1982/03/05

DOCUMENTACIÓN | TESTIMONIOS | LA NOCHE ÍNTIMA DE MADRID

La noche íntima de Madrid.
Manuel Vicent | El País, 1982-03-05

https://elpais.com/diario/1982/03/06/sociedad/384217202_850215.html 

En la puerta del garito, un conserje manco, iluminado por un reflejo de color quisquilla, aprieta con el muñón un taco de localidades contra la vesícula y pregona a media voz la entrada al paraíso por el precio de ochocientas pesetas, consumición incluida. Dentro se oyen rugidos de selva virgen. El paraíso es un pequeño local en penumbra abarrotado de padres de familia, novios de periferia, alcaldes o concejales pedáneos en visita política a la capital, ejecutivos solitarios y chulos de pie, apoyados en las columnas con una ginebra en la mano. El drama se desarrolla en un camastro con barrotes de jaula. Una muchacha inglesa, en el papel de pantera en celo que no halla consuelo para su furor uterino, ofrece al respetable público sucesivas oleadas de su culo. Ruge y mueve voluptuosamente la maternidad, embistiendo con el sexo a un macho imaginario.

-¿Qué va a tomar?
-Un ‘whisky’ con soda.

En esto sale un gorila muy afelpado, casi auténtico, y en seguida se ve que la pareja de fieras va a celebrar un coito triunfal. Están hechos la una para el otro. En la sala hay maridos tensos, con la bragueta inflamada que tragan saliva junto a la mujer legítima un poco somnolienta ya a estas horas. Después de realizarse todo el día en casa con la fregona, ella ha ido por la tarde a la peluquería, ha dado de cenar a los hijos, ha lavado los platos, ha usado esa crema que deja las manos suaves para la caricia nocturna y ha consentido en acompañar a su marido a este antro de perdición. Con ademanes primitivos, el gorila arranca a mordiscos el taparrabos de la pantera, y una vez pelada de todo esta fiera inglesa, al son de unos trallazos electrónicos y mucho rebuzno de zoológico, se apodera del mando, sus partes bajas se agitan carnalmente y pronto se nota que el pobre gorila no puede con el paquete. El marido le da con el codo a la legítima:

-No te duermas, mujer.
-¿Qué pasa?
-El mono, que está a punto de palmar. No te lo pierdas.

La pantera desnuda, con la greña en la boca entreabierta, se friega vilmente al compañero sin ninguna compasión, con rudos golpes de bajo vientre. Hace con él un kamasutra violento, según las reglas de la selva. Le muerde la virilidad, lo zarandea como a un papá Noel, montándolo a horcajadas, y cuando la señorita inglesa está a un punto del trance, y el espacio del pequeño paraíso se cubre de jadeos sincopados por el bongó, en ese momento en la sala se oye un grito de pavor acompañado de un maullido de gato. Una mujer de paisano pega un salto en la oscuridad y derriba todas las copas de la mesa. El gato del local, atado con una cuerda a una caja de ‘coca-colas’ detrás de la cortina del cuarto trastero, se había paseado suavemente entre las piernas de la parroquia hasta que la clienta lo pisó. El susto en medio de risotadas le ha cortado el orgasmo feliz a la pantera sobre el camastro de escena, pero, de todas formas, el gorila muere en sus brazos, porque así está escrito en el libreto.

Espectáculos de fina sala
La sala exhibe sexo familiar. El presentador, que probablemente es de Ávila, finge acento extranjero para anunciar las atracciones internacionales de esta sala tan fina. El público asiste al espectáculo con una seriedad de oficina o de conferencia de Zubiri. Ahora llega el número de la ingenua vestida de payaso. La chica anda por el tabladillo parodiando gansadas de Charlot dentro de los zapatones hasta que el saxofón coge una morbidez de boa, la elementa se despelleja los inmensos pantalones y la clientela comienza a divisar carne otra vez. Desde el interior del disfraz, nadie lo diría, sale una joven maciza, que se va poniendo seria a medida que se queda desollada. Se quita el gorro, le cae un haz de pelo hasta los hoyuelos de la riñonada y, sin pensarlo dos veces, comienza a mover las nalgas de almendra hasta caer rendida. Luego viene la parte exótica con el número de la japonesa con arco y el espectáculo se cierra con un desnudo musical a base de cinco lesbianas selectas que trenzan sus cuerpos excitadas por el bolero de Ravel. El público aplaude. Después, los padres de familia se van muy motivados al lecho matrimonial, donde la legítima hará un remedo de ‘strip-tease’ con lencería fina entre el ropero castellano y la mesilla con orinal sin hacer ruido para que no se despierten los hijos. Los ejecutivos solitarios y los alcaldes de pueblo vuelven al hotel, en cuyo vestíbulo tal vez encuentren una rubia oxigenada con la bandera subida, dispuesta a llevarles a los mares del Sur sobre una colcha de satén. Mientras tanto, el elenco del cabaré toma un pepito de ternera en la cafetería de enfrente y, esperando el pase de las tres de la madrugada, habla del cólico nefrítico que le ha dado a una compañera.

Un puerto de secano
La noche íntima de Madrid ha comenzado mucho antes, al cerrarse la tarde. El circuito de Ulises perdido en su regreso a Ítaca puede partir de la calle de la Ballesta, que es un puerto para marineros de secano. A las nueve de la noche, en la tasca Casa Perico, es posible ver a las proletarias del amor cenando en corro sesos a la romana o riñones al ajillo. Una hora después ya están todas en sus puestos, sentadas en los taburetes de los sucesivos antros, acodadas en la barra, haciendo pompas con el chicle. Los garitos de la calle de la Ballesta contienen todavía un punto romántico del primer plan de desarrollo. Huelen a caliente perfume de fresa con una veta de amoniaco que sale de la parte de los retretes. Aquí ya no hay sargentos negros de Torrejón ni el género es tan terciado como en los tiempos de Ullastres. Ahora ya no se ven aquellas mujeres de cuarenta arrobas con una medalla de la virgen de la Fuensanta en el canalillo o ejemplares de hueso gótico y rostro macilento, unas con el preñado de cinco meses comprimido por la faja, otras chaparras con muslos de defensa central asomando por la minifalda, todas con la boca pintada en forma de corazón sobre un dedo de argamasa. Ahora van de progresistas con bufanda y la que menos tiene un hijo en segundo de BUP. Algunas lucen un moño de Evita Perón con lividez de talco en la mejilla, otras visten de malvadas con sombrero borsalino y siempre hay una que queda muy señora con traje de sastre.

-¿Y tú de qué vas, guapa?
-A mí no me preguntes. Son 1.500 y la cama.
-¿Trabajas mucho?
-Una media de dos pardillos al día.
-Suficiente.
-Para ir tirando mientras llega el Mundial-82.
-¿Entonces?
-Lo dicho, 1.500 y la cama. Vicios, también aparte.

Bajo los luminosos románticos de la calle de la Ballesta, que tiene algo de muelle portuario, hay tertulia de chulos con los riñones en la pared y una pata de cigüeña. Los garitos llevan nombres de gran ternura íntima: ‘El y Eva’, ‘Tú y Yo’. Los chulos están picados de viruela y usan zapato blanco, chaqueta ceñida con dos aberturas y navajita de chinar en el bolsillo, patillas rizadas y pelucón de oro. A los porteros se les ven las cachas cuadradas y forman entre ellos una hermandad de karatecas. La calle tiene un candor rojo de pachulí con parpadeos de neón y lisiados de Brunete, noria de taxis que trae clientes sin parar, olor ácido a alcantarilla y freiduría de tascas. El comercio empieza a animarse a las diez de la noche y los antros se apagan a las tres de la madrugada. Entonces se forman en la acera de la Telefónica unos corros de contrata con el aluvión que sube de Carretas, de la plaza del Carmen, de las esquinas de Montera, y el mercado de la carne allí juega a la baja bajo el relente del amanecer.

-Para ti, 1.500, chato.
-Tienen que ser mil o nada.
-Cabrón.
-Se te van a comer las ratas.
-Bueno, vale.

Entre tipos con talante presidiario, cojos, tarados, cerilleras embuchadas en la toquilla como figuras de Nonell, vendedores de lotería, solitarios con las manos en los bolsillos, ebrios de mala catadura a los que les patina el embrague, chulos que controlan la mercancía y mantienen el orden a cierta distancia, alrededor de la Telefónica, hacia las cuatro de la madrugada, se celebra una subasta de carne con los restos de la noche. Es la última oportunidad de llevarse algo al catre con un precio de rebaja. Junto a este barullo de asentadores de abastos hay una fila de taxis esperando a que alguien levante la mano y embarque el paquete. La barriada está llena de pensiones cuya especialidad consiste en un camastro, un lavabo y un billete para la Luna de media hora de duración. El viaje es rápido.

