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2022/05/01

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CUANDO LAS MARICAS Y LESBIANAS ESCANDALIZARON EL 1 DE MAYO EN PARIS

FHAR en la manifestación del Primero de Mayo en Paris, 1971 //

Cuando las maricas y lesbianas escandalizaron el 1 de mayo

En una Francia atravesada por el mayo del 68 se formó el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR). Su debut fue en una movilización del día de las y los trabajadores en 1971. Además de denunciar la persección estatal y la discriminación que sufrían, buscaron dirigirse hacia el movimiento obrero revulsivo de la época, generando polémicas con sectores de Izquierda y planteando una perspectiva anticapitalista para la liberación sexual.
Pablo Herón | Izquierda Diario, 2022-05-01
https://www.izquierdadiario.es/Cuando-las-maricas-y-lesbianas-escandalizaron-el-1-de-mayo 

“Planteamos el problema de la libertad de cada persona para disponer de su cuerpo como mejor le parezca; nuestra lucha es, por tanto, política y proclamar en voz alta y clara nuestro derecho a la homosexualidad es revolucionario”. -- Folleto distribuido por el FHAR, 30 de abril de 1971

La fecha del panfleto no es casual, titulado “somos trabajadores homosexuales” había sido elaborado en la víspera del día internacional de las trabajadoras y los trabajadores. “El otro día, un amigo fue despedido porque su jefe descubrió que era homosexual” comenzaban su denuncia un grupo de lesbianas y maricas que no esperaban generar tanto revuelo tan solo los próximos días. Habían pasado tan solo dos años de la revuelta de Stonewall en Estados Unidos que dio origen al movimiento de liberación sexual.

La realidad del país no escapaba a las democracias capitalistas que en esa época penaban la homosexualidad: “En Francia, ‘país de la libertad’, la ley petainista-fascista de 1942, corregida y agravada por De Gaulle en 1960, nos considera una "lacra social" (junto al alcoholismo y la prostitución)”. Tres años antes obreros y estudiantes habían protagonizado el Mayo Francés, marcando un antes y un después de una generación que puso en tela de juicio el capitalismo y las distintas desigualdades que reproduce.

Ese proceso no solo fue la punta de lanza para el surgimiento del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), también marcó los debates que lo atravesaron. Según una estadística de la justicia que publicaron, en 1964 de 331 condenados por estas leyes persecutorias 136 eran obreros y empleados y ni un solo director de empresa. En su camino el activismo francés se preguntó sobre la relación entre la represión a la sexualidad y la realidad de la clase obrera.

Ese 1 de mayo decidieron marchar agitando distintos cantitos como ¡Maricas en la calle! ¡Todos somos una lacra social! o ¡Abajo los falócratas! Habiéndose organizado en menos de dos meses su participación no pasó desapercibida. Al día siguiente el Partido Comunista Francés criticó su intervención en su periódico, tildándola de "mascarada". El PCF aún sostenía que la homosexualidad era una desviación pequeñoburguesa [1], su candidato presidencial ese año les llegó a responder a miembros del FHAR en un mitin "¡Id a curaros, pederastas, el PCF está sano!".

Para ese entonces, en el movimiento obrero francés tenía una gran influencia el estalinismo desde los sindicatos. Por eso, ante las críticas que recibieron desde distintos sectores de la izquierda el FHAR comenzó a difundir sus posturas y generando polémicas: "La clase obrera no pertenece a la dirección del PCF, ni tampoco el marxismo. Por eso nos negamos a tener complejos con ella: denunciaremos y combatiremos sistemáticamente la ortodoxia sexual que nos quiere imponer. Decimos que se jodan los heterócratas falócratas del aparato del PCF como decimos que se jodan todos los heterócratas falócratas. Lo que sí sabemos es que hay bolleras y maricones en el PCF, como en todas partes, y nos solidarizamos con ellos".

En esa respuesta publicada en el primer número de Antinorm, el periódico del FHAR, así como en la denuncia por el despido discriminatorio, sobrevuela el intento de mostrar esa realidad compleja de un capitalismo que mientras explota, aprovecha de las opresiones en su propio beneficio. “Para nosotras, la lucha de clases también pasa por el cuerpo” afirmaban, agregando que la “represión sexual, trabajo alienado y opresión económica lo han encarcelado sistemáticamente’. No es cuestión de separar nuestra lucha sexual y nuestra lucha diaria por la realización de nuestros deseos de nuestra lucha anticapitalista, de nuestra lucha por una sociedad sin clases, sin amo ni esclavo”.

Aún habiendo transcurrido medio siglo, la reflexión del FHAR da en la tecla sobre un problema que persiste, se amplifica y aún hoy en día está invisibilizado a gran escala. El neoliberalismo llevó adelante una política de tolerancia hacia las personas LGBT, limitada a conquistar algunos derechos básicos, que tuvo gran llegada fundamentalmente en el mundo occidental. También buscó explotar las identidades gay y lésbica como un nicho de mercado, creando productos y servicios específicos, forjando estereotipos ligados a la capacidad de consumir.

Sin embargo, al mismo tiempo profundizó como nunca la desigualdad social y económica, con la precarización laboral, la pérdida de poder adquisitivo y de derechos sociales como el acceso a la salud o educación. Los números de la pobreza crecen, mientras los más ricos acrecientan sus fortunas de manera desenfrenada. Una realidad que deja como saldo una minoría LGBTIQ+ con capacidad para consumir y disfrutar plenamente los derechos conquistados, y a una mayoría que trabaja para subsistir y cuya vida, atravesada por la discriminación, es cada vez más complicada. Trabajar jornadas eternas, con cuerpos cansados por el esfuerzo físico o la cabeza quemada por no saber si se llega a fin de mes, se vuelven un boomerang contra los discursos que apelan a un disfrute pleno de la sexualidad sin contemplar esta realidad.

