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2023/02/16

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA REPRESIÓN A LOS HOMOSEXUALES EN LA ASTURIES FRANQUISTA: UNA CUESTIÓN DE CLASE

Nortes / Miguel Fernández Turuelo y Tino Brugos //

La represión a los homosexuales en la Asturies franquista: una cuestión de clase

Miguel Fernández investiga la arbitrariedad de la persecución y las estrategias de supervivencia del colectivo LGTBI.
Jara Cosculluela | Nortes, 2023-02-16
https://www.nortes.me/2023/02/16/la-represion-a-los-homosexuales-en-la-asturies-franquista-una-cuestion-de-clase/ 

Con los expedientes de peligrosidad social como fuentes primarias, pero también tirando de relatos orales, literatura, diarios y libros de texto franquistas, el historiador Miguel Fernández Turuelo ha desarrollado el proyecto “La represión de las realidades sexuales y de género disidentes durante el Franquismo en Asturias: memoria de las olvidadas para un presente democrático”, dirigido por el profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu Rubén Vega y nacido con una mirada puesta en otros trabajos similares contextualizados en “ciudades más grandes, como Barcelona o Madrid”. Este martes el investigador presentó en la Biblioteca del Fontán de Oviedo/Uviéu una primera aproximación de un proyecto todavía en curso. En el acto estuvo acompañado de Tino Brugos, profesor de secundaria, miembro de SUATEA, y cofundador y ex portavoz de XEGA. El histórico activista gay definió el trabajo de Fernández como “imprescindible” y “esperanzador, aunque sea tarde, porque toca limpiar los libros de mitos y cuestiones que no son defendibles ya” y, además, “recuperar los años perdidos en relación a la memoria histórica LGTBI, que sigue ocupando un espacio marginal”.

La misión de Fernández ha sido encontrar en expedientes y otras fuentes los vestigios de la represión y persecución de gays, lesbianas y trans en la Asturies franquista, además de tratar de dibujar las formas de resistencia y autoapoyo que a pesar de todo pudo desplegar el colectivo ante este hostigamiento del régimen. En un marco general de análisis, Fernández explicó que “antes del 54 en España no se reprimía institucionalmente la homosexualidad como tal porque se tenían otras prioridades como, por ejemplo, el abuso de menores”. Sería una modificación por parte del franquismo de la Ley de vagos y maleantes, nacida en 1933 en el periodo de la II República, la que incluiría la homosexualidad como delito objeto de castigo, exilio, trabajos forzados e internamiento. Posteriormente, en el año 71, entra en vigor una nueva norma, la Ley de Peligrosidad Social, dirigida ya casi en exclusiva hacia los homosexuales. El investigador apunta en todo caso que “no se castigaba únicamente la inversión sexual”, es decir, la orientación sexual no heterosexual, “sino también la inversión de género”, sobre todo el afeminamiento, “que era una auténtica carta de entrada a la cárcel, ya fueras gay o no”. Además, el régimen se encargaba de sancionar “la reincidencia, la ostentación o el despliegue en el espacio público”, en la medida en la que se quería a la “homosexualidad fuera de las calles, porque se consideraba que podía contagiar al resto del cuerpo social”.

De los 131 expedientes asturianos, “solo 11 hacen referencia a la homosexualidad reprimida de facto”, y “a pesar de los números modestos”, Fernández detalló que las conclusiones de la investigación por ahora muestran que “la represión no era sistemática” en Asturies, a diferencia de lo sucedido en las grandes ciudades, sino esencialmente arbitraria. No obstante, para juzgar este hecho, Fernández reparó en que “hay que tener en cuenta el ‘sexilio’”, esto es, la emigración sexual a las grandes ciudades, causa directa de la dispersión de los enjuiciamientos y de los expedientes, “pero también los cambios de jueces”, por ejemplo, de un “Mariano Rajoy padre, juez de vagos y maleantes de León”, a Saturnino Gutiérrez, “que condenaba en menor medida a los encausados, notándose considerablemente el descenso del atosigamiento”.

Particularidades asturianas: justicia de clase, invisibilidad, arbitrariedad e inversión de género
Un elemento particular que diferencia su investigación de las referidas a grandes capitales del país es el hallazgo de que “aquí, la justicia franquista contenía un elemento de clase evidente”, como por ejemplo queda demostrado para el historiador en expedientes como el de “un constructor de Oviedo, con dinero, del que se dice que es muy generoso” y por ello pudo acabar evitando su condena, u otro similar de un abogado ovetense adinerado “que fue condenado por homosexualidad pero eludió finalmente cumplir la pena” por esta razón. Afirmó que, por lo general, los gays de clase alta “no fueron declarados peligrosos” y, por otro lado, “tenían la facilidad de crear sus propios espacios de sociabilidad” que les permitían eludir las redadas y rebajar el hostigamiento. Pero no sólo pertenecer a la burguesía suponía una ventaja en este sentido, sino también “tener un trabajo estable, dinero líquido o un dictamen favorable del patrón te podía librar de la cárcel”.

Otra de las particularidades que revelan los expedientes es la escasa visibilidad de las personas LGTB en los espacios públicos que, en general, permanecían ocultas “en todos los ámbitos sociales”, con la clara excepción del gijonés Rambal, “con una homosexualidad visible” y reconocida. Sin embargo, en su búsqueda, Fernández encontró otras anomalías no tan populares como la del artista de Cimavilla asesinado en 1976 en circunstancias nunca aclaradas. Así, relató el hallazgo de dos mineros del Pozu Santa Bárbara cuyos expedientes especifican que fueron encontrados manteniendo relaciones sexuales en la calle, por la noche, siendo así acusados por la Guardia Civil y procesados a pesar “tener un trabajo” honrado. Para Fernández, “se podría tirar del hilo y conseguir más testimonios” que revelen la existencia de “mineros homosexuales y que rompan con el arquetipo de Rambal”.

El historiador recalcó que, en Asturies, “la visibilidad en el espacio público” de las personas LGTB “es mucho menor que en grandes ciudades y no hay apenas expedientes que nos dejen ver la ostentación gay en el espacio público”. Así, muchas “detenciones tuvieron más que ver con la expresión de género”. Fernández expuso que “la arbitrariedad de las caracterizaciones de la homosexualidad”, la falta de sistematización, y, por ende, de la persecución y represión estaban relacionadas ver con “el pivotaje en el género para acusar de homosexualidad”. En este caso, el historiador se centró en dos expedientes encontrados por los que se observa que era la expresión de género la que se utilizó para las acusaciones. Es el caso de J.F.A., del que se decía “que hacía las tareas de casa” a diario, como expresaron los vecinos, por lo que su heterosexualidad habría quedado en entredicho, o el caso de un expedientado que fue acusado de peligrosidad social porque “conducía muy rápido con su coche, se decía de él que era demasiado masculino para ocultar su homosexualidad”.

¿Dónde están los expedientes de lesbianas y trans?
“No hemos encontrado lesbianas en los archivos”, determinó Fernández, que explicó este hecho por la invisibilidad estructural de las mujeres no heterosexuales, término acuñado por la investigadora Raquel Osborne y que pasa por comprender que las mujeres históricamente han sido caracterizadas como sujetos sin agencia ni deseo, por lo que sus relaciones lésbicas permanecerían ocultas para la sociedad. Todo ello, advirtió el historiador, a pesar de hechos como el del médico zaragozano Luis Serrano Vicéns, “el Kinsey español”, que demostró en su estudio sobre la sexualidad de las mujeres de los años 30 a los 60 “que las prácticas lesbianas no eran tan invisibles, ni tan minoritarias”, con datos que revelaban que “el 35,8% de las mujeres consultadas afirmaban haber tenido experiencias sexuales con otras mujeres y el 65,5% admitían que desearían tenerlas”.

Por otro lado, Fernández se lamentó de que la diversidad de género resulte más difícil todavía de rastrear en este tipo de fuentes, debido a que “ni siquiera se concebían, hasta mediados de los 80, las realidades trans y casi todo era englobado en la homosexualidad, lo que implica, además, muchos problemas teóricos y de investigación”. Sin embargo, en su investigación, rescata el caso de la periodista asturiana del régimen Ángeles Villarta, practicante “del periodismo gonzo, que se infiltra en el psiquiátrico de Oviedo” en los años 50 para escribir una publicación y relata el caso de “una niña de rostro angelical” que quería casarse con ella y que, “cada vez que podía, se escapaba al monte y se rapaba el pelo”, dejando así el testimonio de lo que se intuye que es la historia un joven trans internado. Fuera de Asturies, recaló en la historia castellonense de Florencio Pla Meseguer, “La Pastora”, maquis intersexual “que provocó tanto desorden político como de género” y “que nadie supo definir”. Será ya avanzados los años 70 cuando se comiencen a encontrar delimitaciones de las realidades trans, mencionó Fernández, refiriéndose en este punto a Miguel Ángel Zamora, “mujer trans a la que hormonaron en la cárcel, reconociendo” que era trans, “pero que acabó suicidándose”. Para ahondar en esta cuestión, concluyó, más que mirar en los archivos de vagos y peligrosidad, “habrá que investigar los archivos psiquiátricos”.

Redes y resistencia: el sexilio y la anomalía de Rambal
Fernández destacó la “ausencia de resistencias en Asturies” a la represión y la persecución “que preconizarían la movilización de protesta”, ahondando en las grandes dificultades que ha encontrado para rastrearlas. De hecho, Fernández manifestó no haber podido encontrar apenas “redes de solidaridad o de segunda familia o de reconocimiento mutuo que sí hay en ciudades más grandes”, como Madrid y Barcelona, por lo que “las estrategias de resistencia para la represión no pueden ser las mismas”. Los detenidos, continuó, eran capturados “en zonas de ‘cruising’ y no en espacios de socialización”. La gran excepción a este hecho para Fernández sería Rambal, “un homosexual, obrero” y que actuaba “en un cabaret al que acudía la clase alta gijonesa”, toda una anomalía en el sentido de reconocimiento y ostentación, porque esto se esperaba que ocurriese en “el barrio chino o en Chueca”, pero no en Cimavilla. Por el testimonio, entre otras fuentes, de La Tarabica, vecina del barrio y coetánea de Rambal, para el investigador se demuestra que este “sí tenía redes de solidaridad, sociabilidad y de reconocimiento” que le pudieron proporcionar protección, apoyo y sostén para su visible disidencia sexual. En este contexto de debilidad de redes para la resistencia, el investigador también subrayó como consecuencia que “las estrategias a la hora de declarar ante las autoridades en Asturies cambian respecto a las de ciudades grandes: “o lo negaban todo o iban cambiando la declaración” o se acude a “la carga de la culpa a factores externos, como, por ejemplo, «me obligaron»” y, finalmente, la opción de la emigración por razones de orientación sexual o de género fue especialmente relevante. Así, describió cómo el “'sexilio' hizo que muchos de ellos se fueran a trabajar a ciudades más grandes, generalmente en hostelería, prostitución o el mundo artístico”, creando “guetos como el barrio chino de Barcelona o Chueca en Madrid”, que más que espacios de liberación sexual, [según el] investigador, fueron “herramientas de represión franquista”.

2022/04/01

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA LLUITA PER L'ALLIBERAMENT HOMOSEXUAL/SEXUAL/GAI DURANT LA TRANSICIÓ AL PAÍS VALENCIÀ

Directa / Una celebración 28J en València //

La lluita per l'alliberament LGTBIQ+ durant la Transició al País Valencià.

