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2020/02/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | SEJO CARRASCOSA: "NO ESTAMOS CUESTIONANDO LA BICHA: LA HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA"

Pikara / Sejo Carrascosa //

Sejo Carrascosa: «No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria»

Sejo Carrascosa alerta sobre que, si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará». En una época de explosión de las identidades, el histórico activista marica insta a «buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común».
Itziar Abad | Pikara, 2020-02-26
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/no-estamos-cuestionando-la-bicha-la-heterosexualidad-obligatoria/

Sejo Carrascosa comenzó su militancia en grupos libertarios y antiautoritarios, a los que siguió la CNT. Su primera movilización fue en el instituto, contra la segregación por sexos que imponía la dictadura: «Había dos edificios: uno, para chicas y otro, para chicos. Llegó un momento en el que les dio por separarnos también en el patio. Primero fue por horas. Los chicos entrábamos a las 9:00 y las chicas a las 9:30 o viceversa. Luego pusieron un alambre, que arrancamos, y más tarde, una pared de ladrillo, cual muro de Berlín, que tiramos a patadas. Éramos de barrio, más brutos que un arado...». El activismo marica lo inició en el FLHOC (Frente de Liberación Homosexual de Castilla) hace tantos años que, por aquel entonces, Madrid, su lugar de origen, aún pertenecía a Castilla la Nueva. Actualmente, Sejo Carrascosa forma parte del colectivo gasteiztarra Lumagorri ZAT (Zisheterosexismoaren Aurkako Taldea).

¿Qué reivindicaban estos frentes de liberación?
Además del tiempo para el bocadillo, pedíamos tiempo para poder ligar o clases para aprender a darse por el culo. Queríamos potenciar las relaciones sexuales en las fábricas, porque planteábamos la homosexualidad como un espacio de liberación del capitalismo. Frente a la producción capitalista, sistema totalmente opresivo, las consignas eran gozar de nuestros cuerpos y abolir el trabajo asalariado: ‘Estamos aquí para gozar, no para currar como cerdas’. También reivindicábamos las relaciones intergeneracionales, porque considerábamos que la edad era una imposición más del sistema capitalista. A los 14 no se podía follar ni elegir con quién follabas, pero sí se podía currar. De hecho, había mucha gente trabajando a partir de esa edad para poder irse de casa de los padres. Aborrecíamos la familia tradicional que, además, era uno de los puntales de la dictadura. Los frentes de liberación formaban parte de la contracultura; no había cosa que no cuestionáramos.

¿Quiénes los componían?
En aquella época, las identidades no eran tan cerradas como ahora porque la lucha era una cuestión de liberación sexual. De forma totalmente estratégica, no reinvindicábamos las identidades homo/hetero. Así, nadie tenía que identificarse de ninguna manera. Los frentes de liberación estaban en todo el Estado y se politizaron cuando llegaron las feministas lesbianas, de la mano del marxismo y del anticapitalismo.

¿Y después del FLHOC?
Cuando te empiezas a drogar no te queda tiempo para...
 
...hacer frente al capitalismo.
¡Bastante tienes con evadirte de él! (risas)

Vuelves en el año 92, como promotor del grupo Radical Gai.
Era un domingo de rastro en Madrid. Había habido un encuentro de la Coordinadora de los Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español, que aún se mantenía como estructura. La Radi la montamos la gente más izquierdista de COGAM [el colectivo LGTB+ de Madrid], que salió de ahí porque el colectivo ya había hecho una apuesta bastante asistencialista, y yo, que era de los pocos que no venía de esa escisión. En aquella época se empezó a abrir la caja del asistencialismo: servicios, orientación, asistencia, etc., lo que exigía rebajar tus principios y, en consecuencia, una despolitización. Anduvimos un par de días buscando un nombre para el nuevo grupo. ‘La Josefin’ planteó que nos llamáramos Confecciones La Rata, por nada en particular... (risas). La Radical Gai era un espacio de supervivencia o de sociabilidad. Ya habían surgido los movimientos okupas, que suponían la autonomía de las instituciones y una crítica a la sociedad, al consumo, a la vivienda, a la convivencia… Estaba Minuesa, que era un centro okupado grande, con una imprenta enorme, donde se hacían fiestas. Nos reuníamos en la fundación anarquista Aurora Intermitente, donde tenía también su sede una agencia de noticias alternativa llamada UPA. Nos impregnábamos de todo aquello.

¿Por qué la Radical Gai resultó tan transgresora?
Modestia aparte, éramos bastante geniales tocando las pelotas. Lo primero que hicimos fue llenar Madrid de pintadas: «Maricas para ligar, maricas para luchar», porque ya existían los bares de ambiente y se había derogado la ley de peligrosidad social. Por entonces estaba al pilpil el movimiento okupa y el de objeción de conciencia, en donde algunas mujeres empezaban a cuestionar la estructura y a denunciar el machismo interno. En la Radical Gai había maricas que también eran objetores y querían ser insumisos. Ahí creamos la ‘insumisión gai’, que planteaba: «Al ejército no vamos no porque no creamos en las guerras, sino porque qué vamos a hacer allí con tantos hombres si no nos los podemos follar» (risas). Editamos un dossier muy bonito titulado ‘Levanten nalgas’. La objeción suponía radicalizarse porque la cárcel estaba de por medio. Había carnalidad en la represión. Que te metieran en la cárcel era chungo.