Una contradicción que comienza a expresarse en sectores de jóvenes que, tal como planteaba el FHAR desde una perspectiva anticapitalista, no ven contraposiciones artificiales entre opresión y explotación, se trata de lo que pasa con sus vidas en el día a día. Algo de esto se expresa en el fenómeno de sindicalización de jóvenes trabajadores en Estados Unidos en Starbucks, donde gays, lesbianas, trans y no binaries están a la cabeza de organizarse contra la discriminación y para cambiar sus condiciones de vida.

[1] En los comienzos de la revolución rusa encabezada por Lenin y Trotsky la homosexualidad fue despenalizada, medida que Stalin revirtió en 1933 volviendo a castigarla

Y TAMBIÉN…
A 50 años. Lecciones del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria de Francia

Mayo del 68 abrió un periodo de intensa lucha de clases en Francia. Durante más de una década, la revuelta de los jóvenes y los trabajadores se extendería a otros sectores oprimidos que también querían "disfrutar sin restricciones" y derrocar el viejo mundo.
Adrien Balestrini / Camille Münzer / Camille Lupo | La Izquierda Diario, 2021-06-28
https://www.laizquierdadiario.com/Lecciones-del-FHAR-a-50-anos-de-su-fundacion

2021/06/16

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | MANIFIESTO DE LA IZQUIERDA BRILLI-BRILLI: SAMANTHA HABLA POR NUESTRA DIFERENCIA

Manifiesto de la izquierda brilli-brilli: Samantha habla por nuestra diferencia.
Ira T. | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2021-06-16

https://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/tag/amanda-klein/ 

¿No habrá un maricón en alguna esquina
desequilibrando el futuro de su hombre nuevo?
—Pedro Lemebel, Manifiesto, 1986


El pasado miércoles, la artista travesti Samantha Hudson fue invitada al programa Playz para participar en una mesa de debate sobre políticas identitarias y lucha de clases. En dicho debate, voces del obrerismo reaccionario contrapusieron una supuesta “identidad de clase” al resto de “identidades fragmentarias”, invitando así respuestas desde una perspectiva interseccional desde las que se reivindicaba que las distintas opresiones no podían entenderse sino en un conjunto indisoluble. Samantha fue, precisamente, la única participante del debate que mostró atisbos de comprender las distintas relaciones opresivas con las que convivimos como parte de una misma totalidad capitalista. Cayó la noche y prendieron las antorchas. Desde aquel instante, Samantha ha sufrido en las redes sociales un acoso sanguinario por parte de personas que se dicen a sí mismas revolucionarias. Asimismo, esta pasada semana, una conocida feminista radical ha tenido a bien regalarnos el “agravio” de izquierda brilli-brilli, sumándose junto con el “mutantes” de Lidia Falcón al repertorio de injurias reapropiadas que nos chiflan a las transmaribibolleras. Es desde este escenario que escribo, con una urgencia y una rabia que me son impropias, pero con la firme convicción de estar en el lado correcto de la Historia. Dejad a esta transmarika contaros qué puede decirnos el odio a Samantha Hudson sobre la izquierda revolucionaria, y con suerte, en el desenlace del texto, habremos recuperado una brizna de solidaridad de clase.

Hubo una militante lesbiana y comunista en el MEHL (Movimiento Español de Liberación Homosexual) apodada Amanda Klein. En 1973, ella escribió una gacetilla llamada 'Explicación materialista del origen de la represión sexual', en la que relacionaba la institucionalización de la heterosexualidad con las contingencias históricas de la sociedad de clases. Su brillante conclusión declaraba: “Así pues, propiedad privada, matrimonio y sexualidad monógama heterosexual, son tres aspectos de manifestarse de un mismo fenómeno: La explotación del hombre por otro ser humano.” Amanda Klein vivió una doble militancia clandestina, en el movimiento gai y en el movimiento comunista, fue condenada a luchar sin nombre por la emancipación del género humano, mientras velaba su deseo entre visillos con cortinas tricolor. Amanda sigue viva, nunca sabremos su verdadero nombre, nunca sabremos su historia, y todo porque los prejuicios de quienes anhelaban una revolución no repararon en que la sexualidad también era una relación social a revolucionar. Cruzando los Pirineos, en una organización gai hermana (FHAR), un varón maricón y comunista apodado Jean Nicolas publicó cinco años más tarde un libro llamado 'La cuestión homosexual'. En sus furtivas páginas se leía “Hay que abordar la sexualidad como un conjunto de relaciones sociales, regidas por normas diferentes según su adscripción a una forma dada de producción” y proseguía “una estrategia centrada únicamente la lucha contra la normalidad estaría condenada a ir cortando incesablemente las cabezas que de continuo renacerían en una inasequible medusa, sin llegar nunca a abatirle alcanzándole el corazón. Por el contrario, una estrategia anticapitalista encerrada en una lucha economista (...) desvirtuaría profundamente la dinámica de la sociedad de transición hacia el socialismo (...) que apunta a una transformación total de las relaciones sociales.” No sabemos si Jean sigue vivo, nunca sabremos su verdadero nombre, nunca sabremos su historia.