Las chicas de apartamento
Las prostitutas de a pie, con una media de treinta años, todas del terreno, con la nota exótica de alguna portuguesa, mulata antillana o filipina, cubren las últimas esquinas del centro de Madrid y recogen las caspas que salen de los bares americanos. En los ‘pubs’, ‘snacks’, tugurios de color de rosa y barra acolchada con cuarterones de skay, cuadros con caballos ingleses en las paredes tapizadas, en esos cubiles eróticos de los alto de Capitán Haya, en el contorno del hotel Meliá Castilla, ya es otra cosa. Las señoritas de alterne se hacen pasar casi todas por estudiantes de filosofía.

-Yo, por las mañanas, estudio pedagogía.
-¿El método Montessori?
-Cualquier cosa.
-¿Y enseñas algo?
-Lo que haga falta. Siempre que suelte diez billetes.

Son esa clase de chicas que viven en bloque de apartamentos amueblados, con hilo musical y conserje antorchado con charreteras doradas. Tienen un payaso de trapo sobre el sofá cama, estantería con novelas de amor y lujo, revistas abiertas por el horóscopo en una cesta junto al teléfono de góndola tirado en la moqueta entre bragas y medias de colores, fotografías clavadas con chinchetas en la pared, de aquellas que les pidió la agencia, donde se ven ráfagas de su trasero esfumado. Salen con un novio colombiano dedicado al asunto de drogas al por menor. Primero ellas han transitado por el desbrague medio artístico en los cabarés de la Gran Vía, soñando con un papel en una comedia de Alonso Millán, a la espera de una hipotética llamada para un programa de televisión o para una película de Iquino, mientras se conformaban con darle un masaje a un gato rico de provincias.

Cuando de todo eso no ha salido nada y ya se ve que no saldrá, han arrojado la toalla y ahora están sentadas a medianoche en la butaca del lujoso vestíbulo del hotel con la pierna elegantemente cabalgada, el cigarrillo rubio, el mechero de oro, el chaquetón de zorro, viendo pasar por la alfombra peces gordos con tarjetas de crédito. Las puertas blindadas de los ascensores se abren y se cierran. Los ejecutivos embarcan hacia la habitación y ellas, estratégicamente situadas como equipaje al pie de la escalerilla, los siguen con la mirada, esperando que se produzca un guiño de complicidad, ese discreto ademán de contratación para cerrar el trato a distancia, y seguirlos dócil y silenciosamente hasta arriba. Están en las butacas del vestíbulo o esperan la visita en los pubs, ‘snack’ y bares de alrededor, tarareando por lo bajo algo de Rocío Jurado en la penumbra perfumada. Si cae la pieza, ellas se la llevan a su apartamento amueblado, donde suena una melodía de Frank Pourcel en el hilo musical. Cada noche, en estos nidos de amor se reproduce la mitología. La chica dice que estas vacaciones de Semana Santa piensa ir a Londres a comprarse ropa, que en verano se largará a Marbella porque está harta de las piscinas de Madrid, que debe cuatro meses de alquiler, que por las mañanas estudia pedagogía o se mete en un gimnasio, que van a contratarla para anunciar un zumo de fruta. El ejecutivo, con la camisa abierta y los pantalones en la rodilla, juega con el payaso de trapo, y en ese apartamento tan cálido, antes de entrar en combate, alimenta un sueño de oro, el deseo más viejo de cualquier hombre: que esa putilla tan fina se enamore de él y no le cobre, aunque después le tenga que regalar un bolso de cocodrilo.

A las tres de la madrugada parpadea el neón de un ‘strip-tease’ en una esquina del Madrid galdosiano donde hay ratas blancas despanzurradas en la calzada y se oye gritar a una mujer como si la mataran por encima del estruendo del camión de la basura. El garito está en un sótano rojo en forma de tranvía y en la pequeña barra del rellano se amontonan algunas criaturas con uniforme de conejo y una docena de borrachos de lengua gorda con una mano en el cubalibre y la otra buscando la teta más cercana. En cada rincón del tugurio hay un solitario repantigado, arrojado como un bulto en la oscuridad, y en la pista baila una chica única con botas de vaquero. Una mujer en bikini y la cara triste de madre de familia numerosa está semidesnuda y sola en un taburete de la barra.

-¿Se te puede sacar de aquí?
-Nada. Lo mío es sólo el alterne.
-¿Trabajas mucho?
-No me quejo. Entro a las siete de la tarde. A las nueve me dan una hora para cenar. Salgo a las cuatro de la madrugada.
-¿Cómo va el negocio?
-Para mí, bien. Llevo un tanto fijo y el 40% en el descorche. El seguro social, aparte. Vengo a salir por unas 200.000 redondas al mes.
-Que haya suerte.
-Muchas gracias.

El espectáculo de la casa va a comenzar. Se despeja la pista y un empleado echa la cadena por el borde de la tarima para que el personal no muerda las pantorrillas del elenco. Sale una chica en leotardos negros, zapatillas de andar por casa y cazadora de cuero claveteado. Primero se agita siguiendo un ‘rock’ con la lengua fuera, pero muy pronto la música se pone bífida con un clarinete de malas intenciones, y la zagala se despereza suavemente mordiéndose el labio inferior. Los ebrios de la sala no le hacen caso. Entonces ella abrevia. Se quita los leotardos como si se fuera a dormir, arroja el sostén por aquí y las bragas por allá, se manosea el sexo, mueve la tripa recién parida y en eso se produce el acorde final. La chica saluda y se larga, dando saltitos para no resfriarse, en dirección a los lavabos. En seguida se va a proceder a una rifa. Es una atención de la casa. Los camareros reparten papeletas entre la clientela. Hay un bolso para las señoras, un mechero para los caballeros y una muñeca de propina. Con un candor de tómbola benéfica, el empleado canta los números del sorteo y los borrachines gritan, aplauden y besan la pechuga de las conejas.

Ambiente gay con máscara de crema
En un bar de ambiente funciona un vídeo pornográfico mientras las hadas y las mariposas charlan con su paquete de azúcar en las ingles, la cadera breve y un puñado de signos y medallas en el esternón abierto. En el sótano hay parejas masculinas tiradas en la moqueta. Producen la impresión de finos combatientes caídos en una elegantísima batalla perfumada con chanel. No hay duda. Los homosexuales se han apoderado de la noche de Madrid. Junto a los cubos de basura florecen muchachos de pestañas rizadas. La ciudad presenta de noche una máscara de crema que está en los camerinos de Gay Club, donde reina Paco España en bata de cola. Es una visión inquietante, produce un efecto turbador este mundo de travestidos captados en la intimidad. Efebos desnudos con tanga, en traje de lentejuelas, muchachos de una belleza espléndida envueltos en plumas, estolas y tules de ilusión. La estrella rubia Elianne, con el sexo doble, de quita y pon; el mulato cubano Watussi, con la cabeza rapada y polvo de oro, de plata en el hocico inflamado, con una vía láctea de cromo en la frente, en los pómulos; la elasticidad carnal del coreógrafo Jorge Aguer.

La noche íntima de Madrid tiene un efecto simbólico en los camerinos de Gay Club a las tres de la madrugada. Ellos o ellas se reflejan en los espejos de los cuchitriles entre estampas de santos de su devoción, vírgenes supersticiosas, fotografías dedicadas, pinturas, botes de crema, pastas de color, pinceles, sombreros de copa, pelucas, capas de falso armiño, bisutería, taparrabos de vidrio y zapatos de tacón de aguja. Los centauros corren por el pasillo agitando la grupa con un bronceado de lámpara de cuarzo. Tienen allí dentro amores furiosos, celos desbocados. Se besan, se acarician, se muerden entre ellos la dorada yugular. Paco España sale de faraona desmadrada, con un desgarro del Sur, pero al final de la noche se pone metafísico y realiza un ‘strip-tease’ existencialista. Mientras reivindica a gritos, su condición de homosexual con orgullo de pollancón, se arranca el ‘atrezzo’ a tirones, se limpia el rostro con crema y dentro aparece un señor gordito con cara de paracaidista.

La noche de Madrid termina al amanecer en los aledaños del café Latino, en la margen izquierda del paseo de Recoletos. El residuo desvencijado de la jornada, drogadictos, navajeros, maricones sin amor, putas sin catres, chulos después de hacer caja, borrachos sin brújula y ex presidiarios se hacen un nudo de carne y esperan a que el sol ilumine la crestería de las Calatravas.

1981/12/08

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | JOSÉ INFANTE: "LOS HOMOSEXUALES Y LA CULTURA"

Los homosexuales y la cultura.
José Infante | El País, 1981-12-08

https://elpais.com/diario/1981/12/09/sociedad/376700401_850215.html 

Reflexionar en tomo al tema de la homosexualidad es, sin duda, complejo, arriesgado y equívoco. Nunca dejará de sorprenderme con qué tesón y desconocimiento se sigue hablando -u ocultando- el tema de la homosexualidad en la sociedad actual. Una sociedad que encuentra moralmente aceptable la fabricación de misiles, todo tipo de corrupciones político-administrativas, el terrorismo de Estado, la violencia en sus más sofisticadas versiones y que hipócritamente sigue esclava de los más estúpidos tabúes sexuales, grabados a fuego en nuestra mente por veinte siglos de moral judeo-cristiana, es, por lo menos, una sociedad enferma.