Practicábais la interseccionalidad avant la lettre.
Mariconizábamos todo lo que tocábamos. Interveníamos en movimientos ‘generales’ porque todos trataban el rollo marica como ‘lo vuestro’. Hacíamos muchas acciones para cuestionar la heterosexualidad, lo cual nos costó muchas amistades... «¿Qué pretendéis, que nos hagamos todos maricas?», nos preguntaban. Y nosotras: «Todos, no, pero ese de ahí...». (risas). Un día pillamos una reglamentación de Renfe que advertía a sus servicios de seguridad que tuvieran cuidado con mendigos, insumisos y homosexuales. Nos fuimos a Chamartín a montar tal show que terminamos detenidas 50 personas. Pasara lo que pasara dábamos el cante. ¿Que el grupo Cuba Dura, al que llamábamos Cuba Erecta, convocaba una mani? Pues ahí íbamos nosotras, con el panfleto «Nos da por Cuba», para denunciar el tratamiento que se daba en ese país a los gaises. ¿Que era jornada de huelga? Pues llenábamos Chueca de pintadas: «La patronal es heterosexual». Y salía el dueño de un bar: «Yo no soy heterosexual». Y nosostras: «Ya, pero eres un explotador que no pagas a los camareros». Todo lo que hacíamos suponían broncas grandes y debates perpetuos. La radicalidad nos venía del hecho de plantear respuestas concretas a cosas que pasaban. Estábamos muy politizadas, teníamos ganas y no dependíamos ya de consensos con gente asistencialista de COGAM. Todo esto sucedía en torno a Lavapiés, donde vivíamos la mayoría de activistas y donde aún no había gentrificación.

¿Y con la eclosión del VIH?
Vino la gran bronca en el activismo. Para tratar de evitar que la sociedad hiciera la ecuación ‘gaises sida’, el VIH se convirtió en un tema tabú. Sin embargo, la Radical Gai supo darle un carácter social muy grande. ¡¿Cómo no íbamos a tocar el tema?! Mis amigas lesbianas tuvieron un papel protagonista en la lucha contra el VIH que, gracias a ellas, se politizó mucho más. La cosa estaba jodida: enfermedades, hospitales, muertes... Veíamos lo rápido que moría la gente, en un periodo de entre tres y seis meses. La prueba no estaba ni mucho menos generalizada y faltaban medicamentos así que, cuando la gente entraba al hospital con algún tipo de enfermedad, muchas veces tenía ya deterioradísmo su sistema inmune. El sida se cebó en los sectores más vulnerables de la sociedad: los yonquis, los presos, las mujeres, las trabajadoras sexuales. Veníamos de épocas de heroína. Eso sirvió para que mucha gente ajena a los gaises se concienciara e involucrara en la lucha contra la infección. Vía carta y fax nos relacionábamos con los grupos Act Up! de la época: de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Holanda. Conocíamos sus formas de acción y queríamos que las nuestras, ante tanto sufrimiento, también fueran más allá, aunque nos detuvieran.

Si tu pluma les molesta, ¡clávasela!

Ese eslogan se nos ocurrió en la fotocopiadora, haciendo unas pegatinas antifascistas para un 20N. Reivindicábamos mucho la pluma, por ser la feminidad una de las mayores potencialidades subversivas del movimiento marica. La gran maestra Empar Pineda decía que los chicos les debían mucho a todas las maricas, que si ahora pueden llevar pendiente y demás cosas estéticas es gracias a ellas. Estaba también el movimiento de gaises, de corte más posibilista y asistencialista. Hoy en día, en el Estado español, en círculos okupas, antiespecistas y veganos hay muchos grupos maricas que reivindican la pluma. Y yo lo celebro.

En el 95 abandonaste Madrid y te instalaste en Gasteiz. Es el sexilio a la inversa...
¡Ojo con Gasteiz que aquí se mandó a hacer puñetas a la Virgen Blanca! Dos cuerdas y ¡pumba! Ahí la tienes ahora, metida en una hornacina. También eran famosas las procesiones ateas en Semana Santa. Cuando llegué, Gasteiz era un punto muy importante del movimiento autónomo y alternativo, pero todavía había mucha gente en el armario. Eso me supuso cierto choque porque yo ya venía de una visibilidad absoluta. Por ejemplo, todavía pesaba que te vieran en la prensa y los grupos que existían eran aún espacios de sociabilidad a los que se iba para conocer gente. Al no ser esto una gran ciudad, faltaban referentes. En Madrid estaba Chueca.

¿Te parece estratégico que el movimiento LGTB incida en la agenda institucional?
El movimiento LGTB no tiene una buena agenda, una que reivindique acabar con los privilegios de la heterosexualidad y romper la base social, totalmente heterocentrada y, por ende, asimétrica, machista y misógina. La heterosexualidad es una identidad tóxica y nociva, pero es muy difícil entrar a cuestionar eso. El matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad, un contrato para tener a la mujer ahí atada con la prole. Fíjate si papá y mamá tienen privilegios que hasta la Constitución les reconoce la libertad para educar a sus hijos, dando por descontada su capacidad para hacerlo. ¡¿Dónde se ha visto esto, por Dios?! La educación es la única forma que tiene la sociedad de salvar a esas criaturas de las creencias de sus padres. ¡Y encima les dejamos que las lleven a la escuela concertada! Las criaturas están siendo utilizadas como una especie de gran foco de censura y de políticas totalmente antisexuales y antidiversidad: «Los niños no pueden verlo».