Al otro lado del océano, en 1975, una célula de lesbianas maoístas de California respondía a los discursos homofóbicos que estaban floreciendo en las organizaciones comunistas estadounidenses. Esta réplica se denominó ‘Towards a Scientific Analysis of the Gay Question’. En ella, Los Angeles Research Group aseveraban: “Es precisamente una de las funciones de la ideología burguesa promover la idea de que hay un muro entre la vida productiva y la vida personal (...) debemos derribar ese muro” y resolvían “La historia de la civilización también ha sido la de los intentos de las clases dominantes de reforzar la conexión entre la sexualidad y la reproducción, para así mantener la propiedad privada mediante la institución de la herencia”. Así, su análisis materialista histórico y dialéctico concluía, como otrora había hecho Amanda Klein, que la homofobia no tenía lugar en la lucha revolucionaria; pues pertenecía a la forma burguesa de entender el mundo, donde aquellos sujetos que desnaturalizaban la economía política capitalista, como era el caso de las personas LGTBI con la familia monogámica, debían ser arrastrados a los márgenes, para así asegurar que la acumulación de plusvalía seguía viéndose como el orden natural de las cosas. No sabemos si las mujeres de Los Angeles Research Group siguen vivas, nunca sabremos su verdadero nombre, nunca sabremos su historia. Más allá de los Andes, en 1986, la escritora marica y comunista Lemebel compartía con las desposeídas invertidas del mundo, un himno al dolor proletario y disidente, su poema 'Manifiesto', con el subtítulo “Hablo por mi diferencia”. Los versos de este poema no estaban escritos con tinta, sino con las lágrimas de la penita negra travesti, con la sangre de tantas compañeras que “no llegaron nunca a la costa” por no ser nunca hombres de verdad. Este poema, a parte de una maravillosa obra literaria, es un fracaso político de la izquierda. En él, Lemebel, pobre como las ratas, confiesa haber perdido la utopía del horizonte comunista por toda la violencia homofóbica que recibió en su militancia, confiesa no haber tenido más remedio que huir del tren siberiano que pasaba por las pupilas de quien creía sus camaradas cuando su voz se ponía demasiado dulce. Lemebel sigue viviendo en tanto viva su poesía, conocemos su nombre, conocemos su historia, pero él murió fuera del partido.

Hoy, en 2021, Samantha Hudson se ha convertido en el chivo que debe expiar el pecado del borrado de la mujer (sin ser ella nada de eso), en el opio de la juventud según dicen los miserables, en las abstracciones talmúdicas que deberían arder en la pira purificadora de occidente. Mi hermana Alana Portero, y mi querido Christo Casas lo han dejado bien claro: Decid que odiáis a los maricones y dejaos de brasas. Eso sí, devolved el pin del triángulo rojo por el camino. Lo que molesta de Samantha es lo mismo que molestó de Lemebel, lo que se le pide ocultar a Samantha es lo mismo que escondió toda su vida Amanda. Por la sangre de mis ancestras degeneradas que no vamos a repetir la historia una vez más; que esta vez quienes mueran fuera del partido serán los reaccionarios que no toleran a quienes se salen de lo que el capital dice que es un hombre y una mujer de verdad. Ni una sola de las críticas a Samantha que he leído han conseguido sacudirse el polvo de la homofobia más añeja, y no quería quedarme sin preguntaros: ¿Qué os asusta tanto a quienes convertís la purpurina en injuria? ¿Se puede con tamaña cobardía edificar un mundo nuevo? ¿Tanto os importunan las femmes, las maricas, las locazas, las travestis y las trans que, a pesar de toda la violencia cotidiana del capital, se mantienen erguidas con su brilli-brilli, y lucen su feminidad prohibida con el orgullo del rebelde? En cierta ocasión le preguntaron al militante trans y comunista Leslie Feinberg qué opinaba de los discursos transfóbicos de Mary Daly y Janice Raymond, a lo que elle espetó: “Cada vez que un grupo social oprimido es demonizado, se promueve una división que no puede verse sino antagónica con el tipo de movimiento que quiero construir.” Cierto sector del feminismo hoy acusa a la feminidad que se presenta en los cuerpos que fueron nombrados en masculino en su mutismo de ser un caballo de Troya, yo no puedo sino decir que la retórica de chivos expiatorios, la misma que hoy dirigís contra Samantha, es el peor caballo de Troya del capitalismo en la lucha solidaria por imaginar otros futuros posibles en común. Para concluir, me permito el legado de hacer mías las últimas palabras del 'Manifiesto' de Lemebel: “Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota, y yo quiero que vuelen compañero. Que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo para que puedan volar.”

2019/07/07

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | UNOS APUNTES DE ORGULLO OBRERO Y GAY

Unos apuntes de orgullo obrero y gay.
Jorge Matías | La Voz de Asturias, 2019-07-07

https://www.lavozdeasturias.es/noticia/opinion/2019/07/07/apuntes-orgullo-obrero-gay/00031562480495688430440.htm 

No sé si saben ustedes quien fue Mark Ashton, y tampoco sé si soy yo la persona más indicada para hablar de él, pero voy a hacerlo igualmente y sin pedir permiso.

Mark Ashton nació en 1960 en Irlanda del Norte. A finales de los setenta se trasladó a Londres. Trabajó disfrazado de camarera, parece ser, y ya en los ochenta se hizo voluntario de un teléfono de ayuda a lesbianas y gays. Miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña, fue secretario general de las juventudes comunistas de su país hasta su temprano fallecimiento en 1987.

Ashton era comunista y homosexual. En aquellos terribles años ochenta, el gobierno ultraconservador de Margaret Thatcher estaba en guerra abierta con los mineros del país. Cuando la National Union of Mineworkers convocó la huelga que duraría nada menos que un año y el gobierno le retiró los fondos, la situación de los mineros en huelga era muy delicada. Mark Ashton y su amigo Mike Jackson pensaron que la clase obrera estaba siendo atacada y oprimida, y que el colectivo LGTBI debía apoyar a los mineros. Mark conocía perfectamente los problemas de los trabajadores, especialmente los del sector textil, que era al que pertenecían sus padres. Así nació Lesbians and Gays Support the Miners, a raíz de la recaudación para apoyar la huelga minera que se hizo en el Orgullo de 1984. La organización llegó a tener once secciones repartidas por todo el Reino Unido. Organizaban viajes a las zonas mineras para apoyar la huelga y recaudaron miles de libras para los trabajadores. A estas alturas de columna, supongo que todos saben que me refiero a la persona real en cuya historia se inspira la divertida y conmovedora película de 2014, ‘Pride’.