No voy a caer en la fácil trampa de limitarme a señalar el papel decisivo que la homosexualidad, o los homosexuales, han tenido en la cultura occidental. Me explico. Decirles ahora que los padres del pensamiento filosófico del que todavía nos alimentamos: Sócrates y Platón eran o practicaban la homosexualidad; que Alejandro Magno, Julio César, Miguel Ángel, Leonardo, Shakespeare, Bacon, Erasmo, Montaigne y Federico el Grande también lo hicieron de forma manifiesta, y que modernamente Oscar Wilde, Prouts, Gide, Verlaine, Rimbaud, Withman, Cocteau, Lorca y Cernuda han hecho otro tanto, por sólo citar a unos pocos, sería una cuestión de educación general básica. Además no aportaría nada al tema, ya que todos ellos, antes que homosexuales, eran geniales, filósofos, escritores, artistas, poetas... Pero también -tampoco conviene olvidarlo-, siendo homosexuales. Digamos que mi intención es muy otra. Cuando en alguna ocasión he asegurado en público que no creo que la homosexualidad exista (la homosexualidad en sentido absoluto), he causado, al menos, escándalo, si no estupor. Me explicaré. No es nada nuevo, a estas alturas, asegurar, a la luz del psicoanálisis, que como dice Georg Groddeck -asimilando la teoría de la transexualidad latente en todo ser humano-, «el hombre se ama en primer lugar a sí mismo, se ama con todas sus fuerzas; trata, por naturaleza, de procurarse toda forma imaginable de placer, y ya que él es hombre y mujer, resulta que en primer término está sometido al amor a su propio sexo. La cuestión no es, por consiguiente: ¿es la homosexualidad una perversión? De esto no se trata. La cuestión es la siguiente: ¿Por qué es tan difícil ver este fenómeno de atracción al propio sexo libre de prejuicio, hablar sobre él y juzgarlo, y luego, cómo llega el hombre a poder sentir atracción por el sexo contrario, a pesar de sus disposiciones homosexuales?».

Ser social, ser neurótico
Perdonen la larga cita, pero me parece lúcida y válida para aportar un poco de claridad sobre el tema. Si los modernos estudios psicoanalíticos nos han llevado a concluir, con Norman Brown, que el hombre es «un animal neurótico», aparte de ser un animal político -y tal vez por eso-, su capacidad de ser neurótico «no es más que la otra cara de su capacidad de desarrollarse culturalmente». La sociedad impone la represión. La represión origina la neurosis. ¿Cómo no ver un nexo íntimo entre el ser social y el ser neurótico? Y, por tanto, ¿si en un momento del desarrollo de la sociedad occidental, ésta no reprimió la homosexualidad, sino que la homosexualidad tal como hoy la entendemos no existía, cómo no llegar a concluir que lo que en definitiva es la homosexualidad -o los comportamientos homosexuales, que sí existen, aparte de ser una posibilidad de «diferenciación» y elección- es una creación cultural? Escandinavos, griegos, romanos, celtas, sumerios, las civilizaciones florecidas en los valles del Nilo, del Eufrates y el Tigris y en la cuenca del Mediterráneo tuvieron en alta consideración el amor entre personas del mismo sexo, de lo que hay frecuentes y cuantiosos testimonios en la literatura y el arte de estos pueblos.

El origen de la condena y persecución se inicia con el pueblo hebreo. Es el ‘Levítico’ el primer texto fundamental que condena la homosexualidad. Desde entonces, una larga sucesión de marginación, represiones, hogueras y torturas han perseguido a los homosexuales. La Iglesia del posrenacimiento -en la que la homosexualidad era todavía una práctica frecuente, pero oculta-, por un decreto de Nicolás V, puso a los homosexuales, junto a los herejes, en manos de la Inquisición.

Lo peor ha sido el pozo de oscurantismo, terror, tabúes y esquizofrenia que los individuos han encontrado a la hora de ejercer uno de sus principales derechos: el de practicar su sexualidad en libertad. Porque, en definitiva, de lo que se trata es de la liberación sexual del ser humano. No conviene olvidar que, al mismo tiempo, la Iglesia llegó a prohibir la copulación nocturna, y, en determinados días del año, de los esposos, y santo Tomás consideraba las relaciones sexuales en el matrimonio como «violencia ejercida contra la mujer» (por eso la madre recién parida ha de purificarse en una ceremonia sólo abolida en el último Concilio Ecuménico). No hay que ir muy lejos. Todavía está latente la polvareda levantada por el papa Juan Pablo II cuando llegó a hablar (por mucho que haya querido rectificar después) de adulterio en las relaciones matrimoniales.

Dice san Agustín en ‘Civita Dei’ que «cada uno debe vivir su libertad». El santo obispo de Hipona (que vivió mucho tiempo su libertad sexual plena y por ello se convirtió en algo así como el asesor sexual de la patrística) terminó luego considerando la «homosexualidad como un vicio más abominable que el adulterio y que el incesto». Se dirá, no obstante, que esto es agua pasada. Es cierto. Pero, indudablemente, pesa sobre la conciencia del hombre moderno toda esta larga cadena de condenación.

Caer en la trampa

Las últimas tendencias políticas y las ideologías democráticas modernas, afortunadamente secularizadas, ejercen otro tipo de controles. Una finísima red se tiende a los homosexuales, a los marginados: la de su definición, la de su «homologación» y reconocimiento como seres dentro de la ley. Se trata de una trampa en la que, precisamente en las sociedades más evolucionadas, muchos homosexuales manifiestos están cayendo: la reproducción (hasta donde se puede, naturalmente) del esquema y la estructura de la pareja heterosexual. (Muchas legislaciones actuales de algunos países reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo, el derecho a la herencia, la adopción, etcétera.) Lo que los Estados no están dispuestos a permitir es la desaparición de esa estructura económico-social llamada familia. Se acabaría su poder.

Pero, «para la liberación auténtica, hay que aprender a gozar abiertamente de la transgresión». O dicho de otro modo, la única libertad posible sería la inexistencia de la norma. Naturalmente, esto haría tambalear los cimientos de la sociedad, tanto del modelo falocrático-capitalista, como del comunista-falocéntrico. No es un error, es una conveniencia, afirmar, como se ha afirmado, que el fenómeno del Eros está unido al de la reproducción. Gide lo dijo: «Lejos de ser el único ‘natural’, el acto procreativo, en la naturaleza, entre la más desconcertante profusión, sólo es las más de las veces un acto fortuito». (La Iglesia -y vuelvo a ella porque es necesario- ya había sacralizado el acto de la procreación, haciéndolo figurar como el fin primario del matrimonio.) De lo que se trata es de negar al hombre el placer sexual como un fin en sí mismo. Y esto también está muy relacionado con la marginación de la homosexualidad. Pero ya observó ese visionario llamado Nietzsche: «Al no ser nada cierto, todo resulta permitido».

Y esto no necesariamente lleva, como podrían afirmar algunos, a desposeer al acto sexual, a la sexualidad, de toda trascendencia. Ni mucho menos. Es exactamente todo lo contrario. Nunca está el hombre más cerca de la divinidad, de lo trascendente, que cuando hace el amor. Cualquier tipo de amor. Porque nunca estamos más cerca del misterio que somos. «Océano sin orillas» le ha llamado el poeta contemporáneo D. H. Lawrence. Y de lo que tratan es de ofrecernos falsas orillas para que no nos enfrentemos con el único y terrible y grandioso drama humano: resolver la ineludible soledad del hombre ante el Cosmos. Permitidme que termine con unos versos de Cocteau que tal vez se refieran a tanta decepción: «No tiendas tus manos hacia tu mal y hacia mí. / Por temor a que, al despertarte, sintieras la necesidad que tengo yo / de ofrecerte la garantía absurda del amor».

Jose Infante es escritor, periodista y poeta. Premio Adonais de Poesía 1971 por ‘Elegía y No’.

1981/11/28

DOCUMENTACIÓN | CUESTIÓN | LA CONDUCTA HOMOSEXUAL

La conducta homosexual.
Carlos Castaño | El País, 1981-11-28

https://elpais.com/diario/1981/11/29/sociedad/375836401_850215.html 

La homosexualidad ha sido siempre una cuestión muy controvertida. Los prejuicios morales y las conveniencias sociales han contribuido a oscurecer la comprensión imparcial del tema. La misma investigación científica se ha dejado llevar con demasiada frecuencia por estos juicios de valor más que por la observancia objetiva de los hechos. Tres tipos de determinantes se han hecho intervenir en la génesis de la conducta homosexual, a saber: biológicos, psicológicos y sociales.
 
