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2019/03/22

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | DAVID WOJNAROWICZ: UNA FÉRTIL PARANOIA

David Wojnarowicz: una fértil paranoia.
Una exposición reúne la fotografía del versátil artista norteamericano, cuya obra resuena en tiempos de incertidumbre política.
Gloria Crespo MacLennan | El País, 2019-03-22
https://elpais.com/cultura/2019/03/20/babelia/1553082043_468844.html 

Durante la década de los ochenta, en las maltrechas calles del Lower East Side neoyorquino, una generación de inmigrantes, artistas y marginados buscaba su lugar en el mundo alejada de una sociedad intolerante, a la que sin duda alguna contribuía a enriquecer. En este núcleo de efervescencia de la cultura ‘underground’ encontró David Wojnarowicz (1954-1992) su voz, y la alzó como figura central. Veinticinco años después de su muerte, la obra del polifacético autor está siendo revisada dentro del canon del arte contemporáneo más allá de la etiqueta de contestatario artista gay. El Whitney Museum abrió la brecha, tras dedicarle una gran retrospectiva que llegará al Reina Sofía a finales de mayo. Mientras, el KW Institute of Contemporary Art de Berlín exhibe 'David Wojnarowicz. Photography & Film 1978-1992', donde a través de 150 obras (que incluyen fotografías, películas en 16 mm y super-8 y vídeos) se profundiza en una obra “tan sumamente personal como fuertemente política”, tal y como la describe su comisaria, Krist Gruijthuijsen.

Wojnarowicz fue el paradigma del ‘outsider’. Descreído ante cualquier tipo de institución, lo suyo eran los márgenes, la búsqueda de la belleza en medio de la fealdad, un grito de ira contra la injusticia y la discriminación, en una época en la que el sida, categorizado como un azote divino por algunos sectores de la sociedad americana, diezmaba la comunidad gay. También acabó con él. A los 37 años dejaba tras sí cientos de obras de arte donde exteriorizaba su rabia y dolor a través de la fotografía, el cine, la pintura, la ‘performance’, así como la escritura. “El infierno es un lugar en la tierra. El cielo es un lugar en vuestros corazones”, escribía el artista. “La furia y la desconfianza que manifestaba el artista con respecto a la negligente actitud del gobierno de Reagan en los ochenta resuena en la política actual, donde se ponen en marcha estrategias similares”, señala la comisaria. “Utilizó su voz de artista para luchar por una causa y enfatizó que lo personal es ciertamente político”.

Nació en Nueva Jersey. Su infancia estuvo marcada por la soledad, la violencia y el abandono. Tras el divorcio de sus padres se trasladó a Nueva York con su madre. Pronto comenzó a pasear por los lugares más sórdidos del extrarradio de la ciudad. A los 12 años un hombre le pagó por tener sexo, sería el comienzo de su experiencia como chapero. Estudió en el High School of Music and Art de Manhattan, pero nunca se graduó. A los 17 años abandonó la casa materna. La calle se convirtió en su hogar; la cocaína, y más tarde la heroína, en su refugio. La vida sin un techo era sinónimo de libertad para su alma indómita. El arte y el sexo se convirtieron en el motor de su vida. Ambas llevaban implícito el riesgo. Siempre se consideró un superviviente en lucha con su instinto de autodestrucción. “¿Qué significa que tu deseo sea ilegal? Miedo, frustración, ira, sí, pero también un despertar político, una fértil paranoia. Mi homosexualidad fue una cuña que lentamente me distanciaba de una sociedad enferma”, escribió.

Trabajó junto a Keith Haring de camarero. Tuvo una banda, 3 Teen Kill 4, donde los sonidos interpretados con juguetes de niños se mezclaban con sonidos grabados indiscriminadamente. A principios de los setenta, realizaría una serie de fotografías en blanco y negro, donde posaba o hacia posar a sus amistades con una careta del poeta Arthur Rimbaud en distintos lugares de la ciudad. Estos estaban relacionados con sus experiencias personales. Yuxtaponía anacrónicamente el tiempo, el espacio y la actividad, relacionando la identidad del poeta simbolista con la suya propia.