Mark luchó toda su corta vida por una alianza entre los trabajadores y el colectivo LGTBI, alianza que defendió valientemente entre sus reticentes camaradas del Partido Comunista y entre el no menos reticente colectivo LGTBI. Cuando un conocido tabloide publicó en su portada que los pervertidos apoyaban a los mineros (‘Perverts support the pits!’) Mark Ashton respondió organizando un festival de música, Pits and Perverts, en el que actuaron nada menos que Bronski Beat, banda liderada en aquel entonces por el gran Jimmy Somerville.

En junio de 1985, una comitiva de 150 mineros de todo el país encabezó el desfile del Día del Orgullo Gay en Londres. Allí, los mineros aseguraron que ahora sabían de los problemas de otros sectores de la población, al igual que Mark Ashton aseguraba que «no se puede ser gay y preocuparte solo de los problemas de los gays». No fue una victoria, ni escribo sobre transversalidad. Los mineros perdieron casi todo y un año después de la muerte de Ashton, en 1988, se aprobó una ley contra la promoción de la homosexualidad en las aulas, sea lo que sea eso, e incluso se prohibió enseñar que se gay es algo aceptable: el tristemente conocido Artículo 28, que no fue derogado hasta 2003. A pesar de todo, esta no deja de ser una historia real de solidaridad, de unirse en lo común, sin chorradas, sin compartimentos ni secciones para cada colectivo en la manifestación, una historia real de apoyo y comprensión, de lucha sin cuartel.

Hoy, aquí, el programa político de Vox, ese partido tan retrógrado que hasta tiene su propio Monasterio, es abiertamente homófobo y terroríficamente antiobrero. Muy Margaret Thatcher, al final. Llegados a este punto, no sé ustedes, pero yo prefiero un Mark Ashton antes que doscientos Fusaros. Prefiero ir de la mano de los pervertidos. Siempre.

2018/01/31

DOCUMENTACIÓN | MEMORIA | CUANDO LOS MINEROS BRITÁNICOS INAUGURARON EL DESFILE DEL ORGULLO GAY

El Salto / Marcha del Orgullo LGTBI en Londres, 1985 //

Cuando los mineros británicos inauguraron el desfile del Orgullo Gay.

En 1984, la gran huelga minera contra el gobierno de Thatcher encontró a su principal aliado en el movimiento LGTBI.
Pablo L. | El Salto, 2018-01-31
https://www.elsaltodiario.com/nueva-revolucion/cuando-los-mineros-britanicos-inauguraron-el-desfile-del-orgullo-gay

Esta no es una historia de victorias. Al menos en lo que al ámbito laboral se refiere. Más de 20.000 personas perdieron sus puestos de trabajo, pueblos enteros fueron condenados al abandono y al paro y uno de los mayores sindicatos de Europa, la National Union of Mineworkers (Unión Nacional de Mineros), quedó herido de muerte. Pero sí es una historia de lecciones y aprendizaje. Porque de aquellos años, a mediados de la década de 1980, se extraen importantes enseñanzas, como la necesaria unión de diferentes colectivos en pro de la defensa de los intereses comunes. Más aún en tiempos como los actuales, en los que en ciertos sectores de la izquierda empieza a primar el individualismo y la desmembración a la par que la búsqueda de la exclusividad y el abandono de la comunidad. Han pasado más de 30 años, pero aquel episodio enmarcado en la Gran Huelga británica, en el que los colectivos de mineros encontraron a su principal e inesperado aliado en los grupos más progresistas del movimiento LGTBI, puede servir de espejo en el que inspirarse y avanzar.

Todo se remonta al año 1983, cuando la primera ministra británica, Margaret Thatcher, anunció tras cinco años en el poder su intención de convertir Reino Unido en una economía de servicios, con todo lo que ello significaría para el sector industrial de las islas y, en particular, para la minería del carbón, el principal objetivo a destruir del gobierno conservador. Se comenzaba a hacer palpable lo que muchos veían venir desde 1974, cuando la antigua administración laboralista anunció la nacionalización de este sector, noticia que se recibió con un inmenso recelo en los círculos más liberales del país. Sólo unos meses tardó en llegar la ofensiva. En 1984, desde el número 10 de Downing Street, se hacía pública la orden de cerrar 20 pozos mineros, una decisión que condenaba a muerte a varios pueblos y comunidades del condado de Yorkshire, Gales y Escocia, en donde prácticamente todos los empleos bebían, directa o indirectamente, de la minería.

Comenzaba así una huelga de 12 meses y una guerra a muerte contra las autoridades, con varios fallecidos en los enfrentamientos con la policía, decenas de detenidos y heridos y centenares de mineros multados. Por poner cifras al conflicto, los paros de los primeros meses llegaron a tener un seguimiento del 73% de media por todo el país, con especial énfasis en el sur de Gales (99%), Yorkshire (97%), Kent (96%) y Escocia (94%). Y aunque su seguimiento fue disminuyendo por la presión policial, las sanciones económicas y el miedo, la respuesta nunca bajó del 60%. Tras un año, según fuentes oficiales, el coste para la economía británica fue de 1.500 millones de libras. Películas como 'Billy Elliot' y 'Tocando el viento', y libros como 'The Enemy Withhim', retratan de una u otra forma las dimensiones hasta las que llegó este conflicto desigual, que trajo más quebraderos de cabeza de lo previsto a la Dama de Hierro. De sobra conocida es la frase de Tatcher en la que calificaba en 1985 a los mineros como enemigo interno: "Tuvimos que luchar con el enemigo en el exterior, en Las Malvinas. Pero siempre tenemos que estar alerta del enemigo interno, el cual es más difícil de combatir y más peligroso para la libertad". Y es que la unión y colaboración de los vecinos de las zonas mineras era evidente, bajasen o no a las profundidades de la tierra a trabajar. También lo era la fortaleza del sindicato, liderado entonces por Arthur Scargill, uno de esos secretarios generales más acostumbrados a montar el piquete a las siete de la mañana que a darse la mano con los dirigentes de la patronal.

