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2015/11/03

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | LA VIDA EMBOSCADA DE GIL DE BIEDMA

Jaime con su madre, en Nava de la Asunción, en 1956 //

La vida emboscada de Gil de Biedma.

Se publican, por fin, los diarios completos del poeta.
Elena Hevia | El Periódico, 2015-11-03
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20151103/diarios-gil-de-biedma-ineditos-4642811 

Corrían muchas cábalas sobre el famoso diario que Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) dejó en legado a su última pareja sentimental, el actor Josep Madern, y que a la muerte de éste, cuatro años más tarde, pasó a manos de su agente, Carmen Balcells. Se rumoreaba que dada la vida alevosamente nocturna y ‘non sancta’ del poeta, esas páginas debían de estar cargadas de escándalo y detalles explícitos. Pero no. Los ‘Diarios 1956 – 1985’ (Lumen) que mañana llegan a las librerías poco tienen de ello. Lo más escabroso queda para su diario ya conocido, que antes fue ‘Diario de un artista seriamente enfermo’ -expurgado de sus aspectos más conflictivos- y que más tarde, debidamente revisado y ampliado poco antes de su muerte, apareció póstumo en 1991 como ‘Diario del artista en 1956’. En él se mostraba cómo el frenesí erótico de su por fin asumida condición homosexual -tenía 26 años- estalló portentosamente en su visita a Filipinas, islas que visitó en su condición de joven ejecutivo del negocio familiar, la Compañía de Tabacos de Filipinas. Ese diario también se incluye en el volumen debidamente anotado, dialogando con lo diarios posteriores y creando un nuevo efecto lector.

El editor y crítico literario Andreu Jaume, que se ha hecho cargo de esta edición y que además prepara una biografía del poeta, se alegra de que las expectativas más cotillas se hayan venido abajo porque ahora lo que prevalece es el verdadero valor del libro, concebido como una autobiografía intelectual, aunque su intimidad también ocupe un importante lugar en él. Importante promiscuo, ahí están sus aventuras barcelonesas con el escritor afroamericano James Baldwin, por ejemplo, o el filipino Dick Schmitt en una relación triangular con su pareja de entonces, Luis Marquesán. «Lo importante es su reflexión moral sobre estas relaciones intensas», subraya el editor.

El mismo Gil de Biedma explica así, ya cincuentón, en 1978, el porqué de su pudor otoñal: «Siempre que escucho de labios de alguien que pasó los 30 años el relato de una noche de amor tengo la impresión de que me está contando cómo va de vientre».

Sinfonía en cuatro actos
El libro capta a Jaime Gil en cuatro momentos clave de su vida. El ya conocido de 1956. El llamado ‘Diario de Moralidades’, que abarca los años 1959 a 1965 y que sigue en paralelo la composición de ese libro clave que luego se integraría en su poesía completa ‘Las personas del verbo’ -y que ahora, por cierto, se reedita-. El fechado en 1975, un intento fallido de repetir lo que hizo en 1956, y finalmente un malogrado diario de pocas páginas iniciado en 1985 cuando se inicia la enfermedad que acabaría llevándole a la tumba, el sida.

«El más importante, con diferencia, de los diarios inéditos es el de ‘Moralidades’ -estima Jaume-. En ese punto él ya ha averiguado quién es y por tanto lo que le interesa es su camino de indagación poética». Más esquemático que el de 56, en este diario, trastienda de su quehacer poético, el carácter depresivo y autodestructivo del autor va tiñendo de intimidad poco a poco el texto hasta culminar, tras la ruptura con Marquesán, en su ya legendaria quiebra psíquica que le hará abandonar la escritura poética. Las últimas páginas de ese diario son impresionantes: «Podría haberse producido en mí un proceso de desdoblamiento, que me lleva observar el proceso de gradual desmoralización a que estoy sometido y a anticipar el posible desenlace -la desintegración de mi persona-, como un espectador desinteresado. Es algo parecido a ser operado con anestesia parcial».