En aquest reportatge, fruit d'una sèrie de col·laboracions amb la Fènix Universitat Popular, es fa un repàs de l'evolució del moviment LGTBIQ+ al País Valencià, des de 1976 fins al 1984. Col·lectius com el Front d’Alliberament Gai de Catalunya o el Front d’Alliberament Homosexual del País Valencià es van mobilitzar contra les lleis repressives del franquisme, com la llei de 'vagos y maleantes' o la llei de rehabilitació i perillositat social; i establiren les bases de la lluita per la diversitat sexual.
Pau López | Directa, 2022-04-01
https://directa.cat/la-lluita-per-lalliberament-lgtbiq-durant-la-transicio-al-pais-valencia/ 

Durant molt de temps, l’actual moviment LGTBIQ+ ha viscut orfe, privat d’una genealogia que, com que no es visibilitzava, ha provocat que s’ignore la consciència i no es tinga la capacitat de reflexió que l’experiència històrica atorga. Alhora, ha impedit reconèixer la memòria i ha motivat la construcció de diversos mites i projeccions astrals dels desitjos sobre les ombres d’un passat massa enfosquit. Ara bé, la lluita per la diversitat sexual i de gènere, almenys la recent, pot i ha de ser contada. També la de les zones que la historiografia i els mitjans de comunicació han considerat no importants o prescindibles, com és el caràcter perifèric que ha encarnat el País Valencià. Com a forma d’apoderament, però també com a element de creixement, de terreny sobre el qual arrelar o, si més no, davant el qual aixecar-se.

Des de la historiografia i conceptualització queer s’ha denominat com a eixos del mal el dret, la medicina i la religió. En el trànsit cap a la modernitat, l’antiga penalització de tota desviació contra la norma sexual cis i hetero –al marge dels espais d’existència i resistència que pogueren existir-hi en la immensitat de la quotidianitat– se centrava fonamentalment en la moral catòlica. La modernització de les societats en la contemporaneïtat occidental va implicar, no la substitució total, però sí el desplaçament, de l’arrel sobre la qual fonamentar la condemna social i política de la diversitat sexogenèrica. La religió va continuar jugant un paper com a eina d’(auto)control social en un sentit foucaultià, però els pilars legítims del rebuig varen construir-se sobre les noves ciències jurídica i de la salut. Així, es va normativitzar i expressar el pensament premodern, convertint-se en font d’autoritat inapel·lable per a un nou marc de repressió.

En aquest sentit, l’Estat franquista, com a quintaessència de la versió més reaccionària del nacionalisme espanyol d’origen vuitcentista, pot considerar-se com a estructurat des d’un paradigma hetero de la política. L’Estat i el concepte ideal de ciutadà al franquisme, com a la resta de règims totalitaris feixistes, es basarà en l’exaltació dels valors associats a la masculinitat com a ideal polític i sociocultural, la feminització o homosexualització de l’Altre com a forma de deslegitimació de la seua veu i existència a l’espai públic, l’enaltiment de la camaraderia i l’heteronormativitat com a tàndem amb el qual assegurar la reproducció de la raça com Déu mana, i el bon compliment de la moral catòlica segons dicten les jerarquies eclesiàstiques. El resultat: un intent ibèric d’emular els principis feixistes i nazis de la nació: forta, centralitzada, eficient, unida, resilient, pura i sana.

Repressió a través de les lleis
Les formes d’aplicació d’aquest model –continuista amb tradicions polítiques anteriors i sempre partint del marc que l’homofòbia i la transfòbia eren majoritàriament inherents a la immensa majoria de cultures polítiques i de classes socials durant la primera meitat del segle XX– varen ser tant directes com indirectes. Directes mitjançant l’aprovació o reforma de legislació repressiva per a eliminar la visibilitat –i existència legítima– d’opcions no cisheteronormatives, el símbol de la qual és la reforma de la vella llei republicana de ‘vagos y maleantes’ en 1954; i indirectes a través de la transmissió per mitjà de l’educació formal i no formal de la cultura heterosexista arquetípica del franquisme. Així, l’Estat només havia d’intervindre quan la censura de l’entorn social proper i l’autocensura del mateix subjecte fallaven.

El franquisme va durar molts anys, i el règim va tindre la capacitat d’adaptar-se, gràcies també a la miopia forçada (o no) de les potències occidentals, que normalitzaren el feixisme espanyol i portugués. Però, malgrat l’arribada d’estrangeres en bikini a Benidorm, al mateix temps es varen reforçar els mecanismes estatals de repressió per a tractar de contindre un canvi social que anava més enllà del que el règim estava disposat a assumir. És ací quan s’aprova la coneguda llei de rehabilitació i perillositat social, en 1970, la qual va ser dissenyada com a eina amb la qual asfixiar qualsevol intent de transgressió intolerable.

Des de la historiografia LGTBIQ+ i també pels mateixos activistes gais d’aquest moment, aquest fet és considerat com el desencadenant que va precipitar l’articulació d’un moviment reivindicatiu pels drets i llibertats del que començava a conèixer-se com a gais, lesbianes i travestis. És en aquest context quan, en 1971, diversos activistes creen el Moviment Espanyol d’Alliberament Homosexual (MELH), per a tractar de coordinar accions, sobretot, adreçades a la derogació de la llei de rehabilitació i perillositat social, establint uns primers contactes a nivell internacional. No va aconseguir el resultat desitjat, però la cèl·lula barcelonina del MELH va acabar evolucionant a la primera associació gai de l’Estat, el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), en 1975, caracteritzada per pretendre ser un grup d’incidència política i de transformació cultural directa i radical, de masses, en el context dels nous moviments socials posteriors al Maig del 68.

Sexualitat llibertària
Les bases ideològiques del FAGC, que es poden estendre a la totalitat dels moviments semblants que proliferaran per diversos indrets de l’Estat, inclòs el País Valencià, varen partir d’una concepció llibertària de la sexualitat. Es va conceptualitzar un subjecte polític que requeriria d’una lluita específica per a aconseguir l’emancipació respecte a l’opressió política, social i cultural que patien tots els subjectes marginats per l’heterosexisme –fonamentalment homes gais, dones lesbianes, persones trans, així com qualsevol altra identitat diversa. En aquest sentit, tractaren de teixir aliances amb les organitzacions de l’esquerra radical i independentista, assumint els principis bàsics de la segona onada del feminisme; i generar sinergies amb altres moviments de l’antifranquisme en un sentit ampli. Tot açò en un nou context polític l’horitzó del qual obria grans esperances, com va ser la mort de Franco en novembre de 1975, donant pas a la transició política cap al sistema democràtic.

Al País Valencià, la primera organització sexualment revolucionària va ser el Front d’Alliberament Homosexual del País Valencià (FAHPV), en 1976. El seu naixement es va produir fruit de la sinergia creada entre la Fraternitat Cristiana de l’Amistat, una associació de caràcter assistencialista que tenia una de les seus a València i que, al llarg dels anys setanta, havia defensat la dignitat de l’espectre no cis hetero des del punt de vista de la clàssica caritat cristiana; i activistes del FAGC que varen coincidir amb ells. El resultat va ser la creació d’un grup d’acció espill del constituït a Barcelona, qui perfilaria la seua lluita com la defensa d’una sexualitat plenament lliure, representada, però no circumscrita únicament, pels homosexuals. El FAHPV va ser la segona organització de l’Estat espanyol a constituir-se, i la primera en la qual hi ha registres d’un grup autònom de lluita lèsbica. Aquest darrer aspecte és important, perquè el debat sobre la mixticitat o no dels grups de lluita gai-lèsbic va estar sobre la taula, a conseqüència de la masculinització del moviment, el diferent impacte de l’homofòbia en homes i dones, la presència d’actituds patriarcals dins del moviment i les diverses teories feministes sobre el subjecte.

A banda d’assumir, almenys discursivament, el principi esquerrà d’emancipació social i el feminista d’autonomia corporal com a escenari en el qual aconseguir l’alliberament sexual ple, el FAHPV també s’impregnaria d’una pàtina valencianista, en un sentit semblant a la resta del moviment antifranquista valencià i sense que realment això es traduïra en una vertadera voluntat nacionalista dels seus membres. Era fruit de l’esperit del moment, i que malgrat la possible vinculació ideològica o com a vivència individual entre repressió nacional i sexual –esquema que es troba més definit als casos català i basc–, ací no es podria parlar en els mateixos termes.

El FAHPV va dissoldre’s a principis de 1978, cosa que explica el perquè a València no es va produir la celebració del Dia internacional de l’alliberament gai i lèsbic el 28 de juny, com sí a altres grans ciutats de l’Estat. Entre les causes podríem ressaltar la feblesa organitzativa, els conflictes interns, la falta d’infraestructura, visibilitat i xarxa, o els mateixos problemes que comportava la visibilitat i politització de la sexualitat a nivell personal en el context de la transició. Malgrat tot, en octubre de 1978 apareixeria una segona organització, el Moviment per Alliberament Sexual del País Valencià (MAS-PV), qui protagonitzaria dues històries importants.

La primera va ser el fet que, fins a la data, és l’única organització majoritària de l’Estat espanyol que, en eixos temps, va defensar a ultrança el principi teòric d’alliberament sexual al marge del concepte d’identitat gai/lèsbica i, per consegüent, la lluita per la utopia de la sexualitat lliure tenint com a subjecte polític tota la societat, la sextopia universal. Açò, que està present a tota la documentació pròpia i en el marc de la Coordinadora de Fronts d’Alliberament Homosexuals de l’Estat Espanyol (COFLHEE), no va ser sempre compartit per tots els membres del grup, però és molt significatiu perquè s’expressen en termes protoqueers, dècades abans que es formule fins i tot la teoria butleriana de la performativitat.

La segona és que va ser el MAS-PV qui, en juny de 1979, va aconseguir organitzar la primera gran manifestació a València del que hui coneixem com a Orgull, amb una assistència de vora 4.000 persones, segons la premsa local, sent, per tant, l’única manifestació massiva fins a l’arribada dels nous Orgulls del segle XXI. L’esquerra alternativa, en un sentit ampli, es va bolcar amb l’organització, que va comptar fins i tot amb suport institucional de l’Ajuntament de València governat pel PSPV-PSOE.

Les desavinences teòriques i ideològiques, junt amb el fet que la majoria de membres del MAS-PV eren homes que s’autoidentificaven com a gais, va fer que, després de l’èxit de la manifestació, el MAS-PV acabara transformant-se en 1980 en el Moviment per l’Alliberament Gai del País Valencià (MAG-PV), alineant-se així amb la resta de col·lectius de la COFLHEE i adoptant una línia de treball que, sense renunciar a la utopia de la revolució sexual, prioritzara els subjectes més visiblement afectats per l’heterosexisme. Durant un temps, la facció sextòpica va constituir un grupuscle batejat com Col·lectius per l’Alliberament Sexual del País Valencià (CAS-PV), però no varen tindre massa continuïtat, visibilitat ni rellevància.