Ni el nudismo en la playa.

Ni exposiones en un museo. ¿Cómo no van a poder ver cuerpos desnudos o gente follando, pero sí matándose entre ella? Hay ciertos temas que hemos convertido en tabú. Entonces, volviendo a que el movimiento incida en la agenda institucional, no me interesa que la incidencia consista en una gestión de la diversidad, porque va a ser liberal y sectorial. Quiero incidir con enfoques y puntos de partida que envuelvan a toda la sociedad y que tengan en cuenta los posos de exclusión que ha habido históricamente: por qué las mujeres no están en el ágora o por qué los maricones no hemos cumplido la función del hombre, tocando así el núcleo duro del sistema. La producción no es lo único que lo sostiene.

¿De qué más cosas se vale?

En estos momentos, el sistema capitalista ya no quiere a los cuerpos por productivos, sino por deseables, por exitosos en términos sociales, porque de producir se encargarán los robots y las fábricas en los países empobrecidos. ¿Y aquí a qué nos vamos a dedicar? A tener cuerpos con éxito. De ahí la gordofobia y la construcción de cuerpos no deseables, los que están fuera de los cánones estéticos, los negados, los expulsados más allá de los márgenes porque son incapaces de tener el éxito social. La productividad y el éxito son una imposición del sistema de tener que ser algo. ¿Por qué no limitarnos a vivir, que puede ser bastante enriquecedor?

Decías antes que «el matrimonio es una de las grandes herramientas de la heterosexualidad». ¿Cómo casa esto con el matrimonio igualitario?
El matrimonio igualitario consiguió que las personas no heterosexuales fueran tan vulgares y ordinarias como el resto (risas). A nivel político, supuso legitimar estructuras que van en contra de los derechos individuales. No obstante, representó un gran logro, ante un derecho conculcado, que mitigaba en cierta medida una situación lacerante como era la pandemia del VIH/sida. Ocurría que, cuando moría alguien, su familia homófoba se quedaba con todo el patrimonio y dejaba sin ninguna propiedad a su pareja, en contra de la voluntad de la propia persona fallecida, por falta de una relación contractual de por medio. Pasaba también que, si el enfermo estaba hospitalizado en un centro privado, la familia prohibía la visita de la pareja.

Vale, el movimiento LGTBI no tiene una «buena agenda» para la incidencia. ¿Qué hay de las instituciones? ¿Están a la altura?
La mercantilización y el consumo que han creado en torno a la identidad gay representa una forma de cooptación brutal. Ahora para ellas no somos más que un target económico con el que pueden lucrarse. El pride es el ejemplo más evidente de eso y también de pinkwashing: lo montan para generar unas pelas y, de paso, tienen coartada para poner a sus municipios la medallita de los derechos humanos. Estamos inmersas en un espectáculo continuo, en el que tanto dinero aportas tanto vales. Asistimos a que en las instituciones hay gente sin ninguna conciencia. Hay gaises en Ciudadanos, en Vox, en el PP... que consideran que la orientación sexual y la identidad de género pertenecen al ámbito de la intimidad. ¿Dónde queda la potencialidad subversiva?

¿Hemos perdido el norte con las identidades?
Me parece una ida de olla. Hay una cosa muy importante: la identidad es un efecto, no una causa. No debemos caer en políticas identitarias. Son el equivalente a políticas neoliberales y nos encorsetan, porque parten de un enfoque en absoluto interseccional. Podemos ser hiperidentitarias, pero el no saber jugar con las identidades nos ha llevado a rebajar la carga reivindicativa. No estamos cuestionando la bicha: la heterosexualidad obligatoria, de Adrienne Rich; o la heterosexualidad como construcción política, de Monique Wittig. Ya está bien de seguir promocionando la heterosexualidad, de hablar de diversidad por todas partes en lugar de disidencia. Si las identidades subversivas desaparecen, políticamente estamos perdidas porque el sistema enseguida nos cooptará y, a cambio, nos dará unas miguitas. «Aquí están los gaises; aquí, los judíos; aquí, los gitanos...». Debemos buscar estrategias conjuntas frente a un enemigo común, igual que hicimos en la época del sida. Entonces no caímos en el identitarismo de «hablo yo que soy el enfermo y tú te callas», sino que teníamos el convencimiento de que la lucha era de todo el mundo: «Si te mueres tú, que eres mi amigo, ¿cómo no me va a afectar?».