“Mi hermano, mi padre, mi lazo emocional con el mundo”. así se refería Wojnarowicz a otra figura, fundamental en su vida: su amante y mentor el fotógrafo Peter Hujar. “Fue él quien le indujo a convertirse en un artista visual, destaca Cynthia Carr, su biógrafa, autora de 'Fire in the belly. The life and times of David Woijnarowicz'. “Por aquel tiempo practicaba fundamentalmente el dibujo. Había publicado su primer libro, 'Sounds in the distance', una serie de monólogos de los personajes marginados que iba encontrando en sus viajes. Ya había finalizado la serie de Rimbaud pero no se consideraba un artista visual. Hujar consiguió incluir una de sus obras en una exposición comisariada por un conocido, en la que participaban Julian Schnabel y David Hockney. Así comenzó a producir más obra y pasó a ser representado por una de las galerías del East Village”.

Con frecuencia la fotografía constituyó la base de su obra, que a veces combinaba con otros medios. Muchas veces la practicaban en colaboración con otros artistas. “Eran pocas las veces que podía contar con un laboratorio o tener el suficiente dinero para alquilar uno”, recuerda su biógrafa. “Cuando murió Hujar, se trasladó a su apartamento donde había un cuarto oscuro, lo que le habilitó a indagar más en el medio”. Hujar murió de sida en 1987. Wojnarowicz filmaría y fotografiaría entonces su cabeza, sus manos y sus pies. El vídeo ‘Fragments for a film about Peter’ incluye parte de este material y supone un duro testimonio, tan crudo como tierno. “Hujar era lo más importante de su vida. Tenía mucha influencia sobre él. Consiguió alejarle de la heroína. David le cuidó hasta el final”, cuenta Carr. “Cuando la gente que le rodeaba empezó a enfermar y fue consciente de su lucha por mantenerse vivos, se dio cuenta de que no podía seguir relacionándose con gente autodestructiva”. Meses después de la muerte de Hujar, Wojnarowicz fue diagnosticado también de sida.

Uno de los motivos que llevó a Carr a escribir la biografía del artista fue “querer mostrar a las nuevas generaciones lo que supuso la epidemia. Creo que la gente joven no sabe lo que fue. Es difícil imaginarlo”, afirma. Pero también quiso profundizar en la escena artística de East Village y las guerras culturales. “Wojnarowicz fue una figura central en estas tres vertientes. Fue objetivo de la censura junto con Mapplethorpe y Andrés Serrano. Por aquel entonces la derecha quiso suprimir las ayudas de la National Endowment for the Arts (Fundación Nacional para las Artes), y la Asociación Americana de la Familia le acusó de inmoral por utilizar la figura de Cristo pinchándose como un yonki en una de sus obras. Mi opinión es que utilizó la figura para destacar la cercanía tanto de Cristo como de sí mismo con los marginales y desfavorecidos”.

La exposición también incluye la serie ‘Untitled, the sex series (for Marion Scemama)’ (1989), compuesta por fotomontajes en blanco y negro donde se yuxtaponen imágenes de sexo inscritas en un círculo sobre distintos paisajes. El círculo hace referencia a las imágenes captadas a través de prismáticos o telescopios en clara alusión a la injerencia del Estado y la Iglesia en la vida privada. “Fueron varios los que pensaron que este trabajo no había sido realizado por el artista, debido a la complejidad que implica en el laboratorio”, dice Carr. “Pero tenía un talento increíble. Y era muy carismático. La gente gravitaba a su alrededor en busca de cierta autoridad moral".

“Algo que pasé por alto en mi libro fue su sentido del humor, que a veces quedaba camuflado por su ira. Era muy político”, resalta Carr. “No le importaba el estatus, ni el dinero. Existe un mensaje en su obra que él quería lanzar. Lo importante es el mensaje y esto es algo que aún funciona hoy en día. Algo que resulta estimulante para la gente, porque, en cierto sentido, no predomina en estos días. Tuvo el coraje de hacer exactamente lo que creía que estaba bien. Y eso es realmente admirable”.