Ante tal desafío, la respuesta del gobierno fue la incautación del total de los fondos de la National Union of Mineworkers, alegando el impago de multas y poniendo en peligro la supervivencia de las cajas de resistencia. Fue aquí donde entraron en juego dos jóvenes homosexuales residentes en Londres: Mark Ashton, un irlandés de 23 años militante de la Young Communist League, y su amigo Mike Jackson, quienes fundaron la organización Lesbians and Gays Support the Miners, LGSM (Las lesbianas y gais apoyan a los mineros), un acontecimiento histórico retratado en la película 'Pride', donde por alguna razón se oculta la ideología comunista del fundador. La iniciativa de Ashton y Jackson es realmente inspiradora.

No eran buenos tiempos para la comunidad LGTBI en Reino Unido. La homosexualidad había sido despenalizada por ley tan solo 20 años atrás, y las infecciones de sida aumentaban entonces por miles cada mes. Desde las altas esferas del poder poco tardaron en culpabilizar a gais y lesbianas de la propagación del VIH. Periódicos afines al gobierno, como 'The Sun', especularon con la idea de construir campos de internamiento y reclusión para homosexuales. Este diario incluso llegó a publicar un intento de chiste que decía "Un joven gay va a casa de sus padres y les dice que tiene dos noticias, una mala y otra buena. La mala es que soy gay. La buena es que tengo sida". La campaña homófoba terminó en 1988 con la aprobación del artículo 28 por parte del ejecutivo de Thatcher, una ley que prohibía a las autoridades locales "promocionar intencionadamente la homosexualidad” y que obligaba a los profesores a "acabar en las escuelas con cualquier aceptabilidad de la homosexualidad como una supuesta relación familiar". Una cita de la Dama de Hierro en 1987, en un acto del partido conservador, resumió toda la campaña: "A los niños se les está educando en que tienen un derecho inalienable a ser gais. Todos están siendo engañados desde el comienzo de sus vidas". La ley no llegó a ser derogada hasta 2003.

Pero eso fue en 1988. En 1984, la guerra estaba en otro lugar. Y Mark Ashton supo llevar las reivindicaciones obreras al colectivo LGBTI. Su frase más repetida en todas las conferencias y reuniones de la época fue "No puedes ser gay y preocuparte sólo por lo que les ocurre a los gays". La LGSM ganó militantes de toda Gran Bretaña con el paso de los meses, hasta formar 11 secciones a lo largo de todo el Estado. Llegó a fletar un autobús para recorrer las zonas mineras y conocer a sus gentes, y consiguió recaudar decenas de miles de libras que irían a parar a las cajas de resistencia del sindicato. Uno de los mayores eventos fue el concierto 'Pits and Perverts' (Pozos y pervertidos), con Bronski Beat como cabeza de cartel y un eslogan inspirado en una publicación de 'The Sun' en la que se ridiculizaba el apoyo de los homosexuales a los mineros.

Entonces, en entornos masculinizados y rudos como el de la minería, tal y como reconoció años después el minero y sindicalista Dai Donovan, la homofobia no estaba extendida, pero sí existía una cierta indiferencia y distanciamiento hacia las reivindicaciones de la comunidad LGTBI. La película 'Billy Elliot' muestra en uno de sus diálogos entre padre e hijo el choque que podía suponer para un duro minero del carbón tener un vástago que simplemente quisiese bailar: "El ballet es para las chicas, no para los chicos, Billy. Los varones practican fútbol, o boxeo, o lucha libre, no el condenado ballet". Aun así, los militantes homosexuales supieron hacerse querer y enterrar viejos prejuicios. En sus viajes a las regiones mineras, los miembros de la LGSM se alojaron en las pequeñas casas de los trabajadores. En los mítines contra Thatcher, portavoces de la National Union of Mineworkers y de la LGSM compartieron escenario. Mike Jackson relató años después el vínculo que llegó a forjarse entre ambos grupos: “En una de nuestras primeras visitas a esos valles, como hombres y mujeres homosexuales de clase trabajadora, nos hicieron sentir bienvenidos. Bebimos con los mineros y sus familias, hablamos, bailamos, reímos. Nos invitaron a dar un discurso delante de 300 personas, y como sabían que estábamos nerviosos, al terminar nos ovacionaron. De noche nos quedamos en sus casas, salimos a pasear con sus hijos por el paisaje escarpado, fuimos a sus reuniones. Me sentí como en casa”. Gracias a las aportaciones recaudadas por gais y lesbianas, la huelga minera pudo seguir más tiempo del previsto.