El MAG-PV va renunciar a l’avantguarda ideològica del seu antecessor, però per la resta va continuar sent un grup d’acció com eren el FAGC català o l’EHGAM basc, locomotores del moviment a nivell estatal. Del MAG-PV sí que hi ha molta informació respecte al tipus d’activitats que organitzaven, i que constitueixen exemples de com, malgrat les distàncies de Kronos i Kairós, la radicalitat enyorada i mitificada dels fronts revolucionaris de la transició –que trobem present de vegades en el present– era, almenys en part i en gran manera, fruit de la seua època profundament heterosexista i no tant de la seua pròpia i conscient voluntat antisistema, per bé que eixe element hi estiguera també present. El MAG-PV va organitzar concentracions pel 28 de juny, presentacions de llibres i participació en taules redones. Internament, va tractar d’establir una organització forta capaç d’actuar sobre la població no cis hetero de València, va celebrar festes per a l’(auto)reconeixement d’aquestes persones, va col·laborar amb l’Hospital General per a abordar les infeccions de transmissió sexual, va trametre queixes i denúncies contra la repressió policial, sobretot, cap a dones trans, així com d’acomiadaments laborals per homofòbia. També va editar una publicació, els Papers Gais, i va participar en diferents campanyes i actes de la COFLHEE i d’IGA (la International Gay Association, en eixe moment). A més, es va aconseguir una mena d’articulació territorial incipient amb l’aparició d’una cèl·lula del MAG-PV a la ciutat d’Alacant.

El declivi del moviment
El context de desmobilització i desencant posteriors a la instauració del règim del 78, l’expansió de l’ambient comercial (espais d’oci específicament adreçats a homes no heterosexuals), la pèrdua d’interés per les qüestions sexuals, l’impacte del feminisme de la diferència, el context internacional marcat per la tríada neocon Reagan-Thatcher-Wojtyla, l’arribada del VIH i la sida, l’exclusió de l’homosexualitat de l’LPRS i, també, factors personals dels mateixos activistes, varen fer que en 1984 el MAG-PV desapareguera per falta d’activitat, només un any després d’aconseguir la seua legalització. Amb això, es dona per tancada l’etapa històrica protagonitzada pels fronts revolucionaris sexuals al País Valencià, ja que el període posterior, que comença en 1986 amb el Col·lectiu Lambda de València, estarà definit per un context polític i social, però sobretot intern a nivell de diversitat sexual i de gènere, completament diferent.

L’anàlisi d’aquest període històric permet recuperar una memòria col·lectiva sovint silenciada i, fins i tot, infravalorada pels seus protagonistes. El FAHPV, el MAS-PV i el MAG-PV, però també la presència d’activistes proalliberament sexual a altres associacions, sindicats i partits d’esquerra, així com d’espais de cultura i oci favorables a la diversitat –a Benicàssim, Moncofa, Gandia, Xàtiva, Dénia, Benidorm, Elx, o sobretot, Alacant i València– mostren i demostren una genealogia plural, diversa i culturalment significativa de la lluita per la transformació cultural i social del País Valencià en clau igualitària.

Fer la vista enrere i comprovar com la destrucció del subjecte gai-lesbià, les relacions amb els feminismes, la qüestió trans, la interseccionalitat, la lluita conjunta de dones i homes, el paper reivindicatiu de la ploma, o les lluites pels drets laborals, sexuals i reproductius, la llibertat plena de l’individu, la igualtat jurídica i fiscal o la transformació cultural, eren aspectes que, més enllà del canvi de context, ja estaven presents, dona elements interessants i enriquidors per a gran quantitat de debats que han cristal·litzat en l’actualitat i davant els quals haurem de posicionar-nos, especialment en aquest nou context de neofeixisme. En definitiva, conéixer aquestes històries fa veure com sempre hem estat per ací de totes les formes possibles, com som hereves del somni d’una utopia que encara pot ser encarnada, i com aquest bocí d’història forma part de la consciència d’un passat que transcendeix les sigles sota les quals s’agrupa la dissidència sexogenèrica per a esguitar geografies i demografies múltiples.

2022/01/23

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | 10 AÑOS SIN PACO ESPAÑA, EL TRANSFORMISTA QUE SE ATREVIÓ A VESTIRSE DE MUJER DURANTE EL FRANQUISMO

Vanity Fair / Paco España //

10 años sin Paco España, el transformista que se atrevió a vestirse de mujer durante el franquismo.

Francisco Morera García dejó Canarias con 16 años y llegó a Barcelona para convertirse en ‘showman’, presentador, empresario y un icono indiscutible del transformismo en tiempos de Franco.
Álex Ander | Vanity Fair, 2022-01-23
https://www.revistavanityfair.es/articulos/paco-espana-transformista 

Algunas de las personas que le conocieron comentan que vivió como una reina y murió como un cuasi pordiosero. Paco España fue uno de los primeros artistas de su generación que subió a los escenarios vestido de mujer cuando aún no había muerto Franco. Durante varios años, saboreó las mieles del éxito de su arte y ganó dinero a espuertas. Arrancó carcajadas y aplausos con sus canciones, bailes y frases marca de la casa (como "Damas, caballeros y mariquitas simpatizantes"), se codeó con la flor y nata del folclore patrio, y hasta despertó celos y envidias. Pero los tiempos de las vacas gordas marcharon, y su incapacidad de reinventarse para conservar su lugar entre los transformistas del momento le condujo a la ruina y el olvido.

Francisco Morera García, más conocido por su alias Paco España, nació en Las Palmas de Gran Canaria el día 20 de noviembre de 1945, pocos años antes de que Franco introdujera a los homosexuales como ciudadanos a perseguir dentro de la Ley de Vagos y Maleantes (curiosamente, vino al mundo el mismo día que el dictador se fue al otro barrio —aunque 30 años antes—). Tenía carisma ya desde muy pequeño, y más de una vez cantó en las parroquias y los festivales infantiles que se organizaban en su zona, y se presentó en las emisoras locales de su ciudad imitando a Joselito. "Cantaba canciones del cancionero español", explicó acerca de sus primeras inquietudes artísticas. "Estaba muy bien en Canarias, todas las semanas había un programa en Radio Las Palmas los días sábados, y yo siempre estaba de artista invitado".

Con dieciséis años, cuando ya empezaba a darse a conocer en las islas, hizo las maletas y dejó el barrio de La Isleta para probar suerte en Barcelona, donde al principio le rechazaron más de una vez por su aspecto físico. "No fue fácil", contó. "Estuve allí quince días buscando trabajo y no me daban. Me hacían pruebas y todo (como cantante), porque era la única forma; si no, me tenía que meter a fregar platos. Llegó un momento que me vi muy desesperado al no encontrar trabajo [...] En ese tiempo estaba en Barcelona muy de moda el travesti, y yo estaba acostumbrado a vestirme de china en el carnaval de mi tierra, y entonces me dije: 'Si canto, puedo hacerlo vestido de chica'".

Tras superar una prueba para entrar a trabajar en la sala de fiesta ‘Barcelona de noche’, en pleno Barrio Chino, fue contratado (y bautizado como Paco Spain) para regalar copla y cachondeo a los asistentes a aquel local. Al principio, lo hacía vistiendo pantalones (aunque maquillado como una mujer) y ganaba apenas 400 pesetas al día. Al cabo del tiempo empezó a adquirir popularidad en la escena canalla de la Ciudad Condal, donde en los años difíciles del tardofranquismo parecía soplar un mayor viento de libertad. "Las primeras veces me sentí muy cohibido. Me sentía como desnudo en la pista. Salía frío creyendo que hacía el ridículo. Pensaba: '¿Qué necesidad tengo de estar vestido de mujer para hacer esto?'. Pero es que, si no lo hacía, no comía. Poco a poco me tuve que ir acostumbrando y ya me fue gustando", confesaría luego el canario, quien se definía a sí mismo como un hombre bisexual, y acabó enamorándose de una bailarina de su espectáculo con la que tuvo a sus dos hijos, Ricardo y Mariángeles —lo que no impidió que también tuviera sus amantes masculinos—.

En 1975, el propietario de la sala en la que Paco trabajaba decidió llevárselo a Madrid. Allí, el artista pasó cuatro años ejerciendo de presentador y ‘showman’ (primera figura) de la sala de fiestas Gay Club, ubicada en los bajos del Hotel Nacional y con capacidad para casi 500 personas. Los admiradores de Paco, que llegó a convertirse en emblema de aquella mítica discoteca gracias a espectáculos como ‘Loco, loco cabaret’, han destacado siempre su gran capacidad para reírse de sí mismo y lo valiente que fue en su día para atreverse a subirse a un escenario ataviado con ropa de mujer en una época en la que el travestismo podía ser motivo de denuncia de acuerdo con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. "Yo actuaba con Franco, y en el camerino había una bombilla que encendían desde fuera cuando venía la policía al local, y entonces, en vez de vestido, nos poníamos pantalones, pero salíamos a trabajar igual. Al final, la policía nos dejó por imposibles", recordaría el propio artista en una entrevista de 2006.

Con el tiempo, Paco se animó a probar suerte como empresario, lo que hizo que en esa época empezara a recorrer el país con su ‘show’ de transformismo. El artista José Ignacio Galán (Nacha La Macha), que ha estudiado su biografía y recientemente le dio vida en el exitoso musical ‘Paco España, de la gloria al olvido’, sostiene que el canario logró sacar el arte del transformismo de las salas clandestinas de aquella España gris para arrastrarlo hasta los circuitos del ‘mainstream’. “Siempre se decía que Paco era un imitador de Lola Flores, pero él no era un imitador al uso”, comenta a ‘Vanity Fair’. "Paco hacía parodia de Lola, y utilizaba su voz cuando cantaba en directo. Él era un showman. Hacía canciones, algunas compuestas para él (como ‘Guerra pa mi cuerpo’ o su gran éxito ‘Mi vida privada’), y era el número uno en los chistes y la interacción con el público, con esa frescura y esas burradas que otros artistas no se atrevían a decir. El suyo era un humor del pueblo y para el pueblo, e ir a ver un show de Paco España en aquellos momentos era sinónimo de libertad, era ser moderno".

En cuestión de varios años, Paco tuvo ocasión de lanzar discos (alguno de ellos fue grabado en directo en su local de cabecera), hacer teatro y aparecer en varias películas (durante la dictadura, estaba permitido que un hombre apareciese en pantalla o sobre el escenario transformado en mujer, siempre que fuera objeto de burla y escarnio). Cuando el Caudillo murió y el aparato censor desapareció con la aprobación de la Constitución, comenzaron a producirse largometrajes que mostraban la homosexualidad de distinto modo. En ‘Haz la loca... no la guerra’ (1976), por ejemplo, apareció por primera vez un grupo de homosexuales no fingidos que se mostraban orgullosos (Paco España sale en la película dando vida a un travesti llamado Coliflor que interpreta ‘Mi vida privada’ en el Gay Club).

Las canciones del canario pasarían a formar parte del repertorio de otros artistas transformistas. Según explica el profesor Julio Arce en su artículo ‘Paco España y el travestismo escénico durante la transición’, Paco "construyó un repertorio de canciones mediante la apropiación de éxitos convencionales o canciones propias que reivindicaban la libertad sexual, unas veces haciendo uso de la parodia y la ironía, otras sirviéndose del molde de la copla y la canción melódica". Algunos intelectuales de la época presumían de admirar a Paco, cuya obra de teatro ‘Madrid... pecado mortal’ (una comedia musical con música de Juan Pardo) colgó durante un par de años el cartel de no hay billetes en el Teatro Muñoz Seca. Lola Flores acudió una tarde a ver aquella función y, al ver al canario recibiendo risas y aplausos mientras realizaba una imitación de una de sus hijas, se puso hecha un basilisco. Tal fue el escándalo que armó la jerezana (increpando a los actores y al autor del texto), que la representación tuvo que interrumpirse por unos minutos. Por lo visto, el empresario del Muñoz Seca acabó interponiendo una denuncia y, aunque la Faraona fue condenada como autora de una falta de orden público, la sangre no llegó al río y Paco y ella terminaron haciendo las paces.