2018/06/06

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | PETER HUJAR Y DAVID WOJNAROWICZ, EL ARTE EN LOS TIEMPOS DEL SIDA

El arte en los tiempos del sida.
La Fundación Loewe recupera en su contribución a Photoespaña el trabajo de Peter Hujar y David Wojnarowicz, dos fotógrafos que retrataron las luces y sombras del Nueva York de los ochenta.
Carlos Primo | El País, 2018-06-06
https://elpais.com/elpais/2018/06/06/icon/1528302667_056938.html 

Cuando Peter Hujar (1934-1987) y David Wojnarowicz (1954-1992) fallecieron con pocos años de diferencia, sus nombres iniciaron una larga travesía hacia un silencio, deliberado o involuntario, que duraría décadas. "Hasta 1995 se siguió hablando de ellos, pero después se convirtieron en nombres incómodos. A finales de los noventa hubo una época de bonanza económica en que se creía que los conflictos de antaño habían sido superados. No había necesidad de reivindicar nada, y sus obras cayeron en el olvido", explica María Millán, comisaria de una muestra conjunta que recupera la obra de estos dos mitos del Nueva York contestatario en la sala de exposiciones de la Fundación Loewe (Gran Vía, 8. Madrid).

La muestra, que forma parte de la programación del festival Photoespaña, resarce esta deuda histórica con una selección de 60 obras originales (40 de Hujar y 24 de Wojnarowicz) que ofrecen una primera aproximación para el público madrileño a un episodio fundamental de la fotografía contemporánea. Asegura la comisaria que la idea inicial surgió del director creativo de la firma madrileña, Jonathan Anderson, que sugirió dedicar la muestra a Hujar. “Yo le dije que no podíamos traer su obra sin exponer también la de David Wojnarowicz”, apunta Millán. “Los dos, aparte de tener una breve relación sentimental, estaban unidos por la marginalidad en que vivieron, y también por su actitud ante la vida y ante el trabajo”.

La obra de estos dos pioneros permite abrir una ventana a un mundo en ocasiones mitificado: el Nueva York de las protestas posteriores a Stonewall, de la lucha por los derechos de las minorías, el nacimiento de la identidad sexual contemporánea y la losa del SIDA, que se cobró numerosas víctimas en los círculos intelectuales y artísticos neoyorquinos. En ese sentido, Hujar es un cronista de los círculos alternativos que convivían en el East Village y que experimentaban con la ‘performance’ y el arte conceptual en pabellones portuarios abandonados. También de sus habitantes: la filósofa Susan Sontag, los escritores William Burroughs y Allen Ginsberg, el coreógrafo Merce Cunningham y el compositor John Cage, la superstar warholiana Candy Darling, el propio Andy Warhol o Diana Vreeland, por entonces directora del Costume Institute del museo Met.

Sin embargo, la exposición es más que un quién es quién impecablemente ejecutado. Los rostros de estas celebridades conviven con el interior de una iglesia abandonada, una pareja en un baile elegante, animales retratados desde un punto de vista emotivo y melancólico, escenas de la cultura ‘underground’ y también desnudos masculinos –en ocasiones, autorretratos– que revelan el potencial político y subversivo de un fotógrafo que nunca llegó a ocupar una posición destacada en el mundo del galerismo debido a su proverbial timidez y a su rechazo de los oropeles del arte. Eso no le impidió, en cualquier caso, tener una destreza técnica admirable, creando imágenes cuidadas y llenas de matices líricos.

En el caso de Wojnarowicz, veinte años menor que Hujar y completamente autodidacta, la precisión no importa tanto como el encuadre y, sobre todo, la distancia. “En su momento los puristas lo despreciaban porque son fotos con pocos matices técnicos, pero hoy resultan muy reveladoras”, explica María Millán. “Su forma de fotografiar su entorno más inmediato recuerda a Nan Goldin, que estaba mucho mejor relacionada con los círculos del arte, las galerías y las instituciones. Por eso fue ella quien ha pasado a la posteridad. Pero David Wojnarowicz lo hizo antes”.

La figura de este artista multidisciplinar y escurridizo, que llegó al East Village en su adolescencia tras una infancia difícil en una familia desestructurada, es un secreto a gritos para los amantes de la fotografía. Fue pintor, dibujante, escritor y fotógrafo. También un activista capaz de reivindicar a iconos del malditismo como Arthur Rimbaud y Jean Genet. Ambos, a su manera, están presentes en esta exposición. El primero, mediante la máscara con la que Wojnarowicz se autorretrató en escenarios cotidianos. El segundo, en dos serigrafías que revelan el potencial político de la obra de este artista fallecido a los 37 años sin haber dejado de considerarse un ‘outsider’ ni por un momento.

