no hemos cumplido la función del hombre, tocando así el núcleo duro del sistema. La producción no es lo único que lo sostiene.

¿De qué más cosas se vale?

En estos momentos, el sistema capitalista ya no quiere a los cuerpos por productivos, sino por deseables, por exitosos en términos sociales, porque de producir se encargarán los robots y las fábricas en los países empobrecidos. ¿Y aquí a qué nos vamos a dedicar? A tener cuerpos con éxito. De ahí la gordofobia y la construcción de cuerpos no deseables, los que están fuera de los cánones estéticos, los negados, los expulsados más allá de los márgenes porque son incapaces de tener el éxito social. La productividad y el éxito son una imposición del sistema de tener que ser algo. ¿Por qué no limitarnos a vivir, que puede ser bastante enriquecedor?

Decías antes que «el matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad». ¿Cómo casa esto con el matrimonio igualitario?
El matrimonio igualitario consiguió que las personas no heterosexuales fueran tan vulgares y ordinarias como el resto (risas). A nivel político, supuso legitimar estructuras que van en contra de los derechos individuales. No obstante, representó un gran logro, ante un derecho conculcado, que mitigaba en cierta medida una situación lacerante como era la pandemia del VIH/sida. Ocurría que, cuando moría alguien, su familia homófoba se quedaba con todo el patrimonio y dejaba sin ninguna propiedad a su pareja, en contra de la voluntad de la propia persona fallecida, por falta de una relación contractual de por medio. Pasaba también que, si el enfermo estaba hospitalizado en un centro privado, la familia prohibía la visita de la pareja.

Vale, el movimiento LGTBI no tiene una «buena agenda» para la incidencia. ¿Qué hay de las instituciones? ¿Están a la altura?
La mercantilización y el consumo que han creado en torno a la identidad gay representa una forma de cooptación brutal. Ahora para ellas no somos más que un target económico con el que pueden lucrarse. El pride es el ejemplo más evidente de eso y también de pinkwashing: lo montan para generar unas pelas y, de paso, tienen coartada para poner a sus municipios la medallita de los derechos humanos. Estamos inmersas en un espectáculo continuo, en el que tanto dinero aportas tanto vales. Asistimos a que en las instituciones hay gente sin ninguna conciencia. Hay gaises en Ciudadanos, en Vox, en el PP... que consideran que la orientación sexual y la identidad de género pertenecen al ámbito de la intimidad. ¿Dónde queda la potencialidad subversiva?

¿Hemos perdido el norte con las identidades?
Me parece una ida de olla. Hay una cosa muy importante: la identidad es un efecto, no una causa. No debemos caer en políticas identitarias. Son el equivalente a políticas neoliberales y nos encorsetan, porque parten de un enfoque en absoluto interseccional. Podemos ser hiperidentitarias, pero el no saber jugar con las identidades nos ha llevado a rebajar la carga reivindicativa. No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria, de Adrienne Rich; o la heterosexualidad como construcción política, de Monique Wittig. Ya está bien de seguir promocionando la heterosexualidad, de hablar de diversidad por todas partes en lugar de disidencia. Si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará y, a cambio, nos dará unas miguitas. «Aquí están los gaises; aquí, los judíos; aquí, los gitanos...». Debemos buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común, igual que hicimos en la época del sida. Entonces no caímos en el identitarismo de «hablo yo que soy el enfermo y tú te callas», sino que teníamos el convencimiento de que la lucha era de todo el mundo: «Si te mueres tú, que eres mi amigo, ¿cómo no me va a afectar?».

Y con el repunte del fascismo...
La gente no se hace una idea de lo que es eso... En el año 80, después de una mani en Argüelles, zona facha, al hijo de un ministro y a su novio les metieron un palizón que los mandaron al hospital. Hoy en día, el fascismo en Madrid vuelve a estar crecido y a gozar de mucha impunidad. Su repunte nos va a obligar a evitar de nuevo los espacios geográficos en donde se localizan los mecanismos del desprecio. Vamos a asistir otra vez a la zonificación de las ciudades, a tener que elegir una zona u otra según la seguridad que ofrezca. Es una vuelta al armario. Cerca de donde tenga la sede Vox, por ejemplo, nos andaremos con cuidado con los símbolos que llevamos, como esta chapa y esta banderita del orgullo en mi bolso.

En 'El libro del buen Vmor'. Sexualidades raras y políticas extrañas, coordinado por Fefa Vila y Javier Sáez, escribes: «Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente». Suena durísimo...
Haber sido parte de una generación que se pierde y, sin embargo, seguir vivo me sitúa en un espacio privilegiado e incómodo. ¿Por qué yo no y otra gente sí? No sé si me toca ser el testimonio, el recuerdo o, simplemente, vivir con un déficit o un vacío. Luego hay algo muy ligado al holocausto: el imperativo moral de convertirse en memoria, una forma de dejar de ser tú misma.

Una última pregunta: ¿por qué dices gaises?

Para mí esa es una forma de alejamiento y de cuestionamiento de las identidades más despolitizadas, de las que están dentro de la moda y de las políticas de consumo, de las que no buscar subvertir, sino integrarse.

2019/11/01

LIBROS | Subrat, Piro | Invertidos y rompepatrias : marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el estado español (1868-1982)

Subrat, Piro (2019) [11-01]. Invertidos y rompepatrias : marxismo, anarquismo y desobediencia sexual y de género en el estado español (1868-1982). Madrid : Imperdible.

Ed. digital: Open Access | Invertidos y Rompepatrias
https://invertidosyrompepatrias.noblogs.org/

¿Ha sido la izquierda históricamente tan tolerante con la homosexualidad como se piensa? ¿Qué le aportó en épocas de absoluto rechazo a nivel social? ¿Qué le ha diferenciado de la derecha en ese punto? ¿Cuál fue su postura al respecto frente a la inusitada represión que llevó a cabo el franquismo? ¿Fue unánime su apoyo al nuevo ‘movimiento gay’ una vez muerto el dictador? ¿El movimiento LGTB siempre ha permanecido al margen del resto de luchas, como a veces parece traducirse de su deriva actual, o hubo sectores muy representativos del mismo que lucharon por algo más que por sus derechos, mejoras legales y beneficios institucionales en los convulsos años de la llamada ‘Transición’ e incluso más allá? ¿Qué papel tuvo la existencia de una lucha antifranquista organizada de cara a la creación de los primeros movimientos de liberación (homo)sexual? ¿Han sido gais masculinos de clase media-alta provenientes de partidos de izquierda quienes engrosaron sus filas principalmente, o hubo todo un mundo paralelo de travestis, maricas con pluma, elementos radicales y algunos de los primeros grupos de lesbianas autónomas a quienes la historiografía ha relegado a un plano secundario o directamente ha invisibilizado?

Estas preguntas y algunas más las responde esta completa e innovadora investigación que arroja luz sobre los precedentes históricos de un tema que lleva años en la palestra: ¿cómo ha sido la relación entre la izquierda y la homosexualidad? Contribuye a desmitificar una izquierda que se ha popularizado como principal vertiente ideológica que defiende los derechos LGTB, sin haber hecho una autocrítica profunda de un pasado repleto de rechazo a cualquier expresión sexual no normativa. A su vez, permite comprobar como ha sido su evolución frente a ellos entre la Revolución de 1868 y la victoria del PSOE en 1982, poniendo un énfasis mayor del habitual en grupos políticos que habitualmente no lo tienen en la historiografía oficial, como el anarquismo y otras prácticas de base similar.

 
Invertidos y rompepatrias.
Todo por hacer, 2019-11-00

https://www.todoporhacer.org/ensayo-invertidos-rompepatrias/

Publicado por primera vez en 2011 tras una investigación menos minuciosa, llega ahora la segunda edición de este libro. La nueva versión nos aporta una visión mucho más detallada de cómo a lo largo de algo más de un siglo se trató la liberación sexual, las orientaciones sexuales no hegemónicas y las identidades trans por parte del movimiento obrero organizado y demás corrientes anticapitalistas en el estado español. A su vez, se establece un paralelismo entre estas luchas y la primera década de historia del llamado “movimiento gay” en el territorio, que se vio indudablemente influenciado por la lucha antifranquista y las ideas revolucionarias que imperaban en su seno, algunas de las cuales generaron la existencia colectivos de lesbianas, maricas y travestis de tendencia muy radical que han quedado al margen tanto de la historiografía oficial de la supuesta ‘Transición a la democracia’ como de la gran mayoría de la historiografía LGTBI.

De igual forma, este libro contribuye a acabar con multitud de mitos que se han afianzado en la relación entre izquierda y homosexualidad: ni la izquierda toleró ni respetó la disidencia sexual y de género hasta bien avanzado el siglo XX, ni faltaron personas en su seno que, desafiando infinidad de tabúes del momento, se manifestaron a su favor. Este último dato situaría a algunas fuerzas marxistas y especialmente anarquistas entre los sectores de la población más benevolentes hacia la diferencia de sexo-género durante la Restauración Monárquica, la II República y el Franquismo, y tendría su eco en el mayoritario apoyo que ofrecieron a la ‘liberación gay” una vez muerto el dictador. Pero tampoco escatima en mostrar la infinidad de resistencias que hubo hasta llegar a ese momento, materializadas en infinidad de posturas que buscaban curar la homosexualidad, condenarla al ostracismo o incluso clamaban por intervenciones gubernativas en los vecindarios en los que se daba.