Ese hundimiento desembocó el que sería su último libro, ‘Poemas póstumos’ -con los definitorios 'Contra Jaime Gil de Biedma’ o ‘No volveré a ser joven’-. «No quiso o no pudo contar más -explica Jaume-. Se derrumbó esa identidad que se había construido y se quedó mudo con el peso de su personaje».

Intentona fallida
Tras el derrumbe, en 1978, y enamorado de nuevo, de Josep Madern, intentó escribir, como lo hizo en el 56, un texto, a modo de renacimiento, que le devolviera a la literatura. Pero ese diario solo le sirve para darse cuenta de que ya no es el mismo. «Su renacimiento fue un espejismo. Gracias al diario se puede constatar que sigue teniendo una sensibilidad enormemente bien organizada, que es un escritor muy bueno, inteligente y lúcido pero también que su ambición literaria está muerta». Y lo que es peor, también ahí constata que no quiere seguir viviendo. Esa constatación desemboca en el diario de 1985 el último en el que el relato de su enfermedad, y de sus últimas lecturas -Henry James- se superpone conmovedoramente a todo. Y antes de llegar ahí, una certeza: «Pero ha pasado el tiempo/ y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir,/ es el único argumento de la obra».

2015/10/31

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | EL SECRETO DE GIL DE BIEDMA

Jaime en Oxford, en 1953 //

El secreto de Gil de Biedma.

Los textos no habían sido publicados por las alusiones personales y las referencias homosexuales. Lumen publica los diarios inéditos del poeta, 25 años después de su muerte.
Josep Massot | La Vanguardia, 2015-10-31
https://www.lavanguardia.com/cultura/20151031/54438506414/secreto-gil-biedma.html 

Han tenido que pasar 25 años desde la muerte de Jaime Gil de Biedma para que sus diarios inéditos vieran la luz. El actor Josep Madern, compañero sentimental del poeta, los depositó en la agencia Balcells, y consideró que las alusiones inmisericordes a personas aún con vida y las referencias homosexuales aconsejaban que no se hicieran públicos hasta pasado un tiempo. A principios de los años 90 su contenido aún abría heridas y Ana María Moix vio frustrado a última hora su intento de publicar el ‘Diario de 1978’ en Lumen. Ahora sí, la misma editorial publicará el 5 de noviembre ‘Diarios. 1956-1985’, con edición de Andreu Jaume.

El libro rescata el único diario publicado hasta ahora, ‘Retrato del artista en 1956’, y añade los diarios de 1959-1965, el célebre de 1978 (que es el más elaborado) y el de 1985, cuando ya estaba enfermo de sida. "Me preocupa -escribe el poeta desde París- el regreso a Barcelona, la tensión nerviosa de aguantar constantemente el tipo, de hacer frente a los rumores durante meses y meses, de esa tensión de la que me sentí aliviado cuando ingresé aquí. Mantener mi enfermedad en secreto, salvo para unos pocos íntimos, me parece cada vez más difícil". Gil de Biedma jugó hasta el fin de sus días -murió el 8 de enero de 1990, poco después que su madre y que Carlos Barral- la paradoja vital de proceder a una indagación interior sobre sí mismo (poeta, homosexual, miembro de la burguesía, alto ejecutivo de una multinacional, antifranquista) y vestir, al mismo tiempo, una máscara social en el trabajo (Tabacos de Filipinas), con su familia y con su entorno no literario.

Los diarios de los años sesenta son esenciales, en primer lugar, para revelar las claves de su obra poética. Andreu Jaume, que prepara una biografía del poeta, consigue que las notas a pie de página que acompañan el texto sean tan entretenidas y ágiles como ilustrativas y documentadas. Por ejemplo, un irónico acuse de recibo de un dolido Jorge Guillén al libro que le dedicó Gil: "Que alguien dedique a la poesía de Jaime Gil de Biedma un libro similar al que ­Jaime Gil de Biedma ha dedicado a la poesía de Jorge Guillén". O las pullas a Juan Goytisolo, los hermanos Panero o la fuga de Boa­della cuando fue detenido por el espectáculo ‘La Torna’.