"Trabajó muchísimo", apunta Galán. "Hubo un momento en Madrid en el que Paco hacía dos funciones de aquella obra y luego, cuando las terminaba, se iba al Gay Club para hacer un espectáculo del cual él era el conductor y la estrella principal. Podía terminar a altas horas de la madrugada, y luego se iba de fiesta a la sala Bocaccio, hasta las mil". Sin embargo, su carrera fue perdiendo fuelle desde finales de los ochenta, a medida que el transformismo clásico empezó a pasar de moda y, tal y como apunta el escritor Alberto Mira en ‘De Sodoma a Chueca’, se fue imponiendo poco a poco "un nuevo repertorio" que prescindía de la copla e "incluía el destape y los travestis hormonados como una alternativa 'moderna' y democrática a los viejos iconos que reproducían los transformistas".

De manera esporádica, Paco continuó haciendo bolos en varios locales de Madrid hasta finales de los noventa. Pero aquel paulatino declive, unido a lo confiado que era y a la mala gestión del dinero que había ganado, fue el principio del fin para él. "Yo llevaba un representante que era mi amante. Era el que manejaba el dinero, y se murió con 52 años. A partir de ahí tuve dos años de depresión, me vi sólo, no entendía nada del papeleo y de repente vi que no tenía dinero ni para pagar la casa", comentó en una de sus últimas entrevistas. "Antes de regresar a Canarias, Paco siguió intentando trabajar en Madrid", apostilla Galán. "Se tiró una temporada en Valencia, donde tenía amigos que le ayudaban, y siguió haciendo galas hasta que ya su cuerpo no pudo más y regresó a Canarias. Tuvo que vender todos los trajes que tenía. Yo mismo le conocí una noche en la discoteca ‘A Noite’, y me ofreció venderme uno de sus vestidos. Se lo quise comprar pero no pude, porque ese día no llevaba dinero encima y ya luego nunca más le vi. Pero mira cómo es la vida que, cuando hicimos público que ‘Paco España, de la gloria al olvido’ se iba a estrenar, se puso en contacto conmigo su hijo Ricardo, quien, después de conocerme, decidió regalarme el único vestido que conservaba de su padre (uno rosa de lentejuelas) para que yo lo tuviera y pudiera usarlo en la función".

Cuidado por su hermana Fefina, Paco pasó sus últimos años entre el dolor de depresión y alguna actuación esporádica en una terraza del Centro Comercial Yumbo. "Ya no era el mismo Paco que había sido, pero sí tengo que decir que no murió olvidado. Él seguía teniendo el cariño de su gente y, sobre todo, de sus hijos. Ricardo estuvo ahí y le ofreció su ayuda, pero Paco no quiso irse a vivir a Barcelona con él y sus nietas, porque no quería ser una carga para él". En 2011, Fefina llegó a ponerse en contacto con la redacción del diario local ‘La Provincia’, con la esperanza de que pudieran prestarle ayuda a su hermano. La periodista que acudió en su busca, Marisol Ayala, pudo constatar que Paco España estaba ya en sus horas más bajas: anímicamente destruido, sin un duro en el bolsillo, y entregado al tabaco y la bebida como refugio. "Hay días que quiero morir. Jamás pensé que un artista como yo terminara así, en la calle, en una pensión, viviendo de la caridad de la gente", le confesó Paco, nombrado Hijo Predilecto de Las Palmas a título póstumo. Unos meses después de aquel encuentro, el 23 de enero de 2012, el artista falleció a causa de un cáncer. Tenía 66 años, cierto aire menesteroso y el corazón cargado de nostalgia.

2021/12/29

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LOS LARGOS TENTÁCULOS DE LA REPRESIÓN DE LAS DISIDENCIAS SEXUALES

Los largos tentáculos de la represión de las disidencias sexuales.
Pablo Morterero | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2021-12-29

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2021/12/29/los-largos-tentaculos-de-la-represion-de-las-disidencias-sexuales/

Candela García fue detenida y encarcelada en Barcelona en los años sesenta por realizar “ademanes de homosexualidad”. Cuando presentó su solicitud para acogerse a los beneficios previstos para las víctimas de la Ley de Vagos y Maleantes y de Peligrosidad y Rehabilitación Social, aprobados durante el gobierno de Rodríguez Zapatero, vio como se la rechazaban, ya que a ella no se le aplicó la Ley de Vagos, vigente en ese momento, sino el artículo de escándalo público previsto en el Código Penal. A pesar de ser detenida y torturada por homosexualidad, a ojos de la legislación actual, no fue víctima del franquismo.

Uno de los errores que hemos cometido desde el activismo LGTBI ha sido no comprender que la represión de las disidencias sexuales (en el pasado y en el presente) tiene un componente sistémico, más allá de tal o cual circunstancia. Y esto viene ocurriendo tanto en las investigaciones históricas sobre la represión durante el franquismo como en las estrategias destinadas a superar muchos de los obstáculos a los que nos enfrentamos.

Cuando estudiamos la represión franquista de las personas homosexuales (gais y lesbianas), bisexuales, trans e intersex, solemos fijarnos en determinadas leyes, como la de Vagos y Maleantes y su sucesora, la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Esta mirada reduccionista nos ha llevado a no observar otras vías por la que el régimen de la Dictadura perseguía la homosexualidad y la transexualidad, como determinados artículos del Código Penal (como el de escándalo público o la diferencia de edad de consentimiento para relaciones homosexuales y heterosexuales) e incluso las actuaciones de los Tribunales de Honor. Pero aun teniendo en cuenta estas normas, seguiremos sin comprender la dimensión real de la persecución.

Y es que debemos partir del hecho (no privativo de la dictadura franquista) del carácter cisendoheteronormativo del sistema que automáticamente expulsaba a las márgenes todas aquellas realidades y comportamientos que no se ajustan a la norma.

Es decir, que la represión franquista no se puede explicar exclusivamente a través de las leyes sino del complejo proceso legal y social (médico, educativo, laboral, deportivo, etc.) que hacía que las personas homosexuales, bisexuales, trans e intersex sufrieran la exclusión, la persecución y, por último, la represión, ya fuese física (terapias y mutilaciones), social (sistema educativo, sanitario, laboral, religioso, etc.) o penal (encarcelamiento, destierros, etc.)

Y esta mirada sistémica debemos extenderla al presente. Cuando en los 70 se luchó por la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, nadie parecía darse cuenta que en los 80 sería el artículo de escándalo público el que nos persiguiera. Cuando se luchó, y consiguió, modificar el Código Civil para permitir el matrimonio igualitario de forma que se evitara cualquier aplicación discriminatoria, no nos imaginábamos que, a la hora de registrar conjuntamente a un bebé por parte de las parejas de hecho de mujeres, se les exigiese estar casadas, requisito no exigible a las parejas de hecho integradas por un hombre y una mujer. O que cuando una mujer o una pareja de un hombre y una mujer van al registro civil consular para registrar a un bebé, nadie pregunta si han sido progenitores por gestación por subrogación, cosa que sí se exige a un hombre solo o a una pareja de hombres.

Debemos aceptar que, tanto ayer como hoy, cualquier interpretación de las normas legales y sociales se hará desde una perspectiva cisendoheteronormativa, que nuestra orientación, nuestra identidad o nuestra corporalidad será analizada y valorada dentro de lo correcto/incorrecto, lo deseable/indeseable, y lo beneficioso/perjudicial. Es decir, no se nos enjuiciará por lo que hacemos, sino por lo que somos.

Por eso no deja de sorprender la convicción de aquellas personas LGTBI que sostienen que ellas no han sufrido ninguna discriminación por su orientación, su identidad o su corporalidad.

Pero nada más lejos de mi intención el promover desde el activismo cualquier tipo de victimismo. Como pedía Séneca a Helvia, no deseemos para nosotros el más despreciable de los méritos, el parecer los más desgraciados.

Pero sí asumir el carácter sistémico de la represión y la discriminación, saber que cuando investigamos el pasado, o luchamos contra una norma, ya sea social o legal, nos enfrentamos solo a uno de los muchos tentáculos de la cisendoheteronormatividad, cuya denuncia y superación debe ser el objetivo final de nuestra lucha.
 
NOTA: Pablo Morterero desconoce por completo el activismo que se mantuvo al margen del reformismo (y, por lo tanto, del poder). Una vez despenalizada la homosexualidad (26 de diciembre de 1978) el caballo de batalla de los colectivos agrupados en la COFLHEE no fue sino el escándalo público, algo incluido en su plataforma reivindicativa. Como muestra, un ejemplo, la denuncia del asesinato de Francis, "un hombre vestido de mujer". Y esa denuncia no fue algo anecdótico sino, digamos, "sistemático". En cuanto al tema de la filiación conjunta de las parejas lesbianas de un bebé, esta discriminación fue denunciada desde el minuto uno por colectivos como EHGAM (testimonio personal), pero fue el asociacionismo institucionalizado el que miraba hacia otro lado (por haberse conseguido algo en unos términos que ni se imaginaban e, incluso nos atrevemos a afirmar, algunas ni lo deseaban, al menos con esas características. Recordemos que en aquel entonces la FELGT estaba presidida por Beatriz Gimeno, pareja de Boti García Rodrigo, pero imperaba una mirada homonormativa (meramente) gay, sin presencia (apenas) de la perspectiva lesbiana y basada exclusivamente en una visión "matrimonialista" y ajena a la igualdad de los derechos. Para añadir: el (largo) tema de las parejas de hecho y que, una vez logrado el matrimonio igualitario, quedó aparcado para siempre. La cuestión de la gestación por subrogación es mucho más reciente y merece capítulo aparte, pero tampoco estaría de más recordar la oposición "feminista" a la reproducción asistida y a la inseminación artificial en los 80, cuando se legalizaban estas técnicas.

2021/09/30

ARTÍCULOS | Gahete Muñoz, Soraya | Ser homosexual durante el franquismo. Su rastro en los expedientes...

Gahete Muñoz, Soraya [Instituto de Investigaciones Feministas – UCM] (2021) [09-30]. Ser homosexual durante el franquismo. Su rastro en los expedientes del Juzgado Especial de Madrid para la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes (1954-1956). Cuadernos de Historia Contemporánea [CHC], 43, 185-200.

Ed. digital: Open Access | Revistas UCM [2021-10-22]

https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/78177

[.es] En 1954 la Ley de Vagos y Maleantes sufre una pequeña, pero importante modificación: los homosexuales son considerados como sujetos peligrosos y sobre ellos va a recaer un control institucional. A este control se le sumará una represión policial y médica con el fin de evitar que “estos comportamientos se contagien al resto de los hombres”. En este artículo se analizarán una serie de expedientes abiertos a hombres acusados de “actos homosexuales” en Madrid (aunque en algunos se recogen también detenciones en otros puntos de España) con el fin de analizar los distintos motivos por los cuales estos sujetos pasaron a ser detenidos y en qué casos la detención derivó en una condena. Gracias a estudios ya existentes en otros puntos como Barcelona, País Vasco o Canarias se podrá comparar si existieron diferencias en cuanto a los criterios de detención y condena en diferentes puntos de la geografía española.