En resumen, una obra imprescindible para realizar una revisión histórica sobre el trato que las fuerzas de izquierda dispensaron a quienes rompían con las normas sexuales y de género en cada época. Y también para recordar que en un pasado bastante cercano la lucha ahora llamada ‘LGTBI’ se aproximaba más a la ruptura con lo establecido a nivel sexual y más allá, sentando las bases de una corriente radical dentro del movimiento que llega hasta la actualidad, pese a los discursos asimilacionistas y ‘gaypitalistas’ que han gozado de mayor difusión en los últimos años.

2017/06/27

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | SER LESBIANA EN 1977: "DETRÁS DE LAS VENTANAS HAY LESBIANAS"

Instalación 'Molt amor per fer', de Ricard Martinez - Arqueologia del punt de vista //

Ser lesbiana en 1977.

Dos de las protagonistas de la primera manifestación homosexual en la ciudad reivindican el papel del feminismo en su lucha. Coinciden en el mucho trabajo que queda por hacer, pese a las victorias legislativas logradas tras batallar durante cuatro décadas.
Helena Pérez | El Periódico, 2017-06-27
https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20170627/ser-lesbiana-en-barcelona-en-1977-dia-orgullo-gay-6131824 

Una de las grandes fotos, en blanco y negro, muestra un elegante, apasionado y, quién sabe, quizá algo teatralizado beso entre dos hombres, de pie, en el centro de una cafetería. Se tomó en 1977 y hoy sirve, sobre todo, de 'photocall' para las decenas de turistas que, cada hora, la usan de fondo para sus 'selfis', muchos sin reparar en el significado de la imagen. Otros sí, por supuesto, e incluso imitan su gesto. Ese era uno de los riesgos de colocar la muestra en tan céntrico lugar de la turistificada Barcelona, la plaza Reial, pero era donde debía a estar. A un paso de la Rambla, lugar en el que se vivió el episodio que recuerda la instalación 'Molt amor per fer', obra de Ricard Martínez. La exposición, que conmemora el 40º aniversario, el pasado lunes, de la primera manifestación LGTBI en la ciudad, es el primero de una serie de actos organizados por el Ayuntamiento de Barcelona junto a entidades y colectivos de la ciudad durante todo el año, que incluye una web de testimonios de la mítica manifestación.

Dos de las personas que participaron en la marcha y que además de en la citada web han brindado también su testimonio en un documental sobre las cuatro décadas de lucha del colectivo, que se presentará también en el marco del aniversario, son Maria Giralt y Empar Pineda. Ambas coinciden en que aquella manifestación significó un punto de inflexión: no estaban solas y había llegado el momento de salir a la calle. Coinciden también en la necesidad, aún hoy, de reivindicar el papel de las lesbianas, como mujeres, siempre a la sombra de los hombres, también de los gais, y el papel, a su vez, del feminismo, en esa lucha. "Pese a que, sobre el papel, la igualdad hoy es real, no hay que bajar la guardia. Por un lado porque las leyes pueden cambiar, y hay que defenderlas, y por el otro, porque, por mucho que digan las leyes, seguimos viviendo en una sociedad machista y patriarcal", resume Giralt.

Pineda comparte el diagnóstico e insiste en la necesidad de trabajar desde los colegios. "Pese a que somos muchos los que llevamos décadas luchando y hemos sumado muchas victorias, los niños y niñas gais, lesbianas y trans siguen sufriendo acoso escolar en las escuelas", insisten.

Para trabajar en esa línea, el ayuntamiento ha anunciado este martes la creación de un Centro Municipal de Recursos LGTBI, el primero de España, que gestionarán entidades del colectivo. Se trata de un espacio de 1.200 metros cuadrados destinados a servicios especializados de atención directa al colectivo, que prevén inaugurar el próximo verano.

El Periódico / Maria Giralt //

"Subíamos la Rambla gritando: 'Detrás de las ventanas hay lesbianas'"

Maria Giralt fue una de las cuatro mil personas que participaron en la primera manifestación LGTBI en Barcelona en junio de 1977. Tenía 18 años y fue una de las impulsoras de la primera coordinadora de lesbianas de la ciudad, reivindicando un feminismo radical.
Helena Pérez | El Periódico, 2017-06-27
https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20170627/subiamos-la-rambla-gritando-detras-de-las-ventanas-hay-lesbianas-6131050

En el paraninfo de la facultad de Psicología de la Universitat de Barcelona, una pancarta enorme -Maria la recuerda así, muy grande- anunciaba la presentación del Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC). Ella tenía 18 años y se había matriculado en Psicología para ver si le daban "alguna pauta". Se paseó arriba y abajo por delante de aquel cartel varias veces. No quería pararse justo enfrente para que no pareciera que le interesaba. Pero le interesaba, por supuesto que le interesaba. Y pasó por delante todas las veces que necesitó hasta tener claros el lugar y la hora de la presentación, que era en aquel lugar y a aquella hora, así que entró. "Si no hubiera sido por esa casualidad, seguramente no estaría aquí, ahora", recuerda, 40 años después, Maria Giralt, directora general de Gayles TV.

Ese aquí y ahora es la plaza Reial, este lunes, día en que se cumplían cuatro décadas de aquel 26 de junio de 1977 en el que más de 4.000 personas recorrieron con orgullo -no es ningún chascarrillo, es el sentir con el que lo hicieron- la Rambla, en la primera manifestación LGTBI de la ciudad, una manifestación convocada todavía al margen de la ley, pese a celebrarse casi dos años después de la muerte del dictador.

Al terminar la presentación, Maria se acercó a la mesa y preguntó a los ponentes, hombres, si tenían algún grupo de mujeres. Le respondieron que lo sentían, pero que no, aunque le abrieron una ventana. Le dieron una hoja mecanografiada en papel carbón con 30 nombres y 30 números de teléfono. Eran mujeres que, de una forma u otra, habían contactado con ellos. Maria se marchó a casa sujetando fuerte aquel papel entre las manos y empezó a llamar. ¿Qué podía perder? De las 30, logró que 10 le hicieran caso. Quedaron frente al Cine Catalunya -donde ahora está la FNAC- un sábado. Entraron en el bar Núria -que, como casi todo, entonces no era como ahora-, y allí y así nació el primer colectivo de lesbianas dentro de una organización gay.

Explosión de libertad

Aquella cita en el Núria, también en la Rambla, días antes de la manifestación, en la que por supuesto también participaron, supuso para Maria, y obviamente no solo para Maria, un punto de inflexión. "Ya no estaba sola. Éramos muchas. Aquello fue una explosión de libertad. Subíamos la Rambla gritando 'detrás de las ventanas, hay lesbianas'; 'detrás de los balcones, hay maricones'", rememora Giralt, quien odia la expresión "normalizar" desde que a los 17 la novia que, sin ponerle nombre, tuvo desde los 14, la dejó porque "quería ser normal".

Lo importante de aquella protesta -que la ciudad recuerda estos días en la exposición fotográfica 'Molt amor per fer'- es que la gente perdió el miedo. "El miedo lleva a la inacción y en aquel momento la gente decidió actuar. Ver, en la calle, a más de 4.000 personas gritando contra la ley de peligrosidad social y por el derecho al propio cuerpo nos sorprendió a muchos. Nos sirvió para decir, queremos esto. Queremos ir por la calle y ser como somos. Vivir con libertad", explica la mujer. Además, poco después, el gobierno sacó la homosexualidad de la ley de peligrosidad social. "Algo tendría que ver en ello que fuéramos tantos en la calle", añade esta pionera del activismo por los derechos de las mujeres.

Con el tiempo, poco, esta coordinadora -gran parte de ella- nacida en el Núria abandonó el FAGC y se acercó al feminismo radical. "Nos encontramos dentro del FAGC con una misoginia latente y patente por parte de algunos de sus miembros con la que se hacía difícil convivir. Ellos eran 100 y nosotras, 10. Éramos la minoría de la minoría. Nos peleábamos por cosas como el diseño los carteles de las fiestas que organizábamos, que no nos representaban. Pedíamos que dejaran de ser tan falócratas. Para ellos todo eran falos y nosotras entendíamos el falo como la representación del poder", ejemplifica Giralt, quien reivindica el papel histórico del feminismo en la lucha por la liberación sexual.

El Periódico / Empar Pineda //

"Para Franco las lesbianas no existíamos"

Empar Pineda fue una de las asistentes a la primera manfiestación LGTBI en Barcelona, hace cuatro décadas. "La protesta marcó un punto de inflexión, las lesbianas necesitábamos referentes, saber que no estábamos solas".
Helena Pérez | El Periódico, 2017-06-27
https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20170627/para-franco-las-lesbianas-no-existiamos-6131320

Empar Pineda, (re)conocida militante feminista e izquierdista, referente en las luchas antifranquistas y por las libertades desde bien joven, tardó mucho en salir del armario. Recuerda que una vez, en Madrid, ya con treintaytantos, tras una charla a la que fue invitada para hablar como feminista sobre el encaje entre el lesbianismo y el feminismo, se le acercaron dos mujeres. "Oye, a ti qué te pasa, con ese plumón que tienes de lesbiana, y hablando del tema cómo si no tuvieras nada que ver...", explica que le dijeron. "Y me quedé pensando: ¡Cuánta razón tenéis", prosigue. Hace 40 años -la conversación con Pineda se produce con motivo del aniversario de la primera manifestación LGTBI que la ciudad celebra con multitud de actos- ser lesbiana ni siquiera se planteaba como una posibilidad remota.