Y con el repunte del fascismo...
La gente no se hace una idea de lo que es eso... En el año 80, después de una mani en Argüelles, zona facha, al hijo de un ministro y a su novio les metieron un palizón que los mandaron al hospital. Hoy en día, el fascismo en Madrid vuelve a estar crecido y a gozar de mucha impunidad. Su repunte nos va a obligar a evitar de nuevo los espacios geográficos en donde se localizan los mecanismos del desprecio. Vamos a asistir otra vez a la zonificación de las ciudades, a tener que elegir una zona u otra según la seguridad que ofrezca. Es una vuelta al armario. Cerca de donde tenga la sede Vox, por ejemplo, nos andaremos con cuidado con los símbolos que llevamos, como esta chapa y esta banderita del orgullo en mi bolso.

En 'El libro del buen Vmor'. Sexualidades raras y políticas extrañas, coordinado por Fefa Vila y Javier Sáez, escribes: «Hablar del sida es encarnar la vergüenza de sentirse superviviente». Suena durísimo...
Haber sido parte de una generación que se pierde y, sin embargo, seguir vivo me sitúa en un espacio privilegiado e incómodo. ¿Por qué yo no y otra gente sí? No sé si me toca ser el testimonio, el recuerdo o, simplemente, vivir con un déficit o un vacío. Luego hay algo muy ligado al holocausto: el imperativo moral de convertirse en memoria, una forma de dejar de ser tú misma.

Una última pregunta: ¿por qué dices gaises?

Para mí esa es una forma de alejamiento y de cuestionamiento de las identidades más despolitizadas, de las que están dentro de la moda y de las políticas de consumo, de las que no buscar subvertir, sino integrarse.

2018/08/18

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | ODA A WALT WHITMAN, ¿EL POEMA HOMÓFOBO DE LORCA?

20 Minutos / Mural que recuerda a Lorca en Fuente Vaqueros //

Oda a Walt Whitman, ¿el poema homófobo de Lorca?

Mosca de Colores | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2018-08-18

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2018/08/18/oda-a-walt-whitman/ 

Cuando empezamos nuestra peculiar búsqueda de palabras, no tardamos en encontrar estos versos de la ‘Oda a Walt Whitman’, escrita por Federico García Lorca durante su estancia en América, perteneciente a su obra ‘Poeta en Nueva York’ (1930), calificado en ocasiones como el poema homófobo de Lorca. 

[...]
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades,
de carne tumefacta y pensamiento inmundo,
madres de lodo, arpías, enemigos sin sueño
del Amor que reparte coronas de alegría.
Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos
gotas de sucia muerte con amargo veneno.
Contra vosotros siempre,
Faeries de Norteamérica,
Pájaros de la Habana,
Jotos de Méjico,
Sarasas de Cádiz,
Ápios de Sevilla,
Cancos de Madrid,
Floras de Alicante,
Adelaidas de Portugal.
¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!
Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores,
abiertos en las plazas con fiebre de abanico
o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.
¡No haya cuartel! La muerte
mana de vuestros ojos
y agrupa flores grises en la orilla del cieno.
¡No haya cuartel! ¡Alerta!
Que los confundidos, los puros,
los clásicos, los señalados, los suplicantes
os cierren las puertas de la bacanal.

[...] 

Lorca no levantaba su voz contra el niño que escribe nombre de niña en su almohada, una niña transgénero, ni contra el muchacho que se trasviste en soledad, ni contra los que buscan chaperos, ni contra los que aman y desean a otro hombre sin decirlo, pero sí contra los maricas, ¡asesinos de palomas!

Para llegar a entender lo que quiso decir hemos tenido que hacer un largo recorrido por sus experiencias vitales, por sus amores y por su sexualidad, para saber qué tipo de persona era, y el detalle en este caso es importante. Retazos de aquí y de allá nos han servido para comprender un relato completo de este niño, joven y hombre homosexual y que exponemos con mayor detalle en la versión completa de este artículo en nuestro blog.

Es importante señalar que tras su asesinato, se realizaron enormes esfuerzos por borrar la homosexualidad de su obra, tanto por parte de su familia, como por algunos actores del sector editorial y académico, mientras que en realidad, Federico García Lorca prácticamente no habló en su obra de otra cosa que no fuera el conflicto que supuso para él la homosexualidad, en una sociedad tan homófoba como aquella.

Era homosexual y así nos lo contaban al estudiar literatura, pero no se nos hubiera ocurrido pensar que ‘Yerma’ (1934) hablara del amor yermo que no da frutos, como es el que une a dos hombres, y que además, formara parte de una proyectada trilogía junto a ‘Bodas de Sangre’ (1931) y ‘La destrucción de Sodoma’, obra que no pudo ser escrita.

Tampoco nos hablaron de la desaparecida obra ‘La bola negra. Drama de costumbres actuales’, posible título para una obra que empezaba así:

“Una capital de provincia. Un señor tras una mesa de despacho. Llama al timbre y entra un criado:

—Que venga el señorito.

Entra su hijo.

—¿Qué quiere decir esto que sé? —y el padre muestra a su hijo una carta—. ¿Que te has presentado pretendiente a socio en el casino y te han echado bola negra? ¿Por qué?

—Porque soy homosexual.”

Con este texto no sólo había pasado de la poesía más tradicional, que permite decir y ocultar, al ocultador surrealismo teatral de ‘El Público’, sino que explícitamente habla de homosexualidad.

Lorca fue un homosexual fuera del armario, casi todo el mundo lo sabía, y de que se supiera no sólo se encargó él viviendo con libertad su sexualidad, sino también la prensa de derechas que durante los últimos años de la república abiertamente lo insultaban y despreciaban.