2021/06/28

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | INICIOS DEL MOVIMIENTO GAY Y LÉSBICO EN CANARIAS

Noticia en  Diario de Las Palmas //
Inicios del Movimiento LGTBIQ+ en Canarias.

Yesica Álvarez | Alegando! Magazine, 2021-06-28

https://alegando.com/inicios-del-movimiento-lgtbiq-en-canarias/

La represión de las disidencias sexuales y de género durante el régimen franquista y la transición a la democracia se vehiculan fundamentalmente a través del poder político, religioso y médico del momento. Tomando como guía el fabuloso trabajo de Víctor M. Ramírez Pérez analizaremos en este artículo las causas de aparición y los inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias.

'Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición', editado por Tamaimos, es una obra de investigación nuclear de obligada lectura. A lo largo de sus páginas transitamos por el análisis de la regulación que legalizaba la opresión, los diferentes tipos de represión que se interconectaban y en qué modo se materializaban y cómo, poco a poco, va surgiendo un movimiento de contestación y resistencia a la tiranía del heterosexismo.

Junto con la consulta de archivos, prensa y la recopilación de testimonios, Víctor M. Ramírez Pérez, nos aporta una investigación de enorme valor para conocer de dónde venimos y no perdernos hacia dónde vamos. Es por ello que este artículo, que sintetiza algunas de las cuestiones tratadas en su obra, busca ser un humilde homenaje a su propio trabajo y al de todas las personas que sufrieron y sufren, directa o indirectamente, LGTBIfobia.

La moral nacional-católica ha hecho mucho daño, no estamos descubriendo la pólvora. La unión del poder político con el poder eclesiástico en el franquismo influyó férreamente en las mentes de toda persona educada durante el régimen y tras los primeros años de su desmembramiento. De hecho, la transición y la paulatina consecución de derechos civiles y políticos no supuso la conquista -a su vez- ni de derechos sexuales y reproductivos ni de derechos a la diversidad sexual y de género hasta pasado bastante tiempo.

En este sentido, los propios movimientos y partidos de izquierda adolecían de la misma raíz heterosexista que poco a poco fueron suavizando hasta posicionarse a favor de las reivindicaciones LGTBIQ+. ¡Ya, en pleno siglo veintiuno aún queda mucho por alcanzar!, pero no veas el panorama en el tramo temporal en el que nos situamos: 1954 a 1980 aproximadamente.

Que Dios me libre de un hijo maricón o una hija puta
Antes de entrar al trapo debemos evidenciar unas matizaciones importantes que hacía patentes el autor. La primera de ellas es que hay una latente confusión o falta de identificación de las fronteras entre orientación sexual e identidad de género, lo que provoca que se mezcle y se confunda continuamente homosexualidad y transexualidad. Y la segunda es que, debido a la brutal represión de la sexualidad femenina durante el franquismo, el lesbianismo “no existe”.

La represión a las disidencias sexuales y de género venían de varias vías: la política, la religiosa y la médica, las cuales -a su vez- tenían su espejo en la familia y demás instituciones sociales (como el colegio). La prensa, por su parte, participaba activamente en la misma al difundir una imagen deshumanizada de la homosexualidad por lo que puede considerarse -tal y como lo demuestra Víctor Ramírez Pérez en su obra- un instrumento de propaganda de dicho sistema represivo.

Desde el sistema político dictatorial vieron la luz diversos mecanismos de opresión como fue la modificación de la Ley de Vagos y Maleantes de 1954 que incluyó la homosexualidad en su articulado, la utilización y aplicación a los homosexuales del Código Penal a través del delito de escándalo público, y la aprobación de la Ley de Peligrosidad Social del año 1970 que seguiría vigente durante varios años ya en la Transición. Posteriormente nos detendremos en analizar esta legislación que más bien parece sacada de una historia de ciencia ficción.

Junto a este aparato normativo -y desde el plano ya no de la legalidad sino de la moralidad- se encontraba la Iglesia, una institución sumamente presente -como sabemos- en el espacio público del régimen que promulgó la visión del sexo no-reproductivo como el máximo pecado, al igual que lo era trasgredir los códigos tradicionales entre lo masculino y femenino. En este punto es especialmente gravosa la situación de las lesbianas y hombres transexuales, ya que debido a la ideología nacional-católica a la mujer le era negada su sexualidad y cualquier interés/deseo/expectativa de vida que no se correspondiese con la procreación y cuidado de la prole (incluido el marido, obvio). Esto provocaba ya no solo la represión a su disidencia de facto, sino su práctica invisibilidad al ser sencillamente “impensable”.

Así, y aunque a lesbianas y hombres transexuales no se les aplicaba en la misma medida la legislación que antes apuntábamos, la represión era más sutil pero no por ello menos gravosa. El férreo control mental sobre dichas personas y la imposibilidad de enunciar, nombrar y compartir su realidad provocaba -en muchos casos- que ni siquiera se pudiera materializar o expresar esa disidencia, condenando a la persona a un ostracismo máximo: prácticamente no existían. No obstante, sería falso sostener que no fueron contempladas ya que el Patronato de Protección de la Mujer de la Sección Femenina de la Falange abordó la disidencia lésbica, aunque su labor principal fuera la de rehabilitar a las prostitutas y meter en vereda también a las madres solteras, víctimas de abusos sexuales y chicas “rebeldes” a la autoridad paterna, tal como nos lo cuenta Ramírez Pérez.

Por otro lado, desde la institución médica (con la psiquiatría a la cabeza) se le daría respaldo científico a la represión de las disidencias sexuales y de género bajo la justificación de la condición patológica de las personas homosexuales y transexuales. Así, surgirían numerosas teorías y tratamientos médicos que vendrían a proponerse como solución a la “enfermedad”. Esta idea legitimó diferentes “prácticas médicas” y/o “terapias” que suponían una indudable vulneración de los derechos humanos más básicos y una vulneración total a la dignidad de las personas. Así, por ejemplo, parte de la instrucción del procedimiento en aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes era la obtención de un informe clínico-forense sobre las condiciones psico-físicas y grado de peligrosidad del supuesto homosexual que incluían pruebas físicas de inspección de la zona anal y tactos rectales.

Este ejercicio de la represión desde el espacio político-legal, eclesiástico y médico tenía su reflejo en la familia; institución que se posicionaría como una de las más opresoras al ser la más cercana a las personas. Así, era común oír eso de “lo peor que le puede pasar a una madre es tener un hijo maricón o una hija puta” porque, claro: 1) habías fallado como madre en tu rol de responsable y vigilante de la buena moralidad de tu prole; 2) tu hijo era un enfermo-delincuente-pecador o tu hija una zorra-pecadora que vivía su sexualidad fuera de los márgenes de la Santa Iglesia. Ergo (y esto se le aplica al padre) las violencias en todas sus formas (ejercidas directa o indirectamente) y el escarnio público estaban servidas. Lo que se aplica igualmente a la institución de la educación (aquellos que podían acceder a ella). Así, muchas de las personas disidentes sexuales o de género optaron por abandonar el entorno familiar, los estudios y buscarse la vida como podían.

Clase y disidencias sexuales y de género en Canarias
En el caso concreto de Canarias, el carácter eminentemente rural en los primeros años del régimen franquista y los índices de analfabetismo propiciaban este férreo control social y la consecuente represión de las disidencias sexuales y de género. Es de subrayar que -tal y como nos lo explica el autor de ‘Peligrosas y revolucionarias’–.

Del análisis realizado por Víctor Ramírez Pérez de los antecedentes de las personas detenidas el autor destaca que fueron las clases populares o grupos desfavorecidos los sujetos que más represión (policial-jurídica) sufrieron. Esta afirmación surge de la constatación y comprobación en dichos antecedentes penales de los datos relativos a la zona de residencia de los inculpados, los lugares que frecuentaban y, de manera particular, sus profesiones.

Ello evidentemente no significa que las clases privilegiadas o la burguesía canaria de la época se librasen de la misma, ya que el “clima de terror” y la moral nacional-católica operaba como freno de su identidad y sexualidad, sino que a nivel cuantitativo fue mucho mayor el número de expedientados de clase baja. En Canarias ciertamente se ha encontrado algún procesado de clase media y, de manera excepcional, alguno perteneciente a la burguesía del momento.

Esta procedencia popular de los represaliados por disidencias sexuales y de género en Canarias pudo operar negativamente para dichos sujetos en el caso concreto de la reivindicación de sus derechos procesales. Tanto la Ley de Vagos y Maleantes como el Reglamento que lo desarrollaba establecía un procedimiento judicial en el que el encausado tenía derecho a presentar pruebas a su favor, designar Procurador y Letrado o pedir al Juez uno de oficio, así como interponer recurso ante la Audiencia Provincial una vez dictada sentencia. Sin embargo, había un sentimiento generalizado de que el procedimiento no se cumplía o que ni siquiera había juicio y esta sensación podía ser debido al desconocimiento de la terminología jurídica, a su escasa formación y a su incapacidad a la hora de emprender acciones en su defensa al no entender y al no poseer medios económicos para, por ejemplo, recurrir a un abogado. Y todo ello, evidentemente, sumado al hecho de que con total probabilidad estas personas no eran informadas adecuadamente de sus derechos procesales y que, por tanto, sus garantías procesales eran vulneradas sistemáticamente.

Canarias como una de las mecas de turismo LGTBIQ+
El desarrollismo a partir de la década de los sesenta fue un elemento central como disruptor del discurso heterosexista y sus represiones. El turismo de sol y playa que comenzaba a llegar a las islas supuso no sólo un crecimiento económico importante sino también todo un cambio sociológico que tendría su repercusión en la mente de la sociedad canaria.

La industria turística supuso un cambio en el paisaje con el desarrollo de nuevos núcleos urbanos costeros, nuevos trabajos en el sector servicios y nuevos modelos de hombre y mujer en la figura del turista, que subvertía en muchos casos los cánones de masculinidad y feminidad hegemónica tal cual eran señalados por la moral nacional-católica del régimen.

El boom económico del turismo permitió, en este sentido, que “los homosexuales canarios conocier[a]n por primera vez formas de relacionarse y espacios de socialización muy diferentes de los clandestinos y culpabilizadores encuentros a los que se veían abocados en la que, ya entonces, empezaban a ver como antigua sociedad tradicional” (Ramírez-Pérez, 2019:54).

Fueron surgiendo entonces de manera creciente los llamados “locales de ambiente” y se fueron haciendo populares lugares de encuentro homosexual como, por ejemplo: La Playa de Las Canteras, el Parque de Santa Catalina, el Muelle de Las Palmas y San Telmo en Gran Canaria. Asimismo, era conocido el Puente Serrador en Santa Cruz de Tenerife y los alrededores del Parque García Sanabria como lugares de prostitución de transexuales.

Las salas de fiesta fueron también otro tipo de locales que proliferaron en las capitales isleñas. En estos lugares se realizan interpretaciones o “espectáculos de variedades” donde los artistas se travestían y cantaban. Cada vez más estos espectáculos fueron añadiendo toques “más picantes” y fue en aumento su carácter sexual.