"Para las autoridades franquistas las lesbianas simplemente no existíamos. No concebían que pudiera haber sexo entre dos mujeres sin ningún hombre de por medio. Y esa negación, para las lesbianas, tuvo consecuencias muy negativas. Porque no había referentes. No sabíamos cómo organizar nuestros sentimientos, nuestra forma de vivir nuestra sexualidad. Esto puede parecer una tontería, pero es muy importante", reflexiona la veterana activista, quien agradece enormemente a aquellas dos mujeres aquel comentario sincero. "Al cabo de un tiempo, -continúa- me las volví a encontrar y, con ellas, y con otras, creamos la coordinadora de gais y lesbianas de Madrid".

"Déjate de tonterías, tú eres una lesbiana de tomo y lomo", recuerda también que le dijo otra compañera al reflexionar ella sobre sus relaciones de amistad íntima con las mujeres. "Cuando una compañera me dijo eso, sentí un gran alivio. Ponerle nombre a eso que sentía me produjo una satisfacción", relata.

La primavera de las mujeres
Nacida en Hernani en 1944, Pineda llegó a Barcelona con la muerte de Franco. Venía de haber empezado la carrera en Madrid, de cuya universidad la expulsaron por su activismo político. De allí pasó a Salamanca, y a Oviedo, donde pudo acabar Filología Románica. El primer gran momento que recuerda en Barcelona fue la celebración, en mayo de 1976, de las Jornadas Catalanas de las Mujeres. "Aquello fue un éxito tremendo. Piensa que en aquel momento estaba penalizado no solo el aborto, sino también el adulterio. Había muchísimo trabajo por hacer y teníamos ganas de hacerlo".

De allí nació la coordinadora feminista de Catalunya, y uno de los acuerdos de la coordinadora fue dar apoyo a la FAGC en la organización de la manifestación de 1977 contra la ley de peligrosidad social, explica la activista, quien recuerda a muchísimas mujeres, no solo lesbianas, tras la pancarta de la coordinadora feminista.

La asignatura pendiente
Pese a que, obviamente, la situación en estos 40 años ha mejorado para las lesbianas, a ojos de Pineda, la visibilización del colectivo sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes. "A las mujeres aún nos falta visibilidad. Las lesbianas tenemos que lograr situarnos. Ellos son muy visibles. Nosotras, aún no. Ya es fácil ver a hombres gais en cualquier ámbito, pero mujeres lesbianas cuesta más. Eso para el imaginario colectivo es un desastre", añade, optimista pese a todo por los en aquel momento impensables avances legislativos, "sobre todo en Catalunya". "Aunque, como dice una amiga, una cosa es la ley y otra cosa es la vida, andar cada día por la calle", concluye. Por ello siguen, con orgullo, trabajando.

2017/06/26

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | HACE 40 AÑOS LAS RAMBLAS DE BARCELONA ACOGIERON EL PRIMER ORGULLO GAY

Hace 40 años el primer Orgullo LGBTI marchaba en el Estado Español.
En 1977 las Ramblas de Barcelona acogieron más de 4.000 manifestantes al grito de “No queremos más Peligrosidad Social” y “Amnistía ya”. 40 años para entender qué movimiento LGBTI queremos construir hoy.
Jorge Remacha | Izquierda Diario, 2017-06-26
https://www.izquierdadiario.es/Hace-40-anos-el-primer-Orgullo-LGBTI-marchaba-en-el-Estado-Espanol 

"Nosaltres no tenim por, nosaltres som" ("Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos" , en catalán). Esta consigna encabezaba la pancarta inicial junto a las personas trans que se dispusieron en primera línea de combate.

Le seguirían otras como “Mujer, es a ti a quien queremos y por ti por quien luchamos” o “Soy homosexual, soy hermoso” en la primera Marcha del Orgullo Gay en el Estado Español, que reunió el 26 de julio de 1977 en Las Ramblas de Barcelona a más de 4.000 personas, al tiempo que se organizaban otras concentraciones menores en Sevilla y Madrid.

En las inmediaciones del Liceo se interrumpirían los gritos de “Mi cuerpo es mío y hago con él lo que me da la gana” y “¡Amnistía sexual!” , para dar paso a la carga de las fuerzas policiales conocidas como “los grises”, dejando varias personas heridas y un detenido. Éstas serían respondidas con barricadas improvisadas con las sillas de los bares cercanos, dispuestas en primer lugar por las personas trans.

El caldo de cultivo para este primer Orgullo contiene múltiples ingredientes para entender el momento y el futuro de este suceso, que marcó un antes y un después por la liberación sexual.

En primer lugar, las personas LGBTI estaban legalmente perseguidas por la Ley de Vagos y Maleantes desde 1954 hasta 1970 (esta ley es de 1933, pero no incluye a “los homosexuales” hasta entonces), por la de Ley de Peligrosidad Social desde 1970 hasta 1979 y por el artículo 431 del Código Penal hasta 1988.

La pelea por el fin de la Peligrosidad Social es la pelea por el fin de las condenas de 5 años de cárcel, que suman más de 1.000 en los años de la Transición. La Amnistía de 1977 había sacado de la cárcel a los presos políticos sin delitos de sangre a cambio de imposibilitar el futuro juicio de los criminales franquistas.

Las organizaciones feministas y LGBTI serían ilegales hasta 1981, y los presos LGBTI se habían quedado dentro de la cárcel y fuera del pacto de la Transición.

Las cifras totales de estas condenas están en torno a las 5.000. Así mismo, numerosas personas LGBTI fueron sometidas a lobotomías o electroshocks hasta finales de los años 70.

En el propio año 1977, UCD, nuevo partido dirigido por el antiguo Secretario General del Movimiento (como se denominaba a la Falange, partido único durante el franquismo) planeó la creación de “diez mil plazas para la reeducación de homosexuales”, que no se llevó a cabo.

Las cárceles albergaron a personas LGBT catalogadas como “presos sociales”, estando en módulos donde los funcionarios de prisiones habitualmente los prostituían, como en el caso de la Cárcel Modelo de Barcelona o la de Carabanchel en Madrid.

Anteriormente existieron durante el franquismo las “Colonias Agrícolas”: auténticos campos de concentración para homosexuales, y se hallaban en Badajoz, Huelva y Fuerteventura. Por ellas pasaron cientos de personas en condiciones de hambre, trabajo esclavo y tortura, siendo en el caso de Fuerteventura, dirigida por sacerdotes.

Por otra parte, esta manifestación está fechada en estos días como aniversario de la Revuelta de Stonewall, una revuelta en la ciudad de Nueva York un 28 de junio de 1969 que trajo días de disturbios en las calles del Greenwich Village para inaugurar una nueva época de lucha por la diversidad sexual, día que se sigue conmemorando como el Orgullo.

En el Estado Español los ecos de la Revuelta de Stonewall, y del Mayo del 68, llegan a través de publicaciones introducidas de forma clandestina, conformándose en los últimos años de la dictadura los primeros grupos, que seguirán la línea anticapitalista de los Movimientos de Liberación Homosexual que emergían en Estados Unidos, América Latina, Gran Bretaña, Francia o Alemania.

Esto sucede en un contexto mundial de ascenso de la lucha de clases y desarrollo de los movimientos antirracistas, antiimperialistas y de emancipación de la mujer, pelean por los derechos de las personas LGBT con un discurso que ataca también a la sociedad capitalista como culpable de esas diversas opresiones. Al mismo tiempo, en el Estado Español el aparato de la dictadura era puesto contra las cuerdas por el movimiento obrero.

Como un primer embrión, en 1970, se funda en Barcelona la Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS), que un año después se renombraría Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

En 1972 también surgieron grupos en Madrid y Bilbao, hasta que la organización fue disuelta mediante la presión policial. Sin embargo, en 1975, fundarían también en Barcelona el Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC), así como se articuló en el País Vasco el Movimiento de Liberación Gay Vasco (EHGAM) o en Madrid el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). También se creó la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE).

Estos movimientos trataron de mantener una línea anticapitalista y de alianza con los sectores oprimidos y el movimiento sindical en medio de un ascenso obrero y de masas y de una dura represión, aunque sufrieron, y en ocasiones cedieron, a presiones conservadoras de institucionalización, cooptación y deriva reformista.

Mientras, en la izquierda había posiciones enfrentadas sobre la cuestión de la liberación sexual, dándose posiciones homófobas tanto en la izquierda más conciliadora con los antiguos franquistas como en la extrema izquierda.

Pese a ello, buena parte del Orgullo que recorrió las Ramblas de Barcelona en 1977 estaba formado por militantes libertarios y de partidos y organizaciones de izquierda, comenzando algunas de ellas a tender política hacia este naciente movimiento.

40 años después queda mucho por hacer, peleando por la total liberación sexual y la conquista de derechos en todo el mundo, sabiendo que nos siguen agrediendo en las calles o discriminando cada día, sabiendo, como entonces, que nuestro horizonte es conquistar un mundo sin opresión, ni de clase, ni de raza, ni de género, ni de orientación sexual.