Factores biológicos. En contra del prejuicio popular que supone a los homosexuales como seres constitucionalmente «diferentes», las investigaciones más recientes muestran que, en la mayoría de los casos, no es posible distinguir estigmas de índole física o biológica que los diferencien del resto de los mortales. Es un hecho incuestionablemente admitido que, en la actualidad, no se puede diagnosticar la homosexualidad a través de ningún examen físico. Así, estudios llevados a cabo con centenares de homosexuales de ambos sexos muestran que, salvo casos excepcionales, no hay posibilidad de distinguir rasgos morfológicos específicos.

Factores psicológicos. El psicoanálisis confirió especial significación a la influencia de los [homosexuales] con [lo] «perverso» sexual caracterizado porque, en el curso de su desarrollo, ha sufrido una «fijación» o una «regresión» hacia estados más inmaduros, propios de la etapa infantil, que la mayor parte de las personas ha sido capaz de superar. Freud relacionó también la homosexualidad con la neurosis. La diferencia radicaría en que, mientras la perversión sexual supondría la aceptación de los impulsos sexuales anómalos, en la neurosis el sujeto ha sido capaz de interponer entre aquellos impulsos y su conducta una serie de mecanismos de defensa que, si bien evitan las manifestaciones de la homosexualidad, se revelan en forma de síntomas neuróticos. «Las neurosis no son sino el reverso de la perversión», concluye Freud.

La hipótesis psicoanalítica ha sido muy criticada. La principal objeción que se le puede hacer es el error de sesgo de que parte. Es un fallo que suelen cometer los clínicos, tanto si se aferran al modelo psicoanalítico como si parten de otros puntos de vista.

Factores sociales. La conducta homosexual, corno la conducta heterosexual, se explica a partir de un proceso de interacción entre el individuo y la sociedad. Como cualquier tipo de comportamiento obedece a las leyes de la socialización o aprendizaje social, mediante el cual cada individuo trata de incorporarse, más o menos adecuadamente, a las expectativas de comportamiento que la sociedad le señala, de acuerdo con su edad, sexo, clase social, profesión, etcétera. Hay una serie de hechos que permiten clarificar el itinerario que el individuo recorre en su proceso de aprendizaje de su conducta sexual, así como de las posibles desviaciones, o «salidas del redil».

Los animales superiores, y, por tanto el hombre, son -al ser concebidos- potencialmente bisexuales. Todos ellos conservan durante toda su vida restos más o menos rudimentarios del otro sexo. El impulso sexual está gobernado por dos sistemas: endocrino y nervioso. Conforme se asciende en la escala zoológica, el primero va perdiendo importancia frente al segundo. En el hombre, situado en la cumbre del proceso evolutivo de «cerebración progresiva», el comportamiento sexual se rige, fundamentalmente, por los influjos nerviosos y, más específicamente, por los mentales, mucho más abiertos a los estímulos culturales.

No es necesario recurrir al argumento histórico para mostrar la influencia de los factores culturales en los comportamientos sexuales.

El aprendizaje social se realiza a partir de dos tipos de influencias fundamentales: la tendencia a la imitación de aquellas personas que nos son ofrecidas como modelos, y el sistema de recompensas y castigos administrados discriminadamente sobre las conductas socialmente adecuadas o indeseables. Nuestro medio social se esfuerza por ofrecer modelos de comportamiento para cada sexo, refuerza positivamente las conductas que se ajustan a ellos. y reprime cualquier manifestación desviada. En estas condiciones, es consecuente que la mayor parte de los individuos se adapten al modelo. Durante el desarrollo de la personalidad, el individuo, en su empeño por incorporarse al grupo social, va incorporando su sistema de valores. Es lo que se llama «conciencia moral». En principio, toda transgresión de la norma es sancionada desde fuera por el grupo social; pero, una vez completado el proceso de introducción de código moral, es también censurado desde el interior por la conciencia. Nacen así los sentimientos de culpa que contribuyen a prevenir la transgresión de la norma.

Este proceso puede, sin embargo, fracasar por inadecuación entre uno o los dos componentes del sistema. Algunas personas se muestran especialmente vulnerables. Se trata casi siempre de individuos que, en el curso de su desarrollo, han vivido una serie de experiencias inadaptativas. Dentro de una misma cultura, por otro lado, la tolerancia de los diferentes grupos sociales a la conducta homosexual es muy variable. Es un hecho comprobado, además, que la incidencia de la conducta homosexual aumenta durante las épocas de crisis.

Mejor que hablar de homosexualidad es preferible, pues, hablar de conducta homosexual, entendida esta como el resultado fallido del proceso de aprendizaje social.

Esta perspectiva dinámica permite adoptar, por el contrario, un enfoque terapéutico: si la conducta homosexual es aprendida, igualmente puede ser cambiada.

Carlos Castaño
es director del Centro de Salud Mental Adolescente y Juvenil de AISN (Administración Institucional de Sanidad Nacional) y vicepresidente de la Sociedad Española de Psicología.

1981/11/27

PELÍCULAS | Garay, Jesús | Manderley

Garay, Jesús (Director) (1981). Manderley. Cooperativa Cinematográfica Manderley.

Manderley. 1981. Estreno: 1981-11-27 [Rodaje, 1979. Zinemaldia, 1980-09-00]. 103 min. Dirección y guion: Jesús Garay. Reparto: José Ocaña, Enrique Rada, Joan Ferrer, Pío Muriedas, Antonio Martín, Montse Esther, Otto Apuy, Jorge Artajo, Felipe de Paco, Enrique Ibáñez, Carlos G. Malléis, Karmele Marchante. Cooperativa Cinematográfica Manderley.

Tres jóvenes, Olmo, Paula y el actor, bajo diversas crisis personales y unidos por su condición homosexual, se van de la ciudad, dispuestos a pasar el verano en un caserón de la cornisa cantábrica. Pero la esperanza de que, con el cambio de medio, todo pueda ser diferente se va diluyendo con la llegada de la lluvia, con la imperceptible frustración que proporcionan los actos nimios y cotidianos. Al final del verano, ningún proyecto se ha llevado a cabo y los tres se aprestan a regresar, tras aquel paréntesis en Manderley, a la vida urbana.

Manderley: La primera tragicomedia gay
Segunda parte sobre joyas LGTBI del cine español a rescatar. Jesús Garay contemplaba a tres arquetipos de la época.
Javi Valera | Cine con ñ, 2021-07-03
https://cineconn.es/manderley-la-primera-tragicomedia-gay/

En la 28 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián de 1980, dentro de la sección de Nuevos Realizadores, coincidieron dos películas españolas de lo más underground: ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’ y ‘Manderley’. La primera corrió más suerte: fue el primer éxito de Pedro Almodóvar. La segunda, firmada por Jesús Garay, no tuvo tanta repercusión, por desgracia, pero está al mismo nivel.

Los finales de los 70 y principios de los 80, fueron una etapa en la que salieron muchos cineastas con propuestas frescas y de poco presupuesto en España. Y en esa línea se puede enmarcar la cinta de Jesús Garay. La base de muchas película de la época estaba en la improvisación y en unos actores con suficiente carisma como para sostener largas secuencias, para así conseguir horas y horas de grabación y luego poder escoger el material que acabaría en el montaje final. Aunque, eso sí, todo con unas pautas (un guión mínimo) bien marcadas para no desaprovechar mucho rollo de película (‘Manderley’ se grabó en 16mm).

‘Manderley’, balance de vida
Si en el caso de Gay Club – estrenada en noviembre de 1980 al igual que ‘Manderley’– estábamos ante la representación de unos gays de pueblo alegres y reivindicativos, aquí nos encontramos con una visión más densa, profunda y también algo melancólica. No podría decirse tampoco que los tres protagonistas, homosexuales, sean unos tristes, pero sí son reflexivos y se encuentran en una etapa de cierta crisis existencial.

‘Manderley’ cuenta el verano de tres amigos homosexuales que huyen del entorno urbano de Barcelona y se refugian en un caserío del norte de España para hacer un balance de sus vidas y desconectar, con la esperanza de que al acabar ese tiempo veraniego su sensación de hastío cambiará. El filme está protagonizado por el artista y pintor José Ocaña (al que Ventura Pons dedicó el documental de Ocaña, retrato intermitente en 1978) y por otros dos personajes que formaban parte de cierto círculo artístico e intelectual de la Barcelona de aquellos años de la Transición: Paula Rada y Joan Ferrer (el único actor de los tres).

El cartel de la película, y su edición posterior en VHS, llevaba el subtítulo de “la primera tragicomedia gay” y es algo totalmente acertado: España ya estaba en democracia y esa sensación de extrema libertad dio paso a varios títulos (como algunos de Eloy de la Iglesia u ‘Ocaña, retrato intermitente’) donde se pudo hablar abiertamente de la homosexualidad.