Gil de Biedma, de cultura anglosajona, se sirve de los diarios para "adiestrarse en literatura" y también para encontrar una prosa de la intimidad y de las emociones que la pacata tradición española había negado y reprimido. "La sexualidad en general y la homosexualidad en particular -dice Andreu Jaume- no han tenido aquí un lenguaje que no estuviera profundamente impostado, cuando en Inglaterra y al menos desde el siglo XVIII nadie se escandaliza del contenido de los diarios íntimos".

Gil de Biedma es el burgués clásico, el ejecutivo que trabaja ocho horas diarias y el poeta promiscuo, ebrio, nocturno e izquierdoso. Todo a la vez, con todas sus contradicciones, sin distinguir el personaje que vive y el que escribe. En 1962 firma una carta contra la represión de una huelga minera en Asturias que le ocasiona una bronca familiar y casi el despido de Tabacos de Filipinas. Oscila del orden al caos y cuando cae en el exceso de alcohol y sexo, promete enmendarse y en seguida se desdice. La crisis existencial de Gil de Biedma se ve de forma más descarnada en sus cartas (‘El argumento de la obra’, Lumen). En los diarios es una queja constante desde 1956. Fue el año en que Jaime Gil tuvo una grave crisis que llevó latente como una carga de profundidad a lo largo de su vida, con intermedios de sosiego, aunque en 1966 se salvara de su etapa de crisis más grave, en casa de Gustavo Durán, en Aleneo, Grecia, el singular militar republicano y músico, amigo de Kavafis, al que vio como un segundo padre, como antes, en sus años de estudiante en Oxford, cuando se preparaba para la diplomacia (falló el examen de composición y cultura castellana), había considerado a Alberto Jiménez Fraud y a Natalia Cossío.

Gil de Biedma se ve a sí mismo, descarnado de los maquillajes del autoengaño, como si se hubiera corrido una cortina para mostrarle la verdad. "Saber que mi angustia de hoy no es otra cosa que la factura que pago por un día hermoso y feliz de fin de semana, debería servir al menos de alivio, pero no: cada vez que pago lo hago de buena fe, convencido de que al pagar me arruino para siempre", escribe. Y también: "¿Por qué huyo y de qué, lo ignoro. Quizá de alguna decisión moral: en el fondo de mi conciencia parece serpear la insinuación de que soy cobarde". Y más aún: "Parece haberse producido en mí un curioso proceso de desdoblamiento, que me lleva a observar el proceso de gradual desmoralización a que estoy sometido y a anticipar el posible desenlace -la desintegración de mi persona- como un espectador desinteresado. Es algo parecido a ser operado con anestesia parcial".

Andreu Jaume dice que Gil de Biedma inició un proceso de autodestrucción lento, progresivo e irreversible. El pavor por el paso del tiempo y la muerte es su música de fondo. ¿Cuál era su demonio interior? "La tensión constante entre la vida sensata, la realidad y la irrealidad. Jaime Gil -dice Jaume- se construye un mundo de irrealidades en lo íntimo, lo político y lo estético que, de repente, se derrumba, se da cuenta de que era absolutamente ficticio, de que no existe. A partir de ahí, tras su viaje a Filipinas y la sensatez pasiva de la que hablaba Gabriel Ferrater, se ve incapaz de construir otro mundo". Ese ser sensatos, decía Ferrater, sin tener razones para serlo.

La actividad sexual de Gil de Biedma es frenética y no le sacia ni evita su angustia. Quiere conciliar el amor duradero y el carnal efímero. En los diarios se explica la génesis de su mejor poema, ‘Pandémica y Celeste’, en el que según Jaume, intenta establecer una ética de la infidelidad y un amor sostenido en el tiempo, inspirándose en los versos de Catulo, el poeta latino que lee ávidamente en Deià, un canon que dejó de existir en Europa desde los trovadores. "Quiere demostrar que se puede estar profundamente enamorado de una persona toda la vida y serle constantemente infiel". Los trescientos amantes del poema de Catulo ("que viva y disfrute con sus amantes/ de los que abraza a trescientos a la vez/ sin amar a ninguno aunque una y otra vez a todos/ les rompa las caderas") quedan tal vez cortos según las referencias que Gil de Biedma anota en sus diarios, y el amor que consta más duradero es Luis Marquesán, antes de Josep Madern.