Y no fue sólo una cuestión de juventud o de vida adulta, sino que ya de niño las personas que lo conocían advertían su afeminamiento, como sus profesores y compañeros de escuela, que se lo hicieron pasar mal. Al tiempo que, más allá de las burlas y según sus propias palabras, cuando era un crío en la Vega de Granada, había “jugado” con todos los chicos de Asquerosa.

Este comportamiento homosexual fue vivido por Lorca de forma conflictiva, en una época en la que los únicos referentes, la idea que se tenía, la concepción de la homosexualidad, era de enfermedad, crimen y pecado.

Pero es que, además, hay que tener en cuenta que Lorca murió a los 38 años, todavía en su plenitud sexual, por lo que si veía a alguien por la calle que le gustaba, daba igual que fuera hetero, iba a por él y se lo ligaba. Y no sólo hubo sexo, como es natural, también hubo amor e incluso poliamor. Dalí, Emilio Aladrén, Eduardo Rodríguez Valdivieso y Rafael Rodríguez Rapún fueron los grandes, y en ocasiones superpuestos, amores conocidos de Lorca.

La vida de Federico García Lorca estuvo llena de hombres, famosos y anónimos, cuyo relato en muchas ocasiones se pierde en experiencias, cartas y bocetos de obras que se han ocultado, destruido y olvidado con el paso de los años. Tanto en Granada, como en Madrid y, por supuesto, en las Américas, siempre estuvo rodeado de hombres homosexuales o no, con los que compartía vivencias, anhelos, textos y/o sexo.

Con todo, podemos distinguir a dos Lorcas, el de antes de su viaje a Nueva York y el de después de Walt Whitman (1819-1892), célebre poeta Norteamericano y también homosexual. Probablemente Federico ya conocía sus poemas, pero fue allí donde el poeta tuvo contacto más profundo con su obra, lo que fue vital en la resolución del conflicto con su homosexualidad.

El poeta de 31 años, que llegaba triste a Nueva York por el abandono de Dalí y de Emilio Aladrén, además de conferencias y charlas, frecuenta bares de ambiente y disfruta orgías con negros, marineros y soldados. Pongámonos en la piel del joven Lorca, epéntico machi-hembrista, cachondo con frecuencia, que podía desaparecer en cualquier momento para ir de cancaneo. Fuente Vaqueros, Asquerosa, Granada, Madrid, París, Londres, Nueva York, Cuba. Esa búsqueda, ese intentar entenderse, construirse y amarse. Ampliar horizontes seguro que fue un buen revulsivo.

Hemos hablado en muchas ocasiones del carácter performativo del insulto, de cómo los referentes, las etiquetas, construyen la vida de las personas a su imagen y semejanza. En la época que vivió Lorca el referente del homosexual era el ‘Marica’, lo que le “abocaba sin remedio” a ser uno.

El ‘Marica’ era ese hombre afeminado e inofensivo, ridículo, objeto de burlas, poco de fiar, rodeado de mujeres, que era como una mujer y que acababa comportándose como una (estereotipadamente negativa). Era el papel que aquella sociedad homo-cateta y machista tenía reservado para los homosexuales afeminados, los únicos existentes por visibles, de los que no se esperaba, ni se concebía, que pudiesen aspirar a conocer, enamorarse y vivir la vida junto a otro hombre. Los maricas ‘enemigos sin sueño del Amor que reparte coronas de alegría’. Y Lorca tenía un problema con esto. Puesto que no era hetero, era un marica y no quería serlo –‘¿debo renunciar al amor?’–.

Con Whitman todo cambió porque con su obra Lorca encontró un nuevo referente. ‘La virilidad, la fraternidad y la camaradería, la admiración del cuerpo masculino, la aceptación de uno mismo y la expresión propia, la reivindicación de la homosexualidad, la defensa de los oprimidos y de los explotados’ son, en esencia, las características de un nuevo referente que acabó de construir a Federico, dotando de coherencia a su realidad y a sus aspiraciones.

Con este nuevo referente, Lorca pudo cargarse el de marica, pudo cambiar de traje y de cuerpo. Esto es lo que hay en la ‘Oda a Walt Whitman’, el abandono y la destrucción del único referente, de la etiqueta que tanto le había hecho sufrir, la asunción de uno nuevo para él y el anuncio de tiempos mejores con ‘la llegada del reino de la espiga’. No hay homofobia, sino todo lo contrario. Con la muerte del poeta, hoy hace 82 años, el referente lo perdimos lxs demás.

  • Fuentes:
  • “Lorca y el mundo gay”, Ian Gibson, Ediciones B, 2015).
  • Publicaciones de Luis Antonio de Villena
  • Publicaciones de ABC, El País, El mundo y RTVE.