‘Manderley’ da un paso más allá y desarrolla sin pudor temas aún poco tratados como el sexo y otros que hoy en día serían totalmente impensables e incluso mal vistos: por ejemplo, desde un punto de vista totalmente ‘naif’, el personaje de Ocaña, que no deja de ser una interpretación de él mismo, plantea actitudes pederastas uniéndolas a la homosexualidad en los niños. Es algo rarísimo, que choca, pero se “entiende” dentro de la locura y el mundo fantasioso del personaje.

Los tres arquetipos gays
El director Jesús Garay declaró hace unos meses en un pase especial de la película en la Academia de Cine que no tenía ninguna pretensión de hacer una película reivindicativa: «Yo los veía como espectador equidistante, y eso la hace quizás un poco fría. Pero pensé que era una manera de ponerse a favor de la naturalidad de las cosas». Eso es exactamente uno de los aspectos que convierte a ‘Manderley’ en un documento histórico bastante especial: se trata de una película que no juzga a sus personajes y solo contempla su modo de vivir y de pensar dando así pie a que se puedan expresar tal y como son. Un retrato de este tipo, que desprende tanta verdad, es muy importante que se diera en esos años, donde había escasez de representación LGTB, aunque el filme no tuviera ninguna pretensión de llegar al gran público general.

La película está protagonizada por tres hombres homosexuales muy distintos entre sí. Ese es otro de los factores positivos del filme: mostrar una diversidad dentro del colectivo LGTB y no exponer a tres personajes idénticos con los mismos problemas e ilusiones. Aquí cada personaje representa un arquetipo distinto dentro de la disidencia sexual: el personaje de Ocaña es el más alocado y divertido, el de Joan Ferrer es el más introvertido, discreto y atormentado y el de Paula Rada el de alguien delirante y fantasioso que no se siente identificado con su sexo.

Con el personaje de Rada entra también la cuestión de la transexualidad, que está tratada con absoluta delicadeza. Por ejemplo, en una escena intenta con empeño ponerse unos tacones sin lograrlo; de esa manera tan sutil se estaba visibilizando el tormento de las personas trans. Hay que recordar que esta película es de 1980 y aún no había demasiada representación, positiva, de la transexualidad en nuestro cine.

Naturalidad, visibilidad e intenciones documentales
Sin duda el principal encanto de ‘Manderley’ es ver cómo estos intérpretes -salvo Joan Ferrer que sí era actor profesional- hacen de ellos mismos. Le da un plus de verdad increíble a la película: el Ocaña es el mismo que el del filme de Ventura Pons ('Ocaña, retrato intermitente', 1978) y, según apunta el propio Garay, en el caso de Paula Rada ocurría igual, en la vida real sufría también al vivir en un cuerpo con el que no se identificaba.

La primera intención del director era la de hacer una película documental donde los personajes pudieran sentirse cómodos a la hora de hablar de sus preocupaciones y sueños. Jesús Garay quiso añadirle algunas coordenadas y un toque cinéfilo a la propuesta. De ahí surge lo de Manderley (por el filme de Hitchcock, ‘Rebeca’): «Es una película hecha a base de azares e improvisación, los diálogos prácticamente eran de ellos. Yo les mantuve un ligero eje dramático. Entonces decidí buscar un lado cinéfilo jugando un poco con el mito de Manderley y de ese fantasma, que realmente Hitchcock jugaba muy bien con él, que nunca se ve y que sobrevuela la historia». Así comienza la cinta, en un castillo, con el personaje de Paula Rada, a modo de fantasma, ya maquillado y vestido como la mujer que se sentía. Es un arranque de película que ya presenta muy bien la fantasía que recorre las mentes de sus protagonistas.

La naturalidad que se quería mostrar en la película está también en los niños, sobrinos de uno de los personajes, que comparten ratos junto a los protagonistas en su estancia veraniega. El director quiso meterles para así visibilizar la diversidad, puesto que los niños no se sorprenden ante ninguna actitud provocativa de los tres homosexuales. Según el director, «los niños tienen una mirada neutral”, limpia, que no juzga ni cuestiona ninguna conducta. Ese gesto en ese tiempo tiene aún mucho más valor: contrapone la visión de los vecinos adultos, que se sienten escandalizados con su presencia, con la de esos niños que no ven nada malo en ellos, ni en su comportamiento ni en su forma de ser.

‘Manderley’ es una joya totalmente desconocida que no tuvo demasiado recorrido comercial (le afectó también que se le pusiera la clasificación S), pero que hay que reivindicar. Durante un tiempo estuvo en la plataforma MUBI y la Filmoteca de Catalunya la ha restaurado, pero actualmente no se encuentra disponible en ninguna plataforma.

Ocaña, de las Ramblas al «estrellato-sub»
«Yo qué sé lo que piensan las modernas del cine»
Alfons Masquerra | Diario de Barcelona, 1980-12-09
Recogido por: Archivo Ocañí
https://larosadelvietnam.blogspot.com/2021/03/ocana.manderley.html

Teatralero y provocador, pero menos. Después de un año lejos de las Ramblas, con mil proyectos, exposiciones y nueva película vuelve a la Plaza Real para pintar. Típicamente barcelonés para unos y revulsivo para otros, Ocaña ha venido al mundo a vivir y no a arreglarlo. Ha pasado, definitivamente, de la brocha al pincel, ha ampliado su escenario de las Ramblas al cine, ha cambiado de parecer en muchas cosas excepto una: los hombres.

Ha entrado en el cine sin enterarse. Del ya lejano «Retrat intermitent» que lo ha paseado por los festivales más «in», aterriza de nuevo en su Barcelona con el film que hiciera con Jesús Garay, «Manderley». Se convierte, a fuerza de abanicarse, en la estrella del underground barcelonés en muchas de sus facetas: de ramblear con Camilo en los cómics de Nazario a buscar como una loca una iglesia para su próxima exposición «naif».

La película estrenada recientemente en Barcelona tuvo una efímera estancia en la cartelera. Esto no sorprende a Ocaña:

—«No es un cine para dar dinero, es un cine para minorías. No es un cine de colas ni de grandes risas. Manderley es amena y divertida, pero tiene su trasfondo. Creo que es bastante interesante, estoy contento de la película».

Hace un año que está terminada pero no había dinero para la única copia que existe por el momento.

—No había dinero. Era una cooperativa de pobres. Lo que pasa en este país, es que cuando hay gente que tiene ideas, le falta dinero; y la gente con dinero no tiene ideas. Pero algún día saldrán adelante porque son buenos y machacan y machacan.

«Manderley» tiene que estrenarse todavía en Madrid y en otras ciudades que ya han pedido la copia. La incidencia de la película no parece preocuparle mucho:

—Yo qué sé lo que piensan las modernas del cine. A los del FAGC no creo que les haya gustado mucho, porque no reivindica nada, y es que estamos hasta el coño de reivindicar. Está bien reivindicar cosas, pero bueno, si estamos todo el día de reuniones creamos una doctrina; como los partidos que tienen su doctrina. Yo no tengo ninguna doctrina.

Encerrado todo el día en su guarida de la Plaza Real, su pequeño burdel como gusta llamar, Ocaña sólo deja el pincel para ir a comprar a la Boquería o dejarse caer de plumífera en cualquier fiesta. Está preparando su propia exposición y piensa hacerla esta vez en Barcelona como lo hiciera este verano en Palma y en el Museu d'Art Contemporani d'Eivissa.

—Estoy buscando una iglesia, un local muy alto, para montar mi exposición que será algo maravilloso. Cincuenta o sesenta muñecos de papel y alambre, repicar de campanas... No quiero hablar, no quiero hablar. Será muy interesante.
En pintura es difícil ganarse la vida si se tienen pretensiones o si se va a parar en un ambiente de capillitas. Esta es la filosofía de Ocaña. Habla decidido y con seguridad, conserva su espontaneidad y su rollo callejero, pero ha refinado las formas y así, cuando habla de arte establece comparaciones entre Miguel Ángel y Leonardo da Vinci, piensa que el mejor crítico es el pintor mismo y sigue con vírgenes y monaguillos enclavelados:

—En estos tiempos modernos que vivimos, alguien que pinte ángeles es un milagro.

1981/10/02

DOCUMENTACIÓN | DERECHOS | EL CONSEJO DE EUROPA A FAVOR DEL DERECHO A LA HOMOSEXUALIDAD

El Consejo de Europa vota favorablemente el derecho a la homosexualidad.
El País, 1981-10-02

https://elpais.com/diario/1981/10/03/sociedad/370911604_850215.html

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó el pasado jueves, por 61 votos a favor, veintidós en contra y cinco abstenciones, una propuesta por la que se reconoce el derecho a la homosexualidad. La asamblea, en la que hay veintiún países representados, adoptó el proyecto de recomendación contenido en la ponencia de la parlamentaria laborista holandesa Joop Voogd, que condena cualquier discriminación contra los homosexuales.