En 1985 el poeta contrae el sida y muere cinco años después. Madern, en 1994. Jaime Gil hacía tiempo que había dejado la poesía. Lo explica en su último apunte de 1978: "Nada más triste que saber que uno sabe escribir, pero que no necesita decir nada de particular, nada en particular, ni a los demás ni a sí mismo". No quería ser como Jorge Guillén o Vicente Aleixandre. En su final, caricaturas de sí mismos.
  • Fragmentos 
  • (Tàpies). Resulta verdaderamente irónico advertir cómo la estación final de llegada de los "no figurativos" es nada más y nada menos que el ‘trompe l'oeil’ y las artes aplicadas -lienzos que son muros manchados y agrietados, puertas viejas, huellas de zapatos, arenas de playa, todo perfectamente imitado. La verdad es que para este viaje no necesitábamos alforjas.
  • Los días en Formentor me han dejado mal sabor de boca, como casi siempre me ocurre con las reuniones de literatos. Para sobreponerme a mi timidez, bebo, y cuando bebo enseño los peores matices de mi persona. Luego, después, temo una visión de mí mismo que me inspira verdadero disgusto, y miedo, además, de que sea la verdadera.
  • La realización de ese imposible ideal de felicidad inmediata que, según Auden, duerme en el interior de todo animal humano, "getting drunk before noon and jumping naked from bed to bed" (“emborracharse antes del mediodía y saltar desnudo de cama en cama") .
  • Ayer me encontré con una nueva citación del juzgado militar y con la ingrata sorpresa de que las actuaciones contra Goytisolo, Carbonell y yo, que después de cada declaración doy siempre por suspendida, siguen adelante... Se me olvidaba apuntar las inculpaciones que se me hacen, o por lo menos la más graciosa, la de ser un activista catalanista y pertenecer a la Federación Universitarios Catalanes.
  • Lo mío es que ni siquiera tengo ambición de poder literario; el deseo de hacer una carrera no me roba ni un minuto. 
  •  Fragmentos (parte 2)
  • Juan (Goytisolo) era hace veinte años un malísimo escritor, cuyas novelas sólo hacía interesantes una cierta capacidad de fabulación y de creación de tipos disparatados que uno esperaba ver un día mejor empleada. En cambio, salir con él por la noche, recorrer bares y tugurios del distrito quinto era divertidísimo... Tenía una cualidad... que para sus compañeros de bureo nocturno resultaba impagable: bastaba que él entrara en un local para que toda la consuetudinaria fauna: camareros, putas, limpiabotas, chulos y floristas, empezaran a comportarse de una manera insólita y disparatada.
  • Felicidad (Blanch) es un personaje complicado y está muy bien: el único peligro es que anden por allá sus hijos, los tres hermanos Catafulco, que son un verdadero horror (Juan Luis, Leopoldo y Michi Panero)
  • Y por si fuera poco, están los habituales y estúpidos deberes de la necesidad erótica: te echo siempre de menos, pero mucho más después de acostarme con alguien, sobre todo, curiosamente, cuando lo he pasado bien.
  • Lo malo de las mujeres –para un ser humano civilizado, me refiero, que quiere que su pareja disfrute– es que tarden tanto en llegar al clímax. Hay momentos en que, a pesar del cansancio, uno se siente a punto para un poco de sexo; luego llega el dilusorio pensamiento de que para dejar a tu pareja satisfecha tendrás que trabajar unos quince minutos y decides que después de todo es mejor abstenerse.
  • Esto de vivir en una sociedad en que la obscenidad ritual no está aceptada resulta una desventaja demasiado grave.
  • Mi felicidad no es otra en el fondo que la de querer y que me quieran, sumada a la de encontrarnos el uno con el otro, inesperadamente rescatados de la rutina urbana, sin nada que hacer más que disfrutar del intermedio.
  • Lo que define la calidad de nuestra vida intelectual no son las ideas en que nos complacemos en formularla, sino el tipo de relaciones que mantenemos con ellas.
  • (Ya enfermo de sida) Empiezo a hacerme ilusiones de salir adelante y estos dos últimos meses me he sorprendido algunas veces pensando en el futuro. Eso está bien, pero también es peligroso; cuando el momento de ilusión pasa, el miedo lo resisto peor.