Su obra más célebre es todo un manifiesto: una serigrafía que juega con el lenguaje de la propaganda política para alertar sobre la incomprensión a la que se enfrentan los niños cuya sexualidad no encaja con los modelos mayoritarios. Ubicada como colofón del recorrido que ofrece la exposición, es una alerta contra la glamourización excesiva de una época, el Nueva York contracultural de los ochenta, que fue más bien un terreno de conflicto y de lucha sembrado de víctimas y héroes. Hujar y Wojnarowicz fueron ambas cosas a la vez, y por eso su legado fotográfico, excelentemente recuperado en esta exposición, es una demostración clara de que la historia de la fotografía contemporánea aún tiene muchas asignaturas pendientes.

La exposición Peter Hujar & David Wojnarowicz, organizada por Fundación Loewe en el marco de Photoespaña, puede visitarse en Loewe (Gran Vía, 8. Madrid) hasta el 26 de agosto de 2018. Una edición limitada de camisetas con fines benéficos ha salido a la venta coincidiendo con la muestra.

2017/01/26

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | PETER HUJAR, LA HERIDA TRANQUILA

La herida tranquila.
Las fotografías de Peter Hujar devuelven la vida en Barcelona a los protagonistas del 'underground' neoyorquino.
Ángela Molina | El País, 2017-01-26
https://elpais.com/cultura/2017/01/25/babelia/1485371399_274603.html

La Fundación Maphre ofrece una exposición de Peter Hujar (1934-1987), autor más conocido por sus relaciones con otros artistas y escritores que como fotógrafo por derecho propio, aun cuando el oficio fue para él más que una obsesión: una forma de mirar el mundo. Concienzudo y enamorado de lo específico, jamás idealizó un tema. Le interesaba la belleza, pero no la ideal, sino la que era fruto de un acuerdo entre lo que encontraba en las calles, en el campo y en las relaciones con sus amigos y amantes, y aquello que deseaba. Deseo e impulso daban como resultado la imagen de una sola pierna desnuda, el mármol hecho carne en un cuerpo contorsionado, las efigies gemelas de dos vacas, un rascacielos, una casucha derrumbada.

Joel Smith, comisario de la retrospectiva y director del departamento de Fotografía de la Morgan and Library & Museum de Nueva York, institución que presta los fondos, apunta que Hujar solía alimentar el misterio sobre su pasado. “Ocultaba su infancia mediante el silencio y la distracción. Según una versión que él mismo utilizaba, era hijo de una corista de Hollywood. Si le presionaban, llegaba a admitir que era de Nueva Jersey y que se crió en una granja con sus abuelos, inmigrantes polacos”. Su padre, panadero y quizás contrabandista, le abandonó antes de nacer. Su madre era camarera y vivía -y bebía- con un corredor de apuestas. Era larguirucho y tenía un humor cambiante. Su madre lo veía como un ser “horrible”, el perfecto modelo que hubiera atraído el objetivo de Diane Arbus. Un día, borracha, le tiró una botella de alcohol a la cabeza. Tras el incidente, el joven Peter se marchó de casa. Deseaba afirmar el sentimiento de su propia individualidad y descubrió que sólo la fotografía le podía conceder ese aura.

A los dieciséis años se matriculó en la High School of Art & Design y consiguió una codiciada plaza en las clases magistrales de Richard Avedon. Empezó a frecuentar los ambientes alternativos y trash del East Village y muy pronto formó una nueva familia con sus amigos: William S. Borroughs, Andy Warhol, Fran Lebowitz, Robert Wilson, Vince Aletti, Paul Thek, David Wojnarowicz o Nan Goldin. Todos formaban parte de la arqueología social del Manhattan de los setenta y más inequívocamente de los años del SIDA. Hujar vivía una vida precaria que iba salvando con pequeños trabajos en revistas de moda y publicidad. Detestaba la economía moral del mundo artístico neoyorquino y se quejaba de no tener más reconocimiento que Robert Mapplethorpe, de quien envidiaba su “notoriedad inmerecida”.

Nunca fue un hábil retratista ni buscó un estilo propio. Prefería la tradición: retrataba a sus amantes como lo hubiera hecho Julia Margaret Cameron y escrutaba a los marineros de la calle Christopher como si fuera el geógrafo John Thomson. Sus modelos naturales italianos parecían haberse detenido momentáneamente para posar frente al ojo de August Sander; y en sus autorretratos, buscaba el espejo de Richard Avedon (le gustaba dejar a la vista los bordes negros para demostrar que él mismo había impreso el negativo). Miraba Nueva York como William Klein; y sus educados retratos de travestidos y gemelos tenían el sesgo de Diane Arbus.