El texto aprobado por la asamblea estima que todos los individuos, hombres o mujeres, que hayan alcanzado la edad legal de consentimiento prevista por la ley del país en que habitan y sean capaces de un consentimiento personal válido deben gozar del derecho a la autodeterminación sexual. El Consejo de Europa desaprueba cualquier tipo de discriminación, prácticas agresivas y opresión contra los homosexuales, después de reconocer que «la familia tradicional conserva naturalmente su lugar y su valor». Los Estados miembros del Consejo de Europa son exhortados a aplicar la misma edad mínima de consentimiento para los actos homosexuales y heterosexuales, y se subraya que el Estado tiene una responsabilidad en los sectores de interés público para proteger a los menores de los actos homosexuales. La determinación del Consejo de Europa incluye una petición a los Gobiernos nacionales para abolir en sus códigos penales el delito de homosexualidad; ordenar la destrucción de archivos policiales y otras administraciones públicas sobre los homosexuales; asegurar la igualdad de trato de homosexuales y heterosexuales en materia de empleo, remuneración y seguridad en el trabajo, especialmente en el sector público; recomendar a los directores de cárceles que vigilen contra los riesgos de violación y actos de violencia relacionados con prácticas sexuales en los centros de reclusión; garantizar el derecho de visita o de alojamiento de niños por sus padres para que éste no se vea limitado por la sola razón de haber observado una inclinación homosexual en alguno de ellos, y pedir la interrupción inmediata de cualquier tratamiento o investigación médica obligatoria destinada a modificar las inclinaciones sexuales en los adultos.

1981/07/18

DOCUMENTACIÓN | MORALIDAD | SONDEO DE OPINIÓN SOBRE EL "MANO A MANO" SUSANA ESTRADA-MARTÍN VIGIL

Sondeo de opinión sobre el "mano a mano" Susana Estrada-Martín Vigil
El País, 1981-07-18

https://elpais.com/diario/1981/07/18/ultima/364255206_850215.html

El secretario del Consejo de Administración de Radiotelevisión Española, el centrista José Ignacio Wert, ha encargado al Centro de Investigaciones Sociológicas de Madrid una encuesta de opinión, entre 1.500 ciudadanos, sobre el contenido del programa ‘Mano a mano’ emitido el pasado lunes por la primera cadena de Televisión Española. En él intercambiaron opiniones sobre el sexo la actriz Susana Estrada, autora del libro ‘Sexo húmedo’, y el sacerdote y escritor José Luis Martín Vigil, autor de decenas de novelas en las que, sin demasiado éxito de crítica, intentó hacer sociología de la juventud española de los años sesenta (entre sus libros más leídos figuran los siguientes títulos: ‘La vida sale al encuentro’, ‘Cierto olor a podrido’, ‘Los curas comunistas’, ‘Un sexo llamado débil’, ‘Primer amor, primer dolor’ y ‘Las flechas de mi haz’).

Según informaciones dignas de fe que no pudieron ser contrastadas con José Ignacio Wert, puesto que ayer no pudo ser localizado en sus teléfonos habituales, esta encuesta se hace a iniciativa del partido del Gobierno y pretende conocer si un grupo amplio de telespectadores desaprueba el contenido de aquella emisión. Esta, en todo caso, no ha agradado a algunos miembros del Gobierno, como informábamos en nuestra edición de ayer a propósito de la ofensiva gubernamental para forzar la dimisión del director general de RTVE, Fernando Castedo.

La encuesta se divide en dos partes. En la primera se pregunta qué grado de aceptación tuvo el programa y se exponen estas opciones: "Nada, poco, regular, bastante, mucho". En el segundo apartado se inquiere sobre el parecer de los telespectadores y se les dan estas opciones: ¿les pareció "informativo, educativo; inmoral, obsceno; vulgar, chabacano; progresista, avanzado; conservador, tradicional; entretenido, divertido; pesado, aburrido; interesante, atractivo"?

A esta segunda cuestión pueden responder los encuestados con estos sustantivos: "Mucho, bastante, regular, poco, nada".

Aún se desconocen los resultados de la encuesta. Por otra parte, una pastoral del obispo de Orense, Temiño Saiz, deplora el contenido de aquel programa y dice: "Escandaloso e insoportable hasta enrojecer de vergüenza es el triste espectáculo que ofrecieron hace unos días en televisión José Luis Martín Vigil y Susana Estrada". Añade que es inaceptable que personas de esta condición se presenten para orientar al público español en materia tan delicada como el uso legítimo del sexo.

Afirma monseñor Temiño: "Si los interlocutores en este diálogo desean precipitarse por esta pendiente para revolcarse en ese fango nauseabundo, no les está permitido invitar al público español a seguir su camino con el pretexto de vivir el regalo de la libertad de que se ha visto privado en los últimos años".

Martín Vigil «versus» Susana Estrada
XXX · Cartas al Director | El País, 1981-07-29

https://elpais.com/diario/1981/07/29/opinion/365205613_850215.html

Leo en El País una declaración del obispo de Orense, Temiño Saiz, deplorando el ‘Mano a mano’ entre Susana Estrada y José Luis Martín Vigil televisado recientemente y en el que ambos conversaron sobre el tema del sexo. El señor obispo considera «inaceptable que personas de esta condición se presenten para orientar al público español en materia tan delicada come el uso legítimo del sexo ». Esta afirmación del señor obispo supongo que está condicionada por el hecho de que las opiniones expuestas por Susana y Martín Vigil no coinciden con las suyas propias. Seguramente monseñor considera más adecuado que el sexo siga siendo un tema tabú del que no se puede hablar sin riesgo de pecar, que sigamos llegando al matrimonio sin ninguna preparación sexual, que los jóvenes sigan expuestos a un trauma en su primer inocente contacto con el sexo, que nadie pueda disfrutar sin sufrir al mismo tiempo el temor de acabar en las brasas del infierno y, sobre todo, que nadie se atreva a arrebatarle a la jerarquía eclesiástica el monopolio de la verdad en el tema del sexo y en todos los demás. No me parece que Susana y Martín Vigil pretendieran ejercer como orientadores del público español (cosa que otros sí pretenden); se limitaron a exponer sus opiniones y vivencias personales con relación al tema, tan válidas, según creo, como cualesquiera otras. Que cada cual saque sus conclusiones y aproveche de la manera que considere más conveniente lo que oyó en aquel programa de Televisión.

El obispo, Susana Estrada y Martín Vigil
[Carlos Heras] | Cartas al Director | El País, 1981-08-13

https://elpais.com/diario/1981/08/13/opinion/366501613_850215.html

La pastoral del obispo de Orense sobre el ‘mano a mano’ televisivo entre Susana Estrada y Martín Vigil ha sido, a mi juicio, gravemente injuriosa y me parece un buen motivo para decir con franqueza algunas cosas muy actuales, ahora que han pasado días y hay mejor perspectiva y serenidad. Aunque representante artístico de la señorita Estrada, escribo a título personal y como un simple ciudadano. Supongo que el resultado de la encuesta hecha al efecto (la mitad de la audiencia a favor del programa, una cuarta parte en contra y otra cuarta parte indiferente) no habrá hecho reflexionar al señor obispo en su inadecuada cólera. Con una sólida formación cultural y religiosa, le digo al señor obispo que, con todo respeto a la moral católica, ésta ya no puede imponerla por la fuerza, como hasta ahora, ni tampoco con el improperio y el escándalo, como pretende.

Somos inmensa mayoría, ya demostrada, quienes rechazamos de plano al Dios colérico que recrea el obispo, así como su autoridad apocalíptica sobre todos los ciudadanos. Que entienda de una vez que sólo tiene derecho a dirigirse a sus feligreses, y eso con corrección y respeto, y que en la sociedad laica, e irreversible, usted es un ciudadano más; que opine, pero no insulte, que no llame depravados a quienes piensan de otro modo y que no olvide que todos los humanos nos revolcamos en muchos fangos; que haga oír su voz para cosas más trascendentales, si quiere, pero siempre recordando que la bota no está ya en nuestros pescuezos y que es un ciudadano más, igual que Susana Estrada o Martín Vigil, y que si disiente de ellos debería hacerlo con el mismo respeto y educación que ellos utilizaron para exponer sus ideas.

Y rechazo de plano, por último, sus palabras de que eso pudo ocurrir con el pretexto del regalo de la libertad que se nos ha hecho. Eso define al señor obispo. La libertad la hemos conquistado con mucho sudor y mucha sangre y no es un regalo ni un pretexto, sino un derecho, por lo visto muy difícil de ejercer, y que la Iglesia colérica que el señor obispo de Orense encarna no se ha distinguido nunca por apoyar.