Ni los locales de ambiente, ni las salas de fiesta y mucho menos los lugares públicos arriba mencionados eran lugares seguros para las disidencias sexuales y de género. Las redadas continuaron y eran habituales, pero no deja de ser cierto que el turismo y, sobre todo, sus rendimientos económicos configuraron -o más bien obligaron por gobierno del bolsillo- a una cierta “permisibilidad” nunca antes imaginada para el régimen franquista. Y claro que hubo quienes pusieron el grito en el cielo por las perversiones y la influencia corruptora de esas subversiones venidas de Europa, pero “el money” es el “money” y ahí ya no importa tanto ni el Dios ni la Patria del nacionalcatolicismo.

Por otro lado, mención especial merece el Carnaval. ¡Oh, nuestro amado Carnaval! Esta época de culto a la carne fue suprimida desde 1937 con una Orden Circular del Gobernador General al resto de Gobernadores Civiles y ratificada, posteriormente en 1940 por el Ministro del Interior. La prohibición de celebrar el Carnaval se mantuvo durante todo el franquismo, pero igualmente se celebraba con el nombre de Fiestas de Invierno o bailes de máscaras. Estas fiestas, como momento y espacio de subversión, eran aprovechadas por las disidencias sexuales y de género como resquicios de libertad pese a que el control social y del régimen no se apaciguaba ni en estas fechas.

La respuesta del régimen franquista para contrarrestar tanto vicio y depravación fue la de promulgar la Ley de Peligrosidad en el año 1970, que vendría a sustituir a la Ley de Vagos y Maleantes. Es importante hacer notar que esta ley vendría a ser aprobada en una coyuntura de paulatina despenalización de la homosexualidad en diferentes países occidentales (Suecia en 1944, República Democrática de Alemania en 1968, Reino Unido y la República Federal de Alemania en 1969, el Estado de Illinois en 1961 o Connecticut en 1969).

En el caso del Estado español el avance vino por incluir como entre los supuestos peligrosos previstos los de realizar “actos de homosexualidad”. ¡Guau, todo un avance, sí! Pero es que con la antigua ley (la de Vagos y Maleantes) ya valía la sola sospecha de la condición de homosexual y no era necesario, tan siquiera, realizar algún tipo de práctica. Vamos, que si tenías más pluma de la debida (si es que eso existe) o subvertías algún código normativo de comportamiento o vestimenta, ya te ibas al calabozo.

Esta nueva ley, por tanto, velaba por la moralidad de la sociedad contra determinadas conductas riesgosas. No obstante, y a opinión de Víctor Ramírez Pérez, “la ley tuvo unos efectos inesperados e indudablemente indeseados para el régimen: la activación de un movimiento de reivindicación homosexual inexistente hasta esa fecha en la historia de España”. Y es que la publicación del proyecto de Ley revuelve los ánimos en el movimiento LGTBIQ+ en Canarias que, a partir de ese momento, comenzará a organizarse; primero, de manera clandestina y más adelante, visibilizando sus reivindicaciones en el espacio público.

Inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias
Los inicios del movimiento LGTBIQ+ en Canarias están sobradamente bien narrados en la obra que hemos ido desgranando, pero también podemos encontrar una breve síntesis en el capítulo ‘Pioneros del movimiento sexual en Canarias durante la Transición’ del libro ‘Las otras protagonistas de la Transición: izquierda radical y movilizaciones sociales’. Ambos trabajos son de lectura obligatoria y desde aquí invitamos a su consulta, siendo lo que se expone a continuación -al igual que el resto del presente artículo- un breve trabajo de recopilación de lo explicado por el autor en dichos trabajos.

Víctor Ramírez Pérez (2019:146) nos relata cómo “la llegada de la transición no implicó un cambio radical en la percepción de las disidencias sexuales, ni a nivel político ni a nivel social”. A la muerte del dictador la represión a las disidencias sexuales y de género continuaron y los presos que cumplían condena por aplicación de la Ley de Peligrosidad continuaron en la cárcel, ya que al no ser considerados presos políticos (sino comunes) no les era de aplicación las amnistías.

Así, hubo que esperar hasta 1979 para que los actos de homosexualidad fueran eliminados de la Ley de Peligrosidad y aún así, las disidencias sexuales se seguían reprimiendo por la vía del escándalo público del Código Penal. Asimismo, fue en un tardío 1983 cuando se eximió de responsabilidad penal a los facultativos que realizaban cirugía transexual, ya que hasta ese momento era considerado un delito de lesiones. Además, el primer colectivo de homosexuales reconocido como asociación a nivel formal lo fue en 1980 después de un año y medio de intentos de inscripción que les eran denegados. Fue el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), un colectivo constituido ya desde 1975 con la finalidad de reforzar ideológicamente al Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH). Este movimiento fue conformado en 1972 a raíz de las movilizaciones y resistencias llevadas a cabo en la clandestinidad para intentar evitar que la homosexualidad fuera incluida en la Ley de Peligrosidad Social, que como hemos apuntado fue aprobada en 1970.

El autor llama la atención sobre la falta de cultura organizativa de las disidencias sexuales en España en general, pero de manera particular en Canarias. Este germen en Cataluña poco a poco se fue extendiendo por el resto del Estado español y, también, llegó a Canarias. En aquel momento, el objetivo número uno del movimiento LGTBIQ+ en Canarias era la despenalización de la disidencia sexual.

En Canarias hubo diferentes organizaciones pero las que mayor visibilidad y trayectoria tuvieron fueron el Partido Democrático de Homosexuales de la Región Canaria y, posteriormente el Colectivo Canario de Homosexuales. El primero de ellos no duró mucho pero organizó en Santa Cruz de Tenerife lo que sería el primer acto reivindicativo en contra de la LGTBIfobia. El protagonismo lo tuvieron las mujeres transexuales (recuérdese que homosexualidad y transexualidad se confundían por aquel entonces) y se trató de una concentración en el Parque García Sanabria el 25 de junio de 1978, al que siguió una manifestación. Al acto acudieron según la prensa unas 200 personas. Otro acto significativo fue la celebración de un debate en octubre de ese mismo año en el Colegio Mayor San Fernando.

Por su parte, en Gran Canaria y antes incluso de la muerte del dictador, se había conformado un grupo de personas que buscaban consolidar un espacio de encuentro donde reflexionar y prestarse apoyo mutuo frente a las diferentes represiones que sufrían. Este grupo se denominó Colectivo Canario de Homosexuales y se posicionó como la organización de más trayectoria en la Canarias del momento, llegando a desarrollar “una notable actividad pública a finales de los años 70 y principios de los 80 en las islas de Gran Canaria y Tenerife” (Ramírez Pérez, 2019:186).

Ya en 1979 y 1980 el colectivo gozaba de una base ideológica consolidada que le permitió dar el salto al activismo con perspectiva política y, así, actuar en el espacio público para reivindicar derechos y el fin de la represión y la discriminación. El colectivo se organizaba de manera asamblearia y tenía una postura de izquierda revolucionaria. De hecho, en sus principios se encontraba la idea de que la lucha homosexual estaba intrínsecamente unida a la lucha del resto de grupos oprimidos (como las mujeres y la clase trabajadora) y que de manera conjunta había que librar batalla contra las estructuras de la sociedad burguesa capitalista. Así, la lucha era conjunta contra el heteropatriarcado y el capitalismo. Para el Colectivo Canario de Homosexuales el nuevo sujeto revolucionario eran el movimiento feminista y el movimiento homosexual.

Hay dos textos principales de este colectivo que es puro oro de análisis: “Por un Movimiento Homosexual en Canarias” (sin fecha) y “Se olvida fácilmente...” (este último de 1980 y presentado en el Segundo Congreso del Partido de Unificación Comunista de Canarias, PUCC). En ellos se establecen las bases ideológicas del movimiento.

Esta ideología de izquierdas del Colectivo Canario de Homosexuales era compartida por otros muchos movimientos y partidos. Sin embargo, la LGTBIfobia no era ni mucho menos monopolio de los partidos de derechas y la izquierda (partidos y demás organizaciones populares y obreras) también era machista y heterosexista por lo que integrar (o al menos apoyar) las reivindicaciones de las disidencias sexuales y de género no era tarea fácil. Aun así, bien es cierto que había un acercamiento y diálogo que, aunque insuficiente en los primeros momentos, poco a poco fue calando.

Por otro lado, mención aparte merece el activismo lésbico. Las lesbianas hicieron parte tanto del movimiento homosexual como del activismo político en partidos u organizaciones obreras. Sin embargo, esta doble discriminación (ser mujer y lesbiana) las situaba en una disyuntiva: ¿me posiciono junto a los hombres homosexuales o me sitúo junto al movimiento feminista con el resto de mujeres? Así, las lesbianas organizaron grupos mixtos, grupos específicos o se integraron dentro del movimiento feminista. En 1980 aparece el Colectivo Canario para la Liberación de la Mujer Lesbiana, que se relacionó en estrecha colaboración con el Colectivo Canario de Homosexuales y la Coordinadora Feminista. Sin embargo, tal y como concluye Víctor Ramírez Pérez (2019:210) en su investigación “el activismo lésbico en Canarias fue [...] escaso y poco visible desde el punto de vista de identificación de las protagonistas”.

Finalmente, y tras la celebración del Orgullo de 1980, el movimiento entra en un progresivo declive hasta su disolución. Entre las posibles razones que se arguyen para justificar la desmovilización se encuentra la consecución del objetivo de la despenalización de la homosexualidad al conseguir eliminar la referencia a realizar actos de homosexualidad en la Ley de Peligrosidad Social junto con la necesidad de disfrutar de la libertad conseguida tras tantos años de represión como los vividos. Así, y tras 1980, el Colectivo Canario de Homosexuales va desapareciendo de los medios de comunicación y de la esfera pública.

Conclusiones
‘Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición’ es un riguroso trabajo de investigación de Víctor Ramírez Pérez que debemos leer en su totalidad para entender la dimensión de la interconexión de represiones sobre el movimiento LGTBIQ+ en Canarias en nuestra historia reciente.

La consulta a la prensa del momento, el análisis de los antecedentes penales de los detenidos por homosexualidad, la bibliografía consultada y, sobre todo, los testimonios recogidos hacen de esta obra un trabajo de necesaria visibilización. En esta ocasión hemos querido dar nuestro particular homenaje al autor pero, también, a todas las personas que en el pasado se levantaron contra la represión y a aquellas que hoy han tomado el testigo de esa lucha aún necesaria.

  • Recursos bibliográficos
  • Ramírez-Pérez, Víctor M. (2019) Peligrosas y revolucionarias: las disidencias sexuales en Canarias durante el franquismo y la transición..
  • Ramírez-Pérez, Víctor M. (2018). Pioneros del movimiento homosexual en Canarias durante la transición en Fundación Salvador Seguí-Madrid (coord.) Las otras protagonistas de la Transición. Izquierda radical y movilizaciones sociales, pp. 97-111.

2020/12/24

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | ALFREDO ALARIA, EL BAILARÍN "DIFERENTE" QUE BURLÓ LA CENSURA FRANQUISTA


Alfredo Alaria, el bailarín «diferente» que burló la censura franquista

Eduardo Bravo | Agente Provocador, 2020-12-24

http://www.agenteprovocador.es/publicaciones/alfredo-alaria-el-bailarin-diferente-que-burlo-la-censura-franquista 

En 1962, el bailarín Alfredo Alaira protagonizó Diferente, una película que, en plena dictadura franquista y bajo la apariencia de inofensivo musical, abordaba el tema de la homosexualidad y el homoerotismo.