La fotografía de Hujar es una herida tranquila, delicada, sin sangre, que se ahonda en la interpretación de una existencia corrompida por ‘las metáforas de la enfermedad’ y contra lo que no pudo hacer nada su amiga, la ensayista y escritora Susan Sontag. En las salas de la Casa Garriga Nogués, decenas de imágenes en blanco y negro aparecen agrupadas por constelaciones, conversan unas con otras eludiendo los géneros (animal, retrato, pose de moda, ruina, paisaje) como su autor las habría mostrado. Son un tributo a una mirada desconcertada que siempre buscó la levedad.

DOCUMENTACiÓN | TESTIMONIOS | PETER HUJAR, LA CÁMARA Y LA INTIMIDAD

Peter Hujar, la cámara y la intimidad.
Hoyesarte, 2017-01-26

http://www.hoyesarte.com/evento/2017/01/peter-hujar-la-camara-y-la-intimidad/

La Sala Garriga i Nogués de Fundación MAPFRE en Barcelona acoge 'A la velocidad de la vida', una exposición del fotógrafo estadounidense Peter Hujar (Nueva Jersey, Trenton, 1934 - Nueva York, 1987) que reúne 160 obras que van desde 1950 hasta su fallecimiento. Sus retratos ejercieron una influencia clave y transformadora en la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. La muestra se organiza, según las preferencias del artista, en yuxtaposiciones enérgicas, sorprendentes y a veces desconcertantes.

Su trayectoria, que estuvo marcada por su evolución personal más que por éxitos palpables, se desarrolló durante las décadas de los años 1950, 1960 y 1970, coincidiendo con un Nueva York que era escenario de los primeros movimientos de liberación homosexual y de los estragos causados por el sida en la década de 1980.

La utilización del blanco y negro, junto con un estilo definido por la sencillez, hace que sus fotografías resulten profundamente evocadoras y conmovedoras. A través de su cámara, Hujar profundiza en el que es su principal interés: generar una atmósfera de intimidad que le permita establecer una relación directa con el retratado y adentrarse en su verdadera naturaleza.

En el primer tramo de la exposición se encuentran las fotografías que realizó entre 1950 y 1960. Hujar aspiraba a ser fotógrafo de moda como sus ídolos, Lisettet Model, Irving Penn y Richard Avedon, de quien recibió clases magistrales.

Sontag y Warhol
Entre los años 1958 y 1963 vivió principalmente en Italia y tras estudiar un año de cinematografía en Roma regresó a Nueva York. De esta época destacan las fotografías sobre las catacumbas de Palermo.

Una vez establecido en la Gran Manzana se movió en el círculo de la escritora Susan Sontag, a la que retrató en 1975, y la Factoría de Andy Warhol, y durante cuatro años se dedicó a ser fotógrafo de moda. Publicó sus fotografías en ‘Harper’s Bazaar’ y ‘GQ’ antes de llegar a la conclusión de que el ajetreo del trabajo en las revistas no era lo suyo.

La segunda parte de la exposición muestra sus obras más tardías, fotografías que van desde 1970 hasta su muerte. En 1973, Hujar dejó sus aspiraciones profesionales para centrarse en lo que verdaderamente le motivaba. Fotografió, siempre en blanco y negro, el ambiente bohemio y radical del ‘downtown’ neoyorquino de estos años, donde los protagonistas son escritores, cineastas, actores y las subculturas.

Destacan los retratos que hizo a su amigo el actor ‘drag’ Ethyl Eichelberger y las que realizó en las zonas más deprimidas de los alrededores de la ciudad. Aquí fotografió las ruinas industriales y los muelles abandonados del Hudson en la parte baja de Manhattan.

Peter Hujar murió en 1987, 11 meses después de ser diagnosticado de sida.
 
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La herida tranquila.

Las fotografías de Peter Hujar devuelven la vida en Barcelona a los protagonistas del 'underground' neoyorquino.
Ángela Molina | El País, 2017-01-26
http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/25/babelia/1485371399_274603.html

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...