El obispo y Susana Estrada
XXX · Cartas al Director | El País, 1981-08-23
https://elpais.com/diario/1981/08/23/opinion/367365601_850215.html

Le envío estas líneas referentes al texto de don Carlos Heras, representante artístico de Susana Estrada, como él mismo se presenta en el mismo texto y que titula "El obispo, Susana Estrada y Martín Vigil". Soy simplemente un españolito de a pie que sólo me represento a mí mismo, y hablo, por tanto, sin el más mínimo interés de defensa o de ataque a nadie. Mi idea es la siguiente:

a) Cuando una persona actúa en público es el público el que tiene el derecho de juzgarla, y jamás puede sentirse herido por el juicio que éste haga; la única manera de evitar un juicio desagradable es no someterse a esa prueba, sobre todo cuando se acepta de forma libre y voluntaria, y se expresa con toda libertad y sin que nadie la coaccione. El respeto a la intimidad es proporcionado al uso que uno mismo haga de su propia intimidad. Resulta absurdo que nos moleste el ser juzgados con el visor que constituye el cerebro de cada persona a la que hemos presentado esa misma intimidad. ¿Le hubiera molestado tanto al señor De las Heras el juicio del obispo si este hubiera sido de loa y alabanza tanto a Susana Estrada como a Martín Vigil?

b) Toda persona, aunque sea obispo, merece respeto. El mismo que exigimos para el nuestro, al menos. O ¿cuándo se va a superar este vicio tan español y de tan poco nivel intelectual de juzgar a los obispos por cómo nos va en la comedia?: si aplauden lo que nos gusta, son fenómenos; si reprueban lo que nos conviene, son la ‘nueva inquisición’. Desde luego no dudo, porque la desconozco, su pretendida formación cultural y religiosa, pero no deja lugar a dudas su apasionamiento defensivo por su protegida antes que el nivel que exigiría esa formación. Un obispo, aunque sea obispo, no por ello, pienso yo, deja de ser persona, y tiene derecho a pensar y juzgar de los hechos con su propio juicio, que desde luego no tiene por qué coincidir ni con el suyo ni con el mío, pero que sí merece el mismo respeto que queremos para el nuestro.

c) En cuanto al fondo del tema, permítame que dude una vez más, de esa formación cultural y religiosa en la que usted se funda para juzgar al obispo, si le lleva a la conclusión de que la "libertad la hemos conquistado con mucho sudor y lágrimas". Más bien tendríamos que decir que la libertad es un don de Dios, ya que nos constituye, como constituye al mismo Dios. Y a nosotros únicamente nos queda defenderla y salvarla de implicaciones manipulatorias, de las que nos es tan difícil estar libre a los humanos. En virtud de esa misma libertad debiera usted conceder al señor obispo su derecho a opinar y juzgar no a las personas -usted no ha leído bien-, sino a la publicidad de una intimidad que ellos mismos hicieron sin que nadie se la pidiera. Y desde luego la gran mayoría (no creo en las encuestas -al menos a mí no me han pedido mi opinión ni a los de mi contexto social-, que se hacen para justificar posturas, y no para aclarar la verdad), la mayoría, digo, del país, respetando la opinión contraria, no encontró correcto el fondo y forma del tal ‘mano a mano’, como evidenció más que de sobra el mismo presentador.

Deje, señor Heras, al obispo decir lo que piensa, como el obispo tuvo que dejar que dijeran su pensamiento Susana Estrada y Martín Vigil; siga usted con su forma de usar de la libertad que usted se otorga a sí mismo y que justifica en su patrocinada. Y si en algo no estuvo correcto el obispo ya será también juzgado, no sólo por los hombres, sino por Dios, que, aunque no es ya -de acuerdo- el colérico, tampoco es tonto.

1981/07/04

DOCUMENTOS | 28-J | FIESTA GAY EN EL OLYMPIA: GALHO, LIBERTAD SEXUAL

Gay.
Francisco Umbral | El País, 1981-07-04

https://elpais.com/diario/1981/07/05/sociedad/363132006_850215.html 

María José Sánchez-Bendito, gorda y sombría, diciendo sus versos en el escenario lóbrego del Olympia, los chicos y las chicas, con la fiebre del viernes/sábado noche, la sangría en botijo, «pasa el paraguas, compañero», sangría dura, como me dice Marisa Ciriza, después de probarla, los gais adolescentes, que vienen con su cajetilla de bisonte a que les eche una firma, muchachos que pasean hombros de muchacha, un dulce androginismo en camiseta, los chicos y las chicas, en punk nada agresivo, salvo el que anuncia el despelote general, con baile, para las doce en punto. Fiesta gay en el Olympia. «Grupo de acción para la liberación homosexual». Pero la rubia que se me ha sentado en las rodillas establece ya una dialéctica de los cuerpos (muy gratificante, por otra parte) que está en los más seculares esquemas hombre/mujer, adolescente/carroza. Pancartas en los palcos, la batería ominosa en el escenario, toda una generación en penumbra, en el patio de butacas, pasándose el cigarro, el paraguas, la pomada, el botijo, la fumada, la sangría, pasándose, por entre todo y entre todos, una comunicación de dermis a epidermis, una unanimidad que es sólo la edad. «Los grupos de liberación homosexual nos vemos abocados a enfrentarnos cotidianamente con toda una serie de problemas originados por la moral dominante y represora». A un chico de gorro de nata, collar desmadrado y pieles inconfesables sobre el tejano, le basta con eso, en escena, para hacer la señora bien, la señora mal, la meretriz respetuosa y la locaza respetable. Hay mesas petitorias para el domund del cuerpo. Si hemos metido unas monedas sin convicción en la hucha de los negritos, de los chinitos, de los tailandesitos, ¿por qué no colaborar en este predomingo suburbial de la propagación de la fe en el cuerpo?

El segundo sexo de la Beauvoir, el tercero, el cuarto, esas sí son razas oprimidas, y tan inmediatas. «Galho, libertad sexual». La pegatina condecora el serio izquierdo de las pasotas y las ‘passadas’ que quieren poner su cuerpo en claro, y la camisa a rayitas rojas del homochico embamecido, cordial, sensual, que me habla, del que me dice «es que eres demasiado», y ¡money/money/moneylmoneylmoney’, que Liza Minelli está haciendo el número axial bajo el foco, y Edith Piaff tuerce sus manos y sus pies, afásica de gloria, música y muerte, y Chaplin hace y deshace maletas en la intemperie musical de Candilejas y una banda romántica pasa como un zéfiro, despejando la ecología densa de pantalones rojos, hondas cabelleras y corazones fuera, como pegatinas en lo exterior del pecho. El movimiento homosexual español se inicia en 1977, cuando la libertad nacía libre y al fin el español iba a estar a la altura de su presente, iba a ser el conductor de su conducta. Bajan del cielo arcángeles de plástico, globos de colores, un tomado de aplausos, el clima azul de la estereofonía, y la rubia se ha ido a vomitar su mono, o a esperar un muchacho tendida sobre el morro de un coche, y esta es la juventud, ésto el presente, la situación/límite, algarabía que toco, al borde de las tinieblas exteriores, donde los menhires talares dudan el divorcio y los marcianos del siglo pasado paran el país en seco. Hay más país en el país marginal de los flipados, los locos, los que entienden, que dentro del país acollonado. La democracia, la libertad en libertad tiene que tocar aquí su límite infernal y hacerlo cotidiano.

Caras de varia máscara, labilidad de seres, solubilidad del yo, nacimiento en un ser de sus mil yoes germinales y puros. (Luego le confinarán en uno solo.) Mi corazón ortodoxo no está menos represaliado que el corazón heterodoxo y múltiple de esta basca. Son la metáfora roja, azul, naranja/exasperada de la plenitud que a todos se nos niega.

1981/06/27

DOCUMENTACIÓN | 28-J | LOS DERECHOS DEMOCRÁTICOS DE LOS HOMOSEXUALES...

Los derechos democráticos de los homosexuales, derechos de la humanidad.
José Antonio Berrocal | El País, 1981-06-27

https://elpais.com/diario/1981/06/27/sociedad/362440803_850215.html 

Los frentes de liberación homosexual no tienen por objetivo, únicamente, la «liberación» y la "felicidad" de los homosexuales y de las lesbianas. Su objetivo va «un poco» más allá. Su objetivo es mostrar a toda la población que el «problema homosexual» -como es llamado- es un problema que afecta a toda la sociedad, y en concreto a esta sociedad «heterosexual», que nos oprime a todos, y, por tanto, es preciso «superar». Pero ocurre que cambiar la sociedad no es una cosa fácil, claro está, ni tampoco es una cosa que nos corresponda sólo a quienes hemos decidido aceptar que nos gustan -deforma exclusiva o no- personas de nuestro propio sexo. Todos y todas, como sujetos agentes o pacientes, sufrimos en esta sociedad en que reina una ideología patriarcal que sólo acepta una sexualidad exclusivamente reproductora. Una sexualidad que, al tiempo que se afirma como la relación entre dos sexos reproductores, mantiene una opresión sangrante contra la mitad de la población del planeta, las mujeres, y una fobia que puede llegar hasta ejecuciones sumarias, según las épocas, contra otra parte numéricamente importante de la población: los homosexuales masculinos. Todo ello enmarcado, obligatoriamente para todo el mundo, en unas relaciones no personales, no entre personas, sino como unas relaciones concebidas como exclusivamente reproductoras.