2013/06/01

ARTÍCULOS | Galván García, Valentín | La influencia de Michel Foucault en los movimientos de liberación sexual durante la Transición española.

Galván García, Valentín [Universidad Pablo de Olavide] (2013). La influencia de Michel Foucault en los movimientos de liberación sexual durante la Transición española. Éndoxa, 31, 127-144. 
 
Ed. digital: Open Access | Revistas UNED [Universidad Nacional de Educación a Distancia] | 2013-06-01
https://revistas.uned.es/index.php/endoxa/article/view/9369 

En el contexto de la Transición política española se produjo la eclosión definitiva de los movimientos de liberación sexual, vertebrados en torno a la «Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español» (COFLHEE). Este combate sexual, político y social, lo vinculamos con las investigaciones de Michel Foucault sobre las relaciones existentes entre el discurso sobre lo sexual, las prácticas de poder en la sexualidad, y las manifestaciones del placer surgidas —o reprimidas— tanto en el ámbito discursivo como en el ejercicio del sexo.

2013/04/09

DOCUMENTACIÓN | ACTIVISMO | MARC GARRIGA: "HEM GUANYAT ESPAIS, DRETS I LLIBERTATS, PERÒ TAMBÉ HEM PAGAT EL PREU DE L'ASSIMILACIÓ AL SISTEMA"

Entrevista a Marc Garriga, activista per l’alliberament sexual: “Hem guanyat espais, drets i llibertats, però també hem pagat el preu de l’assimilació al sistema”.
“Abans que una llei del matrimoni calia parlar de drets individuals”. “Els binomis home-dona, homosexual-heterosexual, són construccions socials i culturals”. “Cal una llei contra l'homofòbia i la transfòbia”.
Josep Estivill | CGT Catalunya, 2013-04-09
https://cgtcatalunya.cat/entrevista-a-marc-garriga-activista-per-lalliberament-sexual-hem-guanyat-espais-drets-i-llibertats-pero-tambe-hem-pagat-el-preu-de-lassimilacio-al-sistema/

Entrevista realitzada per Josep Estivill publicada al núm. 148 [2013-03-00] de la revista Catalunya.

https://rojoynegro.info/publicacion/catalunya-papers-148-marzo-2013/

Va néixer la primavera de 1984 a Arbúcies (La Selva). Als 18 anys va marxar a viure a Barcelona pels estudis. Llicenciat en Filologia Clàssica (UAB), actualment és professor de secundària d'un institut públic. Va formar part de l'assemblea Joves per l'Alliberament Lèsbic i Gai (JALG, dissolta actualment) a la UAB, després va militar al Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC) i alhora també al JAG (Joves per l'Alliberament Gai) i actualment és membre de l'assemblea del Brot Bord a Barcelona i rodalia.

- Com vas entrar en l'activisme per l'alliberament sexual?

A 1r de carrera vaig veure que s'organitzava un festival de cinema LGT al mateix cinema de la UAB. Era la tardor de l'any 2002. Un dia em vaig decidir a anar a una de les sessions i va ser l'ocasió de conèixer la gent del JALG. Allà vaig tenir l'oportunitat de formar-me políticament en el tema de l'alliberament LGT i de viure tot el que no havia pogut viure al poble, coneixent gent molt important per mi. Llavors, assistint a les reunions de la Comissió Unitària 28 de juny vaig conèixer altres grups i, amb el temps i una mica més de maduresa, vaig acabar anant a les assemblees del FAGC.

- Que són les “bordes”? Què les diferencia dels grups GLBTI?

És la proposta de traducció i alhora apropiació que des del Brot Bord hem fet de la Teoria Queer. És un proposta, no la traducció exacta. Queer en anglès vol dir desviat en un sentit general però és clarament un insult en temes d'opció sexual i de gènere. És una mica el que pretenem recollir amb el mot bord català: fals, de mala qualitat, bastard, estrany, estèril, etc. És una paraula més de l'àmbit rural que no pas urbà, cosa que explica una mica l'apropiació que fem de la Teoria Queer. Volem poder parlar-ne més enllà d'àmbits acadèmics, de gent formada en el tema i poder-ho fer fora de la ciutat. Si bé que els binomis home-dona, homosexual-heterosexual són construccions socials, culturals, i que l'objectiu és destruir aquestes etiquetes, totes, multiplicant-les fins a fer-les inofensives, això no es pot explicar així en determinats llocs. Seria contraproduent. Es tracta de buscar complicitats amb un discurs més gradual, amb conceptes més planers, parlant d'etiquetes que coneix tothom però emfasitzant que han de ser provisionals, etc.

La diferència amb els grups GLBTI és justament aquesta: aquests grups parlen d'unes etiquetes immutables, històricament iguals, una mena d'essencialisme. I volen alliberar les persones que s'hi identifiquen. Alguns grups qüestionen el sistema des de la base, d'altres volen simplement pujar el carro del sistema (matrimoni i demés), però a diferència de la Teoria Queer, cap d'aquests grups no admet que aquestes dicotomies són alhora fronteres, mecanismes de control, classificacions, etc., i no té com a objectiu últim la renúncia o l'autodestrucció d'aquesta etiqueta. Queer és una etiqueta feta a la contra, gairebé indefinible.

- Quina feina destacaries de la teva experiència de tots aquests anys de lluita en l'àmbit sexual?


Potser destacaria això que deia d'anar fora de ciutat. Quan hem fet algun acte en algun poble i hem tingut ocasió de parlar amb la gent del carrer, petits i grans, i fer visibilitat. Estic pensant en quan vam anar a Solsona a muntar una campanya a favor de l'apostasia a propòsit de les declaracions del bisbe. A vegades penso que fan més feina les trenta converses i discussions que vam tenir en aquella plaça de Solsona aquell matí que qualsevol manifestació del 28 de juny a Barcelona.

- En quina situació es troba el moviment per l'alliberament sexual? Quins són els seus reptes de futur?

Hem guanyat espais, drets i llibertats, però segurament no tantes com ens pensem. El mèrit és tot nostre, del moviment, això sí. I hi hem d'afegir l'aquí i l'ara. El que hem aconseguit és fràgil. La resta del món és un altre tema. Convé no perdre-ho de vista. A Catalunya hem avançat, però també hem pagat el preu de l'assimilació al sistema, amb més o menys consciència. I no parlo tant del matrimoni, que també, sinó de les pautes de consum que ja creiem que ens són pròpies (especialment en el cas dels gais). Tipus de música, marques de roba, llocs on sortir de festa, etc., són ja rituals capitalistes que representen un gran negoci per a uns pocs i que ens fan creure que gaudim de llibertat consumint-los.

De reptes de futur, n'hi ha molts. Els lemes del 28 de juny són un bon termòmetre per mesurar-los. Si l'any passat advertíem que els drets i llibertats que hem aconseguit poden desaparèixer en un context de retallades i governs de dretes, enguany reclamarem una llei contra l'homofòbia i la transfòbia. Això és un pas molt important, perquè per fi parlem de drets individuals i de maneres per començar a canviar societat. Personalment ho veig molt i molt més important que la llei del matrimoni.

- Què penses de la legalització a molts països dels matrimonis entre persones del mateix sexe? És un avanç en la normalització del fet homosexual o la consolidació d'un model burgès de família?

Abans que una llei del matrimoni calia parlar de drets individuals. Situem les coses: el matrimoni representa igualtat de drets només per a aquelles lesbianes o aquells gais que aspiren a tenir parella estable, la troben i decideixen regular legalment aquella relació. Si no, no. I ni tan sols així, perquè aquestes persones poden continuar patint discriminació, agressions, etc. El que vull dir és que s'ha venut el matrimoni com la gran fita de la nostra lluita i no ho és. Alerta: amb això no em vull alinear amb la dreta i fer un discurs antimatrimoni. No. El matrimoni serveix, és cert, ens fa visibles, ens dóna arguments per desactivar la dreta i volem exercir el nostre dret a no voler-nos casar. Cal defensar-lo. Però no hem de perdre de vista l'anàlisi de fons: legalitzar només una relació de parella a unes persones que aportaven moltes altres formes de relació és una manera d'assimilar-les, de neutralitzar les seves reivindicacions i de fer-les passar pel mateix sedàs capitalista. Per això era tan important parlar abans que res de drets individuals.

- Què s'ha de fer amb el patriarcat i el sexisme?


Combatre'ls, és clar. El terme patriarcat pot semblar un punt massa abstracte però jo penso que és ben vigent. Sexisme, heternormativitat, masclisme, homofòbia i transfòbia són derivades d'aquesta estructura de relacions econòmiques anomenada família, presentada com a model únic, heterosexual, amb una visió exclusivament reproductiva de la sexualitat, que divideix el treball en funció del sexe, que condemna la dona a la submissió a l'home, que exigeix a l'home exercir el control de les desviacions de la família, i un llarg etcètera de dinàmiques que cal combatre. La ironia de tot plegat és que si alguna d'aquestes discriminacions comença a esquerdar-e és perquè justament s'ha vist que es pot fer més negoci així, acceptant només una mica les reivindicacions de determinats grups. Dit d'una altra manera, el capitalisme està jugant ara el seu paper essent l'altra cara de la moneda.