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | JAIME GIL DE BIEDMA: "MANTENER MI ENFERMEDAD EN SECRETO ME PARECE CADA VEZ MÁS DIFÍCIL"

Jaime se autorretrata en 1956, en Nava de la Asunción //

«Mantener mi enfermedad en secreto me parece cada vez más difícil»

Víctor Fernández | La Razón, 2015-10-31

https://www.larazon.es/cultura/mantener-mi-enfermedad-en-secreto-me-parece-cada-vez-mas-dificil-OJ11090907/ 

Se publican los diarios inéditos de Jaime Gil de Biedma, textos en los que el poeta habla sin tapujos de la creación de su obra literaria y del tratamiento que para tratar el sida, la enfermedad que acabó con su vida.

Procedente de Barcelona, el 21 de octubre de 1985, un enfermo del hospital Claude Bernard de París, ingresado primero bajo el nombre falso de Jaime Costos Sánchez y luego simplemente como «monsieur X», comenzó a escribir un diario. Era una manera de dejar constancia del tratamiento que iba a recibir después de que ese verano le fuera diagnosticado un sarcoma de Kaposi, primer síntoma del sida, por entonces una enfermedad poco conocida y con esacaso tratamiento médico. El paciente estaba expectante porque, «formado en la época de la penicilina como panacea universal, inevitablemente concibo el tratamiento experimental y precario que estoy siguiendo como una incógnita a despejar en pocas semanas: o me muero o sobrevivo, pero de una vez». A ello se le sumaba otro problema, el de «la tensión nerviosa de aguantar constantemente el tipo, de hacer frente a los rumores durante meses y meses, esa tensión de la que me sentí tan aliviado al ingresar aquí. Mantener mi enfermedad en secreto, salvo para unos pocos íntimos, me parece cada vez más difícil. En lo uno y en lo otro, si salgo adelante, será por el canto de un duro».

Jaime Costos Sánchez era el seudónimo de Jaime Gil de Biedma y estos fragmentos están extraídos de uno de los libros más esperados de la temporada, una obra que ha sido objeto de especulaciones y todo tipo de rumores desde que su autor murió. El próximo 5 de noviembre llegará a las librerías «Diarios 1956-1985», un volumen preparado con gran rigor por Andreu Jaume, estudioso del poeta barcelonés, y publicado por Lumen. Se recogen por primera vez, junto con el ya conocido «Retrato del artista de 1956», una serie de dietarios inéditos que nos recuperan lo mejor de la voz de un autor básico para comprender la literatura española de la segunda mitad del siglo XX. Procedentes del archivo de Gil de Biedma, guardado por la agente literaria Carmen Balcells, son otros materiales que forman esta obra: un extenso dietario que abarca entre 1959 y 1965, una de las etapas más sólidas creativamente del autor de «Las personas del verbo»; otro redactado en 1978, cuando trata de volver a escribir y, finalmente, el ya citado de 1985. Todo ello forma un ciclo autobiográfico de primer orden.

Una de las particularidades de la obra es que nos permite conocer el taller de escritura del poeta. Las páginas redactadas entre 1959 y 1965 nos ayudan a entender su manera de trabajar, el esfuerzo del poeta. Por ejemplo, el 19 de noviembre de 1963 comenzó a trabajar en el poema «Apología y petición»: «En mi proyecto de sextina, que cada vez me tienta más, aunque no sé si por razones extrapoéticas –i. e., la de hacer un tour de force que deje con un palmo de narices a los aficionados y a los críticos para quienes el tipo de poesía que yo hago constituye un síntoma evidente de incapacidad formal o de completa despreocupación».