El 25 de agosto de 1974, diferentes periódicos españoles publicaron un breve en el que se informaba de que el bailarín argentino Alfredo Alaria sería declarado persona non grata, expulsado de España y enviado a Argentina. La razón para esa decisión era, siempre según fuentes policiales, que Alaria carecía de la documentación necesaria para residir en España, motivo por el cual había sido detenido y enviado a la cárcel de Carabanchel. De hecho, siempre según esas fuentes, ya habría sido expulsado unos meses antes, lo que no impidió que el bailarín hubiera vuelto a entrar de manera clandestina en nuestro país.

Unas semanas más tarde, el 22 de septiembre de 1974, otro breve informaba que el bailarín ya había salido del territorio español, al tiempo que se matizaban algunas afirmaciones anteriores. Por ejemplo, se aseveraba que «desde hace varios años, el famoso coreógrafo carecía de ocupación fija y tenía por completo abandonada su actividad artística, que tanta fama le había dado en otros tiempos» y también que, «en consideración a su deficiente estado mental, Alfredo Alaria no ha sido expulsado de España, como se dijo en un principio, sino que ha sido repatriado a la Argentina, su país de origen».

Esa segunda noticia no era del todo cierta. El coreógrafo no carecía de ocupación fija ni había abandonado su carrera. De hecho, en ese momento estaban en cartel con notable éxito de público revistas producidas por el famoso empresario Colsada, cuyas coreografías habían sido creadas por Alaria. No obstante, si la policía, con apoyo de la prensa, tenían tanto interés en calificar al bailarín de vago y de enfermo mental, tal vez fuera porque esas dos características encajaban a la perfección en el tipo penal abierto establecido por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y que tan útil fue a las autoridades para reprimir a, entre otros colectivos, a los homosexuales.

Alfredo Alaria era homosexual. Nunca pudo decirlo abiertamente, pero desde el estreno de ‘Diferente’, la película que escribió y protagonizó en 1962, aquel que quiso entender, entendió. Se trataba de una cinta abiertamente gay, que pasó la censura sin mayor problema, convirtiéndose en una de las mayores burlas sufridas por esa institución represiva. Tal vez por eso, nunca se lo perdonaron y tal vez por eso fue declarado persona non grata. Pero vayamos por partes.

Alfredo Alaria había nacido el 1 de enero de 1930 en Buenos Aires, ciudad en la que comenzó a frecuentar el mundo del espectáculo hasta convertirse, con tan solo diecinueve años, en el primer bailarín de la compañía de Miguel de Molina, cantante español exiliado en el país suramericano por su apoyo a la República y su condición de homosexual.

Posteriormente debutó con compañía propia en el teatro Casino de Buenos Aires, y el éxito obtenido hizo que fuera contratado por el Lido de París, dando así inicio a una carrera internacional que le llevaría por Las Vegas, Egipto, Suiza, Italia, Inglaterra y España, donde estrenó en el Teatro Albéniz de Madrid en 1953. «Anoche se presentó en el teatro Albéniz el “ballet” americano de Alfredo Alaria, que, por su finura, por su delicada presentación, por el buen gusto que está montado y, sobre todo, por el meritísimo elenco de artistas que lo componen, obtuvo un éxito extraordinario», decía ABC al día siguiente de su primera actuación.

Alaria fue todo un acontecimiento en la España de los 50. Además de sus números de baile español y danzas argentinas como el malambo, el coreógrafo creó bailes modernos inspirados en «el vodevil americano al estilo de 1912, el charlestón del año 25, el bugui que se bailaba en el año 35», «una extraordinaria versión estilizada del ‘Bolero’ de Ravel» y, lo que causaba más sensación, los ritmos afrocubanos y exóticos.

Tras el éxito en el Albéniz, Alaria se presentó en salas como Pasapoga, montó una versión de ‘Un americano en París’, actuó en diferentes ciudades españolas, comenzó a colaborar en la producción de diferentes revistas y se abrió paso en el mundo del cine. «Mi vida fue una lucha constante, porque como día a día crecían mis responsabilidades, me entregué sin tregua a mi profesión, pero no fue fácil. Durante más de treinta años me dediqué a trabajar, le robé horas a mi descanso y no conocí los momentos de ocio o esparcimiento. El éxito tiene a veces ese precio tan alto», declaraba Alaria en una de las últimas entrevistas antes de fallecer en 1999.

En 1962, llegaría ‘Diferente’, la obra que marcaría su carrera, no solo por la espectacularidad y belleza de sus números de baile o por la participación de la bailarina y cantante Sandra LeBrocq, sino por ser una película que hablaba de la homosexualidad en plena dictadura franquista.

Si bien el tema no se podía tratar abiertamente, Alaria y Luis María Delgado, el director, trufaron la película de pistas sobre el tema, empezando por el título y siguiendo por la primera escena del filme, un recorrido por una buhardilla bohemia cuyas estanterías están llenas de libros de Oscar Wilde, Hans Christian Andersen, Federico García Lorca o Marcel Proust.

A continuación Alaria y Delgado presentaban al protagonista, un joven enfundado en chaqueta de cuero que caminaba por la ciudad. De buena familia, el muchacho dejaba claro desde el principio que era diferente, que no le gustaba la vida convencional que llevaba su padre. Él prefería ser bailarín, actuar vestido de cowboy con un traje ultraceñido que parece sacado del vestidor de Liberace y salir por las noches a cuevas ‘beatniks’ en las que se bebía, se fumaba y se dirimían los problemas a puñetazos y con navajas.

Harto de la actitud de su hijo, el padre decidía llevarlo con él a ver las obras de un edificio que estaba construyendo y así intentar encauzar al muchacho, aunque lo que conseguía era todo lo contrario. El joven se quedaba extasiado viendo los músculos sudorosos de uno de los obreros que trabajaba con un martillo hidráulico que horadaba la piedra. La siguiente escena, que entraba a corte, mostraba un dedo apretando el botón circular de un timbre. No hay que ser Sigmund Freud para ver ahí penes, pezones, bocas, anos, penetraciones, homoerotismo y mucha, mucha tensión sexual.

La película fue estrenada en diciembre de 1962 en el cine Fémina de Tarragona a beneficio de la Campaña de Navidad patrocinada por Galas de Prensa y el gobernador civil de la provincia, porque no estaba de más tener a las fuerzas vivas de su parte. Al evento asistieron Alaria, LeBrocq, el director Luis María Delgado y, según la crítica del enviado especial de ABC, la acogida fue muy efusiva. «Es ante todo 'Diferente' una película con derroche de efectos plásticos y musicales. Quienes hayan visto a Alaria y sus ballets actuar en una pista, de sala de fiestas o en un escenario, los verá ahora realzados con un lujo de producción que hace que esta película sea no ya notable, sino importante, de una importancia por los medios materiales empleados para el logro de una empresa artística muy poco frecuentes en nuestras producciones cinematográficas. En cuanto a la música, que se debe a Adolfo Waitzman, es cautiva, rica de temas singularmente deleitantes», afirmaba el redactor, que concluía diciendo «La historia, lo hemos apuntado, es lo de menos», no se sabe bien si por intentar despistar la atención de las autoridades sobre el argumento o porque, de verdad, no había reparado en que, en ‘Diferente’, la historia era lo más importante.

Después del estreno de ‘Diferente’, Alaria continuó trabajando en el mundo de la danza, aunque para entonces ya había abandonado el baile para dedicarse a crear coreografías y escenografías para revistas y otros espectáculos. «Cuando se busca la perfección en la dirección no se puede bailar; y yo, que conozco el secreto del “vedettismo”, sé que hay que sacrificarlo para el éxito del espectáculo. Esto es: un espectáculo demasiado bueno puede aplastar a la “vedette”», declaraba a ‘La Vanguardia’ Alfredo Alaira, quien también explicaba el porqué de su interés por abarcar diferentes disciplinas: «no concibo el idear un ballet sin tener en cuenta decorado, vestuario y luces. Por eso yo soy escenógrafo, figurinista y director. Yo, antes de empezar los ensayos, a ciegas, ya he visto el espectáculo».

Después de ser expulsado de España, Alaria se afincó de nuevo en Buenos Aires, donde escribió libretos y actuó en montajes teatrales hasta que, en agosto de 1999, falleció a consecuencia de una hemorragia producida después de una operación de hernia. Tenía 68 años.

2020/10/28

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | MADAME ARTHUR, EL SAMALTINO QUE ROMPIÓ MOLDES ANTES QUE LA VENENO

El travesti salmantino que rompió moldes antes que La Veneno.
Modesto Mangas nació en Villavieja de Yeltes. Conocido como Madame Arthur, fue el primer hombre en travestirse en pleno franquismo triunfado en el Paralelo de Barcelona en los años 60 y 70.
Antonio Casillas | La Gaceta de Salamanca, 2020-10-28
https://www.lagacetadesalamanca.es/provincia/el-travesti-salmantino-que-rompio-moldes-antes-que-la-veneno-BF5117164 

Con la historia de Cristina Ortiz ‘La Veneno’ de plena actualidad gracias a la exitosa serie de Atresmedia, es oportuno echar la vista atrás y reivindicar la historia de los que abrieron ese camino en el momento más difícil, en pleno franquismo. Porque antes de que la palabra transexual llegará al vocabulario y el cambio de sexo fuera una realidad, los travestís pusieron esa semilla. Y es un salmantino el que tiene el honor de haber sido el primero en la historia de España.

Madame Arthur nació en 1923 en Villavieja de Yeltes con el nombre de Modesto Mangas y falleció en Barcelona en 1999.

Eduardo Gión, un inquieto catalán director de cine rescató en 2011 del posible olvido a Modesto Mangas en un documental como un homenaje a una de las figuras más emblemáticas de la Barcelona canalla y del cabaret más absoluto. Un artista que dejó sin palabras a Federico Fellini tras una actuación, al que Franco le concedió la Medalla al Mérito del Trabajo y al que metió dos o tres meses en la cárcel por escándalo público.

Cuentan quienes le conocieron en los cabarets del Paralelo barcelonés y en los bares del barrio Chino de Salamanca que de su aspecto sobresalía su altura y su prominente nariz. “La Modesta”, primero o Modesto L’Alhambra o Madame Arthur, después, exhibía su potente voz, atronadora, patética y desgarrada.

Modesto Mangas reivindicó para sí el título de primer travestido de la historia reciente. “Jamás me he sentido discriminada. Veinte veces que volviera a nacer, veinte veces que quisiera ser Madame Arthur”, dijo en una entrevista realizada en los años noventa en El País.

Ya desde pequeño tuvo un aire ambiguo, tanto en los años de escuela en Villavieja donde le gustaba hacer muñecas de trapo como en los tiempos en Lumbrales en los que organizaba teatros. Su mundo de la farándula comienza a fraguarse en la Compañía “Sonrisas de España” que recorría los pueblos cantando y bailando el cancionero, pero que tuvo que dejar para evitarle males mayores a su madre.