2008/06/28

LIBROS | Rodríguez, Eugeni, & Pujol, Joan (eds.) | Dels drets a les llibertats. Una història de l'alliberament GLT a Catalunya (FAGC 1986-2006)

Rodríguez, Eugeni, & Pujol, Joan (eds.) (2008) [06-28]. Dels drets a les llibertats. Una història de l'alliberament GLT a Catalunya (FAGC 1986-2006). Barcelona: Virus.
Ed. digital: Open Access | Virus Editorial
https://www.viruseditorial.net/ca/libreria/libros/145/dels-drets-a-les-llibertats

L’any 1986 té lloc la IV Conferència del FAGC, un esdeveniment marcat per la recent incorporació de joves que, a més de la reivindicació sexual, es troben vinculats a moviments socials reivindicatius de l’esquerra radical. Uns anys on entra en escena la sida, una pandèmia que obligà el moviment GLT a fer una profunda reflexió i a replantejar-se objectius i estratègies per avançar en l’alliberament sexual. L’any 1987 una parella de gais de Vic reclama el dret al matrimoni, i el 1991 es produeix a Barcelona el tràgic assasinat de la transsexual Sònia. Cinc anys després l’Ajuntament de Sitges es dedica a fitxar gais que passegen per la platja. Aquests fets no pertanyen a l’època "fosca" de la dictadura: han succeït i s’han denunciat en ple "període democràtic". Aquest llibre aborda la història política del moviment GLT a Catalunya i, específicament, del FAGC, i dona prioritat a les veus de les persones que van viure aquests fets per sobre de la cronologia rigorosa. Una aposta motivada per la situació autocomplaent del miratge democràtic respecte de la temàtica GLT, on aparentment tot s’ha assolit "naturalment" i on només fan falta els últims detalls perquè tot quedi arreglat dins de la modèlica família rosa. L’absorció institucional del moviment gai ha portat a la presència d’una forma hegemònica de comprensió d’aquest basada en el consumisme i en el model de família nuclear, comprensió que es difon cons-tantment en els mitjans de comunicació de gran tiratge. Aquesta obra posa de manifest com, durant aquest període, s’ha produït un intens i productiu activisme polític que s’ha traduït en una particular manera de treballar que s’expressa en la forma i el contingut de les activitats reivindicatives a Catalunya. Un activisme que no s’ha quedat atrapat en el llenguatge dels drets oferts i que mira a un futur de llibertats.

Eugeni Rodríguez va nèixer a l’Hospitalet de Llobregat el 1965. L’any 1985 va entrar a formar part del FAGC. El 1986, juntament amb d’altres activistes, crea el primer grup de joves gais, el JAG. També va participar en la lluita antimilitarista, formant part del MOC i del Mili-KK. Ha col·laborat en la creació de grups GLT a Xile, Colòmbia i Portugal. Va col·laborar en les primeres i segones "Jornades de masculinitats".

Joan Pujol és professor titular de Psicologia Social en la Universitat Autònoma de Barcelona des de desembre de 1997, on imparteix docència tant a llicenciatura com a doctorat. Anteriorment va exercir de professor associat i ajudant a la UAB (1990-95) i com a lecturer a la universitat de Huddersfield (Regne Unit, 1996-97), hi ha fet estades d’investigació a la Universitat de Reading (RU, Beca Batista i Roca, 1994). La seva tasca investigadora es centra en la forma en què els processos de governabilitat de les societats actuals avançades incideixen en la subjectivitat i corporeïtat de les persones, així com els processos de resistència que es generen des d’aquestes subjectivitats corporeitzades. Des d’aquesta perspectiva, s’aborden temàtiques com les tècniques de reproducció assistida, anorèxia, cultura rave, transsexualitat, masculinitat, consum de substàncies il·legals...

2007/06/17

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | PEPE GUTIÉRREZ: GERMÁN PEDRA, OSCAR WILDE Y EL MOVIMIENTO 'GAI'

Germán Pedra, Oscar Wilde y el movimiento “gai”.
Pepe Gutiérrez Álvarez | Kaos en la Red, 2007-06-17

https://archivo.kaosenlared.net/germ-n-pedra-oscar-wilde-y-el-movimiento-gai/ 

Conocí a Germán Pedra una mañana de domingo allá por la mitad de los años sesenta.

Hacía algunos años que éramos vecinos, y él ya me conocía. Vivía en los bajos del número 61 de la calle Simancas, y servidor en los del 58, una calle con una salida de bajada angosta y resbaladiza donde mi madre se partió la pierna, que coincidía con una ventana que iba ser la luz de un escenario muy particular. Una proximidad que no obviaba una diferencia de edad y de ámbito, él era un niño que estudiaba y yo un muchacho que trabajaba, y muchas horas, y desde luego, la vida en aquella Barcelona que no se parecía en nada a la del pueblo, donde todos se conocían. Con todo, aquella calle mantenía todavía un cierto aire de “corrala”, y los vecinos se trataban y se ayudaban en lo que podían.

Mi familia formaba parte del aluvión emigrante de la época, la suya era de las pocas catalanas (pobres por supuesto) que habitaban su propia lengua en un barrio que en unos pocos años había dejado de ser un espacio abierto con algunas viviendas aisladas y muchos huertos, para convertirse en uno con más habitantes por metro cuadrado del planeta.

Siempre bien peinado, vestido con primor, Germán era un punto y aparte entre los chavales de su edad, algo que lo distanció del ambiente mientras yo permanecí más o menos por el margen del medio o sea igual y distinto al mismo tiempo. En su mayoría eran niños de familias más o menos desestructuradas (aunque solamente fuera porque eran muchos y los padres trabajaban casi siempre), de difícil escolarización que se manifestaron pronto bastante hostiles a aquel chiquillo de trazos delicados, con sus gafitas de repelente niño Vicente de La Codorniz, un sabihondo en absoluto dado a los juegos de aquellos chicuelos que dedicaban la mayor parte de su tiempo a corretear y hacer travesuras.

Era ya mayor cuando todavía recibía algún que otro improperio con las obvias connotaciones machistas de los que no le aceptaban. Germán entonces respondía subrayando la diferencia: ¡Mira que son burros e impresentables¡…

Creo no equivocarme en señalar que este duro contraste tuvo una influencia en su extraña relación con el vecindario, sobre todo con aquel más próximo a su edad. En general, se puede afirmar que Germán no supo nunca lo que significaba ser niño en las calles y en los amplios solares, su comportamiento era más propio de aquellos chicos modelos que aparecían en las tarjetas de felicitación que regalaban los papas en los cumpleaños. Era un niño con risitos, que destacaba con sus rasgos finos, un aspecto exterior de buena familia, y para colmo, una silueta y una voz aflautada que para los más “burros” eran más propios de las niñas. Este distanciamiento ya se había forjado en sus primeros años cuando su padre, que había vuelto furtivamente del exilio, consideró que no era conveniente que Germán frecuentara los demás niños de la actual Plaça Guernica (y que antaño “gozaba” del nombre de Plaza del Caudillo), dado que parte del vecindario estaban formados por guardias civiles o municipales, y no era cuestión de tener problemas que podían comenzar por una ridícula pelea de chiquillos. De hecho, en el cambio de domicilio familiar también tuvo que ver la necesidad de un mayor anonimato si cabía, y Pedra era muy discreto en sus entradas y salidas.

Esta suma entre la distancia obligada y el estilo personal influyó en acentuar en Germán un cierta pose aristocrática que revistió un simbología presuntamente viscontiniana (Visconti siguió siendo un aristócrata cuando se hizo marxista) que con el tiempo no hizo más que desarrollar. Recuerdo que cuando yo me preparaba para abordar el bachillerato, él accedió a darnos clases a mi y algunos chicos más, y lo despectivo que llegaba a ser con las torpezas de estos, a los que trataba de zopencos a la primera. Actuaba como si no los perdonara, como si les devolviera bofetada por bofetada. Mostraba esta actitud de superioridad cultural y elegancia siempre que podía. Valga una muestra: Germán optaba siempre por pagar la “preferencia” en los cines, cuando, para mi estupor no podía ser porque facilitaba mejor la visión, tal como me aseguraba, ya que dichas preferencias cambiaba de lugar según que cine. De hecho existían para que un sector del público pudiera separarse del más llano, a veces compuesto por las familias de la zona barraquista que podía ocupar literalmente los cines mientras hablaban y gritaban al tiempo que devoraban las pipas o lo que les deparaba las fiambreras entre película y película.

Más tarde siguió mostrando esta pose cultista cuando tomaba parte en algún que otro debate público y creía identificar entre los animadores o entre los que intervenían, personas que de alguna manera reproducían las maneras torpes de los chiquillos del barrio. Recuerdo nítidamente cómo se tomó una exposición de pintura que se organizó en el Centro Social de la Florida y en la que el “pintor” era un muchacho hijo de antiguos militantes comunistas, con los que por entonces teníamos conflictos de ideas, yo en primer grado, él en segundo o quizás tercero. El muchacho quería ser pintor, pero estaba todavía muy lejos de saber siquiera aproximarse a un dominio de las formas más elementales, aquellas que habíamos admirado en alguna que otra exposición, como una extraordinaria de Zurbarán. Evidentemente, la exposición resultaba tan petulante que aquellos cuadros parecían una burla de los modelos clásicos que el pintor amateur trataba de copiar. Ni que decir tiene que sentimos la irresistible tentación de “tomarle el pelo” al “camarada”. Sin embargo, mientras que a mí me resultaba imposible no mantener una parcela de reconocimiento e incluso otorgarle un cierto dominio de los colores, Germán siguió siendo inclemente, y no pudo abandonar un enfoque sardónico que, por supuesto, no pasó inadvertido entre gente modesta y bienintencionada que mascullaba: “Pero este niño, ¿qué se ha creído?.