Tras meses de duras luchas, en marzo de 1985, la National Union of Mineworkers no pudo aguantar el pulso contra la maquinaria liberal engrasada por Tatcher. El gobierno cerró 25 pozos mineros y decenas de regiones quedaron expuestas para siempre al paro y a la pobreza. No hay datos contrastados acerca de si el distanciamiento hacia la comunidad LGTBI desapareció entre la clase trabajadora británica tras aquel año que para bien o para mal fue histórico. Lo que sí sabemos es que tres meses después, en junio de 1985, una comitiva de algo más de 150 mineros llegados de todas partes de Reino Unido, encabezó el desfile del Día del Orgullo Gay de Londres al grito de “Decenas de miles de mineros ya sabemos que hay más problemas más allá de la mina. Sabemos del desarme nuclear, de las reivindicaciones de los negros, de la lucha de los gais y lesbianas”. También sabemos que, ese mismo año, en un congreso del Partido Laboralista, la sección de la National Union of Mineworkers, con mucho peso en la organización política, promovió que la formación hiciese suyas las reivindicaciones del movimiento LGTBI. Años más tarde, en 1987, un grupo de mineros acudió en representación del sindicato al funeral de Mark Ashton, enfermo de sida y fallecido a causa de la neumocistosis a la edad de 27 años. En 2013, varios de los protagonistas de aquella historia, tanto militantes homosexuales como sindicalistas, se reunieron para brindar por la muerte de Thatcher.
 

Y TAMBIÉN...
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Pride: a 34 años de su muerte, ¿quién fue Mark Ashton?

Su nombre se hizo popular con la película Pride, pero fue un luchador incansable por los derechos LGTBI, miembro de la juventud de la Young Communist League y un acérrimo defensor de los derechos de los trabajadores. Hoy se cumplen 34 años de su muerte.
Tomás Máscolo | La Izquierda Diario, 2021-02-10
https://www.izquierdadiario.es/Pride-quien-fue-Mark-Ashton

2015/03/19

PELÍCULAS | Warchus, Matthew | Pride

Warchus, Matthew (Director) (2014). Pride. Calamity Films.


Pride. 2014. Gran Bretaña. Festival de Cine de Cannes, Queer Palm, 2014-05-23. Estreno en España: 2015-03-19. 120 min. Dirección: Matthew Warchus. Guion: Stephen Beresford. Reparto: Ben Schnetzer, Monica Dolan, George MacKay, Bill Nighy, Andrew Scott, Imelda Staunton, Dominic West, Paddy Considine, Joseph Gilgun, Russell Tovey, Sophie Evans, Jessie Cave, Freddie Fox, Faye Marsay. Calamity Films.

En el verano de 1984, siendo primera ministra Margaret Thatcher, el Sindicato Nacional de Mineros (NUM) convoca una huelga. Durante la manifestación del Orgullo Gay en Londres, un grupo de lesbianas y gays se dedica a recaudar fondos para ayudar a las familias de los trabajadores, pero el sindicato no acepta el dinero. El grupo decide entonces ponerse en contacto directo con los mineros y van a un pueblecito de Gales. Empieza así la curiosa historia de dos comunidades totalmente diferentes que se unen por una causa común.

Ser, querer ser, no ser
De ambiciosa temática y desarrollo algo esquemático, 'Pride' encuentra la emoción cuando busca la verdad de sus personajes
Javier Ocaña | El País, 2015-03-20
https://elpais.com/cultura/2015/03/19/actualidad/1426783709_095423.html

Como la gracia o el sentido del humor, el buen rollo no se puede forzar. O se tiene o no se tiene, pero nunca se debe intentar tenerlo, porque los empecinamientos en agarrar el estado suelen ser inversamente proporcionales a los esfuerzos y el ridículo está al acecho. Esto para la vida.

Su traducción para el cine es que las grandes películas de espíritu contagioso, las que aúnan divertimento, sentido del humor, buenos sentimientos y un cierto toque social, eso que los anglosajones llaman ‘feel good movie’, son las que alcanzan la gloria a través de sus personajes, de sus intenciones y sus sensaciones, sus acciones y sus interioridades. Los personajes determinan la historia. Sin embargo, en cuanto el guionista fuerza la situación y los pone a hacer cosas que den buen rollo, las alarmas estarán a punto de activarse. La intencionalidad mata el espíritu. En ‘Pride’, estimable película británica alrededor de un hecho real casi asentado en el estrambote, no llegan a sonar aunque deambule en variados momentos por esa fina línea que separa el buen rollo del curso intensivo de risoterapia. Fijando el objetivo en las grandes comedias sociales británicas del cambio de siglo, ‘Billy Elliot’ y ‘Full Monty’, pero con el atisbo de su sucedáneo (‘Tocando el viento’, por ejemplo), ‘Pride’ hace del orgullo y la dignidad las bases de su historia, ambientada a principios de los 80 y protagonizada por un grupo de gais y lesbianas que se solidarizan con unos mineros galeses en huelga. El contraste, el reparto coral, y la poca plausibilidad de la situación (¡a pesar de ser real!), hace pensar en las maravillosas comedias de la Ealing, y la época thatcheriana, en la transgresión del Stephen Frears de ‘Mi hermosa lavandería’ y ‘Sammy y Rosie se lo montan’.

De ambiciosa temática y desarrollo algo esquemático, ‘Pride’ encuentra la emoción cuando busca la mirada cómplice y la verdad de sus personajes, y el resquemor cuando huye de los problemas por medio de bromas que buscan la risa más fácil. Como en la vida.

1981/03/25

DOCUMENTACIÓN | POLÍTICA | PRESENTACIÓN DE "LOS COMUNISTAS Y LA CUESTIÓN HOMOSEXUAL"

Presentación del documento "Los comunistas y la cuestión homosexual".
El País, 1981-03-25

https://elpais.com/diario/1981/03/26/sociedad/354409213_850215.html 

«La sociedad no tiene idea del lesbianismo», dijo una lesbiana durante el debate del documento 'Los comunistas y la cuestión homosexual', redactado por la Unión de Juventudes Comunistas de España. El acto de presentación del documento tuvo lugar ayer por la tarde, en el Club de Amigos de la Unesco, de Madrid. En el debate participaron cerca de doscientas personas. Dos militantes del PCE apoyaron la opinión de la lesbiana. Sin embargo, el tema más discutido fue la inclusión del movimiento gay dentro de lo que Jordi Petit, de la comisión de cultura del Comité Central del PSUC, denominó «el bloque social del progreso que forman las fuerzas del trabajo y de la cultura en la vida del socialismo en libertad»,.