2002/03/19

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LUIS CERNUDA EN UNA CONSTELACIÓN EVIDENTE Y BENÉFICA

Una constelación evidente y benéfica.
Luis Cernuda encontró en su vida solitaria la fuerza para crecer como hombre y desarrollar su obra literaria.
Santiago Belausteguigoitia | El País, 2002-03-19
https://elpais.com/diario/2002/03/20/andalucia/1016580159_850215.html 

Luis Cernuda (Sevilla, 1902 - México, 1963) antepuso siempre el ser al tener. Intratable, exquisito, solitario, malvado, digno, arisco, insobornable, aburrido, testarudo, soñador, susceptible, elegante, ensimismado... Al escritor sevillano se le han aplicado los adjetivos más opuestos porque la vida de un hombre siempre rompe las costuras que tratan de clasificarla. Cada hombre es un enigma. Con la urdimbre de una vida en apariencia anodina se puede escribir una gran novela. Y esto es todavía más acusado con la vida de un hombre tan especial como Cernuda.

La soledad es la clave de todo. Cernuda fue una de esas personas para las que la soledad es un reino propicio. 'Entre los otros y tú, entre el amor y tú, entre la vida y tú, está la soledad. Mas esa soledad, que de todo te separa, no te apena. ¿Por qué habría de apenarte? Cuenta hecha con todo, con la tierra, con la tradición, con los hombres, a ninguno debes tanto como a la soledad. Poco o mucho, lo que tú seas, a ella se lo debes', escribe Cernuda en ‘Ocnos’. Y añade: '(...) la constelación de la soledad, invisible para tantos, evidente y benéfica para algunos, entre los cuales has tenido la suerte de contarte'.

Hijo de un comandante, Cernuda se crió en un hogar donde reinaba la disciplina más agria. Los aires castrenses que respiraba su padre en el cuartel llenaban la casa de tristeza. El poema ‘La familia’ da rienda suelta a sus evocaciones. '¿Recuerdas tú, recuerdas aún la escena / a que día tras día asististe paciente / en la niñez, remota como sueño al alba? / El silencio pesado, las cortinas caídas, / el círculo de luz sobre el mantel, solemne / como paño de altar, y alrededor sentado / aquel concilio familiar, que tantos ya cantaron, / bien que tú, de entraña dura, aún no lo has hecho. // Era la cabecera el padre adusto, / la madre caprichosa estaba en frente, / con la hermana mayor imposible y desdichada, / y la menor más dulce, quizá no más dichosa, / el hogar contigo mismo componiendo, / la casa familiar, el nido de los hombres, / inconsistente y rígido, tal vidrio / que todos quiebran, pero nadie dobla', escribe el poeta.

Un rato de olvido
A continuación, Cernuda confiesa que sus padres lo 'hicieron / en un rato de olvido indiferente, / repitiendo tan sólo un gesto transmitido / por otros y copiado sin una urgencia propia, / cuya intención y alcance no pensaban'. Sus padres le dieron la vida 'y con ella la muerte de dura compañera'. Pero hubo algo que no le dieron: '(...) y eso eres: / fuerza de soledad, en ti pensarte vivo, / ganando tu verdad con tus errores'.

Frente a una descripción demoledora de la institución familiar, Cernuda opone la soledad, ese territorio donde se mueve con su propio código, que tan poco tiene que ver con la moral dominante. Su homosexualidad encontró en Sevilla un ambiente hostil que le empujó aún más hacia la soledad. Sin embargo, con el tiempo, adoptó una actitud de sinceridad desafiante y llevó con orgullo su diferencia.

Es más, Cernuda siempre despreció a los homosexuales que intentaban ocultar su condición. En ‘Ocnos’ recuerda la impresión que le produjeron en la infancia 'unos seres misteriosos a quienes llamaban 'los maricas'. 'Iban vestidos con blanca chaqueta almidonada, ceñido pantalón negro de alpaca, zapatos rechinantes como el cantar de un grillo, y en la cabeza una gorrilla ladeada, que dejaba escapar algún rizo negro o rubio. Se contoneaban con gracia felina, ufanos de algo que sólo ellos conocían, pareciendo guardarlo secreto, aunque el placer que en ese secreto hallaban desbordaba a pesar de ellos sobre las gentes', señala Cernuda. Ser diferente, apunta el escritor, puede ser también motivo de orgullo. Y estos homosexuales de su infancia tenían 'dignidad de alto personaje en destierro' y miraban con 'desprecio' a los curiosos.

Luis Antonio de Villena
hace en ‘Biografía del fracaso’ un retrato ajustado del poeta. 'Casi todas las personas que conocieron a Luis Cernuda y que me hablaron de él -ante mi habitual requisitoria- solían coincidir en lo mismo: Luis era un carácter difícil, un hombre extraño, antipático, frecuentemente intratable. Alguien, incluso, llegó a apuntar que 'no era buena persona', escribe Villena. 'Pero siempre que yo oía sus rarezas y su intratabilidad, pensaba: este hombre debió sufrir mucho y sufrir de verdad', matiza Villena.

En la Universidad de Sevilla Cernuda conoció al poeta Pedro Salinas. Catedrático de Lengua y Literatura, Salinas ejerció de mentor ante aquel joven sensible. Le abrió caminos y le aconsejó determinadas lecturas. Cernuda se adentró en los clásicos, en la obra de Baudelaire, Rimbaud... Y descubrió a Gide, que le reconcilió con su homosexualidad.