Entre otros muchos ejemplos me viene a la memoria una torpe presentación de la película Cromwell para hablar de la revolución democrática, efectuada por un joven comunista del barrio de La Florida que se había aprendido cuatro cosas sobre la revolución inglesa, pero que no sabía absolutamente nada sobre los conflictos entre los Tudor y los Estuardo, y no digamos de la guerra de las Rosas… El joven –un muchacho comunista madrileño que estaba como “refugiado” en el barrio, que luego fue un buen amigo y se aproximó a nuestra posiciones más abiertas-, contestó de la mejor manera que supo. A él no se le podían pedir más conocimientos, y reconoció que había tenido que realizar un gran esfuerzo para hacer una presentación que no le correspondía. En estos caso, a Germán no le dolían prensa para pedir disculpa, o incluso de ofrecer una documentación mayor para que estas cosas se hicieran lo mejor posible. Lo que no quitaba que su intervención (la propia de un “profe” que le pregunta al alumno como podía ser tan burro), provocara la reacción de los que sabían todavía menos que el ponente.

Ni que decir tiene que a mi también me tocó en más de una ocasión recibir su estocada, en particular en temas como la sexualidad en la que tanto tenía que aprender, sobre todo en la práctica. En el caso recuerdo una discusión en el tiempo que siguió la muerte del gran dictador. Entre mis primeras lecturas sobre la cuestión me llamó la atención unas líneas en la que se podía entender que los hombres sufrían una crisis periódica que, de alguna manera, podía ser comparable con la menstruación femenina, un tema sobre el que lo ignoraba prácticamente todo al igual que mis hermanas, que se enteraron cuando les llegó, o sea antes que yo. Lo dije sin mucha convicción en medio de una charla sobre feminismo ante un público de mujeres con voluntad de radicalización. Germán aprovechó el momento para dejarme en ridículo. No solamente trató de poner en evidencia que no sabía de lo que estaba hablando, sino también dejó caer que menda –al contrario que él que ya tenía muy clara su identidad sexual-, era un puritano reprimido de cuidado. Está claro que no le faltaba razón.

Entonces, su vida sentimental ya era bastante agitada, y la mía no había sobrepasado el estadio de los prolegómenos.

No deja de ser curioso que fuesen sus padres los que “me descubrieran”.

En aquel entonces yo me estaba apartando de mis amigotes de los primeros tiempos. Esto no pensaban en otra cosa que en “pasárselo bien”, y eso significaba fútbol, baile y chicas, esto último de una forma bastante irrisoria. Yo ya había dejado la pasión estéril por el fútbol para centrarme en el cine. Lo de las salas de baile era un tormento dada mi timidez casi enfermiza y la convicción de que nunca aprendería a moverme con una chica al lado. En cuanto a estas, aparte de que no confiaba en absoluto en poder acceder a la dama de mis sueños, me parecía ridículo el juego de los piropos tontuelos aprendidos de mis amigotes, y humillante las respuestas de algunas de ellas, sobre todo cuando pasaban en grupos. Una de las manifestaciones de este distanciamiento pasó afortunadamente por no querer fumar, algo que si harían todos los demás ya que necesitaban dar la imagen de “hombre” tal como se expresaba entonces, sobre todo en el cine. Mis amigos eran chicos emigrantes como yo, obreros en su mayoría de la construcción, algunos de mi propio pueblo y otros de pueblos semejantes.

Después de ser uno más durante unos años, me fui creando una nueva silueta, la de un chico serio y aplicado, vestido con cierta elegancia por mamá, y desde 1963 con unas gafas que eran muy propios de alguien que ocupaba su tiempo leyendo libros por todos los rincones posibles. Esto no lo hacía por ninguna pose particular de lector, sino porque en nuestro piso vivíamos hasta tres familias (exactamente tres hermanos, con sus respectivas esposas más los niños y la abuelita) con algún que otro añadido circunstancial, y obviamente carecía de un espacio donde poder concentrarme. No deja de resultar curioso que esta actitud mía de apartarme del grupo, de no buscar chica y de leer tanto, fuese tildada por algunos de mis amigotes, como propia de un seminarista o lo que era peor, de un “sarasa”.

Como esto de la lectura pues resultaba tan poco habitual, Lola y Francecs no dejaron de percatarse de que yo siempre llevaba un libro conmigo fuese a donde fuese, y pensaron que podía convertirme en un posible amigo del Germán, quizás el único posible en aquel páramo en el que los jóvenes ya tenían el camino marcado: trabajar, aprender en lo posible un oficio, reunir dinero para encontrar pareja, casarse, tener hijo, y no complicarse la vida.

Está claro pues que nuestro primer encuentro no fue fruto de la casualidad, ni mucho menos. Ocurrió en la bodega en la que Germán compraba el vino para su padre, y en el curso de un programa de cine que daban en la TVE que comenzaba con la música de Jacques Tati, y en el que hablaba con un tono muy profesoral un crítico gafudo llamado si no recuerdo mal Joan Munsó Cabús. En casa todavía tardaríamos años en tener TV, y esta era la única que yo tenía a la mano y la aprovechaba para ver algunas series de difusión cultural como una biografía de Francisco Quevedo al que interpretaba Carlos Lemos, y cuyo guionista era Carlos Muñiz, al que yo ya conocía gracias a la revista ‘Primer Acto’, llevada por el mismo equipo de la revista ‘Nuestro Cine’, y ambas vehículos de una izquierda intelectual en el área próxima del PCE. Me ponía de pie delante del aparato haciendo caso omiso del fragor de los tertulianos, y nadie me decía nada, supongo porque también era cliente, sobre todo del futbolín que se ponía al rojo vivo los domingos por la mañana.

Aquella noche el programa versaba sobre Ingmar Bergman que había sido estrenado entre nosotros como un cristiano ferviente quizás un poco complejo, un empaquetamiento que se efectuó mediante una deformación de los diálogos de algunas de sus películas que como ‘El manantial de la doncella’ o ‘El séptimo sello’, se habían estrenado aquí e incluso habían llegado a los cines de barrio en los que, por cierto, no se pasaban únicamente películas como las del tristemente célebre programa actual de TVE, también nos llegaba buena parte del mejor cine norteamericano y europeo. Por entonces yo había leído algún que otro artículo sobre Bergman en ‘Nuestro Cine’, y por lo tanto estaba sobre aviso de las deformaciones de la censura, y por ahí transcurrió una primera conversación después de que con sus o­nce años, Germán me preguntara si me interesaban las películas de Bergman.

Si no fue al día lo sería el siguiente, el caso es que comenzamos a coincidir en el trayecto del Bus que nos dejaba en el metro de Santa Eulalia, y durante el trayecto empezamos a hablar de cine y de otras cosas, siempre desde un sentido crítico básico, o sea desde el reconocimiento de que el régimen estaba interesado en mantener al pueblo en el miedo y la ignorancia. Al llegar el primer domingo, Germán me vino a buscar con una revista llamada ‘El Correo de la UNESCO’ en las manos. Hasta aquel momento yo me había limitado a ver cine, a aproximarme al cine más crítico, y a leer como dios me dio a entender mis primeros libros, normalmente obras editadas en la colección Pulga, y de autores conocidos como Walter Scott, Julio Verne, etc. El Correo era otra cosa, hablaba de la arqueología y la presa de Asuán, de Antón Makarenko y de su ‘Poema Pedagógico’, un trabajo que pasaría de mano en mano por mucho tiempo, de la historia del superviviente de una tribu india que se daba por exterminada, y que había sido adoptado por una universidad norteamericana donde se había convertido en un estudiante verdaderamente privilegiado, un detalle que, ni que decir tiene, me causó un impacto considerable. Era lo que a mi me hubiera gustado ser.

Tampoco había tenido ocasión a lo largo de mi vida de conocer a alguien con la capacidad que mostraba Germán que muchas veces no parecía un niño, aunque otras sí, otras parecía un niño malcriado, un hijo único que además había llegado al mundo después de que sus padres hubieran perdido otro que tuvo desde el primer momento problemas serios de salud, y que según contaba Lola en las pocas ocasiones que recuerdo haberle escuchado hablar de él, era patizambo, y después de un regreso tan dramático. No había duda de que Germán estaba destinado a gozar de toda la cultura que sus padres habrían querido tener, y que tanto deseaban para todo el mundo. No pasaron muchos días para que me hablaran de la escuela Montesori, y para que me contaran lo que este nombre significaba. Germán me contó que recibía clases de la señorita Llibert, que en catalán quería decir Libertad. El que le había puesto su padre, un antiguo compañero…

La casa de la familia Pedra era algo parecido a un cuchitril. Para acceder a ella desde la propia Calle Simancas había que bajar unos escalones de tierra que cuando llovía eran un peligro como pudo comprobar mi buena madre que un día resbaló y se rompió una pierna, con lo que ella era para la casa que no dejaba hacer nada a nadie. Desde abajo aparecía como al final de un callejón, en suma, era un lugar de paso, y desde fuera se podía averiguar si sus dueños estaban o no en casa. Su carácter de pasaje obligatorio se mostró una dificultad considerando que en aquel cuchitril no solamente se hablaba de “política”, o sea de temas subversivos., sino que además sus moradores tenían la voz y el genio fuerte de manera que lo que decían se podía escuchar sin dificultades al pasar. Y no digamos cuando al Cisco le daba por cantar ‘A las barricadas’ después de haber cumplido con uno de sus mayores placeres: comer bien y abundantemente, charlar por los codos, beber sin reparos vino del porrón, y recordar los años jóvenes, cuando estas canciones se cantaban a pleno pulmón en las empresas y en las calles.