En este sentido, también merece la pena destacar los momentos en los que habla de la elaboración de su ensayo «Cántico. El mundo y la poesía de Jorge Guillén», aunque el resultado final no fuera muy del agrado del autor de la Generación del 27.

También nos encontramos con un Gil de Biedma que habla sin tapujos de su homosexualidad, de sus relaciones con Luis Marquesán o Josep Madern. Este último, muerto también por sida en 1994, aparece reiteradamente en las páginas del diario de 1978, que se inicia con una bronca entre los dos amantes el día de fin de año en Ultramort, la finca ampurdanesa de Gil de Biedma. «Josep y yo, cada cual por su lado y los dos juntos, hemos sido envidiablemente felices. Quizá yo más que él, porque a las once de Nochevieja, cargado de whiskis y de sueño atrasado, y probablemente colapsado por un porro que no debí fumar, huí a la cama, dejándole con un palmo de narices, veinticuatro uvas y dos botellas sin abrir. Pero si sabe cabrearse bien –y es una cualidad suya que me gusta–, también sabe deponer luego las armas con gracia, en el justo momento. Ayer a mediodía, cuando sentados al sol nos bebimos la botella de champagne –sin uvas porque no las pedía ya la hora–, otra vez éramos la primera pareja reinante en la mejor de las Sodomas posibles».

El renacer de Barcelona
Tampoco falta el compromiso político y social de un poeta que nunca permaneció mudo ante la realidad de su país. Resultan especialmente conmovedores los pasajes en los que Gil de Biedma habla del renacer de Barcelona en los primeros meses tras la desaparición de Franco. La reflexión le surge mientras pasea por las calles de los viejos barrios de la capital catalana. En su dietario anota que «de todos los beneficios del cambio en nuestro país –tras la defunción del ya remoto Invicto– ninguno tan inmediatamente palpable, emocionalmente y personalmente remunerador como la recuperación de los barrios populares por sus gentes. Nada nos hace realizar de una manera tan incomparablemente directa la felicidad de la muerte de la dictadura».

Es un poeta desesperado por vivir la vida al máximo, beberse hasta la última gota de la noche en encuentros que son muchas veces una celebración de la amistad. Porque los amigos no le fallan y, por eso, en los diarios no pueden faltar nombres como los de Carlos Barral, Gabriel Ferrater, José Agustín Goytisolo o Juan Marsé.

Podemos también conocer de primera mano sus impresiones hacia todo tipo de lecturas, desde Cernuda a Nabokov: «He empezado a leer “Lolita”, un libro sobre el que me gustaría escribir. Divertido y nada casual parentesco entre Humbert Humbert y Alfred J. Prufock (...). El personaje, en realidad, deambula por buena parte de la literatura tardía en tradición simbolista. Es el equivalente de Charlot en la clase media educada y ex acomodada». Interesante son sus impresiones sobre Mario Vargas Llosa: «Los Vargas –él y ella, ligeramente mayor que su marido– son personas muy simpáticas, con esa especial fineza de los peruanos, un sí es no es dieciochesca».

2003/01/06

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LOS DEDOS ROSADOS DE LA AURORA

Los dedos rosados de la aurora.
Miquel Barceló [i Perelló] | El País, 2003-01-06

https://elpais.com/diario/2003/01/07/catalunya/1041905241_850215.html 

Debió de ser en junio de 1957. Las noches eran cortas y entraba pronto la aurora con sus dedos rosados. Por la empinada calle de Muntaner bajábamos, crepusculares, hacia el mar. No recuerdo si éramos cuatro -Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Luis Marquesán y quien ahora lo cuenta- o cinco o alguno más. El tránsito hacia el puerto era lento y lleno de episodios. Uno de ellos, acaso el más prominente, por lo menos aquella vez, había sido la cena, donde se apuraron bebidas y chismes desasosegantes, como noticias de muerte repentina. El camino hacia las Ramblas pasaba entonces por el bar librería llamado Cristal-City, en la calle de Balmes, justo por encima de la plaza de Molina, cerca de donde vivía el atildado "monstruo de sanjuanistas", de apariciones sujetas a un severo pero insólito horario. No recuerdo si continuó con nosotros o se separó para proseguir sus domésticas torturas. De todas, ésta era la estación más formal o, al menos, de la que quedaba mayor iluminación, mejores detalles. Las que venían a continuación eran confusas, tanto que resultaba imposible, incluso, recordar el orden en que se sucedían.