En 1927, Cernuda publicó ‘Perfil del aire’. La crítica arremetió contra él y le acusó de plagiar a Jorge Guillén. El carácter huraño del poeta se agudizó ante los ataques. Pero quizás Cernuda tenía más razón de lo que muchos admiten. Su susceptibilidad estaba parcialmente justificada. Una carta de Pedro Salinas a Jorge Guillén, fechada a comienzos de 1927, muestra cómo a este último no le agradó demasiado que Cernuda publicara su libro. Salinas habla en la carta de 'la cuestión Cernuda'.

'Porque es imposible ya evitar la salida de ‘Perfil del aire’ y eso a ti te contraria un poco, por lo que veo. Es imposible evitarlo por razones materiales, esto es que ya está entregado y anunciado y Cernuda con una ilusión obsesiva por verlo hecho, y por razones psicológicas, éstas son la reserva de Cernuda, su testarudez, lo difícil que sería cualquier insinuación dilatoria por mi parte. Y yo estoy verdaderamente desesperado porque me considero el culpable de todo. Si Cernuda hace versos es casi por mi influencia, si te leyó a ti y se entusiasmó con tu lenguaje fue por mí, y si ha publicado en alguna parte por mí ha sido también. Y yo, hacedor inconsciente, estaba formando una criatura poética a tu semejanza literaria, y que hoy te molestes con el anuncio de su libro', le escribe Salinas a Guillén.

'Ese librito'
'Comprenderás mi disgusto. Aunque por otra parte no tienes razón alguna para desear con fuerza que no salga ese librito. Tú sabes, y no soy yo quien te lo va a decir, la distancia que va en extensión e intensidad, de tu poesía a la de Cernuda. Y todo el mundo sabe quién eres tú, qué edad poética tienes, y cuál es tu familia lírica. Es decir, el librito de Cernuda es casi un éxito tuyo, una conquista antes de salir a la batalla', escribe Salinas a Guillén. La cita es larga, pero merece ser transcrita por su elocuencia. Guillén, como prometedor hombre de letras consciente del alto papel que debe ejercer en el mundillo poético, se enojó por el hecho de que el joven Cernuda osara publicar su poesía antes que él. Guillén publicó la primera edición de ‘Cántico’ en 1928.

Debía de ser tan grande la irritación de Guillén por el atrevimiento de Cernuda que Salinas ironiza con la posibilidad de matarlo. 'Desde luego tu nombre irá en el libro: Cernuda piensa dedicarme a mí el librito, y la última poesía a ti. Ésa es su intención: yo he insistido un poco por que se cambiaran los términos para dar más importancia a tu nombre, pero no puede ser. No habrá, claro es, más dedicatorias en el libro. Eso ya es una señal de conocimiento y reconocimiento, prenda de aprendizaje en tu escuela, ¿no? Pero si tu contrariedad persiste, yo, culpable de todo, estoy dispuesto a matar a Cernuda y a comprar la edición íntegra de su obra póstuma para regalarla a una biblioteca pública y evitar así que se lea', escribe Salinas. Cuando Cernuda hablaba de incomprensión y hostilidad a su persona hay que reconocer que, como mínimo, tenía un poco de razón.

Una historia amorosa
Cernuda abandonó Sevilla en 1928 tras la muerte de su madre. Tras dar clases en Toulouse se afincó en Madrid. Allí vivió una de sus historias de amor más intensas. Serafín Ferro era un muchacho gallego tan guapo como pobre. Cernuda lo conoció a través de Federico García Lorca en 1931. El joven estaba hambriento y se acercó a Lorca en una taberna pidiéndole ayuda. Lorca le invitó a un pepito de ternera.

Ferro se ofreció al hombre de éxito que era Lorca y el poeta granadino lo rechazó. Lorca presentó al joven menesteroso a Vicente Aleixandre. A éste no le agradaban las relaciones sentimentales que tuvieran un componente venal. Finalmente, Lorca redactó un billetito de presentación para Cernuda. El poeta se enamoró de Ferro, que se fue a vivir con él. Con todo, al joven le gustaban las mujeres, lo que ocasionó crisis de celos. De la ruptura surgió el libro ‘Donde habite el olvido’ (1934).

Según avanzaba el periodo de la II República Cernuda se introdujo en los círculos revolucionarios hasta decantarse en su apoyo. Salinas le describe así en una carta a Guillén fechada el 19 de marzo de 1936. 'Mucho me temo que Federico [García Lorca] en su carrera de noble emulación con Rafael [Alberti] caiga también en el garlito 'social'. Ya parece que ha escrito un drama comunistísimo para no dejarse pisar. Como detalle pintoresco te diré que en la manifestación de hace quince días se leía un gran letrero que rezaba así: 'Los escritores revolucionarios españoles'. Lo llevaban de un extremo Rafael Alberti, de otro Luis Cernuda y ‘seguían’ Manolo Altolaguirre, sin duda en calidad de masa. A todos ellos les tiene trastornados lo que ellos denominan lo social', escribe Salinas.

En efecto, Cernuda colaboró en la revista ‘Octubre’, fundada por Alberti, y aportó poemas de corte político en una línea revolucionaria. Su apoyo a la II República en la guerra civil no tuvo fisuras. Incluso, ya en el exilio, confesó a varias personas que nunca volvería a una España gobernada por Franco. Cernuda llega a contraponer en un poema la España franquista con la de Benito Pérez Galdós. 'La real para ti no es esa España obscena y deprimente / en la que regentea hoy la canalla, / sino esta España viva y siempre noble / que Galdós en sus libros ha creado. / De aquélla nos consuela y cura ésta'.