Joan [Juanito] López, miembro del PCE de las islas Baleares, repasó la historia del movimiento ‘gay’ y las alianzas del mismo con los movimientos obreros.

También se discutió la «crítica situación de este movimiento en los países del Este, y la ‘tolerancia represiva’ de los países europeos y de Estados Unidos contra los homosexuales».

En el debate se valoraron las dificultades de asunción de la clase obrera sobre este tema y, para finalizar, se aludió a la reciente proposición presentada por los socialistas holandeses en la Comisión de Cuestiones Sociales del Consejo de Europa, en torno a una serie de medidas antidiscriminatorias para los homosexuales, que en estos momentos está en proceso de discusión.

1979/12/12

DOCUMENTACIÓN | ACTIVISMO | LA SEXUALIDAD Y LA LUCHA DE CLASES, TEMAS CLAVE EN LAS JORNADAS FEMINISTAS DE GRANADA

La sexualidad y la lucha de clases, temas clave en las jornadas feministas de Granada
Joaquina Prades | El País, 1979-12-12

https://elpais.com/diario/1979/12/13/espana/313887623_850215.html

Entre los muchos temas que las feministas trataron el pasado fin de semana en Granada durante las II Jornadas Estatales de la Mujer, dos cuestiones han acaparado la atención de la mayoría de las 3.000 participantes: la vinculación entre la liberación de la mujer y la transformación de la sociedad capitalista en otra de modelo socialista, y todos los aspectos relacionados con la sexualidad femenina.

En lo que se refiere al primer apartado, todas las corrientes feministas integradas en este grupo (sean vinculadas a los partidos políticos PCE, PTE, ORT, LCR, MCE o sin adscripción política concreta, como el Frente de Liberación de la Mujer) afirman que «sólo en un sistema social de igualdad económica podremos plantearnos consecuentemente la tarea de acabar con la ideología machista». Todas ellas parten del supuesto común de que dentro de la misma clase obrera o trabajadora el machismo es «una dura realidad con la que las mujeres tenemos que enfrentarnos cada día».

Tal vez la diferencia ideológica que se desprende de sus ponencias (la diferencia práctica habría que buscarla en los hechos concretos) sea el grado de ‘presión interna’ en esas corrientes políticas a que están adscritas. Así, el Frente de Liberación insiste repetidas veces en que el movimiento feminista no debe conformarse con rechazar el papel de correa de trasmisión de los partidos, sino que debe ir más allá. «A las mujeres nos corresponde», afirman, «establecer las prioridades y el ritmo de la lucha feminista.»

Para las mujeres de Comisiones Obreras que acudieron a las Jornadas, «el machismo de nuestros compañeros trabajadores nos relega a veces a un trato insultante y discriminatorio», pero al mismo tiempo recuerdan que «cada vez son más los trabajadores que recogen nuestras reivindicaciones y luchan codo a codo con nosotras». Esta afirmación provocó diversas intervenciones en los debates del pasado sábado, en las que se cuestionó si esta lucha codo a codo no respondería más bien a intereses electoralistas, dado que la presencia de las mujeres organizadas es cada día más exigente y numerosa, o si, por el contrario, cabría albergar esperanzas de que realmente asistimos a una lenta transformación ideológica del machismo del hombre, por muy obrero que éste sea. Esta última parte de la cuestión, defendida por algunas de las ponentes de CCOO de cara a la galería, fue puesta en entredicho en conversaciones de pasillos.

A fin de cuentas, ellas manifiestan que su labor, aun admitiendo los visos de utopía que tal transformación conlleva, seguía siendo necesaria porque -se preguntaron-, ¿no sería aún peor que dejásemos de presionar desde dentro a los dirigentes varones de nuestros partidos?

Revolucionarios machistas

Más crítica en sus observaciones a los hombres de la clase obrera fue la ponencia de Empar Pineda, del Movimiento Comunista de España, quien afirmó: «Los hombres del pueblo son también nuestros opresores y contra ellos tenemos que luchar. Son esos padres despóticos; esos maridos que ven con suma indiferencia como perecen nuestras ilusiones entre las cuatro paredes de la casa; esos compañeros de fatigas a los que no conmueven sino sus propias fatigas y desprecian las nuestras; esos esclavos aristócratas a quienes su dignidad de hombres les impide colaborar en las faenas de la casa, aunque nos vean llegar tan baldadas como ellos, esos piropeadores baratos, esos sobones de autobús, esos trabajadores que ven nuestra presencia en las fábricas como una amenaza a sus puestos de trabajo; esos pésimos y apresurados amantes..., esos hombres revolucionarios, cuyo progresismo acaba donde empieza su machismo.» «Nuestra situación», concluye Empar, «es ciertamente complicada. Nos esclavizan los poderosos y, al propio tiempo, nos esclavizan los oprimidos. De aquí las polémicas, a veces acaloradas, que surgen entre las propias mujeres. ¿Contra quién nos enfrentamos? Para mí, la polémica no tiene sentido: contra ambos, contra el capitalismo y contra los hombres. Contra los primeros, guerra sin cuartel. Nada nos une. Contra los segundos, lucha para que abran los ojos y abandonen su machismo, y también unidad, porque muchas cosas nos unen.»