Se hacía más negra la noche, el paso vacilante y más terca la discusión de dónde debía ser la próxima parada. Estaban los bares de los callejones cercanos a la plaza Real, la Posada del Mar, por ejemplo, que acogía a Agamenón y a Ulises y a otros exiliados griegos innombrables. Y también había locales de menos ambiente a lo largo del final de las Ramblas, alguno llamado intraduciblemente The Beachcomber's y de evidente fundación por un poeta inglés seriamente afeminado, visitante ocasional de la ciudad. No recuerdo qué hicimos aquella noche. Sí recuerdo, como en trazos sin orden depositados, el ruido compacto, acompasado, de los paseantes demorados, las quietas luces de los quioscos y el olor del mar, cada vez más cercano. No debía de ser muy tarde aquella noche porque recuerdo que todavía circulaban soldados de permiso y se agrupaba la gente en los bordes de la acera, sin pasar. Por los balcones abiertos salían olores de cocina y pedazos de conversación alguna vez desdeñosa.

Ignoro cómo fuimos a parar allí, al bar circular, de cristales y madera, plantado en el costado izquierdo de las Ramblas, batidas ya por la brisa marina. Lo recuerdo vivamente. Ahora nos acercamos a él en dos grupos, Jaime, Luis y yo en el primero, con paso de legionario, como hace notar Jaime. Ligeramente rezagado va Carlos chupando de un cigarrillo entre los dedos mientras mantiene el codo a la altura de su boca. Va solo midiendo su caminar como si anduviera en la cubierta de un barco ballenero. Más atrás, tambaleantes, vienen dos sombras. Un hombre medianamente joven doblado sobre sí mismo nos impide el paso. Con la vista fija en el suelo y con los dedos separados de la mano derecha, como si cantase o maldijera, grita "¡búlgaro, búlgaro!": ¿qué significa la imprecación? ¿Quién conocía entonces un búlgaro? ¿Qué turbia reconvención escondía la extraña voz? Entramos y recuerdo la turbación de Carlos.

Ahora, de improviso, nos dirigimos hacia un chiringuito de Montjuïc. Ya han aparecido los dedos rosados de la aurora. Se ve el mar azul abajo con un fondo de nubes radiantes tapando la línea del horizonte. Entramos. Hay pocas mesas ocupadas. Formamos parte de los primeros clientes que buscan en vano prolongar una noche que sus mismos cuerpos rechazan. Las paredes son blancas y huele a limpio. Se oyen voces sosegadas y nos miramos cansados como después de cumplir un farragoso trámite. Pedimos de beber. De repente alguien abre la puerta y aparece recortado a contraluz en el umbral. Brevemente detenido, como si viniera de un largo recorrido, da, por fin, un paso adelante y lo vemos. Tiene el pelo untuoso con una gran onda balaceándose en su frente. Lleva una camiseta imperio que se ajusta a sus carnes sin rastro de musculatura. Pasea por los clientes sentados unos ojos henchidos de melancolía. Con gruesa voz grita: "¡Ponme medio litro de menta que todavía se la tengo que chupar a mi Antonio!".

Nos callamos todos. La fría luz entra por la puerta. En el silencio se oye correr el agua del grifo en el fregadero. La voz del camarero repite monótona la orden: "¡Un vaso de menta para Manolo que todavía se la tiene que chupar a su Antonio!".

Vuelven a hablar los clientes. Jaime echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos, sonríe levemente y musita: "Isaías, 4-6".

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...