Cernuda se dirigió al Reino Unido en febrero de 1938. El poeta impartió clases en Glasgow y Cambridge. Fue una etapa dura en su vida de la que surgió el poemario ‘Las nubes’ (1940) y la espléndida prosa de 'Ocnos' (1941). Cernuda regresa a Sevilla con su imaginación en ‘Ocnos’. Es un retorno a la infancia, al escenario mítico en que descubrió el mundo y su belleza. Como muestra de ese sentimiento ambivalente hacia su ciudad natal Cernuda nunca nombra a Sevilla en ‘Ocnos’.

'Y nunca echó de menos Sevilla (una ciudad que dijo aborrecer); echó de menos -otra cosa es- su juventud. Ese reino de la infancia que nos han enseñado a fabricar. Si ‘Ocnos’ son bellísimas prosas líricas, que añoran un tiempo perdido -centrado en Sevilla- no hay que olvidar que ese libro se escribió en Glasgow, que era exactamente lo opuesto a su sueño edénico, y por un solitario desesperado', recuerda Villena en su libro.

En 1945, dejó Cambridge para vivir en Londres, donde residió dos años. Cernuda vivió allí una intensa relación con Felicidad Blanc, la esposa del poeta franquista Leopoldo Panero. Blanc evoca esta relación en su libro de memorias ‘Espejo de sombras’. Cernuda era el solitario de siempre. El pintor Gregorio Prieto, con el que compartía un estudio, le habló a Felicidad Blanc de la soledad de Cernuda. El pintor le contó que 'Luis, siempre en Navidad, dice estar invitado a alguna casa de amigos, y luego [Gregorio Prieto] descubre que no es verdad, que ha pasado esas fechas solo'.

Cernuda y Blanc entablaron una intensa relación. La mujer de Panero compartió con el poeta sevillano el recuerdo de su hermano muerto en la guerra civil. 'Le digo: 'Gracias por haberme escuchado: hacía tantos años que no hablaba de mí'. Nos miramos intensamente, juntamos nuestras manos como dos personas que ya desde [hacía] mucho tiempo sabíamos que nos encontraríamos', escribe Blanc.

'Salíamos siempre con el niño (Juan Luis, el hijo de Felicidad Blanc y Leopoldo Panero), y hablábamos durante horas enteras de tantas cosas como habíamos callado. Pero nunca de nuestro amor, como si la presencia de Juan Luis hiciera imposible hablar de ello', relata Blanc. El recuerdo de sus conversaciones y paseos con Cernuda llenará parte de la vida de esta mujer. Los vínculos sentimentales no saben de leyes ni de reglas. Hay tantas historias de amor como personas. La relación entre Cernuda y Blanc fue un episodio que añade complejidad y riqueza a la vida del poeta.

Llegada a EE UU
En 1947, Cernuda marchó a dar clases a Mount Holyoke (EE UU) y permaneció allí hasta 1952. En unas vacaciones de verano se enamoró en México de un muchacho. Fue otro de los episodios sentimentales de su vida de los que quedó constancia, en concreto en 'Poemas para un cuerpo' (1956). 'Sin querer has deshecho / cuanto mi vida era, / menos el centro inmóvil / del existir: la hondura / fatal e insobornable. // Muchas veces temía / en mí y deseaba / el fin de esa apariencia / que da valor al hombre / para el hombre en el mundo. // Pero si deshiciste / todo lo en mí prestado, / me das así otra vida', escribe el poeta. Cernuda reconoce las dificultades de su amor: 'Morir parece fácil, / la vida es lo difícil: / ya no sé sino usarla / en ti, con este inútil / trabajo de quererte, / que tú no necesitas'.

Una carta de Guillén a Salinas fechada el 14 de julio de 1951 da cuenta de la mala relación de aquél y Cernuda. 'Principal fricción, por fortuna, sin importancia: el sujeto Cernuda. Le encontré en casa de Emilio Prados. Y me habló con tal saña de algunos amigos comunes que, sin responderle, di por terminada mi relación con él. Hubo claramente un rompimiento silencioso. Esta vez sentí una impresión que no era de antipatía. Cernuda -o 'Cernida', como dice Moreno Villa, don José- no me es antipático; me repugna', escribe Guillén a su amigo. La carta presenta a Cernuda con esos tintes negativos que se le suelen atribuir, pero tampoco hay que olvidar que no fue nunca santo de la devoción de Guillén.

Cernuda murió en México en 1963. Murió solo. Estaba en ese reino -la soledad- que siempre lo acogió en su esfuerzo por ser un hombre mejor. '-Yo, dijo finalmente Albanio, poseo el deseo de no tener propiedades. Las propiedades (...) no son nuestras, sino nosotros de ellas; ellas son las poseedoras y nosotros los poseídos (...) Estáis presos por vuestras propiedades y en vuestras propiedades, y ya no sois hombres, sino objetos', escribió Cernuda en ‘Variaciones sobre tema mexicano’.

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Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...