Tiempos en los que la lucha por la felicidad pasaba por la camaradería y por soñar.

Al llegar a su casa se podía llamar por el timbre o bien por un golpe por la ventana, también se podían hacer señales si ellos te veían. El calor del recibimiento contrastaba con la exigüidad de los espacios. Al abrirse la puerta se pasaba directamente a un comedor donde apenas si cabían cuatro personas sentadas. Al comedor daban otras dos puertas, una que nos llevaba a la habitación del matrimonio, otra daba paso a una pequeña cocina desde la cual se entraba a la pequeña habitación del Germán en la que cabían una pequeña cama, una silla con una mesita y aquellas estanterías de buena madera en la que recuerdo las ediciones recientes de Aguilar de las Obras Completas de Oscar Wilde, García Lorca, y creo también que de William Shakespeare, amén de otros autores, no demasiados porque no había lugar para mucho más. De la cocina se pasaba a un rincón donde estaba el WC, la máquina de cocer, y que daba a través de una ventana a otro rincón del vecino con el que mantenían mejor relación. En la misma casa vivía el Pedro, un niño procedente de Extremadura que pasaba por ser el tonto buenazo de la calle, y al que sus padres cuidarían con esmero. Lola y Francecs valoraban intensamente el esfuerzo de estar personas y su buen talante trabajador y afable.

(Paseando por Can Serra me encontré con el Pedro más de treinta años después. Hacía tiempo que habían muerto sus padres, y ahora lo cuidaba su hermana, y decía esto con un sentimiento que resultó sobrecogedor para mi compañera que es muy perceptible en estas cosas. Se acordaba perfectamente de mí, y me ofreció numerosos detalles de entonces, en particular sobre la familia Pedra que, en medio de una tendencia general hacia la burla, lo trataron siempre con un exquisito respeto).

Quizás esto era lo primero que te llegaba cuando te convertías en un asiduo, y yo lo llegué a ser durante mucho tiempo de día sí y día también. Nada más entrar me llegó una declaración afectuosa. Hacía mucho tiempo que hablaban de mí, de aquel muchacho serio que iba y volvía del trabajo con un libro debajo del brazo junto con el hatillo con la fiambrera, y se empeñaba por tener cultura en unos tiempos como aquellos en los que los trabajadores carecían de los derechos más elementales, y que no querían ver más allá de sus narices. Pedra era catalán de toda la vida como lo eran sus padres, y Lola como formaba parte de una familia murciana que ya había tenido que emigrar en los años veinte porque el trabajo en la mina del padre no daba para todos. Él se sentía catalán, y que nadie dijera nada de Cataluña, sin embargo no admitía la menor señal de menosprecio de la gente que habíamos tenido que emigrar. Después de esta primera presentación venía otra que hablaba de la importancia del trabajo, temas sobre los que Germán guardaba un prudente silencio siempre que no se extendieran.

Creo que la amistad conmigo le sirvió a Germán para dar unos cuantos pasos apartados de sus padres. Cierto era que estos le permitían una cierta libertad, y que confiaban en él, pero con las limitaciones propias de su edad, también que tenía “amistades”, pero ninguna era de aquellas serias, de tal manera que, por ejemplo, pasaba los domingos por la tarde en casa. Desde que nos conocimos fuimos a la par a toda clase de lugares, por supuesto a los cines de barrio, ahora optando por tal o cual programa después de una larga conversación sobre su interés. También nos hicimos adeptos a los cine-clubs sobre los que Germán poseía una información de la que yo carecía. A veces se trataba de sesiones del sábado o domingo tarde, lo que no representaba ningún problema. Se trataba de coger el Bus y luego el metro, y volver en hora normales. Pero otras veces los pases se ofrecían a las diez de la noche o un poco más tarde, y entonces el problema estaba, primero porque al día siguiente había que trabajar, y luego en volver, sobre todo considerando que mi economía no daba para coger un taxi, es más, ni tan siquiera me lo planteaba. A Germán lo del taxi le parecía elemental, todo un símbolo, y fue con él con quien volví por primera y muchas veces más en un medio de locomoción que costaba cinco veces más que la entrada del cine.

Durante un tiempo nos hicimos adictos a un cine-club universitario que tenía la sala en la Ronda San Antoni, no muy lejos del Mercat donde los domingos por la mañana se establecían los Encantes de los libros donde el Pedra era sumamente conocido entre los libreros que le tenían al tanto de lo que guardaban por los recovecos. Por aquella época Pedra me llevó a la librería de los Porter. En la Puerta del Ángel, a la presentación de un libro llamados ‘Els altres catalans’, de un tal Paco Candel, y cuando el autor iba a hablar, llegaron unos señores que dijeron que aquello se había acabado. Nos fuimos antes de que nos preguntaran que hacíamos allí.

Colocados en algún lugar entre el PSUC y nosotros, los maoístas —en particular el entonces importante PTE, pero también su ala argelina del PCE (internacional), que no dudó en expulsar a uno de sus militantes por liarse con una chica libertaria—, solían convertirse en los partidarios de la mano dura de la Junta. Fueron los más coléricos adversarios de un mural que compuse mediante un extenso collâge de recortes de prensa. Leído a primera vista, era una denuncia del orden existente sobre la base a informaciones, chistes, etcétera. Pero no era necesario ser un águila para vislumbrar que, en su parte final, mezclaba a Stalin como parte del Mal, poniéndolo al lado de Hitler, Pinochet, Nixon y otros. Aquello era ensuciar al jefe del frente antifascista, al continuador de Lenin, etcétera. También asumieron el papel de fiscal en un ejercicio que acabó con la expulsión de uno de los jóvenes más activos de la Liga Comunista, Xavi. Su culpa fue haberse dejado, negligentemente, un paquete de propaganda en secretaría. Entonces no pude intervenir, pero guardé mi cólera por un tiempo, hasta que en una Junta extraordinaria le dio la vuelta a la historia. De acuerdo; mi amigo había sido bastante irresponsable, pero lo eran más los que publicitaron su descuido y no tuvieron empacho en jugar con su nombre. Además, por cosas de éstas se podría expulsar a mucha gente. El momento de mayor crispación vino envuelto en una acusación de homosexualidad. Al volver de uno de aquellos congresos interminables, me enteré que la Junta acababa de aprobar, a instancias de los del partido y de los maos, la expulsión de Germán, que ya había adoptado abiertamente una opción sexual heterodoxa, y de René, una loca que mariposeaba alrededor de uno de los jóvenes. Los dos eran respetados con las mismas armas de la ironía que les eran congénitas.

Tampoco causaban ningún pavor en los padres. A mí me llamaba la atención la distensión con que trataban la marcha de sus hijos, claro que los tiempos eran otros, pero algunos tenían también sus muertos en la familia. Sí preocupó a la mayoría de la Junta, que optó, lisa y llanamente, por una expulsión a la manera soviética. De paso, suponían que se debilitaría la base de apoyo disidente. No fue así. La medida radicalizó al grupo, que no se mostró dispuesto a transigir. Entonces, se barajaron diversas respuestas hasta que se pensó en aprovechar algo en lo que ya se estaba trabajando: el teatro. Germán tenía ya experiencia en diversos montajes. Por su parte, René volaba, literalmente, recitando. Durante una reunión agitadísima en la que René se tronchaba diciendo con su tono de una Virtudes desmadrada -«¡Dios mío! ¡Dicen que yo soy trotskistaaa! ¿Qué es esooo?»-, se me ocurrió la idea de hacer un montaje escénico entorno al poema de Oscar Wilde ‘La balada de la cárcel de Reading’. En pocos días, lo teníamos a punto en el pequeño escenario de la Asociación de Amigos de la Música (AAM), que gerentaba Joan Francesc Marcos.

La representación no se hizo esperar en una sala en la que no cabía un alfiler. Teníamos hasta a la prensa —TeleExpress y Mundo Diario— presentes. Como parte de la obra, me correspondió declamar un prólogo muy trabajado. Su base argumental provenía del libro ‘La revolución sexual después de Reich y Kingsley’, una obra densa de Daniel Guérin, un erudito marxista francés que, a finales de los años treinta, había sido el lugarteniente de Marceau Pivert en el Partido Socialista Obrero y Campesino francés, aliado del POUM. En el presente, era una de las plumas más reputada de la izquierda radical francesa y autor, entre otras cosas, de una célebre antología sobre el anarquismo, así como de un análisis sobre el fascismo y el gran capital. Homosexual y librepensador, Guerin sintetizaba buena parte de los criterios de las ideas de revolución sexual que comenzaban a extenderse entre las nuevas generaciones. También cité ampliamente un texto de Wilde sobre ‘El alma del individuo bajo el socialismo’, el mismo que Tusquets acababa de poner en la calle en una edición muy asequible y que Germán tenía desde los años sesenta en las ‘Obras Completas’ editadas por Aguilar. Luego, René recitó el hermoso descargo de Oscar Wilde como si no hubiera hecho otra cosa en su vida. Además de hermoso, el texto denunciaba la intolerancia victoriana.