Los ‘gay’ -movimiento homosexual concienciado por esta opresión-, tal vez por sufrir más en carne propia esta sexualidad alienante y despersonalizada, que niega el derecho al placer, captamos de forma especial la opresión que el sistema ideológico vigente aplica a toda la población.

Ante esta situación, el actual movimiento gay, surgido en torno a 1968-1969, se conformó durante algún tiempo con recluirse en el estadio de acciones minoritarias y de autoafirmación, propias de cualquier movimiento recién nacido. Acciones incomprensibles para el resto de la población, que no se explicaba nuestra testarudez por querer demostrar la «homosexualidad latente» de los heterosexuales. Actitudes como estas -al margen de lo correcto o no de la afirmación- sirven para poco, si no es para continuar siendo eternamente incomprendidos. Por ello, hoy día somos muchos los frentes de liberación que tratamos de buscar otros medios para ser, en primera instancia, comprendidos a escala popular: es decir, luchamos contra la represión que sufrimos en un mundo de oprimidos; luchamos contra unas leyes discriminatorias y homófobas (proyecto de Código Penal) en una sociedad llena de marginaciones; luchamos por la defensa de los derechos democráticos y las libertades civiles de todos, que, por tanto, son también nuestros derechos, y así, por ejemplo, el cartel anunciador del Día Internacional del Orgullo Gay de este año, editado por la Coordinadora de Frentes Homosexuales de nuestro país, la COFLHEE, lleva como primer eslogan el de «Gays contra el fascismo».

Esta es la actitud general que, por ejemplo, el Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC) y los demás frentes gay, peninsulares e insulares, desarrollamos actualmente. Con ello pretendemos potenciar campañas masivas que nos permitan salir del gueto en que se nos recluye y nos autorrecluimos. Que nos permitan entrar en relación con los distintos sectores asalariados, y que nos permita influir positivamente en la evolución de los partidos de izquierda al respecto. Que permita, en fin, al militante gay, en esas campañas por los derechos democráticos, asumirse como tal en su lugar de trabajo. Algunas veces, la petición de una firma contra un caso de represión es una buena ocasión para «definirse» y a continuación abordar más ampliamente el tema de la sexualidad humana.

La información, un medio

En el FLHOC pensamos que la información sobre nuestros derechos democráticos y contra la represión nos son vitales. Son un medio para crear en torno a nuestro colectivo un sector democrático, sensibilizado, más amplio que la minoría homosexual concienciada (‘gay’), evitando así los típicos reflejos -ante lo «dudoso» del momento político del país que nos ha tocado vivir- de repliegue ultraminoritario y marginal ‘gay’. Y también la otra tentación -estéril en ella misma- de otro tipo de reclusión, la del autoanálisis psicoizquierdista de mirarse el ombligo propio.

Al FLHOC, el trabajo de información (charlas de difusión, denuncias de agresiones, crítica del proyecto de Código Penal, proyecto de ley antidiscriminatoria sexual...), junto a la participación en actividades de mayor amplitud social (pro divorcio, comisión anti-OTAN, solidaridad con abortistas juzgadas, defensa de la legalidad civil vigente frente a los enemigos de la democracia...), le están permitiendo no solamente volcarse hacia la población homosexual que acude al gueto comercial madrileño, sino también hacia las clases trabajadoras, el movimiento vecinal..., tratando de desbloquear la situación actual de marginación e insuficiente comprensión entre nosotros y el resto del pueblo.

Ahora bien, un militantismo ‘gay’ que limitara su actuación a reivindicar tan sólo unos derechos democráticos no lograría más que una tolerancia permisiva en grandes ciudades, como sucede en ciudades como Ámsterdam, París, San Francisco, o como parece que se pretende en el madrileño barrio de Chueca. Tal reformismo, a lo único que puede conducir es a una forma de institucionalización del gueto homosexual. Porque ocurre que simplemente la igualdad de derechos no puede hacer desaparecer las causas de opresión, que si bien en su origen se sitúan en la ideología emanante -y que aún perdura- de la familia patriarcal, tiene su principal apoyo hoy día en la ideología burguesa y en el sistema al que sirve dicha ideología. La opresión de los homosexuales y lesbianas no se debe principalmente a las sentencias judiciales, a la represión policiaca o a la pérdida de empleo o vivienda. La opresión se sitúa más en esa herencia religiosa que considera pecado que dos personas del mismo sexo puedan quererse y hagan el amor. O también en esa concepción falsamente médica y acientífica que aún -¡ya está bien!- nos sigue considerando enfermos.

Mientras las normas familiares y sexuales burguesas continúen imponiéndose, los homosexuales y las lesbianas, y con nosotros-as -en diferente grado ciertamente- el resto de la población, seguiremos oprimidos. Si bien es cierto que limitarnos a la lucha contra esas «normas» nos conduciría a un movimiento gay ultraminoritario, encerrado en su marginalidad radical, incapaz de tener un peso en el campo social.

Por eso, en el FLHOC pensamos que es preciso combinar la reivindicación de nuestros derechos democráticos con otras actividades que pongan en causa los límites de la «normalidad» de la familia burguesa y del modelo heterosexual-monogámico, sirviendo todo ello para acercarnos a la construcción de esa nueva humanidad en la que las categorías -las falsas identidades- de «homosexuales y heterosexuales» hayan quedado destruidas y el comportamiento sexual de las ‘personas’ -de forma exclusiva o no- sea el que esas ‘personas’ deseen, dentro de la igualdad, el amor y la felicidad.

José Antonio Berrocal es miembro del Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC).

1981/06/25

DOCUMENTACIÓN | 28-J | ORGULLO EN MADRID: "AQUÍ ESTAMOS, NO NOS OCULTAMOS"

Manifestación de homosexuales contra la imposición de la heterosexualidad.
El País, 1981-06-25

https://elpais.com/diario/1981/06/26/sociedad/362354407_850215.html 

Cerca de un millar de homosexuales, hombres y mujeres, se manifestó ayer en Madrid para conmemorar el Día Internacional del Orgullo Gay, que se celebra el 28 de junio. La convocatoria, realizada por el Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid y el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, tiene como lema principal «No a la imposición de la norma heterosexual». «Aquí estamos, no nos ocultamos», repetían los ‘gays ‘y lesbianas, como en anteriores manifestaciones. Pero este año, en cambio, no se han producido incidentes y la legalización de la marcha les ha llegado esta vez sorprendentemente rápida. «Las autoridades son ahora más permisibles con nosotros, digamos que hay una represión tolerante», afirman dos militantes de los grupos convocantes.

1981/06/20

DOCUMENTACIÓN | 28-J | MADRID: AUTORIZADA LA MANIFESTACIÓN DEL FLHOC

Autorizada la manifestación homosexual del día 25 en Madrid.
El País, 1981-06-20

https://elpais.com/diario/1981/06/21/sociedad/361922404_850215.html

El Gobierno Civil de Madrid ha accedido a la solicitud del Frente de Liberación Homosexual de Castilla (FLHOC) de una manifestación con motivo del Día Internacional del Orgullo Gay, el próximo día 25 de junio, a las ocho de la tarde, en el Puente de Vallecas, la avenida de la Albufera y Portazgo. La solicitud iba firmada igualmente por una serie de personalidades y partidos de izquierda (Pablo Castellano y Pilar Brabo, a título personal, y Ciriaco de Vicente, Enrique Curiel, J. A. Dorronsoro y Jaime Pastor, en nombre de las ejecutivas del PSOE, PCE, MC y LCR, respectivamente).

El lema de la manifestación autorizada será, según sus organizadores, «No a la discriminación social y laboral de los homosexuales y lesbianas», y la duración estimada oscilará alrededor de las dos horas. El servicio de orden estará asegurado por militantes de los partidos legalizados en que militen los firmantes de la solicitud.

El FLHOC ha iniciado este fin de semana una quincena de propaganda y dinamización con vistas a preparar la manifestación, así como para recoger y distribuir información sobre las intervenciones que la policía gubernativa ha realizado, especialmente en Barcelona, en diferentes lugares de encuentro de homosexuales y lesbianas.

Por otra parte, y como colofón de la Semana Internacional del Orgullo Gay, el viernes 3 de julio se celebrará en la sala de verano del cine Olympia, de Madrid, una fiesta de la amistad, que cuenta al parecer con el apoyo de la Diputación Provincial madrileña y la Corporación municipal de la villa. Según los organizadores [GALHO], esta fiesta de la amistad, abierta a toda la población, «debiera ser motivo de encuentro y amistad entre el movimiento ‘gay’ y el resto del pueblo de Madrid».

El colectivo feminista de lesbianas de Madrid [CFLM] tiene, al parecer, la intención de celebrar una fiesta similar de carácter feminista.

MIKEL/A, AQUÍ ESTAMOS Y NO NOS OCULTAMOS

Mikel/a enseña cacho en la 2ª Gayakanpada de EHGAM, 27-29 agosto 1993, Muxika // STARS COFLHEE es un trabajo realizado por Julen Zabala Alon...