Junto a esta corriente coexiste la defendida por el Partido Feminista (PF), única entidad que se presenta como tal en nuestro país. Para el PF la única manera de evitar que las distintas concepciones políticas integradas en la corriente anterior dividan a las mujeres es considerar el feminismo como una opción política, a la mujer como una clase social en sí misma (la división entre mujeres burguesas y proletarias es para ellas una falacia; éstas no son ni una cosa ni otra, adquieren ese status al contraer matrimonio con un proletario o con un burgués), y, consecuentemente, marcarse como objetivo final la toma del poder por la clase mujer.

Mención aparte merece la ponencia presentada por Gretel Ammann. Esta mujer, integrada en varios colectivos feministas catalanes, realiza una profunda crítica a las dos posturas anteriores y ofrece una serie de alternativas propias. Su análisis tiene como punto de partida la negativa a emplear la terminología y el método de análisis marxista para aplicarlo a la causa de las mujeres. La contradicción entre las clases hombre-mujer no existe. Sí existe ‘la diferencia’. Y su razonamiento es el siguiente: «La mujer es diferente al hombre. Por tanto, no hay que reivindicar la igualdad con él, sino buscar caminos propios. No vamos a ocupar el terreno de los hombres, puesto que al ser diferentes no nos sirve de nada su terreno. La toma de poder no sirve para nada y sólo es una reproducción de los métodos del hombre, que a mí, personalmente, no me satisfacen. Por ello, no sirve de nada convencer a las mujeres desde fuera, sino que debe madurar dentro de ellas el momento consciente de reivindicar su diferencia. Tenemos que separarnos de los hombres (y esto no debe interpretarse necesariamente como lesbianismo), sino en el sentido de que debemos alejarnos de su dependencia ideológica, social y económica.»

«No creemos en revoluciones de futuro prometidas, abstractas, engañosas», dice finalmente, «sino que cada día debemos imponer nuestro cambio y nuestra diferencia, hasta haber conseguido el terreno que es nuestro y que nos corresponde.»

Las posturas radicales en torno a este tema se resumieron en las ponencias debatidas el pasado sábado, más la del Partido Feminista, no expuesta ese día, al retirarse sus representantes en protesta por los enfrentamientos que se produjeron (véase El País del pasado domingo). En síntesis, esta corriente de mujeres rechaza la sexualidad-penetración, desmitifica la función del pene como proporcionador de placer para la mujer y reivindica en su lugar el clítoris, la masturbación y el lesbianismo.

Para ellas, que se apoyan en los estudios de Kinsey, Masters y Johnson, Ann Koedt y Shere Hite, la gran mayoría de las mujeres no experimenta el llamado orgasmo vaginal, y a partir de ahí, «para la mujer no debería haber ninguna motivación para el coito» (Partido Feminista). «Si la mujer acepta el coito», añaden, «es porque se han enseñado a desempeñar el papel de hembra, pasiva, dócil y resignada.»

Como la mujer no sólo no obtiene orgasmo en la relación coital -siempre según sus, argumentos-, sino que además le perjudica gravemente la utilización de hormonas y objetos extraños a su cuerpo, como anticonceptivos, la alternativa es «no a la penetración», y se resuelven de esta manera los dos problemas al mismo tiempo.

También estas tesis han tenido contestación dentro del movimiento feminista, aunque no durante las jornadas, porque sus representantes abandonaron la mesa. Así, para el grupo catalán DAIA (Mujeres por el Autoconocimiento y la Anticoncepción) hay que evitar a toda costa «que la liberación de la mujer sea una especie de nueva religión con dogmas tales como: amarás a las mujeres por encima de todo; elevarás el clítoris al órgano fundamental de la mujer; la penetración es una práctica sexual de la que ‘pasarás’ la mayor parte de veces que puedas; darás fe públicamente de tu liberación e independencia, aunque en ciertos momentos no te sientas libre independiente, etcétera...». Su alternativa frente a estos supuestos dogmas es la de ‘sentir’, pero sentir como a cada mujer le sea conveniente, con la aceptación del propio cuerpo, con la relación sexual que a cada cual más le gratifique, con el sexo que elija, con autonomía y plena libertad, en suma.

Revisión del "código feminista"
La autocrítica sin paliativos también fue protagonizada por Gretel Ammann, en esta ocasión desde su vivencia como lesbiana. Gretel planea una primera contradicción: «La mujer de antes reprimía su sexualidad porque estaba mal visto, y dejaba ver sólo su lado afectivo. La mujer llamada ‘progre’ o ‘liberada’ reprime ahora su afectividad, porque esto es "romanticismo mojigato y trasnochado", y sólo expresa su lado sexual. El resultado, dentro del corsé de un código, es obvio para Gretel Ammann: un empobrecimiento y una miseria total de la sexualidad.

También cuestiona el ‘slogan’ supuestamente feminista de ‘no a la pareja’. «Con estas palabras», explica, «nos referíamos exclusivamente a un tipo muy determinado que se da entre algunos hombres y algunas mujeres y también, por mimetismo, entre las homosexuales. Bajo esta premisa se han acribillado y destruido muchas relaciones enriquecedoras. («Si eres lesbiana o ‘liberada’, ¿cómo te limitas exclusivamente a la pareja?») Se ha dado más importancia al número que al tipo de vinculación/relación que existía. Se ha confundido lo que se entendía por pareja (relación de poder, sumisión..) con la relación dual.

La conclusión final de Gretel es una llamada a las mujeres para ‘desencorsetar’ el movimiento y no por ello poner en peligro la unidad del movimiento. «Ya es hora», finaliza, «de que rompamos la moralidad feminista y empecemos a ser sinceras, a atrevernos a decir cada una lo que estamos viviendo y sintiendo. En Barcelona lo hemos hecho y nos hemos sentido muy bien.»

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...