El epílogo llegó con el debate calentado por los aplausos. Con la ayuda de Guerin traté de imitar lo que G. B. Shaw atribuía al Trotsky polemista, decapitar para demostrar que en la cabeza no había nada. Aquello de cortar la cabeza de los adversarios, no para quitarles la vida, sino para demostrar que estaban vacías. Me lo permitieron algunos jóvenes maoístas presentes, que aseguraron que en China ya tenían solucionada esta «desviación» con los campos de trabajo y de reeducación. El joven maoísta más conocido aludió a «una unidad de destino —trotskistas y homosexuales— en lo universal» para tener que callar sepultados por una información sobre la que lo ignoraban todo. Como la mayoría de los presentes. Como servidor, poco tiempo atrás. La guinda la puso la prensa. Los diarios se deshicieron en elogios.

Meses después, los jóvenes comunistas del PSUC liderados por la infatigable y eficaz Isabel que los protegía de nuestra influencia como si fuesen polluelos, organizaron, con cierto tono de desagravio, un seminario sobre sexualidad que causó bastante expectación. No encontraron mejor recurso que los médicos y sexólogos (una palabra que la mayoría ignorábamos su existencia) componentes del Instituto Lambda, animado por homosexuales militantes afines al PSUC en su mayoría, pero obviamente radicalizados en este punto. Por aquel entonces, el PSUC ya tenía una posición muy diferente a la de, por ejemplo, el partido comunista argentino que había expulsado de sus filas al gran Héctor Anabitarte, amigo en los años ochenta por partida doble, como compañero del Diario e Barcelona, y afín al Germán, y motivo feliz de diversas cenas que se prologaban en mi piso de pareja gozosa en la cale Olçinellas de Sants, con controversias y anécdotas de todos los gustos hasta la extenuación, ya de buena mañana.

Aquellas conferencias fueron ciertamente legendarias. Los bajos del amplio local asociativo se ponía hasta la bandera con gente de todas las edades que jamás hasta entonces habían escuchado nada parecido, dicho con tanto conocimiento y con tanta elegancia. Para todos los que teníamos claro que había que huir de la pobre y oscura sexualidad de nuestros mayores, cada charla era el prólogo para desairar después interminables conversaciones sobre lo que era correcto o no era correcto. Por lo demás, en nuestro caso, en el de la LC, el asunto conectaba con historias de orgías fabulosas que se habían creído ver detrás de la edición de ‘El combate sexual de la juventud’, de Wilhem Reich, punto que he tratado en un artículo sobre éste último en Kaos. No obstante, Germán no se creía estas historias, y no cesaba de tratarnos como unos reprimidos, especialmente a mí, quizás porque tenía más confianza, y también porque tenía menos riesgo de error.

Además, todos eran amigos de Germán que no hay que decirlo, gozaba de un buen dominio sobre la cuestión, algo que se encargó de demostrar en sus sucesivas intervenciones. Las muy didácticas y rigurosas conferencias del colectivo Lambda fueron demoledoras con las creencias de la vieja guardia comunista educada en aquella moral estaliniana que no permitía ni un triste beso en las películas. Sánchez Laos, que aparecía como el más autorizado, y que reconocía valientemente su deuda cultural con un homosexual de su pueblo, llegó a argumentar que la sexualidad era una perversión fuera de las exigencias «naturales» de la procreación. Los jóvenes maoístas tampoco andaban mucho más allá. Lo primero era la revolución, popular claro, porque la proletaria quedaba para otra etapa.

En esto, la autoridad de los conferenciantes actuó como una proclamación ante una juventud radicalizada contra estas barbaridades. Cuando intervine diciendo que de existir alguna perversión, ésta no podía ser otra que la castidad, los charlistas también la rechazaron. No estaba descartado que ésta pudiera ser una expresión más de las infinitas respuestas humanas al sexo. Al final, el cursillo vino a ser el colofón de nuestras exigencias. Fue una victoria de Oscar Wilde sobre Stalin o al menos así lo entendimos los que creíamos haberla ganado. El estalinismo no era solamente conservador y uniformista, también era castrador.

(No puedo por menos que agradecer la idea de componer este artículo a una nota aparecida en otro anterior, ‘La estrella rosa bajo el franquismo’, que ironiza sobre el asunto cerrando los ojos lo que les sucedió a muchísimos homosexuales rusos ingresados en los campos de concentración estalinianos gracias al vulgar método de atribuir a los “enemigos” semejante acto de barbarie).

Recuerdo que la misma noche de ‘La balada de la cárcel de Reading’, nos congregamos una veintena de jóvenes en casa de los Pedra que estaban ausentes. Había una guitarra, y varias botellas de licores aunque no sabría decir de cuales porque a mí estas cosas ya no me iban. Se habló largo y tendido del acto, de lo que dijo tal o cual o de éste u otro momento, de lo impresionante que estuvo René, del montaje escueto eficaz de Germán, y por supuesto de cómo yo les había tomado el pelo a los “maos”, algunos de los cuales siguió la “juerga” con nosotros.

También en eso nos distinguíamos. Aquello se prolongó hasta que comenzaron a cantar los gallos del corral de un vecino mal encarado, y al final se habían dicho más cosas de la prevista. No sé a quien se le ocurrió hacer una “mesa redonda” en base a las cosas que Guerin atribuía al informe de Master y Johnson, a saber, quién entre los presentes podría precisar con claridad su orientación sexual. No sabría precisar porcentaje, pero creo que entre el ambiente y el alcohol surgió el reno de la sinceridad, y se dijeron muchas cosas que no se suelen decir en la vida. Si algo quedó claro es que ni a René ni a Germán le gustaban las mujeres, “dicho sea con todo respeto” precisó el primero. La única mujer de su vida era su santa madre que lo protegía de todo mal. Así quedaba también claro que lo que argumentaba la pobre Lola Peñalver, que Germán, su hijo, se “había torcido” por un desengaño amoroso, era pura fantasía materna.

La amistad entre Germán Pedra y un servidor se enfrió considerablemente con la política institucional. Después de haber participado como “simpatizante” más bien pasivo de mis aventuras trotskianas, emergió como uno de los notables que daban su apoyo a la creación del PSC-PSOE dentro del cual apareció como uno de los “hombre fuertes” en L’Hospitalet, sobre todo en la batalla por disputarle influencia al PSUC ya liderado por Joan Saura. Los encuentros se fueron haciendo cada vez más espaciados, y mientras él trataba de ponerme algún anzuelo, yo le trataba muy duramente. Le citaba ‘El Gatopardo’ para distinguir tres momentos en la historia socialista. La de los leones (Pablo Iglesias), la de los gatopardos (Largo Caballero), y el de las hienas (Felipe González), y decía esto último pidiéndole disculpas a las hienas.

En uno de nuestros últimos encuentros yo me sentía muy mal por sus relaciones con jóvenes árabes (algo que él adobaba citando el ‘Corydon’, de Gide), y sus entradas y salidas con ellos desde el coche oficial en la calle donde se había criado, y donde le votaban. Estábamos en medio de una cena, y aquella noche Ángel Colom presentaba un Informe Semanal a la mayor gloria de Juan Carlos I, como el Gary Cooper de la democracia… Mientras yo soltaba sapos y culebras, Germán presumía de la foto que había obtenido con su Majestad. Luego tardamos años en vernos, y por más que había una voluntad de mantener la amistad por encima de las diferencias, llegó la primera guerra del Golfo que nos situó en trincheras opuestas. No sin graves contradicciones íntimas, él se había apuntado nuevamente al carro de los vencedores y se había convertido –como Felipe, su maestro- en un liberal que se sigue llamando socialista por conveniencia, para mí el neoliberalismo era algo así como una variante ilustrada y poniente del fascismo, y en algunos casos, todavía más destructor.

El distanciamiento fue tal que casi le perdí la pista hasta que, casualmente, con ocasión de un encuentro de escritores en L´Hospitalet, Joan-Francecs Marcos, me contó que le quedaban pocos días. Estaba ingresado en la Cruz Roja de la ciudad, y su aspecto era más el propio de un superviviente de un campo de exterminio. Aquello me conmovió hasta las entretelas, y durante un par de horas hablamos de todo, todavía tenía ilusiones, estaba preparando un libro de poesía, me quiso convencer que Zapatero era un reformista de verdad, y quedamos para unos días después, pero ya no hubo ocasión.

(*) Lo fundamental de este trabajo está extraído de mi libro, ‘Memorias de un bolchevique andaluz’ (Ed. El Viejo Topo), seguramente el último libro que le regalaron a Germán Pedra en su vida, una vida en la que estos fueron siempre fundamentales.

(1) [¿?] Concretamente en el trabajo de Laurentino Vélez-Pellegrini, ‘Del radicalismo a la gran claudicación. El movimiento gai y lesbiano desde los 80 a nuestros días’, aparecido en la revista ‘El Viejo Topo’ en dos entregas y en la obra de Armand de Fluviá, ‘El moviment gai a la clandestinitat, 1970-1975' (Laertes, Barcelona, 2003).

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

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