Vuelta a Salamanca y vuelta a un mundo que él no desea. Va fraguando su amor por el espectáculo mientras trabaja en la pensión que sus padres instalan en la zona de María Auxiliadora. “Un amigo de la familia recuerda que cuando los huéspedes hablaban de sus hijos, la madre decía orgullosa “mi hijo es artista”, según la documentalista salmantina Macu Vicente.

Modesto Mangas también dejó su impronta como artista en el servicio militar. “Fui un caso precoz en el arte. Nunca he negado que soy homosexual, y sólo me he tratado como chico cuando he trabajado en sitios que lo requerían, como en la mili, en Valladolid que era primera telefonista del Estado mayor del Aire”, destacó el artista en los años noventa.

De la ópera al cabaret. En la mili, recuerdan sus paisanos, por la noche se envolvía en una sábana y subido en cualquier sitio cantaba ópera a sus compañeros.

En los años cincuenta Modesto regresó un tiempo a Villavieja trabajando como camarero en la fonda. Ya en esa década había empezado su vida artística. “Iba por Villavieja y pueblos de la zona con una compañía ambulante junto a Pepita Gracia, Rosita de Andalucía y Angelito, que era un guitarrista excelente. Sus actuaciones ha dejado un recuerdo imborrable, ponían color y alegría en años oscuros y tristes”, destaca Macu Vicente quien subraya que “Todos lo describían e insistían en su educación, elegancia, seriedad, discreción, agudeza y buen humor”.

En Salamanca. Modesto Mangas trabajó en Salamanca en el café de Los Carboneros, en el cabaret Simu y en el Barrio Chino, entonces el mayor de Europa, en La Terraza, un local con patio y en El Columba, el más conocido, dirigido por Margot y La Mara. “Hasta hace 2 ó 3 años un vecino de Villavieja hablaba con La Mara, ya mayor y le contaba maravillas de Modesto, recordaba las tardes de toros con él y cómo lo defendían y querían las chicas de los locales en los que él actuaba”, añade Macu Vicente.

Estando en Madrid trabajó con Celia Gámez y frecuentaba un bar de copas en la Cuesta de las perdices que era de un salmantino de Bogajo.

Es entonces cuando Modesto Mangas supera una dura selección y entra a trabajar como ayudante de cámara del ministro de la Gobernación.

Un tiempo en el que visita Barcelona, en el que conoce al doctor López Ibor y a Camilo José Cela.

Después volvió al cabaret y viajó a París donde conoció a los primeros travestís. Regresó a España para seguir con su carrera como cantante con empresarios que le pagaban menos de lo que conseguía alternando con clientes.

En Barcelona. El Paralelo de Barcelona fue su sede artística. Empezó como presentador en el cabaret Gambrinus y poco después sorteó la censura vistiéndose de mujer. Era un espectáculo único al que llegaba público de toda España porque en Madrid era imposible realizarlo. Madame Arthur cantaba, bailaba y se metía con la gente y nunca utilizó play back. Fue un camino de éxito saltando al teatro Cirus y al Barcelona de noche, lo más canalla de la ciudad condal nocturna donde sedujo con su arte al mismísimo Federico Fellini. Modesto trabajó con destacados artistas como Pierrot, Pavlosky, Christine o Paco España, entre otros muchos y como Madame Arthur se fue de gira con la compañía Incógnito y visitó la cárcel por escándalo público.

Modesto no volvió más a Salamanca. La última visita a Villavieja fue en 1981 cuando llegó a la plaza en taxi con chófer, abrigo de visón blanco hasta los pies, traje de raya diplomática y botines blancos. Llegaba un triunfador, lo que él fue.

2019/12/26

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | HACE 41 AÑOS SE DESPENALIZÓ (REALMENTE NO) LA HOMOSEXUALIDAD EN EL ESTADO ESPAÑOL

Hace 41 años se despenalizó (realmente no) la homosexualidad en el Estado Español.
Un 26 de diciembre de 1978 se eliminaban de la Ley de Peligrosidad Social (derogada en 1995) los artículos sobre homosexualidad. Esta conquista de la diversidad sexual no es el punto y final que nos han contado, más allá de pactos, leyes y transiciones.
Jorge Remacha | Izquierda Diario, 2019-12-26
https://www.izquierdadiario.es/Hace-41-anos-se-despenalizo-realmente-no-la-homosexualidad-en-el-Estado-Espanol

Hace 41 años una ley española dejó de considerar a la homosexualidad un “peligro social”. Otras leyes que sí lo hacían tardaron más en desparecer. La pelea por el fin de la Peligrosidad Social fue una de las principales demandas de este movimiento LGBTI pionero en el Estado Español y significa la pelea por el fin de las condenas de cárcel y destierro, que rondan las 5.000 entre 1970 y 1978.

La Ley de Amnistía de 1977 había sacado de la cárcel a algunos presos políticos a cambio de imposibilitar el futuro juicio de los criminales franquistas. En 1978 los Pactos de la Moncloa ratificaron la nueva “democracia” de los antiguos franquistas y la izquierda reformista que los blanqueaba. Y todo se hizo con la homosexualidad penalizada, organizaciones LGBTI y feministas sin legalizar y las cárceles llenas de “presos sociales”.

En primer lugar, las personas LGBTI estaban legalmente perseguidas por la Ley de Vagos y Maleantes desde 1954 hasta 1970 (esta ley es de 1933, pero no incluye a “los homosexuales” hasta entonces), por la de Ley de Peligrosidad Social desde 1970 hasta 1978.

Aunque sacar la homosexualidad de la lista de “peligros sociales” parecía un adelanto, provocó que se utilizase el artículo 431 del Código Penal sobre el escándalo público para llevar a cabo redadas y detenciones a personas LGBT, estando este artículo vigente hasta 1988. Así mismo estas condenas existían dentro del ejército, siendo el servicio militar aún obligatorio, pese a ser uno de los objetivos más odiados de la juventud en lucha.

Las cárceles albergaron a personas LGBT catalogadas como “presos sociales”, estando en módulos donde los funcionarios de prisiones habitualmente los prostituían, como en el caso de la Cárcel Modelo de Barcelona o la de Carabanchel en Madrid.

Anteriormente existieron durante el franquismo las “Colonias Agrícolas”: auténticos campos de concentración para homosexuales, y se hallaban en Badajoz, Huelva y Fuerteventura. Por ellas pasaron cientos de personas en condiciones de hambre, trabajo esclavo y tortura, siendo en el caso de Fuerteventura, dirigida por sacerdotes.

Como un primer embrión, en 1970, se funda en Barcelona la Agrupación Homófila para la Igualdad Sexual (AGHOIS), que un año después se renombraría Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH).

En 1972 también surgieron grupos en Madrid y Bilbao, hasta que la organización fue disuelta mediante la presión policial. Sin embargo, en 1975, fundarían también en Barcelona el Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC), así como se articuló en el País Vasco el Movimiento de Liberación Gay Vasco (EHGAM) o en Madrid el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR).

También se creó la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual del Estado Español (COFLHEE). Estos movimientos trataron de mantener una línea anticapitalista y de alianza con los sectores oprimidos y el movimiento sindical en medio de un ascenso obrero y de masas y de una dura represión.

A 41 años de la “despenalización parcial” de la homosexualidad, este no es un logro para sostener este Régimen del 78 que mantiene instituciones de la dictadura en esta democracia para ricos, como la monarquía, las continuidades en el poder judicial, las Fuerzas Armadas o el aparato policial. Aún queda mucho por hacer, no sólo rescatar una historia que tratan de borrarnos cada día en la que se muestra que es luchando como se consiguen los derechos, sino seguir peleando por la total liberación sexual y de toda opresión.

2019/10/18

ARTÍCULOS | Díaz, Abel | Los invertidos: homosexualidad(es) y género en el primer franquismo

Díaz, Abel [Universidad del País Vasco UPV/EHU] (2019) [10-18]. Los invertidos: homosexualidad(es) y género en el primer franquismo. Cuadernos de Historia Contemporánea [CHC], 41, 329-349

Ed. digital: Open Access | Revistas UCM [Universidad Complutense de Madrid]

https://revistas.ucm.es/index.php/CHCO/article/view/66118 

[.es] Durante el franquismo se emplearon diversos mecanismos para penalizar la homosexualidad, intensificados a partir de 1954 con la entrada en vigor de una enmienda a la Ley de Vagos y Maleantes de 1933. La apertura de nuevos archivos judiciales a la investigación ha permitido rastrear los significados que tuvo la homosexualidad como supuesto punible durante estos años. En términos generales, ante la ambigüedad que caracterizaba a esta legislación, el criterio de policías, forenses y jueces se decantó más por castigar la “inversión” en términos de género, que por penalizar el deseo y la práctica homosexuales. El mantenimiento del orden de género y una determinada noción del cuerpo invertido marcarían la evolución hacia una mayor regularización y control del sujeto definido como homosexual.

2019/06/20

LIBROS | Barbancho, Juan Ramón, & Morterero, Pablo | Lo personal es político. Historia del activismo homosexual en Andalucía

Barbancho, Juan-Ramón, & Morterero, Pablo (2019) [06-20]. Lo personal es político. Historia del activismo homosexual en Andalucía. Cádiz : Diputación de Cádiz.

Esta obra recoge un número importante de testimonios de mujeres trans y hombres gais que sufrieron la represión del régimen franquista por su orientación sexual o su identidad de género, así como la investigación de los distintos movimientos homosexuales organizados en el periodo y varias de las acciones homófobas más importantes, sufridas por las personas LGTBI a lo largo de Andalucía. De este modo se incluye en la obra el cierre del cine-club universitario de Granada por la programación de películas de contenido homosexual en 1979, el escándalo de los carnavales sevillanos de 1979, las agresiones homófobas de vecinos del entorno de Plaza de Armas en 1987, las agresiones en Sevilla de grupos de ultraderecha a homosexuales y establecimientos gais en 1990 y 1991, así como el caso Arny.

Se trata de la explicación y resumen de cómo la vida personal se convirtió en objeto de represión política y escenario de pisoteo de Derechos Humanos contra colectivos con orientaciones sexuales distintas a la moral impuesta en la época franquista. La represiva legislación del Régimen estigmatizó a personas homosexuales que incluso fueron tratadas como presos comunes. La obra ha sido editada por el servicio de Memoria Histórica y Democrática de la Diputación de Cádiz. El libro refleja los resultados de una investigación que apoyó la extinta Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía y que, además del estudio historiográfico, incluye un reconocimiento público dedicado a las personas que sufrieron persecución por su sexualidad. Hombres y mujeres cuyas vidas oscilaron entre la clandestinidad, el terror y la mofa social fomentada desde el Estado.

Juan-Ramón Barbancho es doctor en historia del arte, comisario de arte contemporáneo y autor de más de diez libros sobre varias temáticas, entre ellas la represión de la homosexualidad durante la Dictadura, como “Ser tú misma era un delito”. Además. Es, asimismo, vocal de cultura y memoria de la asociación Adriano Antinoo.

Pablo Morterero, es activista LGTBI. Desde 2000, ha participado en varias organizaciones LGTBI, siendo actualmente presidente de Adriano Antinoo. Fue miembro del Comité Organizador de los actos conmemorativos del 40 aniversario de la exclusión de la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Es autor de varios artículos de carácter históricos publicados en revistas especializadas, y de la biografía novelada de Mercedes de Velilla, “Las hojas en blanco de la Velilla” (Camas, 2018).

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...